Categoría: Música

  • Chocolate: libertad total en el reverso tenebroso de la Ruta del Bakalao

    Publicada originalmente en El País

    De Lords of the New Curch o Psychic TV. Un viaje al punto de partida de los años más interesantes de la “marcha” o “movida valenciana”

    España parecía haberse liberado (entonces) de una sombra terrible: la vuelta a las noches con toque de queda y la libertad vigilada. El futuro estaba marcado por la presión de la zona de confort europea y la frustración del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y la victoria socialista en octubre de 1982 encauzaron los siguientes pasos. Las voces compiladas en este relato radiofónico señalan esas dos marcas cronológicas como el punto de partida de los años más interesantes de la Ruta, aunque por aquel entonces se hablara de “marcha” o, muy ocasionalmente, de “movida”.

    La etiqueta ‘movida valenciana’ es una adaptación muy posterior realizada desde aquí. Surgió ya en el siglo XXI y tiene relación con algo que escuchamos en los primeros capítulos: la cantidad y calidad de algunos agentes artísticos, la cantidad y calidad de ideas y de locales confluyentes con la modernidad, tuvieron mucho empaque en la capital mediterránea. Pero fueron Madrid y su alcalde, Enrique Tierno Galván, quienes le pusieron nombre al momento. Desde luego, la capital había salido de un letargo exasperante y la efervescencia era tan rabiosa que los medios tuvieron a mano crear un star system musical que todavía hoy perdura.

    El Estado había encontrado un Caballo de Troya de toda aquella modernidad, instalado en cada una de las casas: la televisión. El medio protagonista de la segunda mitad del siglo XX crecía y se abría. Coincidiendo con el importante nacimiento de Radio 3, donde entraron a trabajar muchos jóvenes y, ‘víctima’ de su origen, surgieron muchos programas musicales, incontables desde mediados de los 70. Algunos de ellos exploraban las líneas más undeground y no podemos pasar por alto la convulsión que supuso en España ver cantar a unas chicas jóvenes y vascas aquello de Me gusta ser una zorra. Pero el escándalo de Las Vulpes en Caja de Ritmos sólo fue uno más. Ángel Casas y Musical Express deambularon por la parrilla y Paloma Chamorro recreó como nadie el ambiente bohemio y hedonista de las movidas en La edad de oro.

    En la serie hemos revisado incontables ediciones de esos tres programas, pero también de ‘Tocata’ y ‘Aplauso’. Este último, precursor del poderío del playback, un cáncer que fue minando el prestigio de los músicos progresivamente y a partir del cual se igualaban las posibilidades de artistas dispares. En esas horas y horas de emisión, en el episodio cuatro titulado Undeground recogemos extractos de los citados espacios Caja de RitmosMusical Express y La edad de oro. En todos ellos se adivina un ambiente que se hilvana con lo que está sucediendo en València: hay tensión en las pantallas porque los grupos extranjeros exponen una rebeldía y una libertad que le resulta inaguantable al común de los mortales que, por si fuera poco, sólo tiene dos canales y ningún mando a distancia.

    «Toni ‘El Gitano’ estaba rodeado de inadaptados y como él mismo admite: en Chocolate trabajaba la gente que no querían en ningún sitio”

    Todos esos espacios serán censurados. Habrá despidos y persecuciones profesionales. Pero, precisamente, los hechos y reversibles sucederán con bandas como Lords of the New Curch o Psychic TV, habituales en la noche valenciana. Muchos de los conflictos arribaron hasta la televisión pública estatal con imágenes, performances, canciones y actitudes muy establecidas en València. Las posiciones de uno de los dos lados a través de los cuáles se había empezado a polarizar la noche: si Barraca era luz, Chocolate logró convertirse en el reverso tenebroso de la Ruta. La posteriormente conocida como catedral de la música, se embutió en un contexto oscuro y lleno de malditismo con Toni Vidal a los platos.

    Vidal, más conocido como Toni El Gitano durante su larga trayectoria como DJ, ya había sido el responsable de locales tan siniestros como Hiedra (Montserrat). Lo cierto es que su vocación en Chocolate era “crear una secta” en torno a la música, “la manera de vestir y la manera de vivir”. Su equipo de trabajo estaba rodeado de inadaptados y como él mismo admite, “en Chocolate trabaja la gente que no querían en ningún sitio”. La sala funcionaba con un grupo electrógeno a gasoil que siempre se apagaba porque al que le tocaba ir a por la gasolina nunca llegaba a tiempo. En su parking, ni una bombilla. Dentro de la sala, libertad de expresión sin contemplaciones.

    Para encontrar su sitio, Chocolate se convirtió en el after de Barraca. Aunque le costó arrancar con las primeras horas, a las 6 de la mañana el rock, los sonidos industriales y algo de modernidad coordinada con la otra discoteca (situadas a 500 metros entre sí) disponían el menú musical. En el acompañamiento químico, seguramente Chocolate fue la que mejor empezó a hibridar las sensaciones y el baile con la mescalina, la sustancia ‘autóctona’. Lo que sucede en Chocolate tiene mucho que ver con la explosión de las tribus urbanas. Una búsqueda de identidad de la que hablan los catedráticos Javier de Lucas y Jesús García Cívico.

    ‘El Gitano’ adoraba la música en directo y quiso experimentar también con el marketing. Se le ocurrió la brillante idea de coger el dinero de que disponía en ese momento –no cabe olvidar que había sido promotor musical en espacios como Éxtasis o Nou Café Concert– para capturar a Killing Joke a su paso por Barcelona. Les dio el dinero que pedían y, tras un viaje plagado de todas esas anécdotas que rodean a Toni vidal, les hizo actuar a las 2 y a las 7 de la mañana en Chocolate. En el concierto de las 2 habría unas 50 o 60 personas, según cuenta él mismo y algún otro testimonio. Pero, obviamente, se corrió la voz. Cuando la sala estaba llena para el segundo pase, este chamán oscuro avisó que en adelante programaría sin avisar a las bandas internacionales del momento que le diera la gana.

    «Los clientes de Barraca y Chocolate, con vidas más que ordinarias entre semana, alcanzaban cerca de casa algo parecido a la modernidad. Allí eran importantes»

    Tras superar aquella lluvia de objetos, Vidal cumplió con su palabra y trajo a Flesh for Lulu sin avisar. Aquel anti-marketing (en realidad Chocolate fue el anti de todo) sirvió para que Chocolate no fuera sólo la némesis de Barraca, sino que tuviera su propia identidad. Y esa identidad no fue otra que abanderar el lado oscuro de la Ruta. Mientras València probaba las mieles del éxito comercial con la madurez de Glamour, el desparpajo de Betty Troupe y su primer disco de oro en la industria (‘La noche no es para mí’, de Vídeo), la ciudad proponía ideas más agresivas a través de locales como ‘Chocola’. Los gabanes largos y las botas militares que poblaban locales de la ciudad como Garaje también eran habituales allí. Las mujeres eran “más fuertes vistiendo que Ana Curra y Siouxsie haciendo un dúo”, dirá Joan M. Oleaque, autor de En Éxtasis (Barlin Libros, 2017).

    Los excesos llevaron a performances imposibles que se recogen en el episodio. Vidal, vestido con una túnica negra, a veces semi desnudo, con una cruz invertida en el pecho, arengaba a unas masas que ya eran destroy sin saberlo. Lo más importante de aquel duopolio entre Barraca y Chocolate (con permiso de Espiral en la zona norte) es que un número cada vez más numerosos de jóvenes había encontrado en el fin de semana, en la moda, en la música y en aquellos locales su identidad. De muy distintas tribus urbanas, todas exploradas a la vez en España, lo importante es que sus protagonistas, con vidas más que rutilantes entre semana, alcanzaban no muy lejos de casa algo parecido a la modernidad. Aquellas pintas estrafalarias el futuro del mundo que consumían por la tele sucedía allí mismo.

    Aunque los medios no mirasen a València, como admite por ejemplo Ana Curra en Bacalao: historia oral de la música de baile en València (Luis Costa, Editorial Contra 2016), esta ciudad se convirtió en un espacio confortable para las bandas más agresivas. Siempre encontraban más público y más dispuesto a ideas más oscuras. El punk valía y mucho, pero también el rock más agresivo, los sonidos industriales y, claro, el proto techno. La música que hacían las máquinas y no era precisamente para acolchar éxitos pop ochenteros, esas ondas duras que acabarían agudizándose, acelerándose e imponiéndose al discurso con el paso de la década, empezaban a sonar en locales como Chocolate. Siempre entre guitarras, pero de manera imparable, una pátina de la electrónica había empezado a avanzar y a dar sentido a algo que estaría a punto de suceder: la mezcla de ritmos y las sesiones ininterrumpidas de sonido.

    Eso sucederá en el quinto capítulo, con Fran Lenaers comandando la poderosas cabina de Spook Factory y la mescalina en su momento de apogeo. Como dirá Jorge Albi, entre el 84 y el 89 se sucedieron unos años de altísima intensidad creativa. Una València “muy cool” a la sombra del corto foco mediático cercado en Madrid.

  • Barraca y los modernos de pueblo de la Ruta del Bakalao

    Publicado originalmente en El País

    En la discoteca valenciana, entre selvas de cañas y arrozales, convivían tribus urbanas viendo tocar a Happy Mondays o Stone Roses y estaban prohibidas las peleas

    ‘Enamorados de la moda juvenil’, los nuevos aires llegan a Valencia de manera bastante fortuita: a más de 30 kilómetros de la capital y entre arrozales, donde la música alta no molesta, un veinteañero sin apenas experiencia pero con mucho talento acaba con el lento, las rumbas y la ‘música negra’. Sincronizarse con momentos para la sociedad en España como 1981 o 1982 supone un ejercicio de auténtico desaprendizaje. Porque lo habitual sería aproximarse a esos entornos desde los tópicos y las ideas que a cualquiera le vienen a la cabeza: 23-F, Estautos de Autonomía, el Mundial de Naranjito y la victoria socialista. Pero hay que desapegarse mucho más y tratar de entender la lejanía de aquella realidad para comprender lo que suponía la música como vehículo de comunicación y cómo llegaba hasta las personas. En esta serie documental lo hemos intentado de manera muy consciente.

