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  • Eindhoven: pornografía para diseñadores y hedonistas

    Publicado originalmente en Guía Hedonista

    De los viajes hay que escribir en caliente, pero una vez aterrizado. Así uno todavía recuerda el impacto de no haberse encontrado ni un excremento de perro por la calle pese a la escasa presencia de trabajadores de la limpieza. Así, al contraste con las primeras horas en casa, uno se queda mirando al infinito al rememorar que ha sido incapaz de tomarse un café al que ponerle peros durante el viaje. Eso, o que ha tenido la sensación de ser uno de los no muchos turistas de la ciudad, algo que sin duda ayuda a creer que está conociendo verdaderamente el entorno real del sitio que visita. Y todo eso, en este caso tan reciente, en una ciudad que respira diseño, arquitectura y civismo por los cuatro costados. Un golpetazo de calidad de vida en el que, además, cabe la posibilidad de ser muy hedonista. Hablamos de Eindhoven.

    En lo que respecta al aspecto gastronómico, es difícil pasar por alto que en la quinta ciudad por población de Holanda hay una especie de embajada valenciana en la casa de Adrián Zarzo. O en sus casas, mejor dicho: Zarzo, Valenzia o Bodega. El primero es el que posee una Estrella Michelin, pero más allá del buque insignia, situado a los pechos del canal Dommel, Valenzia (Big Gourmand para Michelin) posee una terraza envidiable. Midiendo los tiempos, se puede atravesar la cocina fusión de base mediterránea de este local por menos de 40 euros. Y ese nivel de precio podemos encontrar en el muy recomendable Umami (Big Gourmand para Michelin), restaurante de cocina asiática moderna donde mariscos, pescados frescos y verduras (encurtidas o genialmente interpretadas) marcan la carta. 

    Cualquiera de los citados serviría para epatar al turista, pero la lista es extensísima y en las cotas más exigentes incluiría seguro el Wiesen o el De Karpendonkse Hoeve, ambos Estrella Michelin. El primero, muy cerca de una experiencia elitista en ambiente y presentación de platos de alta cocina; el segundo, algo más próximo a ideas tradicionales y la cocina clásica del entorno en una auténtica casa de campo de Eindhoven. Son ejemplos de un nivel gastronómico muy alto que, como ya nos comentó Zarzo en la conversación enlazada de hace unos meses, deriva de una alta cultura en lo que a la creación culinaria se refiere. Sin mencionar quedan hasta tres locales con dos Estrellas, pero no deja de ser una fotografía del nivel.

    Ruta hedonista

    Lo mejor de la Champions no son tanto todos esos jugadores, sino el segundo equipo y la cantera que tan próxima nos resulta en Guía Hedonista. Una ruta básica para un día cualquiera pasaría por salivar en este orden: desayuno en Lucifer, que además de unos sandwiches elaborados con la sabiduría del maligno, posee un cruasán con mantequilla y mermelada que se sitúa entre una de las cinco cosas que hay que vivir sí o sí en Eindhoven. El café, apasionante. El almuerzo le corresponde a una de las hamburguesas de Mr. Sister, solución para cualquier mediodía (ojo, comen entre las 12 y las 13h. Por suerte, casi todos los locales son non stop kitchen, pero si quieres compartir biorritmo, baste decir que a las 18h han cerrado todas las tiendas). Vegana y clásica, ideales. El aperitivo, para ir aproximándonos al espíritu diseñil de la ciduad, lo haríamos en el Cafe 100 Watt. La enésima fábrica reconvertida a micro market de artesanos contiene un delirio de craft beers y tapas a orillas del Dommel. Por último, la cena más desenfadada puede suceder en el Down Town Gourmet Market. De poke bowls a pizza pasando por sushi o cocina vietnamita. En este mercado gastronómico, si el tiempo acompaña, la noche sirve también para saciar distintos apetitos desde distintas afinidades.

    La ruta propuesta tiene muy en cuenta que la distancia entre todos los mencionados no superará los 500 metros. En algunos casos, como el de Lucifer y Mr. Sister, pared con pared. El tamaño de la ciudad es una delicia, pero más lo es todavía llegar en bici a otros polos de interés creativo en lo gastronómico. Como por ejemplo el que te lleva a la zona de Strijp-s, done en apenas unos metros encuentras el popular restaurante Radio Royaal –si todos son carne de Instagram, este es el entrecot–, Pastryclub o el sanote Ketelhuis. En apenas un área de 50 metros, donde los estudios de creadores se recrean en los espacios antiguamente ocupados para Philips para la construcción de equipos, heladerías, herbolarios, tiendas de vinos, salas de conciertos y hasta un restaurante indonesio conforman otro de los barrios de interés en Eindhoven.

    Diseño por un tubo (de Philips)

    Cuando uno pasa por la plaza del Ayuntamiento de Eindhoven y ve que todo el mobiliario urbano de la misma son dos instalaciones de skate, algún tipo de modernidad intuye. Porque no es solo que esas sean las únicas dos instalaciones; es que la plaza en sí es un gran espacio abierto en el que a lo largo del día –especialmente niños y muy jóvenes– practican con sus bicis, patines y patinetes. Y eso es lo que sucede, en tremendo contraste con la feria de las franquicias que es la plaza del ayuntamiento más propia. Pero no es una pose, porque Eindhoven tiene el skate park bajo techo más grande de Europa (en la quinta ciudad por población de un país con 17 millones de habitantes). Ese lugar es Area 51, donde el solo hecho de ver a tanta gente patinar ya le evade a uno hacia algún pensamiento imprevisto y creativo.

    Entre los tópicos de la ciudad se encuentra el que tiene que ver con su inminente Eindhoven Market Faire. La feria de creadores que rima con una realidad: es la ciudad con mayor número de patentes por habitante año tras año. Y eso tiene mucho que ver con Philips, porque si bien fue Edison quien se adjudicó el invento de la bombilla, en Europa fue la familia Philips quien la fabrico principalmente. No se quedaron ahí: el Museo Philips, situado ante unas majestuosas, modernas e interesantes facultades de diseño gráfico e industrial, muestra toda la historia del siglo XX a través de esos objetos cotidianos a los que llamamos electrodomésticos. Es una primera pista de una escalada de diseño que abarrota la ciudad, porque no es normal que en las decenas o centenas de oficinas vistas a través de las grandes cristaleras –muchísimo cristal; muchos meses en gris al año– la cantidad de mobiliario de alto diseño sea tan desmesurada.

    De hecho, en el apartado gastronómico el diseño parece de otra liga. La influencia constante por estándares de calidad altísimos en diseño impregna toda la ciudad. Y los ejemplos son como de ida y vuelta, pero con un polo de atracción particular en la fábrica, taller, estudio, tienda de muebles y souvenirs que tiene Piet Hein Eek. Este muy popular diseñador mantiene su base de operaciones en Eindhoven. Encargado de idear cada año –desde hace muchos– el restaurante del Salone del Mobile de Milano está allí trabajando mientras algunos empleados se encargan de dirigir las visitas. 

    A unos 5 minutos en bici del centro de Eindhoven, pocos lugares pueden ser más inspiradores para diseñadores, interioristas y arquitectos. Piet no solo tiene allí su estudio –cuando llegamos, como si de un anuncio se tratara, delineaba frente a su tecnígrafo rodeado de jóvenes diseñadores–: mantiene en su factoría dos espacios expositivos con artistas internacionales.

