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  • ‘El niño que robó un millón’. La película que retrató la Valencia oscura de 1960

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    The Boy Who Stole a Million, la película que se estrenará por primera vez en España la próxima semana dentro del ciclo ‘Valencia Film Location’ de Mostra Viva, es un pequeño milagro del cine para la ciudad. Rodado entre los meses de enero y marzo de 1960 , el decimosexto largometraje del cineasta Charles Crichton destripa visualmente como nunca a la capital de un Turia que ejerce de silencioso protagonista. Aunque es improbable encontrar una obra cinematográfica con tanto metraje dedicado a los espacios urbanos de la ciudad, lo más relevante durante esos 84 minutos de ficción tiene que ver con que su trama suceda en un momento crítico para Valencia: apenas unos meses después de haberse sacudido la crisis de la Gran riada y apenas unos meses antes de que el «desarrollismo» impactara de manera irreversible sobre su aspecto y su sociedad.

    Esa sociedad, 56 años más tarde, descubrirá la película que a lo largo de la década de los 60 alcanzó los cines de Estados Unidos, Suecia o la República Federal alemana. En ella, Paco, su joven protagonista, roba 10.000 pesetas en el Banco Nacional donde trabaja como botones. Su intención es la de ayudar a su padre (Virgilio Teixeira) a reparar el taxi gracias al que sobreviven. Pero el niño, interpretado de manera brillante por Maurice Reyna a los 11 años, hurta por error 1.000.000 de pesetas. Ese es el punto de partida que desencadena una de las persecuciones más largas de la historia del cine y que tiene como escenario irrepetible a Valencia con casi todos sus iconos urbanos de la época: la Plaza Redonda, la Calle de la Paz, la Plaza de San Jaime y del Tossal, las Torres de Serranos y de Quart, la Plaza de la Reina, la Lonja, el Puerto y su faro, el Cabanyal y Marxalenes, el río y, entre otros, la viral ‘tortada’ de Goerlich, la Plaza ‘del Generalísimo’ en aquel momento con el soterrado Mercado de Flores.

     Los niños juegan sobre la ‘tortada’
     Imagen que muestra la balconada sobre el soterrado Mercado de Flores
     Los luminosos de la época
     El protagonista trata de esconderse en el Mercado de Flores

    Una lucha independiente contra el olvido

    Este film es un diamante en bruto para nostálgicos y vecinos de la ciudad, pero también para documentalistas e historiadores. Todas esas condiciones las cumple Germán Ramírez, quien ha dedicado su labor investigadora esencialmente al liberalismo del siglo XIX. No obstante, la película filmada en blanco y negro en Valencia y rematada en los estudios Pinewood (sí, los mismos que denunciaron ante Competencia de la Unión Europea la posición irregular en el mercado de Ciudad de la Luz y se salieron con la suya) ha sido «una pasión» para este valenciano. «Para mí tiene una carga sentimental importante» ya que, por si fueran pocas las coincidencias en el espacio tiempo, el mayor impulsor de esta recuperación tiene «la misma edad que el protagonista del film. Es la Valencia que yo vi, que yo viví».

    La inquietud de Ramírez le ha llevado a tratar de que algunas instituciones culturales impulsaran su traducción y doblaje, además de tratar de convencer de lo mismo -con su investigación historiográfica sobre la mesa- a algún medio de comunicación para que editara el DVD junto a un booklet. Con todo, su mayor logro fue poner en conocimiento del valor del film al responsable del videoclub Stromboli Daniel Gascó, que a su vez empezó a alquilar el DVD original que la actual poseedora de los derechos editó en 2010. Un cliente «nativo» al que «le hemos perdido la pista», comenta Ramírez a Valencia Plaza, tradujo el film y la copia fue mejorada con este trabajo por Gascó. Esa es la versión que podrá verse «ahora sí para todos los públicos, accesible para que cualquier valenciano disfrute de esa persecución única». Entre otros escenarios, sobre una Plaza Redonda atestada de vida y comercio, angosta y bulliciosa.

