Categoría: Cómic

  • Manuel Bartual: “Somos una raza animal basada en la ficción”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Manuel Bartual hace “muchas cosas”, según su biografía de Twitter. Allí fue donde su nombre resplandeció durante el pesado verano de 2017. De la noche a la mañana, se convirtió en el guionista español más conocido de los últimos años. No fue por ninguna de sus tiras cómicas para El Jueves u Orgullo y Satisfacción. No fue por ninguno de sus muchísimos cortometrajes, ni por una emisión en la tele pública de su estimable película Todos tus secretos (2014). Un hilo de tuits en el que autoficcionó sus propias vacaciones se convirtió en el thriller –con chistes– de la canícula a pesar de la mastodóntica inversión de Netflix en marketing.

    Bartual fue el centro de atención durante siete días y lo hizo gracias a su bagaje como guionista, figura que pasa inadvertida en las producciones audiovisuales españolas. Hilvanó un relato secuencial en 359 mensajes que provocaron 550.000 retuits, cuatro millones de ‘me gustas’ y 1,3 billones de impresiones. 400.000 seguidores se sumaron a su actividad y, pese al final de aquella trama, este valenciano afincado en Madrid los retiene. Las serpientes de verano se alimentaron del fenómeno y el también editor enlazó platós de televisión y entrevistas para hablar de su oficio: contar historias. 

    La novedad –en España– era haberlo hecho a través de tuits, siguiendo la historia de alguien que suplantaba su identidad y se convertía en El otro Manuel. Ahora, esa idea le da el título a su primera novela. La edita con Planeta –ajena a su buen hacer en el sello de cómics ¡Caramba! (integrado en Astiberri)– y aprovechamos el lanzamiento para conversar sobre cómo la ficción da forma a nuestras vidas. 

    -Es cierto que en tu caso parece más justificado que nunca, pero desde hace al menos dos años los dossiers que preceden a la comunicación del lanzamiento de un libro van encabezados por la cantidad de seguidores en redes sociales de la autora o autor. Es decir, que, jerárquicamente, la editorial estimula al periodista recordándole que si publica alguna pieza sobre lo que ofrecen, es sensible de ser catapultada a una gran audiencia. Tú que has vivido en las sombras de la independencia hasta hace poco más de un año, ¿qué te parece que ahora un cúmulo de cifras sea tu carta de presentación?
    -He de ser honesto y admitir que lo que sucedió el pasado verano me puso en el mapa para mucha gente. Es una historia de Twitter que se hizo famosa y transcendió a la plataforma por completo. No sucedió cuando hice una película [ríe]. En este momento, que las cifras sean parte de la carta de presentación, es asumible. Es normal que se asocie a este fenómeno y que entendamos que buena parte de la gente me conoce exclusivamente por aquel hilo de mensajes. Es cierto también que hay un recorrido previo, un bagaje, pero… no es menos real que la novela se inspira en todo lo que me sucedió con esto.

    -El formato sorprendió: un relato secuencial a base de tuits. Sin embargo, ¿fue tan sorprendente para quien ya te conocía o te seguía?
    -Le sorprendió a todo el mundo, menos a quien me conoce. No me refiero a alguien que me pudiera seguir, sino a la gente más próxima, a los amigos. A ellos no les sorprendía porque encajaba con el tipo de cosas que venía haciendo. De alguna manera, hay un hilo invisible entre aquella serie de tuits y la película que dirigí hace unos años (Todos tus secretos, 2014).

    -¿Hasta qué punto crees que la autoficción da una confianza de veracidad al lector que necesita frente al descrédito continuado de los medios de comunicación?
    -Creo que estamos en una época en la que nosotros, todos, tenemos mucho protagonismo. El ‘yo’ es más importante que nunca y por eso creo que la gente conecta con este tipo de historias en las que es capaz de reconocer al autor. Hubo una historia previa que no tuvo ni mucho menos este éxito. Solo quería contar la sinopsis de una película de forma enloquecida. Me lo pasé bien, pero no funcionó. La gran diferencia con el siguiente relato es que yo era el protagonista. Duraba siete días y eran mis vacaciones. La gente no sabía si todo aquello era real o no y jugaba con la veracidad, pero era muy fácil reconocerse en el personaje. Era ‘una persona’. Esta fórmula no es inédita. A mí me encanta la autoficción…

    -Cítanos las referencias.
    -Pues, por ejemplo, me fascina el cine de Charlie KaufmanCómo ser John Malkovich (Spike Jonze, 1999) o Adaptation. El ladrón de orquídeas (Spike Jonze, 2002). Joder, es que son dos de mis películas favoritas. En la literatura, Paul Auster me ha influido a la hora de hacer esa metaficción por la que muchos le conocen cuando se introduce en sus novelas como personaje. 

    -¿Está de moda la autoficción?
    -Estamos en un pico creativo con este tipo de narrativa. Sí, estoy convencido.

    -‘Basado en hechos reales’. Ese mensaje que atraviesa el cine que va de la sobremesa de Antena 3 a Fargo (Joel y Ethan Coen, 1996), ¿por qué nos interesa? ¿Qué valor extra nos atrae? Star Wars también está basada en hechos reales. No hay más que ver sus posicionamientos políticos. 
    -Es cierto que nos atrae. Creo que desde el momento en el que nos damos cuenta o alguien nos dice que los Reyes Magos no existen iniciamos un camino en nuestra vida en el que tratamos de volver a capturar esa magia. Queremos creer. Cuando las historias están explícitamente basadas en hechos reales puedes llegar a creer que lo que estás viendo, por fantástico o increíble que parezca, es real. Con el famoso hilo de Twitter pasó algo que de verdad no esperaba: la gente creía que era cierto. Hasta el ultimísimo momento la gente creía que había un doble real que me estaba persiguiendo. Había peleas familiares [ríe]. Recuerdo un mensaje directo que me llegó en el que me exponían que dos hermanos estaban enfrentados porque uno sostenía que era real, que, además, era quien me escribía [ríe]. Nos gusta creer que hay algo más allá. Aunque sea mágico y eso se nos escape. Que lo extraordinario es real.

    -Había gente que no entendía el hilo de Twitter porque no comprendía que aquello no tuviera una justificación mercantil. Es decir, que no entendía porqué lo hacías si no estabas ganando dinero con aquella producción narrativa.
    -Me hizo mucha gracia que Leticia Dolera, que es amiga, me preguntó si era una campaña de marketing para alguien. Le dije que no y al rato me volvió a escribir para decirme que si de verdad no era una campaña para Netflix o algo así. A veces cuesta entender que no todo creador está pensando en el rendimiento económico inmediato. Si te soy completamente sincero, creo en esto. Solo quería que la gente disfrutase con ello. No es lo único que he hecho así en internet, por eso la gente que me conoce no estaba tan sorprendida. Semanas antes había estado haciendo en Instagram una serie de stories con emojis. Eran cortometrajes solo con emojis. No lo hacía buscando la pasta. Me gusta experimentar con los formatos y los medios. Y tienes razón en que es muy sorprendente que la gente no entienda esto. Pero, por ejemplo, está Alberto González Vázquez que tiene su trabajo en El Intermedio y es una persona que crea contenido específico para internet. Mucho. ¿Por qué lo hacemos? Porque nos gusta y mientras tengamos nuestras facturas cubiertas, ¿por qué no seguir creando?

    -Hablemos de tu libro. Hay conexiones con el hilo de Twitter. Por ejemplo, la autoficción. ¿Por qué querías llevarlo al formato novela?
    -La autoficción me atrae mucho en este momento. Pensaba que la historia conectaría bien con el público si yo era protagonista, así que por eso en la novela me dirijo al público desde la primera a la última página. La novela me ha demostrado a mí mismo que estoy en este momento y que necesitaba explorar este estilo de autoficción. Esta parte formal. Si en algún momento tenía que hacerlo era ahora. Y lo que tenía en la cabeza era una novela y no una serie o una película, porque, no del todo formales, ha habido propuestas para hacer cosas…

    -Para quienes te conocen del viral veraniego, la novela tiene muchas concordancias. La principal es que sus frases podrían caber en un tuit tras otro y que, de alguna manera, podría haberse publicado también de manera secuencial.
    -Pero tenía que ser una novela. No podía ser un hilo de Twitter. Tengo clara que la historia tenía que tener este formato clásico que era nuevo para mí así. Escribí una novela hace un tiempo y la releí hace unos meses. Me di cuenta de que, aunque la historia me gusta y quizá la retome algún día, estaba intentando forzar un estilo que no me resulta natural. En El otro Manuel utilizo el estilo que surgió con el hilo de Twitter. me da la sensación de que con ese mismo estilo el lector se siente muy próximo a la historia y que puedo interpelarle e integrarle en lo que sucede. Como te decía, ahora mismo estoy en ese punto.

    -Lo que queda claro es que la historia de este libro no hubiera podido tener forma de cómic o de película.
    -De ninguna manera. No obstante, yo tengo la necesidad de adecuarme al medio en el que estoy. Entender su lenguaje y como se recibe. Eso es muy importante. 

    -No obstante, hay sedimentos.
    -Eso es lo mejor de nuestro trabajo: nos acabamos trayendo cosas de un medio al siguiente. Vamos arrastrando un poco de cada una de las disciplinas. A mí me hace gracia recordar que la novela se ha intentado matar cada vez que ha aparecido un nuevo arte narrativo; lo que yo creo es que la novela se ha beneficiado de esas apariciones, porque se ha ido nutriendo de otras formas de contar historias que han sido posibles de convivir con su formato.

