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  • Google News, Internet, los huevos y las gallinas

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Un país muestra al mundo su fragilidad democrática cuando unas pocas empresas se sientan junto al Gobierno y aprueban una ley para proteger sus intereses particulares sin tener en cuenta los intereses generales. Ni es una situación que pertenezca al pasado ni a una dictadura centroafricana ni protege a los periodistas ni da cobijo a la deontología ética de ningún oficio. Es España, es la nueva Ley de Propiedad Intelectual y es la forma en la que los principales editores de prensa tratan de compensar su torpeza para sobreponerse a la triple crisis del periodismo en nuestro país: económica, tecnológica y generacional.

    Todo ello se manifiesta de forma lamentable después de que Google decida poner fin a su servicio Google News para los medios de comunicación españoles. Lo hará después de que el Gobierno del Estado haya impuesto una tasa «para la protección» de los editores de prensa. Un canon no cifrado, vigente a partir del 1 de enero de 2015, con carácter retroactivo y que vendría a controlar una sociedad gestora al estilo de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Un símil de garantías que ha granjeado un presente brillante para sus industrias asociadas.

    En la práctica, el grupo ValenciaPlaza.com no se verá especialmente afectado por la decisión. De hecho, el cierre de agregadores de noticias -para evitar el futuro pago de la tasa- como Menéame afecta hasta tres veces más al medio que el cierre del servicio de Google News. No obstante, entre todos ellos, apenas han derivado un 4% de los casi 30 millones de páginas vistas este año entre las tres cabeceras digitales de la empresa. Afecta, eso sí, a la realidad del entorno de los medios online y su incontrolable reacción tras la decisión de una herramienta de búsqueda rápida y efectiva para los usuarios.

    Porque el verdadero afectado por la desaparición del servicio es el internauta, aquella o aquel que busca en Google una palabra o serie de palabras y pretende encontrar el resultado más acertado. Hasta este momento, los resultados que se vinculaban a la actualidad o sobre los que, en los últimos días o semanas, se había generado un reportaje con contenido inédito relevante, aparecían sobre el resto de páginas ajenas a estos conceptos. Esta preselección desaparecerá a partir del 16 de diciembre, la fecha en la que Google News cesa su filtraje. Las búsquedas se mezclarán con Wikipedia, webs institucionales e información documental de cualquier tipo, sin criterios de actualidad, valor de los elementos multimedia y generando una distorsión del acceso a la actualidad que raya -pese a lo que diga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte- la agresión al derecho a la información.

    EL ORIGEN DEL CONFLICTO Y SUS CONSECUENCIAS

    El verdadero problema entre los grandes editores de prensa españoles y Google no tiene mucho que ver con Internet, sino con el hecho de que un mercado de acceso restringido como siempre había sido el periodístico pasara a ser accesible por arte del ADSL. Pero hay que profundizar todavía un poco más, hasta los valores fundacionales del gigante californiano, para entender cuál es el verdadero problema de partida de que la información pase a ser de competencia abierta.

    El 27 de septiembre de 1998, Larry Page y Sergey Brin abrieron a la world wide web un motor de búsqueda llamado Google. No solo hacía años que el uso de Internet se había extendido, sino que el nicho de mercado al que se encaraba este proyecto universitario convertido en empresa parecía dominado por empresas como Altavista, Yahoo! o Lycos.

    Los dos jóvenes entusiastas haciendo su trabajo de fin de carrera en la Universidad de Stanford estaban muy lejos de contar con presiones comerciales o empresariales para distinguir entre un Blogger y un medio de comunicación. Si el primero publicaba antes y aportaba una extensión de contenido y elementos visuales y SEO importantes, ¿por qué iba a posicionarse sobre éste un gran medio llegando después que el primero?

    Claro que, durante más de una década a los medios esto no les preocupó porque nunca creyeron que Internet fuera a formar parte de su core businessLas grandes corporaciones editoriales soñaban una realidad en la que la gente accedía a la información acudiendo a sus cabeceras, por afinidad a las marcas periodísticas; porque sí. Lo cierto, es que cada año la tendencia era cada vez más distinta. La gente oía algo en la radio, lo veía en la tele o le llegaba a través de un hilo de chat en MySpace o Microsoft Messenger. Entonces lo googleaba y allí, durante muchos años, otras webs se aprovechaban de la inacción de los grandes medios para posicionarse sobre estos.

