Etiqueta: fotografía

  • Hoy, en ‘Lugares abandonados…’, la Ruta del Bakalao

    El fotógrafo de Benifaió Julián Llanosa ha capturado el estado actual de los llamados «templos del sonido». Espacios donde se divirtió durante años como adolescente, antes de encontrar su oficio. El relato visual muestra una Atlántida derruida sobre la que se sigue investigando y que él espera plasmar en un libro próximamente

    Estos meses se cumplen 40 años desde que Juan Santamaría, el padre fundacional del movimiento musical que derivó en la Ruta del Bakalao, llegase a la cabina de Oggi. Era 1978 y nadie esperaba que aquel vecino de Castellar importase hasta València sus años deambulando como dj –accidental y luego profesional– por Granada, Ibiza, Sitges, Ámsterdam, Londres o Glasgow. Él tampoco esperaba volver, pero tras una serie de veranos en la discoteca Cap3000 de Benidorm, acabó en su ciudad al mando de aquella sala discreta hasta esa fecha.

    Santamaría acabó radicalmente con el lento y las rumbas, aunque quien exportó esto a un espacio mayor y lo apuntaló definitivamente sobre las artes performativas, la moda y el diseño fue Carlos Simó. De nuevo de manera accidental y en Barraca, Simó dispuso las bases para una revolución bailada y basada en el hedonismo. Una revolución interna, de la sociedad más inmediata (empezando por la rural), que alcanzaba cada fin de semana la modernidad que no le pertenecía a través de la música importada desde Londres de manera rudimentaria.

    N.O.D.

    N.O.D.

    Los rudimentos de la importación dieron paso a la tienda de discos Zic Zac (una de las primeras de España enfocadas al dj) y de allí salió el término bacalao. Ni siquiera hacía referencia a la música electrónica y no lo hizo durante años. Sin embargo, de aquellos orígenes y raíces a los cuales nos hemos aproximado con los ensayos En éxtasis de Joan M. Oleauqe y ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia de Luis Costa apenas hay documentación. O, al menos, no como sí se generó en el cogollito de los medios de comunicación en los 80: Madrid. 

    Esa es una de las principales inquietudes de Julián Llanosa que durante los últimos años ha recorrido las discotecas de la Ruta del Bakalo. En gran medida, tratando de documentarse y entender aquello que vivió como adolescente. También para comprender porque aquella historia underground y que llegó a ser masiva –el mayor movimiento de clubbing a inicios de los 90– derivó en la nada misma. 

    The Face antes de ser derruida

    The Face antes de ser derruida

    Tras estudiar imagen y sonido en el IES La Marxadella de Torrent y más tarde en la Universidad CEU San Pablo, nunca había tenido una inquietud real por capturar estos lugares. Pero lo ha acabado haciendo en estos últimos años: “cuando era un adolescente, íbamos con las Vespinos a las discotecas más próximas como Barraca o Chocolate. Cuando había puente, los domingos noche íbamos a ACTV. Yo no era muy consciente de todo aquello, pero mis recuerdos no son para nada ni de muerte ni negativos”.

     Fran Lenaers, dj de Spook y miembro de Megabeat (Foto: JULIÁN LLANOSA)
     Las ruinas de El Templo, una de las salas en las que reinó Chimo Bayo (Foto: JULIÁN LLANOSA)

    Al juicio de Llanosa, los años 92 y 93 fueron especialmente divertidos e intensos. En el 94 y en el 95 la masificación y la llegada de un buen número de turistas de la ruta “pervirtió” y “devaluó lo que estábamos viviendo”. Musicalmente también se alcanzaron algunos últimos picos de interés, como los del techno pinchado por Kike Jaén “en Don Julio (N.O.D.) o en Chocolate, pero siempre antes del 95 o 96”. 

    Llanosa acumula una gran cantidad de material fotográfico en torno a todos estos espacios con la voluntad de publicar un libro. En parte, influenciado tanto por Miguel Trillo (de quien comisarió una exposición) como por Ouka Leele, a quien acompañó en una gira por la Comunitat también como comisario. En las charlas de la fotógrafa de la Movida también comprendió que “la Valenciana es una Movida todavía por contar”. No obstante, pone en valor su trabajo al final de un audiovisual que trata de mostrar una parte de su archivo fotográfico. 

    El vídeo que recopila buena parte del trabajo de Llanosa

    Llanosa siempre toma las fotografías al amanecer de días nubosos. Los hace con tiempos de exposición de 15 á 20 segundos: “de alguna manera, necesito que el alma del lugar en ese momento se filtre durante ese tiempo”. Al trabajar de manera totalmente independiente se ha encontrado el rechazo para fotografiar algunos espacios. En otros se ha encontrado algo más que la puerta abierta: “en The Face, que hoy ya está derruida, me encontré gente sin casa viviendo dentro; en El Templo también”.

    De hecho, asegura que El Templo es una de la discotecas que más la ha impresionado ver en avanzado estado de descomposición. Para los amantes de la fotografía de lugares abandonados, la Ruta es una especie de Atlántida dormida y real. Algunas de sus bibliotecas paganas, como Chocolate, se debaten entre la vida y la muerte. The Face ya no existe y basílicas colaterales como Arabesco también han desaparecido del mapa.

    The Face antes de ser derruida

    The Face antes de ser derruida

    La Ruta sigue debatiéndose entre la mitología y una leyenda negra asentada y establecida. Los relatos internos sigue siendo igual de fascinantes y en el caso de Llanosa hay tanta intensidad con la parafernalia técnica con la que prepara las fotos como en recordar exactamente dónde se colocaba con sus amigos cuando iba: “nunca estábamos por el centro. Siempre en un rincón, para poder ver todo lo que sucedía”. Su investigación continúa y también se trata de centrar en los grupos de la que algunos llaman Movida Valenciana y que suenan en el vídeo. 

