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  • David Trueba: “El paso del tiempo es ‘el gran asunto’ en mis películas y libros”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    David Trueba y Jorge Sanz se aproximan a los 50 y los números redondos, como checkpoints vitales, «pesan. Son como barreras a las que creías que nunca ibas a llegar. No te puedes creer que tus hijos ya tenga esa edad, que tú tengas la edad de tu padre cuando estaba en tal o cual situación, la edad de aquella persona que veías tan mayor hace unos años…». Los giros del guión durante estos primeros 47 años les han llevado a compartir (y mucho) juntos, aunque nunca tanto como con esa rareza de la televisión española que es ¿Qué fue de Jorge Sanz?. Una separata surgida en 2010 y llamada a unirles personal y creativamente hasta los restos.

    Este martes, Trueba, Sanz y Eduardo Antuña, representante del actor en la ficción, presentaron en el Espai Rambleta el octavo capítulo de la serie. Una serie atípica para la televisión española y surgida en el cobijo de la producción de Canal+ entonces y Movistar+ ahora, «imposible» de ubicar en la oferta de los canales generalistas en España, como apunta el escritor y director de cine en esta siguiente conversación. Ni comedia ni tragedia, este octavo capítulo se presenta -todavía más- como un verso suelto: hora y media de una nueva trama que abunda en la azarosa vida del actor que se ha descolgado del star system.

    Trueba y Sanz confirman con este capítulo especial que la serie, «para ser fiel a su origen, a lo que queríamos contar», se quedará abierta para siempre. Así el autor de Cuatro amigos y Saber perder, entre otras novelas (la última está a punto de llegar a las librerías), podrá dar rienda suelta a través de la ficción televisiva «a ese ‘gran asunto’ que mueve a los hombres: el paso del tiempo». Un tema central en su obra y que está acompañado en la última entrega de ¿Qué fue de Jorge Sanz? por el ya citado Antuña, Elena Furiase, Lolita, Willy Toledo, Pablo Carbonell, Pedro Ruiz, Gonzalo Suárez y Antonio Resines.

    -Jorge dice que ya no quiere interpretar otro papel. ¿Cómo ha cambiado la serie al personaje o el personaje a Jorge?
    -Le han cambiado muchas cosas a nivel vitad. Estamos en una edad muy de cambios. Estamos entrando en otras dimensiones de nuestras vidas, en cuanto a la salud, la familia, las relaciones… él es el que más disfruta de la serie. Es quien me empuja a que rodemos más y hagamos más. Yo soy algo más prudente. Lo que a mí me gustaría es ir acompañándole, filtrando cosas que le pasan a él y cosas que le pasan a los actores en España, como ha sucedido con este capítulo especial. Pero no solo cambia él, cambia todo a su alrededor, incluso ese panorama de los actores. Y es muy entretenido eso. Al final, esta es una serie sobre el paso del tiempo que, para mí, en todas mis películas y mis libros, creo que es ‘el gran asunto’. 

    -¿Con Qué fue de Jorge Sanz, pretendes que el espectador reflexione sobre las virtudes de reírse de uno mismo?
    -Claro. Es una cosa está muy entendida en la cultura anglosajona, el self-deprecating. El humor sobre uno mismo. A los españoles nos supera ese miedo: nadie quiere que ninguna situación le desborde, que nadie se burle de él, incluso, cuando lo está pasando mal, todo el mundo disimula. Esta es una serie muy catártica, porque habla del fracaso, del olvido, de cómo a veces las personas que han sido muy famosas se convierten en un juguete roto, son tiradas a la papelera porque ya no son útiles. Esta serie habla sobre esos golpes y los muestra de una manera cruda. Y, claro, la gente no está habituada. Con Jorge hicimos un ejercicio tal de autoparodia que para mucha gente era muy sorprendente. A lo largo del tiempo, con la consolidación de la serie, si que se considera terapéutico, sobre todo en el mundo de los actores.

    -¿Él dice que se ahorra mucho dinero en terapéutas?
    -Sí, bueno, se lo debería gastar aun así porque hay terapéutas muy buenos que le harían bien.

    -Es una serie que no deja claro si es una comedia o una tragedia, algo más habitual precisamente en esos países sajones. ¿Crees que no tendría cabida en los canales generalistas españoles como serie?
    -No, no creo. Es un formato único y el espectador que lo ve tiene que tener un paladar especial. Una especie de talento, digamos, para desentrañar dónde está la serie. Es verdad que puede tener una lectura primaria muy agradable, pero entiendo que los ejecutivos de las televisiones… es más para un canal de pago, un canal más exigente con lo que emite. Para eso están. Si fueran igual que los generalistas, no deberían existir. Hay espectadores para todo y está bien que así sea, pero es una serie para ese tipo de canal.

    -Hace poco, Juan Diego Botto que está rodando una serie en Estados Unidos (Buena conducta) decía que no ve más talento allí, pero sí más recursos. Las series de televisión de culto, de hecho, las ve una minoría de espectadores en aquel país. ¿Todo se reduce a una cuestión de tamaño?
    -Me temo que sí. Es una industria que, desde allí, se dirige al mundo entero. Nosotros somos una sociedad colonizada por el entretenimiento americano y es una cuestión de óptica de mercado: su mercado es el mundo. Una serie minoritaria para ellos, como han podido ser Los Soprano y The Wire, se convierte en una serie mayoritaria por los minoritarios de todo el mundo. En Estados Unidos, efectivamente, las ve muy poca gente. En el caso de The Wire, directamente, un fracaso de audiencia. Estamos en la misma tesitura, pero ellos tienen un ‘patio’ más grande.

    -La serie es una obra de amor por los actores. ¿Lo han percibido?
    -Sí y me lo han hecho sentir así. Los actores están acostumbrados a que el público tenga una percepción de ellos solo en el éxito y nunca nadie se pregunta qué sucede con los miles de actores que no están en esa situación. Los que han sido famosos, rentables o ganaban dinero y ahora no están ahí. O la gente que se ha hecho mayor. Los actores perciben que hay un elemento en la serie que busca esa realidad. Tanto lo que se habla en un segundo plano, como puede ser de gestos agrios y críticos de sus propios compañeros, pero también la ternura esa que hay en sobrevivir, en su supervivencia. A veces salen estas encuestas de cuántos actores pueden vivir de su trabajo y son demoledoras. Que un hijo diga que quiere ser actor, todavía, es como… dios mío, de qué va a vivir. Yo he vivido rodeado de actores toda mi vida y para mí son gente extraordinaria, difícil de retratar. Son como metáforas del mundo, de cómo el mundo tritura a las personas. No nos vamos a engañar: la vida es dura y los actores lo experimentan de una manera brutal, porque todo pasa por su físico, con sus miedos, con su rostro, con sus complejos…

    -¿Por qué un solo capítulo?
    -Movistar es una casa maravillosa para nosotros por concedernos este privilegio. Más allá de tener un formato distinto, porque lo necesita, porque es distinta a las demás series, en mi caso soy una persona que se dedica a otras cosas… estaba terminando una novela justo a la vez, encerrado, y hacer el episodio es tomar aire, pero tenía que compaginarlo. Yo les plantee después del éxito de la primera temporada que podíamos hacer una segunda y exprimirlo o ser fieles a lo que queremos contar en la serie y aportar ese envejecimiento y esa evolución del personaje. Es decir, utilizar el paso del tiempo y el filtro de la vida para dar una verdadera identidad a la serie. Esto, la gente en general, en la industria, no tiene capacidad para hacerlo, pero lo hemos conseguido.

    -¿Te ves haciendo una serie al margen? ¿Te atrae el formato?
    -Sí, es un formato que me gusta mucho. He tenido algunas ofertas, pero encontrar la que quieres hacer… soy muy particular. Lo que no me gusta es ponerme a hacer cosas en las que no creo o no siento. Hacer algo porque se lleva en ese momento… no. Tiene que ser algo que sienta y si algún día esa idea aparece, pues espero tener la oportunidad de hacerlo. Habrá que pelear entonces por ello, porque aquí nadie regala nada.

    -¿Seguirás utilizando actores no profesionales?
    -Sí. Lo he hecho casi siempre. En mi primera película (La buena vida) o en Vivir es fácil con los ojos cerrados hay actores no profesionales. Me gusta, me parece un reto para mí y un reto para los actores interpretar con ellos. En el caso de la serie es casi obligatorio, porque busca generar unas sensaciones distintas a partir de la realidad, pero tanto en la serie como en cualquier otro proyecto, es algo que me gusta.

  • Troballa històrica: el noble i valencià d’adopció Enyego d’Àvalos va escriure ‘Curial e Güelfa’

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Enyego d’Àvalos, un noble nascut a Toledo que va emigrar sent un xiquet a València amb la seua família, va ser l’autor del Curial e Güelfa. Així ho demostra el treball de recerca del filòleg valencià Abel Soler per a la seua tesi La cort napolitana d’Alfons el Magnànim: el context de Curial e GüelfaQuatre anys de treball, 200 ressenyes biogràfiques i un cúmul de proves empíriques que van culminar amb la seua lectura el passat mes de desembre. El que fóra gran camarlenc del Magnànim és l’únic nom capaç d’assumir a través de la seua biografia la inclusió de termes valencians (febramentidarabosa), peculiaritats filològiques (castellanismes, llombardismes, napolatinismes), una marcada sensibilitat per les arts i un coneixement total de la Cort.

    La que és, més enllà de la llengua, una de les novel·les de cavalleria més importants de tota la literatura europea, troba així el seu autor i, per tant, tot un context a partir del qual revisar-la per complet. Com apunta el mateix Soler, “les conseqüències d’esta troballa són difícilment calculables”. Les dispars hipòtesis de la novel·la escrita entre el 1445 i el 1446 -dada que concreta la mateixa recerca- s’han fet públiques este dilluns al Centre Cultural La Nau, on Soler ha presentat la seua troballa al costat del director de la tesi, el catedràtic de Filologia Catalana de la Universitat de València Antoni FerrandoEl treball previ compilat en els 39 Estudis lingüístics i culturals sobre el Curial ha sigut crucial -al costat dels de Júlia Butinyà o María Teresa Ferrer– com a cúmul d’indicis per a l’èxit de Soler. 

    Una biografia que justifica l’imaginari i el vocabulari de la novel·la

    D’Àvalos va nàixer a Castella al voltant de l’any 1414 i va morir a Nàpols -ciutat transcendent per a la seua vida i obra- el 1484. Íñigo Dávalos per als castellans i Inico d’Avalos per als italians, Enyego va passar la infància i la joventut a la capital de la Comunitat Valenciana. A Nàpols va ser gran camarlenc del Magnànim, al seu caliu els assoliments i el context històric s’adscriuen a les gestes i batalles de la novel·la, però, sobretot, els personatges de ficció ara passen a tindre una nova vida a través dels seus perfils i relacions reals amb l’autor. El valencià d’adopció va ser un home de l’alta cultura, alguna cosa així com un il·lustrat nascut amb tres segles d’avançament. Mecenes cultural, cavaller organitzador de justes, corresponsal d’humanistes i capità de la cavalleria reial, D’Àvalos era el “posseïdor de la segona major biblioteca del sud d’Itàlia (només per darrere de la napolitana del mateix Magnànim)”. Eixa afició pels llibres i la seua llengua partida de naixement entre Castella, la Corona i Itàlia, enquadren la quantitat de veus i innovacions que caben en el Curial e Güelfa.