    La radio y la televisión jugaron un papel fundamental en aquel entonces que acabará reflejado en los siguientes episodios, pero la cantidad de prescriptores y de flujos de entrada de discos fue extraordinariamente limitada. Ese es el punto de partida para entender por qué las discotecas tuvieron un papel capital en lo que se refiere a la música. Como dice Joan Oleaque en la serie, “es difícilísimo entender hasta qué punto Carlos Simó llegó a ser una figura legendaria en Valencia”. Quizá el primer dj estrella –a su manera– por la sencilla razón de saber programar a las mejores bandas estatales e internacionales en directo, pero también “por disponer de la música como muy pocos lo podían hacer en España”.PUBLICIDAD

    Carlos Simó, ese DJ fundacional

    “Los gays, los más oscuros, los que necesitaban expresarse y el franquismo no se lo había permitido, durante al menos unas horas a la semana eran totalmente libres allí”

    Nacido en 1955 en Valencia, criado en las calles del barrio del Carmen, Simó ha sido y es una persona inquieta. Como buena parte de los protagonistas de esta historia, trató de ser músico mucho antes que dj. En su caso, baterista. Su afición por la música le hizo interpretar las primeras sesiones de Juan Santamaria en Oggi de otra manera. Veía y sabía que la discoteca debía jugar un rol más extenso que el de convertirse en el lugar de ligoteo y peleas más habitual. Quería estar vinculado a aquel mundo y como músico había empezado a aceptar que no sería. Conocido en las tiendas de discos, ajenas a la importación y con escasez de novedades verdaderamente distintas, Carlos Simó fue primero camarero en Barraca y en 1980, por alguna recomendación velada y sin apenas experiencia, tomó el mando de Barraca.

    Allí empezó todo: con el precedente de Santamaria en Oggi, Simó decidió que en la discoteca de Les Palmeretes (Sueca) no volvería a sonar la música lenta ni rumbas. En la serie nos confía que le costó “algún disgusto con la propiedad de la sala”. El locutor y periodista musical Arturo Blay recuerda que costó máás tiempo del que ahora parece que el modelo de Simó triunfara: “hubo muchas noches de pistas vacías”. Pero Simó estaba convencido de cambiar “la música negra por música blanca”.

    Música blanca

    En aquel momento, esa idea no sonaba racista. El funky y la música soul arrasaban en las discotecas. Eran algo así como un ‘discurso único’. Una única voz que fue encontrando ritmos “que se podían bailar” hechos por blancos. Fue muy progresivo, pero Simó apostó por el rock, el punk, los nuevos románticos y todo lo que durante mucho tiempo se consideró Nueva Ola. Fueron fundamentales sus viajes a Londres, pero también alguna escapada a Estados Unidos y muchísima relación con Madrid. Las tribus urbanas empezaban a dinamizar estéticas y a generar adhesiones, aunque en Barraca convivirían varias de ellas a la vez.

    Desde todos esos flancos empezó a importar ideas, según hemos aprendido en la serie. También estableció relaciones duraderas con Radio Futura y tantos otros. Y sin quererlo o queriendo, dio con una tecla en la que nadie había pensado, pero que abrió un espacio de libertad real: la seguridad. No es que hubiera equipos potentes de seguridad en Barraca, sino que allí estaba prohibido que se liaran peleas al estilo del que se acumularían en salas no menos interesntes musicalmente como Metrópolis (en la ciudad).

    A 30 kilómetros de Valencia, entre selvas de cañas y arrozales, Barraca empezó a dar cabida a los modernos… ¡de los pueblos! La comunidad gay encontró su espacio, pero también los más extravagantes. Era un público “buscado” según Oleaque y mientras la Movida atravesaba a España “de cabo a rabo” (Francis Montesinos), Barraca se convertiráá en un espacio para los más inquietos de varias comarcas. Es una idea demasiado simple, pero todos coinciden que “a los gays, a los más oscuros, a los que necesitaban expresarse y el franquismo no se lo había permitido ni mucho menos, durante al menos unas horas a la semana eran totalmente libres allí”.

    “Salas que, cada sábado, montaban un happening festivo con performances de lo más locas y divertidas. Carteles, mucha moda y un discurso musical creciente”

    Es el germen artístico de un movimiento en el que Simó tiene un papel fundamental: él mismo irá contratando a actores de performances para ir dando color a las fiestas a lo largo de la década. Nadie ligaría hoy la Ruta a un grupo de salas que, cada sábado, montaban un happening festivo con performances de lo más locas y divertidas. Nadie pensaría que las fiestas temáticas y las horas de música lo suponían todo. Antes de que las drogas hicieran su aparición –o quizá al unísono, según el grupo de personas– Barraca inoculó la modernidad en Valencia a través de las artes. Carteles, mucha moda y un discurso musical creciente. En no mucho tiempo la gente que allí acudía dejó de pensar en el funky.

    Esa idea de “ocio de acción”, este fenómeno genuino y originario y que no tiene paralelismos en España, hizo que la noche valenciana cogiera caráracter: sonaban las guitarras, sonaba ‘música blanca’, no había peleas, había inquietud y esteticismo y la necesidad de ser hedonista y exhibirse ayudaban a redondear el cóctel. Felipe González pediría “a todos los españoles sumarse a labor de modernización”. Institucionalmente, ser moderno estaba bien visto y tras el 23-F parecía que había que consumir cada fin de semana como el último por si algo se torcía.

    Mientras la brigada 26, un cuerpo de arribistas que no eran policías ni estaban dados de alta en la Seguridad Social, imponía su ley en el servicio nocturno, donde nadie lo esperaba empezó a surgir la modernidad. Lejos de Valencia y donde la música, por alta que esté, no molesta a nadie. Las discotecas la música en directo como una parte esencial de su disfrute. Van a pasar muchos años para que eso cambie, pero hasta entonces Barraca acogerá conciertos de Radio Futura, Alaska y Los Pegamoides, New Model Army, Happy Mondays o Stone Roses.

    Hemos ido disfrutando de cada una de esas noches a través de decenas de voces, pero si algo nos ha quedado claro es que esa modernidad nunca hubiera llegado si, de manera bastante casual, Simó no hubiera ocupado la cabina de Barraca y hubiera hecho y deshecho con libertad durante la primera mitad de los años 80.

  • De las guitarras al bakalao: el inesperado origen de la Ruta

    Publicado originalmente en El País

    Antes de las discotecas, este movimiento estuvo marcado por el rock e incluso el twist. Exploramos los inicios que marcaron un camino de hedonismo sin retorno

    ¿Desde dónde empezar la ruta? Esta historia tiene muchos principios. Lo más fiel al objetivo del viaje era pensar a las discotecas. Entender cuándo nacieron y por qué. Para eso había que atravesar muchas décadas en sentido inverso. Rebobinar hasta el origen clásico de las salas. El que todos aceptan como el cambio fundamental. Y eso sucedió en el París ocupado cuando el jazz pasó a disfrutarse en gramófonos. Una solución capaz de esfumarse en cuestión de segundos si la policía llamaba a la puerta. La discoteca (dos platos para alternar las canciones, bolas de espejos, podiums, sillones…) se estableció tal y como la conocemos con los soldados estadounidenses de vuelta.

    Ese es el origen para fijarnos también en la música que sonaba. Y de los 40 a los 80, si tuviéramos que escoger un hilo conductor, ese sería el sonido de las guitarras. Distintas, pero presentes siempre. No es menos importante la llegada del twist, del cual hablamos largo y tendido en el capítulo. Primero para otorgarle un cambio decisivo: el baile individual y liberado de la idea de ligoteo; el segundo, la incursión gracias a ello de la comunidad gay. A lo largo de todo el relato, esa comunidad es crucial para la activación cultural y se va entrelanzando con las vivencias y recuerdos desde el Pepermint Lung o el Whiskey a Go Go hasta las discotecas de la Ruta.

    “La llegada del twist marcó un cambio decisivo: el baile individual y liberado de la idea de ligoteo y la incursión -gracias a ello- de la comunidad gay”

    Nombres propios

    Es posible que todos los capítulos de la serie se puedan reducir a un par de nombres propios. Estructuralmente así se han definido: un nombre propio de personaje y otro de discoteca. En este caso, los que sobresalen son los de Juan Santamaría y Oggi. El primero es el dj fundacional de todo el movimiento. Con una vida ávida de viajes y experiencias, su paso por ciudades turísticas como Granada, Ibiza o Sitges y sus travesías físicas por Amsterdam, Londres o Glasgow le dieron el background suficiente como para importar toda esa modernidad hasta Valencia. Sí, el solo. Sin más apoyo que el de su propia inquietud por una música –la británica– y una forma de hacer que importó casi por casualidad hasta su ciudad.

    Él conoció de primera mano las mieles del rock y el pop en la emisora parroquial de la pedanía de Castellar. Siendo adolescente vio el crecimiento turístico de Benidorm y de sus extranjeros con otra mentalidad. Sus trabajos en hoteles y salas de fiesta le fueron abriendo el campo laboral y, sin habérselo planteado, descubrió un oficio, el de DJ, para el que se sacó un carné laboral cuando Franco todavía estaba vivo. A través de su voz pasamos por distintas salas capitales en el relato. Es posible que sus experiencias más relevantes sucedan en Cap-3000 (Benidorm) y Oggi (València).

    En la ciudad, antes, ya se había experimentado en torno a locales como Capsa 13, Christopher Lee, Studio o Crac. En uno de ellos pinchó Javier Mariscal y hasta conoció a Els Joglars. El dibujante y diseñador valenciano más internacional era una de las voces a las que estábamos obligados a acercarnos. Igual que a su hermano Pedrín Mariscal, uno de los popes del estilo y la moda en la València de los 80. En sus casas y estudios de niños pijos, en El Carmen y en el centro de la ciudad, se suceden algunas fiestas donde se explora con marihuana, costo y algún LSD extraviado.