  • Joaquín Collado, la mirada humana

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    Si hubo un tiempo en que los artistas malditos estuvieron de moda, este inicio de siglo XXI ha servido en gran medida para que cada territorio y casi cada disciplina reencuentre el trabajo de un creador excepcional que durante toda una vida ha pasado desapercibido. Es el caso de la pintora cubana Carmen Herrera, que vendió su primer óleo a los 89 años y ahora a los 100 ya tiene obra en el MoMA de Nueva York o la Tate Modern de Londres, entre otros. No todos han vivido el éxito de lo mucho creado, como es el caso de la omnipresente Vivian Maier. Las decenas de miles de fotografías que esta niñera de Chicago capturó a lo largo de su vida ahora giran por el mundo, vendiéndose y revendiéndose con muestras tan poco interesantes como la que ha permanecido durante las últimas semanas en Madrid, explotando los infinitos recursos de una obra para la que el criterio del propio artista no cuenta.

    No es el caso de nuestro particular caso valenciano, el del fotógrafo Joaquín Collado. Este exempleado de banca acumula algo más de 40.000 fotografías, con una laboriosa documentación anexa que recoge cuándo disparó cada carrete y dónde, dividiendo estanterías de producción según su fecha y serie Collado es para muchos el fotógrafo de la Valencia más callejera, y desde que en 2009 se hiciera su primera gran retrospectiva en las Atarazanas de la ciudad, los reconocimientos no han cesado. Los últimos, ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, exponer en la galería le Plac’Art Photo de París de la mano del promotor Armand Llàcer (inaugurada el pasado mes, hasta el 7 de noviembre) y ser objeto de un libro acerca de su figura que ultima en estas semanas el bibliófilo e investigador Rafael Solaz.

    «COLLADO ES FUNDAMENTAL PARA ENTENDER LA SOCIEDAD VALENCIANA DE LOS AÑOS SESENTA A LOS OCHENTA», ASEGURA RAFAEL SOLAZ

    Collado (Valencia, 1930) «es fundamental para entender la sociedad valenciana de los años sesenta a los ochenta», asegura Solaz. Todo apunta a que el libro estará listo a principios del próximo año, incluyendo una amplia muestra de su obra y la biografía del joven que con 14 años fue botones del Banco Hispanoamericano, en la Calle de las Barcas de Valencia, y desde allí inició una fotografía urbana, intensamente humana, de miradas, y que ha captado los rincones oscuros, las heterogéneas gentes y las fiestas de la ciudad.

    El que fue durante casi un cuarto de siglo presidente de la Agrupación Fotográfica Valenciana (Agfoval) vive ahora su particular primavera, a los 85 años, en una reivindicación que acepta con la naturalidad de quien nunca buscó el reconocimiento público a partir de sus fotos, sino mostrar «las miradas; en los ojos está todo».

    «Nunca esperé que nadie me dedicara tanto tiempo, tanta atención. Cuando se hizo la exposición de mi obra en el MuVIM me pasaba un par de veces cada semana y veía a la gente mirar y mirar. Pasaron hasta 12.000 personas y se tuvo que prorrogar dos veces.

    Las primeras de las más de 40.000 fotografías que guardo las tomé en 1959, aunque hasta el 65 no revelé por mi cuenta. En toda esa época inicial no conocía a fotógrafos profesionales. Hacía mi propia fotografía sin mirarme en nadie, pero poco a poco conocí a Alfredo Sanchis SolerJosé Miguel de Miguel o a Gabriel Cualladó [con quienes la crítica le compara]. Aun así, nunca tuve como objetivo publicar nada, ni exponer en ningún sitio, aunque entiendo a todos lo que lo hacen y obviamente es algo lícito».

    La fotografía es efímera

    «Para hacer las fotografías del Barrio Chino de Valencia [en las que aparecen prostitutas, proxenetas y clientes] me escondía la cámara en el abrigo. Tosía cada vez que disparaba, porque vaya ruido hacían aquellas cámaras… La prostitución se ha convertido en algo marginal y lo único que queda son los edificios deteriorados que albergaban esos prostíbulos.

    Espero que algún día cambien, aunque espero que no pase como con toda la ciudad. He visto desaparecer toda la huerta y está claro que para que llegue la modernidad, para que la gente tenga más oportunidades y pueda dedicarse a lo que verdaderamente quiere, es necesario un cambio, pero creo que no hacía falta arrasar con todo como ha sucedido».

    «En toda mi obra hay niños. Los hay en Gitanos, en Infrarrojos o en La ciudad y sus gentes y son los protagonistas en otras series como Plaza de San Esteban. Ahora esto sería impensable. Hoy en día apenas hay niños en la calle. Antes todo el mundo en la calle sentía que les teníamos que proteger, y era tan impensable que les fuera a pasar algo, que crecían allí. Yo siempre les pedía permiso a los padres para las fotos, igual que hacía con los adultos. En mi fotografía la conversación previa es una parte esencial. Bueno, y también la posterior, porque en una infinidad de casos me comprometía a llevarles una copia. Y vaya si se la llevaba».

    «La fotografía que se hace hoy en día es efímera. Mi nieta me enseña alguna foto que ha hecho con su móvil y yo le pregunto que cuándo la va a revelar, pero no le interesa. Tampoco la vuelve a mirar. Yo sigo viendo la fotografía de la misma manera y eso incluye sacar copias. Las últimas que he hecho han sido en la Plaza Redonda de Valencia, hace unos días, en color, aunque luego las paso a blanco y negro porque sólo entiendo la fotografía así. Y ya tengo bastantes a color, pero no las aprecio así. Cuando ya no esté [mira sus cuatro estanterías repletas de negativos] mis hijos decidirán qué hacer con todo esto».

  • Gervasio Sánchez: «El periodismo ha dejado de vigilar al poder para convertirse en su mejor aliado»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Aunque lleva 31 años en la profesión, Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es “periodista desde la cuna” y lo será “hasta la tumba”. Así se define a sí mismo, en mitad de una conversación acerca de los ejes fundamentales que conectan tres décadas de fotoperiodismo al más alto nivel, cruzando el mundo con el foco puesto en el peor momento de la historia de la humanidad en lo que se refiere a conflictos bélicos: “a principios de año ACNUR advirtió que este era el año con el mayor número de refugiados de la historia, incluyendo los momentos posteriores a la Segunda Guerra Mundial”. De los 13 millones de desplazados de 1945 a 1948 a los 15 millones actuales, aunque “estos son temas que no interesan a los directores de los medios de comunicación”.