    Al Palau del Real de València (seu de la cort del Magnànim i on es formaria) va arribar amb només 7 o 8 anys d’edat, exiliat al costat del seu pare, el conestable Ruy López Dávalos. A la capital de la Corona d’Aragó va viure durant anys, fins que va recalar a Milà (1435-1440), on va ser cortesà del duc Filippo Maria Visconti i després ambaixador del rei d’Aragó (1443-1447). Entre Nàpols i Milà, pels anys 1445-1448, degué redactar una novel·la en què demostra els seus coneixements d’italià literari i col·loquial (inclosos llatinismes, castellanismes, llombardismes, napolatinismes…) i la seua familiaritat amb la geografia física i social d’una Itàlia més que influent en l’obra. La “joia de la literatura catalana”, com la destaca Soler, passa a tindre així una obra que fonamenta “la valencianitat” del text.

    La tesi de 5.200 pàgines descobreix un autor en les antípodes de Joanot Martorell, per posició social i inquietuds: “amant de la música, les lletres i les arts són alguns dels trets que el defineixen”. L’estudi desmunta -en el millor dels sentits- les possibilitats d’una novel·la que ara ramifica les “incògnites i misteris» que l’havien acompanyat. L’onomàstica de l’obra (Honorada, Salonés de Verona, Guillalmes del Chastell, Maça-Cornell, Johan Ximenes d’Urrea, etc.) és ara una guia sobre la vida de l’autor i dels nobles valencians del Segle d’Or a l’entorn del rei Alfons.

    Anècdotes i pistes del document, com el paper del còdex (té entre les seues marques la mateixa ‘Biscia Viscontea’, la serp símbol de Milà, del paper utilitzat el 1447 a la cort milanesa) o la seua arribada a la Biblioteca Nacional com un Manuscrit des de Toledo (traslladat segurament per un germà de D’Àvalos) són només alguns dels fonaments que giren al voltant de les conclusions de l’informe. El fet que Curial e Güelfa arribara fins als nostres dies va tindre molt a veure també amb la casuística d’aquell viatge en el qual un llibre anònim, escrit per a la lectura jocosa de l’autor i el seu entorn més immediat, fora extraordinàriament enquadernat a Toledo i descobert el 1876 per Manuel Milà i Fontanals.

    L’inici de nous debats

     La històrica troballa de Soler, que no ha deixat de banda les referències als quantiosos intents previs per fitar les possibilitats de l’autoria, posa punt final als intensos debats de diferents especialistes sobre eixa qüestió. Com succeeix amb Cervantes, Isabel de Villena, Ausiàs March o Shakespeare, cap document certifica de manera explícita l’autoria, però sí el tipus d’hipòtesi com la que ara es fa pública i s’editarà en tres volums per part de la Institució Alfons el Magnànim. El nom de D’Àvalos se sumarà al catàleg de grans noms propis de la llengua com ara March, de Villena, Martorell o Jaume Roig i Joan Roís de Corella.

    La “recerca detectivesca” de Soler obrirà, a més, un agitat debat sobre la classificació i la qualificació de la Biblioteca Nacional sobre el manuscrit que posseeix. Un còdex únic al voltant del qual s’hauran de prendre decisions sobre la seua catalogació arran d’esta recerca. Per als experts de la UV, no existeix el menor dubte sobre l’autoria, en una hipòtesi que embasta el vast treball previ d’investigadors com Maria Teresa Ferrer, Julià Butinyà o el propi Antoni Ferrando, entre altres. Dependrà també de la Biblioteca Nacional reconsiderar el pes i la posició de Curial e Güelfa, que ja figurava com un dels cims de la literatura medieval. Una novel·la de cavalleries fonamental que relata el procés de formació d’un jove cavaller italià, el llombard Curial, que, després de superar les seues febleses morals i sentimentals, arribarà a ser príncep virtuós i es farà mereixedor de la mà de la Güelfa, coprotagonista i «senyora de Milà».

    La fi d’una suposada autoria catalana

    La publicació per primera vegada de la novel·la a Barcelona l’any 1901, i el seu descobriment per part del romanista Milà i Fontanals, havien ajudat al fet que sovint eixe autor anònim es relacionara amb Catalunya. La manca d’un estudi d’este tipus i dels seus passos previs permetien una teoria que ha quedat de forma categòrica descartada pels acadèmics valencians. Ara, al costat del Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, Curial e Güelfa suma entitat històrica i literària com una de les obres mestres de la literatura catalano-valenciana i calze de les lletres en el continent durant la Baixa Edat Mitjana.

  • Criando ratas: la ‘peli gratis’ entre el hype, el cine quinqui y la honestidad brutal

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La pasada semana se cumplía un mes del estreno de Criando Ratas, la ópera prima del cineasta y músico Carlos Salado. Rodada en los barrios Colonia Requena, Mil Viviendas o Virgen del Remedio de Alicante, su éxito de audiencia a estas alturas es incontestable: casi 800.000 visionados en YouTube. Sí, en YouTube, ya que sus creadores y participantes contaron con 5.000 euros de presupuesto sus cinco años de rodaje y, obviamente, no quisieron traicionar el altruismo de los implicados con su proyección. 

    Sin embargo, no son pocos los asuntos en torno a la película que resultan ser muy distintos a lo que la audiencia prevé. La frescura de su planificación, la aparente ingenuidad de su composición, su nivel formal, poco o nada tienen que ver con la falta de recursos: «sabíamos que lo que teníamos entre manos era un proyecto potente. Si nos dejamos seis años de nuestra vida era porque teníamos clara la película que íbamos a componer, en la que dedicar mucho esfuerzo y trabajo». Lo apunta Rubén Ferrández, productor del film y director de la consultoría de comunicación del Grupo Idex.

    La vis publicitaria de Ferrández y Salado, director de contenido audiovisual y creativo de la misma agencia, la relación personal ente ambos, se ha trenzado alrededor de una película donde «no hay nada casual». A lo largo de estas semanas sus creadores han aparecido en prácticamente todos los medios impresos y online, en las secciones culturales generalistas y en las especializadas de cine, en informativos y programas de televisión, en magazines de radio, blogs de referencia e impregnado las redes sociales con la pirueta de una «película completa» a un solo clic del público. «Hemos tenido presencia en la totalidad de medios nacionales más importantes de nuestro país». 

    «No es un modelo a seguir»

     Con este bagaje mediático del que los propios productores han generado su propio balance de impacto, el interés sobre Criando ratas va más allá su efecto cinematográfico: «antes de rodar ni un solo plano, manejábamos un plan de marketing de 200 folios«, apunta Fernández. Pero matiza: «la distribución gratuita no pretende ser una lección a nadie ni un modelo a seguir. En su condición de producción low cost y a partir de su carácter social, su objetivo siempre fue regalarla. Nunca planteamos un retorno económico por su exhibición, aunque somos conscientes de que se haya generado un debate por su audiencia en apenas unas semanas. Creo que se entiende que el proyecto no está aquí para sentar cátedra en ese sentido».

    Ferrández declara que con el film buscaban «otras cosas, como, por ejemplo, incidir en su trascendencia social«. Para ello hay que poner en valor sus mimbres: con el cine quinqui como referencia, Salado quiso poner en valor su inspiración en el cine hiperrealista y el cine dogma. De ambos, adscribe muchas de sus premisas para crear un film que, más allá de sus intenciones, sí que evidencia haberse aproximado a una realidad social ciega para la industria cinematográfica española. «No hay artificio en la película. Teníamos la premisa de los diálogos improvisados, usando escenarios naturales, cámara en mano y primando la realidad sobre nuestras ideas preconcebidas».

    Salado, uno de los alumnos de la escuela de cine de la Ciudad de la Luz, y Ferrández, licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual y Máster en Comunciación Social, han producido un film poniendo toda su experiencia formal al servicio de un proyecto con el que ambicionaban trascender. No ocultan la búsqueda de esa reconocimiento, pero también marcan sus bases como creadores: «el cine es un arte y el arte ha de generar sentimientos y pensamientos. No vemos el cine como una manera de entretener. Lo vemos como una manera hacer sentir y hacer pensar. En este proyecto de cine o en cualquier proyecto futuro, lo que queremos generar es reflexión».

    La película, que se publicita como neoquinqui, es mucho más cruda que el cine quinqui. Si bien es cierto que las películas de Eloy de la Iglesia José Antonio de la Loma aportaban las imágenes de chutes, robos y violencia que el cine español tenía prohibidas por arte de la censura, Criando ratas es mucho más cruda a la hora de dejar que sus personajes -sus personas implicadas- vayan aportando una serie de reacciones y jergas más libres. Al fin y al cabo, de la Iglesia o de la Loma se asomaban a esa realidad con una distancia distinta a la que Salado ha tenido con esos barrios.

    «Criando ratas es posible por el cariño que la gente ha puesto en el proyecto. Esta hecha desde el corazón de su equipo técnico y artístico y es única en su especie, por el momento en el cual la hemos hecho [se entiende en su etapa formativa y de juventud] y el anonimato con el que se ha ido sucediendo». Es curioso que, a lo largo de estos años, en distintos programas de televisión y a través de su propio canal de YouTube, se hayan permitido enseñar una parte del proceso. Algo que, lejos de ir en detrimento de la sorpresa, ha afianzado una expectativa ahora saciada.

    Familiares, vecinos y actores han puesto a su servicio bares, casas, coches de distinta gama «y hasta las paellas que nos hacíamos en cualquier momento del rodaje». Una aportación que ha contado, además, «con una paciencia terrible para aguantar seis años apoyando la película sin poder verla». Dificultades como esa o el encarcelamiento del mismo protagonista, totalmente restablecido según ha comentado él mismo en distintos medios, pero que no ha sido ocultado precisamente de la promoción del film. 

    Y, sobre todo, una película

    Ramón Guerrero, el icono de una nueva generación que sustituye a los símbolos que supusieron el Torete, el Pirri o el Vaquilla, es ‘Cristo’, un popular delincuente juvenil que mantiene una deuda con uno de los traficantes más poderosos de su barrio. A lo largo de una jornada, en la que se desarrolla cronológicamente el film, trata de reunir el dinero que debe, sumando sus actos delictivos en un crescendo de errores y suma de enemigos con un final trágico como marcan sus precedentes del quinqui.

    Guerrero no es el único protagonista de una historia de barrios deprimidos, periferias y glosario de acciones y reacciones demasiado alejados del mundo que sucede en los informativos de la TDT. El plano documental, de hecho, es una de las raíces más interesantes del film que trata de encontrar analogías en su forma de ser grabada con el cine dogma, muchas más que con la obsesión por el zoom y la estética de 35mm del cine quinqui. También se distancia en su otro valor fundamental: mientras que aquellas películas entraron con mayor o menor facilidad en el circuito comercial (e inspiraron exposiciones y retrospectivas), esta se ofrece desde su acceso gratuito.

    La película fluye con algunos lapsus temporales: Guerrero, en un mismo día, realiza varios atracos y trapicheos a distinto nivel, pasa la jornada con una hija que no reconoce porque su madre ha de trabajar, pasa el mono encerrado en un váter… Los peros formales se diluyen ante la potencia conceptual. De otro lado, Criando ratas no es cine comercial, no es cine de autor, no es cine amateur y no es cine de festivales. No ‘tocará’ las salas, no encumbrará a su director por su excelencia técnica, no es -ni mucho menos- una idea ingenua de tantas que acaban en YouTube y ya no podrá ofrecerse como estreno a los certámenes españoles (camino del millón de visualziaciones).

