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  • Flavita Banana: «¿Quién quiere ser coherente toda su vida?»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El próximo sábado Flavita Banana recogerá el Premio Humor Gráfico 2017 de Splash! Sagunt, el festival de cómic de la Comunitat Valenciana. El reconocimiento se suma a muchos otros, entre los que destaca el apoyo diario del público que Flavia Álvarez-Pedrosa(Barcelona, 1987) se ha granjeado en los últimos tres años. Su obra maneja una fórmula exacta para definir un mundo de personajes imperfectos y ambientes caústicos; el mismo mundo en el que vivimos deshojado por un humor que que suena a puñetazo de realidad. Una alquimia que cuenta con textos milimétricos, de apenas unas pocas palabras (y a veces ninguna), y un trazo sencillo de tinta negra sobre fondo blanco. 

    A veces visceral, a veces sensible, a menudo irónica, también sardónica, pero nunca críptica, sus dardos se clavan con facilidad en una audiencia dispar que crece como la espuma. Sin embargo, su éxito va más allá cuando sus publicaciones se convierten en símbolo de identificación. Autora para medios como S Moda, El Salto, Orgullo y Satisfacción o Mongolia, sus libro Las cosas del querer (Lumen) y Archivos Estelares (Astiberri) son dos de los álbumes de humor gráfico en castellano más vendidos de los últimos tiempos pese a que solo cuentan con unos meses de vida.

    -En el pasado era habitual ver viñetas convertidas en pancartas durante algunas manifestaciones. Por ejemplo, de El Roto por el ‘No a la guerra’ de 2004 o en la Huelga General de 2012. El pasado 8-M sucedió lo mismo con algunos de tus trabajos y en muy distintas ciudades. ¿Qué te pasa por la cabeza al ser consciente de ello?
    -Hay una dualidad bastante fuerte en torno a esto. Por un lado, mi parte más emocional está encantada. De alguna manera me siento muy bien al pensar que he podido ayudar a generar un lenguaje con el que la gente conecta. ¿Qué he podido aportar? Una herramienta, un detonante. Algunas imágenes han supuesto un detonante, creo. Son resúmenes de lo que la gente ya pensaba o sentía. Por otro lado, en mi parte racional, siento una presión enorme. Mi objetivo nunca ha sido el de ser la líder de nada o generar una narrativa adoctrinante. Quien esté de acuerdo con mi trabajo y quiera, que lo difunda, pero parece que se me vaya adosando una responsabilidad…

    -¿Y cada vez pesa más?
    -Mucho más. Lo noto más. Noto la presión de tener cada vez más cuidado con lo que digo porque, de alguna manera, sabes que se está esperando de ti en ciertos aspectos.

    -¿Incluso como para pensar que el reto, ahora que ya eres una autora consolidada, se ha convertido en seguir aprovechando todo el ancho de libertad disponible?
    -Exacto. Y soy muy consciente, ¿eh?, que a ver si ahora por tener la posibilidad de expresarme voy a convertir toda la capacidad en una fórmula maniatada porque se espera de mí que dé con la fórmula exacta. 

    -En esas imágenes de las manifestaciones, pero también en el público que te sigue y que comparte tus ideas, hay una transversalidad generacional muy amplia. ¿Hasta qué punto el humor tiene esa capacidad de tocar todas las paredes a la vez?
    -El humor es el lenguaje que demuestra cierta madurez. Y hablo de humor y no de mofa, de manera consciente. El humor denota que alguien ha entendido totalmente todos los elementos que le rodean y es capaz de hacer malabares con ellos. Hay muchas maneras de hacer humor. También con mofa, de una manera sarcástica, con maldad, un humor sano… El humor tiene esa capacidad de llegar a todo tipo de grupos a la vez, de arriba hasta abajo y de un lado u otro. Esa es su gran capacidad para generar un diálogo agradable entre unos y otros que a través de este lenguaje demuestran que pueden reír las bromas propias y ajenas.

