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  • Mariscal: «Hablar de estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX»

    Publicada originalmente en la revista Plaza en agosto de 2015

    Es el diseñador valenciano más reconocido del mundo, aunque él mismo cuestione semejante realidad. Lo cierto es que el diseño es sólo uno de sus mil sombreros como profesional, que abandonó Valencia en cuanto pudo y al que el «reconocimiento», desde el término hasta su significado, le genera verdadera alergia.

    No menos cierto es que acaba de inaugurar la enésima retrospectiva de su obra, esta vez en su venerada Tokio, o que el gran estudio que ha capitaneado durante los últimos 25 años se encuentra en fase de liquidación. Una etapa turbulenta que le ha atropellado a la crepuscular edad de 65 años.

    «Ha sido lo más duro que me ha tocado vivir, por lo que he estado deprimido y he podido superarlo con medicación», confiesa entre pausados cigarrillos y sentado en una de las mesas ahora vacías del estudio. La gran sala donde hasta treinta profesionales trabajaban hace apenas cuatro años permanece en penumbra tras una tormenta comercial capaz de reducir la estructura de Estudio Mariscal hasta su apellido, primer y único trabajador. Él y freelances por proyecto, lejos de la ‘fábrica fantástica’. «Un lugar sin tabiques, con muchos sofás, donde se trabajaba de forma abierta». De nuevo un vistazo a la sala de máquinas: silencio.

    De ‘Arturo’ Mas a Ada Colau

    Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    Quien conoce a Mariscal más de cinco minutos le llama Chavi y sabe que sólo la salud jubilará una mente disruptiva contra lo establecido. Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    La peculiaridad familiar no le pasó inadvertida a este creador de iconos, hijo de Pilar Mariscal Enrique Errando, destacado hombre de derechas en la Valencia franquista. Número 13 de Falange, miembro de la Divisón Azul y Cruz de Hierro por méritos propios, Errando fue conocido en la ciudad en su papel como director del Sanatorio 18 de Julio, por su clínica en la Plaza del Caudillo (hoy de l’Ajuntament), pero también por tener once hijos.

    Éstos destacaron hace algunos años, reunidos por El País, la influyente disciplina militar del hogar y la marcada ausencia de sus progenitores al fallecer cuando casi todos eran aún unos niños. Mariscal conversa con Plaza rodeado de algunos de ellos. Tono, Pedrín y Santi llegaron a Palo Alto, el vivero creativo en el que se instala su estudio, a lo largo de los años 90. El lugar, por cierto, es un icono de la Barcelona creativa. Situado en el barrio de Poblenou, unas naves bajas de ladrillo rojo londinense y aspecto diáfano industrial berlinés cautivaron a Mariscal y a otros nombres de la cultura, como Fernando Salas, que habilitaron las naves e impulsaron una fundación para que, sencillamente, allí sucedieran cosas. Lejos de apagarse la llama, el Palo Alto Market es el último de sus éxitos, reuniendo cada primer fin de semana de mes a algunos de los mejores creativos de diferentes disciplinas en este entorno.

    MARISCAL: «HABLAR DE ESTADOS, COMO HACE ‘ARTURO’ MAS, ES HABLAR DE CONCEPTOS DEL SIGLO XIX Y ES, ADEMÁS DE UNA PÉRDIDA DE ENERGÍA, ALGO INJUSTO, MAL GESTIONADO, MAL PLANTEADO»

    El antes y el después de Palo Alto es una fiel fotografía de la Barcelona «que el equipo de (Pasqual) Maragall convirtió en la potencia que es ahora», dice Mariscal. Del escenario independentista del que la bulliciosa ciudad es también capital, el dibujante marca distancias: «La situación plebiscitaria de las elecciones del 27 de septiembre parte de una mala gestión de un sentimiento muy íntimo que existe en Cataluña desde siempre. Estoy al lado de todo lo que suponga crear una política común con Europa, restar un peso que ya no tiene sentido a París, a Roma o a Madrid y encontrar otra manera de reorganizarnos con una política común, un ejército común… Hablar de Estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX y es, además de una pérdida de energía, algo injusto, mal gestionado, mal planteado y en lo que termina habiendo unas intenciones que me duelen mucho».

