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  • Manuel Bartual: “Somos una raza animal basada en la ficción”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Manuel Bartual hace “muchas cosas”, según su biografía de Twitter. Allí fue donde su nombre resplandeció durante el pesado verano de 2017. De la noche a la mañana, se convirtió en el guionista español más conocido de los últimos años. No fue por ninguna de sus tiras cómicas para El Jueves u Orgullo y Satisfacción. No fue por ninguno de sus muchísimos cortometrajes, ni por una emisión en la tele pública de su estimable película Todos tus secretos (2014). Un hilo de tuits en el que autoficcionó sus propias vacaciones se convirtió en el thriller –con chistes– de la canícula a pesar de la mastodóntica inversión de Netflix en marketing.

    Bartual fue el centro de atención durante siete días y lo hizo gracias a su bagaje como guionista, figura que pasa inadvertida en las producciones audiovisuales españolas. Hilvanó un relato secuencial en 359 mensajes que provocaron 550.000 retuits, cuatro millones de ‘me gustas’ y 1,3 billones de impresiones. 400.000 seguidores se sumaron a su actividad y, pese al final de aquella trama, este valenciano afincado en Madrid los retiene. Las serpientes de verano se alimentaron del fenómeno y el también editor enlazó platós de televisión y entrevistas para hablar de su oficio: contar historias. 

    La novedad –en España– era haberlo hecho a través de tuits, siguiendo la historia de alguien que suplantaba su identidad y se convertía en El otro Manuel. Ahora, esa idea le da el título a su primera novela. La edita con Planeta –ajena a su buen hacer en el sello de cómics ¡Caramba! (integrado en Astiberri)– y aprovechamos el lanzamiento para conversar sobre cómo la ficción da forma a nuestras vidas. 

    -Es cierto que en tu caso parece más justificado que nunca, pero desde hace al menos dos años los dossiers que preceden a la comunicación del lanzamiento de un libro van encabezados por la cantidad de seguidores en redes sociales de la autora o autor. Es decir, que, jerárquicamente, la editorial estimula al periodista recordándole que si publica alguna pieza sobre lo que ofrecen, es sensible de ser catapultada a una gran audiencia. Tú que has vivido en las sombras de la independencia hasta hace poco más de un año, ¿qué te parece que ahora un cúmulo de cifras sea tu carta de presentación?
    -He de ser honesto y admitir que lo que sucedió el pasado verano me puso en el mapa para mucha gente. Es una historia de Twitter que se hizo famosa y transcendió a la plataforma por completo. No sucedió cuando hice una película [ríe]. En este momento, que las cifras sean parte de la carta de presentación, es asumible. Es normal que se asocie a este fenómeno y que entendamos que buena parte de la gente me conoce exclusivamente por aquel hilo de mensajes. Es cierto también que hay un recorrido previo, un bagaje, pero… no es menos real que la novela se inspira en todo lo que me sucedió con esto.

    -El formato sorprendió: un relato secuencial a base de tuits. Sin embargo, ¿fue tan sorprendente para quien ya te conocía o te seguía?
    -Le sorprendió a todo el mundo, menos a quien me conoce. No me refiero a alguien que me pudiera seguir, sino a la gente más próxima, a los amigos. A ellos no les sorprendía porque encajaba con el tipo de cosas que venía haciendo. De alguna manera, hay un hilo invisible entre aquella serie de tuits y la película que dirigí hace unos años (Todos tus secretos, 2014).

    -¿Hasta qué punto crees que la autoficción da una confianza de veracidad al lector que necesita frente al descrédito continuado de los medios de comunicación?
    -Creo que estamos en una época en la que nosotros, todos, tenemos mucho protagonismo. El ‘yo’ es más importante que nunca y por eso creo que la gente conecta con este tipo de historias en las que es capaz de reconocer al autor. Hubo una historia previa que no tuvo ni mucho menos este éxito. Solo quería contar la sinopsis de una película de forma enloquecida. Me lo pasé bien, pero no funcionó. La gran diferencia con el siguiente relato es que yo era el protagonista. Duraba siete días y eran mis vacaciones. La gente no sabía si todo aquello era real o no y jugaba con la veracidad, pero era muy fácil reconocerse en el personaje. Era ‘una persona’. Esta fórmula no es inédita. A mí me encanta la autoficción…

    -Cítanos las referencias.
    -Pues, por ejemplo, me fascina el cine de Charlie KaufmanCómo ser John Malkovich (Spike Jonze, 1999) o Adaptation. El ladrón de orquídeas (Spike Jonze, 2002). Joder, es que son dos de mis películas favoritas. En la literatura, Paul Auster me ha influido a la hora de hacer esa metaficción por la que muchos le conocen cuando se introduce en sus novelas como personaje. 

