Categoría: Música

  • 20 años de ‘Flying Free’: la historia tras el himno mákina que trascendió a la música popular

    Publicado originalmente en GQ

    “Desde 1992 hay un club que está haciendo historia. 7 años después, en 1999, sigue pegando… ¡Pont Aeri!”. No pocos makineros siguen balbuceando imprecisos la primera de las cuatro frases (cuatro, exactamente) que componen la letra de ‘Flying Free’. Qué importa. Con los ojos cerrados, el vello se eriza mientras recorren cada una de sus palabras.

    La cantadita suena igual de nostálgica que el primer día, con ese deje tan orgánico que dejan algunas notas ligeramente desafinadas, hija de un tiempo anterior a la dictadura del autotuneLa voz de Marian Dacal se mimetiza mucho tiempo después con la del sujeto que abre los ojos desgañitándose, pero lo que ve hoy ya no es una sala llena cuerpos que brillan bajo el potente neón. Es la boda de su sobrina, es la discomóvil de las fiestas del pueblo, es la verbena de San Juan. ‘Flying Free’ cumple 20 años convertida en un himno de la música popular española. La herencia única del movimiento mákina al imaginario colectivo. La crónica de un éxito. Del éxito de una empresa familiar, la de los Escudero. Esta es su historia.

    La letra de ‘Flying Free’ se debate entre la autobiografía y la cuña radiofónica. Dice así (canten conmigo): “When the stars begin to shine, it’s the time to feel the melody, the sensations you will find, in the dj’s factory / Just let your mind be free, dj’s technology, sound, flash and energy, in the dj’s factory. Flying free, feel the ecstasy, it’s a place to be, dj’s factory”. Dicho de otra manera: «Cuando llega la noche, es el momento de sentir la melodía. Libera tu mente. Sonidos, luces y energía. Vuela libre, siente el éxtasis, es el lugar en el que estar: la fábrica de dj’s».

    Esa fábrica de dj’s era Pont Aeri, empresa del padre de los hermanos Marc y Xavier Escudero. Conocidos como Dj Skudero y Xavi Metralla, junto a Pastis & y Buenri, los responsables del sonido de la sala, pero también de su producción discográfica. La canción, la primera que incluía letra, formó parte de su cuarto maxi single. ¿Sabías que el sampler vocal que dice ‘Abracadabra’ al inicio del tema pertenece ‘Open sesame’ de Leika K. (1992)?

    Marc Escudero: “Los dos primeros volúmenes los publicó Max Music. Eran temas instrumentales con la producción de Julio Posadas. Más tarde, empecé a trabajar con Bit Music y nos cambiamos al sello. Para el cuarto maxi pensamos en variar la fórmula. Sin dejar de hacer mákina, queríamos incluir una melodía y una voz que abrieran aquella música a más público. Un tema de mákina se producía a 160 bpm y el ‘Flying‘ está a 158 bpm».

    «A partir de ahí, encontrar la voz fue fácil porque Marian Dacal ya había grabado algunos éxitos en Barcelona y queríamos que lo hiciera ella. La cara A contenía el tema que todo el mundo conoce, obra de Rubén Moreno (Dj Ruboy) y mía. La cara B era un instrumental de mi hermano, Xavi Metralla. Salió en mayo de 1999 y no funcionó. Habíamos descartado que tuviera mayor impacto del que vimos en los primeros meses, pero después del verano… algo sucedió”, concluye Escudero.

    Un éxito inmortal

    Lo cierto es que todos los implicados habían apostado por la versión cantada por Marian Dacal. La cara A era la única oportunidad de que los dj’s, con decenas de novedades a la semana (solo en el mercado español) le dieran una oportunidad. “De repente, en octubre empezamos a notar que la canción se pinchaba. Pero en noviembre el número de pedidos del maxi nos desbordó. Aquello era un pepino y no sabíamos por qué había empezado a demandarse tanto, de repente. Y cayó en gracia en el momento adecuado: en noviembre todo el mundo quería la canción para sus recopilatorios de Navidad. Todos. El ‘Todo éxitos’, el ‘Blanco y Negro Mix’, el recopilatorio de Contraseña Records, el de Max Musix y hasta el de Chasis”.

    Marc Escudero recuerda que, pese a la fuerte rivalidad entre las discotecas de Manresa (Pont Aeri) y Mataró (Chasis), “la relación discográfica era muy cordial. La incluyeron en su recopilatorio y aquellas Navidades del 2000 ‘Flying Free’ ya era imparable”.

    Pastis, Buenri, Metralla y Dj Skudero iniciaron a lo largo de los años 2000 y 2001 una gira de bolos que parecía no acabar nunca. Pese a que las noches de sábado solían suceder en Manresa, viernes y domingos era el momento idóneo para que la marca Pont Aeri se esparciera por discotecas de toda la cornisa mediterránea. Tarragona, Castellón, Valencia, Alicante, Benidorm, Murcia, Almería…

    El éxito era tan masivo que Televisión Española les llevó a actuar en directo. Pont Aeri había trascendido, una década más tarde, el ámbito de su discoteca y los hermanos Escudero iniciaron la venta de merchandising: camisetas, mecheros, sudaderas, pegatinas, gafas de sol… “Montamos una empresa en torno a la venta de estos productos. Durante meses, había una cantidad de envíos enorme a todos los rincones de España. Con mayor o menor intensidad, la venta duró años”.

    Marc Escudero pone en valor el bagaje previo de la marca Pont Aeri. “Para cuando ‘Flying Free’ petó, nosotros llevábamos haciéndolo bien durante una década. Fue un salto hacia delante enorme, pero cuando el éxito trascendió a la discoteca, todo lo que había detrás, la identidad, el estilo, el trabajo con la marca y con las fiestas, estaba ya muy depurado. Mi sensación es que la gente que, de repente y desde fuera, se asomó a lo que era Pont Aeri, encontró mucha coherencia, un mensaje muy claro y definido. Pero sí, sin duda, ‘Flying Free’ nos cambió y nos abrió una cantidad de puertas que desde luego no habíamos imaginado”.

    Hoy en día es difícil de encajar el contexto, pero por aquel entonces la influencia de las radios locales era enorme. La capilaridad de esta red de emisoras, casi siempre sin licencia y muchas de ellas dedicadas íntegramente a la electrónica, propagaron rápidamente el mensaje de la canción. “No sé cómo impactaría hoy ‘Flying Free’, pero por aquel entonces contó con todos los recopilatorios y con todas las emisoras de FM haciéndola sonar. La gran pregunta ahora para nosotros es, ahora que todo es tan diferente, ahora que los programas de radio funcionan de otra manera y que se consume la música de otra manera, ¿cómo es posible que ‘Flying Free’ suene más que nunca?”.

