Categoría: Diseño

  • Closca Bottle: la revolución cultural para extinguir el consumo de plásticos diseñada en València

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Si es lector habitual de esas revistas promocionadas como ‘de estilo de vida’, este mismo verano habrá leído que el botijo está de moda. Más allá de la iniciativa del pueblo de La Rambla por emular el proceso del Emojipaella con el artilugio cerámico, más allá de cierta tendencia al revisionismo sobre los biorritmos de nuestros abuelos (vermú, siesta, baberías, cine de verano…), lo cierto es que la recuperación del botijo parte de un conflicto antropológico: las sociedades actuales están cada vez más preocupadas por su entorno y, progresivamente, responsabilizadas acerca de su huella en en la Tierra a cambio de un poco de comodidad. Pero, ¿qué sucede cuando la innovación y el diseño resuelven esa carga moral sin privar al usuario de su confort? ¿Y si lo mejoran?

    La empresa valenciana Closca trató de resolver la problemática del diseño y seguridad en torno a la protección de los ciclistas hace unos años. La comercialización de sus cascos –con una patente que cubre la fabricación de cualquier modelo plegable en el mundo– ya es todo un éxito. La premisa, “encontrar clientes a través de sus actitudesCreadores de futuro, capaces de ser conscientes de sus actos como parte de un cambio cultural”. Los ejemplos de sus metas alcanzadas se pueden medir con la entidad de los premios de diseño obtenidos (Red Dot 2015, Delta Oro 2016) o de sus puntos de venta: las tiendas de los museos MoMA y Guggenheim de Nueva York, del Centre Pompidou de París o del Victoria and Albert de Londres. Y sólo son algunos ejemplos. 

    Ahora que los cascos de Closca se venden en los cinco continentes, el producto ya se ha abierto a un sinfín de posibilidades: de un lado, la submarca Suro que surtirá a un público de un menor poder adquisitivo, más inquieto por el gadget y su seguridad que por sus complementos; de otro lado, la línea Closca Kids que en países como Holanda, donde hay un gran uso de la bici pero culturalmente no está integrado el del casco, ha encontrado un Caballo de Troya comercial a través de las protecciones infantiles. Poco antes de este estadio de madurez, la empresa trató de encontrar su siguiente aportación a través de la innovación y el diseño. El resultado no surgió a partir de una necesidad, sino de una pregunta: “¿qué nos gustaría y podemos cambiar?”.

    El diseño activista para un modo de vida saludable

    La pregunta se la repetía en voz alta Carlos Ferrando al conversar con Valencia Plaza. El fundador de una multinacional con tan solo 12 trabajadores directos, dos de ellos en Canadá y Hong Kong, explica que  “después del casco, quería que encontrásemos un producto que hablara de la marca Closca tal y como estaba ideada. Yo venía de trabajar en las áreas de marketing de grandes empresas y fue un psicólogo el que me convenció que debía desarrollar mi capacidad como emprendedor, pero desde lo que más me inquieta: la antropología social”. Desde ese punto de partida, la cuestión a mejorar estaba clara: “soy una persona a la que le duele cómo actuamos con el plástico y quiero comunicarme a través del diseño con aquellos que piensan igual”. Ese es el punto de partida de Closca Bottle.

    «RESOLVER NUESTRA RELACIÓN CON EL PLÁSTICO Y CON EL AGUA ERA EL RETO EN EL QUE NOS QUERÍAMOS EMBARCAR»

    El proyecto se publicó esta semana en Kickstarter en busca de 30.000 dólares de micromecenazgo para la primera fabricación comercial (crece entre 4 y 5.000 dólares al día, por lo que se completará en cuestión de horas). Sin embargo, en los últimos meses el proyecto ya ha alcanzado metas volantes de comercialización y financiación. En el primero de esos aspectos, con la venta a grandes corporaciones como Cabify Europa o Global Omnium en València. Pedidos de gran volumen en ambos casos para empresas que tratarán de reforzar sus marcas gracias a un proyecto innovador: la reformulación de la hidratación personal a través de una botella transportable gracias a una banda y cierre. De vidrio y recubierta con silicona, su tapón y base le permiten incorporar gadgets y su uso está acompañado de una app que estimula el control sobre la hidratación y se conecta con la gestación de las smart cities. Su objetivo, concienciar y formar parte de una reducción masiva del consumo –y por tanto, fabricación– de plásticos. El otro aspecto, por cierto, el de la financiación estructural de la empresa para su comercialización global, parece bastante resuelto si tenemos en cuenta que parte del patronato de Endeavor (posiblemente la mayor aceleradora de empresas del mundo) es inversora de Closca y Ferrando ha pasado a formar parte de su consejo. Entre otros implicados, Bernando Hernández e Iñaki Berenguer

    El diseño de Closca Bottle es sencillo: «creamos productos bellos, con mucha personalidad«. Un objeto para un público «que no busca descuentos, sino ser y transmitir algo diferente, por eso nuestra línea ha de ser muy honesta. Son las actitudes las que inspiran el futuro y es ahí donde podemos aportar«. El proyecto se impulsó precisamente a partir de los citados premios de diseño: «a partir de esos galardones pensamos que verdaderamente éramos capaces de ayudar desde nuestro proyecto. En nuestro entorno, como cualquiera, somos capaces de taparnos los ojos con algo tan cotidiano como el comprar una botella de agua, consumirla y tirarla al suelo. Ni siquiera a la papelera. Si somos conscientes, que lo que hagamos tendrá una repercusión, resolver nuestra relación con el plástico y con el agua era el reto en el que nos queríamos embarcar«. 

    What you do matters somewhere

    A partir de este lema –el de su campaña de comunicación apenas iniciada–, Ferrando utiliza un sinfín de ejemplos: «ahora han descubierto que en la Trump Tower de Nueva York hay resto de plásticos en el agua. Estamos hablando de un edificio elitista, pero eso no importa para que haya acabado contaminado. Lo más grave de esas consecuencias es que no sabemos si esos restos son de hace dos años o 100, sin provienen de Murcia o de India. Puede ser algo embotellado en un lugar remoto y distribuido de una manera X. Todos nuestros actos inconscientes en torno al agua tienen una repercusión en algún sitio». Según el fundador de Closca «hoy ya son más de 100.000 millones de euros los que se mueven en el mundo en torno al agua embotellada. A menudo es agua del grifo que pasa unos corrrespondientes análisis, pero no es nada más que agua del grifo embotellada en plástico»

    Ante la premisa por resolver, el algoritmo en Closca se definió «comodidad + hidratación«. De hecho, las primeras imágenes o bocetos de Ferrando sobre la idea son todavía más propios de la ciencia ficción: «imaginamos una cápsula de agua que te rodeara, volátil. Todavía no le habíamos dado forma. No sabíamos cómo debía de ser, sino que tenía que ser un compartimento de agua para hidratarte que fuera contigo y que ‘flotara’ a tu alrededor». Finalmente, la solución más práctica ha sido la de una botella de vidrio, rodeada por una funda de silicona que se caracteriza por su banda con cierre magnético, capaz de ir enganchada a una mochila, un bolso, la barra de una bici y demás posibilidades.

