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  • María Cárdenas: «La crisis provocó que empezásemos a hacer lo que realmente queríamos»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    María Cárdenas abandonó las anchísimas playas de Necochea para estudiar Relaciones Internacionales en Buenos Aires. Tenía 17 años y en casa ya intuían que Argentina era la casilla de salida para volar muy alto. Antes de hacerlo también cursó Publicidad e inició su formación en Diseño, Imagen y Sonido. Y primero dio el salto a los Estados Unidos, donde vivió y trabajó en Miami y Nueva York. Convencida de que algún día continuaría su crecimiento en Europa, aprovechó que uno de sus mejores amigos vivía en Londres para encontrar una escala antes de hallar esa ‘habitación propia’ de la que Virginia Woolf había escrito. Pero aquel amigo se dedicaba al teatro y para cuando ella fue a cruzar el charco éste se había trasladado a València con una compañía.

    Era 1999 y ‘Iaia’ ni escribía, ni dirigía, ni interpretaba teatro, ni haría nada de todo eso hasta una docena de años más tarde. Su objetivo «era Londres», quería trabajar en el mundo de la Publicidad, ser creativa: «no pensaba en otra cosa». Sin embargo, la casualidad y los tiempos le dejaron de nuevo mirando al mar, aunque esta vez con el Cabanyal como telón de fondo. Desde allí siguió hacia delante, mientras su barrio de adopción y su país de nacimiento colapsaban al unísono por muy distintos motivos. Ninguno de los dos casos se interpuso en su camino porque como esta conversación demuestra ella es, ante todo, «sobrevivicionista».

    María nació María (Cárdenas Álvarez), aunque ese nombre resuena solo en los extremos de su biografía: en sus primeros años y desde hace unos meses. En casa siempre fue Iaia, el nombre que su hermano –un año mayor– le otorgó cuando intentaba llamar su atención (/ia, ia/). Ahora ‘María ha vuelto’ por dos motivos bien distintos; el primero, porque a su hija –y la de un chico llamado Xavo Giménez que fue a recogerla al aeropuerto aquel primer día de todo esto– le decían en clase que «cómo era eso de que su mamá se llamara iaia». El otro motivo, mucho menos importante, tiene que ver con el convencimiento de que ya es una autora: «por supuesto que me dio pudor que me dieran a mi el Max [por Sindrhomo]. Entre otras cosas ha servido para darme cuenta de que esto iba en serio». 

    De su vida, del estado de gracia en el que se encuentra La Teta Calva, de Xavo, de las artes escénicas en València y de algunos asuntos más. ‘Sin preguntas’, dejamos que sus respuestas hablen por ella. 

    Orígenes y sentido

    «Sé que mis abuelos son vascofranceses por mis apellidos, pero hasta que no llegué aquí nunca me pregunté por mis raíces. No soy de mirar hacia atrás y lo hago más desde que vivo en España. Aquí no se dan cuenta, pero son muy de mirar hacia atrás. En mi casa somos de cuarta generación argentina y no había costumbres españolas».

    «Vengo de otra mentalidad totalmente diferente. Pasé por Estados Unidos y este era un lugar más en el mundo. Para mí lo siguió siendo durante tiempo porque no tenía papeles. Cuando los tuve, al mes, ya estaba trabajando en una agencia de publicidad».

    «En València he hecho todo lo que no podía haber hecho en Argentina. Aquí hice siempre lo que quise hacer. En Argentina ni te lo planteas. Te planteas solo sobrevivir. Trabajar de lo que tú quieres es muy difícil. Por ejemplo, en publicidad, tienes que trabajar unos cuantos años gratis. Claro, querer eso y querer vivir sola… Yo en Argentina solo estudié».

    La llegada al teatro

    «Hasta que llegué aquí no había tenido relación con las artes escénicas. Para mí el teatro, al principio, era solo mi pareja, Xavo. Luego empecé a hacer mucha fotografía y conecté con el teatro. Hice muchas reportajes fotográficos de obras, muchas fotos promocionales para actores. Por eso, y sobre todo por Xavo, me fui metiendo».

