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  • El ataque de los ‘medios helicóptero’

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El verano pasado nos fuimos a la playa sabiendo ponerle nombre a los tutores de esos niños amarrados la sombrilla y sin baño después del melón. Las madres y los padres de esas criaturas tienen desde entonces su propia etiqueta: helicóptero. Así les definió Developmental Psychologypadres helicóptero, a partir de los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Minnesota. 422 niñas y niños procedentes de distintas razas y estratos económicos fueron analizados a los dos, cinco y diez años. El objetivo era comprobar las consecuencias de un estado de perpetuo control, detectado originalmente entre sus mayores, sin que estos sospecharan qué genera esa actitud. Hasta que llegaron los resultados. Las madres y padres helicóptero, con su mejor voluntad, generan individuos inseguros, frustrados y, en ocasiones, con unos niveles de rebeldía superiores a sus coetáneos más liberados.

    La profesora de historia del cine y colaboradora de Culturplaza, Áurea Ortiz Villeta, nos avisó este sábado de que Netflix limitará al extremo la presencia del tabaco en sus series. La razón viene impuesta por una asociación cuyo nombre lo dice todo: The Truth Initiative. Pese al lugar al que haya viajado su imaginación al leerlo, en realidad, se trata de una organización antitabaco que ha contado el número de cajetillas o cigarrillos que aparecen en series como Orange Is The New Black y las ha cruzado con el número de potenciales víctimas de esta absurda adicción. La plataforma, cómo no, opta por mantener la máquina de los billetes a salvo, acepta la injerencia y suprimirá el gesto cancerígeno “a menos que sea esencial para la visión del artista o porque sea definitoria del personaje”.

    Piénsenlo: ¿quién estaría dispuesto a darse de baja de Netflix por exigir más humo blanco en la pantalla? Por el contrario, ¿hasta dónde puede presionar un grupo que representa a cientos de miles de víctimas, familiares de éstas o daños colaterales derivados del tabaco? Cuando la creación audiovisual abandona su objeto social como arte y se interpreta como el libro de texto de un aula global, sucede que los guiones se escriben a partir de las conclusiones de la OMS. A la ONU ya le debe quedar poco para entrar como script en rodaje. Qué más dará lo que sus creadoras o directores quieran hacer sentir o visualizar, aunque a veces sea a través de actitudes no edificantes. Porque, no lo olviden, el espectador es idiota. Es una especie de Mowgli cotidiano lanzado a la pantalla, sin más bagaje que la newsletter que le avisa de las novedades que redundan en sus gustos. Un buen salvaje del algoritmo.  

    Hace unos días, Núria Cadenes publicaba en ElTemps un texto estupendamente escrito sobre el inquietante (es ironía) escrache (sigo ironizando) de España 2000 en el balcón del Ayuntamiento de València. Seis personas subieron al añadido del edificio para desplegar una pancarta con el mensaje: “Orgullo Hetero – España 2000”. Cadenes se preguntaba desde el titular por qué amplificamos las paridas de la extrema derecha. Lo hace después de que, según me han contado, se debatiera en las tardes de À Punt sobre si el hecho debía haber trascendido o no a los medios. Porque lo relevante, como ella misma deja claro en el texto, es que la performance no generó el menor aspaviento entre los presentes en el lugar. Ni en el balcón, ni en su interior, ni bajo el mismo. Hubo que esperar un rato para que alguien hiciera una foto porque allí nadie decía nada y la indiferencia era la lectura más interesante. Entonces, ¿por qué trascendió?

    Imagino el encogimiento de hombros en muchas redacciones ante el hecho. Por ejemplo, en este diario, esta es la primera pieza al respecto. Eso sí, el acting funcionó a las mil maravillas entre la ciénaga de los magacines matinales, los digitales con el radar puesto en hacer ingresos por volumen de visitas o marketing de afiliados y algunos informativos ávidos de imágenes pixeladas (parecen justificar con cámaras que vibran y puntos de vista amateur el tono documental al que no alcanza su desinversión en el oficio de investigar). Total, que aquello salir, lo que se dice salir, salió, y que, efectivamente, lo que en el balcón provocó menos tensión que el apareamiento de unas moscas, pareció más de lo que era. Un hecho tan random, tan tipo sacar la bandera de España debajo de la bandera de España que cuelga del balcón del ininterrumpidamente, que ya se definió por sí solo hace tres años. Bastaba ver entonces el lenguaje corporal durante la protesta. Y eso que la foto la subieron ellos mismos, que era la mejor de que disponían.

    El mar de fondo es otro. Nademos en su búsqueda: ¿informar o no informar? ¿Mostrar o no mostrar? El valor diferencial, a mi parecer, pasa por suponer que todo el público es imbécil. Por ejemplo, supongamos que todo el mundo al ver la imagen citada no tiene el menor contexto sobre España 2000. Desconoce cualquier mínimo rastro de su actividad. Tampoco tiene internet, para tratar de entender el asunto si verdaderamente le medio inquieta. Tampoco hay nadie que le rodee que le sitúe el hecho en algún tipo de situación. No hay bagaje histórico sobre lo sucedido en este u otro caso. Todos son E.T. y acaban de aterrizar en la Tierra en busca de abrazos. También suponemos que todo el mundo es imbécil a la hora de redactar una noticia. Que se olvida de situar el hecho, a España 2000, al ambiente que rodea el suceso con la celebración del Día del Orgullo en València… Nada de nada. Que quien escribe ya ve la foto recortada para que no salga la bandera de España del Ayuntamiento y hace como si nada, que la Policía le confirma que han tenido que esperar a la sombra a que se aburrieran de estar allí… Nada. Total, que como quien ha de contar lo sucedido es una ameba,  ¿por qué le damos canchita al asunto? 

    Existe una tendencia totalizante que pasa por situar a los medios de comunicación, del cine a la prensa diaria, del magacín de turno a la tertulia de Supervivientes, como garantes de una sociedad perfecta. Cabe preguntarse cómo se construye una sociedad perfecta cuando, desde que nos conocemos, la convivencia es sinónimo de conflicto. Pero vale. Los medios resulta que no han venido a mostrar para generar una percepción crítica, sino a enseñarnos el camino. A cada minuto, con más responsabilidad moral y autoconsciencia de su poder que el Dalai Lama en Twitter. ¿Para qué hubiera servido no informar de la acción de España 2000? Pues, sobre todo, para crear un problema donde no lo había. Para regalar el argumento del adoctrinamiento y poder asegurar que, por ejemplo, À Punt, si así hubiera sido, ha silenciado el hecho. Porque a menudo mostrar no es exactamente amplificar, sino poner en evidencia qué sucede, quién nos rodea, por marginal que sea. Porque supongo que, a estas alturas, no iremos a cuestionar el impacto de las minorías en los medios. Minorías que, a veces, beneficiadas por la misma alquimia de lo ocasional son agraciadas –y hay que alegrarse– por la rutina productiva de los medios. Que el medio escogido sea más o menos responsable con esta cadena de montaje es lo que nos lleva –o no– a escoger nuestras lecturas, a discriminar en positivo nuestro tiempo. Criterio, porque, pese a Netflix o Amazon Prime Video, las audiencias no son generalizables ni imbéciles.