    -Hay algunas trazas que sí están presentes en toda tu obra anterior y actual. Quizá, especialmente en estas últimas construcciones. Una de ellas es la identidad. Tu interes por la creación de la identidad propia, la percepción de la misma, la identidad colectiva…
    -Me atrae desde siempre este tema. Y es cierto que creo que estamos en un punto propicio para que estos temas resulten de mayor interés por la exposición del ‘yo’ de la que te hablaba antes. Me impresionó mucho cuando estuve presentando mi película en el Festival de Cine de Málaga. Allí todos los profesionales dormimos en el mismo hotel y va mucho famoso televisivo, así que la ciudad se vuelca a esperar a la gente a la puerta del hotel porque sabe que verá a muchos. Y es una cosa muy graciosa que sucede cuando no eres nadie y vas allí a presentar tu película: la gente te ve salir con traje de chaqueta, ir a uno de los coches oficiales, y te gritan: <<¿quién eres?, ¿quién eres?>>. Más allá de que contestes, saludes o lo que sea, a mí me sirvió mucho esa pregunta. Porque te preguntas, ¿quién coño soy? ¿Qué hago aquí? ¿Esto es ficción? ¿Soy yo? ¿Qué está sucediendo realmente? ¿Estoy interpretando un papel que yo he visto antes hacer a otros? Hay una cosa a la que no le damos importancia y que es crucial: somos una raza animal basada en la ficción. Los códigos con los que vivimos, como nos relacionamos, con los que construimos nuestra identidad y seguimos adelante cada día, están inventados. No son reales. Son la ficción. Le hemos dado un valor a unos papeles a los que llamamos dinero. Casi todo a nuestro alrededor se ha ido construyendo con códigos de ficción. Nos cimentamos en ficción y acabamos siendo ficción. Ahora llegan las redes y te ofrecen mostrarte. Lo haces y piensas, ¿pero quién soy? Soy la persona que muestro en las redes o la que conocen sus amigos. Desde hace tiempo pienso que dentro de poco veremos toda esta época de inicio de internet como aquella en la que un niño empieza a andar. Porque todavía no somos del todo conscientes de lo real que es la vida en internet. No hay barrera y allí también acabamos siendo lo que hacemos. 

    -Es posible que al estar cimentados en la ficción, para no pocos asuntos necesitemos de ficción para entender nuestro entorno. ¿La ficción ocupa espacios de conocimiento y comprensión que no puede alcanzar la información?
    -Te lleva a plantearte cosas que quizá no puedes plantearte solo con el relato de los medios. El viral del verano pasado generó muchas conversaciones a su alrededor con gente que no se creía lo que pasaba y otra que le daba crédito con los detalles que iba aplicando a la historia. Lo cierto es que yo no tenía pensado incluir ninguna moraleja, pero con tanta atención, surgió; lo hice: en uno de los últimos mensajes puse ‘no es obligatorio creerte todo lo que veas en internet. De alguna manera les estaba diciendo, si te has creído todo esto, es momento de que desarrolles un posicionamiento crítico con lo que consumes en internet. Como por ejemplo ese ejercicio que muchos hacemos de generar un juicio a partir de un titular. A veces, lees la noticia y el cuerpo de texto desmiente al titular. Esto es algo que sucede porque en el caso de los medios vivimos una época amarillista muy complicada. Por eso, hay rincones en los que la ficción puede funcionar mejor. 

    -Otra traza presente en la novela y en toda tu obra es el humor y me pregunto hasta qué punto crees tú que es esencial para un relato de autoficción. Es decir, si más allá de tu obra, no crees que es insoportablemente inverosímil que un drama que no contenga ni un centímetro de humor.
    -Es totalmente así. Nunca me creo un drama si no tiene algo de humor. La vida no es así. En lo trágico hay siempre humor. Alguien que tropieza o, peor, alguien que dice algo muy inapropiado y te conduce a la risa. Pienso lo mismo al contrario: no hay comedia sin tragedia. Las buenas comedias siempre tiene parte dramática. El humor es algo que me encanta, no obstante. ¡Tengo un sello editorial de cómic que solo se dedica al humor! En la serie de verano era consciente de que, de repente, era importante dar un golpetazo con un chiste para alimentar al lector. Tengo comprobado que sirvió para que la gente se enganchase aún más. 

    -¿Cómo has gestionado la fama?
    -Con humor, precisamente…[ríe]. Cuando sucedió me planteé qué hacer con tanto seguidor y la conclusión lógica fue: sigue, haz lo que ya hacías y nada más. Mis intereses van por otros lados y no estoy escribiendo esas historias todo el tiempo.

    -¿Te da miedo quedarte dando vueltas al fenómeno y que dentro de 10 años te sigan preguntando por el hilo de Twitter?
    -Ahora lo entiendo. La novela toma como punto de referencia lo sucedido. Si dentro de 10 años seguimos hablando de ello y yo he seguido creando, será preocupante [ríe]. Ahora es de lo más normal que todo el mundo hable de ‘el otro Manuel’.

  • Flavita Banana: «¿Quién quiere ser coherente toda su vida?»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El próximo sábado Flavita Banana recogerá el Premio Humor Gráfico 2017 de Splash! Sagunt, el festival de cómic de la Comunitat Valenciana. El reconocimiento se suma a muchos otros, entre los que destaca el apoyo diario del público que Flavia Álvarez-Pedrosa(Barcelona, 1987) se ha granjeado en los últimos tres años. Su obra maneja una fórmula exacta para definir un mundo de personajes imperfectos y ambientes caústicos; el mismo mundo en el que vivimos deshojado por un humor que que suena a puñetazo de realidad. Una alquimia que cuenta con textos milimétricos, de apenas unas pocas palabras (y a veces ninguna), y un trazo sencillo de tinta negra sobre fondo blanco. 

    A veces visceral, a veces sensible, a menudo irónica, también sardónica, pero nunca críptica, sus dardos se clavan con facilidad en una audiencia dispar que crece como la espuma. Sin embargo, su éxito va más allá cuando sus publicaciones se convierten en símbolo de identificación. Autora para medios como S Moda, El Salto, Orgullo y Satisfacción o Mongolia, sus libro Las cosas del querer (Lumen) y Archivos Estelares (Astiberri) son dos de los álbumes de humor gráfico en castellano más vendidos de los últimos tiempos pese a que solo cuentan con unos meses de vida.

    -En el pasado era habitual ver viñetas convertidas en pancartas durante algunas manifestaciones. Por ejemplo, de El Roto por el ‘No a la guerra’ de 2004 o en la Huelga General de 2012. El pasado 8-M sucedió lo mismo con algunos de tus trabajos y en muy distintas ciudades. ¿Qué te pasa por la cabeza al ser consciente de ello?
    -Hay una dualidad bastante fuerte en torno a esto. Por un lado, mi parte más emocional está encantada. De alguna manera me siento muy bien al pensar que he podido ayudar a generar un lenguaje con el que la gente conecta. ¿Qué he podido aportar? Una herramienta, un detonante. Algunas imágenes han supuesto un detonante, creo. Son resúmenes de lo que la gente ya pensaba o sentía. Por otro lado, en mi parte racional, siento una presión enorme. Mi objetivo nunca ha sido el de ser la líder de nada o generar una narrativa adoctrinante. Quien esté de acuerdo con mi trabajo y quiera, que lo difunda, pero parece que se me vaya adosando una responsabilidad…

    -¿Y cada vez pesa más?
    -Mucho más. Lo noto más. Noto la presión de tener cada vez más cuidado con lo que digo porque, de alguna manera, sabes que se está esperando de ti en ciertos aspectos.

    -¿Incluso como para pensar que el reto, ahora que ya eres una autora consolidada, se ha convertido en seguir aprovechando todo el ancho de libertad disponible?
    -Exacto. Y soy muy consciente, ¿eh?, que a ver si ahora por tener la posibilidad de expresarme voy a convertir toda la capacidad en una fórmula maniatada porque se espera de mí que dé con la fórmula exacta. 

    -En esas imágenes de las manifestaciones, pero también en el público que te sigue y que comparte tus ideas, hay una transversalidad generacional muy amplia. ¿Hasta qué punto el humor tiene esa capacidad de tocar todas las paredes a la vez?
    -El humor es el lenguaje que demuestra cierta madurez. Y hablo de humor y no de mofa, de manera consciente. El humor denota que alguien ha entendido totalmente todos los elementos que le rodean y es capaz de hacer malabares con ellos. Hay muchas maneras de hacer humor. También con mofa, de una manera sarcástica, con maldad, un humor sano… El humor tiene esa capacidad de llegar a todo tipo de grupos a la vez, de arriba hasta abajo y de un lado u otro. Esa es su gran capacidad para generar un diálogo agradable entre unos y otros que a través de este lenguaje demuestran que pueden reír las bromas propias y ajenas.

    -Hablábamos de tus viñetas como un mensaje referencial para algunas reivindicaciones, pero cada vez más te invitan a dar charlas en aulas. ¿Cómo las afrontas, sabiendo que hace apenas unos años estabas ahí? 
    -Lo cierto es que cuando doy charlas a estudiantes, en general, soy bastante crítica con el sistema educativo. No creo en las jerarquías ni en la autoridad. No creo en el sistema de autoridad por el cual 30 personas creen a pies juntillas la opinión de una sola. En el caso de las escuelas de arte, creo que no hay mucho problema. Lo importante para un estudiante de arte es salirse de la norma, que tenga el culo inquieto. Es cierto que a veces se ha dado la situación de tener a los profesores y decirles a los alumnos, ‘eh, oye, no le hagáis caso a estos cuatro que están aquí’ [ríe]. Pero los profesores de una escuela como la Massana [donde ella estudió] lo entienden perfectamente. No creo en la autoridad, pero sí creo en la experiencia y creo que es muy importante dar pasos escuchando a al gente que sabe cómo ayudarte a mejorar. Es importante atravesar unas bases formativas para acabar haciendo lo que te de la gana. Si quieres dibujar mal, como yo, primero hay que dibujar bien. Pensando en esto te diría que a la vez que cada día hay más dibujantes y que es un oficio reconocido por su presencia en las redes, puedes distinguir con facilidad quién ha estudiado arte y quién no. 

    -En tu propuesta artística el dibujo es un trazo sencillo, algo que ayuda a generar ese impacto único con unas pocas palabras o frases. ¿Hasta qué punto crees que la sencillez de tu dibujo ha ayudado a que alcances a un público tan masivo?
    -Las causas de esta proyección son varias. En efecto, hay una parte importante de economía del esfuerzo, de tiempo, de cierta vagancia e impulsividad a la vez por mi parte. La necesidad más real es que he necesitado ver plasmada la idea de una manera rápida. Necesito sacarlo. Con el tiempo esta rapidez se ha convertido en algo placentero. El gesto mismo con el pincel y la tinte me resulta muy agradable. Por eso la intención inicial no está marcada por la vagancia, aunque la haya, sino por conocer también al espectador en su vagancia. Una vagancia de consumo que es general y que es natural. Leer imágenes también es todo un esfuerzo, así que, cuanto más sencillas sean, cuanto más directas, antes habré captado su atención. 