    Excursiones, parques y más café

     Los carriles bici no se acaban nunca, como pudimos comprobar hasta llegar al Van Gogh Bicycle Path: unos 500 metros de carril bici, a una hora andando del centro de Eindhoven, donde La noche estrellada (1889) aparece en la más absoluta oscuridad en el suelo de ese carril bici. Dos minutos antes de llegar, parece una locura haber llegado hasta el lugar –sin que los carriles bici hayan cesado en ningún momento–, pero luego, la experiencia nocturno de la pintura fluorescente y las formas vangoghianas dan sentido al viaje. Uno más que conviene hacer en bici, herramienta por la cual se consumen sus muchos museos y galerías de arte privada en apenas dos o tres días. Eso sí, entre los museos, por su situación y presencia arquitectónica externa, pero por su ambición expositiva interna, merece especialmente la pena destacar el Van Abbemuseum. Un museo de arte moderno y contemporáneo también impropio para 250.000 habitantes.

    Los futboleros también verán inserto el majestuoso Philip Stadium del PSV Eindhoven según lleguen del coqueto y eficaz aeropuerto, súper conectado con las grandes ciudades europeas. Más allá de su propio museo del fútbol, más allá del también sui generis Mu artspace, más merece la pena una visita a la Design huis (otra escuelita de diseño de puertas abiertas), un desayuno más en Meneer de Boer o un café en CoffeeLab (dicen que no de los mejores del mundo; sin duda, muy premiado). En bici, nada de todo esto ni de lo anterior, a más de 5 o 6 minutos. Y todo ello regado con un alto grado de hospitalidad y afabilidad, propio de una ciudad que, como decíamos, está muy lejos de sentir el temblor del turismo de masas. Ni siquiera su interesante catedral neogótica o el resto de emplazamientos religiosos tienen más población que la que profesa su credo.

    Eindhoven, ciudad que fue española durante décadas y por la que el todavía Imperio –o sus rescoldos– vertió su sangre, sufrió una auténtica devastación tras la Segunda Guerra Mundial. Por ello, en parte, el diseño de sus propias calles es de una racionalidad aplastante. Un diseño de fuera adentro de las casas que, en el 95% de los casos, no superan las dos alturas. Cada distrito parece repartirse un único rascacielos, siempre con usos hoteleros, hosteleros e incluso culturales. Por ese motivo, las ofertas de apartamentos vacaciones o vivienda compartida en la ciudad –salvo malas excepciones– resultan de lo más estimulantes para un urbanita. Hasta en eso se transpira calidad de vida que, por otro lado, sorprende en los precios de sus supermercados: pescado y carne, entre muchas otras cosas, son incluso algo más baratos que en España.

    Por todos estos motivos y muchos otros, por la facilidad de encontrar alojamiento a un precio muy competitivo y por la cantidad de enlaces de su aeropuerto, Eindhoven bien merece unos días. 

  • Renau, como nunca: se estrena el primer documental sobre el trascendente artista e intelectual valenciano

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Es increíble, pero acaba de estrenarse el primer documental sobre Josep Renau. En 2018, 110 años después de su nacimiento y 36 desde su desaparición, el gran artista e intelectual valenciano alcanza la gran pantalla. La primera película en torno al responsable de que cualquiera de los casi tres millones de visitantes del Museo del Prado en 2017 pudiera disfrutar del patrimonio que salvó trasladándolo. El mismo que encargó el Guernica a Picasso y le implicó en el Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París de 1937. El mismo que, antes de todo ello, catalizó las vanguardias hasta el cartelismo fundamental en la convulsión comunicativa en la Europa de los 30. El que compartió espacio con los grandes muralistas mexicanos (Siqueiros), que abrió caminos para la animación dentro de la televisión alemana y se avanzó al Pop Art una década haciendo un uso interesado de las grandes marcas (American Way of Life) para hablar de su ideología.

    Todas esas caras y muchas más, incluido el triste final ofrecido por las autoridades valencianas de la recién estrenada democracia, se armonizan en la producción de Endora que ha contado con el apoyo de l’Institut Valencià de Cultura, la Diputació de València, À Punt Mèdia y Radiotelevisión Española (con derechos de emisión). En apenas 70 minutos la cinta atraviesa la vida de un artista e intelectual fiel a una ideología sometida a las contradicciones del siglo XX. Esa es una de las virtudes del documental: mostrar al genio entre «luces y sombras», tal y como lo expresaba Rafael Casañ, codirector del film junto a la también productora Eva Vizcarra, al frente de más de 30 profesionales valencianos con un presupuesto de apenas 250.000 euros, de los que la Generalitat ha aportado 90.000. 

    El proyecto era anterior a El arquitecto de Nueva Yorkpremiado documental sobre Rafael Guastavino de Endora. Sin embargo, no gustó y permanecía en un cajón desde antes de 2016 hasta que empezó a acumular intereses. Muy poco a poco y, a veces, al margen de la fragilidad económica. Esa es la pista de por qué a semejante altura de la historia, una figura tan controvertida y usada por sus más próximos no había llegado al audiovisual. En las respuestas de algunos de ellos tras una proyección a la que acudieron el president de la Generalitat, Ximo Puig, y el Conseller de Cultura, Vicent Marzà, hay dejes de ese aislamiento del icono: las únicas críticas al documental eran sobre la escasa profundidad sobre el prohombre y su narrativa un tanto esquemática.

    Esa es precisamente la herramienta en la que se convierte Josep Renau: El arte en peligro. A menudo, el artista e intelectual es tratado como un todo difícilmente abarcable. En épocas de gobiernos conservadores, conscientes de la imposibilidad de someter a un referente al silencio, destacando una parte muy concreta de su obra para evitar algunos pasajes del pensamiento contrario. Ahora, una cinta editada para estándares televisivos (70 y 50 minutos) lo abarca sin eludir sus cambios de ritmo en la voluntad política de su obra: anarquista, comunista, embaucador, crítico, gestor, escéptico, perfeccionista, déspota capaz de asimilar y proseguir la marca desde cualquier coordenada. 

    Como en el caso de su amigo otoñal Joan Fuster, la altura de su nombre y la corte que mantiene el legado funciona con un conocimiento amplio del fenómeno. Plagado de capas y de riqueza, el primer documental sobre ese hito que transitó varios países para lograr ser quien quiso arroja luz sobre una obra multidisciplinar. 

    El arte en peligro

    Con su discípula Marta Hoffman y la cronología vital de Renau como hilos conductores, el espectador más afortunado es aquel que apenas conoce al personaje. No obstante, el film recupera algunas imágenes inéditas del archivo de Radiotelevisión Española que Vizcarra califica de «emocionantes». También aviva alguna obra inédita gracias a la investigación en torno a un artista que según José Miguel G. Cortés, director de l’Institut Valencià d’Art Modern y entrevistado, «nunca ha sido olvidado. Ya me gustaría que todos los artistas valencianos pudieran estar igual de bien tratados que Renau por el IVAM», añadió poniendo en valor la gestión de los fondos que el propio creador donó a la ciudad de València.

    Con una música original de Miquel Gil, Peter Gun y Javier Vercher, los mismos autores del film de Guastavino que se conecta por formato y este colchón sonoro con Renau, las escenas de su vida se van sucediendo desde el Cabanyal hasta el exilio mexicano y ha su importante etapa en la República Democrática Alemana. Berlín, Ciudad de Méjico, pero también Halle-Neustandt o València son espacios protagonistas de la película que acudirá a certámenes como el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y pasará por pantalla comercial el próximo verano. 

    Vizcarra y Casañ, resueltos en disponer las contradicciones políticas de Renau en una obra que él mismo consideró fuertemente política –que decidió que así fuera–, han evitado ahondar en «su compleja relación con las mujeres». En la cinta se menciona de pasada que tiene «muchos hijos» y que hubo muchas compañeras, pero Manuela Ballester, con quien pintó y gestionó obra y legado, la misma que aparece en repetidas ocasiones junto a él en la austera lápida que nos recordará siempre la distancia con la que su ciudad vivió su epílogo, ni siquiera es mencionada. Tampoco la descendencia que, claro, no participa entre las voces de un relato pegado a sus constantes avances como creador de las artes plásticas. Una vocación de cuna, dado que su padre era profesor de la Real Academia de San Carlos y ante quien se revela muy joven al pintar a un modelo en tonos exclusivamente morados y verdes.

