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  • Cine y corrupción: por qué no se filman mensajes posibilistas

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este lunes la Filmoteca de València acogió la proyección de Corrupció: l’Organisme nociu, una película de cine documental que rompe con el canon informativo sobre la corrupción. La exhibición forma parte del tour que la Agencia Valenciana Antifraude ha programado en las tres capitales de la Comunitat Valenciana del film divulgativo que, como advirtió el director general del organismo, Joan Llinares, evidencia una inquietante contradicción: en España apenas existe producción audiovisual en torno al segundo problema que más preocupa a sus ciudadanos (CIS). La subdirectora y guionista del film, Teresa Soler, afiló aún más la duda: «hasta donde sabemos, ésta sigue siendo la única película que propone un mensaje posibilista ante la corrupción».

    Esa es la principal diferencia de Corrupció: l’Organisme nociu. Una producción –en alquiler online a través de Vimeo– funcional en sus formas, pero profundamente rupturista con el mensaje informativo que propone. Sin proponerse ser un panfleto anti media y con la experiencia en caliente de la primera sentencia de Gürtel y la reciente Operación Erial en marcha, la película reescribe el canon informativo dando voz a dos colectivos silenciados por imperativo periodístico: el de los denunciantes de corrupción y el de los colectivos ciudadanos que se han generado para exigir transparencia y hacer un uso amable de su información.

    El primero de esos públicos es el principal protagonista del film con diferentes testimonios de distintos cargos públicos y administrativos que denunciaron e interrumpieron el proceso corrupto. Testimonios que narran de manera naturalizada como interrumpieron el fracaso democrático que supone la corrupción (en casos como Pretoria, Palau y otros) y acabaron pagando por ello. Despedidos, apartados, señalados y, sobre todo, a la intemperie de cualquier protección pública. Tampoco mediática, aunque la película de Antonio Sanfeliu y Soler, que ya ha sido exhibida en más de 100 ciudades y pueblos desde 2015, repara parcialmente esta realidad.

    El director adjunto de audiovisual del IVC, José Luis Moreno, Joan Llinares, Teresa Soler, Carlos Jiménez Villarejo y el director del IVC, Abel Guarinos (Foto: KIKE TABERNER)

    Soler comentó que en algunas de esas proyecciones había recibido el retorno del público cuestionando que en el film no apareciera la voz de los corruptos. Ella compartió en València tras el visionado que «después de ver la película, quien piensa así deja claro que no ha entendido el mensaje». Fue más claro todavía el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, quien cogió un recorte del diario El País que tenía a mano y leyó: «‘Zaplana ocultó durante años en Panamá 10,5 millones de euros en sobornos’. Los corruptos tienen la voz de los medios todo el tiempo. Ya tienen la voz y, lo que es peor, son los protagonistas de la vida política».

    El frágil equilibrio de recursos humanos que sostiene a los medios de comunicación implica que la información en torno a la corrupción se dedique a apagar el fuego del sobresalto. Ante hitos en el eje cronológico como el de la Operación Erial, el canon informativo apenas deja margen para atender cualquier aspecto que vaya más allá del relato de los agresores. Y son muchos los juzgados implicados, como detalló Jiménez Villarejo a partir de la última memoria disponible de la Fiscalía Anticorrupción: «ahora mismo en la Comunitat se están juzgando delitos de este tipo en varios tribunales de València, Alicante, Castellón, Gandia, Sagunto, Orihuela…». Decenas.

    Jiménez Villarejo trató de acudir a la médula del conflicto durante la charla posterior a la proyección: «vivimos en un sistema capitalista y un sistema de estas características tiene una lógica: se basa en el mercado y éste en sus beneficios. A partir de este punto de partida, toda persona, incluso los funcionarios públicos, incluso los propios políticos, pueden ser víctimas del sistema que domina el mundo». 

    Citando a la profesora emérita Helena Cansamiglia, Jiménez Villarejo definió que la corrupción es «la deslealtad radical frente a los valores democráticos en los que se desempeña una función». Para que esto suceda, el sistema ya prevé «que no encuentren obstáculo alguno a la hora de violar las leyes que regulan su función», lo que posibilita «una evidente desviación del poder». Esos son dos de los principales ingredientes en los distintos relatos de aquellos trabajadores públicos que interrumpieron el proceso de corrupción y que ocupan buena parte del film proyectado ayer en la Filmoteca de València.

    Razones para el cambio

    No obstante, tanto Llinares, como Soler y Jiménez Villarejo quisieron intuir cambios evidentes en los últimos años con respecto a la corrupción. Una especie de ‘lento despertar ciudadano’ que, en la película de 2015, ya empezaba a atisbarse a través de los grupos ciudadanos que aparecen reclamando y haciendo uso de herramientas de transparencia. Jiménez Villarejo destacó una sentencia del Tribunal Supremo en el que se recoge que «la lesión ciudadana de la corrupción es mayor que el coste». Esta idea redunda en uno de los pecados originales de su naturaleza: «sigue siendo solo un delito contra la Administración».

