Blog

  • Putokrio, el webcómic ‘made in Valencia’ que crece desde el compromiso «con lo políticamente incorrecto»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Con apenas seis meses en su formato como webcómic, Putokrio es una de las creaciones de mayor crecimiento de la sátira online. El valenciano Jorge Riera es su creador como guionista y director, papel a partir del cual ha involucrado a los dibujantes Juaco Vizuete Josep Francesc Rico en Alicante, Àlex Red en Barcelona, Javier Peinado y Daniel García en Madrid o el palentino Félix Ruiz, el más internacional de este grupo de autores que trabaja, entre otros, para Marvel. 

    Lo que nació con collages en un blog dio el salto al mundo del cómic, pero antes se convirtieron en cortos de animación para Adult Swim, luego en una serie de tiras para Mongolia (donde sigue publicándose cada mes), más tarde más cortos para el efímero programa de Radiotelevisión Española Aslaska y Coronas, tras ello la novela gráfica y, finalmente, el webcómic. 

    «Hemos dado el salto al webcómic buscando mayor difusión», comenta Riera a Valencia Plaza. Y no es un formato causal por el devenir de los tiempos, costes o el trabajo a distancia: «el formato de novela gráfica no es el mejor para Putokrío. Nosotros nos basamos en historias cortas al contrario que la novela gráfica». Un ritmo que facilita «el baile de dibujantes y tonalidades», que según Riera «tampoco ayuda a que el público habitual de la novela gráfica nos apoye».

    La respuesta es cuantitativa: desde que hace apenas seis meses iniciaran esta deriva digital, el proyecto ha recabado algo más de 27.000 fans en Facebook. Para entender el impacto, Riera insiste en la presencia de «fans en Argentina y México, algo que no ha sucedido con la novela gráfica o que tampoco ha logrado por su cuenta la sección en Mongolia». De hecho, la idea de alcanzar una mayor difusión ha despertado el interés de otras editoriales.

    El salto definitivo al papel tras la promoción online

    De hecho, este progreso hace que Putokrío se encuentre próximo a dar el salto al formato papel «en una serie cuatrimestral con tres historias de diez páginas por número, cada una dibujada por un dibujante diferente». El principal interesado en vestir de largo al proyecto con total independencia es la misma editorial que ya recogió el fenómeno online Mierdecitas, Libros de Autoengaño.

    De todo el proceso, Riera admite que la mayor monetización del proyecto ha sido en el ámbito televisivo, además de su participación en Mongolia. De hecho, por otra vía, Riera trabaja habitualmente en canales de animación para públicos infantiles y juveniles como Boing o Nickelodeon. Sobre Putokrío, «la idea es que el éxito en internet sirva de plataforma para otros proyectos que sí se moneticen, como la serie en papel, una película de animación… pero sólo son proyectos».

    El salto definitivo al papel tendrá una entidad propia, «entregas de unas 40 páginas, cómics cortos». 

    Un compromiso con la incorreción política

    «Nuestra comedia trata de cuestionar los sistemas de pensamiento actuales», define Riera. El lector, el televidente, el consumidor online, no puede quedarse indiferente. «Buscamos provocar una reacción en el lector, bien sea de regocijo como de rechazo, pero provocar una reacción». La incorrección política impera en una comedia salvaje, «que ataca a diestro y siniestro sin importarle lo ideológico. Su único compromiso es con lo políticamente incorrecto».

    Putokrío, en esencia un alter-ego de Riera, «sirve para exorcizar demonios y darle forma a mis propios pensamientos. Con tanto ruido es imposible detenerse a meditar y Putokrío es la forma de hacerlo evitando ese ruido». Esta suerte de «terapia» también sirve de contrapunto personal con el humor «más blanco» que él mismo desarrolla para televisión. 

    Explorando los límites del humor

    Riera, preguntado por los límites del lenguaje que transita Putokrío, responde: «¿quién pone los límites?». Y el tono y los temas también esconden respuestas inesperadas, «de lectores perturbados». A menudo, «se piensan que soy yo y no un alter-ego y me cuentan historias muy macabras pensando que soy como ellos». El guionista y director aclara que Putokrío es «la destilación de mis zonas más oscuras, una hipérbole, pero yo estoy lejos de ser un psicópata; de hecho, todo lo contrario». No obstante, «entienden que es humor y si nos siguen es porque les gusta lo que hacemos». Aun así, Riera acepta que trata «temas tan delicados como el feminismo, el bullying o la inmigración». 

    En el sentido más personal, Riera distancia el sentido de la comercialización del proyecto ante «la posibilidad de colaborar con tantos dibujantes. Es lo más enriquecedor, porque cada uno te aporta un estilo, una visión diferente, algunos endurecen tus historias, otros las sofistican, otros las suavizan…». El autor destaca que «cada tipo de historia pide un dibujante diferente», pero en un sentido más pragmático destaca que le gusta «agilizar el proceso, que sea inmediato desde que escribo el guión hasta que se publica el cómic, por eso trabajar con muchos. Es una cuestión meramente práctica a veces».

    -¿Con que dibujante te gustaría desarrollar alguna de las próximas ideas? ¿Has pensando en contactar a alguien de cara al lanzamiento editorial?
    -Me encantaría poder hacer algo con Mireia Pérez. También sería un sueño que Carlos Giménez dibujara uno de mis guiones. 

    Por el momento, la serie ya se encamina a su formato de cómico corto desde la total independencia, algo para lo que ha sido «vital» la difusión a partir del formato de webcómic donde las ideas irreverentes, políticamente incorrectas y a menudo personales siguen 100% accesibles de manera gratuita.

  • Carmen Machi: «La catarsis es sanadora»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El presente de Carmen Machi (Getafe, 1963) es uno de los más dulces de la profesión actoral en España. Hace años que elige los proyectos en los que participa en teatro, cine y televisión, pero, sobre todo teatro. No lo ha abandonado desde que era una adolescente, combinándolo incluso durante el intenso periplo entre 7 Vidas y su spin-off, Aída, que parece acompañarle para siempre. El personaje ha jugado su papel en un halo de popularidad que solo ha servido para consolidar a una de las actrices más soberbias en la actualidad.

    Su virtuosidad natural para la comedia parece servir de contrapse idóneo para filtrar y proyectar la tragedia. Este sábado 18 de junio, en el Teatro Principal de Valencia, Machi estrena en la ciudad monólogo Juicio a una zorra, dentro del festival Tercera Setmana. La premiadísima obra de Miguel del Arco -en el caso de la actriz, con un Valle-Inclán- presente el gran conflicto social de la mujer libre, la lucha por la dignidad de la persona y el conflicto de la feminidad cuando choca socialmente a través de la inteligencia y la belleza.

    Helena de Troya, la protagonista del vilipendio, es catártica, hilarante, desbordante en su discurso, colérica y profundamente mordaz. La suya es la historia de un conflicto: el de una vida programada hasta que el amor libera su destino para condenarla en su búsqueda. Este año Machi, de familia de músicos, pintores y escritores y de ascendencia italiana, está a punto de encadenar su tercer rodaje cinematográfico, pero también ha repescado la obra que sirve de excusa para esta entrevista.

    Juicio a una zorra se estrena en 2011, para en 2012 y se recupera hace unos meses para su gira latinoamericana. ¿Cómo ha evolucionado el personaje durante estos años? ¿Cómo lo vives?
    -Es cierto que hay una parte considerable del público que piensa que el personaje no cambia, que es algo automático. Claro que ha evolucionado. Cuando paramos en el año 2012 no teníamos la intención de guardarlo y, cuando volvimos a representar el texto, me sorprendió mucho cómo pasaba por mí. La historia era otra distinta. Es algo de lo que no te puedas dar cuenta hasta que sucede. Y no sé decir el cómo, pero seguro que tiene que ver con mi momento personal. Cualquier espectáculo se va posando y, en este caso, tiene que ver con cómo se gestiona el dolor, con otro tipo de serenidad. Me gusta la pregunta porque me ayuda a darme cuenta de que esa otra forma de hacerlo, la de ahora, tiene mucho de que hay en mí otra forma de gestionar el dolor. De alguna manera, es un poso más terrible.

    -Así que podemos decir que es una experiencia distinta, que quien ya la vio en el pasado puede ver una obra muy distinta aun con el mismo texto.
    -Pero totalmente. Después de que la gira por latinoamérica provocara que volviéramos a llevarla a escena, vi que había cambiado.

