Etiqueta: músicos valencianos

  • Un año moviéndolo: las respuestas tras el pelotazo de Mueveloreina

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El pasado 23 de agosto de 2016 el dúo Mueveloreina subía su primera canción a un canal de YouTube. Nadie les esperaba y quizá por eso, en apenas unas semanas, se colaron en todas las listas de reproducción de trap. La etiqueta más demandada en España –con permiso de ‘Despacito’– provocó un auge de popularidad dada la calidad de la propuesta, tanto en lo musical como en lo audiovisual. Comentario a comentario, con cada clic en ‘Compartir’, las redes sociales se convirtieron en el disparadero de un petardazo que aún resuena. El camino se abrió progresivamente durante los siguientes meses, pero cuando todo el mundo ya les había referenciado como la nueva sensación del género, la decisión de Karma Cereza y Joaco fue la de seguir su propio camino: «no somos trap«. 

    Mueveloreina hace cumbia electrápica latina, según sus propias palabras. En las nueve canciones que han replicado el modelo de ofrecer singles acompañados de videoclips ya se advierte que cada nueva canción es una película. Una distinta, cada vez, con un tratamiento estético tan pensado como la poesía de su autora. Su música y su discurso han funcionado en dos direcciones: servido para aproximar a los adolescentes a otras variables más allá del estilo más demandado, pero también para conectar a los que nunca se habían acercado a ese movimiento con las coordenadas más frescas y nutritivas de la escena musical. 

    El caso del dúo, integrado por la valenciana Carmen Sirera y el uruguayo Joaquín Fuksbrauner apenas acaba de abrirse al directo y ya ha confirmado su participación en las ferias de Vic y Trovam! (Castellón). En ambos encuentros profesionales su modelo de creación y difusión tiene mucho que decir ante un sector que sigue atento la evolución de artistas con una capacidad de alcanzar el público de masas que ya no tiene relación directa con la inversión promocional. Hablamos de todo ello un año después del ‘upload’ que lo propició todo. 

    -¿Cómo ha sido este año?

    -Karma Cereza.: Ha sido bastante locura todo. Especialmente durante los primeros meses: en muy poquito tiempo nos empezaron a contactar managersbookers… Creo que no hemos tenido tiempo para asimilarlo porque no hemos parado de hacer cosas y de tener buenas nuevas y malas nuevas. 

    -Joaco: No ha cambiado tanto…

    -K.C.: Ha cambiado la forma en la que trabajamos ahora, el día a día. 

    -J.: Claro, porque ya no trabajamos en la agencia [de publicidad]; nos hemos hecho autónomos.

    -En los mentideros online se os echaba en cara que el grupo ‘surgiera’ desde una agencia de publicidad, porque es donde trabajáis.
    -K.C.: Mueveloreina es una excusa para no parar de crear. Eso es lo que es. No es una campaña de nada. No es un cliente de nadie. Con cualquier cliente estás limitado a cumplir con unos requisitos.

    -J.: Es que la publicidad es menos creativa de lo que parece. A veces es frustrante.

    -K.C.: Entonces, si lo que quieren decir es que es una salida creativa, pues sí. Pero, ojo, yo no quiero dejar de trabajar en publicidad al margen de esto.

    -J.: Yo sí.

    -K.C.: Bueno, Joaco lleva mucho tiempo como músico y productor. Tiene muchas salidas musicales más allá del grupo.

     -Las canciones de Mueveloreina van acompañadas de un vídeo e incluso de teasers. ¿Ya no hay lugar para las canciones si estas no van acompañadas de un mensaje audiovisual y estético?
    -K.C: Estamos en la generación que escucha y lee menos y mira más. Es inevitable que todo vaya acompañado del audiovisual.

    -J.C.: Tiene que ver con el proceso de escucha de la música. La gente ya no escucha álbumes. No escucha un CD entero. Escucha singles.

    -K.C.: Son como píldoras y en torno a esa píldora planteas una producción completa. Es también un proceso que desgasta, porque todo lo hacemos nosotros dos.

    -J.C.: Pero lo primero es la canción. Y una canción puede pasar muchos meses dando vueltas, quedarse parada, crecer… y, al final, cuando ya está, entonces pensamos cómo apoyarla con un vídeo porque es cierto que cada tema tiene una estética bastante ligada. No nos movemos ni somos distintos a lo que sucede: hay que producir música más a menudo, si no te mueres. Es también la fórmula para que artistas sin medios, como nosotros, puedan dar un pelotazo. Puede que, por otro lado, este sistema provoque una proliferación de música de baja calidad, sin la profundidad que podían tener algunos proyectos del pasado. 

    -Consumo rápido, ¿olvido fácil?
    -K.C.: No es una cosa en la que pensemos, pero… claro, puede que sí. Es difícil que las piezas mantengan el mismo valor que antes, con grabaciones de discos que duraban dos o tres años. Ya no hay hitos.

    -J.: No solo pasa en la música: pasa con la prensa o con el cine. Hemos establecido una manera de consumir todo rápido porque lo tenemos ya y en el bolsillo.

    -K.C.: Y mañana no eres nadie y no pasa nada.

    -J.: Mañana no te acuerdas del atentado en Sri Lanka donde han muerto 200 personas.

    -K.C.: Y de Miguel Ángel Blanco nos estamos acordando todavía. Mira si duró…

    -J.: Hacemos lo que hacemos porque es como vivimos. Una forma de vida más acelerada. Ahora los hitos son ‘Gangman Style’.

    -K.C.: O que ‘Despacito’ se haya descargado más que los discos de Michael Jackson. 

    -J.: El hito, hoy, es que un neozelandés versione ‘Despacito’ y conecte con muchos. 

    -¿De dónde parten las ideas y las letras?
    -K.C.: No tienen tanto que ver con el lugar de donde vengo [València] sino con las experiencias personales y con la persona que soy. Los viajes me han inspirado muchísimo. Que no es que no hable de València, que sé que me ha inspirado en determinadas cosas. Que tengo claro que tengo que hacer un homenaje pronto. Está clarísimo. Lo tengo entre ceja y ceja porque estoy muy orgullosa de mi tierra, de lo que somos.

    -J.: [Interrumpe] A ver, que lleva un tatuaje que pone “nano”.

    -K.C.: [Ríe] Eso es real. Que hay cosas que vienen de ahí, pero sobre todo de las personas, de lo que he aprendido y de lo que he leído. De lo que vivimos. Por ejemplo, pensamos si vamos a homenajear algo o a reírnos de algo. Pensamos de qué queremos hablar. Como de Benidorm, que estamos enamorados. Es un lugar de atracción total y de caspa. Esa idea de ‘paraíso infernal’…

    -”La gente quiere trap”. ¿Qué quiere Mueveloreina?

    -K.C.: Hacer cosas muy diferentes con cada canción. Cada una parte de un panteamiento diferente. Se nos ha malinterpretado por el éxito de ‘Cheapqueen’ porque nosotros no somos trap.

    -J.: Si eso fuera lo que nos ha movido hasta aquí ya habríamos sacado una canción de trap cada mes. Yo creo que ya hemos demostrado que buscamos otra cosa. 

    -K.C.: Ahora vamos a sacar una canción inspirada en Benidorm y, vamos, nada que ver. En este caso nos hemos apoyado en un sonido funky setentero, un ambiente nocturno… nada que ver. 