    Los hermanos Escudero son hoy los propietarios de la marca Pont Aeri al 50%, tras la jubilación de su padre y socio. Recuerdan para GQ España vivir unos años de gran éxito comercial sin abandonar su insistencia en la música que les movía: la mákina. Hasta el cierre de Pont Aeri por parte del Ayuntamiento de Manresa y pese a la segunda etapa de la discoteca en otra ciudad, la demanda de los dj’s de Pont Aeri como invitados por toda España no ha languidecido en 20 años. Muy al contrario, en este momento la marca, ellos y los otros dos dj’s emblema, Pastis & Buenri, han iniciado una aventura este 2019. Con promotora y productora propias, impulsaron el Barcelona Remember Festival, con más de 30 artistas. Su agenda para el verano es muy apretada y el proyecto “está llamado a ir a más”.

    Lo que Dj Ruboy, Dj Skudero o Xavi Metralla no pudieron vislumbrar en 1999 era la cantidad de remixes y variaciones del tema generados. Una vuelta por YouTube nos transporta a todo tipo de versiones acústicas, folclóricas y hasta rockeras.

    El último hito se produjo en 2018, con la fiesta programada por FlaixFM en el Liceu de Barcelona. El coliseo operístico unió a dj’s e intérpretes para acolchar los himnos de una época en éxtasis con el empaque de una orquesta. ‘Flying Free’, como en cualquier celebración a lo largo del año, bodas, bautizos, comuniones y fiestas de guardar, supuso uno de los momentos más celebrados. Larga vida a Pont Aeri.

  • Los últimos días de la oscura vida de Chet Baker (a su paso por València)

    Publicado originalmente en GQ

    Esta fotografía que publicamos en exclusiva, 30 años después, pertenece al último concierto en España del «James Dean del jazz». El promotor Julio Martí le compuso una gira como trío (con Marc Johnson y Philip Catherine) que incluyó un memorable bolo en ‘el Johnny’ de Madrid, pero que en Valencia ambicionaba llenar el Teatre Principal. Y lo hizo ampliando el cartel a cuarteto con el mítico harmonicista Toots Thielemans. A partir de esta imagen de Jordi Vicent, rastreamos las huellas tras los últimos pasos de Baker. Un genio maldito como pocos.

    Hay tres finales escritos para la historia de Baker, pero sólo uno es oficial. El 13 de mayo de 1988 su cuerpo se precipitó unos 10 metros hasta la muerte. El guarda del Prins Hendrick, un «hotel para yonquis» próximo a la estación central de Ámsterdam, no vio ni oyó nada. A las 3 y 10 de la madrugada (y ya van dos 13), un transeúnte alertó del bulto en mitad de la acera. Nadie le hizo caso. Otro puto yonqui a las puertas de aquel «hotel para yonquis». Poco después, la policía atestaba: «cuerpo sin vida, joven de unos 30 años». Tenía 58, pero estaba irreconocibleLa cara fue lo primero que impactó contra un bolardo. Una fatal paradoja: su rostro completaba así una historia de fatal protagonismo. El más deseado por fotógrafos y discográficas de jazz en los 50, el que empezó a deformarse a base de peleas y otros problemas en los 60, el semblante abatido del heroinómano en los 70 y la sonrisa perdida de los 80.

    Con los ojos cerrados, el fotoperiodista valenciano Jordi Vicent retrató por última vez en España a una de las leyendas del jazz. Aquel joven irresistible del que Gerry Mulligan tuvo celos y al que acabó sacando de su cuarteto, aquel chico de la banda de la Armada al que fichó Charlie Parker para advertir a los grandes de que era mejor tenerle cerca antes de que se comiera él solo el mercado. Baker, el icono del cool jazz, el trompetista de las notas precisas y limpias de la Costa Oeste que burló al frenetismo neoyorquino del género. Un oscuro objeto de deseo que se desató para siempre cuando empezaron a publicarse discos en los que cantaba con la misma naturalidad con la que encontraba tonos en su instrumento. Ese guante de terciopelo en su garganta que le salvó de tener que tocar demasiado la trompeta durante sus últimos años, aquejado de fuertes dolores en sus dientes, con las fuerzas justas según la noche.

    Días antes de su muerte, llenó el Principal de Valencia. Cantó mucho y tocó menos. «Medios tiempos y altos», recuerda Julio Martí, que desacredita el tono aciago de la monumental biografía Deep in a Dream: la larga noche de Chet Baker (Reservoir Books). Un documento que hilvana más de 300 entrevistas pero que, como apunta el periodista musical y experto en jazz Yahvé de la Cavada, «parece dedicarse a resolver algún asunto personal entre su autor (James Gavin) y Baker». Llenó el Principal y llenó ‘el Johnny’, el Colegio Mayor San Juan Evangelista de la Complutense, cuyos asistentes recuerdan un directo «memorable». En Valencia también disfrutaron de un Baker brillante y sensible. Hundido en su propia faz, como revela la fotografía de Vicent, pero sobrado de música y capaz de generar un silencio absorbente al cantar una vez más My Funny Valentine, The Touch of Your Lips o The Thrill is Gone.

    Ni madrileños ni valencianos podían intuir en aquellos directos abarrotados que su timbre se apagaría unos días después. Ni que antes de que sucediera, entre su paso por España (no documentado por Gavin) y su novelesca muerte, actuaría gratis en la calle. Por ejemplo, en la Via del Corso de Roma, pasando el sombrero para poder pillar algo con sus colegas. El 4 y el 5 de mayo tocó en el New Morning de París: poco público, algo de pasta. El 7 en el Jazzclub Thelonius de Róterdam: 16 personas pagaron la entrada, ni una aguantó el espectáculo hasta el final. Seguramente actuó alguna noche más gratis en Lieja, como lo hizo con cuatro chavales que presentaban su primer grupo en el Jazzcafé Dizzy de Ámsterdam. Entre vítores y notas erráticas dejaron que Baker les acompañara. En esos mismos días, como si tal cosa, grabó un último concierto con la Orquesta Filarmónica de la NDR alemana, en Hannover. Un documento inverosímil si se tiene en cuenta su deambular por clubes mínimos, pero que rima perfectamente con la excelencia y sentido musical del que hablan los que disfrutaron de sus últimos bolos en España.

