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  • Jorge Galindo: «Nuestro tejido productivo no está a la altura del cambio educativo que se ha producido»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Jorge Galindo reside en Bogotá donde acaba de fundar una pequeña consultoría. Desde allí escribe sus columnas semanales para El País o sus artículos para Jot Down, pero, sobre todo, ultima la tesis de su doctorado en la Universidad de Ginebra, de la que ha formado parte durante los últimos años. Máster en Políticas Públicas por la Erasmus University de Roterdam y la Central European University, estudia la economía política que explica las reformas estructurales. En resumen, trabaja para comprender e influir en las políticas públicas.

    Nacido en València en 1985, Galindo es cofundador y miembro de Politikon. Desde 2010 ésta plataforma de jóvenes académicos y profesionales independientes promueve el debate en España desde su conocimiento de las ciencias sociales. Sus miembros colaboran en un buen número de medios y son la voz más habitual para conectar los dos lados de un muro invisible: el que separa la realidad social, política y económica de los millenials de la de sus padres. 

    El último de los libros publicados por Politikon (nueve autores, pero lo firma el colectivo) se titula precisamente así: El muro invisible. Las dificultades de ser joven en España. Galindo lo presenta junto a Kiko Llaneras –otro de los miembros– el próximo viernes en la Librería Bartleby. Aprovechamos su paso por València y sus días de encuentro familiar en el Cabanyal para hablar sobre las evidencias de este choque generacional, pero también sobre política, medios, València, inmigración y el reto por la igualdad. Para desdramatizar la percepción de edad sobre la entrevista, hemos optado por publicar las fotografías en blanco y negro.

    Conflicto

    -¿Podemos hablar de bandos?
    -Bueno, no vamos a negar que es un conflicto. Podemos hablar de bandos.

    -Entonces, una respuesta para ser leída por ambos bandos: ¿qué es el muro invisible?
    El muro invisible es una metáfora facilona para explicar cuáles son las las diferencias que existen entre dos generaciones en términos de escenario de vida y riesgos a los que nos enfrentamos. El muro invisible es lo que separa los millenials de la generación anterior. Nosotros crecimos durante la burbuja crediticia y su posterior crisis. Partimos de la consciencia de que cada generación tiene sus retos y que para la anterior fueron todos aquellos derivados de construir una democracia a partir de un país que llevaba 40 años de dictadura. Para nosotros el reto está siendo enfrentarnos al muro invisible que se ha creado. Para hacerlo no minusvaloramos el esfuerzo de esa generación anterior: construyeron un estado de bienestar, generaron un espacio de protección social, impulsaron una democracia de estándares europeos… fue un esfuerzo muy grande. Ahora bien, ese mundo ha generado una serie de consecuencias inesperadas. Las consecuencias son ese muro invisible y nuestro reto será solucionarlo.


    -¿Por qué la generación parte de los nacidos en 1980?
    -1980 es un buen punto de referencia, pero no tiene que ver con ese año; tiene que ver con la entrada de España en el sistema monetario único. Es decir, que partimos de la fecha de nacimiento de aquellos que se incorporaron al mercado laboral y/o universitario justo con esa situación, entre 1998 y 1999. España pasó a estar bajo las directrices del Banco Central Europeo. Como no hubo una armonización de la inflación a lo largo de toda Europa, y como nuestra inflación era más alta que la de Alemania, de repente la tasa de interés nominal provocó el cambio: bajo las directrices del BCE, el dinero rendía mucho más aquí que en Alemania. Eso provocó un flujo de crédito y la llegada de inversores a España y países beneficiados de esa situación, como Portugal o Irlanda. Y ese es el origen de la burbuja crediticia. Ese es el punto en el que los nacidos a principios de los 80 se están incorporando al mercado laboral y viven su llegada, su explosión y sus consecuencias.

    «EL PROBLEMA PARA ESPAÑA NUNCA FUE TENER UN RÍO DE CRÉDITO. EL PROBLEMA FUE CÓMO LO UTILIZAMOS»

    -¿Entonces el muro no tiene relación con la crisis?
    -El muro ya estaba ahí, pero la crisis lo hizo evidente. La burbuja inmobiliaria fue una suspensión de la realidad por la cantidad de líquido disponible. España, hasta ese momento, jamás había tenido una tasa de paro tan baja y, aunque pasábamos por el ritual de la precariedad, había cierta facilidad para alcanzar el ‘me han hecho fijo’. Luego estalla la burbuja crediticia y el muro se hace visible para todos.

    -Se cumplen 10 años del colapso. ¿Por qué estalló la burbuja crediticia?
    -El problema, en realidad, en términos macroeconómicos, nunca fue tener un río de crédito. El problema es que cuando ese gran flujo llegó a España lo utilizamos como lo utilizamos. Y todavía hay discusiones sobre si está bien crear una moneda única, porque, en un área monetaria única, los modelos de producción son muy distintos. ¿Qué hicimos nosotros ante esa situación? Bueno, pues cuando llegó ese ingente caudal de crédito, cuando tuvimos esa excepcional oportunidad, nos lo gastamos en el sector inmobiliario y eso afectó de manera determinante a la entrada en el mercado laboral de toda una generación; la nuestra.

    Expectativa

    -¿Afectó a todos los millenials por igual?
    -Para nada. Sobre todo afectó a los que tenían un coste de oportunidad mayor para seguir estudiando. Los tenemos en mente: chavales con 16 años que podían dejar de estudiar para ingresar dinero en casa. ¡Y los tenemos estereotipados en negativo! Les acusamos de que no eligieran bien, de que no siguieran estudiando. Lo que nadie tiene en cuenta, pero así lo demuestran los datos, es que la mayoría de chavales que tomaba esa opción lo hacía porque en su núcleo familiar había una necesidad perentoria de dinero. 

    -Y una parte de esa generación se encaminó sin saberlo hacia la desigualdad.
    -Exacto. Fue una selección natural perversa, porque era la generación que en términos individuales y colectivos más necesitaba alcanzar la universidad. Pero no tomaron la decisión de manera aribitraria, sino a partir del sistema. La decisión buena era traer dinero a casa y generar más independencia económica. Para la familia y para ellos. Pero, claro, cuando explotó la burbuja, los que se quedaron fuera de juego fueron los que no deberían haberlo hecho. Los que más nos hubiera hecho falta que rompieran su barrera de generaciones anteriores, porque sus padres no fueron a la universidad, precisamente…

    -Es decir, que el muro no es igual de alto para todos. ¿Lo será?
    -El muro no es el mismo para todos. Porque una cosa es ser de tercera o segunda generación de personas con estudios superiores y otra muy distinta es ser el primero de la rama familiar que lo va a hacer. Porque no es la misma crisis la de aquellos que, cuando estalla la burbuja, pueden hacer un máster o marcharse a vivir y trabajar fuera, etcétera. Esto ha marcado un precedente determinante que muy difícilmente se resolverá. Y es muy cínico que todavía culpemos a los que se metían a la obra y se compraban un BMW… que les culpemos de haber elegido ‘por su cuenta’.

    «CUANDO UNA CARRERA LABORAL NACE COMO LA DE NUESTROS JÓVENES, PRECARIA, TEMPORAL, ATRAVESADA POR LA CRISIS, LOS PRIMEROS 10 AÑOS DE COTIZACIÓN SON LA NADA MISMA»

    -El Libro blanco del futuro de la juventud en Europa dice que la generación más joven, la que etiquetamos como millenials, puede ser la primera en la Historia que viva peor que sus padres. ¿Será así?
    -Para una parte de nuestra generación, sí. La más desigualada vivirá peor. Pero, bueno, España nunca ha resuelto su problema de desigualdad y poder. Nuestras tasas de riesgo de pobreza no son las que deberían ser y tampoco lo fueron en época de bonanza. Nuestra red de seguridad no funciona bien y hay una parte de esa generación que, ante el desempleo, tiene riesgos muy profundos. Además, carece de una red de apoyo familiar y el nivel educativo es inferior, por lo que su esperanza de encontrar empleo es más baja. Por contra, sus padres vivieron en una situación de crecimiento económico y sostenido, en una sociedad del bienestar en la que confiar. La nueva generación de profesionales ya goza de esa perspectiva. Vive otra realidad.

    -¿Qué cuestiones pesan en contra de esa generación?
    -En España una parte importante de la cotización social depende de las cotizaciones a lo largo de tu vida. Cuando una carrera laboral nace como la de nuestros jóvenes, precaria, temporal, atravesada por la crisis, tus primeros 10 años de cotización son la nada misma. Eso va a pesar en tu vida, desde el desempleo a la jubilación. Por eso sabemos que hay gente que se va a quedar a un lado del muro y la crisis solo ha reforzado esa posibilidad.

    Comunicación

    -A nivel cultural, a partir de los medios de masas actuales, ¿no tienes la sensación de que vivimos la vida de nuestros padres?
    -Hay una idea que comentamos entre amigos muy a menudo, que ponemos la tele y vemos La 1 de Televisión Española y flipamos. Pensamos, ¿pero qué es esto? ¿Quién ve esto? Pues parece que bastante gente, la verdad. Si no no se explican la mayoría de encuestas demoscópicas. Y digo La 1 como puedo decir Antena 3 o Telecinco Sé que la ponemos y pensamos, ¿dónde vive esta gente? ¿Qué es esto? Es cierto que hay una segmentación comunicativa generacional. Esto ha provocado que nosotros nos mantengamos en otros espacios comunicativos. Quizá, laSexta, de algún modo y hasta cierto punto, haya sabido recoger algo de esto. Pero hay una segmentación en la comunicación y se da la mano con la segmentación ideológica. 

    -¿Hemos sabido crear nuestros propios espacios comunicativos y de debate?
    -Creo que hemos creado ciertos productos culturales y espacios de debate. Sí, creo que sí. Tenemos nuestros propios referentes y nuestro propio nombre, millenials. ¿Qué más queremos? [ríe]. Pero es cierto que la crisis ha coincidido con una crisis de identidad de las industrias culturales y de la producción mediática. La única fórmula para resolver esta situación pasa por tener una conciencia generacional. Si se tiene, es un arma poderosa para saber aprovecharla. Si no activamos esa conciencia generacional, será difícil encontrar productos culturales potentes que reconozcamos como propios.

    -¿Hay más conciencia generacional en ese sentido en otros países?
    -Creo que sí. Pero también hay algo más importante: en un país como Estados Unidos hay una mayor conciencia de reemplazo en el ámbito público y en el cultural. Aquí, no.

    -También hay otro tipo de engranaje en la relación maestro-aprendiz. ¿En España, esa relación se pervirtió con la crisis? ¿Cuáles son las consecuencias?
    -El aprendizaje, la transmisión de capital humano, nunca se ha llegado a producir de la manera más deseable en España. El ejemplo lo tenemos en esos anuncios virales: ‘buscamos chaval en prácticas, con cinco años de experiencia en lenguajes HTML, administración de servidores…’. Lo que usted busca no es un trabajador en prácticas; lo que usted quiere es un trabajador barato y, si puede ser, gratuito. Esto ya sucedía antes de la crisis y es fruto de dos cuestiones: la primera, la enorme diferencia en términos de protección social entre maestros y aprendices. Viven en dimensiones paralelas. Los aprendices son fuerza de trabajo barata y rotativa a partir de las políticas públicas. Se les concibe así y su barrera de entrada a la otra dimensión es enorme. La segunda cuestión es que nuestro mercado laboral genera un paro bestialmente alto. La famosa frase ‘tengo una cola de gente esperando para hacer lo que tú haces’ solo tiene un problema: que es cierta. Es lo que Marx llamaba ejercito de reserva. Pero en España no es propia de este momento de crisis, sino de todos los momentos. Incluso cuando ha habido bonanza, nunca el aprendiz se ha visto con la fuerza mínima para reclamar sus derechos: tiempo de aprendizaje, progreso dentro de la empresa y, a futuro, más salario. Ni se plantea esas opciones. Es un modo de proceder que afecta también a las condiciones de trabajo. Cuando esas dos cuestiones se combinan, se produce una dinámica que es en la que vivimos: a quien entra en el mercado laboral ya le parece más que suficiente con tener un puesto de trabajo. Por otro lado, el maestro no tiene intención de facilitar ninguna competición. Es una dinámica perversa y para revertirla haría falta cambiar mucho más que la legislación laboral…

    Clases

    «LOS DATOS NOS DICEN QUE NUESTROS JÓVENES ES MUCHO MÁS PROBABLE QUE NO VOTEN A QUE LO HAGAN POR UNA PERCEPCIÓN DE CLASE»

    -La llegada de la democracia, de la educación universal y de la conversión a la ciudadanía europea anuló la idea de una lucha de clases en España. Ni se habla ni se piensa en ella. ¿Qué relación tiene con nuestro escenario político actual?
    -Es un tema complejo porque, en democracia, es cierto  que la lucha de clases no ha estado nunca en el debate. También es verdad que la victoria del PSOE en el 82 tiene un componente de clase alto. Probablemente más implícito que explícito y más propio de sus líderes que de los patrones de voto. Por desgracia, todos los datos que tenemos de aquella época ni son buenos ni exhaustivos como para que podamos fijar la idea, pero da la sensación de que no hay tanta relación entre el voto de clase como en la Suecia de la posguerra con el partido socialdemocráta, por ejemplo. En España se dio la consolidación de un bipartidismo imperfecto o casi bipartidismo y eso hizo más difícil entender la competición electoral como una competición de clase. No hay solo dos clases en nuestras sociedades modernas, por eso las elecciones no nos ofrecían una visión de las clases a través del voto. El PSOE tampoco ha sido el mismo ejemplo de la socialdemocracia en la Europa de posguerra, porque no solo estaba la tradicional alianza entre clases obreras y medias; participaban entre sus militantes y votantes factores generacionales, territoriales… ¿Y cómo se ha trasladado eso a nuestra generación? Hay dos teorías enfrentadas: la del sociólogo Pau Marí-Klose y la del politólogo Pepe Fernández Albertos. Fernández Albertos dice que, a efectos prácticos, el voto a Podemos es un voto de clase en tanto en cuanto es el voto de los perdedores de la crisis. Por eso, interpreta que es un voto de clase. Pero el voto a Podemos ha cambiado mucho… tanto que no sé si Fernández Albertos mantendrá esta teoría. Cuando miramos el nivel educativo del votante de podemos, se difumina mucho. Cuando miramos el voto del antiguo cinturón rojo de Barcelona y ahora cinturón naranja, el nuevo voto a Ciudadanos, ese voto de supuesta clase se difumina muchísimo. 

    -En El muro invisible apuntáis a que, de manera creciente, joven es sinónimo de ‘no votante’. ¿Cómo se encaja eso en una hipotética lucha de clases?
    -Es que los perdedores de la crisis de nuestra generación, en un sentido de probabilidad, es mucho más probable que no voten a que lo hagan por una percepción de clase. Es algo que no sabemos si se mantendrá, pero si combinas la idea de joven, con pocos recursos económicos, la probabilidad de que forme parte de la política con su voto es más baja. Cuesta más que se informe porque dedica muchas horas a otras cosas, minusvalora su voto porque cree que no tiene trascendencia y es víctima de dinámicas perversas que evitan que se active políticamente. 

    -¿Cuál puede ser la percepción de clase social para los millenials?
    -No tenemos clara esa noción de pertenecer a una clase determinada, pero me explico: si estamos activados políticamente, tendemos a creer que somos de clase obrera. Es una dinámica muy divertida que se evidencia en Twitter y que supone una lucha de ideas en Podemos y Ciudadanos, que parecen pelearse por ser tener unos orígenes más obreros que el rival. Yo creo que si tienes Twitter, una carrera y un máster, empieza a pensar que a lo mejor no eres estrictamente clase obrera. En términos generacionales, no tenemos una noción clara sobre ello.