    -¿Y cómo fueron allí las sensaciones con un texto de tanto éxito en España?
    -Me gustó mucho poder hacer la gira, representarla en sitios donde no te conocen de nada. Aquí no puedes dejar de tener en cuenta de que cuentas con cierto beneplácito del público porque te conocen, porque te siguen. Pero vi que se generaban las mismas sensaciones, el mismo tipo de catarsis. 

    -Sin embargo, la obra tiene como elemento capital a la mujer. La libertad, la dignidad y la posición frente a la ciudad de la mujer. Dadas las distintas realidades de los países que visitasteis, sin haber maquillado ni una coma el texto, ¿viste que encajaba de una manera distinta en el público?
    -Me impactó mucho cómo sucedió en Uruguay porque, aun siendo un país muy machista como la mayoría de los que visitamos, las mujeres son muy reinvidicativas, así que generaba algo muy interesante. Sin embargo, donde más me di cuenta de esa distancia fue en México. Hay pasajes de Helena en los que está demolida porque cuenta cómo la violaban con 9 años o como se la encasquetaban a un señor de 60, y en el público, había casi niñas preñadas, había señores muy mayores acompañados de muy jovencitas… me dio hasta cierto yu yu. No fue igual en todas las ciudades, pero pensaba cómo estaban recibiendo la obra esas criaturas, cuando contamos algo que es una animalada. Me impactó y fui consciente del momento. Me di cuenta de que hemos evolucionado muy poco y es algo que no solo pude percibir yo, sino el equipo que estábamos allí trabajando. 

    – Aunque hay muchas claves en un texto tan rico, lo cierto es que de fondo subyace un conflicto social esencial: el enfrentamiento de la mujer inteligente frente a la sociedad. ¿Cómo lo interpretas tú?
    -Es ‘el’ conflicto. Miguel del Arco escribe perfectamente en torno a la dignidad de la mujer y es curioso que lo haga así un nombre. Helena es inteligente y por su posición desmonta al espectador. Sabe gestionar el dolor y, a menudo, ante la tragedia sabe reírse. No tiene pelos en la lengua y es una mujer desesperada por su inmortalidad como hija de un dios. Pero es una mujer muy inteligente, capaz de anestesiarse y seguir hablando. En su vida habían tomado todas las decisiones por ella. Era la mujer del poder, la mujer que calla, la que no vale para nada. Pero se enamora y decide que su misión es seguir a ese amor hasta el final.

    -Tiene la capacidad de abocarse al caos. ¿Es una capacidad sanadora?
    -Y tanto, pero te deja molida. La catarsis es sanadora, es brutal y viene muy bien, pero es algo que me sigue afectando a lo largo del tiempo. Es como una convulsión que siento porque, con esta obra, mi viaje emocional es compartido.

    -O sea, que no logras colgar en el camerino cuando acabas.
    -Siempre lo he hecho. Yo acabo la función y voy a mi bola, pero esta obra me golpea fuerte. Al principio, cuando lo descubrí, me sorprendió muchísimo porque no es mi manera de trabajar. Me niego a que me invada. Emociones las justas. Pero con Helena no puedo… me agarra y supongo que no hay otra forma de hacer el personaje. No me pongo a reconstruir el dolor luego, pero nace, surge, resulta extraño que suceda. Además sé que al público también le deja destrozado. 

    -Y el público repite en muchas ocasiones. ¿Es masoquista?
    -Supongo que sí, pero es que el texto es muy hermoso. Es un regalo de humanidad y creo que hay gente que necesita volver a sentir esa experiencia. Se convulsiona también.

    -¿Es una obra feminista, femenina o ninguna de las dos cosas?
    -No es feminista para nada. Es una obra sobre la libertad de amar. Habla de una mujer femenina, sí, de ser madre, de haber parido, de una mujer que ama, que sigue a un hombre, pero no reivindica la igualdad de nada ni un derrocar al sexo masculino. Es un alarde de amor, de lo que significa la palabra amar y de lo mal entendida que está. Y la historia ocurre hace siglos, pero… a día de hoy todavía se puede aceptar que un señor abandone a su mujer y a su hijos, ¿pero y si lo hace una mujer? ¿Se puede comprender? A mí me gusta el planteamiento, también porque creo que sería incapaz de hacerlo. Es una decisión tremendamente difícil, pero tras una vida de tortura Helena conoce el sexo de verdad y descubre la felicidad.

    -Desde luego la mujer, como creadora, está muy presente a tu alrededor actualmente [el viernes pasado estrenó la película Rumbos de Manuela Moreno y está trabajando con otras autoras tanto en cine como en teatro en este momento].
    -Tengo mucha suerte porque no paro de rodearme de mujeres directoras, escritoras, compañeras actrices. Estoy flipando y me enorgullece muchísimo. El texto de la película de Moreno es de los más soberbios que he leído, de los mejores diálogos que he visto. Qué alegría que haya tanta mujer, sobre todo porque los textos revelan un punto de vista de la sociedad más neutro de lo que parece. Eso es lo importante. 

    -Has vivido el ritmo del teatro, del cine y de la televisión. Incluso los has cruzado. Después de todo este bagaje, ¿cuál va más contigo?
    -Va por rachas y tiene que ver más con los proyectos que te ofrecen, pero… creo que suelo estar más habituada a los ritmos del teatro. Están más en mí. Se parece más a mi motor y este año, precisamente, he abandonado mucho el teatro porque tenía y tengo muchas películas por hacer. El cine es, de hecho, el medio que me parece más complicado. En el teatro me siento más segura. Y la tele… bueno, he hecho menos tele de lo que la gente piensa. Solo que he estado un largo periodo de tiempo. ¡Cuando yo estaba te hacían firmar por temporadas! El mundo al revés. Pero tampoco es un ritmo que vaya conmigo. 

    -Has defendido personajes en los tres medios partiendo de una peculiaridad en tu curriculum: la carencia formativa. Ahora te cruzas con actrices joven que hablan varios idiomas, que llegan a su primer papel con las ideas muy claras y una convicción profesional importante. ¿Cambiarías el curso que has seguido? ¿Cómo ves a esa nueva generación?
    -A veces digo que me gustaría volver a nacer para volver a hacer lo mismo que he hecho. La ilusión de mi vida, de joven, de lo que recuerdo, era ser actriz. Era muy amante de los actores ingleses, así que me hubiera gustado ir a Londres a estudiar teatro. Como no pude, me dije <<pues no voy a ningun lao>>, así que practiqué muchísimo de manera profesional. Y no estoy en contra ni a favor de las escuelas, pero hay una parte natural que la tienes o no. Ahora hay gente muy preparada, que enseguida se lo toma como un oficio y, bueno, la fama que es algo igual de dañino que siempre para los actores jóvenes. Ha pasado toda la vida. Pero a mi alrededor hay gente joven muy profesional. Ahora hay una experiencia que me conmueve: Eduardo Casanova, al que he criado casi [compañero en Aída] me va a dirigir. Es su primer largometraje y me pongo a llorar con la emoción. Lo que admiro de ellos, de la gente que llega, es que no se esperan a que llegue algo; se ponen a hacerlo. Y hay mucho teatro emergente bueno, mucho respeto por el oficio y joyas que despuntan. Así que estoy tranquila y me siento muy bien arropada por la gente joven. ¡Mola muchísimo! Y además… me sigo considerando joven [ríe].

  • Pino Sagliocco: «La búsqueda de una rentabilidad inmediata ha hecho inestable a la industria musical»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pino Sagliocco llegó a España con apenas 18 años. Franco acababa de fallecer y el mundo de la cultura se agitaba pese a la incertidumbre del momento para el país. Era el caldo de cultivo de una década, la de los 80, en la que el actual presidente de la multinacional Live Nation acabaría por convertirse en el principal vehículo para que las giras de AC/DC, Lenny Kravitz, Madonna, Björk, U2 o tantos otros tuvieran parada en España. A veces, como en el caso de Michael Jackson, como único ‘puerto europeo’ en algunas giras mundiales y, en gran medida, a partir del trabajo de este italiano del sur cuya casa en Ibiza ha sido el escenario de noches de vino y conversación con personajes trascendentales del siglo XX como Frank Zappa.