    Aunque sus promotores no son proclives a la comparativa, si la ‘colásemos’ entre los estrenos de 2016, Criando ratas ya sería la sexta película más vista del último ejercicio. Solo Un monstruo viene a verme (4,6 millones de espectadores), Cuerpo de elite (1,1 millones de espectadores) Kiki, el amor se hace y Cien años de perdón (cada una con más de 1 millón de espectadores) y Villaviciosa de al lado (960.000 espectadores) superarían los casi 800.000 visionados del film en YouTube. Su efecto -recibida como un hype, cuestionada por su revisión del cine quinqui y halagada por la honestidad con respecto a la historia y lugar, quedan a la espera de unas consecuencias muy apetecibles: la carrera que a Salado le queda por delante. 

  • Juan Diego Botto: «Nunca he tenido vocación de minorías»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La octava edición del Humans Fest entregó este viernes el premio Pau i Justicia a Juan Diego Botto. Con este reconocimiento, el actor, dramaturgo y director veía reconocida así «una trayectoria en defensa de los derechos sociales y humanos a través de sus trabajos en el cine». Una labor que ha servido, según los impulsores del festival valenciano que se celebra hasta el próximo día 19 de febrero en la Filmoteca de València, «como elemento de transformación de la sociedad y de su compromiso personal».

    A sus 41 años, Botto, hijo de la trascendental maestra de actores Cristina Rota, ha embastado una larga carrera iniciada cuando tan solo era un niño, formalizada durante su adolescencia (donde hasta tuvo un papel en 1492: La conquista del paraíso, de Ridley Scott)y que encontró en Historias del Kronen su primer rol protagonista. Sus trabajos en películas de Montxo Armenderiz o Adolfo Aristarain o en títulos como Plenilunio (Imanol Uribe, 1999) o Asfalto (Daniel Calparsoro, 2000) han fijado parte de su aportación al cine.

    En el teatro, donde ha dirigido su propio Hamlet o interpretado textos de Bertolt Brecht, ha disfrutado durante los últimos años de «la experiencia profesional más gratificante» con su obra Un trozo invisible de este mundo. El montaje dirigido por el valenciano Sergio Peris-Mencheta y que cuenta la historia de la congoleña Samba Martine -fallecida tras pasar 40 días en un Centro de Internamiento para Extranjeros de Madrid- se pasó tres años girando. Éxito de público y de crítica que le reportó los Premios Max a mejor actor y autor revelación en 2014. 

     En Valencia, a donde llega tras concluirse la emisión de la primera temporada de la serie de televisión estadounidense Buena conducta, conversa sobre algunas de esas vivencias y de cómo su compromiso (implicado y presente en manifestaciones y reivindicaciones públicas a lo largo de toda su vida, del Nunca Mais al No a la guerra, del 15-M a las asambleas vecinales que han acabado por influir en la composición del actual Congreso) convive con la industria de la que participa.

    -El premio reconoce tu trabajo como «elemento de transformación de la sociedad y de su compromiso personal». ¿Te sientes identificado con el enunciado?
    -La nomenclatura del premio quizá es excesiva… [ríe]. No sé si soy merecedor de este reconocimiento. Mi compromiso, a través de mi profesión o en la calle, estando sencillamente donde he creído que debía estar cuando debía estar, no me distingue de muchas otras personas. De hecho, se me ocurren muchas que han hecho una labor más importante…

    -¿Ese compromiso, está implícito en tu oficio o lo impones sobre tu oficio?
    -Hay un poco de las dos cosas. De una forma genérica, el arte siempre tiene una carga política notable. Desde la pintura hasta el cine. Lo que pasa es que tendemos a pensar que el cine es político o social cuando tiene una carga crítica, pero, por ejemplo, todo casi todo el cine de acción tiene esas cargas. Lo tiene porque es acrítico y todo lo que va a favor de corriente es difícil de ver. Todas las películas o las obras de teatro que he hecho tienen una visión del mundo que nos rodea. Cuando puedo escoger intento hacer piezas que provoquen algún tipo de reflexión. No siempre puedo hacerlo y no me desligo de que la industria tiene su forma de funcionar, que forma parte del arte, sí, pero también parte de la vida. Lo cierto es que he tenido la fortuna de trabajar muchos años y he podido escoger mucho, trabajos para generar una mirada crítica sobre el mundo que nos rodea.

    -El año pasado recibió el mismo galardón Montxo Armendariz [junto a Puy Oria], un personaje fundamental dentro de tu carrera. ¿También como referente de compromiso?
    -Montxo es más que un amigo para mí. Cuando me ofrece Historias del Kronen, mi primer papel protagonista, tengo 18 años. Si esa película no hubiera existido, mi historia sería otra. Desde entonces, vivo de mi oficio. Él me permite conocerme como actor y, sí, conocer su ejemplo. Creo que tiene una filmografía intachable, de esas en las que no te preguntas ‘por qué habrá hecho está película’. Una filmografía fundamental para este país durante los últimos 40 años, asumiendo no solo riesgos formales sino distintos compromisos. Su cine es ejemplar, incuestionable… es de acero. Y Montxo es una persona de principios inquebrantables.

    -Mencionas Historias del Kronen, una película que, como hablábamos antes, tiene una carga crítica más bien a favor de lo que sucede. Refleja una sociedad que tendrá un papel fundamental en la crisis económica de 2008 y en adelante. ¿Erais conscientes en aquel momento de que suponía algo así como un retrato generacional?
    -En aquel momento lo que no sabíamos es qué iba a ser de toda aquella sociedad del bienestar. Representa a un grupo que tiene ‘todo’ garantizado y que no encuentra un sentido a su existencia, más allá que forzar los límites de lo que vive para sentir algo. No hay nada que les justifique. El referente más parecido a Historias del Kronen es… va a parecer algo extravagante, pero es La dolce vita (Federico Fellini, 1960); una panda de absurdos que llevan al extremo lo que les pasa para que en realidad les pase algo. Historias es un retrato de mi época, de mi juventud y de una generación que hoy en día tiene mucha relevancia.

    -Durante el Humans Fest se van a proyectar algunas películas de tu filmografía. Una de ellas es ¡Hay motivo!, el proyecto colectivo al que aportaste tu cortometraje Doble moral. Aquel proyecto se presentó en febrero de 2004 y mostraba distintas historias por las que España debía votar un cambio de gobierno. Un mes después, los atentados del 11 de marzo en Madrid y las Elecciones Generales de aquel año cambiaban la situación del Estado, pero vuestra marca, el halo mediático de ese posicionamiento nacía y se convertía en un germen para el descargo que el Gobierno de Mariano Rajoy ejercería contra el cine español a partir de 2012. ¿Cómo recuerdas aquella situación y cómo digieres que estemos hablando de sus efectos 13 años después?a
     -En aquel proyecto se juntó la atención del movimiento Nunca mais con el movimiento de No a la guerra. Fue un momento de movilización muy sólido, en el que nosotros nos quedamos con la marca y del que ya nadie se acuerda bien que era el 90% de la población la que estaba en contra de la invasión de Irak. En las masivas movilizaciones, históricas, era muy común ver a monjas y curas, más allá de la sensación que pudiéramos tener de que la entrada en esa guerra no tenía nada que ver con el pueblo español en general. Era una causa masiva que artículo a muy diversos sectores de la sociedad. Lo terrible es que, 13 años después, estamos bastante peor en lo que se refiere a los derechos humanos. La crisis de 2008 ha hecho saltar las costuras en todo Occidente. Se ha producido un auge de la extrema derecha y, si en 2003 nos manifestábamos por evitar una invasión, ahora las invasiones se producen sin respuesta. En el caso del cine español, se tuvo la voluntad de buscar un agente responsable de la derrota en aquellas elecciones. La violencia desatada a través de los ataques de los medios de comunicación, la manera de señalar constante y tensa, provocó la situación que vivimos ahora. Caló la idea de que los cineastas somos algo así como un quinto poder rodeado de subvenciones y que ponemos y quitamos gobiernos a nuestro antojo. Lo cierto es que somos el cine más maltratado de Europa si pensamos en las ayudas, en las antípodas de los países que nos rodean. Eso no es lo más preocupante. Lo preocupante es que esa manera de señalar se ha extendido más allá del cine. La derecha domina a la mayor parte de medios de comunicación y cualquiera que se oponga a sus voces acaba siendo tachado de radical o terrorista. España ha llegado al paroxismo de llevar a la Audiencia Nacional, el tribunal encargado de juzgar los delitos de terrorismo, a unos titiriteros por hacer una ficción. Es decir, que hemos pasado de 2004 a 2017 convirtiendo a España en un lugar donde existen los delitos de opinión y que, a través de la creación de una ficción, puedes ir a la cárcel. Eso es lo preocupante de entonces hasta ahora, ese germen de macartismo que se siembra en aquellos años en el No a la guerra y en qué se ha convertido a día de hoy.

    -El último de los ecos de la crisis sistémica de 2008 puede ser la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump.
    -Lo terrorífico del ser humano es que nunca llegamos a saber cuál es su última frontera. Un amigo mío dice citando a un autor que ahora no recuerdo que para el ser humano es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Podemos encontrar 15 motivos por los que la Tierra va a implosionar, pero somos incapaces de imaginar un sistema de organizar la vida que evite que implosione con nosotros dentro. No somos capaces de generar un nuevo sistema económico y tenemos la incapacidad de proponer o de aceptar las formas alternativas de organizarnos de otro modo para evitar el malestar de esta sociedad. Como explicaba Naomi Klein en uno de sus títulos, con la crisis de 2008 surge una oportunidad con dos caminos… lo dijo también un señor que ahora está en la cárcel, Gerardo Díaz-Ferrán, el presidente de los empresarios, que dijo algo así como ‘hay que poner en paréntesis el capitalismo’. Pues Klein, de aquellos dos caminos propuestos, el de corregir el abuso de los banqueros y los sectores financieros que habían generado por sí solos la burbuja, o el de salvarles.

    -Y se salvó el sistema que había colapsado.
    -Se optó por lo segundo, sí. ¿Por qué? Primero, porque, no somos idiotas: tienen la sartén por el mando. Segundo, porque las tendencias culturales dominantes que se habían ido generando en los años precedentes se habían ido apoderando poco a poco de esa perversión en la que se ha convertido el sentido común. 

    -Esa apropiación está lúcidamente reflejada en el monólogo inicial de tu obra Un trozo invisible de este mundo.
    -Exactamente ahí. Es el discurso que nos convencía de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, de que podíamos trabajar y ganar menos, de que el mundo era algo así como un sálvese quien pueda. Y si no puedes pagar la casa, pues no haberte metido. Que alguien a la derecha de George W. Bush ganara, en 2003, era inconcebible y, sin embargo, ahí está Trump en la Casa Blanca. Es el paso más allá. 

    -¿Qué significa para ti esta nueva frontera de la realidad?
    -Es el paso más allá, como te decía. Hemos vivido en un mundo en el que los gobiernos habían decidido trabajar para unas grandes oligarquías. Ahora las oligarquías, después de la crisis de 2008 a la que estamos haciendo referencia, han dicho: ‘mirad, no lo estáis haciendo como a nosotros nos conviene. Nos vamos a poner nosotros al mando’.

    -Un gobierno mundial sin intermediarios.
    -Es que todo el gabinete político de Trump son grandes multimillonarios estadounidenses que han trabajado o trabaja para GP Morgan, Goldman Sachs, etcétera. Han decidido que an a gestionar lo público sin intermediarios, así que no descartemos que la cosa pueda ir a peor. Ya sabemos que este sistema es canibal, que es autodestructivo y que lo que importa es hoy. Si nos estamos cargando el planeta a marchas forzadas, ¿qué importa? Si Europa está tratando de forma impúdica, vergonzosa y quién sabe cómo se nos juzgará en el futuro por lo que estamos permitiendo con los refugiados, ¿qué importa? Estamos convirtiendo nuestras fronteras en campos de concentración, así que esta frontera no es la última. Vamos a ir mucho más allá en nuestra capacidad autodestructiva. Es infinita. Creo que en ninguno de los gobiernos que conozco está en su mente impulsar con verdaderos esfuerzos una forma más sensata de organizarnos y cuidarnos. Es un momento extremadamente preocupante, altamente desolador y en el que la esperanza es buscar y activar mecanismos para revertir estas situaciones.

