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  • Don Rogelio J: cómo crear un falso musical experimental, grabarlo y llevarlo a escena

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Don Rogelio J es uno de los artistas valencianos más extensivos de lo que va de siglo. Es tatuaje («por las mañanas»), es cómic, es ilustración, es rock and roll, es fanzines, es hombre orquesta y ahora también es teatro. La primera dramaturgia de su puño inquieto es Bucles de arrabal, el último disco de su proyecto musical Tumba Swing. Esto es: un falso musical experimental en el que aborda la magia y crisis del proceso creativo. Cómo surge una canción, de dónde viene, como se desarrolla, qué conflictos provoca y hasta dónde alcanza cuando toma forma. Esta convulsión vuelve a los teatros valencianos con él en escena y acompañado de sus socios (Quique Medianoche, Lluis Folch) en Aullido Atómico, banda de la que forma parte y cuya interminable última gira (Decadencia) interrumpió la presentación de este proyecto.

    «Es musical, es falso en ese sentido y es experimental. Es que no hay otra forma de definirlo». Así comenta Don Rogelio J la naturaleza de Bucles de arrabal que podrá disfrutarse como obra de teatro, concierto, performance, spoken word y proyecciones en la sala Carme Teatre los días 25 y 26 de mayo. Este gran contador de historias revisitó el formato one-man band con Tumba Swing aunque para este proyecto dramatúrgico tuvo que rodearse de sus aliados para llevar hasta el público el trabajo de estudio. Una representación escénica y sonora en la que está presente el humor negro que atraviesa en gran medida toda su creación. En este caso, en un álbum conceptual que transita «ese camino adoquinado de rosas y espinas que es el absurdo pero vital proceso creativo».

    El proyecto, que formó parte de Graneros de Creación de Espacio Inestable junto a Espai Rambleta, vuelve un año después a las salas de teatro valencianas con la misma ambición de producción: son los propios músicos los que, desde el escenario, lanzan las proyecciones, interpretan la música, controlan la mesa de luces y gestionan la experiencia completa del espectador. No es exactamente teatro ni mucho menos un musical, pero si que parte de su estructura para contar una historia la mar de interesante que no deja de autoparodiarse por el camino. 

    El underground está muy presente en esa autoparodia y lo que parte de un concepto de musical para todos los públicos encuentra sus nichos. Pero Don Rogelio J no se rinde ante el carácter de entretenimiento. De show. Quique es el compañero que más le acompaña en la parte dramática («Jussi se mantiene más al margen»), pero el autor reconoce que el teatro le ha resultado un escenario natural desde hace mucho tiempo: «mi hermana mayor estudió arte dramático y yo me he pasado muchos años siendo el niño que salía en la obra, el adolescente que salía en la obra».

    Él admite la naturalidad con la que ha dado el salto a una disciplina más que, hasta ahora, no había abordado desde la dramaturgia. Más allá de una colaboración durante el último año con el colectivo de teatro político A tiro hecho, este debut se suma a sus proyectos en marcha que incluyen («además de tatuar por las mañanas«) un cómic para Ediciones Valientes que será una historia corta, «de unas 40 páginas», además de otra novela gráfica larga cuya temática todavía no quiere desvelar. 

    «Es cierto que estoy en demasiadas movidas, pero entiendo que quien me sigue a través de redes, etcétera, se siente atraído por cómo el personaje de Don Rogelio J se va alimentando de tantas inquietudes». Su poderosa fase como dibujante tiene una proyección densa y rabiosa en torno al negro y sus producciones tanto de cómic como de fanzine son esperadas en escaparates tan consolidados como Tenderete. Él asegura que nota cómo unos encargos llevan a otros y las disciplinas se comunican. Ahora se siente cómodo dentro del teatro alternativo: «la gente del medio reconoce que es un formato novedoso, que bebe un poco de todos los palos que uso, y que también puede funcionar en formatos más reducidos conmigo solo como Tumba Swing».

    El falso musical experimental se reserva también mucho margen para la improvisación, porque Don Rogelio J también tiene la necesidad de hacer de cada espectáculo algo nuevo. La historia narrada y sobre todo cantada se entrelaza con doce instrumentos –grabados en solitario por Don Rogelio J en el disco–: melódica, armónica, harpa deboca, theremin, stylophone, percusiones con cubos de basura… Hay sonidos rockabilly, pero también es justo decir que la propuesta es un punto de inflexión en el sonido desvencijado que acompañaba hasta la fecha a TumbaSwing. Más cálido y de alguna manera con ese poso escénico, musicalmente es un trabajo minimalista en el que el spoken word y las letras van habitando la experiencia del espectador.

    Al final, todo ello sirve para tender una reflexión sobre la sociedad de consumo desde la sonrisa y desde la tragedia. Una reflexión individual vivida, en este caso a través de proyecciones, narraciones, canciones y sonidos y que abre de nuevo su deambular por teatros a partir de su paso este fin de semana por Carme Teatre.

