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  • Julien Temple: “Es posible que los jóvenes no hayan vuelto a mostrar su fuerza desde el movimiento punk”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El cineasta Julien Temple visitó este viernes València como invitado especial de DocsValència, el festival de documentales de la capital de la Comunitat. La visita del director punk, uno de los realizadores más influyentes del género, trascendió por completo el cerco audiovisual. La presencia de uno de los artistas “más sólidos” a través de su carrera fílmica –como apuntó Pau Monteagud, codirector del certamen– se propuso como una conversación abierta al público que ocupó el salón de actos del Col·legi Major Rector Peset de la Universitat de València. Estos son algunos extractos de la generosa charla ofrecida por el director de The Filth and the Fury o Joe Strummer: The Future Is Unwritten

    El cine, prohibido durante su infancia

    “En mi niñez no podía ver películas. En mi casa no teníamos televisión y el cine se veía como una cosa macabra y diabólica. Aquel invento hacía que compraras cosas que no necesitabas y mis padres no querían saber nada de ello. Una de las primeras cosas que vi fue la serie de dibujos Top Cat y me costó mucho comprenderlo porque no tenía un conocimiento contextual de ese lenguaje. Además, era algo que no podía compartir con mis padres porque se supone que no podía ver películas. Creo que todo esto tiene una relación directa con que acabara dedicándome a la industria del cine”.

    La crucialidad de la música 

    “Al contrario que mis amigos, los cuales sí podían ver películas, yo no tenía un conocimiento gramatical del audiovisual. Como niño, no tenía instrucciones para ello. Pero me gustó mucho mi niñez porque tuve la oportunidad de escuchar la música que se hacía en Londres a mediados de los 60. La música no me la podían prohibir y tenían un transistor que escuchaba bajo las sábanas. Canciones de The Who, Kinks, Rolling Stones, Small Faces… En aquel momento pertenecía al público al que se dirigían aquellas letras. Por eso creo que no poder ver películas hizo que tuviera una reacción mucho más plena con estas canciones. Fueron algo que iluminó mi vida, que le daba sentido. De no haber sido por mi falta de cultura audiovisual no hubiera tenido esta reacción con las canciones”.

    Los sonidos que anunciaban el cambio

    “Con unos 10 años me di cuenta del significado que tenía la música. Vivía en Londres, la típica ciudad victoriana, y la música estaba reflejando el cambio que había en las calles. Recuerdo pasear por New Kensington, cerca de Portobello Road, y sentir que aquella música ya estaba anunciado el cambio que se percibía en aquellas calles. Algo estaba pasando y estaba muy impresionado por las canciones de bandas como Rolling Stones o Beatles. Me parecía significativo, ya entonces, ver cómo esas bandas tenían bastante proyección a nivel mundial. Y esa percepción me empoderaba. Me hacía sentir partícipe de ello”.

    Las primeras películas

    “En la adolescencia ya pude ver algunas películas, como alguna de los Beatles, Zulu (Cy Endfield, 1964) o El Cid (Anthony Mann, 1961), esa película en la que Charlton Heston conquistaba València. Me impresionó toda esa parafernalia tecnológica. Es curioso, pero… esa película me ha acompañado en el pensamiento a lo largo de mi vida. Finalmente, llegué a la Universidad donde ya pude ver películas. Recuerdo ir a ver por primera vez una película de Jean Luc-Godard, que estaba muy de moda, y estaba aterrado porque pensaba que no podría entenderla. Vi una película en la que Brigitte Bardot [El desprecio, 1963] salía completamente desnuda y fue una experiencia muy extraña para mí. Era algo totalmente ajeno a mí. Pero como quería entender el lenguaje vi la película cinco o seis veces solo esa semana. Al final, en aquellos tiempos, acababa viendo unas 75 películas a la semana gracias a las asociaciones universitarias que proyectaban todo tipo de cintas. Por eso, puedo decir que pasé de un extremo a otro: de no ver nada de cine a una sobredosis de cine, algo que recomiendo sin duda”.

