Etiqueta: editorial valenciana

  • ‘Biblioteca bufa valenciana’: al descubierto la absurda y millonaria publicación de libros de la Administración

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Generalitat Valenciana, Corts, sindicaturas, consellerias, Biblioteca Valenciana, fundaciones y museos. El aparataje administrativo valenciano generó la publicación de 375.000 libros cuyos costes son tan millonarios como desconocidos, en gran medida por la cantidad de entidades y años que comprende la generación de esta biblioteca del absurdo en la que hay, por ejemplo, 65.000 librillos de recetas en los que la ex consellera Mª Angels Ramón-Llin i Martínez les desea -en la primera página- «buen provecho».

    La maquetación, edición e imprenta de una parte considerable de los mismos fue adjudicada de forma discriminada, sin someterse a concurso público, generando el citado gasto no detallado en conjunto que no ha sido detallado en la presentación de los datos de almacenaje por parte del director general de Relaciones con las Cortes, Antonio Torres, y el director general de Administración Local, Antoni Such.

    El sinsentido de esta biblioteca recoge 2.100 títulos publicados a partir de una «política editorial errática y arbitraria», según han apuntado Torres y Such señalando al anterior Consell. Legislaciones y estatutos obsoletos (unos 10.000, ahora listos para su destrucción) o catálogos de arte, como los de Julio González, que rondan en el mercado los 260 euros, editados en un formato de lujo como policromía y a razón de 700 páginas por cada uno de sus tres volúmenes; se editaron cientos, se han vendido 10. Este caso ya contenía referencias en Las 62 barbaridades de Císcar en el IVAM que denuncia Intervención, que avanzó Valencia Plaza.

    375.000 libros pagados por los valencianos y «pudriéndose» en 900 palés

    La mayoría de estas publicaciones están «descatalogadas y que están pudriéndose en el almacén», datan «de hace treinta años, del principio de la autonomía», ha asegurado Torres. Los libros están almacenados en cajas y apilados en 900 palés en una nave situada en el polígono de Riba-roja, por la que la Generalitat paga desde hace dos años una mensualidad de 4.500 euros mensuales a la empresa privada Loginser, colaboradora de Correos, un contrato que finaliza en mayo de 2016.

    Entre los 2.100 títulos almacenados destacan las publicaciones del Institut Valencià d’Art Modern. Los catálogos de arte, publicados con las condiciones citadas en el caso de Julio González, se editaban por miles sin atender al menor criterio de objetivos de distribución o venta. Buen ejemplo de ello son los Quaderns del IVAM, 20 títulos de los que se publicaban una media de 45.000 ejemplares por cada uno de ellos, con un coste en torno a los 100.000 euros por título.

    La red de bibliotecas municipales asumirá una parte del catálogo

    Aunque los responsables han reconocido que no descartan ninguna solución a medio y a largo plazo, por el momento es la red de bibliotecas municipales la que asumirá una parte de ese catálogo. En lotes de 60 libros, valorados en 1.300 euros por lote, ya son 244 las peticiones que han recibido por parte de los 542 municipios con este tipo de dotación en la Comunitat Valenciana. 

    Esta solución dará salida, teniendo en cuenta que algunos municipios ya tienen más de una biblioteca, a unos 18.000 ejemplares. Such ha asegurado que en el primer trimestre de 2016 se buscarán «más soluciones. Lo importante ahora era poner en circulación estos libros, que debe ser el principal objeto de su publicación; que sean útiles para la gente».

    De hecho, la Comisión Técnica de Publicaciones, que se reunirá en breve, revisará los objetivos de maquetación. «Para empezar, utilizaremos los servicios de maquetadores y de edición, sin tener que contar con empresas externas para este propósito», ha añadido Such. Preguntados en torno a si esa misma Comisión había presentado algún tipo de queja o alarma a lo largo de los años en los que se ha producido una cantidad de libros similar a la que dejó Ptolomeo II en la Biblioteca de Alejandría, los representantes han asegurado que sus avisos no alcanzaban a las decisiones de publicación que pudieran provenir de sindacturas, fundaciones, museos y entidades independientes.

    Torres (i) y Such (d) ofrecen los datos y valoraciones ante los medios de comunicación

    Además, se han comprometido a que la realidad editorial digital pesará a la hora de reconsiderar esos objetivos y el marco legal de publicaciones institucionales. También se distribuirán algunos de los libros almacenados en las librerías Llig de la Generalitat ubicadas en Castellón, Valencia y Alicante y en su servicio online.