    En el capítulo tratamos de rastrear el origen de la Ruta a través del rock. Para ello también entendemos que “la modernidad no se puede entender sin los cafés y sin los bares”, como cita Carmen Alborch a Rudolf Steiner. Ella misma o Francis Montesinos son agitadores de la València que “se despierta tras la capsa del franquismo”, que apunta el primer alcalde democrático de la ciudad en 40 años, Ricard Pérez Casado. Con él en el Gobierno local empieza a relajarse el miedo a expresarse. La mayoría de los actores se sienten cómodos hablando del tema, aunque no siempre ligan este origen a la llamada Ruta del Bakalao. Sí lo hacen los dj’s, porque todo lo que sucederá a lo largo de los 80 es una evolución progresiva de estilos.

    La música, en el centro

    “El punk se expandirá muy poco después por España. Todo lo que sucedió después de las primeras elecciones democráticas fue una contestación hedonista”

    Como apunta Julio Andújar, interiorista y propietario a la vez de locales tan importantes como Crac, Casablanca, Tropical y ACTV, la música siempre estaba en el centro de la historia. O como también comentaba en su entrevista Rafa Cervera, la música se convirtió “en un melting pot”. En torno a ese agente dinamizador empezaron a confluir otras disciplinas. Si hubiera que elegir tres, sin duda, serían la moda, el mundo del cómic y el diseño. En gran medida porque la moda era la primera herramienta de expresión. La segunda porque los fanzines habían empezado a realizarse como arma subversiva ante lo establecido. La última porque los locales y nuevos productos se querían exhibir y querían ser parte de la modernidad que iba apareciendo.

    En el capítulo queríamos afrontar la música desde el origen del movimiento. Y entender el movimiento en su sentido más amplio. El twist liberó el cuerpo y la mente y, progresivamente, el rock y el pop acabarían siendo determinantes. En los 70 dos variables se habían separado lo suficiente como para generar grandes públicos. La primera es el funky. El año 1977 cuenta con un par de efemérides cruciales para el mundo de las discotecas y su música: la publicación de Radioactivity (Kraftwerk) y del maxisingle ‘I Feel Love’ de Donna Summer, compuesto por el tótem de la disco Giorgio Moroder. La llegada de películas como Fiebre del sábado noche (John Badham, 1977) y Grease (Randal Kleiser, 1978) generó una dilatada presencia mundial del estilo en todo el mundo hasta bien entrados los 80.

    Un camino hedonista sin retorno

    Al unísono, pero en total disonancia, el punk marcó los últimos años de los 70. Ese germen londinense se expandirá muy poco después por España, en unos años donde la cançò tuvo una presencia que no hemos querido pasar por alto. Precisamente como reacción generacional, todo lo que sucedió después de las primeras elecciones democráticas fue una contestación. Una contestación hedonista. Así lo han ido describiendo durante los últimos meses las decenas de voces que ha recogido la serie. Un caldo de cultivo para la libertad que, sin embargo, no es nada tranquilo en el ámbito político. Los jóvenes han iniciado un camino de no retorno hacia una década que les pertenece. Pero justo antes de iniciarse 1981 el ambiente en el Congreso está enrarecido y la crisis económica va a servir de excusa para que los estamentos que no han hecho la menor transición (poder judicial, fuerzas del Estado…) quieran tener una última palabra.

  • Fanzines y rebeldía: la historia (oral) no contada de la Ruta del Bakalao

    Publicado originalmente en El País

    De Barraca a Chocolate. El autor del podcast ‘València Destroy’ abre para Tentaciones su diario de grabación y la playlist del episodio 1: ‘Confusión’

    Durante los últimos años he publicado muchos reportajes sobre lo sucedido en la Ruta Destroy. Sin embargo, en 2016 di con un par de historias que despertaron en mí otra inquietud; esta serie es su consecuencia. La primera de aquellas publicaciones llegó en marzo del pasado año y me llevó a conocer al pintor Quique Company. Él fue el autor de la marca ACTV, pero alrededor de su existencia se conectan momentos de esplendor para València: el boom del diseño, la relevancia de la moda, las discotecas convertidas en foros de expresión, la contestación al régimen a través del arte de los 70, la celebración visual de los 80… la segunda de las historias es la de la gestación de ‘Así me gusta a mí’, la canción emblema de Chimo Bayo (/exta sí, exta no/).

    La publicación de ambos trabajos me llevó a descubrir un par de cosas: la primera es que había decenas de miles de personas ansiosas por saber más de aquellos personajes. La segunda que, como grandes periodistas ya me habían advertido (Joan M. Oleaque, Carlos Aimeur, Rafa Cervera) la historia de la Ruta estaba por contar. Empecé a preguntar a todo tipo de personas, de todo tipo de edades y residencias qué era la Ruta. La respuesta tipo se ajusta a la imagen fijada por los programas de televisión a partir de 1993. De lo sucedido entre 1978 y 1991, un periodo en el que el rock y las guitarras eran las reinas y discotecas como Barraca o Chocolate programaban artes performativas cada sábado, de todo ello, de la relación del mundo del cómic y los fanzines o la cartelería con un movimiento lleno de libertad y rebeldía, de eso, nada.

    Entonces pensé que sí, que quizá merecía la pena contar esta historia. Y llegó ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia 1980-1995, el libro de Luis Costa (Contra, 2016). Durante un par de semanas, entonces, acepté que esa era la piedra filosofal que le faltaba al movimiento. Como nunca antes, los protagonistas de la Ruta habían hablado. Con sus relatos autoconstruidos, sí, pero también con plena libertad capaz de hacernos viajar a realidades muy alejadas de esa fotografía que la gente tiene metida en la cabeza sobre lo que fue la Ruta. Sin embargo, poco tiempo después, antes de final de año, entendí que lo que había recogido Luis y el totémico ensayo de Oleaque titulado En Èxtasi (Ara Llibres, 2004) podían tener una versión narrada. Al fin y al cabo, el primero era una compilación cronológica de historias y el segundo había llegado demasiado pronto como para algunas voces se atrevieran a hablar con la herida todavía sangrando. 

    En todo momento ‘visualicé’ que esta era una historia sonora. Quería convertir aquellas voces de ¡Bacalao! en ‘realidad’. Quería aproximar aquella narración de En Èxtasi –que ahora edita por primera vez en castellano Barlin Libros– hasta el momento actual. Necesitaba que la radio fuera la fórmula para poder intensificar la escucha en torno a las canciones y apelar a la sensibilidad de los sonidos porque, aunque es influyente todo lo que sucede a nivel visual, la música es la gran protagonista de esta serie documental. Con gran entusiasmo le pedí a María Jesús Espinosa de los Monteros que tomara en consideración la propuesta. La directora del proyecto Podium Podcast me pidió que lo aterrizase verbalmente a un documento. Lo vio claro y la última semana del año en que todo esto sucedió empecé la investigación. Estaba tan nervioso que en Nochevieja volví pronto a casa y me gasté más de 200 euros en libros comprando online. No podía esperar.

    Por qué un prólogo

    Durante nueve meses he realizado más de 50 entrevistas, aunque en la serie apenas usaré 40 de ellas. El dato es relevante para entender por qué opté por una narración en primera persona. Con tal cantidad de estímulos sonoros (canciones, fragmentos de películas, de programas de televisión, efectos…), la historia reclamaba un narrador fuerte. Por eso me situé en el centro de una escena. Necesitaba llevar de la mano al oyente, aunque para ello también me haya tomado licencias como la tener una segunda voz: Ada, el sistema operativo del coche ficticio en el que hacemos la Ruta. Aunque en origen Ada se parecía más a Diane (Twin Peaks, David Lynch 1992-2017) ha terminado siendo más Her (Spike Jonze, 2013).

    “¿Dónde están las rulas, los accidentes de tráfico, los parkings atestados y Chimo Bayo?”

    Partiendo de esa base, el primer capítulo tenía que ser un prólogo. El público de Podium Podcast tiene una edad muy amplia y el proyecto, servido en 10 episodios de media hora, tiene la capacidad de llegar a muy distintas personas en muy distintos lugares. Era una oportunidad que no quería desaprovechar. Por eso entendí que el primer paso debía ser un prólogo. Debía aproximar a un oyente muy dispar hasta esta historia, pero también resetear a todos aquellos que se aproximan a la misma desde los mitos. Y de ahí su título: Confusión. Esa es la sensación que tiene cualquier interesado en el fenómeno que, después de una sarta de videos en YouTube, se topa con En Èxtasi o ¡Bacalao!. ¿Dónde están las rulas, los accidentes de tráfico, los parkings atestados y Chimo Bayo?

    Decidimos que era potente que cada capítulo tuviera un título con una sola palabra, idea gracias a la cual la Agencia Player ha desarrollado una serie de carteles individuales con los que no puedo estar más contento. Para comunicar mejor, también optamos por acompañar cada una de esas palabras con una frase para ajustar más al interesado con el contenido del episodio. Partiendo de la idea de Confusión, opté por añadirle el nombre de una de las canciones más importantes de la música electrónica hecha en Valencia: ‘Es imposible, no puede ser’, de Megabeat. Un tema desconocido para las masas y a la vez esencial, sobre un grupo que tendrá su momento de protagonismo en el relato.

    Mucha música 

    En esta primera página del diario de grabación no quiero contar mucho más. Sólo permitir a los oyentes que se dejen llevar por una historia que les va a exigir que destierren sus ideas preconcebidas sobre ‘eso de la Ruta’.

  • Taburete: entre el morbo calmo y el relevo generacional

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Taburete, un grupo de pop latino, espíritu festivo y querencias mexicanas, agotó las 2.500 entradas del Auditori de Burjassot el pasado sábado. Apenas 18 meses después de haber publicado un primer disco autoeditado (Tres tequilas) y cuatro de su segundo LP (Dr. Charas), este quinteto de veinteañeros ha enlazado «una joda» tras otra con directos que en este mismo periodo suman la escalofriante cifra de 30.000 tickets vendidos en España. Vendidos, con todas sus letras, porque ni hacen conciertos gratuitos ni participan en festivales. La estrategia y la cuenta, que ha puesto nerviosa a una parte de la industria discográfica española de la que han rechazado ya varias ofertas -hablaremos de todo ello más adelante-, no se puede desligar de un efecto llamada entre el morbo y la necesidad de pertenencia de cualquier grupo juvenil. Sus ingredientes tienen nombre, pero sobre todo apellidos: el cantante, compositor e impulsor de la banda es Guillermo Bárcenas, hijo del extesorero del PP Luis Bárcenas, y su primer socio en el asunto es el guitarra -antes bajista- Antón Carreño, nieto de Gerardo Díaz Ferrán.