  • Tres tatuadores por los que merece la pena dejarse la piel en València

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Si la década de los 90 fue un boom para los estudios de tatuaje en la ciudad de Valencia, la que le precedió no hizo sino multiplicar la oferta. La ciudad, quizá por la visible necesidad de sus vecinos por exponer su cuerpo al sol, quizá influenciados por una mezcla de carácter y solución climática, se despertó rápidamente al arte de la tinta sobre el cuerpo. Por ello, hablar de nombres propios o de estudios en Valencia es incurrir en un basto catálogo de posibilidades entre el que es difícil no destacar a un buen número de profesionales. 

    El negocio en sí, según muchos de los dibujantes y propietarios de estos locales, sufrió una auténtica «persecución» por parte de los inspectores de Sanidad. Por otro lado, ninguno de ellos cree que no fuera necesaria la mayor depuración posible de los procesos higiénicos, ya que la clandestinidad y el citado auge fomentaban los problemas y posibles desprestigios por daños evitables al oficio. Pero aun así, entre ellos, se repite una sentencia: «cada dos días, el inspector estaba en el estudio, revisándolo todo». Esto provocó que muchos, a veces por costes y a veces por una cuestión pragmática, de producción, decidieran reubicar sus talleres en casa.

    Por supuesto, el calor de la burbuja inmobiliaria aumentó el número de clientes que ahora, reducido, se muestra mucho más selectivo a la hora de elegir su tatuaje y su tatuador. En un punto intermedio entre la clandestinidad (por no encontrarse precisamente en las vías comerciales, sino en pisos) y la especialización se encuentran Pedro SánchezSento y Abel Alcoy. Son solo tres ejemplos -aunque notables- de una oferta que los tres, preguntados por el resto de posibilidades dentro de la ciudad, aseguran está a un nivel muy alto con respecto a la oferta en España e incluso en el sur de Europa. 

    SAN PEDRO SÁNCHEZ Y LA PIEL COMO LIENZO Y COMO RETO 

    Pedro Sánchez estudió Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València y, acabando sus estudios, se dio cuenta que tenía que empezar a buscar una salida laboral «de lo que fuera» antes de que las clases se acabaran. «Fue una absoluta casualidad, pero un compañero de clase me dijo que conociendo cómo dibujaba debería enseñar mi trabajo en un estudio de tatuaje que el conocía y que ahora ya no existe», aclara el propio Pedro Sánchez (Sanpedrosanchez en Facebook) a CulturPlaza.com.

    En el citado estudio, Pedro Sánchez tuvo la oportunidad de ser aprendiz durante dos años: «fue un auténtico lujo, porque la mayoría de tatuadotes se inician por su cuenta. Existe una gran cantidad de información en Internet y es normal que la gente se anime, pero hay una serie de pautas, de criterios, que solo se adquieren a través de la experiencia y que yo tenía a mi alrededor mientras trabajaba». La verdad es que en el desaparecido estudio, Pedro Sánchez empezó a trabajar casi en el momento en el que mostró su portfolio.

    «Para mí el tatuaje es solo una técnica más de dibujo. No lo contemplo de otra forma, excepto por la parte de la higiene», añade Sánchez. Su trabajo en el que las escalas de grises y el realismo en blanco y negro son los protagonistas muestran el trabajo de un artesano del dibujo, minucioso y perseverante con sus trabajos que escoge individualmente. «No acepto todo lo que me proponen, porque necesito ver que estoy realizando algo interesante tanto para quien se tatúa como para mí».

    Sánchez, que cree que «en Valencia están los mejores tatuadotes de blanco y negro de España», asegura que «por juventud y por la crisis económica, muchos de ellos están trabajando con los estudios integrados en sus propias casas». Él, que se autoconsidera «ilustrador y diseñador», reconoce que durante mucho tiempo el dibujo no ha estado precisamente integrado en el ámbito de trabajo de los diseñadores: «ellos tenían sus propios códigos, pero igual que los puede tener un ilustrador«. Sin duda, su resultado final, influenciado por artistas como Niki Norberg o Jeff Gogue se ve influenciado por tendencias nórdicas y del Este de Europa, según él mismo reconoce. 

    «Para mí la piel solo es un soporte más, pero eso sí, el más complicado. Aun así, ofrece muchas posibilidades, como las que vienen derivadas del volumen y que se estudian para aprovechar esta característica», añade Sánchez. Él mismo asegura que ese «lienzo» cambia radicalmente en cuestión de horas dependiendo de si la persona ha dormido o no bien, ha comido o no, o, incluso en el caso de las chicas, están en el periodo de menstruación.

    SENTO Y LA RENOVACIÓN DEL OLD SCHOOL

    Los estilos peramencen, pero las tencencias vuelan. Sento, tras 17 años dibujando sobre cuerpos, diferencia: «es distinto el trabajo sobre una persona que quiere hacerse un tatuaje porque lo visualiza igual que si se fuera a poner unas zapatillas. Nosotros realizamos proyectos que van más allá, en el que tratamos que el cliente sea consciente del estilo y de una serie de criterios a través de los cuales se completa la identidad del tatuaje».