    The Rolling Stones, Prince, Beyoncé, Lady Gaga o Coldplay son solo algunos de los 280 artistas que trabajan en exclusiva para la empresa líder en la promoción de conciertos internacionales. Sin embargo, la visión de Sagliocco y de la derivada española de esta compañía de referencia para la industria musical es una visión con los pies en la tierra, en la que existe una clara consciencia de cómo la música llega hasta las personas: «actualmente lo más parecido a un CD que hay es una lista de reproducción de Spotify. Se escuchan las canciones sueltas», destaca a ValenciaPlaza.com al otro lado del teléfono.

    Esta es la última estación de un cambio de paradigma total. Desde que The Beatles lanzaran en 1967 el que se considera el primer gran álbum conceptual del pop, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, la industria adjunta a esta realidad cultural ha perdido la intención conceptual para ganar «la experiencia del momento. Ahora los Dj’s son las auténticas estrellas de rock y la inversión es en la de crear una gran experiencia colectiva, en la que cada vez más tiene más valor el entorno en el que está sucediendo la música». Sagliocco incluso vincula esto a los festivales, sobre los que cree que hay «un poco de burbuja», pero «suponen una oferta inmejorable para el público ya que puede ver a diferentes artistas por el precio que tendría uno solo de ellos».

    Mencionado Zappa, hay que ver la mano de Sagliocco tras conciertos de Bob Marley en España pero también provocando la unión de Mercury con Montserrat Caballé que acabaría suponiendo la creación de ‘Barcelona’, el imborrable himno de los Juegos Olímpicos de 1992 en la Ciudad Condal, donde este gran promotor tiene residencia. Esto da una idea de cómo esta parte del negocio ha resultado mucho menos acomplejada a la hora de adaptarse a las tendencias. En esta misma ciudad dirige dos proyectos para este próximo mes de julio con apenas unos días de diferencia: el Barcelona Beach Festival, con tótems de la electrónica en un solo cartel como David Guetta o Martin Garrix, y el Hard Rock Rising, en el que pone en marcha la idea que -asegura- más le motiva en este momento: «que personas de distintas generaciones como yo y mi hijo podamos compartir en un festival como este el directo de Robbie Williams o el de Avicii».

    Los nombres propios son una constante en la conversación, pero no solo de los grandes artistas. La relación de Sagliocco ha sido en gran medida con los grandes managers de bandas, como Marcel Graham en el caso de Jackson. No obstante, apunta a que este ámbito se ha enrarecido durante los últimos años: «ahora el artista alrededor no tiene a un manager a la antigua usanza, esa persona que se encargaba de todo y que era un miembro más de la banda, pero de verdad. Ahora hay business manager, abogados… y todos estos profesionales mandan mucho sobre el artista, toman decisiones importantes y son el punto de partida de una búsqueda de rentabilidad inmediata, algo que ha hecho más inestable a la música [en el sentido de la industria musical]». Y apostilla: «lo más importante alrededor de la carrera de un artista, casi siempre, es de quién se ha rodeado, quién arropa y gestiona todo lo que rodea a estas personas». Sagliocco desarrolla esta idea revisando sus rutinas productivas actuales:

    -«Antes la relación con los artistas y con los managers era directa. Confiaban en ti, con nombre y apellidos, y la razón era que todos éramos parte de un todo, de un mismo entourage (séquito) por así decirlo y nos cuidábamos. Pero ese cordón umbilical se acabó. Ahora todo está detrás de 50.000 mails diarios, cuando puedo decir que he vivido un mundo del rock global en el que antes todo funcionaba por el cara a cara».

    La deformación profesional le ha hecho estar pegado músicos de masas como Frank Sinatra, Kylie Minogue, Elton John, Metallica Luis Miguel, Sting, Björk o Iron Maiden, pero en esa cintura que se reconoce al ver cómo ha estado a todos los grandes cambios estilísticos, ahora es el momento de los grandes disc-jockeys. A estos les augura sin titubeo una carrera a largo plazo, aunque cree que «de la relacion con artistas de rock y productores de música pop es de donde saldrá algo más interesante». Reconoce que de alguna forma la electrónica como tal puede estar «trillada» y esa es la fórmula, la de la sinergia con el mundo de la música rock y pop, la que ha de generar relaciones duraderas. Relaciones en las que Sagliocco asegura que ambos bandos «se entienden» y ya lo hizo funcionar en el festival Ibiza 1, 2, 3 donde pudimos ver un versus entre Dj’s y músicos como Elton John o Lenny Kravitz. «El futuro es un viaje conjunto entre ambas partes».

    En la electrónica, a la que ha estado vinculado desde que promocionara giras como las de Jean Michel Jarre («para mí, el padre de la electrónica»), ha encontrado también otro estímulo del mercado que habla de la preponderante posición de los Dj’s en las listas de éxitos:

    -¿Hay algo de cierto en que es el propio mercado y la necesidad de evitar riesgos la que ha llevado a que las carreras de Dj’s, habitualmente un solo artista con un equipo reducido, ha sobreponerse a las de las bandas de rock?
    -La estrella es la estrella, y eso no cambia, pero es más fácil gestionar a una persona que a cinco a la vez. Al menos en apariencia. El problema quizá esté en los egos, por que el éxito es un animal muy difícil de controlar y lo importante es controlarlo y hacer un camino de largo recorrido.

    Aun así, Sagliocco destaca que «hay menos artistas que llenen estadios. Si te das cuenta, volvemos a contar con AC/DC para ello y en el cambio generacional no hay tantos David Guetta». Son menos, pero también con otros canales de comunicación: «este es otro ámbito que se ha dado la vuelta y en muy poco tiempo. Hay casos como el de Imagine Dragons o Muse que también pueden llenar un estadio de fútbol y cuya comunicación no tiene nada que ver con las estrategias que antes trabajábamos, como hacer televisión, prensa, radio… es el ámbito de las redes sociales y el final de la radio fórmula. Ahora los canales son amplios, dispersos y cambiantes. Es algo con una influencia brutal y que se escapa de las manos».

    Del nuevo escenario, no obstante, Sagliocco si empieza a hacer lecturas propias del actual momento como diferenciado. Una lectura, por cierto, que combina la influencia de las redes sociales, la llegada de los Dj’s como nuevas estrellas del star system y algo de la nueva economía mercado, menos voraz quizá por las nuevas circunstancias: «algo sí ha cambiado porque no se mueve tanto dinero. Todo el mundo opina y el público está fragmentado, así que el artista tiene también otra realidad y otra percepción de su trabajo: entiende que lo que hace es una plataforma excelente para transmitir, para comunicar y está más conectado que nunca a las personas. Eso ha cambiado también el perfil y redunda en la idea de que la experiencia del concierto, el momento, está en su momento más álgido».

  • Carmen Calvo: el arte en busca del modelo

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    A Carmen Calvo (Valencia, 1950) le encanta pasar inadvertida en su ciudad. Quizá ésa es una de las razones por las que, en su estudio situado a escasos doscientos metros del IVAM pero todavía más próximo a la casa donde vio la luz por primera vez, la pintora fundamental del arte contemporáneo en España durante las últimas cuatro décadas vive y crea aquí. Polifacética, inquieta hasta el mestizaje de disciplinas como el collage, la intervención pública, el videoarte o la fotografía, entre otras, es considerada por sus coetáneos como «una esponja intelectual». Su carácter risueño y próximo contrasta con la esencia de su legado: una obra que genera inquietud, que provoca una reflexión interna, «que es perversa» o «que asusta», en sus propias palabras.

    La obra de Calvo no es precisamente una bicoca comercial. Pese a ello, trabaja con diez galerías de arte, cinco de ellas fuera de España. En el momento de la redacción de este artículo, expone en la Galerie Thessa Herold, junto al Museo Nacional Picasso de París. En la capital francesa, hace ahora treinta años, vivió durante casi una década de inspiración truncada por un regreso prematuro dada la enfermedad de su madre: «tengo alma de Tía Tula».

    Desde que a principios de los años 90 abrazara la fotografía «como una técnica pictórica más», se ha acentuado un carácter capaz de homogeneizar una obra tan ecléctica: «si hay algo que siempre he buscado, que dibujaba desde muy pequeñita y hasta este momento, es al modelo». Y, sobre éste, la ruptura de su propia mirada, la alteración de su esencia natural y la búsqueda «de las dobles lecturas». Con ello Calvo ha denunciado la violencia, ha trastocado el sentido de imágenes que hacen referencia a la cultura popular y ha incentivado una revisión por los objetos más cotidianos a partir de la duda.