    El antiimperialista que pintó carteles para Hollywood –magníficos por otro lado–, ha sufrido el peso de un compromiso político del que ahora se libera «por el paso del tiempo». Eso cree Casañ y algunos invitados, en la presentación, aprovecharon para comentar en corrillos que fue el Gobierno socialista el que silenció a Renau en los 80 en aquel triste y desamparado final. Eso sí, con la creación de la Fundación Renau y la clasificación exhaustiva de los fondos en el IVAM. Ahora que «las aguas se han atemperado y se puede hablar sin tapujos y sin miedos irracionales o estúpidos», comenta Casañ, el intelectual se muestra un un tríptico que pasa por una primera etapa española de formación hasta su exilio tras la Guerra Civil; una segunda etapa mexicana comprometido con el arte revolucionario en la calle; y una tercera etapa cuando se traslada al «epicentro del comunismo real» en Alemania.

    Vinz Feel Free representa la idea de futuro a partir del lenguaje y posición de Renau

    En el apartado técnico quizá destacan las manos de Víctor Entrecanales en la fotografía. En el caso alemán, combinando la captura de grandes espacios –por los murales–, de los alumnos de Renau, del pasado y de la intimidad de Marta Hoffman. Es el tramo en el que la estética del artista y la fotografía se hilvanan con agilidad (se echa de menos que la etapa mexicana se haya resuelto por archivo y sin pasar por el país azteca. Se intuye la imposibilidad presupuestaria a la hora de abordarlo). 

    También sobresale el trabajo del estudio de animación Frame Over, con Carlos Escutia al frente, capaz de animar la serie American Way of Life. Esta idea, que parte del atrevimiento por parte de todos sus responsables, supone una cápsula muy estimulante en torno a la obra de Renau. Jugando a dejarle hacer a partir de la animación actual –que él trabajo casi como un artista accidental en la televisión alemana–, Escutia da cabida a una especie de musical visual en torno a esta serie de trabajos de distinta tipología de Renau. Cobra vida y hasta una nueva dimensión, en una de las aportaciones más memorables de la cinta de Vizcarra y Casañ.

  • Dani Nebot y Celler del Roure: el maridaje memorable entre diseño y vino

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Los frutos del campo valenciano han jugado un papel primordial para algunos de los diseñadores valencianos ‘surgidos’ en los vibrantes años 80. La explosión de las empresas del mueble y del textil de aquella época, contraídas hasta bordear la extinción en la pasada década, no afectaron a la paulatina apertura de los grandes productores agrícolas y ganaderos a los que las exigencias del mercado les llevaron a confiar en el buen hacer del diseño para exhibirse en cualquier feria o lineal del mundo.

    De hecho, es complejo hablar de casos de éxito de forma aislada. Muchos se conectan, ya sea por sectores o a través de los mismos diseñadores, que han generado su propio know how con estas empresas, con clústers de la exportación y con las cooperativas. Sin embargo, en el exigente mundo del vino, con los caldos españoles (Rioja a la cabeza) facturando por medio mundo, el maridaje entre Celler del Roure -entre otros reconocimientos, mejor bodega en los Premios de la Academia de la Gastronomía de la Comunitat Valenciana- y Dani Nebot -entre otros reconocimientos, Premio Nacional de Diseño- no es sólo singular; es memorable.

    El amor a coste cero

    «Las etiquetas que he hecho para Celler del Roure han sido posibles gracias a ellos«, aclara Nebot en una jornada de invierno con gazpacho de pastores, vinos a temperatura ambiente y distensión en la bodega fonda de la marca. «Cojo cualquiera de estas etiquetas y la llevo a cualquiera de los grandes productores valencianos y me tiran a patadas según se las enseño«. Pablo Calatayud, director y hombre orquesta de la empresa vitivinícola, dio con Nebot casi de casualidad, pero a la vez sabiendo que era él el que debía interpretar la marca de sus vinos para el mercado internacional.

    La bodega ya tenía una referencia de importancia en el mercado, nada más nacer (Les Alcusses), pero estaba en marcha la preparación de ‘un vino superior’: Maduresa. En una de sus rondas comerciales -o quizá gastronómicas- por restaurantes de Valencia, Calatayud le contó el proyecto al sumiller Fernando Crespo: «me preguntó si sabía quién me iba a hacer la etiqueta y entonces le saqué el recorte de una revista». El también experto en geografía vitivinícola le dijo que aquellas gráficas eran de Dani Nebot y que él mismo les pondría en contacto. Y vaya que si les puso.

    Como un fan, con un recorte de revista, Calatayud entró en el extinto estudio de la calle Lepanto de Nebot (ahora en la calle Almudín): «al entrar en aquel lugar tan bonito no paraba de pensar que nosotros no podíamos pagar lo que aquel Premio Nacional de Diseño nos pidiera». Y le contó el proyecto y Nebot bebió el vino y visitó les Terres dels Alforins: «le dije, ni me vas a pagar lo que vale ni te voy a cobrar lo que cuesta. Insistió tanto en poner una cifra que al final tuve que decirlo: nada». A la postre, con los años y los encargos, Nebot la considera «la marca mejor pagada de mi vida», pero ambos reconocen que todo partió de un «flechazo», un golpe «de amor» y «a coste cero».

    El golazo del diseño

    «Hasta que no lo ves funcionar, asumir este tipo de marcas para un vino es arriesgado. Pero yo sabía que funcionaba porque hemos trabajado para hacer marcas memorablesque perduren en la memoria del consumidor, de sumiller y en el tiempo«. Nebot hace esta reflexión a partir, especialmente, de la etiqueta de Maduresa: «cogí el racimo de la uva, un símbolo presente en el peor y el mejor vino, en la sangría, en cualquiera. Elegimos un símbolo del imaginario colectivo, del plural, y lo pasamos al singular. Ese fue el principio de la idea: no hacer etiquetas bonitas, sino memorables, que la gente recuerde. Es lo que hace a un vino famoso por el lado del diseño». 

    Nebot añade un símil futbolístico: «esto es como cuando Messi levanta la cabeza en el área. A veces hay hueco y otras veces no. Pero esta vez eraMessi (se refiere a la fórmula y forma de la empresa bodueguera), había hueco (en alusión a un mercado, escaso de referencias con una identidad tan marcada) y el balón entró por la escuadra (las etiquetas de Maduresa o de Parotet son dos de las más reconocibles por cualquier sumiller del mercado nacional e incluso en países como Alemania, principal destino de exportación de Celler del Roure). 

    En un terreno más prosaico del diseño, Nebot detalla que «los vinos pertenecen al mundo emocional, así que cualquier reflexión o aproximación intelectual al tema siempre sucede a posteriori«. El diseñador valenciano pone en valor el buen posicionamiento de los caldos que desde 2010 han cogido vigor en el mercado desde Celler del Roure (Cullerot, Parotet, Vermell): «son vinos que ofrecen posibilidades que dejan comer más. No es que el mercado esté exigiendo eso, sino que el desarrollo de la propia bodega está posibilitando esos caldos con menos taninos, más equilibrados».

    La vital importancia del producto (y de la historia)

    Pero Nebot vuelve a poner por delante la «calidad de cliente» para enaltecer su diseño. Pablo destaca que «con Parotet ha vuelto a hacer magia» y Dani responde: «sólo puedes hacer trabajos así con clientes como ellos. Clientes que le dan importancia al producto, porque es excelente, pero también a la historia«. En el coste cero se invirtió también parte de la confianza que Dani les exigía («y les decía, tranquilos, estad convencidos que va a funcionar». La jugada salió redonda y como el diseñador recuerda, a cuenta: «le dije a Pablo, como te va a ir bien, ya me pagarás más adelante. ¡Y vaya que si me pagó».