    «Una botella que se engancha a ti», resume Ferrando, «pero que, además, se pueda limpiar de manera sencilla». Es de vidrio «porque el plástico da sabor y el metal olor. Era el material más adecuado para proteger el líquido más puro que tenemos y que nos acompaña en el día a día». El fundador de Closca admite que no son los primeros, aunque el proyecto de BKR en California, popular y que a él mismo le gusta, «necesita ocupar una mano. Se conecta con la idea de que muestras la botella, de que te muestras concienciado». Sin embargo, Closca Bottle es esencialmente diferente porque está diseñada para acompañar al usuario sin que le sea una molestia, enganchada casi en cualquier sitio y con una gran facilidad para ser reutilizada gracias a sus materiales y su apertura de tapón y base. 

    El camino hacia la concienciación, el camino hacia la comercialización

    El producto surge de una pregunta y de unos valores muy marcados, pero Ferrando no elude la inquietud comercial. Una inquietud que parte de una base sólida en la honestidad con su comercialización: «sí, fabricamos en China, pero con una empresa en la que sus trabajadores forman parte del accionariado. En China hay muchos tipos de empresas y nosotros lo que aportamos aquí es innovación y diseño porque tenemos una forma de pensar diferente y un talento creativo que son nuestro valor añadido». Y, a partir de ahí, unos objetivos ambiciosos para la comercialización de un producto que costará alrededor de 40 euros.

    «Discriminamos a nuestro cliente por sus actitudes. No es tan diferente a como piensa Zara, que tiene cuatro tipos de perfiles muy segmentados. Nosotros apostamos sobre todo por uno: las mujeres que mueven el mundo. Son mujeres con hijos, que mueven la economía familiar por un lado, que mueven la economía global porque son trabajadoras altamente cualificadas y que mueven la blogosfera en su actividad personal. De alguna manera, nos gusta pensar que la botella es un producto que las homenajea a ellas por todos esos motivos».

    De otro lado queda la idea ya mencionada de su conexión con las smart cities y aquí es donde entra de lleno la app de Closca Bottle: «entendemos la tecnología como un factor llamado a cambiar las reglas del juego. Con el casco ya incluimos un chip que servía para desbloquear los servicios públicos de bicis o hacer una llamada al teléfono de emergencias. Con Closca Bottle las posibilidades son muchas, pero sobre todo se diferencia porque se conecta para ver cuántas fuentes de agua tienes a tu alrededor [probada la app, es sorprendente el número de puntos que hay en cada ciudad] y también sirve para que las ciudades aprendan. Se hacen reseñas de cada fuente, de la calidad del agua, de su entorno, de si funciona o no. Es también una herramienta para las ciudades».

    SU OBJETIVO, CONCIENCIAR Y FORMAR PARTE DE UNA REDUCCIÓN MASIVA DEL CONSUMO –Y POR TANTO, FABRICACIÓN– DE PLÁSTICOS

    La comercialización contará con bases tanto para Estados Unidos como para Asia, sólo dedicadas al marketing para cada una de las zonas y los diferentes países. En gran medida pensando en ambos polos se han diseñado gadgets para el té, en los que Ferrando también admite la incorporación de clientes de Suadmérica. No obstante, pone en valor la sencillez de su diseño: «mostramos una marca limpia, honesta y humilde. Alguien que ‘lleva’ un producto de Closca lo lleva por lo que ya sabe que le aporta, no para exhibir una bandera». Eso sí, se han reservado un espacio de tela en la banda que la cierra, en su parte más visible, y ya trabajan con dos marcas como Hugo Boss y Paul Smith para su comercialización. De hecho, desde la empresa valenciana admiten que ese será otro camino de comercialización, aunque más allá del color [por el momento, solo dos] y de la banda de tela, la intervención tampoco puede ser invasiva visualmente. 

    Una botella de 40 euros «que dice mucho de ti. Puedes comprarte unos pantalones vaqueros de 100 euros y que no digan nada», añade el fundador de Closca. «Tenemos agua buena, cada vez de mejor calidad, por eso creemos que crear comunidad en torno a ello va a mejorar la calidad de vida. Va a merecer la pena». No oculta que, gracias a la app, las posibilidades comerciales se amplían en otras direcciones: «por qué no cargar agua en un Zara a cambio de tu perfil de Facebook. Así la empresa puede ofrecerte algo a cambio, porque está conociéndote y significándote con unos usos y manera de ser». 

    Designed in València by Closca 

    Desde el boom de los cascos de Closca las posibilidades para que la empresa haya buscado otros centros de creación han existido. Ferrando, marca distancia: «lo cierto es que a los inversores también les gusta que los productos tengan identidad. De hecho, les encantan los nombres en valenciano de Closca o Suro. No saben lo que significa, pero siempre te recuerdan que tampoco tienen ni idea de lo que significa Adidas«. El fundador de la empresa es un convencido de que los headquarters de la empresa deben residir en València «ahora y siempre por dos motivos: es un lugar maravilloso para iniciar proyectos. Estás rodeado de gente que te ayuda y que te muestra el camino, con una mentalidad muy abierta. Por otro lado, el talento creativo es abrumador. A nivel gráfico, de producto, de publicidad…»

    Ferrando forma parte de Endeavor, el selecto grupo de gurús del emprendimiento con base en Nueva York y que ya forma parte financiera de la empresa. No obstante, la empresa se mantendrá en València y ligada al Politècnic, de donde asegura «todavía hemos de devolver mucho». Cita a Yeeply Beroomers como ejemplos de empresas que nacieron y se forjaron en la UPV y que le sirvieron de referencia hace apenas unos años. Insiste en que València es un lugar «para la inversión en innovación y diseño. Hay que poner los recursos donde toca y no en la fabricación. Yo no quiero fabricar nada viviendo en València».

    De el largo proceso de éxito con los cascos de Closca, Ferrando admite haber extraído al menos un par de conocimientos: «el primero, que aquí tenemos el mismo talento o más para competir con el hábitat creativo de Barcelona, California, Berlín o Tokio. El segundo, que desde València, en el mundo actual en el que vivimos, podemos ser palanca de cambio para un futuro diferente con buenos productos. Te aseguro que en la empresa hemos vivido experiencias que nos hacen estar convencidos de ambas ideas».