    -¿Cómo empezaste a reducir textos en las viñetas? ¿En qué pensaste?
    -Antes había mucho más texto, algo que también me llevaba a un relato más autobiográfico a partir de los detalles. Fui destilando y me di cuenta de que si lograba resumir esas ideas tan largas podía alcanzar pequeñas verdades más amplias. Así, poco a poco, fui desprendiéndome de todo lo accesorio. 

    -No sé si sabrías porcentuármelo, ¿pero hasta qué punto la poda, la resta, es esencial en tu trabajo?
    -Es la base porque todo parte de una idea general. Vamos a poner un ejemplo: el hecho de que, al inicio de una relación, las pequeñas cosas en tu pareja son las que inicialmente te resultan atractivas y a medida que el tiempo pasa son las cosas que más te molestan. Esto pueden ser un porrón de palabras, pero lo único importante esa la idea general. Así que yo me apunto eso y voy dándole vueltas durante unos días en mi cabeza. En dos o tres tengo una frase que pueda funcionar con la imagen casi como un proverbio.

    -O como un tuit…
    -Digo proverbio porque soy muy vieja. ¡Soy más vieja de lo que me pintan! [ríe].

    -¿Hasta qué punto necesitas soledad para ese trabajo proverbial?
    -Hasta un punto muy alto. Necesito soledad para crear. Cuando ya tengo la idea bastante formada y sé cómo lo quiero dibujar, en ese momento en el que estoy volcando, ahí hay como una hora u hora y pico en el que necesito que ni me toque nadie [ríe]. Me pongo bastante… yo, conmigo, dentro… y necesito absoluta soledad y silencio. Eso y mucho papel. 

    -Hace 12 meses estabas promocionando Las cosas del querer y en algunas entrevistas apuntaban a la idea de que, apenas 12 meses antes, a inicios de 2016, eras una desconocida en el humor gráfico. Tú misma eres consciente del crecimiento que has tenido durante 2017. ¿Te preocupa la manera en la que gestionar el foco de atención como creadora que hay sobre ti?
    -Creo firmemente en que todo es cíclico. José Luis Sampedro, al que seguía como novelista y que era economista, recalcaba mucho la idea de lo cíclico. El último año ha sido vertiginoso, así que ser consciente de esa idea de ciclo da bastante comodida y confort después del ajetreo. Ahora estoy en la curva descendiente de ese ciclo. Yo misma estoy harta del foco que tiene que ver con dar la cara por lo que hago, de estar en bocas… de lo que no estoy harta es de dibujar y de crear. Ahí la curva no es ni un poco descendente. Reconozco que soy yo misma la que está provocando cierto freno para ganar más tranquilidad. Tranquilidad para poder crear más.

    -Además, se te atribuye el papel de tener en posesión una voz generacional. ¿Es una reducción de los medios? ¿Qué opinas tú?
    -Es una reducción de los medios, sin duda. Limita muchísimo y no es cierta. Desde que empecé a dedicarme al humor gráfico he hecho temas muy generales. He trabajado para prensa y medios grandes en los que he hablado de todo, pero ha habido siempre cierta atención por señalar o destacar más aquellos dibujos en los que hablaba de feminismo. Para algunos todo se ha reducido a eso y para mí era una posibilidad más con la que me siento muy cómoda, hablando de feminismo o de cómo nos sentimos las mujeres con nuestro cuerpo… He publicado y publico viñetas de política, de actualidad, de vida y de muerte, de relaciones de pareja… Esa es otra, que cuando publicas algo sobre relaciones de pareja, parece que estés hablando de un tema de mujeres. ¡Que es de todos! [ríe]. Pero, en fin, si hay una parte de la población que necesitaba esa imaginería feminista o generacional y la interpreta así, yo contenta con eso. 

    -Lo que pareces haber demostrado es que había una serie de sensibilidades que necesitaban un discurso…
    -No sé si es un nicho, si es algo cuantificable. No hay una respuesta correcta respecto a temas como el feminismo, porque cualquier voz que se exprese en torno a ello, para mí, puede ser interesante. Para el feminismo hay tantas respuestas como personas.

    -Es posible que en tu caso hayan encontrado una aceptación de las contradicciones que genera y un relato coherente entre sí.
    -La falta de coherencia con respecto a estos temas, al feminismo o las percepciones de las personas con su propio cuerpo, son de lo más naturales. Nuestro problema es vivir y creer en que es posible un sistema estructurado, fijo. El sistema perfecto es incorrecto, es imperfecto. Por eso estoy en contra de cualquier liderazgo, de las categorías y de todo lo rígido. Todo lo que nos viene dado como sociedad, por motivos estructurales, por esa jerarquía rígida, es patriarcal. Esa idea es la que nos lleva a asociarlo a lo masculino. Me gusta hacer hincapié en esto porque el feminismo, la idea de un cambio es para generar una sociedad con más aceptación, con más capacidad para la contradicción, para entender que hay ideas distintas que se deben conciliar, que no hay un mundo correcto y otro incorrecto, sino que hay amor en un sentido de capacidad de aceptación general. Con temas que parecen más puntiagudos, como puede ser el feminismo o la imagen de uno mismo, la coherencia en gran medida parte de decir, ‘eh, si tú estás bien, todo está bien’. Todavía seguimos estructuras demasiado rígidas y me gustaría que la gente se relajase. Las cosas cambian y la coherencia es un concepto absurdo. ¿Quién quiere ser coherente toda su vida? ¿Qué normas te vas a echar encima para meterte en ese baúl.

    -Es cierto que las redes se han convertido en un arma para cualquier ilustrador, pero en tu caso, con esa capacidad de contactar con un público tan diverso, son un filón para la difusión de tu obra. También están blindadas a la publicidad o a los trabajos para terceros…
    -¡Me alegra que te hayas dado cuenta! Rechazo toda la publicidad y eso quiere decir que rechazo la riqueza. Las ofertas son astronómicas y cada vez más, por esa negación, precisamente. Pero las redes son el salón de mi casa. Es mi perfil, es mi cuenta y ahí estamos todos. Por el bienestar y disfrute de los demás y del mío propio, me niego a ganar dinero con otras personas porque las ofertas para ese uso nunca son porque les interese tu trabajo, sino tus seguidores.

    -Este fin de semana estarás en Splash! Sagunt recogiendo el Premio Humor Gráfico 2017. ¿Cómo te hacen sentir este tipo de reconocimientos?
    -Muy contenta, la verdad. Tanto a nivel personal, individual, como por el hecho de que se reconozca a alguien joven y que además es mujer en una categoría general en relación al humor. Durante mucho tiempo ha parecido estar dedicada solo a hombres. 

    -En tu caso apenas hace unos años que decidiste dedicarte al humor gráfico. Si nos lee alguien que, como tú, haya estudiado arte y diseño y está pensando en dar ese paso, ¿qué ingredientes debe incluir en la fórmula?
    -Si hay varios ingredientes en la pócima, el principal es tener humor y eso sé que lo tienes o no. En mi caso el humor siempre estuvo ahí. Del momento en que eso se canalizara a través de las viñetas hará solo tres o cuatro años…, pero había materia prima.

    -Hay mucha gente en el mundo que tiene esa capacidad con el humor, ¿pero cómo se trabaja?
    -Es cierto que, afortunadamente, mucha gente en el mundo tiene una vis cómica. Pero que eso funcione más allá, que tenga en cuenta una serie de normas o técnicas para que a nivel gráfico funcione, hace falta un proceso de formación. Es una vis que se alimenta, sobre todo, de consultar una y otra vez con los maestros 

    -Entre la más reciente generación de viñetistas hay autores que confiesan no haber consumido prensa diaria. ¿Cuáles eran esos referentes?
    -En mi caso siempre iba tratando de ver las viñetas de los periódicos como fuera. Era consciente del oficio y me flipaba, especialmente en diarios generalistas. Pensaba que había ahí alguien que se dedicaba a hacer un dibujo cada día o cada semana. Más allá de eso, sí he sido una gran consumidora de humor gráfico. Mucho más que de cómic o novelas gráficas, ahí no… Pero de humor gráfico, sí. De Quino, Sempe…

    -¿Y por qué autores harías una cola para escuchar una conferencia o recibir un autógrafo?
    -Pienso en los viejos siempre… Maitena, seguro, y Claire Bretécher. No me gusta la autoridad ni la idolatría, pero hay algunas personas como ella con las que sé que me quedaría en blanco si tuviera la oportunidad de hablar con ella. Tengo pocos ídolos y casi todos ya están muertos… 

    -Por cierto, alguna vez has comentado que no estabas cómoda con el heterónimo de Flavita Banana. ¿Ahora que tienes tanto músculo comunicativo propio, darías el paso?
    -Uf… es que mis apellidos no los quiero usar y cambiarlo requiere mucho esfuerzo. Mi nombre a secas tampoco puedo [Flavia], porque ya estarán todas las redes sociales cogidas… He ido aceptándolo y no tengo mayor problema, salvo cuando alguien se dirige a mí y me llama Flavita, ¡a la cara! Y eso pasa demasiado a menudo… [ríe].

  • Paco Roca y José Manuel Casañ: «Han hecho falta 30 años para que la música y el cómic nos hayamos vuelto ‘a hablar’»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com junto a Javier Cavanilles

    Paco Roca y José Manuel Casañ son amigos, aunque no de aquellos ‘de toda la vida’. Ramón Palomar les unió hace años en las tertulias de Abierto a Mediodía (99.9 fm València), el programa en el que aúna a los nombres propios con más genio de su generación. Allí las discusiones se convirtieron en opiniones compartidas para, más tarde, extender la conversación en la linde que une a un autor con vocación diurna y a otro de pasión nocturna: la sobremesa. 

