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  • Hasta la próxima, José ‘Wah Wah’: la retirada «a tiempo» de un programador musical esencial para València

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La historia de la música popular en València se escribe en los márgenes de la presión pública. Hace apenas unos días, Bankia otorgaba unos generosos premios al talento musical entre los que la clásica, la contemporánea o la investigación se llevaban el protagonismo. Pese a lo genérico e institucional de la gala, de la música popular nada se supo. Hace apenas unas semanas, el Ayuntamiento sufría un lapsus de procedimiento y escogía 51 nuevos nombres para 51 de sus calles entre las que no había ningún músico. Quizá porque todos aquellos nombres de otro tiempo, de otro siglo, los academicistas, los que no pertenecen a la música popular, ya tienen su calle en la ciudad. Esta misma semana, también, el músico callejero valenciano Borja Catenasi -y premiado internacionalmente por ello- era multado tras pasarse un año actuando por 50 ciudades europeas. Quién sabe si pontificar a Mozart por encima de Bowie a estas alturas es algo así como el Síndrome de Estocolmo de la lucha de clases que nunca acaba.

    No es por desmerecimiento de todos esos tótems de la creación musical, pero todas estas escenas del presente no hacen más que generar un halo de mito y resistencia con respecto a quienes generar una actividad artística y económica en torno a las canciones más populares, las que calan y vertebran la mayor parte de la vida de los que aquí respiramos. Entre esos muchos nombres propios, nombres de mujeres y de hombres, hay uno de lo más esencial para entender la historia de la música pop y rock en directo de la ciudad durante los últimos 20 años: José CasasPopularmente conocido como José Wah Wah, el mismo que a inicios de los 90 empezó a programar conciertos internacionales en salas como Roxy o Zeppelin, el mismo que hace casi 17 años subió la persiana de esa sala junto a Vicente Martínez, cuelga las llaves y se despide hasta la próxima. «Una retirada a tiempo», dice, que deja tras de sí una de las biografías nocturnas más agitadas de la ciudad.

    Pese a no estar nominado a ningún premio ni postularse a tener calle en la ciudad, el papel como programador de José Wah Wah ha sido una de esas labores anónimas que durante más de década y media le ha permitido a València respirar los primeros conciertos de un sinfín de bandas. Love of Lesbian actuaron varias veces «ante 30 o 40 personas» y acabaron regalándole a la propia sala tres conciertos consecutivos para los que casi no hubo tiempo material para conseguir una entrada (en su última visita físciamente posible). Y, si pensamos solo en grupos del Estado, lo mismo desde Deluxe a La Casa Azul, de Lori Meyers a Vetusta MorlaArizona Baby, Los Coronas de The Sunday Drivers a Izal. La interminable lista de conciertos internacionales, por otro lado, se iniciaría con los relevantes Cracker y estaría trufada de anécdotas: desde el gigantesco pedido de Kentucky Fried Chicken que exigió Marky Ramone -y del que estuvieron comiendo camareras y miembros de la sala durante días- hasta el sofocante concierto de Anna Calvi que combinó su exigencia de actuar sin aire acondicionado con las temperaturas del cap i casal a mediados del mes de septiembre. 

    Si lo que aquí sigue se ciñera a los nombres propios y anécdotas que giran en torno a este empresario y melómano, la conversación no acabaría nunca (algo que con él, para cualquier músico que lo ha conocido, sucede a menudo). Pero esta será la última semana de José como responsable de programación en Wah Wah. La sala continuará con «un equipazo y muchísima ilusión» y todos estos son los motivos para conversar sobre lo sucedido y lo que vendrá mientras suenan R.E.M, The Smiths o Echo & The Bunnymen. 

    -¿Por qué dejas Wah Wah?
    -Es una decisión meditada desde hace tiempo. Y, de hecho, puedo decir que he aguantado más de lo que esperaba. Con el paso de los años vas asumiendo tu retirada. Lo asumo porque creo que mi ciclo se ha acabado en este sentido. Esta manera de trabajar, tanto volumen…, se ha acabado para mí. Debo hacerlo.

    -¿Quizá también es un momento para preguntarte por qué nació?
    -Noviembre del año 2000… venía de montar conciertos y estaba algo quemado de tener que hacerlo en las salas de otros. Todo bien, ya sabes, pero yo quería ‘mi sala’. Y tenía mis bares (Revolver; trabajó también en Barraca Bar), pero no había tenido ocasión de gestionar un local que fuera capaz de programar su propia agenda de conciertos. Con unos socios decidimos abrir Wah Wah. La idea estaba clara: directos y sesiones tras los conciertos para que la gente baile. Eso era todo. Eso es todo.

    -En la primera década de los 2000, el Cedro se convirtió en una especie de corazón para los directos de pop y rock en València. ¿Qué barrio os encontrasteis al llegar?
    -Bueno, bueno… ya había garitos interesantes cuando abrimos. Molaba porque podías crear una zona, que de eso se trata también. Estaba la Velvet, con quien compartíamos a uno de los socios, y que siempre fue un bar que me fascinó. Y estaba el Tornillo, otro garito que me ha gustado siempre; pequeñito, con la gente muy junta y una música cojonuda. Matisse también estaba, aunque diría que no programaba tantos conciertos, pero también La Tribu y su predecesor, el Asesino… tantos…

    -¿Cómo fueron los inicios?
    -Duros. Costó más de lo que pueda parecer ahora. Enderezar la sala y que la gente supiera que estábamos ahí nos costó, yo qué sé… cuatro o cinco años. Teníamos que hacer marca y dejar que el boca a boca funcionara entre bandas con más nombre. También para las locales. A partir del quinto año si que empezamos a notar que había cierta marca y que la gente ya sabe que hay conciertos importantes de la ciudad que suceden aquí. Íbamos como hormiguitas, metiendo más equipo, haciendo reformas cada verano porque necesitábamos una sala mejor para atraer a mejores grupos.  

     -Empezando por las bandas locales. ¿Cuáles te traen mejores recuerdos y cuáles han marcado a la sala durante estos años?
    -Es que, claro, me hablas de bandas locales y yo nunca los veo como clientes. Los veo como amigos y como los que verdaderamente crean la escena. Yo, bajo mi punto de vista, pues… he tenido mis gustos, pero eso es algo personal. En una primera etapa sí recuerdo mucho cariño por Doctor Divago, que ya venían de antes y que siguen. También destaco a Polar o, por supuesto, a La Habitación Roja. Desde esos inicios han surgido diferentes camadas y supongo que si me vienen nombres a la cabeza tienen que ver con lo que a mí me mueve, como te digo, que puede ser más el indie, a veces popi, y mucho rock… No sé si está bien que lo diga aquí, pero otra época que tengo clara es la de Twelve Dolls y Polock. Otros nombres para mí, pues Senior, claro, y Wau y los Arrrghs. Bandas de rock de aquí, que sentía como de casa y que han trascendido fuera. Directos cojonudos… cojonudos.

    -Los músicos, especialmente cada escena local con respecto a las salas de su ciudad, recriminan habitualmente a las salas por cobrar lo que popularmente se conoce como un alquiler. ¿Qué opinas tú sobre ello?
    -A ver, partamos de la base de que esto que hay aquí es un negocio y que Wah Wah, en concreto, tiene un aforo legal de 400 personas. Molaría que la vida fuera de color de rosa, pero una banda local que está en sus primeros años no va a generar lo suficiente para sostener al equipo que trabaja en Wah Wah, que son muchas personas. Lo único que me jode de esos comentarios es que la gente piensa que no toca aquí porque no paga; no, aquí también hay alguien programando y, si no ‘te importa’, intentaré elegir lo que me mole. Creo que durante estos casi 17 años son incontables las bandas que han tenido su momento en la sala teloneando a grupos nacionales, dando alguno de sus primeros bolos y, por suerte, llenando y consolidándose. No todas, claro. Yo lo veo como un proceso natural y lo que hay aquí, como digo, es un negocio. Creo que no todas las bandas tienen que pasar por una sala así. Puede haber espacios anteriores o intermedios. Para que te hagas una idea, esos gastos de sala siempre van al equipo técnico. Cada vez que se jode esto o lo otro, constantemente, son 600 pavos aquí, 400 allá… constantemente. Es decir, que ni siquiera va al equipo de personas que trabaja, o al técnico que está de 6 de la tarde a 2 de la manaña con los grupos. Ni es para el taquillero, ni es para el portero, ni para las camareras… pero hay que pagar a todo el mundo. 

