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  • Víctor Sánchez: “Desde la distancia es como mejor se habla de lo que uno conoce”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Víctor Sánchez maneja con naturalidad el uso de sus principales virtudes: la dirección escénica y la dramaturgia. Del 11 al 29 de octubre, el Teatre Rialto acogerá las representaciones de Cuzco, la última de sus creaciones combinando ambas disciplinas. Con un puñado de años de formación, producciones y experiencias a sus espaldas, el Premio Max a la autoría revelación en 2016 y director de la aclamada Ivan y los Perros (La Pavana, 2017) estrena su proyecto más simbolista apoyándose de nuevo en el altísimo trabajo de la actriz Silvia Valero (en el reparto de Nosotros no nos mataremos con pistolas y A España no la va a conocer ni la madre que la parió). La obra surgida de un viaje a la ciudad andina y escrita ad hoc para la intérprete está llamada a convertirse en una pieza para la exportación de talento a través del proyecto Teatre del Poble Valencià.

    Cuzco es una expiación catártica a través del viaje. Una oportunidad para utilizar la toma de distancia como fórmula para abordar «lo que uno conoce» y descomponerlo. La historia de una pareja, su desequilibrio y su soledad interna le sirven a Sánchez para abordar temas que van desde la autocontemplación burguesa, al turismo como perversión global y otros estupores de la generación a la que apela constantemente. ‘La cura’ del dramaturgo sirve como receta para un público invitado a sortear el abismo al que se asoman sus personajes o a dejarse arrastrar por ellos hasta las últimas consecuencias. 

    Por primera vez Sánchez contará con el apoyo de la Generalitat valenciana –y la colaboración del Ayuntamiento de Sagunto– para una producción que tiene la confianza de ocupar tres semanas en el teatro de la Plaça de l’Ajuntament. El autor ultima estos días los detalles apoyado nuevamente en el trabajo de la escenógrafa Mireia Vila, la iluminación de Mingo Albir, la ayuda en la dirección de Cristina Fernández y el vestuario de Teresa Juan; junto a Valero y Sánchez, miembro de la compañía Wichita CO. Desde la sala de ensayos y tras uno de los pases, su máximo responsable conversa nuevamente con CulturPlaza para aproximarnos a Cuzco


    -De nuevo nos enfrentamos a una obra escrita y dirigida por ti. Y de nuevo se observa un tono, una marca, un estilo propio. ¿Es premeditado?

    -No porque no me planteo tener una marca. Y es un tema del que hablo mucho con mi entorno. Me pregunto qué es el estilo y qué es no tenerlo. Lo que hago lleva mi sello porque lo hago yo, pero me acerco virgen a cada idea original. El estilo eres tú y va contigo. Me preocupa no autoimponerme a mí mismo; no autoimponerme mi estilo.

    -En Cuzco esa marca está presente, pero la escenografía nos transporta a otro mundo.
    -En el caso de Pistolas o A España… eran montajes naturalistas. Aquí hay otro tipo de escenografía más simbólica porque lo pedía el texto. También es menos naturalista Temporales o Iván y los perros, pero son obras que, por desgracia, no se han podido ver en València… todavía [la segunda estaba programada para el otoño-invierno en Las Naves, pero la programación ha sido cancelada en su tránsito de concejalía de Innovación a Acció Cultural]. 

    -Es posible que la relación con los actores también marque parte de ese tono; de tu estilo. Repites con Silvia Valero y Bruno Tamarit. ¿Cómo surgió la continuidad esta vez?
    -El texto lo empecé a escribir en 2014, hice un primer cierre en marzo de 2016 y lo acabé a finales de ese año. Está escrito pensando en Silvia y el papel era para ella. Pero con Bruno fue distinto. ¡Fíjate lo mucho que hemos trabajado juntos y le hice casting! Se lo tomó muy bien porque creo que no esperaba que contara con él para esta obra porque por edad no entraba.

