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  • Gaizka Mendieta. La frenética vida hedonista de un hombre de negocios

    Publicado originalmente en la revista GQ (octubre de 2019)

    Gaizka Mendieta lleva más de 10 años retirado. Hace 20 que marcó “un gol realmente increíble”, aunque Jota de Los Planetas, con quienes actuó guitarra en ristre en el FIB, nunca aclara si fue este el tanto que le dejó noqueado o la volea por la escuadra en el Camp Nou frente al Barça. Es un hedonista calmado. Ha convertido su vida como exfutbolista en un largo verano dedicado a casi todos sus placeres, donde la familia, el deporte y la alimentación cimientan su pirámide de prioridades. Quizá, por ese orden.

    Es el mismo líder tranquilo que campeó con su melena rubia al mejor Valencia CF de todos los tiempos. Vive al norte de Londres por varios motivos de ocio y negocio, aunque no por este orden: la city le ofrece la mejor alineación de conciertos y tiendas de vinilos. Al igual que su padre le heredó la filia por el ejercicio (fue portero de Primera División), su madre hizo lo propio con los negocios. Por eso, hoy es uno de los socios de la cadena Ibérica de Nacho Manzano (con ocho restaurantes en Reino Unido), fue inversor de StreetXO Londres y acaba de abrir allí mismo Arros QD junto a Quique Dacosta.

    “Vivir en Londres te abre las puertas a invertir en casi cualquier negocio. En la restauración, Londres es una prueba de fuego: si sobrevives allí, puedes escalarte hacia el resto del mundo”. Pero su actividad profesional va mucho más allá de los restaurantes y, cómo no, tiene que ver con el fútbol. El deporte que le dio más gloria de la que hubiera imaginado, según confiesa, sigue siendo su pasión. Por eso, a día de hoy es embajador de la UEFA, de LaLiga y del FC Barcelona.

    Su perfil calmado esconde todavía a un hombre lleno de ambiciones: acaba de superar el Máster Ejecutivo en Dirección Deportiva de la UEFA (y avanza que no le han regalado ni una décima en la nota). Además, es comentarista de Viva LaLiga, el proyecto de Mediapro sobre nuestro fútbol para el mundo. También trabajó para Sky y parece empeñado en hacer del inglés su lengua vehicular para comentar este deporte, sobre todo porque, advierte, en España cuesta que las opiniones no acaben siendo un arma arrojadiza y personal. Algo que admira de la cultura británica de los medios.

    Entre viaje y viaje, convertido en un conferenciante cada vez más habitual e invitado constantemente a todo tipo de summits internacionales, nos concede una tarde en València. Allí correrá en unos meses su primer maratón, entrenado por el equipo Katoa, en torno al cual ha programado una serie de acciones “para concienciar a cualquier de que el deporte ha de formar parte de la vida. Incluso cuando pasas toda la semana entre aeropuertos y hoteles, como es mi caso, sin gimnasio estable ni mucho tiempo para organizarte.

    GQ: Para no ser previsibles: hablemos de fútbol. En tu labor como embajador de UEFA o LaLiga, estás especialmente atento y haces hincapié en las etapas formativas. Pero ahora, como nunca, la exposición de los jugadores jóvenes es abrasiva. Hay contratos de patrocinio millonarios para chavales de 13 o 14 años, padres que dejan su trabajo por representarles… ¿Cómo se las hubiera ingeniado Mendieta con tu personalidad de haber crecido formativamente en este contexto?

    Gaizka Mendieta: Cada caso es único y dependemos del entorno, de cada familia, de la procedencia. Incluso diría que la cultura de esa familia es clave en este sentido. Tuve la suerte de que mi padre fuera jugador de fútbol profesional. Fue mi representante durante un tiempo, hasta ser consciente de que ese mundo se le iba de las manos. Entonces supo delegar en el que fue mi representante a lo largo de toda mi carrera. Es un problema que un padre crea que tiene la capacidad para abarcar todo. Es imposible. Porque hoy en día el mundo del fútbol es complejo: ya no son solo los contratos deportivos, hay patrocinios, hay imagen y un entramado muy grande. Lo importante en la etapa formativa es que el padre y todo el entorno no ha de olvidar que el chaval todo lo que quiere es jugar al fútbol.

    -GQ: ¿Se pueden estar frustrando carreras por esta presión comercial sobre el deporte?

    -M: En el campo eso no debe afectarte, pero es verdad que tiene cada vez más una presencia en la evolución. Quizá excesiva, especialmente por el aspecto mediático que se deriva de las redes y cuya importancia en lo deportivo no es real. Como en cada ámbito, federaciones, clubes, representantes y familias deben dedicar mucho tiempo a la educación.

    -GQ: ¿Cuánto falta para que des el salto al banquillo y formes parte de esa formación a pie de campo?

    -M: Espero saciar esa curiosidad y… hasta diría necesidad de ser entrenador. Sé que va a llegar. Si valgo o no o si es algo que está hecho para mí o no, el tiempo lo dirá.

    -GQ: Lideraste el centro del campo en equipos como el Valencia CF o el FC Barcelona y hasta cuando juegas partidos en equipos de legends llevas el brazalete de capitán. Miedo al liderazgo no es… ¿Por qué has dado a tu carrera como entrenador todavía?

    -M: No todo el mundo vale para ser líder. Hay líderes por naturaleza y otros que aprenden. Si analizo mi carrera, no será un rol atípico o en el que no me vaya a sentir cómodo. No va a ser extraño en comparación con lo vivido. No ha surgido porque es cierto que, por mi momento vital, no estoy diciéndole a mi agente que me ofrezca como entrenador. Por mi parte no ha habido proactividad y eso limita las opciones. Pero llegará.

    -GQ: ¿En quién se mira Mendieta para ser entrenador?
    -M: No quiero decir nombres, porque la etiqueta iba a ser inevitable, pero por mi perfil y personalidad, me miro en entrenadoras más calmados, analíticos, muy próximos al jugador… Tengo claro que ya puedes ser un filósofo, que los ha habido, pero si después lo que trabajas no da resultados, el jugador no se convence de tu labor. Tengo claro que mi perfil, en cualquier caso, está a la baja y ahora parece que destacan voces más autoritarias, más fuertes. No es mi perfil.

    “El fútbol va a tener que dar un paso adelante con respecto a la homosexualidad”

    -GQ: El mundo del fútbol cuenta con una base de recursos económicos privilegiada y parece que hay aspectos en los que se ha decidido a dar un paso hacia delante: por ejemplo, el fútbol femenino. Como embajador de UEFA y de LaLiga, ¿cómo se vive desde dentro esta revolución?

