Categoría: Cómic

  • Putokrio, el webcómic ‘made in Valencia’ que crece desde el compromiso «con lo políticamente incorrecto»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Con apenas seis meses en su formato como webcómic, Putokrio es una de las creaciones de mayor crecimiento de la sátira online. El valenciano Jorge Riera es su creador como guionista y director, papel a partir del cual ha involucrado a los dibujantes Juaco Vizuete Josep Francesc Rico en Alicante, Àlex Red en Barcelona, Javier Peinado y Daniel García en Madrid o el palentino Félix Ruiz, el más internacional de este grupo de autores que trabaja, entre otros, para Marvel. 

    Lo que nació con collages en un blog dio el salto al mundo del cómic, pero antes se convirtieron en cortos de animación para Adult Swim, luego en una serie de tiras para Mongolia (donde sigue publicándose cada mes), más tarde más cortos para el efímero programa de Radiotelevisión Española Aslaska y Coronas, tras ello la novela gráfica y, finalmente, el webcómic. 

    «Hemos dado el salto al webcómic buscando mayor difusión», comenta Riera a Valencia Plaza. Y no es un formato causal por el devenir de los tiempos, costes o el trabajo a distancia: «el formato de novela gráfica no es el mejor para Putokrío. Nosotros nos basamos en historias cortas al contrario que la novela gráfica». Un ritmo que facilita «el baile de dibujantes y tonalidades», que según Riera «tampoco ayuda a que el público habitual de la novela gráfica nos apoye».

    La respuesta es cuantitativa: desde que hace apenas seis meses iniciaran esta deriva digital, el proyecto ha recabado algo más de 27.000 fans en Facebook. Para entender el impacto, Riera insiste en la presencia de «fans en Argentina y México, algo que no ha sucedido con la novela gráfica o que tampoco ha logrado por su cuenta la sección en Mongolia». De hecho, la idea de alcanzar una mayor difusión ha despertado el interés de otras editoriales.

    El salto definitivo al papel tras la promoción online

    De hecho, este progreso hace que Putokrío se encuentre próximo a dar el salto al formato papel «en una serie cuatrimestral con tres historias de diez páginas por número, cada una dibujada por un dibujante diferente». El principal interesado en vestir de largo al proyecto con total independencia es la misma editorial que ya recogió el fenómeno online Mierdecitas, Libros de Autoengaño.

    De todo el proceso, Riera admite que la mayor monetización del proyecto ha sido en el ámbito televisivo, además de su participación en Mongolia. De hecho, por otra vía, Riera trabaja habitualmente en canales de animación para públicos infantiles y juveniles como Boing o Nickelodeon. Sobre Putokrío, «la idea es que el éxito en internet sirva de plataforma para otros proyectos que sí se moneticen, como la serie en papel, una película de animación… pero sólo son proyectos».

    El salto definitivo al papel tendrá una entidad propia, «entregas de unas 40 páginas, cómics cortos». 

    Un compromiso con la incorreción política

    «Nuestra comedia trata de cuestionar los sistemas de pensamiento actuales», define Riera. El lector, el televidente, el consumidor online, no puede quedarse indiferente. «Buscamos provocar una reacción en el lector, bien sea de regocijo como de rechazo, pero provocar una reacción». La incorrección política impera en una comedia salvaje, «que ataca a diestro y siniestro sin importarle lo ideológico. Su único compromiso es con lo políticamente incorrecto».

    Putokrío, en esencia un alter-ego de Riera, «sirve para exorcizar demonios y darle forma a mis propios pensamientos. Con tanto ruido es imposible detenerse a meditar y Putokrío es la forma de hacerlo evitando ese ruido». Esta suerte de «terapia» también sirve de contrapunto personal con el humor «más blanco» que él mismo desarrolla para televisión. 

    Explorando los límites del humor

    Riera, preguntado por los límites del lenguaje que transita Putokrío, responde: «¿quién pone los límites?». Y el tono y los temas también esconden respuestas inesperadas, «de lectores perturbados». A menudo, «se piensan que soy yo y no un alter-ego y me cuentan historias muy macabras pensando que soy como ellos». El guionista y director aclara que Putokrío es «la destilación de mis zonas más oscuras, una hipérbole, pero yo estoy lejos de ser un psicópata; de hecho, todo lo contrario». No obstante, «entienden que es humor y si nos siguen es porque les gusta lo que hacemos». Aun así, Riera acepta que trata «temas tan delicados como el feminismo, el bullying o la inmigración». 

