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  • Venga Monjas y el espectáculo escénico más asqueroso de España

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la biografía de Venga Monjas de YouTube Xavi Daura y Esteban Navarro aseguran seguir siendo «dos niños mimados de Barcelona». 11 años después de haber abierto ese canal, 12 millones de reproducciones y 69.000 suscriptores más tarde, su webserie Da Suisa se ha convertido en la excusa definitiva para explorar la última frontera entre el humor y la expiación colectiva. Desde su primer vídeo y en cualquiera de sus cortometrajes, incluso en sus trabajos -más diluidos- para series como Museo Coconut o Retorno a Lilifor-, ese afán por encontrar placer en la incomodidad del espectador se ha dado la vuelta por completo con la versión en vivo de esta suerte de remake de los Simpsons en la que el guión es una improvisación junto al público. 

    La propuesta no es precisamente clandestina. Ellos mismos se promocionan asegurando que «el asco ha llegado a tu ciudad. El dúo cómico Venga Monjas vuelve con una nueva temporada de su show más apestoso: Da Suisa. La familia más asquerosa de internet vuelve a los escenarios presentando nuevos capítulos en primicia y paridas en vivo que provocarán las arcadas de mayores y pequeños». Aprovechamos el menú para conversar en torno a su momento profesional y a la histriónica propuesta que este sábado 25 de marzo estará en el Espai Rambleta

    -¿La intención con vuestro directo de Da Suisa es llevar al espectador al límite?
    Xavi Daura: «Es el espectador el que nos lleva al límite a nosotros».
    Esteban Navarro: «Son los que provocan todo. Nos sorprende las barbaridades que podemos a llegar a hacer en el escenario. O a decir».

    -Es decir, que la autocensura…
    Xavi Daura: «La marcan ellos, pero, visto lo visto, no tienen».

    -El humor se ha convertido con propuestas como la vuestra en algo terapéutico. ¿Es algo así como una forma de gritar contra a la corrección política?
    Xavi Daura: «Es totalmente así. Es liberador. Terapéutico es el término más adecuado. Da Suisa está funcionando porque nos demuestra que es posible ser un bárbaro en la vida. Que es posible liberarse desde lo más bruto, entre colegas, hacer el burro hasta límites insospechados». 

    -¿Sin límites?
    Xavi Daura: «No hay pretensión de ofender o de pasarse de la ralla. Es la naturaleza. Es lo que surge y lo que nos complace en ese momento. Lo que surge si no pones límites y, a veces, son situaciones muy jodidas».

    -¿Sin guión?
    Esteban Navarro: «El show se va formando espectáculo a espectáculo. Todo está super abierto. El público propone mucho, aunque haya números definidos».
    Xavi Daura: «El guión parte de algo así como una parodia de los Simpsons, de sus capítulos más famosos. Capítulos que nos sabemos de memoria porque somos más que fanáticos. Eso evoluciona a ideas muy raras, que en el caso de la webserie surgen durante el rodaje y en directo, sobre el escenario. Así que del guión podemos decir que sabemos cómo empieza, pero nunca cómo acaba».

    -Y, con esa premisa, de repente, os habéis convertido en algo así como rockstars, de gira, compartiendo escenario con amigos y haciendo el espectáculo que os da la gana. 
    Esteban Navarro: «Es una gozada lo de hacer carretera con amigos de toda la vida, preparar los CD’s para escuchar por el camino, comer en áreas de servicio, durmiendo en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en los shows… joder, sí. Rockstars… pero rockstars no sé de que época.

    -¿El humor es el nuevo rock?
    Xavi Daura: «Sí, sí. Totalmente. Es el nuevo rock. Supongo que tiene que ver con la crisis en el mundo del entretenimiento. Las industrias empezaron a recortar a lo bestia. También la televisión que dejó de tener ese halo de glamour, que dejó de estar bien pagada. A la vez surge el entretenimiento en internet que tiene toda la libertad del mundo y al que se acaban sumando. 