    -M: Era algo que tenía que llegar. Estaba olvidado por parte de todos, aunque a la vez teníamos países dando ejemplo, como Estados Unidos. Y la respuesta es muy buena. Estamos viendo aforos estupendos en la final de la Champions, en nuestra final de Copa, en otros partidos… Pero no me parece una tendencia. No me parece que los clubes estén interpretando esto como una oportunidad de negocio. El fútbol femenino te permite alcanzar a más ámbitos de la sociedad e integrarlos. Sin ellas no llegas a todos los ámbitos del deporte. FIFA, UEFA y la propia Liga están convencidas de esto y la prueba es que, como ya se premiaba en el tenis o la NBA femenina, hay reconocimientos individuales como el Balón de Oro, la Bota de Oro. Hay margen de recorrido, pero solo va a ir a más.

    -GQ: Sin embargo, hay otro ámbito de la sociedad en el que no parece haber tanta prisa. ¿Cómo es posible que todavía no exista una normalización de la homosexualidad en el fútbol profesional?

    -M: Desde luego no es un tabú. Es un hecho y el que no quiera verlo, en nuestro mundo o en otro ámbito, es porque no quiere. Si únicamente pensamos en los cientos de miles de federados y federadas en España, es evidente saber que existen. Que esas personas están ahí. Ahora bien, ahora mismo esas personas tienen la carga de los pioneros. Habrá una fase de adaptación y parece evidente que no es una decisión fácil de tomar por el entorno del fútbol. Creo que es verdad que ha cambiado mucho el fútbol y es algo que va a tener que cambiar. Se va a tener que dar ese paso adelante que ya ha ocurrido en otros deportes y el entorno del fútbol tiene que empezar a pensar en ello. Tiene que ocurrir. Para que eso suceda, la jugadora o el jugador tiene que notar esa protección. Tengo claro que el club protegerá, pero el paso es transversal porque esa persona irá a jugar a otro campo… Es un paso que deben dar federaciones, clubes, todos.

    -GQ: Hablemos de negocios. ¿Por qué optaste por la restauración para realizarte como empresario?

    -M: Mi madre estaba metida en negocios. Es algo que he visto en casa. Y siempre me dijo que si me metía en algo, tenía que ser algo que conociera. Viviendo en Reino Unido era consciente de la falta de oportunidades en la gastronomía para comer cocina española de calidad, de producto. A inicios de esta década, aunque parezca mentira, no existía. Estaba José Pizarro y había dos o tres referencias contadas. Entonces, surgió la oportunidad de entrar en Ibérica. Cuando entré teníamos tres restaurantes y ya vamos por ocho (en distintas ciudades). Me interesó por el enfoque: el producto es la prioridad. Cuando alguien habla de Ibérica en Reino Unido, lo hace por la calidad con un precio muy accesible.

    -GQ: Y tras la inversión y retirada de StreetXO, acabas de abrir un gastronómico con Quique Dacosta: Arros QD. ¿Por qué te enrolas en este otro proyecto?
    -M: Después de tres años preparando su salida, estoy muy ilusionado, la verdad. Y llega ahora porque ahora en Reino Unido empieza a haber una base de consciencia y de cultura gastronómica española. Podemos hablar de un socarrat y respetar recetas y tradiciones, poniendo en valor un ticket por una paella que está cocinada con mucho respeto. Hacía falta que pasara este tiempo para que el proyecto de Arros QD con Quique tuviera sentido. A esto también le ha beneficiado que muchos británicos, por acumulación, viajen a España y haya esta relación de ida y vuelta.

    -GQ: Tu desarrollo como hombre de negocios ha acabado por ligarte a Londres.
    -M: Londres te ofrece muchas cosas. Un abanico de contactos casi para cualquier idea, para cualquier negocio. También es cierto que ahora mismo, estar rodeado de sus aeropuertos me permite cumplir con los actos de embajador, con conferencias y responsabilidades por todo el mundo. Pero sí, llevo seis años establecido por completo en Londres y no hay planes de que eso cambie. Es la base para los negocios, pero también me da muchas salidas con respecto a la música (no olvidemos que también ejerce de dj), el fútbol, nuevas aventuras…

    -GQ: Aunque no es menos cierto que esta temporada ha sido la que más veces y más tiempo ha estado en España. ¿Es una premonición?

    -M: Es cierto. Entre lo personal y lo profesional, he venido más que en los últimos 10 o 12 años. Por el momento, la relación con Mediapro es buena y seguimos adelante. Además, hay más proyectos con LaLiga, pero no hay planes para moverse de Londres.

    -GQ: Antes de despedirnos, ¿qué disco es el que más está escuchando?
    -M: Como todos, no niego que hace mucho, muchísimo, que no me siento a escuchar un disco de pé a pá. Consumo canciones, algo que también se relaciona con lo bien que me viene para mis sesiones como dj. Pero últimamente, al que más tiempo le dedico es al último de Vampire Weekend (Father of the Bride, 2019).

    -GQ: Es un gran lector, de Hornby a la novela negra. ¿Qué libro lleva hoy en la maleta?
    -M: Novela histórica, de un compañero tuyo (Borja Bilbao, periodista deportivo). El encargo, sobre Michelangelo Buonarroti.

  • Ariel Rot: «Dedicarse a hacer canciones hurgando en tus emociones es una ‘dulce condena’»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Ariel Rot (Buenos Aires, 1960) ha vuelto a contar hasta tres para publicar nuevo disco. La manada (Warner, 2016) llega con ese ritmo de trienio con el que ha acostumbrado a sus seguidores y que, según sus propias sensaciones, poco tiene que ver con un trabajo «más bien caótico» y con la idea metódica que pudiera enmascarar a «un rockero vago. Los rockeros somos vagos». Con la alargada sombra de su paso por dos bandas que -quién sabe si por su contemporaneidad al rock o por el poder de la nostalgia- no han dejado de crecer desde que decidieron poner punto y final a sus respectivas carreras: Tequila y Los Rodríguez.

    Las canciones de Rot, las de entonces y las de una carrera en solitario que se prolonga mucho más allá que esa tiempo de bandas, sigue siendo tanto o más redondas en La manada. Un disco (disponible en CD aunque pensado como vinilo de 180 gramos, formato en el que también ha sido editado) capaz de haber desatado a Rot de cierto bloqueo compositivo. En la búsqueda interior de la frescura, sin hacer caso a la citada sombra que le exige mantener un listón como hacedor de música -y ahora ultima una canción para el nuevo disco de Joaquín Sabina-, ha construido un LP más libre que La huesuda, pero que, quizá por sorpresa o quizá no, alcanza sus cotas más altas a través de las baladas.

    LA MANADA «ES UN DISCO MENOS MENTAL Y MÁS VISCERAL»

    -De La huesuda a La manada, la sensación de banda crece, está más presente en las canciones. Suena a escenario. ¿Tiene algo que ver con la elección de título para ‘La manada’?
    -La manera a través de la que llego al título del disco es instintiva y nada conceptual. Lo primero que hago es resolver el título de las canciones. Luego va el nombre del disco. En este caso, recuerdo que primero me lo imaginé escrito, que me gustó el sonido, que sólo tenía una vocal… Luego me di cuenta de que me servía para poder contestar a muchas preguntas como esta [ríe]. Es una manada de canciones, que cada una cumple su rol e intentan sobrevivir ante las adversidades, ayudándose unas a otras. 