    Ese es el otro cimiento fundamental de su obra: la objetología. «Mi hermano me empezó a pagar unas clases de pintura. Allí una maestra nos hacía un ejercicio de ‘retentiva’: mostraba un objeto durante poco tiempo, observábamos y lo retiraba. Entonces, teníamos que dibujarlo». Y permanece en la infancia como punto de partida para hablar desde su carrera hasta su momento actual, «más viva que nunca».

    (El artículo completo, en el número de mayo de 2016 de la revista Plaza)

  • Las aventuras de ‘M’: una historieta moderna de los 80 sobre pitillos, jazz, sexo y mujeres fatales

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La editorial Reino de Cordelia acaba de lanzar un álbum que, pareciendo haberse enfocado hacia la virtud comercial que genera la nostalgia, supone una interesante novedad en la historieta valenciana. Lo es porque, aunque Las aventuras de ‘M’ se iniciaran en el albor de los años 80, su distancia a través de la ficción la convierten en una experiencia gráfica totalmente vigente, pero sobre todo sugestiva: una distopía cercana, clubes de jazz, pitillos de ambiente, misiones -y pasiones- oscuras y, sobre todo, mujeres que de forma decidida o accidental conducen a la perdición.

    Así, el trabajo de Manel Gimeno (Valencia, 1958), más conocido como Nel Gimeno, cala con el mismo peso en 2016 con el que lo hiciera en publicaciones como Bésame Mucho. Aunque su carrera evolucionó a partir de los 90 como ilustrador de novela juvenil, creador de storyboards de cine o campañas publicitarias, Las aventuas de ‘M’ son, posiblemente, su trabajo fundamental.

    Así, Maximiliam Milanovic, el fascinante personaje creado por Gimeno (con ocasionales participaciones de Mique Beltrán en los guiones) aborda la idea de un mercenario errante. Las tramas en las que se sumerge le son sobrevenidas y, como una metáfora constante, ‘M’ lucha contra su propio sino una y otra vez, esquivando la muerte pero sin la adulteración de un superhéroe.

    En este álbum titulado Flash Back en Negro, como el título de una de sus series, se aporta un cantidad de materiales únicos para completistas. Así, nos acercamos a la primera historia de ‘M’, esencial para conocer su fisionomía interna y externa. Además, completamos escenas y recuperamos algunas de sus malditas vicisitudes. Historias, en definitiva, trufadas de guiños al mundo del cine negro y el jazz a través de sus nombres propios: Coltrane, Costello, Reinhart, Lauren Bacall… etcétera.

    La actualidad de ‘M’ le lleva a ser honesto con una resistencia ante el sistema corrupto, donde la mafia y el sistema policial (Interspal) se entremezclan con natural agresividad. Es el mundo que Gimeno combate a través de un personaje que, eso sí, con su aire de dandy y su vida al límite no deja de aprovecharse de la libertad del autor para enfrentar un caudal constante de cuerpos voluptosos, en una historieta generosa en senos así como en una visión de la mujer de mayor corrección política en su época original.

    Cuestión de mujeres

    Porque las mujeres de ‘M’, sin el menor rubor, suelen estar implicadas en generar las problemáticas tramas. Como colaboradoras necesarias, como mujeres fatales e, incluso, como aburridas y posesivas esposas. El protagonista vive al sexo femenino como un mal inevitable, al que acude -como al jazz y los pitillos- de una manera automática, pese a que su compañía no le acarree más que problemas y callejones sin salida. 

    Y todo ello se desarrolla en un futuro lleno de guiños al pasado de los 80, a través de los citados y románticos clubes de jazz, pero también con ciudades de moda para la época, máquinas de tacos (pinballs) y los luminosos sobre las fachadas cosmopolitas. Son precisamente las escenas de calle, atestadas de arquitectura, coches de los años 50 y gabardinas las que mayor desprecia visual aportan, junto al interior de los locales de música. Cualquiera de ellos ya ‘pagaría la pena’ de este álbum, generoso para entender el valor de lo que se llegó a llamar Nueva Escuela Valenciana -del cómic- y que tendrá su gran exposición generacional en cuestión de meses en el Institut Valencià d’Art Modern.

    El caso de ‘M’ es tan moderno que hasta bebe gin tonics en plenos inicios de los años 80, en un recopilatorio del cual se podrían capturar escenas tan memorables como la muerte de Tonino Costello. Ahora, con todas sus pequeñas grandes historias en contexto continuado, Gimeno recupera una posición interesante en la citada escena (o Escuela), quizá penalizada por la oscuridad de su referente y la limitada producción en torno al mismo.

  • Edu Comelles, el inagotable embajador del arte sonoro que opera desde Valencia

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Hace justo una década que Edu Comelles (Barcelona, 1984) se sumergía en el Royal Institute of Art de Estocolmo para experimentar con el grabado y la estampación. Ultimaba su etapa académica en Bellas Artes, de la que ahora es doctor por la Universitat de Barcelona, cuando, de repente, se topó con un seminario de audiovisuales en Suecia.

    -«Entré y pregunté, ¿aquí que hacéis? Me dijeron que hacían vídeo y que hacían sonido. Sentí curiosidad y me pasé encerrado seis meses allí dentro. Entonces, volví a Barcelona y entregué lo que había grabado… era un CD«.

    Antonia Vilà, profesora de Comelles, encajó el viraje, aunque convencer al resto de docentes para concluir con esta disciplina el último año que le quedaba no fue sencillo. «Ahora mismo, un estudiante de Bellas Artes que trabaje con sonido no tendría el menor problema», completa. Pero Comelles no niega que los experimentalistas de la música se manejan entre dos ámbitos de desentendimiento: mientras que en los grandes centros de arte contemporáneo la presencia de esta disciplina es  marginal, el establishment de la propia industria musical apenas tiene conexiones con estos creadores.

    Aun así, advierte el principal gazapo: «el sector no está profesionalizado. Igual que los pintores cuentan, mal que bien, con un sector de galerías y museos, el arte sonoro recae sobre un saco complejo: el de las artes no académicas». Y es que el sector profesionalizado, el de la música contemporánea, «lo está porque se compone de profesores, una minoría de intérpretes de orquesta y algún solista estrella. Nosotros estamos al margen de conservatorios y academias». El auténtico underground de la clásica, cuenta con un perfil «autodidacta, en el que los grandes creadores se dedican a otras cosas: son electricistas, abogados, diseñadores o cualquier otra cosa. El gran contraste es que a nivel local, nacional e internacional hay una creatividad desbordante y se están creando auténticas maravillas». 

    De Valencia al mundo a través del sonido

    A DIFERENCIA DE PROGRAMAR CONCIERTOS, «COMISARIAR ES CREAR UN RELATO, ABORDAR UNA IDEA A PARTIR DEL DIRECTO»

    Ese es el escenario en el que Comelles opera. Es músico, intérprete, creador, comisario (que no programador) de conciertos, cataliza a una parte notable de la escena nacional a través de su sello (etéctera) Audiotalaia, pero sobre todo es uno de los referentes del ámbito también en un sentido académico. Completó su formación con el Master Superior en Diseño de Sonido por la Universidad de Edimburgo y el de Artes Visuales y Multimedia por la Universidad Politécnica de Valencia, destino que acabaría convirtiéndose en su base de operaciones: «durante el primer año pensaba que no iba a quedarme aquí», pero apenas «en la primera semana o diez días conocí La Gallera y supe que quería hacer algo en ese espacio».

    Desde entonces, Comelles ha sido el agente dinamizador de buena parte de la escena de arte sonoro en Valencia y ahora también en la Comunitat Valenciana. Pero también mucho más allá. Ha publicado trabajos en los sellos Resting Bell (Berlín), Test Tube (Portugal), Impulsive Habitat (Portugal) o Audiotalaia (España), aunque en este último caso podemos hablar de autoedición. El sello recoge más de 150 volúmenes, 82 discos inéditos bajo licencias creative commons y ha servido para poner en marcha buena parte de su labor como comisario de conciertos: «esa es la gran diferencia con un programador. La idea de comisariar conciertos es la de crear un relato, abordar una idea a partir del directo, incluso acompañar al artista a la hora de enfocar en el espacio». Actualmente, de hecho, sus conciertos mensuales en el Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) van acompañados de un monográfico sobre el artista, una entrevista y el registro del concierto.

