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  • Patricia Murray (‘El caso Alcàsser’): “Anglés aparecerá un día. Vivo o muerto”

    Publicado originalmente en GQ

    Netflix ha estrenado la primera serie documental producida íntegramente en España: ‘El caso Alcàsser’, un true crime en torno al secuestro, violación y asesinato de Míriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez.

    Con la participación de la radiotelevisión pública valenciana, À Punt, el resultado final es el fruto de un largo trabajo de investigación firmado Ramón Campos y Elías León Siminiani (‘Lo que la verdad esconde: Caso Asunta’).

    La serie de cinco episodios, ya disponibles, es un guantazo de realidad televisiva y un viaje a las profundidades de la sociedad española de los 90. El nacimiento del lado más oscuro de la televisión del país, que no sirvió para marcar sus límites, sino que creó una escuela que llega hasta nuestros días con el tratamiento –especialmente en los magacines matinales– del niño fallecido al caer a un pozo.

    Las redes sociales han empezado a hacerse eco de un personaje desconocido por la opinión pública y que destaca en la serie: la periodista irlandesa Patricia Murray. ¿Quién es esta mujer aparentemente desconocida y que estuvo al lado de las familias durante las semanas de búsqueda? ¿Cómo es posible que su existencia, dedicada a alimentar a los medios e instituciones con ‘novedades’, haya desaparecido del imaginario sobre el caso? ¿Por qué Fernando García, el recordado padre de Miriam, le confió las conexiones con la prensa, las relaciones con políticos y empresarios y, finalmente, un viaje a Londres para que el caso desembarcara en Scotland Yard o Sky News?

    ¿Quién es Patricia Murray y qué papel desempeñó en el Caso Alcàsser?

    Patricia Murray llegó a Valencia en 1962, aquejada de problemas respiratorios y en busca de un clima más cálido y compatible con su organismo. Tras 25 años como profesora de inglés, cuando sus hijas ya habían superado la adolescencia, decidió cumplir su sueño: ser periodista.

    Por eso inició sus estudios en la Universidad CEU San Pablo a finales de los 80, y los terminó en Navarra. No solo eso: en el curso 96-97, tras obtener un máster de la Universidad de Valencia y doctorarse en Pamplona, fue admitida por la facultad más prestigiosa del gremio: la Universidad de Columbia Graduate School of Journalism, por la cual también es máster y especializada en medios digitales (abrió uno de los primeros medios nativos digitales).

    En el ecuador de este maratón académico se convirtió “desinteresadamente” en la asesora de relaciones y prensa de Fernando García. Desde GQ España, conversamos con ella después de que ‘El caso Alcàsser’, de Netflix, haya recordado su trascendencia en el devenir de los acontecimientos, especialmente en torno a la figura del padre de Miriam y a la relación de este y las familias con los medios. Este artículo no contiene spoilers.

    GQ: ¿Cómo inicias tu relación como asesora de Fernando?

    Patricia Murray: Coincidimos en distintos actos, pero en una conferencia de José María Carrascal en Valencia le digo que debe ir a más sitios. Él ya había salido en ‘Quién sabe dónde’, pero le dije que tenía que el tema tenía que estar constantemente en la prensa. Le introduje a medios.

    La periodista irlandesa muestra fotos de Fernando García con Carrascal, pero también con Juan Lladró, de la internacional marca de esculturas de porcelana, o de Ruíz Mateos, quien llegó a ofrecer una generosa recompensa a quien diera con el paradero de las jóvenes.

    GQ: ¿Pero publicaste algún artículo antes o durante tu asesoramiento?

    PM: Únicamente en The Weekly Post (uno de los muchos diarios británicos que se publicaban en la Costa Blanca, Alicante). Sí se publicaron fotos mías en Pronto o Época.

    El posicionamiento de Murray en los artículos de The Weekly Post era que las niñas habrían sido raptadas por un grupo de jóvenes. Estos habrían intentado abusar de ellas y, por algún motivo, quizá se les habría ido de las manos. También recogió la original obsesión de García por el hecho de que hubieran sido captadas para una red de trata de blancas.

    GQ: ¿En qué consistió tu asesoramiento a Fernando García?

    PM: Yo ayudaba a las familias, pero Fernando se erigió como el portavoz. Les dije que había que hacer pósters más grandes, en distintos idiomas. También cambié las fotos de ellas (“para que parecieran más inocentes”, asegura en el documental).

    La aparición de los cuerpos, 45 días después de la desaparición, pilló a Fernando García y a Luisa Gómez (hermana de Toñi) en Londres. En apenas dos días y de la mano de Murray, el caso trascendió a la esfera internacional, incluida una reunión con Scotland Yard.

    GQ: ¿Cómo surge el viaje a Londres?

