Categoría: Música

  • Ariel Rot: «Dedicarse a hacer canciones hurgando en tus emociones es una ‘dulce condena’»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Ariel Rot (Buenos Aires, 1960) ha vuelto a contar hasta tres para publicar nuevo disco. La manada (Warner, 2016) llega con ese ritmo de trienio con el que ha acostumbrado a sus seguidores y que, según sus propias sensaciones, poco tiene que ver con un trabajo «más bien caótico» y con la idea metódica que pudiera enmascarar a «un rockero vago. Los rockeros somos vagos». Con la alargada sombra de su paso por dos bandas que -quién sabe si por su contemporaneidad al rock o por el poder de la nostalgia- no han dejado de crecer desde que decidieron poner punto y final a sus respectivas carreras: Tequila y Los Rodríguez.

    Las canciones de Rot, las de entonces y las de una carrera en solitario que se prolonga mucho más allá que esa tiempo de bandas, sigue siendo tanto o más redondas en La manada. Un disco (disponible en CD aunque pensado como vinilo de 180 gramos, formato en el que también ha sido editado) capaz de haber desatado a Rot de cierto bloqueo compositivo. En la búsqueda interior de la frescura, sin hacer caso a la citada sombra que le exige mantener un listón como hacedor de música -y ahora ultima una canción para el nuevo disco de Joaquín Sabina-, ha construido un LP más libre que La huesuda, pero que, quizá por sorpresa o quizá no, alcanza sus cotas más altas a través de las baladas.

    LA MANADA «ES UN DISCO MENOS MENTAL Y MÁS VISCERAL»

    -De La huesuda a La manada, la sensación de banda crece, está más presente en las canciones. Suena a escenario. ¿Tiene algo que ver con la elección de título para ‘La manada’?
    -La manera a través de la que llego al título del disco es instintiva y nada conceptual. Lo primero que hago es resolver el título de las canciones. Luego va el nombre del disco. En este caso, recuerdo que primero me lo imaginé escrito, que me gustó el sonido, que sólo tenía una vocal… Luego me di cuenta de que me servía para poder contestar a muchas preguntas como esta [ríe]. Es una manada de canciones, que cada una cumple su rol e intentan sobrevivir ante las adversidades, ayudándose unas a otras. 

    -¿La tuya es una historia de manadas?
    -Mi historia está llena de manadas. Manadas que he ido perdiendo. La primera con el exilio de Argentina. Las otras, cuando perdí las bandas, las manadas de la música. Me parece que todo funciona por manadas. De hecho, en cada sitio, cuando vas varias veces, haces una manada que te espera. La verdad es que me di cuenta con el tiempo de que este era un título más adecuado que cuando pensé por primera vez <<¡ah, manada! Qué bonito…>>.

    -¿Qué tiene que ver con estos últimos años La manada?
    -Estos últimos años he sido un lobo solitario y este es un disco para tocar acompañado. Siento que La huesuda era un disco contenido, que no llegaba a estallar. Este es un disco espontáneo, desbocado, de manada en ese sentido. Lo compuse así también, pensando o visualizando la batería, el bajo… es un disco menos mental y más visceral.

    -Se percibe un proceso compositivo o un ambiente distinto.
    La huesuda es el producto de una etapa en la que pasé mucho tiempo solo. Giras solitarias, estancias más reflexivas. Para este disco me encerré en el estudio, bien insonorizado, pero con buen volumen, con la guitarra y a desvariar, a dejarme llevar. Cantaba cosas que no tenían sentido. Así, a partir de ahí, empezó el trabajo y yo empecé a entender por dónde iba el nuevo disco.

    «LAS BANDAS SON MUY CELOSAS Y NO TE DEJAN TENER IDEAS PROPIAS»

    -¿El disco es la estación final de un periodo de tiempo creativo para ti?
    -En cierto modo sí.

    -Hablas de ello como con cierta liberación de acabar el proceso, como si te hubieras desquitado del reto de volver a levantar un nuevo álbum…
    -…pero no me quejo ni mucho menos. Es muy bonito el proceso. Ojalá los problemas de la gente, todos los problemas, fuera tener que componer canciones. Dedicarse a hacer canciones es una bonita condena… una ‘dulce condena’ hurgar en tus emociones y hacer una canción.

    -¿Ha cambiado mucho ese proceso creativo?
    -Con Tequila la manera era empezar todos a la vez, en el local. Con Los Rodríguez hubo una etapa en la que también fue así… pero había también mucha composición solitaria, aunque las bandas son muy celosas y no te dejan tener ideas propias. Ahora es más libre desde el punto de vista en el que me levanto una mañana y me apetece quedarme dos horas escribiendo sobre algo que leí o algo que se me ocurrió la noche anterior…

    -¿De día? Has hablado alguna que otra vez de tu insomnio…
    -Digamos que duermo poco [ríe].

    -¿Pero la noche es un momento de composición?
    -Soy más diurno. Quizá porque las canciones nunca arrancan en parado. Me explico: compongo o empiezo a componer en movimiento. Necesito actividad. Me cuesta empezar encerrado en una habitación. Siempre empiezan paseando, conduciendo, dejando que surja. Si compongo algo una noche es porque he vuelto borracho a casa, así que… Pero sobre el insomnio mejor no hablemos. Por favor. Hace un tiempo que no… no quiero invocarlo.

    -En mitad del disco, de repente, hay un oasis en la línea espacio-sonora. Un descaro que se titula ‘Espero que me disculpen’ en el que has contado con los valencianos Los Zigarros.
    -Es frescura y descaro.

    -¿Por qué en ese lugar del disco?
    -Bueno, hay varios criterios para montar un disco. Desde que haya mucho contraste como atmósferas parecidas, como buscando una narrativa… Está ahí porque quería que la segunda cara del vinilo empezara con ella. Es un tema ideal para iniciar la cara por ese rock juvenil y descarado. Pero ojo, Los Ziagarros no hacen ese tipo de letras, la letra de un suicida…

    -Parece una canción suya, pese a esto.
    -Les pega perfecto. Cuando saqué la canción me dije que no la podía grabar con mis músicos, que tenía que buscar una banda de rock’n’roll y evitar a mis experimentados músicos, sin ese poso y ese paso del tiempo. Y coincidió todo, porque no hacía tanto que había conocido a Los Zigarros en un concierto caótico en Formentera. Que fuera caótico todo supongo que ayudó a que nos cayéramos tan bien. Fue lo primero que grabé del disco, meses antes que el resto.

    -¿Te daría morbo una infidelidad con tus músicos llevándote a Los Zigarros como banda de directo?
    -Si te digo la verdad, lo que me gustaría es que alguien me contratase a mí de guitarrista. Tirarme una temporada sólo tocando la guitarra. Es algo que le vendría muy bien a mi sistema nervioso.

    «EN ESPAÑA HA HABIDO MUY POCAS BANDAS DE ROCK COMO LOS ZIGARROS»

    -Has hablado en alguna ocasión de lo limitado que a veces te sientes con tu voz. ¿Lo de ofrecerte como guitarra tiene que ver con ello?
    -No, qué va. Disfruto mucho cantando. Pero es que como guitarra disfruto mucho también. Con la reunión de Tequila fue una pasada, quedarme en un rincón del escenario con mis pedales y tal. Ahora se hace todo mucho más cuesta arriba al frente de la banda. Los músicos de hoy en día tienen demasiadas actividades. Se presentan demasiadas dificultades todo el tiempo. Por eso me gustaría dedicarme sólo a tocar la guitarra. Sería como irme de vacaciones. Que los problemas se los coma otro. 

    -Y ser gregario durante un tiempo. Parece que le tengas celo a tus músicos.
    -Les tengo envidia, sobre todo, porque tocan con gente que les paga mucho mejor que yo [ríe].

    «…PONGO RADIO 3. Y, BUENO, ESCUCHO A MUCHAS BANDAS QUE LO HACEN BIEN, PERO NO ME CONMUEVEN»

    -Sin abandonar del todo la mención a Los Zigarros, teniendo en cuenta la popularidad de los estilos, los tiempos, ¿los ves como la última gran banda de rock en España?
    -Espero que no. No sé si es la última, pero es una gran banda de rock. Lo interesante de ellos o con ellos es que ha habido muy pocas bandas de rock así en España. El rock de los Faces, de los Rolling, de Chuck Berry… ese rock más sencillo y a la vez más obsceno. Aquí, bueno, Burning, Tequila y poco más. Los Zigarros lo hacen con maestría, así que cuando les conocí, rápidamente, sabía que íbamos a conectar. Son muy buenos y son más mayores que cuando nosotros estábamos en Tequila, así que tienen muy desarrollado el otro lado, el del blues, y encima tienen esa actitud sobre el escenario, por lo que verlos es muy poderoso.

    -Son algo así como un eslabón perdido para ese tipo de rock en España.
    -Pero un eslabón muy grande, porque hacía demasiado tiempo que se había roto.

    -Ya que hablamos de bandas más jóvenes. ¿Qué te llama la atención de la música más reciente? ¿Te has convertido más bien en un revisionista?
    -Más bien sí. En casa, desde luego. Cuando voy en el coche si que pongo Radio 3. Y, bueno, escucho a muchas bandas que lo hacen bien, pero no me conmueven. No sé explicar por qué, pero no me conmueven. No sé si es la edad que tengo, si es por la música que ya he escuchado en el pasado, por haber sido contemporáneo a grandes bandas que me he vuelto insensible. Y te digo, están bien, lo hacen bien y encima son muchísimas. Lo que sé es que al día siguiente no me acuerdo ni del nombre de la banda ni de la música que hacían.

    SOBRE NUEVAS BANDAS DE ROCK: «ME ACABO FIJANDO EN GRUPOS COMO LOS LIBERTINES, QUE SE RECREAN EN EL ERROR»

    -Cuando empezaba Tequila, quizá, no tenías tantas facilidades técnicas. Ni tan buenos instrumentos ni las posibilidades tecnológicas de grabar de una manera más que óptima en casa.
    -No, por las guitarras no era. Tequila tenía mejores guitarras que las que he tenido después. La razón es que era barato comprar guitarras vintage, guitarras que nos fueron robando y que no quiero ni pensar qué valor artístico tendrían ahora. Eran joyas. Nunca volvía a tocar guitarras así. Pero lo de la postproducción sí es así… no obstante, me acabo fijando en grupos como los Libertines, que se recrean en el error. Me conmueven más. Me gustan los grupos sucios, con imperfecciones. Estoy más alejado de los grupos de pop, medio modernos, ese rock moderno que suena perfecto… lo oigo y sólo pienso: ahí hay mucho trabajo de ordenador, de postproducción. Tal vez sea ese mi problema. Escucho todo tan afinado, tan perfecto, que no me puedo conmover porque me parece como que es lo que les hace perder el alma.