    Esta iniciativa reproduce exactamente el proyecto Off_Herzios que asumió -bajo concurso- el Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana o la itinerancia de conciertos por las salas de arte contemporáneo de la ciudad. A diferencia de cualquier otra programación de música, «de 2010 a 2014 fuimos generando una escena valenciana del arte sonoro y las músicas extrañas. Sin embargo, en 2015 y debido a los recortes, nos quedamos fuera de la programación del Consorcio pese a que nos sosteníamos con un presupuesto sumamente modesto».

    Una nueva etapa en el EACC y Ensems

    HA EXPUESTO SU OBRA SONORA EN EL REINA SOFÍA DE MADRID, CCCB, EL MUAC MÉXICO DF Y UN LARGO ETCÉTERA

    La interrupción, afortunadamente, solo ha durado un año, aunque sus consecuencias han sido penosas: «lo increíble es que ahora aquí y fuera nos llenábamos la boca diciendo que Valencia era la capital en España del arte sonoro y las músicas experimentales entre 2010 y 2014. La gente de Barcelona, Madrid o Bilbao flipaba. Ahora es Barcelona, Madrid o Bilbao quiénes comparten esa capitalidad, porque aquí se ha perdido el público que hemos ido generando en La Clínica Mundana, Off_Herzios y los conciertos enla Sala La Gallera. Nuestras programaciones servían de punto de apoyo periódico entre festivales de cita anual como Nits D’Aielo o Pim Pam Pum entre otros, y eso hay que recuperarlo». Un momento dulce en el que tanto es como Carlos Flores, otro agente indispensable durante los últimos años para entender esa escena valenciana del arte sonoro, «llegamos a despreocuparnos por si venía público: nunca fallaba y cuanto más extravagante o arriesgada era la propuesta, mejor». 

    Ahora ha sido la 38ª edición del Festival Internacional de Música Contemporánea Ensems, cuya programación completa se presentará este viernes, la que ha reinsertado a Comelles para comisariar algunos de los conciertos de vanguardia. En total serán cinco dobles conciertos, cuatro de ellos en espacios únicos de la ciudad, entre los que vuelve a encontrarse la Gallera, los claustros del Centre del Carme o los Baños del Almirante, entre otros. «Los conciertos que hemos propuesto y realizado durante estos años tienen un componente puramente vivencial. Es el valor añadido, lo que distingue al público que con muy poco se fidelizó y se convirtió en crítico».

    Comelles, que acaba de publicar Agost en el que hay colaboraciones como Fernando Junquera (Negro), Avelino Saavedra o Sara Galán, con la que ha actuado como dúo en Cello + Laptop, ha expuesto su obra sonora en el Museo Reina Sofía de Madrid, el CCCB de Barcelona, en el MUAC de Ciudad de México, el Sierra Centro de Arte o LABoral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón. Y, entre un buen puñado de actuaciones por Europa, actuó junto a Galán en el prestigioso Sónar de 2013. Precisamente, ha avanzado en las investigaciones en torno a los modelos expositivos para dar cabida al arte sonoro y actualmente también ha desarrollado sus propios modelos de micrófonos y auriculares que también vende desde Audiotalaia.

    La oportunidad del IVAM

    «JOHN CAGE SE ENTIENDE MEJOR EN EL ENTORNO DE LAS BELLAS ARTES QUE EN EL DE LOS CONSERVATORIOS»

    Con todo, Comelles se apena de haber «destrozado la mayoría de vínculos» de la citada escena. «En el momento más complicado no ha existido un colchón institucional que evitase que todo eso se perdiera». En este sentido, y consultado específicamente por el papel del IVAM al respecto, el artista y comisario lo tiene claro: «estamos hablando de un museo de referencia que tiene un fondo de artes visuales espectacular. Así que, claro que tiene sentido que tenga una programación de arte sonora arriesgada».

    No obstante, Comelles no ‘echa la culpa’ al propio centro, sino al ecosistema creativo de las artes sonoras: «el sector creativo lo compone un magma extraño de gente nada academicista. Y, mientras que las artes visuales han superado la posmodernidad, ciertos sectores de la música no. Es así. Hay menos reticencias entre los artistas visuales a la posmodernidad, gracias al todos los “ísmos» y arte conceptual, etcétera. John Cage, que sería un punto de partida para muchos creadores sonoros, un referente, se entiende mejor en el entorno de las Bellas Artes que en el de los conservatorios».

    Comelles remata que mientras que «el arte visual ha aceptado que no hay lenguajes únicos, que cualquier medio puede ser un lenguaje, la música no lo ha hecho de forma tan transversal». Sobre la carencia del IVAM, él ve una oportunidad: «es una de las instituciones que tiene la gran posibilidad de levantar la vista e incluir artes que le son mucho más cercanas que algunas de sus programaciones musicales, aunque asumo que hay compromisos institucionales y que lo que hacen siempre puede tener un concepto o idea de desarrollo”.

  • Joaquín Collado, la mirada humana

    Publicado originalmente en la revista Plaza

    Si hubo un tiempo en que los artistas malditos estuvieron de moda, este inicio de siglo XXI ha servido en gran medida para que cada territorio y casi cada disciplina reencuentre el trabajo de un creador excepcional que durante toda una vida ha pasado desapercibido. Es el caso de la pintora cubana Carmen Herrera, que vendió su primer óleo a los 89 años y ahora a los 100 ya tiene obra en el MoMA de Nueva York o la Tate Modern de Londres, entre otros. No todos han vivido el éxito de lo mucho creado, como es el caso de la omnipresente Vivian Maier. Las decenas de miles de fotografías que esta niñera de Chicago capturó a lo largo de su vida ahora giran por el mundo, vendiéndose y revendiéndose con muestras tan poco interesantes como la que ha permanecido durante las últimas semanas en Madrid, explotando los infinitos recursos de una obra para la que el criterio del propio artista no cuenta.

    No es el caso de nuestro particular caso valenciano, el del fotógrafo Joaquín Collado. Este exempleado de banca acumula algo más de 40.000 fotografías, con una laboriosa documentación anexa que recoge cuándo disparó cada carrete y dónde, dividiendo estanterías de producción según su fecha y serie Collado es para muchos el fotógrafo de la Valencia más callejera, y desde que en 2009 se hiciera su primera gran retrospectiva en las Atarazanas de la ciudad, los reconocimientos no han cesado. Los últimos, ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, exponer en la galería le Plac’Art Photo de París de la mano del promotor Armand Llàcer (inaugurada el pasado mes, hasta el 7 de noviembre) y ser objeto de un libro acerca de su figura que ultima en estas semanas el bibliófilo e investigador Rafael Solaz.

    «COLLADO ES FUNDAMENTAL PARA ENTENDER LA SOCIEDAD VALENCIANA DE LOS AÑOS SESENTA A LOS OCHENTA», ASEGURA RAFAEL SOLAZ

    Collado (Valencia, 1930) «es fundamental para entender la sociedad valenciana de los años sesenta a los ochenta», asegura Solaz. Todo apunta a que el libro estará listo a principios del próximo año, incluyendo una amplia muestra de su obra y la biografía del joven que con 14 años fue botones del Banco Hispanoamericano, en la Calle de las Barcas de Valencia, y desde allí inició una fotografía urbana, intensamente humana, de miradas, y que ha captado los rincones oscuros, las heterogéneas gentes y las fiestas de la ciudad.

    El que fue durante casi un cuarto de siglo presidente de la Agrupación Fotográfica Valenciana (Agfoval) vive ahora su particular primavera, a los 85 años, en una reivindicación que acepta con la naturalidad de quien nunca buscó el reconocimiento público a partir de sus fotos, sino mostrar «las miradas; en los ojos está todo».

    «Nunca esperé que nadie me dedicara tanto tiempo, tanta atención. Cuando se hizo la exposición de mi obra en el MuVIM me pasaba un par de veces cada semana y veía a la gente mirar y mirar. Pasaron hasta 12.000 personas y se tuvo que prorrogar dos veces.