    El diseñador valenciano reconoce que años más tarde, gracias a una subvención que impulsaba la creación dediseño para las marcas vitivinícolas de la Comunitat, la bodega le reembolsó con creces el trabajo. «Desde hace años vengo orgulloso a la bodega. Enseño todo esto como si fuera mío. Me chifla«. En la familia Calatayud la devoción por el diseñador es total: «es mucho lo que nos ha dado», dice Paco Calatayud, el patriarca y mentor de la empresa. Él mismo, recogiendo el citado premio de la AGCV, rodeado de empresarios de la restauración, cocineros y bodegueros, quiso hacer un alto en su discurso para agradecer el diseño de Nebot para ‘su casa’.

    Pocas veces ante un reconocimiento del sector es el propio empresario el que ensalza lo que el diseño ha sido capaz de darle al producto, «hasta dónde lo ha elevado», añade Pablo. Entre Celler del Roure y Dani Nebot se disfruta de un maridaje perfecto.

  • Closca Bottle: la revolución cultural para extinguir el consumo de plásticos diseñada en València

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Si es lector habitual de esas revistas promocionadas como ‘de estilo de vida’, este mismo verano habrá leído que el botijo está de moda. Más allá de la iniciativa del pueblo de La Rambla por emular el proceso del Emojipaella con el artilugio cerámico, más allá de cierta tendencia al revisionismo sobre los biorritmos de nuestros abuelos (vermú, siesta, baberías, cine de verano…), lo cierto es que la recuperación del botijo parte de un conflicto antropológico: las sociedades actuales están cada vez más preocupadas por su entorno y, progresivamente, responsabilizadas acerca de su huella en en la Tierra a cambio de un poco de comodidad. Pero, ¿qué sucede cuando la innovación y el diseño resuelven esa carga moral sin privar al usuario de su confort? ¿Y si lo mejoran?

    La empresa valenciana Closca trató de resolver la problemática del diseño y seguridad en torno a la protección de los ciclistas hace unos años. La comercialización de sus cascos –con una patente que cubre la fabricación de cualquier modelo plegable en el mundo– ya es todo un éxito. La premisa, “encontrar clientes a través de sus actitudesCreadores de futuro, capaces de ser conscientes de sus actos como parte de un cambio cultural”. Los ejemplos de sus metas alcanzadas se pueden medir con la entidad de los premios de diseño obtenidos (Red Dot 2015, Delta Oro 2016) o de sus puntos de venta: las tiendas de los museos MoMA y Guggenheim de Nueva York, del Centre Pompidou de París o del Victoria and Albert de Londres. Y sólo son algunos ejemplos. 

    Ahora que los cascos de Closca se venden en los cinco continentes, el producto ya se ha abierto a un sinfín de posibilidades: de un lado, la submarca Suro que surtirá a un público de un menor poder adquisitivo, más inquieto por el gadget y su seguridad que por sus complementos; de otro lado, la línea Closca Kids que en países como Holanda, donde hay un gran uso de la bici pero culturalmente no está integrado el del casco, ha encontrado un Caballo de Troya comercial a través de las protecciones infantiles. Poco antes de este estadio de madurez, la empresa trató de encontrar su siguiente aportación a través de la innovación y el diseño. El resultado no surgió a partir de una necesidad, sino de una pregunta: “¿qué nos gustaría y podemos cambiar?”.

    El diseño activista para un modo de vida saludable

    La pregunta se la repetía en voz alta Carlos Ferrando al conversar con Valencia Plaza. El fundador de una multinacional con tan solo 12 trabajadores directos, dos de ellos en Canadá y Hong Kong, explica que  “después del casco, quería que encontrásemos un producto que hablara de la marca Closca tal y como estaba ideada. Yo venía de trabajar en las áreas de marketing de grandes empresas y fue un psicólogo el que me convenció que debía desarrollar mi capacidad como emprendedor, pero desde lo que más me inquieta: la antropología social”. Desde ese punto de partida, la cuestión a mejorar estaba clara: “soy una persona a la que le duele cómo actuamos con el plástico y quiero comunicarme a través del diseño con aquellos que piensan igual”. Ese es el punto de partida de Closca Bottle.

    «RESOLVER NUESTRA RELACIÓN CON EL PLÁSTICO Y CON EL AGUA ERA EL RETO EN EL QUE NOS QUERÍAMOS EMBARCAR»

    El proyecto se publicó esta semana en Kickstarter en busca de 30.000 dólares de micromecenazgo para la primera fabricación comercial (crece entre 4 y 5.000 dólares al día, por lo que se completará en cuestión de horas). Sin embargo, en los últimos meses el proyecto ya ha alcanzado metas volantes de comercialización y financiación. En el primero de esos aspectos, con la venta a grandes corporaciones como Cabify Europa o Global Omnium en València. Pedidos de gran volumen en ambos casos para empresas que tratarán de reforzar sus marcas gracias a un proyecto innovador: la reformulación de la hidratación personal a través de una botella transportable gracias a una banda y cierre. De vidrio y recubierta con silicona, su tapón y base le permiten incorporar gadgets y su uso está acompañado de una app que estimula el control sobre la hidratación y se conecta con la gestación de las smart cities. Su objetivo, concienciar y formar parte de una reducción masiva del consumo –y por tanto, fabricación– de plásticos. El otro aspecto, por cierto, el de la financiación estructural de la empresa para su comercialización global, parece bastante resuelto si tenemos en cuenta que parte del patronato de Endeavor (posiblemente la mayor aceleradora de empresas del mundo) es inversora de Closca y Ferrando ha pasado a formar parte de su consejo. Entre otros implicados, Bernando Hernández e Iñaki Berenguer

    El diseño de Closca Bottle es sencillo: «creamos productos bellos, con mucha personalidad«. Un objeto para un público «que no busca descuentos, sino ser y transmitir algo diferente, por eso nuestra línea ha de ser muy honesta. Son las actitudes las que inspiran el futuro y es ahí donde podemos aportar«. El proyecto se impulsó precisamente a partir de los citados premios de diseño: «a partir de esos galardones pensamos que verdaderamente éramos capaces de ayudar desde nuestro proyecto. En nuestro entorno, como cualquiera, somos capaces de taparnos los ojos con algo tan cotidiano como el comprar una botella de agua, consumirla y tirarla al suelo. Ni siquiera a la papelera. Si somos conscientes, que lo que hagamos tendrá una repercusión, resolver nuestra relación con el plástico y con el agua era el reto en el que nos queríamos embarcar«. 

    What you do matters somewhere

    A partir de este lema –el de su campaña de comunicación apenas iniciada–, Ferrando utiliza un sinfín de ejemplos: «ahora han descubierto que en la Trump Tower de Nueva York hay resto de plásticos en el agua. Estamos hablando de un edificio elitista, pero eso no importa para que haya acabado contaminado. Lo más grave de esas consecuencias es que no sabemos si esos restos son de hace dos años o 100, sin provienen de Murcia o de India. Puede ser algo embotellado en un lugar remoto y distribuido de una manera X. Todos nuestros actos inconscientes en torno al agua tienen una repercusión en algún sitio». Según el fundador de Closca «hoy ya son más de 100.000 millones de euros los que se mueven en el mundo en torno al agua embotellada. A menudo es agua del grifo que pasa unos corrrespondientes análisis, pero no es nada más que agua del grifo embotellada en plástico»

    Ante la premisa por resolver, el algoritmo en Closca se definió «comodidad + hidratación«. De hecho, las primeras imágenes o bocetos de Ferrando sobre la idea son todavía más propios de la ciencia ficción: «imaginamos una cápsula de agua que te rodeara, volátil. Todavía no le habíamos dado forma. No sabíamos cómo debía de ser, sino que tenía que ser un compartimento de agua para hidratarte que fuera contigo y que ‘flotara’ a tu alrededor». Finalmente, la solución más práctica ha sido la de una botella de vidrio, rodeada por una funda de silicona que se caracteriza por su banda con cierre magnético, capaz de ir enganchada a una mochila, un bolso, la barra de una bici y demás posibilidades.

