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  • Cultura en venta

    Publicado originalmente en la revista Plaza de agosto de 2019

    El cierre de algunos comercios de nueva creación se sirve como síntoma de un estancamiento en el mercado cultural. Los datos más actualizados evidencian una caída en el gasto, mientras la Renta o el Salario Mínimo Interprofesional ha aumentado. ¿Las causas? Los expertos apuntan al poder adquisitivo real y la resituación de la Cultura como un servicio cada vez más alejado de la compra individual 

    Este verano se cierra un curso de alto interés para el análisis del consumo cultural: se cumplen cuatro años de un cambio en los tres gobiernos ligados a la capital valenciana. Gobiernos del cambio en Generalitat, Diputación y Ayuntamiento, cuya llegada a la gestión pública era demandada por los sectores creativos de manera unánime. Más o menos afines a sus pensamientos, la continuidad política de los ejecutivos provocó –como poco– una suma de distorsiones que, en algún caso, cuentan con un presente y futuro de presuntos delitos y seguimiento en tribunales (Caso IVAM). En el caso de la ciudad, el cuarto de siglo en manos del mismo grupo acumuló un balance histórico lleno de contradicciones. Finalmente, definido por el tijeretazo tras la crisis: de la penúltima a la última legislatura del Partido Popular, el recorte fue del 86%.

    ¿Cómo pudo sobrevivir la gestión cultural de València a un recorte del 86%? Sobre todo, teniendo en cuenta que el Palau de la Música no se cerró ni hubo despidos. Ni allí, ni en los museos de la ciudad, por ejemplo. Producción, programación y producción cayeron en picado y la asfixia derivó en un fenómeno que todavía no se ha estudiado lo suficiente: la creación de un sinfín de festivales urbanos, pero también de iniciativas privadas. Bares culturales, librerías con actividades constantes, galerías enfocadas a nuevos compradores y comercios atípicos. El instinto de supervivencia afectó al sector, beneficiando a una población que, en el peor momento de inversión pública, vivió un inicio de década al alza en la oferta. Sus bambalinas eran la profunda precarización del sector, definida en el ensayo El entusiasmo de Remedios Zafra. Ese encofrado de cristal para artistas y creadores es sobre el que se sostiene su modelo comercial.

    Por eso, si se acepta que el inicio de década fue un espejismo, es natural que desde la Academia y desde lo privado se pregunten hacia dónde va la Cultura. Hacia dónde va su mercado. Más allá de la actualidad comparada, con ciudades homónimas en su contexto a València (Rotterdam, Edimburgo, Vancouver), una parte de los problemas se solidificó con la ausencia de relevo por parte de la política local de esa reacción instintiva. La puesta en marcha de festivales urbanos por doquier y de comercios en torno a la Cultura de inicios de la década no obtuvo una respuesta paraguas del Ayuntamiento, que ha ido recuperando el 86% del presupuesto esquilmado poco a poco. Muy poco a poco. Hoy, todavía, el Palau de la Música consume en su solo edificio el 56% directo de todo el presupuesto de la ciudad para Cultura.

    La percepción sobre la cultura vivida y disfrutada por una buena parte de la ciudadanía no tiene relación con el Palau. A menudo, como demuestra cualquier comparativa por volumen de público, está más próxima a la extraordinaria capilaridad creada por los festivales urbanos desde la iniciativa privada. Arístides Rosell, portavoz de la Plataforma de Iniciativas Culturales y Urbanas de València, la PICUV, es claro con su diagnóstico de relaciones durante estos cuatro años: “los ciudadanos pueden hacerse una idea de la interacción del Ayuntamiento con los festivales con la típica imagen de un electrocardiograma. Altos y bajos, picos de máxima intensidad y todo lo contrario. Los picos pertenecieron al inicio de legislatura. El suelo, hacia los dos últimos años”.