    -Hay ecos de luz en toda esta situación. Por ejemplo y precisamente en esta década, tu proyecto Un trozo invisible de este mundo ha completado varios años de éxito con una obra transformadora y de un compromiso social muy claro.
    -Ha sido la experiencia profesional más gratificante de mi vida. Algo que nace de mí, de una historia concreta que me interesa y que cuando me puse a trabajar en ello pensé, ‘bueno, vamos a estar un mes en el Matadero de Madrid y con eso nos conformaremos’. Pensaba que íbamos a tocar a un público en Madrid al que le gustan las historias más duras, un circuito minoritario, quizá, donde siempre tienen buena cabida este tipo de obras y con gente implicada en la denuncia social. Sin embargo, ocurrió una cosa muy distinta. Se convirtió en una obra de masas y nunca tuvimos esa esperanza a priori. Si que es cierto que yo intento escribir… escribir cosas que se entiendan. Nunca he tenido vocación de minorías y creo que la primera vocación del arte es no aburrir. 

    -Cómo hiciste con ‘tu’ Hamlet. Una escritura pegada a la trama.
    -Era mi obsesión. Crear un Hamlet, cercano, comprensible, desprovisto de… pedantería. Eso intenté con Un trozo invisible de este mundo, consciente de que era un tema sensible y duro, pero se convirtió en ‘eso’ a lo que la gente llama ‘un éxito’. Girando por todas partes y disfrutando de los debates y charlas después de la obra. Era muy importante para nosotros conocer que a una parte del público la existencia de los CIEs (Centros de Internamiento para Extranjeros) les llegaba con la obra. Y de qué manera…

    APUNTES DE LA ENTREVISTA
    
    -Botto tiene unas décimas de fiebre. Le ronda una gripe y sugiere que son los gajes de su labor menos pública: ser padre. 
    -Mantiene la mirada constante y serena. No son pocas las ocasiones en las que se queda en silencio antes de contestar.
    
    -A veces, intuye que su discurso es demasiado catastrofista. Es consciente y busca salidas. No le gusta que a su industria se le llame entretenimiento y, al mismo tiempo, le molesta pensar que puede aburrir.
    
    -Nos tomamos el café en Mayan Coffee, una cafetería que importa el producto de fincas localizadas en América Latina donde se explota la tierra de manera sostenible y el sistema es de comercio justo.
    
    -El café es guatemalteco, en una buscada alusión a la historia del asalto a la embajada de España en Guatemala que aborda su cortometraje Doble moral que se proyectará en Humans Fest.
    
    -Su sensibilidad con la Historia y el presente de América Latina (nació en Buenos Aires y es "hijo de su represión") es mayúscula.
    
    -En la recogida del premio Pau i Justicia, Botto hizo alusión al poema Pan y rosas de James Oppenheim. Una poética conexión con los dos lados de su oficio, el comunicativo y el transformador: "Vivir no es sobrevivir. Todos tenemos derecho a las rosas".

    -Una obra para la que elegiste al también actor valenciano Sergio Peris-Mencheta como director. ¿Por qué?
    -Elegí a Sergio porque, a priori, es una persona totalmente opuesta a mi forma de ser. Yo soy muy intenso y el es muy juguetón. Entendí que necesitaba a alguien muy juguetón muy jugón, para llevar a escena esos textos tan intensos. Que no sumara intensidad al papel, vaya. También porque buscaba a alguien que no me conociera mucho y que dijera: ‘esto no lo entiendo’, ‘esto no me gusta’, ‘esto, fuera’. Nos entendimos de maravilla y estos años han forjado una bonita amistad. Creo que además conectamos mucho porque somos del mismo año y tenemos los mismos referentes culturales, una forma parecida de ver la profesión y de amar nuestro oficio.

    -En la descripción del premio concedido no se hace alusión a ello, pero tus perfiles online se han convertido en una extensión de tus reivindicaciones. Sin ir más lejos, el otro día uno de esos impactos sobre la conversación levantó 2.000 retuits. ¿Cómo gestionas, vives o digieres lo que sucede en ese nuevo aspecto que has desarrollado?
    -Bueno, las redes sociales son solo una parte de la realidad. Una parte virtual que no por ser virtual deja de ser real, pero en cualquier caso una parte minoritaria de la realidad. No hay que confundirse con lo que hace y se agota en las redes sociales. La inmensa mayoría de los españoles y las españolas no tiene Twitter. La inmensa mayoría de los españoles y las españolas no sabe qué pasa en Twitter. Así que nuestro mundo de followers, de grandes discusiones aparentemente trascendentales, pasan inadvertidas para la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. Hay que tenerlo en cuenta, porque uno tiene la tendencia de convertir ese mundo en su mundo y ahogarse en un vaso de agua cuando, después de un tuit, 25 personas te insultan o amenazan. Aunque ahora la Fiscalía de la Audiencia Nacional está más sensible con este tema

    -Sensible según con qué temas.
    -Sí, claro. La exaltación del franquismo o el nazismo o los insultos a Pilar Manjón no parecen ser delitos de odio o exaltación del terrorismo. Hay que tomar las redes sociales como lo que son: un vehículo para expresarse y una manera muy buena de comunicarse sin filtros, de poder hacer fluir información sin filtros y conocer realidades de ciudadanos que pueden propagarse a través de ellas. El otro día, de no ser por las redes sociales, el vídeo del muchacho que se grabó mientras la Guardia Civil le golpeaba porque había saltado a un ruedo jamás lo hubiéramos conocido. 

    -¿Te has arrepentido de alguno de tus mensajes en esos perfiles?
    -Muchas veces. Soy de los que escribe un tuit y lo borra 27 veces. Pienso qué sentido tiene lo que aporto criticando a funalito y me pregunto a veces si solo es un impulso, si es rabia… lo pones sin pensar, claro que sí. En general, si puedo contribuir a que algo importante llegue a más gente, fenomenal. Cuando me insulta un señor con sus 27 seguidores, habitualmente con una bandera de España en el avatar, anónimo… he de relativizar lo que ahí sucede, relajarme y pensar en la inversión de tiempo que merecen las redes.

  • Valencia contra sus fantasmas: ‘La estrategia del silencio’ con el accidente de metro llega al cine

    Publicado originalmente a Culturplaza.com

    El próximo martes 14 de febrero se estrena La estrategia del silencio, la película que recorre el calvario que han supuesto los nueve años de lucha de las víctimas del accidente de metro de Valencia sucedido el 3 de julio de 2006. Dentro de la Sección Oficial del VIII Humans Fest, el largometraje documental dirigido por Vicent Peris y producido por Barret y Mediapro, enfrenta a la sociedad valenciana contra sus sombras. Ese es su principal aporte: señalar que, más allá de la banda de responsables políticos que gestó un plan para acallar lo sucedido, el cómplice imprescindible de una de las historias más dolorosas, oscuras e insoportables ocurridas nunca en el País Valenciano fue su sociedad.

    Desde el año 2012, Barret fue compartiendo el proceso de investigación a través de la web 0responsables.com. De hecho, las tomas y el relato ya se han podido consumir parcialmente durante los últimos años. Unas grabaciones que fueron fundamentales en la emisión de Los olvidados, el reportaje de Salvados sobre el suceso. Este hecho mediático despertó al pueblo valenciano de un extraño letargo, como si la ensoñación del nuevo y falso rico se desmoronase hasta su base y, cinco días después, tras muchas decenas de manifestaciones celebradas cada 3 de julio con las víctimas y apenas un centenar de vecinos, la Plaza de la Virgen se llenó.

    Aquel 3 de mayo de 2013 los olvidados pasaron a recoger un pulso que, por momentos, creían haber perdido para siempre. Como destripa la película, la mayoría de ellos siguieron acudiendo a las manifestaciones por inercia; otros, porque como dice su anterior portavoz, Beatriz Garrote, sería imposible quedarse en casa sin haber logrado sus objetivos. Esos objetivos se fijan con claridad en el film y se reducen a uno: el perdón por parte del Gobierno valenciano depuesto en las urnas en 2015. Perdón y respuestas a las interrogativas qué, cómo y por qué. No se logra y, de hecho, entre los sinsabores de un final que refleja una paz relativa entre algunas de sus víctimas, la reparación llega en Les Corts que ya domina en número de votos el Ejecutivo surgido del Pacte del Botànic.

    La cinta recupera mucho más que los hechos políticos, aunque ese relato y la estrategia surgida de quienes ostentan el poder en el peor de los sentidos también esté. Esa estrategia del silencio arranca con la demoledora comparativa entre la visita del Papa emérito Benedicto XVI, acontecida cinco días después, y el accidente. Aunque el relato ya se ha abordado varias veces, sobre todo a partir del cierre de Radiotelevisión Valenciana, el documental es especialmente crítico con los extrabajadores y por dos veces los señala de una manera cruda como eslabones esenciales en la cadena de transmisión del silencio. 

    La primera, cuando -a través de la narración de Frederic Ferri, los trabajadores bajan al plató e interrumpen el suceso natural de emisión con los petos en protesta por el cierre. Ferri se pregunta por qué cuando «ens toquen la butxaca» si que se plantaron ante el proceder de esos informativos, mientras que denuncia como ante la cobertura y seguimiento del accidente no se hizo nada similar frente a la estrategia del silencio. La segunda de esas ocasiones es todavía más agria, quizá porque las imágenes son menos colectivas. Peris admite a Valencia Plaza que les costó tomar la decisión de sí incluirlas o no, pero, en un reportaje realizado por extrabajadores de RTVV, Garrote les pregunta a la cara si, dada la situación, ahora que ya no trabajan allí y que están haciendo ese reportaje, si alguien puede decirles «quién dio la orden». El equipo que está haciendo ese reportaje se queda en silencio y concluye que su trabajo ha terminado.

    Los medios públicos de comunicación silenciaron el caso, Les Corts cerró la investigación en apenas un mes (concluyó que no había responsables) y la instrucción judicial se capituló sin que hubiese un juicio. Las víctimas (los fallecidos, los heridos y sus familiares) reaccionaron unas semanas después de la tragedia. Encontraron en sus testimonios coacciones, presiones y sinsentidos en la figuración de una respuesta al drama que se había posado para siempre en sus vidas. Esa crónica de vaivenes judiciales, de ignonimia social, de reacción solidaria, lucha hasta en el Parlamento Europeo -con la representante del Partido Popular repitiendo la versión de su grupo años después-, y la llegada final de una reapertura del caso, de una nueva investigación y del ‘hallazgo’ de 13 responsables, se resume en apenas 82 minutos de rodaje; menos de 10 minutos por cada año de incomprensión.

    Rico en los detalles donde la historia se hace casi inabarcable, el documental también abunda en muchas experiencias personales -de víctimas y de fuentes silenciadas- mucho menos conocidas hasta ahora. Con el hito de su estreno (Filmoteca de Valencia, 20 horas) en la agenda, su director resuelve a Valencia Plaza algunas cuestiones sobre la película.

    -Han sido cinco años de rodaje y un gran número de viajes, testimonios y horas de edición. ¿Cómo habeis logrado sintetizarlo?
    -No ha sido sencillo. Son muchos momentos y muchas escenas. Nos ha podido ayudar ir sacando material en la web, para ir aproximar historias silenciadas e ir dándolas a conocer a la opinión pública. Eso sí, han sido muchas versiones, muchos visionados… incontables. Esta que estrenamos es la versión para cine, aunque en la convocatoria de proyectos para la nueva Canal 9 hay una serie documental de dos capítulos que sería una versión extendida de estos 80 hasta unos 120 minutos.