    -¿La tuya es una historia de manadas?
    -Mi historia está llena de manadas. Manadas que he ido perdiendo. La primera con el exilio de Argentina. Las otras, cuando perdí las bandas, las manadas de la música. Me parece que todo funciona por manadas. De hecho, en cada sitio, cuando vas varias veces, haces una manada que te espera. La verdad es que me di cuenta con el tiempo de que este era un título más adecuado que cuando pensé por primera vez <<¡ah, manada! Qué bonito…>>.

    -¿Qué tiene que ver con estos últimos años La manada?
    -Estos últimos años he sido un lobo solitario y este es un disco para tocar acompañado. Siento que La huesuda era un disco contenido, que no llegaba a estallar. Este es un disco espontáneo, desbocado, de manada en ese sentido. Lo compuse así también, pensando o visualizando la batería, el bajo… es un disco menos mental y más visceral.

    -Se percibe un proceso compositivo o un ambiente distinto.
    La huesuda es el producto de una etapa en la que pasé mucho tiempo solo. Giras solitarias, estancias más reflexivas. Para este disco me encerré en el estudio, bien insonorizado, pero con buen volumen, con la guitarra y a desvariar, a dejarme llevar. Cantaba cosas que no tenían sentido. Así, a partir de ahí, empezó el trabajo y yo empecé a entender por dónde iba el nuevo disco.

    «LAS BANDAS SON MUY CELOSAS Y NO TE DEJAN TENER IDEAS PROPIAS»

    -¿El disco es la estación final de un periodo de tiempo creativo para ti?
    -En cierto modo sí.

    -Hablas de ello como con cierta liberación de acabar el proceso, como si te hubieras desquitado del reto de volver a levantar un nuevo álbum…
    -…pero no me quejo ni mucho menos. Es muy bonito el proceso. Ojalá los problemas de la gente, todos los problemas, fuera tener que componer canciones. Dedicarse a hacer canciones es una bonita condena… una ‘dulce condena’ hurgar en tus emociones y hacer una canción.

    -¿Ha cambiado mucho ese proceso creativo?
    -Con Tequila la manera era empezar todos a la vez, en el local. Con Los Rodríguez hubo una etapa en la que también fue así… pero había también mucha composición solitaria, aunque las bandas son muy celosas y no te dejan tener ideas propias. Ahora es más libre desde el punto de vista en el que me levanto una mañana y me apetece quedarme dos horas escribiendo sobre algo que leí o algo que se me ocurrió la noche anterior…

    -¿De día? Has hablado alguna que otra vez de tu insomnio…
    -Digamos que duermo poco [ríe].

    -¿Pero la noche es un momento de composición?
    -Soy más diurno. Quizá porque las canciones nunca arrancan en parado. Me explico: compongo o empiezo a componer en movimiento. Necesito actividad. Me cuesta empezar encerrado en una habitación. Siempre empiezan paseando, conduciendo, dejando que surja. Si compongo algo una noche es porque he vuelto borracho a casa, así que… Pero sobre el insomnio mejor no hablemos. Por favor. Hace un tiempo que no… no quiero invocarlo.

    -En mitad del disco, de repente, hay un oasis en la línea espacio-sonora. Un descaro que se titula ‘Espero que me disculpen’ en el que has contado con los valencianos Los Zigarros.
    -Es frescura y descaro.

    -¿Por qué en ese lugar del disco?
    -Bueno, hay varios criterios para montar un disco. Desde que haya mucho contraste como atmósferas parecidas, como buscando una narrativa… Está ahí porque quería que la segunda cara del vinilo empezara con ella. Es un tema ideal para iniciar la cara por ese rock juvenil y descarado. Pero ojo, Los Ziagarros no hacen ese tipo de letras, la letra de un suicida…

    -Parece una canción suya, pese a esto.
    -Les pega perfecto. Cuando saqué la canción me dije que no la podía grabar con mis músicos, que tenía que buscar una banda de rock’n’roll y evitar a mis experimentados músicos, sin ese poso y ese paso del tiempo. Y coincidió todo, porque no hacía tanto que había conocido a Los Zigarros en un concierto caótico en Formentera. Que fuera caótico todo supongo que ayudó a que nos cayéramos tan bien. Fue lo primero que grabé del disco, meses antes que el resto.

    -¿Te daría morbo una infidelidad con tus músicos llevándote a Los Zigarros como banda de directo?
    -Si te digo la verdad, lo que me gustaría es que alguien me contratase a mí de guitarrista. Tirarme una temporada sólo tocando la guitarra. Es algo que le vendría muy bien a mi sistema nervioso.

    «EN ESPAÑA HA HABIDO MUY POCAS BANDAS DE ROCK COMO LOS ZIGARROS»

    -Has hablado en alguna ocasión de lo limitado que a veces te sientes con tu voz. ¿Lo de ofrecerte como guitarra tiene que ver con ello?
    -No, qué va. Disfruto mucho cantando. Pero es que como guitarra disfruto mucho también. Con la reunión de Tequila fue una pasada, quedarme en un rincón del escenario con mis pedales y tal. Ahora se hace todo mucho más cuesta arriba al frente de la banda. Los músicos de hoy en día tienen demasiadas actividades. Se presentan demasiadas dificultades todo el tiempo. Por eso me gustaría dedicarme sólo a tocar la guitarra. Sería como irme de vacaciones. Que los problemas se los coma otro. 

    -Y ser gregario durante un tiempo. Parece que le tengas celo a tus músicos.
    -Les tengo envidia, sobre todo, porque tocan con gente que les paga mucho mejor que yo [ríe].

    «…PONGO RADIO 3. Y, BUENO, ESCUCHO A MUCHAS BANDAS QUE LO HACEN BIEN, PERO NO ME CONMUEVEN»

    -Sin abandonar del todo la mención a Los Zigarros, teniendo en cuenta la popularidad de los estilos, los tiempos, ¿los ves como la última gran banda de rock en España?
    -Espero que no. No sé si es la última, pero es una gran banda de rock. Lo interesante de ellos o con ellos es que ha habido muy pocas bandas de rock así en España. El rock de los Faces, de los Rolling, de Chuck Berry… ese rock más sencillo y a la vez más obsceno. Aquí, bueno, Burning, Tequila y poco más. Los Zigarros lo hacen con maestría, así que cuando les conocí, rápidamente, sabía que íbamos a conectar. Son muy buenos y son más mayores que cuando nosotros estábamos en Tequila, así que tienen muy desarrollado el otro lado, el del blues, y encima tienen esa actitud sobre el escenario, por lo que verlos es muy poderoso.

    -Son algo así como un eslabón perdido para ese tipo de rock en España.
    -Pero un eslabón muy grande, porque hacía demasiado tiempo que se había roto.