    Sin fisuras, Sánchez mantiene una mirada punzante tras presentar ante esos mismos medios -de los que participa y a los que fiscaliza con su crítica constante- la cruda ‘Mujeres. Afganistán’. Esta exposición, que se abre ahora en el Centre Cutural la Nau de Valencia, muestra la violencia endémica y estructural del país asiático a través de su fotografía y de los textos de Mònica Bernabé, la única periodista española que informa permanentemente desde Afganistán. La exposición es, en esencia, un relato periodístico rico, sorprendente y capaz de provocar la reflexión cada vez más difícil de surgir a través de la prensa, la radio o la televisión. Los días 29 y 30 de septiembre, Sánchez y Bernabé viajarán hasta Valencia para realizar unas visitas guiadas.

    Las visitas, de hecho, son un pequeño ejemplo del compromiso que Sánchez mantiene con las personas y lugares que fotografía, de los que escribe La exposición es el último de los peldaños alcanzados por él en su labor como informador, de una honestidad brutal que no ejerce como virtud, sino como actitud desde que se iniciara en el relato de guerra en América Latina a finales de los años 80. Ha publicado sus fotos y artículos para el Heraldo de Aragón, La Vanguardia, Tiempo y el servicio en español de la BBC, además colaborar con la Cadena SER. Ha “olido la guerra”, como él mismo dice, en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Angola, Camboya o Sierra Leona, entre otros países. Ha publicado una docena de libros, expuesto su trabajo en diversas ocasiones y recibido una extensa lista de reconocimientos entre los que quizá destacan el reconocimiento de la UNESCO a su labor o el Ortega y Gasset de fotoperiodismo en 2009.

    Precisamente, fue en aquella ocasión cuando Sánchez, en presencia de las altas instituciones del Estado, realizó un brutal discurso de apenas cuatro minutos que finalizaba así: “Yo también tengo un sueño [tras mencionar a Martin Luther King]: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”. La industria armamentística es la primera de las cuestiones transversales a cualquier guerra sobre las que Sánchez reflexionó la pasada semana para Valencia Plaza, tratando de conectar percepciones y las complejas realidades vividas a lo largo de 30 años de trabajo, saltando de un conflicto bélico a otro.

    Y, de repente, los refugiados. La convulsión siria para Europa

    “No es la primera vez que hay un desplazamiento de refugiados tan grande como el de Siria. Por ejemplo, ya hubo millones de desplazados en Irak durante la primera gran guerra o en los años 80 en Afganistán tras la invasión soviética, su guerra civil y la llegada de los talibanes. La diferencia con los refugiados sirios es que, por proximidad o posibilidades, han llegado hasta Europa. Cuando tenemos la china en el zapato, entonces ‘nos molesta’. Los europeos hemos llegado a un punto de hipocresía, de cinismo y de egoísmo por el que muy pocas veces nos interesan los conflictos armados que ‘no nos tocan’. Ha ocurrido siempre, pero ahora están en Europa y entre ellos no solo hay sirios; hay iraquíes, kurdos, afganos, eritreos, iraníes, etíopes, centroafricanos…

    ¿DÓNDE ESTABAN LOS GOBIERNOS EUROPEOS? ¿DÓNDE ESTABAN LOS FUNCIONARIOS DE LA UNIÓN EUROPEA? ¿DÓNDE ESTABAN LOS ESPECIALISTAS EN MIGRACIÓN?

    “En julio estaba Sarajevo y me vino a entrevistar una persona que me advirtió que, a su paso por Belgrado, había visto la estación de trenes abarrotada de sirios. Era el 9 de julio. ¿Dónde estaban los gobiernos europeos? ¿Dónde estaban los funcionarios de la Unión Europea? ¿Dónde estaban los especialistas en migración? ¿Dónde estaban los asesores que cobran una millonada por, a menudo, no hacer su trabajo? Estaban de vacaciones y no han empezado a tomarse las cosas en serio hasta que no han vuelto de ellas. Estamos asistiendo a una situación europea vergonzosa en la que hemos llegado al extremo de buscar chivos expiatorios, como lo hacemos con Hungría, aunque haya actuado de una forma torpe y prepotente”.

    La industria armamentística: mutis mediático

    “Desde la famosa foto del niño ahogado me han hecho una treintena de entrevistas. Aunque en todas he hablado de la industria armamentística, solamente ha habido declaraciones sobre ello cuando la entrevista ha sido en directo. Lo he incluido, deliberadamente. Por ejemplo, Julia Otero me hizo una entrevista muy bonita de siete minutos, en directo, donde recordé que el negocio de la muerte lo hacen las principales potencias europeas, porque el mercado de armas ligeras más importante del mundo es el europeo. Y luego están países como Estados Unidos, China o Rusia, que son los grandes negociantes de la muerte, pero de esto no se habla. Mientras las grandes potencias económicas dominen el mercado de las armas, no hay nada que hacer”.

    «CUANDO LOS NIÑOS SOLDADO DE SIERRA LEONA HABLABAN DE USAR A LAS MUJERES SE REFERÍAN A VIOLARLAS. BUENO, PUES JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO ‘USABA’ EN ESE SENTIDO LA PALABRA PAZ»

    “Para que el mercado continúe, tiene que haber conflictos abiertos y eso es algo de lo que no se quiere hablar nunca en lo medios. Tampoco en España, que es una potencia mundial. Lo digo siempre: en este país durante el gobierno de Zapatero se sextuplicó el negocio armamentístico. Y luego él iba dando lecciones de pacifismo… Cuando los niños soldado de Sierra Leona hablaban de usar a las mujeres se referían a violarlas. Bueno, pues José Luis Rodríguez Zapatero ‘usaba’ en ese sentido la palabra paz. Los negocios con armas más alucinantes que se han hecho nunca en este país se han hecho bajo mandato socialista. Ahora con Rajoy hemos pasado de 2.400 a 3.900 millones de euros en venta de armas, algo que hace conectar a Rajoy y Zapatero como aliados de los boyantes negocios de la muerte, por eso nunca se habla del tema en la prensa proPP o proPSOE”.