    -¿Wau y los Arrrghs también se acaban de retirar. ¿Fin de ciclo en la escena musical de la ciudad o casualidad?
    -Quiero pensar que es solo una casaualidad.

    -¿Tu salida es un punto y seguido o un punto y aparte?
    -Es un punto y aparte… pero no demasiado largo. Ahora sí necesito descansar un poquito, pero voy a seguir con algunos conciertos en Wah Wah que ya están programados, ayudando en alguna producción aquí y allí porque algún grupo también lo ha pedido y porque me encanta. Pero desde luego que de otra manera, quitándome el volumen de trabajo, desestresando. Los últimos años han sido duros. 

    -¿Duros física o psicológicamente?
    -Lo he notado físicamente, pero es lo psicológico lo que te hace parar. Este es un oficio al que le tengo mucha estima, que le ha dado de comer a mi familia y a otras familias. Creo que, más allá de ese cariño, de alguna manera tienes que saber cuándo retirarte. Es mejor no abocarte al caos. Es mejor reconocer el momento, adelantarte y asumirlo.

    -Desde el inicio de Wah Wah hasta la actualidad, el papel de la música en directo ha dado un giro para los músicos. Más que nunca es el corazón de sus posibilidades para profesionalizarse y, sin embargo, los festivales han acabado acaparando el músculo de una actividad que suele suceder durante los meses de verano, frente al calendario más abierto de salas. ¿Qué opinión te merece ese giro?
    -Es que se ha dado la vuelta por completo. La balanza se ha decantado, pero de manera brutal. Hacer festis me parece esencial para una banda, pero es que se ha convertido en una locura y ya hace tiempo que se ha llevado a bandas por delante. Confiar todo a los festivales no debe ser el camino. Y, claro, hay bandas que aguantan ese ritmo y que pueden sostenerse ahí, pero pocas. Yo creo que lo ideal es combinar ambos ritmos y calendarios. Si todo se concentra en los festivales, el futuro de las bandas va a ser duro. El circuito de sala todavía tiene margen de maniobra. Igual es más especializado y volvemos a menos conciertos y públicos más reducidos. Hay que resituarse, pero creo que hay margen. 

    -¿Un margen demasiado estrecho como para que tú estés cómodo?
    -No creo que sea eso. Tiene más que ver ahora mismo con una decisión personal. Familiar, especialmente. Mi sensación es que es una retirada a tiempo. Que fisicamente no es ya este momento para mí. En Wah Wah se queda un plantillón y gente guay dirigiéndolo. Ahora yo he de descansar, estar con los míos y tener vacaciones. 

    Wah Wah si escribe su punto y seguido tras José Casas. Han sido más de 1.600 conciertos a sus espaldas. En este tiempo ha cambiado todo y él, que grababa y repartía cintas con tres o cuatro canciones del grupo que ‘importaba’ a Roxy, ha sido una figura capital a la hora de reconvertir la que un día fue la sala La Sonora (quién traspasó la licencia a Wah Wah). A Jose le quedará la espina de nunca haber traído a Los Planetas -«ya era algo inasumible para cuando abrimos»-, pero para entender todo lo que ha pasado por el garito es importante hablar de prescriptores e influencias: Jorge Albi (con quien coincidiría en Barraca Bar), Jesús Ordovás, Diego Manrique o Rafa Abibbol. A su manera -que es única-, en su medida -que es mucha- y con la distancia que ahora pone de por medio, él mismo ha acabado en ser uno de esos nombres que desde la trinchera ha acabado por ejercer de mentor en toda una generación de activistas musicales. A partir de este verano, como todo buen futbolista veterano, será su único representante, jugará por libre y promete seguir pululando entre escenarios. Que así sea, hasta la próxima.

  • Taburete: entre el morbo calmo y el relevo generacional

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Taburete, un grupo de pop latino, espíritu festivo y querencias mexicanas, agotó las 2.500 entradas del Auditori de Burjassot el pasado sábado. Apenas 18 meses después de haber publicado un primer disco autoeditado (Tres tequilas) y cuatro de su segundo LP (Dr. Charas), este quinteto de veinteañeros ha enlazado «una joda» tras otra con directos que en este mismo periodo suman la escalofriante cifra de 30.000 tickets vendidos en España. Vendidos, con todas sus letras, porque ni hacen conciertos gratuitos ni participan en festivales. La estrategia y la cuenta, que ha puesto nerviosa a una parte de la industria discográfica española de la que han rechazado ya varias ofertas -hablaremos de todo ello más adelante-, no se puede desligar de un efecto llamada entre el morbo y la necesidad de pertenencia de cualquier grupo juvenil. Sus ingredientes tienen nombre, pero sobre todo apellidos: el cantante, compositor e impulsor de la banda es Guillermo Bárcenas, hijo del extesorero del PP Luis Bárcenas, y su primer socio en el asunto es el guitarra -antes bajista- Antón Carreño, nieto de Gerardo Díaz Ferrán.

    Y sí, aunque la premisa natural para una crónica sería la de aislar la convivencia de los citados progenitores en el presidio de Soto del Real de lo que está sucediendo, esta cadena de sold out tras sold out (en Madrid, hace unos días, casi 15.000 personas), tiene un origen que no cabe obviar. Los primeros en no hacerlo han sido sus protagonistas. Ni Guillermo ni Antón han ocultado que el efecto llamada de la prensa les ha beneficiado. El primero sitúa el principio de este fenómeno en la presión mediática en torno a la familia por la cual decidió poner «tierra de por medio» y marcharse a Chile. Con apenas 20 años y el impacto de los SMS del actual presidente del Gobierno atronando sobre su existencia, ‘Willy’ -sobrenombre que sus fans gritan hasta la afonía en cada receso del directo- compuso una serie de canciones postadolescentes, llenas de hedonismo y encofradas en estructuras pop elementales. Canciones que beben en el peor y el mejor sentido de su tierna edad y que sitúan sus inquietudes o pensamientos personales en las antípodas de la implicación política o social.

    Flashes para el desconcierto: los minutos previos

    El origen de esta banda está conectado a esa historia, pero también su evolución, porque los círculos que provocan que Guillermo dé con Antón en un colegio mayor de Barcelona tienen todo que ver con los grupos de jóvenes que se van adscribiendo al movimiento: en el concierto de Burjassot se vieron camisetas, sudaderas y hasta alguna pulsera de colegios, institutos y hasta universidades privadas de la ciudad de València y su entorno. Un paso más allá: padres en el perímetro de la masa, conectados también entre sí como los tutores del evento, entre una nube de pijos. Pijos, sí, pero esta vez, en este 2017, muy alejados de sentirse acomplejados de ser quién son, haber nacido en según qué casas y estar (híper)relacionados entre sí. Pijos no como una elite, sino como una masa llena de niveles que en su casilla más excesiva se identifica como el Compando PAM: Comando Pijos a Muerte, del que ya supimos de su fanatismo por Taburete en esta crónica en Papelde El Mundo, y de los que el pasado uno de abril, aquí mismo, vimos dos camisetas -bajo el suéter cruzado, «estilo arquero», convertido en símbolo de identificación generacional- y escuchamos algún cántico.