    -J.: Nosotros no nos habíamos planteado hacer trap. Yo tenía mis canciones y Karma fue quien le dio sentido con sus letras y sus ideas. La primera canción tiene tintes de trap y creo que por eso ha tenido tanto impacto, porque está de moda. Pero cada canción que hemos subido después ha sido un mundo, con la excepción de ‘Trapsodia en tu culo’, que es una ironía. Cada canción se trata de desde un punto de partida musical diferente. Ya te digo que si hubiéramos querido explotar eso, habríamos hecho más trap y tendríamos cientos de miles de visitas, supongo. 

    INFLUENCIAS DESDE TODAS LAS LATITUDES: FRENTE CUMBIERO, DENGUE DENGUE DENGUE, OXMO, NTM, PNL, MHD, FATAL BAZOUKA, M.I.A, YELLE, MAJOR LAZER O DIE ANTWOORD, ENTRE OTROS.

    -Además de ‘Cheapqueen’, que tiene ese texto casi de presentación de nombres y valores, lo que sí os conecta con el movimiento es el canal de distribución: YouTube. ¿Cómo fluye y cómo influye en la obra de un artista cuando se exhibe allí?
    -J.: Bueno, durante un tiempo hemos tenido comentarios desubicados…

    -K.C.: Pero ya es como que ha perdido la gracia. Al principio nos parecía divertido contestar.

    -J.: Ahora nos vamos a cambiar a VEVO y a portarnos bien, creo. La gente utiliza YouTube como una red social más, solo que en este caso está interactuando sobre tu obra. Nosotros no estábamos acostumbrados a usar YouTube así. Todavía somos de otra generación (ríen).

    -K.C.: Contestábamos porque a veces no me cabían en la cabeza algunos comentarios que teníamos. Algunos ataques. Era muy infantil. Chiquitos de 17 o 18 años que te daban ganas de decirles, ‘cariño, lo que quieres decir, mejor dilo de otra manera’. 

    -J.: Hemos tenido gente muy fan del trap en contra porque nosotros siempre hemos sido muy críticos con la etiqueta. Tenemos más cosas en común con Las Bistecs que con los proyectos de trap.

    -Han hablado mal de vosotros en ese círculo, pero también os han conocido.
    -K.C.: ¡Por supuesto! Por eso es guay. El hecho de estar metidos en las típicas listas de trap de Spotify o de YouTube ha hecho que nos conozcan. Es casi mejor que hablen mal porque se ha generado conversación. Que hubiera polémica porque trabajásemos en una agencia de publicidad no ha sido agradable, pero todo es guay. El conflicto es guay. Siempre es positivo. Ahora ya nos conocen y nos ven de otra forma.

    -J.: Hemos estado metidos en su móvil y son el futuro. Nos han escuchado, así que no podemos decir ni mucho menos que nos haya perjudicado. 

    -En vuestro caso, además, internet es un banco de influencias sin límites. Especialmente de todo lo que filtráis de músicas sudamericanas y africanas.
    -J.: En el caso de la música africana sí. La música que está a tu alcance en YouTube o Spotify… es una obviedad que es una herramienta muy útil. Pero de los ritmos sudamericanos no tanto. Yo nací en Uruguay, así que los estilos latinos los he vivido y seguido de cerca siempre. Los he escuchado siempre. Por eso hay una componente de cumbia electrónica. Es algo que llevo dentro. Para todo lo demás, internet. Ahora que hemos sacado un funk muy setentero, pues investigas y sacas el teclado que usaba Funkadelic en esa canción o en ese disco. No es solo YouTube o Spotify, es Wikipedia y todo lo demás.

    -K.C.: Internet ha hecho real la globalización y ha conectado de verdad cualquier estilo o cultura con cualquier sitio. Es la hostia. Es la leche. 

    -Otra de vuestras singularidades es que habéis tardado muchísimo en dar el salto al directo. ¿Por qué?
    -J.: Cuando empezamos con esto era algo que hacíamos en casa. Yo llevo 15 años haciendo música, pero estaba haciendo cosas que no eran afines al otro proyecto que tengo. Conocí a Karma y entonces esos temas pasaron a tener voces. Pero lo hacíamos por gusto. No había necesidad de pensar en conciertos.

    -K.C.: Y tampoco había necesidad de financiar nada. Nosotros vivimos de nuestro sueldo, que aunque sea mísero nos permite vivir. No necesitábamos una base financiera de nada.

    -J.: Y pasamos de la pura diversión a ser conocidos. Tardamos en hacer los primeros directos que fueron más bien showcases de 20 o 25 minutos. Ahora ya hemos hecho dos conciertos y será una constante.

    -K.C.: Pero también a nuestra manera: con bailarinas, percusionista… queríamos tener un directo potente, nada arreu. Nada de tiro la base, canto con el autotune enchufado… no; un concierto bien trabajado. 

    -Además, es la primera vez que cantas, Karma. Es algo que no habías hecho nunca antes. ¿Entiendo que eso también ha influido para que no os pusierais a hacer directos nada más explotó ‘Cheapqueen’?
    -K.C.: Es que yo no he cantado en mi puñetera vida… he hecho teatro, sí, y gracias, pero siempre me ha dado vergüenza salir a bailar a un escenario. Y en el primer concierto lo pasé francamente mal. Muy muy muy muy mal. Fue en Razzmatazz, teníamos que llenar, un escenario grande, salir con bailarinas, percusionista… la gente dice que estuvo guay, pero yo no disfruté nada. No quería cagarla en ningún momento. Y la gente me dice que tengo voz, pero yo no sé si tengo voz. Nunca he ido a clases de canto, no sé respirar bien para hacerlo, no he pasado por todos esos procesos y, claro, me agobió bastante el momento. El segundo, que fue en València, fue otra cosa. me dije, ‘pásatelo bien, que estás en casa’. Fue en La 3 y conocía a la mitad de la gente, así que me dije, ‘dáselo igual; si tú te diviertes, ellos se divierten’. Ahora sé que voy a formarme, a recibir clases de canto.

    -¿Ha sido tan dramático el salto, Joaco?
    -J.: Para nada. Llevo 17 años subiéndome a escenarios. He visto a gente en escenarios como Razz y he pensado, ‘ahí podría estar yo. Yo podría ser ese grupo de mierda’. Y cuando debutamos en Razz… pues yo era ese grupo de mierda [ríen]. 

    -La música que hacéis se presta a colaboraciones. ¿Os tienta hacerlo?
    -J.: Se presta y tenemos planes. Están ya ahí. Va a haber colaboraciones en breve. Y muy buenas.

    -¿Qué carrera quiere tener Mueveloreina?
    -K.C.: La carrera de no parar. Dentro de 10 años lo que quiero es estar dando shows sin parar. Si puede ser, en un hotel de Las Vegas.

    -J.: ¡Teloneando a Britney [Spears]!

    -K.C.: No dejarlo. Eso es lo que quiero. Nos divierte mucho. Nos da mucha vida. Mientras la creatividad siga, no quiero dejar de hacerlo. No hay más pretensión que esa. La de hacerlo.

    -J.: Nos sobrará con seguir divirtiéndonos con las canciones que hacemos. No parar en ningún momento. 

  • Polock: “Si hemos llegado hasta aquí es para hacer lo que nos dé la gana”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    A finales de este año se cumplirá una década del iniciático Polock EP. El frenético punto de partida de la banda de rock valenciana contagiaría su primer álbum, Getting Down from the Trees (Mushroom Pillow, 2010), con el que acaba de conectarse tanto tiempo después su último y recién estrenado disco: Magnetic Overload (Sony, 2017). «Ha pasado media vida», comenta Papu Sebastián en esta conversación al reflexionar qué ha sido del grupo durante este tiempo que ha encontrado en esta última colección de canciones una versión madura, sosegada, mucho más sugerente y propia que aquel arranque. 