    Con su último salto hacia delante, Closca Bottle + app, Ferrando se siente satisfecho desde el punto de partida: «estamos apostando. Nosotros nos atrevemos a ser los primeros en promover este cambio con el consumo de agua-plástico. No somos los únicos, pero queremos formar parte de ese cambio de actitud. Si la marca Closca es capaz de hacerse grande y en eso proceso inspirar un cambio hacia actitudes positivas, entonces lo habremos logrado todo«.

  • Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca: 36 frases sobre la creatividad

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la sede de la empresa Marc Martí, situada en la población valenciana de Bonrepós i Mirambell que, además de imprenta, exhibe estos días una de las mejores colecciones de cartelismo de la región, se dieron cita este miércoles nombres determinantes para el diseño y la creación gráfica como Javier Mariscal, Sento Llobell y Paco Roca. Los tres se abrieron con su conversación al público a partir de una mesa redonda, en la que el reto era hablar de un tema “tan amplio” como la creatividad.

    Los participantes coincidieron en una ruptura total con el romanticismo de que la creatividad esté ligada en el ámbito gráfico a trabajos ‘hechos con las manos’. El más radical de ellos, posiblemente, sea Mariscal que desde hace un tiempo tiene incluso una web comercial en la que calca fotografías y elabora retratos a partir de estas. Roca utiliza un laborioso proceso híbrido, de lo que más interesante es precisamente esa mixtura por la que, finalmente, las sombras y aguas “generan un juego visual para el ojo que provoca otras reacciones con el dibujo”. Llobell, que también hace uso de las tecnologías, reconocí, no obstante, que “los papeles se venden”. Fue, en gran medida, el que durante la charla más defendió el valor de los originales y del proceso de revisión sobre el proceso creativo.

    La charla del MMeeting Point N16 derivó en torno a ideas tan amplias que la siguiente es solo una selección de sentencias a partir de algunas temáticas:

    Creatividad

    “Creatividad es enfrentarse a un problema y encontrar una solución”. Paco Roca

    “Como personas, estamos constantemente obligados a encontrar soluciones creativas”. Paco Roca

    “Creativos nacemos todos”. Javier Mariscal

    “Hasta un infiel es creativo cuando tiene que buscar una excusa de por qué ha llegado tarde a casa”. Paco Roca

    “Hay creatividad en las personas, desde que nacen. La cuestión está en desarrollarla de una manera o de otra. Sento Llobell

    “Muchas veces ves a gente con una gran voluntad por la creatividad, pero le falta una actitud más profunda. No es tanto la capacidad de ser original, como la de profundizar sobre una idea”. Sento Llobell

    “La cualidad entre buenos y malos creativos, es que mucha gente tiene buenas ideas, pero hace falta cierto aguante: tienes que estar entrenado para hacer un maratón”. Sento Llobell

    Retos y trucos

    “Es una cuestión de focalizar el objetivo. Saber acotar y hacerte las preguntas que toca”. Sento Llobell

    “Sigo utilizando más o menos ciertas cosas que apliqué en la publicidad. Por ejemplo, me hago un briefing de cada proyecto”. Paco Roca

    “Los problemas no tienen una solución; tienen mil soluciones”. Sento Llobell

    “Para esas soluciones si que es necesario tener cierta cultura del trabajo”. Sento Llobell

    “La gente busca certezas, pero nosotros somos gente que suele vivir en la incerteza. Buscamos soluciones, pensamos… <<vamos a ver qué tal por este camino, qué tal por este otro>>”. Sento Llobell

    Batallitas

    “En los primeros ordenadores la experiencia horrorosa. En los 80 trabajábamos con señores de bata blanca que cambiaban el código de los colores. Era desesperante». Javier Mariscal

    “Hice mi primer dibujo animado en 1971. Estuve 10 días yo solo haciendo una animación en metracrilato. De ahí lo pasé a una truca para cambiar fondos y movimiento y logré hacer 20 segundos de un personaje”. Javier Mariscal

    “En la época de Renau él tenía que estar muy encima. Para crear ese degradado [se refiere al cartel de Las Arenas] había que repasar punto por punto, con un fotolito, con mesas de luz, el grabador junto a él repasando…”. Javier Mariscal

    “Recuerdo que el padre de un amigo tenía la Enciclopedia Británica y copiaba lo que ponía sobre el volcán, copiaba un poco de texto… Es impresionante cómo esto ha cambiado ahora”. Javier Mariscal

    “El Víbora se tiraba de noche. La imprenta iba a toda virolla y no tenía calidad. Llorábamos viendo cómo había salido”. Javier Mariscal

    “Todo mi aprendizaje era ver cómo Pumby hacía los puñetazos, los bocadillos… y copiarlo. Poco a poco así vas aprendiendo”. Javier Mariscal

    Tecnologías

    “Cualquier niño de 14 o 15 años presenta trabajos con el mismo nivel que tenía antaño un director de arte de revistas como Paris MatchElle o la que sea”. Javier Mariscal

    “En un futuro se podrá dibujar por voz, pero por ahora hay que hacerlo siempre a mano”. Javier Mariscal

    “Los ordenadores nos están ayudando a ‘quitar’ tareas muy mecánicas”. Javier Mariscal

    “Desde que tengo el iPad hago algo que está prohibidísimo: calcar. Calcar de fotos. Cómo mola”. Javier Mariscal

    “Velazquez o Goya, si hubieran tenido PhotoShop… pues de puta madre”. Javier Mariscal

    “Al final, ¿Velázquez qué es? Mucho aceite y mucho tiempo”. Javier Mariscal

    “Creo que no quita autoría que tengas gente que te ayude”. Sento Llobell

    “Lo que yo he descubierto con la tablet debe ser algo así como lo que descubrieron los impresionistas, que podían llevarse los tubos de pintura, o sea, el estudio, a la calle”. Paco Roca

    “Si te ven en Argentina con tus acuarelas y los papeles, te viene todo el mundo a hablar… es un coñazo. Con la tablet parece que estás jugando a matar marcianos y nadie te molesta”. Javier Mariscal

    “Uso dos tablets, una más pequeña y otra grande, cuadernos, tincha china, que es japonesa, rotuladores de esos que se secan… y hasta café”. Javier Mariscal

    “Dibujo, entinto, escaneo, vuelvo a dibujar encima, imprimo, coloreo… lo bueno que tiene este momento es que puedes hacer todo”. Paco Roca

    [Con respecto a las traducciones de cómic] “Ahora es todo mucho más fácil. Mis archivos están en castellano. El editor compra los derechos, tú envías tu fuente tipográfica y ya está. En Alemania, por el tamaño de sus palabras, a veces te piden que modifiques algún bocadillo para que quepa el texto”. Paco Roca

    “Uno de los motivos por los que se ha extendido el negocio del cómic tiene que ver con la evolución de las artes gráficas. Jamás se han publicado tantos cómics diferentes como los que se publican ahora”. Paco Roca