    Si en algo coinciden los agentes es en lo mucho que supuso que se abrieran las puertas del Consistorio, que se entablase diálogo. Ahora bien, son entre críticos y escépticos por unanimidad sobre en qué se tradujo la escucha. “Las ayudas convocadas, no solo para festivales, fueron un tema recurrente durante muchas reuniones”, comenta Rosell. El sector había soportado en precario casi siete años de vacío. De iniciativa remando, sobre todo, ante la usencia de un gasto en Cultura suficiente y una Educación que acompañe a la idea de necesidad de Cultura para el bienestar. Las ayudas a estos festivales, pero también a todo tipo de asociaciones culturales de barrio y acciones puntuales (todas se sirven en el mismo saco), ocupan un coste inferior a la gran mayoría de conciertos de orquesta en el Palau: 150.000 euros anuales.

    Datos inquietantes: el gasto cae

    En la revista Plaza tenemos acceso a la cocina de un estudio que prepara EconCult, el brazo académicamente armado de la Facultad de Economía de la Universitat de València. Los datos en bruto, consultados en exclusiva para esta publicación, son más interesantes si se toma como base el barómetro de la ciudad. ¿Cuáles son los consumos culturales? Solo una actividad, de entre muchas, es realizada por la mitad de los valencianos al trimestre: ir al cine. Casi nadie compra un Blu-ray o un CD, pero lo más inquietante es que el 53,4% de los vecinos de València no ha comprado un libro en los últimos tres meses; el 79,5% no ha ido a un concierto; el 80,3% no ha ido ni a un museo ni a una exposición: el 80,8% no ha ido al teatro, ni a ver un clásico, ni una obra contemporánea, ni danza, ni circo. En resumen, un tercio de los valencianos, directamente no han tenido la menor actividad en un periodo prolongado.

    Pau Rausell, profesor del departamento de Economía Aplicada de la UV y director de EconCult, recuerda que en el mismo barómetro, los valencianos no interpretan que la Cultura sea una de sus preocupaciones. En un listado de 22 asuntos posibles, ocupa el número 19 y menos de un 1% tiene inquietudes por su acceso y disfrute. En un análisis preliminar de los datos, tras su aportación al interesante Informe del Estado de la Cultura 2019 dedicado, precisamente, a las políticas culturales locales, advierte un giro inesperado de los acontecimientos: “el gasto de las familias españolas en Cultura, hasta 2016, no estaba muy por debajo de la media estatal. Lo sorprendente a partir de los datos recién recabados es que, tras una pequeña recuperación, ha vuelto a caer en 2017 (datos consolidados)”.

    Lo más sorprendente de este detalle es que, aun siendo una lectura en caliente, es posible que el gasto en Cultura haya tocado suelo para un sector de la sociedad. Revisando las tablas del extenso estudio, llama la atención que las familias con rentas más bajas, mantienen sus consumos culturales. Aunque mínimos, se muestran estables. Más alarmante es lo que ocurre con las rentas medias y altas, ya que el gasto cae. ¿Interesa menos la Cultura? ¿Se consume en dispositivos y plataformas que no están siendo analizados? Lo cierto es que el porcentaje de gasto general de los españoles en Cultura cae estrepitosamente en la última década: ni más ni menos que de un 3,18% (2006) a un 2,46% (2017), dentro del gasto total. Entre los individuos con una formación más baja, el gasto ha caído desde el inicio de la crisis de manera moderada. Sin embargo, entre los individuos con mayor formación, en uno de los hechos más sorprendentes del estudio, la caída en el consumo cultural es superior. Una tendencia completamente nueva.

    El gasto por persona en Cultura desde la segmentación de las Autonomías tiene una clara relación con Renta. Por eso, el caso valenciano es singular, ya que no resulta bien parado en la estadística. Si acudimos al año 2006, a partir de los datos recabados por Econcult, mientras que Cataluña, Madrid y Baleares marcaban el primer escalón con 477, 470 y 448 euros (individuo/año), la Comunidad Valenciana (392) se situaba en el segundo peldaño junto a Navarra (407) y País Vasco (399). Su relación en este ranking ha cambiado. Pese a que es sorprendente la caída del gasto en los representantes del primer escalón, a la Comunidad Valenciana (286 euros) le han superado regiones como Aragón o Castilla y León, mientras que la inversión por persona de cada ejercicio ya está próxima a la de Andalucía o Galicia, a las que superaba en casi un 25% hace una década. Es decir, que de mantener un gasto por ciudadano propio del segundo escalón por regiones, ha pasado a la extensa zona media, a la que no acceden Canarias o Extremadura.