    Y sí, aunque la premisa natural para una crónica sería la de aislar la convivencia de los citados progenitores en el presidio de Soto del Real de lo que está sucediendo, esta cadena de sold out tras sold out (en Madrid, hace unos días, casi 15.000 personas), tiene un origen que no cabe obviar. Los primeros en no hacerlo han sido sus protagonistas. Ni Guillermo ni Antón han ocultado que el efecto llamada de la prensa les ha beneficiado. El primero sitúa el principio de este fenómeno en la presión mediática en torno a la familia por la cual decidió poner «tierra de por medio» y marcharse a Chile. Con apenas 20 años y el impacto de los SMS del actual presidente del Gobierno atronando sobre su existencia, ‘Willy’ -sobrenombre que sus fans gritan hasta la afonía en cada receso del directo- compuso una serie de canciones postadolescentes, llenas de hedonismo y encofradas en estructuras pop elementales. Canciones que beben en el peor y el mejor sentido de su tierna edad y que sitúan sus inquietudes o pensamientos personales en las antípodas de la implicación política o social.

    Flashes para el desconcierto: los minutos previos

    El origen de esta banda está conectado a esa historia, pero también su evolución, porque los círculos que provocan que Guillermo dé con Antón en un colegio mayor de Barcelona tienen todo que ver con los grupos de jóvenes que se van adscribiendo al movimiento: en el concierto de Burjassot se vieron camisetas, sudaderas y hasta alguna pulsera de colegios, institutos y hasta universidades privadas de la ciudad de València y su entorno. Un paso más allá: padres en el perímetro de la masa, conectados también entre sí como los tutores del evento, entre una nube de pijos. Pijos, sí, pero esta vez, en este 2017, muy alejados de sentirse acomplejados de ser quién son, haber nacido en según qué casas y estar (híper)relacionados entre sí. Pijos no como una elite, sino como una masa llena de niveles que en su casilla más excesiva se identifica como el Compando PAM: Comando Pijos a Muerte, del que ya supimos de su fanatismo por Taburete en esta crónica en Papelde El Mundo, y de los que el pasado uno de abril, aquí mismo, vimos dos camisetas -bajo el suéter cruzado, «estilo arquero», convertido en símbolo de identificación generacional- y escuchamos algún cántico.

    En un concierto de Taburete los cánticos tienen su papel integrador más allá de las canciones. Antes del primer bis, por ejemplo, a cuento de nada, se cantó el himno regional valenciano del maestro Serrano. Otro cántico, este justo antes de empezar el espectáculo, levantaba alguna mirada gélida entre los citados tutores perimetrales -y también entre algún joven asistente-: un chico de poco más de veinte años, con los brazos abiertos de par en par y ligeramente elevados, en esa posición en la que canta cualquier hincha futbolero, decía: «¡Willy, valiente, tu padre es inocente!». Llegados a este punto, huelga decir que a poco más de un kilómetro de distancia, el Partido Popular de la Comunitat Valenciana acababa de concluir la primera jornada de su XIV Congreso. La coincidencia en el espacio tiempo hizo que este diario consultara en los últimos días sobre la voluntad de miembros o próximos de Nuevas Generaciones del grupo por asistir al concierto: la negativa era contundente. Al fin y al cabo, ¿quién se jugaría su procelosa carrera política por asistir a un concierto del hijo de Bárcenas?

    A falta de unos pocos minutos para que el grupo saltara al escenario, se apagaba la música del telonero del asunto, que lejos de ser una banda más joven y de influencias similares resultó ser un dj de EDM: Brian van Andel, valenciano de orígenes holandeses que convirtió la previa en una sesión con cierta dureza festivalera y concesiones pop para el final de su show. El momento Medusa-Arenal Sound-Marenostrum sirvió para atisbar el karaoke que se avecinaba: apenas dos o tres frases cantadas en un inglés más que perfilado y que se interrumpieron con gran revuelo y el público girado hacia las escalinatas del modesto VIP. Todos gritaban y miraban, señalaban y se hacían fotos en aquella dirección. Algunos, incluso, se encaramaron al vallado para hacerse la foto con alguien: era Marta Carriedo. ¿Les suena? Youtuberinstagramer… quizá sí o quizá no, según lo próximos que estén al círculo de Taburete. Cuesta creer que si quien hubiera entrado en el VIP fuera cualquier actriz española de cine -absolutamente cualquiera- el revuelo hubiera sido similar.

    Este fue el setlist de Taburete en València

    Pieles perfectas pese a la pubertad, sonrisas como de anuncio de dentífrico, tantos gintonics como cervezas, el sabor de alguno de esos primeros pitillos en la vida o el buen olor de cada cuidada cabellera -zarandeada con el conservadurismo de saber que siempre quedan selfies por hacer- se agolpaban contra el escenario. A las 21 horas, con la misma puntualidad del jueves en Murcia o el viernes en Alicante (salas con 1.000 personas de aforo, todo vendido), Taburete saltaba al escenario. Antón lo hacía unos 20 o 30 segundos después que el resto de sus 10 compañeros. Cantaría más tarde ‘Ella’, una de las canciones más coreadas del set acústico, pero de momento ya encajaba su primer momento de gloria. Ni comparación con la ovación a Guillermo, otros tantos segundos después de su partner, abarcando el escenario con una serie de gestos de arquero y una naranja en la mano, agitada a modo de shaker, para acabar gritando un «¡Viva Valencia!» en perfecto castellano. A partir de ese momento, con el público en el bolsillo y contra la tranquilidad de su joven repertorio -mucho más parado que su directo- este fue el setlist del concierto:

    1. Intro a México DF
    2. México DF
    3. My name is Taburete
    4. Al alba
    5. Luna
    6. Kaiserlautern
    7. Las últimas flores
    8. Es gratis (versión de Arnau Griso)
    9. El pato
    10. Dr. Charas
    11. El viaje
    12. Ella
    13. Hijos del soul
    14. Dos tequilas
    15. Blue Rihanna
    16. El toro y la luna
    17. Mariposas
    18. El rey del contrabando
    19. Johnny Pistolas
    20. Walter Palmeras
    21. Sirenas
    22. El Fin
    23. Amos del Piano Bar
    24. Caminito al Motel
    25. Duendes (¿?) y Sirenas
    26. Outro de México DF versión ska

    Y el concierto

    La producción en torno a Taburete hace prever que su perdurabilidad va a depender de cómo ellos sepan gestionar su propia juventud y este arreón de éxito. Produce Me, la empresa valenciana ahora con oficina en Madrid, es la encargada de gestionar la misma y también su booking. Son quienes están controlando una carrera vertiginosa, pero que todavía no tiene un hit transgeneracional. Sus canciones, musical y, sobre todo, textualmente, se agotan en un estrecho margen de edad. Y Taburete son el relevo más evidente de esos buques de esto mismo que fueron Hombres G y El Canto del Loco, pero con esa carencia de la que se les puede exculpar porque, merece la pena insistir en ello, hace apenas año y medio que lanzaron su primer disco autoeditado. 

    Y son ese relevo, pero de espaldas a una industria a la que -cómo estará el asunto- han dicho no en más de una ocasión, sabedores de ese mensaje que ha calado hasta las últimas consecuencias: si son dueños de su destino, lo son también de sus derechos y del rédito económico desde ya, a corto, a medio y a largo plazo. Con todo, con una base de fans como para pensar en grande, falta todavía lo más evidente: canciones que superen a su propio entorno, por masivo que este sea… mientras todos sean jóvenes. Taburete sabe mucho a Estopa, tiene esos dejes aflamencados casi porque sí, del ánimo festivo, del arráncate, y tiene alguna frase más deslenguada que cala pero que estilísticamente queda sepultada en oídos más maduros cada vez que resuelven estribillos o canciones de absoluto relleno con lololeos y feedbacks de perogrullo para con el público. A veces, cuando los vientos se incorporan con todo acierto, parece como si quisieran aproximarse a un verano tranquilo de La Pulquería, grupo valenciano que, pese a compartir repercusión y querencia mexicana, cuesta creer que hayan escuchado. Lo festivo, lo mexicano, lo latino bien entendido y cuando suena a un pop clásico, es algo así como un aceptable punto de partida.

    El concepto canallita, su visión de disfrute del éxito, plagada de alcohol y cigarros liados, atiborrada de un hedonismo en el que se sienten muy cómodos sus participantes, no contrasta con el aquelarre de camisas perfectamente planchadas. Es toda una sorpresa, quizá basada en el prejuicio Al grupo, por sus declaraciones, pero también por su propuesta, le preocupa crecer hacia más públicos, esos que tuvieron relación con los nombres arriba citados. Buena muestra de ello es que, nada tímidos a la hora de interpretar sus discos en directo, se rodean de seis músicos profesionales. Músicos que casi les doblan la edad en algún caso, pero a los que no ocultan entre sombras o detrás de los amplis (como, por cierto, hemos visto a hacer vergonzosamente en el pasado a tótems de lo supuestamente admirable como Placebo o Muse). Ese lado natural, el mismo que no les ha hecho ocultar el origen de esta historia, corre a su favor si saben gestionarlo. Esa ambición musical que se les intuye, sin salirse de un pop terriblemente accesible, no tiene todavía un repertorio que supere las canciones que surgen a guitarra colgada, tardes y noches de pitillos. Eso sí, con arreglos más acertados en Dr. Charas y en su directo.

    Cualquiera de sus carencias podría ser una pista para prever un fácil deterioro, pero es absurdo calibrar al grupo a partir de criterios situados en el pasado. Un grupo sin apoyo de una multinacional, pero ocupando el espacio de un público absolutamente masivo y juvenil (ya no hablamos del efecto Vetusta Morla). Un grupo que puede permanecer en el anonimato de las radios musicales sin que les pese. Un grupo independiente con grabaciones muy independientes y con sus propios medios de comunicación casi tan musculados como los de cualquier blogger de lifestyle invitada al VIP. Un grupo con nada que perder, ajeno al circuito de festivales, ajeno al circuito de conciertos gratuitos y ajeno a casi todo, menos a la capacidad de hacer conectar con sus canciones -profundamente simples- a un volumen de gente que no necesita nada más ni nada menos que lo que les ofrecen. Un grupo que es desde ya un caso de éxito y estudio en la generación de públicos, para el que lo quiera ver. Por todo ello, cuesta creer que el fenómeno pueda agotarse con la misma celeridad con la que ha llegado. Lo que es una absoluta incógnita es saber cómo va a crecer y en qué sentido.