    Sorbedosis de cine

    “Someterse a esas sobredosis de cine es algo maravilloso. En aquellas asociaciones audiovisuales podías coger prestadas las mejores películas de directores como Luis Buñuel, Alfred Hitchcock, Federico Fellini o Luchino Visconti. También de directores de Hollywood. Recuerdo que veíamos las películas proyectadas en una sábana, en la azotea de la universidad. No teníamos mucho espacio así que en un extremo estaba el proyector y detrás, directamente estaba el río [Támesis]. Había una película de Jean Vigo que me tenía fascinado. Su obra me tenía fascinado por el carácter independiente y su capacidad para recuperar la tradición de los hermanos Lumiere y la capacidad de introducirse a través del cine en la mente del personaje. Mientras estábamos viendo una de sus películas nos dimos cuenta de que parte del rollo había empezado a deslizarse hacia el río. Pasamos tiempo pescando la cinta del río y volviendo a enrollarla, pero se había hinchado como un espagueti, se había hinchado y se veía distinto. Me pasé bastante tiempo con el secador, tratando de recuperar la película. Ese trabajo fotograma a fotograma hizo que todavía profundizara y amara más aquella película”.

    Cómo conocí a los Sex Pistols

    “En esta época estaba muy emocionado por el mundo del cine. Me fascinaba la idea de combinar el cine con la cultura inglesa. Estaba estudiando en la National Film School y, también en aquel tiempo, era típico ir a caminar por los muelles de Londres. Durante siglos habían sido una parte muy importante de la ciudad, cuya riqueza en gran medida llegaba a través del comercio. Pero en los años 60 y 70 empezaron a cerrar los muelles y aquel se volvió un sitio lleno como lleno de fantasmas, silencioso… Paseando entre aquellas grúas oxidadas y barcos antiguos, en 1975 recuerdo cómo a través del viento me llegaron las notas de una canción de Small Faces. Era una canción que hacía mucho que habían dejado de tocar. Seguí aquellas notas y llegué hasta un almacén, entré y dentro había una banda destrozando esta canción. ¡Tenían un sonido horrible! Habían cambiado por completo la letra y donde Small Faces decían /quiero que sepas que te amo/, ellos decían /quiero que sepas que te odio/. La silueta de aquella banda me impresionó mucho porque tenían un aspecto diferente. Llevaban suéters a rallas amarillas y negras o rojas y negras, pantalones de pitllio y el pelo de punta. Para mí eran como seres venidos de otro mundo y aquella imagen me impresionó mucho. Les dije si querían salir en alguna de las películas que hacía en la Universidad, pero me enviaron… a hacer viento. Logré saber que actuarían en un mes y les conté a mis amigos que iban a tocar, tratando de saber dónde lo haría. Me pasé un mes viendo la agenda de conciertos y buscando dónde sería y finalmente vi su nombre, Sex Pistols. No sabía el nombre de la banda pero pensé, deben ser ellos. No logré ir al primer concierto que dieron, pero fui al segundo”.

    Grabaciones furtivas

    “Así fue como entre en este mundo entre la música y el cine. En aquel concierto habría unas 10 personas. Me sorprendió que había más personajes como ellos y que los Sex Pistols casi tocaban de espaldas al público. Había algunos hippies y parecía mucho más una representación teatral. Era algo totalmente impredecible y no tenía nada que ver con los conciertos de rock que había vivido hasta la fecha. Entre esos personajes estaban Sid Vicious, Siouxsie Sioux o Billy Idol, que más tarde serían figuras muy importantes del punk. Entonces supe que tenía que grabar aquello. Hoy, cuando vamos a un concierto, ya sabemos que hay miles de personas que pueden filmarlo, pero entonces grabar un concierto era algo muy difícil para un joven como yo. Entonces tuve la suerte de estar en la Universidad y formar una pequeña plantilla con compañeros. Nos llevábamos la cámara y el material y filmábamos, pero Malcolm McLaren [el mánager de los Sex Pistols] no quería que grabásemos nada. Lo hacíamos de forma oculta y no fue nada fácil. Hacíamos como que desmontábamos el objetivo y, en general, todo aquello aportó a las grabaciones una especie de estilo furtivo. A veces nos pillaban y nos echaban del local hasta que, al final, convencí a McLaren para decirle que estábamos grabándoles de forma gratuita. Al final logre que considerara que las grabaciones de sus conciertos eran una buena idea”.