    No obstante, todos estos resultados se han ponderar teniendo en cuenta que no es menos cierto que durante los últimos cuatro años se han activado una gran cantidad de planes. Entre otros, por la ambición de haber echado a andar 70 planes distintos en cuatro años, destaca Fes Cultura. El plan estratégico cultural valenciano hasta 2020 ha cumplido con el objetivo de poner en marcha toda su maquinaria. Sin embargo, ¿cuál ha sido el impacto? Se ha aumentado el número de producciones y trabajadores, porque hay datos Autonómicos que avalan el repunte, ¿pero ha mejorado el consumo? Rosell es crítico con la suma de planes estratégicos y reuniones durante los últimos cuatro años (“han sido muchas”), y tiene claro que es necesario “un acompañamiento a este sector estratégico”. Según cifras de la Dirección General de Empleo de la Generalitat, algo más de 60.000 puestos de trabajo directos en 2018. Rosell llama a un “tiempo de acción. Es necesario accionar el mapa cultural de la ciudad, identificar y potenciar con los recursos disponibles las mejoras necesarias para relanzar València”. Creadores no faltan.

    De hecho, el análisis más interesante tras la última batida de datos realizada por EconCult es: ¿tiene sentido la existencia de una ciudad de creadores? De una ciudad más creadora que consumidora. En este momento, se evidencia que así lo es, por el exceso de oferta frente a la menguante demanda. La evidencia de la disfunción se encuentra en el cierre encadenado de tres comercios de gran arraigo en la ciudad, paradigma del empuje privado –ante la asfixia– de la última década. Tras el foco mediático acumulado en torno a sus cierres, sus responsables nos explican cuál es su lectura del tablero de juego que les ha expulsado (al menos, temporalmente).

    Inma Pérez Burches, propietaria de la extinta librería Dadà en el MuVIM y el IVAM

    “En València existe el consumo cultural, pero es reducido y endogámico. La misma gente que crea en torno a disciplina es su principal consumidora. Por otro lado, existe una proliferación de eventos de acceso gratuito en el que la cultura es la excusa. A la gente se le muestra que ha de pagar por la cerveza o la comida, pero no por aquello a lo que ha ido a ver o disfrutar. La frontera que divide el evento social del cultural está más diluida que nunca. La solución, como siempre, pasa por la crítica y la reflexión. Si no la hay, todos estos festivales y encuentros son ejercicios de relaciones públicas. La cultura en València, cada vez más, es la excusa. Es el medio, no el fin”.

    Luis Nácher, propietario del extinto deLUXE Pop Club

    “Mi visión es la de trabajar en una pequeña sala de conciertos durante 11 años. Durante este tiempo, la oferta ha superado a la demanda con creces. He echado de menos público más joven, pese a las dificultades que hayamos tenido para promocionarnos. Puede que no estén acostumbrados a ir a un local pequeño, pagar una entrada y disfrutar de un concierto muy próximo al artista. Quizá están más acostumbrados a los grandes conciertos gratuitos en la Plaza del Ayuntamiento de La Habitación Roja. Entre los jóvenes, el concepto de que la cultura es gratis está más arraigado. Además, a menudo la cultura es una excusa para crear un evento. A pesar de todo, València siempre es una ciudad con una gran efervescencia cultural”.