    En el sentido más personal, Riera distancia el sentido de la comercialización del proyecto ante «la posibilidad de colaborar con tantos dibujantes. Es lo más enriquecedor, porque cada uno te aporta un estilo, una visión diferente, algunos endurecen tus historias, otros las sofistican, otros las suavizan…». El autor destaca que «cada tipo de historia pide un dibujante diferente», pero en un sentido más pragmático destaca que le gusta «agilizar el proceso, que sea inmediato desde que escribo el guión hasta que se publica el cómic, por eso trabajar con muchos. Es una cuestión meramente práctica a veces».

    -¿Con que dibujante te gustaría desarrollar alguna de las próximas ideas? ¿Has pensando en contactar a alguien de cara al lanzamiento editorial?
    -Me encantaría poder hacer algo con Mireia Pérez. También sería un sueño que Carlos Giménez dibujara uno de mis guiones. 

    Por el momento, la serie ya se encamina a su formato de cómico corto desde la total independencia, algo para lo que ha sido «vital» la difusión a partir del formato de webcómic donde las ideas irreverentes, políticamente incorrectas y a menudo personales siguen 100% accesibles de manera gratuita.

  • Las aventuras de ‘M’: una historieta moderna de los 80 sobre pitillos, jazz, sexo y mujeres fatales

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La editorial Reino de Cordelia acaba de lanzar un álbum que, pareciendo haberse enfocado hacia la virtud comercial que genera la nostalgia, supone una interesante novedad en la historieta valenciana. Lo es porque, aunque Las aventuras de ‘M’ se iniciaran en el albor de los años 80, su distancia a través de la ficción la convierten en una experiencia gráfica totalmente vigente, pero sobre todo sugestiva: una distopía cercana, clubes de jazz, pitillos de ambiente, misiones -y pasiones- oscuras y, sobre todo, mujeres que de forma decidida o accidental conducen a la perdición.

    Así, el trabajo de Manel Gimeno (Valencia, 1958), más conocido como Nel Gimeno, cala con el mismo peso en 2016 con el que lo hiciera en publicaciones como Bésame Mucho. Aunque su carrera evolucionó a partir de los 90 como ilustrador de novela juvenil, creador de storyboards de cine o campañas publicitarias, Las aventuas de ‘M’ son, posiblemente, su trabajo fundamental.

    Así, Maximiliam Milanovic, el fascinante personaje creado por Gimeno (con ocasionales participaciones de Mique Beltrán en los guiones) aborda la idea de un mercenario errante. Las tramas en las que se sumerge le son sobrevenidas y, como una metáfora constante, ‘M’ lucha contra su propio sino una y otra vez, esquivando la muerte pero sin la adulteración de un superhéroe.

    En este álbum titulado Flash Back en Negro, como el título de una de sus series, se aporta un cantidad de materiales únicos para completistas. Así, nos acercamos a la primera historia de ‘M’, esencial para conocer su fisionomía interna y externa. Además, completamos escenas y recuperamos algunas de sus malditas vicisitudes. Historias, en definitiva, trufadas de guiños al mundo del cine negro y el jazz a través de sus nombres propios: Coltrane, Costello, Reinhart, Lauren Bacall… etcétera.

    La actualidad de ‘M’ le lleva a ser honesto con una resistencia ante el sistema corrupto, donde la mafia y el sistema policial (Interspal) se entremezclan con natural agresividad. Es el mundo que Gimeno combate a través de un personaje que, eso sí, con su aire de dandy y su vida al límite no deja de aprovecharse de la libertad del autor para enfrentar un caudal constante de cuerpos voluptosos, en una historieta generosa en senos así como en una visión de la mujer de mayor corrección política en su época original.

    Cuestión de mujeres

    Porque las mujeres de ‘M’, sin el menor rubor, suelen estar implicadas en generar las problemáticas tramas. Como colaboradoras necesarias, como mujeres fatales e, incluso, como aburridas y posesivas esposas. El protagonista vive al sexo femenino como un mal inevitable, al que acude -como al jazz y los pitillos- de una manera automática, pese a que su compañía no le acarree más que problemas y callejones sin salida. 