    -Hablábamos de tus viñetas como un mensaje referencial para algunas reivindicaciones, pero cada vez más te invitan a dar charlas en aulas. ¿Cómo las afrontas, sabiendo que hace apenas unos años estabas ahí? 
    -Lo cierto es que cuando doy charlas a estudiantes, en general, soy bastante crítica con el sistema educativo. No creo en las jerarquías ni en la autoridad. No creo en el sistema de autoridad por el cual 30 personas creen a pies juntillas la opinión de una sola. En el caso de las escuelas de arte, creo que no hay mucho problema. Lo importante para un estudiante de arte es salirse de la norma, que tenga el culo inquieto. Es cierto que a veces se ha dado la situación de tener a los profesores y decirles a los alumnos, ‘eh, oye, no le hagáis caso a estos cuatro que están aquí’ [ríe]. Pero los profesores de una escuela como la Massana [donde ella estudió] lo entienden perfectamente. No creo en la autoridad, pero sí creo en la experiencia y creo que es muy importante dar pasos escuchando a al gente que sabe cómo ayudarte a mejorar. Es importante atravesar unas bases formativas para acabar haciendo lo que te de la gana. Si quieres dibujar mal, como yo, primero hay que dibujar bien. Pensando en esto te diría que a la vez que cada día hay más dibujantes y que es un oficio reconocido por su presencia en las redes, puedes distinguir con facilidad quién ha estudiado arte y quién no. 

    -En tu propuesta artística el dibujo es un trazo sencillo, algo que ayuda a generar ese impacto único con unas pocas palabras o frases. ¿Hasta qué punto crees que la sencillez de tu dibujo ha ayudado a que alcances a un público tan masivo?
    -Las causas de esta proyección son varias. En efecto, hay una parte importante de economía del esfuerzo, de tiempo, de cierta vagancia e impulsividad a la vez por mi parte. La necesidad más real es que he necesitado ver plasmada la idea de una manera rápida. Necesito sacarlo. Con el tiempo esta rapidez se ha convertido en algo placentero. El gesto mismo con el pincel y la tinte me resulta muy agradable. Por eso la intención inicial no está marcada por la vagancia, aunque la haya, sino por conocer también al espectador en su vagancia. Una vagancia de consumo que es general y que es natural. Leer imágenes también es todo un esfuerzo, así que, cuanto más sencillas sean, cuanto más directas, antes habré captado su atención. 

    -¿Cómo empezaste a reducir textos en las viñetas? ¿En qué pensaste?
    -Antes había mucho más texto, algo que también me llevaba a un relato más autobiográfico a partir de los detalles. Fui destilando y me di cuenta de que si lograba resumir esas ideas tan largas podía alcanzar pequeñas verdades más amplias. Así, poco a poco, fui desprendiéndome de todo lo accesorio. 

    -No sé si sabrías porcentuármelo, ¿pero hasta qué punto la poda, la resta, es esencial en tu trabajo?
    -Es la base porque todo parte de una idea general. Vamos a poner un ejemplo: el hecho de que, al inicio de una relación, las pequeñas cosas en tu pareja son las que inicialmente te resultan atractivas y a medida que el tiempo pasa son las cosas que más te molestan. Esto pueden ser un porrón de palabras, pero lo único importante esa la idea general. Así que yo me apunto eso y voy dándole vueltas durante unos días en mi cabeza. En dos o tres tengo una frase que pueda funcionar con la imagen casi como un proverbio.

    -O como un tuit…
    -Digo proverbio porque soy muy vieja. ¡Soy más vieja de lo que me pintan! [ríe].

    -¿Hasta qué punto necesitas soledad para ese trabajo proverbial?
    -Hasta un punto muy alto. Necesito soledad para crear. Cuando ya tengo la idea bastante formada y sé cómo lo quiero dibujar, en ese momento en el que estoy volcando, ahí hay como una hora u hora y pico en el que necesito que ni me toque nadie [ríe]. Me pongo bastante… yo, conmigo, dentro… y necesito absoluta soledad y silencio. Eso y mucho papel. 

    -Hace 12 meses estabas promocionando Las cosas del querer y en algunas entrevistas apuntaban a la idea de que, apenas 12 meses antes, a inicios de 2016, eras una desconocida en el humor gráfico. Tú misma eres consciente del crecimiento que has tenido durante 2017. ¿Te preocupa la manera en la que gestionar el foco de atención como creadora que hay sobre ti?
    -Creo firmemente en que todo es cíclico. José Luis Sampedro, al que seguía como novelista y que era economista, recalcaba mucho la idea de lo cíclico. El último año ha sido vertiginoso, así que ser consciente de esa idea de ciclo da bastante comodida y confort después del ajetreo. Ahora estoy en la curva descendiente de ese ciclo. Yo misma estoy harta del foco que tiene que ver con dar la cara por lo que hago, de estar en bocas… de lo que no estoy harta es de dibujar y de crear. Ahí la curva no es ni un poco descendente. Reconozco que soy yo misma la que está provocando cierto freno para ganar más tranquilidad. Tranquilidad para poder crear más.