    “Hay un vínculo directo entre el mayor negocio de armas de la historia y la cifra récord de refugiados. Es la situación más dantesca de la historia, con guerras que duran décadas como en Afganistán o dictaduras apoyadas por Estados Unidos como la de la familia Al Asad en Siria. Las armas se venden deliberadamente a países en conflictos abiertos o a países que pueden triangularlas; es decir, revenderlas a esos países. Es algo de lo más grave y frente a lo que Europa actúa de una forma hipócrita”.

    “Si no se habla de esto en los medios es por la relación que hay entre medios y bancos. Las guerras benefician a la industria armamentística, y no me meto con quien trabaja en esas empresas, pero esto ocurre porque hay bancos que financian esos negocios. ¿Cuál es el banco que financia el mayor volumen de producciones de armas? El Banco Santander. Son los que ponen ‘la pasta’ en los medios, pagan la publicidad y algunos incluso son propietarios de esas empresas de comunicación. Esto sucede porque en las pirámides de mando de los medios de comunicación hay cada vez más pusilánimes. Colocan a personas cada vez más cobardes ante este tipo de situaciones. Y lo digo por la inmensa mayoría de los medios, no por uno en concreto”.

    Los niños de la guerra

    “A los niños no les he dedicado más tiempo que a otros afectados por las guerras, pero es que están ahí en medio. Son parte del conflicto. Uno de cada cinco muertos en Sarajevo era niño. Son los que se ahogan ahora por miles en el mediterráneo, los que mueren por cólera en África… como cuando estábamos en Ruanda que morían centenares cada día. Están detrás de las minas y de los conflictos como las desapariciones forzosas”.

    “Un niño sirio dijo hace poco, cayéndose de sueño, que ni se le abrían los ojos, <<no queremos irnos de Siria. Acaben con la guerra y volveremos al país>>. En Occidente hay que dejarse de tanta parafernalia y escuchar a las personas. Nadie se gasta miles de euros en pagar a la mafia porque sí. Huyen de una muerte segura. Huyen de situaciones que ocupan a generaciones enteras. Sus abuelos eran pobres. Sus padres eran pobres. Ellos no quieren eso para sus hijos. ¿Es tan difícil de entender? ¿Tenemos la cabeza tan dura? ¿No podemos ponernos en el lugar de los demás? ¿No sabemos que los españoles se fueron a la inmigración hace 60 años porque aquí había un país de mierda? Hay que tener empatía con las victimas ya y no abordar las conversaciones con respecto a este tema como si estuvieramos en una taberna”

    Las mujeres y la guerra

    «LA MUJER NO ES DISTINTA AL HOMBRE EN ESE SENTIDO, QUE ES UN ANIMAL SALVAJE QUE CUANDO TODO SE DESMORONA SE CONVIERTE EN UN CRIMINAL»

    “La mujer juega en la guerra, en el conflicto armado en sí, un papel secundario. Hay mujeres combatienes, por supuesto. Las he conocido y a las que les gusta, les gusta matar, eso tengo por seguro. Porque ser mujer no significa que no te guste matar. Basta recordar el papel de las guardianas nazis en los campos de concentración, su mano tras la muerte o las violaciones. La mujer no es distinta al hombre en ese sentido, que es un animal salvaje que cuando todo se desmorona se convierte en un criminal. Es difícil, casi imposible, encontrar el hombre valiente. Este es uno de los aspectos más dramáticos de mi vida profesional: he conocido a muy poca gente que muera por no matar. La inmensa mayoría mata por no morir. Y en eso no hay distinción de sexos. A veces se piensa que si la mujer tuviera más poder militar sería mejor. Eso no se puede demostrar. En la cárcel de Abu Gharib la directora era una mujer. Las torturas más brutales se hacían bajo las consignas de una mujer».

    La guerra en manos de los periodistas

    “Siempre ha habido periodistas y fotoperiodistas que han hecho decente e indecentemente su trabajo. Por suerte, la inmensa mayoría lo hace bien, pero pasa también en esa pirámide de pusilánimes en los medios de comunicación que se permite el mal periodismo. Es cierto que hay muchos que se callan ante basuras. Es verdad. Que no reivindican a un compañero cuando hay algo grave en su contra. Sí, hay cobardía. Pero el problema es que hay un 5%, por decir una cifra, que ha destrozado esta profesión velando por intereses empresariales. Personas amorales e inmorales, que se cargan la profesión. Son los que, cuando han recibido durante los últimos meses reportajes sobre Siria, han decidido que no había espacio no había espacio ni tiempo para ello”.

    SOBRE LOS TERTULIANOS QUE LLENARON HORAS DE TELEVISIÓN Y RADIO CON SUS IMPRESIONES ACERCA DE LA IMAGEN DEL NIÑO SIRIO AHOGADO EN EL MEDITERRÁNEO: «SE TENDRÍAN QUE HABER CALLADO. HUBIERA SIDO MÁS VALIENTE NO HABLAR» 

    Y luego está el efecto tras la imagen del niño ahogado. Una orgía. Es impresionante como todos los tertulianos y los columnistas, que no tienen ni idea de a qué huele la guerra, hacen un concurso de a ver quién hacía la prosa más ingeniosa, mirándose a su ombligo. Es vergonzoso. Se tendrían que haber callado. Hubiera sido más valiente no hablar. Si te lo pide tu redactor jefe decir, <<no lo controlo>>. Ha sido vergonzoso… todos hablando, con ese compadreo del dolor que causa vergüenza ajena. ¿Qué pasa, que no se habían podido imaginar cómo se ahoga un niño? Hay decenas de imágenes de niños ahogados en Internet del conflicto sirio. Ahora, nuevas y previas. Así que estos periodistas entran en un obsceno mercadeo de la muerte para regalar postales reflexivas, cínicas. Y nadie por supuesto no ha hablado del mercado de armas. Todos estos listos no ha culpado a ninguno de los gobiernos españoles o europeos. ¿De qué vamos? ¿A qué jugamos? Es un show vomitivo en el que te quieren dar lecciones de moral y montan un circo para decirte por qué han metido o no a meter una foto en portada. Diarios como ABC que hacen portadas vergonzosas, como la de llamar proetarra a Eduardo Madina, dicen que no publican la foto en portada para no herir sensibilidades”.