    Política

    -Una lectura sobre la distorsión sobre el sentido de clase o su instrumentalización puede tener que ver con el arrebatador auge de Marine Le Pen entre la clase obrera francesa o con la mixtura de voto para Ciudadanos en las últimas elecciones catalanas. ¿Qué lectura has extraído de ello?
    -Ciudadanos, en términos duros estructurales de voto, puedes entenderlo como un partido de clase media alta, de clase acomodada. Si vamos al tópico, hasta la fecha, es algo así como el votante de cierto éxito profesional abogado, etcétera. Sin embargo, ahora mismo el cinturón rojo de Barcelona se ha convertido en un cinturón naranja. Tenemos mensajes muy cruzados sobre la intención de voto y los resultados son demasiado recientes para el análisis. Lo que ya es evidente es que el conflicto catalán ha supuesto una ventana de oportunidad para Ciudadanos y que Ciudadanos tenía que elegir si envolverse en una bandera o ser fiel al origen liberal de su partido. Ha escogido envolverse en una bandera, que es la española. Esa decisión tiene un precio: la incapacidad para generar coaliciones de centro izquierda. Moverse hacia una idea centralista del Estado es moverse hacia la derecha. Menos redistribución de la riqueza, más conservadurismo.

    -Aunque los datos sean recientes, lo que es evidente es que muchos jóvenes que se han activado políticamente en Cataluña por el 22-D lo han hecho con Ciudadanos.
    -Es importante esto. Es una hipótesis razonable, que está por confirmar en otros comicios, pero un votante que sería naturalmente del Partido Popular en un momento bipartidista de la democracia, un votante que se activa ahora a los 20, 25 o 30 años, decide que su partido es Ciudadanos. Es una hipótesis ya de lo más razonable. Y no descartemos que cuando sus votantes se interesen por políticas sociales puedan ser parecidas a las del PP. 

    -Otra idea que también se cruza en el libro es la idea de que los jóvenes, voten a quien voten, lo hacen mal.
    -¡Siempre mal! [ríe]. Los votantes obreros siempre votan mal también. Ahora con Ciudadanos hemos vuelto a tener esta forma de señalar. Yo creo que sí saben a quién votan. El cambio llegará o no cuando esos votantes tomen conciencia del partido y, llegados sus momentos de decisión, les digan, estamos con vosotros, pero también queremos redistribución de la riqueza. O no, no queremos.

    -La Comunitat Valenciana ha sido un paradigma del ‘votar mal’ a ojos de otros.
    -Somos el ejemplo para España de ‘votar mal’, pero lo cocinamos en casa también, ¿eh? Aquí pensamos, ¿pero qué hace toda esta gente mayor votando al PP con todo lo que nos ha pasado? Yo me pregunto, ¿pero cómo os preguntáis que qué hacen? Defienden sus intereses. El PP es la definición clásica y por antonomasia del mayor conservadurismo posible: no toquemos las cosas y no habrá consecuencias. Que no cambien las tornas y protejamos a nuestro target.

    -Hay analistas que piensan que la aplicación del Artículo 155 y las consecuencias en voto para el PP en Cataluña son la muestra empírica de que al partido le va mejor sin tomar decisiones.
    -A nivel personal, no estoy nada de acuerdo con eso. El 155 no ha tenido relación con la caída de voto al PP. O muy muy poca. El voto viable para los que pensaban de una forma mayoritaria en ese sentido era a Inés Arrimadas. Ahora bien, vamos a ver si se traslada esta realidad al voto dual, como sucedía con la gente que votaba a Convergencia i Unió o PSC según si eran elecciones autonómicas o generales. Vamos a ver si ese voto se traslada al PP en las próximas Generales.

    -¿Hay emprendedores políticos entre los millenials?
    -Por supuesto. Están Pablo Iglesias (39), Albert Rivera (38), Inés Arrimadas (36), Rita Maestre (29). Digo esos, pero hay muchos. Y hablamos de emprendedores políticos que han conseguido un margen de voto estable y consolidado enorme. El bipartidismo tenía el 85% del voto en las elecciones de 2008, aproximadamente; en las últimas generales, estaba algo por encima del 50%. Lo que han logrado no es nada sencillo y creo que en términos de reflejar lo que nuestra generación piensa o quiere lo han hecho muy bien. 

    -¿Crees que representan bien el interés de esa generación a este lado del muro?
    -Creo que sí, que saben recoger el mensaje de su electorado. Para valorar la dimensión política de un partido yo creo que hay dos cualidades esenciales y es interesante porque funcionan en tensión. La primera es la capacidad para reflejar los intereses de tu votante y la segunda es la de ejecutar esas ideas cuando estás al mando. Los nuevos partidos ya han demostrado que son muy buenos en la primera. Como decía, han captado bien las aspiraciones y demandas de sus votantes y creo que el Salvados que unió a Rivera e Iglesias fue su máxima expresión. En términos de captar mensajes, casi memes a partir de los que construir su discurso, en ese sentido, creo que ambos aprovecharon la ventana de oportunidad. Ahora bien, en la segunda parte, creo que no están nada bien. Estamos viendo cómo se está perdiendo capacidad de actuación en favor de mantener a los núcleos duros de sus formaciones. Es difícil mantenerlos contentos y llegar a acuerdos y ese es el lado en el que tienen mucho terreno por avanzar.

    -¿En qué estado de forma se encuentran PP y PSOE con respecto a esas cualidades?
    -El PP no ha perdido forma en lo que se refiere a la primera cualidad: tiene un núcleo fuerte y sabe comunicarse perfectamente con su electorado. A una parte de los jóvenes puede parecernos que no, como comentábamos antes por el tema de TVE… pero es que vivimos en mundos comunicativos muy distintos. El PSOE, en este sentido, creo que no está en tan buena forma. Eso sí, ambos se encuentran mejor de la segunda cualidad que los nuevos partidos. 

    Mercado laboral

    -En El muro invisible también cruzáis la idea de la sobrecualificación y de falta de sincronización entre el tejido productivo y los nuevos trabajadores. ¿Dejarán los millenials de maquillar su curriculum para poder acceder al mercado laboral?
    -Salvo burbuja crediticia y un reajuste del mercado laboral a largo plazo, me temo que eso continuará así. El desajuste entre la cualificación y el empleo obtenido es un problema grave. Una buena parte de las actitudes individuales y el discurso público van por ajustar esto desde el lado de la oferta. Se dice que hay demasiados universitarios, que es algo como decir que estamos demasiado educados, no vaya a ser que… pero esto se comprende mal desde el otro lado del muro. Además, es una falacia. En términos comparativos, España tiene el mismo porcentaje de población universitaria que los países de la OCDE. El problema está en que tenemos el doble de población con cualificaciones básicas con respecto a la OCDE y, sobre todo, que en lo que sería la cualificación técnica media, tenemos la mitad. Pero no es una cuestión de oferta: el problema está en el lado de la demanda. Los trabajos que se ofertan no están disponibles. Nuestro tejido productivo no está a la altura del cambio educativo que se ha producido en las últimas décadas.

    «EL DESAJUSTE ENTRE LA CUALIFICACIÓN DE LOS JÓVENES Y EL EMPLEO OBTENIDO ES UN PROBLEMA GRAVE»

    -¿Qué le pasa al tejido productivo español?
    -Muchas cosas…, pero una de ellas es que tiene demasiadas empresas pequeñas. Ya sabemos que el capital humano no viaja bien en empresas pequeñas, no crece bien ni se desarrolla bien. Necesitamos empresas más grandes donde la sofisticación y la economía de escala sean potenciales. 

    -¿Cuándo se resolverá el problema de la demanda en el mercado laboral español?
    -No lo sabemos, porque la cantidad de cambios que hacen falta para que el escenario se modifique es descomunal. Solo he citado la idea de las empresas micro que acaban dedicándose a sobrevivir y buena parte del país se dedica a sobrevivir. Y esta entramado de microempresas sucede por muchas razones: la falta de crédito, la estructura fiscal que favorece que las empresas se mantengan pequeñas, la historia del tejido productivo que es fuerte y quien hereda una empresa se ve avocado a mantenerla tal y como la recibe. Bien, pues la cuestión de las microempresas solo es una de las problemáticas a resolver para mejorar la demanda.

    -¿Cómo se refleja esa idea de que el tejido productivo no esté a la altura de los jóvenes trabajadores?
    -Por ejemplo, el problema no es tanto tener muchos empleos en el sector de la hostelería. El problema es que sea hostelería de baja calidad. Eso importa mucho más que el sector al que te dedicas. Y con la arquitectura, por pensar en otro caso, pasa igual. Puedes dedicarte a ser un referente en el mundo en un tipo de arquitectura y trabajar en distintos países o vivir de la explotación inmobiliaria, quemando estudios y personas y cerrando cuando quiebras. Nosotros estamos en la demanda de puestos de trabajo para la hostelería de baja calidad y para los estudios de arquitectura de pelotazo todavía, y es solo por poner algunos ejemplos.

    -Por cierto, ¿cuál es el papel de los sindicatos ante el muro invisible?
    -Los sindicatos tienen un dilema ante el muro. Lo expresó muy bien Javier Polavieja en un artículo de hace unos años. Los sindicatos tienen una base de clientela fiel que es la de los trabajadores públicos. Normalmente hombres, mucho sector público más ámbito industrial que servicios, en determinados sectores sí y en otros no. Y esa es la base que está llena de gente al otro lado del muro invisible. La gente de la generación anterior a la nuestra. Al otro lado del muro hay gente cabreada, que es un público potencial interesante. Pero para ir a hablar de cosas o de una realidad que a nosotros quizá nos enfada, quizá mejor, piensan, me quedo en el punto de decir que la temporalidad está mal. Nuestra respuesta natural es, vale, ¿y qué más? Que hay mucha temporalidad es una evidencia y que hay que resolverla también. Si uno mira el menú de opciones posibles para evitar conflictos laborales que afectan a trabajadores estables o a precarios diría que hay tres salidas: igualar por bajo, igualar por arriba o igualar en medio tratando de dar protección a todos los trabajadores. Más protecciones por despido, la idea de las rentas mínimas básicas, seguros por desempleo más generosos y nada distinto a redistribución. Pero eso es algo que van a pagar empresas y trabajadores fijos. Es decir, el target de los sindicatos. Los sindicatos no van a igualar por abajo porque ni deben ni pueden hacerlo. Su misión es defender los derechos de los trabajadores, así que lo de igualar por bajo se descarta. ¿Qué intentan? Igualar por arriba, pero eso tiene unos costes. Se crea un mercado laboral más estático y, en el mejor de los casos, el muro se traslada al siguiente nivel: los desempleados. La circulación es mucho menor y la incorporación imposible porque no se puede sostener a tantos trabajadores dentro del sistema. Pero bueno, aunque nunca lo dirán en público, los desempleados no son el target de los sindicatos.

    -Y, entonces, ¿cuál es el modelo?
    -El modelo es un modelo de estado de bienestar. Es más complejo. Es un modelo sueco en el que la protección laboral puede llegar a los que están al otro lado del muro, pero para eso hay que subir impuestos y es una reforma muy difícil por el riesgo de caerse mientras se trata de igualar. Pero la solución es esa: un modelo escandinavo de transferencias generosas entre trabajadores. Hay que igualar condiciones para todos a la vez y eso sí que es un problema. En España, algo así de ambicioso lo podrían pactar PSOE, Podemos y Ciudadanos, pero ya vemos la capacidad de negociación que tienen. El PP podría incorporarse o no, pero tampoco parece que sea lo que más le puede atraer a sus votantes. Ante el muro, los sindicatos están paralizados ante este dilema mientras mantienen la opción de igualar derechos por arriba. Es como quedarse quietos, pero mientras no pierden a su clientela que está cautiva de esta idea. 

    Pensiones

    -Hay una parte de la población más mayor que cree que esta desigualdad con los jóvenes actuales siempre ha existido y que ‘se cura con la edad’. Es decir, que cuando se jubilen, se sucederán los cambios y el reemplazo.
    -Claro, claro… el problema es que las jubilaciones futuras dependen de la calidad de nuestras carreras laborales. Una de las razones por las cuales no tenemos hijos o los tenemos tarde no es porque no los podamos tener: es porque nuestras trayectorias laborales o vitales no permiten que los tengamos antes. Y si no tenemos hijos, las pensiones no sé quién las va a pagar. Pues pueden pensar en esta idea de los hijos y ver que las generaciones no están siendo exactamente iguales, por empezar por algún sitio.

    «NO HAY DEBATE SOBRE LAS PENSIONES PORQUE LA GENERACIÓN QUE ESTÁ EN EL PODER NO VA A SUFRIR LAS CONSECUENCIAS»

    -La gran contradicción: las pensiones siguen subiendo (este año un 0,25%) y, a la vez, desde el Gobierno y los poderes económicos se da por supuesto que nuestra generación no tendrá pensiones. ¿Cuándo sucederá ese debate?
    -El tema de las pensiones, para mí, es como el tema del cambio climático: como no hay ningún evento catastrófico, tipo El día de mañana o algo así, como no se congelan los cielos y no llega una ola gigante que nos arrase, como nadie alza la voz y le dice a alguien tú eres el primero que va a morir, pues no hay debate. Aunque, ojo, ya ha muerto mucha gente por causas del cambio climático. Como no hay un gran evento, no hay debate. 

    -Pero alguien le tendrá que poner el cascabel al gato.
    -Se lo están poniendo poco a poco. El debate debería existir porque, sobre todo, es muy distinto quién le ponga el cascabel al gato. Los economistas transmiten ese mensaje, que tiene tela. No da igual. No va a ser una reforma de pensiones igual con un grupo polítoco al frente u otro. Hay fórmulas para las pensiones muy distintas según quién esté en el poder. Lo que sabemos es que va a haber una redistribución intergeneracional y eso significa que, a medio plazo, vamos a tener una expectativa de cobrar menos. 

    -¿Cómo se da el primer paso?
    -Podemos pasar de la dinámica del no debate, de las pensiones no se tocan, a vamos a tocarlas de manera que salgan perdiendo los que no pueden perder más. También, aceptando que va a haber una redistribución intergeneracional. Pero como no habrá un desastre natural catastrófico, vamos poco a poco, de momento. Una de las razones más poderosas de por qué no hay un debate profundo para la reforma del sistema de pensiones es porque la generación que está en el poder no va a sufrir las consecuencias.

    Muros añadidos

    «SI EL 100% DE LOS JÓVENES VOTÁSEMOS, NUESTRA INFLUENCIA SERÍA ENORME, PERO NO LO HACEMOS»

    -Si hablamos de mercado laboral y de pensiones, debemos hablar de inmigración. ¿Cuál es el reto generacional sobre la inmigración?
    -La inmigración, como cualquier otro fenómeno social, genera ganadores y perdedores [hace una pausa prolongada]. En un sentido objetivo no está claro, pero en un sentido subjetivo, una parte de los perdedores son aquellos que compiten directamente con la clase obrera de servicios y de obra. Mano de obra en actividades rutinarias. Esa es una parte de la base de los partidos antiinmigración, pero otra parte es clase media que se suma al discurso por cuestiones que no tienen que ver con lo económico sino con lo que interpretan como una amenaza a su modo de vida. En términos agregados, está más o menos claro que la inmigración unas veces es buena y otras necesaria. ¿Cómo conjugar esto? Pues como se conjugaban estas cosas antaño cuando la socialdemocracia funcionaba en condiciones: hay que reequilibrar a partir de esa realidad: a veces es buena y otras necesaria. Propuestas hay mil, pero el conflicto para nosotros, que intentamos hacer análisis teóricos, es que este debate no es económico. Si lo fuera, es más o menos fácil. Necesitamos inmigrantes. Si esto genera perdedores, compensamos. ¿Cómo? Con una red de seguridad: renta básica universal o lo que se nos ocurra más adecuado al momento X. Entramos en debates de índole no económica y similares al momento de la incorporación de la mujer al mercado laboral. Cuando alguien siente su modo de vida amenazado, todo salta. Y no hay porcentajes para tomar estas decisiones. No se puede gobernar siendo un poco machista o un poco racista. Desde un punto de vista progresista, algo así es difícil de justificar, y desde el mío es imposible. Con la inmigración nos enfrentamos a la imposibilidad de separar las dos dimensiones del debate y la parte de la psicología social es muy muy difícil de resolver. 