    «Una botella que se engancha a ti», resume Ferrando, «pero que, además, se pueda limpiar de manera sencilla». Es de vidrio «porque el plástico da sabor y el metal olor. Era el material más adecuado para proteger el líquido más puro que tenemos y que nos acompaña en el día a día». El fundador de Closca admite que no son los primeros, aunque el proyecto de BKR en California, popular y que a él mismo le gusta, «necesita ocupar una mano. Se conecta con la idea de que muestras la botella, de que te muestras concienciado». Sin embargo, Closca Bottle es esencialmente diferente porque está diseñada para acompañar al usuario sin que le sea una molestia, enganchada casi en cualquier sitio y con una gran facilidad para ser reutilizada gracias a sus materiales y su apertura de tapón y base. 

    El camino hacia la concienciación, el camino hacia la comercialización

    El producto surge de una pregunta y de unos valores muy marcados, pero Ferrando no elude la inquietud comercial. Una inquietud que parte de una base sólida en la honestidad con su comercialización: «sí, fabricamos en China, pero con una empresa en la que sus trabajadores forman parte del accionariado. En China hay muchos tipos de empresas y nosotros lo que aportamos aquí es innovación y diseño porque tenemos una forma de pensar diferente y un talento creativo que son nuestro valor añadido». Y, a partir de ahí, unos objetivos ambiciosos para la comercialización de un producto que costará alrededor de 40 euros.

    «Discriminamos a nuestro cliente por sus actitudes. No es tan diferente a como piensa Zara, que tiene cuatro tipos de perfiles muy segmentados. Nosotros apostamos sobre todo por uno: las mujeres que mueven el mundo. Son mujeres con hijos, que mueven la economía familiar por un lado, que mueven la economía global porque son trabajadoras altamente cualificadas y que mueven la blogosfera en su actividad personal. De alguna manera, nos gusta pensar que la botella es un producto que las homenajea a ellas por todos esos motivos».

    De otro lado queda la idea ya mencionada de su conexión con las smart cities y aquí es donde entra de lleno la app de Closca Bottle: «entendemos la tecnología como un factor llamado a cambiar las reglas del juego. Con el casco ya incluimos un chip que servía para desbloquear los servicios públicos de bicis o hacer una llamada al teléfono de emergencias. Con Closca Bottle las posibilidades son muchas, pero sobre todo se diferencia porque se conecta para ver cuántas fuentes de agua tienes a tu alrededor [probada la app, es sorprendente el número de puntos que hay en cada ciudad] y también sirve para que las ciudades aprendan. Se hacen reseñas de cada fuente, de la calidad del agua, de su entorno, de si funciona o no. Es también una herramienta para las ciudades».

    SU OBJETIVO, CONCIENCIAR Y FORMAR PARTE DE UNA REDUCCIÓN MASIVA DEL CONSUMO –Y POR TANTO, FABRICACIÓN– DE PLÁSTICOS

    La comercialización contará con bases tanto para Estados Unidos como para Asia, sólo dedicadas al marketing para cada una de las zonas y los diferentes países. En gran medida pensando en ambos polos se han diseñado gadgets para el té, en los que Ferrando también admite la incorporación de clientes de Suadmérica. No obstante, pone en valor la sencillez de su diseño: «mostramos una marca limpia, honesta y humilde. Alguien que ‘lleva’ un producto de Closca lo lleva por lo que ya sabe que le aporta, no para exhibir una bandera». Eso sí, se han reservado un espacio de tela en la banda que la cierra, en su parte más visible, y ya trabajan con dos marcas como Hugo Boss y Paul Smith para su comercialización. De hecho, desde la empresa valenciana admiten que ese será otro camino de comercialización, aunque más allá del color [por el momento, solo dos] y de la banda de tela, la intervención tampoco puede ser invasiva visualmente. 

    Una botella de 40 euros «que dice mucho de ti. Puedes comprarte unos pantalones vaqueros de 100 euros y que no digan nada», añade el fundador de Closca. «Tenemos agua buena, cada vez de mejor calidad, por eso creemos que crear comunidad en torno a ello va a mejorar la calidad de vida. Va a merecer la pena». No oculta que, gracias a la app, las posibilidades comerciales se amplían en otras direcciones: «por qué no cargar agua en un Zara a cambio de tu perfil de Facebook. Así la empresa puede ofrecerte algo a cambio, porque está conociéndote y significándote con unos usos y manera de ser». 

    Designed in València by Closca 

    Desde el boom de los cascos de Closca las posibilidades para que la empresa haya buscado otros centros de creación han existido. Ferrando, marca distancia: «lo cierto es que a los inversores también les gusta que los productos tengan identidad. De hecho, les encantan los nombres en valenciano de Closca o Suro. No saben lo que significa, pero siempre te recuerdan que tampoco tienen ni idea de lo que significa Adidas«. El fundador de la empresa es un convencido de que los headquarters de la empresa deben residir en València «ahora y siempre por dos motivos: es un lugar maravilloso para iniciar proyectos. Estás rodeado de gente que te ayuda y que te muestra el camino, con una mentalidad muy abierta. Por otro lado, el talento creativo es abrumador. A nivel gráfico, de producto, de publicidad…»

    Ferrando forma parte de Endeavor, el selecto grupo de gurús del emprendimiento con base en Nueva York y que ya forma parte financiera de la empresa. No obstante, la empresa se mantendrá en València y ligada al Politècnic, de donde asegura «todavía hemos de devolver mucho». Cita a Yeeply Beroomers como ejemplos de empresas que nacieron y se forjaron en la UPV y que le sirvieron de referencia hace apenas unos años. Insiste en que València es un lugar «para la inversión en innovación y diseño. Hay que poner los recursos donde toca y no en la fabricación. Yo no quiero fabricar nada viviendo en València».

    De el largo proceso de éxito con los cascos de Closca, Ferrando admite haber extraído al menos un par de conocimientos: «el primero, que aquí tenemos el mismo talento o más para competir con el hábitat creativo de Barcelona, California, Berlín o Tokio. El segundo, que desde València, en el mundo actual en el que vivimos, podemos ser palanca de cambio para un futuro diferente con buenos productos. Te aseguro que en la empresa hemos vivido experiencias que nos hacen estar convencidos de ambas ideas».

    Con su último salto hacia delante, Closca Bottle + app, Ferrando se siente satisfecho desde el punto de partida: «estamos apostando. Nosotros nos atrevemos a ser los primeros en promover este cambio con el consumo de agua-plástico. No somos los únicos, pero queremos formar parte de ese cambio de actitud. Si la marca Closca es capaz de hacerse grande y en eso proceso inspirar un cambio hacia actitudes positivas, entonces lo habremos logrado todo«.

  • Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca: 36 frases sobre la creatividad

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la sede de la empresa Marc Martí, situada en la población valenciana de Bonrepós i Mirambell que, además de imprenta, exhibe estos días una de las mejores colecciones de cartelismo de la región, se dieron cita este miércoles nombres determinantes para el diseño y la creación gráfica como Javier Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca. Los tres se abrieron con su conversación al público a partir de una mesa redonda, en la que el reto era hablar de un tema “tan amplio” como la creatividad.

    Los participantes coincidieron en una ruptura total con el romanticismo de que la creatividad esté ligada en el ámbito gráfico a trabajos ‘hechos con las manos’. El más radical de ellos, posiblemente, sea Mariscal que desde hace un tiempo tiene incluso una web comercial en la que calca fotografías y elabora retratos a partir de estas. Roca utiliza un laborioso proceso híbrido, de lo que más interesante es precisamente esa mixtura por la que, finalmente, las sombras y aguas “generan un juego visual para el ojo que provoca otras reacciones con el dibujo”. Llobell, que también hace uso de las tecnologías, reconocí, no obstante, que “los papeles se venden”. Fue, en gran medida, el que durante la charla más defendió el valor de los originales y del proceso de revisión sobre el proceso creativo.