    “Hay que tener en cuenta que ‘los papeles’ se venden”. Sento Llobell

    Dineros

    “Es muy difícil vivir de los royalties, pero las publicaciones [el cómic] son el motor que genera encargos”. Paco Roca

    “Cuando haces un libro es un eror pensar que vas a pagar la hipoteca con ello. Pensar en llenar la nevera de eso es impensable”. Sento Llobell

    Rutinas creativas

    “Trabajo mejor por la mañana que por la tarde. Por las tardes me dejo llevar más y es todo más automático… igual son manías”. Paco Roca

    “Con respecto a las rutinas, vas cambiando. Antes necesitaba estar en mi estudio tranquilo y ahora tengo dos niñas pequeñas que están por ahí y acabas trabajando igual. O en el tren o en el hotel…”. Paco Roca

  • Ricard Camarena y Francesc Rifé. Corredor mediterráneo creativo

    Publicado originalmente en la revista Plaza (octubre de 2015)

    El cocinero valenciano y el diseñador catalán son dos de los principales arietes creativos en su oficio, desde el ámbito nacional hasta la repercusión global. Un viaje profesional que se ha convertido en experiencia personal, ya que mantienen una prolongada amistad que discurre en paralelo a sus hitos conjuntos. El último, Habitual, el quinto restaurante que ambos ‘abren’ en Valencia

    Hace diez años que el nombre de Ricard Camarena empezó a colarse en las guías gastronómicas más prestigiosas de España, tan solo unos años después de que decidiera quedarse con el bar de la piscina de Barx, su pueblo. El cocinero en ciernes y su mujer, la jefa de sala Mª Carmen Bañuls, apostaron todo por Arrop, el restaurante que desde Gandia les elevó a la categoría de estrella Michelin y que fue también el que propició su salto a la capital valenciana, instalándose en la cocina del Caro Hotel y conociendo al diseñador e interiorista Francesc Rifé en aquel 2008.

    Desde entonces, el tándem Camarena-Rifé ha ejercido de dúo para poner en pie locales que han influido en la cocina y el interiorismo nacional y, quizá, internacional. Al extinto Arrop Ricard Camarena le siguió Ricard Camarena, el gastronómico que sostiene el récord al haber conseguido una estrella Michelin en apenas tres meses y que es la referencia de la casa. Más tarde, Canalla Bistro, Central Bar y el salto a adquirir los locales de la planta baja en el Mercado de Colón donde ahora abre su proyecto más ambicioso: 120 comensales por servicio y 60 más que llegarán con la terraza.

    Comparten viajes, cruzan whatsapps, y ambos son auténticos devotos de la cocina. Ahora, sentados a la mesa, cara a cara y sin platos de por medio, conversan en torno a un café para Plaza acerca de sus proyectos trayectoria conjunta, de conceptos de diseño y gastronomía, de Habitual y de cómo su oficio les ha ido convirtiendo en gestores de equipos, aunque eso signifique salirse de su hábitat natural, ese que estira la creatividad, roza y a veces toca la propuesta artística.

    De la vocación a la dirección de equipos

    Ricard Camarena: No lo llevo bien. Es un sacrificio sentarme… me toca las pelotas. Es así, porque cocinar es lo fácil para nosotros. No hacerlo es apartarnos de aquello para lo que estamos preparados. Pero me obligo a pensar que para que 10 manos estén activas, dos tienen que estar quietas. Sé que lo que menos me hace estar produciendo es limpiar tres pescados, hacer diez litros de fondo… hay que planificar, gestionar y, sobre todo, crear para que no se detenga la rueda.

    Francesc Rifé: Es eso; lo pensamos, lo hablamos, pero como no nos pare un cáncer… tenemos mucha marcha los dos. Así que estoy igual. La diferencia es que tú tienes todo a un kilómetro de distancia, como aquel que dice, y yo lo tengo a cientos o miles. Los clientes se creen que somos 100 en el equipo o que yo tengo 72 años. Cuando nos reunimos, a veces, preguntan <<¿dónde está el Rifé?>>, y digo… ¡pues soy yo! Ya no dibujo en una mesa, a veces lo hago en un avión, a veces solo pienso en la solución… Pero no puedo evitar meter las narices en todo lo que sucede en el estudio, porque cada proyecto es interesante porque es distinto. Como los tuyos, que haces cada restaurante con un nuevo concepto. ¡Que yo ya he hecho conferencias hablando solo de ti!

    RC: Pues tendrás que invitarme a alguna.

    FR: Cada proyecto es diferente. Tanto que incluso me he tenido que prostituir para hacer alguna cosa que…

    RC: Lo dices por Canalla Bistro…

    FR: Estoy contento de haber conseguido, al final, crear un concepto a partir de unas tablas de las cajas de madera de las naranjas. Me parecía poco consistente, pero al final todo estaba integrado con el lenguaje de la materia prima, porque nada puede recordar más a Valencia que unas cajas de naranjas.

    El tiempo que la infancia le gana al talento

    RC: A la postre, soy buen cocinero cuando cuando me puse a ello ya sabía cuál era un buen producto. Acompañaba a mi abuelo por los mercados de los pueblos y eso ha provocado un recorrido que, ‘a toro pasao’, me hace pensar que tenía algo ganado desconocía. Hay cocineros que se ponen a comprar y no saben que esa manzana, esa judía, esa textura de la berenjena es la buena.

    FR: Lo mío no viene de cuna. Mi abuelo era ebanista y mi padre, más listo supongo, se convirtió en comercial del mueble. Por eso vengo a Valencia desde los 10 años, a la Feria del Mueble cuando era [enfatiza] ‘la Feria del Mueble de Valencia’.

    RC: Pero eso deja poso dentro de ti, aunque no quieras.

    FR: No, no. Yo venía a comer las gambas que no me comía en ningún sitio. Mis padres me engatusaban con eso. Yo me dedicaba al hockey patines, era bueno, jugaba en la Selección Española y era todo mi mundo. Hasta que me lesioné. Había que estudiar algo, así que empecé empresariales y duré 15 días. Entonces, como durante los veranos para escaquearme de la fábrica mis padres me apuntaban a clases de dibujos, tiré por ahí… y descubrí un mundo. Y, bueno, es cierto que en verdad mis padres se pasaban el día hablando de diseño de muebles, en casa y en el trabajo, pero creo que no me enteraba mucho.

    RC: Sí, hombre. Se queda en la memoria. No nos enteramos, pero tienes cosas vistas. Aunque no tengas criterio, haces ‘biblioteca’.

    FR: Sí, supongo que se queda en la memoria. Cuando me pongo a pensar en esos veranos dibujando me veo sin plantearme nada. Y ahí estaba, rotulando…

    RC: ¿Con Rotring?

