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  • Dj’s, cantantes y valencianas: pasado, presente y futuro de una historia silenciada

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Son distintas y únicas, pero se dedican profesionalmente a la música electrónica. En una ciudad que fue cuna del clubbing para España, su relato sigue en segundo plano. Hablamos sobre su momento en la industria y nos relatan la discriminación por género que han vivido y siguen viviendo en discotecas y grandes festivales

    Este jueves, 21 de junio, se celebra el Día Internacional de la Música y entre todas las compositoras e intérpretes valencianas destaca la invisibilidad que siempre ha acompañado a aquellas que trabajan en torno a la electrónica. Es curioso que, en una ciudad que durante mucho tiempo se ha dado golpes en el pecho por su movimiento de clubbing (con razón, por ser el más importante a finales de los 80 y principios de los 90), las mujeres pioneras tras los platos y las vocalistas de todas esas canciones capaces de sonar millones de veces en las discotecas apenas son reconocibles para el público general. Mujeres capaces de mover a masas con su trabajo en el estudio o la cabina, pero que tampoco se encuentran entre la fotografía habitual de los carteles de grandes festivales de electrónica. ¿Por qué?

    El pasado 9 de marzo, como parte de la celebración del Día Internacional de la Mujer pero sin ocupar su fecha reivindicativa (el 8 de marzo), la Federación de Ocio, Turismo, Juego, Actividades Recreativas e Industrias Afines de la Comunitat (FOTUR), ProDJ y el Ayuntamiento de València organizaron el Dia de la Dona Festival. Un evento en el que actuaron sin interrupción las que han sido y son las principales representantes valencianas dentro de un mundo dominado por hombres. Desde las vocalistas Josephine Sweett, Lara Taylor, Rebeca Moss y Sandra Polop, a las dj’s Tanya Bayo, Agata Angel, Alicia DC, Charo Campillos, Marien Baker, Miss Rose y Mónica X. Entre ellas, mujeres de primer nivel tras los platos o en ese anónimo entorno de las vocalistas para temas de música de baile. Varias de ellas, con tres décadas de trayectoria.

    Los organizadores del festival las reunieron este miércoles en el Centre de Turisme de la Agència Valenciana de Turisme en València para confirmar que en 2019 volverá a celebrarse el Dia de la Dona FestivalCultur Plaza aprovecha el encuentro distendido para hablar con cada una de ellas de sus proyectos, pero también de la brecha de género que existe en torno a la música electrónica.

    Charo Campillos, la dj pionera

    Charo Campillos es, seguramente, la primera dj de música electrónica española. Y es valenciana. Con poco más de 50 años, inició su andadura por los clubes (incluso antes de alcanzar la mayoría de edad). Su relación con la música se acrecentó cuando pasó a trabajar en Disco Estudio, un despacho de discos de importación que sirvió de catalizador de la modernidad europea a través de los beats a mediados de los 80. «Es una suerte que fuera una de las primeras dj’s… por no decir la primera. En 1984 vendía muchos discos y apenas tenía 18 años. Una vez fui a un local en Puerto de Sagunto que se llamaba Bogart. El dj no llegaba, no llegaba… y el dueño de la sala me dijo, <<venga, Charo, pon unos discos>>. En aquel momento ya sentí algo por dentro que me llamó demasiado».

    «QUE PINCHASE TAMBIÉN FUE CULPA DE CHIMO QUE, MUCHO ANTES QUE NADIE, ME DIJO <<TÚ VAS A SER DJ>>»

    Campillos es coautora de la letra de la que, a buen seguro, es la canción más vendida y escuchada de las compuestas en València para la pista de baile: ‘Así me gusta a mí‘. El single del verano de 1991 junto a Chimo Bayo también delata la gran relación que mantenían y mantienen. «Que pinchase también fue culpa de Chimo que, mucho antes que nadie, me dijo <<tú vas a ser dj>>». Sin embargo, Campillos se resta importancia pese a que durante muchos años –finales de los 80, principios de los 90– era la única. «El público me miraba raro. Era como si dijeran, pero ésta qué hace. Además pinchar con platos siempre ha sido y es un show. Pinché funky, guitarras, house y makina. Pasé por todo, pero el estilo que me define y que más he trabajado ha sido el dance».

    Campillos mantiene un buen humor desbordante desde entonces y hasta ahora: «voy a dar una primicia: soy camarera. Lo digo con orgullo, porque en realidad, después de más de 15 años como locutora (1992-2011, en Más Radio) tuve que reinventarme a partir de la crisis. Y sé que es ese trato con el público el que me hace feliz. Como dj y como camarera profesional ahora». Admite que le impresionó mucho ver por primera vez a una dj mujer. No era otra que Alaska: «tenia 14 años y no solo logré colarme en la discoteca, sino que llegué hasta el camerino para que me explicara cómo podía hacerme su pelo. Me dijo qué laca usaba y cómo hacerlo. A todos los niveles, siempre ha sido un poco referente para mí».

    No promociona la nostalgia de la Ruta, aunque admite que le «encantaría que volviera. No por otra cosa que vaya más allá de lo bien que me lo pasé. De lo mucho que bailé». Pese a todo, Campillos solo tuvo una residencia estable entre 1999 y 2001. Fue en la discoteca Fontana, antigua Chivago River. Ahora se siente un poco «la mamá» de muchas de las jóvenes dj’s. De Tanya Bayo lo fue en un sentido casi literal por la relación no interrumpida con sus padres: «además de ser insultantemente joven, va a sacar un pelotazo esta misma semana».

    Mónica X, la dj más internacional

    Mónica X es la dj más internacional que ha tenido València. Y, seguramente, de las más internacionales que ha dado España. A mediados de los 90 estaba pinchando para la Fura dels Baus en uno de sus espectáculos más grandilocuentes, en Berlín. Sus colaboraciones y sus viajes recorren medio mundo y, pese a la agenda imposible de aeropuertos y destinos, fue durante años residente en discotecas como Wonder (Lleida), Technopolis (la antigua Space de Madrid), Sonic (Madrid), Ocho (Barcelona) y Play (Hernani). 

    «HAY DUEÑOS DE CLUBS Y PROMOTORES QUE INTENTA ‘SACAR SEXO’ A CAMBIO DE QUE ACTÚES»

    Desde su posición dentro del mercado es explícita a la hora de denunciar el trato denigrante a la mujer dentro de su profesión: «hay dueños de clubs y promotores que intenta ‘sacar sexo’ a cambio de que actúes. Esto sigue pasando. A mí, de hecho, me parece cada vez más habitual. Es así de explícito. Si quieres bolo, tal. En España pasa, que ya es grave, pero pasa sobre todo en países musulmanes o en India porque es como tratan a las mujeres. Como objetos. Yo quizá lo puedo decir, pero una chica más joven sé que no se atreve a contarlo. Y es habitual que lo hagan. En parte, esto se ha contagiado de la ola de dj’s mujeres que pinchaban en topless, que no eran ni dj’s, que venían de Rusia y ha generado una especie de cultura de la trata en muchos países que sigue establecida».

    Habla así de claro y afirma que hay una brecha de género que se suma a otras: «luego, todos los que empiezan, a día de hoy tienen que trabajar gratis para tener presencia porque las oportunidades son las mismas o menos y el número de dj’s es inabarcable. Igualmente, hay que cobrar siempre porque la discoteca está haciendo un negocio y tú tu trabajo». Celebra que el número de dj’s valencianas haya crecido tanto «y a nivel mundial somos muchísimas. Entonces, ¿por qué no hay más mujeres en carteles de festival? Bueno. No tiene sentido». 

    En los últimos tiempos, además de haber sacado un disco del que llegará videoclip en cuestión de semanas, ha pinchado especialmente en clubs de Argelia y Orán. Su actividad sigue estando mucho más fuera de València que en casa. Su versatilidad y ser reclamada como dj de remember también le genera una agenda constante. El peso de los recopilatorios Women Dj’s que impulsó con el cambio de milenio el programa Crónicas Marcianas de Telecinco sigue pesando en positivo en su marca.

    Tanya Bayo, el legado más actual

    Tanya Bayo publica este 21 de junio un single con el que reformula una carrera incipiente en la electrónica. Pone en valor el trabajo de su padre en torno a la música, pero pisa fuerte en busca de una carrera propia que empezó hace tiempo, a sus 21 años, y que ha pasado del house más inicial a su relación actual con la música urbana. Combinando tanto español como inglés en sus letras, su nueva canción «reivindica precisamente a la mujer para decir que nosotras también mandamos. Es algo que yo no he dudado nunca y soy consciente del poder que tengo como mujer y como persona». 

    «SOY CONSCIENTE DEL PODER QUE TENGO COMO MUJER Y COMO PERSONA»

    La mezcla de estilos por los que ha ido transitando la convierten en poseedora de un sello propio, aunque todo aquello que se viene denominado urbano va cogiendo peso en Tanya Bayo. También en sus sesiones. «La no presencia de mujeres en festivales, como norma general, es poco entendible. No como una reivindicación de género, por reivindicar a la mujer, sino porque hay mucho talento, mucha variedad y mucha profesionalidad. Creo que los festivales deberían demostrar más dinamismo al respecto y se conscientes de que igual que estamos en el público estamos al otro lado del escenario».

    Todo actitud, Tanya Bayo asegura que «una vez estás en la cabina, quien transmite confianza eres tú. En todas direcciones. Tienes que estar segura de ti misma y cuando lo demuestras te empiezan a respetar. Mirar a la pista y que la gente no deje de bailar nunca«. Ahora inicia una serie de publicaciones propias en las que también canta, algo que ha hecho «desde pequeñita. He recibido clases, toco instrumentos y, finalmente, si me hago valer como dj también es por la ilusión que gira a este mundo. Sé que el público también nota lo mucho que disfruto pinchando». Entre otras fechas, estará en el próximo Medusa Sunbeach Festival.

    Marien Baker, de las radios al underground

    Hasta la fecha, el camino de Marien Baker ha sido de ida y vuelta. De la electrónica de club y de unas raíces más bien underground pasó a algún punto entre el EDM y el radio edit. Ser la ganadora de un concurso y firmar por EMI-Warner le abrió un camino comercial que ha ido abandonando. Desde hace aproximadamente un año y medio ha vuelto a la casilla de salida y, después de que dos de sus singles sonaran en los40, MáximaFM o EuropaFM, ha empezado a pinchar constantemente en clubs y a enfocarse en un ámbito menos mediático. 

    «Aproveché la oportunidad, pero sentía que aquello no me llenaba. También sentía que el circo que hay alrededor y la gran inversión en marketing que se hace no tenía mucho que ver conmigo. Por eso he vuelto a mis raíces y un estilo entre el house y el techno-house muy de club», comenta a Cultur Plaza. Son dos mundos «antagonistas» según ella, pero que ha vivido con ambición como dj. Es curioso que ahora esté pinchando en València y cerca «más que nunca, pero es normal porque ahora he vuelto a empezar en muchos sentidos».

    «A VECES LAS MUJERES TENEMOS UNA OPORTUNIDAD MÁS FÁCIL POR PENSAMIENTOS COMO <<QUÉ GUAPA ES, TIENE BUENA IMAGEN>>. ES UN PUNTO DE SALIDA MACHISTA»

    Un cambio radical por el cual no se planteó cambiar de nombre y en el que pintan mucho las listas de Beatport y el trabajo diario como dj. «Las masas se gestionan y guían por reproducciones de Spotify o YouTube. Eso y seguidores en redes. A mí me gusta más el otro lado porque me siento bien llegando a sitios por la música que hago o por la música que pincho». Sobre la brecha de género, aporta una perspectiva: «aunque no seamos conscientes, a veces las mujeres tenemos una oportunidad más fácil por pensamientos como <<qué guapa es, tiene buena imagen>>. Es un punto de salida machista, pero también nos pasa. Ahora, lo de la no presencia en festivales, no lo puedo entender. Si tuviera un festival no me permitiría no tener una headliner y una representación femenina en cada tramo del cartel». 

    De la interacción con las otras dj’s valencianas y vocalistas destaca que «la conversación es muy parecida: faltan mujeres, faltan mujeres, faltan mujeres. Lo hacemos igual de bien y no entiendo la distinción«. Además, añade que «algo que llevo realmente mal es cuando se critica a una mujer porque ha tenido una mala sesión. Es mucho más fácil oír comentarios como que la dj no está inventando nada o no pincha a cuatro platos frente a que a ellos, si tienen un mal día o si no están haciendo nada del otro mundo, nadie les critica exactamente por eso». 