    La charla del MMeeting Point N16 derivó en torno a ideas tan amplias que la siguiente es solo una selección de sentencias a partir de algunas temáticas:

    Creatividad

    “Creatividad es enfrentarse a un problema y encontrar una solución”. Paco Roca

    “Como personas, estamos constantemente obligados a encontrar soluciones creativas”. Paco Roca

    “Creativos nacemos todos”. Javier Mariscal

    “Hasta un infiel es creativo cuando tiene que buscar una excusa de por qué ha llegado tarde a casa”. Paco Roca

    “Hay creatividad en las personas, desde que nacen. La cuestión está en desarrollarla de una manera o de otra. Sento Llobell

    “Muchas veces ves a gente con una gran voluntad por la creatividad, pero le falta una actitud más profunda. No es tanto la capacidad de ser original, como la de profundizar sobre una idea”. Sento Llobell

    “La cualidad entre buenos y malos creativos, es que mucha gente tiene buenas ideas, pero hace falta cierto aguante: tienes que estar entrenado para hacer un maratón”. Sento Llobell

    Retos y trucos

    “Es una cuestión de focalizar el objetivo. Saber acotar y hacerte las preguntas que toca”. Sento Llobell

    “Sigo utilizando más o menos ciertas cosas que apliqué en la publicidad. Por ejemplo, me hago un briefing de cada proyecto”. Paco Roca

    “Los problemas no tienen una solución; tienen mil soluciones”. Sento Llobell

    “Para esas soluciones si que es necesario tener cierta cultura del trabajo”. Sento Llobell

    “La gente busca certezas, pero nosotros somos gente que suele vivir en la incerteza. Buscamos soluciones, pensamos… <<vamos a ver qué tal por este camino, qué tal por este otro>>”. Sento Llobell

    Batallitas

    “En los primeros ordenadores la experiencia horrorosa. En los 80 trabajábamos con señores de bata blanca que cambiaban el código de los colores. Era desesperante». Javier Mariscal

    “Hice mi primer dibujo animado en 1971. Estuve 10 días yo solo haciendo una animación en metracrilato. De ahí lo pasé a una truca para cambiar fondos y movimiento y logré hacer 20 segundos de un personaje”. Javier Mariscal

    “En la época de Renau él tenía que estar muy encima. Para crear ese degradado [se refiere al cartel de Las Arenas] había que repasar punto por punto, con un fotolito, con mesas de luz, el grabador junto a él repasando…”. Javier Mariscal

    “Recuerdo que el padre de un amigo tenía la Enciclopedia Británica y copiaba lo que ponía sobre el volcán, copiaba un poco de texto… Es impresionante cómo esto ha cambiado ahora”. Javier Mariscal

    “El Víbora se tiraba de noche. La imprenta iba a toda virolla y no tenía calidad. Llorábamos viendo cómo había salido”. Javier Mariscal

    “Todo mi aprendizaje era ver cómo Pumby hacía los puñetazos, los bocadillos… y copiarlo. Poco a poco así vas aprendiendo”. Javier Mariscal

    Tecnologías

    “Cualquier niño de 14 o 15 años presenta trabajos con el mismo nivel que tenía antaño un director de arte de revistas como Paris MatchElle o la que sea”. Javier Mariscal

    “En un futuro se podrá dibujar por voz, pero por ahora hay que hacerlo siempre a mano”. Javier Mariscal

    “Los ordenadores nos están ayudando a ‘quitar’ tareas muy mecánicas”. Javier Mariscal

    “Desde que tengo el iPad hago algo que está prohibidísimo: calcar. Calcar de fotos. Cómo mola”. Javier Mariscal

    “Velazquez o Goya, si hubieran tenido PhotoShop… pues de puta madre”. Javier Mariscal

    “Al final, ¿Velázquez qué es? Mucho aceite y mucho tiempo”. Javier Mariscal

    “Creo que no quita autoría que tengas gente que te ayude”. Sento Llobell

    “Lo que yo he descubierto con la tablet debe ser algo así como lo que descubrieron los impresionistas, que podían llevarse los tubos de pintura, o sea, el estudio, a la calle”. Paco Roca

    “Si te ven en Argentina con tus acuarelas y los papeles, te viene todo el mundo a hablar… es un coñazo. Con la tablet parece que estás jugando a matar marcianos y nadie te molesta”. Javier Mariscal

    “Uso dos tablets, una más pequeña y otra grande, cuadernos, tincha china, que es japonesa, rotuladores de esos que se secan… y hasta café”. Javier Mariscal

    “Dibujo, entinto, escaneo, vuelvo a dibujar encima, imprimo, coloreo… lo bueno que tiene este momento es que puedes hacer todo”. Paco Roca

    [Con respecto a las traducciones de cómic] “Ahora es todo mucho más fácil. Mis archivos están en castellano. El editor compra los derechos, tú envías tu fuente tipográfica y ya está. En Alemania, por el tamaño de sus palabras, a veces te piden que modifiques algún bocadillo para que quepa el texto”. Paco Roca

    “Uno de los motivos por los que se ha extendido el negocio del cómic tiene que ver con la evolución de las artes gráficas. Jamás se han publicado tantos cómics diferentes como los que se publican ahora”. Paco Roca

    “Hay que tener en cuenta que ‘los papeles’ se venden”. Sento Llobell

    Dineros

    “Es muy difícil vivir de los royalties, pero las publicaciones [el cómic] son el motor que genera encargos”. Paco Roca

    “Cuando haces un libro es un eror pensar que vas a pagar la hipoteca con ello. Pensar en llenar la nevera de eso es impensable”. Sento Llobell

    Rutinas creativas

    “Trabajo mejor por la mañana que por la tarde. Por las tardes me dejo llevar más y es todo más automático… igual son manías”. Paco Roca

    “Con respecto a las rutinas, vas cambiando. Antes necesitaba estar en mi estudio tranquilo y ahora tengo dos niñas pequeñas que están por ahí y acabas trabajando igual. O en el tren o en el hotel…”. Paco Roca

  • ACTV: historia de la marca que marcó a una generación

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Mucho se ha escrito en torno a ‘la Ruta del Bakalao‘. Tanto que, contra el filón de audiencias que supone el enaltecimiento de cualquier hecho preinternet, existen desmitificaciones necesarias como las recogidas En Èxtasi (Joan M. Oleaque, Ara Llibres 2004) desde la no ficción, o Destroy (Carlos Aimeur, Drassana 2015) como novela que se desarrolla con el latido de la ‘música makina’ como telón de fondo. 

    El libro de Oleaque concluye a través de su extenso reportaje coral que fue la masificación de la fiesta (o, mejor, su simplificación a negocio de masas) la que acabó con las ansias de modernidad de una generación joven, necesitada de distinguirse frente a su homónima en Madrid y Barcelona y desatada tras el cambio de régimen. Sin embargo o precisamente, fue un artista que había jugueteado con los límites de tolerancia durante el franquismo el que creó la marca que eternizó a ‘la Ruta’. Su nombre era Lorenzo Company, aunque todo el mundo le conocía como Quique Company. La marca, ACTV.

    La relación artística de Company con Paco Bascuñán se exhibe ahora en La Nau de la Universitat de València con 150 piezas, en su mayoría inéditas. La ciudad se asoma así a los trabajos de ambos como ‘Escapulari-O‘, creados en la casa de la calle Bolseria en la que vivieron junto a Gabriel Forqués y Paco ‘el andaluz’. Las obras de arte, en algún caso conjuntas, sirven para unificar un legado que en palabras de Lupe Martínez, viuda de Bascuñán y comisaria de la exposición junto a María Giménz, «a veces cuesta distinguir entre las manos de uno y otro».