    FR: ¡Yo era una máquina! Trabajaba con cuatro o cinco rotrings en la mano, a la vez. Buscaba el detalle en el dibujo porque pensaba, como ahora, pero con el 1,5, el 2, el 3… ahora pienso, ¡pero si eso no lo veía nade! Es una intención, una actitud, por lograr el detalle que ya estaba en mí.

    De Valencia al mundo

    FR: El punto de inflexión fueron los Adrià, Santamaría o Arzak. Fue un boom, el del mundo del chef, idéntico al de la arquitectura minimalista: llegó un momento en el que no sabías distinguir el bueno del malo. Por eso te pregunto siempre, porque a veces te ponen el plato y no sé cómo…

    RC: De hecho, yo creo que viajamos juntos porque sabes que te vamos a llevar a comer nosotros [hace referencia a Mari Carmen Bañuls que deambula por Habitual y a veces atiende a la conversación].

    FR: Es que yo soy el gastrónomo de mis amigos. El 99% de las veces me toca a mi organizar dónde vamos y con vosotros no tengo que pensar nada. Buscamos un local que nos pueda interesar a nivel concepto, oferta gastronómica, sin que importe si es barato… y siempre Nueva York. Pero mejor allí que en Japón, donde a veces cuesta encontrar comida japonesa.

    RC: Cuando vayamos juntos no pensamos elegir ni uno. Te va a tocar hacer la ruta completa, porque con todo lo que has vivido allí.

    FR: Es curioso porque, cuando fui allí por primera vez, iba fascinado por ver lo que sucedía en Japón, por su arquitectura, y me dijeron <<o haces lo que se hace en Europa o ya te puedes largar>>. Luego he descubierto que, no es que la influencia sea Japón, sino que la gente que me ha marcado profesionalmente, se ha formado allí o usa sus fórmulas.

    RC: ¿Y cómo es eso?

    FR: Pues principalmente ideas como que de un solo material se haga todo un proyecto. En España, por ejemplo, estamos acostumbrados a utilizar 18 materiales para hacer un conjunto. Aquí hay locales que, utilizando bien uno solo de los materiales que hay, habrían logrado algo más potente. Y así es Oriente, más purista, más sobrio, más minimal en el buen sentido de la palabra.

    El diseño invisible

    RC: Desde que trabajamos en el restaurante Arrop Ricard Camarena [que se situó en el Caro Hotel de Valencia ] ya pienso en que cada uno de los nuevos proyectos lo vamos a hacer contigo. Aquello fue una obra interminable y es lo que sucede con los proyectos de larga duración: o te acabas matando o te quieres.

    FR: Bueno, también importa lo que sucede después: si con el paso del tiempo y los reconocimientos te hubieras convertido en un chef soberbio, un ‘estrellado’, hubiera saltado la personalidad y no hubiéramos hecho nada más. La única forma de sobrevivir en este momento de crisis es tener una identidad, como cada uno de los restaurantes Camarena, como en Habitual, por ejemplo. Con el perforado de alguna forma estamos invitando a que la gente se asome, a romper con esa tendencia de escaparate que hay en la planta baja del Mercado de Colón a través de un elemento que habla de cocina: el círculo. Todo lo que sucede en la cocina tiene forma de círculo: los platos, el gorro del chef, los vasos, las ollas, los tapones.

    RC: Eso es lo que se ve, pero todo está todo el trabajo invisible para el acondicionamiento acústico. El esfuerzo a nivel de interiorismo es tan bestia que a veces tienes miedo de que desvirtúe el concepto.

    FR: Podría estar hablando durante horas de acústica en los restaurantes. Ahora está toda esa moda de no poner manteles o de tener suelos de hormigón, cuando son elementos que van a cambiar la acústica, la experiencia con respecto a la cocina. Hace más esto que tener el techo lleno de espuma.

    A la vanguardia para devolverle “lo que se merece” a las raíces

    RC: Si ponemos en valor a los productores no es porque esa ‘pata’ del proyecto Habitual sea más importante que el resto. No lo es que, por ejemplo, tengamos dos toneladas del tomate que hemos ‘creado’ junto a ellos en conserva para los platos del local. Hay diseño, experiencia, creación, sorpresa de cara al cliente. Aun así, lo importante es concienciar de alguna forma a la gente de que no podemos vivir de espaldas a lo que sucede a 100 metros de la Ronda Norte de Valencia. Tenemos que, humildemente, devolverle al campo lo que se merece con una economía justa.

    FR: Y se percibe. Habitual es un sitio donde vas a comer fácil, con una calidad brutal y, bueno, sí, de forma habitual. Eso te exige a la hora de diseñar para no caer en una estética fácil, para saber contarlo.

    RC: Yo soy feliz porque me siento profeta en mi tierra. Ésta es la propuesta más heavy que hemos hecho, a la que más tiempo, de lejos, le hemos dedicado, esperándonos incluso meses para abrir. El proyecto estaba en mente desde que nos quedamos los locales, pero el momento es ahora: estamos maduros, tenemos gente en el equipo con la que podemos hacerlo y Valencia cuenta con un factor, el turismo, que nos ha abierto esa posibilidad. Si pensara en el millón de habitantes de Valencia y su área metropolitana, no abriría. Es una ciudad muy agradecida estacionalmente, porque entre el mejor y el peor mes hay un 15% de diferencia en la facturación. Y, después de todo, es de la que más satisfecho estoy. Veo todo en consonancia, equilibrado, súper contento con el modelo de carta, con el local ‘del Rifé’… vamos a ver qué pasa.

    FR: ¿Pero es el último en Valencia?

    RC: ¡Ay, déjame! Yo que sé… [mira a su mujer que asiente]. Pues sí [ríen]. Al menos ahora tenemos faena para rato, para sacar esto también adelante. No es un triple salto mortal. Si no funciona nos dejará muy tocados, pero no nos matará. Cualquier negocio llega colgado el cartelito de riesgo, así que no hay nada que no podamos asumir. Y sobre todo eso, que ahora tenemos mucha faena por delante como para pensar en ello. Estaremos tranquilos… [vuelve a mirar a su mujer], aunque sea un par de meses.

  • Mariscal: «Hablar de estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX»

    Publicada originalmente en la revista Plaza en agosto de 2015

    Es el diseñador valenciano más reconocido del mundo, aunque él mismo cuestione semejante realidad. Lo cierto es que el diseño es sólo uno de sus mil sombreros como profesional, que abandonó Valencia en cuanto pudo y al que el «reconocimiento», desde el término hasta su significado, le genera verdadera alergia.

    No menos cierto es que acaba de inaugurar la enésima retrospectiva de su obra, esta vez en su venerada Tokio, o que el gran estudio que ha capitaneado durante los últimos 25 años se encuentra en fase de liquidación. Una etapa turbulenta que le ha atropellado a la crepuscular edad de 65 años.