    PM: La idea de la trata de blancas tenía que ver con la posibilidad de que las niñas estuvieran en algún país árabe. Yo le dije a Fernando: hay una televisión en Londres (Middle East Broadcasting Center) que ve toda la comunidad árabe. Si quieres, voy como intérprete y tal. También fuimos a Sky News y teníamos cita con la BBC, pero los cuerpos aparecieron la noche de antes. Nos vimos con Scotland Yard y allí nos pidieron una descripción detallada de la ropa que llevaban las niñas. De las marcas, de las joyas… y, entonces, Luisa dijo que Toñi llevaba un reloj grande de Mickey Mouse. Me quedé con esa idea…

    PATRICIA MURRAY: «FERNANDO GARCÍA PLANEÓ QUE A LA VUELTA DE LONDRES HABRÍA UNA RUEDA DE PRENSA PORQUE LE HABÍA COGIDO GUSTO A LOS MEDIOS»

    GQ: Y la mano que encontraron los apicultores tenía el reloj…

    PM: De repente, aquella tarde, empezó a llamar todo el mundo al hotel. Yo pedí en recepción que no pasaran llamadas a las habitaciones. Yo dormía con Luisa y Fernando en otra. Pero al final, me avisaron. Era un no parar de llamadas y, entonces, atendí una llamada de Levante (el máster que había cursado era en colaboración con este diario). Como les conocía, pregunté: pero dime exactamente qué han encontrado. Y me dijeron, no sabemos nada, pero han encontrado una mano con un reloj grande. Entonces yo dije, sin pensar, ¡el reloj de Mickey Mouse! Y cómo sería la cosa que a la mañana siguiente una foto de Toñi con el reloj estaba en Levante.

    GQ: ¿Por qué no volvisteis inmediatamente a Valencia?

    PM: Fernando quería salir, pero por la hora que era ya no podíamos coger un vuelo y durante la madrugada no había aviones. Ni siquiera, como querían en Valencia, fletando un avión privado. Entonces hubo que esperar a la mañana. La embajada nos puso un coche al aeropuerto, donde ya teníamos billetes para volver, porque eran billetes abiertos. Pero Fernando había planeado antes de que nada de esto sucediera que pasaríamos por Madrid, porque ya le había cogido gustico a los medios… Entonces, cuando llegamos a Barajas, fue la locura… Se organizó una rueda de prensa en la sala VIP. Yo no quise ni estar.

    GQ: ¿Le había cogido gusto a los medios?

    PM: Es mi opinión.

    GQ: ¿Y cómo evolucionó la situación en torno a los medios?

    PM: Nieves Herrero dio conmigo y me dijo, cuando aterricéis (en Valencia), coge a Fernando y no dejes que ningún otro medio lo tenga. Así fue hasta que llegamos a las casas de Luisa y Fernando, aunque él fue en un coche con sus familiares. El Musical, donde se hizo el programa ‘De tú a tú’ (Antena 3), estaba a un paso de su casa, pero fueron en coche.

    GQ: ¿Cómo valoras que Antena 3 quisiera mantener aislados de los otros medios a Fernando?

    PM: También tenían a los apicultores encerrados en un hotel hasta que fue la hora del programa. Tú hubieras hecho lo mismo. Yo admiro mucho a Nieves Herrero. Es una gran profesional.

    GQ: El programa, como se puede ver en la serie, es prácticamente insoportable. Encadena una sucesión de reacciones emocionales, de momentos y pensamientos íntimos en un momento de dolor. ¿Te pareció aceptable?

    PM: El programa se fue de las manos de Nieves. La familia de Fernando y toda la gente que había allí, exaltada, hizo que el programa fuera incontrolable. Yo sé que Nieves quería pararlo. El programa casi destrozó su carrera. Pero ya no podían pararlo. Era la primera vez que en España se daba un programa de este tipo, de gran tragedia.

    GQ: ¿Por qué tenías una relación directa con Antena 3?

    PM: Porque desde hace muchos años tengo relación con una productora, todavía en activo, que durante aquellas semanas estuvo conectada conmigo. No obstante, no controlaba todo. Por ejemplo, el viaje a Londres. Eso se organizó desde Alcàsser, por parte de familiares o amigos de Fernando. Eligieron los vuelos, el hotel…

    GQ: Eras periodista y fotógrafa, sobre todo para algunos medios británicos de la Costa Blanca. ¿Por qué das el paso de ayudar a las familias?

    PM: Era un madre. Era consciente del dolor que estaban pasando aquellas personas. Si me hubiera pasado a mí, en aquel momento –sus hijas tenían unos pocos años más–, hubiera recorrido el mundo, hablado con el Rey… todo. Fernando no sabía qué caminos seguir. Hablamos con todo el mundo, con el presidente del Gobierno (Felipe González), con el ministro (José Luis Corcuera), con (Jesús) Gil y Gil…

    GQ: ¿Fernando García cambió a lo largo de aquellas semanas?

    PM: Totalmente. Cogió gusto al protagonismo. Mira… hay una anécdota: Fernando se presentó en mi casa una semana después de que aparecieran las niñas, el funeral y tal. Se presentó con un guion, pidiéndome que se lo enviásemos por fax a Nieves Herrero.