    Cristina Chumillas, copropietaria de la extinta galería Pepita Lumier

    “En València no hay mucho consumo cultural. Confundimos ocio con cultura. Por otro lado, la oferta gratuita, los festivales de barrio y algunas exposiciones transmiten el mensaje de que la cultura es un evento. La cultura se crea a partir de que haya un consumo, de que se compren libros, entradas a conciertos… y ese hecho escasea. Al menos, entre la mayor parte de la ciudadanía. Puede que el poder adquisitivo de la gente sea cada vez más limitado, pero para que haya consumo cultural en València debe haber una educación al respecto que no se da”.

  • El Consell Valencià de Cultura ante su futuro: pérdida de influencia y peso institucional

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Es muy probable que, recientemente, hayan leído más noticias sobre el Consell Valencià de Cultura (CVC) en la sección de política que en las cabeceras culturales. El tira y afloja entre los grupos parlamentarios para la renovación del órgano y el amarre entre sus filas de Consuelo Ciscar y Vicente Farnós –la primera, investigada por presuntas irregularidades en su gestión del IVAM; el segundo, en el marco del caso Gürtel- han sido clave en el presente del considerado principal organismo consultivo en materia cultural de la Comunitat. Con la renovación de la composición del CVC prevista para su trámite el próximo 4 y 5 de julio, el CVC celebró ayer un pleno ordinario que sabía a despedida. No solo de una gran parte de los miembros, sino también de la etapa más oscura del mismo (a diferencia de lo que piensan sus integrantes). A pesar de que en no pocas ocasiones se ha hablado de una situación insostenible, con la ley en la mano se ha mantenido hasta el obligado –aunque tardío- cambio de caras. Casi siete años sin renovación; algo inédito desde su origen.

    Salen Ciscar y Farnós, aunque tampoco repetirán Glòria Marcos, Sole Giménez o Enrique García, entre otros. Lo cierto es que la renovación mayoritaria (14 de 21) en la composición del organismo no es ninguna sorpresa, debido al cambio –no tan nuevo- en Les Corts con respecto a la última vez que se acometieron modificaciones en la misma y la conocida como Ley de Paridad. Estos dos factores han sido clave, generando una especie de ‘efecto cremallera’ que ha dejado atrás a algunos de los nombres vinculados al Consell. Si bien desde la conselleria de Cultura son cautos por lo que respecta a la nueva composición -«desde la Generalitat no se valora los miembros que integran el CVC, sino que se respeta la decisión de Les Corts»- lo cierto es que se intuye el inicio de una nueva etapa por lo que respecta no solo a la interlocución con el gobierno sino, también, con el resto de instituciones con las que trabaja desde hace años. 

    Una formación condenada a la polémica

    En la prolija memoria que cada año acompaña al ejercicio del Consell Valencia de Cultura se mide su presencia en los medios de comunicación. Siete puntos entre los cuales no se incluye la ingente cantidad de ocasiones en los que sus siglas han figurado en titulares y cuerpos de texto, en noticias radiofónicas o espacios televisivos por la presencia de dos de sus miembros: Consuelo Císcar Vicent Farnós. Y no precisamente para bien, sino para recordar que los dos investigados por la Justicia –casos de corrupción en proceso IVAM y Gürtel– continuaban siendo asesores de la Generalitat oficialmente…

    Lo son todavía, hasta que Les Corts apruebe el nombramiento de los nuevos miembros y este quede reflejado tanto en el Boletín Oficial de Les Corts como el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana. Entonces, su relación con el CVC habrá cesado. Más allá de que en distintos momentos los representantes políticos les pidieran que abandonaran el órgano (incluidos los del Partido Popular, grupo que les propuso para el órgano), lo cierto es que su presencia ha acaparado impacto mediático… y seguramente, desgaste por este motivo. 

    La exdirectora del IVAM y el exdirector de Castelló Cultural respondieron con la negativa a su salida del órgano. Lo hicieron ante sus compañeros más críticos (como Glòria Marcos, también saliente) e incluso a su presidente, Santiago Grisolía, que les pidió en distintas ocasiones que no afectarán con su presencia al órgano. No sucedió. Y no solo eso: nada ha cambiado en los estatutos del órgano para que esta situación no se vuelva a repetir ya que, una vez elegidos, los miembros solo deben abandonar el cargo en caso de ser condenados. Un supuesto que, en ninguno de los dos casos, ha acontecido. 

