Categoría: Tele

  • Patricia Murray (‘El caso Alcàsser’): “Anglés aparecerá un día. Vivo o muerto”

    Publicado originalmente en GQ

    Netflix ha estrenado la primera serie documental producida íntegramente en España: ‘El caso Alcàsser’, un true crime en torno al secuestro, violación y asesinato de Míriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez.

    Con la participación de la radiotelevisión pública valenciana, À Punt, el resultado final es el fruto de un largo trabajo de investigación firmado Ramón Campos y Elías León Siminiani (‘Lo que la verdad esconde: Caso Asunta’).

    La serie de cinco episodios, ya disponibles, es un guantazo de realidad televisiva y un viaje a las profundidades de la sociedad española de los 90. El nacimiento del lado más oscuro de la televisión del país, que no sirvió para marcar sus límites, sino que creó una escuela que llega hasta nuestros días con el tratamiento –especialmente en los magacines matinales– del niño fallecido al caer a un pozo.

    Las redes sociales han empezado a hacerse eco de un personaje desconocido por la opinión pública y que destaca en la serie: la periodista irlandesa Patricia Murray. ¿Quién es esta mujer aparentemente desconocida y que estuvo al lado de las familias durante las semanas de búsqueda? ¿Cómo es posible que su existencia, dedicada a alimentar a los medios e instituciones con ‘novedades’, haya desaparecido del imaginario sobre el caso? ¿Por qué Fernando García, el recordado padre de Miriam, le confió las conexiones con la prensa, las relaciones con políticos y empresarios y, finalmente, un viaje a Londres para que el caso desembarcara en Scotland Yard o Sky News?

    ¿Quién es Patricia Murray y qué papel desempeñó en el Caso Alcàsser?

    Patricia Murray llegó a Valencia en 1962, aquejada de problemas respiratorios y en busca de un clima más cálido y compatible con su organismo. Tras 25 años como profesora de inglés, cuando sus hijas ya habían superado la adolescencia, decidió cumplir su sueño: ser periodista.

    Por eso inició sus estudios en la Universidad CEU San Pablo a finales de los 80, y los terminó en Navarra. No solo eso: en el curso 96-97, tras obtener un máster de la Universidad de Valencia y doctorarse en Pamplona, fue admitida por la facultad más prestigiosa del gremio: la Universidad de Columbia Graduate School of Journalism, por la cual también es máster y especializada en medios digitales (abrió uno de los primeros medios nativos digitales).

    En el ecuador de este maratón académico se convirtió “desinteresadamente” en la asesora de relaciones y prensa de Fernando García. Desde GQ España, conversamos con ella después de que ‘El caso Alcàsser’, de Netflix, haya recordado su trascendencia en el devenir de los acontecimientos, especialmente en torno a la figura del padre de Miriam y a la relación de este y las familias con los medios. Este artículo no contiene spoilers.

    GQ: ¿Cómo inicias tu relación como asesora de Fernando?

    Patricia Murray: Coincidimos en distintos actos, pero en una conferencia de José María Carrascal en Valencia le digo que debe ir a más sitios. Él ya había salido en ‘Quién sabe dónde’, pero le dije que tenía que el tema tenía que estar constantemente en la prensa. Le introduje a medios.

    La periodista irlandesa muestra fotos de Fernando García con Carrascal, pero también con Juan Lladró, de la internacional marca de esculturas de porcelana, o de Ruíz Mateos, quien llegó a ofrecer una generosa recompensa a quien diera con el paradero de las jóvenes.

    GQ: ¿Pero publicaste algún artículo antes o durante tu asesoramiento?

    PM: Únicamente en The Weekly Post (uno de los muchos diarios británicos que se publicaban en la Costa Blanca, Alicante). Sí se publicaron fotos mías en Pronto o Época.

    El posicionamiento de Murray en los artículos de The Weekly Post era que las niñas habrían sido raptadas por un grupo de jóvenes. Estos habrían intentado abusar de ellas y, por algún motivo, quizá se les habría ido de las manos. También recogió la original obsesión de García por el hecho de que hubieran sido captadas para una red de trata de blancas.

    GQ: ¿En qué consistió tu asesoramiento a Fernando García?

    PM: Yo ayudaba a las familias, pero Fernando se erigió como el portavoz. Les dije que había que hacer pósters más grandes, en distintos idiomas. También cambié las fotos de ellas (“para que parecieran más inocentes”, asegura en el documental).

    La aparición de los cuerpos, 45 días después de la desaparición, pilló a Fernando García y a Luisa Gómez (hermana de Toñi) en Londres. En apenas dos días y de la mano de Murray, el caso trascendió a la esfera internacional, incluida una reunión con Scotland Yard.

    GQ: ¿Cómo surge el viaje a Londres?

    PM: La idea de la trata de blancas tenía que ver con la posibilidad de que las niñas estuvieran en algún país árabe. Yo le dije a Fernando: hay una televisión en Londres (Middle East Broadcasting Center) que ve toda la comunidad árabe. Si quieres, voy como intérprete y tal. También fuimos a Sky News y teníamos cita con la BBC, pero los cuerpos aparecieron la noche de antes. Nos vimos con Scotland Yard y allí nos pidieron una descripción detallada de la ropa que llevaban las niñas. De las marcas, de las joyas… y, entonces, Luisa dijo que Toñi llevaba un reloj grande de Mickey Mouse. Me quedé con esa idea…

    PATRICIA MURRAY: «FERNANDO GARCÍA PLANEÓ QUE A LA VUELTA DE LONDRES HABRÍA UNA RUEDA DE PRENSA PORQUE LE HABÍA COGIDO GUSTO A LOS MEDIOS»

    GQ: Y la mano que encontraron los apicultores tenía el reloj…

    PM: De repente, aquella tarde, empezó a llamar todo el mundo al hotel. Yo pedí en recepción que no pasaran llamadas a las habitaciones. Yo dormía con Luisa y Fernando en otra. Pero al final, me avisaron. Era un no parar de llamadas y, entonces, atendí una llamada de Levante (el máster que había cursado era en colaboración con este diario). Como les conocía, pregunté: pero dime exactamente qué han encontrado. Y me dijeron, no sabemos nada, pero han encontrado una mano con un reloj grande. Entonces yo dije, sin pensar, ¡el reloj de Mickey Mouse! Y cómo sería la cosa que a la mañana siguiente una foto de Toñi con el reloj estaba en Levante.

    GQ: ¿Por qué no volvisteis inmediatamente a Valencia?

    PM: Fernando quería salir, pero por la hora que era ya no podíamos coger un vuelo y durante la madrugada no había aviones. Ni siquiera, como querían en Valencia, fletando un avión privado. Entonces hubo que esperar a la mañana. La embajada nos puso un coche al aeropuerto, donde ya teníamos billetes para volver, porque eran billetes abiertos. Pero Fernando había planeado antes de que nada de esto sucediera que pasaríamos por Madrid, porque ya le había cogido gustico a los medios… Entonces, cuando llegamos a Barajas, fue la locura… Se organizó una rueda de prensa en la sala VIP. Yo no quise ni estar.

    GQ: ¿Le había cogido gusto a los medios?

    PM: Es mi opinión.

    GQ: ¿Y cómo evolucionó la situación en torno a los medios?

    PM: Nieves Herrero dio conmigo y me dijo, cuando aterricéis (en Valencia), coge a Fernando y no dejes que ningún otro medio lo tenga. Así fue hasta que llegamos a las casas de Luisa y Fernando, aunque él fue en un coche con sus familiares. El Musical, donde se hizo el programa ‘De tú a tú’ (Antena 3), estaba a un paso de su casa, pero fueron en coche.

    GQ: ¿Cómo valoras que Antena 3 quisiera mantener aislados de los otros medios a Fernando?

    PM: También tenían a los apicultores encerrados en un hotel hasta que fue la hora del programa. Tú hubieras hecho lo mismo. Yo admiro mucho a Nieves Herrero. Es una gran profesional.

    GQ: El programa, como se puede ver en la serie, es prácticamente insoportable. Encadena una sucesión de reacciones emocionales, de momentos y pensamientos íntimos en un momento de dolor. ¿Te pareció aceptable?

    PM: El programa se fue de las manos de Nieves. La familia de Fernando y toda la gente que había allí, exaltada, hizo que el programa fuera incontrolable. Yo sé que Nieves quería pararlo. El programa casi destrozó su carrera. Pero ya no podían pararlo. Era la primera vez que en España se daba un programa de este tipo, de gran tragedia.

    GQ: ¿Por qué tenías una relación directa con Antena 3?

    PM: Porque desde hace muchos años tengo relación con una productora, todavía en activo, que durante aquellas semanas estuvo conectada conmigo. No obstante, no controlaba todo. Por ejemplo, el viaje a Londres. Eso se organizó desde Alcàsser, por parte de familiares o amigos de Fernando. Eligieron los vuelos, el hotel…

    GQ: Eras periodista y fotógrafa, sobre todo para algunos medios británicos de la Costa Blanca. ¿Por qué das el paso de ayudar a las familias?

    PM: Era un madre. Era consciente del dolor que estaban pasando aquellas personas. Si me hubiera pasado a mí, en aquel momento –sus hijas tenían unos pocos años más–, hubiera recorrido el mundo, hablado con el Rey… todo. Fernando no sabía qué caminos seguir. Hablamos con todo el mundo, con el presidente del Gobierno (Felipe González), con el ministro (José Luis Corcuera), con (Jesús) Gil y Gil…

    GQ: ¿Fernando García cambió a lo largo de aquellas semanas?

    PM: Totalmente. Cogió gusto al protagonismo. Mira… hay una anécdota: Fernando se presentó en mi casa una semana después de que aparecieran las niñas, el funeral y tal. Se presentó con un guion, pidiéndome que se lo enviásemos por fax a Nieves Herrero.

    En el Ayuntamiento había dos habitaciones a disposición de las familias. En una de ellas, había tres o cuatro chicas jóvenes todo el día abriendo cartas. ¡Miles de cartas! Y las cartas solo traían dinero. Ni tan solo había un mensaje de condolencia, nada. Dinero. Y las chicas apuntaban, ‘José Manuel, de Córdoba, 400 pesetas’. Mira, tengo unas mil de esas cartas…

    Patricia Murray conserva mucha documentación sobre la época. Llaman la atención las cientos de cartas que posee, donde solo se haya el nombre de Fernando García y la dirección del Ayuntamiento de Alcàsser y el remite.

    GQ: ¿Qué fue de ese dinero?

    PM: Ay, eso no lo sé. Luego Fernando montó la Fundación…

    La fundación nunca llegó a constituirse por oposición de Rosa Folch, madre de Desirée que siempre mostró sus dudas con la vis pública del suceso. Una vez aparecieron los cuerpos sin vida de las jóvenes, Folch inició una batalla de resistencia por eludir a los medios y evitó que la fundación se creara con el nombre de su hija.

    GQ: Una vez aparecieron los cuerpos, ya no quisiste saber nada más del caso.

    PM: No. Mi intención era ayudar a las familias y había pasado lo peor. Me llamaron también una vez del Ayuntamiento, para ver si convencía a Fernando de que abandonara las dependencias que habían ocupado. Pero él se había convencido de que aquello solo había empezado, que ahora había que encontrar al fugitivo.

    PATRICIA MURRAY: «LE DIJE A LA MADRE DE LUISA QUE SEGUIR A FERNANDO DE AQUÍ PARA ALLÁ NO ERA VIDA PARA ELLA»

    GQ: Una de tus aportaciones más sorprendentes tiene que ver con el viaje a Londres y la relación entre Fernando García y Luisa Gómez.

    PM: Luisa trabajaba en la sección de carne de Mercadona. Dejó de trabajar para dedicarse a los medios. Pidió la baja por nervios. Yo hablé con su madre y le dije, cara a cara, de madre a madre: tu hija está en mi casa con Fernando hasta las 11 de la noche. Su novio, Pedro, la va a dejar. Esto no es vida para ella. Esto no le está aportando ningún beneficio, ir con Fernando de aquí para allá. En el documental no sé qué sale, porque yo no sabía cómo decirlo, cómo hablar de esto, pero no hubo ninguna relación. Luisa se sentía agasajada, atraída por la situación…

    GQ: ¿Cómo fue tu relación con el resto de familiares, cómo eran?

    PM: Rosa Folch era una mujer con mucho mundo, muy inteligente. Los padres de Toñi eran muy mayores, agricultores, personas muy sencillas. A Rosa no le parecía bien que Fernando usara el nombre de sus hijas y no le pareció bien que fuéramos a Londres porque, como dijo, en Londres no estaban las niñas. Yo también sabía que no estaban en Londres, pero sabía que había que seguir la corriente, tener más repercusión. La mujer de Fernando estaba muy unida a Miriam. Eran cómplices, como hermanas. Y ella le echó la culpa de todo a Fernando.

    GQ: Pero Fernando García estaba enfermo aquella noche

    PM: Aquella tarde sabían que las niñas querían ir a la discoteca. Según lo que dijo la prensa, Fernando estaba enfermo, pero yo lo que descubrí es que estaba en la cama cansado después de un largo viaje (García era viajante, comerciante industrial) y no se levantó para llevar a las niñas. Matilde le echaba la culpa. El fallo de Fernando es algo totalmente humano.

    GQ: El documental no da alas a la teoría de la conspiración, el sumario B y todo lo que se ha escrito en paralelo a la versión oficial de los hechos.