    «ESTABA HECHO MIERDA FÍSICAMENTE, SÍ, PERO EN EL ESCENARIO SE SALÍA. SE SALÍA LITERALMENTE. DABA CUANTO TENÍA Y NO SE QUEDABA NI MUCHO MENOS HACIENDO BALADAS, QUE PODÍA HABER TIRADO POR AHÍ» (ALFONSO CARDENAL)

    Baker ya había intentado quitarse la vida a base de speedballs y barbitúricos en el 87. Su compañera de viajes psicoactivos y por carretera, Diane Vavra, le abandonó para salvarse. Aquel mismo 87, con Vavra durmiendo sobre la guantera, «ganó más dinero que nunca». 200.000 dólares. Una cifra del todo insuficiente para una dieta de al menos 10 gramos de heroína y otros 10 de cocaína (que acabó por inyectarse) al día. Y este menú se disponía en Europa, donde la heroína no sólo era más fuerte, sino increíblemente accesible. Y todo esto era posible en Europa porque, como recuerda De la Cavada, «en EE UU era la mierda. En cambio, aquí, podía ir de gira casi tanto como quisiera. Había países donde funcionaba estupendamente, ya fuera por la nostalgia, por el recuerdo o por lo bien que sabía salir al paso en cada concierto«.

    Alfonso Cardenal, periodista musical y director del programa Sofá Sonoro de la Cadena SER, apunta: «Acudir a uno de sus conciertos en aquellos últimos tiempos podía ser una lotería. Es posible que los de España salieran bien, pero igualmente están documentadas las actuaciones con vacíos o gente marchándose». Y así sucedió, tanto en Italia como en Alemania. Martí desoye completamente esta posibilidad: «Estaba hecho mierda físicamente, sí, pero en el escenario se salía. Se salía literalmente. Daba cuanto tenía y no se quedaba ni mucho menos haciendo baladas, que podía haber tirado por ahí». En aquellos días, Baker consumía drogas a cada paso. Llevaba unos 4.000 dólares encima, en al menos siete tipos de monedas distintas. Su Alfa Romeo y 4.000 dólares eran exactamente todo lo que tenía en el mundo.

    Vicent capturó su rostro en Valencia con una Nikon y película TMAX de Kodak en blanco y negro. «Cuando disparé ya sabía que el trabajo estaba hecho. Cuando usábamos película, era desesperante llegar al final del concierto y no saber si algo de lo mucho que habías disparado serviría. Pero recuerdo perfectamente esta foto. Recuerdo el momento de tenerle con los ojos cerrados, en el centro del visor, apagado en sí mismo mientras tocaba Thielemans. Y, entonces, clic». Quizá Baker estaba pensando en aquel clip de la televisión holandesa en el que unos días antes había dicho que lo mejor del último año había sido terminarlo vivo. Quizá estaba recolocándose una dentadura postiza a la que no sabía si achacarle más dolores que alivio. Quizá pensaba en volver a subirse al Alfa Romeo con el que recorría Europa como si de un solo país se tratara. Huyendo, a menudo.

    Asistir a uno de sus conciertos en España, Italia, Francia, Holanda… para los europeos tenía algo de voyeurismo. Por un lado, ver al artista al que has escuchado tanto, pero también contrastarlo con toda la leyenda negra que le ha acompañado«, apunta Cardenal. La vitola de ángel caído, los detalles de cómo le rompían una y otra vez la boca en peleas por un puñado de dólares –y cuyas consecuencias eran directamente el no poder tocar la trompeta o el hacerlo mal durante meses–, toda aquella estela oscura de mito imposible se convertía en una atracción demasiado poderosa para nosotros. En cierto sentido, también le devaluaba: «Si hubiera muerto de sobredosis en los 60, hablaríamos hoy de uno de los más grandes. Convertirnos en espectadores de esa lenta degradación no ayudó a la percepción general de su carrera«, comenta Cardenal.

    «GRABABA EN EXCESO Y ESTABA RODEADO DE YONQUIS EN EXCESO, PERO EN DIRECTO SIEMPRE ENCONTRABA ‘EL NERVIO’. POCOS CUERPOS PUEDEN AGUANTAR ESE TUTE DURANTE TANTOS AÑOS» (JULIO MARTÍ)

    El promotor Julio Martí recuerda a un Baker «con ánimo». «Siempre tenía un buen tono. Viajamos en coche, fuimos a comer y a cenar, aquí y allá… Me habló de sus proyectos para el verano. Estaba obsesionado con que le iban a pagar 10.000 dólares en el festival de Château-d’Oex Balloon». Entre 1980 y 1988, Martí trajo a Baker en numerosas ocasiones: «No se echaba nunca para atrás. Sólo me canceló un concierto y fue porque no habían puesto la amplificación y, obviamente, él no estaba ya en condiciones de actuar en aquel recinto enorme sin micros. Grababa en exceso y estaba rodeado de yonquis en exceso, pero en directo siempre encontraba ‘el nervio’. Metiéndose lo que se metía, recuerdo verle sobre el escenario y pensar en la suerte que tenía. Pocos cuerpos pueden aguantar ese tute durante tantos años».

    Chet Baker fue un intérprete legendario. Trompeta y voz del jazz capaz de generar una atención en las salas que, curiosamente, es una de las sensaciones más documentadas en las crónicas desde los 50 y hasta su muerte. Silencio para capturar un icono tan retratado que incluso en 2018 se reeditaron 18 de sus discos más importantes forrados de las estampas que William Claxton captó. Este fotógrafo no menos legendario admitió que fue una suerte tener a Baker frente al objetivo. En Jazz Imagesrevista a la que sirvió y que encumbró a tantos, le compraban absolutamente todo lo que tuviera de Baker. Las chicas aporreaban el cristal de los quioscos desde Manhattan a cualquier barrio de Los Ángeles. Querían poseer a ese chico. A esa divinidad que, por si fuera poco, interpretaba con una pasmosa facilidad aquellas canciones. Canciones que, como recuerdan los músicos que le acompañaron, se aprendía sin partituras, con una sola escucha. Tenía eso que llama ‘oído absoluto’. ¿Y qué más?

    Baker tenía tantos dones que resultaba insoportable. Incluso para él mismo. Es lo que supura en el documental Let’s Get Lost (Bruce Weber, 1988), inmejorable epílogo a una vida y cuyo director, por cierto, acabó pagando buena parte de la repatriación del cuerpo a EE UU y el sepelio. «Baker deformó su discografía a base de grabaciones de todo tipo. Cualquier tipo que le contrataba, grababa la actuación y al final de la misma le ofrecía darle 500, 600 o 1.000 dólares si firmaba los derechos para distribuirla. Cogía la pasta y se iba a pillar», así lo resume De la Cavada. «Era algo absurdo ir a las tiendas de discos y encontrar docenas de álbumes inéditos de Baker». Una fuente inagotable de grabaciones en sellos italianos, franceses o alemanes. Directos y más directos a los que ahora se podría sumar el que se halla detrás de esta instantánea.