    Cuando los medios se dieron cuenta, siempre tarde -y dos o tres años más tarde en España- muscularon con becarios las ediciones digitales y se pusieron a crear contenido específico para ganar visitas: sexo, Hitler, soft news, fotogalerías de discotecas o presentadores de televisión y un exhaustivo repaso a los timelines en Instagram de Miley Cyrus o Rihanna. Los incrementos de visitas, exponenciales. El arma de doble filo: que los medios, gracias a Google News, posicionan por encima de contenidos de páginas no incluidas en la categoría de Google. Por ello, además de las suculentas áreas temáticas para generar visitas, entraban en liza otros contenidos recurrentes y esculpidos en SEO: el tiempo, los deportes, los directos de fútbol, los sucesos, los programas de televisión, el cine online…

    Google ha ido ‘pillando’ los trucos y mejorando su algoritmo. Las triquiñuelas que antes funcionaban para generar clicks a partir de Google News ya no sirven y los principales beneficiados de los cambios en el PageRank (el ranking interno de Google sobre los medios) han sido precisamente las grandes compañías editoriales. Pero en España esto no era suficiente. La carrera -¿o la guerra?- por las visitas ha llevado a medios de gran prestigio a volcar íntegramente sus contenidos en papel en sus webs, hecho que sucede a día de hoy. Hecho, por cierto, sin el menor sentido comercial. La razón es la de acumular mayor contenido inédito y evitar ‘fusilamientos’ de información. Y gustar cada día más a Google (PageRank de nuevo), claro.

    Sin embargo, esta aceptación del universo Google más monopolístico se compaginaba con la redacción de una ley que ha acabado por tumbar el sistema. Y lo más grave para los medios, que pretendían que España fuera una excepción y provocara un pago por agregadores de contenido para paliar su déficit comercial, es que ahora van a perder la gallina de los huevos de oro: el tráfico en español que les ha llegado históricamente y hasta el próximo martes 16 desde los países hispanohablantes. No solo desde estos, también desde todos aquellos lugares en los que una búsqueda se hace en español.

    Ese es el particular drama que se avecina para los grandes medios, unido a un tráfico base muy importante desde España. También es la principal diferencia para con ValenciaPlaza.com de todos estos y lo que, más que un rumor, una constante de reuniones en algunas de las redacciones, va a suponer despidos a partir del próximo mes de enero.

    EN DEFENSA DE QUIÉN

    La estrategia de los medios afiliados a AEDE (en los que las grandes cabeceras de España tienen todo el peso) se ha vuelto en contra de ellos más allá incluso de lo que puede afectar a su tráfico: la opinión pública parece haberse dado cuenta de que ahora cuando busque alguna información vinculada a la actualidad, la herramienta más eficaz del mundo no estará disponible. Y esto ha provocado una defensa desaforada de una empresa cuyas prácticas monopolísticas han sido sancionadas por la Unión Europea, entre otros, y que deja mucho que desear en este sentido.

    La defensa ahora de Google News es precisamente la defensa de un modelo de búsquedas vinculadas a los medios de comunicación creado por una empresa privada. Internet le precedía y le precedían otros sistemas de búsqueda. Los diarios precedían a Internet y… ¿a quién precede el derecho y uso de la información?

    En el citado 1998, Google se adelantaba 15 años al tiempo con un diseño ‘monopágina’ que ofrecía el servicio a un solo golpe de vista. Sin embargo, no era esta su principal virtud frente a sus competidores: el motor de búsqueda de la compañía estadounidense conseguía resultados rápidos y -sobre todo- satisfactorios para el usuario. ¿Pero cómo obtenerlos?