    -¿Demasiado joven?
    -Sí, pero lo bueno de Bruno es que es súper camaleónico. Es capaz de darte cosas muy distintas. Él sigue un proceso en paralelo al que hace conmigo y, de repente, un día llega al ensayo y ya es ese personaje. A veces me pregunto, ‘¿cómo es posible que seas él?’.

    A lo largo del ensayo, Sánchez se ríe y se estremece con algunos pasajes de la obra. Una obra que ha escrito y en torno a la que lleva meses trabajando con los actores, pero parece como si se enfrentara a ella siempre por primera vez. Se tensa con la llegada de cada clímax y parece vivir una nueva descarga de sensaciones con cada giro pese a su conocimiento del texto y de lo que va a suceder. El ensayo transcurre entre ese tipo de sobresaltos y los actores desarrollan su trabajo con gran intensidad, conectados también a las expresiones (carcajadas, palmas, silencios, preocupación…) del director.

    «EL VIAJE DE LA MODERNIDAD ES EL VIAJE A UNO MISMO Y EL VIAJE DE LA POSMODERNDIAD ES EL VIAJE A NINGUNA PARTE»

    -Llevas años trabajando con ellos. Desde el punto actoral…, ¿es beneficioso para el espectador esa relación o te preocupa generar clichés con ellos?
    -Es todo para bien. Ellos conocen los términos y las maneras a través de las que les digo cosas. Se economiza mucho. Nos entendemos. Saben cómo trabajamos y resta complejidad, que en este caso es mucha.

    -Quizá por eso este es un montaje más complejo, más duro.
    -Es un montaje muy complejo porque está desnudo. No hay mobiliario. Están ‘desnudos’ y pueden recurrir a pocos trucos, aunque tengan algunos… Repito con ellos también porque funciona. 

    -¿Qué queda de aquella idea que te surgió con el mal de altura de Cuzco?
    -Sorprendentemente, casi toda la la esencia. Empecé a escribirla por una necesidad vital y personal. Por lo que me ocurrió en ese viaje. Cada obra nace de una manera, pero hacía años que no me pasaba algo así… que me surgiera una inspiración tan fuerza. Y está tal cual: una obra, dos personajes, tres habitaciones de hostel y la primera frase escrita en aquel momento y con la que empieza la obra: todas las habitaciones de hotel son iguales en el mundo y yo no me había sentido español antes de llegar al Cuzco. Quería hablar de la pareja, de la idea de España cuando estás en un sitio como Cuzco… de todas esas cosas porque desde la distancia es como mejor se habla de lo que uno conoce. 

    -Más allá de la apelación generacional, es tu texto más internacional. Es muy accesible para otras latitudes.
    -Sí. Ahora que lo dices… se ha traducido al inglés y ya se ha hecho una lectura. Hay proyectos, pero no vamos a vender la piel antes de cazar el oso. Pero en la lectura que se hizo en inglés, entró totalmente.

    -Una de las grandes aportaciones de la obra es cómo logras redondear esa idea de que los viajes, más allá de su lado romántico y festivo, nos ponen al límite. 
    -Sí. Habla de eso la obra. Y es cierto que se ha escrito mucho del viaje, pero ahora, con un mundo globalizado, en un mundo donde el turismo es lo que es, donde las compañías y vuelos low cost son lo que son y los destinos empiezan a saber igual, es también una oportunidad para verlo… desde otro lado. El viaje de la modernidad es el viaje a uno mismo y el viaje de la posmoderndiad es el viaje a ninguna parte. Nos engañaríamos si pensáramos que cada vez que viajamos no hay algo que se abre. Por mucho que quieras, algo te mueve a vivir en otra realidad, a ver otras cosas… y, entonces, pasan cosas.