    Un cambio que, desde su punto de vista, podría pasar en gran medida por la «planificación de medidas que se pueden tomar contra la corrupción y que muchas de ellas ya están en el documento expuesto por la Fundación por la Justicia valenciana. Sus propuestas entroncan con el documental como mensaje de prevención ya que, como apuntó Soler, «el trabajo de los jueces es similar al de un cirujano que ha de resolver finalmente la enfermedad». Sin embargo, el proceso preventivo y su deterioro progresivo pertenece a otros órganos que, como evidencia la cinta y comenta en ella la propia Victoria Camps, han demostrado no funcionar. Además, Jiménez Villarejo puso en valor la Ley 11/2016 valenciana como la primera en abordar la protección de los denunciantes, hecho fundamental en la película en la que también participa como uno de los testimonios de expertos. 

    Él mismo aportó los datos de la factura de la corrupción con distintas citas que, ya en el año 2004, cifraban el desperdicio en un billón de dólares (Banco Mundial), entre 1,5 y 2 billones en sobornos en las economías emergentes (Fondo Monetario Internacional) o en 120.000 millones de dólares anuales tan solo en las malas prácticas derivadas de la corrupción (Comisión Europea, 2012). Un conflicto en el que tiene mucho que ver la financiación de los partidos que, en palabras de Jiménez Villarejo, sigue sin resolverse: «sonroja ver el texto de la nueva ley al respecto en la que los únicos delitos penales son para donaciones superiores a 500.000 euros». Aun así, para el exfiscal Anticorrupción sigue pesando «la opacidad de la que gozan las fundaciones de los partidos».

    Los crímenes ejemplares del caso español

    Lo cierto es que la historia de España que se refiere a este supuesto tiene una sombra muy extendida: «durante 40 años, los partidos en España han vivido con un tratamiento preferente a la ciudadanía sobre la gestión económica gracias a pedir préstamos que se podían condonar«. Se comenta en el documental también esta realidad extendida, con ejemplos concretos, de partidos financiados por la banca que gozaban de condonaciones. Condonaciones que, evidentemente, interesaban a ambas partes. Especialmente al sistema bancario que ha mantenido así su control sobre la actividad política. 

    De manera evidente, España incumple su compromiso con la resolución del Artículo 20 de la Organización de las Naciones Unidas que ya fijaba en 2003 que la corrupción se tipificaba como un delito para los cargos públicos electos. «Han pasado 15 años y sigue sin reconocerse de la misma manera», apuntaba Jiménez Villarejo. E iba más allá: «desde 1996, el Gobierno ha indultado a 227 penados por delitos de corrupción. Una ley de indultos que es de 1870 y se hereda de la época medieval. Esto me parece gravísimo, porque es insoportable que haya habido 227 indultados por cuestiones como la prevaricación, malversación, cohecho y tráfico de influencias». 

    Soler quiso reivindicar del film que va más allá de la libertad de expresión: «ésta es fundamental, pero la de pensamiento es tanto o más y la corrupción era un tema muy importante». La idea de recoger «conductas ejemplares» servía para mostrar como «el sistema no les blinda; justo al contrario». A día de hoy, asegura, «debe existir algún borrador en alguna mesa de algún partido político, pero no existe ninguna ley en marcha ni propuesta que proteja a los denunciantes de corrupción»

    Finalmente, la subdirectora y guionista del film quiso encontrar el lado positivo de la experiencia que les ha llevado a tantas ciudades, siempre con proyecciones acompañadas de mesas de debate posterior. «La crisis nos ha llevado a tomar una conciencia social, cívica y ética mayor. Nos está abocando a tener una posición más resolutiva«, algo que recoge primorosamente el documental. Como ella concluyó, actualmente el pensamiento se ha ido esclareciendo más en la sociedad crítica: «el problema no es tanto cambiar de pastor, sino dejar de ser ovejas».

  • ‘Experimento Stuka’: la película que resuelve qué sucedió en ‘el Guernica de Castellón’ 80 años después

    Los directores valencianos Rafa Molés y Pepe Andreu y el resto del equipo de SUICAFilms culminan este jueves cuatro años de trabajo detrás de uno de los episiodios más desconocidos de la Guerra Civil. Un relato lleno de contención, pero que aboca al espectador a una reflexión crítica sobre la absurda lógica de la guerra y su psicología

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El bombardeo de Guernica, 101 años después, es uno de los iconos globales que recuerdan la catástrofe de la Guerra Civil española. Un ataque aéreo sin precedentes que, según documentó el historiador Xabier Irujo (codirector del Center for Basque Studies de Nevada, Estados Unidos) fue un regalo de Hermann Göring a Hitler en busca de su ascenso en la cadena de mando. El presente entusiasmó al führer pese a llegar con unos días de retraso a las celebraciones nacionales de su 48 cumpleaños. 

    Sin embargo, la principal realidad tras aquella masacre fue la experimentación por parte de las fuerzas aéreas de la Alemania nazi de una estrategia que definiría parte de la II Guerra Mundial. Registrado y analizado, un simulacro de actividad militar de la Luftwaffe cuyo principal interés en la contienda fue experimentar a espaldas de la Conveción de Ginebra y con víctimas y ciudades reales. Acciones sin consecuencias que se recuerdan por la ofensiva sobre la población vasca, pero que ahora el documental valenciano Experimento Stuka documenta que no fueron ni mucho menos las únicas. Y, pese a la diferencia del ataque en estera frente al ataque selectivo, las consecuencias proporcionales en número de víctimas resultaron similares.