    En el Ayuntamiento había dos habitaciones a disposición de las familias. En una de ellas, había tres o cuatro chicas jóvenes todo el día abriendo cartas. ¡Miles de cartas! Y las cartas solo traían dinero. Ni tan solo había un mensaje de condolencia, nada. Dinero. Y las chicas apuntaban, ‘José Manuel, de Córdoba, 400 pesetas’. Mira, tengo unas mil de esas cartas…

    Patricia Murray conserva mucha documentación sobre la época. Llaman la atención las cientos de cartas que posee, donde solo se haya el nombre de Fernando García y la dirección del Ayuntamiento de Alcàsser y el remite.

    GQ: ¿Qué fue de ese dinero?

    PM: Ay, eso no lo sé. Luego Fernando montó la Fundación…

    La fundación nunca llegó a constituirse por oposición de Rosa Folch, madre de Desirée que siempre mostró sus dudas con la vis pública del suceso. Una vez aparecieron los cuerpos sin vida de las jóvenes, Folch inició una batalla de resistencia por eludir a los medios y evitó que la fundación se creara con el nombre de su hija.

    GQ: Una vez aparecieron los cuerpos, ya no quisiste saber nada más del caso.

    PM: No. Mi intención era ayudar a las familias y había pasado lo peor. Me llamaron también una vez del Ayuntamiento, para ver si convencía a Fernando de que abandonara las dependencias que habían ocupado. Pero él se había convencido de que aquello solo había empezado, que ahora había que encontrar al fugitivo.

    PATRICIA MURRAY: «LE DIJE A LA MADRE DE LUISA QUE SEGUIR A FERNANDO DE AQUÍ PARA ALLÁ NO ERA VIDA PARA ELLA»

    GQ: Una de tus aportaciones más sorprendentes tiene que ver con el viaje a Londres y la relación entre Fernando García y Luisa Gómez.

    PM: Luisa trabajaba en la sección de carne de Mercadona. Dejó de trabajar para dedicarse a los medios. Pidió la baja por nervios. Yo hablé con su madre y le dije, cara a cara, de madre a madre: tu hija está en mi casa con Fernando hasta las 11 de la noche. Su novio, Pedro, la va a dejar. Esto no es vida para ella. Esto no le está aportando ningún beneficio, ir con Fernando de aquí para allá. En el documental no sé qué sale, porque yo no sabía cómo decirlo, cómo hablar de esto, pero no hubo ninguna relación. Luisa se sentía agasajada, atraída por la situación…

    GQ: ¿Cómo fue tu relación con el resto de familiares, cómo eran?

    PM: Rosa Folch era una mujer con mucho mundo, muy inteligente. Los padres de Toñi eran muy mayores, agricultores, personas muy sencillas. A Rosa no le parecía bien que Fernando usara el nombre de sus hijas y no le pareció bien que fuéramos a Londres porque, como dijo, en Londres no estaban las niñas. Yo también sabía que no estaban en Londres, pero sabía que había que seguir la corriente, tener más repercusión. La mujer de Fernando estaba muy unida a Miriam. Eran cómplices, como hermanas. Y ella le echó la culpa de todo a Fernando.

    GQ: Pero Fernando García estaba enfermo aquella noche

    PM: Aquella tarde sabían que las niñas querían ir a la discoteca. Según lo que dijo la prensa, Fernando estaba enfermo, pero yo lo que descubrí es que estaba en la cama cansado después de un largo viaje (García era viajante, comerciante industrial) y no se levantó para llevar a las niñas. Matilde le echaba la culpa. El fallo de Fernando es algo totalmente humano.

    GQ: El documental no da alas a la teoría de la conspiración, el sumario B y todo lo que se ha escrito en paralelo a la versión oficial de los hechos.

    PM: No hay nada de eso. En ningún momento. Fernando daba alas a ello, intentó involucrar al gobernador civil, luego que si las niñas habían aparecido envueltas en la alfombra azul de un puticlub de lujo… Si buscas en Google “Patricia Murray” y “chicas de Alcàsser” yo soy de la CIA, también soy del Opus Dei porque estudié en la Universidad de Navarra, estoy relacionada con El Vaticano.. y no dicen que soy judía porque no saben que tengo el máster por Columbia, que es una universidad judía. Aparte de todo esto, en internet está escrito que estoy casada con un político sudafricano y que he estado en la cárcel. Mi nieta de 13 años busca en Google con sus amigas el nombre de su abuela y encuentra esto. Y resulta que existe una mujer en Sudáfrica que se llama Patricia Elizabeth Murray, porque si tecleas mi nombre en Google hay 2000 más. Este pseudoperiodista, que no es periodista, nunca ha venido a hablar conmigo. Nunca me ha preguntado. Yo he mirado la forma de demandarle por difamación de mi persona.

    PATRICIA MURRAY: «NO CREO QUE ANGLÉS ESTÉ EN BRASIL. ESTARÁ EN MÉXICO O EN ALGÚN SITIO DE ESTOS Y APARECERÁ UN DÍA. VIVO O MUERTO»

    GQ: No das crédito a las teorías no oficiales, pero por otro lado sí crees que Antonio Anglés está vivo y en paradero desconocido.