    -¿Está de moda la autoficción?
    -Estamos en un pico creativo con este tipo de narrativa. Sí, estoy convencido.

    -‘Basado en hechos reales’. Ese mensaje que atraviesa el cine que va de la sobremesa de Antena 3 a Fargo (Joel y Ethan Coen, 1996), ¿por qué nos interesa? ¿Qué valor extra nos atrae? Star Wars también está basada en hechos reales. No hay más que ver sus posicionamientos políticos. 
    -Es cierto que nos atrae. Creo que desde el momento en el que nos damos cuenta o alguien nos dice que los Reyes Magos no existen iniciamos un camino en nuestra vida en el que tratamos de volver a capturar esa magia. Queremos creer. Cuando las historias están explícitamente basadas en hechos reales puedes llegar a creer que lo que estás viendo, por fantástico o increíble que parezca, es real. Con el famoso hilo de Twitter pasó algo que de verdad no esperaba: la gente creía que era cierto. Hasta el ultimísimo momento la gente creía que había un doble real que me estaba persiguiendo. Había peleas familiares [ríe]. Recuerdo un mensaje directo que me llegó en el que me exponían que dos hermanos estaban enfrentados porque uno sostenía que era real, que, además, era quien me escribía [ríe]. Nos gusta creer que hay algo más allá. Aunque sea mágico y eso se nos escape. Que lo extraordinario es real.

    -Había gente que no entendía el hilo de Twitter porque no comprendía que aquello no tuviera una justificación mercantil. Es decir, que no entendía porqué lo hacías si no estabas ganando dinero con aquella producción narrativa.
    -Me hizo mucha gracia que Leticia Dolera, que es amiga, me preguntó si era una campaña de marketing para alguien. Le dije que no y al rato me volvió a escribir para decirme que si de verdad no era una campaña para Netflix o algo así. A veces cuesta entender que no todo creador está pensando en el rendimiento económico inmediato. Si te soy completamente sincero, creo en esto. Solo quería que la gente disfrutase con ello. No es lo único que he hecho así en internet, por eso la gente que me conoce no estaba tan sorprendida. Semanas antes había estado haciendo en Instagram una serie de stories con emojis. Eran cortometrajes solo con emojis. No lo hacía buscando la pasta. Me gusta experimentar con los formatos y los medios. Y tienes razón en que es muy sorprendente que la gente no entienda esto. Pero, por ejemplo, está Alberto González Vázquez que tiene su trabajo en El Intermedio y es una persona que crea contenido específico para internet. Mucho. ¿Por qué lo hacemos? Porque nos gusta y mientras tengamos nuestras facturas cubiertas, ¿por qué no seguir creando?

    -Hablemos de tu libro. Hay conexiones con el hilo de Twitter. Por ejemplo, la autoficción. ¿Por qué querías llevarlo al formato novela?
    -La autoficción me atrae mucho en este momento. Pensaba que la historia conectaría bien con el público si yo era protagonista, así que por eso en la novela me dirijo al público desde la primera a la última página. La novela me ha demostrado a mí mismo que estoy en este momento y que necesitaba explorar este estilo de autoficción. Esta parte formal. Si en algún momento tenía que hacerlo era ahora. Y lo que tenía en la cabeza era una novela y no una serie o una película, porque, no del todo formales, ha habido propuestas para hacer cosas…

    -Para quienes te conocen del viral veraniego, la novela tiene muchas concordancias. La principal es que sus frases podrían caber en un tuit tras otro y que, de alguna manera, podría haberse publicado también de manera secuencial.
    -Pero tenía que ser una novela. No podía ser un hilo de Twitter. Tengo clara que la historia tenía que tener este formato clásico que era nuevo para mí así. Escribí una novela hace un tiempo y la releí hace unos meses. Me di cuenta de que, aunque la historia me gusta y quizá la retome algún día, estaba intentando forzar un estilo que no me resulta natural. En El otro Manuel utilizo el estilo que surgió con el hilo de Twitter. me da la sensación de que con ese mismo estilo el lector se siente muy próximo a la historia y que puedo interpelarle e integrarle en lo que sucede. Como te decía, ahora mismo estoy en ese punto.