    PM: No hay nada de eso. En ningún momento. Fernando daba alas a ello, intentó involucrar al gobernador civil, luego que si las niñas habían aparecido envueltas en la alfombra azul de un puticlub de lujo… Si buscas en Google “Patricia Murray” y “chicas de Alcàsser” yo soy de la CIA, también soy del Opus Dei porque estudié en la Universidad de Navarra, estoy relacionada con El Vaticano.. y no dicen que soy judía porque no saben que tengo el máster por Columbia, que es una universidad judía. Aparte de todo esto, en internet está escrito que estoy casada con un político sudafricano y que he estado en la cárcel. Mi nieta de 13 años busca en Google con sus amigas el nombre de su abuela y encuentra esto. Y resulta que existe una mujer en Sudáfrica que se llama Patricia Elizabeth Murray, porque si tecleas mi nombre en Google hay 2000 más. Este pseudoperiodista, que no es periodista, nunca ha venido a hablar conmigo. Nunca me ha preguntado. Yo he mirado la forma de demandarle por difamación de mi persona.

    PATRICIA MURRAY: «NO CREO QUE ANGLÉS ESTÉ EN BRASIL. ESTARÁ EN MÉXICO O EN ALGÚN SITIO DE ESTOS Y APARECERÁ UN DÍA. VIVO O MUERTO»

    GQ: No das crédito a las teorías no oficiales, pero por otro lado sí crees que Antonio Anglés está vivo y en paradero desconocido.

    PM: La última noticia sobre Anglés es que llegó con un barco a Dublín. Precisamente, mi ciudad. Y claro, ya dijeron que si estaba compinchada con ellos… Dijeron que si se había ahogado, porque apareció un chaleco salvavidas cerca del puerto, pero si se hubiera ahogado y tuviera un chaleco, estaría su cuerpo en el chaleco. Además, el día que supuestamente se encontró el chaleco, una joven americana despareció de su casa, cerca del puerto de Dublín. Él se disfrazó, se cambió de pelo como ya había hecho en Valencia (lo hizo mientras la Guardia Civil le perseguía) y usó su pasaporte.

    GQ: El año 2013 sugeriste en Antena 3 que podría estar en Brasil, de donde era originaria su familia.

    PM: No creo que esté en Brasil. Es el primer sitio al que hubiera ido a buscar la policía. Estará en México o en algún sitio de estos y aparecerá un día. Vivo o muerto, tarde o temprano, lo encontrarán. También se tiene que morir, así que quizá entonces. Cuando sea más mayor, también, puede contactar con Miquel Ricart (en libertad desde 2013 y en paradero desconocido actualmente). Pero la Policía y la Guardia Civil son grandes trabajadores. Son muy constantes. No te extrañe que den con ellos.

    GQ: La Policía y la Guardia Civil quedaron en tela de juicio tras perseguir con todos los medios a un único hombre, Antonio Anglés, que se les escapó.

    PM: Precisamente, con más razón, no descartes que en un futuro puedan cogerlos.

    GQ: Ramón Campos, productor y creador de Bambú, ha dicho en algunas entrevistas que siguieron todas las pistas posibles para dar con Anglés, pero que no encontraron nada.

    PM: Cuando mueran, un día aparecerá algún cadaver, y mediante huellas digitales y a través de la información de Interpol saldrá todo a relucir.

    GQ: ¿Nunca has vuelto a hablar con Fernando García o Luisa Gómez?

    PM: No. No los reconocería si les viera, tampoco.

    GQ: ¿Por qué nunca has hablado durante estos años del caso?

    PM: En 2013, a través de mi amiga (la misma productora de Antena 3 que le contactó durante los 90), me llevaron a Espejo Público. Hice una conexión desde Alcàsser porque ‘nadie de nadie’ quería hablar. Y me dijeron, Patricia, por favor, ayúdanos. Entonces dije lo de que si prescribía el delito, porque se hablaba de ello, Anglés iba a aparecer y a vender los derechos de su vida. Que se iba a forrar y a comprarse un chalé en La Moraleja… sin pensar que luego Pablo Iglesias…

    GQ: ¿Cómo te sientes ahora que se vuelve a hablar del tema y que has participado en el documental? ¿Cómo te sientes al pensar en tu relación con aquellos días?

    PM: En el documental se verá lo que me dediqué a hacer. No buscaba florituras como periodista en el asunto. Lo único que he hecho ha sido contar dónde estábamos. Si estábamos aquí este día a esta ahora, si fuimos a este sitio o al otro.

    Patricia Murray utiliza desde hace décadas un tipo de agenda de anillas. Cada año compra el recambio, pero guarda todas ellas en casa. Como nos muestra y se ve en el documental, la información de las agendas de los años 1992 y 1993 es crucial para comprender todo lo sucedido en torno al suceso y las familias en aquellos angustiosos días. Especialmente llenas de detalles se pueden ver las hojas de los días 27, 28, 29 y 30 de enero de 1993, donde se aglutinan nombres de contactos, lugares, teléfonos, llamadas, horarios, visitas y planes de los que fue partícipe. A día de hoy, es una periodista en semi retirada. Vendió sus webs de información sobre Valencia en inglés el pasado año. Dice que espera finiquitar su tesis, que no escribirá un libro sobre Alcàsser. En la ciudad es bastante conocida en el ámbito periodístico local por su comparecencia en ruedas de prensa y eventos relacionados, sobre todo, con el mundo del turismo y la gastronomía.

  • Abdón Alcañiz, el valenciano tras la dirección de arte de algunas de las grandes series españolas

    El musculado posicionamiento económico de las ficciones para televisión no solo genera un star system entre directores e intérpretes. De hecho, los citados solo conforman una pequeña parte en los extensos equipos de trabajo que se organizan en la producción directa de una serie como El embarcadero. El proyecto producido por Vancouver Mèdia y Atresmedia que será una serie original de Movistar+ (en una alianza inédita) ha contado con el suecano Abdón Alcañiz como director de arte tras su valorado trabajo en La casa de papel. Un trabajo que en su caso, además, le ha permitido volver a casa con una gran producción, a escasos kilómetros de su pueblo: Sueca. 

    La ficción televisiva española más internacional de los últimos tiempos lleva su marca: La casa de papel, que superó el 25% de share en alguno de sus capítulos, contó con la dirección artística de este licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universitat Politècnica de València y  especializado en Dirección de Arte en la Escola Superior de Cine i Audiovisual de Catalunya (ESCAC). Hasta ese hito, Alcañiz se había codeado con algunos de los más interesantes equipos de arte dentro y fuera de España y ocupando distintos roles como asistente tanto de arte como de decorado. Su curriculum a lo largo de esta década pasa de las películas Un monstruo viene a verme (J.A. Bayona, 2016) o La novia (Paula Ortiz, 2015), la gran producción seriéfila Penny Dreadful (como preparador de decorados en la tercera temporada), el premiadísimo cortometraje Bikini (Óscar Bernàcer, 2014) o los largometrajes valencianos Paella Today! (César Sabater, 2017), Amar (Esteban Crespo, 2017) o El amor no es lo que era (Gabi Ochoa, 2013), aunque son solo algunos ejemplos.

    Sin embargo, ha sido en las producciones de Álex Pina donde ha encontrado su salto definitivo hasta la dirección de arte. Él mismo comenta a Valencia Plaza que «el 90% de todos los trabajadores del equipo en La casa de papel eran valencianos. Somos como una familia que se ha ido moviendo», y, de hecho, también tuvo ya un papel importante en la otra gran serie de Vancouver Media (en este caso para Fox): Vis a Vis

    Actualmente, Alcañiz está en posición de elegir proyectos y El embarcadero es su estación de destino para buena parte de este año 2018. De nuevo junto a Álex Pina, el suecano dirige el arte de una producción aparentemente pequeña pero que incluye una cantidad de rodaje en exteriores con alma. Ese alma, en esencia, se encuentra en la dirección conjunta de Alcañiz y Pina de generar una cronología en la trama del drama amoroso en torno a las etapas del arroz: la siembra, los campos anegados, el esplendor de su planta y la siega. Todo el proceso por el cual se convierte la producción en un gran rompecabezas, pero que entronca con algunas de las ideas centrales de la serie.

    Esta serie original de Movistar+ cuenta la relación entre dos mujeres que se descubren tras la muerte de un hombre. Ese hombre es Óscar (Álvaro Morte) y ha logrado mantener una doble vida en la que Alejandra (Verónica Sánchez) y Verónica (Irene Arcos) han conocido solo una parte de la realidad. Tanto en la relación de sus dos personajes como en la visión de Óscar, Pina vuelve a pulsar la llaga del prejuicio en torno a las relaciones, aunque esta vez fuera del género (Vis a vis, La casa de papel…) y en manos del drama amoroso. Y ahí es donde la dirección de arte de Alcañiz ha entroncado con el lado natural escogido, l’Albufera de València y la propia ciudad, que representa a las dos protagonistas: la urbanita Alejandra y la naturalista Verónica. 

    Conversamos con Abdón Alcañiz:

    -Y, de repente, rodando una gran producción para televisión al lado de casa. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
    -Hemos llegado, porque forma parte de una familia profesional y artística en la que llevamos 10 años metidos. De algunos primeros cortometrajes de compañeros a otras producciones, dando un salto de esto a lo otro y así es como hemos llegado hasta aquí. Recuerdo con mucho cariño La victoria de Úrsula (cortometraje, Nacho Ruipérez; 2011) y hace apenas unos meses hemos estado con su largometraje El desentierro. Siento que hemos ido creciendo todos alrededor de unos u otros proyectos y dándonos cuenta de que este mundo no es un círculo, sino una espiral en la que nos hemos enrolado y de la que ya no salimos. En nuestro caso, con un equipo de arte muy valenciano.

    -¿Cómo trabajáis en esa familia y cuántos sois?
    -Nosotros formamos parte del proyecto desde sus inicios. Poniendo por caso El embarcadero, estamos en reuniones muy preliminares con el productor en el que ya hablamos de ideas muy básicas: él [Álex Pina] quería que rodásemos en l’Albufera, que aprovechásemos el entorno natural, que el personaje de Verónica se impregnara de ese alma. A él le encantaba la idea de rodar en l’Albufera y le encanta València por la luz, pero había que darle toda esa profundidad. Así que empezamos a trabajar en Verónica, a pensar que viviría en este entorno, que tendría su propio huerto ecológico en casa y a fijar un color: el azul. Poco a poco se va fijando la idea del arte y ahora mismo hay dos empresas construyendo decorados en paralelo. Por otro lado, está el equipo de rodaje de espacios exteriores. En el equipo base de la serie oscilamos entre los 11 y los 19. En esas dos empresas son de 10 á 20 personas. En total, hay momentos que podemos ser en suma 40 personas trabajando en el arte de la serie, pero como algo fijo el número oscila entre 12 y 15 aquí.

    -Pina es navarro. ¿Por qué València?
    -Él tenía muy claro que quería rodar aquí. Le atrae mucho la luz y lo que respira este entorno. Pero tuvimos dudas al visitar el Palmar. El pueblo en sí está volcado en la hostelería y, mientras en la parte del parque natural estaba todo perfecto, teníamos dudas con esa localización. Con València ciudad estaba todo claro y cumplía perfectamente. Así que empezamos a plantearnos otros espacios en Alicante, Almería, Portugal… pero al final sabíamos que queríamos estar aquí. Hemos encontrado una localización alternativa al pueblo, pero es normal que tengamos estas crisis o dudas porque hay mucha gente y mucho dinero implicado. Al final, la preproducción dura meses y cuestionas todo. Es una preproducción cinematográfica…

    -… o algo más que eso. Es una gran producción. ¿Notas una responsabilidad extra por estar retratando un entorno tan cercano a ti?
    -Llega un momento en el que todo empieza a fluir, pero los meses previos a ese momento de rodar aquí… han sido brutales. Cuando empiezas a proyectar con los compañeros una puesta de sol, la sombra de esta casa en el plano… empiezas a ver algo que ha estado a tu lado durante tantos años de una forma mágica. Muchas veces me pregunto, ‘¿será posible que esté viendo ahora esto así? ¿será posible que no lo hubiera visto antes?’. Pero claro que es posible. Ves todo a otro nivel y encuentras muchos detalles que te hacen sentir una autoexigencia mayor. Es cierto que somos afortunados por la gran producción que hay detrás, pero cuanto más tiempo tienes… más tiempo quieres [ríe].

    -No obstante, en esta producción os habéis embarcado en acompañar la historia en torno a las fases del arroz, aunque se limite al marco visual. ¿Cómo ha surgido?
    -Esto surge de los momentos de reunión, de hablar y de ubicarnos en un entorno. En este caso creo que he influido y a veces les bromeo con que quiero aparecer en créditos como guionista… [ríe]. Les intenté transmitir que rodar en este entorno y tener presente el arroz significaba también entenderlo. Aquí vamos a vivir las estaciones del año y la evolución de la planta, así que cuando le transmite es esto y lo que puede darte a un director como Jesús Colmenar, que es muy pasional, te da el visto bueno, pero te exige vivirlo. Estamos creando en torno al proceso de siembra, luego explotará de verde, volveremos en julio y en septiembre. Que la producción se someta a los tiempos del arroz es muy arriesgado. A muchos niveles. Pero que una serie en España tenga margen para someterse a esto con semejante proyecto audiovisual, habla del buen momento que vivimos en el sector. Lo que sabemos es que no queremos engañar a la gente y que no va a aparecer un tractor en un momento que no toque. Queremos adaptarnos al entorno en todo momento.

    -Para que entendamos tu trabajo en El embarcadero, ¿qué decisiones ya has tomado y cómo se van a reflejar?
    -En nuestra forma de trabajar solemos tomar como fuente un color primario. En Vis a Vis o en La casa de papel es evidente, pero en este caso es un azul. Permite más terciarios que en La casa de papel, donde hay un rojo y los terciarios se limitan a grises. Aquí tenemos más margen, pero el azul domina en gran medida todo. Sobre todo a Verónica. Hasta el punto de que su coche lo es o que si hacemos una cortina de macramé a medida lo es. Desde fuera, hasta que no llega a pantalla, puede parecer exagerado, pero visualmente sé que acaba funcionando muy bien. Y esto es solo el color, nuestro trabajo lo abarca todo visualmente. Intentamos abarcar toda la experiencia visual y por eso es tan importante que trabajemos desde la preproducción.