    «Ha sido lo más duro que me ha tocado vivir, por lo que he estado deprimido y he podido superarlo con medicación», confiesa entre pausados cigarrillos y sentado en una de las mesas ahora vacías del estudio. La gran sala donde hasta treinta profesionales trabajaban hace apenas cuatro años permanece en penumbra tras una tormenta comercial capaz de reducir la estructura de Estudio Mariscal hasta su apellido, primer y único trabajador. Él y freelances por proyecto, lejos de la ‘fábrica fantástica’. «Un lugar sin tabiques, con muchos sofás, donde se trabajaba de forma abierta». De nuevo un vistazo a la sala de máquinas: silencio.

    De ‘Arturo’ Mas a Ada Colau

    Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    Quien conoce a Mariscal más de cinco minutos le llama Chavi y sabe que sólo la salud jubilará una mente disruptiva contra lo establecido. Ese combate se inició antes de que él mismo tuviera opción de evitarlo. En el colegio El Pilar de aquella Valencia de la larga posguerra todavía no se formaba de manera distinta a los niños con Trastorno de Déficit de Atención o dislexia, y Chavi (tal y como él lo escribe), que además tenía cierta falta en la vista, se levantó ante la frustración resolviendo todo con dibujos.

    La peculiaridad familiar no le pasó inadvertida a este creador de iconos, hijo de Pilar Mariscal Enrique Errando, destacado hombre de derechas en la Valencia franquista. Número 13 de Falange, miembro de la Divisón Azul y Cruz de Hierro por méritos propios, Errando fue conocido en la ciudad en su papel como director del Sanatorio 18 de Julio, por su clínica en la Plaza del Caudillo (hoy de l’Ajuntament), pero también por tener once hijos.

    Éstos destacaron hace algunos años, reunidos por El País, la influyente disciplina militar del hogar y la marcada ausencia de sus progenitores al fallecer cuando casi todos eran aún unos niños. Mariscal conversa con Plaza rodeado de algunos de ellos. Tono, Pedrín y Santi llegaron a Palo Alto, el vivero creativo en el que se instala su estudio, a lo largo de los años 90. El lugar, por cierto, es un icono de la Barcelona creativa. Situado en el barrio de Poblenou, unas naves bajas de ladrillo rojo londinense y aspecto diáfano industrial berlinés cautivaron a Mariscal y a otros nombres de la cultura, como Fernando Salas, que habilitaron las naves e impulsaron una fundación para que, sencillamente, allí sucedieran cosas. Lejos de apagarse la llama, el Palo Alto Market es el último de sus éxitos, reuniendo cada primer fin de semana de mes a algunos de los mejores creativos de diferentes disciplinas en este entorno.

    MARISCAL: «HABLAR DE ESTADOS, COMO HACE ‘ARTURO’ MAS, ES HABLAR DE CONCEPTOS DEL SIGLO XIX Y ES, ADEMÁS DE UNA PÉRDIDA DE ENERGÍA, ALGO INJUSTO, MAL GESTIONADO, MAL PLANTEADO»

    El antes y el después de Palo Alto es una fiel fotografía de la Barcelona «que el equipo de (Pasqual) Maragall convirtió en la potencia que es ahora», dice Mariscal. Del escenario independentista del que la bulliciosa ciudad es también capital, el dibujante marca distancias: «La situación plebiscitaria de las elecciones del 27 de septiembre parte de una mala gestión de un sentimiento muy íntimo que existe en Cataluña desde siempre. Estoy al lado de todo lo que suponga crear una política común con Europa, restar un peso que ya no tiene sentido a París, a Roma o a Madrid y encontrar otra manera de reorganizarnos con una política común, un ejército común… Hablar de Estados, como hace ‘Arturo’ Mas, es hablar de conceptos del siglo XIX y es, además de una pérdida de energía, algo injusto, mal gestionado, mal planteado y en lo que termina habiendo unas intenciones que me duelen mucho».

    Mariscal, no obstante, es optimista con el actual escenario democrático en España. «Nunca he creído en una España [enfatiza la eñe] como un ente indivisible, y más después de haber peleado por poder votar, cosa que hago en todas y cada una de las elecciones. Precisamente, ése es el escenario deseable, el de una participación constante y el de una democracia desarrollada y ya». A escasos metros de Mariscal cuelga un retrato firmado por él mismo como apoyo a la candidatura de Ada Colau, cuya alcaldía en Barcelona celebra como la de Joan Ribó en Valencia: «No entendí, en el mejor de los sentidos, que fuera noticia que un alcalde fuera a llegar en bicicleta. El de Copenhague o el de Londres lo llevan haciendo desde hace años».

    Mariscal y Valencia

    La relación gráfica de Mariscal con Valencia es extensísima, en instituciones y más allá de ellas. Desde que su interiorismo del recordado Bar Dúplex de Cánovas derivase en la creación del taburete Dúplex, pasando por el actual logo de la Universitat de València, los de las dos ediciones valencianas de la America’s Cup, sus exposiciones en el IVAM y la Galería Punto, a algo más controvertido, como su marca y aplicaciones para Bancaja. A este trabajo para la extinta caja de ahorros le sobrevive un rumor entre miembros de la extinta caja de ahorros valenciana: que su plurimputado expresidente José Luis Olivas pintó de rojo y amarillo los ojos de aquel logo. «No lo recuerdo aunque no pongo la mano en el fuego por nada que tenga que ver con mi memoria», se disculpa Mariscal, que se muestra sorprendido por un cambio que se aplicó en buena parte de la comunicación del grupo pero del que no hay el menor rastro en todo el porfolio y manual de marca de su estudio. ¿Un cambio no consentido y a posteriori?

    Su obra, Happy World, de la exposición en Seúl The Art Player

    Todas esas marcas preceden a la debacle del estudio que, casualmente o no, se inició simultáneamente a la inmersión de Chavi en el proyecto por el que muestra mayor satisfacción artística, la película de animación Chico & Rita, firmada junto a su amigo Fernando TruebaGoya a la mejor película de animación, mejor película en su categoría para el cine europeo y nominada al Oscar. La producción, en la que llegaron a trabajar hasta quinientas personas, puso al estudio Palo Alto al máximo rendimiento y obnubiló —cuentan— a Mariscal.

    Ni en este proyecto ni en otros habla nunca en términos de rentabilidad. «¿Podríamos habernos hecho ricos con el estudio? Pues sí, supongo que sí, pero no iba de eso. No íbamos de eso», y Chavi recuerda les escoletes d’estiu para los hijos de los trabajadores del estudio, que en Palo Alto «siempre había bocadillos y coca-colas» y admite que «de todo ello, antes de que llegara Google o Apple a darnos lecciones al respecto, sacábamos mucho partido creativo».