    Me pregunto dónde está la actitud crítica del ciudadano medio. No se entera que la gente cuando se ahoga a veces a parece descuartizada por las alimañas. Troceados, sí. ¿La gente no se lo imagina? El niño que apareció ahogado, el de la popular foto, lo hizo unos minutos después de ahogarse. Estaba ‘en pefecto estado de revista’ y por eso se publicó tanto. Pienso en esa difusión y en su familia… en el padre. Si estuviera con él le diría, ‘se que has dicho que solo te queda morir, pero piensa en positivo: gracias a la muerte de tu hijo, en vez de entrar 40.000 van a entrar 160.000 personas a este continente de mierda”.

    Se ha creado una entente entre los poderes mediáticos, los poderes políticos y los poderes económicos que es lamentable. El periodismo ha dejado de vigilar al poder para convertirse en su mejor aliado. Se dedica a mostrar el mundo que los políticos quieren que se muestre”.

    El papel de la cooperación internacional y las ONG

    “Vivimos en un mundo mediático en el que para conseguir una subvención hay que tener cierto amigo. Las ONG a veces se confunden y creen que lo mejor es el impacto rápido, pero las que triunfan son las que tienen una trayectoria e, incluso cometiendo errores. Algunas, si rascas, entre las más prestigiosas, han cometido errores punibles e incluso tienen sus guerras internas por escalar en su jerarquía, pero no podemos ver el problema en aquellos que se dedican a poner tiritas a la guerra. Es lo que hacen estar organizaciones, donde hay muchos arribistas, y sin ellas sería peor la sangría. Los que tienen un papel fundamental en todo esto, para poner soluciones, son los ejércitos: ellos pueden montar grandes campamentos en poco tiempo, recoger a la gente en el Mediterráneo, preparar una comida para 1.000 o 2.000 personas y dejar de hacer maniobras absurdas o no hacer nada en frente del conflicto”.

    El papel de la justicia internacional

    “El sistema de justicia internacional no puede funcionar porque son los Estados los que impiden que funcione. De hecho, falta mucha gente, muchas manos, para que ese decorado pueda funcionar. Y hay mucha gente a la que juzgar. En Afganistán, por ejemplo, los compañeros de gobierno de Karzai son auténticos criminales de guerra y no están juzgados. ¿Qué pasó con lo sucedido en Ruanda? ¿Y en Bosnia? Los gobiernos han de aceptar que tienen una responsabilidad en que los juicios se eternicen. Porque los políticos miran para otro lado cuando son conscientes de que su indecisión provoca muertes, de que intervenir sin un proyecto de transición, como en Irak, solo provoca muertes y caos”.

    “Los gobiernos son responsables. Ahí están las multinacionales europeas o americanas que provocan que los gobiernos africanos se corrompan. Hay que legislar, porque Repsol, Telefónica o Endesa son de capital español, o los grandes bancos, y cuando alguno se sienta en Angola o en la República Centroafricana y las leyes de su país no impiden que se corrompa a esa gente, se está generando un grave problema internacional”.

  • Lorena Ros: «Mi fotografía es intuición»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    La carrera como fotoperiodista de Lorena Ros (Barcelona, 1975) empezó -casi- con un WorldPressPhoto debajo del brazo. Supo gestionarlo «mirando para otro lado» y, sobre todo, «porque para entonces (2001) ya me había rodeado de fotoperiodistas que tenían muchos más premios que yo en ese momento», comenta a ValenciaPlaza.com. Este lunes participó junto a Rosa María Calaf en el encuentro Mujeres, fotoperiodismo y comunicación, un lleno absoluto de atención -y mujeres- en La Nau de la Universitat de València organizado por el colectivo ‘Objectives‘ de fotoperiodistas.

    Horas antes atendió a este diario digital en un periodo de ‘entreguerras laborales’, haciendo el símil periodístico. El pasado 2014 publicó Unspoken (Blume), un trabajo elaborado durante ocho intensos años de viajes y testimonios de absusos sexuales a menores entre Estados Unidos, México y España. «Los tabúes son uno de los hilos conductores de mi carrera. A partir de ahí, mi fotografía es intuición, una conexión invisible entre el corazón  y la cabeza que te hace tomar la foto en el momento adecuado». Lo dice, sobre todo, admitiendo no estar «ni de lejos» entre el grupo de fotoreporteros mejor preparados técnicamente.

    Ahora Ros despliega una relajada sonrisa de oreja a oreja. Es docente, pero sobre todo madre: «mi vida es bastante doméstica últimamente…», sonríe una vez más y acaba por reconocer que si un gran medio internacional le ofreciera ahora irse «a Afganistán diría que no. Hace solo cinco años hubiera sido mi sueño, pero no me preocupa no estar activa en ese ámbito. Estoy feliz con este momento, viajando en pack con mi hija y mi marido cuando nos tenemos que mover por su trabajo [él es indio y director de cine]».

    Ha regresado definitivamente a Barcelona, tras residencias prolongadas en Nueva York (Estados Unidos), Bombay (India; la ciudad de su pareja) y Londres, donde empezó publicando en un medio pequeño y local como Hackney Gazzete y cursando estudios superiores en el London College Printing (LCC).  «Hago fotoperiodismo porque me lancé a por una historia de la que ahora me río; no del tema, de lo que hacíamos, porque éticamente estaba mal. Con un compañero del posgrado nos hicimos pasar por periodistas de The Independent y nos adentramos en el mundo abertzaleThe Guardian lo publicó y (Xabier) Arzalluz envió una carta por su publicación».