    Mariscal, no obstante, es optimista con el actual escenario democrático en España. «Nunca he creído en una España [enfatiza la eñe] como un ente indivisible, y más después de haber peleado por poder votar, cosa que hago en todas y cada una de las elecciones. Precisamente, ése es el escenario deseable, el de una participación constante y el de una democracia desarrollada y ya». A escasos metros de Mariscal cuelga un retrato firmado por él mismo como apoyo a la candidatura de Ada Colau, cuya alcaldía en Barcelona celebra como la de Joan Ribó en Valencia: «No entendí, en el mejor de los sentidos, que fuera noticia que un alcalde fuera a llegar en bicicleta. El de Copenhague o el de Londres lo llevan haciendo desde hace años».

    Mariscal y Valencia

    La relación gráfica de Mariscal con Valencia es extensísima, en instituciones y más allá de ellas. Desde que su interiorismo del recordado Bar Dúplex de Cánovas derivase en la creación del taburete Dúplex, pasando por el actual logo de la Universitat de València, los de las dos ediciones valencianas de la America’s Cup, sus exposiciones en el IVAM y la Galería Punto, a algo más controvertido, como su marca y aplicaciones para Bancaja. A este trabajo para la extinta caja de ahorros le sobrevive un rumor entre miembros de la extinta caja de ahorros valenciana: que su plurimputado expresidente José Luis Olivas pintó de rojo y amarillo los ojos de aquel logo. «No lo recuerdo aunque no pongo la mano en el fuego por nada que tenga que ver con mi memoria», se disculpa Mariscal, que se muestra sorprendido por un cambio que se aplicó en buena parte de la comunicación del grupo pero del que no hay el menor rastro en todo el porfolio y manual de marca de su estudio. ¿Un cambio no consentido y a posteriori?

    Su obra, Happy World, de la exposición en Seúl The Art Player

    Todas esas marcas preceden a la debacle del estudio que, casualmente o no, se inició simultáneamente a la inmersión de Chavi en el proyecto por el que muestra mayor satisfacción artística, la película de animación Chico & Rita, firmada junto a su amigo Fernando TruebaGoya a la mejor película de animación, mejor película en su categoría para el cine europeo y nominada al Oscar. La producción, en la que llegaron a trabajar hasta quinientas personas, puso al estudio Palo Alto al máximo rendimiento y obnubiló —cuentan— a Mariscal.

    Ni en este proyecto ni en otros habla nunca en términos de rentabilidad. «¿Podríamos habernos hecho ricos con el estudio? Pues sí, supongo que sí, pero no iba de eso. No íbamos de eso», y Chavi recuerda les escoletes d’estiu para los hijos de los trabajadores del estudio, que en Palo Alto «siempre había bocadillos y coca-colas» y admite que «de todo ello, antes de que llegara Google o Apple a darnos lecciones al respecto, sacábamos mucho partido creativo».

    «El teléfono dejó de sonar»

    Libertad total de horarios, libertad de vacaciones «que hacíamos coincidir con el calendario escolar. Para mí también era algo personal, una contestación a mi padre que siempre me decía que al hacerme mayor vería las cosas de otra forma, pues estaba demostrando que no estaba en lo cierto». Con todo, Mariscal es infranqueable a la hora de asegurar que ‘el problema’ no estaba en el estudio, sino fuera: «El teléfono dejó de sonar». Dejó de hacerlo, especialmente, en España: «Sólo nos quedó Brasil, Londres, Corea y Japón. No daba para todos».

    La curiosidad hizo a Mariscal, al que ni siquiera el eclipsante Cobi le restó una capacidad inagotable por fascinarse ante la vida (como fiel defensor de la necesidad de la muerte para la sociedad). A lo largo de una jornada de conversación hay fascinación y caras de asombro ante las nuevas generaciones, ante la limpieza en las calles de Tokio, ante la gente —»mi gente»— de La Habana, ante la idea de que los bebés lleven cinturón en los carritos y su consecuencia cívica, ante los inventos que le han cambiado su forma de trabajar (el fax, la fotocopiadora, Internet, el iPad…) e incluso mucha fascinación por haber logrado aceptar que es «dibujante». «La gente se sorprendería si supiera lo poco que hace que no me siento raro al reconocer que lo que hago son dibujos».