    -¿Qué receta te viene a la cabeza?
    -La solución más rápida que se me ocurre es la más inviable políticamente, pero la historia de la democracia en no poca medida es una historia de amplicación del círculo con poder de decisión. Pasamos de un sufragio censitario muy cerrado a uno mayor a uno masculio y al universal. Los inmigrantes no votan en las elecciones Generales. Pues esa es la llave para tener influencia.

    -Los jóvenes que pueden votar, como hablábamos, también la tendrían y no la ejercen.
    -¡Es lo mismo! Si el 100% de los jóvenes votásemos, nuestra influencia sería enorme, pero no lo hacemos. Si votasen los inmigrantes no nacionales residentes, si pudieran votar, la dinámica del debate sería muy distinta. Influirían y la tensión entre lo económico y lo social se repartiría de otra manera. Es igual a cuando las mujeres entraron en el debate. La dinámica cambió por completo cuando empezaron a coger puestos de representación. 

    -Pero todavía estamos en el neolítico de la igualdad. A partir de El muro invisible, ¿cuáles son las lecturas que extraeis del papel de la mujer joven en la sociedad y ante el mercado laboral?
    -Pues, para empezar, las mujeres, por mucho que nos queramos engañar, el mercado laboral las tiene señaladas ante la posibilidad de tener un hijo. Se acaba de ampliar el número de meses de baja por paternidad, pero solo ampliado. Seguimos a otro nivel. Más allá de la brecha salarial, que existe, hablamos de una brecha de problemas para iniciar su carrera profesional y la ‘sospecha’ de la maternidad ante cualquier supuesto.

    -Por describir un caso tipo…
    -Digamos que tenemos el caso de una mujer joven. Le quitamos la parte de clase. Una mujer de 28 o 29 años que ha tenido la gran suerte de cursar una carrera y un máster. Es ingeniera química y consigue un trabajo fijo en una fábrica de colchones diseñando espumas de relleno. Hablamos de sector industrial, un entorno estable, trabajo de lo suyo y, bueno, piensa con su pareja o sola que es el momento de tener un hijo. ¿Qué tiene ante sí? Un mercado laboral lleno de competidores que, ante la misma decisión, tienen otro tipo de baja. Hablamos de los hombres. Entonces, ella, lo habitual sería que lo retrasara un poquito para ganar antigüedad en la empresa, estatus y que cuando decida hacerlo ya no haya tentativa de pensar en que había que contratar a un hombre o que mejor haberlo contratado en su puesto. Vale, pues ahora empecemos a cambiar las variables. Digamos que el trabajo no es fijo; es temporal. ¿Cómo vas a plantearte tener un hijo con una situación de inestabilidad? Ahora quitemos que el trabajo sea de lo suyo. Es un trabajo temporal en algo que no le interesa. Ahora supongamos que son varios trabajos temporales, en cosas que no son de lo suyo, que van y vienen. ¿Cómo se va a plantear tener un hijo? Y ahora pensemos que quiere ser madre soltera o que viene de una clase obrera. Entramos en la ciencia ficción. Bueno, pues esa es una de las realidades más evidentes no resueltas de nuestro sistema.

    -Mientras tanto, las dudas para nosotros, ante el mismo supuesto, son muy distintas.
    -Ante los mismos supuestos, su única duda es: hay dinero suficiente o no para afrontar esto. 

    -¿Hasta qué punto es preocupante la frustración de nuestras compañeras de generación en torno al mundo en el que viven?
    -Es muy preocupante. Las mujeres de nuestra generación han crecido desde una posición política pro igualdad y en este sentido es obvio que hay una diferencia muy bestia con respecto a sus madres y abuelas. No porque no quisieran un mundo igual, sino porque nuestras compañeras de generación tienen las expectativas más altas: igualdad total absoluta y en todo el mundo. Nuestras madres y abuelas no tenían esa expecativa. Claro, nosotros pertenecemos a una generación que, como decía, ya ha crecido en una posición política pro igualdad y sentimos una tremenda frustración entre el mundo que debería ser y el que es. Ellas más, claro, porque son las directamente afectadas. Sabemos cómo debería ser el mundo, vemos cómo ni lo es ni se resuelve y en este proceso entramos en un cabreo… yo estaría mucho peor, mucho más enfadado, si estuviese en su situación. Es decir, que aunque creo que es muy preocupante, sigo admirando que lo encajen más o menos bien.

    València y las soluciones

    «VALÈNCIA PASÓ EN TRES AÑOS DE ESTAR EN EL MAPA A PREGUNTARSE QUIÉN ERA EN EL MUNDO»

    -¿Cómo podemos interpretar el muro invisible en València y la Comunitat?
    -Aunque viva fuera, pienso en ello diariamente. Nací y crecí aquí y todo lo aplico como un filtro pensando en València. Hemos sido casi la identidad nacional de buena parte de la crisis. Todos los que hemos vivido fuera nos enfrentado a que nos preguntaran qué había pasado aquí. Cómo nos había pasado. Me refiero a la crisis. Para mí lo más determinante es que pasamos de estar en el mapa a preguntarnos quiénes éramos en el mundo o para qué teníamos que estar en el mapa. Para mí, València define el contexto en el cual el muro invisible se ha hecho evidente para nuestra generación. En pocos casos veo más claro que aquí la reacción positiva. Desde 2014 hasta hoy hay un principio de respuesta que, me lanzo a la piscina, creo que es el más destacado en España. Me refiero a un inicio de reemplazo generacional cultural. No vivo aquí desde hace muchos años, pero cada vez que vengo, veo gente joven posicionada de verdad, veo espacios distintos muy potentes aunque todavía no sean hegemónicos. Por ejemplo, Valencia Plaza me parece uno de esos casos. Me llama la atención y quiero ver cómo se consolida y cómo nos muestra la nueva radiotelevisión valenciana porque está sucediendo un cambio generacional de actores que es más rápido que en otros lugares de España. Intuyo que, quizá, si la caída es más dura, la respuesta sea mucho más agresiva en el mejor sentido.

    -Por cierto, ¿qué soluciones hay en marcha para derruir el muro invisible?
    -En marcha, ninguna. Hemos hablado de una que es el pequeño pasito que se ha dado en igualar permisos de maternidad y paternidad, pero nada. Por parte de Podemos y de Ciudadanos se debaten cosas interesantes. Por ejemplo, está pendiente el debate del pacto educativo para redistribuir recursos, el debate de las rentas básicas o mínimas. Hay cosas sobre la mesa, como el contrato único, del que puedo decir que la propuesta de Podemos no es la mía. La de la renta básica, tampoco. Para nada. Se perciben esos nuevos debaten, pero no llegan. Para mí, ahora es el momento de que emerja el talento político para que las cosas sucedan de verdad. Es el momento en el que el votante debe exigir a su político que actúe. En el que ha de decir que ya ha cogido la bandera, que ha salido a la calle, que ha votado, pero que ahora toca tener capacidad de cesión para conseguir algunos cambios. La incapacidad de diálogo actual, que es grave, no favorece para nada a la llegada de mejores políticas públicas. 

  • Javier Gomá: “La distancia entre la filosofía y el público ha servido para que la sustituya una literatura de peor condición”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Javier Gomá (Bilbao, 1965) es uno de los filósofos e intelectuales españoles más influyentes de este sigloAutor de la Tetralogía de la ejemplaridadtambién conocido por su Filosofía mundana y director de la Fundación Juan March, cuenta que fue una tarde de otoño aquella en la que recibió algo parecido a una ‘llamada’. Durante casi 30 años ha desarrollado un plan con gran voracidad literaria y distancia con la idea romántica de la vocación. Ese largo camino le ha llevado a completar lo que él llama su “filosofía de cámara”. Letrado del Consejo de Estado, Gomá ha desarrollado ya el primer nódulo de una obra que parte de la estima inagotable por el tiempo del lector, al que corresponde con gran conocimiento, amenidad y excelencia escrita.

    Este sábado compartió una charla sobre el teatro y la filosofía en el Paraninfo de La Nau de la Universitat de València con Ernesto Caballero, impulsada por la Fundación Cañada Blanch y moderada por su directora, Paula Sánchez. Gomá, que debutó como filósofo con un libro que ya fue Premio Nacional de Ensayo (Imitación y experiencia, 2003), vio como el propio director del Centro Dramático Nacional elevó al Teatro María Guerrero la representación de su debut dramático. El monólogo Inconsolable (La imagen de tu vida, 2016) es la primera incursión literaria de un autor que siempre se ha presentado como escritor y que parece más dispuesto que nunca a expresarse a través de nuevos canales. 

    Aprovechamos su paso por València para conversar con él:

    Ha escrito sobre la mundanidad y la filosofía (Filosofía mundana. Microensayos completos (Galaxia Gutenberg, 2016). ¿La de los filósofos actuales es muy distinta o a la de los clásicos?
    -En la historia de la filosofía ha habido siempre una tensión: la de quien asume que su verdadera naturaleza es la literaria frente a la de otra filosofía que trata inútilmente de parecerse a la ciencia. Muchos de los diálogos de Platón son literarios y gracias a ello pueden tener una incidencia milenaria. De hecho, sus diálogos de época tardía, los que aspiran a tener el rigor de la ciencia, los que pretender ser ‘tan verificables’ como una ley, no lo son tanto. Mi tesis es que la filosofía tiene que, audazmente, asumir que es literatura. Esa tensión se ve en la obra de Platón, pero también en la de Aristóteles, Kant, Hegel, Nietzsche, Foucault… 

    -¿Cuál es su consecuencia?
    -Cuando la filosofía se reduce a un público de iniciados, cuando usa un lenguaje hermético, poco menos que clandestino, expulsa a la mayor parte de los lectores. Esa tensión está inserta en el alma del mismo filósofo. Kant tiene momentos en los que pretende ser un mito científico y otros de un lirismo arrebatador; Hegel habla de que hace su ciencia de la lógica, pero tiene pasajes auténticamente poéticos que son los más sugestivos.. 

    -¿Y ha mejorado ese conflicto a partir del siglo XX?
    -La posmoderndiad parece que nos ha abierto los ojos al carácter literario de la filosofía, aunque lo que se sigue haciendo hoy en día en las cátedras universitarias tiene ese prurito de ciencia que me interesa menos. 

    -Al hablar de mundanidad y filosofía, aunque no haya sido su objeto y sea otro punto de vista, es inevitable pensar en cómo la sociedad actual se interesa crecientemente por las reflexiones que habitan en la sección de Autoayuda de las librerías, en los sobres del azúcar del café en el bar o en las tazas de Mr. Wonderful. ¿Cómo interpreta un autor con su obra esa fórmula de consumo de ideas que, además, parecen conseguir una saciedad muy efectiva?
    -Es un tema interesante para nosotros… y se me ocurren varias cosas al respecto. Creo que, por un lado, hay una determinada literatura filosófica bajo la etiqueta de autoayuda que puede ser sana. Todo el mundo a veces necesita compartir experiencias y consejos. Por ejemplo, por pensar en algo concreto, creo que uno puede hablar de su experiencia o leer sobre un gran dolor, un duelo o una pérdida, como me ocurrió a mí [por su monólogo Inconsolable]. Y un libro que pueda situar tu propio dolor en un contexto precedente te hace asimilar que esas experiencias no son tan únicas. Por eso, puedo imaginar que haya una parte de esa literatura que sea sanadora o terapéutica. Otra cosa muy distinta es aquella literatura que pretende equipararse al rigor filosófico, que la hay. 

    -Y, de otro lado, ¿cuál sería la distancia entre su filosofía mundana y la filosofía científica, de esa cátedra universitaria?
    -La filosofía mundana es sobre el mundo, para todo el mundo y con un poco de mundo. No es una filosofía que gira en torno a libros ya escritos, no es una filosofía que se dirige exclusivamente a especialistas y tiene mundo porque no es árida. Se conecta con su pregunta anterior, que es lo más importante: la distancia entre la filosofía y el público ha servido para que la sustituya una literatura de peor condición. 

    -Como filósofo, ¿hay algo que le preocupe de esa literatura de peor condición?
    -Lo que me puede preocupar de esa literatura llamada de autoayuda es cómo, de manera maliciosa, en algunos casos populares puede prometer superar depresiones, enfermedades o desgracias desde una especie de afirmación de la voluntad. Es decir, como si uno, si no supera un cáncer, no lo supera por la enfermedad en sí, sino porque es idiota. Porque si verdaderamente hubiera querido superarlo y hubiera confiado en esa afirmación de la voluntad, de la voluntad por encima de la razón, lo hubiera superado. Es una literatura como de expectativas, de la que propone que haciendo según qué tipo de gimnasia o tomando según qué zumo, en distintos sentidos, se superan los problemas. Cualquier literatura o cualquier cosa que niegue el principio de realidad me parece mal. 

    -Después de haber consolidado una de las obras filosóficas más reconocidas en España precisamente en este siglo, publica un monólogo dramático como cierre a su libro La imagen de tu vida. ¿Esperaba que sus textos llegaran a representarse en un teatro? 
    -Digamos que no renuncio a nada de lo bueno, como no renuncio al Nobel, aunque creo que hace mucho que no le dan un Nobel de Literatura a un filósofo [comenta con sorna]. Cuando escribí el monólogo no estaba pensando en que fuera representado, pero tampoco me negaba a que llegase a Broadway y lo defendiese Brad Pitt. Sólo bromeo. En el momento de la escritura no pienso en una proyección futura. No es mi prioridad, pero uno no se cierra a nada. Supongo que en algún momento pensé que si era un monólogo dramático, podía ser que alguien algún día lo representara. Pero tampoco pensaba que se iba a publicar en un diario nacional a siete páginas [El Mundo, 2016] y que eso iba a llamar la atención del director del Centro Dramático Nacional y que éste lo iba a llevar a escena pese a tener la programación cerrada. Eso es una auténtica sorpresa. 

    -Uno de los temas que ha abordado en su obra es el de la Ejemplaridad pública. ¿Hasta qué punto se conecta esa idea con el teatro; la idea de ejemplo, imitación y lo que usted denomina como “una tendencia humana a la universalidad”?
    -Es un tema muy interesante [hace una pausa prolongada]. Hasta el siglo XVIII la cultura tenía la finalidad de instruir deleitando. Toda la cultura que se sucede hasta ese momento digamos que es… acusadamente edificante. Es una propuesta de ejemplaridad. El teatro, como se ha escrito, es una escuela de costumbres, o, perdón por la autocita, es ‘el templo de la oralidad y de la presencialidad’. Cuando uno comunica ante esa audiencia debe retribuir la atención prestada con amenidad, con conocimiento, con anhelo y elevación. La cultura meramente literaria tiene impronta de ejemplaridad; en particular, en el caso del teatro, a través de su representación pública. Y, claro, todo eso se transforma en algo muy distinto a partir del siglo XIX. Pasamos de la cultura de la ejemplaridad a la cultura de la individualidad, de la expresividad. 