    Torres ha avanzado que se «cambiará totalmente» la política de publicaciones y ediciones de la Generalitat, que estará fundamentada en criterios estrictamente técnicos y con temas que interesen a la ciudadanía y, para ello, se activará la comisión técnica, compuesta por «todos los que tienen algo que ver con las publicaciones».

    Adjudicaciones millonarias sin concurso público

    Torres ha dicho que puede haber irregularidades, ya que muchas de las obras almacenadas fueron adjudicadas sin someterse a concurso público y editadas fuera de la Comunitat Valenciana. «Hemos visto que no ha habido una política clara en relación con las publicaciones de la Generalitat«, ha afirmado el responsable socialista, quien considera que se ha producido una política «completamente arbitraria y cualquier conselleria u organismo público ha hecho la publicación que ha querido, sin tener en cuenta ningún tipo de criterios técnicos».

    A su juicio, «lo peor es que se han publicado libros para llevarlos directamente de la imprenta al almacén y durante años ahí se han quedado sin que sirvan» y, en muchos de ellos «se ve que el libro está directamente relacionado con la firma de la introducción. Expresidentes, exconsellers o ex altos cargos, todos quieren que su nombre aparezca y ya han cumplido el objetivo».

    Más ejemplos de la absurda librería

    En el almacén también han sido encontrados más de 50.000 ejemplares de unos cuadernos de buenas prácticas para el metal o el juguete, 5.700 ejemplares de un libro sobre la película «Bienvenido Mister Marshall», 7.500 ejemplares del «ya obsoleto» Estatuto básico del empleo público o más de 12.000 mapas de infraestructuras -obsoletos en cierta medida- de transportes de la Comunitat.

  • Un film celebra los 100 años del tebeo valenciano

    Publicado originalmente en Culurplaza.com

    En un siglo de tebeos, los héroes de papel valencianos se han comido el protagonismo de sus dibujantes. La principal aportación de la ciudad al mundo del cómic, las historietas y los ‘cuadernos de aventuras’ han sido precisamente sus editores y dibujantes. De la producción y éxito nacional de series como Roberto Alcázar y Pedrín o El Guerrero del Antifaz (Editorial Valenciana) a Pequeño Pantera Negra (Maga)pasando por mantener a un dibujante titular en Marvel (Salvador Larroca) y, finalmente, nombrar hijo predilecto de la ciudad a uno de los autores internacionales de novela gráfica más vendidos del mundo (Paco Roca).

    Aun así, la mayoría de ellos son hombres anónimos. Anónimos, por cierto, casi sin excepción hasta la última década. Pero todo empezó de una forma más prosaica; religiosa, de hecho. Las estampitas de santos lanzadas en las procesiones iniciaron la inquietud por la lectura vinculada a las imágenes. Eran historias de un solo impacto, acompañadas de un texto breve. La explosión del número de imprentas en Valencia y en ciudades próximas como Xàtiva extendió la atención por estos grabados grabados  y Aucas.

    Justo en la acera encontraba se empezaban a generar otras historias que vinculaban el dibujo con el texto, como las de La Traca, la revista satírica de Vicente Carceller que marcó la pauta a finales de siglo XIX y explotó durante los inicios del siglo XX. Tal fue su vigencia que, durante las primeras décadas del pasado siglo fue la revista satírica más vendida «y creó escuela». Quien lo apunta es Quico Díaz, director de arte en cine y teatro, pero sobre todo fan del cómic y ahora director del documental Héroes del Tebeo Valenciano. La película se estrena el miércoles a las 11 horas en la Sala Luis García Berlanga de la Filmoteca de Valencia.

    Las Provincias se inicia con algunas de esas historietas en el suplemento Gente Menuda, pero es El Mercantil Valenciano el que consigue el primer gran éxito de las tiras infantiles como Colilla y su pato banderilla (Juan Pérez del Muro). «Colocaron hasta a una persona disfrazada de ‘Colilla’ en la puerta de la Lonja, vendiendo los tebeos», apunta Díaz. El documental parte desde este punto y cuenta como los editores como Carceller, que también sostuvo otras publicaciones como Clarín, o Méndez Álvarez lideraron la edición de revistas satíricas hasta que la Guerra Civil acabó con ellos. En sus casos, literalmente, ya que fueron fusilados.

    Pero el tebeo valenciano había hundido profundamente sus raíces y la gente, con la explosión de la alfabetización en las ciudades, había encontrado en los ‘cuadernos de aventura’ un refugio de ocio. Pintores como Enrique Pertegás, dinamizaban la industria y , nada más acabar la Guerra Civil, en plena carestía de papel, Editorial Valenciana se las ingenió para conseguir una cantidad lo suficientemente grande como para poner en el mercado nacional las historias de Roberto Alcázar y Pedrín, un hito de los años cuarenta.