    «Yo soy del buscavidismo. Le meto a todos los palos. Que hay que hacer decorados, hago; que hay que hacer publicidad, hago; que hace falta un vídeo, hago. Leía teatro y decía… ¡pero qué coñazo! Así que empecé a escribir teatro y me enamoré».

    «YO SOY DEL BUSCAVIDISMO. LE METO A TODOS LOS PALOS».

    «Siempre me gustó escribir. En la agencia era creativa. Siempre escribía y me metí en un curso con Paco Zarzoso porque para mi era un referente. Lo que había visto de él me había fascinado. Luego lo conocí y me enamoré más. Me encanta como dramaturgo y como persona, su locura y su mundo interno. Eso sería como en 2010».

    «Abrí el blog a partir de mi primer cáncer. Tenía la necesidad de contar algo propio por primera vez. Siempre escribía cosas alejadas de mí. Como fotógrafa o como creativa, siempre me ponía detrás del proyecto, pero esa vez necesitaba sacar un montón de cosas. Era terapéutico, pero no para mí; necesitaba desdramatizar las cosas a mi alrededor y compartirlo».

    «Ya había escrito La ronda del miedo con Paco Zarzoso, pero fue con el blog con lo que me di cuenta de que había que intentar llevar todo eso al teatro. Lo adapté, pero nunca se materializó. Aun así, fue el punto de inflexión para que todo empezase». 

    La Teta Calva y Xavo Giménez  

    «En ese momento, llegó el desastre económico en España, todo se hundió terriblemente, llegó mi enfermedad y nosotros decidimos montar la compañía. Parecía el peor momento imaginable, pero así fue».

    «En nuestros textos se respira esa positividad de fondo, ¡pero si nos llamamos La Teta Calva…! Queríamos que la compañía mantuviera siempre esa filosofía de nuestro punto de partida, de que las cosas hay que hacerlas hoy porque mañana no sabes qué será de ti. Hay que hacer las cosas y, a veces, hoy es el peor momento. Pero siempre hay salida».

    «Xavo es súper positivo. Para él no existe el fracaso. Yo he aprendido muchísimo de él. Desdramatiza las situaciones más difíciles.Por mi historia sé que siempre tiene que haber otro camino. Y aunque cada uno es de una manera, pero nos hemos ajustado en esa idea: tirar hacia delante. Esto tiene mucho que ver con los orígenes de ambos».

    «En Sindrhomo sí hay un objetivo de luchar contra todo, contra la locura que hay en esta sociedad. Sé que tiene mucho de mi lucha, de nuestra propia lucha. Siempre al final se filtran partes tuyas. Pero creo que nosotros hablamos mucho del perdedor. De los perdedores. Los que considera la sociedad que son ‘los perdedores’. Más allá de eso, creo que si he de encontrar un nexo de unión entre nuestras obras es que son cero pretenciosas».

    «En Sindrhomo se respira el conflicto del Cabanyal. En Las aventuras de T. Swayer…, tenemos una hija, así que, indefectiblemente, estábamos hablando sobre la educación. Ahora con Qué pasó con Michael Jackson [estreno en el Teatre el Musical los días 2 y 3 de febrero] estamos hablando del éxito… y es verdad que con La Teta Calva ha ido todo muy rápido. Es decir, los temas que nos tocan, acaban saliendo. Pero no es premeditado».

    La situación de las artes escénicas

    «EN VALÈNCIA NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A TENER A GENIOS A LOS QUE LES PAGAMOS MUY MAL».

    «Nosotros nacimos por la necesidad de generar trabajo. Y nos salió genial, esa es la verdad, porque hacemos lo que queremos hacer. Partimos de cero, por no decir… Tenemos nuestras aspiraciones, pero solo podemos decir que salió genial».

    «Las aventuras de T. Sawyer fue una experiencia magnífica y sigue siéndolo porque supuso trabajar con holgura de dinero [producción del Teatre Escalante]. Eso es: pagar a todos cuando hay que pagar, lo que hay que pagar y contar con los profesionales que deseas. Sí, fue así, pero esa no es nuestra realidad». 