    “HE SIDO UN HOMBRE CON UN PLAN DURANTE LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS; ME SIENTO MUY ATRAÍDO POR NO TENERLO AHORA MISMO”

    -Por su monólogo, se diría que usted se siente más atraído por ese teatro que es ‘escuela de costumbres’ y menos expresión individual.
    -Si yo escribo que me he despertado hoy y me dolía la cabeza, me he tomado un gelocatil, he ido a por el café y me he encontrado el periódico, lo he empezado a leer… ¿a quién le importa todo eso expuesto de esa manera? El público demanda un discurso de interés. Por eso yo creo que es importante la idea de la responsabilidad por el mensaje. Me gusta el teatro como escuela de costumbres y que en los últimos tiempos también ha servido como denuncia, para acercarnos a las situaciones de opresión y desigualdad, con las mujeres, en cuestiones de sexualidad, con inmigrantes… A mí me gusta pensar que ‘mi teatro’ se ha conectado con esa ejemplaridad.

    -Ha dicho en alguna ocasión que “elegir el concepto, el verso o la novela es sólo una cuestión de estrategia comunicativa”. ¿La publicación de este monólogo y su llegada al teatro nos anuncia que le veremos más activo en otros canales distintos a los de la obra filosófica?
    -Lo único que sé ahora es que no sé mucho de lo que haré en adelante. Por primera vez en muchos años, y tengo 52, no tengo proyecto. No tengo un plan literario ni sé por dónde tiraré. La vida me ha permitido que escriba una tetralogía [Tetralogía de la ejemplaridad, Taurus], lo que yo llamo mi ‘filosofía de cámara’. Y admito que he sido un hombre con un plan durante los últimos 30 años, por lo que me siento muy atraído por la posibilidad de no tenerlo ahora mismo.

    -No obstante, siempre ha comentado que el desarrollo de su obra tiene un punto de partida literario. 
    -Siempre me he considerado como un hombre de vocación literaria, desde una edad muy temprana. De hecho, mis primeros textos, que yo recuerde, fueron una especie de novelas, de poesías… pero todo más bien novelístico, sí. La filosofía es literatura conceptual y no soy un filósofo que entienda su vida como un académico, como un hombre de ciencia al uso. No entiendo al filósofo únicamente centrado en las novedades científicas, en asistir a congresos y en publicar en revistas especializadas. 

    -Con la filosofía asegura que sintió algo así como una llamada. 
    -Cuando terminé mi tetralogía incluí un corolario en el que explicaba por qué había dedicado los mejores días y años de mi vida a algo: a la filosofía. Y la razón es un enamoramiento incontrolable por distintas ideas. 

    -Esa llamada llegó cuando usted era muy joven. A la vez, hoy en día, es un intelectual muy pegado a los ritmos y costumbres de la sociedad actual. ¿Cree que de haber nacido ahora, dado el ritmo de vida y la presión por el uso consumista del conocimiento hubiera planeado pasar 25 años para completar ese trabajo?
    -Mi presentimiento es que sí, que hubiera hecho lo mismo de haber nacido en el año 2000 o ahora. Entonces ya me sentí bastante solo con mi decisión. Me sentí siempre un poco aparte de mi generación, de mis amigos que vivían el curso de la vida sin mayor problema. 

    -Es decir, que la idea de vocación es una suma de complejidad a la existencia.
    -La vocación es añadir complejidad a la adolescencia, que ya de por sí es una etapa compleja. En aquel momento, lo que yo sentía es que el extraño era yo. Sospecho que hubiera hecho lo mismo ahora. Pero sentía que tener un mapa para organizar mi vida, como ha sucedido, era una complejidad añadida, que implicaba una anomalía que tenía que armonizarse.

    -Ha defendido en varias ocasiones esa llamada desde las ideas, de su vocación filosófica, pero, ¿es la vocación un ideal romántico o más lo entiende como un problema sobrevenido?
    -La vocación es una anomalía muy poco frecuente. La vocación tiene un lado de empobrecimiento total… quiero decir que, la vida te ofrece muchas posibilidades y la vocación solo es una. Eso sí, te dota de una energía extraordinaria para abordarla. Pero yo veo la vocación desde la óptica del empobrecimiento a cambio de esa energía. Por eso nunca hablo de la vocación con orgullo o con jactancia. Más bien, todo lo contrario. El romanticismo aviva la idea de la vocación como una experiencia sobrenatural, pero más bien yo la veo como una anomalía. Hay mucha, muchísima gente con gran refinamiento cultural, pero que a eso le acompañe una vocación literaria, que ‘obligue’ a un plan, por así decirlo, es poco frecuente. 

  • La historia de las calles de València está llena de historias (y vacía de mujeres)

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La inquietud de Luis Fernández le ha devuelto a València parte de su historia a través de sus calles. Porque hasta la fecha conocíamos el relato oficial tras los personajes y hechos, pero desde que abrió su blog en 2013 este ingeniero topográfico se ha preocupado por contextualizar cada decisión. La toponimia local responde a decisiones históricas y, a menudo, políticas. Las calles y su historia, recientemente publicado por la editorial Drassana, recupera decenas de anécdotas del nomenclátor valentino y hablamos con su autor para entender mejor el contexto viario que nos rodea.

    -¿Cuando abriste el blog, te imaginabas que acabarías publicando un libro sobre ello?
    -Es curioso porque lo inicié como una afición. Obviamente, todo se deriva de mi profesión. Me planteaba cosas, me hacía preguntas, me encanta la toponimia urbana en general… De hecho, es curioso porque quería hacer algo divulgativo fijándome en gente como Vicent Baydal (prologa el libro y es editor de Drassana). Pero ya con la primera publicación vi que el impacto era muy fuerte. Desde el primer post vi una reacción importante de la gente, una necesidad de saber la intrahistoria de cada calle.

    -¿Por dónde empezaste?
    -Asistí a la primera edición de València Vibrant y allí Eugeni Alemany, en su monólogo, comentó que vaya birria de calle tiene Jaume I. Quise empezar por ahí, porque es verdad que es una calle que necesita contexto para entender por qué un personaje de esas características ha recibido como homenaje un espacio así. Y el contexto de la calle Conquista, del Moro Zeid…

    -¿Y enseguida se desató la fiebre por tu trabajo?
    -Nada más llevaba dos o tres artículos creo que pensé que sí acabaría publicando un libro. Había mucho interés y yo también quería conocer más historias. Enseguida me llamó Paco Cremades, de la 99.9 (Valencia radio) y más tarde de Radio Valencia (Cadena SER). Empecé a seguir la pista de muchas calles en el Archivo Histórico y a darle forma poco a poco al libro que ahora llega a las librerías.

    -En el prólogo, el mismo Baydal ya comenta que una de las principales carencias de la ciudad de València en su toponimia es la historia de sus mujeres. ¿Hasta qué nivel llega la desproporción?
    -De hecho, ahora estoy preparando un libro diferente desde el concepto. Lo estoy trabajando con la Administración pública y tratamos de que haya un número importante de mujeres… pero es imposible. A grandes números, si València tiene 3000 calles y de ellas 1800 son de personajes, el porcentaje de hombres y mujeres es del 93-7%. El nomenclátor de la ciudad es un reflejo de su historia… o, mejor dicho, de la historia que nos han contado. Las mujeres son reinas de épocas feudales o mujeres nobles. De hecho, hasta el periodo democrático apenas hay mujeres civiles. 

    -¿Tenemos una desproporción similar a la de otras grandes ciudades del Estado?
    -He estudiado ciudades como Madrid, Barcelona o Zaragoza y, de nuevo a grandes rasgos, estamos exactamente igual. Hay otras singularidades. València, por ejemplo, es singular porque fue la última de estas ciudades en dejar de ser republicana. Eso provocó una explosión más intensa de nombres nada más llegar el franquismo. 

    -¿Y con la llegada de la democracia?
    -Una ‘limpieza’ que fue casi la de un elefante en una cacharrería. Tanto fue así que se pararon. Quitaron muchas, pero se dejaron unas cuantas porque la sociedad empezó a molestarse y el Gobierno de la ciudad no concluyó con el propósito. Pero por supuesto desaparecieron la Plaza del Caudillo, Falangista Esteve…

    -Un caso singular en esa historia es el giro inesperado de la historia entre el Doctor Peset y Marco Merenciano.
    -Sí, porque, como cuento en el libro, de repente, después de que sus calles estuvieran cerca [habían sido maestro y alumno] se descubrió que Merenciano había delatado a Peset [fue fusilado durante la Guerra Civil]. Claro, ya había dudas con el papel de Merenciano, pero se convirtió en una situación insostenible que se ha resuelto recientemente. 

    -El libro es bastante estimulante a partir de los barrios menos céntricos de la ciudad.
    -Hemos querido huir del Centro Histórico porque pensábamos que era una zona más trillada. Se ha escrito mucho, aunque no siempre bien contextualizado…

    -¿Cuál es el barrio que más te ha llamado la atención?
    -Muchos, pero, por elegir uno, Nazaret responde a una toponimia clásica, pero dentro de una gran ciudad. Es singular: Calle Mayor, Calle Baja del Mar… Y eso se combina con un barrio muy combativo que tiene una gran representación de nombres de vecinos en su trama. Como los tranviarios o la fallecida Isabel Nebrada. La actividad de su asociación vecinal acaba bien representada en sus calles. 

    -Hablemos de algunos de los casos que se incluyen en el libro. Empiezas por Jaume I…
    -Es cierto que mucha gente se sorprende de la calle que tiene Jaume I ahora, pero hay que contextualizar siempre con el ‘cuándo se rotula’. Hoy no tiene relevancia, pero cuando se rotuna es una zona del nuevo ensanche, ni siquiera existe la calle Colón. Era la mejor calle en el mejor barrio posible. Era la primera vez que un estado liberal propone el nombre de un personaje ilustre así.

    -Y en una zona de expansión urbanística.
    -Era una calle en el primer pelotazo inmobiliario del siglo XIX.

    -Otra historia curiosa es la que titulas Sublevados de la casba; el Grupo Antonio Rueda.
    -Es un grupo de franquistas que recibe sus calles en los años 72 o 73 del siglo XX. La sensación en aquel momento fue la de dar el último coletazo de autoridad. Veían que el franquismo se acababa y, casi 40 años después de acabarse la guerra, deciden darle unas calles a algunos caídos del bando Nacional. Eran unos asesinados y por eso han sido muchos los valencianos que se han preguntado por qué había que quitar sus nombres. La razón es histórica: efectivamente, no hicieron nada. Solo fijan un hecho que nos dividió. Pérez Casado, como comentaba antes, entró como un elefante en una cacharrería, pero la ‘limpieza’ se paró antes de los nombres del Grupo Antonio Rueda. Quizá porque aquellos señores no hicieron nada. Son mártires del bando Nacional que solo murieron. 

    -¿Qué es lo más interesante de la relación entre Fallas y calles?
    -Las Fallas nacen del propio pueblo que se organiza para darles vida. Pese a los cambios de régimen y las apropiaciones, las Fallas mantienen en sus llibrets nombres de vías y dejan una parte de la historia escrita al margen del relato oficial. Por ejemplo, gracias a las fallas sabemos que tuvimos una calle Preciados que intentaba imitar a la madrileña del mismo nombre. 

    -En el libro descubrimos que Landerer fue un astrónomo. Jerónimo Muñoz también es valenciano y astrónomo con calle. ¿Qué oficios tienen representación y hoy nos llamarían la atención?
    -Es curioso que, según la época, los responsables de poner nombres a las calles que voy citando en el libro toman como decisión poner las profesiones. Por ejemplo, escogen rotular Calle del Sainetista Arniches. Y, como rótulo, es el único sainetista, pero también tienen calle Bernat i Bladoví o Escalante… así que hay varios sainetistas con calle.

    -Un evento que destaca en la toponimia de València es de luctuoso recuerdo para la ciudad: la Riuà.
    -Hay una parte del callejero que hace referencia directa al hecho, pero es que hay que entender que ese hecho, directamente, modifica la ciudad. Cambian calles y espacios. Se crean barrios nuevos y eso favorece la llegada de nombres relacionados. Por ejemplo, son conocidas las calles que pasaron a tener nombre de ciudades o países en agradecimiento por su apoyo. Había que trasladar el mensaje de que España se había volcado con València… y la realidad es que no en todos los casos hubo tanto apoyo. 

    -Hacia el final del libro no esquivas la todavía polémica de una calle para Rita Barberá. ¿Llegará antes o después?
    -Llegar, llegará. Lo que pasa es que en el contexto actual se valoran muchas cosas. Ya hablé en su día en la radio del tema. Los funcionarios tienen por norma no otorgar las calles cuando los personajes están vivos, pero tampoco recién muertos. Pueden recibir homenajes y todo tipo de reconocimientos en vida, pero las calles no forman parte de ello como norma general. Hay que verlo con perspectiva y ningún alcalde de València podrá decir en su historia que estuvo un cuarto de siglo al frente del Consistorio. 

    -Lo que está claro es que no sucederá en esta legislatura.
    -Joan Ribó no le pondrá una calle a Rita Barberá. En todos los casos hay una intención política en la escritura de la toponimia de las ciudades. Desde siempre y ahora también. Barberá, por ejemplo, puso el nombre de una calle a Azaña con una gran presión social por parte de Izquierda Unida y PSOE. Y la puso en Orriols, tan alejada de cualquier centro de atención como le fue posible. 

    -Sin querer amortizar la primera, ¿habrá segunda entrega del libro?
    -He contado las mejores 30 historias que tenía, pero según ha finalizado, ahora mismo, creo que ya tengo unas 30 más igual de potentes. Calles con mucha miga. Creo que habrá segundo volumen… ¡y hasta un tercero, quizá!

  • Gaizka Mendieta: el eterno verano de un hombre tranquilo

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    Gaizka Mendieta (Bilbao, 1974) logró un par de cosas en València que ahora, con apenas unos años de distancia, parecen imposibles: ser el capitán de los mejores años en la historia del club de Mestalla y hacerlo como un líder tranquilo. Ese es el motivo por el que los renglones de su biografía —entonces, antes y ahora­— no se alinean con el interés de los medios. En un verano en el que hemos tolerado que la sección de deportes se redujera a una boda, varios delitos fiscales y una trama de corrupción, conversar con el ‘6’ acerca de sus pasiones es un balón de oxígeno para los que todavía creemos en el fútbol.

    En las tascas se dice que los de Bilbao nacen donde les da la gana, pero en esto Gaizka también posee su propio relato. Andrés, su padre, fue portero del CD Castellón, y la provincia fue su último destino tras su paso por varios equipos (incluido el Real Madrid CF, donde no llegó a jugar). El deporte estuvo presente desde la cuna en el mejor centrocampista de la Liga de Campeones en 2000 y 2001 aunque, para disgusto familiar, abandonase el fútbol por el atletismo. Campeón autonómico y subcampeón de España de 1.000 metros, becado y listo para lograr medallas, decidió volver a calzarse las botas.

    — La próxima temporada se cumplirán diez años de su retirada. ¿Había planificado ese momento?

    —Lo cierto es que no. En aquel momento me estaba separando y si me iba a jugar fuera no iba a poder ver a mis hijas. Eso era innegociable y seguirá siéndolo hasta que sean mayores. Así que me tomé un par de años para dedicarle tiempo a la familia, me quedé a vivir en Inglaterra y empecé a colaborar con algunas cadenas de televisión aquí. También me saqué el carné de entrenador y soy embajador de La Liga por el mundo. A partir de ahí he ido haciendo cosas que me han ido atrayendo, como ser empresario de hostelería, jugar partidos de legends, pinchar música… la verdad es que ahora mismo toco todas mis pasiones. Gracias a mi carrera como futbolista tengo la suerte de tener muchas oportunidades. En estos momentos tengo un equilibrio importante y para romperlo tendría que aparecer un proyecto muy sólido. 

