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  • Venga Monjas y el espectáculo escénico más asqueroso de España

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la biografía de Venga Monjas de YouTube Xavi Daura y Esteban Navarro aseguran seguir siendo «dos niños mimados de Barcelona». 11 años después de haber abierto ese canal, 12 millones de reproducciones y 69.000 suscriptores más tarde, su webserie Da Suisa se ha convertido en la excusa definitiva para explorar la última frontera entre el humor y la expiación colectiva. Desde su primer vídeo y en cualquiera de sus cortometrajes, incluso en sus trabajos -más diluidos- para series como Museo Coconut o Retorno a Lilifor-, ese afán por encontrar placer en la incomodidad del espectador se ha dado la vuelta por completo con la versión en vivo de esta suerte de remake de los Simpsons en la que el guión es una improvisación junto al público. 

    La propuesta no es precisamente clandestina. Ellos mismos se promocionan asegurando que «el asco ha llegado a tu ciudad. El dúo cómico Venga Monjas vuelve con una nueva temporada de su show más apestoso: Da Suisa. La familia más asquerosa de internet vuelve a los escenarios presentando nuevos capítulos en primicia y paridas en vivo que provocarán las arcadas de mayores y pequeños». Aprovechamos el menú para conversar en torno a su momento profesional y a la histriónica propuesta que este sábado 25 de marzo estará en el Espai Rambleta

    -¿La intención con vuestro directo de Da Suisa es llevar al espectador al límite?
    Xavi Daura: «Es el espectador el que nos lleva al límite a nosotros».
    Esteban Navarro: «Son los que provocan todo. Nos sorprende las barbaridades que podemos a llegar a hacer en el escenario. O a decir».

    -Es decir, que la autocensura…
    Xavi Daura: «La marcan ellos, pero, visto lo visto, no tienen».

    -El humor se ha convertido con propuestas como la vuestra en algo terapéutico. ¿Es algo así como una forma de gritar contra a la corrección política?
    Xavi Daura: «Es totalmente así. Es liberador. Terapéutico es el término más adecuado. Da Suisa está funcionando porque nos demuestra que es posible ser un bárbaro en la vida. Que es posible liberarse desde lo más bruto, entre colegas, hacer el burro hasta límites insospechados». 

    -¿Sin límites?
    Xavi Daura: «No hay pretensión de ofender o de pasarse de la ralla. Es la naturaleza. Es lo que surge y lo que nos complace en ese momento. Lo que surge si no pones límites y, a veces, son situaciones muy jodidas».

    -¿Sin guión?
    Esteban Navarro: «El show se va formando espectáculo a espectáculo. Todo está super abierto. El público propone mucho, aunque haya números definidos».
    Xavi Daura: «El guión parte de algo así como una parodia de los Simpsons, de sus capítulos más famosos. Capítulos que nos sabemos de memoria porque somos más que fanáticos. Eso evoluciona a ideas muy raras, que en el caso de la webserie surgen durante el rodaje y en directo, sobre el escenario. Así que del guión podemos decir que sabemos cómo empieza, pero nunca cómo acaba».

    -Y, con esa premisa, de repente, os habéis convertido en algo así como rockstars, de gira, compartiendo escenario con amigos y haciendo el espectáculo que os da la gana. 
    Esteban Navarro: «Es una gozada lo de hacer carretera con amigos de toda la vida, preparar los CD’s para escuchar por el camino, comer en áreas de servicio, durmiendo en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en los shows… joder, sí. Rockstars… pero rockstars no sé de que época.

    -¿El humor es el nuevo rock?
    Xavi Daura: «Sí, sí. Totalmente. Es el nuevo rock. Supongo que tiene que ver con la crisis en el mundo del entretenimiento. Las industrias empezaron a recortar a lo bestia. También la televisión que dejó de tener ese halo de glamour, que dejó de estar bien pagada. A la vez surge el entretenimiento en internet que tiene toda la libertad del mundo y al que se acaban sumando. 