    -¿Cómo ha evolucionado la historia para vosotros durante el proceso?
    -Nosotros pensábamos que íbamos a hacer un documental más bien descriptivo y que iba a girar en gran medida en torno a las causas y el tema político. Sin embargo, cuando les fuimos conociendo aceptamos enseguida que lo que íbamos a contar era la historia de estas personas abandonadas. Era una historia de resistencia, de lucha, en la que íbamos conociendo a gente por la sencilla y gran razón de que nos dejaban hacerlo. 

    -¿La sociedad es la principal señalada por el documental como culpable?
    -Es una sensación que nosotros tuvimos nada más empezar el documental y que, sí, puede que sea esa una lectura posible. Lo habíamos olvidado. Nos soprendió a nosotros mismos hasta que punto nos habíamos olvidado de la historia. El tema político está presente y lo queríamos contar, pero, sin valoraciones, la sociedad es la primera que los abandona. Es un hecho incontestable. Los habíamos olvidado…

    -¿Hasta qué punto le caló a las víctimas esa sensación de soledad? ¿Quién no se olvidó?
    -Las víctimas le tienen mucha estima a unas 100 o 200 personas que fueron o a todas o a muchas de las manifestaciones del 3 de julio. Eran pocos, pero para ellos eran muchos. Les ayudaron. Se sentían acompañados por esa mínima gente y, quizá con un papel interesante, les hizo no perder la esperanza. Pero también Laura Ballester con su trabajo periodístico para Levante o El Mundo cuando publica en 2011 el estudio de HM & Sanchis… había también periodistas en prensa aguantando el tema, aunque quizá se atomizaba todo, algo que pudimos comprobar con el impacto de Salvados.

    -¿Cuándo se resuelve esta historia?
    -Cuando la justicia actúe. Las víctimas han llevado hasta el límite sus posibilidades como función social. Lo han conseguido todo y más. Todo lo que podían conseguir. Ahora está todo en manos de la justicia para ver si el caso se cierra o no.

  • ‘Múltiple’: el suspense de Shyamalan

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En este momento no logro recordar en qué capítulo del maravilloso podcast Todopoderosos Nacho Vigalondo dijo que a M. Night Shyamalan se le había ido la fuerza cinematográfica con su afán por hacer pesas. Ese equilibrio de fuerza en su fulgurante carrera se ha reequilibrado con Múltiple, la cinta que cuenta la historia del joven Kevin Wendell Crumb (James McAvoy) y su Trastorno de Identidad Disociativa. En esa lucha por la identidad interna, un punto de partida tan brillante como todos los que ha manejado el director indio hasta la fecha, 23 personalidades libran una inagotable batalla por sobreponerse entre sí.

    Entre todas las personas que conviven en un mismo cuerpo, Kevin alberga la mente de un pervertido capaz de secuestrar y sacrificar adolescentes. Ese peligro público tiene antídotos en varias de las demás personalidades e incluso una vis súperpoderosa y catártica que muy de tanto en cuanto se manifiesta para acabar con todo. Ese es el escenario en el que se desarrolla la nueva película de uno de esos directores que todavía es capaz de captar a miles de seguidores con su apellido. Un disfrute que queda reducido a escombros si el espectador visualiza sus trailers. Las majors (Universal, en este caso) siguen ninguneando al espectador con este acto terrorista contra el disfrute de la gran pantalla.

    Múltiple está lejos de esa tetralogía con la que Shyamalan se merendó el cine de entretenimiento: El sexto sentido (1999), El protegido (2000), Señales (2002) y El bosque (2004). En apenas un lustro aquel joven crecido en Pennsylvania demostró un vasto conocimiento del que su biografía en Twitter es la mejor síntesis: «My Mount Rushmore: Kubrick, Kurosawa, Hitchcock and Ray«. En su duodécima película como director, los reflejos con Psicosis tienen poco de teoría conspirativa y mucho de referencia esencial: la vida de un psicópata que cambia de personalidad al travestirse y asesinar a sus víctimas. Y la pista sirve para aceptar que Shyamalan, en esta ocasión, ha decidido enfundarse el traje de maestro del suspense sin complejos. Afortunadamente. De nuevo.

    Con ese dominio de la fundacional galería de trucosel indio-estadounidense desarrolla un film que vuelve a demostrarle como un cineasta superdotado, aunque todavía lastrado por algunas de sus más recientes manías. Por ejemplo, la de reírse de sí mismo. Si en La visita (2015) ese gesto nos dio una lección, en el final de Múltiple esta torticeramente encajado. Pero más allá de estas taras -la película hará las delicias de los cazadores de fallos de raccord– lo mejor es que la alianza con Blumhouse parece haberle liberado como creador hasta permitir que volvamos a disfrutar de una mirada tan contemporánea -dentro del cine convencional- que lo hace tan clásico. 

    Múltiple permite olvidar la desfachatez de su travesía por el desierto: Airbender, el último guerrero, 2010; After Earth, 2013. Un trabajo elevado por un McAvoy que hace parecer fácil aquello que el espectador intuye díficil, pero que es mucho (¡muchísimo!) más complejo de lo que acaba por parecer. Los personajes entran y salen de ese cuerpo afilando una historia claustrofóbica, llena de tensiones humanas y donde los resortes del género de terror se intuyen sin llegar a desatarse. Shyamalan juega con la audiencia a hacerle creer que se aproxima a una historia densa, aunque al contrario de lo que podrían hacer Christopher Nolan o David Fincher, por ejemplo, deja que sea el espectador el que avance por esos caminos tras los títulos de crédito. 

    Y aunque los temas en torno a los que gira el film bien podrían ofrecer la excusa para hablar de un tema tan moderno como la gestación y uso de la identidad, Múltiple obtiene ese mérito tan cuestionable que es acabar la película rodeando a la figura de su director. Un rasgo positivo en el que la posmodernidad nos permite poner por delante de la historia la forma en que se cuenta. De ahí tanta atención por su filmografía como un todo, cuando esta nueva etapa generada con la producción y consejo de Jason Blum nos permite recuperar el suspense sobre si Shyamalan, a sus 46 años, todavía no ha hecho más que iniciar una cosecha de films tan nutritivos como Múltiple.

    Mención a parte merecen los contenidos y perfectos trabajos de vestuario (del lanzaroteño Paco Delgado) y tipografía, en un icónico diseño de créditos que usa la multiplicidad de pantallas (24) para redundar en el concepto de la película.

  • (Crónica) ‘Omega’ en Valencia: catarsis emocional

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    A estas alturas es posible que se haya escrito todo sobre Omega (1996), un álbum tan moderno que hoy, todavía, es una oportunidad visceral para disfrutar de la música. Ese es el principal legado dedisco que contó con una virtud trascendental: la necesidad de provocar de Enrique Morente, cualidad en desuso desde hace el tiempo suficiente como para asegurar que estamos hablando de la última frontera que el flamenco se ha atrevido a cruzar.

    En su 20 aniversario, cinco años después de que el periodista Bruno Galindo publicara el título de referencia Omega. Historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca, el disco ha provocado el estreno de un documental sobre su gestación, grabación y gira, pero también una triada de conciertos con los músicos que lo hicieron posible y la interpretación de los hijos del cantaor.

    Origen de un imposible 

    El ronco de Graná, una voz que ya hubiera pasado a la historia por la solemnidad de su técnica y la hondura de su cante, nunca tuvo suficiente entre los palos. En febrero de 1996, después de un recital en el Teatro Albéniz de Madrid sobre el que hoy se proyecta un hotel, Morente volvió al escenario para cumplir con el bis que los aplausos reclamaban. En las tablas le esperaba Tomatito, que le había acompañado durante el repertorio. De repente sonó un estruendo y al fondo, como relataba Silvia Cruz hace unos días en El Español, aparecía Eric Jiménez montado sobre su batería y agotando el oxígeno de los presentes con la apertura de Omega.

    M.A. Cortés, Salazar, Morente, Estrella, Aurora y Soleá en 1996 (Extraída de ‘Omega’, el documental) 

    A Morente le hicieron dudar durante meses sobre el proyecto, para empezar con los abucheos y los gritos de “basura” desde el público al que afrentó con la escena descrita. Él estaba convencido de transgredir lo establecido: “molestar es necesario. Si no molestas a alguien, es que no estás arriesgando. Y además, si no molestas, solo eres molestado”. No encontró más apoyo que el de los hermanos Jesús y Antonio Arias, miembros de la banda T.N.T. El segundo de ellos era el líder de los citados Lagartija Nick, un grupo todavía desconocido, enrabietado por haber sucumbido al ritmo de las multinacionales con su segundo disco y cuyo futuro era más bien incierto.

    Los Arias veían a Morente como un maestro y éste les respondió multiplicando su interés por arriesgarlo todo al fusionar un cuadro flamenco con una banda de rock. Juntos proyectaron un álbum sin precedentes a partir de esa genuina formación que dio forma a versos de Federico García Lorca y canciones de Leonard Cohen. Con el rechazo de la industria discográfica (el disco acabó siendo editado por la revista El Europeo), Morente encontró aliento en la voluntad de Aurora Carbonell y Estrella Morente, mujer e hija, atraídas por el proyecto, y la fe en el ronco de un elenco de músicos flamencos casi irrepetible: Tomatito, Vicente Amigo, Cañizares, Miguel Ángel Cortés, El Paquete o Montoyita.

    El concierto

    Pues bien, estos dos últimos se subieron este jueves 1 de diciembre al escenario del Espai Rambleta para hacer realidad un “recuerdo” imborrable. Lagartija Nick junto a los hijos de Enrique y Aurora, exploraron las sensaciones de llevar de nuevo al directo Omega. El disco que giró durante años el propio Morente con los Nick y buena parte de su familia, encontraba ayer en las voces de Estrella, Soleá y José Enrique ‘Kiki’ una alternativa que llenó el auditorio valenciano y supuso un experimento emocional a ambos lados del escenario.

    La noche arrancó con una tensa presentación de las voces junto a Arias, “miembro de la familia” desde que se inició el proyecto,como recordó Estrella. Superada la escena, Kiki interpretó las dos primeras canciones entre las que sobresalió ‘Solo del pastor bobo’. La canción de Salazar empezó a atemperar la voz del más joven de los Morente, ligado a los circuitos más clásicos del flamenco durante los últimos años. Extrayendo las primeras ráfagas de sentimiento, el público se fue también abriendo a un concierto cuyo repertorio desconocía y en el que quién iba a ser el encargado de ‘suplir’ al ronco parecía una preocupación.

    Soleá se encargó del segundo par. La intérprete, que hace apenas unas semanas defendió su primer álbum en solitario en el mismo espacio (Tendrá que haber un camino), se curtió con una parte de Lagartija Nick en la banda de rock experimental Los Evangelistas, precisamente dedicada a la memoria de Enrique Morente. Soleá, que participó en los coros de los álbumes de su padre desde 1991 hasta su muerte, avanzó en esos primeros temas con un paso todavía desigual. La propia Estrella, responsable del tercer par de temas introductorios, comentaba entre alguna de las canciones la complejidad de “mantener la concentración y vivir todas estas emociones”. Ella fue la verdadera protagonista de la noche.