    Por ese motivo la gran renovación de caras supone una especie de regeneración casi completa del CVC. Antes del actual periodo, cada tres años había un primer ‘saneamiento’ de caras. Sin embargo, en este último periodo, al pairo del ciclo electoral, la formación saliente lleva casi siete años trabajando de manera conjunta. A partir de la reformulación de su alineación titular, 14 miembros serán de nuevo cuño y siete repetirán en su asiento. Entre ellos, tanto el presidente Grisolía como el secretario, Jesús Huguet.

    Informes: una evidencia en el cambio de paradigma (e influencia) del CVC

    Huguet es la cara más visible de la relación administrativa de un CVC que, según sus consideraciones a Valencia Plaza, “ha sido, desde el punto de vista doctrinal, el periodo más rico de trabajo”. El secretario del CVC pone en valor su participación en las etapas previas de la Ley de Mecenazgo, en su crítica al cierre de Radiotelevisió Valenciana, en señalar la crisis del cambio de paradigma cultural y científico y en lo referente a su apertura a nuevas sensibilidades.

    Tres son esas sensibilidades que destacan como nuevas temáticas para el CVC. Los incendios –fuentes del CVC aseguran a este diario que es algo que “obsesiona” a Grisolía y que es su principal motivador–, la violencia escolar y de género y la gastronomía. ¿Pero han influido estos informes? ¿Quién los ha solicitado y hasta dónde ha llegado su influencia? 

    El análisis es complejo y dispar, pero lo cierto a partir de las cifras consolidadas es que desde que se iniciara la actual década el CVC ha dejado de recibir encargos de informes tal y como sucedía en años anteriores. Cabe recordar que hasta finales de los 90 el CVC apenas hacía informes para instituciones que no fueran la propia Conselleria de Cultura o Presidència de la Generalitat. Fue el propio Grisolía el que abrió el órgano a demanda del resto de consellerias, pero también diputaciones y ayuntamientos. Se vivió un boom y ahora hay cierta contracción.

    En el año 2016 el 80% de los informes del CVC se realizaron a petición propia. En el último ejercicio con datos cerrados, el de 2017 y cuya memoria fue presentada hace apenas unas semanas, la tasa ha mejorado hasta el 57% de externos. Aun así, las voces más críticas con el CVC aseguran que es un dato que evidencia la falta de peso e influencia del órgano. Es decir, que buena parte de sus trabajos surgen de la inquietud propia y no como herramienta para instituciones. Huguet justifica esa caída en que “muchas de las instituciones que durante años han necesitado que analizásemos si su patrimonio tenía que ser BIC o cuestiones que estaban por resolver ya han tenido ese informe correspondiente”.

    De alguna manera, es un cambio de paradigma y de tiempos. Pero el secretario pone en valor que, por ejemplo con el caso de los incendios, “incluso la ONU ha recogido una figura parecida a la del terrorismo contra la naturaleza por esta causa que nosotros ya teníamos en nuestros informes”. Aun así, los informes sobre conjuntos históricos y bienes inmuebles singulares o sobre política cultural ocupan la mitad del total de trabajos impulsados por el CVC. 

    “A la Conselleria de Cultura le vendría bien tener más respeto por el CVC”

    El vicepresidente del CVC, Ricardo Bellveser, tampoco formará parte de la nueva composición del órgano estatutario valenciano. No por falta de voluntad, sino por el ya mencionado efecto cremallera. Igualmente, tras más de 25 años en el órgano, se siente “satisfecho” y entiende perfectamente que es positivo “un cambio”. No obstante, no puede ser más crítico con la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte cuando se le pregunta por la pérdida de representatividad del CVC en distintos órganos. Han perdido la silla en los consejos rectores del Consejo Asesor de Bibliotecas, del Institut Valencià de la Música o el de la Cinematografia (ahora integrados en el IVC): “es del todo incomprensible”.