    -Ya que hablamos de bandas más jóvenes. ¿Qué te llama la atención de la música más reciente? ¿Te has convertido más bien en un revisionista?
    -Más bien sí. En casa, desde luego. Cuando voy en el coche si que pongo Radio 3. Y, bueno, escucho a muchas bandas que lo hacen bien, pero no me conmueven. No sé explicar por qué, pero no me conmueven. No sé si es la edad que tengo, si es por la música que ya he escuchado en el pasado, por haber sido contemporáneo a grandes bandas que me he vuelto insensible. Y te digo, están bien, lo hacen bien y encima son muchísimas. Lo que sé es que al día siguiente no me acuerdo ni del nombre de la banda ni de la música que hacían.

    SOBRE NUEVAS BANDAS DE ROCK: «ME ACABO FIJANDO EN GRUPOS COMO LOS LIBERTINES, QUE SE RECREAN EN EL ERROR»

    -Cuando empezaba Tequila, quizá, no tenías tantas facilidades técnicas. Ni tan buenos instrumentos ni las posibilidades tecnológicas de grabar de una manera más que óptima en casa.
    -No, por las guitarras no era. Tequila tenía mejores guitarras que las que he tenido después. La razón es que era barato comprar guitarras vintage, guitarras que nos fueron robando y que no quiero ni pensar qué valor artístico tendrían ahora. Eran joyas. Nunca volvía a tocar guitarras así. Pero lo de la postproducción sí es así… no obstante, me acabo fijando en grupos como los Libertines, que se recrean en el error. Me conmueven más. Me gustan los grupos sucios, con imperfecciones. Estoy más alejado de los grupos de pop, medio modernos, ese rock moderno que suena perfecto… lo oigo y sólo pienso: ahí hay mucho trabajo de ordenador, de postproducción. Tal vez sea ese mi problema. Escucho todo tan afinado, tan perfecto, que no me puedo conmover porque me parece como que es lo que les hace perder el alma.

    -¿Cómo gestionas tú tener esa posibilidad de afinar, de repetir, de mejorar en el estudio (repite con su productor José Nortes) hasta ‘clavarlo’?
    -Esa pregunta se resuelve con una anécdota: en el primer disco que hice con José me salió un solo en un momento muy virtuoso. Lo escuché y le dije que era una pena porque había un par de suciedades, a lo que me contestó que si no estuvieran esas suciedades, que si estuviese ‘bien’, no molaría. Es lo que somos los rockeros. Los rockeros somos vagos. No nos tiramos ocho horas al día tocando la guitarra. 

    -Desde luego, se aproxima a las sensaciones de directo. ¿El estudio en algún caso te limita o te sientes libre con la idea de que luego ‘todo eso’ hay que llevarlo al escenario?
    -Nunca. La idea, siempre es ‘cuando llega el directo, ya pensaremos’. Ahora empiezo los ensayos para el directo y voy a estar yo sólo como guitarra. Empiezo con la adaptación que también es un proceso bonito. Yo lo veo así: el directo ha de captar el espíritu y la intensidad del disco, pero no tiene que calcar el disco. Es más divertido y, en todo caso, es lo que hay [ríe]. Hay canciones con cuatro pistas de guitarra y no vamos a llevar a cuatro guitarras en nuestros conciertos. Lo que tengo claro es que si no puedo hacer un arreglo porque estoy cantando lo que no voy a hacer es cantar mal para que salga bien ese arreglo. 

    -Once nuevas canciones, después de mucha, con unas décadas de carrera a la espalda. ¿Tienes la sensación de haber concretado una fórmula? ¿Sabes cómo funciona ya esa alquimia?
    -Lo tengo claro. Lo digo en el sentido de que sé cuando una cosa ‘va’ y cuando ‘no va’. Sé cuando tengo una frase que puedo reescribir 10 veces y que, ya sé, al final se quedará la primera porque, aun siendo imperfecta, tiene la frescura, incluso a veces fonética, que no se puede encontrar más allá del momento de creación.

  • Los Zigarros: ¿y si la última gran banda de rock fuera valenciana?

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Han sido dos años y medio de vértigo, sobre todo si se descuentan los muchos que Ovidi Álvaro Tormo llevan con una guitarra eléctrica colgada al cuello. Los Zigarros publicaron a inicios de 2013 un disco homónimo y debut que ahora se reedita con cinco temas en directo y acompañado de un DVD, todo ello extraído de su gira como escuderos de Fito & Fitipaldis. En este breve espacio de tiempo, los otrora miembros de Los Perros del Boggie, teloneros de AC/DC en 2010, se han convertido en uno de los nombres más recurrentes del rock en España, en época de sequía de nuevos nombres para el género, a fuerza de algo más de 150 conciertos con Adrián Ribes a la batería y Nacho Tamarit al bajo.

    «Todo lo que has hecho antes influye en quien acabas siendo y no son solo factores musicales», apunta Ovidi a ValenciaPlaza.com este lunes, pocas horas antes de volver a presentar el álbum en Valencia.  Años de andanzas por garitos de Dénia, Xàbia, Moraira, Benidorm, Gandia o Alicante, sumando lentamente una cuadrilla de padrinos que siendo admirados primero, han acabado por convertirse en parte de «la familia». Fito Cabrales o Carlos Tarque (M-Clan) son, junto al productor Carlos Raya, tres de sus principales baluartes en esta vertiginosa carrera. «Ha sido flipante todo lo que nos ha pasado. Hemos subido mogollón de escalones y ahora nos damos cuenta de que estamos en boca de todos, como un grupo ya establecido. Y sí, la sensación es que ha pasado de golpe, que han pasado muchas cosas», continúa Ovidi.

    -El pasado sábado actuaron ante 20.000 personas en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. ¿Se acostumbra uno a este tipo de adrenalina artística?
    -Lo cierto es que sí. Te haces a todo en la vida. Con Fito al principio costaba algo más hacer pabellones, que eran seis o siete mil personas. Así toda la gira. Luego había algún pico de 10.000 personas y, al final, en Barcelona, Bilbao y Madrid 20.000 personas. Y es más fácil que antes, aunque es igual de maravilloso todas las veces.

    -Como frontman, ¿cómo te ayuda esta costumbre de enfrentarte a un gran público?
    -Me ayuda porque todo me sale más natural.

    -En los conciertos de la gira junto a Fito & Fitipaldis los conciertos son más cortos, en torno a 45 minutos. ¿Echáis de menos un concierto más largo?
    -No. Nos gustan los conciertos cortos, los discos cortos y, en general, la parte más rockera. Es lo que queremos explotar.

    -¿Eso afectará al próximo disco de alguna forma?
    -Sí, porque va a ser mucho más rockero. No es el momento para los medios tiempos y las baladas en Los Zigarros.

    El disco, según comenta Ovidi, cuenta con unos plazos marcados de grabación para el próximo mes de diciembre y estaría listo para marzo de 2016. En él se destilará una forma de escribir y de narrar que combate directamente con la gran masa musical que actualmente impera en las radiofórmulas. Su tono, el tono de Los Zigarros, es una bocanada de aire fresco incluso en la línea de las bandas con las que suelen compartir escenario. Basta dejarse llevar a través de su Facebook con las narraciones que hace de lo más cotidiano, a menudo en un formato poético muy libre, pero que mantienen encandilado a un público con cierta ansia de crudeza, rock y honestidad.