    «NECESITO CONTRADICCIONES. COMO DECÍA SCOTT FITZGERALD, «MUÉSTRAME A UN HÉROE Y TE ESCRIBIRÉ UNA TRAGEDIA»

    -Y Cuzco no es un lugar cualquiera…
    -Había hecho muchos viajes a Latinoamérica con mi padre. Era viajes que hacía él y yo me aprovechaba. Siempre me ha atraído mucho y ya había estado en Argentina, Chile y Uruguay. Quería ir a Cuba, pero fuimos a Perú porque me habían hablado muchísimo. Lo que me pasó allí es que cuando llegas, después del palizón del viaje, lo primero que te pega es el mal de altura. A mí no me dio muy fuerte y es cierto que con el mate de coca se va. Cuando logré salir y llegué a la Plaza de Armas, que es como se le llama a las plazas mayores allí, dije… ¡pero si esto es Alcalá de Henares! Entonces empecé a vivir una contradicción muy fuerte. La contradicción de asumir que, de alguna forma, estás en tu país. Es una experiencia histórica y directa que no tenemos los españoles. Estás a 13.000 kilómetros rodeado de gente que a lo mejor no es consanguínea, pero que habla tu idioma, se relaciona de una manera casi idéntica y con la que te sientes más que conectado. Porque Cuzco tiene es una ciudad de lo que era España. No era una colonia. Es algo distinto que a nuestra generación no se le ha explicado bien en su educación y cuando estás allí, tiene unas connotaciones… aquí no se nos ocurre otra cosa que rememorar ‘la Conquista de América’, ‘el Descubrimiento’, que manda cojones. Ahora, explicar nuestra relación y qué somos, eso no. Entonces sentí toda esa contradicción de pensar, ‘qué coño está pasando’. Estaba como en casa con una contradicción de historias uniéndose y de repente tuve una sensación de ser español que nunca había experimentado antes. Pues a todo eso se une la contradicción y el límite de otra historia, más íntima y personal: la de la pareja.

    -¿Hay un vencedor y un vencido en la obra?
    -Espero que no. Sin duda ella está en una posición más complicada, pero hay gente que empatiza más con él. Yo realmente me siento identificado con el uno y con el otro. Ninguno es el bueno y ninguno es el malo. Realmente son torpes. Muy inteligentes, pero torpes. 

    -Una de las escenas más brutales de Cuzco es la escena de sexo entre los personajes. ¿Era también una escena que tenías muy clara?
    -Es una escena muy trabajada. No es de unión. Resume uno de los temas más importantes de la obra: la distancia. Un polvo salvaje que habla de la distancia y que les habla de la separación. Quería intentar llegar a eso. 

    -¿Por qué tiendes a desarrollar relaciones de pareja heterosexual en tus obras?
    -Porque es algo alejado de mí a la vez que cercano. 

    «NUNCA SUBESTIMO AL PÚBLICO»

    -Las obras que escribes tienen un peso muy fuerte de contemporaneidad. ¿Qué relación tienes con los clásicos?
    -Que necesito contradicciones. Más contradicciones. Como decía Scott Fitzgerald, «muéstrame a un héroe y te escribiré una tragedia». Me encanta porque es verdad. Si coges el programa de mano de las últimas programaciones de teatro público de cualquier lugar del mundo verás que se representa a Shakespeare y que se empieza justificando la razón por la que se representa. Todos dicen: ‘Hamlet es de máxima relevancia hoy en día’, o ‘El mercader de Venecia habla de la crisis de hoy en día’. Mira, no. En el mercader de Venecia no había neoliberalismo ni globalización. Puede haber ecos y puede ser interesante, pero si tanto te interesa abordar ese tema, ¿por qué escoges a un dramaturgo y le pides que escriba de ello? No es imprescindible filtrarlo todo a través de los clásicos. A mí me gusta más estudiarlos, verlos y leerlos que montarlos, pero supongo que hay obras que me atraen como Sísifo.