    Y todo ello se desarrolla en un futuro lleno de guiños al pasado de los 80, a través de los citados y románticos clubes de jazz, pero también con ciudades de moda para la época, máquinas de tacos (pinballs) y los luminosos sobre las fachadas cosmopolitas. Son precisamente las escenas de calle, atestadas de arquitectura, coches de los años 50 y gabardinas las que mayor desprecia visual aportan, junto al interior de los locales de música. Cualquiera de ellos ya ‘pagaría la pena’ de este álbum, generoso para entender el valor de lo que se llegó a llamar Nueva Escuela Valenciana -del cómic- y que tendrá su gran exposición generacional en cuestión de meses en el Institut Valencià d’Art Modern.

    El caso de ‘M’ es tan moderno que hasta bebe gin tonics en plenos inicios de los años 80, en un recopilatorio del cual se podrían capturar escenas tan memorables como la muerte de Tonino Costello. Ahora, con todas sus pequeñas grandes historias en contexto continuado, Gimeno recupera una posición interesante en la citada escena (o Escuela), quizá penalizada por la oscuridad de su referente y la limitada producción en torno al mismo.

  • Un film celebra los 100 años del tebeo valenciano

    Publicado originalmente en Culurplaza.com

    En un siglo de tebeos, los héroes de papel valencianos se han comido el protagonismo de sus dibujantes. La principal aportación de la ciudad al mundo del cómic, las historietas y los ‘cuadernos de aventuras’ han sido precisamente sus editores y dibujantes. De la producción y éxito nacional de series como Roberto Alcázar y Pedrín o El Guerrero del Antifaz (Editorial Valenciana) a Pequeño Pantera Negra (Maga)pasando por mantener a un dibujante titular en Marvel (Salvador Larroca) y, finalmente, nombrar hijo predilecto de la ciudad a uno de los autores internacionales de novela gráfica más vendidos del mundo (Paco Roca).

    Aun así, la mayoría de ellos son hombres anónimos. Anónimos, por cierto, casi sin excepción hasta la última década. Pero todo empezó de una forma más prosaica; religiosa, de hecho. Las estampitas de santos lanzadas en las procesiones iniciaron la inquietud por la lectura vinculada a las imágenes. Eran historias de un solo impacto, acompañadas de un texto breve. La explosión del número de imprentas en Valencia y en ciudades próximas como Xàtiva extendió la atención por estos grabados grabados  y Aucas.

    Justo en la acera encontraba se empezaban a generar otras historias que vinculaban el dibujo con el texto, como las de La Traca, la revista satírica de Vicente Carceller que marcó la pauta a finales de siglo XIX y explotó durante los inicios del siglo XX. Tal fue su vigencia que, durante las primeras décadas del pasado siglo fue la revista satírica más vendida «y creó escuela». Quien lo apunta es Quico Díaz, director de arte en cine y teatro, pero sobre todo fan del cómic y ahora director del documental Héroes del Tebeo Valenciano. La película se estrena el miércoles a las 11 horas en la Sala Luis García Berlanga de la Filmoteca de Valencia.

    Las Provincias se inicia con algunas de esas historietas en el suplemento Gente Menuda, pero es El Mercantil Valenciano el que consigue el primer gran éxito de las tiras infantiles como Colilla y su pato banderilla (Juan Pérez del Muro). «Colocaron hasta a una persona disfrazada de ‘Colilla’ en la puerta de la Lonja, vendiendo los tebeos», apunta Díaz. El documental parte desde este punto y cuenta como los editores como Carceller, que también sostuvo otras publicaciones como Clarín, o Méndez Álvarez lideraron la edición de revistas satíricas hasta que la Guerra Civil acabó con ellos. En sus casos, literalmente, ya que fueron fusilados.

    Pero el tebeo valenciano había hundido profundamente sus raíces y la gente, con la explosión de la alfabetización en las ciudades, había encontrado en los ‘cuadernos de aventura’ un refugio de ocio. Pintores como Enrique Pertegás, dinamizaban la industria y , nada más acabar la Guerra Civil, en plena carestía de papel, Editorial Valenciana se las ingenió para conseguir una cantidad lo suficientemente grande como para poner en el mercado nacional las historias de Roberto Alcázar y Pedrín, un hito de los años cuarenta.