    —¿Se refiere a convertirse en entrenador?

    —El fútbol es una de mis pasiones pero ahora mismo supondría cortar con todo esto para dedicarme en exclusiva. El trabajo de entrenador requiere mucho de ti y mi vida volvería a estar dedicada al 100% a ello. Tal y como yo lo veo, ser entrenador no es ser jugador; es más complejo, es más exigente. No sé cuándo ni cómo, pero es una faceta que me gustaría experimentar. Me gustaría estar al otro lado y ver si soy capaz de aportar o ayudar con lo que llevo dentro, pero ahora mismo tendría que llegar algo irrechazable.

    —Alguna vez ha dicho que nunca imaginó hasta dónde llegaría con este deporte.

    —Es que nunca me lo planteé. Nunca lo pensé. Nunca me imaginé que iba a conseguir todo lo que he conseguido. 

    —De haber continuado como atleta, ¿hasta dónde cree que habría llegado?

    —Cuando lo dejé tenía el récord autonómico de 1.000 metros y era subcampeón de España de mi categoría. Hasta que lo dejé se me daba bastante bien, tenía bastantes becas, pero nunca lo sabremos [sonríe]. 

    —El deporte siempre ha estado presente en su vida.

    —Y seguirá. Empiezas de pequeño practicando todo lo habido y por haber y ya vas eligiendo. No concibo una forma de vivir sin deporte.

    —Está en buena forma física. ¿Se cuida tanto como antes?

    —No. No es que me cuide, es que es una forma de entender la vida. No soy profesional y me doy mis caprichos. De vez en cuando te puedes permitir un exceso. Se pagan y cuestan, pero hay que disfrutar de la vida. 

    «SI CUANDO VIVÍA EN VALÈNCIA ME ESCAPABA ALGÚN FIN DE SEMANA A LONDRES PARA COMPRAR DISCOS O IR A UN CONCIERTO, IMAGÍNATE LO QUE SUPONE VIVIR AQUÍ»

    —En sus apariciones como embajador de La Liga se le aprecia una especial sensibilidad por las etapas formativas. ¿Cómo ha cambiado este aspecto desde su época hasta la actualidad?

    —Entendemos que el fútbol no se sostiene sin una etapa formativa fuerte. Por eso insistimos. Es de ahí de donde surge el éxito que nutre a los clubes de cualquier división. España, afortunadamente, se nutre de jugadores nacionales, pero cuando viajas fuera, por ejemplo a países como China, te das cuenta de cómo ellos no tienen eso e invierten mucho en ello. Más allá de nuestro éxito con la Selección gracias a los jugadores, España es una potencia como formadora. Mucha gente habla de los jugadores españoles, pero a nivel formativo y de coaching tenemos un alto nivel. 

    —Ahora los jugadores más jóvenes tienen una actividad de patrocinio y comunicación desconocida hasta la fecha. 

    —No creo que sea algo exclusivo del mundo del fútbol. Pero bueno, dime qué lees o qué escuchas y te diré quién eres. Pues dime a quién sigues en redes sociales y te diré un poco cómo eres. Es verdad que hay mucha tendencia a exhibirse, pero los futbolistas no son menos. No es una faceta que a mí me atraiga. Creo que desde el fútbol hay que mostrar unos valores diferentes porque la vida no es eso.  

    —¿Le preocupa que esas presiones económicas y mediáticas lo desvirtúen?

    —Eso le preocupa a todo el mundo, pero creo que no. Hay muchos futbolistas en activo y muchos entrenadores que insisten en sus valores: respeto, humildad, trabajo, etcétera. Eso es lo que te lleva al éxito. Si te alejas, te alejas del éxito. Es en lo que hay que insistir en las fases formativas. 

    —Trabaja en los medios ingleses. De su modelo de periodismo deportivo, ¿qué importaría a España?

    —En Reino Unido la prensa deportiva es muy respetuosa con el exprofesional, pero creo que no lo es solo con el deportista… es con la persona. Hay un respeto absoluto, especialmente si ha aportado éxitos al país o a la ciudad. Hagas lo que hagas, la gente tiene eso siempre presente. Creo que por eso me he encontrado a gusto trabajando en medios británicos, aunque he colaborado con cadenas de televisión de África, Asia, Medio Oeste y toda América. En España tendemos a politizarlo todo. Por ejemplo, cuando Raúl fue a la inauguración de una tienda del Barça como trabajador para La Liga. Es algo que supongo que irá cambiando.

    —Tiene el carné de entrenador y da por supuesto que probará la experiencia en algún momento. ¿Cuál sería su fórmula?

    —Diálogo y honestidad con el jugador y con uno mismo. Al final el jugador, tanto el que juega como el que no, quiere la verdad y con la verdad se va por delante. He tenido casos de entrenadores que no han dicho la verdad y al final pierden el vestuario. Al final es liderar a un grupo y para lograrlo necesitas que esté unido; para que esté unido, tienes que lograr que todos luchen por los mismos objetivos. Es la única manera de aguantar bien toda la temporada. El reto principal de un entrenador hoy en día es ese, aunque ahora todos van acompañados de un preparador físico, un médico, etcétera.  

    —Cuando fue jugador del Valencia CF la fórmula tenía mucho que ver con un paso natural del filial al primer equipo y jugadores con experiencia para posiciones específicas. ¿Cree que ese es el modelo más adecuado para el club ahora?

    —En mi época esa era la dinámica y sirve para el 80% de los clubes, pero no para todos. Si estás en un equipo que ficha, como puede ser el caso de Madrid, Barça, Chelsea u otros, entonces lo que necesitas es una red de scoutings por el mundo. Todo depende del club para el que trabajes y tu rol, porque no es lo mismo tener una responsabilidad como entrenador que como director deportivo. 

    «SIEMPRE HE CONSIDERADO QUE EL FÚTBOL NO ES LO ÚNICO, PERO COMO PROFESIONAL LOS PROYECTOS DEPORTIVOS SON LO MÁS IMPORTANTE»

    —Además del fútbol, la cultura es otra de sus pasiones. ¿Fue algo que tuvo en cuenta para quedarse a vivir en Inglaterra?

    —Efectivamente, la cultura británica y la estadounidense siempre me han atraído. Pero cuando llevas catorce años residiendo en un país son más cosas… Influyen factores culturales, deportivos y sociales. Siempre he tenido una conexión con la cultura británica. De lo contrario no llevaría tanto tiempo viviendo aquí. 

    —¿Y la música?

    —Si cuando vivía en València me escapaba algún que otro fin de semana a Londres para comprar discos o ver algún concierto, imagínate lo que supone vivir aquí. La música forma una gran parte de la cultura británica. Se ve en la importancia que se le da y la repercusión que tienen las bandas en Gran Bretaña y a nivel internacional. La música es una parte muy importante en mi vida y es algo que puede ayudarte mucho a sentirte a gusto en un sitio. 

    —¿Lo tuvo en consideración al fichar por el Middlesbrough?

    —No. Siempre he considerado que el fútbol no es lo único, que hay más cosas, pero como profesional los proyectos deportivos son lo más importante. Prueba de ello fue que viniera a un club como Middlesborugh. El primer año fue duro… no tomas esas decisiones basadas en gustos musicales. Las tomas por el proyecto deportivo y por dónde vas a vivir con tu familia, si vale la pena. Todo lo demás es un añadido. 

    —A lo largo de su carrera, ¿ha compartido su afición por el rock y el pop con compañeros de vestuario?

    —Es verdad que no había muchos futbolistas con los que compartiera estos gustos, estos estilos, pero tuve la suerte de encontrar algunos. No muchos. La música en mi época era algo más personal. No se ponía en el autobús, como hoy en día. Era algo más privado y eso también es importante; que cada uno tenga su espacio más allá de compartir algo puntualmente. 

    —En València es conocida su amistad con el vendedor de discos, locutor y dj Juan Vitoria. ¿Qué papel tuvo en sus diez años aquí?

    —Importante, supongo. Juan es una enciclopedia del rock y me ha aportado mucho. Me ha descubierto bandas a las que no hubiera llegado, pero sobre todo me ha ayudado a entenderlas, a ver cosas desde dentro. Hemos compartido muchos conciertos y muchos momentos. Ha sido una figura importante para mí en València y en mi vida, pero también hubo más amigos con los que compartí esa afición, conciertos… lo que pasa es que Juan es muy conocido y su nombre llama más la atención [sonríe].

    —Cuenta la leyenda que no era extraño ver a Mendieta en conciertos de bandas valencianas.

    —Siempre que no interfiriera en mi actividad profesional, iba a cualquier evento musical que podía. Es verdad que a veces se hacía difícil porque creaba más alboroto que otra cosa, pero bueno, en la escena musical en la que yo me movía ya conocías a mucha gente y entendían que estabas en un momento más personal. Me sentí bastante respetado. Y si no, siempre había algún rincón en el que, con un buen gorro, uno se camuflaba. 

    —¿Cuáles fueron aquellas primeras recomendaciones? Las esenciales.

    —Cuando llegué a València, con diecisiete o dieciocho años, empecé a comprar discos porque podía permitírmelo. Hasta entonces tenía algún vinilo y muchos casetes. Empecé escuchando a The Doors, The Velvet Underground, Iggy y los Stooges… Todas esas grandes bandas de los 60 y 70. Eso lo combiné con muchas bandas de la escena de València, de esa época que yo considero más o menos dorada, con La Habitación Roja, por ejemplo. Con ellos todavía tengo amistad, como con Los Planetas. 

    —Ellos le nombraron en una de sus canciones más memorables y un buen día de 2015 se subió al escenario al FIB para tocar la guitarra con ellos. ¿Cómo lo recuerda?

    —Ya los había visto en directo dos veces antes de aquella canción, pero cuando sacaron el single de Un buen día nos conocimos. No recuerdo quién nos presentó, pero supongo que vendrían a presentar Unidad de desplazamiento a València y comimos juntos. En 2015 coincide que estoy en Benicàssim [la familia Mendieta vive allí], quedamos a comer porque somos amigos y Jota me suelta que por qué no toco la guitarra con ellos. Tengo un par de Fenders, pero desde que nacieron mis hijas, el tiempo libre… Les dije, si queréis voy al ensayo y lo valoramos. Me pasé dos días tocando los cuatro acordes y fui al ensayo. Ellos dijeron que no desentonaba mucho, pero yo creo que sí [ríe]. Toqué la canción y fue una experiencia increíble… inolvidable. He jugado en estadios con 100.000 personas, pero la forma de conectar con la gente es totalmente distinta. Es difícil describirlo con palabras. Además, Los Planetas volvían al FIB después de unos cuantos años, acababa de tocar Blur y luego actuaba Portishead. En el escenario principal. A veces lo pienso y todavía me parece que estoy soñando.

    «SIEMPRE QUE NO INTERFIRIERA EN MI ACTIVIDAD PROFESIONAL, IBA A LOS CONCIERTOS QUE PODÍA. LA GENTE ENTENDÍA QUE ESTABAS EN UN MOMENTO MÁS PERSONAL»

    —En el FIB hizo su debut como dj. ¿Cómo ha desarrollado esa faceta desde entonces?

    —Como era la primera vez, vino mucha gente. Fue impresionante. Mucho afecto. Pinchamos con vinilo los tres [Juan VitoriaArizona Dylan y Gaizka Mendieta, aka Gasteiz Gang]. El proyecto duró un año porque Arizona empezó la universidad y los compromisos de los tres lo hacían muy difícil. Juan pincha asiduamente en diferentes clubs de València. Yo también lo hago cuando puedo. He pinchado en varios festivales [FIB, SOS…], en las dos últimas finales de la Champions, en una fiesta privada del festival de Cannes… intento exprimir esas experiencias. Para mí, lo más interesante es unirlas. Unir el fútbol, la música y distintas pasiones. Me gusta lo que sucede cuando hay sinergias entre todo lo que hago.

    —Una de las facetas menos conocidas es la de empresario inmobiliario y hostelero. ¿Cómo surgió la posibilidad?

    —Si vives en Londres acabas yendo a restaurantes con producto español. Es algo que te falta cuando vives fuera. Así conocí a los dueños de Ibérica Restaurantes, que tienen un producto muy bueno. A partir de la relación personal como cliente me ofrecieron entrar y no me lo pensé dos veces. Tenemos ocho restaurantes en Reino Unido y vamos a abrir dos más. Además, he estado con Dabiz Muñoz en StreetXO desde el principio. De hecho, acabo de salir hace poco. Y, si no pasa nada, estoy planeando un nuevo proyecto con Quique Dacosta, pero estamos en los primeros pasos. En todos esos proyectos, desde distintos puntos, el planteamiento para que esté dentro es parecido: conocer un mercado que tiene oportunidades y necesidades que se pueden cubrir. 

    —En los restaurantes de Ibérica hay muchos españoles. ¿Hay inquietud por los efectos del brexit?

    —La gente que tiene contrato indefinido no tiene ese temor, pero los que acaban de llegar, quizá, pueden tener dudas sobre cómo se va a resolver. Pero no los españoles; cualquier ciudadano europeo que reside y trabaja allí. Nosotros esperamos que la relación entre Reino Unido y Europa se altere lo menos posible. También pensando en los británicos que no solo viven sino que trabajan en Europa. Desde luego, serán decisiones muy sopesadas.   

    * Este artículo se publicó originalmente en el número 34 (VIII/17) de la revista Plaza

  • Toni García publica un mini libro sobre el sketch y Micahel Palin (Monty Python) se lo prologa

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El guionista Toni García Peralta (del Autoindefinits de Conta Conta al Terrat), el mismo autónomo que capitanea la web satírica Rokambol, acaba de publicar El sketch. Cómo abordar su escritura sin torcerse el tobillo. Este mini libro, de unos 10 minutos de duración, cuenta con un prólogo de Michael Palin, uno de los ilustres miembros del colectivo Monty Python. El autor valenciano propone un original metasketch en el que los personajes debaten sobre las fórmulas, efectos y estructuras posibles de esta tipología de la escritura creativa. 

    En las siguientes líneas, García Peralta se sorprende por el interés en torno a su librillo, justifica su edición en castellano en inglés, valora la participación del comediante británico citado y levanta algunas acusaciones. La conversación ha sido transcrita de aquella manera.

    -Sí, buenas tardes. ¿Es usted Toni García Peralta, el autor de El sketch. Cómo abordar su escritura sin tocerse el tobillo?
    -Sí y no.

    -¿Cómo?
    -Sí, soy Toni García, pero el libro ese lo escribió mi madre.

    -Bueno, pues es usted quien lo firma.
    -Sí, es que tenemos un acuerdo. Yo hago las lentejas y ella me escribe los libros.

    -¿Lo dice en serio?
    -No, por supuesto. El libro es mío, pero es que no esperaba que nadie me preguntara por él.

    -Tampoco pensaba publicarlo, por lo que me han dicho.
    -No. Me pidieron algo para el blog GuionistasVLC y escribí ‘esto’. Me pidieron una colaboración totalmente libre y, bueno, me divertí un rato. Estaba escrito sin intenciones pedagógicas ni nada de eso…

    -Y del blog al mini libro y en dos idiomas. ¿Cómo ha podido torcerse tanto la cosa?
    -Uno de los habituales lectores de Rokambol dio conmigo a través de un banner que a su vez redirige a mi página como guionista. Allí leyó el texto de El sketch y quiso editarlo en una nueva aventura editorial que surge desde Castellón (La Máquina que hace Ping). Vamos, que él tenía la intención de que se publicase y yo no me opuse. 