  • 25 años de ‘Así me gusta a mí’, la historia tras la canción que marcó el final de la Ruta

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    «No puedes crear una obra maestra sin un toque de locura», asegura Michel Seydoux en Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013). En este documental, el gran productor del cine francés justifica como su familia extendió un cheque en blanco a Alejandro Jodorowsky para que convirtiera en película la novela de Fran Herbert. «Tal vez [el proyecto] Dune tenía demasiada, pero un film que no tiene un poco de locura no puede conquistar el mundo». El cineasta chileno, que ya había conquistado a la crítica con El topo (1970) y La montaña sagrada (1973), lapidó millones de francos hasta frustrar un rodaje que nunca sucedió.

    Jodorowsky actúa esta noche en el Teatro Olympia de Valencia y también lo hace Chimo Bayo (Marina Real Juan Carlos I, 23h), quien también conquistó el mundo –al menos el de las pistas de baile- hace 25 años. Exactamente, el pasado 11 de julio se cumplió un cuarto de siglo de la publicación del single ‘Así me gusta a mí‘, disco de oro en España y, posiblemente, el más vendido en su formato con un millón de ejemplares en 40 países. A los ojos de 2016, un ‘himno generacional’ que llevó al Sonido Valencia hasta sus mayores cotas de popularidad; a criterio de quienes vivieron en primera persona el proceso de creación de la canción, la última frontera, «el punto de inflexión previo al fin de la Ruta del Bakalao«.

    Esta noche, Bayo compartirá escenario con su hija, la también dj Tanya Bayo, y Dj Sento en la Marina Norte, frente al Marina Beach Club, con entrada gratuita y bajo el paraguas de la Gran Fira de València. Un espectáculo, según el comunicado del propio Ayuntamiento, para «reivindicar la importancia de la Ruta del Bakalao», con un espectáculo «extravagante y cargado de energía». ¿Pero qué fue la Ruta? ¿Quién fue Chimo Bayo? ¿Qué supuso verdaderamente ‘Así me gusta a mí’ hace 25 años? ¿De quién fue la idea y qué o quiénes propiciaron el que es -a buen seguro- el éxito más inmediato y masivo de la música electrónica española? 

    ‘Así me gusta a mí’ o la influencia del micro de diadema

    La Ruta, termino que comercializó y criminalizó a partes iguales la contracultura valenciana de los años 80, fue el espacio de desarrollo profesional como dj de Chimo Bayo. Piloto de motocross profesional en ciernes, era «un chico que empezó muy joven» a pinchar, «un chaval súper sano» y, para las mismas fuentes, el dj de Woody cuando era todavía menor de edad. No tardaría mucho en dar su primer salto a una discoteca de entidad, Arsenal, en 1987.  «Cuando llegué allí venía de trabajar en Trance, un club de Calpe. Me contrataron, precisamente, porque no soltaba el micro. Porque hablaba, cantaba, animaba… pero cuando llegué el micro no sonaba bien. Les dije que me pusieran una reverb buena, para poder hacer mi espectáculo, pero no me hacían caso así que inauguré y me pasé dos años sin poder hablar ni cantar por el micro». Esa curiosidad, «accidental, si quieres», sirvió -según sugiere el propio Bayo en declaraciones a Valencia Plaza- para explorar «más música electrónica; para que encontrase mi propio sonido».

    Para cuando pudo volver a tener un buen micro y una reverb poderosa «ya había parecido ‘el de diadema’. Aquello fue genial. Yo cantaba sobre el ritmo, en el momento preciso, y con aquellos micros antiguos pegados a la mesa, cuando quería decir algo llegaba medio segundo tarde. Sin embargo, con un micro pegado a mí, inalámbrico, podía hablar de espaldas a la mesa, bailando, buscando el siguiente vinilo«. Es un momento crucial para entender cómo surge ‘Así me gusta a mí’, «porque cantaba sobre las canciones, improvisaba, decía cosas… las iba uniendo». Una de las personas más próximas entonces a Chimo Bayo, el también dj Kike Jaén recuerda a este diario cómo «al terminar él de pinchar venía a relajarse a la discoteca donde yo trabajaba, y mientras estaba en la cabina me cantaba el chiquitan chiquititan tan tan que tun pam pam que tumpam…«. 

    No había ninguna base propia, pero ya existían sus letras, a menudo soluciones onomatopéyicas, palabras sueltas. Quedaban meses o años para que se editasen singles con expresiones como «Exta-sí, Exta-no«, «química«, «bombas, qué pasa» o «la tía Enriqueta», pero todas ellas revoloteaban las sesiones en cassette que han ido nutriendo el mito durante los últimos años a través de YouTube.

    Simpatía por la autoría

    Los que rodean a Chimo Bayo lo implican en el éxito del fenómeno, pero se reservan una parte del proceso a su nombre. Jaén, que era y es fotógrafo profesional, se encargó de las fotos promocionales de aquel hito para la música comercial. La idea, en la imagen superior lateral, demuestra no haber envejecido con el paso de estos 25 años. Por su parte, Vicente Pizcueta, quien inauguró Arena y fue director de Barraca durante sus años de apogeo en la Ruta, reconoce a este diario que el nombre de la canción fue cosa suya: «Chimo es o era una persona de ideas fijas. Quería que se optara por el concepto de ‘exta-si, exta-no’ para el título, pero yo le insistí a él y a Paco Almendrós de que aquello, en pleno año 91, iba a ser un escándalo y que con otro título podría tener una salida que le ayudara a ser más asumible por las emisoras de radio». Huelga decir que Pizcueta sería impulsor a su vez de la organización sin ánimo de lucro Controla Club.

    Pizcueta cita a Almendrós, con quien no ha podido contactar este diario, pero que fue una pieza fundamental para la realización de ‘Así me gusta a mí’ como responsable de Area Records. Algunas fuentes apuntan a que la discográfica y distribuidora valenciana estaba «al límite de sus posibilidades», «en quiebra, seguramente», pero creyó en el proyecto de Chimo Bayo. «Él ya lo había intentado mover con otra gente», apuntan Pizcueta y Víctor Pérez, otro de los dj’s del momento y hombre de Contraseña Records, que añade a este diario que entre otros se le ofreció a la popular sello valenciano Megabeat. Sin embargo, fue Almendrós y Area quienes paquetizaron el proyecto y lo llevaron al éxito: «Paco era un importador de discos como pocos en España. Discos de culto y muy bien relacionado en según qué países. Llevaba haciendo y produciendo discos mucho tiempo y si alguien logró que aquella canción saliera de Valencia y tuviera la distribución que tuvo, de Alemania a Japón, ese fue Paco», opina Pizcueta.

    El propio Almendrós buscó a un productor para convertir aquellas letras e ideas de Chimo Bayo en una canción y encontró, según apunta Pizcueta y afirman Jaén o Pérez, entre otros, a Germán Bou, «habitual de este tipo de proyectos como también lo podía ser Juan Carlos Pla». Admirado por todos ellos, Bou, hombre en la sombra de esta historia y referencia para muchos ruteros como creador de canciones tales como ‘The Grial Saint’ o ‘Dunne‘ (la canción de Espiral, oro himno de la Ruta), su participación en la elaboración de ‘Así me gusta a mí’ es seguramente la más controvertida de todo el proceso. «Yo no frecuentaba esas discotecas y no conocía bien a Chimo Bayo. Me lo presentaron y vi lo que hacía a partir de unos vídeos grabados en la sala Capital de Madrid, donde cantaba sobre unas canciones de Front 242. Vi las luces, el humo, cómo bailaba… Todo aquello fue mi inspiración», contesta Bou a Valencia Plaza

    Bou ha producido desde rock sinfónico a buena parte de los discos del mito viviente de la canción mediterránea Julio Bustamante, entre no pocas referencias. No obstante, todo lo que rodea a su participación en ‘Asi me gusta a mí’ le genera una conversación tensa desde la que lamenta años de juicios, de derechos de autor suspendidos y posteriormente reactivados. «La canción es muy marciana», resume, aludiendo a que esta plagada de guiños sinfónicos, al uso «de cajas de rock con una compresión muy dura» y, en definitiva, a un bagaje de influencias tan ecléctico que la convirtieron en una canción separada del sonido de la Ruta. Para Chimo Bayo, esa diferenciación al hilo de otra conversación es «clave para entender cómo en otros países no tenía un sonido comparativo; era un sonido propio».

    El productor, por su cuenta, inició hace tiempo una cruzada personal con un extenso artículo en Wikipedia que admite haber redactado y un video en el que explica paso por paso su composición musical. «Mi intención nunca ha sido desmerecer los méritos que Bayo tiene sobre lo que sucedió, sobre lo que fue. Quien me conoce, quien estuvo en el proceso, sabe cuál fue mi papel, todo lo que hice». En los anuarios de la SGAE y el monumental libro documental Solo éxitos, 1959-2012 (Fernando Salaverri Aranegui, Fundación SGAE), todas las referencias de autoría y composición registradas son para Chimo Bayo. Sin embargo, en el registro de repertorio de SGAE (accesible a través de su webtodas las referencias de propiedad son de Bou junto a Rafael Garcia, socio suyo en aquella época y a quien cedía la mitad de sus derechos. El propio Bou ha facilitado en última instancia toda la documentación almacenada en el Registro General de Propiedad Intelectual a este diario como prueba de su autoría.

    Pizcueta apunta que fue el propio Antonio Martínez Bodí, el director de SGAE Valencia, quien trató de mediar llegado el momento para calmar el conflicto entre las partes. Bayo prefiere no hacer ningún comentario sobre su etapa en Area Records, con cuyos responsables basta decir que mantuvo litigios hasta por apropiación del nombre artístico: «fue tan absurdo que al final me dieron la razón por algo tan sencillo como que no podían apropiarse de mi verdadero nombre».