    Las primeras de las más de 40.000 fotografías que guardo las tomé en 1959, aunque hasta el 65 no revelé por mi cuenta. En toda esa época inicial no conocía a fotógrafos profesionales. Hacía mi propia fotografía sin mirarme en nadie, pero poco a poco conocí a Alfredo Sanchis SolerJosé Miguel de Miguel o a Gabriel Cualladó [con quienes la crítica le compara]. Aun así, nunca tuve como objetivo publicar nada, ni exponer en ningún sitio, aunque entiendo a todos lo que lo hacen y obviamente es algo lícito».

    La fotografía es efímera

    «Para hacer las fotografías del Barrio Chino de Valencia [en las que aparecen prostitutas, proxenetas y clientes] me escondía la cámara en el abrigo. Tosía cada vez que disparaba, porque vaya ruido hacían aquellas cámaras… La prostitución se ha convertido en algo marginal y lo único que queda son los edificios deteriorados que albergaban esos prostíbulos.

    Espero que algún día cambien, aunque espero que no pase como con toda la ciudad. He visto desaparecer toda la huerta y está claro que para que llegue la modernidad, para que la gente tenga más oportunidades y pueda dedicarse a lo que verdaderamente quiere, es necesario un cambio, pero creo que no hacía falta arrasar con todo como ha sucedido».

    «En toda mi obra hay niños. Los hay en Gitanos, en Infrarrojos o en La ciudad y sus gentes y son los protagonistas en otras series como Plaza de San Esteban. Ahora esto sería impensable. Hoy en día apenas hay niños en la calle. Antes todo el mundo en la calle sentía que les teníamos que proteger, y era tan impensable que les fuera a pasar algo, que crecían allí. Yo siempre les pedía permiso a los padres para las fotos, igual que hacía con los adultos. En mi fotografía la conversación previa es una parte esencial. Bueno, y también la posterior, porque en una infinidad de casos me comprometía a llevarles una copia. Y vaya si se la llevaba».

    «La fotografía que se hace hoy en día es efímera. Mi nieta me enseña alguna foto que ha hecho con su móvil y yo le pregunto que cuándo la va a revelar, pero no le interesa. Tampoco la vuelve a mirar. Yo sigo viendo la fotografía de la misma manera y eso incluye sacar copias. Las últimas que he hecho han sido en la Plaza Redonda de Valencia, hace unos días, en color, aunque luego las paso a blanco y negro porque sólo entiendo la fotografía así. Y ya tengo bastantes a color, pero no las aprecio así. Cuando ya no esté [mira sus cuatro estanterías repletas de negativos] mis hijos decidirán qué hacer con todo esto».

  • ACTV: historia de la marca que marcó a una generación

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Mucho se ha escrito en torno a ‘la Ruta del Bakalao‘. Tanto que, contra el filón de audiencias que supone el enaltecimiento de cualquier hecho preinternet, existen desmitificaciones necesarias como las recogidas En Èxtasi (Joan M. Oleaque, Ara Llibres 2004) desde la no ficción, o Destroy (Carlos Aimeur, Drassana 2015) como novela que se desarrolla con el latido de la ‘música makina’ como telón de fondo. 

    El libro de Oleaque concluye a través de su extenso reportaje coral que fue la masificación de la fiesta (o, mejor, su simplificación a negocio de masas) la que acabó con las ansias de modernidad de una generación joven, necesitada de distinguirse frente a su homónima en Madrid y Barcelona y desatada tras el cambio de régimen. Sin embargo o precisamente, fue un artista que había jugueteado con los límites de tolerancia durante el franquismo el que creó la marca que eternizó a ‘la Ruta’. Su nombre era Lorenzo Company, aunque todo el mundo le conocía como Quique Company. La marca, ACTV.

    La relación artística de Company con Paco Bascuñán se exhibe ahora en La Nau de la Universitat de València con 150 piezas, en su mayoría inéditas. La ciudad se asoma así a los trabajos de ambos como ‘Escapulari-O‘, creados en la casa de la calle Bolseria en la que vivieron junto a Gabriel Forqués y Paco ‘el andaluz’. Las obras de arte, en algún caso conjuntas, sirven para unificar un legado que en palabras de Lupe Martínez, viuda de Bascuñán y comisaria de la exposición junto a María Giménz, «a veces cuesta distinguir entre las manos de uno y otro».

    Bascuñán encontró a lo largo de los 70 su camino en el diseño, donde acabó siendo -miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Valencia- un referente todavía único. El oficio le unió a otros creadores en La Nave, icono ya no solo de la efervescencia valenciana de la época, sino germen de la cultura del diseño en la ciudad y especialmente vinculada a las instituciones y la empresa. Fue Bascuñán el que propició la entrada de Company en el local de trabajo situado en la calle San Vicente 200 de Valencia, y aunque el artista apenas haría trabajos de diseño propios, firmó la inmortal marca ACTV por su cuenta.

    El catálogo de la exposición Suma y sigue lanzada por el IMPIVA (ahora IVACE), comisariada por el propio Bascuñán y Nacho Lavernia, documenta la firma de Company: «ejerció toda su vida de outsiderA principios de los años ochenta se encontró con un encargo que le ajustaba como un guante, o mejor una bota, a su personalidad. Diseñar la imagen de la discoteca ACTV que a partir de entonces se convirtió, prácticamente, en su único cliente, diseñando una cantidad enorme de soportes, sobre todo carteles, pero también postales, camisetas, merchandising en general, instalaciones o fanzines».

    «Quique tenía alma de artista», resume Dani Nebot, también valenciano y tambén Premio Nacional de diseño y con el que ambos conformarían el estudio previo a La Nave llamado Enebecé. «Los únicos dos trabajos de marca que seguro hizo Quique fueron ACTV y el logo del Institut Valencià de Biomecànica, aunque este apenas duró un año o dos por una reintegración de los propios institutos». Nebot destaca el «arte combativo» de ambos, pero también el papel de Company en La Nave: «Quique y Luisito (Luis González) eran los dos extremos para nosotros, uno vinculado al arte y el otro a la experimentación. No tenían clientes propios, pero con ellos hacíamos cosas estupendas, a la vanguardia de lo que estaba sucediendo en España o en Europa. Veo sus trabajos y veo que conectaban con lo que en ese momento hacía Alberto Corazón o Diego Lara. Veo lo que hacían con Paco (Bascuñán) y hay que ver la relación que tenían con lo que hacían otros colectivos como Estampa Popular o Equipo Crónica». 

    El origen de una marca en busca de la vanguardia

    José Juan Belda, también miembro de La Nave y amigo de viajes y fiestas de todos los anteriormente citados, recuerda como Julio Andújar trató de buscar un nuevo rumbo para Casa Blanca (la parte superior de ACTV) yTropical. La marca llegaría en 1986, aunque lejos de la idea de su storytelling en torno al nombre (Actividades Culturales Termas Victoria), Belda se muestra convencido de que «toda la idea era hacer un juego de palabras entre AC, de corriente alterna, y TV, como guiño a la televisión». 

    La intención encandiló a Company porque el dueño quería hacer de ACTV «una discoteca de culto, de club, en la que se pinchara la electrónica de vanguardia». Como dice el ya citado catálogo de Suma y sigue y confirma el propio Belda, «el mercado hizo que la discoteca se hiciera cada vez con música más monótona, más accesible para el público de ‘la Ruta’, lejos de las vanguardias». Sin embargo, «la marca no se tocó. Sirvió para crear mucho merchandising«. El citado González asegura que «no funcionó desde el principio porque la discoteca no iba como un tiro, pero la marca no era el problema».

    Desde un catálogo de señalética

    Company generó a través de collages trabajados con «un uso maestro de la reprografía», dicen Belda y González, una imaginería extensa para ACTV. Una marca con dos logos, por cierto: el logo de las cuatro siglas y el paréntesis partido y el logo del muñeco extraído de señalética de obra. «Ese fue el origen, un trabajo o un catálogo de señalética de obra y carreteras«, apunta Belda. Fue «durante algún proceso para la empresa Industrias Saludes. Es la imagen de una cabeza de alguna señal de obra o emergencia y las gafas me suena que eran del mismo catálogo, una especie de gafas de protección».