    «Los cuarenta y los cincuenta fueron seguramente la etapa de esplendor del tebeo valenciano en el sentido de la edición y la producción. Éramos un referente a nivel nacional, con algunas de las historias más populares en España, como las que llegarían poco más tarde con Pumby Jaimito«, añade Díaz. Estos dos últimos títulos son responsabilidad de Juan Puerto y Soriano Izquierdo (como director artístico de las publicaciones), que contaron con numerosos dibujantes de humor valencianos. Más tarde, Manuel Gago, que trabajó en Editorial Valenciana, encumbraría títulos a partir de su propio sello, Maga, como El Club de los Cinco (Manuel Gago), o Pacho Dinamita (Miguel Quesada), Tony y Anita (Miguel Quesada).

    Le hegemonía de Editorial Valenciana y Maga, compartida con la barcelonesa Bruguera, fue acusando el paso del tiempo: «les costó adaptarse. No vieron el tirón de la ciencia ficción, de otro tipo de público que iba demandando otro tipo de narraciones. La sociedad cambiaba, la televisión se convirtió en un fenómeno de masas, y por si fuera poco las grandes editoriales, las valencianas y Bruguera, se enfrentaron a sus dibujantes por los derechos de sus originales». Lo que apunta Díaz fueron los juicios que solo ganó José Sanchis, el autor de Pumby, o incluso el propio Gago que perdió los derechos del Guerrero del Antifaz, de cuando trabajaba en Editorial Valenciana. «Hoy en día, finalmente, los derechos son de los familiares y autores», añade Díaz.

    Con las principales editoriales valencianas fuera de juego, los dibujantes no hicieron más que seguir apareciendo. «La evolución del tebeo valenciano es similar a la de España. De hecho, reconozco ahora analogías con los autores españoles que se vuelcan en el mercado exterior para poder desarrollar su vocación». Díaz recuerda casos como el de la producción de José Ortiz para revistas como CreepyEerie o Vampirella, en los años 70 y 80, o el fichaje posterior de Salvador Larroca por Marvel, para ser uno de los dibujantes titulares del guionista Chris Claremont.

    «En el documenta, Larroca cuenta como, tras un Salón Internacional del Cómic de Barcelona, ambos se bajaron a Valencia. Claremont le dijo que estaba harto de rascacielos y un número de Xtreme X-Men incluye escenas en la Plaza del Ayuntamiento o del Carmen», apunta Díaz. Así lo cuenta, en primera persona Larroca, reflejo de algo extensible al resto de nombres que actualmente sigue produciendo a nivel nacional e internacional: «son gente anónima, que pasa totalmente desapercibida por la calle, pero sobre todo humilde, accesible, muy humana».

    -Históricamente, ¿crees que los dibujantes de tebeos valencianos se han refugiado en ese anonimato para crear con cierta independencia?
    -«Creo que sí. Les ha gustado siempre ese papel, aunque no dejan de tener su amor propio. Por ejemplo, Rafael Boluda, me contaba que se emocionaba al ver su firma («R. Boluda») en el quiosco. No deja de ser el culmen de su trabajo y del sentido de su vida».

    Sento Llobell, Sergio Bleda o Paco Roca son, junto a Larroca, puntales de una generación que exporta eminentemente su talento: «es increíble, pero las novelas gráficas de Paco Roca se editan antes en Francia que en España, porque allí es un referente dentro de las librerías». El documental llega a la orilla con Tenderete, la feria valenciana de autoedición gráfica y sonora, con las transgresiones al entorno digital y una fotografía del escenario: muchos dibujantes, valorados nacional e internacionalmente, generando en el underground intelectual valenciano un poso memorable a través de fanzines y soportes fuera de mercado.

    Díaz es miembro de la Asociación Valenciana del Cómic, especialmente activa en los últimos años y empeñada en dar a conocer el trabajo de todas estas generaciones de dibujantes, así como de un grupo de trabajo con el teórico y divulgador Ricardo Guillamón. De la misma, Carlos Ciurana ha sido parte importante como ayudante de producción en el documental y ayudante del divulgador en los estudios. El enfoque de este trabajo, abierto al público aficionado al cómico como al público en general, está muy presente en el documental y en las Jornadas de Cómic de Valencia, que se espera vuelvan a celebrarse esta próxima primavera por cuarta ocasión.