    -Lo que queda claro es que la historia de este libro no hubiera podido tener forma de cómic o de película.
    -De ninguna manera. No obstante, yo tengo la necesidad de adecuarme al medio en el que estoy. Entender su lenguaje y como se recibe. Eso es muy importante. 

    -No obstante, hay sedimentos.
    -Eso es lo mejor de nuestro trabajo: nos acabamos trayendo cosas de un medio al siguiente. Vamos arrastrando un poco de cada una de las disciplinas. A mí me hace gracia recordar que la novela se ha intentado matar cada vez que ha aparecido un nuevo arte narrativo; lo que yo creo es que la novela se ha beneficiado de esas apariciones, porque se ha ido nutriendo de otras formas de contar historias que han sido posibles de convivir con su formato.

    -Hay algunas trazas que sí están presentes en toda tu obra anterior y actual. Quizá, especialmente en estas últimas construcciones. Una de ellas es la identidad. Tu interes por la creación de la identidad propia, la percepción de la misma, la identidad colectiva…
    -Me atrae desde siempre este tema. Y es cierto que creo que estamos en un punto propicio para que estos temas resulten de mayor interés por la exposición del ‘yo’ de la que te hablaba antes. Me impresionó mucho cuando estuve presentando mi película en el Festival de Cine de Málaga. Allí todos los profesionales dormimos en el mismo hotel y va mucho famoso televisivo, así que la ciudad se vuelca a esperar a la gente a la puerta del hotel porque sabe que verá a muchos. Y es una cosa muy graciosa que sucede cuando no eres nadie y vas allí a presentar tu película: la gente te ve salir con traje de chaqueta, ir a uno de los coches oficiales, y te gritan: <<¿quién eres?, ¿quién eres?>>. Más allá de que contestes, saludes o lo que sea, a mí me sirvió mucho esa pregunta. Porque te preguntas, ¿quién coño soy? ¿Qué hago aquí? ¿Esto es ficción? ¿Soy yo? ¿Qué está sucediendo realmente? ¿Estoy interpretando un papel que yo he visto antes hacer a otros? Hay una cosa a la que no le damos importancia y que es crucial: somos una raza animal basada en la ficción. Los códigos con los que vivimos, como nos relacionamos, con los que construimos nuestra identidad y seguimos adelante cada día, están inventados. No son reales. Son la ficción. Le hemos dado un valor a unos papeles a los que llamamos dinero. Casi todo a nuestro alrededor se ha ido construyendo con códigos de ficción. Nos cimentamos en ficción y acabamos siendo ficción. Ahora llegan las redes y te ofrecen mostrarte. Lo haces y piensas, ¿pero quién soy? Soy la persona que muestro en las redes o la que conocen sus amigos. Desde hace tiempo pienso que dentro de poco veremos toda esta época de inicio de internet como aquella en la que un niño empieza a andar. Porque todavía no somos del todo conscientes de lo real que es la vida en internet. No hay barrera y allí también acabamos siendo lo que hacemos. 

    -Es posible que al estar cimentados en la ficción, para no pocos asuntos necesitemos de ficción para entender nuestro entorno. ¿La ficción ocupa espacios de conocimiento y comprensión que no puede alcanzar la información?
    -Te lleva a plantearte cosas que quizá no puedes plantearte solo con el relato de los medios. El viral del verano pasado generó muchas conversaciones a su alrededor con gente que no se creía lo que pasaba y otra que le daba crédito con los detalles que iba aplicando a la historia. Lo cierto es que yo no tenía pensado incluir ninguna moraleja, pero con tanta atención, surgió; lo hice: en uno de los últimos mensajes puse ‘no es obligatorio creerte todo lo que veas en internet. De alguna manera les estaba diciendo, si te has creído todo esto, es momento de que desarrolles un posicionamiento crítico con lo que consumes en internet. Como por ejemplo ese ejercicio que muchos hacemos de generar un juicio a partir de un titular. A veces, lees la noticia y el cuerpo de texto desmiente al titular. Esto es algo que sucede porque en el caso de los medios vivimos una época amarillista muy complicada. Por eso, hay rincones en los que la ficción puede funcionar mejor. 