    «Por supuesto que trabajar con dinero influye en que las cosas salgan mejor. En esta profesión nos hemos acostumbrado a pedir las cosas implicando a la gente ‘por si te apetece’, ‘a ver si te gusta el proyecto’… En las escénicas, aquí en València, nos hemos acostumbrado a tener a genios a los que les pagamos muy mal».

    «Cuando puedes crear sin limitaciones de producción, se nota en la factura, pero no en la filosofía. Nosotros ahí no podemos fallar».

    «Cuando uno recibe dinero público para una producción, más allá de que cuente con profesionales valencianos, que está bien, es que haya una altísima exigencia de calidad. Esa presión la sentimos, pero, sinceramente, confiamos en nuestro trabajo».

    «El dinero público no te obliga a la excelencia; a la excelencia te obligas siempre porque cuando hay una ayuda te obligas por la presión de haber recibido algo público, pero es que cuando no la hay, te obligas a la excelencia porque ese dinero lo tienes que generar».

    «Hay un momento de colapso en general con la cantidad de gente que sale formada. Somos muchos. Pero hablas con actores y gente de la profesión y lo ven como si fuera una realidad exclusiva nuestra. No lo es. También pasa en la publicidad, en la fotografía o el periodismo. No solo a nosotros».

    «A partir de la crisis muchas compañías y profesionales empezamos a hacer lo que realmente queríamos. Eso ha sido lo más positivo de la crisis. O lo único. Pero además fue necesario que pasara algo así en las artes escénicas».

    «Claro, se produjo una atomización de productos. Todo el mundo a la suya, pequeños proyectos, pequeñas salas. En ese sentido, creo que todo se va a ir equilibrando. Hubo una explosión que me parece súper sana, pero todo se va a ir decantando. Va a primar la calidad. Por ejemplo, se nota en Cabanyal Íntim o Russafa Escènica, que han sido festivales muy importantes para nosotros. Ahora el nivel de calidad está muy alto porque sabes que no puedes ir con cualquier cosa. Porque no puedes perder esa baza. Porque hay muy poco espacio».

    La relación con las instituciones

    «Las instituciones y el ámbito privado son dos mundos muy distintos. Por suerte, ahora está Roberto García [director adjunto de artes escénicas de l’Institut Valencià de Cultura]. Es dramaturgo y director, conoce bien la situación al otro lado, así que trata de hacer un acercamiento de las realidades, pero… son todavía muy lejanas».

    «MARIBEL BAYONA ME DIJO CUANDO ME DIERON EL MAX, NO LO HAS GANADO TÚ, LO HEMOS GANADO TODAS»

    «Lo que no se puede esperar es que al cambiar a dos personas, aunque sean directores de área, vaya a cambiar esa relación. Se es consciente de qué se exige y se intentan acercar posturas. Se intenta. 

    «Patricia Pardo, Eva Zapico, Mafalda Bellido, Maribel Bayona… hay muchas otras. Somos muchas al frente de proyectos que están siendo reconocidos. Maribel, cuando me dieron el Max, me dijo: no lo has ganado tú, lo hemos ganado todas. Ese sentimiento…»

    «Ahora desde la Generalitat han creado un laboratorio para dramaturgas. Intentan que tengamos visibilidad. Estas cosas son importantes para nosotras. Sin embargo, bueno.. qué quieres que te diga, me jode un poco. Esto de ‘solo para dramaturgas’. Yo sé que nos da visibilidad, pero qué quiere decir, que si fuera para todos, lo que saldría adelante sería mayoritariamente de hombres. Entiendo la intención, la respeto y la agradezco, pero me jode porque parece que si nos juntan con los hombres no vayamos a sobresalir. Pero bueno, entiendo que todavía estamos en el punto social y profesional en el que estamos».

    «Antes de los Max nos reunimos con el conseller de Cultura [Vicent Marzà]. Lo único que le dije es que a mí el mundo de las ayudas me parece bien… o no, pero que vamos, que más allá de eso, lo que necesitamos es que se invierta en difusión. Inversión en conseguir y crear público. De qué me sirve a mí meterme un palizón de viaje, 10 horas, para tener a tres personas. O a seis, o a 10. Sí, puedo cobrar caché, pero para qué. Los que hacemos teatro no estamos aquí para cobrar caché. Obviamente, necesitamos dinero para vivir, pero lo otro es lo importante. Más allá de que te de bajón personal, es que no es la fórmula. Denigra a la profesión. Es denigrante. Es una falta de respeto y de un apoyo real».