    Doy por seguro que ya queda menos para que en Netflix no aparezcan plásticos no compostables en pantalla. Aunque sea la segunda parte del El gran Lebowski y suceda en los 90, los botes de Pepsi serán cartones 100% reciclables y así, al menos, no habrá gente recaudando dinero para boicotear la pizarra global que borró a Apu de Los Simpson. Doy por seguro que ya queda menos para que toda la comida sea vegana, por una cuestión ética para con los animales, y haya actores negros con diversidad funcional entre los equipos de rescate de Fukushima, la serie a lo Chernóbil que producirá algún día HBO. La presión para que los medios sobreprotejan a las audiencias es más fuerte que la interpretación libre de cualquier autora. Cuenta más la enseñanza del momento que el arte, porque el arte necesita sus aristas para llevar al receptor a lugares oscuros, a malos hábitos, a confiar en que podemos ver cosas, sentirlas, de la manera en que sucede en la calle y no de la manera entre algodones que es servida –con todo el sentido– en un aula de Primaria. Doy por seguro que acabaremos perdiendo esa batalla y que lo otro, lo de expresarse desde los márgenes, seguirá como casi siempre, siendo una cosa rara y para unos pocos.

    Las madres y padres helicóptero, con su mejor voluntad, generan individuos inseguros, frustrados y, en ocasiones, con unos niveles de rebeldía superiores a sus coetáneos más liberados. Los medios helicóptero, con su mejor voluntad por no ofender a nadie, nos suponen imbéciles ante el mundo que nos rodea. Es mucho más edificante evidenciar qué significa la acción de España 2000 en el balcón del Ayuntamiento que negar el hecho. Mostrar no es promulgar, porque la propaganda es más compleja que todo eso. No es tan simple y no funciona en exclusiva en favor de los mensajes creados para el impacto emocional. No dar la oportunidad al relato tiene mucho de desconfiar en quien nos rodea. Y en València no hay tantos motivos para la desconfianza, sino para el criterio. Ahí están los resultados en las municipales de España 2000. Y eso que todavía no se han homologado los ataques de los ‘medios helicóptero’ en la ciudad.

    El segundo punto del Artículo 20 de la Constitución Española dice que este derecho fundamental «no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa». La censura no es únicamente la interjección deliberada de un poder para influir sobre la realidad, sino la capacidad de ‘pasar por alto’ un suceso para no amplificar su existencia. Por buenas que sean las intenciones, no.

  • Patricia Murray (‘El caso Alcàsser’): “Anglés aparecerá un día. Vivo o muerto”

    Publicado originalmente en GQ

    Netflix ha estrenado la primera serie documental producida íntegramente en España: ‘El caso Alcàsser’, un true crime en torno al secuestro, violación y asesinato de Míriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez.

    Con la participación de la radiotelevisión pública valenciana, À Punt, el resultado final es el fruto de un largo trabajo de investigación firmado Ramón Campos y Elías León Siminiani (‘Lo que la verdad esconde: Caso Asunta’).

    La serie de cinco episodios, ya disponibles, es un guantazo de realidad televisiva y un viaje a las profundidades de la sociedad española de los 90. El nacimiento del lado más oscuro de la televisión del país, que no sirvió para marcar sus límites, sino que creó una escuela que llega hasta nuestros días con el tratamiento –especialmente en los magacines matinales– del niño fallecido al caer a un pozo.

    Las redes sociales han empezado a hacerse eco de un personaje desconocido por la opinión pública y que destaca en la serie: la periodista irlandesa Patricia Murray. ¿Quién es esta mujer aparentemente desconocida y que estuvo al lado de las familias durante las semanas de búsqueda? ¿Cómo es posible que su existencia, dedicada a alimentar a los medios e instituciones con ‘novedades’, haya desaparecido del imaginario sobre el caso? ¿Por qué Fernando García, el recordado padre de Miriam, le confió las conexiones con la prensa, las relaciones con políticos y empresarios y, finalmente, un viaje a Londres para que el caso desembarcara en Scotland Yard o Sky News?

    ¿Quién es Patricia Murray y qué papel desempeñó en el Caso Alcàsser?

    Patricia Murray llegó a Valencia en 1962, aquejada de problemas respiratorios y en busca de un clima más cálido y compatible con su organismo. Tras 25 años como profesora de inglés, cuando sus hijas ya habían superado la adolescencia, decidió cumplir su sueño: ser periodista.

    Por eso inició sus estudios en la Universidad CEU San Pablo a finales de los 80, y los terminó en Navarra. No solo eso: en el curso 96-97, tras obtener un máster de la Universidad de Valencia y doctorarse en Pamplona, fue admitida por la facultad más prestigiosa del gremio: la Universidad de Columbia Graduate School of Journalism, por la cual también es máster y especializada en medios digitales (abrió uno de los primeros medios nativos digitales).

    En el ecuador de este maratón académico se convirtió “desinteresadamente” en la asesora de relaciones y prensa de Fernando García. Desde GQ España, conversamos con ella después de que ‘El caso Alcàsser’, de Netflix, haya recordado su trascendencia en el devenir de los acontecimientos, especialmente en torno a la figura del padre de Miriam y a la relación de este y las familias con los medios. Este artículo no contiene spoilers.

    GQ: ¿Cómo inicias tu relación como asesora de Fernando?

    Patricia Murray: Coincidimos en distintos actos, pero en una conferencia de José María Carrascal en Valencia le digo que debe ir a más sitios. Él ya había salido en ‘Quién sabe dónde’, pero le dije que tenía que el tema tenía que estar constantemente en la prensa. Le introduje a medios.

    La periodista irlandesa muestra fotos de Fernando García con Carrascal, pero también con Juan Lladró, de la internacional marca de esculturas de porcelana, o de Ruíz Mateos, quien llegó a ofrecer una generosa recompensa a quien diera con el paradero de las jóvenes.

    GQ: ¿Pero publicaste algún artículo antes o durante tu asesoramiento?

    PM: Únicamente en The Weekly Post (uno de los muchos diarios británicos que se publicaban en la Costa Blanca, Alicante). Sí se publicaron fotos mías en Pronto o Época.

    El posicionamiento de Murray en los artículos de The Weekly Post era que las niñas habrían sido raptadas por un grupo de jóvenes. Estos habrían intentado abusar de ellas y, por algún motivo, quizá se les habría ido de las manos. También recogió la original obsesión de García por el hecho de que hubieran sido captadas para una red de trata de blancas.

    GQ: ¿En qué consistió tu asesoramiento a Fernando García?

    PM: Yo ayudaba a las familias, pero Fernando se erigió como el portavoz. Les dije que había que hacer pósters más grandes, en distintos idiomas. También cambié las fotos de ellas (“para que parecieran más inocentes”, asegura en el documental).

    La aparición de los cuerpos, 45 días después de la desaparición, pilló a Fernando García y a Luisa Gómez (hermana de Toñi) en Londres. En apenas dos días y de la mano de Murray, el caso trascendió a la esfera internacional, incluida una reunión con Scotland Yard.

    GQ: ¿Cómo surge el viaje a Londres?

    PM: La idea de la trata de blancas tenía que ver con la posibilidad de que las niñas estuvieran en algún país árabe. Yo le dije a Fernando: hay una televisión en Londres (Middle East Broadcasting Center) que ve toda la comunidad árabe. Si quieres, voy como intérprete y tal. También fuimos a Sky News y teníamos cita con la BBC, pero los cuerpos aparecieron la noche de antes. Nos vimos con Scotland Yard y allí nos pidieron una descripción detallada de la ropa que llevaban las niñas. De las marcas, de las joyas… y, entonces, Luisa dijo que Toñi llevaba un reloj grande de Mickey Mouse. Me quedé con esa idea…

    PATRICIA MURRAY: «FERNANDO GARCÍA PLANEÓ QUE A LA VUELTA DE LONDRES HABRÍA UNA RUEDA DE PRENSA PORQUE LE HABÍA COGIDO GUSTO A LOS MEDIOS»

    GQ: Y la mano que encontraron los apicultores tenía el reloj…

    PM: De repente, aquella tarde, empezó a llamar todo el mundo al hotel. Yo pedí en recepción que no pasaran llamadas a las habitaciones. Yo dormía con Luisa y Fernando en otra. Pero al final, me avisaron. Era un no parar de llamadas y, entonces, atendí una llamada de Levante (el máster que había cursado era en colaboración con este diario). Como les conocía, pregunté: pero dime exactamente qué han encontrado. Y me dijeron, no sabemos nada, pero han encontrado una mano con un reloj grande. Entonces yo dije, sin pensar, ¡el reloj de Mickey Mouse! Y cómo sería la cosa que a la mañana siguiente una foto de Toñi con el reloj estaba en Levante.