    -Además, se te atribuye el papel de tener en posesión una voz generacional. ¿Es una reducción de los medios? ¿Qué opinas tú?
    -Es una reducción de los medios, sin duda. Limita muchísimo y no es cierta. Desde que empecé a dedicarme al humor gráfico he hecho temas muy generales. He trabajado para prensa y medios grandes en los que he hablado de todo, pero ha habido siempre cierta atención por señalar o destacar más aquellos dibujos en los que hablaba de feminismo. Para algunos todo se ha reducido a eso y para mí era una posibilidad más con la que me siento muy cómoda, hablando de feminismo o de cómo nos sentimos las mujeres con nuestro cuerpo… He publicado y publico viñetas de política, de actualidad, de vida y de muerte, de relaciones de pareja… Esa es otra, que cuando publicas algo sobre relaciones de pareja, parece que estés hablando de un tema de mujeres. ¡Que es de todos! [ríe]. Pero, en fin, si hay una parte de la población que necesitaba esa imaginería feminista o generacional y la interpreta así, yo contenta con eso. 

    -Lo que pareces haber demostrado es que había una serie de sensibilidades que necesitaban un discurso…
    -No sé si es un nicho, si es algo cuantificable. No hay una respuesta correcta respecto a temas como el feminismo, porque cualquier voz que se exprese en torno a ello, para mí, puede ser interesante. Para el feminismo hay tantas respuestas como personas.

    -Es posible que en tu caso hayan encontrado una aceptación de las contradicciones que genera y un relato coherente entre sí.
    -La falta de coherencia con respecto a estos temas, al feminismo o las percepciones de las personas con su propio cuerpo, son de lo más naturales. Nuestro problema es vivir y creer en que es posible un sistema estructurado, fijo. El sistema perfecto es incorrecto, es imperfecto. Por eso estoy en contra de cualquier liderazgo, de las categorías y de todo lo rígido. Todo lo que nos viene dado como sociedad, por motivos estructurales, por esa jerarquía rígida, es patriarcal. Esa idea es la que nos lleva a asociarlo a lo masculino. Me gusta hacer hincapié en esto porque el feminismo, la idea de un cambio es para generar una sociedad con más aceptación, con más capacidad para la contradicción, para entender que hay ideas distintas que se deben conciliar, que no hay un mundo correcto y otro incorrecto, sino que hay amor en un sentido de capacidad de aceptación general. Con temas que parecen más puntiagudos, como puede ser el feminismo o la imagen de uno mismo, la coherencia en gran medida parte de decir, ‘eh, si tú estás bien, todo está bien’. Todavía seguimos estructuras demasiado rígidas y me gustaría que la gente se relajase. Las cosas cambian y la coherencia es un concepto absurdo. ¿Quién quiere ser coherente toda su vida? ¿Qué normas te vas a echar encima para meterte en ese baúl.

    -Es cierto que las redes se han convertido en un arma para cualquier ilustrador, pero en tu caso, con esa capacidad de contactar con un público tan diverso, son un filón para la difusión de tu obra. También están blindadas a la publicidad o a los trabajos para terceros…
    -¡Me alegra que te hayas dado cuenta! Rechazo toda la publicidad y eso quiere decir que rechazo la riqueza. Las ofertas son astronómicas y cada vez más, por esa negación, precisamente. Pero las redes son el salón de mi casa. Es mi perfil, es mi cuenta y ahí estamos todos. Por el bienestar y disfrute de los demás y del mío propio, me niego a ganar dinero con otras personas porque las ofertas para ese uso nunca son porque les interese tu trabajo, sino tus seguidores.

    -Este fin de semana estarás en Splash! Sagunt recogiendo el Premio Humor Gráfico 2017. ¿Cómo te hacen sentir este tipo de reconocimientos?
    -Muy contenta, la verdad. Tanto a nivel personal, individual, como por el hecho de que se reconozca a alguien joven y que además es mujer en una categoría general en relación al humor. Durante mucho tiempo ha parecido estar dedicada solo a hombres. 

    -En tu caso apenas hace unos años que decidiste dedicarte al humor gráfico. Si nos lee alguien que, como tú, haya estudiado arte y diseño y está pensando en dar ese paso, ¿qué ingredientes debe incluir en la fórmula?
    -Si hay varios ingredientes en la pócima, el principal es tener humor y eso sé que lo tienes o no. En mi caso el humor siempre estuvo ahí. Del momento en que eso se canalizara a través de las viñetas hará solo tres o cuatro años…, pero había materia prima.