    -Otra traza presente en la novela y en toda tu obra es el humor y me pregunto hasta qué punto crees tú que es esencial para un relato de autoficción. Es decir, si más allá de tu obra, no crees que es insoportablemente inverosímil que un drama que no contenga ni un centímetro de humor.
    -Es totalmente así. Nunca me creo un drama si no tiene algo de humor. La vida no es así. En lo trágico hay siempre humor. Alguien que tropieza o, peor, alguien que dice algo muy inapropiado y te conduce a la risa. Pienso lo mismo al contrario: no hay comedia sin tragedia. Las buenas comedias siempre tiene parte dramática. El humor es algo que me encanta, no obstante. ¡Tengo un sello editorial de cómic que solo se dedica al humor! En la serie de verano era consciente de que, de repente, era importante dar un golpetazo con un chiste para alimentar al lector. Tengo comprobado que sirvió para que la gente se enganchase aún más. 

    -¿Cómo has gestionado la fama?
    -Con humor, precisamente…[ríe]. Cuando sucedió me planteé qué hacer con tanto seguidor y la conclusión lógica fue: sigue, haz lo que ya hacías y nada más. Mis intereses van por otros lados y no estoy escribiendo esas historias todo el tiempo.

    -¿Te da miedo quedarte dando vueltas al fenómeno y que dentro de 10 años te sigan preguntando por el hilo de Twitter?
    -Ahora lo entiendo. La novela toma como punto de referencia lo sucedido. Si dentro de 10 años seguimos hablando de ello y yo he seguido creando, será preocupante [ríe]. Ahora es de lo más normal que todo el mundo hable de ‘el otro Manuel’.

  • María Cárdenas: «La crisis provocó que empezásemos a hacer lo que realmente queríamos»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    María Cárdenas abandonó las anchísimas playas de Necochea para estudiar Relaciones Internacionales en Buenos Aires. Tenía 17 años y en casa ya intuían que Argentina era la casilla de salida para volar muy alto. Antes de hacerlo también cursó Publicidad e inició su formación en Diseño, Imagen y Sonido. Y primero dio el salto a los Estados Unidos, donde vivió y trabajó en Miami y Nueva York. Convencida de que algún día continuaría su crecimiento en Europa, aprovechó que uno de sus mejores amigos vivía en Londres para encontrar una escala antes de hallar esa ‘habitación propia’ de la que Virginia Woolf había escrito. Pero aquel amigo se dedicaba al teatro y para cuando ella fue a cruzar el charco éste se había trasladado a València con una compañía.

    Era 1999 y ‘Iaia’ ni escribía, ni dirigía, ni interpretaba teatro, ni haría nada de todo eso hasta una docena de años más tarde. Su objetivo «era Londres», quería trabajar en el mundo de la Publicidad, ser creativa: «no pensaba en otra cosa». Sin embargo, la casualidad y los tiempos le dejaron de nuevo mirando al mar, aunque esta vez con el Cabanyal como telón de fondo. Desde allí siguió hacia delante, mientras su barrio de adopción y su país de nacimiento colapsaban al unísono por muy distintos motivos. Ninguno de los dos casos se interpuso en su camino porque como esta conversación demuestra ella es, ante todo, «sobrevivicionista».