    En el extinto y añorado restaurante Chez Lyon idearon un álbum de música y otro de historias gráficas. Juntos, pero retroalimentados. El primero estaba llamado a dominar al segundo, tras elegir 11 estilos en torno a los que Seguridad Social haría su particular homenaje a las músicas –y personajes– que han determinado su carrera. Sin embargo, Roca, motivado por someterse a un proyecto totalmente distinto a su marca, arrastró a Casañ hasta un terreno más arriesgado y experimental para ambos. Ese lugar es La encrucijada (Astiberri, 2017).

    Roca ha sabido insertar su estilo desnudándose a sí mismo y a su compañero de aventura, pero sin quedar en evidencia. Construye todo a partir de sus dudas con el proyecto, con el interés que puede tener para nadie su visión sobre los universos de la historieta y de la música. Inicia y culmina un recorrido metalingüístico de las disciplinas y, de paso, eleva a un escalón superior el LP más conceptual de Seguridad Social. Porque, pese a sus muchos recopilatorios en el mercado, ninguno recopila de mejor manera su deambular musical durante casi 40 años de aprendizaje.

    El resultado les desborda como referentes. Está más allá del interés propio de sus seguidores en el mundo del cómic o la música. La admiración entre ambos creadores, la retroalimentación entre disciplinas, la inquietud por el arte y su historia, el peso de las industrias y su bulimia, pero sobre todo el poder infinito del mestizaje cultural son los principales ingredientes de un potente disco-cómic. Aprovechamos su lanzamiento para escucharles conversar, continuando con esa escena de diálogo constante en la obra. Una conversación a la que se suma Miguel Perelló, director y productor del documental paralelo Crossroads que se proyecta este fin de semana en los cines ABC Park.

    [Llegan hablando. Siguen haciéndolo tras las fotos. Continúan después de acomodar los abrigos sobre las estanterías Casa del Libro. Ni siquiera hay una primera pregunta, así que dejamos que todo suceda en estilo indirecto].

    -Paco Roca: «Las distribuidoras tienen mucho poder. En la música y en los libros. En La encrucijada está reflejado eso, ¿no?, que el público mira el precio del libro o del CD y piensa, ‘joder, cómo se lo están llevado estos, tal…’. A los autores les llega una pequeña parte. A mí un 10%».

    José Manuel Casañ: «A mí eso o menos. ¡De los que se venden!».

    Paco Roca: «Por suerte me hice amigo de los familiares de Escobar [José Escobar Saliente, autor de series míticas como Zipi y Zape o Carpanta] y me enteré que recuperaron los derechos cuando Ediciones B compró los editoriales. Hasta ese momento, cada vez que se hacía una peli o un videojuego, la editorial les daba lo que les parecía bien porque, contractualmente, era 0″.

    José Manuel Casañ: «Ni pedirles permiso o revisar lo que estaban haciendo con sus personajes».

    Paco Roca: «Bueno, vosotros tenéis lo de los derechos de autor, que cada vez que suena una canción en la radio o la ve mucha gente en un concierto, aumenta los beneficios. Aquí lo de los royalties…».

    José Manuel Casañ: «¿Ves?, pero ahora nos hemos equilibrado todos, porque como ya no vendemos discos…».

    -Paco Roca: «¡A la baja! [ríen todos]. Claro, habéis tenido que bajaros para que nos igualemos. ¡Ya podía haber sido al alza, no? Bueno, es que… pero mira, eso sí tiene de bueno. En los 80, en València mucho, pero en más sitios, el cómic era undeground y la música undeground era muy popular. Estaban súper relacionados».

    -José Manuel Casañ: «Totalmente. Mira los fanzines, que eran súper importantes y me encanta que ahora estén resurgiendo».

    -Paco Roca: «Han hecho falta 30 años para que la música y el cómic nos hayamos vuelto ‘a hablar’. Porque después de la dictadura las disciplinas convivían por completo. El cine, la música, los cómics. Pero la música undeground empezó a popularizarse más y más. Los grupos como Seguridad Social ya pasabais a vender decenas de miles. Luego, cientos de miles. Tú sabes que si entonces vas a la discográfica y le dices, ‘no, oye, que es que voy a hacer un disco conjunto con un dibujante que va a hacer un cómic y los vamos a vender a la vez…’. Nada, te hubieran dicho que te olvidaras de todo esto».

    «EL FUTURO PARA LOS MÚSICOS VA A PASAR POR FORMAR PARTE DE ALGO ASÍ COMO UNA DE ESAS ESCUDERÍAS. SER DE SPOTIFY, DE NETFLIX…», JOSÉ MANUEL CASAÑ

    -José Manuel Casañ: «Aquí también podemos hacer la lectura de que estamos volviendo a cierto origen. Fíjate: la música grabada nace para vender tocadiscos. Robert Crumb lo explicaba en Mis problemas con las mujeres, ¿no? [Roca asiente sonriendo y sabe la anécdota que se avecina], en aquel relato del amante de vinilos antiguos y tal. En Estados Unidos, antes de la Gran Depresión, durante los años 20, los afroamericanos ya pueden comprar tocadiscos. Hay que vender tocadiscos. Entonces, emborrachan a unos cuantos artistas, les llevan a Chicago, graban sus canciones y a vender tocadiscos. Fíjate, fíjate: de repente, la música, poco a poco, empezó a poder volar por sí misma y salir del lugar donde muchos la reconocíamos todavía, de las cajas de vinilos en las tiendas de electrodomésticos, de venderse la música entre lavadoras. Bueno, pues estamos volviendo a pararnos… en otro sitio. Tú lo explicas muy bien en el libro…»

    -Paco Roca: «Sí, vamos, que ahora los vendetocadiscos son Apple, Netflix, Amazon, Telefónica, Spotify…»

    -José Manuel Casañ: «De hecho, yo creo que el futuro para los músicos va a pasar por formar parte de algo así como una de esas escuderías. Ser de Spotify, de Netflix… ellos producirán. Hemos pasado de los vendedores de electrodomésticos a los de conexiones, pero de verdad que no está tan lejos».

    -Paco Roca. «Entonces o ahora, de lo que soy consciente es de que Seguridad Social ha formado parte de algo así como la banda sonora de mi vida. Por eso la inquietud también, que hay tanto de admiración, de tratar de entender las fobias o las formas de alguien que crea algo que para mí es un poco un terreno mágico. Creo que se aprende mucho de ver cómo otro autor enfrenta esas disciplinas, cómo lo vive y por qué vive de ello. Para mí esto también ha sido el lujo de sacar la cabeza del estudio y observaros, ver cómo funcionáis».

    -José Manuel Casañ: «Y la conclusión es que no es tan diferente el espíritu creativo. Tenemos los mismos problemas y partimos de la misma soledad, aunque yo luego tenga a la banda en el estudio para arroparlo con arreglos».

    -Paco Roca: «Yo invertí el dinero del Premio Nacional en crear mi estudio ideal, para estar tranquilo, donde trabajo en soledad…»

    -José Manuel Casañ: «¡Yo el dinero me lo fundí en viajes!» [todos ríen].

    -Paco Roca: «Es muy curioso que las ideas al final siempre surjan en soledad, ¿no? Un papel o una guitarra, de día yo, de noche tú… Luego tú puedes hacerlo crecer con la banda, eso sí. Yo no tengo ese apoyo. De nadie. Y creo que eso me hace mucho más dubitativo porque no tengo a nadie que me dé una opinión sincera».

    «CON LOS AÑOS TE DAS CUENTA DE QUE LO IMPORTANTE ES TENER UNA MIRADA PROPIA DEL MUNDO. A PARTIR DE AHÍ, PUES YA VENDRÁ LO DEMÁS», PACO ROCA.

    -José Manuel Casañ: «Es importante que las tengamos porque somos muy permeables, ¿sabes? Me he dado cuenta de que dejamos que muchas cosas nos influyan. Nos influyen muchos mundos constantemente, porque leemos y escuchamos mucho y nos dejamos apasionar. ¿Entonces, qué es La encrucijada? Bueno, sé que este mismo cómic y este disco dentro de cinco años o dentro de 10 hubiera sido completamente otro. Solo somos dueños del momento actual».

    -Paco Roca: «Nos dejamos influir, pero tampoco es preocupante… Bueno, me preocupa transitar el mismo camino que alguien haya transitado exactamente. Por ejemplo, cuando estaba terminando La casa leí La isla del padre de Fernando Marías, que es amigo, y le dije, ‘joder, Fernando, creo que me has jodido el cómic’. Me dije que era absurdo, y tiene razón, porque mi padre, nuestros momentos y nuestras circunstancias nunca podían haber sido los mismos».

    -José Manuel Casañ: «Cuando empecé en la música yo estaba acojonado con eso. Se me ocurrían tantas canciones y con tanta facilidad que me daba pánico que ya existieran. Que aquello lo hubiera escuchado en otro sitio. O la idea, o el título, o el tema tratado. Claro, si te pones así, temas o títulos, habré repetido 40.000 sin saberlo. Pero tenemos claro que el inicio de la carrera de todo artista debe partir de imitar a tus maestros. Si sigues investigando, adquieres personalidad. Pero no debes engañarte, nunca nada sale de la nada; nunca nada te llega de ningún lado».

    -Paco Roca: «A mí me pasa que voy a dar charlas a los institutos, a Bellas Artes, a sitios… y siempre percibes que la inquietud del joven ilustrador, su principal obsesión, es encontrar un estilo propio. La idea de tener un grafismo que se reconozca enseguida. En la novela gráfica, ser [Mike] Mignola; en el humor, ser Forges. Con los años te das cuenta de que eso no es lo importante. Lo importante es tener una mirada propia del mundo. A partir de ahí, pues ya vendrá lo demás. Porque el estilo puede ir cambiando. El Roto no es el roto por su grafismo; El Roto es El Roto por su forma de ver las cosas. Podría cambiar de estilo gráfico progresivamente y seguiría siendo El Roto».