    -¿Cómo gestionas tú tener esa posibilidad de afinar, de repetir, de mejorar en el estudio (repite con su productor José Nortes) hasta ‘clavarlo’?
    -Esa pregunta se resuelve con una anécdota: en el primer disco que hice con José me salió un solo en un momento muy virtuoso. Lo escuché y le dije que era una pena porque había un par de suciedades, a lo que me contestó que si no estuvieran esas suciedades, que si estuviese ‘bien’, no molaría. Es lo que somos los rockeros. Los rockeros somos vagos. No nos tiramos ocho horas al día tocando la guitarra. 

    -Desde luego, se aproxima a las sensaciones de directo. ¿El estudio en algún caso te limita o te sientes libre con la idea de que luego ‘todo eso’ hay que llevarlo al escenario?
    -Nunca. La idea, siempre es ‘cuando llega el directo, ya pensaremos’. Ahora empiezo los ensayos para el directo y voy a estar yo sólo como guitarra. Empiezo con la adaptación que también es un proceso bonito. Yo lo veo así: el directo ha de captar el espíritu y la intensidad del disco, pero no tiene que calcar el disco. Es más divertido y, en todo caso, es lo que hay [ríe]. Hay canciones con cuatro pistas de guitarra y no vamos a llevar a cuatro guitarras en nuestros conciertos. Lo que tengo claro es que si no puedo hacer un arreglo porque estoy cantando lo que no voy a hacer es cantar mal para que salga bien ese arreglo. 

    -Once nuevas canciones, después de mucha, con unas décadas de carrera a la espalda. ¿Tienes la sensación de haber concretado una fórmula? ¿Sabes cómo funciona ya esa alquimia?
    -Lo tengo claro. Lo digo en el sentido de que sé cuando una cosa ‘va’ y cuando ‘no va’. Sé cuando tengo una frase que puedo reescribir 10 veces y que, ya sé, al final se quedará la primera porque, aun siendo imperfecta, tiene la frescura, incluso a veces fonética, que no se puede encontrar más allá del momento de creación.

  • Pino Sagliocco: «La búsqueda de una rentabilidad inmediata ha hecho inestable a la industria musical»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pino Sagliocco llegó a España con apenas 18 años. Franco acababa de fallecer y el mundo de la cultura se agitaba pese a la incertidumbre del momento para el país. Era el caldo de cultivo de una década, la de los 80, en la que el actual presidente de la multinacional Live Nation acabaría por convertirse en el principal vehículo para que las giras de AC/DC, Lenny Kravitz, Madonna, Björk, U2 o tantos otros tuvieran parada en España. A veces, como en el caso de Michael Jackson, como único ‘puerto europeo’ en algunas giras mundiales y, en gran medida, a partir del trabajo de este italiano del sur cuya casa en Ibiza ha sido el escenario de noches de vino y conversación con personajes trascendentales del siglo XX como Frank Zappa.

    The Rolling Stones, Prince, Beyoncé, Lady Gaga o Coldplay son solo algunos de los 280 artistas que trabajan en exclusiva para la empresa líder en la promoción de conciertos internacionales. Sin embargo, la visión de Sagliocco y de la derivada española de esta compañía de referencia para la industria musical es una visión con los pies en la tierra, en la que existe una clara consciencia de cómo la música llega hasta las personas: «actualmente lo más parecido a un CD que hay es una lista de reproducción de Spotify. Se escuchan las canciones sueltas», destaca a ValenciaPlaza.com al otro lado del teléfono.

    Esta es la última estación de un cambio de paradigma total. Desde que The Beatles lanzaran en 1967 el que se considera el primer gran álbum conceptual del pop, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, la industria adjunta a esta realidad cultural ha perdido la intención conceptual para ganar «la experiencia del momento. Ahora los Dj’s son las auténticas estrellas de rock y la inversión es en la de crear una gran experiencia colectiva, en la que cada vez más tiene más valor el entorno en el que está sucediendo la música». Sagliocco incluso vincula esto a los festivales, sobre los que cree que hay «un poco de burbuja», pero «suponen una oferta inmejorable para el público ya que puede ver a diferentes artistas por el precio que tendría uno solo de ellos».

    Mencionado Zappa, hay que ver la mano de Sagliocco tras conciertos de Bob Marley en España pero también provocando la unión de Mercury con Montserrat Caballé que acabaría suponiendo la creación de ‘Barcelona’, el imborrable himno de los Juegos Olímpicos de 1992 en la Ciudad Condal, donde este gran promotor tiene residencia. Esto da una idea de cómo esta parte del negocio ha resultado mucho menos acomplejada a la hora de adaptarse a las tendencias. En esta misma ciudad dirige dos proyectos para este próximo mes de julio con apenas unos días de diferencia: el Barcelona Beach Festival, con tótems de la electrónica en un solo cartel como David Guetta o Martin Garrix, y el Hard Rock Rising, en el que pone en marcha la idea que -asegura- más le motiva en este momento: «que personas de distintas generaciones como yo y mi hijo podamos compartir en un festival como este el directo de Robbie Williams o el de Avicii».

    Los nombres propios son una constante en la conversación, pero no solo de los grandes artistas. La relación de Sagliocco ha sido en gran medida con los grandes managers de bandas, como Marcel Graham en el caso de Jackson. No obstante, apunta a que este ámbito se ha enrarecido durante los últimos años: «ahora el artista alrededor no tiene a un manager a la antigua usanza, esa persona que se encargaba de todo y que era un miembro más de la banda, pero de verdad. Ahora hay business manager, abogados… y todos estos profesionales mandan mucho sobre el artista, toman decisiones importantes y son el punto de partida de una búsqueda de rentabilidad inmediata, algo que ha hecho más inestable a la música [en el sentido de la industria musical]». Y apostilla: «lo más importante alrededor de la carrera de un artista, casi siempre, es de quién se ha rodeado, quién arropa y gestiona todo lo que rodea a estas personas». Sagliocco desarrolla esta idea revisando sus rutinas productivas actuales:

    -«Antes la relación con los artistas y con los managers era directa. Confiaban en ti, con nombre y apellidos, y la razón era que todos éramos parte de un todo, de un mismo entourage (séquito) por así decirlo y nos cuidábamos. Pero ese cordón umbilical se acabó. Ahora todo está detrás de 50.000 mails diarios, cuando puedo decir que he vivido un mundo del rock global en el que antes todo funcionaba por el cara a cara».

    La deformación profesional le ha hecho estar pegado músicos de masas como Frank Sinatra, Kylie Minogue, Elton John, Metallica Luis Miguel, Sting, Björk o Iron Maiden, pero en esa cintura que se reconoce al ver cómo ha estado a todos los grandes cambios estilísticos, ahora es el momento de los grandes disc-jockeys. A estos les augura sin titubeo una carrera a largo plazo, aunque cree que «de la relacion con artistas de rock y productores de música pop es de donde saldrá algo más interesante». Reconoce que de alguna forma la electrónica como tal puede estar «trillada» y esa es la fórmula, la de la sinergia con el mundo de la música rock y pop, la que ha de generar relaciones duraderas. Relaciones en las que Sagliocco asegura que ambos bandos «se entienden» y ya lo hizo funcionar en el festival Ibiza 1, 2, 3 donde pudimos ver un versus entre Dj’s y músicos como Elton John o Lenny Kravitz. «El futuro es un viaje conjunto entre ambas partes».

    En la electrónica, a la que ha estado vinculado desde que promocionara giras como las de Jean Michel Jarre («para mí, el padre de la electrónica»), ha encontrado también otro estímulo del mercado que habla de la preponderante posición de los Dj’s en las listas de éxitos:

    -¿Hay algo de cierto en que es el propio mercado y la necesidad de evitar riesgos la que ha llevado a que las carreras de Dj’s, habitualmente un solo artista con un equipo reducido, ha sobreponerse a las de las bandas de rock?
    -La estrella es la estrella, y eso no cambia, pero es más fácil gestionar a una persona que a cinco a la vez. Al menos en apariencia. El problema quizá esté en los egos, por que el éxito es un animal muy difícil de controlar y lo importante es controlarlo y hacer un camino de largo recorrido.

    Aun así, Sagliocco destaca que «hay menos artistas que llenen estadios. Si te das cuenta, volvemos a contar con AC/DC para ello y en el cambio generacional no hay tantos David Guetta». Son menos, pero también con otros canales de comunicación: «este es otro ámbito que se ha dado la vuelta y en muy poco tiempo. Hay casos como el de Imagine Dragons o Muse que también pueden llenar un estadio de fútbol y cuya comunicación no tiene nada que ver con las estrategias que antes trabajábamos, como hacer televisión, prensa, radio… es el ámbito de las redes sociales y el final de la radio fórmula. Ahora los canales son amplios, dispersos y cambiantes. Es algo con una influencia brutal y que se escapa de las manos».

    Del nuevo escenario, no obstante, Sagliocco si empieza a hacer lecturas propias del actual momento como diferenciado. Una lectura, por cierto, que combina la influencia de las redes sociales, la llegada de los Dj’s como nuevas estrellas del star system y algo de la nueva economía mercado, menos voraz quizá por las nuevas circunstancias: «algo sí ha cambiado porque no se mueve tanto dinero. Todo el mundo opina y el público está fragmentado, así que el artista tiene también otra realidad y otra percepción de su trabajo: entiende que lo que hace es una plataforma excelente para transmitir, para comunicar y está más conectado que nunca a las personas. Eso ha cambiado también el perfil y redunda en la idea de que la experiencia del concierto, el momento, está en su momento más álgido».

  • Edu Comelles, el inagotable embajador del arte sonoro que opera desde Valencia

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Hace justo una década que Edu Comelles (Barcelona, 1984) se sumergía en el Royal Institute of Art de Estocolmo para experimentar con el grabado y la estampación. Ultimaba su etapa académica en Bellas Artes, de la que ahora es doctor por la Universitat de Barcelona, cuando, de repente, se topó con un seminario de audiovisuales en Suecia.