    La alquimia de un éxito inmediato que generó celos

    Era el primer single de Chimo Bayo, se lanzaba un 11 de julio con todas las improvisaciones habidas y por haber en lo referente a su marketing y en una semana «estaba sonando en todos los semáforos en los que me paraba», apunta el artista.  «Chimo Bayo está en su momento más álgido. Es un dj muy popular y, aunque es obvio que no es consciente de lo que va a pasar, es un reflejo del buen momento que viven los estilos a los que él más ligado puede estar, como el Electronic Body Music o el hard techno», apunta el periodista e investigador Joan Oleaque. El autor del libro de referencia En Èxtasi(Ara Llibres, 2004) puntualiza que Chimo Bayo «pertenece a uno de los subcircuitos. La visión actual de la Ruta, muy superficial, da un valor único al circuito principal de discotecas como Barraca, Chocolate, Spook o Puzzle, pero hay otras ‘rutas’ como en las discotecas donde él está, como Arsenal y El Templo. Él logra un éxito masivo, internacional, desde ese subcircuito, protagoniza la popularización definitiva del medio y hace que haya cierta reflexión interna entre algunos dj’s que se plantean si deberían haber hecho algo así, mientras que otros rechazan el modelo y se genera cierta controversia».

    ‘Así me gusta a mi’ estuvo 24 semanas en las listas de éxito en España y siete de ellas como número uno. Las cifras de ventas ya se han referenciado, pero el impacto fue tal que Bayo ‘conquisto’ la televisión pública con actuaciones y se marchó -séquito y bailarinas mediante- a realizar un concierto a Japón, mientras países como Reino Unido, Bélgica o Alemania hacían sonar insistentemente un hit que se propagó a través de cassettes: «ese formato fue el principal medio de extensión. Por las ventas, por la piratería de la gente grabándoselo y porque mucha gente de la Ruta estaba acostumbrada a recopilar cintas de sesiones y era un modo de reproducción habitual en coches y casas».

    La notoriedad se multiplicaba semana a semana y en Valencia, con la Ruta masificada y la atención mediática sobre sus consecuencias, también hubo rechazo, celos y envidias a lo que ‘Así me gusta a mí’ estaba generando. Los contactos en la actualidad con los próximos al fenómeno se destacan por mantener una muy buena relación con Chimo Bayo, pero el propio Pérez añade que no siempre fue así. «Los dueños de las discotecas de alrededor prohibían mi canción, pero yo me llevaba bien con los dj’s y sé que si tenían ocasión la pinchaban», dice el artista. Oleaque matiza: «es normal que no se pinchara en la Ruta porque, para empezar, y es parte del mérito y del éxito, Chimo Bayo cantaba en español. Para continuar, ese sonido, era ‘otra historia’. No era un sonido propio de la Ruta, era más próximo al sonido belga que tanto le gustaba a él. Las discotecas aquí no seguían ese estilo y era algo comentado como la canción estaba sonando insistentemente en Ibiza y aquí nada«. 

    El éxito de Chimo Bayo como punto de inflexión y final de la Ruta

    «La ruta llegó a su clímax en el 91. Yo no estaba muy pendiente de todo ello, porque sabía que todo lo que hacía era muy personal, que iba por otros derroteros… ¡estaba cantando música para este tipo de discotecas en castellano!», resume Chimo Bayo. Pizcueta, que más allá de su vinculación contemporánea al fenómeno es empresario reconocido y licenciado en filosofía, aporta: «los teóricos de la antropología llamarían a lo sucedido en la Ruta anomia. Fue el fruto de la ausencia de leyes. Y esa autenticidad se vive en un periodo que va del 81 al 88 o, quizá para otros, hasta 1990. Las elites europeas miraban a Valencia porque lo que se vivía aquí, lo que sucedía, no podía reproducirse en otro sitio. Pero entonces, o precisamente por ello, se masifica. Es la popularización comercial dado el grado de conocimiento, de la notoriedad social que tenía. En esas situaciones, otros países, otras ciudades, han sabido montar una industria, pero aquí no. Aquí hasta los sellos discográficos catalanes vendían en el mundo más discos de Valencia que los valencianos».

    Pizcueta, que reivindica «la autenticidad de Chimo Bayo», asegura sin ambages que «‘Así me gusta a mí’» marca el punto de inflexión, la decadencia de un fenómeno cultural y social». Para Oleaque la situación no es muy distinta «a cualquier otra tendencia musical que permanece en el underground hasta que crece y crece y acaba dando el salto mainstream. No veo que sea distinto a lo que ha podido pasar con el hip hop en otros países». Eso si, todos los consultados destacan como Chimo Bayo supone un perfil de dj muy particular en la ruta, porque no destaca «por ser técnico, purista, meticuloso -todos destacan tres nombres aquí: Carlos Simó, Fran Lenaers y José Conca-; él monta un sarao. Convierte la cabina en un pequeño escenario y busca un publico moderno y amplio desde su inicio, lejos de esa idea más propia de la Ruta pero no muy conocida de la búsqueda de un ‘público mental’».

    ‘Asi me gusta a mí’ y Chimo Bayo representaron hace ahora justo 25 años un fenómeno sin precedentes. Un impacto sin réplicas posteriores. Un hito único, en torno a una sola canción también única en su género, aceptando ciertos rebotes con temas de menor calado como ‘Bombas’, aunque este sí tuvo su peso en ventas. Aquel «himno generacional» sigue plagado de leyendas urbanas: decían que sus ventas se habían registrado en el libro Guinness, que El Corte Inglés en Valencia «largaba» 100 copias al día y que hubo quien persiguió el cassette de gasolinera en gasolinera, punto de venta esencial para comprender el gran éxito para el proyecto. Nada de leyenda y mucho más interesante fue el citado impacto internacional, la actuación nipona o la atención mediática acaparada en la feria Midem de Cannes, una de las más importantes del mundo para la industria de la música.

    Chimo Bayo abandonó El Templo, la discoteca desde la que dio el gran salto y que inauguro en 1990. Empezó a pinchar un fin de semana tras otro por toda España (también fue pionero en establecerse como dj de marca itinerante), trajo a sus idolatrados Front 242 a un recordado concierto en el campo de fútbol de la Pobla de Vallbona. Cumplió muchos sueños y este jueves, en Valencia, solo piensa «en disfrutar. Quiero que la gente se lo pase bien». A él lo que le hace «más ilusión en este momento es que el Ayuntamiento haya ayudado a que suceda. Pienso que, cuando hice la canción, hace tanto, mi idea era que estábamos generando cultura. Ver que ahora las instituciones se giran y reconocen lo que hicimos, que reconocen este movimiento de hedonismo y de música, para mí es muy importante».

  • Dos firmas valencianas impulsan un festival de ‘rockumentales’ en Estados Unidos

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En 1533 Hernán Cortés llegó hasta la actual California en busca de unos españoles amotinados. Cada uno de los exploradores que llegaron después trató de pasar a la historia bautizando lo que durante años se creyó que era una isla, pero es a Cortés -o a sus marineros- a quien se le atribuye el topónimo. Luego llegaría la creencia extendida hasta nuestros días de que el nombre surgía de los vocablos ‘cálida’ y ‘fórnax’, aunque fue el historiador Edward Everett Hale el que demostró en el siglo XIX que el nombre surgió de una secuela literaria, Las Sergas de Esplandián (Garci Ordóñez de Montalbo, 1510) del que aseguran fue el best seller del siglo XV, Amadis de Gaula.España perdió California a manos de los rusos por el norte y de los argentinos por el sur, pero cinco siglos más tarde la lengua y la cultura parece haber sido reconquistada. El último de no pocos casos de éxito es el de las cuatro empresas ‘valencianas’ que impulsan el próximo 11 y 12 de septiembre Rock&Doc, la primera edición de un festival de ‘rockumentales’ latinoamericanos. El rockumental, término que se utiliza para aglutinar a los documentales de música, sigue su particular y creciente interés entre melómanos y cinéfilos, pero instalará uno de los focos más importantes a nivel internacional acerca de los artistas de este origen.

    Las empresas Absolute Beginners y Boiling Braing situadas en Valencia y las establecidas en Los Angeles, Quixote (del también valenciano Guillermo Escalona) y 700g (todas unidas bajo el nombre Laboratorio Cultural Ultramarino), han logrado impulsar este Festival Latino de Documentales Musicales que además se celebrará en Los Angeles Theatre Center. Algunas de las películas más importantes del género estrenadas durante los últimos años, como The extraordinary ordinary life of Jose GonzalezSalicomaníaVega: Tu voz entre otras milEl símbolo y el cuate Paco de Lucía: La búsqueda. Esta última, realizada por el hijo del maestro Curro Sánchez, será presentada en el festival, en un país y una ciudad en la que el propio guitarrista cosechó éxitos durante décadas.

    La Panda Producciones, un colectivo de profesionales del audiovisual que ha participado en las recientes producciones de ficción 10.000kms y Open Windows completa el engranaje empresarial con un equipo ambicioso que pretende establecerse en Los Angeles para crear un evento destacado para el género a nivel internacional. El programa completo ya está cerrado y se puede consultar a través de su web.

    El festival, que cuenta con la colaboración de organismos públicos como Consulado Español en Los AngelesICEXSpain Arts CulturePromexico, y otros organismos como Fundación SGAE, contará también con los conciertos de bandas latinas de referencia, como Sonsoles, Dirty Cali, Vispera o LABrownies, entre otros.

  • Ruta gastronómica al gusto de la Alcaldía de Valencia

    Els Capellans, Canyar, La Sucursal, Casa Navarro y Vuelve Carolina, entre los favoritos del grupo popular en el Ayuntamiento

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este jueves el grupo Compromís en el Ayuntamiento de Valencia ha hecho públicas las facturas de viajes, hoteles y comidas del grupo Popular en el consistorio. Los gastos derivados de su actividad como representantes públicos estaban «accesibles», según el vicealcalde de la ciudad Alfonso Novo, que califica de «engañifa» la publicación de las mismas. Sin embargo, Compromís asegura que ha pedido acceder a estos datos durante la legislatura y, finalmente, estos no han sido conseguidos con la colaboración del gobierno local.