    -Es posible que el actual sea un momento en el que el rock ha dejado de tener incidencia sobre la población española. Hay bandas, pero apenas trascienden a través de sus canciones. No existe la posibilidad de un ‘Carolina’ de M-Clan. ¿Lo pensáis, lo habláis? ¿Cómo veis esta realidad?
    -Son preguntas que nos hacemos continuamente. Lo atribuyo a que la causa es una causa más amplia, social. Es algo de esta era. Es una cuestión de este siglo en el que vivimos en un conservadurismo mundial y un completo aborregamiento. El rock and roll no tiene cabida, pero hay que verlo de una forma más amplia. Por ejemplo, en la televisión antes había espacio APRA personajes más transgresores como Leo Bassi. Personajes que, de alguna manera, contaban cosas distintas. Por eso el programa de Santiago Segura y Alaska me pareció de puta madre, lleno de cosas artísticas, surrealistas, horteras… todo mezclado. Era distinto, como en los ochenta. Quizá por eso ha durado tan poco [Radiotelevisión Española no renovó el programa para la presente temporada].

    -¿Los rockeros están condenados a recordar tiempos mejores?
    -Echo de menos que sucedan cosas excitantes. Vivimos en un fascismo mundial brutal, aunque en América e Inglaterra existe una industria discográfica que soporta esto mucho mejor. Allí son capaces de tener incluso circuitos con rock más duro, pero aquí en España hay lo que hay: para llegar al público hay que hacer canciones más bandas.

    -Y a vosotros no os surgen.
    -Va todo el mundo con las acústicas y parece como una obsesión por quitarle volumen a todo, quitarle rebeldía a todo… es una cuestión de actitud. Que haya garitos en la zona de Levante con conciertos de guitarras eléctricas está perdido. Y, a la vez, hay un montón de locales con extranjeros en los que hay rock, blues y la gente de 70 años, los clientes, no se asustan precisamente.

    -De hecho, algo que os conecta con Fito es que tenéis público de muy distintas edades. ¿A que lo atribuís?
    -Cuando yo era un crío mi madre escuchaba a Elvis Presley y a mí me gustaba también. Es una música que, si se escucha, le gusta a todo el mundo. Es ritmo y es divertido. Y es cierto lo del público, de hecho nos hace mucha ilusión como algunos padres que han encontrado con nosotros cierta renovación del rock, de los sonidos que escuchaban, le ponen el disco a sus hijos y nos envían los vídeos con ellos cantando.

  • 43 curiosidades para celebrar el 20 aniversario de ‘Pulp Fiction’

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    La segunda y más celebrada película de Quentin Tarantino por parte de público y crítica ha cumplido recientemente 20 años. La historia arrancó precisamente en el Festival Internacional de Cine de Cannes donde consiguió la Palma de Oro. Es en este punto exacto donde iniciamos una recopilación de anécdotas sobre una película que, de llegar este próximo fin de semana a las carteleras, sería tan vigente como aquel mes de mayo de 1994.

    1. Cuando Clint Eastwood leyó el veredicto del jurado (la Palma de Oro era para Pulp Fiction) una mujer (una crítica de cine, se asegura) gritó desde el público que la película era «¡un bodrio!». Tarantino le contestó con una peineta.

    2. La historia de Pulp Fiction, en su formato de borrador, fue escrita por el director de Tennessee antes que Resevoir Dogs (1992), aunque esta acabó realizándose dos años antes y sirviendo como puerta caliente de cara al público y los medios. De hecho, Pulp Fiction ya se recibió en Cannes con una gran expectación, con colas para poder ver el film al que muchos tuvieron que acceder una vez estrenada en las salas convencionales. Otra línea asegura que la historia de Reservoir Dogs estaba incluida en las anotaciones previas de Pulp Fiction y acabó siendo desarrollada como historia independiente.

    3. Uno de los aspectos que más llama la atención de esta película coral es su reparto y aquí empieza el baile de nombres: Bruce Willis rechazó el papel de Vincent Vega (John Travolta). El guión se lo hizo llegar -e insistió a petición de Tarantino- Harvey Keitel, a la postre Sr. Lobo en la película.

    4. El papel de Butch estaba ideado para un ‘auténtico’ boxeador y sonaron los nombres de Sylvester Stallone, Mickey Rourke y Matt Dillon. Finalmente, Tarantino reescribió el papel para que fuera el propio Willis el que se quedara en la película, pero con el rol que más le interesaba.

    5. Tarantino propuso a Miramax Films (la productora de la película) a Holly Hunter y Meg Ryan como candidatas a hacerse con el papel de Mia Wallace. Aun así, la que más cerca estuvo de serlo según los implicados fue Julia Louis-Dreyfus que no pudo aceptar dado su compromiso con la exitosa serie de comedia televisiva Seinfield. Los hermanos Weinstein propusieron a Uma Thurman el papel de su vida y fue tal la desesperación con la que Tarantino se acogió a esta opción -tras varios rechazos- que le leyó su papel por teléfono con tal de convencerla. 

    6. En la película, por cierto, Mia y Marcellus Wallace nunca se dirigen la palabra.

    7. Si Ving Rhames acabó encarnando a Marcellus Wallace es porque Max Julien se negó a rodar la polémica escena de la violación.

    8. Pulp Fiction encumbró a los hermanos Bob y Harvey Weinstein como los nuevos magnates del cine independiente. Los ‘capos’ de Miramax Films invirtieron 8 millones de dólares y recaudaron -y esto solo en referencia a lo que suposo la taquilla global del estreno durante aquel año- 200 millones de dólares.

    9. De los ocho millones de coste, cinco fueron a pagar directamente los sueldos de los actores. En el apartado técnico, producción y decorados, Tarantino se las arregló con tan solo tres millones.

    10. Volviendo al personaje de Travolta, las escenas de Vincent Vega en el baño no son casuales en cuanto al personaje. La historia deja claro que es heroinómano y esta sustancia química produce estreñimiento.

    11. En la preparación de personaje, Tarantino hizo que el trasnochado protagonista de Grease Fiebre del sábado noche contactara con un auténtico heroinómano. En concreto, un amigo personal del director. Éste, según ShortList, le dijo que probara a tomar incontables chupitos de tequila y luego sumergirse en agua hirviendo para tratar de acercarse a una sensación similar a la del ‘subidón’ de la heroína. Travolta lo hizo, pero a su manera: junto a su mujer y en el jacuzzi de un hotel.

    12. Travolta cobró solo 150.000 dólares por su trabajo

    13. Travolta le clava a Mia Wallace la jeringa de adrenalina para reavivarla en una escena físicamente impactante. De hecho, Tarantino en alguna ocasión ha asegurado que era de las que más le preocupaba. La realidad que se ha ido filtrando en diferentes entrevistas del director es que esa escena está filmada de forma inversa: Travolta extrajo el objeto punzante de ella y no lo introdujo. Luego fue cuestión de invertir el sentido de los fotogramas.