    GQ: ¿Por qué no volvisteis inmediatamente a Valencia?

    PM: Fernando quería salir, pero por la hora que era ya no podíamos coger un vuelo y durante la madrugada no había aviones. Ni siquiera, como querían en Valencia, fletando un avión privado. Entonces hubo que esperar a la mañana. La embajada nos puso un coche al aeropuerto, donde ya teníamos billetes para volver, porque eran billetes abiertos. Pero Fernando había planeado antes de que nada de esto sucediera que pasaríamos por Madrid, porque ya le había cogido gustico a los medios… Entonces, cuando llegamos a Barajas, fue la locura… Se organizó una rueda de prensa en la sala VIP. Yo no quise ni estar.

    GQ: ¿Le había cogido gusto a los medios?

    PM: Es mi opinión.

    GQ: ¿Y cómo evolucionó la situación en torno a los medios?

    PM: Nieves Herrero dio conmigo y me dijo, cuando aterricéis (en Valencia), coge a Fernando y no dejes que ningún otro medio lo tenga. Así fue hasta que llegamos a las casas de Luisa y Fernando, aunque él fue en un coche con sus familiares. El Musical, donde se hizo el programa ‘De tú a tú’ (Antena 3), estaba a un paso de su casa, pero fueron en coche.

    GQ: ¿Cómo valoras que Antena 3 quisiera mantener aislados de los otros medios a Fernando?

    PM: También tenían a los apicultores encerrados en un hotel hasta que fue la hora del programa. Tú hubieras hecho lo mismo. Yo admiro mucho a Nieves Herrero. Es una gran profesional.

    GQ: El programa, como se puede ver en la serie, es prácticamente insoportable. Encadena una sucesión de reacciones emocionales, de momentos y pensamientos íntimos en un momento de dolor. ¿Te pareció aceptable?

    PM: El programa se fue de las manos de Nieves. La familia de Fernando y toda la gente que había allí, exaltada, hizo que el programa fuera incontrolable. Yo sé que Nieves quería pararlo. El programa casi destrozó su carrera. Pero ya no podían pararlo. Era la primera vez que en España se daba un programa de este tipo, de gran tragedia.

    GQ: ¿Por qué tenías una relación directa con Antena 3?

    PM: Porque desde hace muchos años tengo relación con una productora, todavía en activo, que durante aquellas semanas estuvo conectada conmigo. No obstante, no controlaba todo. Por ejemplo, el viaje a Londres. Eso se organizó desde Alcàsser, por parte de familiares o amigos de Fernando. Eligieron los vuelos, el hotel…

    GQ: Eras periodista y fotógrafa, sobre todo para algunos medios británicos de la Costa Blanca. ¿Por qué das el paso de ayudar a las familias?

    PM: Era un madre. Era consciente del dolor que estaban pasando aquellas personas. Si me hubiera pasado a mí, en aquel momento –sus hijas tenían unos pocos años más–, hubiera recorrido el mundo, hablado con el Rey… todo. Fernando no sabía qué caminos seguir. Hablamos con todo el mundo, con el presidente del Gobierno (Felipe González), con el ministro (José Luis Corcuera), con (Jesús) Gil y Gil…

    GQ: ¿Fernando García cambió a lo largo de aquellas semanas?

    PM: Totalmente. Cogió gusto al protagonismo. Mira… hay una anécdota: Fernando se presentó en mi casa una semana después de que aparecieran las niñas, el funeral y tal. Se presentó con un guion, pidiéndome que se lo enviásemos por fax a Nieves Herrero.

    En el Ayuntamiento había dos habitaciones a disposición de las familias. En una de ellas, había tres o cuatro chicas jóvenes todo el día abriendo cartas. ¡Miles de cartas! Y las cartas solo traían dinero. Ni tan solo había un mensaje de condolencia, nada. Dinero. Y las chicas apuntaban, ‘José Manuel, de Córdoba, 400 pesetas’. Mira, tengo unas mil de esas cartas…

    Patricia Murray conserva mucha documentación sobre la época. Llaman la atención las cientos de cartas que posee, donde solo se haya el nombre de Fernando García y la dirección del Ayuntamiento de Alcàsser y el remite.

    GQ: ¿Qué fue de ese dinero?

    PM: Ay, eso no lo sé. Luego Fernando montó la Fundación…

    La fundación nunca llegó a constituirse por oposición de Rosa Folch, madre de Desirée que siempre mostró sus dudas con la vis pública del suceso. Una vez aparecieron los cuerpos sin vida de las jóvenes, Folch inició una batalla de resistencia por eludir a los medios y evitó que la fundación se creara con el nombre de su hija.

    GQ: Una vez aparecieron los cuerpos, ya no quisiste saber nada más del caso.

    PM: No. Mi intención era ayudar a las familias y había pasado lo peor. Me llamaron también una vez del Ayuntamiento, para ver si convencía a Fernando de que abandonara las dependencias que habían ocupado. Pero él se había convencido de que aquello solo había empezado, que ahora había que encontrar al fugitivo.

    PATRICIA MURRAY: «LE DIJE A LA MADRE DE LUISA QUE SEGUIR A FERNANDO DE AQUÍ PARA ALLÁ NO ERA VIDA PARA ELLA»

    GQ: Una de tus aportaciones más sorprendentes tiene que ver con el viaje a Londres y la relación entre Fernando García y Luisa Gómez.

    PM: Luisa trabajaba en la sección de carne de Mercadona. Dejó de trabajar para dedicarse a los medios. Pidió la baja por nervios. Yo hablé con su madre y le dije, cara a cara, de madre a madre: tu hija está en mi casa con Fernando hasta las 11 de la noche. Su novio, Pedro, la va a dejar. Esto no es vida para ella. Esto no le está aportando ningún beneficio, ir con Fernando de aquí para allá. En el documental no sé qué sale, porque yo no sabía cómo decirlo, cómo hablar de esto, pero no hubo ninguna relación. Luisa se sentía agasajada, atraída por la situación…

    GQ: ¿Cómo fue tu relación con el resto de familiares, cómo eran?

    PM: Rosa Folch era una mujer con mucho mundo, muy inteligente. Los padres de Toñi eran muy mayores, agricultores, personas muy sencillas. A Rosa no le parecía bien que Fernando usara el nombre de sus hijas y no le pareció bien que fuéramos a Londres porque, como dijo, en Londres no estaban las niñas. Yo también sabía que no estaban en Londres, pero sabía que había que seguir la corriente, tener más repercusión. La mujer de Fernando estaba muy unida a Miriam. Eran cómplices, como hermanas. Y ella le echó la culpa de todo a Fernando.

    GQ: Pero Fernando García estaba enfermo aquella noche

    PM: Aquella tarde sabían que las niñas querían ir a la discoteca. Según lo que dijo la prensa, Fernando estaba enfermo, pero yo lo que descubrí es que estaba en la cama cansado después de un largo viaje (García era viajante, comerciante industrial) y no se levantó para llevar a las niñas. Matilde le echaba la culpa. El fallo de Fernando es algo totalmente humano.

    GQ: El documental no da alas a la teoría de la conspiración, el sumario B y todo lo que se ha escrito en paralelo a la versión oficial de los hechos.