    -Es el segundo libro que publica sin tener intención de hacerlo.
    -Algo así. El primero, el de las historias de Rokambol, también me lo propusieron. Casualidades de la vida. Y buenos amigos. 

    -¿Cuántos se han impreso de este último?
    -1.000. Este hombre es muy atrevido y lo quiere distribuir en el mercado anglosajón y en Sudamérica. De ahí lo de que el libro esté en castellano y en inglés, empezando por cada una de sus caras.

    -Fue ese atrevimiento el que le llevó a lograr el prólogo de Palin.
    -Ese mismo. Lo intentó con John Cleese, pero se ha convertido en un tipo muy inaccesible. En esas estaba cuando, con una maniobra, un regate más bien, llegó hasta Palin.

    -Como guionista, ¿qué ha supuesto la obra de Monty Python entre sus influencias?
    -Son un ejemplo magnífico. He disfrutado mucho con ellos incluso antes de ser guionista. Y sigo siéndolo. Pese a serlo, digo. Son geniales.

    -Qué tiene el sketch que lo hace tan complejo.
    -Es una pieza particular, muy cortita. Necesita un gancho muy fuerte al principio, otro al medio y uno más al final. Y eso es todo, porque no da tiempo para más. 

    -El libro sirve también para relajar las posiciones con las ideas más estrictas en torno a su escritura. Por ejemplo, en torno a la presión que hay por encontrar un buen “remate” al texto.
    -Hay que romper con la idea del remate. Es una idea muy rígida y es una de las losas que tenemos los guionistas, siempre preocupados con ese remate. El libro también trata de desmontar la idea de la exageración y estas cosas del sketch.

    -Hemos hablado de Monty Python como referencia, ¿pero en España, cuáles son esas referencias?
    -Muchas. Hemos tenido muchos programas que han estado muy bien. Para mí, El Terrat siempre ha sido una referencia. Si hablamos de programas, Homo Sapiens o Polonia. Ambos son ejemplos muy evidentes. O Vaya semanita.

    -En todos hay una importante carga de actualidad. ¿Es un recurso de éxito?
    -No es el único. El absurdo o la cotidianidad también son recursos muy buenos.

    -En los próximos meses o años [con total seguridad, este mismo siglo] se reabrirá la televisión pública valenciana. ¿Espera que haya programas de sketches de partida?
    -Sería fantástico. Es necesario en cualquier televisión de servicio público. Después de tantos años de oscuridad, harían falta buenos programas de sketches de humor para divertirnos. 

    -¿Programas de sketches en los que se pueda nombrar a los políticos del momento?
    -Sería conveniente e higiénico. Es incluso bueno para ellos, si lo quieren ver. Porque pueden corregir su política. O lo que sea. Pueden corregir hasta su manera de andar. Todo.

    -La conversación se ha alargado porque soy incapaz de encontrarle un remate. ¿Me ayuda?
    -Es que así, en directo, a contrapelo…

    -¿Podríamos rematar dejando aquí sus datos de contratación? Creo que ha sabido cómo venderse.
    -No, gracias. No hace falta. Pero, vamos, que escribiendo para Autoindefinits teníamos prohibido hacer nada en torno a personajes como Rita Barberá. Incluso, más adelante, nos dejaron claro que nada de mujeres gorditas con vestidos rojos y la permanente. Ahora me gustaría hacer cosas del tipo madurito que va en bicicleta. 

    -Esta respuesta le pertenece a una pregunta anterior. Igualmente, creo que servirá como remate.
    -Sí, lo siento. Cuando no soy el que escribe siempre me sale el texto algo torcido.

  • Venga Monjas y el espectáculo escénico más asqueroso de España

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la biografía de Venga Monjas de YouTube Xavi Daura y Esteban Navarro aseguran seguir siendo «dos niños mimados de Barcelona». 11 años después de haber abierto ese canal, 12 millones de reproducciones y 69.000 suscriptores más tarde, su webserie Da Suisa se ha convertido en la excusa definitiva para explorar la última frontera entre el humor y la expiación colectiva. Desde su primer vídeo y en cualquiera de sus cortometrajes, incluso en sus trabajos -más diluidos- para series como Museo Coconut o Retorno a Lilifor-, ese afán por encontrar placer en la incomodidad del espectador se ha dado la vuelta por completo con la versión en vivo de esta suerte de remake de los Simpsons en la que el guión es una improvisación junto al público. 

    La propuesta no es precisamente clandestina. Ellos mismos se promocionan asegurando que «el asco ha llegado a tu ciudad. El dúo cómico Venga Monjas vuelve con una nueva temporada de su show más apestoso: Da Suisa. La familia más asquerosa de internet vuelve a los escenarios presentando nuevos capítulos en primicia y paridas en vivo que provocarán las arcadas de mayores y pequeños». Aprovechamos el menú para conversar en torno a su momento profesional y a la histriónica propuesta que este sábado 25 de marzo estará en el Espai Rambleta

    -¿La intención con vuestro directo de Da Suisa es llevar al espectador al límite?
    Xavi Daura: «Es el espectador el que nos lleva al límite a nosotros».
    Esteban Navarro: «Son los que provocan todo. Nos sorprende las barbaridades que podemos a llegar a hacer en el escenario. O a decir».

    -Es decir, que la autocensura…
    Xavi Daura: «La marcan ellos, pero, visto lo visto, no tienen».

    -El humor se ha convertido con propuestas como la vuestra en algo terapéutico. ¿Es algo así como una forma de gritar contra a la corrección política?
    Xavi Daura: «Es totalmente así. Es liberador. Terapéutico es el término más adecuado. Da Suisa está funcionando porque nos demuestra que es posible ser un bárbaro en la vida. Que es posible liberarse desde lo más bruto, entre colegas, hacer el burro hasta límites insospechados». 

    -¿Sin límites?
    Xavi Daura: «No hay pretensión de ofender o de pasarse de la ralla. Es la naturaleza. Es lo que surge y lo que nos complace en ese momento. Lo que surge si no pones límites y, a veces, son situaciones muy jodidas».

    -¿Sin guión?
    Esteban Navarro: «El show se va formando espectáculo a espectáculo. Todo está super abierto. El público propone mucho, aunque haya números definidos».
    Xavi Daura: «El guión parte de algo así como una parodia de los Simpsons, de sus capítulos más famosos. Capítulos que nos sabemos de memoria porque somos más que fanáticos. Eso evoluciona a ideas muy raras, que en el caso de la webserie surgen durante el rodaje y en directo, sobre el escenario. Así que del guión podemos decir que sabemos cómo empieza, pero nunca cómo acaba».

    -Y, con esa premisa, de repente, os habéis convertido en algo así como rockstars, de gira, compartiendo escenario con amigos y haciendo el espectáculo que os da la gana. 
    Esteban Navarro: «Es una gozada lo de hacer carretera con amigos de toda la vida, preparar los CD’s para escuchar por el camino, comer en áreas de servicio, durmiendo en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en los shows… joder, sí. Rockstars… pero rockstars no sé de que época.

    -¿El humor es el nuevo rock?
    Xavi Daura: «Sí, sí. Totalmente. Es el nuevo rock. Supongo que tiene que ver con la crisis en el mundo del entretenimiento. Las industrias empezaron a recortar a lo bestia. También la televisión que dejó de tener ese halo de glamour, que dejó de estar bien pagada. A la vez surge el entretenimiento en internet que tiene toda la libertad del mundo y al que se acaban sumando. 

    -¿Os sentís algo así como rockstars?
    Esteban Navarro: «Rockstars… sí. Es una gozada hacer carretera con tus amigos de toda la vida, preparar los CD’s de música para el camino, comer en áreas de servicio, dormir en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en el espectáculo… no sé en qué época le escupían a los rockstars, pero si era así, sí».

    -¿Qué os viene a la cabeza al contrastar este momento dulce con los 11 años de navegación y clips en YouTube?
    Ernesto Navarro: «Pues que tenemos el culo pelado ya. Pero también nos sirve para poder repasar la cantidad de capas y registros que hemos abarcado hasta llegar a Da Suisa«.

     -En esa década habéis atravesado todo tipo de límites. ¿En qué momento sois conscientes de que todas esas ideas que van en todas direcciones pueden ser una posibilidad de realizaros profesionalmente?
    Xavi Daura: «En el momento en el que te pagan por ello. Ese momento en el que te sientes ‘un profesional’ del asunto. Eso te guía, te marca».

     -En vuestro caso intuyo que fue un momento frágil, porque precisamente veníais de mantener una expresión totalmente descarrilada, muy difícil de ‘patrocinar’, muy difícil de ‘comprar’. ¿Cómo fue ese proceso?
    Xavi Daura: «Exactamente. Fue jodido. En ese momento tienes que creértelo y, a la vez, cuidar lo que haces y saber por qué se han fijado en ti. Nosotros, igualmente, somos muy conscientes de que los trabajos en televisión o los espectáculos son finitos. Esto no son trabajos de por vida, así que cuanto más cuides los proyectos que haces, a largo plazo, te irá mejor».
    Esteban Navarro: «Yo creo que el momento de clic fue cuando nos cogieron para trabajar en Museo Cocnout. Eran nuestros primeros sueldos sin más explicación por esto que hacemos. Luego ya se va juntando con que puedes ir haciendo tus ideas y financiarte. De repente, puedes ir empalmando proyectos y vas creciendo hasta que encuentras algo como el directo, como lo de ahora, que hace que te vaya bien. Es un proceso muy lento y nunca tienes la sensación de haber culminado porque una noche va de puta madre y al día siguiente no tanto».

    -¿Pero se puede decir que estáis en un momento dulce en Venga Monjas?
    Esteban Navarro: «Ahora mismo sí, porque los momentos de gira, como las rockstars, vas de subidón. Pero la rutina continúa en casa, con el canal, con los trabajos diarios… las giras siempre se acaban. Por desgracia».

  • Toni Cantó: «La cultura en política se usa como un instrumento para ganar votos»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La actualidad parece empeñada en darle la razón a Toni Cantó (Valencia, 1965). Esta semana Fernando Savater, «un referente» para el actor, objeto de numerosas citas en sus intervenciones durante su etapa como diputado de UPyD (2011-2015), pedía el voto para Ciudadanos en unas hipotéticas terceras elecciones generales consecutivas. Compartiendo espacio entre titulares, el candidato del Partido Popular a la Xunta y presidente en funciones de la misma, Alberto Núñez Feijóo, se negaba a participar en el debate televisivo a cinco previsto en Radiotelevisión Española. ¿Las razones? Haber sido acorralado por sus rivales -y escamoteado según parte de los analistas- en el encuentro homónimo emitido en la Televisión de Galicia.

    La tramoya política, el trasunto que va de la fachada mediática (en pleno temporal de reputación a causa de la corrupción) hasta el lenguaje real de sus participantes cuando no está enchufada la cámara o la grabadora, ha inspirado la primera obra que Cantó ha subido -como dramaturgo y director- a un escenario: Debate. Con una respuesta de crítica y público de lo más agradecida a su paso por Madrid, el Teatre Talia acogerá esta función entre los días 28 de septiembre y 2 de octubre. En ella, Cantó retrata con crudeza la esencia del bipartidismo tras una prolongada investigación en torno a los debates televisivos, tras numerosas «entrevistas con realizadores de televisión» y otras comparsas de estos encuentros maniatados.

    En la obra, los representantes de los ‘dos grandes’ dan rienda suelta a una negociación que abunda en el juego sucio del sistema. Un sistema bipartidista, «extinto», acerca del que Cantó es «muy optimista» en su posibilidad de cambio ahora que cuenta con un punto de vista privilegiado:

    -La sensación con la obra, con el texto, viéndola representada, es que sé de lo que estoy hablando. De hecho, en alguno de los encuentros que hicimos con el público después de la función, unos encuentros que me gustaría poder repetir en Valencia, aparecieron políticos. Sé que mientras veían la obra se descojonaban porque estaban viendo cosas sobre el escenario que habían vivido más o menos de una manera cercana. 

    -Es un texto crudo, sanguinario sobre la situación del oficio como político. ¿Es un relato de ficción al que no estamos acostumbrados en España?
    -De lo que habla la obra es de la utilización de los medios públicos y muestra al nivel al que llegan los viejos partidos en eso de repartirse el pastel. El 99% del texto, de las cosas que suceden, son reales. Están inspiradas en entrevistas con realizadores de televisión, periodistas y políticos, en la investigación con todas estas personas que me contaban detalles de la negociación en los que la estética y los tiempos siempre prevalecen. Por ejemplo, que los planos cenitales estuvieran prohibidos porque tenían el suelo lleno de chuletas…

    -En resumen, esa es la sensación, la de que los debates sirven para muy poco en España de cara a la decisión del ciudadano, que los partidos llegan con todo pactado al mismo.
    -Es una sucesión de monólogos, no un debate. Los partidos van más a no perder que a ganar. Los partidos grandes van preocupados de que nadie les haga un agujero. Preocupados por minimizar daños. Para eso se pactan cosas de las que no se puede hablar, como la misma corrupción, algo que han aceptado en alguna ocasión los dos grandes grupos porque están podridos de la misma manera.

    -Rajoy no participó en el debate con los principales partidos por intención de voto en la campaña de las Elecciones Generales del pasado 20 de diciembre.
    -Es que nos han hurtado el derecho a tener un debate. Eso es impensable en otro país. Que Rajoy no acudiera a ese debate es impensable y tendría un coste electoral inaguantable para el Partido Popular. Que en una sociedad como la nuestra se forzara un debate bipartidista, como sucedió entre Rajoy y Pedro Sánchez es impensable. Lo natural es que aceptaran las normas propuestas por el medio de comunicación, equánimes pero independientes a esa negociación. Y lo de acudir los dos al debate, bueno… es la fórmula que tienen para tratar de sostener un Estado bipartidista. Siempre que puedan, ambos partidos tratarán de defender esa idea.

    «EL PP VA A SEGUIR LLEVANDO A GENTE COMO BARBERÀ AL SENADO O SORIA AL BANCO MUNDIAL»

    -Ha escrito esta obra y como parlamentario, en este momento, sigue activo en las comisiones de Cultura y Deporte y se integra en la de Corrupción. Con todo, ¿confía todavía en la posibilidad de cambiar el sistema del que habla Debate? ¿Cuál es el grado de esa confianza?
    -Muy elevado. Si no, lo dejaría. Sigo pensando que se puede desbloquear el sistema tal y como está actualmente y cambiar. De hecho, las elecciones han demostrado que es posible y nosotros hemos hecho nuestra pequeña demostración con los acuerdos del PSOE y el PP. Acuerdos en los que les hemos obligado a tomar medidas, siendo la alternativa a ellos y a Podemos, que sigue en su posición de gritar mucho para no cambiar nada. 

    -¿Cuál es la fotografía de situación en este momento, con todo el escenario político?
    -Seguir peleando para que haya Gobierno. Eso es lo primero. Es necesario que suceda porque el PP no va a cambiar nada por sí mismo. Va a ser un partido capaz de seguir queriendo llevar a gente como Rita Barberà al Senado o a José Manuel Soria al Banco Mundial. Ese es el PP y tiene que haber gente dentro del gobierno que le obligue a hacer cambios en la Administración, a regenerarse democráticamente y a generar políticas sociales más justas. Y lo mismo en el caso del PSOE.

    -Así que espera que no se produzcan unas terceras elecciones.
    -Espero que no sucedan. Esperaba que no sucedieran las segundas.