    De Guernica al Maestrat

    La película firmada sobre Guernica por la propia Luftwaffe para Hitler, las fotos de la ciudad arrasada, las crónicas de los periodistas Hemingway, Orwell, Saint-Exupéry o John Dos Passos (ahora descubiertas como erráticas, dado que las fuentes oficiales de ambos bandos eran incapaces de ofrecer información no contaminada de propaganda durante la guerra) y la obra de Pablo Picasso creada un mes después (a encargo del valenciano Josep Renau, Director General de Bellas Artes) dejaron constancia de la desigual fuerza del bando franquista apoyado por la Legión Cóndor. Era abril de 1937 y el nazismo se apropiaba de un idóneo campo de pruebas a las puertas de mostrar su irracionalidad al mundo.

    80 años después, el baile de cifras con las víctimas de Guernica parece estabilizarse. Después de décadas dando por sentado que murieron unas 1.600 personas, más tarde, el dato bajó hasta las 250 y, actualmente, a 126. Ese es el último escalón oficial aceptado por historiadores de todo tipo que en el aniversario de 2017 ya no dudaban que, tras la primera ráfaga, la población huyó y no se vio directamente afectada por las siguientes oleadas que arrasaron sus edificios tal y como muestran las fotografías. Sin embargo, el nombre de la población vasca si figura en el imaginario colectivo como uno de los ataques fundamentales por parte de los sublevados y que más daño moral hizo a la República.

    Guernica tenía 5.000 habitantes, de los cuales murieron 126 (última cifra oficial). En las poblaciones castellonenses de Albocàsser (3.060 habitantes), Benassal (2.284). Ares (1.688) y Vilar de Canes (490) cuatro ataques en el mes de mayo de 1938 asesinaron a 40 personas. La principal diferencia es que nadie –más allá de las agrestes y nobles tierras del Maestrat– conoce este ataque de la Legión Cóndor. Sus habitantes nunca entendieron por qué sucedió, quién lo hizo y cuál era el significado de aquel suceso que atravesó sus vidas para siempre. Una conversación tabú incluso en los pacíficos pueblos de Castellón que, 80 años después, han encontrado su particular expiación.

    Quién y por qué

     «Matar a una persona no es fácil». Esa es la primera frase que escucha el espectador en este documental producido por SUICAFilms y dirigido por el ilicitano Pepe Andreu y el alqueriero Rafa Molés. Esa es la primera idea y la misión del film es resolver quién y por qué en este suceso ‘ajeno’ a la Guerra Civil. Los mismos responsables de la exitosa película Five days to dance (2014) exportan hasta la gran pantalla la búsqueda de un grupo de vecinos preocupados por la memoria de aquellos pueblos que no han dejado de hacerse esas preguntas. En concreto, uno de ellos, el físico Óscar Vives, encontró una pista en el libro Guerra Civil Española de Antony Beevor (también presente en el documental); al parecer, en el archivo de la Luftwaffe en Fribugo estaba documentado el ataque.

    El documental de Andreu y Molés acompaña a Vives en esta búsqueda sin dejar de recoger los testimonios en primera persona de los cuatro pueblos del Maestrat. Para todas esas voces, aquella era la primera vez que veían un avión. Sus relatos, estremecedores (e irrepetibles, ya que no son pocos los que han fallecido desde que se inciara la producción del film) hablan de las bombas «como un hombre vestido de negro que bajaba». Otra mujer pensaba que era un saco de trigo. 

    La gran sorpresa del film es mostrar cómo ese archivo no contiene únicamente la documentación de unos días de operación en Castellón (la Legión Cóndor se había instalado en La Sénia, pueblo muy similar a los agredidos donde los jóvenes alemanes vivían su aventura española). El almacén de Friburgo revela una cantidad de fotografías e información que cambiarán definitivamente la historia de estos cuatro pueblos. Es a partir de ese punto cuando el documental desarrolla un músculo social y emocional inesperado. La narración se apodera de una reivindicación de la memoria histórica nada evidente que demuestra como las poblaciones han mantenido una tensión familiar, casa por casa y caso por caso, dado el desconocimiento de lo que allí había sucedido. En esencia, ajeno al mando e incluso al conocimiento del ejército franquista.

    Experimento Stuka (que se presenta este jueves a las 20 horas en la Filmoteca de València por primera vez) hibrida distintos subgéneros del cine documental. De memoria, bélico, con una marcada base periodística y con algún respiro para el punto de vista observacional, compone un relato estremecedor detrás de la psicología militar. En mayo del 38 la Alemania nazi experimentó en el Maestrat con sus tres primeros modelos del Junkers 87A, los concoidos como ‘Stuka’. Los prototipos entraron desmontados y en secreto y debían en España para comprobar si, en un ataque de precisión, aguantarían una nueva bomba de 500 kilos. Un peso armamentístico inédito en el mundo hasta entonces. El éxito mortifero del experimento abrió la vía a estos ataques para la peor contienda de la historia, la II Guerra Mundial. En Castellón solo dejó 80 años de silencio y preguntas formuladas casi siempre a título individual.

    Ese otros de los principales aportes del film, que sitúa esa inquietud personal como reveladora de una verdad. El caso de Vives es el que está detrás de la película que se ha convertido en uno de los estrenos más esperados del audiovisual valenciano este año. El trabajo, iniciado después del celebrado debut de Five days to dancetiene la capacidad de hacerse muy grande a partir de la tranquilidad y sencillez de los cuatro pueblos protagonistas. En este sentido, la edición de sonido, la música y la propuesta de recrear parcialmente algunas escenas a través de maquetas (Manuel Soriano y Gabriel Sánchez) le aportan un mimo de contención a la historia mucho más interesante que la tentación de abocarse al canon del documental histórico o bélico clásico. Las molestias que se tomaron los alemanes por documentar los ataques acaban siendo también una base visual importante para la película, con su versión aérea actualizada de esos espacios y que lleva al espectador a una serie de reflexiones críticas sobre la psicología de la guerra.