    En un concierto de Taburete los cánticos tienen su papel integrador más allá de las canciones. Antes del primer bis, por ejemplo, a cuento de nada, se cantó el himno regional valenciano del maestro Serrano. Otro cántico, este justo antes de empezar el espectáculo, levantaba alguna mirada gélida entre los citados tutores perimetrales -y también entre algún joven asistente-: un chico de poco más de veinte años, con los brazos abiertos de par en par y ligeramente elevados, en esa posición en la que canta cualquier hincha futbolero, decía: «¡Willy, valiente, tu padre es inocente!». Llegados a este punto, huelga decir que a poco más de un kilómetro de distancia, el Partido Popular de la Comunitat Valenciana acababa de concluir la primera jornada de su XIV Congreso. La coincidencia en el espacio tiempo hizo que este diario consultara en los últimos días sobre la voluntad de miembros o próximos de Nuevas Generaciones del grupo por asistir al concierto: la negativa era contundente. Al fin y al cabo, ¿quién se jugaría su procelosa carrera política por asistir a un concierto del hijo de Bárcenas?

    A falta de unos pocos minutos para que el grupo saltara al escenario, se apagaba la música del telonero del asunto, que lejos de ser una banda más joven y de influencias similares resultó ser un dj de EDM: Brian van Andel, valenciano de orígenes holandeses que convirtió la previa en una sesión con cierta dureza festivalera y concesiones pop para el final de su show. El momento Medusa-Arenal Sound-Marenostrum sirvió para atisbar el karaoke que se avecinaba: apenas dos o tres frases cantadas en un inglés más que perfilado y que se interrumpieron con gran revuelo y el público girado hacia las escalinatas del modesto VIP. Todos gritaban y miraban, señalaban y se hacían fotos en aquella dirección. Algunos, incluso, se encaramaron al vallado para hacerse la foto con alguien: era Marta Carriedo. ¿Les suena? Youtuberinstagramer… quizá sí o quizá no, según lo próximos que estén al círculo de Taburete. Cuesta creer que si quien hubiera entrado en el VIP fuera cualquier actriz española de cine -absolutamente cualquiera- el revuelo hubiera sido similar.

    Este fue el setlist de Taburete en València

    Pieles perfectas pese a la pubertad, sonrisas como de anuncio de dentífrico, tantos gintonics como cervezas, el sabor de alguno de esos primeros pitillos en la vida o el buen olor de cada cuidada cabellera -zarandeada con el conservadurismo de saber que siempre quedan selfies por hacer- se agolpaban contra el escenario. A las 21 horas, con la misma puntualidad del jueves en Murcia o el viernes en Alicante (salas con 1.000 personas de aforo, todo vendido), Taburete saltaba al escenario. Antón lo hacía unos 20 o 30 segundos después que el resto de sus 10 compañeros. Cantaría más tarde ‘Ella’, una de las canciones más coreadas del set acústico, pero de momento ya encajaba su primer momento de gloria. Ni comparación con la ovación a Guillermo, otros tantos segundos después de su partner, abarcando el escenario con una serie de gestos de arquero y una naranja en la mano, agitada a modo de shaker, para acabar gritando un «¡Viva Valencia!» en perfecto castellano. A partir de ese momento, con el público en el bolsillo y contra la tranquilidad de su joven repertorio -mucho más parado que su directo- este fue el setlist del concierto:

    1. Intro a México DF
    2. México DF
    3. My name is Taburete
    4. Al alba
    5. Luna
    6. Kaiserlautern
    7. Las últimas flores
    8. Es gratis (versión de Arnau Griso)
    9. El pato
    10. Dr. Charas
    11. El viaje
    12. Ella
    13. Hijos del soul
    14. Dos tequilas
    15. Blue Rihanna
    16. El toro y la luna
    17. Mariposas
    18. El rey del contrabando
    19. Johnny Pistolas
    20. Walter Palmeras
    21. Sirenas
    22. El Fin
    23. Amos del Piano Bar
    24. Caminito al Motel
    25. Duendes (¿?) y Sirenas
    26. Outro de México DF versión ska

    Y el concierto

    La producción en torno a Taburete hace prever que su perdurabilidad va a depender de cómo ellos sepan gestionar su propia juventud y este arreón de éxito. Produce Me, la empresa valenciana ahora con oficina en Madrid, es la encargada de gestionar la misma y también su booking. Son quienes están controlando una carrera vertiginosa, pero que todavía no tiene un hit transgeneracional. Sus canciones, musical y, sobre todo, textualmente, se agotan en un estrecho margen de edad. Y Taburete son el relevo más evidente de esos buques de esto mismo que fueron Hombres G y El Canto del Loco, pero con esa carencia de la que se les puede exculpar porque, merece la pena insistir en ello, hace apenas año y medio que lanzaron su primer disco autoeditado. 

    Y son ese relevo, pero de espaldas a una industria a la que -cómo estará el asunto- han dicho no en más de una ocasión, sabedores de ese mensaje que ha calado hasta las últimas consecuencias: si son dueños de su destino, lo son también de sus derechos y del rédito económico desde ya, a corto, a medio y a largo plazo. Con todo, con una base de fans como para pensar en grande, falta todavía lo más evidente: canciones que superen a su propio entorno, por masivo que este sea… mientras todos sean jóvenes. Taburete sabe mucho a Estopa, tiene esos dejes aflamencados casi porque sí, del ánimo festivo, del arráncate, y tiene alguna frase más deslenguada que cala pero que estilísticamente queda sepultada en oídos más maduros cada vez que resuelven estribillos o canciones de absoluto relleno con lololeos y feedbacks de perogrullo para con el público. A veces, cuando los vientos se incorporan con todo acierto, parece como si quisieran aproximarse a un verano tranquilo de La Pulquería, grupo valenciano que, pese a compartir repercusión y querencia mexicana, cuesta creer que hayan escuchado. Lo festivo, lo mexicano, lo latino bien entendido y cuando suena a un pop clásico, es algo así como un aceptable punto de partida.

    El concepto canallita, su visión de disfrute del éxito, plagada de alcohol y cigarros liados, atiborrada de un hedonismo en el que se sienten muy cómodos sus participantes, no contrasta con el aquelarre de camisas perfectamente planchadas. Es toda una sorpresa, quizá basada en el prejuicio Al grupo, por sus declaraciones, pero también por su propuesta, le preocupa crecer hacia más públicos, esos que tuvieron relación con los nombres arriba citados. Buena muestra de ello es que, nada tímidos a la hora de interpretar sus discos en directo, se rodean de seis músicos profesionales. Músicos que casi les doblan la edad en algún caso, pero a los que no ocultan entre sombras o detrás de los amplis (como, por cierto, hemos visto a hacer vergonzosamente en el pasado a tótems de lo supuestamente admirable como Placebo o Muse). Ese lado natural, el mismo que no les ha hecho ocultar el origen de esta historia, corre a su favor si saben gestionarlo. Esa ambición musical que se les intuye, sin salirse de un pop terriblemente accesible, no tiene todavía un repertorio que supere las canciones que surgen a guitarra colgada, tardes y noches de pitillos. Eso sí, con arreglos más acertados en Dr. Charas y en su directo.

    Cualquiera de sus carencias podría ser una pista para prever un fácil deterioro, pero es absurdo calibrar al grupo a partir de criterios situados en el pasado. Un grupo sin apoyo de una multinacional, pero ocupando el espacio de un público absolutamente masivo y juvenil (ya no hablamos del efecto Vetusta Morla). Un grupo que puede permanecer en el anonimato de las radios musicales sin que les pese. Un grupo independiente con grabaciones muy independientes y con sus propios medios de comunicación casi tan musculados como los de cualquier blogger de lifestyle invitada al VIP. Un grupo con nada que perder, ajeno al circuito de festivales, ajeno al circuito de conciertos gratuitos y ajeno a casi todo, menos a la capacidad de hacer conectar con sus canciones -profundamente simples- a un volumen de gente que no necesita nada más ni nada menos que lo que les ofrecen. Un grupo que es desde ya un caso de éxito y estudio en la generación de públicos, para el que lo quiera ver. Por todo ello, cuesta creer que el fenómeno pueda agotarse con la misma celeridad con la que ha llegado. Lo que es una absoluta incógnita es saber cómo va a crecer y en qué sentido.