    Este veterano -y a la vez joven- tatuador es un auténtico viajante de la profesión. «Es sorprendente ver cómo en una reunión en Australia se habla del nivel que hay en España. En las conferencias siempre hay cuatro o cinco españoles dando clases. Por lo que respecta a Valencia, en blanco y negro, por ejemplo, que tiene una fuerte demanda en nuestro país, solo con Xavi García ya estamos a un gran nivel». 

    Él mismo ha ido evolucionando su propia técnica y, aunque siempre ha estado próximo al old-school, seguramente el estilo en el que es referente en la ciudad, sí que ha ido modernizándose con el paso de los años. «Ahora mucho más que antes busco nuevas formas. Tengo necesidad por hacer nuevas cosas a partir de la base que ya domino», apunta. El resultado es un old-school renovado que no está nada lejos de algunas de las tendencias que ahora tienen mayor demanda.

    Reconoce que en los citados booms entraba a tatuar mucha gente sin criterios de estética ni la mejor formación en dibujo. Por eso entiende la llegada de figuras como Pedro Sánchez o, al fin y al cabo, «la realidad de que ahora el mercado exige que el tatuaje sea un estilo, lleve una firma». Aun así, Sento coincide en la adicción y el coleccionismo del tatuador: «al final, ves algo que te gusta en otro cuerpo y lo quieres para ti». Esto provoca algo curioso que es bastante habitual en los tatuadores: llevan dibujos de estilos que no son su especialidad. Algo que tiene sentido partiendo de la base de que ellos mismos no se van a poner la aguja.

    No obstante es curioso que, aunque Sento admite que «en todas las ciudades hay cierto pique entre los profesionales«, ellos mismos van redigirigiendo a los clientes cuando tienen una idea muy clara: «yo le puedo enviar un cliente a Xavi si quiere algo muy en su línea o a Abel si lo que está buscando es un tatuaje biomecánico«.

    ABEL SAMARUC Y EL TATUAJE BIOMECÁNICO

    Estas pasadas fallas el estudio de tatuaje Samaruc situado en Catarroja cumplió diez años. Abel Alcoy, el tatuador al frente del mismo, es el único valenciano especializado en tatuaje biomecánico: una suerte de códigos que combinan la realidad del cuerpo con la inspiración artística de la tinta. La corriente, influenciada tal y como reconoce Abel Alcoy por el recientemente fallecido H. R. Giger (el ideador del imaginario Alien), cita a Aaron Cain como el precursor de la técnica y el espejo del que partió hace unos 15 años como profesional. 

    «En el tatuaje biomecánico hay que trabajar mucho las texturas, para que el dibujo tenga fuerza«, añade Abel Alcoy. Las capas de color son una referencia, aunque él no cree que el color deba asustar a los clientes: «si te cuidas bien con la protección y exposición solar y el tatuador sabe lo que se hace, el tatuaje no tiene porque ser retocado. Algo que hay que tener muy en cuenta, que es buena parte de nuestro trabajo, es la mesura a la hora de controlar las líneas y su engrosamiento», añade Abel.

    Los tatuadores son especialmente previsores con este aspecto: una línea que hoy ocupa un milímetro puede aumentar hasta 1,3 en unos años o duplicarse con el paso de las décadas. «Los poros se abren y la piel cambia, por eso la persona que se tatúa ha de comprender que en el primer momento en el que se le ha realizado el tatuaje este solo está en su fase previa y es tras el primer año y en adelante cuando se empieza a adaptar a su forma deseada«.

    Abel Alcoy reconoce que la demanda de tatuaje biomecánico en Valencia «es baja», aunque sí acepta que aquellos interesados acuden a él como especialista. «Muchas veces todo se basa en que hayan visto otros trabajos míos y les guste lo que hago», añade el responsable de Samaruc. Aun así, Abel se deja llevar también por sus clientes con las tendencias más habituales: «ahora las chicas se hacen muchas enredaderas y hay una tendencia de plasmar las calaveras mexicanas de azúcar, tatuadas o rostros de mujer que dejan espacios a la forma de la calavera… los ciclos van muy rápidos y todo cambia en cuestión de meses».

    Pero Abel Alcoy también es dibujante y, tras estudiar en Artes y Oficios, se formó durante cinco años en una escuela profesional con el ánimo de convertirse en creador de cómics. La técnica de dibujo acabó, como en el caso de Pedro Sánchez, sobre la piel y como auténtica devoción. Hace algunos meses, junto a algunos amigos Abel viajó hasta Japón para disfrutar al ser tatuados por Horitoshi, uno de los más prestigiosos tradicionales del país asiático. «Lo único que hacen con la máquina son las líneas. Lo demás se hace con unos palos de madera que finalizan en agujas», apunta, aunque la clave está en la conexión que este tipo de tatuaje tiene con su especialización el estilo biomecánico: «todo lo que hacen está preparado para el lugar del cuerpo en el que se sitúa. Tiene en cuenta qué hay debajo y cómo funciona ese volumen».