    Martí cuenta por primera vez en GQ que el concierto de Valencia «está perfectamente grabado y listo para su publicación». Negociación mediante con uno de los sellos de referencia del jazz europeo, se editará como uno de sus últimos directos. El último en España. De aquella noche rescatamos 30 años después esta imagen, con toda la profundidad que la fotografía de Vicent nos ofrece. Luces y sombras, con la trompeta caída. Ángel y demonio. Mito y maldito. Deformado en el objetivo antes de fundirse a negro con los ojos cerrados.

  • Urmemetal: la familia que está agitando la escena heavy emergente desde València

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    La historia de Begoña Urmeneta es una de las más fascinantes de cuantas historias anónimas y cotidianas nos rodean. Fue la primera camionera de tráilers en València. Empezó en el Puerto y dice que la llegada de los primeros móviles, auténticos zapatófonos, le acabó por convencer para dar el paso. También influyó aquello de estar en el momento adecuado en el lugar adecuado, aunque en ese aspecto quizá no todo fue casualidad. Había soñado con ello desde pequeña, pero el hecho de tener que conciliar el trabajo como camionera con dos niños pequeños, en aquel entonces (y quizá también ahora), le generaba algunas dudas. Dio el paso –asegura que sus compañeros fueron siempre generosos e igualitarios– y hasta el día de hoy.

    Urmeneta, navarra de nacimiento y valenciana de adopción, cuenta que el camión es desde hace algo más de 20 años su vida. No en vano, la mayor parte de los días los pasa en su cabina viajando por Europa. Carga y descarga, descarga y carga, pero, sobre todo, conduce desde su cabina todo tipo de mercancías. Desde esa cápsula da rienda suelta a tres aficiones: la lectura, el heavy y la radio. Mucho de la segunda, bastante de la tercera y algo de la primera hay en uno de los proyectos en los que ha embarcado a sus dos hijos y por los que una marca empieza a tener cierto eco a nivel estatal: Urmemetal Sponsors es una asociación sin ánimo de lucro en la que Begoña, David Gómez y Ainhoa Jiménez (sus dos hijos) se han empeñado en ayudar a promocionar a grupos emergentes de rock y heavy a cambio de nada.

    Aunque la aventura se inició hace unos cinco años de manera más o menos accidental, desde hace dos se estableció formalmente. No son promotoras, no son managers, pero se dedican a tender puentes en todas direcciones para los grupos emergentes de heavy de España y de fuera de España. Aunque la debilidad por las bandas valencianas se nota y se deriva de la proximidad, conectan a las bandas con las salas para generar conciertos en los que la máxima es tan sencilla como –desgraciadamente– inédita: «las bandas no pagan por tocar». ¿Cómo lo hacen? Comunicación, sinergías, buen rollo y una dedicación difícilmente comprensible de no ser por el amor de los tres Urmeneta con este estilo de música.

    Ainhoa comenta a Cultur Plaza que es curioso como los tres tienen gustos distintos dentro del heavy: Begoña, algo más clásico, Ainhoa, algo más excesivo, y David, algo más progresivo. En realidad, esas son las tres líneas que se van alterando en la generación de sus contactos. Una plataforma que desde 2017 se ha vuelto mucho más internacional a partir de un trabajo que, en el caso de Begoña, capitanea desde la cabina de su camión: han ligado a una serie de emisoras de radio en España, Italia, Francia, Inglaterra y países de Suadmérica para que intercambien maquetas y primeras grabaciones: «el objetivo es que la música de aquí suene en muchos sitios y, aprovechando todo lo que da de sí internet, haya un flujo de intercambio entre emergentes».

    El salto radiofónico está funcionando tan bien que ya les han propuesto acoger giras de bandas sudamericanas, aunque ese tipo de saltos todavía quedan lejos para una asociación que apenas da a basto con la gestión que ya realizan desde València. Ciudad, por cierto, donde la presencia del heavy y de sus estilos más próximos está en horas bajas en cuanto a público y salas sensibles a la causa; no así en cuanto a bandas, que «las hay muchas y buenas». Eso dic Ainhoa que, con sorna, comenta: «yo le he dicho a mi madre que si conseguimos llevar público en València, lo vamos a conseguir casi en cualquier sitio». Y ríe, mientras acto seguido comenta que todo el Norte, de Galicia a País Vasco, sigue muy por encima de la media en esos dos aspectos: públicos y salas.

    Las redes sociales y WhatsApp son el principal campo operativo de Urmemetal que tienen varios conciertos programados como colaboradores para las próximas semanas. No paran y no se limitan al directo. Diseñan entradas, carteles, chapas, camisetas y flyers, siendo la promoción online de todo esto la principal actividad. Ahora mismo se preparan para otorgar un premio de fotografía relacionado con el heavy –ya con finalistas–, pero han colaborado con festivales y admiten que grupos de fuera de València les tientan a ejercer de managers. «De momento, es algo que no contemplamos», dice Ainhoa: «el motivo por el cual empezamos a generar contactos y ayudar a bandas emergentes tiene que ver con nuestro disfrute. A largo plazo, no descartamos que pueda existir algo en paralelo que, por hacer de esto algo más profesional para las bandas, pueda suceder».

    Begoña comenta que monetizar «no está sobre la mesa. Lo hacemos de corazón. Lo único preocupante de todo ello es que seguimos arriesgando nuestro dinero. Muchas veces, horas o minutos antes del concierto, estamos cagados porque no sabemos si cubriremos gastos. Al final, de una forma u otra, siempre llegamos. Si generar una base empresarial resolviera eso, quizá, más adelante, nos lo planteemos». Es cierto que, como dato curioso, todo esto surgió de un concierto que sí promocionaron y que fue una especie de celebración familiar. Y como fue bien aquella vez, pensaron en cómo hacerlo mejor y dar de alguna manera ayuda a las bandas emergentes, que siguen siendo desde entonces su único objetivo.