    Bascuñán encontró a lo largo de los 70 su camino en el diseño, donde acabó siendo -miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Valencia- un referente todavía único. El oficio le unió a otros creadores en La Nave, icono ya no solo de la efervescencia valenciana de la época, sino germen de la cultura del diseño en la ciudad y especialmente vinculada a las instituciones y la empresa. Fue Bascuñán el que propició la entrada de Company en el local de trabajo situado en la calle San Vicente 200 de Valencia, y aunque el artista apenas haría trabajos de diseño propios, firmó la inmortal marca ACTV por su cuenta.

    El catálogo de la exposición Suma y sigue lanzada por el IMPIVA (ahora IVACE), comisariada por el propio Bascuñán y Nacho Lavernia, documenta la firma de Company: «ejerció toda su vida de outsiderA principios de los años ochenta se encontró con un encargo que le ajustaba como un guante, o mejor una bota, a su personalidad. Diseñar la imagen de la discoteca ACTV que a partir de entonces se convirtió, prácticamente, en su único cliente, diseñando una cantidad enorme de soportes, sobre todo carteles, pero también postales, camisetas, merchandising en general, instalaciones o fanzines».

    «Quique tenía alma de artista», resume Dani Nebot, también valenciano y tambén Premio Nacional de diseño y con el que ambos conformarían el estudio previo a La Nave llamado Enebecé. «Los únicos dos trabajos de marca que seguro hizo Quique fueron ACTV y el logo del Institut Valencià de Biomecànica, aunque este apenas duró un año o dos por una reintegración de los propios institutos». Nebot destaca el «arte combativo» de ambos, pero también el papel de Company en La Nave: «Quique y Luisito (Luis González) eran los dos extremos para nosotros, uno vinculado al arte y el otro a la experimentación. No tenían clientes propios, pero con ellos hacíamos cosas estupendas, a la vanguardia de lo que estaba sucediendo en España o en Europa. Veo sus trabajos y veo que conectaban con lo que en ese momento hacía Alberto Corazón o Diego Lara. Veo lo que hacían con Paco (Bascuñán) y hay que ver la relación que tenían con lo que hacían otros colectivos como Estampa Popular o Equipo Crónica». 

    El origen de una marca en busca de la vanguardia

    José Juan Belda, también miembro de La Nave y amigo de viajes y fiestas de todos los anteriormente citados, recuerda como Julio Andújar trató de buscar un nuevo rumbo para Casa Blanca (la parte superior de ACTV) yTropical. La marca llegaría en 1986, aunque lejos de la idea de su storytelling en torno al nombre (Actividades Culturales Termas Victoria), Belda se muestra convencido de que «toda la idea era hacer un juego de palabras entre AC, de corriente alterna, y TV, como guiño a la televisión». 

    La intención encandiló a Company porque el dueño quería hacer de ACTV «una discoteca de culto, de club, en la que se pinchara la electrónica de vanguardia». Como dice el ya citado catálogo de Suma y sigue y confirma el propio Belda, «el mercado hizo que la discoteca se hiciera cada vez con música más monótona, más accesible para el público de ‘la Ruta’, lejos de las vanguardias». Sin embargo, «la marca no se tocó. Sirvió para crear mucho merchandising«. El citado González asegura que «no funcionó desde el principio porque la discoteca no iba como un tiro, pero la marca no era el problema».

    Desde un catálogo de señalética

    Company generó a través de collages trabajados con «un uso maestro de la reprografía», dicen Belda y González, una imaginería extensa para ACTV. Una marca con dos logos, por cierto: el logo de las cuatro siglas y el paréntesis partido y el logo del muñeco extraído de señalética de obra. «Ese fue el origen, un trabajo o un catálogo de señalética de obra y carreteras«, apunta Belda. Fue «durante algún proceso para la empresa Industrias Saludes. Es la imagen de una cabeza de alguna señal de obra o emergencia y las gafas me suena que eran del mismo catálogo, una especie de gafas de protección».

    La imagen «funcionaba de maravilla con todo lo que sucedía dentro». El local que cerraba a una parte de ‘la Ruta’, abriendo desde el amanecer del domingo al mediodía, tuvo como nexo fundamental a Bascuñán. «Él diseñó los interiores y dijo cómo iba a ser en general la imagen, aunque la marca fue cosa de Quique», recuerda González. Él mismo diseñó alguna idea previa, aunque suyas fueron al final y únicamente las entradas. «El logo era una cosa muy moderna entonces. Abstracta y bestia. Para la gente del circuito, la marca no podía funcionar mejor. Al cabo de los años la veíamos pegada en coches, en camiones…».

    El propio Company vivió la vigencia de la marca incluso antes de retirarse a Fuentes de Ayodar, su pueblo natal donde pasó sus últimos antes de fallecer prematuramente en 2005. En su localidad se celebró una exposición a partir de cuyo catálogo digital se aprecian trazas originales de sus obras que acabarían influyendo en la cartelería y elementos de diseño para ACTV.

    Y la marca ha trascendido incluso su valor hasta el mundo de las redes sociales. Una página en Facebook recoge los audios de casette con grabaciones de sesiones en la discoteca, pero también buena parte de la imaginería de Company para carteles, collages y merchandising. Cerrada hace ya más de 20 años, apenas alguna discoteca le supera en número de seguidores. La marca es reconocible en buena parte de España, vinculada a sus siglas, aunque el origen y el motivo de su creación puedan ser difusos.

    En la pasada década, una de las bandas más relevantes de música creadas en la misma ciudad, Orxata Sound System, reinterpretaban el logo y la fiebre por el merchandising volvía a inundar Valencia y a conectar generaciones. En 2013, la exposición en el MuVIM Ídolos del Pop recopilaba otra serie de carteles de Company y más soluciones de la marca. Ambos han supuesto los penúltimos precedentes hasta la apertura este jueves de la exposición en La Nau, donde los collages de Company y la marca presiden una de los espacios de la muestra visitable hasta el próximo 29 de mayo.

  • Mariscal: «Hablar de estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX»

    Publicada originalmente en la revista Plaza en agosto de 2015

    Es el diseñador valenciano más reconocido del mundo, aunque él mismo cuestione semejante realidad. Lo cierto es que el diseño es sólo uno de sus mil sombreros como profesional, que abandonó Valencia en cuanto pudo y al que el «reconocimiento», desde el término hasta su significado, le genera verdadera alergia.

    No menos cierto es que acaba de inaugurar la enésima retrospectiva de su obra, esta vez en su venerada Tokio, o que el gran estudio que ha capitaneado durante los últimos 25 años se encuentra en fase de liquidación. Una etapa turbulenta que le ha atropellado a la crepuscular edad de 65 años.

    «Ha sido lo más duro que me ha tocado vivir, por lo que he estado deprimido y he podido superarlo con medicación», confiesa entre pausados cigarrillos y sentado en una de las mesas ahora vacías del estudio. La gran sala donde hasta treinta profesionales trabajaban hace apenas cuatro años permanece en penumbra tras una tormenta comercial capaz de reducir la estructura de Estudio Mariscal hasta su apellido, primer y único trabajador. Él y freelances por proyecto, lejos de la ‘fábrica fantástica’. «Un lugar sin tabiques, con muchos sofás, donde se trabajaba de forma abierta». De nuevo un vistazo a la sala de máquinas: silencio.