    -Hay mucha gente en el mundo que tiene esa capacidad con el humor, ¿pero cómo se trabaja?
    -Es cierto que, afortunadamente, mucha gente en el mundo tiene una vis cómica. Pero que eso funcione más allá, que tenga en cuenta una serie de normas o técnicas para que a nivel gráfico funcione, hace falta un proceso de formación. Es una vis que se alimenta, sobre todo, de consultar una y otra vez con los maestros 

    -Entre la más reciente generación de viñetistas hay autores que confiesan no haber consumido prensa diaria. ¿Cuáles eran esos referentes?
    -En mi caso siempre iba tratando de ver las viñetas de los periódicos como fuera. Era consciente del oficio y me flipaba, especialmente en diarios generalistas. Pensaba que había ahí alguien que se dedicaba a hacer un dibujo cada día o cada semana. Más allá de eso, sí he sido una gran consumidora de humor gráfico. Mucho más que de cómic o novelas gráficas, ahí no… Pero de humor gráfico, sí. De Quino, Sempe…

    -¿Y por qué autores harías una cola para escuchar una conferencia o recibir un autógrafo?
    -Pienso en los viejos siempre… Maitena, seguro, y Claire Bretécher. No me gusta la autoridad ni la idolatría, pero hay algunas personas como ella con las que sé que me quedaría en blanco si tuviera la oportunidad de hablar con ella. Tengo pocos ídolos y casi todos ya están muertos… 

    -Por cierto, alguna vez has comentado que no estabas cómoda con el heterónimo de Flavita Banana. ¿Ahora que tienes tanto músculo comunicativo propio, darías el paso?
    -Uf… es que mis apellidos no los quiero usar y cambiarlo requiere mucho esfuerzo. Mi nombre a secas tampoco puedo [Flavia], porque ya estarán todas las redes sociales cogidas… He ido aceptándolo y no tengo mayor problema, salvo cuando alguien se dirige a mí y me llama Flavita, ¡a la cara! Y eso pasa demasiado a menudo… [ríe].

  • Anonymous: el enemigo inmaterial

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    MADRID. Cuando Anonymous dio el salto a la calle, sobre todo en apoyo a las revueltas de la llamada ‘Primavera árabe’, hace ahora un año, la careta de Guy Fawkes se convirtió en un símbolo para el mundo. Fawkes fue un conspirador católico inglés que trató de volar el Parlamento y asesinar al Rey de Inglaterra en 1605. Recuperado como personaje por Alan Moore para el cómic ‘V de Vendetta‘ después de convertirse en un icono online, su imagen ahora también nos traslada directamente a la abstracta idea del movimiento de los ‘indignados’.

    Resulta especialmente complejo hablar de un organismo global que actúa a partir de su estructura líquida, no ya sin jerarquías, sino incluso sin nombres. Como un monstruo de siete cabezas en la era de la fragmentación social, desde 2006 su imagen aparece como un látigo tras numerosos ataques a grandes empresas y gobiernos en Internet. Pero, ¿qué sabemos de Anonymous?

    ANONYMOUS: ORIGEN Y REDADAS EN LA RED

    Anonymous se forjó en wikis, foros y otros soportes participativos, como 4chan, en los que jóvenes especialmente descontentos -quizá en lo personal; quizá trazándolo hacia lo social y más tarde hacia lo global- han demostrado una capacidad de acción por encima de muchos sistemas de seguridad (NASA, Pentágono o FBI) cuando algo no les gusta. Y lo hacen desde casa, con sus propias manos, juntos, sin dejar huella.

    Anonymous funciona como un ‘sistema de niebla’, capaz de estar sobre nosotros sin que lo apreciemos o de cerrarse a su voluntad cegándonos el acceso a determinadas áreas de la Red, a menudo suplantando la identidad del objeto atacado. Defensores, según afirman, de su modelo de libertad de expresión y de una estructura social que califican de «libre, justa y global», sus acciones mantienen en vilo a un sinfín de multinacionales que se han visto afectadas gravemente por sus ataques: Monsanto, PayPal, Warner, Sony, EMI, Departamento de Justicia de Estados Unidos, FBI, Pentágono, NASA, y un largo etcétera.