    PM: No hay nada de eso. En ningún momento. Fernando daba alas a ello, intentó involucrar al gobernador civil, luego que si las niñas habían aparecido envueltas en la alfombra azul de un puticlub de lujo… Si buscas en Google “Patricia Murray” y “chicas de Alcàsser” yo soy de la CIA, también soy del Opus Dei porque estudié en la Universidad de Navarra, estoy relacionada con El Vaticano.. y no dicen que soy judía porque no saben que tengo el máster por Columbia, que es una universidad judía. Aparte de todo esto, en internet está escrito que estoy casada con un político sudafricano y que he estado en la cárcel. Mi nieta de 13 años busca en Google con sus amigas el nombre de su abuela y encuentra esto. Y resulta que existe una mujer en Sudáfrica que se llama Patricia Elizabeth Murray, porque si tecleas mi nombre en Google hay 2000 más. Este pseudoperiodista, que no es periodista, nunca ha venido a hablar conmigo. Nunca me ha preguntado. Yo he mirado la forma de demandarle por difamación de mi persona.

    PATRICIA MURRAY: «NO CREO QUE ANGLÉS ESTÉ EN BRASIL. ESTARÁ EN MÉXICO O EN ALGÚN SITIO DE ESTOS Y APARECERÁ UN DÍA. VIVO O MUERTO»

    GQ: No das crédito a las teorías no oficiales, pero por otro lado sí crees que Antonio Anglés está vivo y en paradero desconocido.

    PM: La última noticia sobre Anglés es que llegó con un barco a Dublín. Precisamente, mi ciudad. Y claro, ya dijeron que si estaba compinchada con ellos… Dijeron que si se había ahogado, porque apareció un chaleco salvavidas cerca del puerto, pero si se hubiera ahogado y tuviera un chaleco, estaría su cuerpo en el chaleco. Además, el día que supuestamente se encontró el chaleco, una joven americana despareció de su casa, cerca del puerto de Dublín. Él se disfrazó, se cambió de pelo como ya había hecho en Valencia (lo hizo mientras la Guardia Civil le perseguía) y usó su pasaporte.

    GQ: El año 2013 sugeriste en Antena 3 que podría estar en Brasil, de donde era originaria su familia.

    PM: No creo que esté en Brasil. Es el primer sitio al que hubiera ido a buscar la policía. Estará en México o en algún sitio de estos y aparecerá un día. Vivo o muerto, tarde o temprano, lo encontrarán. También se tiene que morir, así que quizá entonces. Cuando sea más mayor, también, puede contactar con Miquel Ricart (en libertad desde 2013 y en paradero desconocido actualmente). Pero la Policía y la Guardia Civil son grandes trabajadores. Son muy constantes. No te extrañe que den con ellos.

    GQ: La Policía y la Guardia Civil quedaron en tela de juicio tras perseguir con todos los medios a un único hombre, Antonio Anglés, que se les escapó.

    PM: Precisamente, con más razón, no descartes que en un futuro puedan cogerlos.

    GQ: Ramón Campos, productor y creador de Bambú, ha dicho en algunas entrevistas que siguieron todas las pistas posibles para dar con Anglés, pero que no encontraron nada.

    PM: Cuando mueran, un día aparecerá algún cadaver, y mediante huellas digitales y a través de la información de Interpol saldrá todo a relucir.

    GQ: ¿Nunca has vuelto a hablar con Fernando García o Luisa Gómez?

    PM: No. No los reconocería si les viera, tampoco.

    GQ: ¿Por qué nunca has hablado durante estos años del caso?

    PM: En 2013, a través de mi amiga (la misma productora de Antena 3 que le contactó durante los 90), me llevaron a Espejo Público. Hice una conexión desde Alcàsser porque ‘nadie de nadie’ quería hablar. Y me dijeron, Patricia, por favor, ayúdanos. Entonces dije lo de que si prescribía el delito, porque se hablaba de ello, Anglés iba a aparecer y a vender los derechos de su vida. Que se iba a forrar y a comprarse un chalé en La Moraleja… sin pensar que luego Pablo Iglesias…

    GQ: ¿Cómo te sientes ahora que se vuelve a hablar del tema y que has participado en el documental? ¿Cómo te sientes al pensar en tu relación con aquellos días?

    PM: En el documental se verá lo que me dediqué a hacer. No buscaba florituras como periodista en el asunto. Lo único que he hecho ha sido contar dónde estábamos. Si estábamos aquí este día a esta ahora, si fuimos a este sitio o al otro.

    Patricia Murray utiliza desde hace décadas un tipo de agenda de anillas. Cada año compra el recambio, pero guarda todas ellas en casa. Como nos muestra y se ve en el documental, la información de las agendas de los años 1992 y 1993 es crucial para comprender todo lo sucedido en torno al suceso y las familias en aquellos angustiosos días. Especialmente llenas de detalles se pueden ver las hojas de los días 27, 28, 29 y 30 de enero de 1993, donde se aglutinan nombres de contactos, lugares, teléfonos, llamadas, horarios, visitas y planes de los que fue partícipe. A día de hoy, es una periodista en semi retirada. Vendió sus webs de información sobre Valencia en inglés el pasado año. Dice que espera finiquitar su tesis, que no escribirá un libro sobre Alcàsser. En la ciudad es bastante conocida en el ámbito periodístico local por su comparecencia en ruedas de prensa y eventos relacionados, sobre todo, con el mundo del turismo y la gastronomía.

  • Alcàsser: un mito para asimilar el cambio de régimen

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Por desgracia, el crimen implicó a tres adolescentes de Alcàsser. Sus familias y la población son víctimas desde entonces y en primer grado del suceso porque, por desgracia, insisto, Alcàsser no fue un hecho comparable a nadaLos crímenes de Macastre, anteriores, coincidentes en el número de víctimas, sus edades, en el sadismo y en una parte de la investigación, no sacudieron al Gobierno central, no pusieron en tela de juicio la ausencia de protocolos actualizados de las Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, pero, sobre todo, no contaron con la llegada de un nuevo medio que rige marca la cultura en su sentido más amplio y desde entonces: la televisión privada.

    Alcàsser es un mito. Su relato, el primero de gran trascendencia ganado por los medios en España y no por el Gobierno o las élites, es lo que queda. Es lo que cala. La tragedia de Alcàsser va más allá de lo visible en el documental de Bambú porque abarca demasiados ámbitos, demasiado comunes. Pero, sobre todo, es el hecho fundacional que sirve para situar en la sociedad española y en sus instituciones el fugaz paso de un Estado aislado del contexto occidental hacia la exhibición como foco de primer interés para el mundo (Sevilla y Barcelona ‘92). Del sereno como garante de la libertad (años 70) a ser la quinta economía europea y miembro del G-8. En un abrir y cerrar de ojos.

    Las toneladas de incompetencia, ingenuidad y valentía (por ignorancia) de las instituciones españolas sirvieron para mucho en los 80. Por ejemplo, para disfrutar de un estado de anomia. Del franquismo a los 90, dentro del marco legal, entre tantas otras evidencias, apenas se habían tipificado sustancias químicas. Nuestras reboticas eran el dispensario de una especie de largo verano del amor y sus consecuencias no fueron necesariamente negativas. El mundo esperaba y nos tomó así, en ese estado salvaje en el que ni los bares ni las discotecas tenían necesariamente un horario. Se vendía tabaco legal y de contrabando y los estamentos judiciales y policiales no habían sufrido la menor reconversión (La isla mínima) desde la muerte en cama del dictador.