    -¿Habéis mantenido contactos con À Punt? ¿Hay algún proyecto valenciano a la vista?
    -Sí y no. Ahora mismo estamos tan metidos en el mundo de la ficción y está tan focalizado en Madrid… cuesta. Hemos hecho El desentierro recientemente, ahora estamos aquí y seguimos. Trabajar en casa mola, pero es complicado ahora para nosotros.

  • Álex Pina: “Las series son el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora”

    El creador de series ha vivido el esplendor y madurez en la creación de ficción en la televisión desde el inicio de siglo. Su productora propia debutó con la internacional ‘La casa de papel’ y ahora se embarca en un drama amoroso en el que València y l’Albufera son protagonistas

    s posible que su nombre no les suene, pero es difícil que nunca hayan pasado un rato sumergidos en alguna de sus ideas. El periodista Álex Pina reformuló su carrera profesional desde los medios hasta el guión, del guión a la producción y de allí a la creación de series. A eso se ha dedicado desde el inicio de siglo. Su mano está detrás de Los SerranoLos hombres de Paco o El Barco, pero más recientemente tras los éxitos encadenados de Vis a Vis y, sobre todo, La casa de papel (son solo algunos ejemplos. También hay recorrido cinematográfico). Esta última producción supuso el debut de su propia productora tras escindirse de Globomedia, donde había capitaneado no pocos proyectos. La serie alcanzó picos por encima del 25% de share y es el producto televisivo made in Spain más internacional de los últimos años. Hasta el punto de haber inspirado atracos o haber sido adquirida por Netflix cuando el equipo la daba por concluida.

    Su siguiente trabajo se rueda en València desde el pasado mes de mayo y hasta entrado el otño. Es un drama amoroso en el que dos mujeres (Irene Arcos y Verónica Sánchez) descubren haber sido la pareja en paralelo de Óscar (Álvaro Morte). Verónica y Alejandra, respectivamente, se encontrarán en el espacio tiempo para descubrir en el pasado el significado de sus vidas durante los últimos años. También su identidad, que viene marcada por la constante de dualidades que dispone Pina en la serie. Verónica es naturaleza y bio, es la espiritualidad y el alma y vive –cómo no– en su propia casa rodeada de los arrozales de l’Albufera; Alejandra es urbanita y mecánica, es ambiciosa y exitosa, es muy parecida a la mayoría de los que le rodean y supone el contrapunto esencial a su antagonista.

    No obstante, Pina vuelve a sumergirnos en su trazo más habitual: exigir al telespectador –con una tele o un iPhone delante, poco importa ya– que se repiense moralmente. Y aquí los prejuicios van a tener que ver más con el personaje de Morte. Él mismo comentaba a Valencia Plaza en la visita al rodaje que ha optado «por no diferenciar a Óscar en dos vidas. El reto era mostrarlo muy similar viviendo con ambas, porque lo otro era lo fácil, mostrar el tópico de las dos caras y del hombre que vive de una manera muy distinta una cosa y otra. De alguna manera, justificando su forma de ser». Eso es lo que busca Pina en este caso: que los tres roles (Verónica, Alejandra y Óscar) se cuestionen todo el tiempo con aquello que parece justo lo contrario que deberían ser.

    El embarcadero es una serie original de Movistar+, producida por Atresmedia junto a Vancouver. Tendrá ocho capítulos y no cerrará las puertas a posibles futuras temporadas. Todos los exteriores –que son sorprendentemente muchos en la producción– se rodarán en la Comunitat Valenciana, mientras que los interiores se rodarán en plató (en Madrid). El drama romántico estará plagado de flashbacks a partir de la muerte de Óscar. Un suceso que va a provocar que ellas se conozcan de manera inesperada, que inicien una relación también inesperada y que a partir de esa progresiva conexión comprendan también mejor su identidad y lo vivido.

    Sánchez relevó a Valeria Alonso en el personaje de Alejandra en una producción exigente que, en este caso, dado el diseño de los personajes tomó la decisión de cambiar a una de sus protagonistas. Decisión compleja (Pina admite que fue «un error nuestro, de la producción») que se tomó con profesionalidad y que se asume como parte del proceso de creación también complejo. Solo en el caso de la dirección de arte, ocupa a 40 personas a lo largo de varios meses. Eso sí, en este caso con un equipo en el que casi el 90% de los implicados son valencianos con Abdón Alcañiz al frente (ya lo estuvieron en La casa de papel). Nacido en Sueca y formado en València, él mismo nos ha detallado su autoexigencia con la nueva serie de Pina. 

    «Lo que buscábamos con la serie es la contraposición de dos vidas. De un lado, una vida sofisticada que se representa en la ciudad de València; de otro, un entorno rural y anacrónico que casi nos traslada a los veranos de nuestra infancia en el pueblo». Pina precisa para Valencia Plaza que el relato es «el binomio de muchas cosas. Todo son binomios. Bien y mal. Vida pública y vida privada. Espacio pasado, espacio urbanita». Admite que rodar en l’Albufera «es fotográficamente magnífico. Ya rodamos una serie en 2:35 con Miguel Ángel Amoedo [el formato de La casa de papel; formato anamórfico cinematográfico] y este era el entorno más impresionante que podíamos encontrar para nuestro siguiente proyecto en este sentido visual».

    Pina admite que le sorprendió que apenas hubiera ficciones que aprovecharan la gran cantidad de recursos visuales que da l’Albufera: «la conocía, pero no la había vivido tan en profundidad como hasta ahora. Hay muchos entornos naturales en España que se han rodado y explotado en la ficción, pero aquí se ha rodado increíblemente poco teniendo en cuenta la brutal presencia magnética que tiene su espacio. Los atardeceres rojos… Para nosotros es una alegría que sea un espacio tan inédito todavía».

    El creador afirma que buena parte de la contradicción urbanita versus rural tiene que ver con la actualidad: «buena parte de la sociedad está en esas. No sabemos hasta qué capa se va a reflejar o qué parte del público se va a dar cuenta de que estamos pulsando precisamente esa tensión entre la necesidad de tocar un espacio rural y la realidad de buena parte de nuestras vidas, muy tecnológicas, muy de ciudad».  En cualquier caso, admite que vivimos «en un momento sensible para contemplar esos dos mundos. Y de ahí partirá una parte de la ambigüedad moral de los personajes».

    Tanto en Vis a Vis como en La casa de papel, sus dos proyectos más propios y actuales, la presencia de personajes femeninos fuertes es evidente. Llevan el peso de las tramas, pero en este caso ocupan el foco por completo. «Apostamos por personajes femeninos, además resulta que se nos da bien. Pero creo que más allá de nuestra aportación, más o menos interesante, es que el momento contemporáneo es de las mujeres. Es el momento que les corresponde tener. Es una suerte que se nos dé bien…».

    Un momento de relevancia en los personajes femeninos que puede que también se esté beneficiando –aunque cuesta saber qué fue primero– de la nueva capacidad de las audiencias por consumir contenidos de mayor duración. Las series cogen espacio hegemónico en el audiovisual y Pina cree que es «el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora». Algo transversal: «lo veo en mi hija, que en apenas tres meses ha sido capaz de verse las muchísimas temporadas que tiene Anatomía de Grey o que ahora ha empezado con Friends. Es brutal y creo que inesperada la penetración que está teniendo en sectores muy distintos de la población».

    Pina, pero también Arcos, Sánchez o Morte coinciden en conversaciones paralelas en que «el espectador se está volviendo cada vez más experto», «eso nos empieza a exigir mucho a nosotros, pero es bueno». El creador de la serie cree que sí, que hacer contenidos «está de moda, pero si ha de haber una burbuja todavía no ha llegado». Él cree que el cine «se ha quedado pequeño para el público porque está demostrado que la mayor necesidad es la de personajes. Para poder disfrutarlos con plenitud necesitas tiempo. Y el retorno, la satisfacción de ese tiempo, es muy plena precisamente con las series». 

  • Jordi Évole: “Aznar y Camps son las dos entrevistas que más nos gustaría conseguir en Salvados”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este jueves Jordi Évole visitó el Espai Rambleta para compartir con el público una conversación junto a la redactora jefa de SalvadosLaura Gimeno, y el realizador del programa Lluís Galter. La charla conducida por la también periodista Mariola Cubells sirvió para destripar los entresijos del programa que ha alcanzado en plenitud su primera década en antena. Esto, que de por sí ya sería una proeza, se suma al logro de haberse significado como uno de los escasos reductos de periodismo de investigación en la televisión española (especialmente, desde la producción privada).

    Aprovechando su visita por València, Cultur Plaza conversa con Évole acerca de periodismo, televisión y sus impresiones acerca de la recién nacida À Punt:

    Salvados cumple 10 años, pero tus inicios fueron en el periodismo local, una realidad del oficio tan compleja como desconocida por la sociedad. Recientemente, películas como Spotlight o Los archivos del Pentágono han servido para que un gran público comprenda la distancia que hay entre el trabajo de proximidad llamado a cambiar el mundo [el primer caso] y aquellos que influyen sobre el curso político global [el segundo]. ¿Con todo tu bagaje, cuál es tu percepción actual del periodismo local?
    -El periodismo local es fundamental. Cualquier periodista que tenga que ejercer esta profesión debe foguearse allí. Y no lo digo pensando en ello como en una plataforma de entrenamiento para luego dar un salto a un ámbito mayor, ya sea regional, estatal o internacional. No, no. Es que es un entorno en el que se hacen trabajos de muchísima altura que supongo que no siempre son suficientemente valorados. El periodismo local es un entorno en el que aprender la profesión al máximo nivel porque es donde más se notan las presiones. Todas. Las económicas, las políticas, las laborales… 

    -En el local y en cualquier otro ámbito, desde siempre, el periodismo se enfrenta diariamente a su gran amenaza: la mentira. ¿Cómo se combate? 
    -La mentira se combate con preparación y esfuerzo. Con tiempo. Cuanto más preparado llegas a la entrevista, más difícil es que suceda la mentira. Luego, a veces, te la tragas. Pero si está muy preparada, se la traga el entrevistado. Se combate con documentos y hemeroteca, pero en Salvados hemos probado los dos sabores de esa realidad muchas veces.

    -Dentro de la mentira está el subgénero del relato autoconstruido; cuando la fuente se ha convencido de aquello que no fue así.
    -Hay muchos tipos de mentira, pero esencialmente está el caso de quien miente a sabiendas y de quien lo hace después de haber construido todo un relato. Y de haber convencido a muchos, a lo mejor, que la historia ha acabado retroalimentándose. Nuestro trabajo es el mismo en ambos supuestos: preguntar, preguntar y repreguntar hasta sacar el agua clara de entre todo aquello… No siempre se consigue.

    «ME PREOCUPAN MUCHO MÁS LAS VERDADES OFICIALES QUE LA POSVERDAD»

    -¿Y cómo se combate la posverdad?
    -La verdad es que está costando mucho desmontar los bulos que salen de organizaciones muy bien formadas, capaces de tejer redes de seguidores importantes y tener sus propios medios al servicio de todo esto. De golpe y porrazo alguien puede decir que la alcaldesa de Barcelona no ha acudido a la toma de posesión del president Torra. Y quien sigue a ese medio se queda con la mentira hasta que aparece una foto de ella en la que ves que sí estaba, pero quizá ese medio ya no la publica. Hay toda una maquinaria creada y capaz de influir en según qué intereses políticos, en patrocinar la mentira con el ánimo de desprestigiar.

    -¿Esa es la principal novedad, un ecosistema de medios infectados y con una gran capacidad para infectar?
    -Medios en manos de manipuladores sin escrúpulos. Gente que quiere crear un marco mental determinado. Porque no hablamos de que sean medios que trabajen a partir de una línea editorial o con unos objetivos ideales, sino de medios que generan un tipo de información totalmente adulterada. 

    -¿Cómo se reacciona ante todo eso?
    -Siendo combativos individualmente. Provocando la duda y la inquietud en quien nos sigue para que distinga que una cosa es una línea editorial y otra completamente distinta es tergiversar los hechos. Cambiar el sentido de los mismos. Sí, puede que sea algo bastante nuevo hasta el nivel que están alcanzando.

    -Hay quien piensa que la sociedad tenía un acceso más democrático antes de la llegada de la TDT. Antes de la superfragmentación de los medios, ahora convertidos en guetos para nichos, cuando había que someterse a relatos aparentemente más abiertos.
    -Para nada creo que estemos peor. Al contrario: antes era más fácil teledirigir y había muchas menos posibilidades de contrastar. No existía internet. Ahora mismo me preocupan mucho más las verdades oficiales que la posverdad, hablando de esto. Me parecen mucho más peligrosas que las fake news.

    -Pero la llegada de Trump a la Casa Blanca no se entiende sin la existencia de éstas.
    -No hace falta irse hasta Trump para hablar de fake news. Parece un paradigma, pero las tenemos a nuestro alrededor. Antes había menos herramientas y menos ciudadanía dispuesta a indagar en más fuentes por su cuenta. ¿Cuánto hubiera durado el intento de bulo gubernamental sobre el 11-M en una sociedad como la actual? Hay que preguntárselo. Yo creo que la gente duda más que nunca del relato genérico por todo esto y eso tiene su cara positiva.