    -José Manuel Casañ: «Lo que sí que no puedes negar es que sí que pesa la madurez, porque da seguridad, porque da intención, porque eres más consciente de lo que estás haciendo o de lo que sigues estudiando. También para divertirte de otra manera,… no sé. El disco de La encrucijada ha sido muy divertido. Abordar los estilos puros, para contar una época, un personaje. No he tenido miedo a caer en el cliché porque soy muy atrevido, pero creo que si que he marcado distancia a que la canción no acabara siendo un tópico. Es difícil, porque si quieres hablar de Santana tiene que sonar a Santana; lo mismo con Bob Marley».

    «LA MIXTURA ES LO IMPORTANTE AQUÍ: LA MIXTURA EN LOS ESTILOS QUE SE REFLEJAN EN EL DISCO Y LA MIXTURA EN LAS REPRESENTACIONES DEL CÓMIC», JOSÉ MANUEL CASAÑ

    -Paco Roca: «Hemos elegido, en cualquier caso. En cada momento de la historia de la música con un artista determinado. En el soul dudamos con James Brown o Sam Cooke, pero nos quedamos con Cooke».

    -José Manuel Casañ: «Es un lujo hacer este tipo de elecciones en un proyecto tan bonito. Tengo la sensación de haber estado preparándome para este disco toda mi vida. Y mira que he arriesgado en la vida, que me he dado hostias bonicas, pero pienso en todas las etapas de nuestro aprendizaje como Seguridad Social y… está todo ahí. Cuando he imitado a los Clash, a los Pistos o a los Ramones y, de repente, te encuentras en Francia haciendo una gran gira y dices… ¿bueno, pero qué estoy aportando yo  a todo esto? Entonces te das cuenta que no solo está bien que escuches a Peret, sino que tienes la gran posibilidad de mezclar el punk y la rumba. Y así es como nace ‘Chiquilla’. Un trabajo que antes, por otros derroteros, ya habían probado Veneno, Smash o Garrotín, cada uno con lo suyo. Aquí en el disco se ven todas esas estaciones de paso. Ninguno de los estilos deja de ser una mezcla de muchas mezclas anteriores, algunas que vienen del folk irlandés y de una música negra, todo a la vez. La mixtura es lo importante aquí: la mixtura en los estilos que se reflejan en el disco y la mixtura en las representaciones del cómic que has hecho para cada estilo».

    -Paco Roca: «Y la historia de cómo lo hemos hecho, porque fui yo el que decidí que las interminables conversaciones de trabajo en realidad eran lo que daba apoyo a que ‘hablásemos’ de toda esta música. Y el estudio de grabación como un espacio de creación que era todo un hallazgo para mí. Ver cómo se enriquece la canción… ¡en el cómic no hay nada de eso! Tú empiezas y tú acabas. Claro que, no hay interferencia de nadie. Los músicos lo hacen crecer como se ve bien en el documental de Miguel. Luego está el momento de interpretación con el público, otra vuelta de tuerca más».

    -José Manuel Casañ: «Menos mal que apareció Miguel para completar la tercera pata del audiovisual. Porque si bien es cierto que la música desde que nació MTV está huérfana si no va acompañada de vídeo, que parece que ni existes, teníamos el grandísimo riesgo de caer en el topicazo de hacer once canciones y once videoclips. Si el concepto era tan diferente para nosotros, para el vídeo también tenía que ser diferente. Menos mal que apareció Miguel y decidió él lo que había que hacer con eso».

    -Miguel Perelló: «Bueno, la película es precisamente esto: recoger esas conversaciones que unen a personas distintas, en facetas distintas que se unen para comprenderse. Hemos añadido las conversaciones de otros que son especialistas o amigos, pero que han aportado mucho».

    -Paco Roca: «Menos mal que optamos por recoger el espíritu de las conversaciones, porque el germen eran once relatos, ¿eh? 11 canciones, 11 historias».

    -José Manuel Casañ: «Has logrado que la melodía del libro sea la conversación. ¡Que hemos hablado de Sócrates a Calpurnio!» Hemos hablado de todas las etapas y estilos, de cómo llega George Harrison descubre el sitar y el impacto que tiene esto a partir del los Beatles… Lo único, claro, es que aquí me has dejado en pelota viva. O sea, yo en Seguridad Social siempre interpreto con cierto velo. Siempre hay una pátina. No soy yo el que se representa, pero en el cómic, tanto tú como yo aparecemos tal cual nos expresamos. ¡No soy un personaje!».

    -Paco Roca: «Tú sabes que La encrucijada es algo que solo podríamos haber hecho juntos. No hubiera salido de otra manera. Nunca hubiéramos llegado a algo así en solitario, cada uno en lo suyo. ¡Como Mick Jagger y Keith Richards en los Rolling Stones, que pueden ser muy buenos individualmente, pero llegan a donde llegan solo con los Rolling! [ríen todos]. Sabes que en todo esto de la creación artística siempre hay algo de azar…».

    -José Manuel Casañ: «[Interrumpe] ¡No creo en el azar! Como mucho creo en el azahar».

    -Paco Roca: «¡Pues en este proyecto había azahar, entonces!».

    -José Manuel Casañ: «También había azahar en los 80 en España. Esto que nos pasó aquí.. aquí que debió ser el único lugar en el mundo en el que a la vez, de golpe, como veníamos de lo que veníamos, se juntaron rockersmodsskins, nuevos románticos… y teníamos que convivir todos. Nos mirábamos mal, cada uno con sus pintas, pero teníamos que convivir en los mismos espacios porque éramos cuatro en cuatro sitios». 

    -Paco Roca: «Todo era undeground en aquel momento. Todo era menos pretencioso y creo que se tomaba todo menos en serio. Todas las disciplinas, en el mejor sentido, se tomaban menos en serio. Las industrias culturales no estaban desarrolladas y había una especie de romanticismo y colaboracionismo que fue muy fértil».

    -José Manuel Casañ: «Es la viñeta del Big Bang que está en el libro. Pero bueno, yo puedo decir que en ese momento de crecimiento, de industria, yo no dejé de ser 100% libre en cuanto a independencia artística. Siempre he tenido libertad con una gran compañía en España o con una multinacional. Optamos por DRO-Gasa y nos fue mejor que con una multi, ojo, porque pensamos que una grande en España podría encontrar relaciones con otras similares en cada país y llegó un momento que vendíamos más en Francia que en España [Introglicerina, 1990]. Luego nos absorbió Warner y las relaciones internacionales fueron a peor porque ahí dependía de que le gustara al tipo de Warner México. Mira que, cuando sucedió, pensé ‘bueno, oye, a lo mejor es el momento de estar en una multi’, pero nada. Fue muy frustrante».

    -Paco Roca: «Era un momento muy potente para vosotros, recuerdo. También con algunas canciones que que a lo mejor hoy os llevarían a la cárcel».

    -José Manuel Casañ: «A mí y al que me retuitee. Que nadie ponga nada de eso que va al talego. Pero tiene que ver con la viñeta del Big Bang tan buena, que nosotros queríamos romper con lo establecido y veníamos de dónde veníamos. Por eso creo que en aquel momento todavía teníamos que ser un tanto más arriesgados y derribar muchos muros. De alguna manera, había que hacer más fuerza. Ahora bien, con las redes sociales hemos perdido mucha ironía, mucho humor y mucho sarcasmo. Herramientas que hemos tenido ahí, toda la vida, y que en el momento internet sabes que se van a volver en contra tuya. Vamos camino de ser unos cuadriculaos. ¡Divirtámonos, que es nuestro momento! ¡Vivamos un poquito!».

    -Paco Roca: «A mí lo único que me preocupa de eso es que esté rota la idea de que hace cada artista y otra la persona que está detrás. Es decir, el juicio a la obra. Que no tiene nada que ver…»

    -José Manuel Casañ: «[Interrumpe] Con lo cabrones que podemos llegar a ser como personas, ¿dices? [todos ríen]».

    -Paco Roca: «Digo que, cambiando de tema, se nos han quedado estilos en el tintero, pero claro…»

    -José Manuel Casañ: «Pero habría que darle mucha vuelta a la cosa. ¿Estilos? Seguro, de los que deberíamos tocar, el disco, el rap, la world music… ¡uf!, se me ocurren unos pocos. No hemos descartado una segunda parte, ¿no?».

    -Paco Roca: «No, pero habría que darle mucha vuelta, como dices. En La encrucijada llegamos hasta el presente e incluso esbozamos ideas hacia el futuro. Tendría que ser algo distinto… tengo mis dudas».

    -José Manuel Casañ: «Eso ya lo sé; si hay algo que me has enseñado en estos años es lo de la duda crítica [todos ríen], ojo, que es molona, que no hay que quedarse con lo tercero o lo cuarto que parece bueno. Que hay que ir un poquito más allá».

  • Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca: 36 frases sobre la creatividad

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la sede de la empresa Marc Martí, situada en la población valenciana de Bonrepós i Mirambell que, además de imprenta, exhibe estos días una de las mejores colecciones de cartelismo de la región, se dieron cita este miércoles nombres determinantes para el diseño y la creación gráfica como Javier Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca. Los tres se abrieron con su conversación al público a partir de una mesa redonda, en la que el reto era hablar de un tema “tan amplio” como la creatividad.

    Los participantes coincidieron en una ruptura total con el romanticismo de que la creatividad esté ligada en el ámbito gráfico a trabajos ‘hechos con las manos’. El más radical de ellos, posiblemente, sea Mariscal que desde hace un tiempo tiene incluso una web comercial en la que calca fotografías y elabora retratos a partir de estas. Roca utiliza un laborioso proceso híbrido, de lo que más interesante es precisamente esa mixtura por la que, finalmente, las sombras y aguas “generan un juego visual para el ojo que provoca otras reacciones con el dibujo”. Llobell, que también hace uso de las tecnologías, reconocí, no obstante, que “los papeles se venden”. Fue, en gran medida, el que durante la charla más defendió el valor de los originales y del proceso de revisión sobre el proceso creativo.