    -Si sucede, si suceden, ¿cómo describiría la situación?
    -Un ridículo mundial. Una muestra de incapacidad y de poca vergüenza por parte del PSOE, de Podemos y del PP. Somos los únicos que hemos demostrado que hay esfuerzos posibles.

    -En la obra un personaje dice: “¿Algún secretario de Estado te ha pedido alguna vez entrar por Cultura?”
    -La cultura sigue siendo la asignatura pendiente. Es la ‘asignatura María’, por así decirlo. Nunca la pide nadie y, si lo hace, es para hacer cultura ‘para los suyos’. Esto es muy típico, muy de la vieja política de izquierdas y derechas. Nunca se tiene en cuenta el valor de asociarla a la educación o la visión de, simplemente, hacer una política cultural justa y potente. Se utiliza como instrumento para ganar votos. Y la fórmula más rancia de la izquierda, la manera clientelar de los nacionalistas, que hacen cultura ‘para los suyos’ como decía. Ese es el gran drama de la política cultural.

    «ALMODÓVAR, CERVANTES O PICASSO HAN HECHO MÁS POR LA MARCA ESPAÑA QUE LOS MINISTERIOS DE PP Y PSOE JUNTOS»

    -En el caso del presidente del Gobierno en funciones, no se ha permitido ni una sola fotografía relacionada con ningún elemento de la cultura a lo largo de la legislatura, nunca en un teatro, con un libro, mencionando ningún artista vivo…
    -Es una torpeza. Es una gravísima irresponsabilidad de este Gobierno y no sólo del señor Rajoy, sino de Montoro con sus políticas fiscales o del propio ministro de Educación y Cultura que no hace nada por conectar precisamente esos dos mundos que dan nombre a su cartera. La industria cultural hace mucho por el país. Hace mucho más por la marca España que muchos sectores. Almodóvar, Cervantes o Picasso han hecho más por la marca España que los ministerios correspondientes del PP y el PSOE juntos. Por eso debería tener un peso específico en el PIB; un peso mayor. 

    -En su acuerdo con el PP (150 compromisos para mejorar España) sorprendió que aceptaran la máxima del partido de Rajoy por no rebajar el IVA para el cine. Se abrevió la situación con un IVA reducido en la próxima legislatura para los espectáculos «en directo». Aunque su compañera Marta Rivera ya mostró su decepción por haber tenido que asumir esta idea, ¿qué opinión le merece este pacto?
    -Fue una línea roja que impuso el PP en la negociación. Una línea roja que comunicamos a todos los representantes de la industria audiovisual dos días después y, creo, de aquella reunión quedaron satisfechos. Esto es una vendetta personal del PP. Nos sentamos con ellos para hablar sólo de esto, para entender cuáles eran los argumentos, pero no había razones. No dijeron nada. Ellos saben, y el sector también, que al día siguiente de que se conforme el Gobierno nosotros presentamos en el Congreso una modificación con la que van a estar de acuerdo el resto de partidos. 

    -En el caso de la Comunitat Valenciana el sector audiovisual vive especialmente pendiente de la reapertura de Radiotelevisió Valenciana. ¿Cómo está viviendo el proceso?
    -Por lo pronto, Compromís, PSOE y Podemos están engañando a los valencianos, incumpliendo las promesas de plazos que se autoimpusieron. Nosotros ya hemos dicho por activa y por pasiva que estamos a favor de una televisión autonómica para cada territorio que tenga una lengua propia, como es el caso del valenciano. Eso sí, no es una prioridad para nosotros. Y ha de ser sostenible y no el disparate que había antes…

    -Antes mencionaba la idea de lo que supone la cultura para la marca España. En el caso de Valencia, de la Comunitat, su situación de marca… [interrumpe]
    -Sí, el PP hizo un trabajo importante para que la marca fuera la más negativa y una cosa que no tiene nada que ver con todos los valencianos que conozco. 

    -¿Ve a la Comunitat con una estrategia clara para que la cultura regenere su tejido industrial y pueda ser una base de impulso para la economía?
    -Lo que veo es que no se está haciendo un trabajo serio por dotar al turismo de un valor añadido fundamental como es la cultura. No se está haciendo por visibilizar el potencial de la cultura en la vida de los ciudadanos y siempre acaba ofreciendo la cultura como escaparate, además de lo que comentábamos antes. PSOE, Compromís y Podemos hacen lo mismo de siempre: programar la cultura para los suyos, instrumentalizarla. 

    -¿Hay una receta mágica para generar esa aproximación de la sociedad a la cultura, como apuntaba?
    -La cultura tiene la necesidad de ser un espejo de los ciudadanos, por ello debe engarzarse con la educación, pero sobre todo con la práctica cultural. No sólo se han de generar asistentes, sino gente que participe. Necesitamos espacios para que los ciudadanos pinten, bailen, canten o se expresen, que se expresen artísticamente hablando. Ese es un cambio de chip de cara a la cultura por el que he peleado mucho dentro del programa de Ciudadanos.

    -¿Y algún modelo exterior que le agrade especialmente?
    -[Piensa] Un poco de varios. Me gusta el modelo italiano de mecenazgo, por lo que genera de conexión con las empresas. El modelo francés me gusta por cómo se cuida, se mima y se promociona la cultura, por cómo se potencia. También por su escuela de teatro que frente a otras tendencias ha conseguido un nivelazo con una idea muy suya, con una grandeza impresionante y esto también es muy importante; redunda en un nivel cultural extendido. Me gusta el modelo ingles de la BBC por la seriedad, por la rigurosidad de sus trabajos y por cómo se financia. A nosotros nos toca mucho de mirar lo bueno de muchos modelos y tratar de copiar y adaptar lo mejor de estos. 

    -En el caso de la Comunitat hay una línea clara que es la del apoyo institucional a las creaciones en valenciano o de valencianos, en cualquier disciplina. ¿Cómo ve esa propuesta genérica?
    -Creo que de la misma manera que hay que cuidar y tener un ente autonómico que fomente el uso de la lengua, esa es otra forma de hacerlo. Me parece natural que se haga así, que se apoye así y suceda en una proporción normal para todas las artes, también las escénicas. Pero hay que evitar la tentación de que las compañías, en ese caso, se encierren en su comunidad. La cultura tiene que ser porosa para poder viajar, al menos, por toda España. Ahora mismo es imposible hacer teatro en castellano en Cataluña. Y es una rareza a la que nos hemos acostumbrado gradualmente y conocemos todos los que estamos en el mundillo porque lo hemos ido viendo venir. En el teatro público de Cataluña el tipo de director que hay tiene un carácter muy marcado para este sentido. Sin embargo, en Madrid los directores de teatro público son vascos, catalanes, valencianos… eso sólo genera riqueza.

    -Ahora que ya lleva unos años en el contubernio político, ¿cómo encaja su posición y cómo acepta que su caso dentro del mundo de la creación sea tan excepcional, que pocos actores, dramaturgos o directores dejen su actividad para tratar de ser representantes públicos en el ámbito estatal?
    -Eso se da porque hay que pagar un precio profesional muy alto. En este país, en eso, hay poca cultura democrática. Y posicionarse tiene un precio por el cual yo sé que muchos Ayuntamientos no me contratarán en la vida. En ese sentido, mi carrera profesional puede parecer mermada, pero lo tengo asumido. Tengo la suerte de saber que puedo vivir de mi trabajo siempre que quiera y eso también me permite, a su vez, vivir la política de una manera muy libre. Sé que cuando deje mi puesto al poco tiempo podría estar trabajando. 

    -Hace años que defendía no tener televisión y más tarde tenerla, pero sólo con un canal sintonizado para sus hijos. ¿Ya ve la tele en casa?
    -Tengo desde hace tiempo, aunque reconozco que prácticamente no la veo.

  • Carmen Calvo: el arte en busca del modelo

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    A Carmen Calvo (Valencia, 1950) le encanta pasar inadvertida en su ciudad. Quizá ésa es una de las razones por las que, en su estudio situado a escasos doscientos metros del IVAM pero todavía más próximo a la casa donde vio la luz por primera vez, la pintora fundamental del arte contemporáneo en España durante las últimas cuatro décadas vive y crea aquí. Polifacética, inquieta hasta el mestizaje de disciplinas como el collage, la intervención pública, el videoarte o la fotografía, entre otras, es considerada por sus coetáneos como «una esponja intelectual». Su carácter risueño y próximo contrasta con la esencia de su legado: una obra que genera inquietud, que provoca una reflexión interna, «que es perversa» o «que asusta», en sus propias palabras.

    La obra de Calvo no es precisamente una bicoca comercial. Pese a ello, trabaja con diez galerías de arte, cinco de ellas fuera de España. En el momento de la redacción de este artículo, expone en la Galerie Thessa Herold, junto al Museo Nacional Picasso de París. En la capital francesa, hace ahora treinta años, vivió durante casi una década de inspiración truncada por un regreso prematuro dada la enfermedad de su madre: «tengo alma de Tía Tula».

    Desde que a principios de los años 90 abrazara la fotografía «como una técnica pictórica más», se ha acentuado un carácter capaz de homogeneizar una obra tan ecléctica: «si hay algo que siempre he buscado, que dibujaba desde muy pequeñita y hasta este momento, es al modelo». Y, sobre éste, la ruptura de su propia mirada, la alteración de su esencia natural y la búsqueda «de las dobles lecturas». Con ello Calvo ha denunciado la violencia, ha trastocado el sentido de imágenes que hacen referencia a la cultura popular y ha incentivado una revisión por los objetos más cotidianos a partir de la duda.

    Ese es el otro cimiento fundamental de su obra: la objetología. «Mi hermano me empezó a pagar unas clases de pintura. Allí una maestra nos hacía un ejercicio de ‘retentiva’: mostraba un objeto durante poco tiempo, observábamos y lo retiraba. Entonces, teníamos que dibujarlo». Y permanece en la infancia como punto de partida para hablar desde su carrera hasta su momento actual, «más viva que nunca».

    (El artículo completo, en el número de mayo de 2016 de la revista Plaza)

  • Joaquín Collado, la mirada humana

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    Si hubo un tiempo en que los artistas malditos estuvieron de moda, este inicio de siglo XXI ha servido en gran medida para que cada territorio y casi cada disciplina reencuentre el trabajo de un creador excepcional que durante toda una vida ha pasado desapercibido. Es el caso de la pintora cubana Carmen Herrera, que vendió su primer óleo a los 89 años y ahora a los 100 ya tiene obra en el MoMA de Nueva York o la Tate Modern de Londres, entre otros. No todos han vivido el éxito de lo mucho creado, como es el caso de la omnipresente Vivian Maier. Las decenas de miles de fotografías que esta niñera de Chicago capturó a lo largo de su vida ahora giran por el mundo, vendiéndose y revendiéndose con muestras tan poco interesantes como la que ha permanecido durante las últimas semanas en Madrid, explotando los infinitos recursos de una obra para la que el criterio del propio artista no cuenta.

    No es el caso de nuestro particular caso valenciano, el del fotógrafo Joaquín Collado. Este exempleado de banca acumula algo más de 40.000 fotografías, con una laboriosa documentación anexa que recoge cuándo disparó cada carrete y dónde, dividiendo estanterías de producción según su fecha y serie Collado es para muchos el fotógrafo de la Valencia más callejera, y desde que en 2009 se hiciera su primera gran retrospectiva en las Atarazanas de la ciudad, los reconocimientos no han cesado. Los últimos, ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, exponer en la galería le Plac’Art Photo de París de la mano del promotor Armand Llàcer (inaugurada el pasado mes, hasta el 7 de noviembre) y ser objeto de un libro acerca de su figura que ultima en estas semanas el bibliófilo e investigador Rafael Solaz.

    «COLLADO ES FUNDAMENTAL PARA ENTENDER LA SOCIEDAD VALENCIANA DE LOS AÑOS SESENTA A LOS OCHENTA», ASEGURA RAFAEL SOLAZ

    Collado (Valencia, 1930) «es fundamental para entender la sociedad valenciana de los años sesenta a los ochenta», asegura Solaz. Todo apunta a que el libro estará listo a principios del próximo año, incluyendo una amplia muestra de su obra y la biografía del joven que con 14 años fue botones del Banco Hispanoamericano, en la Calle de las Barcas de Valencia, y desde allí inició una fotografía urbana, intensamente humana, de miradas, y que ha captado los rincones oscuros, las heterogéneas gentes y las fiestas de la ciudad.

    El que fue durante casi un cuarto de siglo presidente de la Agrupación Fotográfica Valenciana (Agfoval) vive ahora su particular primavera, a los 85 años, en una reivindicación que acepta con la naturalidad de quien nunca buscó el reconocimiento público a partir de sus fotos, sino mostrar «las miradas; en los ojos está todo».

    «Nunca esperé que nadie me dedicara tanto tiempo, tanta atención. Cuando se hizo la exposición de mi obra en el MuVIM me pasaba un par de veces cada semana y veía a la gente mirar y mirar. Pasaron hasta 12.000 personas y se tuvo que prorrogar dos veces.

    Las primeras de las más de 40.000 fotografías que guardo las tomé en 1959, aunque hasta el 65 no revelé por mi cuenta. En toda esa época inicial no conocía a fotógrafos profesionales. Hacía mi propia fotografía sin mirarme en nadie, pero poco a poco conocí a Alfredo Sanchis SolerJosé Miguel de Miguel o a Gabriel Cualladó [con quienes la crítica le compara]. Aun así, nunca tuve como objetivo publicar nada, ni exponer en ningún sitio, aunque entiendo a todos lo que lo hacen y obviamente es algo lícito».

    La fotografía es efímera

    «Para hacer las fotografías del Barrio Chino de Valencia [en las que aparecen prostitutas, proxenetas y clientes] me escondía la cámara en el abrigo. Tosía cada vez que disparaba, porque vaya ruido hacían aquellas cámaras… La prostitución se ha convertido en algo marginal y lo único que queda son los edificios deteriorados que albergaban esos prostíbulos.

    Espero que algún día cambien, aunque espero que no pase como con toda la ciudad. He visto desaparecer toda la huerta y está claro que para que llegue la modernidad, para que la gente tenga más oportunidades y pueda dedicarse a lo que verdaderamente quiere, es necesario un cambio, pero creo que no hacía falta arrasar con todo como ha sucedido».

    «En toda mi obra hay niños. Los hay en Gitanos, en Infrarrojos o en La ciudad y sus gentes y son los protagonistas en otras series como Plaza de San Esteban. Ahora esto sería impensable. Hoy en día apenas hay niños en la calle. Antes todo el mundo en la calle sentía que les teníamos que proteger, y era tan impensable que les fuera a pasar algo, que crecían allí. Yo siempre les pedía permiso a los padres para las fotos, igual que hacía con los adultos. En mi fotografía la conversación previa es una parte esencial. Bueno, y también la posterior, porque en una infinidad de casos me comprometía a llevarles una copia. Y vaya si se la llevaba».

    «La fotografía que se hace hoy en día es efímera. Mi nieta me enseña alguna foto que ha hecho con su móvil y yo le pregunto que cuándo la va a revelar, pero no le interesa. Tampoco la vuelve a mirar. Yo sigo viendo la fotografía de la misma manera y eso incluye sacar copias. Las últimas que he hecho han sido en la Plaza Redonda de Valencia, hace unos días, en color, aunque luego las paso a blanco y negro porque sólo entiendo la fotografía así. Y ya tengo bastantes a color, pero no las aprecio así. Cuando ya no esté [mira sus cuatro estanterías repletas de negativos] mis hijos decidirán qué hacer con todo esto».