    «EN ‘SALVADOS’, COMO DECÍA JOHAN CRUYFF, ‘EL DINERO LO QUEREMOS EN EL CAMPO, NO EN EL BANCO’»

    -En el caso del Partido Popular, precisamente, su reacción a la primera sentencia de Gürtel ha sido de negación y rechazo. Eso ha provocado que medios afines, replicando el discurso, hayan afianzado para cierto público que la moción de censura contra Mariano Rajoy no tenía fundamento ante esa situación.
    -Es una posición muy clara que al final redunda en que se contradiga o se desacredite algo tan sagrado como una sentencia judicial. Al final, se genera un ecosistema de informaciones que parece que uno solo pueda alcanzar la verdad si se lee individualmente la sentencia y por completo. Lo peor de todo esto es la desconfianza que se genera hacia los que hacemos de transmisores entre los que mandan y la ciudadanía, cuando el valor que podemos aportar precisamente es el de control y el de agilizar esa comunicación, ¿no? Pero por suerte, como decía, creo que en este momento hay una sociedad más crítica con la información.

    -Una sociedad bajo un tsunami de información multipantalla.
    -Eso no debería ser un problema en sí. Dentro de esa inundación informativa, como dice Iñaki Gabilondo, podemos acabar encontrando agua potable entre los medios. Porque hay de todo, pero algún charco de agua potable queda [ríe].

    Salvados podría figurar entre esos charcos. Si el modelo está asentado y funciona, ¿por qué nadie lo réplica?
    -No tengo claro que no esté replicado. No al 100%, pero hay programas herederos de Salvados como Salvados contiene rasgos de otros programas del pasado. Aun así, bueno… Salvados no es un programa demasiado rentable de hacer. 

    -Tampoco es que genere pérdidas y el equipo, los medios y la factura han crecido.
    -No es un programa asequible para según qué presupuesto. Detrás de cada episodio hay meses de trabajo, meses de investigación, muchos viajes, muchas noches fuera de casa. Esto representa una inversión constante. Nosotros nos lo podemos permitir porque, como decía Johan Cruyff, “el dinero lo queremos en el campo, no en el banco”. Pues eso, que nosotros también lo queremos en el campo. Y no paramos de invertir en nuevas cositas técnicas, en nuevas cámaras, en nuevas salas de edición, en aumentar el equipo que no ha dejado de crecer como decías.

    -¿En 10 años, cuánto ha aumentado?
    -De unos 15 o 18 hace 10 años a unas 45 á 50 personas ahora.

    -Más allá de que los recursos humanos fueran mucho más limitados, el programa y el tono de las primeras temporadas era muy diferente al actual. ¿Qué opinas al ver aquellos episodios?
    -Evidentemente, el programa no tiene nada que ver con las primeras dos o tres temporadas. Pero la evolución ha sido muy lenta. Una evolución tranquila que no ha tenido nada de revolución, sino de progresión en la que hemos tenido la oportunidad de escuchar a la gente. Mi sensación es que el público nos ha ido acompañando en el cambio cada temporada.

    -En ese sentido, ¿el programa se ha beneficiado de la falta de urgencia por el crecimiento que han tenido los inversores de laSexta?
    -Desde luego que sí, que hemos contado con algo que no pasa en España: la paciencia de los directivos. Sin esa posibilidad, ni de lejos hubiéramos llegado hasta aquí. 

    «[EN LAS ENTREVISTAS ] EL TONO AGRESIVO CASI LO HE DESTERRADO PORQUE CREO QUE NO SIRVE PARA MUCHO»

    -Revisando aquellas primeras temporadas y las actuales, el espectador ve a un Jordi Évole también muy diferente como entrevistador. ¿Hay diferencias en el planteamiento, en la estrategia?
    -La entrevista es un juego de intensidades en el que el oponente sabe que habrá preguntas inconvenientes. Se juega con el tira y afloja, dejando que se cierre o que se relaje, pero sobre todo con la capacidad de leer el momento. Hay tira y afloja si no se rompe la cuerda, pero está bien forzarla y luego relajar. Es un juego muy intenso que dura hasta que se tiene una buena respuesta. Eso es lo que buscamos. La respuesta que lo explica, que lo dice todo.

    -Analizando sus estrategias, me sorprendió que en esta temporada hubo un cuestionario sin la menor oposición o tensión: Mercedes Milà. Daba la sensación como si tuvieras una admiración especial por ella y quisieras poner en valor su legado.
    -No te lo voy a discutir… La verdad es que no lo voy a negar. Todas las entrevistan tratan de alcanzar un tono y de mantener un relato con el entrevistado. Esa entrevista lo tuvo y ni mucho menos fue agresivo. Pero quizá es una muestra de que el tono agresivo casi lo he desterrado porque creo que no sirve para mucho. En el caso de Milà, creo que lo que se merece es ese tipo de entrevista.

    -Ha entrevistado a Nicolás Maduro, José Mujica o Julian Assange. Le costó más con Felipe González o Carles Puigdemont. ¿A quiénes le haría ilusión entrevistar que todavía no haya conseguido?
    -Pues mira, no negaré que ahora mismo pienso en José María Aznar Aznar y Paco Camps, que son las dos entrevistas que más me gustaría lograr. 

    -La negativa de Aznar a Salvados es conocida. ¿Por qué?
    -No hace falta que reciba ninguna excusa. El invitado tiene la potestad y todo el derecho en decirte que no. Yo, sea quien sea, siempre agradezco mucho el tiempo que nos cede para que podamos entrevistarle. Estoy muy agradecido. Aznar está en su total derecho y me parece estupendo que no la conceda. Es una decisión. Camps en cambio nos da largas. ¡Es muy diplomático! [ríe] Lo va emplazando, pero nunca hay fecha ni aproximada ni de ningún tipo.

    -Ya que València sale en el relato, siempre ha dado la impresión de que el programa de Salvados en torno a la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio supuso un antes y un después para el equipo y para ti. ¿Fue así?
    -Lo es. Un programa que ya, por el simple hecho de hacerlo, te genera una satisfacción enorme. Una satisfacción que ya se sucedía a medida que íbamos haciendo entrevistas y trabajando los cabos sueltos que había en la historia. También fue un programa poco habitual porque ya había todo un trabajo periodístico que nos fue cedido por Barret Films. No es habitual que alguien te ceda todo su conocimiento profesional trabajado durante años para que dispongas y crees con ellos. Eso ha derivado en una gran amistad, en la posibilidad de colaborar con ellos y en que cuando bajo a València casi siempre nos vemos.

    -Hay cambios más o menos tangibles para el espectador y uno de ellos, también más propio de las dos últimas temporadas, es la perspectiva de género más allá del tema a tratar en cada episodio. ¿Se ha evidenciado esta realidad en reuniones de trabajo de Salvados? ¿Cómo sucedió?
    -Bueno, entiendo que se note el cambio y que sea algo que haya cuajado absolutamente en toda la sociedad. En el equipo de Salvados no es distinto. Son tus propias compañeras las que saben encontrar el momento para señalarte algunas preguntas que haces, para evidenciarte algunas actitudes. Te das cuenta de que lo que haces sucede a partir de actuaciones de una óptica machista incrustada. Es la marca del patriarcado que, afortunadamente, tus compañeras te la van haciendo ver. Yo admito que al principio me ponía a la defensiva, que cuesta salir de la perspectiva, pero que tenían entonces y tienen ahora toda la razón del mundo.

    -Hace unas semanas conversábamos con Carmen Aguilera y El Gran Wyoming (directora y presentador de El Intermedio) sobre la percepción informativa del programa. Aguilera consideraba una anomalía que hubiera gente que les dijera habitualmente que no veía informativos y que se informaba a través de El Intermedio. ¿Qué interpretación haces tú de ello?
    -Pues lo primero que… estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen, porque sé que mucha gente puede decir que se informa a través de El Intermedio. Me lo creo y es totalmenta factible, pero eso dice, sobre todo, de los informativos que se están haciendo. O de que no están cumpliendo con esa labor. Creo, no obstante, que es muy difícil hacer un informativo diario. Estoy convencido de que hay muchísimos compañeros intentando hacerlo lo mejor posible, pero muchas veces la información no acaba saliendo en pantalla como tú querías o cuando tú querías. Me consta cómo se intenta hacer día a día, pero hay falta de medios, hay problemas de todo tipo… lo que dudo es que no haya actitud. Ni ganas.

    -En la Comunitat Valenciana vivimos la extraña pero feliz realidad de acabar de estrenar una televisión y radio públicas, À Punt. ¿Qué pasa por tu cabeza ante una oportunidad tan singular como esta para un medio público?
    -Esa es la palabra fundamental: oportunidad inmejorable de hacer una televisión pública de verdad. Ahora mismo, sabemos en qué se han convertido todas las televisiones públicas que mires. Estatales, autonómicas, locales… Problemas de modelo y de evolución, por lo que empezar ahora debe significar eso: empezar de cero. Es una oportunidad para, de verdad, pensar totalmente diferente sin relación con modelos del pasado. Pensar en el ciudadano y en la ciudadanía e informarle de aquello que le interesa. Sobre todo, que no sean los políticos los que marquen agenda y que nosotros mismos, los periodistas, tengamos capacidad y libertad para incomodar desde los medios públicos con propiedad.

  • Carmen Aguilera y Wyoming: “Que la gente diga que se informa solo a través de El Intermedio evidencia una anomalía”

    Publicada originalmente en Culturplaza.com

    El vigilante cubre con su cuerpo el único acceso del auditorio. Con los brazos extendidos, se balancea para abarcar el paso. Está nervioso y lo demuestra poniéndose de puntillas una y otra vez. Quiere saber hasta dónde llega la cola, pero no lo ve. Baja sobre sus talones y suda. Grita: “está lleno, por favor… Está hasta arriba”. Le intento explicar que hay un asiento reservado para mí, que “soy de prensa”, que sé que “he llegado un poco justo…”. Al final, una mirada desde el interior de la sala me rescata de su labor. 

    Me abro paso entre una maraña de cuerpos jóvenes. Tienen entre 18 y 22 años y no esperan turno en el casting de la próxima edición de Gran Hermano. Tampoco se agitan a la entrada de un macroconcierto de Operación Triunfo. Quieren acceder a la Sala d’Actes Sanchis Guarner de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València. Allí van a impartir una conferencia Carmen Aguilera y El Gran Wyoming, respectivamente directora y cara visible del programa televisivo El Intermedio

    Hay trazas de justicia poética en la escena sucedida el pasado viernes 2 de marzo: Wyoming y Manuel de la Fuente –el profesor de Comunicación Audiovisual que ha propiciado el evento – comparten una profunda y documentada admiración por Frank Zappa. El inabarcable compositor estadounidense es uno de los iconos más controvertidos de la historia del rock, pero también uno de los personajes más influyentes en la crítica y el uso de la televisión al servicio de la contracultura. Su semilla ética y política está detrás de los guiones de Los Simpsons, los documentales de Michael Moore y de este encuentro.

    De la Fuente –responsable de varios libros sobre Zappa en español– y el también docente Santiago Renard completan la mesa redonda que acolchona la ponencia: Televisión en tiempos de crisis: Cómo se realiza ‘El intermedio’. Lo que sigue es la transcripción de algunas de las intervenciones más interesantes de la directora del programa y su presentador. Antes y a modo de prólogo, se añade una breve conversación con los protagonistas tras una ponencia interrumpida de manera constante por los aplausos.

    -En la charla habéis comentado lo mucho que os sorprende que una parte de vuestro público, habitualmente, os diga que se informa a través de El Intermedio. Habéis sugerido que es una evidencia de la paupérrima oferta periodística que ofrecen los telediarios. ¿Creéis que desde la situación de oligopolio entre la televisión pública estatal, Mediaset y Atresmedia es reversible esa situación? ¿Creéis que en España podremos volver a ver informativos de televisión con unos estándares de calidad similares a los británicos, franceses o escandinavos?

    -Carmen Aguilera: “He de reconocer que soy la optimista de esta pareja, así que he de decir que sí. Creo que existe la posibilidad de que la situación actual se revierta. Los telediarios que conocemos, que vemos actualmente, se reducen en esencia a titulares y a una gran cantidad de sucesos. Lo que podemos decir desde la experiencia propia en El Intermedio es que cuando le das a la audiencia buena información, la absorbe. ¡Y no solo la absorbe, la va reclamando! Para que la situación se pudiera revertir habría que empezar por recuperar unos informativos de calidad en el ente público. No cabe olvidar que no hace tantos años fueron especialmente buenos». 

    -Wyoming: “Yo también he de decir que sí, pero, como todas, esta cuestión está en manos de los ciudadanos. Si de algo me he dado cuenta con el tiempo, con los años más y más, es del convencimiento de que todo pasa por los ciudadanos. Ahora, más que nunca, son los ciudadanos los que han de provocar cambios totalmente al margen de partidos y de sindicatos. Si ha de revertirse, será porque los ciudadanos se movilizan. Esto ha de suceder porque estamos viviendo una situación como la del Consejo de Informativos de Televisión Española que, en un acto de enorme valentía, está denunciando sistemáticamente la manipulación que sufre la televisión pública”.

    -Los estudiantes han dejado claro durante el turno de preguntas que El Intermedio y Salvados se sitúan como sus únicos dos referentes de información en la televisión. Pensando en cualquiera de los canales de concesión estatal, ¿hay margen para un programa que hibride estos dos formatos en prime time? Es decir, que se dedique a la información diaria, pero con la vocación documental del proyecto de Jordi Évole y Ramón Lara.

    -Aguilera: “Nosotros somos ese programa. Somos más híbrido de lo que parece. Un formato como el de El Intermedio nos permite hacer una revista de información muy periodística. La actualidad y la audiencia que tenemos nos permiten parar en seco y aproximarnos mucho al formato de Salvados. Muchas veces, con algunas de los reportajes denuncia que hacemos, pensamos que si durasen 20 minutos más estaríamos en una línea muy parecida. Por eso creo que nosotros ya somos ese formato. La ventaja del nuestro frente a Salvados creo que es precisamente esa, que la ambivalencia de información y humor lo soporta todo». 