    A partir del Max

    «Mi vida sigue exactamente igual después de ganar el Max. ¿Qué se ha modificado? Que ahora tocas a puertas y se abren siempre. Mucho más que antes. Pero las puertas nunca habían sido un problema para nosotros porque, la verdad, nosotros ya nos generábamos el trabajo». 

    «Influye el Max, pero también influye T. Swayer. Que nosotros recibiéramos un dinero público y que hiciéramos algo verdaderamente bueno, eso, quiero pensar, también influye. Penev ya estuvo nominada a los Max y acaba de volver de Mercosur. El trabajo quiero pensar que nos da tanto o más que el Max».

    «Hemos empezado a trabajar con los ‘nos’, pero de verdad que es complicado. Las ideas aparecen y te enamoras. Quieres hacerlo enseguida porque no puedes evitar aplicarle una música, una escenografía. Intentamos trabajar con los ‘nos’ en adelante».

    «¿Qué hacer con Penev? Renació para Mercosur. Ahora hay alguna cosa más… Está en fase de retiro, pero claro, si se reclama, pues bienvenido sea. Nosotros aprendemos de las distribuidoras y ellas nos piden que no salgamos a cenar [ríe]. Cada vez que salimos a cenar con un vinito se nos ocurre alguna producción. Y nos enamoramos. Y queremos hacerla. El año que viene ya tenemos tres nuevas producciones. Ya hay que dejar todo para 2019″.

    «En La Teta Calva sé que vivimos una realidad privilegiada ahora mismo, aunque ha llegado por propio esfuerzo. Pero nos cruzamos con gente como Marea Danza [acaban de dirigir su nueva producción, Amelia] y eres consciente de que hay compañías que necesitan ese empujón para salir que necesitaste tú. Te acuerdas de que estabas ahí hace nada. Y lo haces». 

  • Isabelle Stoffel: «El sexo es una gran excusa para hablar de otros temas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Dice Sígfrid Monleón que Isabelle Stoffel es capaz de interpretar mostrando a una mujer especialmente fuerte, con arrojo, y diluirse por un momento hasta transmitir auténtica fragilidad. Del poder a lo vulnerable, de lo volátil hasta lo trascendental, esta actriz suiza era conocida por el gran público gracias a su participación en las películas de Carlos Iglesias (Un franco catorce pesetasIspansi). No ha sido su único contacto con España, un país al que llegó huyendo del estricto orden suizo de las cosas [y las personas].

    Monleón y Stoffel pusieron en marcha su primer montaje teatral hace casi tres años: La rendición. Lo hicieron en el contexto del ‘Microteatro por dinero’, pero la obra -unas memorias muy íntimas de la polifacética pero sobre todo bailarina Toni Bentley- conquistó al Centro Dramático Nacional para más tarde permanecer en ciudades como Edimburgo, Barcelona y Buenos Aires. 

    De Madrid al mundo -porque fue en el Teatro María Guerrero de la capital donde explotaron este monólogo-, la historia de la trascendencia casi mística a través del sexo llega ahora a Valencia por primera vez. Estará en el Espai Rambleta los días 27 y 28 de diciembre y, aprovechando la cita, dejamos que Stoffell nos cuente su experiencia a través de todo este recorrido. 150 representaciones de una obra que, por si fuera poco, ella misma ha adaptado al castellano y al alemán.

    LA EXCUSA DEL SEXO

    «Si hemos conseguido atraer la atención de la gente durante tanto tiempo en ciudades distintas, diría que es porque lo que trata la obra es una cuestión universal. Además, el sexo es una gran excusa para hablar de muchos otros temas. También es un vehículo para hablar de la persona. Cuando lei el libro lo que más me gustó fue precisamente esto: el camino de autoconocimiento que es para ella [Toni Bentley] y por eso me puse en contacto con ella y le dije que yo ahí veía un monólogo genial».