    14. Ambos personajes (Vincent y Mia) disfrutan de su escapada en la noche en la que se inicia buena parte de la trama de la película subidos en un Chevelle Malibu rojo. El increíble descapotable era propiedad de Tarantino, pero ahí no acaba la anécdota. Éste coche fue robado durante el rodaje de la película y recuperado el pasado año 2013, siendo entregado a su legítimo dueño (Quentin Tarantino) sin que se sepa por cuántas manos ha pasado desde 1994. El número de bastidor había sido modificado.

    15. El mismo Honda Civic que utiliza Butch (Bruce Willis) para ir a su casa en busca del reloj de su padre («colgado en el cangurito»), aparece tanto en Jackie Brown como en Kill Bill.

    16. El famoso pasaje bíblico de Ezequiel 25:17 no existe tal cual. Tarantino incorporó unas líneas de Abierto hasta el amanecer al original religioso, del que se respetan íntegramente las dos últimas frases:

    «Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan destruir a mis hermanos. Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé cuando caiga mi venganza sobre ti».

    17. El personaje de Esmarelda Villalobos está interpretado por Angela Jones. La actriz estadounidense desarrolló el mismo papel (es una suerte de cameo-spin-off dentro de Pulp Fiction) en la película Curdled, en la que la conductora de taxi es una auténtica asesina. La película de 1991, de la que Tarantino fue productor ejecutivo y pertenece al catálogo de Miramax, se comercializó en España con el curioso nombre de Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre.

    18. Los cereales que toma Lance, el camello de Vincent Vega, son Fruit Brute, los preferidos de Tarantino y que también se dejan ver en Reservoir Dogs.

    19. Prácticamente todos los actores han hablado largo y tendido sobre el «mágico» rodaje de la película. Cabe poner en alza su factura y duración para unas posibilidades técnicas de tan solo tres millones de euros. En este sentido, Maria de Medeiros aseguró que «había un ambiente especial en el rodaje y todo el mundo era consciente de las posibilidades económicas del equipo, por lo que estábamos muy implicados». 

    20. Uma Thurman aseguró que Travolta, arquetipo de bailongo por sus papeles en musicales, estuvo «incómodo, tímido y avergonzado» durante el rodaje de la escena del twist entre Mia Wallace y Vincent Vega.

    21. Aunque ambos acuden a casa de los Wallace con el trofeo de campeones, casi imperceptiblemente, por la megafonía del salón de baile-restaurante se anuncia a otra pareja como los ganadores de la noche… un sutil error del guión.

    22. La habitación de la música de Tarantino: el director posee una especie de tienda de discos propia de cara a realziar sus bandas sonoras, tal y como ha declarado en una entrevista para The New York Times, en la que almacena álbumes clasificados por estilos y bandas. De esta forma, trata de sumergirse en distintas posibilidades ambientales con un amplio catálogo y en el caso de Pulp Fiction las elecciones giran en torno a cuatro estilos muy marcados: rock, surf, soul y pop.

    23. Tarantino quiso comprar el hit My Sharoona de The Knack para Pulp Fiction, pero sus derechos fueron adquiridos por Ben Stiller para su ‘noventera’ Reality Bites que llegó a las carteleras ese mismo año.

    24. La película fue escrita junto a Roger Avary, excompañero de trabajo en el videoclub de Los Angeles en el que las sesiones de cineforum eran interminables, según ‘la leyenda’. Además, cabe puntualizar que Pulp Fiction fue escrita en un cuchitril de Ámsterdam en menos de tres meses. Eso sí, une retales escritos años antes por Tarantino. Uno de ellos, como ya se ha citado, podría ser el origen de Reservoir Dogs, extraído para su primer largometraje.

    25. Tarantino hace diferentes referencias al cine clásico y a los modernos del cine. Hay dos homenajes deliberados a Alfred Hitchcock: el primero y más evidente es la escena en la que Butch (Bruce Willis) se cruza con Marcellus Wallace (Ving Rhames), el primero dentro del coche y el segundo cruzando la calle. La escena está calcada de Psicosis, de Hitchcock. Por otro lado, el maletín de Jules (Samuel L. Jackson) es un Macguffin¿Y qué es un Macguffin? Un objeto para el misterio que aparece en la narración, pero que no acaba siendo relevante pra la historia.

    26. El maletín, en sí, es otro homenaje al cine clásico. En concreto a la película El beso mortal (Robert Aldrich, 1955).

    27. ¿Y qué contiene el maletín? El guión de la película no lo resuelve (Mcguffin), aunque una teoría dice que originalmente sus creadores lo habían llenado de diamantes. Otra línea, mucho más cinematográfica, asegura que es el alma de Marcellus Wallace lo que resplandece, mientras que una posibilidad muy comentada en Internet y mucho más divertida asegura que es el traje de oro de Elvis Presley (ídolo de Tarantino) en la película True Romance.

    28. Otro homenaje declarado por Tarantino es el de la escena del twist en el restaurante ‘Jack Rabbit Slim’s’ -por cierto, todo decorados; no existe tal restaurante- en la que se puede re-visualizar una escena de Banda Aparte (Jean-Luc Godard, 1964). Aun así, la escena también tiene una reminiscencia total a otra escena de la película 8 ½, de Federico Fellini, cuyos bailarines son Mario Mezzabotta y Gloria Morin.

    29. En el capítulo de referencias y manifiestos, seguramente lo más notable sea el propio nombre de la película: Pulp Fiction, extraído de las revistas Pulp que se caracterizaban por su lenguaje e imágenes violentas y que sacudierona la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX. La actitud y lenguaje textual y visual de la película cumple con el reconocimiento a estos ‘magazines’. Modesty Blaise, la que tiene entre sus manos Vincent Vega en el momento de su muerte, es solo una de ellas.

    30. Siniestro Total publicó una canción de dudoso efecto en la que se utilizan diferentes fragmentos de texto de la película y cuyo título está extraído de una frase del personaje Sr. Lobo: ‘Bueno, pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía’.

    31. Las pistolas de Vincent Vega y Jules son el mismo modelo -y puede que, directamente, sean las mismas armas- que las que usa la banda de Reservoir Dogs.

    32. ¿Pero por qué Vincent Vega no se altera al oir entrar a Buch? ¿Le pertenece el arma que hay fuera? No. El arma pertenece a Marcellus Wallace, que lleva dos cafés cuando se cruza más tarde con Butch (el suyo y el de Vincent) y que aguarda con él en la casa -aunque sale un momento a comprar- la llegada del boxeador.

    33. La hamburguesa Big Kahuna no existe en realidad, pero si en la ficción: también aparece en Abierto hasta el amanecer, cuyo guión también es de Tarantino. La película, también de 1994, tiene numerosos cruces de escritura e historia con Pulp Fiction, ambas creadas simultáneamente en la mente del realizador.

    34. Tarantino escribió el papel de Lance (el camello) pensando en que sería interpretado por él, pero la necesidad de controlar y estar tras la cámara en la escena de la jeringuilla con la adrenalina hizo que finalmente ‘aceptara’ cambiar de rol e interpretar a Jimmy Dimmick.