    PM: La última noticia sobre Anglés es que llegó con un barco a Dublín. Precisamente, mi ciudad. Y claro, ya dijeron que si estaba compinchada con ellos… Dijeron que si se había ahogado, porque apareció un chaleco salvavidas cerca del puerto, pero si se hubiera ahogado y tuviera un chaleco, estaría su cuerpo en el chaleco. Además, el día que supuestamente se encontró el chaleco, una joven americana despareció de su casa, cerca del puerto de Dublín. Él se disfrazó, se cambió de pelo como ya había hecho en Valencia (lo hizo mientras la Guardia Civil le perseguía) y usó su pasaporte.

    GQ: El año 2013 sugeriste en Antena 3 que podría estar en Brasil, de donde era originaria su familia.

    PM: No creo que esté en Brasil. Es el primer sitio al que hubiera ido a buscar la policía. Estará en México o en algún sitio de estos y aparecerá un día. Vivo o muerto, tarde o temprano, lo encontrarán. También se tiene que morir, así que quizá entonces. Cuando sea más mayor, también, puede contactar con Miquel Ricart (en libertad desde 2013 y en paradero desconocido actualmente). Pero la Policía y la Guardia Civil son grandes trabajadores. Son muy constantes. No te extrañe que den con ellos.

    GQ: La Policía y la Guardia Civil quedaron en tela de juicio tras perseguir con todos los medios a un único hombre, Antonio Anglés, que se les escapó.

    PM: Precisamente, con más razón, no descartes que en un futuro puedan cogerlos.

    GQ: Ramón Campos, productor y creador de Bambú, ha dicho en algunas entrevistas que siguieron todas las pistas posibles para dar con Anglés, pero que no encontraron nada.

    PM: Cuando mueran, un día aparecerá algún cadaver, y mediante huellas digitales y a través de la información de Interpol saldrá todo a relucir.

    GQ: ¿Nunca has vuelto a hablar con Fernando García o Luisa Gómez?

    PM: No. No los reconocería si les viera, tampoco.

    GQ: ¿Por qué nunca has hablado durante estos años del caso?

    PM: En 2013, a través de mi amiga (la misma productora de Antena 3 que le contactó durante los 90), me llevaron a Espejo Público. Hice una conexión desde Alcàsser porque ‘nadie de nadie’ quería hablar. Y me dijeron, Patricia, por favor, ayúdanos. Entonces dije lo de que si prescribía el delito, porque se hablaba de ello, Anglés iba a aparecer y a vender los derechos de su vida. Que se iba a forrar y a comprarse un chalé en La Moraleja… sin pensar que luego Pablo Iglesias…

    GQ: ¿Cómo te sientes ahora que se vuelve a hablar del tema y que has participado en el documental? ¿Cómo te sientes al pensar en tu relación con aquellos días?

    PM: En el documental se verá lo que me dediqué a hacer. No buscaba florituras como periodista en el asunto. Lo único que he hecho ha sido contar dónde estábamos. Si estábamos aquí este día a esta ahora, si fuimos a este sitio o al otro.

    Patricia Murray utiliza desde hace décadas un tipo de agenda de anillas. Cada año compra el recambio, pero guarda todas ellas en casa. Como nos muestra y se ve en el documental, la información de las agendas de los años 1992 y 1993 es crucial para comprender todo lo sucedido en torno al suceso y las familias en aquellos angustiosos días. Especialmente llenas de detalles se pueden ver las hojas de los días 27, 28, 29 y 30 de enero de 1993, donde se aglutinan nombres de contactos, lugares, teléfonos, llamadas, horarios, visitas y planes de los que fue partícipe. A día de hoy, es una periodista en semi retirada. Vendió sus webs de información sobre Valencia en inglés el pasado año. Dice que espera finiquitar su tesis, que no escribirá un libro sobre Alcàsser. En la ciudad es bastante conocida en el ámbito periodístico local por su comparecencia en ruedas de prensa y eventos relacionados, sobre todo, con el mundo del turismo y la gastronomía.

  • Alcàsser: un mito para asimilar el cambio de régimen

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Por desgracia, el crimen implicó a tres adolescentes de Alcàsser. Sus familias y la población son víctimas desde entonces y en primer grado del suceso porque, por desgracia, insisto, Alcàsser no fue un hecho comparable a nadaLos crímenes de Macastre, anteriores, coincidentes en el número de víctimas, sus edades, en el sadismo y en una parte de la investigación, no sacudieron al Gobierno central, no pusieron en tela de juicio la ausencia de protocolos actualizados de las Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, pero, sobre todo, no contaron con la llegada de un nuevo medio que rige marca la cultura en su sentido más amplio y desde entonces: la televisión privada.

    Alcàsser es un mito. Su relato, el primero de gran trascendencia ganado por los medios en España y no por el Gobierno o las élites, es lo que queda. Es lo que cala. La tragedia de Alcàsser va más allá de lo visible en el documental de Bambú porque abarca demasiados ámbitos, demasiado comunes. Pero, sobre todo, es el hecho fundacional que sirve para situar en la sociedad española y en sus instituciones el fugaz paso de un Estado aislado del contexto occidental hacia la exhibición como foco de primer interés para el mundo (Sevilla y Barcelona ‘92). Del sereno como garante de la libertad (años 70) a ser la quinta economía europea y miembro del G-8. En un abrir y cerrar de ojos.