    Cómo surgió el estilo punk en el cine

    “Cuando empecé a grabar las actuaciones de los Sex Pistols no me pagaban mucho: 12 libras a la semana. Me las pagaba Malcolm y era menos de lo que cobraban los músicos. A ellos tampoco les hacía falta mucho más, porque eran los reyes de Londres. Allá donde iban tenían toda la bebida gratis que quisieran. Pasado un tiempo prohibieron su música. Por ese motivo, en las películas quería que se viera cómo tocaban y por qué. Algunas veces había puesto la cámara frente a la televisión para rodar las actuaciones que se emitían. Luego, cogía esas partes y las juntaba con los brutos que poseía. Empecé a hacer varios cortos juntando ambas partes: Sex Pistols 1Sex Pistols 2… Esta edición de partes, de mezcla, representa de alguna manera el espíritu del movimiento punk. La falta de recursos fomentó la creatividad también en mi caso y conformó un estilo que, creo, caracteriza toda mi obra”.

    Ser o no ser

    “No podía ser un punk como Sex Pistols porque ellos eran… incandescentes. Por ejemplo, podría estar más cenca a lo que podían haber sido Kinks, que pertenecían a una clase media. Pero Sex Pistols venían de la calle. Johnny Rotten venía de dormir en coches cada noche. Ellos canalizaron esa rabia y se creían con el derecho a decir todo lo que les diera la gana decir. Uno no podía estar cerca de ellos y no sentir esa energía. Pero el movimiento punk no era uniforme. Era muy individual. Cada uno venía con un bagaje diferente y, claro, había tensión con la gente de diferentes clases. A la vez, había una tendencia de creer que todo era posible”.

    La fuerza de la juventud punk

    “En aquellos tiempos pensar que alguien en la veintena o la treintena podía hacer una película era imposible. Parecía que había que esperar hasta tener 45 años para poder tener esa oportunidad. Por eso me gustaba formar parte de aquel movimiento en el que los jóvenes podían mostrar su fuerza y ser escuchados. Quizá, esa fuerza y esa atención no la hemos podido volver a vivir desde entonces. Por eso, me siento orgulloso de haber podido formar parte del aquel movimiento. No musicalmente, pero de otra manera”.

    De la necesidad, virtud

    “La falta de financiación despertó nuestra creatividad. Rodábamos en Super 8, en 35mm… luego uníamos piezas muy distintas. Más tarde, quise incluir animación, cosa que a Rotten no le gustó en un principio. Ahora resulta curioso cuando hay bandas que directamente se han presentado como tal, como es el caso de Gorillaz. A mí, entonces, me gustó mucho la forma de coger esto de aquí y esto de allá y acabar generando una forma punk en el cine. Entonces, era una forma de reaccioanr a aquellos anuncios que nos invadían agresivamente, de manera visual. Ahora es mucho peor, claro, pero entonces admito que fue la falta de dinero la que hizo que improvisáramos y creásemos una nueva estética”.

    La cara punk de los grandes musicales

    “Reconozco que soy muy ecléctico, pero algunas de mis influencias esenciales son Jean Vigo, algunos autores de animación punk, el cine estadounidense de inicios de los 70 de Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, la new wave… Rossellini, Visconti… soy muy ecléctico, pero todos estos han sido muy importantes para mí. Los musicales de Hollywood también lo han sido. Esa idea en la que toda una historia se para y hay una danza…. Recuerdo ahora que los Sex Pistols me dieron unas cintas para que grabara sus actuaciones cuando salieran en televisión, pero también las usé para grabar musicales. El musical, a simple vista, puede parecer muy distinto al punk, pero su mezcla de danza y colores, siempre en el sentido más próximo a la vanguardia de todo esto en el género, ha sido también una referencia para mí”.