    La imagen «funcionaba de maravilla con todo lo que sucedía dentro». El local que cerraba a una parte de ‘la Ruta’, abriendo desde el amanecer del domingo al mediodía, tuvo como nexo fundamental a Bascuñán. «Él diseñó los interiores y dijo cómo iba a ser en general la imagen, aunque la marca fue cosa de Quique», recuerda González. Él mismo diseñó alguna idea previa, aunque suyas fueron al final y únicamente las entradas. «El logo era una cosa muy moderna entonces. Abstracta y bestia. Para la gente del circuito, la marca no podía funcionar mejor. Al cabo de los años la veíamos pegada en coches, en camiones…».

    El propio Company vivió la vigencia de la marca incluso antes de retirarse a Fuentes de Ayodar, su pueblo natal donde pasó sus últimos antes de fallecer prematuramente en 2005. En su localidad se celebró una exposición a partir de cuyo catálogo digital se aprecian trazas originales de sus obras que acabarían influyendo en la cartelería y elementos de diseño para ACTV.

    Y la marca ha trascendido incluso su valor hasta el mundo de las redes sociales. Una página en Facebook recoge los audios de casette con grabaciones de sesiones en la discoteca, pero también buena parte de la imaginería de Company para carteles, collages y merchandising. Cerrada hace ya más de 20 años, apenas alguna discoteca le supera en número de seguidores. La marca es reconocible en buena parte de España, vinculada a sus siglas, aunque el origen y el motivo de su creación puedan ser difusos.

    En la pasada década, una de las bandas más relevantes de música creadas en la misma ciudad, Orxata Sound System, reinterpretaban el logo y la fiebre por el merchandising volvía a inundar Valencia y a conectar generaciones. En 2013, la exposición en el MuVIM Ídolos del Pop recopilaba otra serie de carteles de Company y más soluciones de la marca. Ambos han supuesto los penúltimos precedentes hasta la apertura este jueves de la exposición en La Nau, donde los collages de Company y la marca presiden una de los espacios de la muestra visitable hasta el próximo 29 de mayo.

  • Ferran Adrià: «Si han de venir de fuera a decirte qué tienes que hacer con tu empresa, tienes un problema»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Desde el Renacimiento, o quizá desde siempre, la historia ha demostrado el atractivo que sienten los humanistas por encontrar al artista total de cada época. De su era en el pasado, de su siglo más recientemente o de su generación a partir de las vanguardias. Un personaje capaz de crear, de innovar y de influir de manera transversal, en distintos foros, por distintos medios. Si ese nombre ha de existir en una era en la que el número de universitarios se mide en cientos de millones, parece improbable que su curriculum no acumule una pila de títulos universitarios. Sin embargo, hay un claro candidato a la actual vacante que se autoconsidera poco cultivado (aunque sí viajado), que no se visualiza como un intelectual (aunque así se le reciba en Harvard o el MIT) y que duda de su propia condición de artista: «yo lo que soy es cocinero y a mucha honra».

    Ferran Adrià (Hospitalet del Llobregat, 1962) se arruinó varias veces hasta lograr que ElBulli fuera considerado durante cinco años consecutivos ‘el mejor restaurante del mundo’. Lo que parecía el final del camino para cualquier cocinero ambicioso sólo ha supuesto la chispa que ha prendido a una mente creativa desatada. Ha expuesto una tortilla deconstruida en ARCO, ha sido profesor en la Universidad de Harvard, ha activado líneas de investigación en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ha montado un equipo de 60 personas que investigan y desarrollan proyectos tecnológicos, turísticos y creativos con la gastronomía como punto de partida (ElBulliLab).

    El propio Bulli publicó hace 10 años la síntesis de su cocina. En 23 puntosFerran Adrià y su equipo sintetizaron la estructura de innovación, desarrollo y producción del mejor restaurante del mundo. El gesto, una suerte de manual de libre acceso para entender aspectos tan complejos como la gestión de equipos, procesos técnicos, filosofía de empresa, conceptualización del trabajo, el papel de la tecnología, etcétera, se abría al público en el inicio de una transmisión de conocimiento que no sólo no se ha detenido hasta la fecha, sino que se ha multiplicado hasta convertir a ElBulli en una fundación dedicada a este efecto por diferentes vías: elBulli Foundation.

    Adrià ha presentado junto a Telefónica, empresa a la que se vinculó como asesor hace seis años, la exposición itinerante Innovation Space, una pequeña muestra interactiva que enseña la deconstrucción de alimentos y recetas realizadas en ElBulli y su proceso de trabajo a lo largo de los años (hasta el domingo en el Mercado de Colón). En esta presentación realizada junto al director general de la multinacional en el arco mediterráneo, Kim Faura, Adrià ha aprovechado para reivindicar, una vez más, el valor del emprendimiento. En este contexto, ha lamentado que la innovación no sea un tema frecuente en la discusión social y política. «¿Cuántas veces se ha oído hablar de innovación en los debates de estos últimos dos meses?«, ha planteado el cocinero, que ha subrayado que se trata de «un tema serio».

    Aun así, él mismo ha destacado que en España «innovadores hay muchos, lo que faltan son proyectos diferentes» y ha advertido que «querer ser los mejoresen todo es una de nuestras equivocaciones«. En este contexto y sobre innovación, creatividad y empresa ha hablado con Valencia Plaza:

    .¿Es imprescindible la inversión en innovación para una empresa?
    -Depende de su tamaño. En las grandes empresas, desde luego que sí. Con Telefónica, por ejemplo, estamos constantemente trabajando en ello, aunque todas tienen su componente porque innovación es, en esencia, buscarse la vida.

    -¿Es difícil que las empresas lo entiendan?
    -Lo difícil es cambiar el carácter de una empresa. Si está hecha… es muy difícil. Desde mi punto de vista, lo relevante es que no debe existir un departamento de I+D, sinoque ha de estar en toda la empresa. La I+D ha de estar en la recepción del edificio de oficinas, en el mensaje entre empresa y cliente… Pero esto es diferente par ala pyme, donde todos los departamentos están juntos. 

    -¿Cuál es el tamaño idóneo para adoptar ese modelo?
    -El problema, de hecho, es crecer. Crecer orgánicamente. Es decir, que el crecimiento no se convierta en algo incontrolable. Una de las más difíciles que he conocido en este sentido es Telefónica, y he asesorado a 50 empresas. ¿Por qué? Porque tiene una infinidad de productos. No es Apple, que tiene ocho o diez. Controlar el crecimiento y desarrollo de una empresa de telecomunicaciones es muy complicado y lo que hace Nestlé, aunque le funcione, no nos vale. Así que en cuanto a crecimiento no hay un criterio único. Es importante que las empresas tengan claro que si han de venir de fuera a decirte qué tienes que hacer, tienes un problema

    -En ElBulli llegaban a parar hasta seis meses para reciclarse, para conocer y desarrollar. ¿Es viable aplicar esta solución en una gran empresa?
    -No. Para una empresa actualmente es imposible dejar de producir durante seis meses. Igualmente, habría que conseguirlo, pero de una forma diferente. En el caso de producto, por ejemplo, tendría una I+D estable, un equipo pequeño, y comandos por el mundo aprendiendo para cambiar constantemente.

    FOTOS: EVA MÁÑEZ-Otra variable fundamental para usted es la captación de talento. ¿Considera que las empresas españolas tienen cierta incapacidad cultural para ello?
    -En España hay mucho talento, pero faltan proyectos diferentes. No es fácil, ojo. Andoni Luis Aduriz (restaurante Mugaritz) nos utilizaba de ejemplo para hablar de una cosa importante al respecto: ElBulli era un lugar de talento que atraía al talento. Es lo mismo que puede pasar en Valencia con Ricard Camarena o Quique Dacosta. Es lo mismo que sucede en Harvard o en el MIT. El talento atrae al talento. Ahora, eso sí, si tú tienes talento para el hockey sobre hielo, vete de España. Tendrás que competir en Canadá o en Estados Unidos. Aquí, por ejemplo, si tienes proyecto interesante en turismo, puedes ir adelante con ello. 

    -¿Afecta el deterioro de las marcas ‘España’ o ‘Valencia’ a las posibilidades de financiación o atracción de talento?
    -Yo digo que Michael Jordan no va vendiendo que es americano. Está claro que al final es marketing, pero ese poder del que se habla poniendo como ejemplo al made in Italy… eso estaba muy bien cuando no existía internet. Lo importante, para España, para Valencia, es que exista Ricard Camarena. Que está en Valencia, que no es chino, muy bien, ya lo sabemos, pero no hace falta ponerlo debajo de su nombre. Cuando veo Camarena meolvido de cuál es la marca Valencia porque por lo que hay que preocuparse es por poner en valor el contenido, lo que sucede aquí. Es decir, que el verdadero reto para la economía es tener líderes. Si los hay, no hay que preocuparse de ello. Si nos ponemos a pensar en marcas regionales, ¿qué vendes? ¿La marca País Valenciano? ¿Comunitat Valenciana? ¿Valencia? Es marketing, pero a menudo se confunde con temas políticos porque ojo, si soy de Gandia, yo lo que quiero es promocionar Gandia y que la gente venga a Gandia. 