    Las toneladas de incompetencia, ingenuidad y valentía (por ignorancia) de las instituciones españolas sirvieron para mucho en los 80. Por ejemplo, para disfrutar de un estado de anomia. Del franquismo a los 90, dentro del marco legal, entre tantas otras evidencias, apenas se habían tipificado sustancias químicas. Nuestras reboticas eran el dispensario de una especie de largo verano del amor y sus consecuencias no fueron necesariamente negativas. El mundo esperaba y nos tomó así, en ese estado salvaje en el que ni los bares ni las discotecas tenían necesariamente un horario. Se vendía tabaco legal y de contrabando y los estamentos judiciales y policiales no habían sufrido la menor reconversión (La isla mínima) desde la muerte en cama del dictador.

    El ansia era tal, que incluso aquí se aceptó con si tal cosa que Francis Montesinos desfilara junto a Vivienne Westwood en la capitalidad cultural de Berlín 1988. En Pamplona o San Sebastián se reventaban escaparates por exhibir a hombres afeminados y banderas de España, mientras en Rodeo Drive, Los Angeles, sucedía lo contrario: la gente se hacía fotos deseando aquel jean o el otro estampado. Hoy ya se nos ha olvidado, pero no era normal la contracción de un viejo mundo y uno nuevo sucediéndonos encima. El viaje era vertiginoso y de ida y vuelta, desde nuestro anquilosamiento enrabietado al hambre atroz de medio mundo por explotarnos culturalmente.

    En los 80 éramos la Cuba con la que ahora se relame Estados Unidos. Éramos un oscuro objeto del deseo exótico pero próximo, un destino tan deseable como asequible, aunque lo más importante es que ni siquiera habíamos tenido tiempo de sacudirnos la mugre. El mismo día en que España pasó a formar parte de la Comunidad Económica Europea (1986), en València, como desde hacía más de 10 años, seguía patrullando la noche La 26: un grupo parapolicial, pero ‘legal’, captado en gimnasios de boxeo, sin ser dados de alta en la Seguridad Social, pero con un revólver Smith & Wesson en la pernera y licencia para matar. Era nuestra policía de noche y era lo que había. Éramos el pasado, olíamos a futuro, pero la libertad llegó mucho antes que las instrucciones de uso. Este hecho, para los malos, suponía un campo de experimentación demasiado grande y que acabó resolviéndose de la manera más desagradable.

    El documental de Alcàsser: todas las dudas

    El cambio de régimen se estableció con la victoria por relato. Les pondré un ejemplo: en uno de los campos en los que no abunda el documental El caso Alcàsser, el que tiene que ver con la incompetencia por herencia de la Guardia Civil, resulta que este grupo no tenía gabinete de prensa. Y perdió el relato. Quién hubiera pensado que eso iba a ser trascendente. Hasta la fecha, al menos en España, perder el relato era, a lo sumo, perder una batalla. Pero perdió el relato y perdió la guerra de la confianza en las instituciones públicas. Quién sabe si, para algunos, para siempre. Lo hizo a través de un medio, la televisión, cuya capacidad de penetración era inédita en España, sin el menor control –huelga recordar que en 2019 no existe ni proyecto de Consejo Audiovisual que nos proteja. Vamos camino de ser caso único en el mundo– y convenciendo de una tacada a la mitad de la población.

    Las teorías de la conspiración en torno a Alcàsser tiene como base documental lo cutre del procedimiento a lo largo de un proceso lleno de luces y sombras. La clave de bóveda es el sumario, donde las incongruencias saltan muy de tanto en cuanto (a lo largo de 40.000 páginas). Y sorprende el poco ahínco que le dedica el documental a que Anglés y Ricart eran, por este orden, un individuo en busca y captura y otro de permiso penitenciario. ¿Tienen claro que en el juicio el Estado quedó absuelto de cualquier responsabilidad por ello? Sumen, sigan: Anglés se escapó de su casa, en una intervención policial –la de su persecución– que hoy en día sigue alimentando a la conspiración (“pero bueno, ¿cómo un solo hombre podía escaparse del cerco de Guardia Civil y Policía?”). Lean El fugitiu, de Genar Martí y Jorge Saucedo, y comprenderán que la existencia de angleses ricarts en 1992 era posible gracias a la inexistencia de protocolos homologables al contexto europeo. La improvisación y, quizá, la influencia del show de Benny Hill en La2 marcaban la pauta.