    DEL TABÚ, VIRTUD

    Con especial agilidad ha convertido temas ocultos, conflictivos y de un reconocimiento gráfico en los medios más bien relativo en premios y becas internacionales. La llegada a las costas españolas  de los inmigrantes (WorldPressPhoto Single general news, 2001), tráfico de mujeres nigerianas hacia Europa (Beca Fotopress, 2003, y mención honorífica en el WorldPressPhoto de 2004) y gana, entre otros reconocimientos, el Amnesty International One World Media Award en 2005.

    Pero el suyo se constituye como un trabajo de espaldas a sus propios reconocimientos, según ella misma: «los premios son una lotería. Yo he formado parte de jurados y he visto pasar trabajos excelentes que, por la suma de votos de otros miembros, acaban siendo olvidados».

    -Pero se repiten. ¿Algún mensaje debe esconderse tras esa insistencia en galardonarte?
    -«Que hay un prolongado trabajo detrás. De años. Como en el caso de las mujeres nigerianas, uno ve que hay un largo recorrido que acaba generando un interés».

    Ros se muestra entre despreocupada y ajena a la situación de los medios en la actualidad: «si empezara ahora, no sé qué haría. Antes había inversión en buenas historias. Ahora, con todo el tema de las plataformas digitales, emergentes, que veo que son las que están moviendo las historias, no percibo esa inversión en historias gráficas». Para El País Semanal y el Magazine de La Vanguardia narró el latido de las bandas latinas en Madrid y Barcelona (y con otra beca más de la Generalitat de Cataluña), «pero ahora veo que los dominicales están fatal… es todo publicidad».

    Ellla en su labor como docente, «en una escuela donde hay un alto nivel técnico», se dedica al reportaje. «Los alumnos llegan muy preparados en los aspectos tecnológicos. A mí, personalmente, me dan mil vueltas en ese ámbito. Sin embargo, a la hora de construir un reportaje, de hacer narrativas, tienen que desprenderse de todo ese conocimiento y preocuparse de ver las historias». De su experiencia con los más jóvenes reconoce ‘llevar mal’ «que algunos no hayan revelado todavía. No se debe aprender a ir en moto sin saber ir en bici. Se puede, pero no vas a entender de dónde viene todo»; por otro lado ‘lleva bien’ su propio papel como embajadora de esas narrativas y se siente cómoda al reconocer toda una etapa publicando historias para grandes medios.

    Ha publicado en Newsweek, The Sunday Times, El País, La Vanguardia y Telegraph. Ha abordado culturas muy ajenas, pero ha acabado cerrando el ciclo como fotoperiodista hasta la fecha con Unspoken, el libro ya citado, que reúne los personajes de los abusos sexuales en un ejercicio en el que Ros cambió «pasar desapercibida, con todo el background del fotoperiodismo de ser ajeno como actor a la escena, para reflejar un tema transversal, que no es noticia porque está presente en todas las sociedades y que es especialmente único en los trabajos que he hecho porque las personas eran en muchos casos similares cultural y socialmente a mí». La publicación marcaba, además, otro hito en la carrera en un aspecto especialmente conseguido: la confianza con los protagonistas para poder narrar historias.

    No le gusta destacar su condición de mujer para ‘conseguir’ las historias o mejorar la ‘mirada’ ante éstas: «aun así, en el caso del tráfico de mujeres nigerianas sí pudo ser un componente decisivo de entrada porque ellas solo veían al hombre blanco como un cliente. Pero creo que un hombre podría haberlo hecho igual, aunque al final le hubiera costado mucho más tiempo». Con todos esos elementos, incluso con el de ser mujer, asegura «haber jugado de una u otra forma», aunque finalmente lo que define el trabajo fotoperiodístico es «la sensibilidad».

    «No me gustan las generalizaciones de género. Son antifeministas, creo. Lo que sí reconozco es que puede haber machismo a la hora de estar en una redacción, pero como siempre he sido freelance… tiendo a pensar que me han tratado por igual que a mis compañeros», apunta. Ahora admite comprar menos libros «de clásicos» y, en general, «menos libros de fotografía. Estoy algo desconectada, aunque inevitablemente pienso en proyectos».

    El que más le atrae de nuevo tiene un tabú como referencia: «quiero hablar de las clases altas de India. He empezado algo, pero neecesito tiempo allí«. Habla del país centro asiático con especial atención y reacciona a la situación de censura en el mundo a partir del caso que ahora tiene más próximo: «no entiendo nada con la Ley Mordaza. No acepto que exista un corte a la libertad de expresión en un país como Egipto, pero que eso suceda en España, en la España de la Unión Europea… a nivel de libertad de expresión creo que no hay nada más grave». 

    Evita hablar de política y prefiere explorar temas como conocer nuevos medios digitales. Le preocupa el soporte, pero de forma relativa: «no creo que una buena foto sea para verla en el móvil, pero a la vez creo que se ven muy bien en un iPad«. La escalada de la evolución tecnológica no le ocupa excesivamente el tiempo, aunque hasta se ha implicado en una organización benéfica que habla del suicidio y salud mental a través de Instagram. Considera todo ello como un espacio de experimentación, eso sí, en un limbo actual de creatividad del que también ha aprendido a hablar para generar nuevos fotoreporteros. Difícilmente, con una galería de premios tan extensa cuya relación ni siquiera cabe en este artículo.

  • Joan Fontcuberta: «La autocensura es hoy la forma habitual de censura desde el poder»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Con el cierre de RTVV como pesado telón de fondo, el artista, ensayista y reconocido teórico de la imagen a nivel internacional aborda la censura con una exposición en Valencia y expresa en este diario sus opiniones sobre las nuevos caminos de la información y sus influencias sociales

    Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) es un artista y ensayista único si se tiene en cuenta la influencia de una obra que le ha llevado, además, a recibir infinidad premios. Hace tan solo unos meses recibió el Premio Internacional de Fotografía Hasselblad, considerado como ‘el Nobel’ de la materia. Un reconocimiento tras su vasto trabajo como creador, docente y escritor que también le ha llevado a ser distinguido con el Premio Nacional de Fotografía o el Nacional de Ensayo por el esencial ‘La cámara de Pandora’ (Ed. Gustavo Gili, 2010).