    -¿Os sentís algo así como rockstars?
    Esteban Navarro: «Rockstars… sí. Es una gozada hacer carretera con tus amigos de toda la vida, preparar los CD’s de música para el camino, comer en áreas de servicio, dormir en diferentes ciudades, que los chavales te escupan encima en el espectáculo… no sé en qué época le escupían a los rockstars, pero si era así, sí».

    -¿Qué os viene a la cabeza al contrastar este momento dulce con los 11 años de navegación y clips en YouTube?
    Ernesto Navarro: «Pues que tenemos el culo pelado ya. Pero también nos sirve para poder repasar la cantidad de capas y registros que hemos abarcado hasta llegar a Da Suisa«.

     -En esa década habéis atravesado todo tipo de límites. ¿En qué momento sois conscientes de que todas esas ideas que van en todas direcciones pueden ser una posibilidad de realizaros profesionalmente?
    Xavi Daura: «En el momento en el que te pagan por ello. Ese momento en el que te sientes ‘un profesional’ del asunto. Eso te guía, te marca».

     -En vuestro caso intuyo que fue un momento frágil, porque precisamente veníais de mantener una expresión totalmente descarrilada, muy difícil de ‘patrocinar’, muy difícil de ‘comprar’. ¿Cómo fue ese proceso?
    Xavi Daura: «Exactamente. Fue jodido. En ese momento tienes que creértelo y, a la vez, cuidar lo que haces y saber por qué se han fijado en ti. Nosotros, igualmente, somos muy conscientes de que los trabajos en televisión o los espectáculos son finitos. Esto no son trabajos de por vida, así que cuanto más cuides los proyectos que haces, a largo plazo, te irá mejor».
    Esteban Navarro: «Yo creo que el momento de clic fue cuando nos cogieron para trabajar en Museo Cocnout. Eran nuestros primeros sueldos sin más explicación por esto que hacemos. Luego ya se va juntando con que puedes ir haciendo tus ideas y financiarte. De repente, puedes ir empalmando proyectos y vas creciendo hasta que encuentras algo como el directo, como lo de ahora, que hace que te vaya bien. Es un proceso muy lento y nunca tienes la sensación de haber culminado porque una noche va de puta madre y al día siguiente no tanto».

    -¿Pero se puede decir que estáis en un momento dulce en Venga Monjas?
    Esteban Navarro: «Ahora mismo sí, porque los momentos de gira, como las rockstars, vas de subidón. Pero la rutina continúa en casa, con el canal, con los trabajos diarios… las giras siempre se acaban. Por desgracia».

  • Miguel Noguera: «Mi forma de estar en el mundo tiene que ver con desmontarlo»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Como animales sociales, es inevitable aceptar que compartimos un background de conocimientos con los que nos rodean. Conocimientos a través de la cultura popular, del boca a boca, de la educación primaria, de la estructura familiar global, de la religión, los best-sellers, la imitación y la televisión. ¿Qué sucede si toda esa imaginería almacenada en nuestro cerebro empieza a deformarse a través de explosiones entre las ideas, mezclando sujetos imposibles, cambiando radicalmente el orden de lo moralmente bueno y malo?

    Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) es un artista que ha vehiculado su necesidad por comunicar, por expresarse, a través del humor. En una carrera fulgurante, con la publicación de varios libros devorados por una generación de inconformistas capaces de darle mucho bombo a sus mensajes a través de las redes sociales, Noguera ha reconstruido el formato del monólogo para proclamar un juego colectivo en el que él, como un chamán de ese movimiento de ideas mentales, altera el orden de los factores para producir en el público imágenes llenas de tensión. El espectáculo se llama ‘Ultrashow’ y, aunque no es la primera vez que pasa por la ciudad de Valencia, estará accesible este próximo sábado a partir de las 20:00h en Radio City.

    Humor de lo absurdo, transgresión escénica, ocio delirante, Ultraviolencia y Ser madre hoy (publicados por Blackie Books) han sido dos de los citados libros que más han prosperado en la curiosidad de los españoles. Las ideas tergiversadas, las imágenes increíbles, pasan a alcanzar una experiencia superior con el directo de Noguera con el cual conversamos antes de que vuelva a saquear la mentalidad de los valencianos este fin de semana (también estará firmando ejemplares de su último libro, Mejor que vivir, en el bar La Bitti de la Plaza Xùquer el domingo a partir de las 18 horas).