    -De lo que no le privas al espectador en Cuzco es, una vez más, de un buen número de conflictos. Todos los fantasmas a la vez. ¿Alguna vez has tenido miedo a acumular impactos o has tenido la tentación de podar esas tensiones acumuladas?
    -Si los podo nunca es por miedo a que el espectador no entienda. Los podo por pulir la obra. Por suerte, tengo la oportunidad de trabajarla, de reescribirla, de volver a leerla, de reposarla… en este caso ha pasado mucho tiempo y estoy muy contento porque está muy pulida. Me permite verlo con distancia. Y nunca subestimo al público en ese sentido. No es que sea especialmente optimista con los nuevos públicos, pero creo que si trabajas bien el texto, ‘lo que le eches’ se lo va a comer con patatas. Al final, siempre podrá podar el espectador cosas. Quedarse con todo o con parte. No hay que tener miedo con ello. 

  • Isabelle Stoffel: «El sexo es una gran excusa para hablar de otros temas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Dice Sígfrid Monleón que Isabelle Stoffel es capaz de interpretar mostrando a una mujer especialmente fuerte, con arrojo, y diluirse por un momento hasta transmitir auténtica fragilidad. Del poder a lo vulnerable, de lo volátil hasta lo trascendental, esta actriz suiza era conocida por el gran público gracias a su participación en las películas de Carlos Iglesias (Un franco catorce pesetasIspansi). No ha sido su único contacto con España, un país al que llegó huyendo del estricto orden suizo de las cosas [y las personas].

    Monleón y Stoffel pusieron en marcha su primer montaje teatral hace casi tres años: La rendición. Lo hicieron en el contexto del ‘Microteatro por dinero’, pero la obra -unas memorias muy íntimas de la polifacética pero sobre todo bailarina Toni Bentley- conquistó al Centro Dramático Nacional para más tarde permanecer en ciudades como Edimburgo, Barcelona y Buenos Aires. 

    De Madrid al mundo -porque fue en el Teatro María Guerrero de la capital donde explotaron este monólogo-, la historia de la trascendencia casi mística a través del sexo llega ahora a Valencia por primera vez. Estará en el Espai Rambleta los días 27 y 28 de diciembre y, aprovechando la cita, dejamos que Stoffell nos cuente su experiencia a través de todo este recorrido. 150 representaciones de una obra que, por si fuera poco, ella misma ha adaptado al castellano y al alemán.

    LA EXCUSA DEL SEXO

    «Si hemos conseguido atraer la atención de la gente durante tanto tiempo en ciudades distintas, diría que es porque lo que trata la obra es una cuestión universal. Además, el sexo es una gran excusa para hablar de muchos otros temas. También es un vehículo para hablar de la persona. Cuando lei el libro lo que más me gustó fue precisamente esto: el camino de autoconocimiento que es para ella [Toni Bentley] y por eso me puse en contacto con ella y le dije que yo ahí veía un monólogo genial».

    «Para todos creo que es muy difícil ponerle palabras al sexo, pero Bentley lo consigue. Ella quiere saber qué está pasando con ella misma y se eleva a través del sexo en un sentido trascendente. A algunos nos ha pasado, esta sensación de trascender, de llegar a algún sitio del cual es difícil hablar y todo a través del sexo. El público se identifica con este proceso, aunque no es fácil identificarse plenamente con el personaje».

    «Bentley fue muy generosa porque cuando le propuse adaptarlo me dijo: ‘hazlo tuyo’. Me desfondé en la adaptación. Me concenré en el hilo narrador de la historia que, aunque con mucho sexo, no deja de ser una historia de amor».

    SIN AGOTAMIENTO

    «Sigo disfrutando plenamente de la obra. Sigo notando como transmite al público y eso es lo más importante para mí. Durante estos años sólo he compaginado este personaje con la dirección teatral de otro monólogo que nada tenía que ver y en Suiza. Aun así, creo que La rendición está vigente y no dejará de estarlo mientras la gente siga reclamándola».