    Aun así, ya hay una serie de bandas a las que han ayudado, que han ido cogiendo cuerpo y de las que siguen tirando para dar empaque a según qué carteles. Han colaborado con promotores, managers y salas en Madrid, Barcelona, Galicia, Asturias o País Vasco, además de hacerlo en casa, en València. «La principal motivación es dar visibilidad a las bandas, conectarlas y que a los directos no vayan solo familiares y amigos», comenta Begoña desde la cabina con gran energía. De eso van sobrados los tres, pese a que admiten que cada vez Urmemetal Sponsors «se come» más vida personal. Eso sí, una vida alternativa que viven de manera conjunta, hiperconectados a través de internet y dirigidos por una madre camionera que, desde su cabina, Europa arriba, Europa abajo, ahora escucha a las bandas a las que tratan de dar cancha en emisoras de Italia o Francia. 

  • Oggi, 1978: 40 años de la discoteca y el momento que desencadenó la Ruta

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    En la búsqueda de una historia para la Ruta, hay dos tendencias marcadas a la hora de fechar el movimiento. La primera disocia lo ocurrido a partir de 1990 de lo anterior. Otra, en la que abundan los dos trabajos bibliográficos de referencia (En Éxtasis, de Joan M. Oleaque, y ¡Bacalao!, de Luis Costa), entiende que el fenómeno no se puede comprender sin sus etapas anteriores. De alguna forma, estos dos libros y la hemeroteca también reunida en la serie documental València Destroy: la historia no contada de la Ruta del Bakalo contemplan que no existe un hito determinante para separar uno y otro mundo, sino que es la evolución –degeneración por masificación– la que tuerce el relato. Una torcedura de facturación millonaria, pero de consecuencias todavía latentes en la marca València, las leyes de seguridad ciudadana del Estado y el clubbing en España.

    Esa historia construida en la distancia tiene su prehistoria y, como sucede con todo relato coral, encuentra sus reliquias en muy distintos sitios. Casi todos ellos, en la capital, aunque lo mejor del movimiento sucediera algo más tarde a 35 kilómetros al Sur (Barraca y Chocolate) o en su poco reivindicada versión al Norte: Espiral. En esa prehistoria, se habla de locales que eran clausurados por la policía por razones tan peregrinas como no tener sillas en las que sentarse. Nuevas realidades «indecorosas» como las de Capsa 13, o locales en los que un nuevo público no sabía ‘si iba o venía’ a ojos del control policial del Régimen: Studio, Christopher Lee (todavía abierto), Crack… 

    Sin embargo, el rasgo sociológico que parece marcar la diferencia se encuentra en una ruptura generacional: los usuarios de aquellos locales ya no querían oír a más cançó. De algún modo, sus inminentes protagonistas daban por hecho el cambio. Querían romper con el pasado y con ‘el rollo’ de sus hermanos mayores. Querían dar rienda suelta a un hedonismo no premeditado, pero que necesitaba explorar con fruición las nuevas libertades adquiridas. Les decían que eran libres y no sentían ninguna hipoteca con el pasado más inmediato como para evitar divertirse influidos por todo lo que supiera a modernidad exterior. Por eso, para encontrar la reliquia, habría que buscar un club no anterior a 1976. De manera fortuita, como casi todo en este relato, bastó con esperar unos meses, hasta 1977, para que la vida de un trotamundos se cruzara con la ansiada modernidad valenciana.

    El advenimiento del dj

    Juan Santamaría frisaba los 30 años cuando dio con sus huesos en Oggi, el club apócrifo en el origen de la Ruta situado en la calle Maestro Gozalbo número 20, en València. Para entonces ya había vivido varias vidas, casi todas ellas relacionadas con la música y lejos de su Castellar natal. Logró convencer a sus padres para hacer el Bachiller en casa de una familia conocida en Poitiers, Francia, y nada más volver siguió con su búsqueda de oxígeno exterior. Empezó por evadirse a través del turismo al trabajar en Granada, Ibiza y Sitges. Especialmente en Ibiza, en los chalés de los hippies americanos, fue consciente de cómo la música pinchada no tenía porqué ser un hecho exclusivo del club. Descubrió que todo el mundo entraba y «bebía, dormía, comía y seguía» allí durante horas. No había control de acceso y no había VIPS ni clases (uno de los hechos cruciales de la Ruta, dinamitado en los 90 en su sentido más contrario). Lo mejor no sucedía siempre de noche, sino al amanecer o durante el día. Y el eje de todo aquello era la música, más bien blanca, aunque de eso hablaremos más tarde.

    Antes de Oggi

    Antes de que Santamaría llegase a Oggi, en València, el concepto del dj ya se había extendido por España. Con especial arraigo en todas las zonas de costa, aceleradas por el desarrollismo y por la sana contaminación de los turistas extranjeros que las iban poblando, la figura del pinchadiscos se iba asentando mientras el dj de Castellar seguía su periplo de experiencias por Europa. Trabajó limpiando en Àmsterdam y hasta estuvo casado en Escocia, donde pinchó en un pub, como en Londres. Su camino parecía tener mucho que ver con permanecer lejos de un origen que tampoco le llamaba la atención en aquel momento, pese a los aires de cambio. Pero cada vez que volvía acababa pasando algunas semanas o meses al frente de las cabinas del momento en València. Entre otras, en San Francisco, que mucho más tarde sería Spook Factory, y donde ya aplicó muy inicialmente la idea de importar fiestas con locales de la ciudad y marcas de moda. Por primera vez, allí ya se enfrentó al funky totalizador de la época.

    Más acusado sería su paso por Cap 3000, la mitificable discocoteca de Benidorm que tenía entre sus relaciones públicas a Tony Leblanc o José Legrá (más tarde, Ku Benidorm). Bandas extranjeras y estrellas pop españolas actuaban en aquel local donde el pop británico y el rock americano eran dispuestos por Santamaría. Y aunque este trataba de regresar una y otra vez a Londres, en aquel momento ya separado de su primera mujer y conectado a Linda, su todavía actual pareja, en Cap 3000 siempre le convencían para pasar la temporada de verano. El dj valenciano, que más tarde sería productor y hasta manager, empezó a considerar la opción de trabajar en su tierra. Le pagaban generosamente porque, de alguna manera, la modernidad que él importaba por su relación con el exterior, era imposible de rastrear entre el material humano autóctono.

    Después de Oggi

    En 1977, de manera fortuita una vez más, llegó a Oggi. Linda todavía estaba en Londres terminando sus estudios, pero como insiste Santamaría, le pagaban demasiado en València y algo más que eso: «me ofrecieron ser un dj fijo en un club. Eso me llamaba mucho la atención y quería vivirlo«. Durante algo más de tres años, su calendario laboral pasó a ser de seis días a la semana («y el séptimo, que descansaba, también me pasaba por allí»). Linda se convirtió en el cordón umbilical de esa modernidad con los envíos cada semana de material de importación. El dj de este club situado en el Ensanche de València llevaba años suscrito a Melody Maker, NME Sounds. Escuchaba con asiduidad los programas del periodista –y también dj– John Peel: «me gustaba muchísimo porque pinchaba sin distinción de estilos, siempre que aquello que pusiera fuera diferente a lo que habíamos oído hasta entonces». 