    -Sin embargo, es la actualidad la que marca esos dos registros. Nunca podéis prever con días de antelación si un programa se balanceará más hacia el humor o hacia el reportaje puramente informativo.

    -«Exacto. Es la agenda la que marca ese porcentaje, por describirlo así».

    -La sociedad valenciana está asistiendo al alumbramiento de un nuevo servicio de radio y tele públicas, después del cese en el derecho a la información de noviembre de 2013. Si estuviera en vuestras manos, si hubiera una cuestión irrenunciable por encima del resto, ¿qué haríais vosotros con una radiotelevisión pública que nace?

    -Wyoming: “Lo más importante, sobre todas las cosas, aprovechad que se parte de cero. Eso es lo más importante. Entender que es el momento para aprovechar y crear de cero una televisión real y al servicio de los ciudadanos. Ese es el sentido que puede tener una televisión o una radio pública y en la actualidad está totalmente desvirtuado. Como hemos hablado en la charla, la información nunca es un servicio; es un derecho. Alguien lo tiene que ofrecer a la sociedad y ha de ser primordialmente el ente público”.

    -Aguilera: “Creo que me sumo en gran medida… En todos los casos, las autonómicas empezaron a virar poco a poco a lo largo de sus diferentes historias hacia el entretenimiento. Empezaron a dedicarse al entretenimiento por una evolución natural de audiencias, supongo. No digo que no tengan la oportunidad de entretener, pero ante una posibilidad como ésta, lo más importante por encima de todo es mirar a los ciudadanos. Entender la información como un derecho y fijar por encima de cualquier otra tensión que es una tele pública. El valor de la tele pública por encima de lo demás. Por supuesto, habrá que hacerla entretenida y amena, pero desde la identidad de un acceso a la información como derecho”.

    Extractos de la conferencia Televisión en tiempos de crisis: Cómo se realiza ‘El intermedio’.

    Un origen irrepetible

    -Aguilera: “Arrancamos en marzo de 2006, así que estamos a punto de cumplir 12 años. Llevamos 1824 programas en directo en este momento. 1824 programas en directo y en España es una cosa rarísima… Pero para entenderla hay que recordar que El Intermedio nació con laSexta, cuando la cadena se ponía en marcha, y por eso la presión que teníamos con la audiencia era muy baja. Empezamos con un 0,1% de share. Lo veía nuestra familia, prácticamente (‘la mía no, desde luego’, apostilla Wyoming)”.

    -Aguilera: “Este tipo de inicio nos permitió hacer mucha prueba y error. El programa de 2006 y el de ahora son muy diferentes. Nació como una extensión de una sección de Noche H, con Eva Hache en Cuatro. Era más frívolo y tenía el enfoque de aquella sección, La guerra de los medios. Era un momento en el que Tersch y Losantos mantenían una guerra y el mundo parecía totalmente distinto según a quien escucharas. Entrevistábamos a periodistas, analizábamos a los medios. La inflexión llegó con la crisis. En torno a 2008 empezó a cambiar todo y tuvimos agilidad. El Intermedio es como un transatlántico y no puede cambiar de un día para otro, pero se aclimató bien a la crisis. Fue girando hacia la información. Llegó la crisis y con ella la denuncia de los desahucios, de las desigualdades, del paro… Fuimos traduciendo esa realidad y nos permeabilizamos muy bien. Ese fue el éxito”. 

    -Wyoming: “Con ese prueba y error, nosotros tenemos una ventaja. Hay un punto interactivo que nosotros tenemos mientras que el informativo tiene una escaleta determinada. Mientras veníamos hacia València comentábamos que hay días en los que el informativo puede durar 10 minutos y otro dos horas. Pero dura siempre lo mismo. Nosotros no teníamos límites de escaleta. Nosotros nos permitíamos contar cosas a distintos ritmo. Dedicarle más tiempo, hacerlo más despacio… ese límite no lo teníamos”. 

    -Wyoming: “La teoría del prime time dice que la gente llega a casa cansada de trabajar. Que no quiere líos. Que no quiere saber nada. Vamos, que el público es gilipollas en sí. Lo que no tienen en cuenta es que esa persona que, efectivamente, tiene una jornada muy larga, durante el tiempo que está empleado, muy a menudo, no está en un proyecto que le cultiva. Y quiere saber”. 

    -Wyoming: “Nacimos en una cadena que no nos pedía nada. El Intermedio no existiría en circunstancias normales porque el fundamento del prime time es que hay que dar no-contenido. Luego el programa fue creciendo y sigue creciendo. El prime time deja a un público fuera. Se hace televisión para un 50%. Porque la gente, efectivamente, quiere saber. Y sabe. Ya se busca el medio que haga falta. Nosotros con este programa lo hemos conseguido”.

    La fotografía actual de los medios

    -Aguilera: “Es una anomalía que haya gente que diga que solo se informa a través de El Intermedio. Eso evidencia que algo se está haciendo mal en este país. Es cierto que, actualmente, nosotros tenemos una redacción muy reforzada. Medimos mucho periodísticamente lo que contamos porque hacemos críticas demoledoras. Por eso, tenemos que estar muy seguros de lo que sacamos. Contrastamos incluso por encima de lo publicado, porque si vamos a por un tema no solo vamos a tirar un titular: vamos a ir a hemeroteca, vamos a salir a la calle y hacer encuestas… Si nos equivocamos, tenemos que rectificar y es muy doloroso. Ya nos ha pasado”. 

    -Wyoming: “Sí ha cambiado la situación de los medios de comunicación en España. Ahora están en manos de grandes corporaciones. Antes había diarios independientes que tenían una línea editorial. El Alcázar, ABC o El País eran independientes. Desde Torcuato Luca de Tena (ABC) a Juan Tomás de Salas (Grupo 16, Diario16). Que fueran independientes no quería decir en ningún caso que fueran asépticos, que es una estupidez, porque son personas, tienen su punto de vista. Pero recibían presiones que se toleraban o no. Ahora, si por ejemplo ves el árbol de empresas al que pertenece el Grupo PRISA, dentro de sus propietarios, está en un rinconcito. Si desaparece de ese árbol de empresas, el árbol ni se tambalea. No pasaría nada. Aquí las empresas periodísticas ya no deciden absolutamente nada y esto sí es una novedad. Esto, de alguna manera, hace que se resienta la calidad de la información. Es algo que estamos pudiendo ver también en el caso del independentismo catalán”.

    -Wyoming: “Vivimos en un sistema menos plural de lo que pensamos. Es cierto que ahora hay buenos medios online y buenas redes [también online, se sobreentiende], pero a día de hoy hemos de aceptar que tienen poca incidencia en la sociedad. La gente sigue confiando en los grandes diarios”. 

    Cómo se hace El Intermedio

    -Aguilera: “Nuestro equipo es atípico: tenemos a 15 guionistas que trabajan por parejas. Según el tema, tienen adosado a uno o dos periodistas. Hay una primera reunión con los temas del día y se asignan a según qué equipos. Van trabajando sobre ello y a partir de las cinco de la tarde se corrige el guión. Hay mucho, mucho trabajo que se tira. Las razones principales son: no tratar siempre los mismos temas, no repetirse, ser originales, arriesgar en según qué casos, editorializar en algunos temas… Los guionistas de El Intermedio son muy humildes”

    -Aguilera: “El guión ha de salir en torno a las ocho y media. Nunca es demasiado pronto para Wyoming, pero la premisa es mejorarlo y tener algo de tiempo para ensayar, entre las ocho y media y las nueve y media. En esa pelea es en la que nos encontramos cada tarde él y yo. Hasta el momento en el que dice ‘Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad’, hasta ese momento, puede haber algún cambio, en el ensayo, pero cuando él lo dice, el guión es de hierro. Lo es porque, además, en el humor solo puedes trabajar desde la precisión matemática. Esto es sujeto, verbo y predicado. Si eso se duda, se acabó el efecto con el que habíamos estado trabajando todo el día”. 

    -Aguilera: “Las líneas rojas son: no hacemos sucesos y no atacamos a los débiles. El humor es un arma contra los poderosos. Cuando el tema es más grave, se dramatiza a través del género o la forma de actuar. No incluímos a gente extraña, friqui. Somos muy respetuosos con eso…”.

    -Aguilera: “La incorporación de Sandra Sabatés fue muy importante cuando giramos a un formato más informativo. Sandra es una profesional absolutamente fiable y tiene esa capacidad de, cuando te da una noticia, te la crees. Es una prescriptora de información estupenda. Además, nos ayuda a aportar nuevas secciones como entrevistas. Es una suerte trabajar con una mujer tan seria y profesional”.

    -Aguilera: “Puedo decir que nadie nos mira la escaleta. Nadie nos dice qué temas podemos tratar. Y si suenan teléfonos, como directora no me entero. Los productores ejecutivos hacen de intermediarios. Trabajo con total libertad. Otra cosa es la presión que nos metamos nosotros mismos. La presión que nos metamos por la audiencia, porque cada día te desayunas con el dato. Cada día. Es una presión tremenda porque ves minuto a minuto y analizas qué ha sucedido, mientras que no debes dejar que esa presión cambie el programa”.

    -Wyoming: “Ahí estamos y ninguna otra cadena nos imita. Eso me lleva a pensar que cuando desaparezca El Intermedio desaparecerá el formato. Ahora vivimos en una isla, afortunadamente, de la cual nos nutrimos”.

    -Wyoming: “Quiero decir una cosa. Ella es la responsable. Es la autoridad principal y la veis aquí con esta pinta de buena persona, tranquila. Bueno, pues es real. Es tan así de tranquila. No hay histerias”.

    La televisión actual

    -Wyoming: “En la televisión actual no sale gente normal, pero esto se dice poco. Sale solo gente diciendo sandeces, personajes extrañísimos. Se representa a una juventud que no me interesa nada. Cogen el reality y del reality un debate que da una supuesta visión de la realidad. Esa realidad es puramente televisiva. La gente normal no sale en televisión y se ha creado una legión de personas, los tertulianos, que opinan por la gente. Por eso creo que la televisión se ha vuelto completamente ajena a los ciudadanos”.

    -Wyoming: “Lo dramático es que llevar a escritores, teólogos o ensayistas a hablar en televisión. ¿Cómo puede ser insólito? Gente que ha dedicado una vida a la docencia, a saber de una cosa, que tienen una verdad… ¡pues que la expongan! Lo insólito es que esto sea insólito. Eso es lo dramático. La televisión no refleja en absoluto el mundo en el que vivo. La televisión se dedica a ‘cómo rellenar esta hora para que otro no lo cuente’. La pantalla nunca había tenido tanto sentido con su significante: apantallar la realidad. A eso se dedica la televisión. La gente que sale es anormal y esto es lo que no debe ser”.

    -Wyoming: “No sé cómo se puede seguir pensando que las televisiones son privadas. Todas son públicas. Existen por concesión pública. Otra cosa es que incumplan sistemáticamente los pliegos. Pero todas son concesiones del Estado. Por eso el ministro de turno puede descolgar el teléfono y recordarle a quien toque que dentro de dos años tiene que renovar la concesión”.

    El compromiso 

    -Aguilera: “La gente detecta enseguida que programas como Salvados o El Intermedio tienen un compromiso social. Que son sensibles a los derechos sociales. No somos equidistantes. Cuando nos metemos en algunos charcos lo hacemos hasta el fondo. Nos comprometemos con muchas historias, pero, por otro lado, es un trabajo descorazonador. La gente se acerca a nosotros en busca de ayuda y en España es infinita la cantidad de casos con gente que lo pasa mal. A nosotros nos escriben permanentemente. Pequeños dramas que son tremendos. Como programa nacional nosotros no abarcamos, no llegamos a hacerle caso a todo. Percibimos claramente que hay mucha gente que está muy huérfana, pero creemos que es la Administración quien debe atenderla”.

    -Wyoming: “Para mí la vida ya es un coñazo. Estoy todo el día haciéndome fotos y, de verdad que es insoportable. La gente se cree que yo tengo poder. Me cuentan todo tipo de cosas. Me vienen padres con el curriculum, que te ruegan que les contrates… ¡como si estuviera en tu mano! Es muy frustrante. La gente se confunde mucho. A veces, a través de redes, me llegan comunicados de que el Gobierno va a acabar con El Intermedio y es reflejo de que muchos piensan que es insólito que haya durado tanto. Eso es positivo porque demuestra que tenemos una barrera delante. Va a ser difícil que se lo carguen como hicieron con Caiga Quien Caiga. Aquella vez me dijeron que el formato estaba agotado y luego lo intentaron replicar dos o tres veces más. En aquel caso hubo una razón que nunca me han contado, pese a que me reunieron para ello, pero nunca me supieron decir. Se metieron en un jardín que generó mucha protesta”. 

    La capacidad de penetración del humor

    -Wyoming: “El otro día un señor en una gasolinera me dio las gracias por el programa. Le dije que muy bien, pero que llevamos 11 años criticando a los mismos, que por lo menos los del principio ya podían estar en el trullo. Que seguimos con los mismos protagonistas, pero con fechorías nuevas. Y me dijo una cosa, me dijo: ‘no te equivoques, lo importante es el consuelo que dáis’. Yo pensé, ¿cómo? ¿Un consolador? Yo… que siempre había tenido muy mala fama en este aspecto… Pensé que hay gente que realmente se encuentra en una situación complicada, que vive una realidad y que ve que a su alrededor todo lo que sucede es para joderle”.

    -Aguilera: “En esto tiene mucho que ver el humor. Que le cuenten todas las historias terribles del día con humor, es una herramienta de crítica potente. El humor se dice que tiene esa capacidad de ser la venganza contra el poderoso. Con la que decimos, ‘qué horror’, pero aún así nos podemos echar unas risas”.