    El ansia era tal, que incluso aquí se aceptó con si tal cosa que Francis Montesinos desfilara junto a Vivienne Westwood en la capitalidad cultural de Berlín 1988. En Pamplona o San Sebastián se reventaban escaparates por exhibir a hombres afeminados y banderas de España, mientras en Rodeo Drive, Los Angeles, sucedía lo contrario: la gente se hacía fotos deseando aquel jean o el otro estampado. Hoy ya se nos ha olvidado, pero no era normal la contracción de un viejo mundo y uno nuevo sucediéndonos encima. El viaje era vertiginoso y de ida y vuelta, desde nuestro anquilosamiento enrabietado al hambre atroz de medio mundo por explotarnos culturalmente.

    En los 80 éramos la Cuba con la que ahora se relame Estados Unidos. Éramos un oscuro objeto del deseo exótico pero próximo, un destino tan deseable como asequible, aunque lo más importante es que ni siquiera habíamos tenido tiempo de sacudirnos la mugre. El mismo día en que España pasó a formar parte de la Comunidad Económica Europea (1986), en València, como desde hacía más de 10 años, seguía patrullando la noche La 26: un grupo parapolicial, pero ‘legal’, captado en gimnasios de boxeo, sin ser dados de alta en la Seguridad Social, pero con un revólver Smith & Wesson en la pernera y licencia para matar. Era nuestra policía de noche y era lo que había. Éramos el pasado, olíamos a futuro, pero la libertad llegó mucho antes que las instrucciones de uso. Este hecho, para los malos, suponía un campo de experimentación demasiado grande y que acabó resolviéndose de la manera más desagradable.

    El documental de Alcàsser: todas las dudas

    El cambio de régimen se estableció con la victoria por relato. Les pondré un ejemplo: en uno de los campos en los que no abunda el documental El caso Alcàsser, el que tiene que ver con la incompetencia por herencia de la Guardia Civil, resulta que este grupo no tenía gabinete de prensa. Y perdió el relato. Quién hubiera pensado que eso iba a ser trascendente. Hasta la fecha, al menos en España, perder el relato era, a lo sumo, perder una batalla. Pero perdió el relato y perdió la guerra de la confianza en las instituciones públicas. Quién sabe si, para algunos, para siempre. Lo hizo a través de un medio, la televisión, cuya capacidad de penetración era inédita en España, sin el menor control –huelga recordar que en 2019 no existe ni proyecto de Consejo Audiovisual que nos proteja. Vamos camino de ser caso único en el mundo– y convenciendo de una tacada a la mitad de la población.

    Las teorías de la conspiración en torno a Alcàsser tiene como base documental lo cutre del procedimiento a lo largo de un proceso lleno de luces y sombras. La clave de bóveda es el sumario, donde las incongruencias saltan muy de tanto en cuanto (a lo largo de 40.000 páginas). Y sorprende el poco ahínco que le dedica el documental a que Anglés y Ricart eran, por este orden, un individuo en busca y captura y otro de permiso penitenciario. ¿Tienen claro que en el juicio el Estado quedó absuelto de cualquier responsabilidad por ello? Sumen, sigan: Anglés se escapó de su casa, en una intervención policial –la de su persecución– que hoy en día sigue alimentando a la conspiración (“pero bueno, ¿cómo un solo hombre podía escaparse del cerco de Guardia Civil y Policía?”). Lean El fugitiu, de Genar Martí y Jorge Saucedo, y comprenderán que la existencia de angleses ricarts en 1992 era posible gracias a la inexistencia de protocolos homologables al contexto europeo. La improvisación y, quizá, la influencia del show de Benny Hill en La2 marcaban la pauta.

    ¿Saben dónde estuvo escondido Anglés durante su estado de busca y captura? Pues, a veces, en su propia casa. Esa era la presión policial para con un hombre que no había vuelto del permiso penitenciario. Estancia en prisión por, nada más y nada menos (tampoco se abunda en el documental), que haber tenido vejada, golpeada y atada con cadenas a su ‘pareja’ a la intemperie, durante días, la cual se había hecho una buena parte de la droga que pasaba. Como cuenta Joan Olaque en esta reciente entrevista, pero como ya describió agotando cualquier gramo de oxígeno a la teoría de la conspiración en Des de la tenebra, Anglés estuvo a punto de matar a aquella chica. El relato lo dulcificó ella misma en comisaría, aterrada por que pudiera matarla si salía. ¿Y saben qué hizo Anglés al obtener su primer permiso? Efectivamente, fue a buscarla.

    ¿Por qué el documental apenas habla de Anglés? El perfil como psicópata de este personaje, descrito como nunca hace casi 20 años en Des de la tenebra, sirve para comprender una buena parte del suceso. ¿Por qué no se habla de cuál era el uso habitual de aquella lúgubre caseta para Anglés, sus hermanos, Ricart y otros? ¿Por qué no se habla de para qué servía aquella excavación donde guardaban una moto robada? Sin embargo, entre las muchas dudas sobre todo aquello que no se muestra y sí en el documental, la gran pregunta es: ¿por qué no se habla de los indicios de homosexualidad de Antonio Anglés y de lo que el sexo supone para él?

    La editorial Arpa acaba de publicar la traducción del muy recomendable El extraño que llevamos dentro, un viaje al origen del odio y la violencia en las personas y las sociedades. El conocido libro del psicoanalista Arno Gruen funciona como complemento idóneo en estos días para abordar el rol de Anglés en su casa –una chabola con paredes– junto a sus ocho hermanos. Anglés pegó a su madre y a sus hermanas durante toda su vida y tuvo una relación violenta y perversa con el sexo. En casa y fuera de casa. En Des de la tenebra la sospecha y lo que gira en torno a su homosexualidad es seminal. También al papel que juega Ricart en ello. El prófugo vive en una especie de tensión y violencia contra las mujeres, constante y que tiene evidencias y relatos suficientes: se enfrenta a lo que es y no comprende. Sirva también su caso para evidenciar que, seguramente, a las alturas en que cometió los crímenes junto a Ricart según sentencia, Anglés hubiera sido encausado a partir de los supuestos de la Ley contra la Violencia de Género. Aviso a navegantes, por si hay dudas de cómo un marco de normas actualizadas sirve para que un Estado proteja y haga libres a sus ciudadanas y ciudadanos. 

    ¿Por qué la perspectiva de género aparece a falta de 10 minutos en el documental? De otra forma, quizá, hubiera servido para que de una vez por todas se armonice que Nieves Herrero ni era la directora de De tú a tú (lo era Manuel Campo Vidal), ni era la periodista que recababa desde la calle o en la oficina los relatos y los guionizaba (Olga Viza, Isabel Goyanes), ni aislaba del resto de medios a Fernando García (Patricia Murray) ni era tampoco ni la regidora del programa ni quien le hablaba por el pinganillo. Murray, por cierto, presente en aquel primer reality show de la barbarie que fue la noche de los entierros desde la Societat Musical d’Alcàsser, asegura que Herrero intentó parar el programa y pidió que pusieran documentales o algo enlatado. Herrero parecegua que, por otro lado, también ha hablado de este supuesto. Al final, el foco vuelve a estar puesto en ella. Un villano siempre funciona mejor en cámara que todo un entramado. Una mujer joven y guapa, en este caso, parece idóneo para el canon televisivo.