    ¿Saben dónde estuvo escondido Anglés durante su estado de busca y captura? Pues, a veces, en su propia casa. Esa era la presión policial para con un hombre que no había vuelto del permiso penitenciario. Estancia en prisión por, nada más y nada menos (tampoco se abunda en el documental), que haber tenido vejada, golpeada y atada con cadenas a su ‘pareja’ a la intemperie, durante días, la cual se había hecho una buena parte de la droga que pasaba. Como cuenta Joan Olaque en esta reciente entrevista, pero como ya describió agotando cualquier gramo de oxígeno a la teoría de la conspiración en Des de la tenebra, Anglés estuvo a punto de matar a aquella chica. El relato lo dulcificó ella misma en comisaría, aterrada por que pudiera matarla si salía. ¿Y saben qué hizo Anglés al obtener su primer permiso? Efectivamente, fue a buscarla.

    ¿Por qué el documental apenas habla de Anglés? El perfil como psicópata de este personaje, descrito como nunca hace casi 20 años en Des de la tenebra, sirve para comprender una buena parte del suceso. ¿Por qué no se habla de cuál era el uso habitual de aquella lúgubre caseta para Anglés, sus hermanos, Ricart y otros? ¿Por qué no se habla de para qué servía aquella excavación donde guardaban una moto robada? Sin embargo, entre las muchas dudas sobre todo aquello que no se muestra y sí en el documental, la gran pregunta es: ¿por qué no se habla de los indicios de homosexualidad de Antonio Anglés y de lo que el sexo supone para él?

    La editorial Arpa acaba de publicar la traducción del muy recomendable El extraño que llevamos dentro, un viaje al origen del odio y la violencia en las personas y las sociedades. El conocido libro del psicoanalista Arno Gruen funciona como complemento idóneo en estos días para abordar el rol de Anglés en su casa –una chabola con paredes– junto a sus ocho hermanos. Anglés pegó a su madre y a sus hermanas durante toda su vida y tuvo una relación violenta y perversa con el sexo. En casa y fuera de casa. En Des de la tenebra la sospecha y lo que gira en torno a su homosexualidad es seminal. También al papel que juega Ricart en ello. El prófugo vive en una especie de tensión y violencia contra las mujeres, constante y que tiene evidencias y relatos suficientes: se enfrenta a lo que es y no comprende. Sirva también su caso para evidenciar que, seguramente, a las alturas en que cometió los crímenes junto a Ricart según sentencia, Anglés hubiera sido encausado a partir de los supuestos de la Ley contra la Violencia de Género. Aviso a navegantes, por si hay dudas de cómo un marco de normas actualizadas sirve para que un Estado proteja y haga libres a sus ciudadanas y ciudadanos. 

    ¿Por qué la perspectiva de género aparece a falta de 10 minutos en el documental? De otra forma, quizá, hubiera servido para que de una vez por todas se armonice que Nieves Herrero ni era la directora de De tú a tú (lo era Manuel Campo Vidal), ni era la periodista que recababa desde la calle o en la oficina los relatos y los guionizaba (Olga Viza, Isabel Goyanes), ni aislaba del resto de medios a Fernando García (Patricia Murray) ni era tampoco ni la regidora del programa ni quien le hablaba por el pinganillo. Murray, por cierto, presente en aquel primer reality show de la barbarie que fue la noche de los entierros desde la Societat Musical d’Alcàsser, asegura que Herrero intentó parar el programa y pidió que pusieran documentales o algo enlatado. Herrero parecegua que, por otro lado, también ha hablado de este supuesto. Al final, el foco vuelve a estar puesto en ella. Un villano siempre funciona mejor en cámara que todo un entramado. Una mujer joven y guapa, en este caso, parece idóneo para el canon televisivo.

    La llegada de plataformas como Netflix, Amazon, HBO, pero también Movistar+, han dado paso a una auténtica etapa dorada en la producción de true crimes. Nunca se ha invertido tanto ni se ha avanzado tanto en las narrativas audiovisuales en torno a crímenes sucedidos y abordados desde el género documental. Pese a ello, el trabajo de Bambú apenas aporta innovaciones formales, fundamenta las reconstrucciones en el mismo ejercicio de ilustración que El caso Asunta. Operación Nenúfar (2017) y sus logros periodísticos pasan por actualizar las entrevistas y transformarlas al audiovisual con tres salvedades: el relato de la cinta de Blanco, García y el cura de Alcàsser (quizá, la cima del documental), la aportación del ayudante de Blanco (desde el relato a los detalles. Relevante) y el no tan conocido trasiego del sumario hasta que García logra poseerlo (aunque ahora se diga que se sabía el asunto del robo, nunca nadie lo pone en valor. El documental, sí). También es cierto que es altísimo el valor de los fondos de videoteca incorporados, especialmente los de Antena 3 (sospechosamente sin mosca de la cadena y solo de un programa) y los de Telecinco, de cuya cesión hablaré más adelante. Pero, insisto, en un sentido formal, de todo lo que se habla tras la publicación del documental es del plano picado a García, cuya intencionalidad severa tardaremos un tiempo en comprender si era acertada por riesgo o innecesaria por evidente.