    «El teléfono dejó de sonar»

    Libertad total de horarios, libertad de vacaciones «que hacíamos coincidir con el calendario escolar. Para mí también era algo personal, una contestación a mi padre que siempre me decía que al hacerme mayor vería las cosas de otra forma, pues estaba demostrando que no estaba en lo cierto». Con todo, Mariscal es infranqueable a la hora de asegurar que ‘el problema’ no estaba en el estudio, sino fuera: «El teléfono dejó de sonar». Dejó de hacerlo, especialmente, en España: «Sólo nos quedó Brasil, Londres, Corea y Japón. No daba para todos».

    La curiosidad hizo a Mariscal, al que ni siquiera el eclipsante Cobi le restó una capacidad inagotable por fascinarse ante la vida (como fiel defensor de la necesidad de la muerte para la sociedad). A lo largo de una jornada de conversación hay fascinación y caras de asombro ante las nuevas generaciones, ante la limpieza en las calles de Tokio, ante la gente —»mi gente»— de La Habana, ante la idea de que los bebés lleven cinturón en los carritos y su consecuencia cívica, ante los inventos que le han cambiado su forma de trabajar (el fax, la fotocopiadora, Internet, el iPad…) e incluso mucha fascinación por haber logrado aceptar que es «dibujante». «La gente se sorprendería si supiera lo poco que hace que no me siento raro al reconocer que lo que hago son dibujos».

    EMOCIONAL, DIVERTIDO, VISCERAL, UNIVERSAL, 65 AÑOS MÁS TARDE, MARISCAL, CHAVI PARA CASI TODOS, NO SE ESCONDE ANTE NINGÚN REVÉS DE LA VIDA

    Emocional, divertido, visceral, universal, 65 años más tarde, Mariscal, Chavi para casi todos, no se esconde ante ningún revés de la vida. Tampoco oculta su falta de premeditación «para nada», que todo parte de aquel joven hippie «por el monte en Ibiza», que el LSD desencadenó parte de su creatividad, que pudo dibujar sin preocuparse del dinero «porque venía de una familia pudiente», que «no habrá otra oportunidad como Cobi», que los turistas en verano sacan lo peor de él, que en países como Corea de Sur (en 2013 organizó la mayor exposición en torno a su figura, The Art Player) su nombre va ligado al de España y que encara lo que le resta de ‘carrera’ sabiendo dónde está y quién es: «Mi patria es un lugar redondo que se llama Tierra y el reconocimiento es algo que te debes conceder tú mismo. Nadie como tú. Ése es el gran secreto y estoy tranquilo». 

  • Mariscal: «Cerrar el estudio ha sido un golpe durísimo para mí»

    El diseñador valenciano más internacional recupera «tiempo e intimidad» tras deshacer su proyecto como estudio

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Se ha despertado antes de las 6 de la mañana, son las 21 horas y hoy ya ha contestado a una docena de entrevistas antes que a esta. Le queda alguna más y lo sabe. Es jueves, ni siquiera hay 8 grados de temperatura en el centro de Valencia -algo inusual, y él lo sabe-  y unas 100 personas contemplan en exclusiva el chester que ha diseñado para Canella Mobiliario, una de las firmas valencianas con más negocio en los mercados emergentes. No muchos de los presentes saben que su estudio cerró como tal el pasado verano, 25 años después de haber convertido una fábrica de Poblenou en el ‘Palo Alto’ de Barcelona. Javier Mariscal acaba de cumplir 65 años hace tan solo unos días, pero ni todas estas cifras ni la clausura ‘oficial’ de su buque insignia atenazan su creatividad.

    El sofá que presenta es una explosión cromática y recuerda al sillón Alessandra que diseñó en 1995 para un fabricante italiano. Ahora, el salto de telas en la tapicería de aquel divertido asiento se adapta a la ortodoxa forma del chester, como una analogía de lo que el propio creador parece estar viviendo. «Hace 25 años pensaba que tenía que crear un lugar donde la gente se lo pasara bien, donde hubiera sofás para quedarte a dormir, librerías y juegos para pensar, un espacio como Palo Alto. Cerrar el estudio ha sido un golpe durísimo para mí, pero ‘nos’ adaptamos y seguimos». Allí siguen sucediendo cosas, pero las hasta 30 personas que fueron ya no figuran como titulares del mismo. Ahora, a su alrededor, un enjambre de profesionales de confianza y freelances continúan con los pedidos que, en menor medida si lo comparamos con las últimas tres décadas, siguen llegando.

    En los años 90 tres de sus once hermanos fueron incorporándose al estudio a tiempo completo. Santiago, dedicado al mundo de la empresa y a la postre gerente de Estudio Mariscal; Tono, llegado del mundo de las audiovisuales, integrado también en el estudio (Muviscal) y pieza consorte del gran proyecto cinematográfico Chico&Rita que realizaron junto a Fernando Trueba; Pedro (Pedrín), hombre del textil y ahora gerente de la etapa Palo Alto Market: un mercadillo, de arte, moda y gastronomía que con tan solo tres citas en los últimos tres meses se ha convertido en un networking desenfadado y deseado por la comunidad creativa de todo el mundo. El lugar, no obstante, acoge a una veintena de empresas creativas, con arquitectos, escultores o desarrolladores web a los que la suerte de la recesión les ha afectado en distinta medida.

    Pero Mariscal sigue trabajando, rodeado de los miembros de esa «familia», los que le llaman Xavi con naturalidad, que ha sacado una producción ingente en torno a su firma. Mobiliario, iluminación, comunicación, diseño gráfico, ilustración, arte, instalaciones, carteles, portadas para The New Yorker, audiovisuales corporativos, web, series y cine de animación, miles de aplicaciones a partir de Cobi… «Ahora tengo más tiempo para mí, para estar con mis niños, para perderlo, para perderme… Lo que tengo claro es que el mundo no ha dejado de mejorar desde que surgió. Cada vez es más estimulante», añade y es  interrumpido constantemente por admiradores. Hablo con cada uno de ellos y habla de su Valencia natal. Él y sus hermanos acudieron al colegio El Pilar y recuerda una ciudad muy distinta a la que irradia el remodelado Mercado de Colón: «me gusta lo de anar com cagalló per sequia. ¿Conoces la expresión? Cuando iba al colegio yo veía eso, literal, en las acequias de Valencia. Así vamos por aquí».

    El diseñador, que reconoce haber hablado varias veces a lo largo del día de Cobi, su mascota para las Olimpiadas de Barcelona ’92, confirma con su conversación el ímpetu mediterráneo, bohemio y artístico de la ciudad: «si naces en Burgos tu cabeza también se estructura como quiera que se estructure allí una cabeza. Si en tu infancia tienes una luz como la de Valencia, que hasta en invierno tenemos esta luz, pues acaba influyéndote a la hora de crear, y el Mediterráneo nos afecta. Me refiero a las influencias estéticas del entorno. Por ejemplo, en esta ciudad está intacto el gusto por lo kitsch que proviene de Italia. Esa cosa cutre de Italia está aquí también».