    35. ¿Y quién estaba tras la cámara en esta y el resto de escenas de Jimmy Dimmick? Un semidesconocido -por aquel entonces- Robert Rodríguez.

    36. En una escena, Butch escoge entre un martillo, un bate de béisbol, una motosierra y una espada de samurai, eligiendo esta última. Su devoción por el cine oriental y sus homenajes posteriores no dejan lugar a dudas de la intencionalidad de esta elección.

    37. La popular cartera de Jules en la que se puede leer ‘Bad Mother Fucker‘ pertencía al propio Tarantino.

    38. Lo primero que suena al inicio de la película es un ‘rugido’ de motocicleta. Exactamente, la motocicleta con la que huyen Butch y Fabienne (Maria de Medeiros) hacia el final de la película.

    39. Existe una éxotica continuación del papel de Jules (Samuel L. Jackson) en la filmografía de Tarantino. En su parlamento final en Pulp Fiction confirma su retirada del crimen y anuncia su futuro como vagabundo. Pues bien, como un errante -así está catalogado el personaje- aparece Samuel L. Jackson en el segundo volumen de Kill Bill. Allí es, al inicio de la película, el pianista Rufus. 

    40. La palabra «fuck» se dice 265 veces en la película. Un récord, por aquel entonces, que Martin Scorsese ha batido varias veces posteriormente.

    41. Courtney Love aseguró que Tarantino les ofreció a ella y a Kurt Cobain interpretar los papeles de Lance (el camello) y su pareja, pero el propio realizador ha negado siquiera haber hablado nunca con el músico que falleció aquel mismo año de 1994.

    42. Aunque no es muy conocida -por razones que parecen evidentes- existe una adaptación satírica de Pulp Fiction llamada Plump Fiction en la que no solo aparecen escenas de esta película, sino de una parte de la filmografía de Tarantino (la reaiizada hasta 1997).

    43. Con una brutal dosis de ironía, cine negro y ultraviolencia, la película aprovecha su corte polémico para conseguir una fórmula muy compleja a la par que deseada: convertirse en una película de culto a la vez que en el primer gran blockbuster del cine independiente.

  • Nacho Vegas: «Es tramposo leer mis letras sin escuchar cómo las interpreto»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El mensaje publicado por Nacho Vegas tiene fecha de 15 de mayo de 2011, el día de aquella inicial manifestación y posterior concentración primero en Madrid y más tarde en tantas otras ciudades. Pedro San Martín, compositor y bajista de una de las bandas de referencia para el pop español, La Buena Vida, había fallecido en la madrugada del concierto que Vegas dio junto a Refree en la sala Hangar de Burgos y este hecho hizo que el músico asturiano tardara días en darse cuenta de la que se había levantado en Madrid.

    Observador compulsivo, capaz de generar virulentas críticas y afectos talibanes entre indies y verdaderos amantes de la música, algunas cosas importantes en su particular visión se habían trastocado en cuestión de horas para influirle aun más si cabe en las canciones que componen ahora su nuevo álbum, titulado Resituación (Marxophone, 2014).  Reconocido por sí mismo como «un pesimista», este nuevo trabajo trata de mostrarle si cabe más desprotegido en cuanto a las ideas políticas y totalmente transparente con respecto a las canciones -que las hay- más personales.

    Grabado junto a  su banda (La Trama Asturiana) por Paco Loco en el Puerto de Santa María, el álbum cuenta con las acertadas colaboraciones de Maite Arroitajauregui (Mursego) el Coro Ladinamo o el Patio Maravillas, estas dos últimas en la reivindicativa y central ‘Runrún’. En el ecuador entre el lanzamiento de Resituación y su presentación en Valencia, programada para el 21 de mayo en el Espai Rambleta, el gijonés atiende a la habitual ronda de promoción. Un ‘zona sucia’ de su trabajo que no está siendo especialmente llevadera teniendo en cuenta la reacción de una parte de la crítica musical con respecto a este nuevo disco.

    -Después de unos cuantos discos en solitario, ¿cómo te vas sintiendo con estas rondas promocionales según avanza tu carrera?
    -No me gusta quejarme de esta parte del trabajo, como puede que quizá le pase a otros. También porque, en realidad, me gusta hablar de lo que hago, hablar de música. Pero, aunque no es precisamente bajar a la mina, si que asumo que hay algunas semanas un poco más intensivas con las entrevistas…, son agotadoras. Intento no repetirme mucho y acabo haciéndolo, así que esos días si que reconozco que acabo un poco deprimido.

    -En esta ocasión se ha armado un gran revuelo con la entrevista y la crítica del disco para Rockdelux. ¿Cómo lo has vivido?
    -Bueno, lo comentas con tu entorno y cada cual tiene su opinión sobre lo sucedido. Lo que sé es que no valoro estas cosas cuando el disco acaba de salir, cuando está tan cerca; no tengo esa distancia para verlo con la suficiente perspectiva. Un periodista y amigo me dijo bromeando cuando publiqué La zona sucia que tenía ganas de hacerme la entrevista para ser el primero en criticar el disco. Con este ya llega tarde (risas).

    -Con lo que propones en Resituación y tanta entrevista, debes estar dando muchas explicaciones políticas durante estos días.  ¿Te da reparo hablar de política fuera de la canción, cuando no estás interpretando?
    -Para mí es algo indivisible. Si escribo esas canciones es porque vivo así y porque está pegado a la realidad que me rodea. Los temas que canto son los que vivo. Y no solo los que son más políticos o sociales, sino los que hablan sobre experiencias más íntimas. En cualquier caso, observo lo que pasa alrededor y hablo de ello inevitablemente.

    -Da la sensación de que la acción política y social de la que hablas, especialmente con tu alineación en la Fundación Robo, ha influido profundamente en la creación de este disco.
    -Definitivamente. Es una cosa que hablaba recientemente con Roberto Herreros, otro miembro de esta organización a la que fui a parar después de la gira de La zona sucia (2011). Fue larguísima y no paraba de pensar en el mundo de la música, en cómo se estaba organizando la llamada escena indie, lo que me rodeaba. Eso me activó para comenzar a trabajar con la Fundación Robo, con gente de movimientos sociales y que ahora están presentes en ‘Runrún’, una canción grabada con la ayuda de la gente del Patio Maravillas y el Coro Ladinamo.

    -Con el prolongado escenario de crisis parece que ‘vuelve la canción protesta’, como dirían Los Planetas. En tu caso las ideas son muy concretas, casi de la calle, nada utópicas.
    -No. No creo que haya nada de utópico en las protestas de la calle que estamos viviendo. Influye que en las canciones más íntimas que había hecho hasta ahora hay una especie de pesimismo, algo endémico… un tono derrotista. Pero eso es algo que viene mucho de los asturianos, creo, porque reivindicamos que tienes que decir de donde vienes y mi tierra está muy vinculado a lo que hago. Hay mucho de las reivindicaciones de mi zona, que tiene una situación muy complicada. Eso y la tendencia hacia el individualismo de las últimas décadas.