    -¿Os sentís algo así como rockstars?
    Esteban Navarro: «Rockstars… sí. Es una gozada hacer carretera con tus amigos de toda la vida, preparar los CD’s de música para el camino, comer en áreas de servicio, dormir en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en el espectáculo… no sé en qué época le escupían a los rockstars, pero si era así, sí».

    -¿Qué os viene a la cabeza al contrastar este momento dulce con los 11 años de navegación y clips en YouTube?
    Ernesto Navarro: «Pues que tenemos el culo pelado ya. Pero también nos sirve para poder repasar la cantidad de capas y registros que hemos abarcado hasta llegar a Da Suisa«.

     -En esa década habéis atravesado todo tipo de límites. ¿En qué momento sois conscientes de que todas esas ideas que van en todas direcciones pueden ser una posibilidad de realizaros profesionalmente?
    Xavi Daura: «En el momento en el que te pagan por ello. Ese momento en el que te sientes ‘un profesional’ del asunto. Eso te guía, te marca».

     -En vuestro caso intuyo que fue un momento frágil, porque precisamente veníais de mantener una expresión totalmente descarrilada, muy difícil de ‘patrocinar’, muy difícil de ‘comprar’. ¿Cómo fue ese proceso?
    Xavi Daura: «Exactamente. Fue jodido. En ese momento tienes que creértelo y, a la vez, cuidar lo que haces y saber por qué se han fijado en ti. Nosotros, igualmente, somos muy conscientes de que los trabajos en televisión o los espectáculos son finitos. Esto no son trabajos de por vida, así que cuanto más cuides los proyectos que haces, a largo plazo, te irá mejor».
    Esteban Navarro: «Yo creo que el momento de clic fue cuando nos cogieron para trabajar en Museo Cocnout. Eran nuestros primeros sueldos sin más explicación por esto que hacemos. Luego ya se va juntando con que puedes ir haciendo tus ideas y financiarte. De repente, puedes ir empalmando proyectos y vas creciendo hasta que encuentras algo como el directo, como lo de ahora, que hace que te vaya bien. Es un proceso muy lento y nunca tienes la sensación de haber culminado porque una noche va de puta madre y al día siguiente no tanto».

    -¿Pero se puede decir que estáis en un momento dulce en Venga Monjas?
    Esteban Navarro: «Ahora mismo sí, porque los momentos de gira, como las rockstars, vas de subidón. Pero la rutina continúa en casa, con el canal, con los trabajos diarios… las giras siempre se acaban. Por desgracia».

  • Ignatius Farray, el cómico ‘en bruto’ que hace de lo bizarro algo único

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pocos estímulos tiene la historia de la literatura para un adolescente como La conjura de los necios, la novela del malogrado John Kennedy Toole. La novela es la apertura a un humor de situaciones, donde la carcajada se mantiene bate desde la parte trasera de la mandíbula y el humor no vive de explosiones, como sucede con los chistes, sino que funciona como un crescendo de sorpresa y desconcierto hilarante a lo largo de la peculiar historia de Ignatius J. Reilly, su memorable protagonista.

    Ignatius Farray, el alter ego de Juan Ignacio Delgado Alemany cuyo nombre proviene de la novela de Toole, ha asustado con su humor a mucha gente durante algo más de una década. Gracias a sus cameros en La Hora Chanante, el programa que actualizó la comedia en la televisión española, empezó a hacerse popular, pero fue a través de la llegada en tropel del stand-up comedy a España cuando tuvo la oportunidad de hacerse un profesional del humor.

    Como reconoce al espectador, su figura dentro del establishment monologuista no ha hecho más que crecer. La razón: haberse presentado durante años como un comediante de trazo grueso, agresivo desde lo siniestro, imprevisiblemente incorrecto, capaz de asustar al espectador para, finalmente, sacarse de la chistera una serie como El fin de la comedia. Emitida en Comedy Central, es lo más próximo que la televisión y el humor en España ha estado de Louis C.K., o sea, de entender al humorista poliédrico como es Ignatius: «más bien tristón y callado cuando no estoy sobre el escenario», detalla a ValenciaPlaza.com.