    -«Entré y pregunté, ¿aquí que hacéis? Me dijeron que hacían vídeo y que hacían sonido. Sentí curiosidad y me pasé encerrado seis meses allí dentro. Entonces, volví a Barcelona y entregué lo que había grabado… era un CD«.

    Antonia Vilà, profesora de Comelles, encajó el viraje, aunque convencer al resto de docentes para concluir con esta disciplina el último año que le quedaba no fue sencillo. «Ahora mismo, un estudiante de Bellas Artes que trabaje con sonido no tendría el menor problema», completa. Pero Comelles no niega que los experimentalistas de la música se manejan entre dos ámbitos de desentendimiento: mientras que en los grandes centros de arte contemporáneo la presencia de esta disciplina es  marginal, el establishment de la propia industria musical apenas tiene conexiones con estos creadores.

    Aun así, advierte el principal gazapo: «el sector no está profesionalizado. Igual que los pintores cuentan, mal que bien, con un sector de galerías y museos, el arte sonoro recae sobre un saco complejo: el de las artes no académicas». Y es que el sector profesionalizado, el de la música contemporánea, «lo está porque se compone de profesores, una minoría de intérpretes de orquesta y algún solista estrella. Nosotros estamos al margen de conservatorios y academias». El auténtico underground de la clásica, cuenta con un perfil «autodidacta, en el que los grandes creadores se dedican a otras cosas: son electricistas, abogados, diseñadores o cualquier otra cosa. El gran contraste es que a nivel local, nacional e internacional hay una creatividad desbordante y se están creando auténticas maravillas». 

    De Valencia al mundo a través del sonido

    A DIFERENCIA DE PROGRAMAR CONCIERTOS, «COMISARIAR ES CREAR UN RELATO, ABORDAR UNA IDEA A PARTIR DEL DIRECTO»

    Ese es el escenario en el que Comelles opera. Es músico, intérprete, creador, comisario (que no programador) de conciertos, cataliza a una parte notable de la escena nacional a través de su sello (etéctera) Audiotalaia, pero sobre todo es uno de los referentes del ámbito también en un sentido académico. Completó su formación con el Master Superior en Diseño de Sonido por la Universidad de Edimburgo y el de Artes Visuales y Multimedia por la Universidad Politécnica de Valencia, destino que acabaría convirtiéndose en su base de operaciones: «durante el primer año pensaba que no iba a quedarme aquí», pero apenas «en la primera semana o diez días conocí La Gallera y supe que quería hacer algo en ese espacio».

    Desde entonces, Comelles ha sido el agente dinamizador de buena parte de la escena de arte sonoro en Valencia y ahora también en la Comunitat Valenciana. Pero también mucho más allá. Ha publicado trabajos en los sellos Resting Bell (Berlín), Test Tube (Portugal), Impulsive Habitat (Portugal) o Audiotalaia (España), aunque en este último caso podemos hablar de autoedición. El sello recoge más de 150 volúmenes, 82 discos inéditos bajo licencias creative commons y ha servido para poner en marcha buena parte de su labor como comisario de conciertos: «esa es la gran diferencia con un programador. La idea de comisariar conciertos es la de crear un relato, abordar una idea a partir del directo, incluso acompañar al artista a la hora de enfocar en el espacio». Actualmente, de hecho, sus conciertos mensuales en el Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) van acompañados de un monográfico sobre el artista, una entrevista y el registro del concierto.

    Esta iniciativa reproduce exactamente el proyecto Off_Herzios que asumió -bajo concurso- el Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana o la itinerancia de conciertos por las salas de arte contemporáneo de la ciudad. A diferencia de cualquier otra programación de música, «de 2010 a 2014 fuimos generando una escena valenciana del arte sonoro y las músicas extrañas. Sin embargo, en 2015 y debido a los recortes, nos quedamos fuera de la programación del Consorcio pese a que nos sosteníamos con un presupuesto sumamente modesto».

    Una nueva etapa en el EACC y Ensems

    HA EXPUESTO SU OBRA SONORA EN EL REINA SOFÍA DE MADRID, CCCB, EL MUAC MÉXICO DF Y UN LARGO ETCÉTERA

    La interrupción, afortunadamente, solo ha durado un año, aunque sus consecuencias han sido penosas: «lo increíble es que ahora aquí y fuera nos llenábamos la boca diciendo que Valencia era la capital en España del arte sonoro y las músicas experimentales entre 2010 y 2014. La gente de Barcelona, Madrid o Bilbao flipaba. Ahora es Barcelona, Madrid o Bilbao quiénes comparten esa capitalidad, porque aquí se ha perdido el público que hemos ido generando en La Clínica Mundana, Off_Herzios y los conciertos enla Sala La Gallera. Nuestras programaciones servían de punto de apoyo periódico entre festivales de cita anual como Nits D’Aielo o Pim Pam Pum entre otros, y eso hay que recuperarlo». Un momento dulce en el que tanto es como Carlos Flores, otro agente indispensable durante los últimos años para entender esa escena valenciana del arte sonoro, «llegamos a despreocuparnos por si venía público: nunca fallaba y cuanto más extravagante o arriesgada era la propuesta, mejor». 

    Ahora ha sido la 38ª edición del Festival Internacional de Música Contemporánea Ensems, cuya programación completa se presentará este viernes, la que ha reinsertado a Comelles para comisariar algunos de los conciertos de vanguardia. En total serán cinco dobles conciertos, cuatro de ellos en espacios únicos de la ciudad, entre los que vuelve a encontrarse la Gallera, los claustros del Centre del Carme o los Baños del Almirante, entre otros. «Los conciertos que hemos propuesto y realizado durante estos años tienen un componente puramente vivencial. Es el valor añadido, lo que distingue al público que con muy poco se fidelizó y se convirtió en crítico».

    Comelles, que acaba de publicar Agost en el que hay colaboraciones como Fernando Junquera (Negro), Avelino Saavedra o Sara Galán, con la que ha actuado como dúo en Cello + Laptop, ha expuesto su obra sonora en el Museo Reina Sofía de Madrid, el CCCB de Barcelona, en el MUAC de Ciudad de México, el Sierra Centro de Arte o LABoral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón. Y, entre un buen puñado de actuaciones por Europa, actuó junto a Galán en el prestigioso Sónar de 2013. Precisamente, ha avanzado en las investigaciones en torno a los modelos expositivos para dar cabida al arte sonoro y actualmente también ha desarrollado sus propios modelos de micrófonos y auriculares que también vende desde Audiotalaia.

    La oportunidad del IVAM

    «JOHN CAGE SE ENTIENDE MEJOR EN EL ENTORNO DE LAS BELLAS ARTES QUE EN EL DE LOS CONSERVATORIOS»

    Con todo, Comelles se apena de haber «destrozado la mayoría de vínculos» de la citada escena. «En el momento más complicado no ha existido un colchón institucional que evitase que todo eso se perdiera». En este sentido, y consultado específicamente por el papel del IVAM al respecto, el artista y comisario lo tiene claro: «estamos hablando de un museo de referencia que tiene un fondo de artes visuales espectacular. Así que, claro que tiene sentido que tenga una programación de arte sonora arriesgada».

    No obstante, Comelles no ‘echa la culpa’ al propio centro, sino al ecosistema creativo de las artes sonoras: «el sector creativo lo compone un magma extraño de gente nada academicista. Y, mientras que las artes visuales han superado la posmodernidad, ciertos sectores de la música no. Es así. Hay menos reticencias entre los artistas visuales a la posmodernidad, gracias al todos los “ísmos» y arte conceptual, etcétera. John Cage, que sería un punto de partida para muchos creadores sonoros, un referente, se entiende mejor en el entorno de las Bellas Artes que en el de los conservatorios».

    Comelles remata que mientras que «el arte visual ha aceptado que no hay lenguajes únicos, que cualquier medio puede ser un lenguaje, la música no lo ha hecho de forma tan transversal». Sobre la carencia del IVAM, él ve una oportunidad: «es una de las instituciones que tiene la gran posibilidad de levantar la vista e incluir artes que le son mucho más cercanas que algunas de sus programaciones musicales, aunque asumo que hay compromisos institucionales y que lo que hacen siempre puede tener un concepto o idea de desarrollo”.

  • Sáez: la agria belleza del corredor de fondo

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La cosecha de creadores valencianos tiene sus tendencias internas, a menudo a semejanza de lo que sucede fuera, pero desde luego a la vanguardia que permite su falta de complejos. Por ejemplo, la cada vez más extendida opción por minimizar la presencia del artista entre el receptor y el mensaje y, contradiciendo cualquier precepto de personal branding, parapetarse tras una marca restándole toda relevancia al quién frente a la obra. Sin entrevistas, sin intermediarios.

    El street art, del que hace tiempo somos referencia, inició ese camino pero no es tan habitual poder encontrar un símil en la música contemporánea. Sáez no está tan lejos de adquirir una postura subversiva, aunque a veces parece querer diluirse cuando justo acaba de publicar uno de los discos del año para la escena local. Reconoce que la inercia de cuantos músicos y productores le rodean -y no son pocos- le ha llevado a revelar el disco que, para él, es «una terapia personal. Una lucha contra mí». El álbum está en la calle y esta noche, a las 22 horas y en Las Naves, sube a seis músicos al escenario para materializarse todavía más.

    Quien escucha el álbum Camina conmigo (Autoeditado, 2015) se enfrenta a once canciones con salida en el rock progresivo y final en un mensaje emocional, profundamente personal hasta doler, surgido de una bajada a los mísmisimos infiernos del autor. «Una de las cosas más increíbles que me ha pasado con el disco ha sido que uno de mis amigos, al escuchar uno de los temas, me dijera: <<has escrito la canción de mi vida>>. En ese momento me di cuenta de que una historia, por mía que fuera, podía conectarse con otros sentimientos», asegura el cantante, guitarra y hasta batería en la grabación a Valencia Plaza.

    El disco infinito

    Fue hace unos ocho años cuando, al escribir una canción para la que fue su banda de rock (Álvarez), descubrió un pozo de inspiración. Los años desencadenaron situaciones más gravosas y, hace tres años, «cuando creo que empezaba a recuperar la calma», grabó ‘Monstruo’. La canción ha sobrevivido hasta el playlist final con otros temas registrados durante muchos meses de trabajo, con una amalgama de sesiones, productores e incluso etapas en el proceso que no han hecho sino alimentar la expectativa sonora ahora cumplida.