    -Vuelves a incidir en la tristeza de Gijón, dedicándole varios mensajes en este sentido a lo largo del disco. ¿La gente te dice algo cuando estás allí, por la calle?
    -Disfruto mucho de la ciudad. La adoro. Pero la veo maltratada, como casi toda Asturias, que es una zona muy maltratada. La reconversión industrial y los años 90 en general llegaron a desmontar las protestas obreras. Se empezó a ver como algo habitual, algo que, al final, no tenía incidencia. Eso es algo que ha cambiado el 15-M, la percepción de lo que puede hacer la calle y los colectivos que es capaz de activar. Pero volviendo a Asturias, mi recuerdo es el de los amigos que se marcharon porque no podían seguir viviendo allí… aun así, en las canciones hay voluntad de querer.

    -¿La gente de allí lo percibe? ¿Qué te dicen?
    -Hace poco, pese a lo que pueda parecer, una chica me dijo que precisamente le daba subidón ‘Ciudad Vampira’ (Vivo en la ciudad más triste que jamás / una mente triste pudo imaginar). Otro día me encontré con un conocido que me decía: «¿cómo dices que que Gijón es la ciudad más triste? ¡La más triste es la mía!». El tío es de Mieres… (risas).

    -Mencionas al 15-M y sus secuelas. ¿Qué vigencia percibes de este movimiento a unos días de su tercer aniversario?
    -Creo que ha conseguido un montón de cosas. Se creó un clima, un impulso sobre el cual han surgido numerosos movimientos sociales y formas de autoorganización. Era un impulso necesario del que ha salido gente como la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) con Stop Desahucios y todo lo que han conseguido. Pero no solo esto. El cierre de los CIES (Centros de Internamiento de Extranjeros), las mareas verdes y blancas en las diferentes ciudades… la gente cree que los cambios que genera algo como el 15-M llegan de la noche a la mañana, pero no, creo que llegan de estas maneras y ahí están, sucediendo.

    -Por cierto, el 15-M de este año estarás actuando en Madrid. ¿Qué sensaciones te produce?
    -No sabía que era exactamente ese día. Me gusta. Es un aliciente para ver qué nos encontramos al salir, porque Joy Eslava está muy cerca de Sol. Pero bueno, supongo que ya se encargará la policía de que ese día no se monte nada por los alrededores…

    -Tu interpretación de las canciones no es precisamente estética, pero en cambio parece imposible entender algunas letras si no se escucha tu ironía, por ejemplo.
    -Es tramposo escuchar mis letras sin escuchar el tono en el que las interpreto. Si silbas una melodía no es igual que si la cantas, porque intentas utilizar diferentes formas de interpretar para hablar de temas espinosos, utilizas recursos, frases hechas… Todo esto lo aprendo de la música popular, que es una constante influencia. Me interesa mucho cómo se utilizan acordes mayores y arreglos alegres para hablar de verdaderos problemas personales o sociales.

    -Te gusta la música popular, pero a menudo desprovees a tus canciones de estribillos. ¿Te ha preocupado alguna vez a lo largo de tu carrera hacer un tema pop, de esos que la gente entiende como ‘redondo’?
    -No, no me ha preocupado nunca. Es una cosa que hablaba con mucha gente al principio de hacer música en solitario. Veía cierta obsesión a mi alrededor por ‘la canción pop perfecta’, pero al final trabajar en ese camino creo que te lleva a una especie de creción simplista. Para mí el hecho genuino de las canciones es la imperfección. Lo que me atrae de la música popular es esa parte libre, la ideas originales. Y frente a ello soy consciente de que el rock y el pop son géneros cerrados, por eso también me interesa dejarme llevar por influencias diferentes.

    -El disco reúne, por cierto, estilos muy distintos. Desde el extremo casi hawaiano de ‘Liberteriana Song’ hasta un tema de pop-rock mucho más estándar como ‘Adolfo Suicide’. Y casi están unidos en el álbum. ¿Te planteas si hay canciones que no tienen cabida por su estilo?
    -Sí. De hecho, en La zona sucia descarté canciones porque chocaban especialmente unas con otras. Luego hay formas de producir, de instrumentar las canciones. De no ser por esto ‘Adolfo Suicide’ y ‘Runrún’ no hubieran podido convivir en el disco. Pero bueno, esto hay gente que lo critica, que cree que son demasiados estilos dentro de un disco.

    -Llama la atención la portada del disco. ¿De dónde sale esa fotografía?
    -La vi en un libro llamado EE.UU: 150 años de lesbianismo. La foto en sí me pareció muy poderosa e investigué para ver si tenía un propietario para poder utilizarla de alguna forma. Contactando con una representante de una asociación de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de San Francisco supe que aquella fotografía tenía referencias al caso de Alice Mitchell y Freda Ward, una pareja de lesbianas de 19 y 17 años en la que la más mayor degolló a la otra bajo la presión social. Salió a flote el lesbianismo en la sociedad estadounidense de la época, haciéndose popular el caso y hablando de ello en un momento en el que era mucho más que un tabú. Lo que me interesaba era como había roles que se habían perpetuado desde entonces en la sociedad.

    -Pareces más relajado en este disco, con tonos graves mucho más cercanos a tus registros más cómodos. ¿Es así?
    -Mi registro vocal es muy limitado, pero hace tiempo que esto no era una barrera para hacer canciones. Esto me dio ánimos hace tiempo, porque aunque nunca he formado mi voz, cosa que me gustaría hacer pero que nunca encuentro tiempo para ello, puedo cantar diferentes tipos de canciones y contar cosas. Trabajo mucho los cambios de tono cuando creo la canción, hasta hallar el más adecuado y en este caso han surgido así.

    -Por cierto, ¿la industria discográfica está más cerca de ‘resituarse’ o de saltar por los aires?
    -Necesita ‘resituarse’, pero mucho más. Hace tiempo, en una entrevista, dije que creía que era bueno que la industria se viniera abajo. Me llovieron los palos porque nadie me entendió. Creo que hay una industria que ha sido muy negativa para la música y para la gente que hace música y para los que escuchamos música. Los grandes sellos machistas y opresores. Pero los artistas cada vez más van por el camino de la autogestión y ese creo que es el camino. Es más, me gustaría que nos mirásemos más en los movimientos sociales de los que estábamos hablando.

    -Dentro de esa faceta tan reconocida tuya como observador, en este disco te muestras («Nachín») más que nunca, insultándote un poco, distorsionándote entre los versos. ¿Cuánto hay de juego y cuánto de verdad en todo ello?
    -Hay un poco de ambas cosas. Siempre había hablado de mí en las canciones a través de otras personas, con personajes. Al final, terminaba desarrollando en tercera persona porque te da la posibilidad de crear perspectivas y de cuestionar cosas. Pero en este caso hay un contrapunto: cuando la canción apela a algo más común, común a todos, me utilizo a mí mismo para describirlo.