    Bellveser asegura que esta pérdida de influencia y decisión directa en estos espacios no habla bien “de los distintos consellers de Cultura que ha habido. Les vendría bien tener más respeto por el CVC”. No lo toma como algo personal, sino que enfoca que “el CVC existe y tiene sentido siempre y cuando se le dé uso y a su favor tiene un arma: la altísima autoridad moral”. Ni siquiera ha formado parte de las propuestas en el nuevo patronato del Palau de Les Arts o de su órgano asesor y este tipo de ausencias en instituciones culturales son “espacios que, obviamente, costará recuperar”. El propio Bellveser formó parte del Consejo Rector del IVAM durante años y es consciente de lo que genera esa presencia y representación.

    Igualmente, como Huguet, saca pecho y pone en valor los informes del CVC. En su caso, como responsable del área de Legado que trabaja los informes para declarar los Bienes de Interés Cultural (presenta cinco nuevos en cuestión de días) “casi todos los informes son por petición externa. En otras áreas, como ciencia, es mucho más difícil y hay que entender que la naturaleza es que se propongan desde dentro”. 

    Gana participación en «espacios clave»

    Aunque la comparativa entre informes deja fuera espacios de representación, desde la conselleria de Cultura se especifica que en los últimos años el CVC ha ganado participación en los «espacios clave de determinación y trabajo conjunto de acciones encaminadas a potenciar la cultura de nuestro territorio». Así, desde la administración destacan que como novedad -todavía no incluida en la memoria del órgano- el CVC cuenta con representación en el Patronato de Les Arts a través de Ramón Roselló, además de en distintas comisiones de la mesa de la cultura. También forman parte de la comisión de valoración para la selección de capital cultural o del Consorci de Museus, este último se mantiene en distintos años.

    Uno de los puntos de tensión entre el CVC y la Generalitat durante la presente legislatura por lo que respecta a espacios de representatividad fue el desarrollo de la Ley del IVAM. Y no solo porque Ciscar participara en tanto que miembro del órgano consultivo de la confección de la misma. El anteproyecto de la misma hacía una mención al Consell, eso sí, para solicitar su informe sobre la norma, tal y como se hizo con el Consell Jurídic Consultiu. El ‘olvido’ no pasó desapercibido por parte del órgano, que calificó de “injustificada” su exclusión en la estructura del museo. Esta situación se enmendó con la Ley del IVAM definitiva, que cambió por lo que respecta a la composición, incluyendo en el consejo rector tres vocales designados por la Presidencia del IVAM y un miembro en el consejo asesor a propuesta del CVC.

    También el plan estratégico Fes Cultura, la hoja de ruta del conseller Vicent Marzà, fue uno de los puntos rojos en la relación entre unos y otros. Desde el CVC expresaron su «preocupación» por que no se hubiera contado con ellos para la confección, aunque sí lo hicieron con dos de sus componentes (Ricardo Bellveser y Ana Noguera) pero a título personal. A este respecto, desde Cultura inciden en que el propio documento del plan menciona en el tercer párrafo al órgano: «El Plan Estratégico Cultural Valenciano Fes Cultura no solo mira el ámbito internacional, también está basado en la larga trayectoria de investigación que se ha realizado desde las universidades valencianas en las últimas décadas, en diferentes campos disciplinarios y relacionados con lapolítica cultural, así como las propuestas del Consell Valencià de Cultura», reza el texto.

    Así, desde la conselleria se explicita que desde el gobierno autonómico «siempre se ha considerado e implicado al CVC en todo lo relacionado con esta área [Cultura] como órgano consultivo e independiente que es». Según la memoria de actividad de 2017, otras de las instituciones en las que el CVC ha estado representado es la comisión consultiva de evaluación y seguimiento de la protección y conservación del patrimonio arbóreo; la comisión técnica para la valoración de retirada de vestigios relativos a la Guerra Civil y la dictadura; el consejo asesor de la fundación para la Investigación del Hospital Clínico de València (INCLIVA); o en la Fundació Comunitat Valenciana-Regió Europea. 