    -¿Cómo te influyó el sentido docente de la Universitat de Barcelona cuando estudiaste Bellas Artes?
    -En cierto modo, la carrera de Bellas Artes en la UB es muy caótica. No hay muchos recursos, así que todo se basa bastante en lo que puedas crear a partir de tu libertad. Por ejemplo, si te metes en el departamento de pintura muchos créditos se van a resolver a partir de tus propios trabajos y de tus propias ideas. Pero, bueno, supongo que la libertad creativa es inherente a la situación de la Facultad.

    -¿Cómo te percibes ahora cuando piensas que estudiaste esta carrera? ¿Qué piensas de aquellos que la inician ahora?
    -Cuando yo la estudié ya se decía aquello de que no era una opción por la que fueras a encontrar muchas salidas laborales. Supongo que siempre ha sido así, y que todo depende de tu vocación o tu interés en las materias. El que estudia Bellas Artes se siente ilusionado, y así lo veo yo ahora, aunque no estaba muy claro que fuese a intentar nada que prosperase por el campor artístico.

    -Tuviste algún que otro reconocimiento en este sentido, antes de ponerte a crear a través de la escritura o el teatro. ¿Cuándo se inició este nuevo camino?
    -Tenía una actividad supuestamente artística y creativa, pero era algo que no competía con mi vida cotidiana. Si recuerdo que tomaba apuntes sin parar, pero contaba con que algún día iba a tener que buscar un trabajo en la hostelería, el marketing o algo así. Así que apuntaba mis ideas, las que pueden verse en el ‘Ultrashow’, sin mucho criterio, sin llegar a nada en concreto. Era algo confuso para mí.

    -¿Qué te permite el teatro con este material?
    -Está más próximo al arte contemporáneo lo que hago, supongo. Si escribes una novela, hay un guión y un patrón que debes seguir. Sin embargo, yo tengo bastante libertad a la hora de crear en este sentido. Hay ausencia de un marco formal.

    -Trastocas muchas ideas establecidas en el imaginario colectivo. De hecho, es fascinante tu perversión del mainstream y de la cultura popular. ¿Cómo trabajas?
    -Bueno, lo que hago es ir anotando todo lo que se me ocurre y creo que puede tener salida. Luego realizo un filtrado por el cual me quedo con lo mejor y lo divido en dos: lo que va a los libros y lo que va para los ‘ultrashows’.

    -Pero todo tiene una forma muy directa de llegar, unos recursos marcados para conseguir impactar en una buena cantidad de público.
    -No me molesta que sea así. Se me considera cómico y respondo a eso, con un espectáculo de comedia en el que no tengo voluntad de mistificar o de hacerlo oscuro. Ha de ser así, entretenido, rápido, sencillo, claro.

    -En efecto, son ideas muy concretas. ¿Queda lugar en este tipo de sociedad para lecturas y mensajes más densos, menos ‘despejados’?
    -Seguro que sí. Los hay. Esto está muy ligado a lo que la gente valora como humor. Sin embargo, a lo mí lo que me interesa es que esta forma de expresar ya estaba presente en el material que yo manejaba hace años.

    -Más o menos concisa, es una forma de expresarte constante, en la que se reconoce enseguida tu estilo.
    -Hiciese lo que hiciese, aunque me dedicara a cualquier otra cosa, artísticamente tengo la máquina siempre encendida. Es mi forma de estar en el mundo, que tiene que ver mucho con desmontarlo con mis comentarios sobre el mismo.

    -Podría estar en ti de otra forma, pero de una manera no muy ortodoxa estás constantemente publicando y de gira con los ‘ultrashows’. ¿Cómo te visualizas en este ‘papel’?
    -Tengo la influencia positiva de trabajar en algo que me gusta. O, dicho al revés, no tengo la influencia negativa de trabajar en algo que no me gusta. Y esto ha hecho que haya aprendido a fijarme más en lo que hago, y tal. Pero me preguntan a menudo por qué tal lo llevo: «debes estar encantado, vives en el teatro». Creo que hay una sobrevaloración positiva y no me puedo despegar de ello.