    La razón militar del absurdo queda también evidenciada, con una población civil que, pocos kilómetros más allá, compartía vida, fiesta y tranquilidad con quienes les estaban asesinando. Entonces no se podía decodificar lo que el nazismo iba a significar para Europa y el resto del mundo, pero Experimento Stuka proporciona una visión prístina de los argumentos de la guerra, su condición y consecuencias. El peso de éstas, el silencio y la incapacidad de reaccionar a la vileza cuando la memoria está en tela de juicio, acaba apoderándose de las respuestas. Respuestas ahora sí válidas, que permiten comprender, saber, pensar y pasar página. Esta vez, a través de una estupenda película que llegará a las salas comerciales en los próximos meses tras estrenarse en DocsBarcelona en quince días.

  • Julien Temple: “Es posible que los jóvenes no hayan vuelto a mostrar su fuerza desde el movimiento punk”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El cineasta Julien Temple visitó este viernes València como invitado especial de DocsValència, el festival de documentales de la capital de la Comunitat. La visita del director punk, uno de los realizadores más influyentes del género, trascendió por completo el cerco audiovisual. La presencia de uno de los artistas “más sólidos” a través de su carrera fílmica –como apuntó Pau Monteagud, codirector del certamen– se propuso como una conversación abierta al público que ocupó el salón de actos del Col·legi Major Rector Peset de la Universitat de València. Estos son algunos extractos de la generosa charla ofrecida por el director de The Filth and the Fury o Joe Strummer: The Future Is Unwritten

    El cine, prohibido durante su infancia

    “En mi niñez no podía ver películas. En mi casa no teníamos televisión y el cine se veía como una cosa macabra y diabólica. Aquel invento hacía que compraras cosas que no necesitabas y mis padres no querían saber nada de ello. Una de las primeras cosas que vi fue la serie de dibujos Top Cat y me costó mucho comprenderlo porque no tenía un conocimiento contextual de ese lenguaje. Además, era algo que no podía compartir con mis padres porque se supone que no podía ver películas. Creo que todo esto tiene una relación directa con que acabara dedicándome a la industria del cine”.

    La crucialidad de la música 

    “Al contrario que mis amigos, los cuales sí podían ver películas, yo no tenía un conocimiento gramatical del audiovisual. Como niño, no tenía instrucciones para ello. Pero me gustó mucho mi niñez porque tuve la oportunidad de escuchar la música que se hacía en Londres a mediados de los 60. La música no me la podían prohibir y tenían un transistor que escuchaba bajo las sábanas. Canciones de The Who, Kinks, Rolling Stones, Small Faces… En aquel momento pertenecía al público al que se dirigían aquellas letras. Por eso creo que no poder ver películas hizo que tuviera una reacción mucho más plena con estas canciones. Fueron algo que iluminó mi vida, que le daba sentido. De no haber sido por mi falta de cultura audiovisual no hubiera tenido esta reacción con las canciones”.

    Los sonidos que anunciaban el cambio

    “Con unos 10 años me di cuenta del significado que tenía la música. Vivía en Londres, la típica ciudad victoriana, y la música estaba reflejando el cambio que había en las calles. Recuerdo pasear por New Kensington, cerca de Portobello Road, y sentir que aquella música ya estaba anunciado el cambio que se percibía en aquellas calles. Algo estaba pasando y estaba muy impresionado por las canciones de bandas como Rolling Stones o Beatles. Me parecía significativo, ya entonces, ver cómo esas bandas tenían bastante proyección a nivel mundial. Y esa percepción me empoderaba. Me hacía sentir partícipe de ello”.

    Las primeras películas

    “En la adolescencia ya pude ver algunas películas, como alguna de los Beatles, Zulu (Cy Endfield, 1964) o El Cid (Anthony Mann, 1961), esa película en la que Charlton Heston conquistaba València. Me impresionó toda esa parafernalia tecnológica. Es curioso, pero… esa película me ha acompañado en el pensamiento a lo largo de mi vida. Finalmente, llegué a la Universidad donde ya pude ver películas. Recuerdo ir a ver por primera vez una película de Jean Luc-Godard, que estaba muy de moda, y estaba aterrado porque pensaba que no podría entenderla. Vi una película en la que Brigitte Bardot [El desprecio, 1963] salía completamente desnuda y fue una experiencia muy extraña para mí. Era algo totalmente ajeno a mí. Pero como quería entender el lenguaje vi la película cinco o seis veces solo esa semana. Al final, en aquellos tiempos, acababa viendo unas 75 películas a la semana gracias a las asociaciones universitarias que proyectaban todo tipo de cintas. Por eso, puedo decir que pasé de un extremo a otro: de no ver nada de cine a una sobredosis de cine, algo que recomiendo sin duda”.