    «Para todos creo que es muy difícil ponerle palabras al sexo, pero Bentley lo consigue. Ella quiere saber qué está pasando con ella misma y se eleva a través del sexo en un sentido trascendente. A algunos nos ha pasado, esta sensación de trascender, de llegar a algún sitio del cual es difícil hablar y todo a través del sexo. El público se identifica con este proceso, aunque no es fácil identificarse plenamente con el personaje».

    «Bentley fue muy generosa porque cuando le propuse adaptarlo me dijo: ‘hazlo tuyo’. Me desfondé en la adaptación. Me concenré en el hilo narrador de la historia que, aunque con mucho sexo, no deja de ser una historia de amor».

    SIN AGOTAMIENTO

    «Sigo disfrutando plenamente de la obra. Sigo notando como transmite al público y eso es lo más importante para mí. Durante estos años sólo he compaginado este personaje con la dirección teatral de otro monólogo que nada tenía que ver y en Suiza. Aun así, creo que La rendición está vigente y no dejará de estarlo mientras la gente siga reclamándola».

    «El texto es el que hace que la obra se eleve a otro nivel. Es muy rico, casi poético y para mí un campo de trabajo infinito sobre el que encuentro muchas formas de darle matiz a todas las partes. En este sentido, con las pequeñas variaciones, el público parece insaciable. Personalmente creo que, además, la gente quiere saber más de sexo porque quiere reconocer experiencias y acercarse a nuevas situaciones».

    «A todo esto ayuda el trabajo de Sigrid, que tiene un gran talento para transmitir calidez a los personajes. Los llena de alma y de amor y a la vez es capaz de mantener esta virtud con el trabajo en equipo. Es fácil de entender porque el llega del cine, de manejar equipos de hasta 90 personas, en el que es muy importante delegar. También es muy imporante aquí la tercera pata de la compañía, David Rico, el productor. Al fin y al cabo estamos los tres al frente de este proyecto».

    «Cuando actúo doy la obra al público y estoy muy tranquila. Por eso no me pesa cuando acaba y no siento agotamiento. Mi agotamiento fue durante la adaptación del texto porque escribir es un proceso largo en el cual vas cocinando diferentes sentimientos durante un tiempo. En el escenario, gracias al texto, me convierto en una especie de medium entre Bentley y el espectador».

    «A Valencia vamos con el montaje escenográfico que coprodujo el Centro Nacional de Arte Dramático. No es el mismo que ha viajado a Edimburgo o Buenos Aires, mucho más ligero. Es un espacio que me trae muy buenos recuerdos y que cuenta también con un vestuario precioso de Cristína Rdríguez».

    LA RENDICIÓN INTERNACIONAL

    «Las experiencias han sido increibles y distintas en las ciudades en las que hemos estado. En Madrid, quizá porque la gente todavía muy bien a qué se efrentaba, el humor era muy natural. La reacción era muy espontánea. En Barcelona más tarde fue parecido. En Edimburgo quedó marcado el carácter protestante de los espectadores porque, aunque funcionaba perfectamente la obra y su humor, el hecho de la trascendencia a través del sexo… precisamente la trascendencia era algo que se entendía de forma distinta allí».

    «En Buenos Aires la obra ha funcionado perfectamente y esto ya es un logro. Es una ciudad con una tradición brutal de teatro. Van casi con la naturalidad con la que en España se puede ver la tele. Tienen 380 teatros y, aun así, ha funcionado. Destaco que siendo un país con una gran cantidad de terapeutas por metro cuadrado, hemos encontrado mucho público por ahí… la obra es casi un tratado de autoanálisis».

    «Es cierto que salí de Suiza en busca de cierto caos social, pero ahora en España hay un exceso de esto. Lejos de mi país, pasado un tiempo, el de la novedad y los estimulos, cada vez valoro más mi lugar de origen. Empiezo a re-estimar a Suiza, aunque lo que más me gusta es el equilibrio entre el orden de la manera de trabajar y la espontáneaidad. No quiero ninguna de estas dos posibilidades en exceso».