    El matriarcado emocional

    El concierto, que tras los pares reunió a los tres cantantes en el escenario para enfrentarse al grueso del track list de Omega, fue una experiencia emocional en torno a esas imborrables canciones y a la gestión de lo que estaba sucediendo por parte de Estrella. Si bien es cierto que nadie parece exigirles a ninguno de los Morente Carbonell que sean su padre, la alternancia entre las interpretaciones de los tres hermanos generaba una ambivalencia con la altura de Estrella. La mayor de los tres, voz fundamental en algunos de los temas del álbum, seguramente la cantaora más importante en España de la pasada, presente y futuras décadas, se desvivió por arropar y dar oxígeno tanto a Soleà como a Kiki

    Estrella hizo dos interpretaciones imborrables para cualquiera de los asistentes anoche al concierto: ‘La aurora de Nueva York’ y ‘Manhattan’. El momento, reunida con buena parte de su familia para homenajear a su padre, la situación, con Lagartija Nick, su tío Montoyita, Paquete y sus músicos más próximos, y el poder de ambas canciones, de Vicente Amigo a Leonard Cohen, generó por momentos ese temblor físico que su voz logra a veces entre los huesos maxilares y algunas partes del cráneo en el receptor. Vibraciones y notas de una interpretación desbordante, técnicamente nerviosa a causa de los condicionantes citados, pero interpretativamente plena, excesiva, desmedida, fuera de lo común.

    Más se desdibujaron las canciones a tres voces, con alternancias en las que Estrella acolchaba con coros e interpretaciones superpuestas. En lo musical, al menos para el público, hubo un desorden manifiesto. Lagartija Nick funcionaron –para cuando grabaron Omega ya eran una roca de cohesión en directo- desde la primera hasta la última de las canciones. La casi militarista batería de Eric, las guitarras, teclados y el abrasivo bajo de Arias, no defraudaron en ningún momento. Entre el cuadro flamenco, quizá por la presión sonora de capas en el escenario, si hubo más idas y venidas. El cajón a veces se emborronaba en un toque excesivo, sin orden ni tiempo, de nuevo arrastrado por una tensión emocional que mantenía al público y a los intérpretes en una esfera posiblemente nada preocupada por las exigencias técnicas. Pero así fue y, en esas escenas a tres voces, con Kiki, Soleá y Estrella cambiando de posición constantemente en el escenario –y, por tanto, cambiando de micro y haciendo un tanto más difícil la sonorización de todo ello- algunas canciones se perdieron por el camino. Por ejemplo y contra pronóstico, ‘Aleluya’.

    Sin embargo, el concierto tenía un ambiente excepcional. La manera en la que el disco ha sido interiorizado por el público a lo largo de estas dos décadas, en muchos casos a través de una escucha individual y nada lúdica, dejaban este jueves a buena parte del auditorio totalmente entregada frente a las irregularidades interpretativas que la emoción pudiera provocar sobre los intérpretes. Se pudo comprobar esa amnistía ante la exigencia de fidelidad al sonido cuando, por ejemplo, se inició el segundo acto con los ambientes de Enrique Morente lanzados y envolviendo el inicio del tema de apertura del disco. Solo entendiendo esa reunión emocional entre lo que se sentía arriba y abajo del escenario se puede comprender que cada canción se aplaudiera con tanta intensidad, porque la percepción del público estaba siendo estimulada por otro tipo de resortes más allá que los de la cualificación técnica.

    Hubo tiempo para interpretar alguna de las canciones inéditas del disco que aparecen a lo largo del documental. Hubo tiempo para el ‘Pequeño vals vienés’, para destellos de Soleá y de Kiki que, en la catarsis emocional, sobresalieron más en los momentos de sentimiento y en los quiebros complejos; en cualquier caso, más que en las que en las zonas intermedias, siempre más sensibles. En los momentos en los que ambos se aproximaban a compases que solo la voz del ronco ha sido capaz de amortizar, Estrella giraba el rostro contra el fondo del escenario, como impulsándoles con los ojos cerrados, subiendo también la pierna para aguantar con fuerza cada nota sostenida, cada final elongado. Su generosidad, mezclándose con los Lagartija, doblando con Soleá la energía de los palmeros, fue de una entrega total.

    Quién sino ella pudo decir, mientras se iba, la frase que parecía haber rebotado dentro de los 14 músicos que se desvivieron este jueves sobre el escenario de Rambleta: “gracias por ayudarnos a recordar a mi padre”. Arias había avanzado en aquella previa que era el día de revivirlo de la manera más lúcida posible, pero también “a Lorca, a Cohen y a Jesús Arias”. Todos ellos se hicieron presentes en la citada catarsis emocional que desgranó los temas de Omega, entrelazó las voces de Kiki, Soleá y la que posiblemente es la voz más relevante de la música popular en España del último cuarto de siglo: Estrella Morente. El encuentro entre los que asistieron será, posiblemente, irrepetible.

  • El musical sobre Jorge Javier Vázquez es un capítulo de ‘Black Mirror’

    Publicado originalmente en El País

    La fiebre por las distopías está desatada. Aunque no existen estudios empíricos, parece razonable que si cruzas a una masa de personas cultivada, las dotas de herramientas de comunicación tan anómalas como Facebook y les haces tolerar que Trump gobierne bases militares en 150 de los 200 países que caben en el mundo, las distopías sean un valor refugio para la humanidad. Es una reacción natural; es el espíritu de supervivencia. Si aquello en lo que nos han convertido es imposible de digerir, disfrutemos dejando que la ficción nos avance un capítulo sobre el abismo inmediato.

    Es fácil aceptar que cualquier millenial devore Los juegos del hambre (Suzanne Collins), la saga Divergente (Veronica Roth) o, si hay mayor suerte entre sus mentores, Battle Royale (Koushun Takami) y La larga marcha (Richard Bachman/Stephen King). Es igual de fácil reconocer la eficacia con la que han influido las grandes distopías contra el sistema: 1984, George Orwell; Fahrenheit 451, Ray Bradbury; Walden dos, B.F. Skinner; Watchmen, Alan Moore. Lo que parece menos sencillo es aceptar cuando el futuro nos alcanza. Porque la fotografía de la sociedad española actual y su cultura que refleja el éxito de Jorge Javier Vázquez como actor, cantante y productor de teatro no debería estimularnos menos que aquel capítulo de Black Mirror (Charlie Brooker) en el que un talent show materializaba una tragedia a partir de la televisión de hoy.PUBLICIDAD

    Ese tipo de hombre, al frente de los programas más vistos de un país, parece haberse convencido tanto de su poder a través del teatro que podría abandonar la televisión

    Entre los próximos días 16 de diciembre y 8 de enero concluye en el Olympia de Valencia la gira de Iba en serio, «el musical sobre Jorge Javier Vázquez» (sic). Con precios que oscilan entre los 25 y los 61 euros, un rápido vistazo a los 22 pases que tendrá el espectáculo permite comprobar que al menos dos tercios de las entradas ya se han vendido. El sold out se repetirá un día tras otro en sus taquillas, como ya ha sucedido en ciudades como Málaga, Madrid, Sevilla, Alicante o Barcelona, entre otras. Un fenómeno comercial que inició su deambular con las siguientes críticas:

    Entre la falta de responsabilidad y la falta de respeto que Jorge Javier le demostró ayer a la profesión, pues así vamos. Falta de respeto porque J.J. se atrevió con todo: con la interpretación, con el baile y ¡con el cante! Pero bueno que para cantar, bailar y actuar, hace falta mucho, señor Vázquez, a ver si se entera”. La opinión de Málaga

    No importa que la vida del presentador se parezca tanto a la vida de cualquiera que pase por la calle o que tampoco parezca que el figura tenga mucho que contar; ni que Vázquez se atasque más que mi viejo Citroën, ni que se mueva como si la faja le apretara demasiado, ni que lo que sucede en escena resulte aburrido como para desmoralizar a las ovejas. El público aplaude entusiasmado a su Jorge Javier, al mismo que tiene en su salón a todas horas, y con eso basta”. Málaga Hoy

    Músicas que ilustran la vida del presentador y que él, con sus limitaciones vocales e interpretativas, canta en directo. Vida que puede ser la intrahistoria sentimental y musical de aquellos homosexuales españoles que, como Jorge Javier Vázquez, eran niños de barrio de aluvión cuando murió Franco y ejercieron su opción sexual en democracia”. Huffington Post

    Devolverle el teatro al pueblo: una distopía hecha realidad en seis capítulos

    La que sigue es una estructura de ficción a partir de las declaraciones, datos y lo acontecido en torno al éxito de público de Iba en serio.

    La distopía verificada puede iniciarse a partir de este clic. En el otoño de 2013, J.J se desnuda emocionalmente en el programa El convidat de TV3. Allí, un hombre visiblemente adinerado “se ve siendo cantante por todo el mundo. Por eso ahora estudia música con una profesora particular”. De los ejercicios y lo que se desprende de la escena enlazada les dejamos sacar sus propias conclusiones, pero acepten que es el punto de partida de la historia en la que J.J., a sus 45 años, decide cumplir un sueño. El sueño del mismo personaje que cuenta a su favor con una media de cuatro horas diarias en la televisión más vista de España, parámetro que acabará por descompensar el cuento hasta lograr “que todas las funciones que hemos hecho terminen con todo el público en pie”.

    En el uso contemporáneo de una relato que avanza y retrocede en el tiempo, el siguiente episodio sirve para demoler los prejuicios del espectador. En la distopía hispánica las plateas erguidas se han sucedido en las Canarias y en Zaragoza, en las ciudades citadas, pero también en el Kursaal de San Sebastián (1.600 entradas el pase) o el Arriaga de Bilbao (1.200 almas en pie). Había caldo de cultivo suficiente para tal audiencia más allá de Sálvame, antes de Gran Hermano 17La vida iba en serio, la autobiografía de J.J. en la que se inspira el musical y que publicó Planeta en 2012, vendió un cuarto de millón de libros en apenas unos meses. En la segunda semana había alcanzado su sexta edición. Esa vida sobre la que pivotan tantas estimas ha llevado a señoras de 45 años por primera vez al teatro: “a mí eso me produce una satisfacción tremenda. Que esa señora vaya por primera vez a una taquilla, sepa lo que es comprar una entrada, vivir con emoción traspasar esa puerta, sentarse en el patio de butacas…”.

    El ‘sold out’ se repetirá un día tras otro en Valencia, como ya ha sucedido en ciudades como Málaga, Madrid, Sevilla, Alicante o Barcelona

    Una definición más o menos aceptada de distopía es la que dice: “sociedad ficticia indeseable en sí misma”. El tercero de los capítulos habla de ese futuro presente, el de una sociedad inimaginable, sin haberse sentido atraída por el teatro desde nunca, revertido por un héroe capacitado para reventar el sistema desde dentro. La contracultura del futuro distópico sufre un volantazo contra los efectos del prime time, las redes sociales y una repercusión desmedida a causa de la industria del clickbait. Para lograrlo, J.J., que produjo antes de impulsar su máquina para hacer dinero devolver el arma del teatro al pueblo, erige esta obra sobre tres columnas infranqueables: Juan Carlos Rubio, que mientras se publicaban las críticas dirigía a un altísimo José Sacristán en la última obra para Broadway de David Mamet; Julio Awad, responsable de algunos de los mejores musicales de la Gran Vía madrileña; Kiti Mánver, la actriz que hace de su madre y que a menudo sostiene todo sobre el escenario. Los dos últimos, galardonados este año con los Premios de Teatro Musical.