  • Pino Sagliocco: «La búsqueda de una rentabilidad inmediata ha hecho inestable a la industria musical»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pino Sagliocco llegó a España con apenas 18 años. Franco acababa de fallecer y el mundo de la cultura se agitaba pese a la incertidumbre del momento para el país. Era el caldo de cultivo de una década, la de los 80, en la que el actual presidente de la multinacional Live Nation acabaría por convertirse en el principal vehículo para que las giras de AC/DC, Lenny Kravitz, Madonna, Björk, U2 o tantos otros tuvieran parada en España. A veces, como en el caso de Michael Jackson, como único ‘puerto europeo’ en algunas giras mundiales y, en gran medida, a partir del trabajo de este italiano del sur cuya casa en Ibiza ha sido el escenario de noches de vino y conversación con personajes trascendentales del siglo XX como Frank Zappa.

    The Rolling Stones, Prince, Beyoncé, Lady Gaga o Coldplay son solo algunos de los 280 artistas que trabajan en exclusiva para la empresa líder en la promoción de conciertos internacionales. Sin embargo, la visión de Sagliocco y de la derivada española de esta compañía de referencia para la industria musical es una visión con los pies en la tierra, en la que existe una clara consciencia de cómo la música llega hasta las personas: «actualmente lo más parecido a un CD que hay es una lista de reproducción de Spotify. Se escuchan las canciones sueltas», destaca a ValenciaPlaza.com al otro lado del teléfono.

    Esta es la última estación de un cambio de paradigma total. Desde que The Beatles lanzaran en 1967 el que se considera el primer gran álbum conceptual del pop, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, la industria adjunta a esta realidad cultural ha perdido la intención conceptual para ganar «la experiencia del momento. Ahora los Dj’s son las auténticas estrellas de rock y la inversión es en la de crear una gran experiencia colectiva, en la que cada vez más tiene más valor el entorno en el que está sucediendo la música». Sagliocco incluso vincula esto a los festivales, sobre los que cree que hay «un poco de burbuja», pero «suponen una oferta inmejorable para el público ya que puede ver a diferentes artistas por el precio que tendría uno solo de ellos».

    Mencionado Zappa, hay que ver la mano de Sagliocco tras conciertos de Bob Marley en España pero también provocando la unión de Mercury con Montserrat Caballé que acabaría suponiendo la creación de ‘Barcelona’, el imborrable himno de los Juegos Olímpicos de 1992 en la Ciudad Condal, donde este gran promotor tiene residencia. Esto da una idea de cómo esta parte del negocio ha resultado mucho menos acomplejada a la hora de adaptarse a las tendencias. En esta misma ciudad dirige dos proyectos para este próximo mes de julio con apenas unos días de diferencia: el Barcelona Beach Festival, con tótems de la electrónica en un solo cartel como David Guetta o Martin Garrix, y el Hard Rock Rising, en el que pone en marcha la idea que -asegura- más le motiva en este momento: «que personas de distintas generaciones como yo y mi hijo podamos compartir en un festival como este el directo de Robbie Williams o el de Avicii».

    Los nombres propios son una constante en la conversación, pero no solo de los grandes artistas. La relación de Sagliocco ha sido en gran medida con los grandes managers de bandas, como Marcel Graham en el caso de Jackson. No obstante, apunta a que este ámbito se ha enrarecido durante los últimos años: «ahora el artista alrededor no tiene a un manager a la antigua usanza, esa persona que se encargaba de todo y que era un miembro más de la banda, pero de verdad. Ahora hay business manager, abogados… y todos estos profesionales mandan mucho sobre el artista, toman decisiones importantes y son el punto de partida de una búsqueda de rentabilidad inmediata, algo que ha hecho más inestable a la música [en el sentido de la industria musical]». Y apostilla: «lo más importante alrededor de la carrera de un artista, casi siempre, es de quién se ha rodeado, quién arropa y gestiona todo lo que rodea a estas personas». Sagliocco desarrolla esta idea revisando sus rutinas productivas actuales:

    -«Antes la relación con los artistas y con los managers era directa. Confiaban en ti, con nombre y apellidos, y la razón era que todos éramos parte de un todo, de un mismo entourage (séquito) por así decirlo y nos cuidábamos. Pero ese cordón umbilical se acabó. Ahora todo está detrás de 50.000 mails diarios, cuando puedo decir que he vivido un mundo del rock global en el que antes todo funcionaba por el cara a cara».

    La deformación profesional le ha hecho estar pegado músicos de masas como Frank Sinatra, Kylie Minogue, Elton John, Metallica Luis Miguel, Sting, Björk o Iron Maiden, pero en esa cintura que se reconoce al ver cómo ha estado a todos los grandes cambios estilísticos, ahora es el momento de los grandes disc-jockeys. A estos les augura sin titubeo una carrera a largo plazo, aunque cree que «de la relacion con artistas de rock y productores de música pop es de donde saldrá algo más interesante». Reconoce que de alguna forma la electrónica como tal puede estar «trillada» y esa es la fórmula, la de la sinergia con el mundo de la música rock y pop, la que ha de generar relaciones duraderas. Relaciones en las que Sagliocco asegura que ambos bandos «se entienden» y ya lo hizo funcionar en el festival Ibiza 1, 2, 3 donde pudimos ver un versus entre Dj’s y músicos como Elton John o Lenny Kravitz. «El futuro es un viaje conjunto entre ambas partes».

    En la electrónica, a la que ha estado vinculado desde que promocionara giras como las de Jean Michel Jarre («para mí, el padre de la electrónica»), ha encontrado también otro estímulo del mercado que habla de la preponderante posición de los Dj’s en las listas de éxitos:

    -¿Hay algo de cierto en que es el propio mercado y la necesidad de evitar riesgos la que ha llevado a que las carreras de Dj’s, habitualmente un solo artista con un equipo reducido, ha sobreponerse a las de las bandas de rock?
    -La estrella es la estrella, y eso no cambia, pero es más fácil gestionar a una persona que a cinco a la vez. Al menos en apariencia. El problema quizá esté en los egos, por que el éxito es un animal muy difícil de controlar y lo importante es controlarlo y hacer un camino de largo recorrido.

    Aun así, Sagliocco destaca que «hay menos artistas que llenen estadios. Si te das cuenta, volvemos a contar con AC/DC para ello y en el cambio generacional no hay tantos David Guetta». Son menos, pero también con otros canales de comunicación: «este es otro ámbito que se ha dado la vuelta y en muy poco tiempo. Hay casos como el de Imagine Dragons o Muse que también pueden llenar un estadio de fútbol y cuya comunicación no tiene nada que ver con las estrategias que antes trabajábamos, como hacer televisión, prensa, radio… es el ámbito de las redes sociales y el final de la radio fórmula. Ahora los canales son amplios, dispersos y cambiantes. Es algo con una influencia brutal y que se escapa de las manos».

    Del nuevo escenario, no obstante, Sagliocco si empieza a hacer lecturas propias del actual momento como diferenciado. Una lectura, por cierto, que combina la influencia de las redes sociales, la llegada de los Dj’s como nuevas estrellas del star system y algo de la nueva economía mercado, menos voraz quizá por las nuevas circunstancias: «algo sí ha cambiado porque no se mueve tanto dinero. Todo el mundo opina y el público está fragmentado, así que el artista tiene también otra realidad y otra percepción de su trabajo: entiende que lo que hace es una plataforma excelente para transmitir, para comunicar y está más conectado que nunca a las personas. Eso ha cambiado también el perfil y redunda en la idea de que la experiencia del concierto, el momento, está en su momento más álgido».

  • Sáez: la agria belleza del corredor de fondo

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La cosecha de creadores valencianos tiene sus tendencias internas, a menudo a semejanza de lo que sucede fuera, pero desde luego a la vanguardia que permite su falta de complejos. Por ejemplo, la cada vez más extendida opción por minimizar la presencia del artista entre el receptor y el mensaje y, contradiciendo cualquier precepto de personal branding, parapetarse tras una marca restándole toda relevancia al quién frente a la obra. Sin entrevistas, sin intermediarios.