    Esta primera década, estos tres primeros discos publicados en tres continentes, les han granjeado vivencias y conciertos en Estados Unidos, Japón y buena parte de Europa. También las dos primeras bajas en la alineación titular que se había mantenido desde aquel 2007. Sin Alberto Rodilla ni Sebas Benavente, Pablo Silva, Marc Llinares y Papu Sebastián han sacado adelante un álbum que parece haber liberado sus ideas del foco de presión y las expectativas generadas durante los primeros años de formación. Un álbum que les ha servido para fichar por Sony, del que ya han extraído una retahíla de vídeos a partir de sus canciones y que presentarán en festivales hasta el final de verano. 

    A partir de septiembre, el disco tendrá su oportunidad como grower (esos álbumes que encuentran a su público definitivo con los meses y las escuchas) en las salas de concierto del Estado. Para entonces la nueva formación se habrá asentado sobre los escenarios, pero también algunas de las ideas que les sitúan tras el punto de inflexión que se intuye tras las respuestas durante esta conversación. Una resituación que, de puertas hacia dentro, no ha afectado a los cimientos. El local de ensayo en la huerta de Alboraia ha pasado de lugar de encuentro a base de operaciones y nombres como Fernando Boix [productor], Alberto Díaz [técnico de sonido en directo] o Carla Fuentes [arte del disco y promoción] han mantenido la fidelidad y progresión junto al proceso.

    -Empezamos por una foto fija de estos más de 10 años. La banda ha pasado de cinco a tres miembros. ¿Qué ha sucedido?
     -Papu: “Whats Going On? [bromea y hace un silencio prolongado antes de responder]. En estos 10 años ha pasado… media vida, esa es la sensación. Este disco se empezó a gestar ya entre los tres. Estábamos en otra sintonía, predispuestos a trabajar en estas canciones, en esta onda que queríamos conseguir. Cada uno también, después de 10 años, se pone en la balanza y ve la situación. Ve lo que aporta o deja de aportar, lo que está sucediendo con la evolución del grupo… Creo que ha sido una separación de lo más natural. Se veía venir. También está en relación con las expectativas y con el desgaste incluso personal. Es positivo renovarse siempre, a no ser que te vaya increíblemente bien… Las cosas se apagan de forma natural si no hay cambios».

    -Ya que mencionas las expectativas, ¿el cambio está relacionado con la falta de un éxito mayor? El EP y vuestros dos primeros discos eran propuestas muy sólidas, pero quizá no se han reflejado en una base de trabajo estable para la banda.
     -Pablo: “Desde luego, si hubiéramos estado de gira continua con el segundo disco no se hubiera descolgado gente. No ha sido el caso. Ha habido mucho tiempo intermedio, mucho tiempo para venir al local, mucho impás…”

    -¿El cambio os ha servido para estimularos, para reactivar el proyecto?
     -Pablo: “Totalmente. Hemos tenido la sensación de poder replantear las bases y hacerlo muy bien a partir de los tres, que estamos muy en sintonía”.

    -Papu: “Este ‘empezar de nuevo’ ha sido muy motivante. Incluso por grabar el disco los tres solos, cosa que no habíamos hecho antes. Ha tenido mucho que ver esa posibilidad de estar en el local de ensayo 24 horas si hacía falta días, semanas, meses…”.

    -Si pensáis en estos primeros 10 años, ¿con qué os quedáis?
     -Pablo: “Con todo lo que hemos viajado, porque de otra manera hubiera sido imposible. Esa experiencia ya es la hostia independientemente. También en el aspecto técnico de crecimiento; ahora afrontamos las grabaciones de una manera mucho más clara. Antes se hacía casi buscando la fórmula y ahora sabemos cómo hacerlo”.

    -Marc: “Ahora llegamos a la grabación sabiendo lo que queremos. Ahorramos tiempo y desgaste”.

    -Y, en este momento, de repente, una major. ¿Cómo surge el fichaje por Sony?
     -Papu: “Fue muy motivante porque ya estábamos los tres, era el principio de esta nueva etapa y no teníamos discográfica. El dinero que nos quedaba lo invertimos en grabar tres canciones [‘Roll the Dice’, ‘Out of the Blue’ y una tercera no incluida en el álbum] y eso es lo que le llegó a Sony. Les gustó mucho y tuvimos un par de reuniones en Madrid. Empezamos a conocernos, a hablar de lo que queríamos hacer y así surgió. Lo más curioso es que, en mitad de todo ese proceso, nos contaron que habían estado pensando en ficharnos cuando actuamos en el MTV Winter [2009]. Conversaciones en Sony mientras nosotros, claro, estábamos en València sin enterarnos de nada”.

    -¿Qué le aporta una ‘multi’ a un grupo como el vuestro en pleno 2017?
     -Papu: “Polock hace exactamente lo mismo que hacía antes en el sentido creativo: hacemos los temas que queremos, elegimos el orden, dónde grabarlo, dónde masterizar, qué videoclips hacer… lo que cambia es que detrás de todo ello hay un equipo potente. Ahora nos costean los videoclips o video lyrics, que aunque no sea una gran cifra, es importante. Hay una persona dedicada a la parte web, otra que lleva todo el tema del merchandising desde la producción, una persona que se ha encargado del proceso del vinilo que por fin con este disco hemos podido sacar…”

    -Es una relación a distancia. A lo largo de vuestra carrera hemos sabido que teníais planes para estableceros en Madrid e incluso fuera de España… pero aquí seguís. ¿Por qué? ¿Es más difícil estar en la industria desde València?
     -Pablo: “Es más difícil desde aquí. Más difícil para moverte, tener reuniones, que te muevan, que surjan cosas… Y es más fácil porque tenemos un local de puta madre. Venimos y estamos muy a gusto”.

    -Papu: “Lo único bueno de València, de hecho, es esta comodidad. Al menos no hay tantísima oferta cultural como en una gran capital, pero el local… este espacio sería imposible. En Madrid supondría coger un tren hora y media de ida y hora y media de vuelta y pagar 600 o 700 euros al mes. Pero, claro, no nos engañamos: estar aquí no es estar ‘ahí’. València puede ser un buen sitio para épocas de grabación, pero cuando sacas un disco debes estar allí”.

    -Pero estáis aquí…
     
    -Marc: “En Madrid está la discográfica, el management y la posibilidad de estar en la calle, en conversaciones, provocar conversaciones…”

    Papu: “Madrid es el espacio que más conocemos, que está cerca. Con Rising Up si que nos planteamos irnos a vivir a Berlín. Algunos en la banda no lo veían tan claro y el grupo se acabó olvidando de la idea”.

    -Es una decisión práctica y algo romántica, como la idea de seguir apostando por el formato álbum. ¿Qué opináis sobre perpetuar ese sistema?
     -Papu: “Nos gusta el rollo álbum, pensar en el vinilo… ahora es cierto que ha cambiado todo. Creo que tampoco tiene mucho sentido esperar un grupo para 10 canciones tal y como nosotros lo hacemos. Creo que es más interesante grabar un EP con cuatro temas, otro más tarde y al final hacer un recopilatorio con ello”.

    Pablo: “Sí, pero al final somos muy románticos con eso. Nos llama la atención el otro modelo, pero nos puede más la idea de hacer un álbum”.