     Seguramente, desde el campanario de Santa Catalina
     La actividad comercial en la Plaza Redonda
     El protagonista atraviesa el corazón de la Plaza Redonda en un rodaje trepidante

    Los testimonios de la investigación y la aparición mesurada de los tópicos valencianos

    Crichton (1910-1999, Chesire y Londres) inició su carrera en los años 40, como joven director a sueldo de los Estudios Ealing. La investigación de Ramírez así le sitúa, como un realizador a caballo entre la televisión y el cine, con una firma más bien al servicio de las producciones -casi siempre comedias- cuya situación de gregario le lleva a no aparecer su nombre en ninguno de los carteles oficiales utilizados para la promoción del film valenciano. Ni tan siquiera en el DVD de 2010. Sin embargo, la filmografía  de Crichton se fue elevando hasta rematar su carrera con una doble nominación a los Premios Óscar -entre otros reconocimientos- por Un pez llamando Wanda (1988; mejor guión original y mejor dirección, con el mismísimo John Cleese como protagonista).

    En sus primeros años como cineasta, desde los Estudios Ealing ya se habían incentivado otras comedias de Crichton en Europa, como la italiana La lotería del amor (1954) o la popular Oro en barras (1951). El niño que robó un millón fue su única experiencia en España, ciudad a la que se desconoce por qué se escogió y sobre la que apenas hay referencias en la prensa de la época. «Si se publicó un artículo de Las Provincias de la época sobre el rodaje en el que se hablaba de las personas a las que había dado trabajo la película», comenta una fuente docmental. Además, destaca el artículo de Elena Bardisa, responsable de la sección ‘Hace 50 años’ que existía en el original con detalles del rodaje, así como menciones al malestar que generó entre los responsables del franquismo al mostrar una España pobre.

    Ramírez, en su investigación, halló hace apenas unos años un inesperado relato a través de internet: Mark Yareham, fotógrafo y profesor de inglés residente en Museros, publicó en su blog un carísimo testimonio sobre aquel rodaje y sus circunstancias en el que se basan algunas de las afirmaciones de las que se sirve este artículo. 

     El protagonista junto a la actual Avenida de Guillem de Castro (al fondo), cerca de las Torres de Quart

    El otro testimonio fundamental parte de una entrevista a Reyna -ahora despublicada- en SilverScreen Spain. En ésta, se descubre que el actor es ahora agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Tokyo, habiendo heredado así el oficio diplomático de su padre que lo era durante la filmación de la película en Londres. En el año 2009, su protagonista no había logrado volver a ver la película. Pese a su corta carrera como actor -apenas destaca su papel en Mr. Topaze (o I Like Money), dirigida por Peter Sellers en 1961-, Reyna habla de la ciudad y de sus gentes: «una de las cosas más interesantes durante la filmación fueron los gitanos«. El protagonista, se hace amigo de uno de ellos, Currito, amistad que trascendió a la vida de ambos niños en Londres y se prolongó durante décadas. Este hongkonés de nombre Kurt Christian si hizo algo carrera como actor sencundario, tanto en el cine como en la televisión y sobre todo durante la década de los 70. 

    Reyna recordaba en la entrevista una ciudad de Valencia «tranquila y agradable, con poco tráfico y gente amable». Además, destacaba que «la comida era maravillosa, especialmente el pescado y mariscos…», algo que comprobó en su único regreso posterior a la ciudad en el año 1992, en la que, obviamente, la vio «muy cambiada». Es curioso que haga una alusión a la gastronomía, ya que en una de las escenas, el film incurre en mostrar la cocción de una paella en un usillo difícil de describir: «todavía no estaban tan marcados los códigos de la paella en la ciudad, me temo», resuelve Ramírez. Estos son algunos de los rasgos tradicionales que, en la película, no son mostrados como tópicos, sino que surgen con una absoluta normalidad imbricados en la trama:

     La peculiar paella (mixta)
     Las falleras cruzan un parque en la ciudad precediendo a la banda
     Los fuegos que preceden a la cremà
     Una churrera junto a los niños
     Un músico durante las Fallas

    La Valencia oscura y la alargada sombra franquista

    La misma naturalidad capaz de mostrar los tópicos sin imponer su aparición sobre la historia, está detrás del arbitrario recorrido del protagonista por la ciudad. En esa huida, con la torpe persecución de varios grupos de delincuentes y de una policía todavía más incompetente en la misión de dar caza al millón de pesetas robado, Paco visita los barrios comerciales, los más nobles, pero también los más marginales. Entre ellos destaca un hito visual quizá menos vistoso que la ‘tortada’ de Goerlich, pero no menos relevante en la historia: la aparición de les coves de Benimàmet supone un documento visual casi único de las viviendas conformadas en este barrio, en socavones bajo tierra y un espacio oscuro en el que se desarrolla una parte importante de la trama final. 