    El street art, del que hace tiempo somos referencia, inició ese camino pero no es tan habitual poder encontrar un símil en la música contemporánea. Sáez no está tan lejos de adquirir una postura subversiva, aunque a veces parece querer diluirse cuando justo acaba de publicar uno de los discos del año para la escena local. Reconoce que la inercia de cuantos músicos y productores le rodean -y no son pocos- le ha llevado a revelar el disco que, para él, es «una terapia personal. Una lucha contra mí». El álbum está en la calle y esta noche, a las 22 horas y en Las Naves, sube a seis músicos al escenario para materializarse todavía más.

    Quien escucha el álbum Camina conmigo (Autoeditado, 2015) se enfrenta a once canciones con salida en el rock progresivo y final en un mensaje emocional, profundamente personal hasta doler, surgido de una bajada a los mísmisimos infiernos del autor. «Una de las cosas más increíbles que me ha pasado con el disco ha sido que uno de mis amigos, al escuchar uno de los temas, me dijera: <<has escrito la canción de mi vida>>. En ese momento me di cuenta de que una historia, por mía que fuera, podía conectarse con otros sentimientos», asegura el cantante, guitarra y hasta batería en la grabación a Valencia Plaza.

    El disco infinito

    Fue hace unos ocho años cuando, al escribir una canción para la que fue su banda de rock (Álvarez), descubrió un pozo de inspiración. Los años desencadenaron situaciones más gravosas y, hace tres años, «cuando creo que empezaba a recuperar la calma», grabó ‘Monstruo’. La canción ha sobrevivido hasta el playlist final con otros temas registrados durante muchos meses de trabajo, con una amalgama de sesiones, productores e incluso etapas en el proceso que no han hecho sino alimentar la expectativa sonora ahora cumplida.

    Carlos Soler y el propio Javier Sáez han combinado los puestos de producción, con una segunda línea de control sobre lo que acontecía comandada por el también productor de directo y guitarra de la banda Guillermo Sanz y el también asesor de la mezcla y autor de buena parte de los teclados Pau Paredes. El combo se completa con el batería (en tres temas) y percusionista del disco Pau Vila, junto a Sanz, los dos principales apoyos musicales sobre los que Sáez ha dejado recaer algo de peso de un álbum tan personal. 

    Todos ellos han sobrevivido a un último año de mezcla: «hasta tres han llegado a tener las sesiones de grabación abiertas en sus ordenadores», apunta Sáez todavía con cierto temblor por ser consciente de la fragilidad con la que ha liderado un proyecto que en cualquiera de sus fases de grabación, producción y mezcla pudo quedarse a mitad de llegar a ningún sitio. El resultado se inicia con ‘Fuego’, instrumental que desencadena todo un álbum que atraviesa canciones más espontáneas dentro del contexto, como ‘Adiós’, ‘Camina conmigo’ o ‘Elixir’, y encuentra sus puntos álgidos en la sencillez de ‘Pronto’, la polifonía luminosa de ‘Quédate aquí’ o la maraña de conflictos internos y guitarras de ‘Monstruo’.

    Escucha el disco de Sáez en Spotify y Bandcamp.

    El camino que va en todas direcciones

    «No me he preocupado lo más mínimo por las cuotas de realidad en el disco. He vomitado y es lo que ha salido, más agrio supongo que otra cosa», asegura Sáez. El mimo con el que aparecen cada una de las capas de cada tema, con una presencia melódica innegable y una base de rock fundamental, contrasta contra el agrio que él mismo advierte. Es la gran belleza de un disco cocinado a un fuego tan lento que se escapa de comparativas. «Y, de hecho, no me preocupé por el orden de las canciones. Sabía cómo tenía que empezar, pero el resto era todo lo que quería decir y ya está dicho». 

    En el interior del álbum un homenaje y una dedicatoria condicionan la escucha del mismo, aunque la temática del disco ahora es para Sáez un feliz quebradero de cabeza: «no sé qué haré. Cogeremos los directos que vengan porque alrededor del álbum percibo algunas expectativas, pero me preocupa más si volveré a componer. Aquí tenía algo que contar y lo he contado, me he vaciado, está todo fuera. ¿Ahora de qué escribo? No sé si volverá a suceder y me cuesta un mundo pensar en algo que vaya más allá del día de hoy», añade. Admite, de hecho, que compañeros de viaje como Sanz han sido fundamentales, aunque en el disco ha aparecido la figura de Soler (también Damien Lott) «al que me parezco mucho. Nos hemos reído hasta troncharnos en el estudio, hemos llorado y nos entendemos una barbaridad. Ha sido fundamental».

    Vacaciones, días libres, fines de semana y rincones de tiempo durante tres años no adquieren el menor protagonismo en esta tirada de canciones que suena empastada como si nada hubiera sucedido entre el sonar de una y otra. El sentido, pero sobre todo la intención, conectan todas las piezas representadas a través de la obra fotográfica de Dolores Villar en el ábum, con el diseño de Fluye Estudio. Paisajes efímeros que, por cierto, «son todo horizontes. No muestran objetivos de ningún tipo, sino una sencillez de formas y cierta calma, que es el estado en el que vivo ahora después de todo… después de todo esto». 

  • Los Zigarros: ¿y si la última gran banda de rock fuera valenciana?

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Han sido dos años y medio de vértigo, sobre todo si se descuentan los muchos que Ovidi Álvaro Tormo llevan con una guitarra eléctrica colgada al cuello. Los Zigarros publicaron a inicios de 2013 un disco homónimo y debut que ahora se reedita con cinco temas en directo y acompañado de un DVD, todo ello extraído de su gira como escuderos de Fito & Fitipaldis. En este breve espacio de tiempo, los otrora miembros de Los Perros del Boggie, teloneros de AC/DC en 2010, se han convertido en uno de los nombres más recurrentes del rock en España, en época de sequía de nuevos nombres para el género, a fuerza de algo más de 150 conciertos con Adrián Ribes a la batería y Nacho Tamarit al bajo.

    «Todo lo que has hecho antes influye en quien acabas siendo y no son solo factores musicales», apunta Ovidi a ValenciaPlaza.com este lunes, pocas horas antes de volver a presentar el álbum en Valencia.  Años de andanzas por garitos de Dénia, Xàbia, Moraira, Benidorm, Gandia o Alicante, sumando lentamente una cuadrilla de padrinos que siendo admirados primero, han acabado por convertirse en parte de «la familia». Fito Cabrales o Carlos Tarque (M-Clan) son, junto al productor Carlos Raya, tres de sus principales baluartes en esta vertiginosa carrera. «Ha sido flipante todo lo que nos ha pasado. Hemos subido mogollón de escalones y ahora nos damos cuenta de que estamos en boca de todos, como un grupo ya establecido. Y sí, la sensación es que ha pasado de golpe, que han pasado muchas cosas», continúa Ovidi.

    -El pasado sábado actuaron ante 20.000 personas en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. ¿Se acostumbra uno a este tipo de adrenalina artística?
    -Lo cierto es que sí. Te haces a todo en la vida. Con Fito al principio costaba algo más hacer pabellones, que eran seis o siete mil personas. Así toda la gira. Luego había algún pico de 10.000 personas y, al final, en Barcelona, Bilbao y Madrid 20.000 personas. Y es más fácil que antes, aunque es igual de maravilloso todas las veces.

    -Como frontman, ¿cómo te ayuda esta costumbre de enfrentarte a un gran público?
    -Me ayuda porque todo me sale más natural.

    -En los conciertos de la gira junto a Fito & Fitipaldis los conciertos son más cortos, en torno a 45 minutos. ¿Echáis de menos un concierto más largo?
    -No. Nos gustan los conciertos cortos, los discos cortos y, en general, la parte más rockera. Es lo que queremos explotar.