    Papu: “Y que parece que si sacas un EP no es tan destacable”.

    Pablo: “Para los medios… No te reseñan igual una canción o un EP que un álbum”.

    -En lo que también mostráis empeño es en manteneros próximos al rock, pese a que en la escena estatal el peso de los 80 y las exigencias biorrítmicas de los festivales han calado profundamente. ¿Lo veis así?
     -Papu: “La sonoridad de los 80 no es que nos vuele la cabeza, precisamente. Los veo más fríos; cajas de ritmo más bestias, la entrada de lo digital, reverbs… Con nuestra música creo que buscamos justo lo contrario. Estamos totalmente en los 70”.

    -Pablo: “Pero en una revisión de los 70. Por ejemplo, nos gusta Foxygen que pueden estar en esa dinámica. Son otras estructuras, otro punto de vista, aunque estemos mirándonos en los 70”.

    -Lo que sí parece evidente es que Rising Up se ha quedado algo aislado entre vuestro primer y tercer disco. ¿Cómo veis vosotros esa evolución musical de Polock?
     –Magnetic Overload está más conectado al primer disco. No son exactamente esos beats frenéticos. Entonces, éramos más jóvenes, no habíamos reposado tanto las ideas y el primer álbum era… más efusivo. Sin embargo, Rising Up es un rompecabezas. Un puzzle imposible… muy bien hecho, pero lleno de ideas y más ideas. Este disco es mucho más directo, mucho más rock, mucho más próximo a Getting Down From the Trees”.

    -¿Con qué discos sentisteis más presión, con Rising Up o con Magnetic Overlaoad?
     -Pablo: “Sin duda, con el segundo. Existe una presión ahora, también, claro, pero este… era distinto. Ha sido creado con mucha ilusión”.

    Papu: “El grupo estaba más unido en este disco que en Rising Up. Este es un disco gestado aquí, en el local, entre los tres, mientras que Rising Up está lleno de ideas de distinto momentos, llegadas de otra forma. En este disco hay temas que han salido de corrido, que se han compuesto por completo en tres días. Por eso tengo la sensación de que es más rock”.

    -¿Y qué sucedió con Rising Up?
     -Pablo: “Rising Up no tuvo el apoyo de la discográfica que debía haber tenido. Salió de aquella manera…. A los seis meses tuvo un repunte porque salió en el Fifa [FIFA 2015, videojuego simulador de fútbol]. Y entonces tuvo la gente tuvo la oportunidad de escucharlo, pero muestra que se llegó tarde y que no se apoyó como debería. Si al público no le das la oportunidad de que te escuche es imposible esperar mucho”.

    -Si fuisteis conscientes de lo sucedido, ¿qué os planteasteis para no repetir los mismos errores? Además de que ya no tuvierais relación contractual con Mushroom Pillow.
     -Papu: “Con los anteriores discos era más loco el trabajo. Estábamos meses con las canciones. En este, antes de empezar, volviendo a casa en coche, nos pusimos unas reglas para ser más efectivos a la hora de grabar y encontrar una cohesión. Unas normas para encontrar un concepto y cumplir con ello. Las reglas eran muchas, pero básicamente, queríamos una mayor presencia de guitarras y menos teclados; menos melodías en número, pero más directas, menos guitarras de funk, más riffs…”

    Pablo: “En el primero había más riffs, pero en el segundo se nos perdían los riffs entre capas. Metíamos cuatro arreglos que molan sobre un riff que ni se entiende. Desde antes de grabar este último disco queríamos que hubiera melodías ‘importantes’ en las canciones”.

    -Y más setentero, posiblemente…
     -Papu: “Es cierto que todos los grupos españoles estaban haciendo algo mucho más ‘moderno’: más cajas de ritmos, muchos más teclados… nosotros queríamos y hemos hecho todo lo contrario. Más duro, más crudo todo, también. Hemos hecho lo que hemos querido y hemos sentido menos presión o una presión distinta, supongo”.

    Pablo: “Al final, si hemos llegado hasta aquí es para hacer lo que nos de la gana”

    Papu: “Si Polock ha llegado hasta aquí tiene mucho que ver con una voluntad personal. Con tozudez, con sacrificio… una locura interna difícil de explicar”.

    -Si hay dos personas que se han convertido en habituales para entender vuestro sonido esas son Alberto Díaz [técnico de sonido en directo] y Fernando Boix. Os pregunto por este último: ¿qué os lleva a repetir experiencia de producción con él?
     -Marc: “Fernando nos ayuda a acabar muchas veces las cosas, a ver el final de la canción, a cerrar. Es capaz de hacer sonar las baterías o las voces justo como las quieres dejar”.

    -Papu: “Es un productor que te acoge, ve tus canciones y las lleva donde tú quieres. Creo que también es importante el equipo con el que cuenta y nosotros somos de llevar ya las canciones terminadas al 98%. Si unes todo eso, a nosotros nos ayuda a cerrar las canciones especialmente tanto en baterías como en voz, porque casi todas las guitarras y teclados salen grabados de aquí”.

    -En los tres discos, quizá especialmente en los dos últimos, la temática sexual está presente en las letras. ¿Qué te gusta encontrar en esas ideas?
     -Papu: “Sí, me mola la verdad… Es una temática que siempre me parece divertida de afrontar en las letras. Tiene muchos lados, le puedes dar muchísimas vueltas y no hablar de amor como siempre. Tiene muchas más lecturas. Me gusta hablar también de relaciones en la noche, más allá de lo físico, de la hipocresía en la noche, de cómo nos comportamos de noche que siempre tiene un punto… de falsedad”.

    -Pablo: “El carácter de las canciones en Magnetic Overload le va muy bien. Son algo más letras y la subjetividad que te da la música es mucho más sexy, más elegante”.

    -Decía Javier Krahe, que obviamente viene al caso de nada, que los grupos españoles que cantan en inglés no le hacen especial caso a las letras. ¿Cómo ha evolucionado tu trabajo en torno a ello?
     -Papu: “Pues ha evolucionado mucho. Desde el primer EP… casi buscaba las canciones como soluciones. ¿Aquí qué?, pues… tangerinesunicorns. Me gusta mucho cómo funcionó esa inmediatez. Me gusta no hablar de cualquier cosa en una canción ahora, pensarlo especialmente y con temas que inevitablemente son más maduros porque no tengo 20 años; tengo 30. Era un disco más juvenil, pero igualmente le tengo estima».

    -En Rising Up le dedicasteis una canción a David Hockney y en Magnetic Overload a Ennio Morricone. Las dos, tituladas con sus propios apellidos. ¿Cuáles son las influencias no musicales de Polock y de qué artes surgen?
     -Papu: “Con Morricone estaba claro. Nos salió esa introducción y ya la grabamos así. La fuimos ampliando, dándole vueltas a la historia y buscábamos que una canción que tuviera ese toque western. No podía tener un nombre más potente que ‘Morricone’ porque era lo que nos había salido. Además, últimamente he estado relacionando mucho la serie Narcos con la canción de Sébastien Tellier ‘League Chicanos’. Creo que de ahí pueden salir cosas, pero me gusta mucho como aborda la letra y las ideas en torno a ese asunto. Me gusta mucho la temática de la gente que cruza la frontera… esa idea. De pelis, compartimos muchas, como Buffalo 66 de Vicent Gallo que tiene una canción muy influida en Rising Up”.