    Santamaría, influidísimo por Londres y por Peel, llegó a Oggi con cierto halo de estrella. Pero los comienzos no fueron fáciles: «recuerdo a ‘el tirantes’, un tío un poco fachoso del lugar; uno más. Un día al empezar, estaba pinchando, y, como otros, me silbaba. Bajé la música y le pregunté que si me estaba silbando porque le gustaba la canción o porque quería protestar. Nos hicimos muy amigos luego, pero yo les decía: ¿has escuchado esta canción? ¿A que no? Pues déjate llevar. Escúchala. Luego te la vuelvo a poner, a ver si te gusta más». Insistió en importar música que aparentemente no se podía bailar, y así sonaba Fleetwood Mac, Jimi Hendrix y hasta Tangerine Dream, aunque hacer una selección es arbitrario por la eclecticidad que aportaba en aquel momento.

    Oggi atrajo a cierta cantidad de público por un par de hechos tecnológicos del momento: tenía un láser primigenio –toda una sensación de modernidad en la València setentera– y contaba con una pista giratoria (cuentan que cuando se atrancaba, provocaba caídas en masa). La pastilla que giraba se mantuvo durante las siguientes denominaciones y propiedades de Oggi, pero no en activo. Nou Café Concert (NCC) y Un Sur fueron los locales que le sucedieron, donde actuaron infinidad de grupos. Entre otros hitos de la música en directo que ahora no viene al caso, en aquella sala para unas 400 personas (que doblaba aforo ante la ausencia de normas y la mayor ausencia del rigor policial de la época) se grabó el primer directo de Seguridad Social: ‘En desconcierto‘. 

    Pero antes de ver pasar por la zona pija de València a directos como Parálisis Permanente, Oggi fue el club seminal para la Ruta por algunos motivos distinguidos: 

    1. Rompió con la música negra. El funky lo invadía todo, con una segunda línea de interés comercial por lo que llegaba desde el pop lánguido italiano. A Santamaría esto le interesaba nada y salvo alguna canción del ‘padre’, James Brown, su influencia británica le hacía estar muy próximo a la ‘música blanca’. Música de cadencias bailables y síncopas, pero interpretada habitualmente por blancos.

    2. Alimentó por igual a las muy diferentes tribus urbanas, sin distinción de clase o procedencia. Otro rasgo de calado en el origen de la Ruta y que hizo convivir a mods, rockers, punks y, enseguida, nuevos románticos. Santamaría disponía eclecticidad e irreverencia, pero sobre todo era consciente de su oficio (se sacó el carné de «montador de discos», nomenclatura del Régimen para el dj, en 1972, en un cine de Alicante).

    3. Las sesiones eran interminables. Horas y horas que, cabe recordar, todavía se veían interrumpidas por el lento. Esa institución heteropatriarcal se rompería definitivamente con Carlos Simó en Barraca, pero como admiten tanto Santamaría como Simó, de alguna manera aquello empezó en Oggi. Santamaría aprovechaba la exigencia empresarial del lento para poner a Beatles o al ya citado Jimi Hendrix (‘Hey Joy’).

    4. Oggi se convirtió de manera también apócrifa en la primera casa de importación de música. Los viajes constantes de Santamaría a Londres –para ver a Linda– o de Linda para estar con Juan, servían desde hacía tiempo para ‘traficar’ con música independiente británica de importación. «Solo se podían pasar cinco vinilos por cada pasajero, así que antes de que llegara el avión me ponía a repartir bolsitas. La gente era muy amable y te los pasaba. Luego salía el primero y los recogía. Me preguntaban que dónde pinchaba y algunos hasta venían a verme». La importación siguió incluso con Linda ya en València, basada en las recomendaciones de Peel y las revistas favoritas de Santamaría, con la hermana de Linda como remitente constante de lo último de la nueva ola británica.

    5.  Por este motivo, como sucedería en los ya citados templos fundacionales (Barraca, Chocolate y Espiral), la discoteca se convierte en la biblioteca pagana del pueblo. Una biblioteca hedonista, porque musicalmente ha roto con las implicaciones políticas. Pero allí se dispone una música nueva y moderna, de manera constante, que de ninguna manera nadie se puede permitir en casa. El dj, en gran medida, después de haber dejado de ser un camarero venido a más o un gestor de sala, adquiere con Santamaría en València ese papel como chamán de la noche.

    6. De la noche y de las noches, una tras otra (imagínense ahora), lo cual genera una clientela constante y creciente. En Oggi, oficialmente hasta las tres de la mañana. No sin conflictos vecinales, siete días a la semana. Conflictos muy distintos a la tranquila situación que muestra ahora el local y el entorno. La confluencia de tribus urbanas y las nuevas libertades vivían esa convulsión entre la anomia y el disfrute. Santamaría pasaba allí una noche tras otra, lo que también le permitió experimentar y tener horas de vuelo.

    7.De manera incipiente, los hay que ya otorgan un papel crucial a los relaciones públicas de la sala. En gran medida, sus propios trabajadores y el mismo Santamaría que sabía que relacionarse con diurnidad y otros ritmos revertía en la noche. Pese a situarse en un barrio acomodado de la ciudad, Santamaría logra a través de la música y de su actitud que el club no sea elitista. Es algo que acabaría importante en su paso efímero pero influyente por Barraca, Chocolate Cream y Metrópolis.

    8. Aunque no acabó del todo con el lento –que si extinguiría Simó en Barraca (Simó acudiría a la sala a escuchar la música de Santamaría durante horas)–, si acabó con ‘las rumbas’ («y con la música de Los 40 Principales», añadiría él). La otra institución oficial de las discotecas en España incluía un rato de ‘rumbas’ con el que Santamaría no transigía. Aun pareciendo un gesto menor, sirvió para redondear la idea de una sesión continua.

    9. Santamaría, bien remunerado, trabajó de manera independiente. Siempre con la sensación de que estaba de paso y que seguiría hacia otro lugar. Aunque más tarde el local cogería mucho carácter con los conciertos, con Santamaría parecía que el dj era más que suficiente como para llenar la sala y tener todo un discurso. Esa idea de club arraigado a un dj con tanto nombre en València también fue seminal.