     El interior habitado de ‘les coves’

    Hasta les coves de Benimàmet llega Paco tras perseguir a Currito al que conoce, precisamente, cuando el camión de la basura descarga… en el margen del Turia. Esto nos muestra la conexión entre las dos realidades de la ciudad a partir de un río que aparece en varias ocasiones rodeado de carromatos, con el signo de las clases más excluidas tratando de extraer algo con sus animales tanto del canal como de la citada descarga de residuos. Ese es el río Turia que se muestra, enfangado a tramos y sin mayor modernidad que la de sus puentes, algunos con varios siglos de antigüedad.

     El vehículo municipal
     Cargando la basura…
     … y descargándola sobre el río

    Esta visión de una Valencia menos agradecida, la que supura en la historia con total normalidad, pero que muestra desde la citada incompetencia policial a la miseria de muchos de sus vecinos, es la principal hipótesis para Ramírez para aceptar su desaparición de las salas de cine. «Aunque en tono de comedia juvenil aparentemente inocente, el lado oscuro de la miseria y delincuencia de la sociedad española del momento, el ambiente de las comisarías … Nada de esto podía permitirlo la censura franquista de la época. Y que, además, se viese en el cine, un medio de difusión del ideario y “valores” del régimen en aquel momento. Tal vez ahí resida la razón de ese ostracismo».

    Otra impedimento para su distribución, aunque seguramente no fuera del todo determinante, es lo oscura que es la cinta en un sentido también técnico. Si muestra a una ciudad con sus miserias, también lo hace con una falta de luz a la que el propio Reyna le da valor en su entrevista para SiverScreen Spain. La película, según avanza y toma como referencia las escenas nocturnas, deja ver una Valencia muy poco o nada iluminada. Una barrera para el rodaje, pero también para su comercialización. Algo más en la Calle del Mar o junto al hotel Astoria, pero en absoluta penumbra en les coves de Benimàmet y el interior de una iglesia vacía que podría ser la de San Juan y San Vicente.

    Una ciudad «virgen»

     o

    La ciudad está, como dice, Ramírez «virgen» en muchos sentidos. Se muestra tal y como es, con la participación de una infinidad de vecinos, pero sobre todo da muestras de estar todavía muy ligada al espacio rural. En su caso, de l’Horta. Más allá del casco histórico, el Cabanyal se muestra totalmente desurbanizado, barrios como Marxalenes e incluso el mismo centro de la ciudad, con el actual edificio que alberga el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana no tiene edificios a su alrededor (hablamos del en torno de las calles Colón y Pintor Sorolla). 

    El casco histórico sigue siendo el verdadero corazón de la ciudad, con un protagonista que pasea por sus calles de noche y de día, junto a la Farmacia San Jaime 49, la Plaza del Tossal o el mercado de Mossén Sorell. También en el recién inaugurado hotel Astoria, junto al Excelsior: «su apertura el 5 de diciembre de 1959 determina la ‘edad’ de la película, los meses previos a Fallas en los que se debió rodar, pero siempre después de esa apertura», añade Ramírez. En la película, junto al río cabe destacar, empiezan a aparecer en las tomas los primeros grandes bloques de fincas, muchas de ellas sólo en construcción y aisladas.

     El Astoria, recién inaugurado
     La actual sede del TSJCV, aislada (junto a las calles Colón y Pintor Sorolla)
     A la izquierda, un bloque de fincas en construcción
     La disparidad del tráfico rodado por calles no delimitadas
     Al otro lado de las Torres de Serranos, apenas se advierten edificios
     Plaza del Músico López-Chavarri, localizada por el investigador Ángel Martínez

    [Actualización: desde el blog La Valencia desaparecida, el autor Ángel Martínez ha localizado -entre otras- la plaza del Músico López-Chávarri, en el barrio del Carmen].

    «La película tiene un argumento sencillo y plano, aparentemente inocente dentro de las historias de aventuras juveniles, pero que sirve de pretexto para mostrar una Valencia casi virgen, cuando apenas habían comenzado las grandes transformaciones urbanas«, insiste Ramírez. En ese escenario de infinitas postales, destacan también las que surgen de los Poblados Marítimos. El Cabanyal, los márgenes de la ya Malvarrosa y el Puerto con su faro, albergan varias escenas -y el final-, con una serie de imágenes entre las más destacas de la ciudad de Valencia, integradas totalmente en el relato ficticio. 