    “Siempre me ha gustado el teatro como espectador y no había reunido el valor suficiente para hacerlo. Pero ha llegado el momento». La frase, literal, extraída de su hoja promocional, puede dar paso al cuarto episodio, con aquellos 45 días de ensayos tras toda una vida “sin ensayar nada”. El que también fuera periodista de Pronto y SuperPop con multipseudónimo, logra sobreponerse contra la represión (familiar y coyuntural) que le acompañó en Badalona. También, contra la represión de quienes más adelante, cumplidas muchas metas, le acusaron de intrusismo: “me hace mucha gracia que los actores hablen de intrusismo cuando muchas veces han tenido que trabajar de camareros… ¡y los camareros no tienen derecho a quejarse de que los actores… ¿no?”. Qué menos que uno de esos capítulos para desarrollar la opresión laboral y del sistema económico.

    El quinto capítulo se adentra en el texto de la obra, pese a ser, según su protagonista, «un recorrido emocional por los 40 años de la vida de cualquier persona”. Es importante entender que, no sin cierta épica contra lo establecido, J.J. sobrepone su éxito de masas al desprecio de programadores y gestores culturales del momento. Se pudo comprobar este mismo año 2016 en Alicante, donde el nuevo director del Principal, el dramaturgo, productor y profesor de teatro, Francesc Sanguino, la incluyó en el top ten de representaciones “inapropiadas” para un teatro público. Contra los ataques, J.J. demuestra la fortaleza de exhibirse por completo: “ser sincero y ser honesto te da muchísima libertad”. Qué mayor sinceridad que la de haber convertido en autobiografía y musical las entretelas de una vida, los sueños junto a una madre que es cómplice –sobre y bajo las tablas- y sirve de caballo de Troya para convencer a todas las generaciones de espectadores. La comparsa imbatible.

    El último de los episodios bien puede mostrar al Jorge Javier Vázquez a punto de concluir la primera gira de su musical, Iba en serio, en el gran teatro de Valencia. El mismo hombre que llegó a Madrid y que, como ha descrito varias veces, lo primero que hizo fue ir a ver El último tranvía interpretado por Lina Morgan. Y luego a Paloma San Basilio, a la que ‘cantará’ en el mismísimo musical. El mismo hombre que hace ahora un año entró a la casa de Gran Hermano –que hoy ‘dirige’- para invitar a los concursantes al estreno de su musical, quizá como un guiño al público al que se dirige. Ese tipo de estrategias, ese tipo de hombre al frente de los programas más vistos de un país, ese tipo de gigante más que catódico que dicen –y sirve como caramelo en la boca para ansiar una segunda temporada- parece haberse convencido tanto de su poder a través del teatro que podría abandonar la televisión.

    Y una cápsula del tiempo

    «Esto supera la ficción, debe ser la realidad«. La idea que recibe a cualquiera que entre en el Facebook de J.J. sirve como cierre para este artículo intergéneros con el que nos gustaría que no descarten la posibilidad de haber alcanzado un estadio del futuro con el que solo algunas distopías nos habían ayudado a tener pesadillas.

  • Ferran Adrià: «Las empresas españolas no son menos eficientes que las americanas, pero aquí nos castigamos»

    Publicado originalmente en Guía Hedonista

    Ferran Adrià presentó ayer en Valencia su proyecto con Disney y elBulliFoundation: el libro y app Tu cuento me suena. Hace apenas unos meses, de la mano de la Fundación Telefónica, instaló una exposición efímera en torno a la evolución de elBulli, considerado un punto de inflexión para la gastronomía mundial y el mejor del mundo durante casi una década, ocasión que aprovechamos en Valencia Plaza para pulsar su estado de hiperactividad una vez dejada atrás su etapa puramente gastronómica.

    Embarcado en varios proyectos ligados a la creatividad, la la innovación y, sobre todo, divulgación de el sinfín de verticales que maneja elBulliLab, la frenética actividad de Adrià se compagina con la docencia que imparte en la Universidad de Harvard desde hace ocho años. Esto no le ha impedido enfocarse durante el último año en este doble producto, libro y app, que aborda una de las cuestiones que más preocupan al revolucionario chef: la alimentación saludable. 

    -¿Por qué un proyecto sobre alimentación saludable pero, en este caso, enfocado al aprendizaje en familia?
    -Porque la gente aprende a cocinar, pero no comprende lo que cocina. Pongo dos ejemplos muy sencillos: todo el mundo dice que utiliza productos naturales para cocinar y que si son ecológicos mejor. Bueno, eso es imposible, porque la gente come tomates y el tomate natural nace en los Andes; ha sido el hombre el que lo ha modificado porque en su estado natural es, directamente, incomestible. O lo diré de otra forma: no existe el zumo natural de naranja. En los árboles no hay jugo. 

    -¿Es una cuestión semántica?
    -No lo es. Es una cuestión de manipulación. No se puede vincular lo natural con lo sano; ahí está el problema. Tampoco se puede vincular lo natural con lo que a uno le gusta. Como le gusta, pues es sano… El otro ejemplo que quería poner para evidenciar que la gente no tiene conocimiento sobre lo que cocina: no hace guacamole porque no es tradicional. Hace croquetas de jamón porque son tradicionales. Pues mire, las croquetas son de Francia en todo caso. Y explícale tú a un niño, después de internet, qué sentido tiene eso de la tradición porque, que yo sepa, cada una de las abuelas que cocina arroz en Valencia tiene ‘su arroz’. Y es igual de válido. ¿Cuál es la ortodoxia, entonces? El conocimiento, por contra, lo que te da es liberad. Para eso sirve el libro o la app.

    -Tecnología para usar en familia. ¿Es un reto en ese sentido?
    -Sí. Hemos querido proponer la app para usar en familia en un momento donde se critica que la tecnología no une a las personas. Las separa. Depende de cómo la usemos. En esta app vas haciendo un cómic porque vas haciendo fotos de las recetas que puedes imprimir, que puedes poner a Sipderman a Mickey Mouse. Esto es fundamental, porque los niños crean, interactúan y se lo pasan pipa. Y cuando ven a Ferran Adrià… pues bien, pero con Iron-Man o a Elsa, pues se motivan más. 

    -El papel de los niños en la divulgación de la cocina se ha disparado, incluso ocupando espacios de encuentro profesional. ¿Le parece bien su participación en este tipo de espacios o su presencia creciente en televisión?
    -A cada formato hay que pedirle lo que es. A mí me gustan mucho los programas de televisión que se hacen, como puede ser MasterChef Junior. Como la app, es entretenimiento y aguantar un formato de divulgación y comprensión de la cocina no es nada fácil. Y ellos, en la tele, no tienen a Mickey Mouse. Pero es entretenimiento. Necesitas una parte de conocimiento más amplia para ser libre. Necesitas comprender, sino te van a faltar patas. Por eso en nuestro caso hay app y hay libro. Otra cosa, con respecto a la pregunta, es si estamos mezclando el mundo profesional o el mundo de la alimentación. Cuando están todos los targets juntos… bueno, mezclar todo es un lío. 

    -¿Usted ha dejado de participar en ese tipo de encuentros profesionales?
    -Digamos que estoy retirado de eso, aunque sé perfectamente quién soy: soy cocinero, a mucha honra. Pero no participo en estos eventos activamente. Ahora se está montando uno en Madrid, para febrero, muy interesante porque es solo sobre gestión Me parece increíble que no existiera. Es importante que haya foros así de ámbito profesional porque al final una receta está en internet, ¿sabes o no? Sn embargo, es más difícil tener una conversación con alguien que ha tenido éxito.

    Foto: EVA MÁÑEZ-¿En qué está exactamente?
    -En tratar de explicar qué hacemos en elBulliLab, que no es nada sencillo. Tenemos el tema de las escuelas creativas para lograr averiguar cómo llegar con el conocimiento a primaria y secundaria, el tema de Esade con quien trabajamos en generar una auditoría de proceso creativo, con Elisava generando un método de eficiencia. ¿La gente puede pensar, qué aportáis? Bueno, tenemos una metodología en torno a todo lo que es creatividad y esto hay que bajarlo a un tipo de discurso más allá de psicólogos o neuropsicólogos, porque meten unos rollos. ¿Puede ser creativo un futbolista? ¿Y Usain Bolt? ¿La ciencia es siempre creativa? ¿Qué hay entre creación e innovación? Estamos en ello: generando herramientas y un discurso entendible.Foto: EVA MÁÑEZ -¿Aplicable a las pymes de la hostelería?
    -Por supuesto que sí. El concepto de de creación está ligado al de gestión porque las empresas del futuro solo serán posibles desde la cogestión. Es decir, que todos los miembros saben de la gestión y están motivados. Necesitamos tener a todos en estado creativo. En elBulli a la hora de la comida a mi lado se sentaba el que fregaba platos. La razón era que yo quería que se sintiera partícipe, que habláramos. Así puedes mantener a todos con una actitud creativa. Y no es fácil porque cada sector o cada empresa es un mundo, con una parte más procesal y otra más libre. Pero es posible, en cualquier caso. Mira… la restauración y el periodismo somos dos profesiones que controlamos mucho lo que sucede en momentos de caos. Resolvemos.

    -¿En cualquier tamaño de empresa?
    -Sí, aunque sea más complejo cuando, como en Telefónica, tienes miles de trabajadores. Cuando tienes 500, de entrada, no te vas a saber el nombre de todos. Eso ya es distinto. Pero es un modelo de eficiencia que se puede comunicar incluso en esas empresas, que se va sintetizando. Yo he colaborado con Google, Microsoft, Disney… y te aseguro que Telefónica, que se va mimetizando de todo esto que estamos creando, es al menos igual de eficiente. Lo que pasa es que a esas otras empresas las tenemos idealizadas. Las empresas españolas no son menos eficientes que las americanas, pero aquí nos castigamos.

    -¿Y qué aporta Ferran Adrià en ese proceso? ¿Cuál se ha ido convirtiendo en el valor añadido en estos años, vinculado a la generación de auditorías, procesos de eficiencia para empresa, creativos…?
    -Aporto una manera sencilla de explicar las cosas. He tenido la gran suerte de tener una visión global… de adquirirla. Piensa: he tenido relación con la ciencia, mucha; con la empresa, sí, con las citadas, con Nestlé, Pepsico…; con diseñadores, sí; con el mundo del arte, totalmente; artesanías, lo mismo. Me quedaba un poco el mundo de la educación, pero ya llevo 8 años en Harvard y sigo aprendiendo. Todo esto me sirve para llegar a la libertad del artista y si pienso qué me interesa del arte, es eso: la libertad.

    -Esos métodos que elaboran, esa ciencia, ¿se podría aplicar a las administraciones públicas?
    -Bueno, uno ha de conocer sus limitaciones… Si cuando empezamos con el proyecto de elBulliLab me dicen que vamos a llegar hasta donde estamos, no me lo creo. Y sé de dónde vengo, que en el año 1994 estaban ahí Juan Mari Arzak y Ferran Adrià en París, en la Gold Mayor, donde nos veían y nos decían ‘sois españoles, ¿no? Qué buenos tomates’. Y ahí se acababa la gastronomía española. Ahora leo a algunos que dicen ‘estos se piensan que han inventado la pólvora’. Pues, oiga, sí. En España éramos un cero patatero en el mundo de la gastronomía. Al menos desde el 1.500. Digo todo esto porque empezamos siempre por los pocos. También en lo que hacemos ahora. Nosotros vamos a unas empresas. Esto es como con las cuestiones solidarias. Si yo veo que alguien hace algo a mí me puede mover, me puede motivar, puedo necesitar hacer una cosa parecida. Y como siempre empezamos por los pocos y van siendo más, luego miles. Pues hay que empezar por lo que hacemos. Nosotros ahora nos enfocamos a dónde nos enfocamos, si eso a futuro lo pueden ver otros…

  • Nacho López Murria estrena con Tórtel su primer musical

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Lo debían hacer, pero -sobre todo- lo han hecho. Nacho López Murria y Tórtel han creado un musical, el primero para ambos como tal. Su colaboración en aquel Manual de plantas de interior que disfrutamos durante semanas en la Librería Bartleby fue solo el primer paso, al que siguió una experiencia audiovisual para promocionar el trabajo del músico que acaba de lanzar Transparente, su cuarto disco

    Los procesos creativos, en cualquier caso, han ejercido de precuela de lo que ahora se presenta como Las fabulosas canciones para desaparecermusical escénico que presentarán en Las Naves los próximos días 10, 11, 12 y 13 de noviembre. El espacio de creación contemporánea ha ejercido de promotor y sede del desarrollo de una propuesta por la que entrevistamos al dramaturgo, a una semana del estreno. 