  • Gervasio Sánchez: «El periodismo ha dejado de vigilar al poder para convertirse en su mejor aliado»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Aunque lleva 31 años en la profesión, Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es “periodista desde la cuna” y lo será “hasta la tumba”. Así se define a sí mismo, en mitad de una conversación acerca de los ejes fundamentales que conectan tres décadas de fotoperiodismo al más alto nivel, cruzando el mundo con el foco puesto en el peor momento de la historia de la humanidad en lo que se refiere a conflictos bélicos: “a principios de año ACNUR advirtió que este era el año con el mayor número de refugiados de la historia, incluyendo los momentos posteriores a la Segunda Guerra Mundial”. De los 13 millones de desplazados de 1945 a 1948 a los 15 millones actuales, aunque “estos son temas que no interesan a los directores de los medios de comunicación”.

    Sin fisuras, Sánchez mantiene una mirada punzante tras presentar ante esos mismos medios -de los que participa y a los que fiscaliza con su crítica constante- la cruda ‘Mujeres. Afganistán’. Esta exposición, que se abre ahora en el Centre Cutural la Nau de Valencia, muestra la violencia endémica y estructural del país asiático a través de su fotografía y de los textos de Mònica Bernabé, la única periodista española que informa permanentemente desde Afganistán. La exposición es, en esencia, un relato periodístico rico, sorprendente y capaz de provocar la reflexión cada vez más difícil de surgir a través de la prensa, la radio o la televisión. Los días 29 y 30 de septiembre, Sánchez y Bernabé viajarán hasta Valencia para realizar unas visitas guiadas.

    Las visitas, de hecho, son un pequeño ejemplo del compromiso que Sánchez mantiene con las personas y lugares que fotografía, de los que escribe La exposición es el último de los peldaños alcanzados por él en su labor como informador, de una honestidad brutal que no ejerce como virtud, sino como actitud desde que se iniciara en el relato de guerra en América Latina a finales de los años 80. Ha publicado sus fotos y artículos para el Heraldo de Aragón, La Vanguardia, Tiempo y el servicio en español de la BBC, además colaborar con la Cadena SER. Ha “olido la guerra”, como él mismo dice, en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Angola, Camboya o Sierra Leona, entre otros países. Ha publicado una docena de libros, expuesto su trabajo en diversas ocasiones y recibido una extensa lista de reconocimientos entre los que quizá destacan el reconocimiento de la UNESCO a su labor o el Ortega y Gasset de fotoperiodismo en 2009.

    Precisamente, fue en aquella ocasión cuando Sánchez, en presencia de las altas instituciones del Estado, realizó un brutal discurso de apenas cuatro minutos que finalizaba así: “Yo también tengo un sueño [tras mencionar a Martin Luther King]: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”. La industria armamentística es la primera de las cuestiones transversales a cualquier guerra sobre las que Sánchez reflexionó la pasada semana para Valencia Plaza, tratando de conectar percepciones y las complejas realidades vividas a lo largo de 30 años de trabajo, saltando de un conflicto bélico a otro.

    Y, de repente, los refugiados. La convulsión siria para Europa

    “No es la primera vez que hay un desplazamiento de refugiados tan grande como el de Siria. Por ejemplo, ya hubo millones de desplazados en Irak durante la primera gran guerra o en los años 80 en Afganistán tras la invasión soviética, su guerra civil y la llegada de los talibanes. La diferencia con los refugiados sirios es que, por proximidad o posibilidades, han llegado hasta Europa. Cuando tenemos la china en el zapato, entonces ‘nos molesta’. Los europeos hemos llegado a un punto de hipocresía, de cinismo y de egoísmo por el que muy pocas veces nos interesan los conflictos armados que ‘no nos tocan’. Ha ocurrido siempre, pero ahora están en Europa y entre ellos no solo hay sirios; hay iraquíes, kurdos, afganos, eritreos, iraníes, etíopes, centroafricanos…

    ¿DÓNDE ESTABAN LOS GOBIERNOS EUROPEOS? ¿DÓNDE ESTABAN LOS FUNCIONARIOS DE LA UNIÓN EUROPEA? ¿DÓNDE ESTABAN LOS ESPECIALISTAS EN MIGRACIÓN?

    “En julio estaba Sarajevo y me vino a entrevistar una persona que me advirtió que, a su paso por Belgrado, había visto la estación de trenes abarrotada de sirios. Era el 9 de julio. ¿Dónde estaban los gobiernos europeos? ¿Dónde estaban los funcionarios de la Unión Europea? ¿Dónde estaban los especialistas en migración? ¿Dónde estaban los asesores que cobran una millonada por, a menudo, no hacer su trabajo? Estaban de vacaciones y no han empezado a tomarse las cosas en serio hasta que no han vuelto de ellas. Estamos asistiendo a una situación europea vergonzosa en la que hemos llegado al extremo de buscar chivos expiatorios, como lo hacemos con Hungría, aunque haya actuado de una forma torpe y prepotente”.

    La industria armamentística: mutis mediático

    “Desde la famosa foto del niño ahogado me han hecho una treintena de entrevistas. Aunque en todas he hablado de la industria armamentística, solamente ha habido declaraciones sobre ello cuando la entrevista ha sido en directo. Lo he incluido, deliberadamente. Por ejemplo, Julia Otero me hizo una entrevista muy bonita de siete minutos, en directo, donde recordé que el negocio de la muerte lo hacen las principales potencias europeas, porque el mercado de armas ligeras más importante del mundo es el europeo. Y luego están países como Estados Unidos, China o Rusia, que son los grandes negociantes de la muerte, pero de esto no se habla. Mientras las grandes potencias económicas dominen el mercado de las armas, no hay nada que hacer”.

    «CUANDO LOS NIÑOS SOLDADO DE SIERRA LEONA HABLABAN DE USAR A LAS MUJERES SE REFERÍAN A VIOLARLAS. BUENO, PUES JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO ‘USABA’ EN ESE SENTIDO LA PALABRA PAZ»

    “Para que el mercado continúe, tiene que haber conflictos abiertos y eso es algo de lo que no se quiere hablar nunca en lo medios. Tampoco en España, que es una potencia mundial. Lo digo siempre: en este país durante el gobierno de Zapatero se sextuplicó el negocio armamentístico. Y luego él iba dando lecciones de pacifismo… Cuando los niños soldado de Sierra Leona hablaban de usar a las mujeres se referían a violarlas. Bueno, pues José Luis Rodríguez Zapatero ‘usaba’ en ese sentido la palabra paz. Los negocios con armas más alucinantes que se han hecho nunca en este país se han hecho bajo mandato socialista. Ahora con Rajoy hemos pasado de 2.400 a 3.900 millones de euros en venta de armas, algo que hace conectar a Rajoy y Zapatero como aliados de los boyantes negocios de la muerte, por eso nunca se habla del tema en la prensa proPP o proPSOE”.

    “Hay un vínculo directo entre el mayor negocio de armas de la historia y la cifra récord de refugiados. Es la situación más dantesca de la historia, con guerras que duran décadas como en Afganistán o dictaduras apoyadas por Estados Unidos como la de la familia Al Asad en Siria. Las armas se venden deliberadamente a países en conflictos abiertos o a países que pueden triangularlas; es decir, revenderlas a esos países. Es algo de lo más grave y frente a lo que Europa actúa de una forma hipócrita”.

    “Si no se habla de esto en los medios es por la relación que hay entre medios y bancos. Las guerras benefician a la industria armamentística, y no me meto con quien trabaja en esas empresas, pero esto ocurre porque hay bancos que financian esos negocios. ¿Cuál es el banco que financia el mayor volumen de producciones de armas? El Banco Santander. Son los que ponen ‘la pasta’ en los medios, pagan la publicidad y algunos incluso son propietarios de esas empresas de comunicación. Esto sucede porque en las pirámides de mando de los medios de comunicación hay cada vez más pusilánimes. Colocan a personas cada vez más cobardes ante este tipo de situaciones. Y lo digo por la inmensa mayoría de los medios, no por uno en concreto”.

    Los niños de la guerra

    “A los niños no les he dedicado más tiempo que a otros afectados por las guerras, pero es que están ahí en medio. Son parte del conflicto. Uno de cada cinco muertos en Sarajevo era niño. Son los que se ahogan ahora por miles en el mediterráneo, los que mueren por cólera en África… como cuando estábamos en Ruanda que morían centenares cada día. Están detrás de las minas y de los conflictos como las desapariciones forzosas”.

    “Un niño sirio dijo hace poco, cayéndose de sueño, que ni se le abrían los ojos, <<no queremos irnos de Siria. Acaben con la guerra y volveremos al país>>. En Occidente hay que dejarse de tanta parafernalia y escuchar a las personas. Nadie se gasta miles de euros en pagar a la mafia porque sí. Huyen de una muerte segura. Huyen de situaciones que ocupan a generaciones enteras. Sus abuelos eran pobres. Sus padres eran pobres. Ellos no quieren eso para sus hijos. ¿Es tan difícil de entender? ¿Tenemos la cabeza tan dura? ¿No podemos ponernos en el lugar de los demás? ¿No sabemos que los españoles se fueron a la inmigración hace 60 años porque aquí había un país de mierda? Hay que tener empatía con las victimas ya y no abordar las conversaciones con respecto a este tema como si estuvieramos en una taberna”

    Las mujeres y la guerra

    «LA MUJER NO ES DISTINTA AL HOMBRE EN ESE SENTIDO, QUE ES UN ANIMAL SALVAJE QUE CUANDO TODO SE DESMORONA SE CONVIERTE EN UN CRIMINAL»

    “La mujer juega en la guerra, en el conflicto armado en sí, un papel secundario. Hay mujeres combatienes, por supuesto. Las he conocido y a las que les gusta, les gusta matar, eso tengo por seguro. Porque ser mujer no significa que no te guste matar. Basta recordar el papel de las guardianas nazis en los campos de concentración, su mano tras la muerte o las violaciones. La mujer no es distinta al hombre en ese sentido, que es un animal salvaje que cuando todo se desmorona se convierte en un criminal. Es difícil, casi imposible, encontrar el hombre valiente. Este es uno de los aspectos más dramáticos de mi vida profesional: he conocido a muy poca gente que muera por no matar. La inmensa mayoría mata por no morir. Y en eso no hay distinción de sexos. A veces se piensa que si la mujer tuviera más poder militar sería mejor. Eso no se puede demostrar. En la cárcel de Abu Gharib la directora era una mujer. Las torturas más brutales se hacían bajo las consignas de una mujer».

    La guerra en manos de los periodistas

    “Siempre ha habido periodistas y fotoperiodistas que han hecho decente e indecentemente su trabajo. Por suerte, la inmensa mayoría lo hace bien, pero pasa también en esa pirámide de pusilánimes en los medios de comunicación que se permite el mal periodismo. Es cierto que hay muchos que se callan ante basuras. Es verdad. Que no reivindican a un compañero cuando hay algo grave en su contra. Sí, hay cobardía. Pero el problema es que hay un 5%, por decir una cifra, que ha destrozado esta profesión velando por intereses empresariales. Personas amorales e inmorales, que se cargan la profesión. Son los que, cuando han recibido durante los últimos meses reportajes sobre Siria, han decidido que no había espacio no había espacio ni tiempo para ello”.

    SOBRE LOS TERTULIANOS QUE LLENARON HORAS DE TELEVISIÓN Y RADIO CON SUS IMPRESIONES ACERCA DE LA IMAGEN DEL NIÑO SIRIO AHOGADO EN EL MEDITERRÁNEO: «SE TENDRÍAN QUE HABER CALLADO. HUBIERA SIDO MÁS VALIENTE NO HABLAR» 

    Y luego está el efecto tras la imagen del niño ahogado. Una orgía. Es impresionante como todos los tertulianos y los columnistas, que no tienen ni idea de a qué huele la guerra, hacen un concurso de a ver quién hacía la prosa más ingeniosa, mirándose a su ombligo. Es vergonzoso. Se tendrían que haber callado. Hubiera sido más valiente no hablar. Si te lo pide tu redactor jefe decir, <<no lo controlo>>. Ha sido vergonzoso… todos hablando, con ese compadreo del dolor que causa vergüenza ajena. ¿Qué pasa, que no se habían podido imaginar cómo se ahoga un niño? Hay decenas de imágenes de niños ahogados en Internet del conflicto sirio. Ahora, nuevas y previas. Así que estos periodistas entran en un obsceno mercadeo de la muerte para regalar postales reflexivas, cínicas. Y nadie por supuesto no ha hablado del mercado de armas. Todos estos listos no ha culpado a ninguno de los gobiernos españoles o europeos. ¿De qué vamos? ¿A qué jugamos? Es un show vomitivo en el que te quieren dar lecciones de moral y montan un circo para decirte por qué han metido o no a meter una foto en portada. Diarios como ABC que hacen portadas vergonzosas, como la de llamar proetarra a Eduardo Madina, dicen que no publican la foto en portada para no herir sensibilidades”.

    Me pregunto dónde está la actitud crítica del ciudadano medio. No se entera que la gente cuando se ahoga a veces a parece descuartizada por las alimañas. Troceados, sí. ¿La gente no se lo imagina? El niño que apareció ahogado, el de la popular foto, lo hizo unos minutos después de ahogarse. Estaba ‘en pefecto estado de revista’ y por eso se publicó tanto. Pienso en esa difusión y en su familia… en el padre. Si estuviera con él le diría, ‘se que has dicho que solo te queda morir, pero piensa en positivo: gracias a la muerte de tu hijo, en vez de entrar 40.000 van a entrar 160.000 personas a este continente de mierda”.

    Se ha creado una entente entre los poderes mediáticos, los poderes políticos y los poderes económicos que es lamentable. El periodismo ha dejado de vigilar al poder para convertirse en su mejor aliado. Se dedica a mostrar el mundo que los políticos quieren que se muestre”.

    El papel de la cooperación internacional y las ONG

    “Vivimos en un mundo mediático en el que para conseguir una subvención hay que tener cierto amigo. Las ONG a veces se confunden y creen que lo mejor es el impacto rápido, pero las que triunfan son las que tienen una trayectoria e, incluso cometiendo errores. Algunas, si rascas, entre las más prestigiosas, han cometido errores punibles e incluso tienen sus guerras internas por escalar en su jerarquía, pero no podemos ver el problema en aquellos que se dedican a poner tiritas a la guerra. Es lo que hacen estar organizaciones, donde hay muchos arribistas, y sin ellas sería peor la sangría. Los que tienen un papel fundamental en todo esto, para poner soluciones, son los ejércitos: ellos pueden montar grandes campamentos en poco tiempo, recoger a la gente en el Mediterráneo, preparar una comida para 1.000 o 2.000 personas y dejar de hacer maniobras absurdas o no hacer nada en frente del conflicto”.

    El papel de la justicia internacional

    “El sistema de justicia internacional no puede funcionar porque son los Estados los que impiden que funcione. De hecho, falta mucha gente, muchas manos, para que ese decorado pueda funcionar. Y hay mucha gente a la que juzgar. En Afganistán, por ejemplo, los compañeros de gobierno de Karzai son auténticos criminales de guerra y no están juzgados. ¿Qué pasó con lo sucedido en Ruanda? ¿Y en Bosnia? Los gobiernos han de aceptar que tienen una responsabilidad en que los juicios se eternicen. Porque los políticos miran para otro lado cuando son conscientes de que su indecisión provoca muertes, de que intervenir sin un proyecto de transición, como en Irak, solo provoca muertes y caos”.

    “Los gobiernos son responsables. Ahí están las multinacionales europeas o americanas que provocan que los gobiernos africanos se corrompan. Hay que legislar, porque Repsol, Telefónica o Endesa son de capital español, o los grandes bancos, y cuando alguno se sienta en Angola o en la República Centroafricana y las leyes de su país no impiden que se corrompa a esa gente, se está generando un grave problema internacional”.