    -Escritura, radio, teatro. ¿En qué disciplina te has sorprendido más a ti mismo, dentro de la progresión de los últimos años?
    -En el teatro, seguro. No pensé que fuera a hacer de esto un medio de vida.

    -Durante estos años a los que hacíamos referencia te has cruzado con algunos artistas de diferentes disciplinas con los que has conseguido crear personajes muy interesantes. ¿Cuáles de todos ellos te han marcado más?
    -Los papeles de cine con Nacho (Vigalondo) y Carlos (Vermut) me han servido mucho. Además, Nacho es una persona a la que seguía, especialmente con su blog, y que creo que es uno de esos personajes aglutinador o catalizador de otros talentos, de los que se aprende una barbaridad. Es un puente entre personas y para mí es un honor conocerlos y divertirme con ellos cuando nos encontramos. Por cierto, la última vez fue en Valencia (en el Espai Rambleta en un show combinado).

    -Quizá, con quien más ha impactado el fruto de tu unión ha sido con Venga Monjas. ¿Qué relación tienes ahora con ellos?
    -Ahora mismo somos amigos y nos vemos a menudo. La verdad es que es curioso como hay un vínculo que fluye de forma natural con ellos, aunque no nos conocíamos. Desde siempre me ha parecido que con sus vídeos, con su humor, se recortan del resto de una forma muy clara y me gusta mucho lo que hace. Además, me gusta como no se nos tiene por qué relacionar en primera instancia, sino que ambas perspectivas se suman creativamente. La afinidad, supongo, tiene que ver con que tienen un sentido del humor que a mí me hace mucha gracia.

    -Cuando os juntáis, como amigos, ¿estiráis tanto las bromas? ¿os saturáis?
    -La verdad es que tanto ellos como yo, bromeando, somos intensos. Tampoco los veo tanto, porque si estuviera todo el día con ellos nos cansaríamos. Pero cuando nos juntamos es inevitable bromear y tal. Es muy agradable.

    -¿Está en vuestra personalidad esa broma constante?
    -La verdad es que no. Fuera del humor, de cuando estoy haciendo humor, creo que soy bastante seco. Para mí es una especie de juego de lenguaje. Cuando estoy con ellos, por ejemplo, surge mucho. Pero vamos, que también hablamos de temas serios.

    -¿Crees que era necesario darle una vuelta al canon tan prodigioso -en cuanto al rédito económico- del monólogo?
    -Si ha sucedido algo de eso, no ha sido de forma consciente. No me he subido a un escenario con eso en mente nunca, aunque puede ser que inconscientemente, dentro de ese terreno de la comedia, puede que se vea algún tipo de diferenciación. Pero no estoy en contra del monólogo más establecido, por llamarlo así. Hay gente muy buena que trabaja sus guiones y los lleva a cabo perfectamente.

    -La gente que acude a verte sabe que no se enfrenta a un monólogo convencional. Bajo esta premisa, ¿qué es lo más bizarro que te han dicho alguna vez después de un ‘Ultrashow’?
    -Pues sorprendentemente hay gente muy agradecida al terminar. Creo que ven lo que se van a encontrar en YouTube y saben a qué se acercan. Pero bueno, una vez, un periodista que me entrevistó me dijo que le parecía desgradable lo que hacía, porque estaba deseando que acabara en todo momento. Que, aunque le parecía más o menos fascinante, quería que se acabara ya «tanta mierda». Y me pareció curioso y siniestro, pero entendí su reflexión.

    -Mencionas vídeos en YouTube. ¿Has encontrado a algún humorista que te haya sorprendido y que hayas podido conocer a través de este canal?
    -Carlos Padial me habló de Steven Wright. Me sorprendió mucho, porque no conozco la comedia americana. Las formas que utilizaba en los años 80 eran muy interesantes, con un contenido muy cercano. Había algo de su espíritu que era muy formal, pero no era muy gracioso. Interpretaba, sencillamente, pensamientos espectaculares.