    Lara Taylor, vocalista de electrónica internacional

    Por el bagaje internacional, cuesta creer que Lara Taylor tenga 24 años. Pero los tiene. Con 18 ya había definido las bases de su estilo, aunque cantaba desde niña y los referentes siempre fueron más bien extranjeros y más bien pop (Whitney Houston, Céline Dion, Christina Aguilera…). De ellas tomó los aires de R and B hasta dar con la electrónica: «no me lo había planteado, pero cuando empecé, fenómenos como Rebeka Brown o Aliyah estaban ya decayendo. Indagué y me convertí en la oveja negra de las vocalistas. Deportivas, sin maquillar y haciendo dubstep y EDM. En las dudas encontré mi forma de ser musicalmente».

    «ME CONVERTÍ EN LA OVEJA NEGRA DE LAS VOCALISTAS. DEPORTIVAS, SIN MAQUILLAR Y HACIENDO DUBSTEP Y EDM»

    Ha actuado varias veces en Doha o Dubai, en varias ciudades de India. Hay ciudades en España donde tiene cartel suficiente como para ir y hacer caja (Murcia, Jaén…), pero asegura que donde más aprendió fue en su temporada como residente en Amnesia, en Ibiza. «Trabajar diariamente con dj’s y artistas internacionales te curte. También me llevó a decidir que no iba a ser una intérprete sin más. Compongo mis letras y participo de la música porque quiero que sea todo mío«.

    Como Tanya Bayo, cada vez está más cerca de los estilos de música urbana y es consciente del impacto de masas que tienen. «Me gustan sus referentes porque también busca independencia discográfica. Voy a hacer electrónica, pero no como una vocalista de la vieja escuela. Participo de esa visión actual y de la fusión de muchos estilos que nos han llevado hasta aquí». Es igual de crítica que sus compañeras con la ausencia de mujeres en festivales, aunque su nombre está presente en algunos encuentros como el Animal Sound del pasado fin de semana.

    Josephine Sweett, vocalista pionera

    La voz de Josephine Swett está detrás de millones de movimientos de baile. Es una historia anónima y no por ello menos interesante, pero formó parte de la extensísima producción valenciana de música de baile durante toda la década de los 90. Suya es la voz en una parte de la producción de Spanic, pero es solo una de las muchísimas marcas que se superponían al trabajo vocal de Pepa Dolz quien no ha dejado de trabajar como intérprete de soul, funky y house, «aunque también interpreto jazz, que para mí la madre de cualquier música moderna».

    Techno y house dominaron sus primeros años de grabaciones, aunque no solo ha trabajado como vocalista durante estas décadas: «he supervisado grabaciones de otros cantantes y realizado grabaciones junto a ellos». Admite que de aquel pasado boyante para un empresariado sin background (ni musical ni empresarial) «hubo mucho de inocencia. Sí, era joven e inocente y funcionar funcionaba todo. Había una altísima dosis de ilusión. Cuando hay tanto de eso, no cuidas o no te preocupas de qué negocio se está haciendo con tu trabajo. Fue algo mágico, pero con el tiempo he aprendido a saber qué pasaba con el trabajo que estaba haciendo y cómo debía valorarlo«.

    Dolz es de las que mantiene una constante de trabajo tanto de estudio como de directo. Ha participado en una infinita cantidad de grabaciones y tiene alergia al playback, que como vocalista nunca ha practicado («no se me da bien», se sonríe). «Siempre he intentado ser yo misma, pese a los distintos estilos. Por eso también encontré este nombre artístico«. Su voz llegó a ser tan omnipresente durante los años de la Ruta en esa gran cantidad de producciones licenciadas especialmente a Europa «que llegué a oírme en hilos musicales. La primera vez que me pasó tenía ganas de gritar, <<¡eh, que soy yo!>>». Tiene directos «constantemente», asegura que su trabajo actual está «bien remunerado» y que en València actúa «prácticamente nunca».

    Rebeca Moss, la más televisiva

    Rebeca Moss es, junto a Sandra Polop, la más televisiva de sus compañeras. De hecho, la vertiente de su carrera que la conectó con la música electrónica sucedió después de su paso por La Voz (Telecinco). Para entonces ya llevaba años de formación y carrera y tras el programa empezó a encontrar camino «en el pop electrónico y la música más ligada a la discoteca». 

    «TENEMOS QUE TRABAJAR 100 VECES MÁS PARA TENER VISIBILIDAD Y EL CASO DE LOS FESTIVALES ES FLAGRANTE»

    Es una de las mujeres de este reportaje con el discurso de género más estructurado: «lo primero que me gusta de reunirme aquí con ellas es que somos mujeres y que de nuestra conversación se desprenden enseguida los mismos retos e inquietudes. Nos cuesta muchísimo que se nos reconozca. Tenemos que trabajar 100 veces más para tener visibilidad y el caso de los festivales es flagrante. Que haya carteles de festivales de electrónica sin la presencia de una sola mujer… ¡pero ya está bien de tanto machismo!».

    En este sentido, Rebeca Moss apunta a que es muy importante que «haya mujeres en el negocio, donde se mueven los hilos. Afortunadamente, el público es cada vez más sensible y reclama que haya mujeres, pero en el negocio, o hay más mujeres en posiciones importantes, o los hombres van a seguir repitiendo el patrón una y otra vez».

    Admite que en la mayoría de los casos y en el suyo propio «se nos reconoce más fuera de València que en casa. Es habitual que aquí intenten pagarte menos, por desgracia». Como Tanya Bayo o Lara Taylor está muy tentada por «el trap y todo lo que está sucediendo alrededor». Cree que «la música cantada en español vive un momento muy dulce. Yo hace cinco años pasé a tener más repertorio en español y cada vez tengo mucho más. Que haya estadounidenses cantando en español es sintomático, así que hay que aprovechar este momento».

    Miss Rose, al frente del tech-house

    Miss Rose empezó más o menos en las mismas variables que Marien Baker, en torno al año 2006. En su caso haciendo un paso del house al tech-house en el que ha ido combinando progresivamente algunas licencias más comerciales hasta definirse. Como muchas compañeras más allá de València –o el propio caso de Mónica X– pasó de ser camarera a ponerse frente a los platos: «empecé tonteando en la cabina, comprándome unos platos y pudiendo pinchar un poquito cada fin de semana. Pasé de los nervios a notar que me gustaba de verdad… y que ser camarera ya no me gustaba tanto (ríe)«.

    «EL PANORAMA ES MUY COMPLICADO PORQUE HAY MUCHA COMPETENCIA, SIN DISTINCIÓN DE GÉNEROS»

    Rose dice que la crisis de consumo se notó mucho desde sus años iniciales a la actualidad. «El panorama es muy complicado porque hay mucha competencia, sin distinción de géneros. Al principio notaba que sí éramos menos chicas, pero eso se ha ido compensando. Igualmente, todos los que empiezan o pinchan gratis o lo hacen por cuatro duros y eso sí es nuevo. A ti te fastidia porque tú estás trabajando e invirtiendo, pero el panorama actual tiene mucho que ver con eso».

    Rose, como Rebeca Moss, apunta a que la industria que les rodea sigue siendo «un mundo de hombres» donde «la primera oportunidad nos cuesta más. Una vez la tenemos, creo que ya sí depende de nuestro trabajo». Intuye que hay «menos machismo que hace unos años, que hay más oportunidades en este sentido». Tampoco entiende por qué «hay carteles de festivales de música electrónica sin mujeres. Es evidente que hay demasiadas dj’s buenas solo en España para meterlas en cualquier cartel, además de las internacionales». Por eso también espera cambios en este sentido.

    Agata Angel, carrera creciente

    Agata Angel, en apenas tres años, ha pinchado en Kapital Madrid, Ramses, Arts Club y restaurantes de Estrella Michelin. Con un marcado carácter entre deep house y house comercial (y alguna licencia a la música latina), cree que su carrera «está notando una progresión en poco tiempo. Estoy contenta».

    «NOS APOYAMOS ENTRE NOSOTROS SIN LA MENOR COMPETENCIA AQUÍ. LO QUE MÁS ADMIRO DE ELLAS ES CÓMO CREEN EN SÍ MISMAS»

    La brecha de género la nota «especialmente en discotecas grandes. Es mucho más difícil que puedan confiar en una mujer dj que e un chico con una trayectoria o bagaje parecido». Es algo que también destaca que surge de manera natural en la conversación con sus compañeras: «me gusta que nos juntemos porque hablamos sobre todo de cosas profesionales, casi nunca personales. Tenemos mucho que contarnos al respecto. Y me gusta que nos apoyamos entre nosotros sin la menor competencia aquí. Lo que más admiro de ellas es cómo creen en sí mismas y creo que eso es lo que hace que nos tratemos sin ningún espíritu competitivo entre nosotras».

  • Hoy, en ‘Lugares abandonados…’, la Ruta del Bakalao

    El fotógrafo de Benifaió Julián Llanosa ha capturado el estado actual de los llamados «templos del sonido». Espacios donde se divirtió durante años como adolescente, antes de encontrar su oficio. El relato visual muestra una Atlántida derruida sobre la que se sigue investigando y que él espera plasmar en un libro próximamente

    Estos meses se cumplen 40 años desde que Juan Santamaría, el padre fundacional del movimiento musical que derivó en la Ruta del Bakalao, llegase a la cabina de Oggi. Era 1978 y nadie esperaba que aquel vecino de Castellar importase hasta València sus años deambulando como dj –accidental y luego profesional– por Granada, Ibiza, Sitges, Ámsterdam, Londres o Glasgow. Él tampoco esperaba volver, pero tras una serie de veranos en la discoteca Cap3000 de Benidorm, acabó en su ciudad al mando de aquella sala discreta hasta esa fecha.

    Santamaría acabó radicalmente con el lento y las rumbas, aunque quien exportó esto a un espacio mayor y lo apuntaló definitivamente sobre las artes performativas, la moda y el diseño fue Carlos Simó. De nuevo de manera accidental y en Barraca, Simó dispuso las bases para una revolución bailada y basada en el hedonismo. Una revolución interna, de la sociedad más inmediata (empezando por la rural), que alcanzaba cada fin de semana la modernidad que no le pertenecía a través de la música importada desde Londres de manera rudimentaria.

    N.O.D.

    N.O.D.

    Los rudimentos de la importación dieron paso a la tienda de discos Zic Zac (una de las primeras de España enfocadas al dj) y de allí salió el término bacalao. Ni siquiera hacía referencia a la música electrónica y no lo hizo durante años. Sin embargo, de aquellos orígenes y raíces a los cuales nos hemos aproximado con los ensayos En éxtasis de Joan M. Oleauqe y ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia de Luis Costa apenas hay documentación. O, al menos, no como sí se generó en el cogollito de los medios de comunicación en los 80: Madrid. 

    Esa es una de las principales inquietudes de Julián Llanosa que durante los últimos años ha recorrido las discotecas de la Ruta del Bakalo. En gran medida, tratando de documentarse y entender aquello que vivió como adolescente. También para comprender porque aquella historia underground y que llegó a ser masiva –el mayor movimiento de clubbing a inicios de los 90– derivó en la nada misma. 

    The Face antes de ser derruida

    The Face antes de ser derruida

    Tras estudiar imagen y sonido en el IES La Marxadella de Torrent y más tarde en la Universidad CEU San Pablo, nunca había tenido una inquietud real por capturar estos lugares. Pero lo ha acabado haciendo en estos últimos años: “cuando era un adolescente, íbamos con las Vespinos a las discotecas más próximas como Barraca o Chocolate. Cuando había puente, los domingos noche íbamos a ACTV. Yo no era muy consciente de todo aquello, pero mis recuerdos no son para nada ni de muerte ni negativos”.

     Fran Lenaers, dj de Spook y miembro de Megabeat (Foto: JULIÁN LLANOSA)
     Las ruinas de El Templo, una de las salas en las que reinó Chimo Bayo (Foto: JULIÁN LLANOSA)

    Al juicio de Llanosa, los años 92 y 93 fueron especialmente divertidos e intensos. En el 94 y en el 95 la masificación y la llegada de un buen número de turistas de la ruta “pervirtió” y “devaluó lo que estábamos viviendo”. Musicalmente también se alcanzaron algunos últimos picos de interés, como los del techno pinchado por Kike Jaén “en Don Julio (N.O.D.) o en Chocolate, pero siempre antes del 95 o 96”. 