    Carlos Soler y el propio Javier Sáez han combinado los puestos de producción, con una segunda línea de control sobre lo que acontecía comandada por el también productor de directo y guitarra de la banda Guillermo Sanz y el también asesor de la mezcla y autor de buena parte de los teclados Pau Paredes. El combo se completa con el batería (en tres temas) y percusionista del disco Pau Vila, junto a Sanz, los dos principales apoyos musicales sobre los que Sáez ha dejado recaer algo de peso de un álbum tan personal. 

    Todos ellos han sobrevivido a un último año de mezcla: «hasta tres han llegado a tener las sesiones de grabación abiertas en sus ordenadores», apunta Sáez todavía con cierto temblor por ser consciente de la fragilidad con la que ha liderado un proyecto que en cualquiera de sus fases de grabación, producción y mezcla pudo quedarse a mitad de llegar a ningún sitio. El resultado se inicia con ‘Fuego’, instrumental que desencadena todo un álbum que atraviesa canciones más espontáneas dentro del contexto, como ‘Adiós’, ‘Camina conmigo’ o ‘Elixir’, y encuentra sus puntos álgidos en la sencillez de ‘Pronto’, la polifonía luminosa de ‘Quédate aquí’ o la maraña de conflictos internos y guitarras de ‘Monstruo’.

    Escucha el disco de Sáez en Spotify y Bandcamp.

    El camino que va en todas direcciones

    «No me he preocupado lo más mínimo por las cuotas de realidad en el disco. He vomitado y es lo que ha salido, más agrio supongo que otra cosa», asegura Sáez. El mimo con el que aparecen cada una de las capas de cada tema, con una presencia melódica innegable y una base de rock fundamental, contrasta contra el agrio que él mismo advierte. Es la gran belleza de un disco cocinado a un fuego tan lento que se escapa de comparativas. «Y, de hecho, no me preocupé por el orden de las canciones. Sabía cómo tenía que empezar, pero el resto era todo lo que quería decir y ya está dicho». 

    En el interior del álbum un homenaje y una dedicatoria condicionan la escucha del mismo, aunque la temática del disco ahora es para Sáez un feliz quebradero de cabeza: «no sé qué haré. Cogeremos los directos que vengan porque alrededor del álbum percibo algunas expectativas, pero me preocupa más si volveré a componer. Aquí tenía algo que contar y lo he contado, me he vaciado, está todo fuera. ¿Ahora de qué escribo? No sé si volverá a suceder y me cuesta un mundo pensar en algo que vaya más allá del día de hoy», añade. Admite, de hecho, que compañeros de viaje como Sanz han sido fundamentales, aunque en el disco ha aparecido la figura de Soler (también Damien Lott) «al que me parezco mucho. Nos hemos reído hasta troncharnos en el estudio, hemos llorado y nos entendemos una barbaridad. Ha sido fundamental».

    Vacaciones, días libres, fines de semana y rincones de tiempo durante tres años no adquieren el menor protagonismo en esta tirada de canciones que suena empastada como si nada hubiera sucedido entre el sonar de una y otra. El sentido, pero sobre todo la intención, conectan todas las piezas representadas a través de la obra fotográfica de Dolores Villar en el ábum, con el diseño de Fluye Estudio. Paisajes efímeros que, por cierto, «son todo horizontes. No muestran objetivos de ningún tipo, sino una sencillez de formas y cierta calma, que es el estado en el que vivo ahora después de todo… después de todo esto». 

  • Los Zigarros: ¿y si la última gran banda de rock fuera valenciana?

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Han sido dos años y medio de vértigo, sobre todo si se descuentan los muchos que Ovidi Álvaro Tormo llevan con una guitarra eléctrica colgada al cuello. Los Zigarros publicaron a inicios de 2013 un disco homónimo y debut que ahora se reedita con cinco temas en directo y acompañado de un DVD, todo ello extraído de su gira como escuderos de Fito & Fitipaldis. En este breve espacio de tiempo, los otrora miembros de Los Perros del Boggie, teloneros de AC/DC en 2010, se han convertido en uno de los nombres más recurrentes del rock en España, en época de sequía de nuevos nombres para el género, a fuerza de algo más de 150 conciertos con Adrián Ribes a la batería y Nacho Tamarit al bajo.

    «Todo lo que has hecho antes influye en quien acabas siendo y no son solo factores musicales», apunta Ovidi a ValenciaPlaza.com este lunes, pocas horas antes de volver a presentar el álbum en Valencia.  Años de andanzas por garitos de Dénia, Xàbia, Moraira, Benidorm, Gandia o Alicante, sumando lentamente una cuadrilla de padrinos que siendo admirados primero, han acabado por convertirse en parte de «la familia». Fito Cabrales o Carlos Tarque (M-Clan) son, junto al productor Carlos Raya, tres de sus principales baluartes en esta vertiginosa carrera. «Ha sido flipante todo lo que nos ha pasado. Hemos subido mogollón de escalones y ahora nos damos cuenta de que estamos en boca de todos, como un grupo ya establecido. Y sí, la sensación es que ha pasado de golpe, que han pasado muchas cosas», continúa Ovidi.

    -El pasado sábado actuaron ante 20.000 personas en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. ¿Se acostumbra uno a este tipo de adrenalina artística?
    -Lo cierto es que sí. Te haces a todo en la vida. Con Fito al principio costaba algo más hacer pabellones, que eran seis o siete mil personas. Así toda la gira. Luego había algún pico de 10.000 personas y, al final, en Barcelona, Bilbao y Madrid 20.000 personas. Y es más fácil que antes, aunque es igual de maravilloso todas las veces.

    -Como frontman, ¿cómo te ayuda esta costumbre de enfrentarte a un gran público?
    -Me ayuda porque todo me sale más natural.

    -En los conciertos de la gira junto a Fito & Fitipaldis los conciertos son más cortos, en torno a 45 minutos. ¿Echáis de menos un concierto más largo?
    -No. Nos gustan los conciertos cortos, los discos cortos y, en general, la parte más rockera. Es lo que queremos explotar.

    -¿Eso afectará al próximo disco de alguna forma?
    -Sí, porque va a ser mucho más rockero. No es el momento para los medios tiempos y las baladas en Los Zigarros.

    El disco, según comenta Ovidi, cuenta con unos plazos marcados de grabación para el próximo mes de diciembre y estaría listo para marzo de 2016. En él se destilará una forma de escribir y de narrar que combate directamente con la gran masa musical que actualmente impera en las radiofórmulas. Su tono, el tono de Los Zigarros, es una bocanada de aire fresco incluso en la línea de las bandas con las que suelen compartir escenario. Basta dejarse llevar a través de su Facebook con las narraciones que hace de lo más cotidiano, a menudo en un formato poético muy libre, pero que mantienen encandilado a un público con cierta ansia de crudeza, rock y honestidad.

    -Es posible que el actual sea un momento en el que el rock ha dejado de tener incidencia sobre la población española. Hay bandas, pero apenas trascienden a través de sus canciones. No existe la posibilidad de un ‘Carolina’ de M-Clan. ¿Lo pensáis, lo habláis? ¿Cómo veis esta realidad?
    -Son preguntas que nos hacemos continuamente. Lo atribuyo a que la causa es una causa más amplia, social. Es algo de esta era. Es una cuestión de este siglo en el que vivimos en un conservadurismo mundial y un completo aborregamiento. El rock and roll no tiene cabida, pero hay que verlo de una forma más amplia. Por ejemplo, en la televisión antes había espacio APRA personajes más transgresores como Leo Bassi. Personajes que, de alguna manera, contaban cosas distintas. Por eso el programa de Santiago Segura y Alaska me pareció de puta madre, lleno de cosas artísticas, surrealistas, horteras… todo mezclado. Era distinto, como en los ochenta. Quizá por eso ha durado tan poco [Radiotelevisión Española no renovó el programa para la presente temporada].

    -¿Los rockeros están condenados a recordar tiempos mejores?
    -Echo de menos que sucedan cosas excitantes. Vivimos en un fascismo mundial brutal, aunque en América e Inglaterra existe una industria discográfica que soporta esto mucho mejor. Allí son capaces de tener incluso circuitos con rock más duro, pero aquí en España hay lo que hay: para llegar al público hay que hacer canciones más bandas.

    -Y a vosotros no os surgen.
    -Va todo el mundo con las acústicas y parece como una obsesión por quitarle volumen a todo, quitarle rebeldía a todo… es una cuestión de actitud. Que haya garitos en la zona de Levante con conciertos de guitarras eléctricas está perdido. Y, a la vez, hay un montón de locales con extranjeros en los que hay rock, blues y la gente de 70 años, los clientes, no se asustan precisamente.

    -De hecho, algo que os conecta con Fito es que tenéis público de muy distintas edades. ¿A que lo atribuís?
    -Cuando yo era un crío mi madre escuchaba a Elvis Presley y a mí me gustaba también. Es una música que, si se escucha, le gusta a todo el mundo. Es ritmo y es divertido. Y es cierto lo del público, de hecho nos hace mucha ilusión como algunos padres que han encontrado con nosotros cierta renovación del rock, de los sonidos que escuchaban, le ponen el disco a sus hijos y nos envían los vídeos con ellos cantando.

  • Kiko Veneno: «La música ocupa en esta sociedad un lugar por debajo de sus posibilidades»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com (mayo de 2015)

    Kiko Veneno lleva 40 años sin bajarse de la carretera de la música. Desde que en 1975 se encontrara de forma más o menos fortuita con los hermanos Raimundo y Rafael Amador, este compositor y músico gironés de nacimiento, pero sevillano de adopción, no ha dejado de publicar álbumes en compañía de iconos de la música española tan transcendentales como Santiago Auserón, Paco de Lucía y Camarón.

    Precisamente, su presencia en la grabación de La leyenda del tiempo (1979), el disco definitivo y transgresor de Camarón, estuvo marcado por su propuesta de ‘utilizar’ a Lorca para aplicarle la música que entre todos hacían a sus letras. «Recuerdo que mi compañero en la universidad Fernando León se subía todos los días a un banco y recitaba a Lorca con su vozarrón extraordinario. Luego, cerca de la grabación de La leyenda empecé a darme cuenta de que las letras de Lole y Manuel, que era junto a Triana lo que más escuchaba, eran muy lorquianas así que me parecía que teníamos que hacerlo». Mucha gente también lo recuerda, sencillamente, como el compositor de la canción ‘Volando voy’ (que no fue la única).