    La película que ahora se estrenará en Valencia por primera vez sigue siendo todo un misterio en un incontable número de aspectos. La forma de producción, al servicio de cierta maquinaria por parte de la industria cinematográfica británica, hacía que un director como Crichton en la época -con su equipo- pudiera desplazar a decenas de técnicos y actores hasta una ciudad de España sin dejar mucho más rastro que las otras cintas que rodaría en cuestión de pocos meses o años. Participaron del fin el galán portuges Teixeira, ya citado, pero también la protagonista Marianne Benet. Todos ellos haciendo girar diálogos muy básicos, con un guión que es seguramente lo más endeble de todo el proyecto; la propia persecución, el dinamismo de lo que a veces parece un gigantesco plano secuencia por la ciudad de Valencia, es precisamente su gran virtud.

    «La ciudad es el plató, desde la Plaza del Ayuntamiento a les conves de Benimàmet pasando por el Tossal», celebra a sus 67 años Ramírez. Espera que con la proyección de Mostra Viva, «alguna institución pública entienda el legado documental del film, lo que supone para Valencia más allá del cine, y se pueda investigar a fondo con recursos y editar un DVD al que la mayoría de la población tenga acceso para ver esa ciudad en cualquier momento del futuro». La cinta tiene todavía un buen número de retos que resolver, ya que se conoce que hay tomas de Alzira no identificables, que tiene un vestigio fílmico en torno a la controvertida historia de la paella, que es un documento vivo de la ‘tortada’ de Goerlich demolida unos meses después, que muestra el mundo de las Fallas tal y como se podía ver en la ciudad en los años 60… de hecho, en 1994, Nacho Lahoz publicó un breve ensayo titulado El cinema i les falles, en la obra colectiva Barrejat de cinema amb Falles (papers d’investigació) donde se hacía eco de su existencia.

     v’El urbano de tráfico’, precedente del semáforo en la Plaza del Ayuntamiento en la esquina inferior izquierda

    «Hace ya más de dos décadas tuve conocimiento de esta película a través de una compañera, profesora de Historia como yo en el Instituto, que me hizo llegar una copia en video VHS de ínfima calidad y audio deplorable; era, desde luego, una rareza absoluta», concluye Ramírez. La reedición en DVD de 2010 abrió las posibilidades a la ciudad para su exploración, para tener un relato de la ciudad «al margen de las películas ‘nacionales’ que se rodaron en Valencia». ¿Interesa? La audiencia de esta proyección histórica los días 18 y 19 de octubre, a las 20 y 18 horas respectivamente y en la sede de la Filmoteca de la ciudad, podrían testar esa sed de conocimiento por revivir una Valencia audiovisualmente casi desconocida.

  • Paula Bonet: «Los dibujos con una maraña de hilos y mofletes rojos ya no me interesan»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Hace poco más de 10 años Daniel Gascó abrió el videoclub Stromboli en el número 17 de la calle Centelles. Su llegada al valenciano barrio de Ruzafa supuso una explosión de cine de alta calidad para sus vecinos, entre los que se encontraba Paula Bonet. La pintora, que atiende a ValenciaPlaza.com desde su estudio ubicado ya hace algunos años en Barcelona, reconoce su influencia con títulos y géneros diversos. Con la llegada del establecimiento exploró aún más en la nouvelle vague, conoció a Patrice Leconte y, desarrolló algo que más que una admiración por François Truffaut.

    La vida y la obra del director de Los 400 golpesJules y Jim o La mujer de al lado es el eje de 813, el segundo libro de la artista castellonense. Un homenaje divulgativo para entender como ambos, a unas décadas de distancia, han encontrado un torrente de conexión con el público a partir de ámbitos de trabajo como el retrato o la intimidad.

    El encargo de este título para la editorial La Galera llegó a la vez que el de Lunwerg con quien publicó Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END. Este volumen, lanzado en 2013, ha alcanzado su cuarta edición (en torno a 20.000 ejemplares vendidos), ha aumentado la proyección internacional de la artista y ha supuesto un número de ventas que, según la autora, ha elevado «todavía más» su autoexigencia.

    Por ello, 813 ha supuesto un doble reto para ella: el primero, servir de bisagra entre generaciones para embajar la sensibilidad del genio cinematográfico; el segundo, consolidar su actividad con un trabajo de largo de recorrido, que evoluciona y evita los fantasmas de las etiquetas que acompañan a toda carrera lanzada al escenario internacional en tan poco tiempo.