    10. Aunque llegó en 1977, Santamaría vivió un inicio hostil derivado de las expectativas y de una falta de entendimiento inicial con el público. No fue hasta 1978 cuando su idea de club y un estilo marcado, muy distinto a todas las demás discotecas de la ciudad, se asentó y explotó. Y ya no hubo quien lo descabalgara del interés de aquellos días, donde los Alaska, Miguel Bosé o Francis Montesinos, entre tantos, pasaban asiduamente por allí.

    El inicio de otras historias

    A Santamaría le convencieron para dar el salto a una gran discoteca de nueva construcción: Chocolate Cream. Asentada en un antiguo secadero de arroz, en Sueca, pretendía albergar aún más modernidad en un espacio grande y junto a una zona turística como la que se comprende entre El Perelló y el Mareny Blau. Tenía forma de tarta gigante de chocolate, pero como tantos proyectos se quedó a medias (convirtiendo en una especie de Haloween eterno que capitalizaría ‘El Gitano’). Él aguantó unos meses en los que convivió –a 200 metros de distancia– con la relevante llegada de Simó a la cabina de Barraca. Unos meses de sincronía donde, según Santamaría, sus discos también viajaban a Barraca para que Carlos pinchara algunas novedades durante las primeras horas de la sesión. Santamaría estará en todos los pasos de puerta del fenómeno: le pondrá el nombre al Bacalao (con C), participará como productor en Londres del primer remix de una canción pop española (‘Semilla Negra’, de Radio Futura), antes habrá abierto con los hermanos Jiménez la tienda de discos para dj’s ‘Zic Zac’ y hasta acompañará a Chimo Bayo a la feria de la música de Cannes (Mimed) en 1993. 

    Oggi por su parte se reconvertiría hacia la música en directo, aunque sin abandonar la idea de club. Nunca llegó a tener un dj que aplicara en tan poco tiempo tantas novedades y que ejerciera de icono como para atraer a los interesados en la música, más allá de todo el acting social y relacional que gira en torno a cualquier discoteca. Santamaría, entre sus muchas aportaciones, llegó a lograr que los hombres bailaran con algo que no fuese funky. Y lo hizo antes de que drogas de cierto calado hicieran su tímida aparición, solo a través de los platos importados una semana tras otra desde Inglaterra. Oleaque, el periodista gracias al cual su existencia está anidada al relato, está convencido que sin Oggi la historia hubiera sido muy distinta (y quizá hubiera llegado, como casi cualquier otra cosa después, tan tarde como a cualquier otra ciudad de España).

  • Dj’s, cantantes y valencianas: pasado, presente y futuro de una historia silenciada

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Son distintas y únicas, pero se dedican profesionalmente a la música electrónica. En una ciudad que fue cuna del clubbing para España, su relato sigue en segundo plano. Hablamos sobre su momento en la industria y nos relatan la discriminación por género que han vivido y siguen viviendo en discotecas y grandes festivales

    Este jueves, 21 de junio, se celebra el Día Internacional de la Música y entre todas las compositoras e intérpretes valencianas destaca la invisibilidad que siempre ha acompañado a aquellas que trabajan en torno a la electrónica. Es curioso que, en una ciudad que durante mucho tiempo se ha dado golpes en el pecho por su movimiento de clubbing (con razón, por ser el más importante a finales de los 80 y principios de los 90), las mujeres pioneras tras los platos y las vocalistas de todas esas canciones capaces de sonar millones de veces en las discotecas apenas son reconocibles para el público general. Mujeres capaces de mover a masas con su trabajo en el estudio o la cabina, pero que tampoco se encuentran entre la fotografía habitual de los carteles de grandes festivales de electrónica. ¿Por qué?

    El pasado 9 de marzo, como parte de la celebración del Día Internacional de la Mujer pero sin ocupar su fecha reivindicativa (el 8 de marzo), la Federación de Ocio, Turismo, Juego, Actividades Recreativas e Industrias Afines de la Comunitat (FOTUR), ProDJ y el Ayuntamiento de València organizaron el Dia de la Dona Festival. Un evento en el que actuaron sin interrupción las que han sido y son las principales representantes valencianas dentro de un mundo dominado por hombres. Desde las vocalistas Josephine Sweett, Lara Taylor, Rebeca Moss y Sandra Polop, a las dj’s Tanya Bayo, Agata Angel, Alicia DC, Charo Campillos, Marien Baker, Miss Rose y Mónica X. Entre ellas, mujeres de primer nivel tras los platos o en ese anónimo entorno de las vocalistas para temas de música de baile. Varias de ellas, con tres décadas de trayectoria.

    Los organizadores del festival las reunieron este miércoles en el Centre de Turisme de la Agència Valenciana de Turisme en València para confirmar que en 2019 volverá a celebrarse el Dia de la Dona FestivalCultur Plaza aprovecha el encuentro distendido para hablar con cada una de ellas de sus proyectos, pero también de la brecha de género que existe en torno a la música electrónica.

    Charo Campillos, la dj pionera

    Charo Campillos es, seguramente, la primera dj de música electrónica española. Y es valenciana. Con poco más de 50 años, inició su andadura por los clubes (incluso antes de alcanzar la mayoría de edad). Su relación con la música se acrecentó cuando pasó a trabajar en Disco Estudio, un despacho de discos de importación que sirvió de catalizador de la modernidad europea a través de los beats a mediados de los 80. «Es una suerte que fuera una de las primeras dj’s… por no decir la primera. En 1984 vendía muchos discos y apenas tenía 18 años. Una vez fui a un local en Puerto de Sagunto que se llamaba Bogart. El dj no llegaba, no llegaba… y el dueño de la sala me dijo, <<venga, Charo, pon unos discos>>. En aquel momento ya sentí algo por dentro que me llamó demasiado».

    «QUE PINCHASE TAMBIÉN FUE CULPA DE CHIMO QUE, MUCHO ANTES QUE NADIE, ME DIJO <<TÚ VAS A SER DJ>>»

    Campillos es coautora de la letra de la que, a buen seguro, es la canción más vendida y escuchada de las compuestas en València para la pista de baile: ‘Así me gusta a mí‘. El single del verano de 1991 junto a Chimo Bayo también delata la gran relación que mantenían y mantienen. «Que pinchase también fue culpa de Chimo que, mucho antes que nadie, me dijo <<tú vas a ser dj>>». Sin embargo, Campillos se resta importancia pese a que durante muchos años –finales de los 80, principios de los 90– era la única. «El público me miraba raro. Era como si dijeran, pero ésta qué hace. Además pinchar con platos siempre ha sido y es un show. Pinché funky, guitarras, house y makina. Pasé por todo, pero el estilo que me define y que más he trabajado ha sido el dance».