    Llanosa acumula una gran cantidad de material fotográfico en torno a todos estos espacios con la voluntad de publicar un libro. En parte, influenciado tanto por Miguel Trillo (de quien comisarió una exposición) como por Ouka Leele, a quien acompañó en una gira por la Comunitat también como comisario. En las charlas de la fotógrafa de la Movida también comprendió que “la Valenciana es una Movida todavía por contar”. No obstante, pone en valor su trabajo al final de un audiovisual que trata de mostrar una parte de su archivo fotográfico. 

    El vídeo que recopila buena parte del trabajo de Llanosa

    Llanosa siempre toma las fotografías al amanecer de días nubosos. Los hace con tiempos de exposición de 15 á 20 segundos: “de alguna manera, necesito que el alma del lugar en ese momento se filtre durante ese tiempo”. Al trabajar de manera totalmente independiente se ha encontrado el rechazo para fotografiar algunos espacios. En otros se ha encontrado algo más que la puerta abierta: “en The Face, que hoy ya está derruida, me encontré gente sin casa viviendo dentro; en El Templo también”.

    De hecho, asegura que El Templo es una de la discotecas que más la ha impresionado ver en avanzado estado de descomposición. Para los amantes de la fotografía de lugares abandonados, la Ruta es una especie de Atlántida dormida y real. Algunas de sus bibliotecas paganas, como Chocolate, se debaten entre la vida y la muerte. The Face ya no existe y basílicas colaterales como Arabesco también han desaparecido del mapa.

    The Face antes de ser derruida

    The Face antes de ser derruida

    La Ruta sigue debatiéndose entre la mitología y una leyenda negra asentada y establecida. Los relatos internos sigue siendo igual de fascinantes y en el caso de Llanosa hay tanta intensidad con la parafernalia técnica con la que prepara las fotos como en recordar exactamente dónde se colocaba con sus amigos cuando iba: “nunca estábamos por el centro. Siempre en un rincón, para poder ver todo lo que sucedía”. Su investigación continúa y también se trata de centrar en los grupos de la que algunos llaman Movida Valenciana y que suenan en el vídeo. 

  • Abdón Alcañiz, el valenciano tras la dirección de arte de algunas de las grandes series españolas

    El musculado posicionamiento económico de las ficciones para televisión no solo genera un star system entre directores e intérpretes. De hecho, los citados solo conforman una pequeña parte en los extensos equipos de trabajo que se organizan en la producción directa de una serie como El embarcadero. El proyecto producido por Vancouver Mèdia y Atresmedia que será una serie original de Movistar+ (en una alianza inédita) ha contado con el suecano Abdón Alcañiz como director de arte tras su valorado trabajo en La casa de papel. Un trabajo que en su caso, además, le ha permitido volver a casa con una gran producción, a escasos kilómetros de su pueblo: Sueca. 

    La ficción televisiva española más internacional de los últimos tiempos lleva su marca: La casa de papel, que superó el 25% de share en alguno de sus capítulos, contó con la dirección artística de este licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universitat Politècnica de València y  especializado en Dirección de Arte en la Escola Superior de Cine i Audiovisual de Catalunya (ESCAC). Hasta ese hito, Alcañiz se había codeado con algunos de los más interesantes equipos de arte dentro y fuera de España y ocupando distintos roles como asistente tanto de arte como de decorado. Su curriculum a lo largo de esta década pasa de las películas Un monstruo viene a verme (J.A. Bayona, 2016) o La novia (Paula Ortiz, 2015), la gran producción seriéfila Penny Dreadful (como preparador de decorados en la tercera temporada), el premiadísimo cortometraje Bikini (Óscar Bernàcer, 2014) o los largometrajes valencianos Paella Today! (César Sabater, 2017), Amar (Esteban Crespo, 2017) o El amor no es lo que era (Gabi Ochoa, 2013), aunque son solo algunos ejemplos.

    Sin embargo, ha sido en las producciones de Álex Pina donde ha encontrado su salto definitivo hasta la dirección de arte. Él mismo comenta a Valencia Plaza que «el 90% de todos los trabajadores del equipo en La casa de papel eran valencianos. Somos como una familia que se ha ido moviendo», y, de hecho, también tuvo ya un papel importante en la otra gran serie de Vancouver Media (en este caso para Fox): Vis a Vis

    Actualmente, Alcañiz está en posición de elegir proyectos y El embarcadero es su estación de destino para buena parte de este año 2018. De nuevo junto a Álex Pina, el suecano dirige el arte de una producción aparentemente pequeña pero que incluye una cantidad de rodaje en exteriores con alma. Ese alma, en esencia, se encuentra en la dirección conjunta de Alcañiz y Pina de generar una cronología en la trama del drama amoroso en torno a las etapas del arroz: la siembra, los campos anegados, el esplendor de su planta y la siega. Todo el proceso por el cual se convierte la producción en un gran rompecabezas, pero que entronca con algunas de las ideas centrales de la serie.

    Esta serie original de Movistar+ cuenta la relación entre dos mujeres que se descubren tras la muerte de un hombre. Ese hombre es Óscar (Álvaro Morte) y ha logrado mantener una doble vida en la que Alejandra (Verónica Sánchez) y Verónica (Irene Arcos) han conocido solo una parte de la realidad. Tanto en la relación de sus dos personajes como en la visión de Óscar, Pina vuelve a pulsar la llaga del prejuicio en torno a las relaciones, aunque esta vez fuera del género (Vis a vis, La casa de papel…) y en manos del drama amoroso. Y ahí es donde la dirección de arte de Alcañiz ha entroncado con el lado natural escogido, l’Albufera de València y la propia ciudad, que representa a las dos protagonistas: la urbanita Alejandra y la naturalista Verónica. 

    Conversamos con Abdón Alcañiz:

    -Y, de repente, rodando una gran producción para televisión al lado de casa. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
    -Hemos llegado, porque forma parte de una familia profesional y artística en la que llevamos 10 años metidos. De algunos primeros cortometrajes de compañeros a otras producciones, dando un salto de esto a lo otro y así es como hemos llegado hasta aquí. Recuerdo con mucho cariño La victoria de Úrsula (cortometraje, Nacho Ruipérez; 2011) y hace apenas unos meses hemos estado con su largometraje El desentierro. Siento que hemos ido creciendo todos alrededor de unos u otros proyectos y dándonos cuenta de que este mundo no es un círculo, sino una espiral en la que nos hemos enrolado y de la que ya no salimos. En nuestro caso, con un equipo de arte muy valenciano.

    -¿Cómo trabajáis en esa familia y cuántos sois?
    -Nosotros formamos parte del proyecto desde sus inicios. Poniendo por caso El embarcadero, estamos en reuniones muy preliminares con el productor en el que ya hablamos de ideas muy básicas: él [Álex Pina] quería que rodásemos en l’Albufera, que aprovechásemos el entorno natural, que el personaje de Verónica se impregnara de ese alma. A él le encantaba la idea de rodar en l’Albufera y le encanta València por la luz, pero había que darle toda esa profundidad. Así que empezamos a trabajar en Verónica, a pensar que viviría en este entorno, que tendría su propio huerto ecológico en casa y a fijar un color: el azul. Poco a poco se va fijando la idea del arte y ahora mismo hay dos empresas construyendo decorados en paralelo. Por otro lado, está el equipo de rodaje de espacios exteriores. En el equipo base de la serie oscilamos entre los 11 y los 19. En esas dos empresas son de 10 á 20 personas. En total, hay momentos que podemos ser en suma 40 personas trabajando en el arte de la serie, pero como algo fijo el número oscila entre 12 y 15 aquí.

    -Pina es navarro. ¿Por qué València?
    -Él tenía muy claro que quería rodar aquí. Le atrae mucho la luz y lo que respira este entorno. Pero tuvimos dudas al visitar el Palmar. El pueblo en sí está volcado en la hostelería y, mientras en la parte del parque natural estaba todo perfecto, teníamos dudas con esa localización. Con València ciudad estaba todo claro y cumplía perfectamente. Así que empezamos a plantearnos otros espacios en Alicante, Almería, Portugal… pero al final sabíamos que queríamos estar aquí. Hemos encontrado una localización alternativa al pueblo, pero es normal que tengamos estas crisis o dudas porque hay mucha gente y mucho dinero implicado. Al final, la preproducción dura meses y cuestionas todo. Es una preproducción cinematográfica…

    -… o algo más que eso. Es una gran producción. ¿Notas una responsabilidad extra por estar retratando un entorno tan cercano a ti?
    -Llega un momento en el que todo empieza a fluir, pero los meses previos a ese momento de rodar aquí… han sido brutales. Cuando empiezas a proyectar con los compañeros una puesta de sol, la sombra de esta casa en el plano… empiezas a ver algo que ha estado a tu lado durante tantos años de una forma mágica. Muchas veces me pregunto, ‘¿será posible que esté viendo ahora esto así? ¿será posible que no lo hubiera visto antes?’. Pero claro que es posible. Ves todo a otro nivel y encuentras muchos detalles que te hacen sentir una autoexigencia mayor. Es cierto que somos afortunados por la gran producción que hay detrás, pero cuanto más tiempo tienes… más tiempo quieres [ríe].

    -No obstante, en esta producción os habéis embarcado en acompañar la historia en torno a las fases del arroz, aunque se limite al marco visual. ¿Cómo ha surgido?
    -Esto surge de los momentos de reunión, de hablar y de ubicarnos en un entorno. En este caso creo que he influido y a veces les bromeo con que quiero aparecer en créditos como guionista… [ríe]. Les intenté transmitir que rodar en este entorno y tener presente el arroz significaba también entenderlo. Aquí vamos a vivir las estaciones del año y la evolución de la planta, así que cuando le transmite es esto y lo que puede darte a un director como Jesús Colmenar, que es muy pasional, te da el visto bueno, pero te exige vivirlo. Estamos creando en torno al proceso de siembra, luego explotará de verde, volveremos en julio y en septiembre. Que la producción se someta a los tiempos del arroz es muy arriesgado. A muchos niveles. Pero que una serie en España tenga margen para someterse a esto con semejante proyecto audiovisual, habla del buen momento que vivimos en el sector. Lo que sabemos es que no queremos engañar a la gente y que no va a aparecer un tractor en un momento que no toque. Queremos adaptarnos al entorno en todo momento.

    -Para que entendamos tu trabajo en El embarcadero, ¿qué decisiones ya has tomado y cómo se van a reflejar?
    -En nuestra forma de trabajar solemos tomar como fuente un color primario. En Vis a Vis o en La casa de papel es evidente, pero en este caso es un azul. Permite más terciarios que en La casa de papel, donde hay un rojo y los terciarios se limitan a grises. Aquí tenemos más margen, pero el azul domina en gran medida todo. Sobre todo a Verónica. Hasta el punto de que su coche lo es o que si hacemos una cortina de macramé a medida lo es. Desde fuera, hasta que no llega a pantalla, puede parecer exagerado, pero visualmente sé que acaba funcionando muy bien. Y esto es solo el color, nuestro trabajo lo abarca todo visualmente. Intentamos abarcar toda la experiencia visual y por eso es tan importante que trabajemos desde la preproducción.

    -¿Habéis mantenido contactos con À Punt? ¿Hay algún proyecto valenciano a la vista?
    -Sí y no. Ahora mismo estamos tan metidos en el mundo de la ficción y está tan focalizado en Madrid… cuesta. Hemos hecho El desentierro recientemente, ahora estamos aquí y seguimos. Trabajar en casa mola, pero es complicado ahora para nosotros.

  • Álex Pina: “Las series son el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora”

    El creador de series ha vivido el esplendor y madurez en la creación de ficción en la televisión desde el inicio de siglo. Su productora propia debutó con la internacional ‘La casa de papel’ y ahora se embarca en un drama amoroso en el que València y l’Albufera son protagonistas

    s posible que su nombre no les suene, pero es difícil que nunca hayan pasado un rato sumergidos en alguna de sus ideas. El periodista Álex Pina reformuló su carrera profesional desde los medios hasta el guión, del guión a la producción y de allí a la creación de series. A eso se ha dedicado desde el inicio de siglo. Su mano está detrás de Los SerranoLos hombres de Paco o El Barco, pero más recientemente tras los éxitos encadenados de Vis a Vis y, sobre todo, La casa de papel (son solo algunos ejemplos. También hay recorrido cinematográfico). Esta última producción supuso el debut de su propia productora tras escindirse de Globomedia, donde había capitaneado no pocos proyectos. La serie alcanzó picos por encima del 25% de share y es el producto televisivo made in Spain más internacional de los últimos años. Hasta el punto de haber inspirado atracos o haber sido adquirida por Netflix cuando el equipo la daba por concluida.