    El resultado es el de haber entendido la importancia de una segunda obra de peso como un trampolín para mostrar esa evolución afortunadamente inevitable. Nuevas/viejas técnicas, soluciones aparentemente en proceso, pero mucho más decididas, y el logro de publicar un trabajo tan personal en torno a un tótem del cine y salir indemne ante sus fanáticos. El libro es mucho más que una invitación al mundo de Truffaut, goza de un relato interno inteligente, dinámico y, sobre todo, estira las inquietudes en la obra de Bonet que parece únicamente haber iniciado una carrera de muy largo recorrido.

    813 tiene un sentido divulgativo de la obra de Truffaut. ¿Has sentido vértigo al asumir ese papel de embajadora de su cine para una parte de tus seguidores que la desconoce?
    -Cuando recibí la propuesta de La Galera tuve muy en cuenta que tenía que hacer algo que me interesase lo suficiente como para dedicarle tanto tiempo. Soy obsesiva con el trabajo y especialmente lo soy con las cosas que me interesan. Partiendo de eso, tampoco lo veía como algo tan atrevido, sino como un homenaje a una figura de la que he aprendido mucho y a la que tenía ganas de dedicarle todo este tiempo.

    -Precisamente, viendo la bibliografía y atravesando el libro, se aprecia un ejercicio de contención importante a la hora de evitar spoilers, destripar tramas o, sencillamente, posicionarte.
    -He tenido que recortar muchísimo todo lo que creía que debía contar de inicio. Para empezar, con las 184 páginas que tiene el libro. La elección de las películas a desarrollar también ha ayudado a acotar, porque quería acercarme a algunas en especial, pero de una manera distinta. No pretendía hacer un análisis crítico, sino aportar contexto y situación personal de Truffaut, ideas del rodaje y destacar lo que pensaba que era importante en cada caso.

    -Una bibliografía vasta. ¿Qué libro recomendarías para aproximarse a Truffaut de los que has utilizado en tu investigación?
    -Seguramente, François Truffaut de Plot Ediciones (Madrid, 2006) escrito por Antoine Baecque y Serge Toubiana. Pero también el de Arturo Barcenilla, Truffaut/Paris (T&B Editores, Madrid, 2004). Es difícil para mí entender ahora la publicación de 813 sin contar con este libro acerca de las localizaciones en las que rodó, en las que vivió. Durante cuatro años Arturo hizo un trabajo impecable aproximándose a una realidad que a mí me ha servido para poder captar de una forma mucho más consciente esos lugares y entender, por ejemplo, por qué alquilaba una habitación en un hotel aparentemente lúgubre de París.

    -De hecho has podido viajar a París para investigar acerca de esas localizaciones y de la mano del propio Barcenilla. Un espacio de tiempo y recursos que no te habías tomado antes para otro trabajo. ¿Has llegado a tener miedo a que se te fuera de las manos la propia investigación, los plazos?
    -Sí. Lo cierto es que he retrasado la entrega hasta cuatro veces. Me preocupé porque pensaba que al final acabaría teniendo problemas con la editorial. Me encargaron los dos libros a la vez [en referencia a Qué hacer cuando…] y decidimos que este fuera después. Pero el impacto de venta, promoción y presentaciones fue inesperado para todos. Para la editorial, pero por supuesto para mí. Lo que iban a ser dos meses de promoción se convirtió en un año. Y lo que es más importante: tome consciencia de a cuánta gente estaba llegando el libro. De esa forma, mi carácter para exigirme cada vez más con lo que publico me llevó a tomarme todo este tiempo de trabajo… si algo sale del estudio, es porque puede ser publicado.

    -La sensación es que el pasado 2014 ha sido un año de vértigo para ti.
    -Ha sido un año en el que me han pasado cosas buenísimas, pero mientras sucedían era consciente de que no las podía disfrutar. En ese sentido, era horrible. Por eso intento centrarme cada día más en hacer proyectos que me hagan conectar de forma personal muchísimo, a menudo son trabajos teatrales, cinematográficos, musicales… hace casi un año que no hago trabajos para particulares.

    -Venga de donde venga el encargo, ¿sientes cierta presión cuando los ‘clientes’ esperan de ti el ‘sello Paula Bonet’? ¿Cómo lo afrontas?
    -Por un lado sí lo siento y por otro, la realidad, es que no tengo ese problema. Los dibujos con una maraña de hilos y mofletes rojos ya no me interesan. No es lo que hago y se puede ver en 813. La idea es no repetir las fórmulas y no hacer otra vez el mismo libro, por eso este no tiene nada que ver con el anterior.