    Googlebot, el famoso y cambiante algoritmo de Google con el apodo de ‘la araña’, rastrea Internet desde su origen con miles de trabajadores implicados en ofrecer el mejor resultado posible al usuario. ¿Pero cómo? La fórmula de la Coca Cola del siglo XXI no se revela. ¿Y por qué? Porque si los jugadores (todos los que publican algo en la red) conocen las reglas del juego, no hay juego. ¿Y para qué? Pues porque haber creado la mejor herramienta para encontrar una aguja en el pajar de todos los tiempos es tanto como apoderarse del ‘tráfico’ de Internet. ¿Y qué significa ser el líder mundial del ‘tráfico’ online? Significa ser el contenedor más interesante para publicitarse a nivel global. O sea, ingresos por ordenar y mostrar de forma efectiva lo que otros crean.

    Ese es el otro gran conflicto, el beneficio de Google por haber creado un sistema cada vez más potente y que, en efecto, genera los mejores resultados frente a sus competidores. Ha creado otros servicios anexos y los ha puesto a su favor en estas búsquedas (desde YouTube a Google+), pero al fin y al cabo es el más usado en España a una distancia insalvable para el primero de sus perseguidores.

    Y aun un conflicto más en el caso de España: una red de grandes medios de comunicación dependientes de planificaciones públicas, de cánones privados y de cualquier otro salvoconducto que no pase por mejorar la comercialización de sus productos. Cuesta creer que esta ley aprobada en tiempo récord por parte de un Gobierno que encara un año de múltiple cita electoral no tenga nada que ver con la estrecha relación de las partes. Y aquí, de vuelta al punto de partida y la calidad democrática a partir de esta mancha en las libertades de acceso a la información. Porque cabe entender que, pese al valor periodístico que nadie discute, antes que la creación de cualquier contenido existe un marco que no limita su acceso.

  • Anonymous: el enemigo inmaterial

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    MADRID. Cuando Anonymous dio el salto a la calle, sobre todo en apoyo a las revueltas de la llamada ‘Primavera árabe’, hace ahora un año, la careta de Guy Fawkes se convirtió en un símbolo para el mundo. Fawkes fue un conspirador católico inglés que trató de volar el Parlamento y asesinar al Rey de Inglaterra en 1605. Recuperado como personaje por Alan Moore para el cómic ‘V de Vendetta‘ después de convertirse en un icono online, su imagen ahora también nos traslada directamente a la abstracta idea del movimiento de los ‘indignados’.

    Resulta especialmente complejo hablar de un organismo global que actúa a partir de su estructura líquida, no ya sin jerarquías, sino incluso sin nombres. Como un monstruo de siete cabezas en la era de la fragmentación social, desde 2006 su imagen aparece como un látigo tras numerosos ataques a grandes empresas y gobiernos en Internet. Pero, ¿qué sabemos de Anonymous?

    ANONYMOUS: ORIGEN Y REDADAS EN LA RED

    Anonymous se forjó en wikis, foros y otros soportes participativos, como 4chan, en los que jóvenes especialmente descontentos -quizá en lo personal; quizá trazándolo hacia lo social y más tarde hacia lo global- han demostrado una capacidad de acción por encima de muchos sistemas de seguridad (NASA, Pentágono o FBI) cuando algo no les gusta. Y lo hacen desde casa, con sus propias manos, juntos, sin dejar huella.

    Anonymous funciona como un ‘sistema de niebla’, capaz de estar sobre nosotros sin que lo apreciemos o de cerrarse a su voluntad cegándonos el acceso a determinadas áreas de la Red, a menudo suplantando la identidad del objeto atacado. Defensores, según afirman, de su modelo de libertad de expresión y de una estructura social que califican de «libre, justa y global», sus acciones mantienen en vilo a un sinfín de multinacionales que se han visto afectadas gravemente por sus ataques: Monsanto, PayPal, Warner, Sony, EMI, Departamento de Justicia de Estados Unidos, FBI, Pentágono, NASA, y un largo etcétera.

    En España han sido atacadas las webs de SGAE, Ministerio de Cultura, Senado, Academia de Cine, Partido Socialista o Partido Popular, entre otras. El sistema habitual de sus ataques dentro o fuera de España es la utilización de una herramienta de ataques masivos, conocida como DDoS. Este sistema envía un gran número de accesos/visitas a las páginas atacadas, colapsando sus servidores. En la mañana del miércoles 25 de enero, las webs de Unidad Editorial (El Mundo, Marca y Expansión, entre otras) sufrieron un ataque de este tipo, aunque no ha sido reivindicado por ningún Anon.