    -¿Eso afectará al próximo disco de alguna forma?
    -Sí, porque va a ser mucho más rockero. No es el momento para los medios tiempos y las baladas en Los Zigarros.

    El disco, según comenta Ovidi, cuenta con unos plazos marcados de grabación para el próximo mes de diciembre y estaría listo para marzo de 2016. En él se destilará una forma de escribir y de narrar que combate directamente con la gran masa musical que actualmente impera en las radiofórmulas. Su tono, el tono de Los Zigarros, es una bocanada de aire fresco incluso en la línea de las bandas con las que suelen compartir escenario. Basta dejarse llevar a través de su Facebook con las narraciones que hace de lo más cotidiano, a menudo en un formato poético muy libre, pero que mantienen encandilado a un público con cierta ansia de crudeza, rock y honestidad.

    -Es posible que el actual sea un momento en el que el rock ha dejado de tener incidencia sobre la población española. Hay bandas, pero apenas trascienden a través de sus canciones. No existe la posibilidad de un ‘Carolina’ de M-Clan. ¿Lo pensáis, lo habláis? ¿Cómo veis esta realidad?
    -Son preguntas que nos hacemos continuamente. Lo atribuyo a que la causa es una causa más amplia, social. Es algo de esta era. Es una cuestión de este siglo en el que vivimos en un conservadurismo mundial y un completo aborregamiento. El rock and roll no tiene cabida, pero hay que verlo de una forma más amplia. Por ejemplo, en la televisión antes había espacio APRA personajes más transgresores como Leo Bassi. Personajes que, de alguna manera, contaban cosas distintas. Por eso el programa de Santiago Segura y Alaska me pareció de puta madre, lleno de cosas artísticas, surrealistas, horteras… todo mezclado. Era distinto, como en los ochenta. Quizá por eso ha durado tan poco [Radiotelevisión Española no renovó el programa para la presente temporada].

    -¿Los rockeros están condenados a recordar tiempos mejores?
    -Echo de menos que sucedan cosas excitantes. Vivimos en un fascismo mundial brutal, aunque en América e Inglaterra existe una industria discográfica que soporta esto mucho mejor. Allí son capaces de tener incluso circuitos con rock más duro, pero aquí en España hay lo que hay: para llegar al público hay que hacer canciones más bandas.

    -Y a vosotros no os surgen.
    -Va todo el mundo con las acústicas y parece como una obsesión por quitarle volumen a todo, quitarle rebeldía a todo… es una cuestión de actitud. Que haya garitos en la zona de Levante con conciertos de guitarras eléctricas está perdido. Y, a la vez, hay un montón de locales con extranjeros en los que hay rock, blues y la gente de 70 años, los clientes, no se asustan precisamente.

    -De hecho, algo que os conecta con Fito es que tenéis público de muy distintas edades. ¿A que lo atribuís?
    -Cuando yo era un crío mi madre escuchaba a Elvis Presley y a mí me gustaba también. Es una música que, si se escucha, le gusta a todo el mundo. Es ritmo y es divertido. Y es cierto lo del público, de hecho nos hace mucha ilusión como algunos padres que han encontrado con nosotros cierta renovación del rock, de los sonidos que escuchaban, le ponen el disco a sus hijos y nos envían los vídeos con ellos cantando.

  • Cuestión de caché: ¿cuánto cuesta contratar a tu banda favorita?

    Un estudio de periodismo de datos a través de una agencia de contratación universitaria vierte unas cifras interesantes para comprender el estado del mercado en 2014

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En el espacio profesional de trabajo es bien conocido que las tallas de los cachés en la industria musical son un baile de cifras más o menos oculto que -algunos promotores dicen- se acaban pareciendo mucho a su precio final. El caché de un artista, no obstante, cambia notablemente teniendo en cuenta variables tan sencillas como si éste está de gira en el momento en el que se le requiere, si el emplazamiento puede incorporarse a una ruta ordenada de sus actuaciones (gira) en espacio y tiempo concreto, si los músicos que le acompañan están más o menos disponibles (así como sus técnicos en menor medida) o, por ejemplo, si quien contrata es una entidad sin ánimo de lucro, una institución pública o un macrofestival de capital privado y localizado en Tokio.

    Por las citadas variables y muchas otras, un caché fluctúa y así pues en el caso español el balanceo de precio es enorme entre una buena y una mala fecha (víspera de puente festivo, noche de Madrid-Barça, coincidente con un gran evento en la misma ciudad…), siendo un en un núcleo urbano pequeño o una gran ciudad, en invierno o en verano. Algunas bandas nacionales pasan de los 1.500 a los 6.000 en cuestión de meses, por no hablar de las que optan por el riesgo de la taquilla para subir por encima de esa cifra en los festivales multitudinarios. Otras que pueden tener un caché veraniego de entre 15.000 y 25.000 euros pueden llegar a dividir entre tres su presupuesto dependiendo de las diferentes razones profesionales y organizativas. Obviamente, la facilidad para romper el suelo de precio ha mejorado con la consolidación de la crisis de consumo en España.

    Por eso, la lista que publicó el pasado viernes el medio especializado en ‘periodismo de datos’ Priceconomics se ha de coger con pinzas a la hora de sondear cómo está el mercado para algunos artistas a nivel internacional. Si bien con muchos de ellos parece que la cifra encaja perfectamente, con otros cuesta creer el caché por alto o bajo según el caso. La muestra fue realizada a través de una agencia de intermediación estadounidense (Degy Entertainment) especializada en montar eventos musicales para universidades. En este sentido, las cifras podrían estar algo infladas, ya que las universidades de Estados Unidos son de capital privado y las que pueden tener acceso a través de una agencia de intermediación con artistas facturan anualmente cantidades notables en decenas o cientos de millones de dólares. En teoría, los presupuestos para este experimento deberían tener una propuesta al alza y en muchos casos se puede comprobar como esa horquilla es a veces de hasta un 40% de diferencia entre el precio más bajo y el más alto propuesto por el mismo artista.

    Aun así, teniendo en cuenta esta muestra y que solo se hizo la cata de precios por esta vía, el listado es exhaustivo, aunque hemos seleccionado algunos de los nombres más destacados para aproximar al lector hasta un conocimiento de los estadios por caché en el mercado de 2014. Por su precio conocido en anteriores campañas y por su estado actual de gira/rotación, indicamos con un asterisco (*) cuales de ellos difícilmente parecen corresponder con la realidad ya sea por mostrarse excesivamente baratos (<) o caros (­>):

    POR ENCIMA DEL MILLÓN DE DÓLARES, SIN PRECISAR

    Bon Jovi

    Madonna

    Bruce Springsteen

    Taylor Swift

    James Taylor (cabe recordar que estuvo en la Feria de Julio de Valencia en 2009)

    Justin Timberlake

    Justin Bieber

    EN CIENTOS DE MILES DE DÓLARES

    Adele, a partir de 750

    Coldplay, a partir de 750

    Lady Gaga, a partir de 750

    Mumford & Sons, 500-750

    Rihanna, 500-750

    Foo Fighters, a partir de 500 (*<)

    Green Day, a partir de 500

    Katy Perry, a partir de 500

    The Killers, a partir de 500

    Imagine Dragons, 400-600

    Kanye West, 400-600(*<)

    Maroon 5, 400-600

    King of Leon, 400-500

    Linkin Park, 400-500

    Alicia Keys, 350-500

    Pear Jam, 300-500

    Drake, 300-500

    Shakira, 300-500

    Stone Temple Pilots, 250-400

    Bruno Mars, 200-400 (*<)

    Fun., 200-400

    Smashing Pumpkies, 200-400 (*­>)

    50 Cent, 250-350

    LMFAO, 250

    Juanes, más de 200

    One Direction, 150-200 (*<)

    Lorde, 150-250 (*­>)

    Robin Thicke, 150-250

    Muse, a partir de 150 (*<)