    Veneno contesta a ValenciaPlaza.com tan solo unos días antes de volver a actuar en Valencia, este sábado 9 de mayo en Las Naves. Llega con una versión de directo muy particular, ‘+ solo que la una’, «porque siempre me he rodeado, incluso durante mi carrera en solitario, de músicos en el escenario. Todo empezó con una invitación del Círculo de Bellas Artes de Madrid en el que hago un recorrido por todas mis canciones en orden cronológico, desde los años 60 y 70 hasta mi último disco».

    Él mismo pone en valor «el silencio de los teatros, la señal de respeto que es una posición magnífica para que al cantante se le pueda ver todo el corazón». Esa propuesta se ha ido extendiendo y ahora Veneno vuelve a sus orígenes en los que él mismo asegura que casi le costó 15 años darse a conocer a partir de sus canciones. Sin embargo, su conversación labrada en torno a los guitarrazos (ya no solo con ‘la española’; acústicos y eléctricos) deriva en ideas políticas, sociales y filosóficas a las que merece la pena desproveer de los varios interrogantes que las preceden.

    EL ‘HORROR TÉCNICO’ EN LA MÚSICA ESPAÑOLA

    «Recuerdo los problemas técnicos que teníamos en los 70 y los 80 como un horror. De hecho, recuerdo todos mis orígenes en torno a la música como un horror del que solo me salvaba con la voluntad y la ilusión. Cuando acudías a un estudio aquello era un horroroso encontronazo con la realidad. La parte técnica era lamentable, en directo y en el estudio. Especialmente problemático era todo en los estudios, donde te pasabas todo el día esperando que un aparato dejara de hacer ruido o grabando rápido porque esta otra máquina ‘se calienta y deja de funcionar’. De hecho, no es hasta 1992, en Londres, cuando estoy en un estudio [en la grabación de Échate un cantecito] y me dedico finalmente a grabar. No hay ruidos y todo el tiempo es para la música porque, técnicamente, todo está listo para ello».

    «Al final la música en España, frente a los muchos problemas técnicos, acababa saliendo adelante desde el amateurismo, la artesanía, la insistencia individual y la goblalización, porque los músicos no han tenido más remedio que aprender. Aun así, teneidno en cuenta también la evolución de los técnicos profesionales en España, no vamos a llegar nunca a cogernos al nivel en este sentido de Estados Unidos. La influencia de esto a la hora de crear una industria ha sido trascendental, seguramente».

    El lugar inerte de la música

    «Por si fuera poco, yo era hippie, pero lo era cuando los hippies ya estaban de vuelta. Cuando empezamos a hacer música y me encontré con Rafael y Raimundo resulta que en España ya estaba entrando la música techno. ¡Y muy fuerte! Siempre íbamos con el pie cambiado… [ríe]. Lo bueno de los hippies, lo que no se dice tanto, es que aquella era una visión del mundo hedonista, individualista también. El concepto de liberación era estar de acuerdo contigo mismo como persona única».

    «Es cierto que durante los años 80 de alguna forma había una tendencia libertaria cultural, pero con la llegada de las multinacionales de la discografía a España se empieza a capitalizar. Las estrategias neoliberales van tomando fuerza y los gobiernos saben en todo el mundo que hay que desmontar la cultura, que es una tarea muy importante. Ya pasó de otra forma en el pasado… volvemos a Lorca: lo mataron el primero. Eso es significativo, así actúan los gobiernos. Mira si había políticos o militaras y mataron primero al poeta».

    «Los medios de comunicación han tenido mucho que ver a la hora de maltratar a la música para que, con la ayuda de los gobiernos, acabae por ser ‘nada’. Es una cosa insiginificante en la cultura de nuestro país. ¿Qué canciones memorables se han hecho en España durante los últimos 5 o 6 años? ¿Algún éxito del verano? ¿Algún himno indie? La música ocupa un lugar por debajo de sus posibilidades en la sociedad».

     Sin industria, con capitalismo

    «No es solo con la música; en el cine pasa igual. Berlanga se pasó media vida diciéndolo, que no eran capaces de generar una industria sólida y es muy importante. A partir de generar una industria que influye en el poder peudes ver cómo los avances ténicos se van desarrollando, pero no hemos conseguido tener esa posibilidad de industria. La idea era la de generar teorías de mercado neoliberales, dividir a las personas en capas, homogenizarlas y prepararlas en todo momento para el consumo. Esta fragmentación provoca que lo individual no tenga nada que ver sobre lo ya comentado con los hippies. Allí nos cuidábamos los unos a los otros y, sobre todo, éramos conscientes que el concepto de liberación era estar de acuerdo contigo mismo y no formar parte de una sociedad que te trata como a un número… como a borregos».

    «La cultura no es otra cosa que comunicación. Crear realidad, conciencia, saltarte las barreras la alieanción. Y todo esto sucede ahora mientras la sociedad vive una huida hacia adelante con el capitalismo. Hay personas con 40 años que ya no vuelven a trabajar o jóvenes siendo camareros a miles de kilómetros de distancia. Pero esto es tan grave como darse cuenta que los empleos actuales son rutinarios, que apenas tienen un servicio útil para la sociedad. Frente a la tecnificación contra la tecnología no se ha producido un ejercicio de redistribución de las tareas humanas y esa es la base para que en el futuro inmediato exista gente súper rica, una pequeña clase media que pueda ahorrar y una gran mayoría de desempleados. ¡Y a comer bocadillos al parque!».

    «Frente a todo ello hay gente que cree que el capitalismo sacará su cara generosa, pero eso solo ha sucedido una vez, tras la Segunda Guera Mundial con políticas expansivas que demostraron que se puede dar trabajo y generar sustento en Europa. Por eso creo que va a reventar, porque no van a cambiar y estan explorando los límites de la violencia. Cuando haya síntomas o consecuencias de violencia, entonces revertirán la situación».

  • Leo Nascimento (Deezer): «En el mercado de la música online está todo por hacer»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El pasado sábado por la mañana dos músicos, David T. Ginzo y Juan Diego Gosálvez, se despertaron especialmente pronto si tenemos en cuenta que el viernes noche actuaron en Alicante. Lo hicieron para presentar el nuevo EP de Tuya, su banda, en Valencia, ante un público muy reducido y en un formato de entrevista abierta con sus seguidores. Por la noche volverían a actuar en la ciudad, en dELUXE Pop Club, pero el formato matinal formaba parte del ánimo de estos músicos por aumentar el número de experiencias y fomentar la proximidad con aquellos a los que les gusta la música que hacen

    Las canciones del nuevo trabajo, Mountains moving, se pueden escuchar gratis online, aunque también hayan sido editadas en un formato de microCD. Uno de los buques de ese negocio todavía emergente, el de la música en streaming, es Deezer. Con 35 millones de canciones disponibles y presente en 183 países, la compañía es la alternativa natural a Spotify. El servicio de origen sueco sigue siendo el más extendido, pero Deezer se adelantó en algunos países y ahora crece en España a partir de su alianza con la operadora Orange.

    La empresa tiene oficina en Barcelona, aunque esta solo es una de las 17 que mantiene en todo el mundo. De sus 200 empleados repartidos en estas instalaciones, 50 se dedican a generar contenidos editoriales, como prescriptores de música que selección listas y más listas para generar una experiencia más enriquecedora. Y así compiten desde 2012, año de la gran ronda de financiación en la que obtuvieron 130 millones de dólares.

    MÁS ALLÁ DE LA COMPETENCIA CON SPOTIFY

    «No nos preocupa en absoluto la competencia. Este mercado está todavía por explotar», responde Leo Nascimentocountry manager de Deezer en España que atiende a ValenciaPlaza.com tras una master class en la Berklee College of Music Valencia. «Es absurdo en este momento fijarnos Spotify. De hecho, yo me llevo muy bien con mi homónimo de Spotify en España y ambos creo que pensamos igual: el mercado todavía está por recorrer, porque todos los españoles pueden escuchar música gratis pero por el momento solo una minoría acude a nuestros servicios».

    Este Ingeniero Industrial dedicado al mundo de la música en el ámbito digital ha defendido proyectos de marketing y alianzas con Universal durante años. Entre otros, y con cierta sorpresa por su estancamiento, desarrolló el negocio de los politonos. No obstante, su fichaje por Deezer le lleva a creer que «la música en streaming ha llegado para quedarse. Cambiarán los dispositivos, pero el hecho de tener toda tu biblioteca de música ordenada y accesible en un buscador instantáneo ya no puede competir como servicio contra el formato físico».

    Eso sí, se alegra de la recuperación del vinilo y Nascimento hace su particular analogía: «lo que importa con la música es que el público está dispuesto a pagar algo más si hay un valor añadido. Puede ser el hecho de poseer un formato físico. En el caso de la música en streaming se paga por la comodidad de tener todo ordenado, accesible y en un formato de calidad y multi dispositivo». La suscripción premium a Deezer cuesta 9,99€ y además de su acuerdo con orange también se encuentra de forma ilimitada en dispositivos como el Samsung Galaxy S5.

    LA ALTERNATIVA DIRECTA A LA PIRATERÍA

    Nascimento habla del gran público, el acostumbrado hasta ahora a conseguir la música online por los caminos ilegales: «he visto a la piratería como un competidor dentro del mercado, aunque de forma figurada. Ha provocado que generemos mejores herramientas, más dinámicas y rápidas y, en definitiva, que sea absurdo que nos descarguemos la música cuando podemos tenerla online y offline, de calidad, en cualquier lugar a partir de los dispositivos».

    La realidad del mercado, en el sentido de competencia, es que Spotify cuenta con 60 millones de usuarios activos y de los que 15 son suscriptores. Mientras tanto, Deezer tiene 16 millones de usuarios activos y 6 son suscriptores. «Todas las plataformas estamos haciendo que crezca ese pastel. Cuando alcance a una población importante, ya nos pelearemos por repartirlo, pero aún queda mucho para eso».

    Por el momento, la empresa ha encontrado su particular Caballo de Troya para alcanzar público: alianzas con operadoras móviles. Pero eso no basta: «el negocio free es muy bonito, pero es una ruina para la industria. Los costes de las licencias para reproducir música en streaming son muy altos y todos los operadores trabajamos sobre márgenes muy estrechos. Por eso buscamos una conversión, de ahí este tipo de alianzas». Cabe destacar que Deezer tiene acuerdos con 2.000 sellos discográficos diferentes, una cifra contractualmente mareante, pero que cabe entender por la autoedición y autogestión de muchas bandas en la actualidad.