    Pablo: “Por ejemplo, los videoclips de ‘Everlasting’ y ‘Oh I Love You’ son referencias a películas de Martin Scorsese [Toro Salvaje y El cabo del miedo]. Son todos los recursos cinematográficos de los 70 y principios de los 80, metidos perfectos, en el sitio, haciendo mucha alusión a esas sensaciones”.

    Papu: “El video lyric de ‘Morricone’ parte de una escena de El graduado (Mike Nichols, 1967). Lo cierto es que siempre estamos relacionando las canciones con vídeos o con ideas visuales. Mucho más con el mundo cinematográfico que con la pintura, por ejemplo”.

  • Sáez: la agria belleza del corredor de fondo

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La cosecha de creadores valencianos tiene sus tendencias internas, a menudo a semejanza de lo que sucede fuera, pero desde luego a la vanguardia que permite su falta de complejos. Por ejemplo, la cada vez más extendida opción por minimizar la presencia del artista entre el receptor y el mensaje y, contradiciendo cualquier precepto de personal branding, parapetarse tras una marca restándole toda relevancia al quién frente a la obra. Sin entrevistas, sin intermediarios.

    El street art, del que hace tiempo somos referencia, inició ese camino pero no es tan habitual poder encontrar un símil en la música contemporánea. Sáez no está tan lejos de adquirir una postura subversiva, aunque a veces parece querer diluirse cuando justo acaba de publicar uno de los discos del año para la escena local. Reconoce que la inercia de cuantos músicos y productores le rodean -y no son pocos- le ha llevado a revelar el disco que, para él, es «una terapia personal. Una lucha contra mí». El álbum está en la calle y esta noche, a las 22 horas y en Las Naves, sube a seis músicos al escenario para materializarse todavía más.

    Quien escucha el álbum Camina conmigo (Autoeditado, 2015) se enfrenta a once canciones con salida en el rock progresivo y final en un mensaje emocional, profundamente personal hasta doler, surgido de una bajada a los mísmisimos infiernos del autor. «Una de las cosas más increíbles que me ha pasado con el disco ha sido que uno de mis amigos, al escuchar uno de los temas, me dijera: <<has escrito la canción de mi vida>>. En ese momento me di cuenta de que una historia, por mía que fuera, podía conectarse con otros sentimientos», asegura el cantante, guitarra y hasta batería en la grabación a Valencia Plaza.

    El disco infinito

    Fue hace unos ocho años cuando, al escribir una canción para la que fue su banda de rock (Álvarez), descubrió un pozo de inspiración. Los años desencadenaron situaciones más gravosas y, hace tres años, «cuando creo que empezaba a recuperar la calma», grabó ‘Monstruo’. La canción ha sobrevivido hasta el playlist final con otros temas registrados durante muchos meses de trabajo, con una amalgama de sesiones, productores e incluso etapas en el proceso que no han hecho sino alimentar la expectativa sonora ahora cumplida.

    Carlos Soler y el propio Javier Sáez han combinado los puestos de producción, con una segunda línea de control sobre lo que acontecía comandada por el también productor de directo y guitarra de la banda Guillermo Sanz y el también asesor de la mezcla y autor de buena parte de los teclados Pau Paredes. El combo se completa con el batería (en tres temas) y percusionista del disco Pau Vila, junto a Sanz, los dos principales apoyos musicales sobre los que Sáez ha dejado recaer algo de peso de un álbum tan personal. 

    Todos ellos han sobrevivido a un último año de mezcla: «hasta tres han llegado a tener las sesiones de grabación abiertas en sus ordenadores», apunta Sáez todavía con cierto temblor por ser consciente de la fragilidad con la que ha liderado un proyecto que en cualquiera de sus fases de grabación, producción y mezcla pudo quedarse a mitad de llegar a ningún sitio. El resultado se inicia con ‘Fuego’, instrumental que desencadena todo un álbum que atraviesa canciones más espontáneas dentro del contexto, como ‘Adiós’, ‘Camina conmigo’ o ‘Elixir’, y encuentra sus puntos álgidos en la sencillez de ‘Pronto’, la polifonía luminosa de ‘Quédate aquí’ o la maraña de conflictos internos y guitarras de ‘Monstruo’.

    Escucha el disco de Sáez en Spotify y Bandcamp.

    El camino que va en todas direcciones

    «No me he preocupado lo más mínimo por las cuotas de realidad en el disco. He vomitado y es lo que ha salido, más agrio supongo que otra cosa», asegura Sáez. El mimo con el que aparecen cada una de las capas de cada tema, con una presencia melódica innegable y una base de rock fundamental, contrasta contra el agrio que él mismo advierte. Es la gran belleza de un disco cocinado a un fuego tan lento que se escapa de comparativas. «Y, de hecho, no me preocupé por el orden de las canciones. Sabía cómo tenía que empezar, pero el resto era todo lo que quería decir y ya está dicho». 

    En el interior del álbum un homenaje y una dedicatoria condicionan la escucha del mismo, aunque la temática del disco ahora es para Sáez un feliz quebradero de cabeza: «no sé qué haré. Cogeremos los directos que vengan porque alrededor del álbum percibo algunas expectativas, pero me preocupa más si volveré a componer. Aquí tenía algo que contar y lo he contado, me he vaciado, está todo fuera. ¿Ahora de qué escribo? No sé si volverá a suceder y me cuesta un mundo pensar en algo que vaya más allá del día de hoy», añade. Admite, de hecho, que compañeros de viaje como Sanz han sido fundamentales, aunque en el disco ha aparecido la figura de Soler (también Damien Lott) «al que me parezco mucho. Nos hemos reído hasta troncharnos en el estudio, hemos llorado y nos entendemos una barbaridad. Ha sido fundamental».

    Vacaciones, días libres, fines de semana y rincones de tiempo durante tres años no adquieren el menor protagonismo en esta tirada de canciones que suena empastada como si nada hubiera sucedido entre el sonar de una y otra. El sentido, pero sobre todo la intención, conectan todas las piezas representadas a través de la obra fotográfica de Dolores Villar en el ábum, con el diseño de Fluye Estudio. Paisajes efímeros que, por cierto, «son todo horizontes. No muestran objetivos de ningún tipo, sino una sencillez de formas y cierta calma, que es el estado en el que vivo ahora después de todo… después de todo esto». 

  • Los Zigarros: ¿y si la última gran banda de rock fuera valenciana?

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Han sido dos años y medio de vértigo, sobre todo si se descuentan los muchos que Ovidi Álvaro Tormo llevan con una guitarra eléctrica colgada al cuello. Los Zigarros publicaron a inicios de 2013 un disco homónimo y debut que ahora se reedita con cinco temas en directo y acompañado de un DVD, todo ello extraído de su gira como escuderos de Fito & Fitipaldis. En este breve espacio de tiempo, los otrora miembros de Los Perros del Boggie, teloneros de AC/DC en 2010, se han convertido en uno de los nombres más recurrentes del rock en España, en época de sequía de nuevos nombres para el género, a fuerza de algo más de 150 conciertos con Adrián Ribes a la batería y Nacho Tamarit al bajo.