    El Octubre Centre de Cultura Contemporània (C/ Sant Ferran, 12, Valencia) exhibe hasta el 7 de febrero Deletrix, una exposición de Fontcuberta atípica en comparación a sus populares ‘Sputnik’ o ‘Googlegramas’. Un proyecto que nació en torno a la celebración del 90 aniversario del PEN Català y la coincidencia con el Día Internacional del Escritor Perseguido y que ahora llega a Valencia con quince fotografías de documentos, todas ellas captadas en bibliotecas e instituciones de Europa y América en los diferentes viajes del autor. Fontcuberta, que asegura seguirá desarrollando «de por vida» esta colección, reúne textos y pentagramas manchados, rayados y hasta rajados «con violencia». Con esta muestra y el discurso del autor se abre una necesaria reflexión acerca de la manipulación de la memoria por parte de ‘los poderes’.

    -¿No es paradójico que ‘los poderes’ sigan ejerciendo la censura a sabiendas de que ésta se revela contra sus intereses cada vez de una forma más rápida?
    -Los efectos de la censura siempre terminan siendo visibles. Las páginas censuradas brutalmente [en la exposición] son la prueba de esa falta de transparencia y de su actualidad. La censura siempre ha estado presente en la medida que siempre ha habido diferencias de autoridad, y en el fondo no es más que el efecto de controlar la realidad y, más que una cuestión de tipo filosófico, es una cuestión política.

    La censura sucede a día de hoy como podemos en casos como el de Wikileaks, que pese a ser una reacción distinta a la de los documentos de la exposición tiene el mismo origen: un censor que quiere evitar cierta información circule, que sea conocida. No obstante, la censura más propia de nuestros días que se posibilita desde el poder es la autocensura y no es una censura directa, pero es igual de eficaz.

    -¿La desaparición de la Radiotelevisión Valenciana es un acto de autocensura, precisamente?
    -El acceso a la libre información es fundamental para la higiene de una democracia. Cuando una sociedad, como la valenciana en este caso, queda desprovista de esta herramienta es por una acción de un gobierno autoritario y, sobre todo, antidemocrático. Privar a un pueblo de estos medios para la democracia porque presentan versiones contrarias a un gobierno, pese a que se escuden en un argumentarlo económico, no deja de ser una forma autoritaria de censura.

    Además, el caso de RTVV recuerda, siendo benigno, al despotismo ilustrado. Quien tiene poder elige por sus súbditos qué información deben manejar estos porque no los considera suficientemente capacitados para tomar sus propias decisiones.

    -Habla de un comportamiento censor en un contexto de híperconexión a través de la Red, que bien conoce a través de su investigación y su obra. ¿Ha ganado o ha perdido el ciudadano en el consumo de información con esta revolución digital tecnológica y social?
    -Hay profesionales de la fotografía tecnófobos, que consideran el avance tecnológico como un empeoramiento del humanismo en el que estábamos asentados. Otros ven en la tecnología y las redes un mejor sistema democrático, más participativo. Personalmente, entiendo que en cualquier innovación hay pérdidas y ganancias. Hay elementos que suponen mejoras y otros que podemos considerarlos renuncias a valores que teníamos. En la era digital hay más información, por lo que es difícil digerir toda esa información porque los emisores y los canales son múltiples. En este sentido, antes era mucho más sencillo ‘controlar’ qué se emitía a través de los medios de comunicación tradicionales y, por tanto, más sencillo censurar. Por ejemplo, con respecto a los libros ahora hay un boom con la producción de baja demanda. Esto antes también era una barrera cuando la producción solo era posible en grandes tiradas.

    -En el contexto actual, digital, social, con miles de fuentes ¿cuáles son las barreras a la información que se busca?
    -La gran cantidad de información se ha convertido en otro elemento de censura actual. Una fórmula es ,no dificultar el acceso, sino perder la información entre otras muchas otras, haciéndola imposible de ubicar porque se confunde en un magma de datos inútiles. Esta técnica de sepultar la información quedó reflejada en mi proyecto ‘Googlegramas’. Los visitantes de la instalación tenían que introducir una serie de palabras para que apareciera finalmente una imagen completa, pero mientras trabajaba en el proyecto descubrí que en Google no aparecían imágenes si uno tecleaba ‘Abu Grahib’. En cambio, si lo hacía en Yahoo o Altavista, los resultados eran por miles. Google se vio obligada a abrir esos filtros y a publicar un comunicado negando ningún tipo de intención censora. Para mí, la censura también existe cuando busco algo que me interesa y tengo que pasar por 10 páginas de Google llenas de bazofia que me distraen. Esto provoca que solo alguien con muchas ganas de alcanzar la información la consiga.

    ¿Encontrar atajos a esta situación es el reto más inmediato en la búsqueda de información?
    -Diría que más que eso. Antes decíamos: ‘la realidad no existe, existen formas de conocimiento’. Hoy en día diríamos: ‘la realidad no existe, existen motores de búsqueda’. Google, Yahoo, etcétera, nos permiten llegar a unos ciertos modelos de lo que consideramos real. Imágenes, datos y contenidos y una información que vamos consumiendo y nos influyen para tomar decisiones. Esto tiene una repercusión inmediata de lo cotidiano. Es muy relevante este hecho.

    -Los medios de comunicación, a su vez, se muestran cada vez más débiles. Menos recursos humanos, menos rentabilidad de su actividad, mayor presión sobre su independencia. ¿Cuál es la misión del periodismo y del fotoperiodismo?
    -Se desarrolle con palabras o con imágenes y palabras, la misión del periodismo es la de servir de puente entre el ciudadano y las realidades circundantes. Es la distancia entre lo que sucede de verdad y las personas. Más allá de esto, es importante entender que la noción de documento ha quedado en otro plano por la cultura digital, por la ingente cantidad de información gráfica que poseemos. El actual contexto nos ha trastocado los valores de verdad y memoria en los que era antes tan importante la fotografía documental.