    Su siguiente trabajo se rueda en València desde el pasado mes de mayo y hasta entrado el otño. Es un drama amoroso en el que dos mujeres (Irene Arcos y Verónica Sánchez) descubren haber sido la pareja en paralelo de Óscar (Álvaro Morte). Verónica y Alejandra, respectivamente, se encontrarán en el espacio tiempo para descubrir en el pasado el significado de sus vidas durante los últimos años. También su identidad, que viene marcada por la constante de dualidades que dispone Pina en la serie. Verónica es naturaleza y bio, es la espiritualidad y el alma y vive –cómo no– en su propia casa rodeada de los arrozales de l’Albufera; Alejandra es urbanita y mecánica, es ambiciosa y exitosa, es muy parecida a la mayoría de los que le rodean y supone el contrapunto esencial a su antagonista.

    No obstante, Pina vuelve a sumergirnos en su trazo más habitual: exigir al telespectador –con una tele o un iPhone delante, poco importa ya– que se repiense moralmente. Y aquí los prejuicios van a tener que ver más con el personaje de Morte. Él mismo comentaba a Valencia Plaza en la visita al rodaje que ha optado «por no diferenciar a Óscar en dos vidas. El reto era mostrarlo muy similar viviendo con ambas, porque lo otro era lo fácil, mostrar el tópico de las dos caras y del hombre que vive de una manera muy distinta una cosa y otra. De alguna manera, justificando su forma de ser». Eso es lo que busca Pina en este caso: que los tres roles (Verónica, Alejandra y Óscar) se cuestionen todo el tiempo con aquello que parece justo lo contrario que deberían ser.

    El embarcadero es una serie original de Movistar+, producida por Atresmedia junto a Vancouver. Tendrá ocho capítulos y no cerrará las puertas a posibles futuras temporadas. Todos los exteriores –que son sorprendentemente muchos en la producción– se rodarán en la Comunitat Valenciana, mientras que los interiores se rodarán en plató (en Madrid). El drama romántico estará plagado de flashbacks a partir de la muerte de Óscar. Un suceso que va a provocar que ellas se conozcan de manera inesperada, que inicien una relación también inesperada y que a partir de esa progresiva conexión comprendan también mejor su identidad y lo vivido.

    Sánchez relevó a Valeria Alonso en el personaje de Alejandra en una producción exigente que, en este caso, dado el diseño de los personajes tomó la decisión de cambiar a una de sus protagonistas. Decisión compleja (Pina admite que fue «un error nuestro, de la producción») que se tomó con profesionalidad y que se asume como parte del proceso de creación también complejo. Solo en el caso de la dirección de arte, ocupa a 40 personas a lo largo de varios meses. Eso sí, en este caso con un equipo en el que casi el 90% de los implicados son valencianos con Abdón Alcañiz al frente (ya lo estuvieron en La casa de papel). Nacido en Sueca y formado en València, él mismo nos ha detallado su autoexigencia con la nueva serie de Pina. 

    «Lo que buscábamos con la serie es la contraposición de dos vidas. De un lado, una vida sofisticada que se representa en la ciudad de València; de otro, un entorno rural y anacrónico que casi nos traslada a los veranos de nuestra infancia en el pueblo». Pina precisa para Valencia Plaza que el relato es «el binomio de muchas cosas. Todo son binomios. Bien y mal. Vida pública y vida privada. Espacio pasado, espacio urbanita». Admite que rodar en l’Albufera «es fotográficamente magnífico. Ya rodamos una serie en 2:35 con Miguel Ángel Amoedo [el formato de La casa de papel; formato anamórfico cinematográfico] y este era el entorno más impresionante que podíamos encontrar para nuestro siguiente proyecto en este sentido visual».

    Pina admite que le sorprendió que apenas hubiera ficciones que aprovecharan la gran cantidad de recursos visuales que da l’Albufera: «la conocía, pero no la había vivido tan en profundidad como hasta ahora. Hay muchos entornos naturales en España que se han rodado y explotado en la ficción, pero aquí se ha rodado increíblemente poco teniendo en cuenta la brutal presencia magnética que tiene su espacio. Los atardeceres rojos… Para nosotros es una alegría que sea un espacio tan inédito todavía».

    El creador afirma que buena parte de la contradicción urbanita versus rural tiene que ver con la actualidad: «buena parte de la sociedad está en esas. No sabemos hasta qué capa se va a reflejar o qué parte del público se va a dar cuenta de que estamos pulsando precisamente esa tensión entre la necesidad de tocar un espacio rural y la realidad de buena parte de nuestras vidas, muy tecnológicas, muy de ciudad».  En cualquier caso, admite que vivimos «en un momento sensible para contemplar esos dos mundos. Y de ahí partirá una parte de la ambigüedad moral de los personajes».

    Tanto en Vis a Vis como en La casa de papel, sus dos proyectos más propios y actuales, la presencia de personajes femeninos fuertes es evidente. Llevan el peso de las tramas, pero en este caso ocupan el foco por completo. «Apostamos por personajes femeninos, además resulta que se nos da bien. Pero creo que más allá de nuestra aportación, más o menos interesante, es que el momento contemporáneo es de las mujeres. Es el momento que les corresponde tener. Es una suerte que se nos dé bien…».

    Un momento de relevancia en los personajes femeninos que puede que también se esté beneficiando –aunque cuesta saber qué fue primero– de la nueva capacidad de las audiencias por consumir contenidos de mayor duración. Las series cogen espacio hegemónico en el audiovisual y Pina cree que es «el movimiento cultural más importante que está sucediendo ahora». Algo transversal: «lo veo en mi hija, que en apenas tres meses ha sido capaz de verse las muchísimas temporadas que tiene Anatomía de Grey o que ahora ha empezado con Friends. Es brutal y creo que inesperada la penetración que está teniendo en sectores muy distintos de la población».

    Pina, pero también Arcos, Sánchez o Morte coinciden en conversaciones paralelas en que «el espectador se está volviendo cada vez más experto», «eso nos empieza a exigir mucho a nosotros, pero es bueno». El creador de la serie cree que sí, que hacer contenidos «está de moda, pero si ha de haber una burbuja todavía no ha llegado». Él cree que el cine «se ha quedado pequeño para el público porque está demostrado que la mayor necesidad es la de personajes. Para poder disfrutarlos con plenitud necesitas tiempo. Y el retorno, la satisfacción de ese tiempo, es muy plena precisamente con las series». 

  • Carmen Alborch: «Que Cultura tenga una silla propia en el Consejo de Ministros es fundamental»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El Ministerio de Cultura ha sido un ente autónomo e independiente en dos periodos: entre 1977 y 1996 y entre 2004 y 2011. Esos periodos comprenden aquellos que han tenido al frente a gobiernos de distinto signo político al del Partido Popular, que en sus dos mandatos lo ligó con Educación. Este martes conocíamos que el nuevo presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, iba a reactivar esa idea original de la institución independiente y –como pondrá en valor en esta breve conversación Carmen Alborch– con silla en el Consejo de Ministros. Silla a la que deberían llegar una batería de reclamaciones en clave valenciana (de peso).

    Alborch fue la segunda mujer ministra de Cultura de la democracia en España, pero la más referenciada. Primera mujer decana de Derecho en Valencia, profesora titular de Derecho Mercantil, se dejó convencer para ser la directora general de Cultura de la Generalitat Valenciana en un periodo creciente. Era el fértil espacio de finales de los 80 e inicios de los 90 y l’Institut Valencià d’Art Modern se encuentra entre uno de sus legados más tangibles. Pero fueron muchos otros méritos los que llevaron a Felipe González a reclamarla para el ministerio pese a no ser militante del PSOE. Por ese motivo, como referente de una cartera que ahora Sánchez rehabilitará de manera unitaria casi 7 años después, conversamos con Carmen Alborch en Cultur Plaza.

    -¿Qué le parece la decisión de recuperar la integridad y singularidad del Ministerio de Cultura?
    -Me parece inmejorable. Es un símbolo que ha acompañado a gobiernos socialistas, pero lo más relevante para la sociedad es que es fundamental que Cultura tenga su propia silla en cada Consejo de Ministros. Estructuralmente el cambio no tiene por qué ser tan drástico, porque se mantienen instituciones, edificios, trabajadores… Pero ese peso singular de estar en el Consejo de Ministros le da entidad, es un símbolo y sirve para pelear presupuestos de otra manera.

    -¿Es tan importante a la hora de negociar presupuestos?
    -Por supuesto acaba influyendo. Es cierto que no es tan extraño que estuviera ligado al Ministerio de Educación, como hasta ahora, porque la Educación lo impregna todo y ha de ser básica la relación con Cultura. Pero aun así, la Cultura tiene la posibilidad de ser transversal e ir más allá de las disciplinas. Está en cómo somos y cómo nos comportamos y puedo asegurar que cuando se tiene una silla en el Consejo de Ministros los razonamientos son exhaustivos porque tienes que defenderte con todo. No digo que cuando una ministra o ministro maneja varias carteras no sea así, pero cuando puedes centrarte en una, puedes invertir todo tu tiempo y el de las personas que trabajan contigo en esos razonamientos exhaustivos [ríe].

    -¿Cuál ha de ser su mandato?
    -Apoyar el mundo de la creación y el talento. Como punto de partida, eso. Y la creación, en este momento es muy amplia…

    -¿Cree que se ha de reflexionar con agilidad sobre la distancia entre la función de un Ministerio de Cultura en los años 80 y 90 y avanzado el siglo XXI?
    -El mundo no deja de cambiar. Es cierto que la ministra Ángeles González-Sinde ya tomó decisiones importantes con respecto a las ventanas y a la diversidad del consumo cultural existente. Una buena parte de los usos, de las costumbres y de los hábitos culturales, incluso de las necesidades, pasan por la utilización de tecnologías. Pienso que todos los ministerios están obligados a actualizarse pensando en ello, pero en el caso de Cultura… los soportes a través de los cuales circula la creación se han multiplicado. Basta con pensar en el caso editorial, así que obligatoriamente ha de ser un ministerio muy actual.

    -En cierto sentido, ¿se puede hablar de que durante hasta su periodo como ministra de Cultura y en los anteriores España tenía una necesidad de contenedores y redes y ahora una política más próxima al fomento creativo y la difusión? ¿Del protagonismo de los contenedores al de los contenidos en toda su extensión?
    -Es posible. En cada momento se plantean retos diferentes. Lo digo con la cabeza pensando en la conmemoración del mayo del 68 y pensando en lo que ya supuso repatriar todo el talento cultural que estaba exiliado. Veníamos de esa realidad… pero sí era todo un tanto más estructural: la creación de la red de bibliotecas, la red de auditorios, el inicio de una colaboración inaudita entre Estado, Autonomías y Ayuntamientos. Veníamos de la nada misma. Había que construir y ahora intuyo que los retos son muy diferentes.

    -¿Cuál fue su momento más complicado como responsable de la cartera?
    -Sé que no tiene directamente que ver con la gestión de Cultura, pero los peores tragos, si he de pensar en algo que me viene a la cabeza instantáneamente, son los asesinatos de ETA. Fueron años muy complicados. Y es algo que trascendía a mi despacho, pero recuerdo perfectamente el día que ETA mató al catedrático Francisco Tomás y Valiente porque estábamos celebrando el décimo aniversario de la creación del centro de Teatro Clásico que dirigía Adolfo Marsillach. Lo que iba a ser una fiesta se convirtió en un día muy complejo, muy difícil, porque además Tomás y Valiente había tenido mucha relación con València y en lo profesional fue una de las personas fundamentales en asesorarme para la reclamación de los archivos de Salamanca. 

    -¿Y cuál es el mejor recuerdo que guarda?
    -Muchos. Pero, por ejemplo, la ley de la cinematografía que no fue nada fácil por tratar de implicar a todas las voces. Cosas más simbólicas, como cuando le quitamos el cristal al Guernica o más recordadas como el proyecto de ampliación del Museo del Prado. Recuerdas momentos duros, pero el tiempo hace que se prioricen las satisfacciones. Y es increíble porque sigo recibiendo todo tipo de invitaciones y afectos de aquellas generaciones y posteriores.