    «Todo lo que has hecho antes influye en quien acabas siendo y no son solo factores musicales», apunta Ovidi a ValenciaPlaza.com este lunes, pocas horas antes de volver a presentar el álbum en Valencia.  Años de andanzas por garitos de Dénia, Xàbia, Moraira, Benidorm, Gandia o Alicante, sumando lentamente una cuadrilla de padrinos que siendo admirados primero, han acabado por convertirse en parte de «la familia». Fito Cabrales o Carlos Tarque (M-Clan) son, junto al productor Carlos Raya, tres de sus principales baluartes en esta vertiginosa carrera. «Ha sido flipante todo lo que nos ha pasado. Hemos subido mogollón de escalones y ahora nos damos cuenta de que estamos en boca de todos, como un grupo ya establecido. Y sí, la sensación es que ha pasado de golpe, que han pasado muchas cosas», continúa Ovidi.

    -El pasado sábado actuaron ante 20.000 personas en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. ¿Se acostumbra uno a este tipo de adrenalina artística?
    -Lo cierto es que sí. Te haces a todo en la vida. Con Fito al principio costaba algo más hacer pabellones, que eran seis o siete mil personas. Así toda la gira. Luego había algún pico de 10.000 personas y, al final, en Barcelona, Bilbao y Madrid 20.000 personas. Y es más fácil que antes, aunque es igual de maravilloso todas las veces.

    -Como frontman, ¿cómo te ayuda esta costumbre de enfrentarte a un gran público?
    -Me ayuda porque todo me sale más natural.

    -En los conciertos de la gira junto a Fito & Fitipaldis los conciertos son más cortos, en torno a 45 minutos. ¿Echáis de menos un concierto más largo?
    -No. Nos gustan los conciertos cortos, los discos cortos y, en general, la parte más rockera. Es lo que queremos explotar.

    -¿Eso afectará al próximo disco de alguna forma?
    -Sí, porque va a ser mucho más rockero. No es el momento para los medios tiempos y las baladas en Los Zigarros.

    El disco, según comenta Ovidi, cuenta con unos plazos marcados de grabación para el próximo mes de diciembre y estaría listo para marzo de 2016. En él se destilará una forma de escribir y de narrar que combate directamente con la gran masa musical que actualmente impera en las radiofórmulas. Su tono, el tono de Los Zigarros, es una bocanada de aire fresco incluso en la línea de las bandas con las que suelen compartir escenario. Basta dejarse llevar a través de su Facebook con las narraciones que hace de lo más cotidiano, a menudo en un formato poético muy libre, pero que mantienen encandilado a un público con cierta ansia de crudeza, rock y honestidad.

    -Es posible que el actual sea un momento en el que el rock ha dejado de tener incidencia sobre la población española. Hay bandas, pero apenas trascienden a través de sus canciones. No existe la posibilidad de un ‘Carolina’ de M-Clan. ¿Lo pensáis, lo habláis? ¿Cómo veis esta realidad?
    -Son preguntas que nos hacemos continuamente. Lo atribuyo a que la causa es una causa más amplia, social. Es algo de esta era. Es una cuestión de este siglo en el que vivimos en un conservadurismo mundial y un completo aborregamiento. El rock and roll no tiene cabida, pero hay que verlo de una forma más amplia. Por ejemplo, en la televisión antes había espacio APRA personajes más transgresores como Leo Bassi. Personajes que, de alguna manera, contaban cosas distintas. Por eso el programa de Santiago Segura y Alaska me pareció de puta madre, lleno de cosas artísticas, surrealistas, horteras… todo mezclado. Era distinto, como en los ochenta. Quizá por eso ha durado tan poco [Radiotelevisión Española no renovó el programa para la presente temporada].

    -¿Los rockeros están condenados a recordar tiempos mejores?
    -Echo de menos que sucedan cosas excitantes. Vivimos en un fascismo mundial brutal, aunque en América e Inglaterra existe una industria discográfica que soporta esto mucho mejor. Allí son capaces de tener incluso circuitos con rock más duro, pero aquí en España hay lo que hay: para llegar al público hay que hacer canciones más bandas.

    -Y a vosotros no os surgen.
    -Va todo el mundo con las acústicas y parece como una obsesión por quitarle volumen a todo, quitarle rebeldía a todo… es una cuestión de actitud. Que haya garitos en la zona de Levante con conciertos de guitarras eléctricas está perdido. Y, a la vez, hay un montón de locales con extranjeros en los que hay rock, blues y la gente de 70 años, los clientes, no se asustan precisamente.

    -De hecho, algo que os conecta con Fito es que tenéis público de muy distintas edades. ¿A que lo atribuís?
    -Cuando yo era un crío mi madre escuchaba a Elvis Presley y a mí me gustaba también. Es una música que, si se escucha, le gusta a todo el mundo. Es ritmo y es divertido. Y es cierto lo del público, de hecho nos hace mucha ilusión como algunos padres que han encontrado con nosotros cierta renovación del rock, de los sonidos que escuchaban, le ponen el disco a sus hijos y nos envían los vídeos con ellos cantando.

  • Jorge Martí: los paisajes escandinavos y reveses del día a día tras La Habitación Roja

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Esta es una de las vistas desde la casa de la familia Martí-Øverås. La ciudad de Molde, en la región de Møre og Romsdalm, en Noruega, tiene menos de 25.000 habitantes y, sobre todo, unos paisajes espectaculares. Allí nos atiende en «el invierno más suave de los últimos 100 años» Jorge Martí, tras sortear dos ciervos recogiendo a sus dos hijas de las actividades estraescolares. Cantante, guitarra y principal compositor de las canciones de La Habitación Roja, es necesario destacar esta rutina «en una ciudad en la que todo es muy solitario. A creo que la gente piensa ‘¿por qué este tío escribe estas letras?’, y lo cierto es que su día a día influye.

    Con motivo del próximo lanzamiento del que será el noveno disco de la banda, a la venta el 3 de febrero, Martí nos habla de este trabajo titulado La moneda al aire.

    -Pese a lo bien que ha funcionado Fue eléctrico a todos los niveles, el título nos hace pensar que habéis vuelto a pasar por un punto de inflexión
    -Tiene algo de eso, aunque nuestra evolución ha sido progresiva en estos 20 años. Terminábamos contrato con Mushroom Pillow y queríamos realizar una producción costosa con el nuevo álbum, haciendo una preproducción larga y grabando en Rockfield[los míticos estudios de Gales por los que han pasado Iggy Pop, Paul Weller, New Order, Suede o Coldplay, entre muchos otros]. Para conseguirlo tuvimos que poner mucho de nuestra parte, incluso en mi caso un ‘cachito’ de una hipoteca que afortunadamente ya hemos recuperado. Entre otras cosas porque seguimos por este y otro álbum más con Mushroom Pillow. Aun así, reconozco que ponerle título a los discos es algo que nos termina atropellando siempre; lo elegimos cuando ya está enviándose a fábrica.

    -Una preproducción elaborada. ¿Queda ya muy lejos el modus operandi con Steve Albini (produjo Nuevos tiempos y Cuando ya no quede nada, en 2005 y 2007)?
    -La verdad es que es una forma de trabajar completamente distinta. Con Albini todo se basaba en tocar las canciones por nuestra cuenta hasta dejarlas perfectas. Luego, grabación en directo todos juntos, voces y disco cerrado. Era lo que buscábamos y ahora veo que lo conseguimos: un sonido mucho más crudo y un muro, con guitarras hacia abajo [se refiere al golpeo] y contundencia. Hace tiempo que buscamos otra cosa porque nos autoimponemos no hacer las cosas de la misma forma en cada disco. En este destaca seguramente la ausencia de distorsiones y el gran trabajo que ha realizado Jose (Marco) con Santi para darle una vuelta a las baterías.