    DELITOS, ARRESTOS Y OBJETIVO PARA EL FBI

    Los propios Anon (abreviatura utilizada por sus miembros) se consideran hacktivistas aunque para organizaciones de defensa como el FBI son ‘ciberterroristas’. Lejos de la sensación que a menudo ofrecen los medios de impunidad legal frente a este grupo, el mismo FBI ha puesto su objetivo en ellos y en uno de sus últimos golpes a la red Anonymous arrestaron a 14 ciberactivistas (julio de 2011) por sus ataques continuados a la empresa de transacciones de dinero en Internet PayPal.

    Tras la careta aparecieron, entre otros, los siguientes nombres: Christopher Wayne Cooper, 23, aka “Anthrophobic”; Joshua John Covelli, 26, aka “Absolem” y “Toxic”; Keith Wilson Downey, 26; Donald Husband, 29… y así hasta 14 miembros, cuya media de edad está en torno a los 23 años. Una de las detenidas fue Mercedes Renee Haefer, 20, aka “No” y “MMMM”, la cual coprotagoniza el documental We Are Legion, que se estrenó la semana pasada en el festival de Sundance con gran éxito y que  pronto llegará a España. 

    En junio de 2011 fueron detenidos y liberados en España 3 miembros ligados a esta organización. La Policía Nacional se refirió a las detenciones como «desmantelamiento de la cúpula» de Anonymous en nuestro país, aunque los arrestados fueron puestos en libertad poco después con cargos por asociación ilícita. Anonymous ha seguido reivindicando ataques en nuestro país meses después.

    Otros miembros han sido arrestados en Alemania (2010), Reino Unido, Australia, Turquía y Holanda (2011).

    LA TEORÍA DEL CAOS

    Algunos grandes medios especializados en información económica, como Financial Times, han dedicado tiempo y esfuerzo a tratar de concretar quién son, qué quieren y por qué lo quieren. Han llegado a contactar y hablar con algunos de ellos, pero aún así no es fácil, como deja claro Kayla, Anon reconocido a nivel internacional, que aseguró a ese periódico: «Si actúas bajo el nombre de Anonymous, lo ha hecho Anonymous«. 

    Esta pura teoría del caos hace de esta organización un complejo entramado totalmente distinto a cualquier otra actividad terrorista con la que es comparado por los servicios de seguridad gubernamentales. La finalidad de sus ataques, más que el método o el espacio en el que lo desarrollan (ahora también en la calle), son su principal hecho diferenciador. 

    No es precisamente el representante de los valores de Anonymous, pero Mark Zuckerberg (cofundador de Facebook, según su perfil de Facebook) hizo un comentario que relaciona todo el espíritu de una generación. Al ser preguntado por su opinión acerca de la película ‘La red social’ (The Social Network, David Fincher – 2010) tras su estreno, el creador de Facebook comentó: «parece que en Hollywood nadie pueda entender que hay gente dispuesta a hacer cosas por el simple hecho de hacerlas».

    Sin querer sumarme al mantra de los seguidores de Zuckerberg ni a la propensa tendencia por la definición generacional de los ‘indignados’, la verdad es que hay una dosis de realidad en su idea, y es que no cuesta mucho abstraerse a la realidad de millones de jóvenes, si no en paro -como es nuestro caso más habitual-, si desencantados con el sistema heredado. 

    Más allá de los valores, cuando se pueden cambiar las cosas por el mero hecho de comprobar la reacción, cuando las consecuencias están todavía por definir, entonces ¿por qué no hacerlo? En los hacktivistas hay algo de pirómano y algo de humanista. No aspiro a comprenderlos, porque intuyo que su figura no se puede definir con los personajes de la historia que ya hemos conocido, o quizá sólo con algún descolgado como Guy Fawkes, pero en un espacio libre como Internet. Lo que sí está claro es que, después de años actuando, no han sido capaces de levantar precisamente el rechazo de la sociedad occidental.