    Arcade Fire, a partir de 150 (*<) – En la foto superior

    Calvin Harris, a partir de 150 (*<)

    Ellie Goulding, 100-200

    Steve Miller Band, 100-200

    Pharrell Williams, 150-300 (*<)

    Alanis Morrisette, 100-150

    Florence & The Machine, 100-150

    Fall Out Boy, 100-150

    Cee Lo Green, 100-150

    Ben Harper, 100-150

    Weezer, 100-150 (*<)

    Bob Dylan, 150-300 (*<)

    The Flaming Lips, 100-125

    Phoenix, a partir de 100 (*<)

    Jane’s Adiction, 100

    Morrisey, 100

    Queens of the Stone Age, 75-100

    ‘GANGAS’: POR DEBAJO DE 100.000 DÓLARES

    En decenas de miles de dólares

    Arctic Monkeys, 75-100 (*<)

    MGMT, entre 85 y 100

    Incubus, entre 80 y 120

    Lana del Rey, a partir de 75 (*<)

    Norah Jones, entre 50 y 75

    Steve Aoki, entre 50 y 75

    Feist, entre 50 y 60

    Creedence Clearwater, entre 50 y 60

    Cake, más de 50

    Bastille, entre 40 y 60

    Andrew Bird, entre 35 y 45

    The National, entre 30 y 40 (*<)

  • Falete: «La música no tiene espacio para las medias tintas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    La televisión ha conseguido que la historia de Falete (Rafael Ojeda Rojas) parezca fácil de encasillar, siendo su figura una de las más controvertidas para un género musical lleno de incertezas: la copla. De este tipo de canción, basada en la pasión del intérprete y las letras -tan efectiva en los tablaos flamencos que cada vez son menos promocionados por las guías turísticas oficiales, pese a que sigan funcionando especialmente en ciudades como Madrid o Sevilla- parecía haberse cubierto un manto de desconexión generacional. Sin embargo, por el camino de los renovadores, en una carrera en la que hay más similitudes con las figuras de Bambino y Rocío Jurado que con las de las tonadilleras del couché, este artista ha ido ganándose el favor del público por las vías de la interpretación y la comunicación de masas.

    Hijo de artistas (su padre fue fundador y miembro destacado de los Cantores de Hispalis) a los 17 años pasó a formar parte de la compañía de la ChungaPaco Ortega estiró su carrera durante los siguientes años dentro de un recopilatorio de ‘Novísimos’ de la copla y para cuando su nombre compartía cartel en ocasiones con las grandes figuras de este circuito, la directora japonesa de teatro Yoko Komatsubara le fichó para diferentes obras puestas en escena en Tokio. Pasado, presente y… o Carmen fueron algunas de estas representaciones, actuando con Danzas de España por algunas de las principales capitales del mundo.

    Desde 2004 inicia su carrera en solitario, como intérprete, grabando versiones y canciones de compositores a los que elige. Con el buen cartel de una carrera que había crecido por la parte más internacional y pura del oficio, los grandes escenarios y el impacto del flamenco en las culturas orientales, Falete decidió renovar la copla, aunque asegura que estos cinco discos tan distantes entre sí «no forman parte de una estrategia». Con el formato íntimo ‘Mi cante y un piano’ actúa por primera vez en la ciudad de Valencia, este viernes a las 21 horas en el Ateneo Mercantil.

    -Renovar la copla. ¿Estrategia o premeditación?
    -No, no. Estrategia ninguna. Premeditación sí, toda la del mundo. A mí me gusta meditar sobre mí profesión. El artista está obligado a renovarse; renovarse o morir y las medias tintas no me gustan, no hay espacio para ellas. Por eso decido grabar recientemente [2012] Sin Censura (EMI Music).

    -Los géneros que abordas están precisamente habituados por artistas que juegan a ser ‘medias tintas’.
    -Respeto mucho a todo el que se sube a un escenario, a todo el que hace música, la haga en la forma que la haga. Eso sí, en la música hay artistas y obreros del arte. Todo el mundo tiene derecho a vivir y todo el mundo tiene derecho a hacer lo que le de la gana. Y el público es el juez más sabio. Mientras el público diga sí, adelante cada cual con su creatividad.

    -¿Y cómo puede distinguir el público entre el artista y el ‘obrero’?
    -El obrero tiene caducidad, por eso las medias tintas no sirven. El artista es eterno. Y un artista no es una voz, ni un vestuario, ni una buena decoración, ni una producción musical de primera… un artista es el conjunto de todas esas cosas y muchas otras en su justa medida.

    -Siempre que hablamos de música española y renovación hay un referente común que sirve para plantear la siguiente cuestión: Camarón. Para poder darle la vuelta a los géneros más puros, es necesario conocerlos vastamente. Por cierto, algo de lo que adolece la película sobre su figura, pero que aparece en cualquiera de sus biografías. ¿Es tu caso? ¿Le dedicas mucho tiempo a esa investigación?
    -Por supuesto. Los principios que un artista tiene deben estar muy claros y deben de ser ciertos. El artista debe demostrar respeto y conocimiento por la historia de su música. Y a partir de ahí, debes ir buscando… pero, la verdad, no supone ningún sobreesfuerzo. La chispa llega sola cuando vas escuchando y se te van ocurriendo nuevas ideas. Conocer la historia también te ayuda a no perder tu esencia, porque evolucione hacia donde evolucione sigue sonando a Falete. Esa es la clave.

    -Pese a que integres baladas, rancheras, canción melódica… ¿no te sorprende que el concepto Falete siga funcionando con ramas tan dispares?
    -¡Pero si yo soy el primer sorprendido! Lo que hago cuando entro en un nuevo estilo musical es masticarlo y digerirlo para el espectador. Y si lo hago bien, les transmito lo rico que está [risas]. Pero sí, me enfrento a un estilo como el bolero, que es suavecito y que debería chocar con mi temperamento, pero al final me dejo llevar y lo hago mío.

    -También con un piano como único apoyo musical sobre el escenario.
    -Hace dos años el maestro [pianista] Alejandro Cruz me propuso llevar adelante el espectáculo ‘Mi cante y un piano’ (el que presenta en Valencia) y le dije: no va a funcionar. Me preguntó por qué y le dije, «porque yo no soy Janette».

    -¿Y cuándo sucedió el clic para que aceptaras el envite?
    -Sucedió cuando ya estábamos en marcha. Era un recital en Osuna, en mi tierra [Sevilla], y empecé cantando una versión de Inocente pobre amigo, de Juan Gabriel. Cuando acabé fue tal la ovación que me dio el público que me di cuenta de que funcionaba y de que el maestro tenía razón. Y eso que en el escenario había un telón negro, una mesita y poco más.

    -Para sacar ese carácter temperamental con el que muchos te definen, ¿dejas que entre especialmente tu vida personal a la hora de interpretar?
    -Bueno, todo lo que vives tiene mucho que ver en lo que haces. Pero cuando ejecuto no estoy precisamente recordando a alguien o a algo. No estoy pensando en una etapa de mi vida… es cierto, que de los errores se aprende. Tenemos pros y contras, y al final no podemos ocultar quién somos.

    -Temperamento, pasión… cuando la copla alcanza el estadio televisivo esto se combina con el playback y resulta bastante frustrante para cualquier espectador.
    -Lo he pasado muy mal cuando me ha tocado hacerlo, porque no sé hacer playback. Apenas ha sucedido, pero lo paso fatal. Cualquiera que me haya visto en más de un concierto sabe que nunca canto una canción de la misma forma, así que es fácil entender que lo llevo fatal. Soy pésimo.

    -Podemos decir que, dentro de todo lo que haces como intérprete, es tu punto flaco.
    -Anoréxico, diría yo [risas].