    -¿Tiene que ver con el adjetivo ‘bailable’ que he leído en algunas previas de vuestro disco?
    -Sí y no, porque la verdad es que no estoy de acuerdo con ese concepto. El que lo espere se va a decepcionar un poco, creo, porque el disco tiene un par de temas en los que sí hemos trabajado este tipo de ritmos. La razón tiene que ver con el remix que Dorian hizo de nuestro single ‘Ayer’, de Fue eléctrico, porque a raíz de esto nos apetecía trabajar por este camino en el estudio. Santi García nos ayudó con referencias a Delorean a los que grabó con Ayrton Senna o con bandas como Tahití 80, pero también hay elementos que se extienden con otras formas en el disco: sintetizadores, el uso del KAOS Pad, iPads…

    -¿Santi García ha intervenido más en este segundo disco como productor?
    -Desde luego. Hicimos una preproducción en los estudios Tigruss de Gandía durante una semana. Se puso en mitad nuestra, mientras tocábamos, escuchó las canciones a partir de las cuales fue introduciendo ideas. En este caso ayudaba que llegáramos con estructuras muy poco desarrolladas. Teníamos letra, melodía y una pequeña idea de por donde iba a ir la canción. Santi iba sugiriendo, como siempre, que para eso lleva más de 500 discos a sus espaldas, pero en este caso tenía mucho más margen ‘de entrada’, por así decirlo. A veces con referencias de lo más extrañas, cogiendo un momento concreto de una banda de hardcore, por ejemplo.

    -¿Y el objetivo, tras casi 20 años haciendo canciones, es seguir haciendo canciones con una fuerte base pop?
    -Habrá gente que piense que siempre sonamos igual, pero a poco que uno escuche música pop notará los cambios que hemos ido haciendo disco a disco. Dentro de las coordenadas de la música que manejamos, la verdad es que seguimos haciendo canciones que nos gustaría escuchar. Y en este sentido nos gusta que el resultado sea especial más que satisfacernos con el hecho de que algo sea súper original. En referencia a la variación entre Fue eléctrico La moneda al aire quizá lo que más destaco es haber reducido mucho el muro de sonido del que hablábamos antes.

    -En el single que ya hemos podido escuchar te encierras en una serie de  pensamientos que aunan la soledad, historias del espacio y las referencias a las letras de esta temática como Space Oddity (David Bowie) o Satellite of Love (Lou Reed).
    -Hay una novela de la que más tarde han hecho serie de televisión aquí en Noruega. Se llama Buzz Aldrin, What Happened to You in All the Confusion? y está presente en esta y en otras canciones del disco. Me influyó mucho porque habla de un tipo muy listo que prefiere currar en un vivero mientras ve como las multinacionales le comen terreno hasta dejarle sin trabajo. Y esto es algo que me obsesiona: cómo la gente se preocupa obsesivamente por el éxito. En nuestro entorno, especialmente en la música, conocemos a un gran número de personas que hacen cosas muy interesantes, cosas que admiramos. Pero su obsesión no es el éxito. Al protagonista de la novela la novia le da por precisamente por esa especie de vida outsider y el acaba en una sanatorio de las Islas Feroe, rodeado de personajes muy especiales. La verdad es que es una novela y una serie que recomiendo. Aquí la verdad es que elaboran una ficción muy buena.

    -Este es un punto diferencial sobre todo en la evolución de tus letras. La manera en la que has ido encajando tu realidad con tu mujer en Noruega, tus hijas y la vida al frente de La Habitación Roja. ¿Qué peso tiene esta vida de viajes y rock con un hogar tan peculiar como el que has creado?
    -Me determina por completo. De hecho, después de estas casi dos décadas ahora mismo lo único que me pesa, que me duele, son los viajes y separarme de mi familia para poder trabajar con la banda. En Fue eléctrico descargué todo el peso de la enfermedad de mi mujer y una vez descargado me di cuenta de que el mensaje era vitalista. En este nuevo disco sigue siéndolo y lo es pese a que a nuestro alrededor tengo la sensación de que el castillo de arena se desmorona. Han despedido de sus trabajos a mucha gente en las familias de los miembros del grupo y nos ha influido mucho. He escrito las letras en este espacio, en esta conversación en la que vamos aguantando mientras vemos como todo se desmorona, y aun así vuelvo a ver un disco muy vitalista. La verdad es que no me imagino haciendo canciones ‘derrotistas’, por decirlo así. Un día un fan nos dijo algo que recuerdo mucho: ‘hacéis canciones tristes que hacen que la gente se ponga contenta’. Creo que es una buena definición.

    -Aun así, escribes desde Molde, conectado a estas realidades a veces de cerca y a veces en la distancia, pero la gente parece haber conectado más que nunca con el último disco.
    -La verdad es que no me veo en una atalaya aquí en Noruega. Vivo aquí por mi mujer. Si hubiera tenido el mismo problema de salud, realizando un doctorado y con un contrato temporal, sé que la hubieran despedido. Estamos aquí porque nos ofrece unas condiciones muy buenas para todos, porque ya he recibido el permiso de residencia [aunque tiene que documentar 600 horas de aprendizaje del idioma noruego; algo que le ocupa varias horas al día] y yo también considero que me he desarraigado. Ya no me siento al 100% de ningún sitio y no me extraña porque si pienso en la banda… somos gente con la maleta en la puerta desde hace años.

    -Una de esas últimas maletas fue grande: la que tuvisteis que hacer para pasar cinco semanas en México. ¿Viendo el impacto que tenéis allí, no os planteáis pasar una temporada y explotar este camino?
    -La verdad es que sí y creo que desde Mushroom Pillow van a apostar por explotar esta vía al máximo. De hecho este viaje ha sido muy especial porque ha servido para muchas cosas: firmamos allí de nuevo con nuestra discográfica, descubrimos una gran cantidad de público que va desde la gente de instituto hasta los 40 años y aprovechamos para limar asperezas dentro del grupo. Esto es algo que sucede de tanto en cuanto, aunque la verdad es que nos llevamos muy bien y sé que de otra forma sería imposible seguir. Pero en México sucedió algo así como una catarsis. Un viaje intenso, distinto a otros, en el que hasta grabamos un videoclip con un realizador mexicano especializado en efectos especiales. Teníamos miedo de que no pareciese honesto, pero hemos flipado con el resultado.

    -Videoclips, álbumes y, sobre todo, nuevas canciones. ¿Cómo ha cambiado el escenario de las bandas de música independiente en España?
    -Ha cambiado radicalmente. Ahora mismo me parece dificilísimo que una banda llegue a circular bien en España. Hay tanta gente haciendo música y los canales son tantos que lo veo complicadísimo. Antes alguien te enseñaba un vinilo suyo y la reacción era de admiración: ‘alguien ha puesto pasata para que fabriques esto’. Ahora hay tantas bandas en ese mar de propuestas que se pierden muchas cosas buenas. Nosotros siempre hemos sido muy afortunados con todos los pasos que hemos dado, hay que reconocerlo.