    -Wyoming: “Si yo soy el consolador, ¿podemos decir que el humor es el lubricante?”.

    -Aguilera: “El mérito de nuestros guionistas es increíble. A Wyoming es cierto que no le puedes dar un mal chiste, pero si le das un chiste de 6 o 7 de nota, él lo eleva a nueve. Buena parte del éxito tiene que ver con que hayamos configurado un equipo estupendo. Personas estupendas, talentosas y buenos compañeros. Se hace muy llevadero todo el proceso porque nos hacemos muy amigos”. 

    El estado de la libertad de expresión

    -Aguilera: “No creo que la libertad de expresión esté dramáticamente amenazada, pero hay un claro retroceso. Una involución que podemos ver con la inflamación del Código Penal a través de la Ley Mordaza, el tema de los delitos de odio, etcétera. Los jueces están muy sensibles y eres consciente de que hay búsquedas expresas de delitos a través de las redes. Por eso hemos de estar realmente vigilantes. Los derechos como la libertad de expresión son conquistas tremendas en la historia que no podemos perder. En cualquier caso, no todos los casos que conocemos son iguales, son distintos, pero todos apuntan a una desproporcionalidad. Las canciones de Valtonyc pueden ser desagradables, pero no puede pasar años en la cárcel por ellas. Debe haber otras soluciones”. 

    -Wyoming: “Hubo un caso anterior al que no se le dio la suficiente importancia: el caso de los titiriteros. Nadie conocía que había pasado exactamente. El tamaño de la pancarta por la que fueron públicamente juzgados era del tamaño de una tarjeta de visita. Esos profesionales estuvieron detenidos bastante tiempo, la Audiencia Nacional montó un pifostio y sabían que todo era falso. Dio igual que estuviera clarísimo. Dio igual. En Madrid sufrimos el mayor atentado de la historia de este país, el 11-M, y a la presidenta de su asociación de víctimas, Pilar Manjón, se le llama sistemáticamente puta, hija de puta, se le dice que su hijo no iba en el tren y se le amenaza de muerte o de violación. Jamás a ningún miembro de las fuerzas del orden se le ha oído decir siquiera que investiguen estos mensajes. No seamos ingenuos a la hora de hablar de la libertad de expresión. Hay unos señores que gobiernan y que toman una deriva política en contra de la Constitución”. 

  • Alberto González (Querido Antonio): «Vivimos en una censura democratizada»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    A falta de una mejor memoria colectiva, la Historia del Arte en general y la hemeroteca en particular nos sirven para recordar que los movimientos culturales que transgreden a su tiempo surgen en el undeground. Sin embargo, las vanguardias encargadas de violar el contexto social se han topado este siglo con una realidad comunicacional inédita en la Historia: internet. Allí opera una generación de artistas y pensadores que durante los últimos años ha empezado a definirse en torno a los buenos propósitos de ese legado en construcción: hacer uso y apología de sus libertades, deformar y detonar la corrección política, y sacudir a la obesa y precaria sociedad del bienestar.

    Este viernes, uno de esos agentes dobles, de los que operan desde una creación subversiva y cuyo mensaje se convierte en masivo a base retuits y grupos de WhatsApp, visitaba València. Lo hacía junto a su compañero en El Intermedio Fernando González (Gonzo) y en el contexto de Factoría Rambleta. Lo hacía con su nombre, Alberto González Vázquez, con el que ha publicado un par de libros (Humor cristiano y Todos los hijos de puta del mundo) y, entre otras tantas cosas, acaba de firmar el primer videoclip del nuevo álbum (Disco duro) de Joe Crepúsculo:

    Por él, titulares como «A Rajoy le explota la cabeza en el último videoclip de Joe Crepúsculo» cargaban este mismo viernes las filias y fobias en torno a Querido Antonio, el nombre con el que González Vázquez se ha hecho popular en el entorno online. Popular a partir de su trabajo como guionista y autor de satíricas cortinillas para el programa que presenta El Gran Wyoming, conocido también por sus viñetas para El Mundo Today e ideas para Orgullo y Satisfacción, autor de animaciones para textos de Juan José Millás o vídeos musicales de Miguel Bosé, aprovechamos su paso fortuito por la ciudad para conversar con él.

    -En televisión has trabajado con distintos equipos de guionistas. Desde el programa de sketches junto a Borja Cobeaga pasando por Muchachada Nui y ahora El Intemedio. ¿Qué rol has ocupado en esos equipos creativos?
    -Distinto rol, la verdad. Han sido programas muy diferentes. En un programa de sketches, por ejemplo, tu papel queda bastante difuminado. Y así fue el caso. En El Intermedio tengo un papel mucho más independiente, con una voz mucho más propia. Trabajo solo, en silencio, de hecho. Veo los brutos, los ejecuto a la vez. Con esos vídeos todo empieza y acaba en mí, así que todo esto funciona de puta madre si eres un poco autista. Resulta bastante interesante así.

    -Descrito así y teniendo en cuenta qué supone El Intermedio en el contexto televisivo, ¿eres consciente de estar en una especie de isla de libertad en pleno prime time?
    -Pues… no soy muy consciente de estas cosas, pero sí hago ese ejercicio de plantearme la suerte que tengo en este espacio de televisión. Si lo piensas objetivamente, se acerca bastante a lo que podría llamarse un trabajo ideal. Tengo una independencia absoluta más allá de las limitaciones obvias del trabajo en televisión. Me refiero a lo que tiene que ver con los horarios, los tiempos, las entregas… para todo el mundo. Así que sí, valoro bastante la libertad y difusión que me concede trabajar en un sitio así, haciendo lo que hago. Llevo 11 años haciéndolo y sigo disfrutando de ello.

    -¿Con el equipo, has comentado alguna vez que los buenos datos de audiencia quizá no duren para siempre?
    -Entre los compañeros, sí, claro. El programa lleva 11 años y desde hace 10 llevamos vaticinando la defunción de El Intermedio a un par de años vista. Siempre decimos, ‘bueno, en un par de años…’, y cada uno fantasea con lo que hará después. Pero no tiene fin. La coyuntura política ha facilitado el crecimiento de audiencia. Me refiero al hartazgo político. Y el programa es lo suficientemente flexible como para reconvertirse. Ha habido muchas novedades y eso es bueno. A la audiencia todo le cansa rápido, pero no para de haber novedades. Ahora tenemos un nuevo actor en escena, Trump, que es una constante de posibilidades.

    Foto: ESTRELLA JOVER

    -Tu trabajo ha provocado reacciones muy críticas, sobre todo a través de las redes sociales. ¿Alguna vez has llegado a ir a juicio por ello?
    -Al programa ha llegado alguna denuncia, pero era tan absurda… Si alguna vez ha llegado algo ha sido tan nimio que mi sensación es que solo ha servido para hacerle perder el tiempo a la justicia y sobre todo al tío que denuncia. Pero bueno, esas reacciones o esas denuncias tienen que ver con el absurdo en el que estamos viviendo en general. La persecución que tiene todo que ver con la Ley Mordaza. La persecución pública de la libertad de expresión. Y es algo que aterra bastante, que me atañe bastante. No en mi trabajo para El Intermedio, porque ahí tengo el parapeto del programa, pero sí como persona, cuando me expreso por mi cuenta. Por ejemplo, en Twitter. Pasas a tener todo el tiempo cierta cautela. Vivimos en una censura democratizada.

    -¿Es posible que la corrección política sea la consecuencia de esa Ley Moradaza? Es decir, que la democracia en su estado de maduración y corrección, haya propiciado que los censores se envalentonen.
    -Me resisto a creer que es así, porque me parecería una traición tan grave… Lo que asumo es que si digo tal o cual cosa hay 15 gilipollas que van a pedir mi cabeza en Twitter. Esas tormentas creo que están sobredimensionadas. Es cierto que vivimos en una época complicada. La censura democratizada que se ejerce sobre los autores, los linchamientos masivos en redes sociales, se ha convertido a veces en algo pero que una censura. Es una censura más abitraria que la de cualquier estado fascista. Ahora es muy fácil escandalizar a la gente y no sé nunca si es porque hay muchos tontos o porque con las redes sociales hay mucho ruido. Es bastante preocupante. 

    -¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
    -La libertad de expresión no ha sido un problema cuando ha sido ejercida por los medios de comunicación sobre los que se ejercía un control. Ahora, cualquiera tiene ‘su canal’, su ‘medio de comunicación’ y hace uso de la libertad de expresión. Resulta que eso se ha vuelto peligroso. Por eso tengo la sensación de estar viviendo una especie de germen o de semilla de lo que puede pasar en el futuro. Me refiero a controlar voces disidentes, a localizar a voces molestas. Y, de paso, todo esto, sin que nos paremos a pensar un rato en cómo funcionan o qué son las redes sociales.

    -¿Tienes la sensación de que la sociedad o tu entorno de creadores va entrando en una etapa de autocensura en las redes sociales?
    -Me resisto a creerlo, pero creo que, inevitablemente, sí. Es una pena porque es obvio que no puedo hacer los mismos chistes en Twitter que hago en privado. Antes del nacimiento de las redes sociales ya existían esos chistes en privado y creo que es algo de lo que se ha hecho un aprovechamiento muy ilícito. Me refiero a que, en aquel entonces, esa barrera, no estaba tan clara y, bueno, tampoco me parecería mal que no estuviera clara si la gente fuera capaz de asumir ese humor, esa idea más extrema. Pero no es el caso. Entonces, ven una idea tuya de 2009, de cuando Zapata tenía 120 seguidores en Twitter, y la usan hoy. A mí me parece una violación de la privacidad y del sentido de aquel mensaje en aquel momento. 

    -No suele haber  espacio para hacer entender que la gente cambia de opinión. Sobre todo, gente que durante el nacimiento y crecimiento de esas redes sociales ha tenido edades todavía no tan adultas.
    -Sí, claro. Generaciones que han crecido justo mientras todo esto sucedía. Que se abrieron el Facebook con 17 años y hoy tienen casi 30. O que tienen 17 ahora. ¿Cómo vas a juzgar igual a esa persona? Una persona que en esos años ha evolucionado muchísimo hasta ahora. Es algo que no hay tiempo para tener en cuenta. Pero claro, esto no lo podemos ver en el Twitter de José María Aznar cuando tenía 17 años. Para mí tendría un gran valor eso. Asomarnos a eso. Es una curiosidad.

    • APUNTES DE LA ENTREVISTA
    • La entrevista es telefónica. Mientras desayuna, a las 9am.
    • Alberto prefiere hacerla a esa hora porque luego su biorritmo se alinea con la frenética escritura de El Intermedio.
    • (Casi) Nunca ve el programa en casa.
    • Su trabajo es solitario y parte del visionando imágenes de agencia. -Su ‘musa’ es la Agencia EFE.
    • Además de guionista y viñetista, es el autor de un gran número de cortometrajes y videos en los que la claridad del mensaje se sobrepone a las precisiones técnicas audiovisuales.
    • A sus pensamientos y obras le rodean amigos en Madrid entre los que se encuentran artistas como Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga o el mismo Joe Crepúsculo.

    -La opinión pública tampoco tiene muy claro qué valor añadido aportan expresiones de libertad como Orgullo y Satisfacción [cerrará a final de año]. Quizá no está dispuesto a pagar por ello porque tampoco tiene muy claro qué le va a reportar hoy y en el futuro.
    -Es un caso que, sí, tristemente… es la libertad de expresión en su máxima expresión, valga la redundancia. Y de la que se benefician muy pocos, aparentemente. No es algo que la opinión pública perciba que va a influir en su vida diaria. Nuestro problema es esa percepción marginal. El problema de que nadie va a pelear por defender la libertad de expresión por ti. Nadie se pone a defender nada que no perciba que le afecta en particular. Así que esto se convierte en una batalla de muy pocos individuos dentro de una masa infinitamente mayor.

    -¿Y cómo se combate en esa batalla?
    -Negándose a claudicar. Hace nada tuve un amigo que tuvo un buen jaleo por Twitter, pensando en si borrar el tuit, disculparse y su puta madre. A mí son cosas que me parecen muy truculentas de esta sociedad, pero yo en estos casos, siempre digo lo mismo: el error es disculparse. Eso es dar la razón. Eso es ponerse ‘la mordaza’. Así que hay que aguantar y hacer una labor divulgativa de lo que ahí sucede porque siempre hay alguien que está dispuesto a escucharla y comprender [hay reflejos al grueso de esta conversación en el videoclip arriba enlazado].

    -¿Cuál sería el genotipo del violento en las redes?
    -La gente más agresiva, en un porcentaje altísimo, tiene una bandera en su avatar. La bandera de su región, la de España, el escudo de un equipo, el logo de un partido político… nadie se imagina hasta qué punto eso es una constante. Yo creo que merecería la pena estudiarlo. 

    -Volvamos a hablar de tu actividad. ¿Ves el programa?
    -No. Casi nunca. Es una cuestión de biorritmo. Después de pasar todo el día allí y de estar al tanto por imperativo de todo lo que va a suceder, cuando llego a casa o cuando salgo del trabajo, lo último que quiero hacer es ‘seguir en el trabajo’. 

    -¿Cuál es tu fuente primordial de ideas para esas cortinillas?
    -Mi mayor fuente de inspiración es la Agencia EFE. Lo que hago, básicamente, es ver las imágenes de las agencias y pensar en ello. Solo. Mi sensación es que meto ideas en esos huecos de las imágenes. A menudo en los espacios donde nadie ve nada de esas ruedas de prensa que acaban en los telediarios. A mí me gusta así el trabajo, mirando esas imágenes en solitario. Espero que siga así.