    María nació María (Cárdenas Álvarez), aunque ese nombre resuena solo en los extremos de su biografía: en sus primeros años y desde hace unos meses. En casa siempre fue Iaia, el nombre que su hermano –un año mayor– le otorgó cuando intentaba llamar su atención (/ia, ia/). Ahora ‘María ha vuelto’ por dos motivos bien distintos; el primero, porque a su hija –y la de un chico llamado Xavo Giménez que fue a recogerla al aeropuerto aquel primer día de todo esto– le decían en clase que «cómo era eso de que su mamá se llamara iaia». El otro motivo, mucho menos importante, tiene que ver con el convencimiento de que ya es una autora: «por supuesto que me dio pudor que me dieran a mi el Max [por Sindrhomo]. Entre otras cosas ha servido para darme cuenta de que esto iba en serio». 

    De su vida, del estado de gracia en el que se encuentra La Teta Calva, de Xavo, de las artes escénicas en València y de algunos asuntos más. ‘Sin preguntas’, dejamos que sus respuestas hablen por ella. 

    Orígenes y sentido

    «Sé que mis abuelos son vascofranceses por mis apellidos, pero hasta que no llegué aquí nunca me pregunté por mis raíces. No soy de mirar hacia atrás y lo hago más desde que vivo en España. Aquí no se dan cuenta, pero son muy de mirar hacia atrás. En mi casa somos de cuarta generación argentina y no había costumbres españolas».

    «Vengo de otra mentalidad totalmente diferente. Pasé por Estados Unidos y este era un lugar más en el mundo. Para mí lo siguió siendo durante tiempo porque no tenía papeles. Cuando los tuve, al mes, ya estaba trabajando en una agencia de publicidad».

    «En València he hecho todo lo que no podía haber hecho en Argentina. Aquí hice siempre lo que quise hacer. En Argentina ni te lo planteas. Te planteas solo sobrevivir. Trabajar de lo que tú quieres es muy difícil. Por ejemplo, en publicidad, tienes que trabajar unos cuantos años gratis. Claro, querer eso y querer vivir sola… Yo en Argentina solo estudié».

    La llegada al teatro

    «Hasta que llegué aquí no había tenido relación con las artes escénicas. Para mí el teatro, al principio, era solo mi pareja, Xavo. Luego empecé a hacer mucha fotografía y conecté con el teatro. Hice muchas reportajes fotográficos de obras, muchas fotos promocionales para actores. Por eso, y sobre todo por Xavo, me fui metiendo».

    «Yo soy del buscavidismo. Le meto a todos los palos. Que hay que hacer decorados, hago; que hay que hacer publicidad, hago; que hace falta un vídeo, hago. Leía teatro y decía… ¡pero qué coñazo! Así que empecé a escribir teatro y me enamoré».

    «YO SOY DEL BUSCAVIDISMO. LE METO A TODOS LOS PALOS».

    «Siempre me gustó escribir. En la agencia era creativa. Siempre escribía y me metí en un curso con Paco Zarzoso porque para mi era un referente. Lo que había visto de él me había fascinado. Luego lo conocí y me enamoré más. Me encanta como dramaturgo y como persona, su locura y su mundo interno. Eso sería como en 2010».

    «Abrí el blog a partir de mi primer cáncer. Tenía la necesidad de contar algo propio por primera vez. Siempre escribía cosas alejadas de mí. Como fotógrafa o como creativa, siempre me ponía detrás del proyecto, pero esa vez necesitaba sacar un montón de cosas. Era terapéutico, pero no para mí; necesitaba desdramatizar las cosas a mi alrededor y compartirlo».

    «Ya había escrito La ronda del miedo con Paco Zarzoso, pero fue con el blog con lo que me di cuenta de que había que intentar llevar todo eso al teatro. Lo adapté, pero nunca se materializó. Aun así, fue el punto de inflexión para que todo empezase». 

    La Teta Calva y Xavo Giménez  

    «En ese momento, llegó el desastre económico en España, todo se hundió terriblemente, llegó mi enfermedad y nosotros decidimos montar la compañía. Parecía el peor momento imaginable, pero así fue».

    «En nuestros textos se respira esa positividad de fondo, ¡pero si nos llamamos La Teta Calva…! Queríamos que la compañía mantuviera siempre esa filosofía de nuestro punto de partida, de que las cosas hay que hacerlas hoy porque mañana no sabes qué será de ti. Hay que hacer las cosas y, a veces, hoy es el peor momento. Pero siempre hay salida».