    -Empezábamos hablando de puntos de inflexión y más tarde citabas la necesidad de ir limando los roces y saneando una relación tan extensa en el tiempo. ¿Habéis pasado por momentos de incertidumbre, de pensar en dejarlo?
    -Cuando lanzamos Largometraje y cuando se unieron Grabaciones en el Mar y Astrohúngaro todo lo que se movía a nuestro alrededor era muy ambicioso. Querían posicionarnos como ‘los nuevos Planetas’ y pese a que conseguimos estar en más y mejores escenarios [por ejemplo, como cabeza de cartel en un FIB a las 10 de la noche ante más de 20.000 personas] todo parecía decepcionante porque no colmábamos las expectativas. No se vendían los discos necesarios y parecía que aquello era un fracaso. Esto nos llevó al límite, pero también a recogernos un poco y grabar con Dani Cardona en Estudio 54, en Valencia, y empezar casi desde abajo. Nos uniómás que cualquier otra cosa que nos hubiera podido pasar, hicimos una gira de ciento y pico de conciertos y nos dimos cuenta que esa era la filosofía: ser exigentes con nosotros mismos, pero viviendo y disfrutando el momento, llevando la batuta y haciendo buena parte del ‘curro’ por nuestra cuenta. Y así creo que hemos conseguido llegar hasta este momento, sin volvernos locos con las expectativas, tal y como hacemos de cara al nuevo disco.

  • Modelo de Respuesta Polar: en la calma que precede a la tormenta

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Así pasen cinco años (Limbo Starr, 2012) fue la puesta de largo de Modelo de Respuesta Polar en el panorama musical. La banda compuesta íntegramente por músicos valencianos sigue los pasos de su compositor, letrista y cantante, Borja Mompó, que emigró a Madrid ya hace un par de años. Allí ha interactuado y compartido cafés, cenas y desayunos con músicos y miembros del llamado circuito nacional. Estas vivencias, alejadas del peso protagonista de una relación sentimental que acaparó las letras del primer disco, son las que protagonizan ahora El cariño.

    El nuevo disco se publicará a mediados del próximo mes de febrero de 2014. La banda, que ha dejado atrás a su baterista fundacional en estos últimos meses, ha incorporado a Pau Paredes a este puesto. El exmiembro de Twelve Dolls y Kostrok, conocido principalmente por su labor como productor en Millenia Studios y como productor musical independiente, es uno de los principales ingredientes del nuevo disco cuyo máximo exponente es Suso Sáiz. El afamado productor que asegura haber dicho no a Julio Igleasias por estar comprometifdo a una grabación de los extintos Piratas (Relax es, posiblemente, su trabajo más reconocido).

    Nos acercamos a la calma que precede a la tormenta que se avecina con el lanzamiento de El cariño, el disco con el que Borja Mompó, Jorge y Fran Moya y Pau Paredes esperan subir otro escalón dentro de la escena nacional:

    CUANDO LA PREPRODUCCIÓN LO ES TODO

    «En verano viví en casa de Suso durante un mes y medio. Nos despertábamos, desayunábamos e íbamos a nadar. Luego leíamos las noticias en Internet y escuchábamos música hasta el mediodía y sólo por la tarde le enseñaba alguna canción. Cogía la guitarra y se la aprendía ‘malamente’, pero la interiorizaba. El motivo de este proceso es que él quería conocerme y conocer el por qué habían salido mis canciones, qué significaban. Reconozco que este tiempo me desesperó, pero él me calmab. Me decía, ‘tranquilo que el disco después de esto sale solo’».

    «La siguiente fase fue una semana y pico en La Finca, en Fontanars dels Alforins. Era el mismo método de convivencia, pero con toda la banda. Aquí si grabamos algunas cosas, porque para nosotros esa convivencia fue mágica. De ahí han salido ambientes y alguna guitarra que ha acabado en el disco tal cual».

    «Esta forma de trabajar, dedicándole meses a la preproducción, era algo que quería vivir, pero dudo que vuelva a repetir el método porque estoy astiado». Lo relevante de hacer una preproducción tan larga es que cuando llegas al estudio no hay ‘la magia del estudio’. No está. Llegas y en unos días ya está todo. Todo suena en su sitio desde el primer momento. Pero sí, acabo seco. Me cuesta coger la guitarra y ensayar!. 

    MODELO ANTE EL ESPEJO Y EL TIEMPO

    «Da pereza enfrentarse al mundo interior de un tipo desconocido. Si es tu colega le escuchas, pero si no le conoces de nada… ‘uh, este tío está contando su vida y cree que todo lo suyo muy importante, pero a mí me es indiferente‘. Es cierto que en el público entra de una forma lenta la música que hacemos, pero una vez dentro tienen buenas sensaciones por lo que nos transmiten y se sienten cómodos en general».

    «Recientemente, hablábamos sobre ello: no llevamos tanto tiempo con el proyecto. Empezamos a mitad de 2010. Recuerdo perfectamente que cuando creamos el proyecto esto nos preocupaba mucho. Estábamos y estamos en un entorno en el que dentro de la escena independiente aparecen grupos que petan muy rápido y desaparecen. Nuestro proyecto ha de ser todo lo contrario a esto, porque están triunfando grupos que no entiendo. Por eso, reconozco que no sé lo que le está gustando a la gente ahora. Por mi parte, lo que me interesa es refugiarme en las mejores diez canciones que podía hacer porque no voy a participar de una vorágine musical en lo independiente que no entiendo».

    CAMBIOS EN LA BANDA

    «La salida de Matías Entraigues(batería desde el inicio de la banda) se debe a un cambio de ritmo en nuestras vidas, aunque reconozco que a nivel personal nunca hemos cuadrado. A nivel musical es un magnífico batería, pero había diferencias y están presentes en el nuevo disco porque, sencillamente, el disco es mucho más naive y orgánico».

    «Pau Paredes ha aportado seguridades y ese mundo ‘pro’ del que viene. Esto le ha hecho chocar mucho con Suso, pero nosotros hemos salido beneficiados de ese choque entre dos formas de entender la música: más orgánica y más ‘cuantizada’. Hemos seguido la pauta de Suso, obviamente, pero Pau nos ha ayudado a sonar algo más cómo… ¿una banda americana?, no sé. El disco, no obstante, es todo interpretación y ahí Pau también está a un nivel muy alto».

    EL PESO DE MADRID

    «Llevo tres años en Madrid y he conocido a mucha gente. Tengo la sensación de que me han pasado un trillón de cosas. Y, claro, soy el que escribe las canciones por eso era chocante cuando llegaba a ensayar con el resto de la banda y traía canciones de ‘estoy feliz y me lo estoy pasando de puta madre’».

    «Lo que tiene Madrid es el ajetreo diario. Eso te activa. Eso y ver cómo las que para ti son estrellas viven justitas y otros a los que tú no conocías también viven de la música. Todo esto te activa y te hace verte con unas posibilidades que cuesta tener en cuenta sin llegar hasta aquí. La época de las redes sociales… c’est finiNormalizar las relaciones entre la gente de la profesión es importante. Y no me refiero a esas marcas personales, sino a la gente que batalla y trabaja como tú por la música».  

    LAS RUTINAS Y ‘EL MOMENTO’

    «Me prometí que durante el proceso creativo no me tensaría por vivir de esto. Lo he conseguido hasta este momento. He vivido estos últimos meses para hacer un disco distinto y sé que Modelo de Respuesta Polar vivirá o morirá con su proyecto actual, en Limbo Starr (su discográfica con la que le restan al menos dos trabajos más), pero eso sí: al menos durante el próximo año vamos a salir adelante. Lo tengo muy claro«.

    «A mí ningún músico me ha ayudado y nunca me he sentido en deuda con nadie. La gente que públicamente se dora la píldora, a menudo, no está dentro de la escena. Como espectador, a mí me gusta la gente que me cuenta su mundo porque es totalmente distinto al mío. Me gustan los artistas que viven en su nube y creo que el peso de la rutina es devastador para la creatividad».