    -¿Cómo surge ese ‘puesto de trabajo’?
    -La idea ha ido evolucionando, pero cuando empezamos no sabía muy bien qué iba a ser, qué iba a hacer. Las primeras propuestas eran algo así como mezclar cosas, cuanto más dispares mejor. La televisión no es algo inabarcable, es algo finito, y los contenidos son muy parecidos, así que mezclar a un político o a Ortega Cano con según qué otros brutos le da un dramatismo poderoso a la pieza. Es fácil, visto así. Y vas probando cosas todo el tiempo. Muchas no encajas, pero sigues. 

    -No ves El Intermedio, ¿pero ves televisión?
    -No mucho. Lo que me toca por imperativo laboral. La televisión que veo es HBO y Netflix.

    -En la extinta Canal Plus, dentro de su programa Lab, llegaste a tener un proyecto de serie con ciertas conexiones a tus vídeos para El IntermedioCien enfermedades incurables. ¿Qué fue de ella?
    -Ni siquiera llegó a suceder. Iba a ser una especie de… no sé. No llegó a definirse. Recuerdo que era una idea muy experimental y que nació justo antes de que empezara a haber recortes por todas partes. El proyecto Lab no salí a flote y se quedó un poco varado, aunque yo lo rescaté por mi cuenta. Saqué varios vídeos. Uno de ellos es el que nutre a Los reyes magos, que es de los más populares que he tenido. Todas esas ideas están por ahí colgadas.

    -Te lo pregunto porque dada la cantidad de material audiovisual que has creado durante estos años, tu conocimiento del medio y tus relaciones, ¿nadie te ha propuesto hacer una serie? ¿Tienes en mente esa posibilidad?
    -Bueno, es algo que está ahí. Es muy complicado, claro. Me parece un trabajo gigantesco… inabarcable. Me aterra. Acostumbrado a trabajar rápidamente para obtener resultados. En plan, ¿qué haré hoy? Haré siete vídeos que empiezan y que acaban. Y el retorno en unas horas me satisface mucho. Hacer el trabajo y obtener un feedback en cuestión de horas… creo que me he malacostumbrado a eso. Es mi terreno, mi zona de conforto. Lo que no sé es si lo ha sido siempre, pero como lo he trabajado y es algo que está en mi carácter, pensar en una serie… es un mundo.

    -En toda tu obra hay un rasgo distintivo, casi obvio: el mensaje por encima de todo. ¿Qué piensas de aquellos que te rodean en el audiovisual o en la ilustración y que supeditan la publicación de su trabajo a conseguir los recursos técnicos más altos?
    -Me he encontrado bastante con esto y me parece absurdo. Lo único que importa, desde mi punto de vista, es tener algo que contar. Soy muy desprejuiciado con eso. Me lo paso por el arco del triunfo. No me interesa. Lo fundamental es que lo que cuentas se entienda. Para conseguir eso, tienes que alcanzar un mínimo común denominador. Si me hubiera tenido que esperar a tener una Red One [una cámara profesional] para hacer cortos… estaría esperando todavía. No habría contado anda en mi vida. Y si no puedo contar con un ilustrador acojonante para contar cosas, pues le doy salida. El tema técnico lo he percibido mucho más en el cine. Los cortometrajistas tienen estas cosas. Pero bueno, ahora creo que se puede hacer una pieza con bastante calidad técnica, más que aceptable, hasta con tu móvil.

  • Toni García publica un mini libro sobre el sketch y Micahel Palin (Monty Python) se lo prologa

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El guionista Toni García Peralta (del Autoindefinits de Conta Conta al Terrat), el mismo autónomo que capitanea la web satírica Rokambol, acaba de publicar El sketch. Cómo abordar su escritura sin torcerse el tobillo. Este mini libro, de unos 10 minutos de duración, cuenta con un prólogo de Michael Palin, uno de los ilustres miembros del colectivo Monty Python. El autor valenciano propone un original metasketch en el que los personajes debaten sobre las fórmulas, efectos y estructuras posibles de esta tipología de la escritura creativa. 

    En las siguientes líneas, García Peralta se sorprende por el interés en torno a su librillo, justifica su edición en castellano en inglés, valora la participación del comediante británico citado y levanta algunas acusaciones. La conversación ha sido transcrita de aquella manera.

    -Sí, buenas tardes. ¿Es usted Toni García Peralta, el autor de El sketch. Cómo abordar su escritura sin tocerse el tobillo?
    -Sí y no.

    -¿Cómo?
    -Sí, soy Toni García, pero el libro ese lo escribió mi madre.

    -Bueno, pues es usted quien lo firma.
    -Sí, es que tenemos un acuerdo. Yo hago las lentejas y ella me escribe los libros.

    -¿Lo dice en serio?
    -No, por supuesto. El libro es mío, pero es que no esperaba que nadie me preguntara por él.

    -Tampoco pensaba publicarlo, por lo que me han dicho.
    -No. Me pidieron algo para el blog GuionistasVLC y escribí ‘esto’. Me pidieron una colaboración totalmente libre y, bueno, me divertí un rato. Estaba escrito sin intenciones pedagógicas ni nada de eso…

    -Y del blog al mini libro y en dos idiomas. ¿Cómo ha podido torcerse tanto la cosa?
    -Uno de los habituales lectores de Rokambol dio conmigo a través de un banner que a su vez redirige a mi página como guionista. Allí leyó el texto de El sketch y quiso editarlo en una nueva aventura editorial que surge desde Castellón (La Máquina que hace Ping). Vamos, que él tenía la intención de que se publicase y yo no me opuse. 

    -Es el segundo libro que publica sin tener intención de hacerlo.
    -Algo así. El primero, el de las historias de Rokambol, también me lo propusieron. Casualidades de la vida. Y buenos amigos. 

    -¿Cuántos se han impreso de este último?
    -1.000. Este hombre es muy atrevido y lo quiere distribuir en el mercado anglosajón y en Sudamérica. De ahí lo de que el libro esté en castellano y en inglés, empezando por cada una de sus caras.

    -Fue ese atrevimiento el que le llevó a lograr el prólogo de Palin.
    -Ese mismo. Lo intentó con John Cleese, pero se ha convertido en un tipo muy inaccesible. En esas estaba cuando, con una maniobra, un regate más bien, llegó hasta Palin.

    -Como guionista, ¿qué ha supuesto la obra de Monty Python entre sus influencias?
    -Son un ejemplo magnífico. He disfrutado mucho con ellos incluso antes de ser guionista. Y sigo siéndolo. Pese a serlo, digo. Son geniales.

    -Qué tiene el sketch que lo hace tan complejo.
    -Es una pieza particular, muy cortita. Necesita un gancho muy fuerte al principio, otro al medio y uno más al final. Y eso es todo, porque no da tiempo para más. 

    -El libro sirve también para relajar las posiciones con las ideas más estrictas en torno a su escritura. Por ejemplo, en torno a la presión que hay por encontrar un buen “remate” al texto.
    -Hay que romper con la idea del remate. Es una idea muy rígida y es una de las losas que tenemos los guionistas, siempre preocupados con ese remate. El libro también trata de desmontar la idea de la exageración y estas cosas del sketch.

    -Hemos hablado de Monty Python como referencia, ¿pero en España, cuáles son esas referencias?
    -Muchas. Hemos tenido muchos programas que han estado muy bien. Para mí, El Terrat siempre ha sido una referencia. Si hablamos de programas, Homo Sapiens o Polonia. Ambos son ejemplos muy evidentes. O Vaya semanita.

    -En todos hay una importante carga de actualidad. ¿Es un recurso de éxito?
    -No es el único. El absurdo o la cotidianidad también son recursos muy buenos.

    -En los próximos meses o años [con total seguridad, este mismo siglo] se reabrirá la televisión pública valenciana. ¿Espera que haya programas de sketches de partida?
    -Sería fantástico. Es necesario en cualquier televisión de servicio público. Después de tantos años de oscuridad, harían falta buenos programas de sketches de humor para divertirnos. 

    -¿Programas de sketches en los que se pueda nombrar a los políticos del momento?
    -Sería conveniente e higiénico. Es incluso bueno para ellos, si lo quieren ver. Porque pueden corregir su política. O lo que sea. Pueden corregir hasta su manera de andar. Todo.

    -La conversación se ha alargado porque soy incapaz de encontrarle un remate. ¿Me ayuda?
    -Es que así, en directo, a contrapelo…

    -¿Podríamos rematar dejando aquí sus datos de contratación? Creo que ha sabido cómo venderse.
    -No, gracias. No hace falta. Pero, vamos, que escribiendo para Autoindefinits teníamos prohibido hacer nada en torno a personajes como Rita Barberá. Incluso, más adelante, nos dejaron claro que nada de mujeres gorditas con vestidos rojos y la permanente. Ahora me gustaría hacer cosas del tipo madurito que va en bicicleta. 

    -Esta respuesta le pertenece a una pregunta anterior. Igualmente, creo que servirá como remate.
    -Sí, lo siento. Cuando no soy el que escribe siempre me sale el texto algo torcido.

  • Venga Monjas y el espectáculo escénico más asqueroso de España

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la biografía de Venga Monjas de YouTube Xavi Daura y Esteban Navarro aseguran seguir siendo «dos niños mimados de Barcelona». 11 años después de haber abierto ese canal, 12 millones de reproducciones y 69.000 suscriptores más tarde, su webserie Da Suisa se ha convertido en la excusa definitiva para explorar la última frontera entre el humor y la expiación colectiva. Desde su primer vídeo y en cualquiera de sus cortometrajes, incluso en sus trabajos -más diluidos- para series como Museo Coconut o Retorno a Lilifor-, ese afán por encontrar placer en la incomodidad del espectador se ha dado la vuelta por completo con la versión en vivo de esta suerte de remake de los Simpsons en la que el guión es una improvisación junto al público. 

    La propuesta no es precisamente clandestina. Ellos mismos se promocionan asegurando que «el asco ha llegado a tu ciudad. El dúo cómico Venga Monjas vuelve con una nueva temporada de su show más apestoso: Da Suisa. La familia más asquerosa de internet vuelve a los escenarios presentando nuevos capítulos en primicia y paridas en vivo que provocarán las arcadas de mayores y pequeños». Aprovechamos el menú para conversar en torno a su momento profesional y a la histriónica propuesta que este sábado 25 de marzo estará en el Espai Rambleta

    -¿La intención con vuestro directo de Da Suisa es llevar al espectador al límite?
    Xavi Daura: «Es el espectador el que nos lleva al límite a nosotros».
    Esteban Navarro: «Son los que provocan todo. Nos sorprende las barbaridades que podemos a llegar a hacer en el escenario. O a decir».

    -Es decir, que la autocensura…
    Xavi Daura: «La marcan ellos, pero, visto lo visto, no tienen».

    -El humor se ha convertido con propuestas como la vuestra en algo terapéutico. ¿Es algo así como una forma de gritar contra a la corrección política?
    Xavi Daura: «Es totalmente así. Es liberador. Terapéutico es el término más adecuado. Da Suisa está funcionando porque nos demuestra que es posible ser un bárbaro en la vida. Que es posible liberarse desde lo más bruto, entre colegas, hacer el burro hasta límites insospechados». 

    -¿Sin límites?
    Xavi Daura: «No hay pretensión de ofender o de pasarse de la ralla. Es la naturaleza. Es lo que surge y lo que nos complace en ese momento. Lo que surge si no pones límites y, a veces, son situaciones muy jodidas».

    -¿Sin guión?
    Esteban Navarro: «El show se va formando espectáculo a espectáculo. Todo está super abierto. El público propone mucho, aunque haya números definidos».
    Xavi Daura: «El guión parte de algo así como una parodia de los Simpsons, de sus capítulos más famosos. Capítulos que nos sabemos de memoria porque somos más que fanáticos. Eso evoluciona a ideas muy raras, que en el caso de la webserie surgen durante el rodaje y en directo, sobre el escenario. Así que del guión podemos decir que sabemos cómo empieza, pero nunca cómo acaba».

    -Y, con esa premisa, de repente, os habéis convertido en algo así como rockstars, de gira, compartiendo escenario con amigos y haciendo el espectáculo que os da la gana. 
    Esteban Navarro: «Es una gozada lo de hacer carretera con amigos de toda la vida, preparar los CD’s para escuchar por el camino, comer en áreas de servicio, durmiendo en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en los shows… joder, sí. Rockstars… pero rockstars no sé de que época.

    -¿El humor es el nuevo rock?
    Xavi Daura: «Sí, sí. Totalmente. Es el nuevo rock. Supongo que tiene que ver con la crisis en el mundo del entretenimiento. Las industrias empezaron a recortar a lo bestia. También la televisión que dejó de tener ese halo de glamour, que dejó de estar bien pagada. A la vez surge el entretenimiento en internet que tiene toda la libertad del mundo y al que se acaban sumando. 

    -¿Os sentís algo así como rockstars?
    Esteban Navarro: «Rockstars… sí. Es una gozada hacer carretera con tus amigos de toda la vida, preparar los CD’s de música para el camino, comer en áreas de servicio, dormir en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en el espectáculo… no sé en qué época le escupían a los rockstars, pero si era así, sí».

    -¿Qué os viene a la cabeza al contrastar este momento dulce con los 11 años de navegación y clips en YouTube?
    Ernesto Navarro: «Pues que tenemos el culo pelado ya. Pero también nos sirve para poder repasar la cantidad de capas y registros que hemos abarcado hasta llegar a Da Suisa«.

     -En esa década habéis atravesado todo tipo de límites. ¿En qué momento sois conscientes de que todas esas ideas que van en todas direcciones pueden ser una posibilidad de realizaros profesionalmente?
    Xavi Daura: «En el momento en el que te pagan por ello. Ese momento en el que te sientes ‘un profesional’ del asunto. Eso te guía, te marca».