    La llegada de plataformas como Netflix, Amazon, HBO, pero también Movistar+, han dado paso a una auténtica etapa dorada en la producción de true crimes. Nunca se ha invertido tanto ni se ha avanzado tanto en las narrativas audiovisuales en torno a crímenes sucedidos y abordados desde el género documental. Pese a ello, el trabajo de Bambú apenas aporta innovaciones formales, fundamenta las reconstrucciones en el mismo ejercicio de ilustración que El caso Asunta. Operación Nenúfar (2017) y sus logros periodísticos pasan por actualizar las entrevistas y transformarlas al audiovisual con tres salvedades: el relato de la cinta de Blanco, García y el cura de Alcàsser (quizá, la cima del documental), la aportación del ayudante de Blanco (desde el relato a los detalles. Relevante) y el no tan conocido trasiego del sumario hasta que García logra poseerlo (aunque ahora se diga que se sabía el asunto del robo, nunca nadie lo pone en valor. El documental, sí). También es cierto que es altísimo el valor de los fondos de videoteca incorporados, especialmente los de Antena 3 (sospechosamente sin mosca de la cadena y solo de un programa) y los de Telecinco, de cuya cesión hablaré más adelante. Pero, insisto, en un sentido formal, de todo lo que se habla tras la publicación del documental es del plano picado a García, cuya intencionalidad severa tardaremos un tiempo en comprender si era acertada por riesgo o innecesaria por evidente.

    Igualmente, ya que se menciona a García, el documental parece sufrir del conocido como ‘mal por proximidad’: todos aquellos que aparecen en pantalla, salen beneficiados. Hacia el final de la producción, la caída de naipes sobre el castillo de Fernando García no parece cargar las tintas lo más mínimo contra él. Parece como si sus guionistas hubieran optado por dejar que los espectadores juzguen, en una maniobra sui generis, ya que su figura es la que hace trascender todo en Alcàsser: el comportamiento de los medios y de la investigación, sin este ingrediente, es otro muy similar al de tantos otros crímenes. Por el contrario, como Juan Ignacio Blanco solo les concede un encuentro, como el ‘mal por proximidad’ va desapareciendo porque se pierde el contacto, al final parece ser un villano mucho más reconocible el pseudoperiodista y pseudocriminólogo que el ínclito ‘padre coraje’. Y los beneficiados por comparecencia son más, como el del caso de Paco Lobatón. También de Canal 9, por su colaboración y cesión de los hechos (À Punt Mèdia). Recordaba Oleaque cómo el vodevil de El juí d’Alcàsser llegó –entre otros extremos– a llevar a unos pseudo enterradores de los cuerpos de las niñas. Acabaron yéndose antes de que la policía llegase a arrestarles. Por no hablar de la comparecencia, pero no en cámara, de Pepe Navarro. Comparecencia por venta de material audiovisual, pero cuyo papel fue también fundamental para que Alcàsser se convirtiera en el mito que es –imaginen el recorrido de las teorías de la conspiración sin la existencia del Mississippi–. Navarro queda en una especie de neblina beneficiosa. ¡Si hasta le obliga a rectificar a Juan Ignacio Blanco por decir el nombre de un gobernador civil –sin la menor prueba– implicado en la producción de películas snuff

    La gran entrevista del caso, Anglés y Ricart a un lado, sigue pendiente y pertenece a una mujer con la capacidad e inteligencia suficientes como para ponderar los hechos, la creación de un personaje por parte de Fernando García, el juicio y la trascendencia de los acontecimientos: Rosa Folch. La producción no logró doblegar su posición firme frente a la gran bola mediática generada de manera negligente y sin protección desde los 90. De repente, Matilde, la esposa de Fernando García, que aglutina a mi juicio las escenas más dolorosas de la revisión en esta producción, desaparece del relato sin la menor explicación. Una explicación relevante, imprescindible, para comprender a Fernando García. Sobre todo, al García que aparece en cámara ahora. La incomparecencia (voluntaria) en cámara de Joan Oleaque o Nerea Barjola, por haber escrito los ensayos de origen y conclusiones con mayor perspectiva del suceso, pesan en menor medida, pero hubieran fortificado un trabajo aún más solvente.

    No obstante, entre las dudas e incomparecencias, sorprende la ausencia de un relato sociológico en el documental. La relevancia de Alcàsser pasa por un cambio de régimen político real. Un cambio de paradigma a nivel social casi por completo. Las Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado cambian con Alcàsser. La prensa cambia con Alcàsser. La televisión como locomotora cultural nace con Alcàsser. Lo peor de muchos ámbitos y algunas aristas en positivo, cambios a mejor, surgen con Alcàsser, pero trascienden el suceso. La importancia está en el relato sociológico. Como ya describe Barjola en Microfísica sexista del poder, es relevante comprender la existencia y libertad de la mujer española. De la que se viene y a la que se va. Es importante comprender cómo hay fuerzas del poder conservador que, tras una década de inflexión, interpretan los 80 como el exceso de libertad del que hablábamos al inicio. A nivel Estado, como nunca antes, se habla de la vuelta a un Gobierno de orden. Nace el relato del miedo y su discurso lo asume el propio PSOE, corrompido y agotado tras abandonar –como toda la socialdemocracia europea del la época– la lucha de clases por el neoliberalismo. Llega la Ley Corcuera como síntoma de todo ello, pero no hay rastros de nada de todo esto en el documental. Y es lícito, porque es un enfoque, pero sabe a oportunidad perdida dados los recursos.

    El efecto sobre las libertades, especialmente la sexual y la de expresión, es la esencia de Alcàsser. El mito que trasciende no son los crímenes, cuyo respeto por parte de los creadores del documental sí creo que ha sido exquisito. Sin embargo, la previa, el poso y nuestra fotografía más actual convierten a Alcàsser en un objeto de análisis sociológico cada vez más alejado del detalle en el procedimiento. Quizá porque, para quien ha leído y estudiado el caso, las aportaciones de esta producción son contadas y ya han sido mencionadas hace unos párrafos. Por eso, quizá, cualquier revisión de Alcàsser sigue pendiente. Es vigente. Porque la captura de los hechos con mayor intensidad no tiene que ver con este pueblo de l’Horta Sud, ni con las víctimas ni con sus familias, sino con el foco exclusivamente en el presente para comprender las consecuencias de un hecho que, como decía al inicio, sigue siendo incomparable y suponiendo, desde la sociedad, el cambio de régimen real que nunca hubiera sucedido por su cuenta desde las instituciones ni desde la política. España era una fiesta en 1992, pero la madurez no la alcanzamos mientras la fecha volaba hacia el pebetero de Montjuic. Por desgracia, el cambio de régimen acabó con la vida de tres adolescentes de Alcàsser.

  • Abdón Alcañiz, el valenciano tras la dirección de arte de algunas de las grandes series españolas

    El musculado posicionamiento económico de las ficciones para televisión no solo genera un star system entre directores e intérpretes. De hecho, los citados solo conforman una pequeña parte en los extensos equipos de trabajo que se organizan en la producción directa de una serie como El embarcadero. El proyecto producido por Vancouver Mèdia y Atresmedia que será una serie original de Movistar+ (en una alianza inédita) ha contado con el suecano Abdón Alcañiz como director de arte tras su valorado trabajo en La casa de papel. Un trabajo que en su caso, además, le ha permitido volver a casa con una gran producción, a escasos kilómetros de su pueblo: Sueca. 

    La ficción televisiva española más internacional de los últimos tiempos lleva su marca: La casa de papel, que superó el 25% de share en alguno de sus capítulos, contó con la dirección artística de este licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universitat Politècnica de València y  especializado en Dirección de Arte en la Escola Superior de Cine i Audiovisual de Catalunya (ESCAC). Hasta ese hito, Alcañiz se había codeado con algunos de los más interesantes equipos de arte dentro y fuera de España y ocupando distintos roles como asistente tanto de arte como de decorado. Su curriculum a lo largo de esta década pasa de las películas Un monstruo viene a verme (J.A. Bayona, 2016) o La novia (Paula Ortiz, 2015), la gran producción seriéfila Penny Dreadful (como preparador de decorados en la tercera temporada), el premiadísimo cortometraje Bikini (Óscar Bernàcer, 2014) o los largometrajes valencianos Paella Today! (César Sabater, 2017), Amar (Esteban Crespo, 2017) o El amor no es lo que era (Gabi Ochoa, 2013), aunque son solo algunos ejemplos.