    Punk y feminismo

    “El punk también fue un movimiento interesante en cuanto a la política sexual. No era muy importante ser guapo, sino que se celebraba la fealdad. Lo importante era ser cool y se te juzgaba por lo que eras. En cuanto a la cuestión de género, que no parecía una prioridad en aquel entonces, en la pista sí que se había generado una igualdad y se veía a tantos hombres como mujeres formar parte de los pogos como si fueran animales salvajes. Creo que las mujeres punk avanzaron en la igualdad de género de manera directa. Avanzaron mucho y en poco tiempo XXX John Lydon o Joe Strummer, por su parte, animaban y fomentaban que hubiera bandas con mujeres a las que incluso les prestaban el equipo”.

    Elegir entre los Pistols y los Clash

    “Era bastante diferente grabar con los Sex Pistols que con The Clash. Los Sex Pistols no colaboraban, sino que más bien creaban problemas intentando boicotear la grabación. No pensaban en grabar, sino en crear circunstancias extremas. Su manager me hizo elegir entre ellos y los Clash y les elegí a ellos porque, verdaderamente, les admiraba y les consideraba muy importantes. Con los Clash recuerdo el rodaje con una tecnología muy anticuada y que todo resultaba muy aparatoso, pero también recuerdo lo muy interesados que estaban en cómo daban en cámara. Eran como niños mirándose después de hacer un playback y era sorprendente verles así. Estaban realmente interesados y por eso era mucho más fácil que trabajar con los Pistols”.

    Rodar en Reino Unodo o rodar en Estados Unidos

    “En aquellos años [70 y 80] una de las principales diferencias entre rodar entre Estados Unidos y Reino Unido era que en las películas americanas la plantilla estaba más involucrada en el rodaje. En Reino Unido había una escuela muy patriarcal, un sistema muy rígido en el que, incluso, había hijos que heredaban el trabajo de sus padres. En Estados Unidos cualquier miembro del equipo podía proporcionar sus propias ideas. Esa era la principal diferencia entonces”.

    Positivismo tecnológico

    “En la actualidad vivimos el momento en el que es más fácil hacer películas. Recuerdo la frustración que suponía en los 70 y los 80 esperar horas a que el chico de las luces lograra la luz de la luna mezclando aquellos geles azules. Mientras, un equipo de 150 personas, haciendo nada, esperando a que aquello estuviera listo. Estábamos un montón de tiempo esperando. Ahora es más fácil que nunca hacer películas. Puedes grabar documentales con un equipo de cinco o seis personas, exactamente como si fuera una banda de rock. Por eso veo el momento actual como muy positivo. Tecnológicamente, se pueden hacer muchas cosas que antes eran impensables. Puedes conseguir la financiación de manera más directa, y, en definitiva, es mucho más fácil transmitir tu verdad a través del cine, de una forma más honesta».

    El último trabajo

    «Ahora vengo de grabar en Ibiza, donde no solo me interesan los clubes o el destino vacacional, sino la historia del lugar. Es un lugar extraordinario y la película tratará de describir un viaje a través del tiempo para entender cómo la isla se ha llegado a convertir en lo que es ahora; un destino turístico de primer orden. No obstante, me gusta cómo se ha respetado la cultura. En este momento de mitos y noticias falsas, en la isla sobreviven muchos mitos, pero la gente, por ejemplo, no tiene tan en cuenta que en los años 50 era una de las zonas más pobres de España. Ahora, es el lugar del país donde mayor cantidad de coches hay por residente. Todos esos fragmentos se unirán para construir una realidad sobre Ibiza».

  • 1993 en la Ruta del Bakalao: Valencia capital del éxtasis y de las 72 horas de fiesta

    Publicado originalmente en El País

    La verdadera crónica negra de la música para las masas

    En la Ruta no se puede utilizar la expresión tópica que dice “nada hacía presagiar…”. Lo cierto es que sí, que a inicios de los años 90 el devenir en masificación de aquel movimiento contracultural daba pistas de alcanzar su extinción. Pero su final se podía haber escrito de muy distintas maneras y, en este caso, por una serie de ingredientes entre fortuitos y esperables, se acabó convirtiendo en una suerte de macrosuceso retransmitido por las novísimas televisiones en España.