    Este sábado 13 de junio estará en La Rambleta a partir de las 22:30h para dar rienda suelta a un humor bizarro, estridente, pero capaz de generar una reflexión en el mismo espacio. Él siempre ha asegurado que Ignatius tiene poco de personaje y mucho de él: «la diferencia es que cuando estoy arriba soy imprevisible, porque no es un personaje meditado, pero simplemente es el que surge».

    Ignatius confirma que los inicios no fueron sencillos. Cuando volvió de Londres, donde se había ido a trabajar tras acabar Comunicación Audiovisual y no encontrar trabajo, tuvo que encontrar dónde actuar y qué contar: «allí iba a muchos comedy clubs y al volver lo que me encontré fue con la explosión de El Club de la ComediaHabía empresarios de discotecas que querían que les llenaras el jueves por la noche de gente la sala, cosa que ha cambiado, y me costó encontrar el tono pero la razón básica fue la de sentir vergüenza, vergüenza propia ante algo, y no hacerlo».

    Este tinerfeño asegura ser «peor cómico de que pensaba que podía llegar a ser». Su propuesta es bizarra, es bastarda, pero es sobre todo profunda. No en un sentido transcendente, sino en el significado fiel de traspasar capas y más capas en cada uno de sus monólogos y descubrir un humor que en realidad descubre una persona, más allá de la carcajada. Ignatius es quejoso y malsonante, pero ha sabido filtrar todas las etapas del stand-up (Lenny Bruce, Andy Kauffman, Bill Hicks…) y disfrutar ahora de un circuito de monologuistas extendido en España.

    «Anoche estaba viendo a un chaval de 18 años que ha encontrado en los monólogos su forma de interpretar su realidad. Y es un crack, se llama Lalo Tenorio, y me alegro mucho porque yo empecé con 29 años. Era a la edad a la que empezábamos aquí porque no había circuitos, pero ahora en Madrid cualquier comediante de toda España puede encontrar con facilidad una noche de ‘micro abierto’», añade.

    Ahora vive un momento dulce, que ha llegado con el paso de los años: «la gente viene a ver mi espectáculo con una idea de de lo que puede pasar. Cuando antes, de repente, le chupaba los pezones a un chico, la gente se asustaba. Ahora hay chicos que se sientan en primera fila y yo le digo que ‘me están jodiendo la vida’… nos reímos de ello ahora que la gente tiene menos rechazo hacia mí». Transgresor, provocador, son las capas, como las de una cebolla, las que generan un interés genuino en su humor. La lágrimas también son compartidas.

  • Ana Morgade: «La tele es un negocio en el que no siempre importa lo bien que hagas las cosas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El próximo sábado 4 de octubre Ana Morgade estrena en el Espai Rambleta su obra ‘Morgadeces‘ (21h). Hilarante y descarada, la actriz y cómica madrileña se enfrenta así al que será su primer espectáculo en solitario, «sin nadie más en el escenario al que se le pueda echar la culpa de que la función no haya ido bien«, como apunta ella misma a ValenciaPlaza.com.

    La también ayudante de dirección, guionista y ‘rostro televisivo’ asegura estar lejos de su punto de saturación laboral y avanza el que será el núcleo de su espectáculo: «esta cabeza tiene muchas ideas. ¡Ideas muy buenas, aunque no lo creáis! Voy a compartir todos esos remedios que se me ocurren y que hacen falta en el mundo, porque España está un poco… que necesita un ‘abrillantao’«.

    Dedicada casi desde el principio de su carrera dramática (se formó como actriz en la prestigiosa escuela de Cristina Rota en su Madrid natal) al humor, Morgade asegura que «la improvisación ha sido la fórmula para evitar tener que escribir todo lo que soy capaz de pensar y decir a lo largo del día». Catapultada definitivamente al marco de rostros televisivos reconocidos por Buenafuente, actualmente es una de las copresentadoras de Zapeando en la sobremesa de Cuatro.