    En esa búsqueda de posicionamiento de marca, de aumentar el valor añadido, Deezer realiza acciones con artistas mainstream como David Bisbal, se deja querer por un público algo más indie trabajando con Lori Meyers, y también está presente de forma activa en festivales como el Primavera Sound y Sonar. De esta forma, involucra a los artistas, «que ya han aceptado que el futuro pasa por lo digital», y tocan directamente a un público al que van culturizando en este consumo.

    «La música es un commodity. La gente ya no se preocupa por cómo ha de tener acceso a ella, lo tiene a través de plataformas como Deezer. El salto es dar un valor añadido a ello. Por eso, los artistas entienden que ahora la producción musical es cada vez más un gancho que inicia una rueda de trabajo: giras, merchandising, sintonización [cuando la música forma parte de programas de televisión, series, películas, publicidad…], etcétera», apunta Nascimento.

    La clave, precisamente para los artistas, parece estar en la guía que se deriva de las analíticas de servicios como Deezer: «nosotros les ofrecemos un servicio de estadísticas en el que pueden ver cómo funcionan sus diferentes canciones, dónde está su público, qué edad tiene y otras variables. De esta forma, es más fácil hacer una estrategia para mejorar el éxito musical. Este es un valor diferencial de esta nueva realidad», destaca Nascimento.

    Esta es la parte todavía más compleja del nuevo engranaje: la influencia de la información para las bandas y a la vez las virtudes a la hora de no errar en las inversiones de producción. En una realidad, con el modo offline extendido en Deezer o Spotify, en la que la descarga parece accesoria, estas plataformas siguen invitadas a abrir mercado. Los ingresos en el mundo de la música, los que se cuantifican a partir de las empresas que publican sus resultados, han remitido una caída llegada desde Napster, en el año 2000, y lo ha hecho gracias a las suscripciones del entorno digital. Esa es la cara ascendente a la que, como apunta Nascimento, «nadie quiere darle la espalda».

  • Nacho Vegas: «Es tramposo leer mis letras sin escuchar cómo las interpreto»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El mensaje publicado por Nacho Vegas tiene fecha de 15 de mayo de 2011, el día de aquella inicial manifestación y posterior concentración primero en Madrid y más tarde en tantas otras ciudades. Pedro San Martín, compositor y bajista de una de las bandas de referencia para el pop español, La Buena Vida, había fallecido en la madrugada del concierto que Vegas dio junto a Refree en la sala Hangar de Burgos y este hecho hizo que el músico asturiano tardara días en darse cuenta de la que se había levantado en Madrid.

    Observador compulsivo, capaz de generar virulentas críticas y afectos talibanes entre indies y verdaderos amantes de la música, algunas cosas importantes en su particular visión se habían trastocado en cuestión de horas para influirle aun más si cabe en las canciones que componen ahora su nuevo álbum, titulado Resituación (Marxophone, 2014).  Reconocido por sí mismo como «un pesimista», este nuevo trabajo trata de mostrarle si cabe más desprotegido en cuanto a las ideas políticas y totalmente transparente con respecto a las canciones -que las hay- más personales.

    Grabado junto a  su banda (La Trama Asturiana) por Paco Loco en el Puerto de Santa María, el álbum cuenta con las acertadas colaboraciones de Maite Arroitajauregui (Mursego) el Coro Ladinamo o el Patio Maravillas, estas dos últimas en la reivindicativa y central ‘Runrún’. En el ecuador entre el lanzamiento de Resituación y su presentación en Valencia, programada para el 21 de mayo en el Espai Rambleta, el gijonés atiende a la habitual ronda de promoción. Un ‘zona sucia’ de su trabajo que no está siendo especialmente llevadera teniendo en cuenta la reacción de una parte de la crítica musical con respecto a este nuevo disco.

    -Después de unos cuantos discos en solitario, ¿cómo te vas sintiendo con estas rondas promocionales según avanza tu carrera?
    -No me gusta quejarme de esta parte del trabajo, como puede que quizá le pase a otros. También porque, en realidad, me gusta hablar de lo que hago, hablar de música. Pero, aunque no es precisamente bajar a la mina, si que asumo que hay algunas semanas un poco más intensivas con las entrevistas…, son agotadoras. Intento no repetirme mucho y acabo haciéndolo, así que esos días si que reconozco que acabo un poco deprimido.

    -En esta ocasión se ha armado un gran revuelo con la entrevista y la crítica del disco para Rockdelux. ¿Cómo lo has vivido?
    -Bueno, lo comentas con tu entorno y cada cual tiene su opinión sobre lo sucedido. Lo que sé es que no valoro estas cosas cuando el disco acaba de salir, cuando está tan cerca; no tengo esa distancia para verlo con la suficiente perspectiva. Un periodista y amigo me dijo bromeando cuando publiqué La zona sucia que tenía ganas de hacerme la entrevista para ser el primero en criticar el disco. Con este ya llega tarde (risas).

    -Con lo que propones en Resituación y tanta entrevista, debes estar dando muchas explicaciones políticas durante estos días.  ¿Te da reparo hablar de política fuera de la canción, cuando no estás interpretando?
    -Para mí es algo indivisible. Si escribo esas canciones es porque vivo así y porque está pegado a la realidad que me rodea. Los temas que canto son los que vivo. Y no solo los que son más políticos o sociales, sino los que hablan sobre experiencias más íntimas. En cualquier caso, observo lo que pasa alrededor y hablo de ello inevitablemente.

    -Da la sensación de que la acción política y social de la que hablas, especialmente con tu alineación en la Fundación Robo, ha influido profundamente en la creación de este disco.
    -Definitivamente. Es una cosa que hablaba recientemente con Roberto Herreros, otro miembro de esta organización a la que fui a parar después de la gira de La zona sucia (2011). Fue larguísima y no paraba de pensar en el mundo de la música, en cómo se estaba organizando la llamada escena indie, lo que me rodeaba. Eso me activó para comenzar a trabajar con la Fundación Robo, con gente de movimientos sociales y que ahora están presentes en ‘Runrún’, una canción grabada con la ayuda de la gente del Patio Maravillas y el Coro Ladinamo.

    -Con el prolongado escenario de crisis parece que ‘vuelve la canción protesta’, como dirían Los Planetas. En tu caso las ideas son muy concretas, casi de la calle, nada utópicas.
    -No. No creo que haya nada de utópico en las protestas de la calle que estamos viviendo. Influye que en las canciones más íntimas que había hecho hasta ahora hay una especie de pesimismo, algo endémico… un tono derrotista. Pero eso es algo que viene mucho de los asturianos, creo, porque reivindicamos que tienes que decir de donde vienes y mi tierra está muy vinculado a lo que hago. Hay mucho de las reivindicaciones de mi zona, que tiene una situación muy complicada. Eso y la tendencia hacia el individualismo de las últimas décadas.

    -Vuelves a incidir en la tristeza de Gijón, dedicándole varios mensajes en este sentido a lo largo del disco. ¿La gente te dice algo cuando estás allí, por la calle?
    -Disfruto mucho de la ciudad. La adoro. Pero la veo maltratada, como casi toda Asturias, que es una zona muy maltratada. La reconversión industrial y los años 90 en general llegaron a desmontar las protestas obreras. Se empezó a ver como algo habitual, algo que, al final, no tenía incidencia. Eso es algo que ha cambiado el 15-M, la percepción de lo que puede hacer la calle y los colectivos que es capaz de activar. Pero volviendo a Asturias, mi recuerdo es el de los amigos que se marcharon porque no podían seguir viviendo allí… aun así, en las canciones hay voluntad de querer.

    -¿La gente de allí lo percibe? ¿Qué te dicen?
    -Hace poco, pese a lo que pueda parecer, una chica me dijo que precisamente le daba subidón ‘Ciudad Vampira’ (Vivo en la ciudad más triste que jamás / una mente triste pudo imaginar). Otro día me encontré con un conocido que me decía: «¿cómo dices que que Gijón es la ciudad más triste? ¡La más triste es la mía!». El tío es de Mieres… (risas).

    -Mencionas al 15-M y sus secuelas. ¿Qué vigencia percibes de este movimiento a unos días de su tercer aniversario?
    -Creo que ha conseguido un montón de cosas. Se creó un clima, un impulso sobre el cual han surgido numerosos movimientos sociales y formas de autoorganización. Era un impulso necesario del que ha salido gente como la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) con Stop Desahucios y todo lo que han conseguido. Pero no solo esto. El cierre de los CIES (Centros de Internamiento de Extranjeros), las mareas verdes y blancas en las diferentes ciudades… la gente cree que los cambios que genera algo como el 15-M llegan de la noche a la mañana, pero no, creo que llegan de estas maneras y ahí están, sucediendo.

    -Por cierto, el 15-M de este año estarás actuando en Madrid. ¿Qué sensaciones te produce?
    -No sabía que era exactamente ese día. Me gusta. Es un aliciente para ver qué nos encontramos al salir, porque Joy Eslava está muy cerca de Sol. Pero bueno, supongo que ya se encargará la policía de que ese día no se monte nada por los alrededores…

    -Tu interpretación de las canciones no es precisamente estética, pero en cambio parece imposible entender algunas letras si no se escucha tu ironía, por ejemplo.
    -Es tramposo escuchar mis letras sin escuchar el tono en el que las interpreto. Si silbas una melodía no es igual que si la cantas, porque intentas utilizar diferentes formas de interpretar para hablar de temas espinosos, utilizas recursos, frases hechas… Todo esto lo aprendo de la música popular, que es una constante influencia. Me interesa mucho cómo se utilizan acordes mayores y arreglos alegres para hablar de verdaderos problemas personales o sociales.

    -Te gusta la música popular, pero a menudo desprovees a tus canciones de estribillos. ¿Te ha preocupado alguna vez a lo largo de tu carrera hacer un tema pop, de esos que la gente entiende como ‘redondo’?
    -No, no me ha preocupado nunca. Es una cosa que hablaba con mucha gente al principio de hacer música en solitario. Veía cierta obsesión a mi alrededor por ‘la canción pop perfecta’, pero al final trabajar en ese camino creo que te lleva a una especie de creción simplista. Para mí el hecho genuino de las canciones es la imperfección. Lo que me atrae de la música popular es esa parte libre, la ideas originales. Y frente a ello soy consciente de que el rock y el pop son géneros cerrados, por eso también me interesa dejarme llevar por influencias diferentes.