    En España han sido atacadas las webs de SGAE, Ministerio de Cultura, Senado, Academia de Cine, Partido Socialista o Partido Popular, entre otras. El sistema habitual de sus ataques dentro o fuera de España es la utilización de una herramienta de ataques masivos, conocida como DDoS. Este sistema envía un gran número de accesos/visitas a las páginas atacadas, colapsando sus servidores. En la mañana del miércoles 25 de enero, las webs de Unidad Editorial (El Mundo, Marca y Expansión, entre otras) sufrieron un ataque de este tipo, aunque no ha sido reivindicado por ningún Anon.

    DELITOS, ARRESTOS Y OBJETIVO PARA EL FBI

    Los propios Anon (abreviatura utilizada por sus miembros) se consideran hacktivistas aunque para organizaciones de defensa como el FBI son ‘ciberterroristas’. Lejos de la sensación que a menudo ofrecen los medios de impunidad legal frente a este grupo, el mismo FBI ha puesto su objetivo en ellos y en uno de sus últimos golpes a la red Anonymous arrestaron a 14 ciberactivistas (julio de 2011) por sus ataques continuados a la empresa de transacciones de dinero en Internet PayPal.

    Tras la careta aparecieron, entre otros, los siguientes nombres: Christopher Wayne Cooper, 23, aka “Anthrophobic”; Joshua John Covelli, 26, aka “Absolem” y “Toxic”; Keith Wilson Downey, 26; Donald Husband, 29… y así hasta 14 miembros, cuya media de edad está en torno a los 23 años. Una de las detenidas fue Mercedes Renee Haefer, 20, aka “No” y “MMMM”, la cual coprotagoniza el documental We Are Legion, que se estrenó la semana pasada en el festival de Sundance con gran éxito y que  pronto llegará a España. 

    En junio de 2011 fueron detenidos y liberados en España 3 miembros ligados a esta organización. La Policía Nacional se refirió a las detenciones como «desmantelamiento de la cúpula» de Anonymous en nuestro país, aunque los arrestados fueron puestos en libertad poco después con cargos por asociación ilícita. Anonymous ha seguido reivindicando ataques en nuestro país meses después.

    Otros miembros han sido arrestados en Alemania (2010), Reino Unido, Australia, Turquía y Holanda (2011).

    LA TEORÍA DEL CAOS

    Algunos grandes medios especializados en información económica, como Financial Times, han dedicado tiempo y esfuerzo a tratar de concretar quién son, qué quieren y por qué lo quieren. Han llegado a contactar y hablar con algunos de ellos, pero aún así no es fácil, como deja claro Kayla, Anon reconocido a nivel internacional, que aseguró a ese periódico: «Si actúas bajo el nombre de Anonymous, lo ha hecho Anonymous«. 

    Esta pura teoría del caos hace de esta organización un complejo entramado totalmente distinto a cualquier otra actividad terrorista con la que es comparado por los servicios de seguridad gubernamentales. La finalidad de sus ataques, más que el método o el espacio en el que lo desarrollan (ahora también en la calle), son su principal hecho diferenciador. 

    No es precisamente el representante de los valores de Anonymous, pero Mark Zuckerberg (cofundador de Facebook, según su perfil de Facebook) hizo un comentario que relaciona todo el espíritu de una generación. Al ser preguntado por su opinión acerca de la película ‘La red social’ (The Social Network, David Fincher – 2010) tras su estreno, el creador de Facebook comentó: «parece que en Hollywood nadie pueda entender que hay gente dispuesta a hacer cosas por el simple hecho de hacerlas».

    Sin querer sumarme al mantra de los seguidores de Zuckerberg ni a la propensa tendencia por la definición generacional de los ‘indignados’, la verdad es que hay una dosis de realidad en su idea, y es que no cuesta mucho abstraerse a la realidad de millones de jóvenes, si no en paro -como es nuestro caso más habitual-, si desencantados con el sistema heredado. 

    Más allá de los valores, cuando se pueden cambiar las cosas por el mero hecho de comprobar la reacción, cuando las consecuencias están todavía por definir, entonces ¿por qué no hacerlo? En los hacktivistas hay algo de pirómano y algo de humanista. No aspiro a comprenderlos, porque intuyo que su figura no se puede definir con los personajes de la historia que ya hemos conocido, o quizá sólo con algún descolgado como Guy Fawkes, pero en un espacio libre como Internet. Lo que sí está claro es que, después de años actuando, no han sido capaces de levantar precisamente el rechazo de la sociedad occidental.