    «El texto es el que hace que la obra se eleve a otro nivel. Es muy rico, casi poético y para mí un campo de trabajo infinito sobre el que encuentro muchas formas de darle matiz a todas las partes. En este sentido, con las pequeñas variaciones, el público parece insaciable. Personalmente creo que, además, la gente quiere saber más de sexo porque quiere reconocer experiencias y acercarse a nuevas situaciones».

    «A todo esto ayuda el trabajo de Sigrid, que tiene un gran talento para transmitir calidez a los personajes. Los llena de alma y de amor y a la vez es capaz de mantener esta virtud con el trabajo en equipo. Es fácil de entender porque el llega del cine, de manejar equipos de hasta 90 personas, en el que es muy importante delegar. También es muy imporante aquí la tercera pata de la compañía, David Rico, el productor. Al fin y al cabo estamos los tres al frente de este proyecto».

    «Cuando actúo doy la obra al público y estoy muy tranquila. Por eso no me pesa cuando acaba y no siento agotamiento. Mi agotamiento fue durante la adaptación del texto porque escribir es un proceso largo en el cual vas cocinando diferentes sentimientos durante un tiempo. En el escenario, gracias al texto, me convierto en una especie de medium entre Bentley y el espectador».

    «A Valencia vamos con el montaje escenográfico que coprodujo el Centro Nacional de Arte Dramático. No es el mismo que ha viajado a Edimburgo o Buenos Aires, mucho más ligero. Es un espacio que me trae muy buenos recuerdos y que cuenta también con un vestuario precioso de Cristína Rdríguez».

    LA RENDICIÓN INTERNACIONAL

    «Las experiencias han sido increibles y distintas en las ciudades en las que hemos estado. En Madrid, quizá porque la gente todavía muy bien a qué se efrentaba, el humor era muy natural. La reacción era muy espontánea. En Barcelona más tarde fue parecido. En Edimburgo quedó marcado el carácter protestante de los espectadores porque, aunque funcionaba perfectamente la obra y su humor, el hecho de la trascendencia a través del sexo… precisamente la trascendencia era algo que se entendía de forma distinta allí».

    «En Buenos Aires la obra ha funcionado perfectamente y esto ya es un logro. Es una ciudad con una tradición brutal de teatro. Van casi con la naturalidad con la que en España se puede ver la tele. Tienen 380 teatros y, aun así, ha funcionado. Destaco que siendo un país con una gran cantidad de terapeutas por metro cuadrado, hemos encontrado mucho público por ahí… la obra es casi un tratado de autoanálisis».

    «Es cierto que salí de Suiza en busca de cierto caos social, pero ahora en España hay un exceso de esto. Lejos de mi país, pasado un tiempo, el de la novedad y los estimulos, cada vez valoro más mi lugar de origen. Empiezo a re-estimar a Suiza, aunque lo que más me gusta es el equilibrio entre el orden de la manera de trabajar y la espontáneaidad. No quiero ninguna de estas dos posibilidades en exceso».

  • Los espectadores del Talia deciden pagar más con un experimento de precio libre

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Los primeros sorprendidos han sido los responsables del Teatre Talia: «ha sido una experiencia muy satisfactoria; un 20 % de los espectadores pagó por encima del precio de taquilla«. Este es el resultado más llamativo del experimento llevado a cabo por la Unidad de Investigación en Economía de la Cultura de la Universitat de València con la obra Un déu salvatge en el teatro valenciano y a los que ha tenido acceso ValenciaPlaza.com.

    El equipo de investigación, coordinado por el profesor Pau Rausell, del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local, ha puesto en marcha el proyecto ‘Paga Lo Que Consideres‘. Aunque este texto de Yasmina Reza adaptado al valenciano ha funcionado como conejillo de indias -soportada por la inspirada interpretación de Pilar Almeria, Empar Canet, Jaime Linares y Pep Ricart-, los resultados han sido cautelosmente positivos, dentro de los parámetros esperados. Rausell, asegura que «la variabilidad  en la recaudación es muy escasa. Parece como si los usuarios tuvieran un precio de referencia, alrededor de los 15 euros,  del que se alejan poco». En este caso, esta aportación media superaba el precio ‘oficial’ de la entrada.