    57.000 euros en billetes de avión, 17.000 euros en trenes, 21.000 euros en coches y 41.000 euros en restaurantes, comidas y bebidas entre las que también se incluyen los obsequios puntuales o navideños. En total, 278.000 euros gastados por la práctica totalidad de los concejales del grupo Popular del Ayuntamiento de Valencia del que, además, se extrae una peculiar ruta gastronómica por la ciudad -con cargo a las arcas públicas- de restaurantes recurrentes y preferidos, según cada uno de estos representantes públicos.

    De las 466 facturas, 113 pertenecen a gastos derivados de almuerzos, comidas, cenas y obsequios de comida y bebida. Precisamente en este apartado destacan los regalos de Navidad de los años 2011 a 2014. Las cajas de naranja obsequiadas como compromiso del grupo Popular en el Ayuntamiento de Valencia solo han crecido durante la legislatura: 73 en 2011, 82 en 2012, 87 en 2013 y 105 en 2014. En total, 25.526,05 euros para un total de 347 cajas. Teniendo en cuenta que el proveedor siempre es el mismo, la división apunta a que la caja regalada habitualmente de Diferma Samel S.A. es la que incluye 25 kilos de producto por 72,50 euros.

    Además, el primero de los años de la legislatura también se regalaron casi 6.000 euros (5.952,13) en productos de mantequería. Entre otros, quesso Llano del Marqués, mojama extra de Almadraba, zumo de tomate, vinos Alto Turia, etcétera. A todo ello se le añade otra remesa de vinos en abril de 2012 por 279,74 euros. Restados estos 31.457,92 euros, esta es la relación de gastos a partir de restaurantes a lo largo de la legislatura por parte del grupo Popular en el Ayuntamiento (y una única factura a nombre de Carmen Alborch):

    LA RUTA GASTRONÓMICA DE LA ALCALDÍA POR VALENCIA

    Es habitual que en la prensa británica, especialmente en la sensacionalista, se desarrollen rutas, perfiles de gusto y demás ideas en torno a la información constante y pública que su excéntrico alcalde, el conservador Boris Johnson, publica casi en directo en su web. Gracias a la información ahora revelada por el grupo Compromís, este es el extracto de restaurantes favoritos y gustos por parte de la Alcaldía de Valencia y sus concejales.

    1. ELS CAPELLANS, EL MÁS VISITADO
    (Cerrado. Se encontraba en Carrer de Xile, 4, Aragón-Mestalla)

    Entre los restaurantes más habituales para la Alcaldía de Valencia se encuentra el extinto Restaurante Els Capellans, que se encontraba cerca del estadio de fútbol de Mestalla. Hasta en 21 ocasiones la alcaldía y una más Félix Crespo acudieron a este local. El ticket medio es de 41 euros para una cocina basada en un producto mediterráneo, con gran presencia de pescado fresco y arroces y donde los maridajes también acaban siendo importantes en la suma de precios. El 18 de abril de 2011, por ejemplo, los tres comensales compartieron, como entrantes, unos corazones de alcachofa y habitas con morcilla; los principales fueron un tartar de atún rojo, un arroz con chipirones y un magret de pato con espina.

    2. EL CANYAR, EL PREFERIDO DE MAIRÉN BENEYTO
    (Carrer Segorbe, 5, Ruzafa)

    Cerrado ya el Restaurante Els Capellans, el segundo local que más atrajo a los miembros de la alcaldía fue El Canyar, del que se puede considerar aficionada a Mairén Beneyto que ha acudido allí hasta en cinco ocasiones en esta legislatura con cargo a las arcas locales. Es, además, el que tiene el segundo ticket medio más caro de toda la serie de establecimientos usados por el equipo de gobierno: 78,27 euros por comensal. Habitualmente, el menú de El Canyar es ‘concertado’ por lo que las facturas impiden ver la selección de carta que disfrutaban los representantes públicos. Únicamente, en alguna de ellas se separan «licores», pero de nuevo nos encontramos ante una excelente oferta de materia prima en mariscos y pescados.

    Local habitual de empresarios de la ciudad, es posiblemente uno de los puntos de referencia en la ciudad para probar los mejores langostinos, carabineros y gambas rojas del Mediterráneo. Bacalaos y vieiras acompañan el gran número de fotografías de los ‘ilustres’ comensales que han ido visitando el restaurante a lo largo de los años. Carmen Lomana, Risto Mejide, Carlos Goñi o Arturo Fernández son algunos de los visitantes cuyas fotografías pasan por su página en Facebook.

    3. LA SUCURSAL, EL MÁS CARO
    (Carrer de Guillem de Castro, 118 – Ciutat Vella)

    La Sucursal, el restaurante que da nombre a uno de los grupos gastronómicos más relevantes de la ciudad, es el que tiene un ticket medio por comensal más caro: 79,48 euros. Situado en los bajos del IVAM, el menú degustación actual tiene un tartar de tomate, licuado de hierbas, arroz untuoso de calamar, merluza asada, secreto ibérico y un tatín de manzana como postre. El coste del mismo es de 55 euros, además de los 20 euros del maridaje con vinos a partir de su bodega, lo que nos da un precio aproximado al que los miembros del equipo de alcaldía han hecho uso en ocho ocasiones a lo largo de la legislatura.

    4. CASA NAVARRO, MIRANDO AL MAR
    (Avinguda Mare Nostrum, 32 – Alboraia. Platja de La Patacona)

    Como El Canyar, otro clásico de la ciudad. Muy habitual a lo largo de los años de los jugadores de fútbol del Valencia CF o del Levante UD, los arroces son los protagonistas, al punto. Es uno de los restaurantes más habituales para tomar una paella a escasos metros de la arena de la playa. Destacan también los productos del mar, especialmente con los entrantes típicos valencianos.

    Por Casa Navarro pasaron no pocos concejales de la ciudad, desde Marta Torrado a María Jesús Puchalt pasando por Silvestre Senent o Mercedes Caballero. El ticket medio por comensal es de 40,21 euros en las facturas reveladas este jueves por Compromís. En uno de los menús servidos a cinco comensales, se emplataron calamares frescos, anchoas y queso como entrantes; los platos principales fueron un arroz negro de la casa y otro a banda.

    5. VUELVE CAROLINA, EL DE MODA
    (Carrer de Correus, 8. San Francesc, centro de la ciudad)

    Destaca la presencia de este restaurante de Quique Dacosta entre la lista de los más habituales para las comidas de representación de los miembros de la alcaldía. Junto a La Sucursal es uno de los que ofrece una visión mucho más actual de la gastronomía, incluso alejada por técnicas, diseño de los platos y carta al total de restaurantes.

    Con variables a partir de sus bebidas, las comidas de Vuelve Carolina acuden a un menú concertado aunque no son los menús degustación del restaurante. Esos menús oscilan entre los 24 y los 27 euros, mientras que los menús que disfrutaron los comensales que acompañaron a los miembros del ayuntamiento en este caso están entre los 55 y los 70 euros del comensal. El ticket medio de las facturas reveladas es de 68,42 euros.

    6. ARAGÓN 58, EL PREFERIDO DE CRISTÓBAL GRAU
    (Avinguda d’Aragó, 58)

    El restaurante situado en la misma Avinguda d’Aragó es uno de los habituales entre empresarios de la ciudad, muchos de ellos con los despachos en el Edificio Europa y las calles paralelas de la gran vía valenciana. Recientemente, este diario digital albergaba una trifulca entre directivos y accionistas de Banco de Valencia. Independientemente, es el preferido de Cristóbal Grau que ha cargado a lo largo de la legislatura hasta cuatro comidas a su nombre, una de ella con 12 comensales.

    Escogiendo un almuerzo ‘tipo’ de los ‘firmados’ por Grau, los cuatro comensales disfrutaron de varios platos a compartir (pulpo seco de Dénia, tartar de atún o fabada), aunque la estrella del almuerzo fueron 27 gambas rayadas del Mediterráneo que sumaron 51,30 euros al montante de ‘la nota’ (200,93).

    7. CHEZ LYON, EL MÁS ASEQUIBLE
    (Carrer d’En Llop, 4. San Francesc, centro de la ciudad)

    El restaurante que cierra esta serie de habituales describe en cada una de sus facturas el menú ofrecido en cada caso. Chez Lyon es uno de los favoritos por parte de los miembros del gobierno local, el más asequible, con un ticket medio por comensal de 27,8 euros. En sus menús para los miembros de la alcaldía se repiten algunos de sus platos como el lenguado o el rape grillé, entrecots o platos a partir de carne de pato. María Jesús Puchalt firmó dos de sus tickets en menos de un mes.

    LOS OTROS HABITUALES

    Además de estos restaurantes más recurrentes en el gasto público, hay otros habituales de empresarios y políticos que aparecen puntualmente. Hasta en cuatro ocasiones hubo dietas a cargo del Ayuntamiento de Valencia por comidas en El Coso (una de las mejores tellerías de la ciudad), una de ellas para 25 comensales y otra para 33 (ambas a cargo de ‘Alcaldía’). Otros habituales son El Gastrónomo (posiblemente, el mejor steak tartar de Valencia junto al de Askua), la Taberna AlkazarEl Ventorro, La Principal o el ya cerrado La Embajada.

    Como curiosidad, el 18 de marzo de 2011, diferentes miembros del gobierno local decidieron realizar comidas a cargo de las arcas públiacs del Ayuntamiento de Valencia. En total, en un solo día, 8.481,67 euros para 108 comensales, más de la mitad de ellos en El Canyar y, entre otros, Carmen Alborch. La que fuera candidata a la alcaldía del grupo socialista gastó algo más de 500 euros para seis comensales aquel día.

  • Cuestión de caché: ¿cuánto cuesta contratar a tu banda favorita?