    EMOCIONAL, DIVERTIDO, VISCERAL, UNIVERSAL, 65 AÑOS MÁS TARDE, MARISCAL, CHAVI PARA CASI TODOS, NO SE ESCONDE ANTE NINGÚN REVÉS DE LA VIDA

    Emocional, divertido, visceral, universal, 65 años más tarde, Mariscal, Chavi para casi todos, no se esconde ante ningún revés de la vida. Tampoco oculta su falta de premeditación «para nada», que todo parte de aquel joven hippie «por el monte en Ibiza», que el LSD desencadenó parte de su creatividad, que pudo dibujar sin preocuparse del dinero «porque venía de una familia pudiente», que «no habrá otra oportunidad como Cobi», que los turistas en verano sacan lo peor de él, que en países como Corea de Sur (en 2013 organizó la mayor exposición en torno a su figura, The Art Player) su nombre va ligado al de España y que encara lo que le resta de ‘carrera’ sabiendo dónde está y quién es: «Mi patria es un lugar redondo que se llama Tierra y el reconocimiento es algo que te debes conceder tú mismo. Nadie como tú. Ése es el gran secreto y estoy tranquilo». 

  • Mariscal: «Cerrar el estudio ha sido un golpe durísimo para mí»

    El diseñador valenciano más internacional recupera «tiempo e intimidad» tras deshacer su proyecto como estudio

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Se ha despertado antes de las 6 de la mañana, son las 21 horas y hoy ya ha contestado a una docena de entrevistas antes que a esta. Le queda alguna más y lo sabe. Es jueves, ni siquiera hay 8 grados de temperatura en el centro de Valencia -algo inusual, y él lo sabe-  y unas 100 personas contemplan en exclusiva el chester que ha diseñado para Canella Mobiliario, una de las firmas valencianas con más negocio en los mercados emergentes. No muchos de los presentes saben que su estudio cerró como tal el pasado verano, 25 años después de haber convertido una fábrica de Poblenou en el ‘Palo Alto’ de Barcelona. Javier Mariscal acaba de cumplir 65 años hace tan solo unos días, pero ni todas estas cifras ni la clausura ‘oficial’ de su buque insignia atenazan su creatividad.

    El sofá que presenta es una explosión cromática y recuerda al sillón Alessandra que diseñó en 1995 para un fabricante italiano. Ahora, el salto de telas en la tapicería de aquel divertido asiento se adapta a la ortodoxa forma del chester, como una analogía de lo que el propio creador parece estar viviendo. «Hace 25 años pensaba que tenía que crear un lugar donde la gente se lo pasara bien, donde hubiera sofás para quedarte a dormir, librerías y juegos para pensar, un espacio como Palo Alto. Cerrar el estudio ha sido un golpe durísimo para mí, pero ‘nos’ adaptamos y seguimos». Allí siguen sucediendo cosas, pero las hasta 30 personas que fueron ya no figuran como titulares del mismo. Ahora, a su alrededor, un enjambre de profesionales de confianza y freelances continúan con los pedidos que, en menor medida si lo comparamos con las últimas tres décadas, siguen llegando.

    En los años 90 tres de sus once hermanos fueron incorporándose al estudio a tiempo completo. Santiago, dedicado al mundo de la empresa y a la postre gerente de Estudio Mariscal; Tono, llegado del mundo de las audiovisuales, integrado también en el estudio (Muviscal) y pieza consorte del gran proyecto cinematográfico Chico&Rita que realizaron junto a Fernando Trueba; Pedro (Pedrín), hombre del textil y ahora gerente de la etapa Palo Alto Market: un mercadillo, de arte, moda y gastronomía que con tan solo tres citas en los últimos tres meses se ha convertido en un networking desenfadado y deseado por la comunidad creativa de todo el mundo. El lugar, no obstante, acoge a una veintena de empresas creativas, con arquitectos, escultores o desarrolladores web a los que la suerte de la recesión les ha afectado en distinta medida.