    -El disco reúne, por cierto, estilos muy distintos. Desde el extremo casi hawaiano de ‘Liberteriana Song’ hasta un tema de pop-rock mucho más estándar como ‘Adolfo Suicide’. Y casi están unidos en el álbum. ¿Te planteas si hay canciones que no tienen cabida por su estilo?
    -Sí. De hecho, en La zona sucia descarté canciones porque chocaban especialmente unas con otras. Luego hay formas de producir, de instrumentar las canciones. De no ser por esto ‘Adolfo Suicide’ y ‘Runrún’ no hubieran podido convivir en el disco. Pero bueno, esto hay gente que lo critica, que cree que son demasiados estilos dentro de un disco.

    -Llama la atención la portada del disco. ¿De dónde sale esa fotografía?
    -La vi en un libro llamado EE.UU: 150 años de lesbianismo. La foto en sí me pareció muy poderosa e investigué para ver si tenía un propietario para poder utilizarla de alguna forma. Contactando con una representante de una asociación de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de San Francisco supe que aquella fotografía tenía referencias al caso de Alice Mitchell y Freda Ward, una pareja de lesbianas de 19 y 17 años en la que la más mayor degolló a la otra bajo la presión social. Salió a flote el lesbianismo en la sociedad estadounidense de la época, haciéndose popular el caso y hablando de ello en un momento en el que era mucho más que un tabú. Lo que me interesaba era como había roles que se habían perpetuado desde entonces en la sociedad.

    -Pareces más relajado en este disco, con tonos graves mucho más cercanos a tus registros más cómodos. ¿Es así?
    -Mi registro vocal es muy limitado, pero hace tiempo que esto no era una barrera para hacer canciones. Esto me dio ánimos hace tiempo, porque aunque nunca he formado mi voz, cosa que me gustaría hacer pero que nunca encuentro tiempo para ello, puedo cantar diferentes tipos de canciones y contar cosas. Trabajo mucho los cambios de tono cuando creo la canción, hasta hallar el más adecuado y en este caso han surgido así.

    -Por cierto, ¿la industria discográfica está más cerca de ‘resituarse’ o de saltar por los aires?
    -Necesita ‘resituarse’, pero mucho más. Hace tiempo, en una entrevista, dije que creía que era bueno que la industria se viniera abajo. Me llovieron los palos porque nadie me entendió. Creo que hay una industria que ha sido muy negativa para la música y para la gente que hace música y para los que escuchamos música. Los grandes sellos machistas y opresores. Pero los artistas cada vez más van por el camino de la autogestión y ese creo que es el camino. Es más, me gustaría que nos mirásemos más en los movimientos sociales de los que estábamos hablando.

    -Dentro de esa faceta tan reconocida tuya como observador, en este disco te muestras («Nachín») más que nunca, insultándote un poco, distorsionándote entre los versos. ¿Cuánto hay de juego y cuánto de verdad en todo ello?
    -Hay un poco de ambas cosas. Siempre había hablado de mí en las canciones a través de otras personas, con personajes. Al final, terminaba desarrollando en tercera persona porque te da la posibilidad de crear perspectivas y de cuestionar cosas. Pero en este caso hay un contrapunto: cuando la canción apela a algo más común, común a todos, me utilizo a mí mismo para describirlo.

  • Joe Crepúsculo: «Con cada nuevo disco intento darle una bofetada al anterior»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Es uno de los artistas de la escena musical con más talento. Ha cruzado portadas y números uno con discos, canciones y conciertos, haciendo de su directo un arma arrojadiza contra los preceptos de la pose indie. Este concepto, especialmente, le perturba y es que nunca ha tenido reparos a la hora de reconocer que atravesó una adolescencia con escenas bajo el láser de discotecas como Chasis o Pont Aeri (las ‘catedrales’ más próximas a su procedencia catalana) y se ha pasado la vida escuchando a Supertramp, Fleetwood Mac o Dire Straits. Un pasado presente en su música.

    En 2008 dio el primer paso en firme con Escuela de Zebras y aunque con Supercrepus ya se había metido en el bolsillo a la crítica alternativa, fue Chill Out el álbum que le catapultó al imaginario musical de un buen número de sus ahora numerosos seguidores. Este frenesí de publicaciones sucedió en poco más de un año y hasta el sold out (lo de llenar salas ha empezado a convertirse en habitual recientemente) del pasado fin de semana en la sala Moby Dick de Madrid, han cabido tres discos más: Nuevo RitmoEl caldero y Baile de Magos.

    La visión positiva de las escenas que narra, la capacidad de conceptualizar por discos y su habitual conexión en los directos ha servido para que, a día de hoy, haya cogido las riendas de su propia carrera tras diferentes etapas discográficas. Con el ánimo de producir cada vez más música y por la vía de los singlesJoe Crepúsculo visita esta noche Valencia. Será una vez más en la sala Wah Wah, donde ha aparecido en casi la totalidad de las ocasiones en la ciudad y en la que le volverá a escudar su habitual compañero y productor Sergio Pérez.

    Baile de Magos cumple un año. ¿Qué sensaciones tienes con el disco a estas alturas?
    -Siento satisfacción porque la respuesta en los conciertos ha sido muy buena. Estamos además haciendo sold outs en los últimos; en Barcelona, Madrid, Mallorca… a ver qué tal este jueves en Valencia. Además, ‘Mi fábrica de baile’ ha sido elegida como la mejor canción del año para algunos medios y me hace ilusión que eso paste también con este disco porque es un disco creado para bailarlo. Con este trabajo también puedo acabar los conciertos haciendo a la gente moverse más todavía, que es algo que siempre he buscado.

    -Más público y más repercusión. Es posible que tus conciertos, en tus inicios, tuvieran ciertas filias por tu lado más naif con la música. ¿Crees que ha ido generando rechazo el crecimiento en un sentido técnico?
    -Creo que el aspecto técnico, la mejora, no ha tenido nada que ver con el aumento de público. Inevitablemente vas cogiendo tablas y mejoras muchas cosas, pero es normal: siempre quieres hacerlo mejor.

    -Más público y, por cierto, más joven.
    -Sí, y es algo que me hace especial ilusión. El sábado pasado en Moby Dick lo pude comprobar en las primeras filas y es algo que me hace sentir bien: conectar con gente distinta, nuevo público. Es algo que se habla mucho con respecto al índica, cierta ruptura… 

    -Entonces, y más allá de las buenas críticas sumadas disco tras disco, ¿qué ha dado el cambio definitivo?
    -Creo que el hecho de contar con un repertorio mucho más amplio hace que tenga un mayor número de buenas canciones a la hora de elegir el set. De hecho ahora mismo creo que las canciones que se incluyen están muy bien, y eso ha sucedido aunque se hayan dado muchos cambios de estilo…

    -La verdad es que se han acumulado un buen número de hits en tu repertorio. ¿Te ves recopilándolos en un ‘Grandes Éxitos’? ¿Te apetecería hacer algo así?
    -Ahora mismo creo que no. Lo que me apetece es seguir creando y produciendo. Cuanto más mejor. Además, habría que poner de acuerdo a un buen número de discográficas para que eso saliera adelante y me da un poco de palo hasta pensar en ello. De aquí a algunos años quizá me apetezca reinterpretarlas, un poco como en Nuevo Ritmo.

    -Muchos discos y cambios, casi constantes. ¿Ha cambiado mucho el proceso creativo?
    -Cuando empecé todo era mucho más inmediato. Antes podía hacer canciones de forma inmediata y ahora puedo trabajar durante semanas una única canción. La composición ahora quizá se ha convertido en un trabajo en el que tengo en cuenta muchas más cosas.

    -Todo ello sin olvidar la parte en la que has ido dando rienda suelta a la música de baileespecialmente presente en Baile de Magos. ¿Tenías necesidad de rescatar toda esta música que has vivido de alguna forma?
    -Cuando era joven iba a discotecas como Chasis o Pont Aeri. Es un pasado que recuerdo de una forma sana, lo recuerdo bien y sé que en parte está presente en Baile de Magos. Es una época muy interesante y divertida para mí, así es como la recuerdo. De hecho creo que había aspectos mucho más interesantes de los que veo en otras corrientes, pero no sé por qué está de alguna forma mal visto revivir esta tendencia.

    -En todas las letras de tus discos hay un aspecto de desasosiego, de desencanto, quizá especialmente en Baile de Magos. ¿Es una actitud vital, una convicción…?
    -Yo creo que no es del todo así, excepto en Baile de Magos. En el resto puede que se hayan colado ideas propias de lo que me rodea, pero mi música trata de ser optimista. Me gusta escuchar discos con canciones positivas y crear artefactos que puedan servir para alegrar a la gente, para hacerla sentir bien. Intento no caer en escenas sulfurantes o tristonas. Nunca me he dejado llevar por eso porque quiero que la gente se lo pase bien. Ahora mismo y cada vez más que antes.

    -También hay otros aspectos de tu creación como los vídeos en los que la gente, sabiendo que son de Joe Crepúsculo, parece que ya se acerca con la convicción de que se va a entretener.
    -Sí, pero ahí quien manda es el cineasta.

    -¿Les dejas hacer por completo, no influyes?
    -Afortunadamente, con el paso de los años la gente ya sabe más o menos lo que me gusta. Cuando yo he elegido a alguien era porque me gustaba algo de su trabajo, pero cuando haces un videoclip es importante que todo esté en las manos de las personas que saben lo que están haciendo. Aun así, reconozco que soy una persona muy tosca; me cuesta muchísimo actuar. Yo no soy actor y lo pasan algo mal conmigo porque nunca quiero hacer nada [risas].

    -Más allá de la música, siempre que puedes recomiendas cine y literatura. Suelen destacar algunas referencias de ciencia ficción como Asimov, Lem o Alien. ¿En qué andas distraído ahora cuando no estás haciendo canciones?
    -Me gusta mucho la botánica. Tengo muchas plantas aquí en el balcón y además de ver cine y leer me gusta mucho salir a pasear, ahora que vivo en Madrid.