    La necesidad de renovar su reglamento

    Bellveser pone en valor la independencia política del órgano con respecto a los partidos y el legado de las últimas décadas: “se pueden poner muchos ejemplos, pero la Acadèmia Valenciana de la Llengua nace a partir de un informe nuestro; el legado audiovisual y la protección que inmediatamente exigimos con el cierre de RTVV, como nos han agradecido los documentales que ahora forman parte de À Punt, fue cosa nuestra; desaprovechar y desoír a los nombres que pasan por este grupo asesor no tiene el menor sentido”.

    No obstante, Bellveser –que prefiere no pronunciarse sobre lo vivido en torno a los casos de los investigados por casos de corrupción que formaban parte del CVC– asegura que “en caso hipotético de que una situación similar sucediera, volveríamos a estar en la misma situación. Y lo importante es que evidencia que es un reglamento defectuoso. Por eso, creo que sí es de relevancia decirle al nuevo grupo que entra que una de sus tareas más evidente es rehacer un reglament completamente anticuado. Con un lenguaje que está pasado de moda y, sobre todo, que debe ser renovado por el bien de la institución”.

    Más allá del reglamento –propio de su fundación en 1985–, al nuevo grupo propuesto solo le pone un pero, “que la música deja de tener representación. Y teníamos cubierto todo: el jazz (Ximo Tebar), clásica (Enrique García Asensio) y pop (Sole Giménez”. Tampoco habrá periodistas, con su salida y la Francisco Pérez Puche. 

    Un CVC entre el nuevo observatorio y mesa de la Cultura

    Una vez puesto en marcha el plan estratégico Fes Cultura, el Consell Valencià de Cultura tiene que convivir en la actualidad con distintos órganos de nueva creación generados para facilitar la interlocución con la Conselleria de Educació, Investigació, Cultura i Esports con los sectores culturales. Si bien, especifican desde la conselleria, el objetivo es que estos distintos espacios de diálogo “convivan” y no se sustituyan los unos a los otros. “Cada una tiene una razón de ser que suma, no excluye”. En cualquier caso, la creación de espacios como el Observatorio de la Cultura o la Mesa de la Cultura Valenciana (Mecuv) diversifica de una manera evidente los espacios de conexión con la realidad cultural autonómica. Por un lado, el Observatorio nace como un “sistema de generación, recopilación y distribución de información relativa a los sectores culturales y creativos valencianos”, una marca paraguas con la que se pretende aunar todos aquellos estudios relacionados con hábitos culturales, balances del plan ‘Fes Cultura’, estudios sobre progresión cultural en diferentes sectores y campos desde la óptica de los resultados autonómicos.

    Se preveía que la presentación y creación de este observatorio se dieran durante el primer semestre de este año, en el marco de la Mecuv, tal y como se anunció en el último Seminari de Govern, estando todavía pendiente. En el caso de la mesa de la cultura, creada hace algo más de un año, desde conselleria la definen como el “espacio de participación y diálogo del Consell con los sectores culturales y creativos valencianos, a partir del que se determinarán los procedimientos para hacer aportaciones a las normativas y nuevas bases que elaborará la administración de la Generalitat”. Dividido en diferentes comisiones temáticas (como se hace con el propio CVC), lo cierto es que sí cuenta con la representación de distintos miembros del Consell en las seis mesas de participación, entre otros agentes culturales. Fue en mayo de 2017 cuando se reunió por primera y única vez en su totalidad la mesa de la cultura, momento en el que se organizaron las distintas comisiones. De los seis participantes en la misma procedentes del CVC, solo dos continuarán en el mismo, Ana Noguera (participante de la comisión de libros, Archivos y Bibliotecas) y Ramón Roselló (miembros de la comisión de artes escénicas), con lo que habrá que renovar cuatro caras.