    Pero Mariscal sigue trabajando, rodeado de los miembros de esa «familia», los que le llaman Xavi con naturalidad, que ha sacado una producción ingente en torno a su firma. Mobiliario, iluminación, comunicación, diseño gráfico, ilustración, arte, instalaciones, carteles, portadas para The New Yorker, audiovisuales corporativos, web, series y cine de animación, miles de aplicaciones a partir de Cobi… «Ahora tengo más tiempo para mí, para estar con mis niños, para perderlo, para perderme… Lo que tengo claro es que el mundo no ha dejado de mejorar desde que surgió. Cada vez es más estimulante», añade y es  interrumpido constantemente por admiradores. Hablo con cada uno de ellos y habla de su Valencia natal. Él y sus hermanos acudieron al colegio El Pilar y recuerda una ciudad muy distinta a la que irradia el remodelado Mercado de Colón: «me gusta lo de anar com cagalló per sequia. ¿Conoces la expresión? Cuando iba al colegio yo veía eso, literal, en las acequias de Valencia. Así vamos por aquí».

    El diseñador, que reconoce haber hablado varias veces a lo largo del día de Cobi, su mascota para las Olimpiadas de Barcelona ’92, confirma con su conversación el ímpetu mediterráneo, bohemio y artístico de la ciudad: «si naces en Burgos tu cabeza también se estructura como quiera que se estructure allí una cabeza. Si en tu infancia tienes una luz como la de Valencia, que hasta en invierno tenemos esta luz, pues acaba influyéndote a la hora de crear, y el Mediterráneo nos afecta. Me refiero a las influencias estéticas del entorno. Por ejemplo, en esta ciudad está intacto el gusto por lo kitsch que proviene de Italia. Esa cosa cutre de Italia está aquí también».

    -Valencia acusa la ausencia de diseño, como si fuese una oposición a su propia realidad creativa.
    -«Lo que hay que tener claro es que si una ciudad tiene una comunicación casposa, es porque sus políticos así lo quieren. No es casual. Es lo que ellos quieren contar y transmitir de la ciudad. El caso de Barcelona ahora es paradigmático. Con el nuevo Gobierno local [Xavier Trias, Convergència i Unió] se está comunicando de una forma cutre, pero es la que conecta con sus mandatarios, la que quieren contar».

    QUÉ PINTA EL CLIENTE

    Mariscal recuerda la función «social» del diseño y su existencia «para comunicar mejor y para que los lugares adquieran valor. La gente perdería los vuelos en los aeropuertos de no ser por el diseño». En este sentido, los proyectos institucionales parecen haber caído en desgracia con la crisis. Además del omnipresente Cobi, Mariscal firmó en 1979 el perdurable logotipo Bar Cel Ona.

    -¿Contar con clientes potentes, como H&M o Camper, ayuda a crear una mejor carrera como diseñador?
    -«Es que no sé de qué me hablas cuando hablas de ‘carrera’».

    -¿Prospera la creatividad y el diseño a partir de los grandes clientes? ¿Ha sido importante para ti contar con ellos?
    -«No. Ahora mismo trabajo para una serie de colegios de Castellón que tratan de comunicar mejor sus menús para sus alumnos. Y hay un montón de información y, personalmente, lo abordo como si fuera el mayor de los encargos, justo al lado de otro que a lo mejor estoy haciendo para una multinacional».

    Otros proyectos, a lo largo de su ‘carrera’ -cúmulo de tiempo y trabajo que no acepta encapsular en esa palabra- le han vinculado a la imagen de Valencia con marcas ahora ‘manchadas’ por la actualidad. Desde la última imagen de Bancaja, todavía presente en su Fundación, a la de la 32ª America’s Cup:

    -Siguiendo con la relevancia de los clientes en el trabajo del diseñador. ¿Te arrepientes de haber trabajado para alguno?
    -«¿Arrepentirme? No conozco ese verbo. Hasta el día de hoy yo no recuerdo haberme arrepentido de nada». 

    -Pese a la ruptura de fronteras de consumo visual, ¿una imagen local muy concreta, muy propia, sigue siendo tan potente como antes para comunicar en el mundo?
    -«El caso más claro es el de Pedro Almodóvar. ¿Qué tendrán que interesarle esos personajes antiguos de La Mancha, esos lutos, a la gente de Japón, por ejemplo? Pues es muchísimo más potente. Lo importante es dominar todos los elementos de comunicación de ese ámbito y crear un relato potente con ello».