    -Valencia acusa la ausencia de diseño, como si fuese una oposición a su propia realidad creativa.
    -«Lo que hay que tener claro es que si una ciudad tiene una comunicación casposa, es porque sus políticos así lo quieren. No es casual. Es lo que ellos quieren contar y transmitir de la ciudad. El caso de Barcelona ahora es paradigmático. Con el nuevo Gobierno local [Xavier Trias, Convergència i Unió] se está comunicando de una forma cutre, pero es la que conecta con sus mandatarios, la que quieren contar».

    QUÉ PINTA EL CLIENTE

    Mariscal recuerda la función «social» del diseño y su existencia «para comunicar mejor y para que los lugares adquieran valor. La gente perdería los vuelos en los aeropuertos de no ser por el diseño». En este sentido, los proyectos institucionales parecen haber caído en desgracia con la crisis. Además del omnipresente Cobi, Mariscal firmó en 1979 el perdurable logotipo Bar Cel Ona.

    -¿Contar con clientes potentes, como H&M o Camper, ayuda a crear una mejor carrera como diseñador?
    -«Es que no sé de qué me hablas cuando hablas de ‘carrera’».

    -¿Prospera la creatividad y el diseño a partir de los grandes clientes? ¿Ha sido importante para ti contar con ellos?
    -«No. Ahora mismo trabajo para una serie de colegios de Castellón que tratan de comunicar mejor sus menús para sus alumnos. Y hay un montón de información y, personalmente, lo abordo como si fuera el mayor de los encargos, justo al lado de otro que a lo mejor estoy haciendo para una multinacional».

    Otros proyectos, a lo largo de su ‘carrera’ -cúmulo de tiempo y trabajo que no acepta encapsular en esa palabra- le han vinculado a la imagen de Valencia con marcas ahora ‘manchadas’ por la actualidad. Desde la última imagen de Bancaja, todavía presente en su Fundación, a la de la 32ª America’s Cup:

    -Siguiendo con la relevancia de los clientes en el trabajo del diseñador. ¿Te arrepientes de haber trabajado para alguno?
    -«¿Arrepentirme? No conozco ese verbo. Hasta el día de hoy yo no recuerdo haberme arrepentido de nada». 

    -Pese a la ruptura de fronteras de consumo visual, ¿una imagen local muy concreta, muy propia, sigue siendo tan potente como antes para comunicar en el mundo?
    -«El caso más claro es el de Pedro Almodóvar. ¿Qué tendrán que interesarle esos personajes antiguos de La Mancha, esos lutos, a la gente de Japón, por ejemplo? Pues es muchísimo más potente. Lo importante es dominar todos los elementos de comunicación de ese ámbito y crear un relato potente con ello».

    EN CONSTANTE ACTUALIZACIÓN

    El valenciano acepta que el hecho de haberse desprendido de una forma estructural de su estudio, donde no obstante siguen sucediendo cosas y del que extrae a su equipo de confianza, le está haciendo trabajar «quizá de una forma más íntima. También lo encaro como un reto y como una crisis, que es oportunidad y es salida… pero sí, me preocupo por cosas que antes no controlaba, como papeles, cuentas y esas historias». Tras numerosos diseños de producto, exposiciones y creaciones que, salvo ser un encargo puntual, tocan el mundo del arte frente al del diseño, Mariscal reconoce que el papel de las nuevas tecnologías no es sino un dinamizador de su trabajo. «De todos los aparatos, con el que quizá más trasteo es con el iPad porque está ligado al dibujo. Uso mucho la aplicación Dink. Igualmente, es muy cómodo poder estar enviándote imágenes a partir de WhatsApp para ver cambios o modificaciones con tu equipo».

    Recuerda sin nostalgia como apreció el avance de que uno de sus diseños pudiera estar «en cuestión de minutos entre Buenos Aires y Nueva York [se refiere al fax]. Esto solo ha hecho que ayudarnos a avanzar. Pero bueno, también hay cosas que no entiendo, como Twitter. Estoy, pero no sé qué le sucede a la gente que hay ahí adentro. Cuando les da por ahí me insultan». Aun así, precisamente esta red social, le reportó miles de alegrías recientemente: hace tan solo unos días, La2 de Televisión Española emitió Chico&Rita. «Me han llegado miles de felicitaciones, porque mucha gente que ya la había visto la ha vuelto a ver y otra que lo ha hecho por primera vez ha querido enviarme algún mensaje. Miles de mails también…».

    Los ojos le brillan especialmente al hablar de su película junto a Fernando Trueba.

    -¿Ha sido uno de tus trabajos más satisfactorios?
    -Sin duda.

    -¿Quizá ha influido el hecho de poder comunicar de una forma transversal, a partir de un mayor número de estímulos: imagen, movimiento, música, sonidos…?
    -«Básicamente, es eso. De hecho, creo que si alguien debe firmar la película es Fernando (Trueba), porque yo me he metido en su terreno y él en el mío, pero quien domina todas las artes que hay ahí dentro es él».

    Mariscal reconoce que ambos trabajan con diferentes ideas de guión y que «si hay una buena historia, la financiación no es un problema». Fueron algo más de cinco años de trabajo, con un equipo base de 80 personas trabajando -varios cientos en momentos puntuales de la producción-. Sin embargo, la misma fue la tormenta que precedió a la deriva del propio estudio. Los 150.000 dibujos y una vitrina plagada de premios (Goya, Premios del Cine Europeo, Premios José María Forqué, Premios Gaudí, Premios Annie, nominada al Oscar como mejor largometraje de animación…) no sirvieron precisamente para realzar el económicamente el vuelo del estudio, que desde 2010 iba restando cuota de negocio hasta solicitar hace algunos meses el concurso de acreedores voluntario. Mariscal se aquejó, por aquel entonces, de que los adultos todavía seguían viendo en el cine de animación una opción de ocio infantil. 

    Ciudades como Londres se han rendido a su obra con exposiciones retrospectivas, las grandes marcas -como las ya citadas- buscan su sello, pero su obsesión por estar constantemente actualizado le hace conectar también con las corrientes más actuales: «si ahora somos más conscientes de nuestro entorno y el diseño se concibe para hacer un mundo más amable, eso no solo es algo positivo». Mariscal también ve natural todo el revival de la artesanía -Palo Alto Market da buena cuenta de ello- y los productos de kilómetro cero «tanto en la mesa [cocina] como en el diseño». Ese es el presente, mapeando una nueva corriente e influido por el tiempo en el que vive como si acabara de salir de una escuela de diseño. Tan joven y actual que mencionar la llegada de una hipotética jubilación, pese al punto y coma del Estudio Mariscal, es absurdo.