    -De consolidarse ese Ministerio de Cultura propio, ¿la Comunitat notará el cambio?
    -Desde luego que sí, pero porque el nuevo Gobierno va a ser de manera natural mucho más sensible a los anhelos más que justificados de la Comunitat. Yo solo puedo decir que no puedo estar más a favor del cambio de Gobierno que ha sucedido y creo que es un paso más hacia la ética y la modernización de nuestro país. Como valenciana, me alegro porque sé que la percepción de la región y la atención va a ser mucho mayor.

  • Jordi Évole: “Aznar y Camps son las dos entrevistas que más nos gustaría conseguir en Salvados”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este jueves Jordi Évole visitó el Espai Rambleta para compartir con el público una conversación junto a la redactora jefa de SalvadosLaura Gimeno, y el realizador del programa Lluís Galter. La charla conducida por la también periodista Mariola Cubells sirvió para destripar los entresijos del programa que ha alcanzado en plenitud su primera década en antena. Esto, que de por sí ya sería una proeza, se suma al logro de haberse significado como uno de los escasos reductos de periodismo de investigación en la televisión española (especialmente, desde la producción privada).

    Aprovechando su visita por València, Cultur Plaza conversa con Évole acerca de periodismo, televisión y sus impresiones acerca de la recién nacida À Punt:

    Salvados cumple 10 años, pero tus inicios fueron en el periodismo local, una realidad del oficio tan compleja como desconocida por la sociedad. Recientemente, películas como Spotlight o Los archivos del Pentágono han servido para que un gran público comprenda la distancia que hay entre el trabajo de proximidad llamado a cambiar el mundo [el primer caso] y aquellos que influyen sobre el curso político global [el segundo]. ¿Con todo tu bagaje, cuál es tu percepción actual del periodismo local?
    -El periodismo local es fundamental. Cualquier periodista que tenga que ejercer esta profesión debe foguearse allí. Y no lo digo pensando en ello como en una plataforma de entrenamiento para luego dar un salto a un ámbito mayor, ya sea regional, estatal o internacional. No, no. Es que es un entorno en el que se hacen trabajos de muchísima altura que supongo que no siempre son suficientemente valorados. El periodismo local es un entorno en el que aprender la profesión al máximo nivel porque es donde más se notan las presiones. Todas. Las económicas, las políticas, las laborales… 

    -En el local y en cualquier otro ámbito, desde siempre, el periodismo se enfrenta diariamente a su gran amenaza: la mentira. ¿Cómo se combate? 
    -La mentira se combate con preparación y esfuerzo. Con tiempo. Cuanto más preparado llegas a la entrevista, más difícil es que suceda la mentira. Luego, a veces, te la tragas. Pero si está muy preparada, se la traga el entrevistado. Se combate con documentos y hemeroteca, pero en Salvados hemos probado los dos sabores de esa realidad muchas veces.

    -Dentro de la mentira está el subgénero del relato autoconstruido; cuando la fuente se ha convencido de aquello que no fue así.
    -Hay muchos tipos de mentira, pero esencialmente está el caso de quien miente a sabiendas y de quien lo hace después de haber construido todo un relato. Y de haber convencido a muchos, a lo mejor, que la historia ha acabado retroalimentándose. Nuestro trabajo es el mismo en ambos supuestos: preguntar, preguntar y repreguntar hasta sacar el agua clara de entre todo aquello… No siempre se consigue.

    «ME PREOCUPAN MUCHO MÁS LAS VERDADES OFICIALES QUE LA POSVERDAD»

    -¿Y cómo se combate la posverdad?
    -La verdad es que está costando mucho desmontar los bulos que salen de organizaciones muy bien formadas, capaces de tejer redes de seguidores importantes y tener sus propios medios al servicio de todo esto. De golpe y porrazo alguien puede decir que la alcaldesa de Barcelona no ha acudido a la toma de posesión del president Torra. Y quien sigue a ese medio se queda con la mentira hasta que aparece una foto de ella en la que ves que sí estaba, pero quizá ese medio ya no la publica. Hay toda una maquinaria creada y capaz de influir en según qué intereses políticos, en patrocinar la mentira con el ánimo de desprestigiar.

    -¿Esa es la principal novedad, un ecosistema de medios infectados y con una gran capacidad para infectar?
    -Medios en manos de manipuladores sin escrúpulos. Gente que quiere crear un marco mental determinado. Porque no hablamos de que sean medios que trabajen a partir de una línea editorial o con unos objetivos ideales, sino de medios que generan un tipo de información totalmente adulterada. 

    -¿Cómo se reacciona ante todo eso?
    -Siendo combativos individualmente. Provocando la duda y la inquietud en quien nos sigue para que distinga que una cosa es una línea editorial y otra completamente distinta es tergiversar los hechos. Cambiar el sentido de los mismos. Sí, puede que sea algo bastante nuevo hasta el nivel que están alcanzando.

    -Hay quien piensa que la sociedad tenía un acceso más democrático antes de la llegada de la TDT. Antes de la superfragmentación de los medios, ahora convertidos en guetos para nichos, cuando había que someterse a relatos aparentemente más abiertos.
    -Para nada creo que estemos peor. Al contrario: antes era más fácil teledirigir y había muchas menos posibilidades de contrastar. No existía internet. Ahora mismo me preocupan mucho más las verdades oficiales que la posverdad, hablando de esto. Me parecen mucho más peligrosas que las fake news.

    -Pero la llegada de Trump a la Casa Blanca no se entiende sin la existencia de éstas.
    -No hace falta irse hasta Trump para hablar de fake news. Parece un paradigma, pero las tenemos a nuestro alrededor. Antes había menos herramientas y menos ciudadanía dispuesta a indagar en más fuentes por su cuenta. ¿Cuánto hubiera durado el intento de bulo gubernamental sobre el 11-M en una sociedad como la actual? Hay que preguntárselo. Yo creo que la gente duda más que nunca del relato genérico por todo esto y eso tiene su cara positiva.

    «EN ‘SALVADOS’, COMO DECÍA JOHAN CRUYFF, ‘EL DINERO LO QUEREMOS EN EL CAMPO, NO EN EL BANCO’»

    -En el caso del Partido Popular, precisamente, su reacción a la primera sentencia de Gürtel ha sido de negación y rechazo. Eso ha provocado que medios afines, replicando el discurso, hayan afianzado para cierto público que la moción de censura contra Mariano Rajoy no tenía fundamento ante esa situación.
    -Es una posición muy clara que al final redunda en que se contradiga o se desacredite algo tan sagrado como una sentencia judicial. Al final, se genera un ecosistema de informaciones que parece que uno solo pueda alcanzar la verdad si se lee individualmente la sentencia y por completo. Lo peor de todo esto es la desconfianza que se genera hacia los que hacemos de transmisores entre los que mandan y la ciudadanía, cuando el valor que podemos aportar precisamente es el de control y el de agilizar esa comunicación, ¿no? Pero por suerte, como decía, creo que en este momento hay una sociedad más crítica con la información.

    -Una sociedad bajo un tsunami de información multipantalla.
    -Eso no debería ser un problema en sí. Dentro de esa inundación informativa, como dice Iñaki Gabilondo, podemos acabar encontrando agua potable entre los medios. Porque hay de todo, pero algún charco de agua potable queda [ríe].

    Salvados podría figurar entre esos charcos. Si el modelo está asentado y funciona, ¿por qué nadie lo réplica?
    -No tengo claro que no esté replicado. No al 100%, pero hay programas herederos de Salvados como Salvados contiene rasgos de otros programas del pasado. Aun así, bueno… Salvados no es un programa demasiado rentable de hacer. 

    -Tampoco es que genere pérdidas y el equipo, los medios y la factura han crecido.
    -No es un programa asequible para según qué presupuesto. Detrás de cada episodio hay meses de trabajo, meses de investigación, muchos viajes, muchas noches fuera de casa. Esto representa una inversión constante. Nosotros nos lo podemos permitir porque, como decía Johan Cruyff, “el dinero lo queremos en el campo, no en el banco”. Pues eso, que nosotros también lo queremos en el campo. Y no paramos de invertir en nuevas cositas técnicas, en nuevas cámaras, en nuevas salas de edición, en aumentar el equipo que no ha dejado de crecer como decías.

    -¿En 10 años, cuánto ha aumentado?
    -De unos 15 o 18 hace 10 años a unas 45 á 50 personas ahora.

    -Más allá de que los recursos humanos fueran mucho más limitados, el programa y el tono de las primeras temporadas era muy diferente al actual. ¿Qué opinas al ver aquellos episodios?
    -Evidentemente, el programa no tiene nada que ver con las primeras dos o tres temporadas. Pero la evolución ha sido muy lenta. Una evolución tranquila que no ha tenido nada de revolución, sino de progresión en la que hemos tenido la oportunidad de escuchar a la gente. Mi sensación es que el público nos ha ido acompañando en el cambio cada temporada.

    -En ese sentido, ¿el programa se ha beneficiado de la falta de urgencia por el crecimiento que han tenido los inversores de laSexta?
    -Desde luego que sí, que hemos contado con algo que no pasa en España: la paciencia de los directivos. Sin esa posibilidad, ni de lejos hubiéramos llegado hasta aquí. 

    «[EN LAS ENTREVISTAS ] EL TONO AGRESIVO CASI LO HE DESTERRADO PORQUE CREO QUE NO SIRVE PARA MUCHO»

    -Revisando aquellas primeras temporadas y las actuales, el espectador ve a un Jordi Évole también muy diferente como entrevistador. ¿Hay diferencias en el planteamiento, en la estrategia?
    -La entrevista es un juego de intensidades en el que el oponente sabe que habrá preguntas inconvenientes. Se juega con el tira y afloja, dejando que se cierre o que se relaje, pero sobre todo con la capacidad de leer el momento. Hay tira y afloja si no se rompe la cuerda, pero está bien forzarla y luego relajar. Es un juego muy intenso que dura hasta que se tiene una buena respuesta. Eso es lo que buscamos. La respuesta que lo explica, que lo dice todo.

    -Analizando sus estrategias, me sorprendió que en esta temporada hubo un cuestionario sin la menor oposición o tensión: Mercedes Milà. Daba la sensación como si tuvieras una admiración especial por ella y quisieras poner en valor su legado.
    -No te lo voy a discutir… La verdad es que no lo voy a negar. Todas las entrevistan tratan de alcanzar un tono y de mantener un relato con el entrevistado. Esa entrevista lo tuvo y ni mucho menos fue agresivo. Pero quizá es una muestra de que el tono agresivo casi lo he desterrado porque creo que no sirve para mucho. En el caso de Milà, creo que lo que se merece es ese tipo de entrevista.

    -Ha entrevistado a Nicolás Maduro, José Mujica o Julian Assange. Le costó más con Felipe González o Carles Puigdemont. ¿A quiénes le haría ilusión entrevistar que todavía no haya conseguido?
    -Pues mira, no negaré que ahora mismo pienso en José María Aznar Aznar y Paco Camps, que son las dos entrevistas que más me gustaría lograr. 

    -La negativa de Aznar a Salvados es conocida. ¿Por qué?
    -No hace falta que reciba ninguna excusa. El invitado tiene la potestad y todo el derecho en decirte que no. Yo, sea quien sea, siempre agradezco mucho el tiempo que nos cede para que podamos entrevistarle. Estoy muy agradecido. Aznar está en su total derecho y me parece estupendo que no la conceda. Es una decisión. Camps en cambio nos da largas. ¡Es muy diplomático! [ríe] Lo va emplazando, pero nunca hay fecha ni aproximada ni de ningún tipo.

    -Ya que València sale en el relato, siempre ha dado la impresión de que el programa de Salvados en torno a la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio supuso un antes y un después para el equipo y para ti. ¿Fue así?
    -Lo es. Un programa que ya, por el simple hecho de hacerlo, te genera una satisfacción enorme. Una satisfacción que ya se sucedía a medida que íbamos haciendo entrevistas y trabajando los cabos sueltos que había en la historia. También fue un programa poco habitual porque ya había todo un trabajo periodístico que nos fue cedido por Barret Films. No es habitual que alguien te ceda todo su conocimiento profesional trabajado durante años para que dispongas y crees con ellos. Eso ha derivado en una gran amistad, en la posibilidad de colaborar con ellos y en que cuando bajo a València casi siempre nos vemos.