    -En efecto, desde hace seis meses te has ‘sometido’ ha otro cambio de residencia. ¿Qué buscas en Madrid? ¿Por qué allí?
    -Bueno, terminé una etapa en Mallorca donde casi he vivido dos años. Pensé en volver a casa, a Barcelona, pero creo que allí también he cerrado una etapa, así que me apetecía muchísimo Madrid. Es una ciudad muy cómoda y agradable, donde estoy conociendo a mucha gente [no hay que perder de vista sus actuaciones y relación con Nacho Vigalondo, entre otros]. Y la verdad es que cuando llegué no conocía a casi nadie… 

    -Inspirado o no por esta nueva ciudad has iniciado un camino de autoproducción y con el que, casi sin avisar, de repente has publicado una canción (‘Carreras de cabeza‘). ¿Ahora vas a seguir por el camino de los singles?
    -Creo que hoy en día todo va muy rápido y sobre todo teniendo en cuenta esta alegoríaa al consumo feroz de las cosas con Internet. Ahora voy por libre y quiero ver si con una canción puedo dar algo de guerra [no estará en el repertorio de Wah Wah, por cierto]. Y si me apetece sacar canciones las saco; es algo rápido.

    -Sin intermediarios.
    -Creo que el artista una vez está algo consolidado puede seguir su camino. Los intermediarios no van a ser necesarios dentro del sistema.

    -Forma parte del viejo sistema de producción. Con respecto al ‘sistema’ social, en alguna ocasión has dicho que estás a la espera de que colapse, de que explote por algún sitio. ¿Sigues esperándolo?
    -Es que creo que puede que sea doloroso, pero a largo plazo es para el beneficio de todos. Es algo que tiene que suceder, pero hay demasiadas cosas que están mal y cada vez parece que están tensando más la cuerda… 

    -Canciones por tu cuenta tras una buena serie de discos. ¿Sigues viendo a Chill Out como un hito en tu carrera?
    -No lo sé porque veo que todos son muy distintos. Con cada disco que intentado darle una bofetada al anterior. 

    -Siempre citas referencias mainstream como Supertramp, Fleetwood Mac, Bob Dylan o Dire Straits. ¿Las reconoces dentro de tus canciones luego?
    -Pues quizá para el público no sean tan visibles, pero para mí sí. De muchos de ellos puedo ver ‘cosas’ en las melodías. De hecho a veces la gente cree que digo esos nombres como una pose, pero es que es lo que he escuchado y, básicamente, sigo escuchando. La gente se piensa que estoy de cachondeo y parece que tengas que decir que lo que te gusta es Sonic Yout, Pixies y tal, que están muy bien. Yo, de hecho, sobre todo escucho música de los 70.

    -Mucha música de los 70… ¿y tu música? ¿Te gusta escucharte?
    -Me escucho muchísimo hasta el momento en el que se publica el disco. Una vez publicado… soy demasiado perfeccionista y lo paso mal.

    -Esta noche regresas a Wah Wah y por tu número de seguidores parece una ciudad en la que te sientes muy arropado.
    -Valencia es una ciudad que se deja querer mucho. Además, para mí la ciudad y la sala Wah Wah van de la mano. Es un sitio muy especial y Valencia lo es porque siempre estoy deseando actuar en los sitios donde he vivido, como Barcelona o Mallorca, ahora también en Madrid, pero en Valencia no tengo ningún arraigo y la gente se entrega. Siempre me hace especial ilusión esto y tengo muchísimas ganas de actuar con las canciones de Baile de Magos porque creo que se puede montar una buena fiesta con el espíritu de los valencianos.

  • Falete: «La música no tiene espacio para las medias tintas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    La televisión ha conseguido que la historia de Falete (Rafael Ojeda Rojas) parezca fácil de encasillar, siendo su figura una de las más controvertidas para un género musical lleno de incertezas: la copla. De este tipo de canción, basada en la pasión del intérprete y las letras -tan efectiva en los tablaos flamencos que cada vez son menos promocionados por las guías turísticas oficiales, pese a que sigan funcionando especialmente en ciudades como Madrid o Sevilla- parecía haberse cubierto un manto de desconexión generacional. Sin embargo, por el camino de los renovadores, en una carrera en la que hay más similitudes con las figuras de Bambino y Rocío Jurado que con las de las tonadilleras del couché, este artista ha ido ganándose el favor del público por las vías de la interpretación y la comunicación de masas.

    Hijo de artistas (su padre fue fundador y miembro destacado de los Cantores de Hispalis) a los 17 años pasó a formar parte de la compañía de la ChungaPaco Ortega estiró su carrera durante los siguientes años dentro de un recopilatorio de ‘Novísimos’ de la copla y para cuando su nombre compartía cartel en ocasiones con las grandes figuras de este circuito, la directora japonesa de teatro Yoko Komatsubara le fichó para diferentes obras puestas en escena en Tokio. Pasado, presente y… o Carmen fueron algunas de estas representaciones, actuando con Danzas de España por algunas de las principales capitales del mundo.

    Desde 2004 inicia su carrera en solitario, como intérprete, grabando versiones y canciones de compositores a los que elige. Con el buen cartel de una carrera que había crecido por la parte más internacional y pura del oficio, los grandes escenarios y el impacto del flamenco en las culturas orientales, Falete decidió renovar la copla, aunque asegura que estos cinco discos tan distantes entre sí «no forman parte de una estrategia». Con el formato íntimo ‘Mi cante y un piano’ actúa por primera vez en la ciudad de Valencia, este viernes a las 21 horas en el Ateneo Mercantil.

    -Renovar la copla. ¿Estrategia o premeditación?
    -No, no. Estrategia ninguna. Premeditación sí, toda la del mundo. A mí me gusta meditar sobre mí profesión. El artista está obligado a renovarse; renovarse o morir y las medias tintas no me gustan, no hay espacio para ellas. Por eso decido grabar recientemente [2012] Sin Censura (EMI Music).

    -Los géneros que abordas están precisamente habituados por artistas que juegan a ser ‘medias tintas’.
    -Respeto mucho a todo el que se sube a un escenario, a todo el que hace música, la haga en la forma que la haga. Eso sí, en la música hay artistas y obreros del arte. Todo el mundo tiene derecho a vivir y todo el mundo tiene derecho a hacer lo que le de la gana. Y el público es el juez más sabio. Mientras el público diga sí, adelante cada cual con su creatividad.

    -¿Y cómo puede distinguir el público entre el artista y el ‘obrero’?
    -El obrero tiene caducidad, por eso las medias tintas no sirven. El artista es eterno. Y un artista no es una voz, ni un vestuario, ni una buena decoración, ni una producción musical de primera… un artista es el conjunto de todas esas cosas y muchas otras en su justa medida.

    -Siempre que hablamos de música española y renovación hay un referente común que sirve para plantear la siguiente cuestión: Camarón. Para poder darle la vuelta a los géneros más puros, es necesario conocerlos vastamente. Por cierto, algo de lo que adolece la película sobre su figura, pero que aparece en cualquiera de sus biografías. ¿Es tu caso? ¿Le dedicas mucho tiempo a esa investigación?
    -Por supuesto. Los principios que un artista tiene deben estar muy claros y deben de ser ciertos. El artista debe demostrar respeto y conocimiento por la historia de su música. Y a partir de ahí, debes ir buscando… pero, la verdad, no supone ningún sobreesfuerzo. La chispa llega sola cuando vas escuchando y se te van ocurriendo nuevas ideas. Conocer la historia también te ayuda a no perder tu esencia, porque evolucione hacia donde evolucione sigue sonando a Falete. Esa es la clave.

    -Pese a que integres baladas, rancheras, canción melódica… ¿no te sorprende que el concepto Falete siga funcionando con ramas tan dispares?
    -¡Pero si yo soy el primer sorprendido! Lo que hago cuando entro en un nuevo estilo musical es masticarlo y digerirlo para el espectador. Y si lo hago bien, les transmito lo rico que está [risas]. Pero sí, me enfrento a un estilo como el bolero, que es suavecito y que debería chocar con mi temperamento, pero al final me dejo llevar y lo hago mío.

    -También con un piano como único apoyo musical sobre el escenario.
    -Hace dos años el maestro [pianista] Alejandro Cruz me propuso llevar adelante el espectáculo ‘Mi cante y un piano’ (el que presenta en Valencia) y le dije: no va a funcionar. Me preguntó por qué y le dije, «porque yo no soy Janette».

    -¿Y cuándo sucedió el clic para que aceptaras el envite?
    -Sucedió cuando ya estábamos en marcha. Era un recital en Osuna, en mi tierra [Sevilla], y empecé cantando una versión de Inocente pobre amigo, de Juan Gabriel. Cuando acabé fue tal la ovación que me dio el público que me di cuenta de que funcionaba y de que el maestro tenía razón. Y eso que en el escenario había un telón negro, una mesita y poco más.

    -Para sacar ese carácter temperamental con el que muchos te definen, ¿dejas que entre especialmente tu vida personal a la hora de interpretar?
    -Bueno, todo lo que vives tiene mucho que ver en lo que haces. Pero cuando ejecuto no estoy precisamente recordando a alguien o a algo. No estoy pensando en una etapa de mi vida… es cierto, que de los errores se aprende. Tenemos pros y contras, y al final no podemos ocultar quién somos.

    -Temperamento, pasión… cuando la copla alcanza el estadio televisivo esto se combina con el playback y resulta bastante frustrante para cualquier espectador.
    -Lo he pasado muy mal cuando me ha tocado hacerlo, porque no sé hacer playback. Apenas ha sucedido, pero lo paso fatal. Cualquiera que me haya visto en más de un concierto sabe que nunca canto una canción de la misma forma, así que es fácil entender que lo llevo fatal. Soy pésimo.

    -Podemos decir que, dentro de todo lo que haces como intérprete, es tu punto flaco.
    -Anoréxico, diría yo [risas].

    -A priori, te queda un disco más con el mismo grupo de producción y EMI Music (ahora Warner), y teóricamente por el mismo camino que Sin Censura.
    -En principio es así, pero no sé lo que voy a cantar. En este momento no sé si volveré a los orígenes, a cantar versiones y canciones del maestro Víctor Daniel, pero tengo ganas de hacer un disco distinto nuevamente. Veremos en qué queda la cosa, porque el artista tiene que hacer lo que sienta en cada momento. El arte tiene su parte de negocio, pero el artista manda.

    -Tus seguidores se sorprenderían si supieras que escuchas…
    -Música clásica. Me gusta tenerla de fondo, sobre todo cuando tengo una cena en casa íntima o con amigos. Pongo un CD en el salón y me gusta mucho poder estar escuchándola de fondo. Pero también me atrae y escucho mucha música hindú, por ejemplo, que tiene unas raíces que conectan con nuestro folclore.

    -Viendo tu deriva hacia la renovación… ¿descartas que ese tipo de música se cuele en un futuro en tus grabaciones?
    -Para nada, está muy vinculada y me gusta especialmente.