    Un estudio de periodismo de datos a través de una agencia de contratación universitaria vierte unas cifras interesantes para comprender el estado del mercado en 2014

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En el espacio profesional de trabajo es bien conocido que las tallas de los cachés en la industria musical son un baile de cifras más o menos oculto que -algunos promotores dicen- se acaban pareciendo mucho a su precio final. El caché de un artista, no obstante, cambia notablemente teniendo en cuenta variables tan sencillas como si éste está de gira en el momento en el que se le requiere, si el emplazamiento puede incorporarse a una ruta ordenada de sus actuaciones (gira) en espacio y tiempo concreto, si los músicos que le acompañan están más o menos disponibles (así como sus técnicos en menor medida) o, por ejemplo, si quien contrata es una entidad sin ánimo de lucro, una institución pública o un macrofestival de capital privado y localizado en Tokio.

    Por las citadas variables y muchas otras, un caché fluctúa y así pues en el caso español el balanceo de precio es enorme entre una buena y una mala fecha (víspera de puente festivo, noche de Madrid-Barça, coincidente con un gran evento en la misma ciudad…), siendo un en un núcleo urbano pequeño o una gran ciudad, en invierno o en verano. Algunas bandas nacionales pasan de los 1.500 a los 6.000 en cuestión de meses, por no hablar de las que optan por el riesgo de la taquilla para subir por encima de esa cifra en los festivales multitudinarios. Otras que pueden tener un caché veraniego de entre 15.000 y 25.000 euros pueden llegar a dividir entre tres su presupuesto dependiendo de las diferentes razones profesionales y organizativas. Obviamente, la facilidad para romper el suelo de precio ha mejorado con la consolidación de la crisis de consumo en España.

    Por eso, la lista que publicó el pasado viernes el medio especializado en ‘periodismo de datos’ Priceconomics se ha de coger con pinzas a la hora de sondear cómo está el mercado para algunos artistas a nivel internacional. Si bien con muchos de ellos parece que la cifra encaja perfectamente, con otros cuesta creer el caché por alto o bajo según el caso. La muestra fue realizada a través de una agencia de intermediación estadounidense (Degy Entertainment) especializada en montar eventos musicales para universidades. En este sentido, las cifras podrían estar algo infladas, ya que las universidades de Estados Unidos son de capital privado y las que pueden tener acceso a través de una agencia de intermediación con artistas facturan anualmente cantidades notables en decenas o cientos de millones de dólares. En teoría, los presupuestos para este experimento deberían tener una propuesta al alza y en muchos casos se puede comprobar como esa horquilla es a veces de hasta un 40% de diferencia entre el precio más bajo y el más alto propuesto por el mismo artista.

    Aun así, teniendo en cuenta esta muestra y que solo se hizo la cata de precios por esta vía, el listado es exhaustivo, aunque hemos seleccionado algunos de los nombres más destacados para aproximar al lector hasta un conocimiento de los estadios por caché en el mercado de 2014. Por su precio conocido en anteriores campañas y por su estado actual de gira/rotación, indicamos con un asterisco (*) cuales de ellos difícilmente parecen corresponder con la realidad ya sea por mostrarse excesivamente baratos (<) o caros (­>):

    POR ENCIMA DEL MILLÓN DE DÓLARES, SIN PRECISAR

    Bon Jovi

    Madonna

    Bruce Springsteen

    Taylor Swift

    James Taylor (cabe recordar que estuvo en la Feria de Julio de Valencia en 2009)

    Justin Timberlake

    Justin Bieber

    EN CIENTOS DE MILES DE DÓLARES

    Adele, a partir de 750

    Coldplay, a partir de 750

    Lady Gaga, a partir de 750

    Mumford & Sons, 500-750

    Rihanna, 500-750

    Foo Fighters, a partir de 500 (*<)

    Green Day, a partir de 500

    Katy Perry, a partir de 500

    The Killers, a partir de 500

    Imagine Dragons, 400-600

    Kanye West, 400-600(*<)

    Maroon 5, 400-600

    King of Leon, 400-500

    Linkin Park, 400-500

    Alicia Keys, 350-500

    Pear Jam, 300-500

    Drake, 300-500

    Shakira, 300-500

    Stone Temple Pilots, 250-400

    Bruno Mars, 200-400 (*<)

    Fun., 200-400

    Smashing Pumpkies, 200-400 (*­>)

    50 Cent, 250-350

    LMFAO, 250

    Juanes, más de 200

    One Direction, 150-200 (*<)

    Lorde, 150-250 (*­>)

    Robin Thicke, 150-250

    Muse, a partir de 150 (*<)

    Arcade Fire, a partir de 150 (*<) – En la foto superior

    Calvin Harris, a partir de 150 (*<)

    Ellie Goulding, 100-200

    Steve Miller Band, 100-200

    Pharrell Williams, 150-300 (*<)

    Alanis Morrisette, 100-150

    Florence & The Machine, 100-150

    Fall Out Boy, 100-150

    Cee Lo Green, 100-150

    Ben Harper, 100-150

    Weezer, 100-150 (*<)

    Bob Dylan, 150-300 (*<)

    The Flaming Lips, 100-125

    Phoenix, a partir de 100 (*<)

    Jane’s Adiction, 100

    Morrisey, 100

    Queens of the Stone Age, 75-100

    ‘GANGAS’: POR DEBAJO DE 100.000 DÓLARES

    En decenas de miles de dólares

    Arctic Monkeys, 75-100 (*<)

    MGMT, entre 85 y 100

    Incubus, entre 80 y 120

    Lana del Rey, a partir de 75 (*<)

    Norah Jones, entre 50 y 75

    Steve Aoki, entre 50 y 75

    Feist, entre 50 y 60

    Creedence Clearwater, entre 50 y 60

    Cake, más de 50

    Bastille, entre 40 y 60

    Andrew Bird, entre 35 y 45

    The National, entre 30 y 40 (*<)

  • London Grammar: cómo fabricar canciones redondas a los 20 años

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Si hubo un disco capaz de sacudir las últimas horas en los festivales del pasado 2013, ese fue Settle (Univesal Island Records). Disclosure publicó este trabajo hace ahora casi un año, rodeado de algunas voces femeninas capaces de sumarse al reto conseguido de recuperar el ‘dance’ para la música pop británica.

    Los nombres de esas voces, como los de AlunaGeorge o Sasha Keable, han pasado a ser ser conocidos por el gran público gracias a estos músicos y productores y canciones tan accesibles como ‘White Noise’ o ‘Voices’. Todos los implicados son, además, terriblemente jóvenes, tras apenas superar los 20 años.

    Incluso algo más jóvenes son los protagonistas del último corte del citado Settle, los ahora hype London Grammar. El trío británico se inició con la coincidencia en el sindicato de estudiantes de la Nottihgham University de la ahora ex auxiliar de peluquería Hannah Reid y el guitarrista Dan Rothman, educado peculiarmente en la Jewish Free School de Londres. Más tarde se uniría a ellos Dominic (Dot) Major, un joven de Northampton que hasta el inicio de la fulgurante carrera de London Grammar asegura pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo en el campo.

    Concluidos sus estudios se empeñaron desde 2011 en tratar de encontrar su camino en la escena londinense, aunque no fue hasta la publicación de su EP Metal & Dust cuando empezaron a recibir el feedback desde dentro y fuera del Reino Unido. Con la progresión de los singles ‘Wasting My Young Years’, ‘Strong’ y la sonada colaboración en el cierre del álbum de debut de Disclosure, London Grammar publicó en septiembre If You Wait (autoedición con la supervisión de Ministry of Sound). El sello conocido por su vinculación con la música electrónica les ha tutelado de hecho desde 2012.

    LA ALARGADA SOMBRA DE THE XX

    El disco recoge lo mejor de su producción durante sus primeros dos años de vida, con unas letras capaces de mostrar una juventud azarosa y desasosegada. Con unas reminiscencias tanto por sus letras como por su música que no ocultan la alargada sombra de The XX sobre el pop juvenil de las islas, London Grammar muestra una notable afectación emocional (así se refieren a sus propias canciones) en la que el desamor es habitualmente el core lírico de este disco tan bellamente frágil.

    El disco ha rozado el número 1 en las listas de éxitos de Reino Unido (donde ha vendido más de 250.000 copias), Australia (donde han sido un auténtico fenómeno) o Escocia, países donde la voz de Reid -seguramente el rasgo más distintivo de la banda- ha sido capaz de sortear el primer impacto de las comparativas con la llamada ‘Generation post-XX’. Próximos al genial James Blake o a bandas como Daughter, próxima en casi todas la coordenadas posibles con estos, London Grammar ha conseguido filtrar lo mejor de esta última hornada con referencias brillantes que pueden viajar desde Portishead hasta Massive Attack no ocultan sus apego a artistas mucho más próximos como Radiohead o lo que se desprende de la versión de ‘Nightcall’ del francés Kavinsky. No es la única vez que se han dejado querer con ese ánimo por la reinterpretación; muy popular es su versión del mítico tema de los años 90 ‘Wicked Game‘ de Chriss Isaak que se pega a la perfección a la gran capacidad vocal de su cantante.

    El proceso creativo, según han confesado ya durante algunas escritoras, arranca con una base de piano creada por ‘Dot’ Major a la que va añadiendo capas de Rothman -el principal factor coincidente con The XX- para acabar soportando las melodías de Reid, quien también escribe aunque asegura que la inspiración llega de las historias conjuntas de los tres miembros de esta efervescente banda.

    EL RETO DE TANTOS

    Todavía tímidos y contenidos en sus apariciones públicas, su juventud les enfrenta a un constante careo con las publicaciones deseosas de vestirles con ropa de moda. Algo que contrasta con el confort con el que parecen haberse encontrado -a tenor de su éxito en las redes sociales- muchos de los jóvenes británicos con letras como las de ‘Wasting My Young Years‘.

    Como sucediera con The XX su música es capaz de conectar con un amplio espectro de público, sobre todo y pese a las letras sin tener en cuenta franjas de edad. Algo que les ha llevado en las últimas semanas a protagonizar uno de los vídeos más visitados en YouTube, el cuarto tráiler de la cuarta temporada de la todopoderosa serie de la HBO estadounidense ‘Juego de Tronos’ (con la canción ‘Devil Inside’). Si quedaba alguien en la gran masa por conocerles parece que ahora, de la mano de este agradecido guiño, la banda está llamada a ser uno de los fenómenos de este 2014. Y llamada también a deshacer el mito del grupo del que reciben tantas comparaciones y que con su segundo álbum Coexist (XL Recordings, 2012).