    -Con algunos de sus trabajos hemos descubierto que sumando las posibilidades tecnológicas a las redes sociales el ser humano parece tener una auténtica necesidad de crear y comunicar con imágenes.
    -Es interesante hacer un recorrido rápido por la evolución de esa realidad: las pinturas rupestres estaban creadas por una elite, los magos o los chamanes, porque ejercían de ‘contacto’ con los dioses. Siglos más tarde eran los artistas los que plasmaban la naturaleza, pero estos eran unos pocos seleccionados por su talento y su genialidad. La fotografía en el siglo XIX pasa a manos de los fotógrafos, que deben tener una serie de competencias técnicas, aunque aquí ya el número de personas se expande mucho. Poco más tarde George Eastman crea Kodak y aparecen los aficionados por lo que, podemos decir que, todo el mundo puedo hacer fotos. Solo resta una barrera, la del coste, que desaparece con las cámaras digitales y los smartphones. Ahora tenemos una realidad que también crea un absurdo: dedicamos tanto tiempo a hacer fotos que no nos queda tiempo para verlas. Lo relevante es que, por primera vez en la historia todos somos productores y consumidores de imágenes. La imagen pierde ese aura mágica del inicio, porque todo el mundo puede crear imágenes. Ya no hace falta ser un noble para poseer un retrato; ahora tenemos los selfies. Actualmente Facebook, solo Facebook, publica seis millones y medio de fotos al día de sus usuarios. Esa es la realidad actual.

    Pero hay que comprender esto en un contexto más amplio. Para entender el fenómeno siempre recurro al ejemplo de la física. En la física tradicional tenemos a Newton durmiendo una siesta, le cae una manzana y explica un montón de cosas con la Teoría de la Gravedad. Pero, más tarde, con instrumentos de investigación avanzados, resulta que las leyes newtonianas no funcionan. Necesitan ajustes, así que aparece la física cuántica. Más tarde, Einstein nos explica la Relatividad… la física no era diferente antes o después, sino que accedemos a ella a través de parámetros distintos. Parámetros que antes no podíamos tener en cuenta. No es distinto de la fotografía en la que, a día de hoy cabe reconocer que tiene mayor repercusión su vertiente sociológica; la cantidad de imágenes que lo que representan. El gesto por encima del contenido.

    -¿Esto supone de alguna forma una distorsión sobre el trabajo de los profesionales de la imagen?
    -No es un obstáculo, sino que el contexto es distinto. Hay un número ilimitado de imágenes, accesibles a todo el mundo. Los profesionales tienen ahora mucho que ver con las imágenes que nos faltan: las imágenes que no pueden ser realizadas ‘porque no interesa’, las imágenes que se han perdido, las imágenes ausentes en la memoria por la censura. La responsabilidad del artista se encamina, desde mi punto de vista, hacia la localización de esas imágenes invisibles.

    -Y, por otro lado, surge el llamado ‘coleccionismo’ como movimiento artístico dentro de la fotografía…
    -La masificación de imágenes nos confronta con un repertorio en el que es difícil distinguir capturas. Puede ser muy fácil seguir repitiendo de una manera redundante imágenes que ya existen, pero muchos artistas como gesto de rebeldía plantean una ‘ecología de la imagen’, en una especie de ejercicio de contención: reutilizar las imágenes, para expresarme visualmente como artista.

    La fabricación física de la imagen ha quedado suplantada por la asignación de sentido. El artista ya no es el que fabrica obras, sino el que prescribe qué sentido tiene una imagen en un contexto. Esto, por supuesto, trastoca muchos valores: la economía de la imagen, los derechos de autor… elementos que pasan a estar bajo sospecha. Toda esta tendencia significa cuestionar unos modelos de mercado en el que se manejan muchos intereses y podemos ralentizar el proceso, pero es imparable.

    -En concreto, parece que el fotógrafo se haya visto en la necesidad de reinventarse una infinidad de veces durante los últimos años, en cortos espacios de tiempo reencontrándose profesionalmente. Por ejemplo, con su posición frente a la autoría. ¿Va a cambiar este concepto?
    -Cuando hablamos de apropiación hablamos de propiedad. El que se apropia niega el sentido de la propiedad, como una derivación del comunismo utópico. A mí me gusta más hablar de adopción. Apropiarse significa robar. En la Roma clásica, por ejemplo, un patricio adoptaba a un niño plebeyo y lo importante era la elección (ad-optare). Lo adopto, lo acojo, lo educo y le concedo mis cualidades. En la fotografía, de todas estas imágenes elijo estas y la escojo para mostrar un fin. En realidad no es muy distinto del artista clásico frente al lienzo en blanco. El artista siempre está eligiendo qué mostrar: elijo donde va la primera pincelada, en qué dirección, de cuántos centímetros, de qué color… Optar es la base metafísica de la creación artística.

    -Ha dicho que «no existen buenas o malas imágenes, sino buenos usos de la imagen». ¿Como docente, cómo transmite este cambio histórico-conceptual a sus alumnos?
    -Hay que entender que las imágenes no tienen una utilidad por ellas mismas, sino dentro de ‘la casa’ en la que viven. Es un símil que utilizo. Según en la habitación en la que viva, la imagen tiene una vida u otra. Una imagen puede estar en la habitación del periodismo, en la habitación de la publicidad, en la habitación de la religión, en la habitación de los símbolos patrióticos, etc. La foto del primer paso de Armstrong en la Luna yo la vi en los periódicos, en el consulado americano, dentro de un museo de arte. Era la misma foto, pero tenía entidades distintas y significados muy distintos. La foto no es ni buena ni mala por sí misma, sino que tiene un mejor o peor uso según donde la dejemos vivir.

    En este sentido, a mí me hacen mucha gracia los manuales de ‘la fotografía de buena calidad’, ‘aprenda a realizar fotografías perfectas’. La mayoría de las fotografías históricas, las obras maestras, tienen errores técnicos básicos. Lo importante de esas fotos es la adecuación de esa imagen a un contexto. El estudiante debe entender que la fotografía se ha de adecuar a un espacio. Hemos de cuidar la adecuación de la imagen a un contexto determinado. La imagen autónoma no tiene sentido.