     -El vicepresidente de recursos humanos de Google, Lazlo Block, aseguraba recientemente que el expediente académico es inútil como criterio de contratación. ¿Qué opina al respecto?
    -No para un médico, pero para trabajar en Google… tendrán en cuenta el curriculum, claro, pero no será imprescindible. Uno de los grandes proyectos que estamos haciendo con Telefónica tienen mucho que ver con la educación digital, para el que mi ‘gran ángel’ es Israel Ruiz (vicepresidente ejecutivo y tesorero del propio MIT, también nacido en Hospitalet). Con el vemos que la gente de entre 15 y 20 años está 100 veces más preparada por la capacidad que tiene para captar a través de internet, por la capacidad de autoeducarse y retroalimentarse a través del conocimiento. Es una revolución enorme que no nos damos ni cuenta de lo que se nos viene encima: la autoeducación. Y la educación en sí ya no es una cosa entendida sólo para niños o para jóvenes.

    -¿Cuál es la siguiente en este ámbito?
    -El gran debate actualmente en estos centros de formación es qué papel van a ejercer los periodistas como conectores de estas webs y portales. Hablo de proyectos como Edex o Coursera en los que se acumula el conocimiento accesible, pero hay que saberlo comunicar y asistir en ese proceso de autoeducación. Y no digo en ningún caso que el periodista ejerza de profesor, sino que el modelo ‘auto’ ha de ser mixto y se necesita un tutelaje entre la parte más propia de autoconocimiento y los expertos. La realidad al respecto es tan potente que, por ejemplo, en 2015 lanzamos un curso en Harvard sobre ciencia y cocina. Asistieron 600 personas, algo que para la Universidad era un récord de convocatoria; a través de internet siguieron el curso 180.000 personas. 

  • ‘Biblioteca bufa valenciana’: al descubierto la absurda y millonaria publicación de libros de la Administración

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Generalitat Valenciana, Corts, sindicaturas, consellerias, Biblioteca Valenciana, fundaciones y museos. El aparataje administrativo valenciano generó la publicación de 375.000 libros cuyos costes son tan millonarios como desconocidos, en gran medida por la cantidad de entidades y años que comprende la generación de esta biblioteca del absurdo en la que hay, por ejemplo, 65.000 librillos de recetas en los que la ex consellera Mª Angels Ramón-Llin i Martínez les desea -en la primera página- «buen provecho».

    La maquetación, edición e imprenta de una parte considerable de los mismos fue adjudicada de forma discriminada, sin someterse a concurso público, generando el citado gasto no detallado en conjunto que no ha sido detallado en la presentación de los datos de almacenaje por parte del director general de Relaciones con las Cortes, Antonio Torres, y el director general de Administración Local, Antoni Such.

    El sinsentido de esta biblioteca recoge 2.100 títulos publicados a partir de una «política editorial errática y arbitraria», según han apuntado Torres y Such señalando al anterior Consell. Legislaciones y estatutos obsoletos (unos 10.000, ahora listos para su destrucción) o catálogos de arte, como los de Julio González, que rondan en el mercado los 260 euros, editados en un formato de lujo como policromía y a razón de 700 páginas por cada uno de sus tres volúmenes; se editaron cientos, se han vendido 10. Este caso ya contenía referencias en Las 62 barbaridades de Císcar en el IVAM que denuncia Intervención, que avanzó Valencia Plaza.

    375.000 libros pagados por los valencianos y «pudriéndose» en 900 palés

    La mayoría de estas publicaciones están «descatalogadas y que están pudriéndose en el almacén», datan «de hace treinta años, del principio de la autonomía», ha asegurado Torres. Los libros están almacenados en cajas y apilados en 900 palés en una nave situada en el polígono de Riba-roja, por la que la Generalitat paga desde hace dos años una mensualidad de 4.500 euros mensuales a la empresa privada Loginser, colaboradora de Correos, un contrato que finaliza en mayo de 2016.

    Entre los 2.100 títulos almacenados destacan las publicaciones del Institut Valencià d’Art Modern. Los catálogos de arte, publicados con las condiciones citadas en el caso de Julio González, se editaban por miles sin atender al menor criterio de objetivos de distribución o venta. Buen ejemplo de ello son los Quaderns del IVAM, 20 títulos de los que se publicaban una media de 45.000 ejemplares por cada uno de ellos, con un coste en torno a los 100.000 euros por título.

    La red de bibliotecas municipales asumirá una parte del catálogo

    Aunque los responsables han reconocido que no descartan ninguna solución a medio y a largo plazo, por el momento es la red de bibliotecas municipales la que asumirá una parte de ese catálogo. En lotes de 60 libros, valorados en 1.300 euros por lote, ya son 244 las peticiones que han recibido por parte de los 542 municipios con este tipo de dotación en la Comunitat Valenciana. 

    Esta solución dará salida, teniendo en cuenta que algunos municipios ya tienen más de una biblioteca, a unos 18.000 ejemplares. Such ha asegurado que en el primer trimestre de 2016 se buscarán «más soluciones. Lo importante ahora era poner en circulación estos libros, que debe ser el principal objeto de su publicación; que sean útiles para la gente».

    De hecho, la Comisión Técnica de Publicaciones, que se reunirá en breve, revisará los objetivos de maquetación. «Para empezar, utilizaremos los servicios de maquetadores y de edición, sin tener que contar con empresas externas para este propósito», ha añadido Such. Preguntados en torno a si esa misma Comisión había presentado algún tipo de queja o alarma a lo largo de los años en los que se ha producido una cantidad de libros similar a la que dejó Ptolomeo II en la Biblioteca de Alejandría, los representantes han asegurado que sus avisos no alcanzaban a las decisiones de publicación que pudieran provenir de sindacturas, fundaciones, museos y entidades independientes.

    Torres (i) y Such (d) ofrecen los datos y valoraciones ante los medios de comunicación

    Además, se han comprometido a que la realidad editorial digital pesará a la hora de reconsiderar esos objetivos y el marco legal de publicaciones institucionales. También se distribuirán algunos de los libros almacenados en las librerías Llig de la Generalitat ubicadas en Castellón, Valencia y Alicante y en su servicio online.

    Torres ha avanzado que se «cambiará totalmente» la política de publicaciones y ediciones de la Generalitat, que estará fundamentada en criterios estrictamente técnicos y con temas que interesen a la ciudadanía y, para ello, se activará la comisión técnica, compuesta por «todos los que tienen algo que ver con las publicaciones».

    Adjudicaciones millonarias sin concurso público

    Torres ha dicho que puede haber irregularidades, ya que muchas de las obras almacenadas fueron adjudicadas sin someterse a concurso público y editadas fuera de la Comunitat Valenciana. «Hemos visto que no ha habido una política clara en relación con las publicaciones de la Generalitat«, ha afirmado el responsable socialista, quien considera que se ha producido una política «completamente arbitraria y cualquier conselleria u organismo público ha hecho la publicación que ha querido, sin tener en cuenta ningún tipo de criterios técnicos».

    A su juicio, «lo peor es que se han publicado libros para llevarlos directamente de la imprenta al almacén y durante años ahí se han quedado sin que sirvan» y, en muchos de ellos «se ve que el libro está directamente relacionado con la firma de la introducción. Expresidentes, exconsellers o ex altos cargos, todos quieren que su nombre aparezca y ya han cumplido el objetivo».

    Más ejemplos de la absurda librería

    En el almacén también han sido encontrados más de 50.000 ejemplares de unos cuadernos de buenas prácticas para el metal o el juguete, 5.700 ejemplares de un libro sobre la película «Bienvenido Mister Marshall», 7.500 ejemplares del «ya obsoleto» Estatuto básico del empleo público o más de 12.000 mapas de infraestructuras -obsoletos en cierta medida- de transportes de la Comunitat.