    Hasta hace tan solo unas semanas también formaba parte del reparto de Con el culo al aire, una serie de comedia que pese a su púbico fiel y las tres temporadas que le precedían fue cancelada abruptamente este pasado verano.

    -¿Cómo recibisteis la noticia de la cancelación de la serie?
    -Pues con mucha pena, como el resto del reparto creo. Era una andadura larga para como está la televisión, y el público de la serie estaba muy pendiente de su futuro, pero… se acabó. He aprendido con el tiempo que cada ‘producto’ tiene su tiempo y que la tele es un negocio en el que no importa siempre lo bien que lo hagas. Importan otras cosas, como los audímetros [los aparatos con los que se miden las audiencias de la TDT], que yo no conozco a nadie que haya visto uno. Son como los Reyes Magos o El Ratoncito Pérez. Pero la cuestión es que cuando sucede toca brindar por los que se van y por lo nuevo que vendrá.

    -Y no te falta trabajo, pero antes estuvo el teatro. ¿Has notado una caída importante en los recursos para producir programas de televisión tal y como pasó con las escénicas?
    -Dejé el teatro porque me empezaron a pagar poco. Poco y mal. Cuando llegué a la tele ya estábamos en crisis y también era poco, y luego también mal. Pero he aprendido a manejarme a mí misma en ese contexto. De vez en cuando oyes a alguien que dice que si comían caviar y limpiaban el suelo con champán, pero no sé muy bien a qué se refieren.

    -¿Convives cada vez mejor con esa fugacidad de contenidos y momentos, de hoy estar rompiendo audímetros y mañana desaparecer de la parrilla?
    -Los cómicos, los actores y el farandulismo en general, tenemos que asumir que somos autónomos de la vida. Asumes que te van a despedir más veces de las que te van a contratar. Pero ojalá mejore la cosa, oye. Espero que cambie.

    -Reto, oportunidad… ¿qué buscas con ‘Morgadeces’, la risa a boca abierta o un juego de ritmos con el público?
    -Un poco de todo. Lo importante es que estoy sola en el escenario por primera vez y eso me gusta, porque a veces creo que lo he hecho bien pero como siempre hay alguien más conmigo no lo sé. Ahora no habrá comparativas: seré lo mejor que haya.

    -Pretendes dar soluciones. ¿También a la crisis?
    -En ‘Morgadeces’ no toco mucho el tema de la crisis porque bastantes bromas nos gasta ésta todos los días. Más bien me aproximo a pequeñas o grandes realidades de todo el mundo. Propongo soluciones porque tengo unas ideas muy locas, pero, en serio, creo que a base de mis pequeñas ‘morgadeces’ puedo hacer una contribución positiva a este mundo. Tenía muchas ganas de compartir todo esto…

    -¿Quién contagia a quién, público a humor o humor a público?
    -El público español es estupendo porque permite que, aunque no nos vaya bien en casi nada, seamos pioneros en el humor. Creo que tiene una interesante capacidad autocrítica.

    -Cuando hablas de pioneros, ¿en quién estás pensando?
    -En los chicos de Muchachada Nui, en Miguel Noguera, en Venga Monjas o en Loulogio, por ejemplo. El humor ha cambiado mucho en España en muy poco tiempo.

    -Pero ellos crecen en gran medida porque producen un humor que se apoya en Internet, donde la confianza y el tiempo funcionan de una forma muy distinta a la televisión.
    -Lo que está claro es que a las tres de la tarde no puedes decir cualquier cosa, porque estás metido en la mitad de hogares españoles. Se apoyan en nuevos medios, pero están revolucionando las formas y hay un público numeroso que lo está disfrutando y que provoca que se contagie a la televisión.

    -¿Cómo enmarcas ese humor?
    -Es algo que va mucho con nosotros, con el esperneto, una especie de despropósito tosco que nos divierte mucho.

    -¿Entiendo que alguno de los nombrados hay algunos que no tienen cabida en televisión?
    -Es que según el horario, hay público que podría poner a la Constitución por delante cada minuto. Internet ofrece esa libertad, pero el teatro también.