    «Xavo es súper positivo. Para él no existe el fracaso. Yo he aprendido muchísimo de él. Desdramatiza las situaciones más difíciles.Por mi historia sé que siempre tiene que haber otro camino. Y aunque cada uno es de una manera, pero nos hemos ajustado en esa idea: tirar hacia delante. Esto tiene mucho que ver con los orígenes de ambos».

    «En Sindrhomo sí hay un objetivo de luchar contra todo, contra la locura que hay en esta sociedad. Sé que tiene mucho de mi lucha, de nuestra propia lucha. Siempre al final se filtran partes tuyas. Pero creo que nosotros hablamos mucho del perdedor. De los perdedores. Los que considera la sociedad que son ‘los perdedores’. Más allá de eso, creo que si he de encontrar un nexo de unión entre nuestras obras es que son cero pretenciosas».

    «En Sindrhomo se respira el conflicto del Cabanyal. En Las aventuras de T. Swayer…, tenemos una hija, así que, indefectiblemente, estábamos hablando sobre la educación. Ahora con Qué pasó con Michael Jackson [estreno en el Teatre el Musical los días 2 y 3 de febrero] estamos hablando del éxito… y es verdad que con La Teta Calva ha ido todo muy rápido. Es decir, los temas que nos tocan, acaban saliendo. Pero no es premeditado».

    La situación de las artes escénicas

    «EN VALÈNCIA NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A TENER A GENIOS A LOS QUE LES PAGAMOS MUY MAL».

    «Nosotros nacimos por la necesidad de generar trabajo. Y nos salió genial, esa es la verdad, porque hacemos lo que queremos hacer. Partimos de cero, por no decir… Tenemos nuestras aspiraciones, pero solo podemos decir que salió genial».

    «Las aventuras de T. Sawyer fue una experiencia magnífica y sigue siéndolo porque supuso trabajar con holgura de dinero [producción del Teatre Escalante]. Eso es: pagar a todos cuando hay que pagar, lo que hay que pagar y contar con los profesionales que deseas. Sí, fue así, pero esa no es nuestra realidad». 

    «Por supuesto que trabajar con dinero influye en que las cosas salgan mejor. En esta profesión nos hemos acostumbrado a pedir las cosas implicando a la gente ‘por si te apetece’, ‘a ver si te gusta el proyecto’… En las escénicas, aquí en València, nos hemos acostumbrado a tener a genios a los que les pagamos muy mal».

    «Cuando puedes crear sin limitaciones de producción, se nota en la factura, pero no en la filosofía. Nosotros ahí no podemos fallar».

    «Cuando uno recibe dinero público para una producción, más allá de que cuente con profesionales valencianos, que está bien, es que haya una altísima exigencia de calidad. Esa presión la sentimos, pero, sinceramente, confiamos en nuestro trabajo».

    «El dinero público no te obliga a la excelencia; a la excelencia te obligas siempre porque cuando hay una ayuda te obligas por la presión de haber recibido algo público, pero es que cuando no la hay, te obligas a la excelencia porque ese dinero lo tienes que generar».

    «Hay un momento de colapso en general con la cantidad de gente que sale formada. Somos muchos. Pero hablas con actores y gente de la profesión y lo ven como si fuera una realidad exclusiva nuestra. No lo es. También pasa en la publicidad, en la fotografía o el periodismo. No solo a nosotros».

    «A partir de la crisis muchas compañías y profesionales empezamos a hacer lo que realmente queríamos. Eso ha sido lo más positivo de la crisis. O lo único. Pero además fue necesario que pasara algo así en las artes escénicas».

    «Claro, se produjo una atomización de productos. Todo el mundo a la suya, pequeños proyectos, pequeñas salas. En ese sentido, creo que todo se va a ir equilibrando. Hubo una explosión que me parece súper sana, pero todo se va a ir decantando. Va a primar la calidad. Por ejemplo, se nota en Cabanyal Íntim o Russafa Escènica, que han sido festivales muy importantes para nosotros. Ahora el nivel de calidad está muy alto porque sabes que no puedes ir con cualquier cosa. Porque no puedes perder esa baza. Porque hay muy poco espacio».