    Sorbedosis de cine

    “Someterse a esas sobredosis de cine es algo maravilloso. En aquellas asociaciones audiovisuales podías coger prestadas las mejores películas de directores como Luis Buñuel, Alfred Hitchcock, Federico Fellini o Luchino Visconti. También de directores de Hollywood. Recuerdo que veíamos las películas proyectadas en una sábana, en la azotea de la universidad. No teníamos mucho espacio así que en un extremo estaba el proyector y detrás, directamente estaba el río [Támesis]. Había una película de Jean Vigo que me tenía fascinado. Su obra me tenía fascinado por el carácter independiente y su capacidad para recuperar la tradición de los hermanos Lumiere y la capacidad de introducirse a través del cine en la mente del personaje. Mientras estábamos viendo una de sus películas nos dimos cuenta de que parte del rollo había empezado a deslizarse hacia el río. Pasamos tiempo pescando la cinta del río y volviendo a enrollarla, pero se había hinchado como un espagueti, se había hinchado y se veía distinto. Me pasé bastante tiempo con el secador, tratando de recuperar la película. Ese trabajo fotograma a fotograma hizo que todavía profundizara y amara más aquella película”.

    Cómo conocí a los Sex Pistols

    “En esta época estaba muy emocionado por el mundo del cine. Me fascinaba la idea de combinar el cine con la cultura inglesa. Estaba estudiando en la National Film School y, también en aquel tiempo, era típico ir a caminar por los muelles de Londres. Durante siglos habían sido una parte muy importante de la ciudad, cuya riqueza en gran medida llegaba a través del comercio. Pero en los años 60 y 70 empezaron a cerrar los muelles y aquel se volvió un sitio lleno como lleno de fantasmas, silencioso… Paseando entre aquellas grúas oxidadas y barcos antiguos, en 1975 recuerdo cómo a través del viento me llegaron las notas de una canción de Small Faces. Era una canción que hacía mucho que habían dejado de tocar. Seguí aquellas notas y llegué hasta un almacén, entré y dentro había una banda destrozando esta canción. ¡Tenían un sonido horrible! Habían cambiado por completo la letra y donde Small Faces decían /quiero que sepas que te amo/, ellos decían /quiero que sepas que te odio/. La silueta de aquella banda me impresionó mucho porque tenían un aspecto diferente. Llevaban suéters a rallas amarillas y negras o rojas y negras, pantalones de pitllio y el pelo de punta. Para mí eran como seres venidos de otro mundo y aquella imagen me impresionó mucho. Les dije si querían salir en alguna de las películas que hacía en la Universidad, pero me enviaron… a hacer viento. Logré saber que actuarían en un mes y les conté a mis amigos que iban a tocar, tratando de saber dónde lo haría. Me pasé un mes viendo la agenda de conciertos y buscando dónde sería y finalmente vi su nombre, Sex Pistols. No sabía el nombre de la banda pero pensé, deben ser ellos. No logré ir al primer concierto que dieron, pero fui al segundo”.

    Grabaciones furtivas

    “Así fue como entre en este mundo entre la música y el cine. En aquel concierto habría unas 10 personas. Me sorprendió que había más personajes como ellos y que los Sex Pistols casi tocaban de espaldas al público. Había algunos hippies y parecía mucho más una representación teatral. Era algo totalmente impredecible y no tenía nada que ver con los conciertos de rock que había vivido hasta la fecha. Entre esos personajes estaban Sid Vicious, Siouxsie Sioux o Billy Idol, que más tarde serían figuras muy importantes del punk. Entonces supe que tenía que grabar aquello. Hoy, cuando vamos a un concierto, ya sabemos que hay miles de personas que pueden filmarlo, pero entonces grabar un concierto era algo muy difícil para un joven como yo. Entonces tuve la suerte de estar en la Universidad y formar una pequeña plantilla con compañeros. Nos llevábamos la cámara y el material y filmábamos, pero Malcolm McLaren [el mánager de los Sex Pistols] no quería que grabásemos nada. Lo hacíamos de forma oculta y no fue nada fácil. Hacíamos como que desmontábamos el objetivo y, en general, todo aquello aportó a las grabaciones una especie de estilo furtivo. A veces nos pillaban y nos echaban del local hasta que, al final, convencí a McLaren para decirle que estábamos grabándoles de forma gratuita. Al final logre que considerara que las grabaciones de sus conciertos eran una buena idea”.

    Cómo surgió el estilo punk en el cine

    “Cuando empecé a grabar las actuaciones de los Sex Pistols no me pagaban mucho: 12 libras a la semana. Me las pagaba Malcolm y era menos de lo que cobraban los músicos. A ellos tampoco les hacía falta mucho más, porque eran los reyes de Londres. Allá donde iban tenían toda la bebida gratis que quisieran. Pasado un tiempo prohibieron su música. Por ese motivo, en las películas quería que se viera cómo tocaban y por qué. Algunas veces había puesto la cámara frente a la televisión para rodar las actuaciones que se emitían. Luego, cogía esas partes y las juntaba con los brutos que poseía. Empecé a hacer varios cortos juntando ambas partes: Sex Pistols 1Sex Pistols 2… Esta edición de partes, de mezcla, representa de alguna manera el espíritu del movimiento punk. La falta de recursos fomentó la creatividad también en mi caso y conformó un estilo que, creo, caracteriza toda mi obra”.

    Ser o no ser

    “No podía ser un punk como Sex Pistols porque ellos eran… incandescentes. Por ejemplo, podría estar más cenca a lo que podían haber sido Kinks, que pertenecían a una clase media. Pero Sex Pistols venían de la calle. Johnny Rotten venía de dormir en coches cada noche. Ellos canalizaron esa rabia y se creían con el derecho a decir todo lo que les diera la gana decir. Uno no podía estar cerca de ellos y no sentir esa energía. Pero el movimiento punk no era uniforme. Era muy individual. Cada uno venía con un bagaje diferente y, claro, había tensión con la gente de diferentes clases. A la vez, había una tendencia de creer que todo era posible”.