    -A priori, te queda un disco más con el mismo grupo de producción y EMI Music (ahora Warner), y teóricamente por el mismo camino que Sin Censura.
    -En principio es así, pero no sé lo que voy a cantar. En este momento no sé si volveré a los orígenes, a cantar versiones y canciones del maestro Víctor Daniel, pero tengo ganas de hacer un disco distinto nuevamente. Veremos en qué queda la cosa, porque el artista tiene que hacer lo que sienta en cada momento. El arte tiene su parte de negocio, pero el artista manda.

    -Tus seguidores se sorprenderían si supieras que escuchas…
    -Música clásica. Me gusta tenerla de fondo, sobre todo cuando tengo una cena en casa íntima o con amigos. Pongo un CD en el salón y me gusta mucho poder estar escuchándola de fondo. Pero también me atrae y escucho mucha música hindú, por ejemplo, que tiene unas raíces que conectan con nuestro folclore.

    -Viendo tu deriva hacia la renovación… ¿descartas que ese tipo de música se cuele en un futuro en tus grabaciones?
    -Para nada, está muy vinculada y me gusta especialmente.

  • Santiago Motorizado: «Sería muy enriquecedor un mayor flujo de músicos entre España y Argentina»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El mató a un policía motorizado, una banda de rock formada en La Plata (Argentina), actuará por segunda vez -con la formación completa- en la ciudad de Valencia. La primera ocasión fue en 2010, acompañados de Radar, el mismo grupo formado por miembros valencianos que sonará justo antes que los platenses en la sala Wah Wah esta noche (22:00h, 10 euros anticipada/13 euros en taquilla).

    Siendo una de las bandas referentes del indie-rock en Argentina y tras su paso por México, EMPM inició este mes de septiembre otra gira por España. A continuación de su paso durante las pasadas semanas por el festival Ebrovisión (Miranda de Ebro, Burgos), Huesca, Zaragoza y A Coruña, la formación recala de nuevo en Valencia donde llevan instalados algunos días. El pasado mes de mayo, su cantante, bajista y compositor Santiago Motorizado ya estuvo compartiendo humedad y noches de conciertos con esta ciudad, días después de haber actuado en el festival Primavera Sound de Barcelona, en un viaje acompañado por una caravana -en sentido literal- de músicos; los miembros de las bandas argentinas ‘107 Faunos’ y ‘Go-Neko!’.

    Después de pasar una tarde de fútbol y sol en la playa, esta misma semana, el propio Santiago Motorizado celebra haber encontrado un sello en España (Limbo Starr) interesada en editar el que es su último trabajo: La Dinastia Scorpio.

    -En comparación con vuestras anteriores grabaciones, la base rítmica del grupo parece mantenerse inalterable en La Dinastia Scorpio, pero las letras resultan algo más nostálgicas. ¿Fue algo premeditado?
    -La verdad es que no, pero sí es así. Incluso en algunas tienen momentos épicos, pero coincido en que no se ha mermado la parte más enérgica del grupo.

    -Las letras son una de las claves para el público que habéis logrado fidelizar en España. ¿Cómo vives tú, como autor de las mismas, la conexión con gente tan distante a tu realidad?
    -Es curioso, pero tengo la sensación de que la existencia de un gran número de traducciones literarias en España que llegan tal cual a nuestro país influyen en la forma en la que escribimos. Lo más importante de las letras, para mí, es que las escribo pensando en poderlas sentir fuerte cuando estoy sobre el escenario. Que mientras interpreto, no mes resbalen. Son historias propias o de gente que ha estado muy cercana a mí y cuyas vivencias he sentido como propias.

    -Hay una etiqueta sobre las letras que se repite: «urbanas». ¿Te gusta?
    -La verdad es que lo son. Son cosas que me perturban, que son sinceras, pero que están en la calle y junto a mí.

    -A veces son muy literales, como pegadas a un vocabulario concreto. ¿Hay algún autor que te haya influido?
    -Me influyen especialmente los artistas que me rodean en Argentina. Aprecio mucho cómo fluye la escena musical en España, donde los grupos tienen cierta ruta de salas, a diferencia de lo que sucede allí. Allí todo pasa por Buenos Aires… (ellos son de La Plata). En este sentido, me influye mucho todo lo que escucho de las bandas argentinas. La música es mi vida y lo que se crea a mi alrededor me cautiva. Incluso, con bandas que estuvieron cerca mía en el pasado. Por ejemplo, las letras de Rosario Bléfari (de la banda ‘Suárez’) que me parece una de las mejores poetas no sólo de la música, sino de la historia.

    -¿Cómo es esa relación entre artistas en tu entorno?
    -La poesía de mis amigos, de los más cercanos, fue lo que me dio pie a iniciarme en la música y, sobre todo, a escribir. Empecé a partir de sus textos y me motiva ver qué hacen los aristas platenses y argentinos.

    -¿Y cómo es la relación con las bandas españolas?
    -Genial. Para nosotros, esta relación con otras bandas aquí es muy importante. Ojala pudiéramos viajar más, pero también bandas de aquí a Argentina. Bandas como ‘Los Planetas’, ‘Triángulo de Amor Bizarro’, ‘Hidrogenese’ o ‘Los Punsetes’. Un flujo de bandas entre ambos países creo que sería muy enriquecedor para todos, ojala se pudiera dar.

    -Hablas bien de los circuitos de músicos en España. ¿Qué te hace compararlos en positivo con los de Argentina?
    -Como te decía, todo pasa por Buenos Aires. Además, en un sentido artístico y social es muy distinto. Nosotros, mucho antes de venir a tocar al Primavera Sound, éramos seguidores de este festival; de festivales así. Allí no sucede algo de tanta magnitud. Un evento en el que se puedan reunir tantas bandas que admiro . Eso también es una diferencia.

    -Y ahora estáis aquí con un sello que os edita vuestro último trabajo y con una gira plagada de fechas. ¿Cómo fue el contacto con Limbo Starr?
    -Nos conocimos y nos enamoramos. También trabajamos con un sello local en México que nos distribuye (Intolerancia) y necesitamos que la gente que nos ‘saque’ trabaje como nosotros: de forma independiente, sin el ritmo acelerado de las grandes discográficas. Con David y Carmen (Limbo Starr) fue un amor a primera vista y estamos encantados con la edición del disco.

    -No son vuestros únicos ‘flechazos’ en España. A Radar les conocisteis -cosas de Internet- después de que se publicara un vídeo de un concierto en el que versionaban una canción vuestra.
    -Sí, y desde entonces empezamos a cruzar mails. Por aquel entonces quedaba muy lejos que pudiéramos venir alguna vez a España. Pero de repente llegamos al Primavera Sound (en 2010) y por supuesto quisimos organizar algo en Valencia. Gracias a ellos hemos llegado aquí y también son personas increíbles, que amamos.

    -Hablábamos de viajes y sinergias. Vosotros, pese a la vitola de independientes, no paráis de venir a España.
    -Es mi profesión y el grupo ha generado los recursos como para que pueda vivir de esto. No tengo muchos lujos, pero tampoco siento que los necesite.

    -Haciendo el viaje inverso, España-Argentina, hasta que la industria se perdió en era digital, todo lo que triunfaba aquí a nivel mainstream podía darse una buena gira por vuestro país. ¿Cómo se vivía allí?
    -Y… sí. Era así. Todo lo que tenía movimiento en España podía pegar allí, aunque tampoco tengo muchas referencias. El problema es que eso, no lo sé, quizá impedía que llegaran otras bandas. Allí teníamos mucho Serrat, Sabina… ¡Los Rodríguez!, que me encantan, pero yo hubiera preferido que llegaran Los Planetas.

    -Leer sobre vosotros es leer un sinfín de etiquetas: años 90, The Strokes, Los Planetas, Pixies y algunas otras a cada cual más distante. ¿Cuále es la que más gracia os ha hecho durante estos años?
    -(Ríe). La verdad es que han sido muchas, pero hubo una en Argentina que nos hizo mucha gracia. Decía: «los nuevos reyes del Pop». A mí me encanta el pop, para nada me molesta, pero el sentido del pop en Argentina no es como en España. A mí aquello me sonó inevitablemente a Michael Jackson.