    De ‘Arturo’ Mas a Ada Colau

    Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    Quien conoce a Mariscal más de cinco minutos le llama Chavi y sabe que sólo la salud jubilará una mente disruptiva contra lo establecido. Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    La peculiaridad familiar no le pasó inadvertida a este creador de iconos, hijo de Pilar Mariscal Enrique Errando, destacado hombre de derechas en la Valencia franquista. Número 13 de Falange, miembro de la Divisón Azul y Cruz de Hierro por méritos propios, Errando fue conocido en la ciudad en su papel como director del Sanatorio 18 de Julio, por su clínica en la Plaza del Caudillo (hoy de l’Ajuntament), pero también por tener once hijos.

    Éstos destacaron hace algunos años, reunidos por El País, la influyente disciplina militar del hogar y la marcada ausencia de sus progenitores al fallecer cuando casi todos eran aún unos niños. Mariscal conversa con Plaza rodeado de algunos de ellos. Tono, Pedrín y Santi llegaron a Palo Alto, el vivero creativo en el que se instala su estudio, a lo largo de los años 90. El lugar, por cierto, es un icono de la Barcelona creativa. Situado en el barrio de Poblenou, unas naves bajas de ladrillo rojo londinense y aspecto diáfano industrial berlinés cautivaron a Mariscal y a otros nombres de la cultura, como Fernando Salas, que habilitaron las naves e impulsaron una fundación para que, sencillamente, allí sucedieran cosas. Lejos de apagarse la llama, el Palo Alto Market es el último de sus éxitos, reuniendo cada primer fin de semana de mes a algunos de los mejores creativos de diferentes disciplinas en este entorno.

    MARISCAL: «HABLAR DE ESTADOS, COMO HACE ‘ARTURO’ MAS, ES HABLAR DE CONCEPTOS DEL SIGLO XIX Y ES, ADEMÁS DE UNA PÉRDIDA DE ENERGÍA, ALGO INJUSTO, MAL GESTIONADO, MAL PLANTEADO»

    El antes y el después de Palo Alto es una fiel fotografía de la Barcelona «que el equipo de (Pasqual) Maragall convirtió en la potencia que es ahora», dice Mariscal. Del escenario independentista del que la bulliciosa ciudad es también capital, el dibujante marca distancias: «La situación plebiscitaria de las elecciones del 27 de septiembre parte de una mala gestión de un sentimiento muy íntimo que existe en Cataluña desde siempre. Estoy al lado de todo lo que suponga crear una política común con Europa, restar un peso que ya no tiene sentido a París, a Roma o a Madrid y encontrar otra manera de reorganizarnos con una política común, un ejército común… Hablar de Estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX y es, además de una pérdida de energía, algo injusto, mal gestionado, mal planteado y en lo que termina habiendo unas intenciones que me duelen mucho».

    Mariscal, no obstante, es optimista con el actual escenario democrático en España. «Nunca he creído en una España [enfatiza la eñe] como un ente indivisible, y más después de haber peleado por poder votar, cosa que hago en todas y cada una de las elecciones. Precisamente, ése es el escenario deseable, el de una participación constante y el de una democracia desarrollada y ya». A escasos metros de Mariscal cuelga un retrato firmado por él mismo como apoyo a la candidatura de Ada Colau, cuya alcaldía en Barcelona celebra como la de Joan Ribó en Valencia: «No entendí, en el mejor de los sentidos, que fuera noticia que un alcalde fuera a llegar en bicicleta. El de Copenhague o el de Londres lo llevan haciendo desde hace años».

    Mariscal y Valencia

    La relación gráfica de Mariscal con Valencia es extensísima, en instituciones y más allá de ellas. Desde que su interiorismo del recordado Bar Dúplex de Cánovas derivase en la creación del taburete Dúplex, pasando por el actual logo de la Universitat de València, los de las dos ediciones valencianas de la America’s Cup, sus exposiciones en el IVAM y la Galería Punto, a algo más controvertido, como su marca y aplicaciones para Bancaja. A este trabajo para la extinta caja de ahorros le sobrevive un rumor entre miembros de la extinta caja de ahorros valenciana: que su plurimputado expresidente José Luis Olivas pintó de rojo y amarillo los ojos de aquel logo. «No lo recuerdo aunque no pongo la mano en el fuego por nada que tenga que ver con mi memoria», se disculpa Mariscal, que se muestra sorprendido por un cambio que se aplicó en buena parte de la comunicación del grupo pero del que no hay el menor rastro en todo el porfolio y manual de marca de su estudio. ¿Un cambio no consentido y a posteriori?

    Su obra, Happy World, de la exposición en Seúl The Art Player

    Todas esas marcas preceden a la debacle del estudio que, casualmente o no, se inició simultáneamente a la inmersión de Chavi en el proyecto por el que muestra mayor satisfacción artística, la película de animación Chico & Rita, firmada junto a su amigo Fernando TruebaGoya a la mejor película de animación, mejor película en su categoría para el cine europeo y nominada al Oscar. La producción, en la que llegaron a trabajar hasta quinientas personas, puso al estudio Palo Alto al máximo rendimiento y obnubiló —cuentan— a Mariscal.

    Ni en este proyecto ni en otros habla nunca en términos de rentabilidad. «¿Podríamos habernos hecho ricos con el estudio? Pues sí, supongo que sí, pero no iba de eso. No íbamos de eso», y Chavi recuerda les escoletes d’estiu para los hijos de los trabajadores del estudio, que en Palo Alto «siempre había bocadillos y coca-colas» y admite que «de todo ello, antes de que llegara Google o Apple a darnos lecciones al respecto, sacábamos mucho partido creativo».

    «El teléfono dejó de sonar»

    Libertad total de horarios, libertad de vacaciones «que hacíamos coincidir con el calendario escolar. Para mí también era algo personal, una contestación a mi padre que siempre me decía que al hacerme mayor vería las cosas de otra forma, pues estaba demostrando que no estaba en lo cierto». Con todo, Mariscal es infranqueable a la hora de asegurar que ‘el problema’ no estaba en el estudio, sino fuera: «El teléfono dejó de sonar». Dejó de hacerlo, especialmente, en España: «Sólo nos quedó Brasil, Londres, Corea y Japón. No daba para todos».

    La curiosidad hizo a Mariscal, al que ni siquiera el eclipsante Cobi le restó una capacidad inagotable por fascinarse ante la vida (como fiel defensor de la necesidad de la muerte para la sociedad). A lo largo de una jornada de conversación hay fascinación y caras de asombro ante las nuevas generaciones, ante la limpieza en las calles de Tokio, ante la gente —»mi gente»— de La Habana, ante la idea de que los bebés lleven cinturón en los carritos y su consecuencia cívica, ante los inventos que le han cambiado su forma de trabajar (el fax, la fotocopiadora, Internet, el iPad…) e incluso mucha fascinación por haber logrado aceptar que es «dibujante». «La gente se sorprendería si supiera lo poco que hace que no me siento raro al reconocer que lo que hago son dibujos».

    EMOCIONAL, DIVERTIDO, VISCERAL, UNIVERSAL, 65 AÑOS MÁS TARDE, MARISCAL, CHAVI PARA CASI TODOS, NO SE ESCONDE ANTE NINGÚN REVÉS DE LA VIDA

    Emocional, divertido, visceral, universal, 65 años más tarde, Mariscal, Chavi para casi todos, no se esconde ante ningún revés de la vida. Tampoco oculta su falta de premeditación «para nada», que todo parte de aquel joven hippie «por el monte en Ibiza», que el LSD desencadenó parte de su creatividad, que pudo dibujar sin preocuparse del dinero «porque venía de una familia pudiente», que «no habrá otra oportunidad como Cobi», que los turistas en verano sacan lo peor de él, que en países como Corea de Sur (en 2013 organizó la mayor exposición en torno a su figura, The Art Player) su nombre va ligado al de España y que encara lo que le resta de ‘carrera’ sabiendo dónde está y quién es: «Mi patria es un lugar redondo que se llama Tierra y el reconocimiento es algo que te debes conceder tú mismo. Nadie como tú. Ése es el gran secreto y estoy tranquilo».