    Igualmente, ya que se menciona a García, el documental parece sufrir del conocido como ‘mal por proximidad’: todos aquellos que aparecen en pantalla, salen beneficiados. Hacia el final de la producción, la caída de naipes sobre el castillo de Fernando García no parece cargar las tintas lo más mínimo contra él. Parece como si sus guionistas hubieran optado por dejar que los espectadores juzguen, en una maniobra sui generis, ya que su figura es la que hace trascender todo en Alcàsser: el comportamiento de los medios y de la investigación, sin este ingrediente, es otro muy similar al de tantos otros crímenes. Por el contrario, como Juan Ignacio Blanco solo les concede un encuentro, como el ‘mal por proximidad’ va desapareciendo porque se pierde el contacto, al final parece ser un villano mucho más reconocible el pseudoperiodista y pseudocriminólogo que el ínclito ‘padre coraje’. Y los beneficiados por comparecencia son más, como el del caso de Paco Lobatón. También de Canal 9, por su colaboración y cesión de los hechos (À Punt Mèdia). Recordaba Oleaque cómo el vodevil de El juí d’Alcàsser llegó –entre otros extremos– a llevar a unos pseudo enterradores de los cuerpos de las niñas. Acabaron yéndose antes de que la policía llegase a arrestarles. Por no hablar de la comparecencia, pero no en cámara, de Pepe Navarro. Comparecencia por venta de material audiovisual, pero cuyo papel fue también fundamental para que Alcàsser se convirtiera en el mito que es –imaginen el recorrido de las teorías de la conspiración sin la existencia del Mississippi–. Navarro queda en una especie de neblina beneficiosa. ¡Si hasta le obliga a rectificar a Juan Ignacio Blanco por decir el nombre de un gobernador civil –sin la menor prueba– implicado en la producción de películas snuff

    La gran entrevista del caso, Anglés y Ricart a un lado, sigue pendiente y pertenece a una mujer con la capacidad e inteligencia suficientes como para ponderar los hechos, la creación de un personaje por parte de Fernando García, el juicio y la trascendencia de los acontecimientos: Rosa Folch. La producción no logró doblegar su posición firme frente a la gran bola mediática generada de manera negligente y sin protección desde los 90. De repente, Matilde, la esposa de Fernando García, que aglutina a mi juicio las escenas más dolorosas de la revisión en esta producción, desaparece del relato sin la menor explicación. Una explicación relevante, imprescindible, para comprender a Fernando García. Sobre todo, al García que aparece en cámara ahora. La incomparecencia (voluntaria) en cámara de Joan Oleaque o Nerea Barjola, por haber escrito los ensayos de origen y conclusiones con mayor perspectiva del suceso, pesan en menor medida, pero hubieran fortificado un trabajo aún más solvente.

    No obstante, entre las dudas e incomparecencias, sorprende la ausencia de un relato sociológico en el documental. La relevancia de Alcàsser pasa por un cambio de régimen político real. Un cambio de paradigma a nivel social casi por completo. Las Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado cambian con Alcàsser. La prensa cambia con Alcàsser. La televisión como locomotora cultural nace con Alcàsser. Lo peor de muchos ámbitos y algunas aristas en positivo, cambios a mejor, surgen con Alcàsser, pero trascienden el suceso. La importancia está en el relato sociológico. Como ya describe Barjola en Microfísica sexista del poder, es relevante comprender la existencia y libertad de la mujer española. De la que se viene y a la que se va. Es importante comprender cómo hay fuerzas del poder conservador que, tras una década de inflexión, interpretan los 80 como el exceso de libertad del que hablábamos al inicio. A nivel Estado, como nunca antes, se habla de la vuelta a un Gobierno de orden. Nace el relato del miedo y su discurso lo asume el propio PSOE, corrompido y agotado tras abandonar –como toda la socialdemocracia europea del la época– la lucha de clases por el neoliberalismo. Llega la Ley Corcuera como síntoma de todo ello, pero no hay rastros de nada de todo esto en el documental. Y es lícito, porque es un enfoque, pero sabe a oportunidad perdida dados los recursos.

    El efecto sobre las libertades, especialmente la sexual y la de expresión, es la esencia de Alcàsser. El mito que trasciende no son los crímenes, cuyo respeto por parte de los creadores del documental sí creo que ha sido exquisito. Sin embargo, la previa, el poso y nuestra fotografía más actual convierten a Alcàsser en un objeto de análisis sociológico cada vez más alejado del detalle en el procedimiento. Quizá porque, para quien ha leído y estudiado el caso, las aportaciones de esta producción son contadas y ya han sido mencionadas hace unos párrafos. Por eso, quizá, cualquier revisión de Alcàsser sigue pendiente. Es vigente. Porque la captura de los hechos con mayor intensidad no tiene que ver con este pueblo de l’Horta Sud, ni con las víctimas ni con sus familias, sino con el foco exclusivamente en el presente para comprender las consecuencias de un hecho que, como decía al inicio, sigue siendo incomparable y suponiendo, desde la sociedad, el cambio de régimen real que nunca hubiera sucedido por su cuenta desde las instituciones ni desde la política. España era una fiesta en 1992, pero la madurez no la alcanzamos mientras la fecha volaba hacia el pebetero de Montjuic. Por desgracia, el cambio de régimen acabó con la vida de tres adolescentes de Alcàsser.