    -¿Por qué también el teatro?
    -En el teatro hay un pacto tácito en público y actores: el pago. Es un gesto material, pero también es como decir: ‘venga, me voy a tragar todo lo que digas porque ya he confiado en ti’. Otra cosa es que les guste…

    -¿Aprovechas entonces para apretar más el acelerador en ‘Morgadeces’?
    -Sí, me tomo unas cuantas licencias. Bastantes.

    -¿Cuando estudiaste interpretación ya sabías que querías hacer humor?
    -Lo cierto es que no era mi idea. Yo quería ser una actriz dramática afamadísima. Y lo intentaba, me metía en el papel… ¡pero mis compañeros se descojonaban! He hecho cosas como actriz dramática, pero cada uno tiene sus virtudes… Creo que si puedo actuar y esto me da de comer, para mí es como la cuadratura del círculo porque hago lo que más me gusta.

    -¿Cuáles son tus ‘malas’ preferidas de la historia del cine?
    -¡Las de Disney no pueden ser mejores! Ariel está bien, pero Úrsula mola mucho más. ¿Pero es que quién quiere ser bueno en el teatro o en el cine?

    -Además del humor, está tu faceta dentro de la improvisación, con la cual has trabajado mucho. Esto además tiene uno de tus vínculos con la ciudad de Valencia, tu participación en la compañía L’Om-Imprebís.
    -Así es. Además de participar en temporadas y obras en teatros como el Talia, fue muy importante para mí formar parte de L’Om-Imprebís, que no creo que sea una de las mejores compañías a partir de la improvisación de España, sino del mundo. Llevo 18 años haciendo ‘impro’ (¡tengo 20!) y me doy cuenta que L’Om-Imprebís tiene a uno de los artistas más prolíficos y currantes que conozco, su director Santiago Sánchez.

    -Por dónde sigue la gira de ‘Morgadeces’ tras su estreno en La Rambleta.
    -Al parecer ya está cerrado que pasaremos en Zaragoza y más adelante también es seguro que haremos temporada en Madrid. Es importante estar allí, porque sino me cuesta explicarle a mi madre con qué exactamente me gano la vida. 

  • Miguel Noguera: «Mi forma de estar en el mundo tiene que ver con desmontarlo»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Como animales sociales, es inevitable aceptar que compartimos un background de conocimientos con los que nos rodean. Conocimientos a través de la cultura popular, del boca a boca, de la educación primaria, de la estructura familiar global, de la religión, los best-sellers, la imitación y la televisión. ¿Qué sucede si toda esa imaginería almacenada en nuestro cerebro empieza a deformarse a través de explosiones entre las ideas, mezclando sujetos imposibles, cambiando radicalmente el orden de lo moralmente bueno y malo?

    Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) es un artista que ha vehiculado su necesidad por comunicar, por expresarse, a través del humor. En una carrera fulgurante, con la publicación de varios libros devorados por una generación de inconformistas capaces de darle mucho bombo a sus mensajes a través de las redes sociales, Noguera ha reconstruido el formato del monólogo para proclamar un juego colectivo en el que él, como un chamán de ese movimiento de ideas mentales, altera el orden de los factores para producir en el público imágenes llenas de tensión. El espectáculo se llama ‘Ultrashow’ y, aunque no es la primera vez que pasa por la ciudad de Valencia, estará accesible este próximo sábado a partir de las 20:00h en Radio City.

    Humor de lo absurdo, transgresión escénica, ocio delirante, Ultraviolencia y Ser madre hoy (publicados por Blackie Books) han sido dos de los citados libros que más han prosperado en la curiosidad de los españoles. Las ideas tergiversadas, las imágenes increíbles, pasan a alcanzar una experiencia superior con el directo de Noguera con el cual conversamos antes de que vuelva a saquear la mentalidad de los valencianos este fin de semana (también estará firmando ejemplares de su último libro, Mejor que vivir, en el bar La Bitti de la Plaza Xùquer el domingo a partir de las 18 horas).