     -En vuestro caso intuyo que fue un momento frágil, porque precisamente veníais de mantener una expresión totalmente descarrilada, muy difícil de ‘patrocinar’, muy difícil de ‘comprar’. ¿Cómo fue ese proceso?
    Xavi Daura: «Exactamente. Fue jodido. En ese momento tienes que creértelo y, a la vez, cuidar lo que haces y saber por qué se han fijado en ti. Nosotros, igualmente, somos muy conscientes de que los trabajos en televisión o los espectáculos son finitos. Esto no son trabajos de por vida, así que cuanto más cuides los proyectos que haces, a largo plazo, te irá mejor».
    Esteban Navarro: «Yo creo que el momento de clic fue cuando nos cogieron para trabajar en Museo Cocnout. Eran nuestros primeros sueldos sin más explicación por esto que hacemos. Luego ya se va juntando con que puedes ir haciendo tus ideas y financiarte. De repente, puedes ir empalmando proyectos y vas creciendo hasta que encuentras algo como el directo, como lo de ahora, que hace que te vaya bien. Es un proceso muy lento y nunca tienes la sensación de haber culminado porque una noche va de puta madre y al día siguiente no tanto».

    -¿Pero se puede decir que estáis en un momento dulce en Venga Monjas?
    Esteban Navarro: «Ahora mismo sí, porque los momentos de gira, como las rockstars, vas de subidón. Pero la rutina continúa en casa, con el canal, con los trabajos diarios… las giras siempre se acaban. Por desgracia».

  • David Trueba: “El paso del tiempo es ‘el gran asunto’ en mis películas y libros”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    David Trueba y Jorge Sanz se aproximan a los 50 y los números redondos, como checkpoints vitales, «pesan. Son como barreras a las que creías que nunca ibas a llegar. No te puedes creer que tus hijos ya tenga esa edad, que tú tengas la edad de tu padre cuando estaba en tal o cual situación, la edad de aquella persona que veías tan mayor hace unos años…». Los giros del guión durante estos primeros 47 años les han llevado a compartir (y mucho) juntos, aunque nunca tanto como con esa rareza de la televisión española que es ¿Qué fue de Jorge Sanz?. Una separata surgida en 2010 y llamada a unirles personal y creativamente hasta los restos.

    Este martes, Trueba, Sanz y Eduardo Antuña, representante del actor en la ficción, presentaron en el Espai Rambleta el octavo capítulo de la serie. Una serie atípica para la televisión española y surgida en el cobijo de la producción de Canal+ entonces y Movistar+ ahora, «imposible» de ubicar en la oferta de los canales generalistas en España, como apunta el escritor y director de cine en esta siguiente conversación. Ni comedia ni tragedia, este octavo capítulo se presenta -todavía más- como un verso suelto: hora y media de una nueva trama que abunda en la azarosa vida del actor que se ha descolgado del star system.

    Trueba y Sanz confirman con este capítulo especial que la serie, «para ser fiel a su origen, a lo que queríamos contar», se quedará abierta para siempre. Así el autor de Cuatro amigos y Saber perder, entre otras novelas (la última está a punto de llegar a las librerías), podrá dar rienda suelta a través de la ficción televisiva «a ese ‘gran asunto’ que mueve a los hombres: el paso del tiempo». Un tema central en su obra y que está acompañado en la última entrega de ¿Qué fue de Jorge Sanz? por el ya citado Antuña, Elena Furiase, Lolita, Willy Toledo, Pablo Carbonell, Pedro Ruiz, Gonzalo Suárez y Antonio Resines.

    -Jorge dice que ya no quiere interpretar otro papel. ¿Cómo ha cambiado la serie al personaje o el personaje a Jorge?
    -Le han cambiado muchas cosas a nivel vitad. Estamos en una edad muy de cambios. Estamos entrando en otras dimensiones de nuestras vidas, en cuanto a la salud, la familia, las relaciones… él es el que más disfruta de la serie. Es quien me empuja a que rodemos más y hagamos más. Yo soy algo más prudente. Lo que a mí me gustaría es ir acompañándole, filtrando cosas que le pasan a él y cosas que le pasan a los actores en España, como ha sucedido con este capítulo especial. Pero no solo cambia él, cambia todo a su alrededor, incluso ese panorama de los actores. Y es muy entretenido eso. Al final, esta es una serie sobre el paso del tiempo que, para mí, en todas mis películas y mis libros, creo que es ‘el gran asunto’. 

    -¿Con Qué fue de Jorge Sanz, pretendes que el espectador reflexione sobre las virtudes de reírse de uno mismo?
    -Claro. Es una cosa está muy entendida en la cultura anglosajona, el self-deprecating. El humor sobre uno mismo. A los españoles nos supera ese miedo: nadie quiere que ninguna situación le desborde, que nadie se burle de él, incluso, cuando lo está pasando mal, todo el mundo disimula. Esta es una serie muy catártica, porque habla del fracaso, del olvido, de cómo a veces las personas que han sido muy famosas se convierten en un juguete roto, son tiradas a la papelera porque ya no son útiles. Esta serie habla sobre esos golpes y los muestra de una manera cruda. Y, claro, la gente no está habituada. Con Jorge hicimos un ejercicio tal de autoparodia que para mucha gente era muy sorprendente. A lo largo del tiempo, con la consolidación de la serie, si que se considera terapéutico, sobre todo en el mundo de los actores.

    -¿Él dice que se ahorra mucho dinero en terapéutas?
    -Sí, bueno, se lo debería gastar aun así porque hay terapéutas muy buenos que le harían bien.

    -Es una serie que no deja claro si es una comedia o una tragedia, algo más habitual precisamente en esos países sajones. ¿Crees que no tendría cabida en los canales generalistas españoles como serie?
    -No, no creo. Es un formato único y el espectador que lo ve tiene que tener un paladar especial. Una especie de talento, digamos, para desentrañar dónde está la serie. Es verdad que puede tener una lectura primaria muy agradable, pero entiendo que los ejecutivos de las televisiones… es más para un canal de pago, un canal más exigente con lo que emite. Para eso están. Si fueran igual que los generalistas, no deberían existir. Hay espectadores para todo y está bien que así sea, pero es una serie para ese tipo de canal.

    -Hace poco, Juan Diego Botto que está rodando una serie en Estados Unidos (Buena conducta) decía que no ve más talento allí, pero sí más recursos. Las series de televisión de culto, de hecho, las ve una minoría de espectadores en aquel país. ¿Todo se reduce a una cuestión de tamaño?
    -Me temo que sí. Es una industria que, desde allí, se dirige al mundo entero. Nosotros somos una sociedad colonizada por el entretenimiento americano y es una cuestión de óptica de mercado: su mercado es el mundo. Una serie minoritaria para ellos, como han podido ser Los Soprano y The Wire, se convierte en una serie mayoritaria por los minoritarios de todo el mundo. En Estados Unidos, efectivamente, las ve muy poca gente. En el caso de The Wire, directamente, un fracaso de audiencia. Estamos en la misma tesitura, pero ellos tienen un ‘patio’ más grande.

    -La serie es una obra de amor por los actores. ¿Lo han percibido?
    -Sí y me lo han hecho sentir así. Los actores están acostumbrados a que el público tenga una percepción de ellos solo en el éxito y nunca nadie se pregunta qué sucede con los miles de actores que no están en esa situación. Los que han sido famosos, rentables o ganaban dinero y ahora no están ahí. O la gente que se ha hecho mayor. Los actores perciben que hay un elemento en la serie que busca esa realidad. Tanto lo que se habla en un segundo plano, como puede ser de gestos agrios y críticos de sus propios compañeros, pero también la ternura esa que hay en sobrevivir, en su supervivencia. A veces salen estas encuestas de cuántos actores pueden vivir de su trabajo y son demoledoras. Que un hijo diga que quiere ser actor, todavía, es como… dios mío, de qué va a vivir. Yo he vivido rodeado de actores toda mi vida y para mí son gente extraordinaria, difícil de retratar. Son como metáforas del mundo, de cómo el mundo tritura a las personas. No nos vamos a engañar: la vida es dura y los actores lo experimentan de una manera brutal, porque todo pasa por su físico, con sus miedos, con su rostro, con sus complejos…

    -¿Por qué un solo capítulo?
    -Movistar es una casa maravillosa para nosotros por concedernos este privilegio. Más allá de tener un formato distinto, porque lo necesita, porque es distinta a las demás series, en mi caso soy una persona que se dedica a otras cosas… estaba terminando una novela justo a la vez, encerrado, y hacer el episodio es tomar aire, pero tenía que compaginarlo. Yo les plantee después del éxito de la primera temporada que podíamos hacer una segunda y exprimirlo o ser fieles a lo que queremos contar en la serie y aportar ese envejecimiento y esa evolución del personaje. Es decir, utilizar el paso del tiempo y el filtro de la vida para dar una verdadera identidad a la serie. Esto, la gente en general, en la industria, no tiene capacidad para hacerlo, pero lo hemos conseguido.

    -¿Te ves haciendo una serie al margen? ¿Te atrae el formato?
    -Sí, es un formato que me gusta mucho. He tenido algunas ofertas, pero encontrar la que quieres hacer… soy muy particular. Lo que no me gusta es ponerme a hacer cosas en las que no creo o no siento. Hacer algo porque se lleva en ese momento… no. Tiene que ser algo que sienta y si algún día esa idea aparece, pues espero tener la oportunidad de hacerlo. Habrá que pelear entonces por ello, porque aquí nadie regala nada.

    -¿Seguirás utilizando actores no profesionales?
    -Sí. Lo he hecho casi siempre. En mi primera película (La buena vida) o en Vivir es fácil con los ojos cerrados hay actores no profesionales. Me gusta, me parece un reto para mí y un reto para los actores interpretar con ellos. En el caso de la serie es casi obligatorio, porque busca generar unas sensaciones distintas a partir de la realidad, pero tanto en la serie como en cualquier otro proyecto, es algo que me gusta.

  • Ignatius Farray, el cómico ‘en bruto’ que hace de lo bizarro algo único

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pocos estímulos tiene la historia de la literatura para un adolescente como La conjura de los necios, la novela del malogrado John Kennedy Toole. La novela es la apertura a un humor de situaciones, donde la carcajada se mantiene bate desde la parte trasera de la mandíbula y el humor no vive de explosiones, como sucede con los chistes, sino que funciona como un crescendo de sorpresa y desconcierto hilarante a lo largo de la peculiar historia de Ignatius J. Reilly, su memorable protagonista.

    Ignatius Farray, el alter ego de Juan Ignacio Delgado Alemany cuyo nombre proviene de la novela de Toole, ha asustado con su humor a mucha gente durante algo más de una década. Gracias a sus cameros en La Hora Chanante, el programa que actualizó la comedia en la televisión española, empezó a hacerse popular, pero fue a través de la llegada en tropel del stand-up comedy a España cuando tuvo la oportunidad de hacerse un profesional del humor.

    Como reconoce al espectador, su figura dentro del establishment monologuista no ha hecho más que crecer. La razón: haberse presentado durante años como un comediante de trazo grueso, agresivo desde lo siniestro, imprevisiblemente incorrecto, capaz de asustar al espectador para, finalmente, sacarse de la chistera una serie como El fin de la comedia. Emitida en Comedy Central, es lo más próximo que la televisión y el humor en España ha estado de Louis C.K., o sea, de entender al humorista poliédrico como es Ignatius: «más bien tristón y callado cuando no estoy sobre el escenario», detalla a ValenciaPlaza.com.

    Este sábado 13 de junio estará en La Rambleta a partir de las 22:30h para dar rienda suelta a un humor bizarro, estridente, pero capaz de generar una reflexión en el mismo espacio. Él siempre ha asegurado que Ignatius tiene poco de personaje y mucho de él: «la diferencia es que cuando estoy arriba soy imprevisible, porque no es un personaje meditado, pero simplemente es el que surge».

    Ignatius confirma que los inicios no fueron sencillos. Cuando volvió de Londres, donde se había ido a trabajar tras acabar Comunicación Audiovisual y no encontrar trabajo, tuvo que encontrar dónde actuar y qué contar: «allí iba a muchos comedy clubs y al volver lo que me encontré fue con la explosión de El Club de la ComediaHabía empresarios de discotecas que querían que les llenaras el jueves por la noche de gente la sala, cosa que ha cambiado, y me costó encontrar el tono pero la razón básica fue la de sentir vergüenza, vergüenza propia ante algo, y no hacerlo».

    Este tinerfeño asegura ser «peor cómico de que pensaba que podía llegar a ser». Su propuesta es bizarra, es bastarda, pero es sobre todo profunda. No en un sentido transcendente, sino en el significado fiel de traspasar capas y más capas en cada uno de sus monólogos y descubrir un humor que en realidad descubre una persona, más allá de la carcajada. Ignatius es quejoso y malsonante, pero ha sabido filtrar todas las etapas del stand-up (Lenny Bruce, Andy Kauffman, Bill Hicks…) y disfrutar ahora de un circuito de monologuistas extendido en España.

    «Anoche estaba viendo a un chaval de 18 años que ha encontrado en los monólogos su forma de interpretar su realidad. Y es un crack, se llama Lalo Tenorio, y me alegro mucho porque yo empecé con 29 años. Era a la edad a la que empezábamos aquí porque no había circuitos, pero ahora en Madrid cualquier comediante de toda España puede encontrar con facilidad una noche de ‘micro abierto’», añade.

    Ahora vive un momento dulce, que ha llegado con el paso de los años: «la gente viene a ver mi espectáculo con una idea de de lo que puede pasar. Cuando antes, de repente, le chupaba los pezones a un chico, la gente se asustaba. Ahora hay chicos que se sientan en primera fila y yo le digo que ‘me están jodiendo la vida’… nos reímos de ello ahora que la gente tiene menos rechazo hacia mí». Transgresor, provocador, son las capas, como las de una cebolla, las que generan un interés genuino en su humor. La lágrimas también son compartidas.