  • 1993 en la Ruta del Bakalao: Valencia capital del éxtasis y de las 72 horas de fiesta

    Publicado originalmente en El País

    La verdadera crónica negra de la música para las masas

    En la Ruta no se puede utilizar la expresión tópica que dice “nada hacía presagiar…”. Lo cierto es que sí, que a inicios de los años 90 el devenir en masificación de aquel movimiento contracultural daba pistas de alcanzar su extinción. Pero su final se podía haber escrito de muy distintas maneras y, en este caso, por una serie de ingredientes entre fortuitos y esperables, se acabó convirtiendo en una suerte de macrosuceso retransmitido por las novísimas televisiones en España.

    1993 fue el año del colapso. Ya en el mes de enero se confirmaba con la peor de las secuelas un presagio: los cuerpos de las tres chicas de Alcàsser torturadas, violadas y asesinadas aparecían. Con ellas el Estado invoca un periodismo que, también influido por el peso franquista, no se había destapado hasta la fecha. Las chicas iban a una discoteca –mantra que no se dejó de repetir– y la muerte se vinculó directamente a la Ruta.

    Pero 1993 fue mucho más: fue el año en el que el PSOE, tras una década en el poder, empezó a mostrar signos de debilidad en otros flancos. La corrupción o la bruma del terrorismo de Estado dieron paso a la necesidad de la gestación de una idea: los socialistas podían ser, además de modernos como habían demostrado durante los 80, un Gobierno de orden. En la resaca de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, Valencia será el campo de experimentación de la Ley Corcuera.

    Y llegará la revista de la Dirección General de Tráfico (DGT) dedicada íntegramente a las Rutas del Bakalao. El secretario de Estado para la seguridad, Rafael Vera, llamará a desmantelarlas y acusará a las discotecas valencianas de fomentar el proxenetismo, además de, por supuesto, responsabilizar a sus dueños del consumo de drogas generalizado y de las muertes de tráfico. Muchos ingredientes para una crónica negra que fijó a Valencia al fin en el eje del interés informativo en España; eso sí, junto a la Guerra de Bosnia y nunca en la sección de Cultura.

    El colapso desde las nuevas televisiones

    Dentro la bibliografía utilizada en esta serie, uno de los libros más interesantes es Des de la tenebra (Empúries, 1995). No tanto por el extenso desarrollo de Joan Oleaque en este ensayo sobre el crimen de Alcàsser y todos los antecedentes legales de sus inculpados; el retrato de los medios de comunicación ayuda a entender el despliegue en paralelo de las televisiones en Valencia. Aunque las discotecas o el consumo de drogas no eran una realidad exclusiva de la capital de la Comunitat, lo cierto es que la cantidad de gente que congregaba la convirtió en un espacio para captar historias sensacionalistas y aupar a las nuevas televisiones.

    En esa lucha por la audiencia entraron todos los canales: los públicos, con Televisión Española y las autonómicas a la cabeza, y, por supuesto, las tres nuevas licencias privadas: Antena 3, Telecinco y Canal +. En la actualidad la marca de la Ruta se asocia en gran medida al documental Hasta que el cuerpo aguante, del programa 24 Horas de Canal +. Sin embargo, en este noveno capítulo descubrimos que el relato que caló no llegó a través de la escasa audiencia de la única televisión de pago del Estado. Fueron precisamente el resto de canales en abierto los que experimentaron con imágenes y guiones que hoy serían irreproducibles.

    El episodio se inicia con dos hitos de la leyenda negra de la Ruta y a través de los informativos ya encontramos cómo el fenómeno se ha instalado en la sección de sucesos. Los medios solidifican la alarma social y los grupos políticos trabajan para rentabilizar electoralmente la situación. Mientras tanto, las cifras van siendo usadas arbitrariamente y la Ley Corcuera necesita un campo de experimentación sin consecuencias personales ni comerciales. Valencia se posiciona como espacio para la perdición frente a otras grandes ciudades, algo que genera un efímero crecimiento económico durante unos pocos años.

    El colapso a través del éxtasis

    En este periodo hay una sustancia que marca buena parte del carácter en la noche: el éxtasis. Aunque entonces lleva años en el mercado (más de cinco), pasa a convertirse en la solución más habitual y de consumo masivo siempre y cuando no se tenga en cuenta el alcohol. En este noveno episodio nos acercamos a los testimonios del éxtasis recogidos durante aquellos años. Casi todos en positivo, aunque algunos de ellos con consecuencias graves para la salud de sus consumidores.

    De manera evidente, Valencia se convierte en la ciudad del éxtasis para España. La Ruta se liga a la idea de las 72 horas de fiesta, toda una novedad propia de los 90. La mezcla de distancias sustancias, con el alcohol omnipresente, agita la idea del lugar para la perdición. Y así, con la gran ayuda del rédito en audiencias de todas las televisiones paseándose por los parkings. el movimiento multiplica su masificación antes de colapsar definitivamente y desaparecer para siempre.