    La fuerza de la juventud punk

    “En aquellos tiempos pensar que alguien en la veintena o la treintena podía hacer una película era imposible. Parecía que había que esperar hasta tener 45 años para poder tener esa oportunidad. Por eso me gustaba formar parte de aquel movimiento en el que los jóvenes podían mostrar su fuerza y ser escuchados. Quizá, esa fuerza y esa atención no la hemos podido volver a vivir desde entonces. Por eso, me siento orgulloso de haber podido formar parte del aquel movimiento. No musicalmente, pero de otra manera”.

    De la necesidad, virtud

    “La falta de financiación despertó nuestra creatividad. Rodábamos en Super 8, en 35mm… luego uníamos piezas muy distintas. Más tarde, quise incluir animación, cosa que a Rotten no le gustó en un principio. Ahora resulta curioso cuando hay bandas que directamente se han presentado como tal, como es el caso de Gorillaz. A mí, entonces, me gustó mucho la forma de coger esto de aquí y esto de allá y acabar generando una forma punk en el cine. Entonces, era una forma de reaccioanr a aquellos anuncios que nos invadían agresivamente, de manera visual. Ahora es mucho peor, claro, pero entonces admito que fue la falta de dinero la que hizo que improvisáramos y creásemos una nueva estética”.

    La cara punk de los grandes musicales

    “Reconozco que soy muy ecléctico, pero algunas de mis influencias esenciales son Jean Vigo, algunos autores de animación punk, el cine estadounidense de inicios de los 70 de Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, la new wave… Rossellini, Visconti… soy muy ecléctico, pero todos estos han sido muy importantes para mí. Los musicales de Hollywood también lo han sido. Esa idea en la que toda una historia se para y hay una danza…. Recuerdo ahora que los Sex Pistols me dieron unas cintas para que grabara sus actuaciones cuando salieran en televisión, pero también las usé para grabar musicales. El musical, a simple vista, puede parecer muy distinto al punk, pero su mezcla de danza y colores, siempre en el sentido más próximo a la vanguardia de todo esto en el género, ha sido también una referencia para mí”.

    Punk y feminismo

    “El punk también fue un movimiento interesante en cuanto a la política sexual. No era muy importante ser guapo, sino que se celebraba la fealdad. Lo importante era ser cool y se te juzgaba por lo que eras. En cuanto a la cuestión de género, que no parecía una prioridad en aquel entonces, en la pista sí que se había generado una igualdad y se veía a tantos hombres como mujeres formar parte de los pogos como si fueran animales salvajes. Creo que las mujeres punk avanzaron en la igualdad de género de manera directa. Avanzaron mucho y en poco tiempo XXX John Lydon o Joe Strummer, por su parte, animaban y fomentaban que hubiera bandas con mujeres a las que incluso les prestaban el equipo”.

    Elegir entre los Pistols y los Clash

    “Era bastante diferente grabar con los Sex Pistols que con The Clash. Los Sex Pistols no colaboraban, sino que más bien creaban problemas intentando boicotear la grabación. No pensaban en grabar, sino en crear circunstancias extremas. Su manager me hizo elegir entre ellos y los Clash y les elegí a ellos porque, verdaderamente, les admiraba y les consideraba muy importantes. Con los Clash recuerdo el rodaje con una tecnología muy anticuada y que todo resultaba muy aparatoso, pero también recuerdo lo muy interesados que estaban en cómo daban en cámara. Eran como niños mirándose después de hacer un playback y era sorprendente verles así. Estaban realmente interesados y por eso era mucho más fácil que trabajar con los Pistols”.

    Rodar en Reino Unodo o rodar en Estados Unidos

    “En aquellos años [70 y 80] una de las principales diferencias entre rodar entre Estados Unidos y Reino Unido era que en las películas americanas la plantilla estaba más involucrada en el rodaje. En Reino Unido había una escuela muy patriarcal, un sistema muy rígido en el que, incluso, había hijos que heredaban el trabajo de sus padres. En Estados Unidos cualquier miembro del equipo podía proporcionar sus propias ideas. Esa era la principal diferencia entonces”.

    Positivismo tecnológico

    “En la actualidad vivimos el momento en el que es más fácil hacer películas. Recuerdo la frustración que suponía en los 70 y los 80 esperar horas a que el chico de las luces lograra la luz de la luna mezclando aquellos geles azules. Mientras, un equipo de 150 personas, haciendo nada, esperando a que aquello estuviera listo. Estábamos un montón de tiempo esperando. Ahora es más fácil que nunca hacer películas. Puedes grabar documentales con un equipo de cinco o seis personas, exactamente como si fuera una banda de rock. Por eso veo el momento actual como muy positivo. Tecnológicamente, se pueden hacer muchas cosas que antes eran impensables. Puedes conseguir la financiación de manera más directa, y, en definitiva, es mucho más fácil transmitir tu verdad a través del cine, de una forma más honesta».