    -No es la primera vez que trabajáis juntos. Precisamente por eso, ¿cómo ha sido el desarrollo creativo esta vez?

    -Creo que cada proyecto, tanto en Manual de plantas de interior como el videoclip, han sido procesos muy diferentes. Por supuesto, en este es en el que hemos invertido más tiempo.

    -¿Cómo surgió?
    -Llevábamos unos años rumiando la posibilidad de hacer una obra musical… Hemos intentado tener mucho feedback durante ese tiempo: Tórtel ha ido leyendo todas las versiones de la obra, que ha habido muchas, y tanto él como Rafa Segura [también miembro de la compañía CanallaCo] han ejercido de tutores cuando me bloqueaba. Creo que hemos aprendido mucho y hemos tratado de corregirnos mutuamente con mucho cariño.

    «YO LE DECÍA A TÓRTEL <<TIENES QUE VER RENT>>, PERO SEGURO QUE NI LO VIO… Y ESO TAMBIÉN ES BUENO PORQUE AL FINAL TE ALEJAS DE TODA REFERENCIA E INTENTAS HACER LO QUE TÚ QUIERES»

    -Como dramaturgo, ¿cuál ha sido el reto de trabajar dentro del marco musical?
    Tanto Tórtel como yo teníamos claro qué líneas queríamos seguir. Hemos respetado mucho la estructura clásica de los musicales pero no deja de ser una obra con canciones. También teníamos bastante claro qué tipo de sonido queríamos y el hecho de que la obra transcurra en un karaoke te marca cómo tienen que sonar. La suerte es que en el reparto las voces son muy variadas al igual que sucede con las canciones y eso hace que cada una hable por sí sola. Aunque sea una obra de pequeño formato, el nivel técnico y artístico es muy alto y supone un trabajo en el que no hay descanso por ninguna parte. Pero sarna con gusto no pica…

    -¿Tenías referencias de musicales para esta obra? ¿Y de comedias?
    -Como ya he comentado antes, sí, en cuanto a estructura sobre todo. Hemos mencionado muchos musicales pero, sinceramente, que hayamos tenido uno o varios muy claros en los que fijarnos no. Yo le decía a Tórtel <<tienes que ver Rent (Chris Columbus, 2005)>>, pero seguro que ni lo vio… Y eso también es bueno porque al final te alejas de toda referencia e intentas hacer lo que tú quieres, salga bien o salga mal. Pero por ejemplo, comentábamos “tiene que haber una canción que hable sobre esto en concreto, porque en casi todos los musicales hay una así”, y de alguna manera intentamos ser conscientes de las “normas” de los musicales. En cuanto a comedias…, bueno. Somos muy fanáticos de las pelis más clásicas de Woody Allen, Noah Baumbach, de los Duplass… Creo que hemos mantenido toda referencia artística, incluyendo novela gráfica y algo del manga.

    SIEMPRE HEMOS TENIDO UN PÚBLICO Y ADEMÁS UN PÚBLICO MUY JOVEN, PERO HAY VECES QUE YA NO DEPENDE DE LA COMPAÑÍA EL HECHO DE QUE LA OBRA SIGA HACIENDO RUIDO

    -¿Qué ha supuesto la puesta en marcha de un musical para la compañía?
    -Llevábamos un tiempo desaparecidos y sabemos que hemos dado mucha la tabarra estos años. Creo que siempre hemos intentado probar, aprender, trabajar desde el cariño… Es un nuevo paso, siendo conscientes de que parece que cada vez es más difícil conseguir un objetivo. Ha habido mucha gente durante los últimos años que nos han respaldado mucho y eso es de agradecer. Sinceramente, teníamos mucho miedo en volver. No hablo de competencias en absoluto, pero sí que es verdad que hay tantas propuestas (y tan buenas) ahora mismo para tan poco público que da vértigo pensar en si irá bien o si irá mal. No es cuestión de tener éxito pero sí de que lo que haces llega y sirve para algo.

    -¿Qué planes tenéis con la obra más allá del estreno y días en Las Naves? ¿Cuál vislumbras que es su circuito natural? Ciudades, teatros…
    -Esto también da cierto vértigo. Creo que todos queremos estrenar y estar como mínimo un año rodando y haciendo bolos. Ahí es donde de verdad un espectáculo crece. En ese sentido siempre hemos tenido poca suerte. Siempre hemos tenido un público y además un público muy joven, pero hay veces que ya no depende de la compañía el hecho de que la obra siga haciendo ruido y es una pena cuando ves que lo que haces funciona para ese público y no se puede dar a conocer a más gente más allá de Valencia. Por lo tanto, no voy a vislumbrar, no vaya a ser que me dé contra una pared. Por el momento espero que guste, que funcione, que la gente se lo pase bien, que saque su propia lectura de la obra y que hemos intentado que hayan unas cuantas y después, ya veremos. Ojalá salgan bolos para que el esfuerzo de todo un año se vea recompensado para toda la gente que está tanto en el escenario, como detrás trabajando sin parar.

    QUERÍAMOS CONTAR UNA HISTORIA SOBRE MUSAS, PERO REIVINDICANDO DESDE EL PRINCIPIO QUE UNA MUSA NO ES ÚNICAMENTE UN OBJETO DE INSPIRACIÓN O DE DESEO

    -¿Existe una adaptación sin música en directo? O, dicho de otra manera: ¿existe una grabación de estudio del apartado musical?
    -Bueno… no existe, la verdad. De momento nos hemos centrado en el estreno y en las funciones en Las Naves. Por mi parte me gustaría no tener que hacer el musical sin música en directo. No quiero decir que se desvirtúe, pero creo que pierde mucha magia. Tórtel, Xema Fuertes y Alfonso Luna se lo han pasado pipa haciendo la música y la verdad es que, sabiendo que únicamente son dos músicos en directo, parece que haya una banda entera. Vamos, que son unos cracks.

    -Ahora que vuelves a mencionar a Tórtel… ¿has firmado el libreto junto a él? ¿Cómo habéis repartido los papeles, quién ha llevado el peso de la historia?
    -Bueno, la idea base se la propongo yo, pero abierto a que Tórtel proponga más que ideas. Él continuamente me sugería qué mensajes queríamos transmitir al público. Siempre me pasaba recortes de ensayos o reportajes que venían a coalición con nuestra historia. Queríamos contar una historia sobre Musas, pero reivindicando desde el principio que una Musa no es únicamente un objeto de inspiración o de deseo y queríamos pelear para llevar este contexto algo más mundano y adaptado a la realidad actual. Nuestras Musas son de carne y hueso, como bien dice una de las canciones, no van semidesnudas, no son simples superheroínas Marvel. Creo que eso es lo que se pretende vender y siempre ha sido así con la figura de la mujer. Y todo esto lo hemos llevado contando una historia de una Musa que quiere saltarse las reglas establecidas de su mundo encontrando su propia voz y haciendo lo que ella siempre ha soñado por encima de todo. En cuanto a la música, cualquiera que vaya a un concierto sabrá la diferencia de escuchar un disco en su casa a escucharlo en vivo y en directo. Creo que ahí está la respuesta. Y ya que estamos intentando crear un mundo mágico, qué mejor magia que la música en directo…

    -¿En qué espacios has hecho la investigación de la historia? ¿Qué te rodea en cuanto a locales de ensayo, músicos…? ¿Tórtel se ha involucrado en ese tipo de contextos e historias?
    -Creo que los espacios en los que muevo están en lo que leo, veo y escucho. De vez en cuando voy al Karaoke ‘Al Alba’, pero mi ‘investigación’ por así llamarla, reside en lo que uno absorbe culturalmente hablando. Inevitablemente en esta ficción incluyes sin querer tus estados de ánimo o transformas tu realidad en parte de la historia. En cuanto a la implicación de Tórtel, ha estado ahí como guía diciendo <<esto no es así>> o <<esto pasa de esta manera>>. Como ya he comentado, él ha ido leyendo cada página cada día que iba escribiendo la obra, sobre todo porque era necesario para que él pudiera desarrollar su trabajo de composición y porque él también necesitaba sentir que las palabras y los conflictos de los personajes también fueran suyos.

    -¿Cómo ha sido la evolución del trabajo con los actores con respecto a este estadio de tragicomedia musical? Es decir, ¿cómo lo diferenciarías con respecto a tus trabajos anteriores?
    -Es la primera vez en la que me he peleado con muchos archivos de Word con diferentes versiones de la obra. Creo que es un bonito quebradero de cabeza. Siempre he sido muy impulsivo o evitaba reescribir por miedo a no acabar nunca. Con los años me he dado cuenta de lo importante que es. He eliminado mucha información dejando patente lo necesario y sobre que todo que los seis personajes tuvieran sus conflictos muy claros y cuándo tenían que suceder. Debo decir que en el trabajo de mesa con los actores, se han ido desarrollando e incluso fijando nuevos caminos que han favorecido el mensaje y las tramas de Las fabulosas canciones… Me gusta escuchar y entender las lecturas que hacen los actores y lo necesario que es para que el trabajo crezca. En cuanto a la diferencia, creo que la comedia, que es algo que nos gusta mucho trabajar en la compañía, está pero de una manera más sutil. Que el drama aparece, pero buscando la cotidianidad. 

    -¿Es tu primera obra desde Manual para plantas de interior? ¿En qué has estado trabajando estos últimos años?
    -Pues como mucha gente que intenta sobrevivir del teatro, trabajando en muchas cosas no relacionadas con el medio. Tuve una época que quería ‘desaparecer’. Me estanqué a nivel creativo o le cogí miedo a ponerme manos a la obra con otra obra teatral. Supongo que al ver el esfuerzo que implica llega un momento en que te cansas y necesitas respirar. He estado trabajando en publi haciendo guiones, he dirigido dos cortometrajes y coodirigido junto con Jakie Guillén el videoclip de ‘En defensa propia’ de Tórtel. Recuperé algunos textos breves para estrenarlos y para seguir aprendiendo en la dirección, he escrito para mí solo y con amigos, proyectos audiovisuales que ojalá algún día puedan ver la luz… Estuve una época en Madrid dirigiendo una versión de No estamos together y volví a la terreta que es donde mejor se está….

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    Las fabulosas canciones para desaparecer ahonda en la “tragedia” (con mucha comedia) de Álex, una fantástica musa que, tras cientos de años siendo objeto de inspiración, decide dejar su función para trabajar de camarera en un karaoke. Allí conocerá a Elio y Santi, dos músicos que lo último que buscan es el reconocimiento y la fama. Pero Álex, en contra de las prohibiciones de su mundo mágico, se convertirá en la cantante del grupo… 

    Este nuevo proyecto, un hito importante en la trayectoria CanallaCo, está protagonizado por los actores Helena Font, Rafa Segura, Héctor Fuster, María Zamora, Paco Sarro y Silvia Rico contará, además, con la actuación en directo de los músicos Xema Fuertes Alfonso Luna.