    «Los cuarenta y los cincuenta fueron seguramente la etapa de esplendor del tebeo valenciano en el sentido de la edición y la producción. Éramos un referente a nivel nacional, con algunas de las historias más populares en España, como las que llegarían poco más tarde con Pumby Jaimito«, añade Díaz. Estos dos últimos títulos son responsabilidad de Juan Puerto y Soriano Izquierdo (como director artístico de las publicaciones), que contaron con numerosos dibujantes de humor valencianos. Más tarde, Manuel Gago, que trabajó en Editorial Valenciana, encumbraría títulos a partir de su propio sello, Maga, como El Club de los Cinco (Manuel Gago), o Pacho Dinamita (Miguel Quesada), Tony y Anita (Miguel Quesada).

    Le hegemonía de Editorial Valenciana y Maga, compartida con la barcelonesa Bruguera, fue acusando el paso del tiempo: «les costó adaptarse. No vieron el tirón de la ciencia ficción, de otro tipo de público que iba demandando otro tipo de narraciones. La sociedad cambiaba, la televisión se convirtió en un fenómeno de masas, y por si fuera poco las grandes editoriales, las valencianas y Bruguera, se enfrentaron a sus dibujantes por los derechos de sus originales». Lo que apunta Díaz fueron los juicios que solo ganó José Sanchis, el autor de Pumby, o incluso el propio Gago que perdió los derechos del Guerrero del Antifaz, de cuando trabajaba en Editorial Valenciana. «Hoy en día, finalmente, los derechos son de los familiares y autores», añade Díaz.

    Con las principales editoriales valencianas fuera de juego, los dibujantes no hicieron más que seguir apareciendo. «La evolución del tebeo valenciano es similar a la de España. De hecho, reconozco ahora analogías con los autores españoles que se vuelcan en el mercado exterior para poder desarrollar su vocación». Díaz recuerda casos como el de la producción de José Ortiz para revistas como CreepyEerie o Vampirella, en los años 70 y 80, o el fichaje posterior de Salvador Larroca por Marvel, para ser uno de los dibujantes titulares del guionista Chris Claremont.

    «En el documenta, Larroca cuenta como, tras un Salón Internacional del Cómic de Barcelona, ambos se bajaron a Valencia. Claremont le dijo que estaba harto de rascacielos y un número de Xtreme X-Men incluye escenas en la Plaza del Ayuntamiento o del Carmen», apunta Díaz. Así lo cuenta, en primera persona Larroca, reflejo de algo extensible al resto de nombres que actualmente sigue produciendo a nivel nacional e internacional: «son gente anónima, que pasa totalmente desapercibida por la calle, pero sobre todo humilde, accesible, muy humana».

    -Históricamente, ¿crees que los dibujantes de tebeos valencianos se han refugiado en ese anonimato para crear con cierta independencia?
    -«Creo que sí. Les ha gustado siempre ese papel, aunque no dejan de tener su amor propio. Por ejemplo, Rafael Boluda, me contaba que se emocionaba al ver su firma («R. Boluda») en el quiosco. No deja de ser el culmen de su trabajo y del sentido de su vida».

    Sento Llobell, Sergio Bleda o Paco Roca son, junto a Larroca, puntales de una generación que exporta eminentemente su talento: «es increíble, pero las novelas gráficas de Paco Roca se editan antes en Francia que en España, porque allí es un referente dentro de las librerías». El documental llega a la orilla con Tenderete, la feria valenciana de autoedición gráfica y sonora, con las transgresiones al entorno digital y una fotografía del escenario: muchos dibujantes, valorados nacional e internacionalmente, generando en el underground intelectual valenciano un poso memorable a través de fanzines y soportes fuera de mercado.

    Díaz es miembro de la Asociación Valenciana del Cómic, especialmente activa en los últimos años y empeñada en dar a conocer el trabajo de todas estas generaciones de dibujantes, así como de un grupo de trabajo con el teórico y divulgador Ricardo Guillamón. De la misma, Carlos Ciurana ha sido parte importante como ayudante de producción en el documental y ayudante del divulgador en los estudios. El enfoque de este trabajo, abierto al público aficionado al cómico como al público en general, está muy presente en el documental y en las Jornadas de Cómic de Valencia, que se espera vuelvan a celebrarse esta próxima primavera por cuarta ocasión.