    -Hay cambios más o menos tangibles para el espectador y uno de ellos, también más propio de las dos últimas temporadas, es la perspectiva de género más allá del tema a tratar en cada episodio. ¿Se ha evidenciado esta realidad en reuniones de trabajo de Salvados? ¿Cómo sucedió?
    -Bueno, entiendo que se note el cambio y que sea algo que haya cuajado absolutamente en toda la sociedad. En el equipo de Salvados no es distinto. Son tus propias compañeras las que saben encontrar el momento para señalarte algunas preguntas que haces, para evidenciarte algunas actitudes. Te das cuenta de que lo que haces sucede a partir de actuaciones de una óptica machista incrustada. Es la marca del patriarcado que, afortunadamente, tus compañeras te la van haciendo ver. Yo admito que al principio me ponía a la defensiva, que cuesta salir de la perspectiva, pero que tenían entonces y tienen ahora toda la razón del mundo.

    -Hace unas semanas conversábamos con Carmen Aguilera y El Gran Wyoming (directora y presentador de El Intermedio) sobre la percepción informativa del programa. Aguilera consideraba una anomalía que hubiera gente que les dijera habitualmente que no veía informativos y que se informaba a través de El Intermedio. ¿Qué interpretación haces tú de ello?
    -Pues lo primero que… estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen, porque sé que mucha gente puede decir que se informa a través de El Intermedio. Me lo creo y es totalmenta factible, pero eso dice, sobre todo, de los informativos que se están haciendo. O de que no están cumpliendo con esa labor. Creo, no obstante, que es muy difícil hacer un informativo diario. Estoy convencido de que hay muchísimos compañeros intentando hacerlo lo mejor posible, pero muchas veces la información no acaba saliendo en pantalla como tú querías o cuando tú querías. Me consta cómo se intenta hacer día a día, pero hay falta de medios, hay problemas de todo tipo… lo que dudo es que no haya actitud. Ni ganas.

    -En la Comunitat Valenciana vivimos la extraña pero feliz realidad de acabar de estrenar una televisión y radio públicas, À Punt. ¿Qué pasa por tu cabeza ante una oportunidad tan singular como esta para un medio público?
    -Esa es la palabra fundamental: oportunidad inmejorable de hacer una televisión pública de verdad. Ahora mismo, sabemos en qué se han convertido todas las televisiones públicas que mires. Estatales, autonómicas, locales… Problemas de modelo y de evolución, por lo que empezar ahora debe significar eso: empezar de cero. Es una oportunidad para, de verdad, pensar totalmente diferente sin relación con modelos del pasado. Pensar en el ciudadano y en la ciudadanía e informarle de aquello que le interesa. Sobre todo, que no sean los políticos los que marquen agenda y que nosotros mismos, los periodistas, tengamos capacidad y libertad para incomodar desde los medios públicos con propiedad.

  • Mississippi, la maestra valenciana que está dominando el fenómeno de la poesía en directo con millones de visitas

    La rapsoda valenciana ha ganado ya varias encuentros de ‘spoken word’ a partir de poesía. Ahora representa a València en el torneo estatal que este año se celebra dentro del festival Vociferio

    Este viernes se celebra la inauguración de Vociferio 2018 en el Museu de Belles Arts de Castelló. Para dar el pistoletazo de salida a este festival de la palabra –a través de muy distintas disciplinas–, la capital de la Plana acogerá la final del 8º Campeonato de España de Poetry Slam. Esta modalidad de poesía en directo, a contrarreloj y con votaciones en vivo contará con los ganadores de distintos campeonatos regionales del año: Marçal Font, Dani Orviz, Dyso, Pablo Cortina, Margalida Followthelida y Mississippi

    La última de la lista es la sensación valenciana del fenómeno, que ya peleó el pasado año por el título nacional y que en València no ha dejado de encadenar premios desde que hace apenas año y medio diera el paso adelante para subirse al escenario y hacer de la poesía un arma arrojadiza. Hablamos con ella para entender mejor el movimiento y sus ramificaciones, que van desde virales con millones de visitas a best sellers adolescentes colapsando los accesos a las ferias del libro.

    -¿Cuál es tu primer recuerdo con la poesía?
    -Gloria Fuertes. Seguro. Leía muchos cuentos suyos, historias, tanto en prosa como en verso. Esos juegos lingüísticos que hacía me parecían divertidos y todavía los recuerdo.

    -¿Cómo has vivido su revival?
    -Encantada. Su trabajo me sigue pareciendo igual de estimulante. Unos compañeros poetas de València revisitaron su libro Isla ignorada; su primer poemario. Una delicia. Creo que sigue siendo una creadora muy ingeniosa y una poeta muy actual.

    -¿Y desde Gloria Fuertes hasta la Universidad, hubo poesía?
    -No. En el instituto me atiborraron de clásicos que no me gustaron mucho. Creo que la aborrecí y no tuve inquietud por buscar nada más. O nada me llamaba la atención. Empecé a escribir poesía ya en la Universidad [Magisterio] gracias a un profesor que tenía una asignatura de creación literaria. Y volví a jugar con las palabras, escribiendo, escribiendo… empecé a indagar otra vez.

    -Escribías y leías, pero todavía quedaba lejos la idea de subirte a un escenario o grabarte para un canal de YouTube.
    -Muy lejos. Escribía y leía, sobre todo, a hombres. Pessoa y Salinas. De la lectura pasé poco a poco a la oralidad, aunque al principio pensaba que eso no iba conmigo. Pero es cierto que soy muy activa, muy de movimiento y que en Barcelona conocía el Poetry Slam. Una cosa me llevó a la otra y allí vi que la poesía se adecuaba más al ritmo de las canciones, a las dobles intenciones, a las ironías y a la puesta en escena. A partir de ese contacto empecé a crear yo, hice un curso intensivo de cuatro días y al volver a València me apunté al Slam. No hice jams ni sesiones de micro abiertos. Directamente al Slam.

    -¿Cuándo?
    -Noviembre de 2016. Enseguida gané. Gané meses, porque es una competición por puntos, como una liga. Luego empecé a perder alguno, pero me clasifiqué para la final de 2017 a nivel estatal que se celebró en Ciudad Real y donde aprendí muchísimo gracias a los adversarios.

    -Tu crecimiento ha sido rápido, pero también el del fenómeno del Slam. ¿Es tan exponencial como parece?
    -Lo es. Está creciendo tanto que hemos llegado a ver participantes de Got Talent (Telecinco) haciendo este tipo de propuestas o mezcladas con artes performativas. Antes de que esto sucediera, poetas como Marwan y otros jóvenes estaban generando ya movimientos masivos. Luego, además, está todo el movimiento creciente de la poesía en Instagram que se ha hecho súper grande. Y, de repente, el poema viral de Alejandra Martinez que llegó a miles de personas. Y luego el mío…

    -¿Cómo encajaste el efecto viral en el que se convirtió tu poema a Disney?
    -Bueno, precisamente había visto lo que había sucedido con Alejandra. Ella también hablaba de temas a partir de letras de canciones de pop y reggaetón. El mío también se amplificó por el mensaje feminista, tocando la fibra de Disney y la infancia que le llega a todo el mundo. El feedback fue increíble y recibes muchas cosas buenas y algunas malas. Las malas son las que hacen ruido y con las que te quedas a corto plazo. Insultos sin más, cuestionando mi aspecto físico, que no me había documentado bien, que no pillaban mis ironías, la gracia… Yo siempre parto de una crítica social, así que siempre tengo retorno de todo tipo. Pero pasado un tiempo me quedo con las cosas buenas. Me llamó mucha gente para entrevistarme, se interesaron por mi trabajo y pude actuar en otros sitios.

    -El fenómeno de la poesía masiva tiene muchas realidades a partir de internet. Las grabaciones de los Poetry Slam, los canales de YouTube, Instagram… ¿Qué diferencias hay entre todas esas posibilidades?
    -Sí noto una distancia mayor en Instagram. A menudo todo se resuelve con una imagen estanca. Tiene mucho de postureo y está contaminado por esa necesidad de mostrar constantemente un nivel de vida alto, con la perversión de mostrar una especie de vida aspiracional a la que tus followers no van a llegar. El youtuber puede tener esto o no, pero tiene también la perversión frente al directo de que un buen montaje puede maquillar esa realidad. Te puedes hacer cuantas pruebas quieras y editar y editar. 

    -En todos estos casos, el mensaje es súper directo. Utilizáis un lenguaje que, al contrario que buena parte de la poesía editada en papel, se permite pocas capas y tiene mucho que ver con el lenguaje y la comunicación de lo inmediato. ¿Esto te inquieta?
    -Bueno, digamos que lo que me pregunto es si la gente que está consumiendo masivamente todo esto acabará llegando a textos más sosegados. Esa es la gran duda, si se queda en lo que se ve a simple vista o esto se convierte a algo que va más allá. Creo que hay de todo y que mucha gente se queda con los poemas de internet porque ya le causan una serie de emociones. También creo que hay otras personas que investigan a partir de ello y que puede ser una puerta a algo más.

    -En tu caso, no has dejado de ganar todo tipo de encuentros. ¿Tienes miedo de que esa dinámica cambie y de no encontrarte cómoda si pierdes ese ánimo competitivo?
    -Lo único que creo que pueda cambiar es que se cansen de mí porque ya me hayan visto demasiadas veces. Mis temas y mi estilo no han dejado de variar y las poesías críticas van de la política al consumismo, a cuestiones feministas… Es cierto que ha sido bastante exitoso el inicio, pero yo siento que esto es solo el comienzo. Además, sobre todo he hecho territorio Slam. Ahora he empezado en otras opciones como la del recital. Hice uno de 40 minutos en un instituto y me encantó. Sin crono, sin votaciones… a los nanos les encantaba. Sé que les puedo hablar en su idioma, me entienden y les toco la fibra.

    -Eres maestra de primaria y un fenómeno viral. ¿Ha llegado a suceder que tus alumnos te reconozcan?
    -El poema de Disney llegó justo cuando terminaba una sustitución. Acababa de salir y algunos alumnos me encontraron en YouTube y me empezaron a comentar. Eran antiguos alumnos. En el trabajo no ha sido un problema porque, creo, como mucho se alegran de trabajar con alguien que hace algo así.

    -¿Cómo ha cambiado tu poesía para el directo en este año y medio?
    -Hay una fase que se mantiene: los nervios antes de salir a escena. Creo que es sano, que le sigo teniendo el mismo respeto. Ahora me muevo con más naturalidad y confío más en mí. Cuando empecé creía que no sabría memorizar un texto, pero cuando pasaron las primeras veces y vi que no me quedaba en blanco… 

    -¿Sigues leyendo poesía editada convencionalmente?
    -Sí, pero son dos mundos que separo totalmente. Por un lado todo lo que tiene relación con la oralidad y lo escénico y por otro la palabra escrita. El Slam sigue siendo lo nuevo para mí y me gusta poder disfrutar de la poesía en estas dos vertientes. 

    -Ahora vas a editar un libro que son adaptaciones de tus Slam.
    -Sí, porque es cierto que hay un público que demanda ese traslado. Va a ser una especie de grandes éxitos con algunos inéditos y todos van a llevar un código QR para que se pueda ver el vídeo. 

    -¿Hasta qué punto crees que este fenómeno está relacionado con la necesidad de mensajes muy concretos y directos y con el consumo de estos a través de pantallas?
    -Totalmente. Hay toda una masa de población que consume para ya y fácil. El GPS nos ha acostumbrado a no memorizar ninguna ruta y todo funciona más o menos así. Los nativos digitales lo necesitan fácil y al instante. No creo que esto sea necesariamente malo. Lo único malo es que el cambio esté siendo tan rápido y que no podamos calcular que sucede si los mensajes son frívolos o no. 

    -Por último, está otra cara de la reconexión de la poesía con públicos jóvenes y masivos: el fenómeno editorial de autores muy jóvenes que basan su comunicación en Instagram. ¿Es un mundo muy alejado del Poetry Slam?
    -Creo que sí, pero no necesariamente peor. El público joven conecta con las inqueitudes de los jóvenes. Además, sucede rápido y fácil a través de Instagram. Les tienen en pedestales y es cierto que en las ferias del libro se arman colas interminables. Yo veo en todo esto algo positivo si de ahí van a salir personas con ideas más interesantes para afrontar la vida. Lo veremos en un tiempo, no mucho. Lo que no sabemos es si ese tipo de poesía de verdad les va a servir para algo más que para la emoción instantánea que viven en ese momento. Aun así, confío mucho en la juventud. Nunca se me ocurre pensar que son tontos. Ese es un lugar común. Es más, creo que solo ellos pueden encontrar nuevas formas de expresión y de arte desde el atrevimiento y a través de sus propios canales.