    La relación con las instituciones

    «Las instituciones y el ámbito privado son dos mundos muy distintos. Por suerte, ahora está Roberto García [director adjunto de artes escénicas de l’Institut Valencià de Cultura]. Es dramaturgo y director, conoce bien la situación al otro lado, así que trata de hacer un acercamiento de las realidades, pero… son todavía muy lejanas».

    «MARIBEL BAYONA ME DIJO CUANDO ME DIERON EL MAX, NO LO HAS GANADO TÚ, LO HEMOS GANADO TODAS»

    «Lo que no se puede esperar es que al cambiar a dos personas, aunque sean directores de área, vaya a cambiar esa relación. Se es consciente de qué se exige y se intentan acercar posturas. Se intenta. 

    «Patricia Pardo, Eva Zapico, Mafalda Bellido, Maribel Bayona… hay muchas otras. Somos muchas al frente de proyectos que están siendo reconocidos. Maribel, cuando me dieron el Max, me dijo: no lo has ganado tú, lo hemos ganado todas. Ese sentimiento…»

    «Ahora desde la Generalitat han creado un laboratorio para dramaturgas. Intentan que tengamos visibilidad. Estas cosas son importantes para nosotras. Sin embargo, bueno.. qué quieres que te diga, me jode un poco. Esto de ‘solo para dramaturgas’. Yo sé que nos da visibilidad, pero qué quiere decir, que si fuera para todos, lo que saldría adelante sería mayoritariamente de hombres. Entiendo la intención, la respeto y la agradezco, pero me jode porque parece que si nos juntan con los hombres no vayamos a sobresalir. Pero bueno, entiendo que todavía estamos en el punto social y profesional en el que estamos».

    «Antes de los Max nos reunimos con el conseller de Cultura [Vicent Marzà]. Lo único que le dije es que a mí el mundo de las ayudas me parece bien… o no, pero que vamos, que más allá de eso, lo que necesitamos es que se invierta en difusión. Inversión en conseguir y crear público. De qué me sirve a mí meterme un palizón de viaje, 10 horas, para tener a tres personas. O a seis, o a 10. Sí, puedo cobrar caché, pero para qué. Los que hacemos teatro no estamos aquí para cobrar caché. Obviamente, necesitamos dinero para vivir, pero lo otro es lo importante. Más allá de que te de bajón personal, es que no es la fórmula. Denigra a la profesión. Es denigrante. Es una falta de respeto y de un apoyo real».

    A partir del Max

    «Mi vida sigue exactamente igual después de ganar el Max. ¿Qué se ha modificado? Que ahora tocas a puertas y se abren siempre. Mucho más que antes. Pero las puertas nunca habían sido un problema para nosotros porque, la verdad, nosotros ya nos generábamos el trabajo». 

    «Influye el Max, pero también influye T. Swayer. Que nosotros recibiéramos un dinero público y que hiciéramos algo verdaderamente bueno, eso, quiero pensar, también influye. Penev ya estuvo nominada a los Max y acaba de volver de Mercosur. El trabajo quiero pensar que nos da tanto o más que el Max».

    «Hemos empezado a trabajar con los ‘nos’, pero de verdad que es complicado. Las ideas aparecen y te enamoras. Quieres hacerlo enseguida porque no puedes evitar aplicarle una música, una escenografía. Intentamos trabajar con los ‘nos’ en adelante».

    «¿Qué hacer con Penev? Renació para Mercosur. Ahora hay alguna cosa más… Está en fase de retiro, pero claro, si se reclama, pues bienvenido sea. Nosotros aprendemos de las distribuidoras y ellas nos piden que no salgamos a cenar [ríe]. Cada vez que salimos a cenar con un vinito se nos ocurre alguna producción. Y nos enamoramos. Y queremos hacerla. El año que viene ya tenemos tres nuevas producciones. Ya hay que dejar todo para 2019″.

    «En La Teta Calva sé que vivimos una realidad privilegiada ahora mismo, aunque ha llegado por propio esfuerzo. Pero nos cruzamos con gente como Marea Danza [acaban de dirigir su nueva producción, Amelia] y eres consciente de que hay compañías que necesitan ese empujón para salir que necesitaste tú. Te acuerdas de que estabas ahí hace nada. Y lo haces».