    EN CONSTANTE ACTUALIZACIÓN

    El valenciano acepta que el hecho de haberse desprendido de una forma estructural de su estudio, donde no obstante siguen sucediendo cosas y del que extrae a su equipo de confianza, le está haciendo trabajar «quizá de una forma más íntima. También lo encaro como un reto y como una crisis, que es oportunidad y es salida… pero sí, me preocupo por cosas que antes no controlaba, como papeles, cuentas y esas historias». Tras numerosos diseños de producto, exposiciones y creaciones que, salvo ser un encargo puntual, tocan el mundo del arte frente al del diseño, Mariscal reconoce que el papel de las nuevas tecnologías no es sino un dinamizador de su trabajo. «De todos los aparatos, con el que quizá más trasteo es con el iPad porque está ligado al dibujo. Uso mucho la aplicación Dink. Igualmente, es muy cómodo poder estar enviándote imágenes a partir de WhatsApp para ver cambios o modificaciones con tu equipo».

    Recuerda sin nostalgia como apreció el avance de que uno de sus diseños pudiera estar «en cuestión de minutos entre Buenos Aires y Nueva York [se refiere al fax]. Esto solo ha hecho que ayudarnos a avanzar. Pero bueno, también hay cosas que no entiendo, como Twitter. Estoy, pero no sé qué le sucede a la gente que hay ahí adentro. Cuando les da por ahí me insultan». Aun así, precisamente esta red social, le reportó miles de alegrías recientemente: hace tan solo unos días, La2 de Televisión Española emitió Chico&Rita. «Me han llegado miles de felicitaciones, porque mucha gente que ya la había visto la ha vuelto a ver y otra que lo ha hecho por primera vez ha querido enviarme algún mensaje. Miles de mails también…».

    Los ojos le brillan especialmente al hablar de su película junto a Fernando Trueba.

    -¿Ha sido uno de tus trabajos más satisfactorios?
    -Sin duda.

    -¿Quizá ha influido el hecho de poder comunicar de una forma transversal, a partir de un mayor número de estímulos: imagen, movimiento, música, sonidos…?
    -«Básicamente, es eso. De hecho, creo que si alguien debe firmar la película es Fernando (Trueba), porque yo me he metido en su terreno y él en el mío, pero quien domina todas las artes que hay ahí dentro es él».

    Mariscal reconoce que ambos trabajan con diferentes ideas de guión y que «si hay una buena historia, la financiación no es un problema». Fueron algo más de cinco años de trabajo, con un equipo base de 80 personas trabajando -varios cientos en momentos puntuales de la producción-. Sin embargo, la misma fue la tormenta que precedió a la deriva del propio estudio. Los 150.000 dibujos y una vitrina plagada de premios (Goya, Premios del Cine Europeo, Premios José María Forqué, Premios Gaudí, Premios Annie, nominada al Oscar como mejor largometraje de animación…) no sirvieron precisamente para realzar el económicamente el vuelo del estudio, que desde 2010 iba restando cuota de negocio hasta solicitar hace algunos meses el concurso de acreedores voluntario. Mariscal se aquejó, por aquel entonces, de que los adultos todavía seguían viendo en el cine de animación una opción de ocio infantil. 

    Ciudades como Londres se han rendido a su obra con exposiciones retrospectivas, las grandes marcas -como las ya citadas- buscan su sello, pero su obsesión por estar constantemente actualizado le hace conectar también con las corrientes más actuales: «si ahora somos más conscientes de nuestro entorno y el diseño se concibe para hacer un mundo más amable, eso no solo es algo positivo». Mariscal también ve natural todo el revival de la artesanía -Palo Alto Market da buena cuenta de ello- y los productos de kilómetro cero «tanto en la mesa [cocina] como en el diseño». Ese es el presente, mapeando una nueva corriente e influido por el tiempo en el que vive como si acabara de salir de una escuela de diseño. Tan joven y actual que mencionar la llegada de una hipotética jubilación, pese al punto y coma del Estudio Mariscal, es absurdo.