    El último trabajo

    «Ahora vengo de grabar en Ibiza, donde no solo me interesan los clubes o el destino vacacional, sino la historia del lugar. Es un lugar extraordinario y la película tratará de describir un viaje a través del tiempo para entender cómo la isla se ha llegado a convertir en lo que es ahora; un destino turístico de primer orden. No obstante, me gusta cómo se ha respetado la cultura. En este momento de mitos y noticias falsas, en la isla sobreviven muchos mitos, pero la gente, por ejemplo, no tiene tan en cuenta que en los años 50 era una de las zonas más pobres de España. Ahora, es el lugar del país donde mayor cantidad de coches hay por residente. Todos esos fragmentos se unirán para construir una realidad sobre Ibiza».

  • Dos firmas valencianas impulsan un festival de ‘rockumentales’ en Estados Unidos

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En 1533 Hernán Cortés llegó hasta la actual California en busca de unos españoles amotinados. Cada uno de los exploradores que llegaron después trató de pasar a la historia bautizando lo que durante años se creyó que era una isla, pero es a Cortés -o a sus marineros- a quien se le atribuye el topónimo. Luego llegaría la creencia extendida hasta nuestros días de que el nombre surgía de los vocablos ‘cálida’ y ‘fórnax’, aunque fue el historiador Edward Everett Hale el que demostró en el siglo XIX que el nombre surgió de una secuela literaria, Las Sergas de Esplandián (Garci Ordóñez de Montalbo, 1510) del que aseguran fue el best seller del siglo XV, Amadis de Gaula.España perdió California a manos de los rusos por el norte y de los argentinos por el sur, pero cinco siglos más tarde la lengua y la cultura parece haber sido reconquistada. El último de no pocos casos de éxito es el de las cuatro empresas ‘valencianas’ que impulsan el próximo 11 y 12 de septiembre Rock&Doc, la primera edición de un festival de ‘rockumentales’ latinoamericanos. El rockumental, término que se utiliza para aglutinar a los documentales de música, sigue su particular y creciente interés entre melómanos y cinéfilos, pero instalará uno de los focos más importantes a nivel internacional acerca de los artistas de este origen.

    Las empresas Absolute Beginners y Boiling Braing situadas en Valencia y las establecidas en Los Angeles, Quixote (del también valenciano Guillermo Escalona) y 700g (todas unidas bajo el nombre Laboratorio Cultural Ultramarino), han logrado impulsar este Festival Latino de Documentales Musicales que además se celebrará en Los Angeles Theatre Center. Algunas de las películas más importantes del género estrenadas durante los últimos años, como The extraordinary ordinary life of Jose GonzalezSalicomaníaVega: Tu voz entre otras milEl símbolo y el cuate Paco de Lucía: La búsqueda. Esta última, realizada por el hijo del maestro Curro Sánchez, será presentada en el festival, en un país y una ciudad en la que el propio guitarrista cosechó éxitos durante décadas.

    La Panda Producciones, un colectivo de profesionales del audiovisual que ha participado en las recientes producciones de ficción 10.000kms y Open Windows completa el engranaje empresarial con un equipo ambicioso que pretende establecerse en Los Angeles para crear un evento destacado para el género a nivel internacional. El programa completo ya está cerrado y se puede consultar a través de su web.

    El festival, que cuenta con la colaboración de organismos públicos como Consulado Español en Los AngelesICEXSpain Arts CulturePromexico, y otros organismos como Fundación SGAE, contará también con los conciertos de bandas latinas de referencia, como Sonsoles, Dirty Cali, Vispera o LABrownies, entre otros.

  • Un film celebra los 100 años del tebeo valenciano

    Publicado originalmente en Culurplaza.com

    En un siglo de tebeos, los héroes de papel valencianos se han comido el protagonismo de sus dibujantes. La principal aportación de la ciudad al mundo del cómic, las historietas y los ‘cuadernos de aventuras’ han sido precisamente sus editores y dibujantes. De la producción y éxito nacional de series como Roberto Alcázar y Pedrín o El Guerrero del Antifaz (Editorial Valenciana) a Pequeño Pantera Negra (Maga)pasando por mantener a un dibujante titular en Marvel (Salvador Larroca) y, finalmente, nombrar hijo predilecto de la ciudad a uno de los autores internacionales de novela gráfica más vendidos del mundo (Paco Roca).

    Aun así, la mayoría de ellos son hombres anónimos. Anónimos, por cierto, casi sin excepción hasta la última década. Pero todo empezó de una forma más prosaica; religiosa, de hecho. Las estampitas de santos lanzadas en las procesiones iniciaron la inquietud por la lectura vinculada a las imágenes. Eran historias de un solo impacto, acompañadas de un texto breve. La explosión del número de imprentas en Valencia y en ciudades próximas como Xàtiva extendió la atención por estos grabados grabados  y Aucas.

    Justo en la acera encontraba se empezaban a generar otras historias que vinculaban el dibujo con el texto, como las de La Traca, la revista satírica de Vicente Carceller que marcó la pauta a finales de siglo XIX y explotó durante los inicios del siglo XX. Tal fue su vigencia que, durante las primeras décadas del pasado siglo fue la revista satírica más vendida «y creó escuela». Quien lo apunta es Quico Díaz, director de arte en cine y teatro, pero sobre todo fan del cómic y ahora director del documental Héroes del Tebeo Valenciano. La película se estrena el miércoles a las 11 horas en la Sala Luis García Berlanga de la Filmoteca de Valencia.