    Sin embargo, ha sido en las producciones de Álex Pina donde ha encontrado su salto definitivo hasta la dirección de arte. Él mismo comenta a Valencia Plaza que «el 90% de todos los trabajadores del equipo en La casa de papel eran valencianos. Somos como una familia que se ha ido moviendo», y, de hecho, también tuvo ya un papel importante en la otra gran serie de Vancouver Media (en este caso para Fox): Vis a Vis

    Actualmente, Alcañiz está en posición de elegir proyectos y El embarcadero es su estación de destino para buena parte de este año 2018. De nuevo junto a Álex Pina, el suecano dirige el arte de una producción aparentemente pequeña pero que incluye una cantidad de rodaje en exteriores con alma. Ese alma, en esencia, se encuentra en la dirección conjunta de Alcañiz y Pina de generar una cronología en la trama del drama amoroso en torno a las etapas del arroz: la siembra, los campos anegados, el esplendor de su planta y la siega. Todo el proceso por el cual se convierte la producción en un gran rompecabezas, pero que entronca con algunas de las ideas centrales de la serie.

    Esta serie original de Movistar+ cuenta la relación entre dos mujeres que se descubren tras la muerte de un hombre. Ese hombre es Óscar (Álvaro Morte) y ha logrado mantener una doble vida en la que Alejandra (Verónica Sánchez) y Verónica (Irene Arcos) han conocido solo una parte de la realidad. Tanto en la relación de sus dos personajes como en la visión de Óscar, Pina vuelve a pulsar la llaga del prejuicio en torno a las relaciones, aunque esta vez fuera del género (Vis a vis, La casa de papel…) y en manos del drama amoroso. Y ahí es donde la dirección de arte de Alcañiz ha entroncado con el lado natural escogido, l’Albufera de València y la propia ciudad, que representa a las dos protagonistas: la urbanita Alejandra y la naturalista Verónica. 

    Conversamos con Abdón Alcañiz:

    -Y, de repente, rodando una gran producción para televisión al lado de casa. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
    -Hemos llegado, porque forma parte de una familia profesional y artística en la que llevamos 10 años metidos. De algunos primeros cortometrajes de compañeros a otras producciones, dando un salto de esto a lo otro y así es como hemos llegado hasta aquí. Recuerdo con mucho cariño La victoria de Úrsula (cortometraje, Nacho Ruipérez; 2011) y hace apenas unos meses hemos estado con su largometraje El desentierro. Siento que hemos ido creciendo todos alrededor de unos u otros proyectos y dándonos cuenta de que este mundo no es un círculo, sino una espiral en la que nos hemos enrolado y de la que ya no salimos. En nuestro caso, con un equipo de arte muy valenciano.

    -¿Cómo trabajáis en esa familia y cuántos sois?
    -Nosotros formamos parte del proyecto desde sus inicios. Poniendo por caso El embarcadero, estamos en reuniones muy preliminares con el productor en el que ya hablamos de ideas muy básicas: él [Álex Pina] quería que rodásemos en l’Albufera, que aprovechásemos el entorno natural, que el personaje de Verónica se impregnara de ese alma. A él le encantaba la idea de rodar en l’Albufera y le encanta València por la luz, pero había que darle toda esa profundidad. Así que empezamos a trabajar en Verónica, a pensar que viviría en este entorno, que tendría su propio huerto ecológico en casa y a fijar un color: el azul. Poco a poco se va fijando la idea del arte y ahora mismo hay dos empresas construyendo decorados en paralelo. Por otro lado, está el equipo de rodaje de espacios exteriores. En el equipo base de la serie oscilamos entre los 11 y los 19. En esas dos empresas son de 10 á 20 personas. En total, hay momentos que podemos ser en suma 40 personas trabajando en el arte de la serie, pero como algo fijo el número oscila entre 12 y 15 aquí.

    -Pina es navarro. ¿Por qué València?
    -Él tenía muy claro que quería rodar aquí. Le atrae mucho la luz y lo que respira este entorno. Pero tuvimos dudas al visitar el Palmar. El pueblo en sí está volcado en la hostelería y, mientras en la parte del parque natural estaba todo perfecto, teníamos dudas con esa localización. Con València ciudad estaba todo claro y cumplía perfectamente. Así que empezamos a plantearnos otros espacios en Alicante, Almería, Portugal… pero al final sabíamos que queríamos estar aquí. Hemos encontrado una localización alternativa al pueblo, pero es normal que tengamos estas crisis o dudas porque hay mucha gente y mucho dinero implicado. Al final, la preproducción dura meses y cuestionas todo. Es una preproducción cinematográfica…

    -… o algo más que eso. Es una gran producción. ¿Notas una responsabilidad extra por estar retratando un entorno tan cercano a ti?
    -Llega un momento en el que todo empieza a fluir, pero los meses previos a ese momento de rodar aquí… han sido brutales. Cuando empiezas a proyectar con los compañeros una puesta de sol, la sombra de esta casa en el plano… empiezas a ver algo que ha estado a tu lado durante tantos años de una forma mágica. Muchas veces me pregunto, ‘¿será posible que esté viendo ahora esto así? ¿será posible que no lo hubiera visto antes?’. Pero claro que es posible. Ves todo a otro nivel y encuentras muchos detalles que te hacen sentir una autoexigencia mayor. Es cierto que somos afortunados por la gran producción que hay detrás, pero cuanto más tiempo tienes… más tiempo quieres [ríe].

    -No obstante, en esta producción os habéis embarcado en acompañar la historia en torno a las fases del arroz, aunque se limite al marco visual. ¿Cómo ha surgido?
    -Esto surge de los momentos de reunión, de hablar y de ubicarnos en un entorno. En este caso creo que he influido y a veces les bromeo con que quiero aparecer en créditos como guionista… [ríe]. Les intenté transmitir que rodar en este entorno y tener presente el arroz significaba también entenderlo. Aquí vamos a vivir las estaciones del año y la evolución de la planta, así que cuando le transmite es esto y lo que puede darte a un director como Jesús Colmenar, que es muy pasional, te da el visto bueno, pero te exige vivirlo. Estamos creando en torno al proceso de siembra, luego explotará de verde, volveremos en julio y en septiembre. Que la producción se someta a los tiempos del arroz es muy arriesgado. A muchos niveles. Pero que una serie en España tenga margen para someterse a esto con semejante proyecto audiovisual, habla del buen momento que vivimos en el sector. Lo que sabemos es que no queremos engañar a la gente y que no va a aparecer un tractor en un momento que no toque. Queremos adaptarnos al entorno en todo momento.

    -Para que entendamos tu trabajo en El embarcadero, ¿qué decisiones ya has tomado y cómo se van a reflejar?
    -En nuestra forma de trabajar solemos tomar como fuente un color primario. En Vis a Vis o en La casa de papel es evidente, pero en este caso es un azul. Permite más terciarios que en La casa de papel, donde hay un rojo y los terciarios se limitan a grises. Aquí tenemos más margen, pero el azul domina en gran medida todo. Sobre todo a Verónica. Hasta el punto de que su coche lo es o que si hacemos una cortina de macramé a medida lo es. Desde fuera, hasta que no llega a pantalla, puede parecer exagerado, pero visualmente sé que acaba funcionando muy bien. Y esto es solo el color, nuestro trabajo lo abarca todo visualmente. Intentamos abarcar toda la experiencia visual y por eso es tan importante que trabajemos desde la preproducción.

    -¿Habéis mantenido contactos con À Punt? ¿Hay algún proyecto valenciano a la vista?
    -Sí y no. Ahora mismo estamos tan metidos en el mundo de la ficción y está tan focalizado en Madrid… cuesta. Hemos hecho El desentierro recientemente, ahora estamos aquí y seguimos. Trabajar en casa mola, pero es complicado ahora para nosotros.