    -¿Cómo te influyó el sentido docente de la Universitat de Barcelona cuando estudiaste Bellas Artes?
    -En cierto modo, la carrera de Bellas Artes en la UB es muy caótica. No hay muchos recursos, así que todo se basa bastante en lo que puedas crear a partir de tu libertad. Por ejemplo, si te metes en el departamento de pintura muchos créditos se van a resolver a partir de tus propios trabajos y de tus propias ideas. Pero, bueno, supongo que la libertad creativa es inherente a la situación de la Facultad.

    -¿Cómo te percibes ahora cuando piensas que estudiaste esta carrera? ¿Qué piensas de aquellos que la inician ahora?
    -Cuando yo la estudié ya se decía aquello de que no era una opción por la que fueras a encontrar muchas salidas laborales. Supongo que siempre ha sido así, y que todo depende de tu vocación o tu interés en las materias. El que estudia Bellas Artes se siente ilusionado, y así lo veo yo ahora, aunque no estaba muy claro que fuese a intentar nada que prosperase por el campor artístico.

    -Tuviste algún que otro reconocimiento en este sentido, antes de ponerte a crear a través de la escritura o el teatro. ¿Cuándo se inició este nuevo camino?
    -Tenía una actividad supuestamente artística y creativa, pero era algo que no competía con mi vida cotidiana. Si recuerdo que tomaba apuntes sin parar, pero contaba con que algún día iba a tener que buscar un trabajo en la hostelería, el marketing o algo así. Así que apuntaba mis ideas, las que pueden verse en el ‘Ultrashow’, sin mucho criterio, sin llegar a nada en concreto. Era algo confuso para mí.

    -¿Qué te permite el teatro con este material?
    -Está más próximo al arte contemporáneo lo que hago, supongo. Si escribes una novela, hay un guión y un patrón que debes seguir. Sin embargo, yo tengo bastante libertad a la hora de crear en este sentido. Hay ausencia de un marco formal.

    -Trastocas muchas ideas establecidas en el imaginario colectivo. De hecho, es fascinante tu perversión del mainstream y de la cultura popular. ¿Cómo trabajas?
    -Bueno, lo que hago es ir anotando todo lo que se me ocurre y creo que puede tener salida. Luego realizo un filtrado por el cual me quedo con lo mejor y lo divido en dos: lo que va a los libros y lo que va para los ‘ultrashows’.

    -Pero todo tiene una forma muy directa de llegar, unos recursos marcados para conseguir impactar en una buena cantidad de público.
    -No me molesta que sea así. Se me considera cómico y respondo a eso, con un espectáculo de comedia en el que no tengo voluntad de mistificar o de hacerlo oscuro. Ha de ser así, entretenido, rápido, sencillo, claro.

    -En efecto, son ideas muy concretas. ¿Queda lugar en este tipo de sociedad para lecturas y mensajes más densos, menos ‘despejados’?
    -Seguro que sí. Los hay. Esto está muy ligado a lo que la gente valora como humor. Sin embargo, a lo mí lo que me interesa es que esta forma de expresar ya estaba presente en el material que yo manejaba hace años.

    -Más o menos concisa, es una forma de expresarte constante, en la que se reconoce enseguida tu estilo.
    -Hiciese lo que hiciese, aunque me dedicara a cualquier otra cosa, artísticamente tengo la máquina siempre encendida. Es mi forma de estar en el mundo, que tiene que ver mucho con desmontarlo con mis comentarios sobre el mismo.

    -Podría estar en ti de otra forma, pero de una manera no muy ortodoxa estás constantemente publicando y de gira con los ‘ultrashows’. ¿Cómo te visualizas en este ‘papel’?
    -Tengo la influencia positiva de trabajar en algo que me gusta. O, dicho al revés, no tengo la influencia negativa de trabajar en algo que no me gusta. Y esto ha hecho que haya aprendido a fijarme más en lo que hago, y tal. Pero me preguntan a menudo por qué tal lo llevo: «debes estar encantado, vives en el teatro». Creo que hay una sobrevaloración positiva y no me puedo despegar de ello.