    Las Provincias se inicia con algunas de esas historietas en el suplemento Gente Menuda, pero es El Mercantil Valenciano el que consigue el primer gran éxito de las tiras infantiles como Colilla y su pato banderilla (Juan Pérez del Muro). «Colocaron hasta a una persona disfrazada de ‘Colilla’ en la puerta de la Lonja, vendiendo los tebeos», apunta Díaz. El documental parte desde este punto y cuenta como los editores como Carceller, que también sostuvo otras publicaciones como Clarín, o Méndez Álvarez lideraron la edición de revistas satíricas hasta que la Guerra Civil acabó con ellos. En sus casos, literalmente, ya que fueron fusilados.

    Pero el tebeo valenciano había hundido profundamente sus raíces y la gente, con la explosión de la alfabetización en las ciudades, había encontrado en los ‘cuadernos de aventura’ un refugio de ocio. Pintores como Enrique Pertegás, dinamizaban la industria y , nada más acabar la Guerra Civil, en plena carestía de papel, Editorial Valenciana se las ingenió para conseguir una cantidad lo suficientemente grande como para poner en el mercado nacional las historias de Roberto Alcázar y Pedrín, un hito de los años cuarenta.

    «Los cuarenta y los cincuenta fueron seguramente la etapa de esplendor del tebeo valenciano en el sentido de la edición y la producción. Éramos un referente a nivel nacional, con algunas de las historias más populares en España, como las que llegarían poco más tarde con Pumby Jaimito«, añade Díaz. Estos dos últimos títulos son responsabilidad de Juan Puerto y Soriano Izquierdo (como director artístico de las publicaciones), que contaron con numerosos dibujantes de humor valencianos. Más tarde, Manuel Gago, que trabajó en Editorial Valenciana, encumbraría títulos a partir de su propio sello, Maga, como El Club de los Cinco (Manuel Gago), o Pacho Dinamita (Miguel Quesada), Tony y Anita (Miguel Quesada).

    Le hegemonía de Editorial Valenciana y Maga, compartida con la barcelonesa Bruguera, fue acusando el paso del tiempo: «les costó adaptarse. No vieron el tirón de la ciencia ficción, de otro tipo de público que iba demandando otro tipo de narraciones. La sociedad cambiaba, la televisión se convirtió en un fenómeno de masas, y por si fuera poco las grandes editoriales, las valencianas y Bruguera, se enfrentaron a sus dibujantes por los derechos de sus originales». Lo que apunta Díaz fueron los juicios que solo ganó José Sanchis, el autor de Pumby, o incluso el propio Gago que perdió los derechos del Guerrero del Antifaz, de cuando trabajaba en Editorial Valenciana. «Hoy en día, finalmente, los derechos son de los familiares y autores», añade Díaz.

    Con las principales editoriales valencianas fuera de juego, los dibujantes no hicieron más que seguir apareciendo. «La evolución del tebeo valenciano es similar a la de España. De hecho, reconozco ahora analogías con los autores españoles que se vuelcan en el mercado exterior para poder desarrollar su vocación». Díaz recuerda casos como el de la producción de José Ortiz para revistas como CreepyEerie o Vampirella, en los años 70 y 80, o el fichaje posterior de Salvador Larroca por Marvel, para ser uno de los dibujantes titulares del guionista Chris Claremont.

    «En el documenta, Larroca cuenta como, tras un Salón Internacional del Cómic de Barcelona, ambos se bajaron a Valencia. Claremont le dijo que estaba harto de rascacielos y un número de Xtreme X-Men incluye escenas en la Plaza del Ayuntamiento o del Carmen», apunta Díaz. Así lo cuenta, en primera persona Larroca, reflejo de algo extensible al resto de nombres que actualmente sigue produciendo a nivel nacional e internacional: «son gente anónima, que pasa totalmente desapercibida por la calle, pero sobre todo humilde, accesible, muy humana».

    -Históricamente, ¿crees que los dibujantes de tebeos valencianos se han refugiado en ese anonimato para crear con cierta independencia?
    -«Creo que sí. Les ha gustado siempre ese papel, aunque no dejan de tener su amor propio. Por ejemplo, Rafael Boluda, me contaba que se emocionaba al ver su firma («R. Boluda») en el quiosco. No deja de ser el culmen de su trabajo y del sentido de su vida».

    Sento Llobell, Sergio Bleda o Paco Roca son, junto a Larroca, puntales de una generación que exporta eminentemente su talento: «es increíble, pero las novelas gráficas de Paco Roca se editan antes en Francia que en España, porque allí es un referente dentro de las librerías». El documental llega a la orilla con Tenderete, la feria valenciana de autoedición gráfica y sonora, con las transgresiones al entorno digital y una fotografía del escenario: muchos dibujantes, valorados nacional e internacionalmente, generando en el underground intelectual valenciano un poso memorable a través de fanzines y soportes fuera de mercado.

    Díaz es miembro de la Asociación Valenciana del Cómic, especialmente activa en los últimos años y empeñada en dar a conocer el trabajo de todas estas generaciones de dibujantes, así como de un grupo de trabajo con el teórico y divulgador Ricardo Guillamón. De la misma, Carlos Ciurana ha sido parte importante como ayudante de producción en el documental y ayudante del divulgador en los estudios. El enfoque de este trabajo, abierto al público aficionado al cómico como al público en general, está muy presente en el documental y en las Jornadas de Cómic de Valencia, que se espera vuelvan a celebrarse esta próxima primavera por cuarta ocasión.