    1993 fue el año del colapso. Ya en el mes de enero se confirmaba con la peor de las secuelas un presagio: los cuerpos de las tres chicas de Alcàsser torturadas, violadas y asesinadas aparecían. Con ellas el Estado invoca un periodismo que, también influido por el peso franquista, no se había destapado hasta la fecha. Las chicas iban a una discoteca –mantra que no se dejó de repetir– y la muerte se vinculó directamente a la Ruta.

    Pero 1993 fue mucho más: fue el año en el que el PSOE, tras una década en el poder, empezó a mostrar signos de debilidad en otros flancos. La corrupción o la bruma del terrorismo de Estado dieron paso a la necesidad de la gestación de una idea: los socialistas podían ser, además de modernos como habían demostrado durante los 80, un Gobierno de orden. En la resaca de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, Valencia será el campo de experimentación de la Ley Corcuera.

    Y llegará la revista de la Dirección General de Tráfico (DGT) dedicada íntegramente a las Rutas del Bakalao. El secretario de Estado para la seguridad, Rafael Vera, llamará a desmantelarlas y acusará a las discotecas valencianas de fomentar el proxenetismo, además de, por supuesto, responsabilizar a sus dueños del consumo de drogas generalizado y de las muertes de tráfico. Muchos ingredientes para una crónica negra que fijó a Valencia al fin en el eje del interés informativo en España; eso sí, junto a la Guerra de Bosnia y nunca en la sección de Cultura.

    El colapso desde las nuevas televisiones

    Dentro la bibliografía utilizada en esta serie, uno de los libros más interesantes es Des de la tenebra (Empúries, 1995). No tanto por el extenso desarrollo de Joan Oleaque en este ensayo sobre el crimen de Alcàsser y todos los antecedentes legales de sus inculpados; el retrato de los medios de comunicación ayuda a entender el despliegue en paralelo de las televisiones en Valencia. Aunque las discotecas o el consumo de drogas no eran una realidad exclusiva de la capital de la Comunitat, lo cierto es que la cantidad de gente que congregaba la convirtió en un espacio para captar historias sensacionalistas y aupar a las nuevas televisiones.

    En esa lucha por la audiencia entraron todos los canales: los públicos, con Televisión Española y las autonómicas a la cabeza, y, por supuesto, las tres nuevas licencias privadas: Antena 3, Telecinco y Canal +. En la actualidad la marca de la Ruta se asocia en gran medida al documental Hasta que el cuerpo aguante, del programa 24 Horas de Canal +. Sin embargo, en este noveno capítulo descubrimos que el relato que caló no llegó a través de la escasa audiencia de la única televisión de pago del Estado. Fueron precisamente el resto de canales en abierto los que experimentaron con imágenes y guiones que hoy serían irreproducibles.

    El episodio se inicia con dos hitos de la leyenda negra de la Ruta y a través de los informativos ya encontramos cómo el fenómeno se ha instalado en la sección de sucesos. Los medios solidifican la alarma social y los grupos políticos trabajan para rentabilizar electoralmente la situación. Mientras tanto, las cifras van siendo usadas arbitrariamente y la Ley Corcuera necesita un campo de experimentación sin consecuencias personales ni comerciales. Valencia se posiciona como espacio para la perdición frente a otras grandes ciudades, algo que genera un efímero crecimiento económico durante unos pocos años.

    El colapso a través del éxtasis

    En este periodo hay una sustancia que marca buena parte del carácter en la noche: el éxtasis. Aunque entonces lleva años en el mercado (más de cinco), pasa a convertirse en la solución más habitual y de consumo masivo siempre y cuando no se tenga en cuenta el alcohol. En este noveno episodio nos acercamos a los testimonios del éxtasis recogidos durante aquellos años. Casi todos en positivo, aunque algunos de ellos con consecuencias graves para la salud de sus consumidores.

    De manera evidente, Valencia se convierte en la ciudad del éxtasis para España. La Ruta se liga a la idea de las 72 horas de fiesta, toda una novedad propia de los 90. La mezcla de distancias sustancias, con el alcohol omnipresente, agita la idea del lugar para la perdición. Y así, con la gran ayuda del rédito en audiencias de todas las televisiones paseándose por los parkings. el movimiento multiplica su masificación antes de colapsar definitivamente y desaparecer para siempre.