    La charla del MMeeting Point N16 derivó en torno a ideas tan amplias que la siguiente es solo una selección de sentencias a partir de algunas temáticas:

    Creatividad

    “Creatividad es enfrentarse a un problema y encontrar una solución”. Paco Roca

    “Como personas, estamos constantemente obligados a encontrar soluciones creativas”. Paco Roca

    “Creativos nacemos todos”. Javier Mariscal

    “Hasta un infiel es creativo cuando tiene que buscar una excusa de por qué ha llegado tarde a casa”. Paco Roca

    “Hay creatividad en las personas, desde que nacen. La cuestión está en desarrollarla de una manera o de otra. Sento Llobell

    “Muchas veces ves a gente con una gran voluntad por la creatividad, pero le falta una actitud más profunda. No es tanto la capacidad de ser original, como la de profundizar sobre una idea”. Sento Llobell

    “La cualidad entre buenos y malos creativos, es que mucha gente tiene buenas ideas, pero hace falta cierto aguante: tienes que estar entrenado para hacer un maratón”. Sento Llobell

    Retos y trucos

    “Es una cuestión de focalizar el objetivo. Saber acotar y hacerte las preguntas que toca”. Sento Llobell

    “Sigo utilizando más o menos ciertas cosas que apliqué en la publicidad. Por ejemplo, me hago un briefing de cada proyecto”. Paco Roca

    “Los problemas no tienen una solución; tienen mil soluciones”. Sento Llobell

    “Para esas soluciones si que es necesario tener cierta cultura del trabajo”. Sento Llobell

    “La gente busca certezas, pero nosotros somos gente que suele vivir en la incerteza. Buscamos soluciones, pensamos… <<vamos a ver qué tal por este camino, qué tal por este otro>>”. Sento Llobell

    Batallitas

    “En los primeros ordenadores la experiencia horrorosa. En los 80 trabajábamos con señores de bata blanca que cambiaban el código de los colores. Era desesperante». Javier Mariscal

    “Hice mi primer dibujo animado en 1971. Estuve 10 días yo solo haciendo una animación en metracrilato. De ahí lo pasé a una truca para cambiar fondos y movimiento y logré hacer 20 segundos de un personaje”. Javier Mariscal

    “En la época de Renau él tenía que estar muy encima. Para crear ese degradado [se refiere al cartel de Las Arenas] había que repasar punto por punto, con un fotolito, con mesas de luz, el grabador junto a él repasando…”. Javier Mariscal

    “Recuerdo que el padre de un amigo tenía la Enciclopedia Británica y copiaba lo que ponía sobre el volcán, copiaba un poco de texto… Es impresionante cómo esto ha cambiado ahora”. Javier Mariscal

    “El Víbora se tiraba de noche. La imprenta iba a toda virolla y no tenía calidad. Llorábamos viendo cómo había salido”. Javier Mariscal

    “Todo mi aprendizaje era ver cómo Pumby hacía los puñetazos, los bocadillos… y copiarlo. Poco a poco así vas aprendiendo”. Javier Mariscal

    Tecnologías

    “Cualquier niño de 14 o 15 años presenta trabajos con el mismo nivel que tenía antaño un director de arte de revistas como Paris MatchElle o la que sea”. Javier Mariscal

    “En un futuro se podrá dibujar por voz, pero por ahora hay que hacerlo siempre a mano”. Javier Mariscal

    “Los ordenadores nos están ayudando a ‘quitar’ tareas muy mecánicas”. Javier Mariscal

    “Desde que tengo el iPad hago algo que está prohibidísimo: calcar. Calcar de fotos. Cómo mola”. Javier Mariscal

    “Velazquez o Goya, si hubieran tenido PhotoShop… pues de puta madre”. Javier Mariscal

    “Al final, ¿Velázquez qué es? Mucho aceite y mucho tiempo”. Javier Mariscal

    “Creo que no quita autoría que tengas gente que te ayude”. Sento Llobell

    “Lo que yo he descubierto con la tablet debe ser algo así como lo que descubrieron los impresionistas, que podían llevarse los tubos de pintura, o sea, el estudio, a la calle”. Paco Roca

    “Si te ven en Argentina con tus acuarelas y los papeles, te viene todo el mundo a hablar… es un coñazo. Con la tablet parece que estás jugando a matar marcianos y nadie te molesta”. Javier Mariscal

    “Uso dos tablets, una más pequeña y otra grande, cuadernos, tincha china, que es japonesa, rotuladores de esos que se secan… y hasta café”. Javier Mariscal

    “Dibujo, entinto, escaneo, vuelvo a dibujar encima, imprimo, coloreo… lo bueno que tiene este momento es que puedes hacer todo”. Paco Roca

    [Con respecto a las traducciones de cómic] “Ahora es todo mucho más fácil. Mis archivos están en castellano. El editor compra los derechos, tú envías tu fuente tipográfica y ya está. En Alemania, por el tamaño de sus palabras, a veces te piden que modifiques algún bocadillo para que quepa el texto”. Paco Roca

    “Uno de los motivos por los que se ha extendido el negocio del cómic tiene que ver con la evolución de las artes gráficas. Jamás se han publicado tantos cómics diferentes como los que se publican ahora”. Paco Roca

    “Hay que tener en cuenta que ‘los papeles’ se venden”. Sento Llobell

    Dineros

    “Es muy difícil vivir de los royalties, pero las publicaciones [el cómic] son el motor que genera encargos”. Paco Roca

    “Cuando haces un libro es un eror pensar que vas a pagar la hipoteca con ello. Pensar en llenar la nevera de eso es impensable”. Sento Llobell

    Rutinas creativas

    “Trabajo mejor por la mañana que por la tarde. Por las tardes me dejo llevar más y es todo más automático… igual son manías”. Paco Roca

    “Con respecto a las rutinas, vas cambiando. Antes necesitaba estar en mi estudio tranquilo y ahora tengo dos niñas pequeñas que están por ahí y acabas trabajando igual. O en el tren o en el hotel…”. Paco Roca

  • Mariscal: «Hablar de estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX»

    Publicada originalmente en la revista Plaza en agosto de 2015

    Es el diseñador valenciano más reconocido del mundo, aunque él mismo cuestione semejante realidad. Lo cierto es que el diseño es sólo uno de sus mil sombreros como profesional, que abandonó Valencia en cuanto pudo y al que el «reconocimiento», desde el término hasta su significado, le genera verdadera alergia.

    No menos cierto es que acaba de inaugurar la enésima retrospectiva de su obra, esta vez en su venerada Tokio, o que el gran estudio que ha capitaneado durante los últimos 25 años se encuentra en fase de liquidación. Una etapa turbulenta que le ha atropellado a la crepuscular edad de 65 años.

    «Ha sido lo más duro que me ha tocado vivir, por lo que he estado deprimido y he podido superarlo con medicación», confiesa entre pausados cigarrillos y sentado en una de las mesas ahora vacías del estudio. La gran sala donde hasta treinta profesionales trabajaban hace apenas cuatro años permanece en penumbra tras una tormenta comercial capaz de reducir la estructura de Estudio Mariscal hasta su apellido, primer y único trabajador. Él y freelances por proyecto, lejos de la ‘fábrica fantástica’. «Un lugar sin tabiques, con muchos sofás, donde se trabajaba de forma abierta». De nuevo un vistazo a la sala de máquinas: silencio.

    De ‘Arturo’ Mas a Ada Colau

    Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    Quien conoce a Mariscal más de cinco minutos le llama Chavi y sabe que sólo la salud jubilará una mente disruptiva contra lo establecido. Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    La peculiaridad familiar no le pasó inadvertida a este creador de iconos, hijo de Pilar Mariscal Enrique Errando, destacado hombre de derechas en la Valencia franquista. Número 13 de Falange, miembro de la Divisón Azul y Cruz de Hierro por méritos propios, Errando fue conocido en la ciudad en su papel como director del Sanatorio 18 de Julio, por su clínica en la Plaza del Caudillo (hoy de l’Ajuntament), pero también por tener once hijos.

    Éstos destacaron hace algunos años, reunidos por El País, la influyente disciplina militar del hogar y la marcada ausencia de sus progenitores al fallecer cuando casi todos eran aún unos niños. Mariscal conversa con Plaza rodeado de algunos de ellos. Tono, Pedrín y Santi llegaron a Palo Alto, el vivero creativo en el que se instala su estudio, a lo largo de los años 90. El lugar, por cierto, es un icono de la Barcelona creativa. Situado en el barrio de Poblenou, unas naves bajas de ladrillo rojo londinense y aspecto diáfano industrial berlinés cautivaron a Mariscal y a otros nombres de la cultura, como Fernando Salas, que habilitaron las naves e impulsaron una fundación para que, sencillamente, allí sucedieran cosas. Lejos de apagarse la llama, el Palo Alto Market es el último de sus éxitos, reuniendo cada primer fin de semana de mes a algunos de los mejores creativos de diferentes disciplinas en este entorno.

    MARISCAL: «HABLAR DE ESTADOS, COMO HACE ‘ARTURO’ MAS, ES HABLAR DE CONCEPTOS DEL SIGLO XIX Y ES, ADEMÁS DE UNA PÉRDIDA DE ENERGÍA, ALGO INJUSTO, MAL GESTIONADO, MAL PLANTEADO»

    El antes y el después de Palo Alto es una fiel fotografía de la Barcelona «que el equipo de (Pasqual) Maragall convirtió en la potencia que es ahora», dice Mariscal. Del escenario independentista del que la bulliciosa ciudad es también capital, el dibujante marca distancias: «La situación plebiscitaria de las elecciones del 27 de septiembre parte de una mala gestión de un sentimiento muy íntimo que existe en Cataluña desde siempre. Estoy al lado de todo lo que suponga crear una política común con Europa, restar un peso que ya no tiene sentido a París, a Roma o a Madrid y encontrar otra manera de reorganizarnos con una política común, un ejército común… Hablar de Estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX y es, además de una pérdida de energía, algo injusto, mal gestionado, mal planteado y en lo que termina habiendo unas intenciones que me duelen mucho».