  • Cine y corrupción: por qué no se filman mensajes posibilistas

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este lunes la Filmoteca de València acogió la proyección de Corrupció: l’Organisme nociu, una película de cine documental que rompe con el canon informativo sobre la corrupción. La exhibición forma parte del tour que la Agencia Valenciana Antifraude ha programado en las tres capitales de la Comunitat Valenciana del film divulgativo que, como advirtió el director general del organismo, Joan Llinares, evidencia una inquietante contradicción: en España apenas existe producción audiovisual en torno al segundo problema que más preocupa a sus ciudadanos (CIS). La subdirectora y guionista del film, Teresa Soler, afiló aún más la duda: «hasta donde sabemos, ésta sigue siendo la única película que propone un mensaje posibilista ante la corrupción».

    Esa es la principal diferencia de Corrupció: l’Organisme nociu. Una producción –en alquiler online a través de Vimeo– funcional en sus formas, pero profundamente rupturista con el mensaje informativo que propone. Sin proponerse ser un panfleto anti media y con la experiencia en caliente de la primera sentencia de Gürtel y la reciente Operación Erial en marcha, la película reescribe el canon informativo dando voz a dos colectivos silenciados por imperativo periodístico: el de los denunciantes de corrupción y el de los colectivos ciudadanos que se han generado para exigir transparencia y hacer un uso amable de su información.

    El primero de esos públicos es el principal protagonista del film con diferentes testimonios de distintos cargos públicos y administrativos que denunciaron e interrumpieron el proceso corrupto. Testimonios que narran de manera naturalizada como interrumpieron el fracaso democrático que supone la corrupción (en casos como Pretoria, Palau y otros) y acabaron pagando por ello. Despedidos, apartados, señalados y, sobre todo, a la intemperie de cualquier protección pública. Tampoco mediática, aunque la película de Antonio Sanfeliu y Soler, que ya ha sido exhibida en más de 100 ciudades y pueblos desde 2015, repara parcialmente esta realidad.

    El director adjunto de audiovisual del IVC, José Luis Moreno, Joan Llinares, Teresa Soler, Carlos Jiménez Villarejo y el director del IVC, Abel Guarinos (Foto: KIKE TABERNER)

    Soler comentó que en algunas de esas proyecciones había recibido el retorno del público cuestionando que en el film no apareciera la voz de los corruptos. Ella compartió en València tras el visionado que «después de ver la película, quien piensa así deja claro que no ha entendido el mensaje». Fue más claro todavía el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, quien cogió un recorte del diario El País que tenía a mano y leyó: «‘Zaplana ocultó durante años en Panamá 10,5 millones de euros en sobornos’. Los corruptos tienen la voz de los medios todo el tiempo. Ya tienen la voz y, lo que es peor, son los protagonistas de la vida política».

    El frágil equilibrio de recursos humanos que sostiene a los medios de comunicación implica que la información en torno a la corrupción se dedique a apagar el fuego del sobresalto. Ante hitos en el eje cronológico como el de la Operación Erial, el canon informativo apenas deja margen para atender cualquier aspecto que vaya más allá del relato de los agresores. Y son muchos los juzgados implicados, como detalló Jiménez Villarejo a partir de la última memoria disponible de la Fiscalía Anticorrupción: «ahora mismo en la Comunitat se están juzgando delitos de este tipo en varios tribunales de València, Alicante, Castellón, Gandia, Sagunto, Orihuela…». Decenas.

    Jiménez Villarejo trató de acudir a la médula del conflicto durante la charla posterior a la proyección: «vivimos en un sistema capitalista y un sistema de estas características tiene una lógica: se basa en el mercado y éste en sus beneficios. A partir de este punto de partida, toda persona, incluso los funcionarios públicos, incluso los propios políticos, pueden ser víctimas del sistema que domina el mundo». 

    Citando a la profesora emérita Helena Cansamiglia, Jiménez Villarejo definió que la corrupción es «la deslealtad radical frente a los valores democráticos en los que se desempeña una función». Para que esto suceda, el sistema ya prevé «que no encuentren obstáculo alguno a la hora de violar las leyes que regulan su función», lo que posibilita «una evidente desviación del poder». Esos son dos de los principales ingredientes en los distintos relatos de aquellos trabajadores públicos que interrumpieron el proceso de corrupción y que ocupan buena parte del film proyectado ayer en la Filmoteca de València.

    Razones para el cambio

    No obstante, tanto Llinares, como Soler y Jiménez Villarejo quisieron intuir cambios evidentes en los últimos años con respecto a la corrupción. Una especie de ‘lento despertar ciudadano’ que, en la película de 2015, ya empezaba a atisbarse a través de los grupos ciudadanos que aparecen reclamando y haciendo uso de herramientas de transparencia. Jiménez Villarejo destacó una sentencia del Tribunal Supremo en el que se recoge que «la lesión ciudadana de la corrupción es mayor que el coste». Esta idea redunda en uno de los pecados originales de su naturaleza: «sigue siendo solo un delito contra la Administración».

    Un cambio que, desde su punto de vista, podría pasar en gran medida por la «planificación de medidas que se pueden tomar contra la corrupción y que muchas de ellas ya están en el documento expuesto por la Fundación por la Justicia valenciana. Sus propuestas entroncan con el documental como mensaje de prevención ya que, como apuntó Soler, «el trabajo de los jueces es similar al de un cirujano que ha de resolver finalmente la enfermedad». Sin embargo, el proceso preventivo y su deterioro progresivo pertenece a otros órganos que, como evidencia la cinta y comenta en ella la propia Victoria Camps, han demostrado no funcionar. Además, Jiménez Villarejo puso en valor la Ley 11/2016 valenciana como la primera en abordar la protección de los denunciantes, hecho fundamental en la película en la que también participa como uno de los testimonios de expertos. 

    Él mismo aportó los datos de la factura de la corrupción con distintas citas que, ya en el año 2004, cifraban el desperdicio en un billón de dólares (Banco Mundial), entre 1,5 y 2 billones en sobornos en las economías emergentes (Fondo Monetario Internacional) o en 120.000 millones de dólares anuales tan solo en las malas prácticas derivadas de la corrupción (Comisión Europea, 2012). Un conflicto en el que tiene mucho que ver la financiación de los partidos que, en palabras de Jiménez Villarejo, sigue sin resolverse: «sonroja ver el texto de la nueva ley al respecto en la que los únicos delitos penales son para donaciones superiores a 500.000 euros». Aun así, para el exfiscal Anticorrupción sigue pesando «la opacidad de la que gozan las fundaciones de los partidos».

    Los crímenes ejemplares del caso español

    Lo cierto es que la historia de España que se refiere a este supuesto tiene una sombra muy extendida: «durante 40 años, los partidos en España han vivido con un tratamiento preferente a la ciudadanía sobre la gestión económica gracias a pedir préstamos que se podían condonar«. Se comenta en el documental también esta realidad extendida, con ejemplos concretos, de partidos financiados por la banca que gozaban de condonaciones. Condonaciones que, evidentemente, interesaban a ambas partes. Especialmente al sistema bancario que ha mantenido así su control sobre la actividad política. 

    De manera evidente, España incumple su compromiso con la resolución del Artículo 20 de la Organización de las Naciones Unidas que ya fijaba en 2003 que la corrupción se tipificaba como un delito para los cargos públicos electos. «Han pasado 15 años y sigue sin reconocerse de la misma manera», apuntaba Jiménez Villarejo. E iba más allá: «desde 1996, el Gobierno ha indultado a 227 penados por delitos de corrupción. Una ley de indultos que es de 1870 y se hereda de la época medieval. Esto me parece gravísimo, porque es insoportable que haya habido 227 indultados por cuestiones como la prevaricación, malversación, cohecho y tráfico de influencias». 

    Soler quiso reivindicar del film que va más allá de la libertad de expresión: «ésta es fundamental, pero la de pensamiento es tanto o más y la corrupción era un tema muy importante». La idea de recoger «conductas ejemplares» servía para mostrar como «el sistema no les blinda; justo al contrario». A día de hoy, asegura, «debe existir algún borrador en alguna mesa de algún partido político, pero no existe ninguna ley en marcha ni propuesta que proteja a los denunciantes de corrupción»

    Finalmente, la subdirectora y guionista del film quiso encontrar el lado positivo de la experiencia que les ha llevado a tantas ciudades, siempre con proyecciones acompañadas de mesas de debate posterior. «La crisis nos ha llevado a tomar una conciencia social, cívica y ética mayor. Nos está abocando a tener una posición más resolutiva«, algo que recoge primorosamente el documental. Como ella concluyó, actualmente el pensamiento se ha ido esclareciendo más en la sociedad crítica: «el problema no es tanto cambiar de pastor, sino dejar de ser ovejas».

  • Don Rogelio J: cómo crear un falso musical experimental, grabarlo y llevarlo a escena

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Don Rogelio J es uno de los artistas valencianos más extensivos de lo que va de siglo. Es tatuaje («por las mañanas»), es cómic, es ilustración, es rock and roll, es fanzines, es hombre orquesta y ahora también es teatro. La primera dramaturgia de su puño inquieto es Bucles de arrabal, el último disco de su proyecto musical Tumba Swing. Esto es: un falso musical experimental en el que aborda la magia y crisis del proceso creativo. Cómo surge una canción, de dónde viene, como se desarrolla, qué conflictos provoca y hasta dónde alcanza cuando toma forma. Esta convulsión vuelve a los teatros valencianos con él en escena y acompañado de sus socios (Quique Medianoche, Lluis Folch) en Aullido Atómico, banda de la que forma parte y cuya interminable última gira (Decadencia) interrumpió la presentación de este proyecto.

    «Es musical, es falso en ese sentido y es experimental. Es que no hay otra forma de definirlo». Así comenta Don Rogelio J la naturaleza de Bucles de arrabal que podrá disfrutarse como obra de teatro, concierto, performance, spoken word y proyecciones en la sala Carme Teatre los días 25 y 26 de mayo. Este gran contador de historias revisitó el formato one-man band con Tumba Swing aunque para este proyecto dramatúrgico tuvo que rodearse de sus aliados para llevar hasta el público el trabajo de estudio. Una representación escénica y sonora en la que está presente el humor negro que atraviesa en gran medida toda su creación. En este caso, en un álbum conceptual que transita «ese camino adoquinado de rosas y espinas que es el absurdo pero vital proceso creativo».

    El proyecto, que formó parte de Graneros de Creación de Espacio Inestable junto a Espai Rambleta, vuelve un año después a las salas de teatro valencianas con la misma ambición de producción: son los propios músicos los que, desde el escenario, lanzan las proyecciones, interpretan la música, controlan la mesa de luces y gestionan la experiencia completa del espectador. No es exactamente teatro ni mucho menos un musical, pero si que parte de su estructura para contar una historia la mar de interesante que no deja de autoparodiarse por el camino. 

    El underground está muy presente en esa autoparodia y lo que parte de un concepto de musical para todos los públicos encuentra sus nichos. Pero Don Rogelio J no se rinde ante el carácter de entretenimiento. De show. Quique es el compañero que más le acompaña en la parte dramática («Jussi se mantiene más al margen»), pero el autor reconoce que el teatro le ha resultado un escenario natural desde hace mucho tiempo: «mi hermana mayor estudió arte dramático y yo me he pasado muchos años siendo el niño que salía en la obra, el adolescente que salía en la obra».

    Él admite la naturalidad con la que ha dado el salto a una disciplina más que, hasta ahora, no había abordado desde la dramaturgia. Más allá de una colaboración durante el último año con el colectivo de teatro político A tiro hecho, este debut se suma a sus proyectos en marcha que incluyen («además de tatuar por las mañanas«) un cómic para Ediciones Valientes que será una historia corta, «de unas 40 páginas», además de otra novela gráfica larga cuya temática todavía no quiere desvelar. 

    «Es cierto que estoy en demasiadas movidas, pero entiendo que quien me sigue a través de redes, etcétera, se siente atraído por cómo el personaje de Don Rogelio J se va alimentando de tantas inquietudes». Su poderosa fase como dibujante tiene una proyección densa y rabiosa en torno al negro y sus producciones tanto de cómic como de fanzine son esperadas en escaparates tan consolidados como Tenderete. Él asegura que nota cómo unos encargos llevan a otros y las disciplinas se comunican. Ahora se siente cómodo dentro del teatro alternativo: «la gente del medio reconoce que es un formato novedoso, que bebe un poco de todos los palos que uso, y que también puede funcionar en formatos más reducidos conmigo solo como Tumba Swing».