    -En 813 hay un tipo de ilustración más cortante, más decidida.
    -Necesito hacer un tipo de ilustración más dura, explicarme a mí misma de otra manera. El éxito con cada proyecto es poder ser fiel a mí. Si al ‘cliente’ no le interesa, pues lo siento. Tengo mucha suerte de poder dedicarme a dibujar y de disfrutar con mis trabajos.

    -Por cierto, es un volumen sobre un icono del cine francés y la novela gráfica -de la que tiene mucho- es toda una industria en Francia. ¿Habéis planeado su traducción y promoción allí?
    -No se había planeado de partida, pero lo cierto es que ya se están moviendo para poder promocionarlo allí. De hecho, y es una casualidad total, es el 30 aniversario de su muerte la Cinémathèque Française está haciendo una revisión. Haremos una presentación, seguro. Además, cuando estuve a principios de año en París aproveché para estudiar un poco de francés que vendrá bien para todos estos planes.

    -Para ti, traducir a otro idioma supone una reescritura de todo el libro, ya que es un ejercicio de lettering. Es un proceso laborioso en el que además pasas de nuevo por tus textos, releyéndote. ¿Cómo lo afrontas?
    -Es mucho más que una traducción. Si sucede, es una ilusión enorme, igual que si hubiera que adaptarlo al inglés, pero desde luego va a suponer semanas de trabajo…

    -En las pinturas, sin duda, la sensación es la de encontrar algunos rasgos de conexión entre Truffaut y tu obra. Por ejemplo, el valor del retrato o de la intimidad.
    -Totalmente. Desde que tenía 20 años he revisado muchísimas veces sus películas, pero nunca lo había abordado de una forma intelectual como lo he hecho para este trabajo. Lo hacía siempre de forma emocional, asimilando supongo su forma visual, pero como una espectadora más. Ahora he entendido muchas cosas que hay en mi forma de expresar, incluso las autobiográficas. Reconozco en mí hasta formas de componer y conecto con él en visiones que van más allá de la obra, como por ejemplo su visión del artista. A mí me cuesta mucho hablar de mí como artista, pero me gusta cuando explica como Matisse atravesó tres guerras y lo que nos dejó fueron mujeres, peces, ventanas… no había nada del horror que le rodeada, aunque a su vez nos dejó un legado muy valioso a partir del cual se han generado muchas otras cosas.

    -El libro muestra otras técnicas, otras fórmulas.
    -La idea era no repetir Qué hacer cuando… y estoy contenta porque al enseñárselo a personas como Paco Roca he visto que se ha transmitido el tipo de libro que quería hacer. Él está emocionado porque dice que está a medio camino entre la novela gráfica y el cómic, atreviéndome a escribir… lo que sí se ahora más que nunca es que necesito contar. Las técnicas pueden cambiar, a lo mejor dentro de tres años he vuelto al óleo o me pongo a hacer vídeo. Eso no será lo importante.

    -También había que hablar de Truffaut, que posee un imaginario que es posible que te invitara a otros caminos.
    -La luz de las primeras películas, con bajo presupuesto, es cortante, dura. No podía tampoco mostrarlo de otra forma. Y eso también nos hemos preocupado en llevarlo a la edición, en la que el formato es más próximo. El libro, por tamaño, es más modesto, el papel se parece mucho al que utilizo a trabajar y, en definitiva, el dibujo, el texto y todo lo que envuelve van muy cogidos de la mano.

    -Además de en lo visual, ¿has descubierto otras conexiones en lo personal?
    Sí, sobre todo en la forma de mostrarse públicamente.

    -Si hubiera vivido en esta era de las redes sociales online, ¿habría participado? ¿Cómo?
    -Habría participado porque le importaba mucho el público, pero hay que tener en cuenta que él era muy reservado. Había también una parte de llevar los proyectos en secreto para fomentar el factor sorpresa, así que no creo que hubiese mostrado mucho de los procesos.

    -¿Te ha influido esto últimamente? ¿Te cuesta mostrarte un poco más?
    -Sí, de hecho incluso ha sido un problema de cara a las fotos promocionales que ha hecho Noemi Elías (risas). Lo he pasado mal.

    -El libro se convertirá en exposición (comisariada por MacDiego) a partir del próximo 25 de marzo en Las Naves. ¿Te hace ilusión exponer de nuevo aquí?
    -Mucha. Apenas he vuelto durante estos últimos años porque en Barcelona estoy muy a gusto. Mantengo unas relaciones con profesionales en las que nos apoyamos y colaboramos mucho, pero también echo de menos hacerlo con el círculo creativo más próximo que tenía en Valencia: Senior, María Herreros, Laura Castelló, Nestor Mir…