    Mariscal, no obstante, es optimista con el actual escenario democrático en España. «Nunca he creído en una España [enfatiza la eñe] como un ente indivisible, y más después de haber peleado por poder votar, cosa que hago en todas y cada una de las elecciones. Precisamente, ése es el escenario deseable, el de una participación constante y el de una democracia desarrollada y ya». A escasos metros de Mariscal cuelga un retrato firmado por él mismo como apoyo a la candidatura de Ada Colau, cuya alcaldía en Barcelona celebra como la de Joan Ribó en Valencia: «No entendí, en el mejor de los sentidos, que fuera noticia que un alcalde fuera a llegar en bicicleta. El de Copenhague o el de Londres lo llevan haciendo desde hace años».

    Mariscal y Valencia

    La relación gráfica de Mariscal con Valencia es extensísima, en instituciones y más allá de ellas. Desde que su interiorismo del recordado Bar Dúplex de Cánovas derivase en la creación del taburete Dúplex, pasando por el actual logo de la Universitat de València, los de las dos ediciones valencianas de la America’s Cup, sus exposiciones en el IVAM y la Galería Punto, a algo más controvertido, como su marca y aplicaciones para Bancaja. A este trabajo para la extinta caja de ahorros le sobrevive un rumor entre miembros de la extinta caja de ahorros valenciana: que su plurimputado expresidente José Luis Olivas pintó de rojo y amarillo los ojos de aquel logo. «No lo recuerdo aunque no pongo la mano en el fuego por nada que tenga que ver con mi memoria», se disculpa Mariscal, que se muestra sorprendido por un cambio que se aplicó en buena parte de la comunicación del grupo pero del que no hay el menor rastro en todo el porfolio y manual de marca de su estudio. ¿Un cambio no consentido y a posteriori?

    Su obra, Happy World, de la exposición en Seúl The Art Player

    Todas esas marcas preceden a la debacle del estudio que, casualmente o no, se inició simultáneamente a la inmersión de Chavi en el proyecto por el que muestra mayor satisfacción artística, la película de animación Chico & Rita, firmada junto a su amigo Fernando TruebaGoya a la mejor película de animación, mejor película en su categoría para el cine europeo y nominada al Oscar. La producción, en la que llegaron a trabajar hasta quinientas personas, puso al estudio Palo Alto al máximo rendimiento y obnubiló —cuentan— a Mariscal.

    Ni en este proyecto ni en otros habla nunca en términos de rentabilidad. «¿Podríamos habernos hecho ricos con el estudio? Pues sí, supongo que sí, pero no iba de eso. No íbamos de eso», y Chavi recuerda les escoletes d’estiu para los hijos de los trabajadores del estudio, que en Palo Alto «siempre había bocadillos y coca-colas» y admite que «de todo ello, antes de que llegara Google o Apple a darnos lecciones al respecto, sacábamos mucho partido creativo».

    «El teléfono dejó de sonar»

    Libertad total de horarios, libertad de vacaciones «que hacíamos coincidir con el calendario escolar. Para mí también era algo personal, una contestación a mi padre que siempre me decía que al hacerme mayor vería las cosas de otra forma, pues estaba demostrando que no estaba en lo cierto». Con todo, Mariscal es infranqueable a la hora de asegurar que ‘el problema’ no estaba en el estudio, sino fuera: «El teléfono dejó de sonar». Dejó de hacerlo, especialmente, en España: «Sólo nos quedó Brasil, Londres, Corea y Japón. No daba para todos».

    La curiosidad hizo a Mariscal, al que ni siquiera el eclipsante Cobi le restó una capacidad inagotable por fascinarse ante la vida (como fiel defensor de la necesidad de la muerte para la sociedad). A lo largo de una jornada de conversación hay fascinación y caras de asombro ante las nuevas generaciones, ante la limpieza en las calles de Tokio, ante la gente —»mi gente»— de La Habana, ante la idea de que los bebés lleven cinturón en los carritos y su consecuencia cívica, ante los inventos que le han cambiado su forma de trabajar (el fax, la fotocopiadora, Internet, el iPad…) e incluso mucha fascinación por haber logrado aceptar que es «dibujante». «La gente se sorprendería si supiera lo poco que hace que no me siento raro al reconocer que lo que hago son dibujos».

    EMOCIONAL, DIVERTIDO, VISCERAL, UNIVERSAL, 65 AÑOS MÁS TARDE, MARISCAL, CHAVI PARA CASI TODOS, NO SE ESCONDE ANTE NINGÚN REVÉS DE LA VIDA

    Emocional, divertido, visceral, universal, 65 años más tarde, Mariscal, Chavi para casi todos, no se esconde ante ningún revés de la vida. Tampoco oculta su falta de premeditación «para nada», que todo parte de aquel joven hippie «por el monte en Ibiza», que el LSD desencadenó parte de su creatividad, que pudo dibujar sin preocuparse del dinero «porque venía de una familia pudiente», que «no habrá otra oportunidad como Cobi», que los turistas en verano sacan lo peor de él, que en países como Corea de Sur (en 2013 organizó la mayor exposición en torno a su figura, The Art Player) su nombre va ligado al de España y que encara lo que le resta de ‘carrera’ sabiendo dónde está y quién es: «Mi patria es un lugar redondo que se llama Tierra y el reconocimiento es algo que te debes conceder tú mismo. Nadie como tú. Ése es el gran secreto y estoy tranquilo». 

  • Paula Bonet: «Los dibujos con una maraña de hilos y mofletes rojos ya no me interesan»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Hace poco más de 10 años Daniel Gascó abrió el videoclub Stromboli en el número 17 de la calle Centelles. Su llegada al valenciano barrio de Ruzafa supuso una explosión de cine de alta calidad para sus vecinos, entre los que se encontraba Paula Bonet. La pintora, que atiende a ValenciaPlaza.com desde su estudio ubicado ya hace algunos años en Barcelona, reconoce su influencia con títulos y géneros diversos. Con la llegada del establecimiento exploró aún más en la nouvelle vague, conoció a Patrice Leconte y, desarrolló algo que más que una admiración por François Truffaut.

    La vida y la obra del director de Los 400 golpesJules y Jim o La mujer de al lado es el eje de 813, el segundo libro de la artista castellonense. Un homenaje divulgativo para entender como ambos, a unas décadas de distancia, han encontrado un torrente de conexión con el público a partir de ámbitos de trabajo como el retrato o la intimidad.

    El encargo de este título para la editorial La Galera llegó a la vez que el de Lunwerg con quien publicó Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END. Este volumen, lanzado en 2013, ha alcanzado su cuarta edición (en torno a 20.000 ejemplares vendidos), ha aumentado la proyección internacional de la artista y ha supuesto un número de ventas que, según la autora, ha elevado «todavía más» su autoexigencia.

    Por ello, 813 ha supuesto un doble reto para ella: el primero, servir de bisagra entre generaciones para embajar la sensibilidad del genio cinematográfico; el segundo, consolidar su actividad con un trabajo de largo de recorrido, que evoluciona y evita los fantasmas de las etiquetas que acompañan a toda carrera lanzada al escenario internacional en tan poco tiempo.

    El resultado es el de haber entendido la importancia de una segunda obra de peso como un trampolín para mostrar esa evolución afortunadamente inevitable. Nuevas/viejas técnicas, soluciones aparentemente en proceso, pero mucho más decididas, y el logro de publicar un trabajo tan personal en torno a un tótem del cine y salir indemne ante sus fanáticos. El libro es mucho más que una invitación al mundo de Truffaut, goza de un relato interno inteligente, dinámico y, sobre todo, estira las inquietudes en la obra de Bonet que parece únicamente haber iniciado una carrera de muy largo recorrido.

    813 tiene un sentido divulgativo de la obra de Truffaut. ¿Has sentido vértigo al asumir ese papel de embajadora de su cine para una parte de tus seguidores que la desconoce?
    -Cuando recibí la propuesta de La Galera tuve muy en cuenta que tenía que hacer algo que me interesase lo suficiente como para dedicarle tanto tiempo. Soy obsesiva con el trabajo y especialmente lo soy con las cosas que me interesan. Partiendo de eso, tampoco lo veía como algo tan atrevido, sino como un homenaje a una figura de la que he aprendido mucho y a la que tenía ganas de dedicarle todo este tiempo.

    -Precisamente, viendo la bibliografía y atravesando el libro, se aprecia un ejercicio de contención importante a la hora de evitar spoilers, destripar tramas o, sencillamente, posicionarte.
    -He tenido que recortar muchísimo todo lo que creía que debía contar de inicio. Para empezar, con las 184 páginas que tiene el libro. La elección de las películas a desarrollar también ha ayudado a acotar, porque quería acercarme a algunas en especial, pero de una manera distinta. No pretendía hacer un análisis crítico, sino aportar contexto y situación personal de Truffaut, ideas del rodaje y destacar lo que pensaba que era importante en cada caso.

    -Una bibliografía vasta. ¿Qué libro recomendarías para aproximarse a Truffaut de los que has utilizado en tu investigación?
    -Seguramente, François Truffaut de Plot Ediciones (Madrid, 2006) escrito por Antoine Baecque y Serge Toubiana. Pero también el de Arturo Barcenilla, Truffaut/Paris (T&B Editores, Madrid, 2004). Es difícil para mí entender ahora la publicación de 813 sin contar con este libro acerca de las localizaciones en las que rodó, en las que vivió. Durante cuatro años Arturo hizo un trabajo impecable aproximándose a una realidad que a mí me ha servido para poder captar de una forma mucho más consciente esos lugares y entender, por ejemplo, por qué alquilaba una habitación en un hotel aparentemente lúgubre de París.

    -De hecho has podido viajar a París para investigar acerca de esas localizaciones y de la mano del propio Barcenilla. Un espacio de tiempo y recursos que no te habías tomado antes para otro trabajo. ¿Has llegado a tener miedo a que se te fuera de las manos la propia investigación, los plazos?
    -Sí. Lo cierto es que he retrasado la entrega hasta cuatro veces. Me preocupé porque pensaba que al final acabaría teniendo problemas con la editorial. Me encargaron los dos libros a la vez [en referencia a Qué hacer cuando…] y decidimos que este fuera después. Pero el impacto de venta, promoción y presentaciones fue inesperado para todos. Para la editorial, pero por supuesto para mí. Lo que iban a ser dos meses de promoción se convirtió en un año. Y lo que es más importante: tome consciencia de a cuánta gente estaba llegando el libro. De esa forma, mi carácter para exigirme cada vez más con lo que publico me llevó a tomarme todo este tiempo de trabajo… si algo sale del estudio, es porque puede ser publicado.