    El falso musical experimental se reserva también mucho margen para la improvisación, porque Don Rogelio J también tiene la necesidad de hacer de cada espectáculo algo nuevo. La historia narrada y sobre todo cantada se entrelaza con doce instrumentos –grabados en solitario por Don Rogelio J en el disco–: melódica, armónica, harpa deboca, theremin, stylophone, percusiones con cubos de basura… Hay sonidos rockabilly, pero también es justo decir que la propuesta es un punto de inflexión en el sonido desvencijado que acompañaba hasta la fecha a TumbaSwing. Más cálido y de alguna manera con ese poso escénico, musicalmente es un trabajo minimalista en el que el spoken word y las letras van habitando la experiencia del espectador.

    Al final, todo ello sirve para tender una reflexión sobre la sociedad de consumo desde la sonrisa y desde la tragedia. Una reflexión individual vivida, en este caso a través de proyecciones, narraciones, canciones y sonidos y que abre de nuevo su deambular por teatros a partir de su paso este fin de semana por Carme Teatre.

  • Adiós a Bill Gold, el cartelista más prolífico y recordado de Hollywood

    El primer recuerdo visual sobre películas como ‘La naranja mecánica’, ‘El exorcista’, ‘Uno de los nuestros’ o ‘Mystic River’ 

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Bill Gold no posee ningún Óscar y, sin embargo, es el autor de la primera imagen con la que se recuerdan algunas de las películas consideradas clásicas del cine. Diseñador de una cantidad inabarcable de pósters y adaptaciones gráficas, ésta leyenda viva murió este lunes en su casa de Connecticut (Estados Unidos). Durante nada menos que siete décadas fue capaz de influir decisivamente en el arte del cartelismo desde Casablanca (Michael Curtiz, 1942) hasta J. Edgar (Clint Eastwood, 2011). En total, una cifra no definida y superior a los 2000 originales ideados por este oriundo de Brooklyn que llegó a Warner Bros. poco antes de estrenarse con la memorable cinta protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

    Los pósters de Gold que residen en el imaginario colectivo de medio mundo son tan amplios como plurales. De La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) al El exorcista (William Friedkin, 1973) pasando por Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975). La talla de los directores que han confiado en él es altísima. Alfred Hitchcock (Crimen perfecto, 1954), Elia Kazan (Al Este del Edén, 1955), Federico Fellini (1/2, 1963), Sam Peckinpah (Grupo salvaje, 1969), (Los vividores, 1971), Oliver Stone (Platoon, 1986), Martin Scorsese (Uno de los nuestros, 1990) o buena parte de la carrera que le unió al Clint Eastwood director (y son solo unos pocos ejemplos). 

    Pau Gómez, periodista y doctor en Comunicación Audiovisual valenciano que recientemente ha publicado el libro Clint Eastwood. El mito tras la máscara, comenta que «más allá de carteles esenciales de la historia del cine, si hubo un realizador con el que tuvo un feeling duradero ese fue Eastwood. Iniciaron la relación el mismo año que Clint debutó como director (Escalofrío en la noche, 1971), pero se conocieron con su trabajo de Harry el sucio (Don Siegel, 1971) que, quizá, con Sin Perdón (1992) y Mystic River (2003) se encuentra entre los trabajos más memorables de Gold.

    Gómez comenta que Eastwood encontró en Gold a uno de sus «más fieles colaboradores». Destaca trabajos como El fuera de la ley (1974; una de las películas más interesantes de sus inicios como director) o el polémico de Ruta suicida (1977; en este caso «por dibujar a un Eastwood musculado cual Schwarzenegger y a Sondra Locke perdiendo la ropa»). No obstante, Gómez se quedaría con su trabajo para Bird (Eastwood, 1988; otra de las cimas de su filmografía): «Gold evolucionó mucho durante las últimas décadas y el cartel de Bird es su genialidad para Eastwood, seguramente. Dibuja a ese pájaro que parece salir de Charlie Parker. Con apenas dos figuras es capaz de reflejar la idea de un genio solitario, autodestructivo y, a la vez, extraordinario». 

    Casualidad o no, al diseñador gráfico Carlos Rubio (autor del libro 100 pelis de adultos para ver con niños) también es el que más le gusta de su trabajo junto a Eastwood: Bird es una ma-ra-vi-lla, pero también firma Alien (Ridley Scott, 1979; en el que aparece un huevo ajeno al film, en una idea para lograr financiación anterior a que esta iniciara su producción), El exorcista o La naranja mecánicaEra un todoterreno«. Para Rubio lo más interesante de su trabajo es, «precisamente, que no pretendiera imprimir su marca. Eso le distingue de otro de mis ídolos, que es Saul Bass, con un estilo más reconocible. Su trabajo será siempre moderno porque no responde a modas pasajeras. Es sólido. Es certero. Es conceptual. Es simple (en el buen sentido; yo no creo que menos sea siempre más). Es descriptivo. Consigue que te interese cualquiera de las películas de su portfolio: ese es el verdadero trabajo de un diseñador gráfico o de un publicitario».

    Esa idea de publicidad la recoge en parte el nuevo director artístico de la Mostra de Cine de València, Eduardo Guillot: «el cartel de una película no forma parte de la película en sí, pero al mismo tiempo es una herramienta fundamental para venderla. En muchos casos, es la primera imagen que se ve de ella y cumple una función fundamental, capaz a veces de cargarse toda una campaña publicitaria y otras capaz de generar en el espectador una necesidad por ver el film incluso superior o mejor a la que puede haber en el trailer«. Para Guillot, no obstante, la calidad de Gold está fuera de toda duda: «creo que la posibilidad de que alguien trabaje durante 70 años para una industria como la de Hollywood habla de su calidad. Una industria basada en su star system en el que todo parece reducirse a mostrar las caras de los actores estrella. Permanecer todo ese tiempo demuestra una gran dosis de imaginación, de implicación como artista con el contenido y de capacidad para dar al resultado una personalidad propia».

    Guillot deja fuera de toda duda que Gold «cumple sobradamente con méritos como para tener un lugar de honor en la historia del cine». El que fuera programador de Cinema Jove recuerda que «últimamente existe una reivindicación en los premios de cine [los Premios Feroz, por ejemplo] e incluso algún festival ya se ha abierto al reconocimiento». No obstante, pocos son los casos en los que sucede. Uno de ellos es el Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina de València, cuya directora, Sara Mansanet, declara a este diario que le sigue resultando «llamativo que a estas alturas de la industria del cine nadie se esté planteando la posibilidad real de que los grandes premios, como pueden ser Óscar, Goya, BAFTA, a distinto nivel, no estén reconociendo este trabajo. La razón es muy sencilla: el trabajo del cartel, para cualquiera que haya estado en una producción audiovisual, resulta una de las decisiones más complicadas e importantes del resultante final. Tiene la capacidad de transmitir y, en el mejor de los casos, quedarse en el imaginario del espectador».

    La Cabina premia desde hace varias ediciones al mejor cartel de su Sección Oficial, con un jurado de especialistas que eligen la pieza más interesante del certamen. «El caso de Gold nos debe llevar a la reflexión de cómo es de difícil que el público reconozca su nombre ahora que ha fallecido a la vez que es muy posible que haya coleccionado, guardado, compartido en redes sociales o acudido a una exposición donde se encontrase su trabajo. Por estos motivos, es obvio que el diseño debe tener un mayor reconocimiento en general en la industria del cine porque es una de las labores fundamentales en el engranaje de la producción audiovisual». 

    En la misma línea se manifiesta Julia Valencia, directora artística de Cinema Jove: «el reconocimiento de la aportación del diseño gráfico en la industria del cine es una asignatura pendiente. En el caso específico de Gold la ausencia de este merecido homenaje además toma otro matiz e intuyo que es debido a su mutabilidad. No tener un estilo perfectamente reconocible conlleva a que tu figura como profesional se desdibuje y por tanto el gran público no te relacione con tus creaciones». Valencia, a partir del caso de Gold, cree que en el mundo del diseño gráfico en el ámbito del cartelismo enfocado al audiovisual «hay algunos creadores que utilizan este lenguaje de una forma tan perfecta, tan hermosa, que elevan sus creaciones al status de arte».

    Al parecer son muchos los convencidos de que esa ausencia de reconocimiento es injustificable. Rubio, diseñador, no piensa igual: «el cartel de una película, muchas veces, es la primera información que tenemos acerca de la misma. Como la portada de un libro. Yo muchas veces he ido a ver una peli sin saber nada más de ella, influido por un cartel que me ha enganchado. Está claro que se trata de una parte fundamental de la promoción. Aún así, no veo justificación para que el sector cinematográfico premie al sector de la comunicación publicitaria o del diseño. Para eso ya existen premios que reconocen las labores creativas y gráficas. Y muchos. Demasiados, según mi opinión. El papel actual del cartelismo no creo que haya variado respecto a otras épocas. En general pienso que no han cambiado tanto las cosas en la comunicación. Se tiende a decir que las ¿nuevas? tecnologías han cambiado el mundo de la publicidad y esas cosas, pero básicamente se trata de tener ideas buenas y poco más. Además, el diseño de pósters sigue siendo muy estático y analógico (afortunadamente)».

    Gold: cartelismo al servicio del resultado final

    Gold siempre defendió un trabajo alejado a un estilo marcado y produjo al servicio del resultado final; de la película. En declaraciones a CBS News hace apenas unas meses, comentó que su voluntad pasaba por contar «una cantidad mínima de la historia, ya que cualquier cosa más allá de eso puede resultar confusa». Como recogía The Hollywood Reporter en el obituario de este lunes, el propio Eastwood prologó el libro más ambicioso que recoge su obra: Bill Gold Poster Works. Allí explicaba por un lado que «respetaba la película» y se convertía en una garantía de éxito: «con Bill sabía que el póster era una cosa menos en la que teníamos que pensar«.

    El propio Eastwood mostró en muchas ocasiones su admiración por Gold a quien definía diciendo que «la primera imagen que tienes de muchas de tus películas favoritas es probablemente una creación suya». También en The Hollywood Reporter, el crítico Leonard Maltin comentó que «no distinguir el estilo de Gold es un cumplido, porque en vez de tratar de calzar una variedad de películas en una sola una forma de pensar visualmente, se ha adaptado a una variedad de películas muy amplia».

    Gold inició su carrera de la manera más ingenua posible: después de graduarse en el instituto, averiguó quién era el director de arte del departamento de carteles de la Warner y se ofreció para esa labor.  Redibujó cuatro carteles de varias producciones que ya se habían estrenado. Directamente fue contratado y a los 21 años su primer encargo ya fue Casablanca, donde su primer guiño provocativo –para la época– fue colocar una pistola en primer plano. El segundo fue Yanqui Dandy (también de Michael Curtiz y también de 1942). Enseguida se produciría un paréntesis en su curriculum tras alistarse y servir durante tres años en la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, participó en la realización de películas de entrenamiento para la Fuerza Aérea del Ejército estadounidense, aunque de regreso continuó con su labor y abrió su propia empresa en 1960, en su natal Nueva York. 

    Su relación con Warner Bros. fue fructífera y duradera. Sid Ganis, jefe de publicidad de la major durante la década de los 70, le situó al frente de los directores de arte y de los distintos equipos en torno a la producción gráfica de sus grandes películas: «era el responsable de la sinfonía», declaró a The Hollywood Reporter. Se enfrentó a retos memorables como el ya citado de Alien, sin imágenes de referencia de la película más allá del briefing correspondiente. Salvó algunos dardos envenenados como el de El exorcista, en el que tenía la exigencai de «no mostrar ningún símbolo ni connotación religiosa». Por contra, fijó a Max von Sydow bajo un rayo de luz que parece salir de la casa de la niña poseída (Linda Blair). 

    No son menos recordados sus trabajos para My Fair Lady  (George Cukor, 1968),  Bullitt (Peter Yates, 1968), Defensa (John Booman, 1972). El golpe (George Roy Hill, 1973), En el estanque dorado (Mark Rydell, 1981) o el documental  Thelonious Monk: Straight No Chaser (Charlotte Zwerin, 1988). Gold falleció este lunes a los 97 años rodeado de sus familiares. Su legado parece atravesar buena parte de la historia del cine de Hollywood. Su estilo al servicio de cada producción no evitará que su obra quede dispersa a cambio de haber pasado más de siete décadas comprometido con su oficio como diseñador de carteles.