    -Escritura, radio, teatro. ¿En qué disciplina te has sorprendido más a ti mismo, dentro de la progresión de los últimos años?
    -En el teatro, seguro. No pensé que fuera a hacer de esto un medio de vida.

    -Durante estos años a los que hacíamos referencia te has cruzado con algunos artistas de diferentes disciplinas con los que has conseguido crear personajes muy interesantes. ¿Cuáles de todos ellos te han marcado más?
    -Los papeles de cine con Nacho (Vigalondo) y Carlos (Vermut) me han servido mucho. Además, Nacho es una persona a la que seguía, especialmente con su blog, y que creo que es uno de esos personajes aglutinador o catalizador de otros talentos, de los que se aprende una barbaridad. Es un puente entre personas y para mí es un honor conocerlos y divertirme con ellos cuando nos encontramos. Por cierto, la última vez fue en Valencia (en el Espai Rambleta en un show combinado).

    -Quizá, con quien más ha impactado el fruto de tu unión ha sido con Venga Monjas. ¿Qué relación tienes ahora con ellos?
    -Ahora mismo somos amigos y nos vemos a menudo. La verdad es que es curioso como hay un vínculo que fluye de forma natural con ellos, aunque no nos conocíamos. Desde siempre me ha parecido que con sus vídeos, con su humor, se recortan del resto de una forma muy clara y me gusta mucho lo que hace. Además, me gusta como no se nos tiene por qué relacionar en primera instancia, sino que ambas perspectivas se suman creativamente. La afinidad, supongo, tiene que ver con que tienen un sentido del humor que a mí me hace mucha gracia.

    -Cuando os juntáis, como amigos, ¿estiráis tanto las bromas? ¿os saturáis?
    -La verdad es que tanto ellos como yo, bromeando, somos intensos. Tampoco los veo tanto, porque si estuviera todo el día con ellos nos cansaríamos. Pero cuando nos juntamos es inevitable bromear y tal. Es muy agradable.

    -¿Está en vuestra personalidad esa broma constante?
    -La verdad es que no. Fuera del humor, de cuando estoy haciendo humor, creo que soy bastante seco. Para mí es una especie de juego de lenguaje. Cuando estoy con ellos, por ejemplo, surge mucho. Pero vamos, que también hablamos de temas serios.

    -¿Crees que era necesario darle una vuelta al canon tan prodigioso -en cuanto al rédito económico- del monólogo?
    -Si ha sucedido algo de eso, no ha sido de forma consciente. No me he subido a un escenario con eso en mente nunca, aunque puede ser que inconscientemente, dentro de ese terreno de la comedia, puede que se vea algún tipo de diferenciación. Pero no estoy en contra del monólogo más establecido, por llamarlo así. Hay gente muy buena que trabaja sus guiones y los lleva a cabo perfectamente.

    -La gente que acude a verte sabe que no se enfrenta a un monólogo convencional. Bajo esta premisa, ¿qué es lo más bizarro que te han dicho alguna vez después de un ‘Ultrashow’?
    -Pues sorprendentemente hay gente muy agradecida al terminar. Creo que ven lo que se van a encontrar en YouTube y saben a qué se acercan. Pero bueno, una vez, un periodista que me entrevistó me dijo que le parecía desgradable lo que hacía, porque estaba deseando que acabara en todo momento. Que, aunque le parecía más o menos fascinante, quería que se acabara ya «tanta mierda». Y me pareció curioso y siniestro, pero entendí su reflexión.

    -Mencionas vídeos en YouTube. ¿Has encontrado a algún humorista que te haya sorprendido y que hayas podido conocer a través de este canal?
    -Carlos Padial me habló de Steven Wright. Me sorprendió mucho, porque no conozco la comedia americana. Las formas que utilizaba en los años 80 eran muy interesantes, con un contenido muy cercano. Había algo de su espíritu que era muy formal, pero no era muy gracioso. Interpretaba, sencillamente, pensamientos espectaculares.