    -La sensación es que el pasado 2014 ha sido un año de vértigo para ti.
    -Ha sido un año en el que me han pasado cosas buenísimas, pero mientras sucedían era consciente de que no las podía disfrutar. En ese sentido, era horrible. Por eso intento centrarme cada día más en hacer proyectos que me hagan conectar de forma personal muchísimo, a menudo son trabajos teatrales, cinematográficos, musicales… hace casi un año que no hago trabajos para particulares.

    -Venga de donde venga el encargo, ¿sientes cierta presión cuando los ‘clientes’ esperan de ti el ‘sello Paula Bonet’? ¿Cómo lo afrontas?
    -Por un lado sí lo siento y por otro, la realidad, es que no tengo ese problema. Los dibujos con una maraña de hilos y mofletes rojos ya no me interesan. No es lo que hago y se puede ver en 813. La idea es no repetir las fórmulas y no hacer otra vez el mismo libro, por eso este no tiene nada que ver con el anterior.

    -En 813 hay un tipo de ilustración más cortante, más decidida.
    -Necesito hacer un tipo de ilustración más dura, explicarme a mí misma de otra manera. El éxito con cada proyecto es poder ser fiel a mí. Si al ‘cliente’ no le interesa, pues lo siento. Tengo mucha suerte de poder dedicarme a dibujar y de disfrutar con mis trabajos.

    -Por cierto, es un volumen sobre un icono del cine francés y la novela gráfica -de la que tiene mucho- es toda una industria en Francia. ¿Habéis planeado su traducción y promoción allí?
    -No se había planeado de partida, pero lo cierto es que ya se están moviendo para poder promocionarlo allí. De hecho, y es una casualidad total, es el 30 aniversario de su muerte la Cinémathèque Française está haciendo una revisión. Haremos una presentación, seguro. Además, cuando estuve a principios de año en París aproveché para estudiar un poco de francés que vendrá bien para todos estos planes.

    -Para ti, traducir a otro idioma supone una reescritura de todo el libro, ya que es un ejercicio de lettering. Es un proceso laborioso en el que además pasas de nuevo por tus textos, releyéndote. ¿Cómo lo afrontas?
    -Es mucho más que una traducción. Si sucede, es una ilusión enorme, igual que si hubiera que adaptarlo al inglés, pero desde luego va a suponer semanas de trabajo…

    -En las pinturas, sin duda, la sensación es la de encontrar algunos rasgos de conexión entre Truffaut y tu obra. Por ejemplo, el valor del retrato o de la intimidad.
    -Totalmente. Desde que tenía 20 años he revisado muchísimas veces sus películas, pero nunca lo había abordado de una forma intelectual como lo he hecho para este trabajo. Lo hacía siempre de forma emocional, asimilando supongo su forma visual, pero como una espectadora más. Ahora he entendido muchas cosas que hay en mi forma de expresar, incluso las autobiográficas. Reconozco en mí hasta formas de componer y conecto con él en visiones que van más allá de la obra, como por ejemplo su visión del artista. A mí me cuesta mucho hablar de mí como artista, pero me gusta cuando explica como Matisse atravesó tres guerras y lo que nos dejó fueron mujeres, peces, ventanas… no había nada del horror que le rodeada, aunque a su vez nos dejó un legado muy valioso a partir del cual se han generado muchas otras cosas.

    -El libro muestra otras técnicas, otras fórmulas.
    -La idea era no repetir Qué hacer cuando… y estoy contenta porque al enseñárselo a personas como Paco Roca he visto que se ha transmitido el tipo de libro que quería hacer. Él está emocionado porque dice que está a medio camino entre la novela gráfica y el cómic, atreviéndome a escribir… lo que sí se ahora más que nunca es que necesito contar. Las técnicas pueden cambiar, a lo mejor dentro de tres años he vuelto al óleo o me pongo a hacer vídeo. Eso no será lo importante.

    -También había que hablar de Truffaut, que posee un imaginario que es posible que te invitara a otros caminos.
    -La luz de las primeras películas, con bajo presupuesto, es cortante, dura. No podía tampoco mostrarlo de otra forma. Y eso también nos hemos preocupado en llevarlo a la edición, en la que el formato es más próximo. El libro, por tamaño, es más modesto, el papel se parece mucho al que utilizo a trabajar y, en definitiva, el dibujo, el texto y todo lo que envuelve van muy cogidos de la mano.

    -Además de en lo visual, ¿has descubierto otras conexiones en lo personal?
    Sí, sobre todo en la forma de mostrarse públicamente.

    -Si hubiera vivido en esta era de las redes sociales online, ¿habría participado? ¿Cómo?
    -Habría participado porque le importaba mucho el público, pero hay que tener en cuenta que él era muy reservado. Había también una parte de llevar los proyectos en secreto para fomentar el factor sorpresa, así que no creo que hubiese mostrado mucho de los procesos.

    -¿Te ha influido esto últimamente? ¿Te cuesta mostrarte un poco más?
    -Sí, de hecho incluso ha sido un problema de cara a las fotos promocionales que ha hecho Noemi Elías (risas). Lo he pasado mal.

    -El libro se convertirá en exposición (comisariada por MacDiego) a partir del próximo 25 de marzo en Las Naves. ¿Te hace ilusión exponer de nuevo aquí?
    -Mucha. Apenas he vuelto durante estos últimos años porque en Barcelona estoy muy a gusto. Mantengo unas relaciones con profesionales en las que nos apoyamos y colaboramos mucho, pero también echo de menos hacerlo con el círculo creativo más próximo que tenía en Valencia: Senior, María Herreros, Laura Castelló, Nestor Mir…

  • Max Vento: «El único problema para la industria del cómic es la sobreproducción»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    VALENCIA. Max Vento recopila en un volumen integral su álbum Actor aspirante. Después de tres años de espera tras el tercer y último libro de la serie, el autor valenciano afincado en Bélgica ha decido ampliar la historia original. Suma dos volúmenes, prologa la colección y, en definitiva, asegura haber «cerrado la etapa junto a Pablo Díaz-Strasser», según responde a CulturPlaza.com el propio autor.

    Actor aspirante narra las vivencias de un actor, el citado Díaz-Strasser, que trata de encontrar su lugar como profesional. Una comedia que se ha visto influida por el contexto de crisis económica sobre el que se ha ido desarrollando el trabajo de Vento: «Aunque reconozco que el contexto real se ha dejado ver en la historia, para mí no ha sido tangible esa idea de crisis. Creo que los profesionales como Vento o como yo mismo, los que nos dedicamos a profesiones un tanto difíciles de encajar desde el punto de vista práctico-productivo, no vivíamos en una burbuja económica. En este sentido, veo que la gente que podíamos decir que vivía a otro nivel poco a poco se asemeja al nivel alque vivíamos nosotros».

    El contexto de crisis, por cierto, sólo afecta al cómic «en la sobreproducción. Y es un problema, porque antes las editoriales querían publicar mucho. En países como Francia creció la demanda, pero ya no lo hace. Los lectores son los mismos y ahora las editoriales son mucho más selectivas», asegura Vento que tiene programada una serie de acciones para publicar su cómic en el mercado franco-belga.

    En España es Dolmen quien publica esta comedi que pra vento supone «un punto y final del personaje, aunque algunos de los lectores quizá sientan cierta frustración con la forma en la que acaba todo. Es un final abierto, en el que se intuye hacia donde se dirige la vida y la carrera de Pablo Díaz-Strasser, pero no con todas las certezas». El autor en este caso quiere dejar abierta esa idea dado que quiere transmitir la sensación de continuidad del personaje en los lectores.

    ALGUNAS IDEAS SOBRE LA RECOPILACIÓN INTEGRAL DEL AUTOR

    «Reconozco que Actor aspirante cada vez tiene más cosas de mí. Al principio si que trabajé sobre un personaje y lo desarrolle con todas sus cualidades propias. Era pura invención, pero inconscientemente y a lo largo de los años no he podido evitar reconocer historias que me iban pasando a mí o a los que me rodean».

    «He recopilado una gran cantidad de material para culminar este álbum, aunque gran parte de su proceso productivo lo dedico a destilar mi trabajo. Especialmente trato de estar libre cuando estoy escribiendo el guión. No quiero que se quede fuera ninguna idea. Sin embargo, voy limando el texto, dejándolo en lo esencia».

    «Lo más relevante del volumen integral es la evolución del personaje. El cambio es de actitud, de cómo afronta las cosas en la vida

    «El último capítulo sucede en Los Angeles (Estados Unidos), pero la historia principal se desarrolla en una ciudad europea grande. Sobre todo, hay influencias de Madrid. Aun así, hay guiños a la gente con la que he convivido en los mismos Estados Unidos o Bélgica y por eso también la novela está descolocalizada, porque la historia que queda al final es capaz de ser exportable a muy distintos países y personas».

    «Me gusta el diálogo con el lector, porque mi trabajo es muy solitario. Apenas hablo con nadie durante el día y me gusta esa interacción, aunque reconozco que el lector de cómics te suele transmitir que es de su agrado». 

    «Actualmente trabajo en una nueva historia. Está en pleno momento de ideación, plasmando algunas muestras. Sé que no tendrá mucho que ver con la historia actual, porque lo que verdaderamente es hacer algo de género. Sé que es arriesgado a nivel editorial, algunos dicen que puede ser un suicidio, pero lo necesito porque, sencillamente, paso mucho tiempo de mi vida trabajando en ello».

    LAS PRESENTACIONES DE ACTOR ASPIRANTE EN VALENCIA

    Max Vento presentará el cómic este jueves 12 en Futurama, la tienda de cómics de Guillem de Castro a las 19h. También estará en El Corte Inglés de Colón en la zona de cómics de 18:30 a 21h, firmando ejemplares y volverá a charlar con los lectores y presentar esta recopilación integral en la tienda especializada ‘Generación X‘, el día 21 de diciembre.