    «NOSOTROS PONEMOS EL TEATRO Y TÚ EL PRECIO»

    La puesta en marcha en algunos países del sistema PayWhatYouWant responde al debate social en torno al precio de la cultura. Cuánto ha de valer para el espectador una obra de teatro, para el fan un disco, para el cinéfilo una entrada de cine. El oxígeno económico de la industria se ha visto fuertemente contraído en España con la crisis, pero tocado casi de muerte con la subida del IVA cultural al 21% el pasado 1 de septiembre de 2012.

    Sólo en el primer trimestre desde su implantación, el teatro cayó un 33% en número de espectadores. Todo ello, pese al buen momento de los musicales en las grandes ciudades, capaces de maquillar en gran medida los resultados. Hasta el pasado mes, desde la entrada en vigor de la nueva tasa, se han cerrado 150 salas de cine en todo el país. La Asociación de Promotores de Música tasó la caída en el número de entradas vendidas para conciertos en un 27,51% en el primer semestre tras la medida sin actualizar a posteriori sus datos.  

    Con este escenario, el grupo de investigación que lidera Rausell ha desarrollado el experimento en el Talia con unos datos que van más allá del efecto en la recaudación por precio libre. Lo más destacado con los datos preliminares del estudio ha sido:

    -La valoración que hacen los espectadores de la obra se sitúa en 8,1 en una escala del 1 al 10.

    -El precio medio que los usuarios están dispuestos a pagar según los primeros cuestionarios se sitúa en los 14,4 euros (valor cercano al precio medio de una entrada de teatro en España en 2012).

    Escasísima presencia de personas en situación de desempleo: un 8,28% del total.

    – Algo más, los jubilados: 9,66%.

    – Estudiantes: 15,86%.

    La formación de los espectadores de teatro es elevada, ya que prácticamente el 65% de los usuarios tienen estudios universitarios.

    -La edad media del espectador se ha situado en los 43 años

    Los primeros resultados  recogidos en las sesiones del espectáculo Un déu salvatge corroboran las principales hipótesis sobre una correlación causal y estadísticamente significativa, de que los usuarios están dispuestos a pagar un precio mayor cuanta mayores son las rentas, la formación, la preferencia por el teatro, o el impacto del espectáculo.

    LA EXPERIENCIA SE EXTIENDE EN LA CIUDAD

    En paralelo a los resultados del Talia, la propuesta se ha propagado a otras salas interesadas en abrirse de esta forma al público y a la propia experimentación comercial. El Teatro Micalet se une al ‘Paga lo que consideres’ de la Universitat de València en las cinco próximas funciones que se realizaran entre el 16 y el 20 de octubre del espectáculo Indignada Pérez con la actriz María Juan.

    Por su parte, los teatros públicos a través de CulturArts se disponen a distribuir cuestionarios que indaguen en la composición del público teatral, los impactos generados por los espectáculos escénicos y su disponibilidad a pagar.

    En cualquier caso, desde la Unidad de Economía de la Cultura insisten en que el objetivo es «aprovechar el potencial de márketing que la propuesta tiene por su singularidad» como «una estrategia más para dinamizar y visibilizar el mercado teatral de la ciudad de Valencia». Además, «pretende realizar un experimento académico y con todo el rigor científico por parte de la Unidad de Investigación en Economía de la Cultura, de la Universitat de València sobre la disponibilidad a pagar de los espectadores de teatro en la ciudad de Valencia».

    No obstante, en este primer experimento el grupo de trabajo ha aprovechado para realizar un análisis más: el efecto que tiene la lengua en el valor de la oferta cultural. Sin duda, el resultado no ha sido negativo.