  • Álex Pina: “Las series son el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora”

    El creador de series ha vivido el esplendor y madurez en la creación de ficción en la televisión desde el inicio de siglo. Su productora propia debutó con la internacional ‘La casa de papel’ y ahora se embarca en un drama amoroso en el que València y l’Albufera son protagonistas

    s posible que su nombre no les suene, pero es difícil que nunca hayan pasado un rato sumergidos en alguna de sus ideas. El periodista Álex Pina reformuló su carrera profesional desde los medios hasta el guión, del guión a la producción y de allí a la creación de series. A eso se ha dedicado desde el inicio de siglo. Su mano está detrás de Los SerranoLos hombres de Paco o El Barco, pero más recientemente tras los éxitos encadenados de Vis a Vis y, sobre todo, La casa de papel (son solo algunos ejemplos. También hay recorrido cinematográfico). Esta última producción supuso el debut de su propia productora tras escindirse de Globomedia, donde había capitaneado no pocos proyectos. La serie alcanzó picos por encima del 25% de share y es el producto televisivo made in Spain más internacional de los últimos años. Hasta el punto de haber inspirado atracos o haber sido adquirida por Netflix cuando el equipo la daba por concluida.

    Su siguiente trabajo se rueda en València desde el pasado mes de mayo y hasta entrado el otño. Es un drama amoroso en el que dos mujeres (Irene Arcos y Verónica Sánchez) descubren haber sido la pareja en paralelo de Óscar (Álvaro Morte). Verónica y Alejandra, respectivamente, se encontrarán en el espacio tiempo para descubrir en el pasado el significado de sus vidas durante los últimos años. También su identidad, que viene marcada por la constante de dualidades que dispone Pina en la serie. Verónica es naturaleza y bio, es la espiritualidad y el alma y vive –cómo no– en su propia casa rodeada de los arrozales de l’Albufera; Alejandra es urbanita y mecánica, es ambiciosa y exitosa, es muy parecida a la mayoría de los que le rodean y supone el contrapunto esencial a su antagonista.

    No obstante, Pina vuelve a sumergirnos en su trazo más habitual: exigir al telespectador –con una tele o un iPhone delante, poco importa ya– que se repiense moralmente. Y aquí los prejuicios van a tener que ver más con el personaje de Morte. Él mismo comentaba a Valencia Plaza en la visita al rodaje que ha optado «por no diferenciar a Óscar en dos vidas. El reto era mostrarlo muy similar viviendo con ambas, porque lo otro era lo fácil, mostrar el tópico de las dos caras y del hombre que vive de una manera muy distinta una cosa y otra. De alguna manera, justificando su forma de ser». Eso es lo que busca Pina en este caso: que los tres roles (Verónica, Alejandra y Óscar) se cuestionen todo el tiempo con aquello que parece justo lo contrario que deberían ser.

    El embarcadero es una serie original de Movistar+, producida por Atresmedia junto a Vancouver. Tendrá ocho capítulos y no cerrará las puertas a posibles futuras temporadas. Todos los exteriores –que son sorprendentemente muchos en la producción– se rodarán en la Comunitat Valenciana, mientras que los interiores se rodarán en plató (en Madrid). El drama romántico estará plagado de flashbacks a partir de la muerte de Óscar. Un suceso que va a provocar que ellas se conozcan de manera inesperada, que inicien una relación también inesperada y que a partir de esa progresiva conexión comprendan también mejor su identidad y lo vivido.

    Sánchez relevó a Valeria Alonso en el personaje de Alejandra en una producción exigente que, en este caso, dado el diseño de los personajes tomó la decisión de cambiar a una de sus protagonistas. Decisión compleja (Pina admite que fue «un error nuestro, de la producción») que se tomó con profesionalidad y que se asume como parte del proceso de creación también complejo. Solo en el caso de la dirección de arte, ocupa a 40 personas a lo largo de varios meses. Eso sí, en este caso con un equipo en el que casi el 90% de los implicados son valencianos con Abdón Alcañiz al frente (ya lo estuvieron en La casa de papel). Nacido en Sueca y formado en València, él mismo nos ha detallado su autoexigencia con la nueva serie de Pina. 

    «Lo que buscábamos con la serie es la contraposición de dos vidas. De un lado, una vida sofisticada que se representa en la ciudad de València; de otro, un entorno rural y anacrónico que casi nos traslada a los veranos de nuestra infancia en el pueblo». Pina precisa para Valencia Plaza que el relato es «el binomio de muchas cosas. Todo son binomios. Bien y mal. Vida pública y vida privada. Espacio pasado, espacio urbanita». Admite que rodar en l’Albufera «es fotográficamente magnífico. Ya rodamos una serie en 2:35 con Miguel Ángel Amoedo [el formato de La casa de papel; formato anamórfico cinematográfico] y este era el entorno más impresionante que podíamos encontrar para nuestro siguiente proyecto en este sentido visual».

    Pina admite que le sorprendió que apenas hubiera ficciones que aprovecharan la gran cantidad de recursos visuales que da l’Albufera: «la conocía, pero no la había vivido tan en profundidad como hasta ahora. Hay muchos entornos naturales en España que se han rodado y explotado en la ficción, pero aquí se ha rodado increíblemente poco teniendo en cuenta la brutal presencia magnética que tiene su espacio. Los atardeceres rojos… Para nosotros es una alegría que sea un espacio tan inédito todavía».

    El creador afirma que buena parte de la contradicción urbanita versus rural tiene que ver con la actualidad: «buena parte de la sociedad está en esas. No sabemos hasta qué capa se va a reflejar o qué parte del público se va a dar cuenta de que estamos pulsando precisamente esa tensión entre la necesidad de tocar un espacio rural y la realidad de buena parte de nuestras vidas, muy tecnológicas, muy de ciudad».  En cualquier caso, admite que vivimos «en un momento sensible para contemplar esos dos mundos. Y de ahí partirá una parte de la ambigüedad moral de los personajes».

    Tanto en Vis a Vis como en La casa de papel, sus dos proyectos más propios y actuales, la presencia de personajes femeninos fuertes es evidente. Llevan el peso de las tramas, pero en este caso ocupan el foco por completo. «Apostamos por personajes femeninos, además resulta que se nos da bien. Pero creo que más allá de nuestra aportación, más o menos interesante, es que el momento contemporáneo es de las mujeres. Es el momento que les corresponde tener. Es una suerte que se nos dé bien…».

    Un momento de relevancia en los personajes femeninos que puede que también se esté beneficiando –aunque cuesta saber qué fue primero– de la nueva capacidad de las audiencias por consumir contenidos de mayor duración. Las series cogen espacio hegemónico en el audiovisual y Pina cree que es «el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora». Algo transversal: «lo veo en mi hija, que en apenas tres meses ha sido capaz de verse las muchísimas temporadas que tiene Anatomía de Grey o que ahora ha empezado con Friends. Es brutal y creo que inesperada la penetración que está teniendo en sectores muy distintos de la población».

    Pina, pero también Arcos, Sánchez o Morte coinciden en conversaciones paralelas en que «el espectador se está volviendo cada vez más experto», «eso nos empieza a exigir mucho a nosotros, pero es bueno». El creador de la serie cree que sí, que hacer contenidos «está de moda, pero si ha de haber una burbuja todavía no ha llegado». Él cree que el cine «se ha quedado pequeño para el público porque está demostrado que la mayor necesidad es la de personajes. Para poder disfrutarlos con plenitud necesitas tiempo. Y el retorno, la satisfacción de ese tiempo, es muy plena precisamente con las series».