    Campillos mantiene un buen humor desbordante desde entonces y hasta ahora: «voy a dar una primicia: soy camarera. Lo digo con orgullo, porque en realidad, después de más de 15 años como locutora (1992-2011, en Más Radio) tuve que reinventarme a partir de la crisis. Y sé que es ese trato con el público el que me hace feliz. Como dj y como camarera profesional ahora». Admite que le impresionó mucho ver por primera vez a una dj mujer. No era otra que Alaska: «tenia 14 años y no solo logré colarme en la discoteca, sino que llegué hasta el camerino para que me explicara cómo podía hacerme su pelo. Me dijo qué laca usaba y cómo hacerlo. A todos los niveles, siempre ha sido un poco referente para mí».

    No promociona la nostalgia de la Ruta, aunque admite que le «encantaría que volviera. No por otra cosa que vaya más allá de lo bien que me lo pasé. De lo mucho que bailé». Pese a todo, Campillos solo tuvo una residencia estable entre 1999 y 2001. Fue en la discoteca Fontana, antigua Chivago River. Ahora se siente un poco «la mamá» de muchas de las jóvenes dj’s. De Tanya Bayo lo fue en un sentido casi literal por la relación no interrumpida con sus padres: «además de ser insultantemente joven, va a sacar un pelotazo esta misma semana».

    Mónica X, la dj más internacional

    Mónica X es la dj más internacional que ha tenido València. Y, seguramente, de las más internacionales que ha dado España. A mediados de los 90 estaba pinchando para la Fura dels Baus en uno de sus espectáculos más grandilocuentes, en Berlín. Sus colaboraciones y sus viajes recorren medio mundo y, pese a la agenda imposible de aeropuertos y destinos, fue durante años residente en discotecas como Wonder (Lleida), Technopolis (la antigua Space de Madrid), Sonic (Madrid), Ocho (Barcelona) y Play (Hernani). 

    «HAY DUEÑOS DE CLUBS Y PROMOTORES QUE INTENTA ‘SACAR SEXO’ A CAMBIO DE QUE ACTÚES»

    Desde su posición dentro del mercado es explícita a la hora de denunciar el trato denigrante a la mujer dentro de su profesión: «hay dueños de clubs y promotores que intenta ‘sacar sexo’ a cambio de que actúes. Esto sigue pasando. A mí, de hecho, me parece cada vez más habitual. Es así de explícito. Si quieres bolo, tal. En España pasa, que ya es grave, pero pasa sobre todo en países musulmanes o en India porque es como tratan a las mujeres. Como objetos. Yo quizá lo puedo decir, pero una chica más joven sé que no se atreve a contarlo. Y es habitual que lo hagan. En parte, esto se ha contagiado de la ola de dj’s mujeres que pinchaban en topless, que no eran ni dj’s, que venían de Rusia y ha generado una especie de cultura de la trata en muchos países que sigue establecida».

    Habla así de claro y afirma que hay una brecha de género que se suma a otras: «luego, todos los que empiezan, a día de hoy tienen que trabajar gratis para tener presencia porque las oportunidades son las mismas o menos y el número de dj’s es inabarcable. Igualmente, hay que cobrar siempre porque la discoteca está haciendo un negocio y tú tu trabajo». Celebra que el número de dj’s valencianas haya crecido tanto «y a nivel mundial somos muchísimas. Entonces, ¿por qué no hay más mujeres en carteles de festival? Bueno. No tiene sentido». 

    En los últimos tiempos, además de haber sacado un disco del que llegará videoclip en cuestión de semanas, ha pinchado especialmente en clubs de Argelia y Orán. Su actividad sigue estando mucho más fuera de València que en casa. Su versatilidad y ser reclamada como dj de remember también le genera una agenda constante. El peso de los recopilatorios Women Dj’s que impulsó con el cambio de milenio el programa Crónicas Marcianas de Telecinco sigue pesando en positivo en su marca.

    Tanya Bayo, el legado más actual

    Tanya Bayo publica este 21 de junio un single con el que reformula una carrera incipiente en la electrónica. Pone en valor el trabajo de su padre en torno a la música, pero pisa fuerte en busca de una carrera propia que empezó hace tiempo, a sus 21 años, y que ha pasado del house más inicial a su relación actual con la música urbana. Combinando tanto español como inglés en sus letras, su nueva canción «reivindica precisamente a la mujer para decir que nosotras también mandamos. Es algo que yo no he dudado nunca y soy consciente del poder que tengo como mujer y como persona». 

    «SOY CONSCIENTE DEL PODER QUE TENGO COMO MUJER Y COMO PERSONA»

    La mezcla de estilos por los que ha ido transitando la convierten en poseedora de un sello propio, aunque todo aquello que se viene denominado urbano va cogiendo peso en Tanya Bayo. También en sus sesiones. «La no presencia de mujeres en festivales, como norma general, es poco entendible. No como una reivindicación de género, por reivindicar a la mujer, sino porque hay mucho talento, mucha variedad y mucha profesionalidad. Creo que los festivales deberían demostrar más dinamismo al respecto y se conscientes de que igual que estamos en el público estamos al otro lado del escenario».

    Todo actitud, Tanya Bayo asegura que «una vez estás en la cabina, quien transmite confianza eres tú. En todas direcciones. Tienes que estar segura de ti misma y cuando lo demuestras te empiezan a respetar. Mirar a la pista y que la gente no deje de bailar nunca«. Ahora inicia una serie de publicaciones propias en las que también canta, algo que ha hecho «desde pequeñita. He recibido clases, toco instrumentos y, finalmente, si me hago valer como dj también es por la ilusión que gira a este mundo. Sé que el público también nota lo mucho que disfruto pinchando». Entre otras fechas, estará en el próximo Medusa Sunbeach Festival.

    Marien Baker, de las radios al underground

    Hasta la fecha, el camino de Marien Baker ha sido de ida y vuelta. De la electrónica de club y de unas raíces más bien underground pasó a algún punto entre el EDM y el radio edit. Ser la ganadora de un concurso y firmar por EMI-Warner le abrió un camino comercial que ha ido abandonando. Desde hace aproximadamente un año y medio ha vuelto a la casilla de salida y, después de que dos de sus singles sonaran en los40, MáximaFM o EuropaFM, ha empezado a pinchar constantemente en clubs y a enfocarse en un ámbito menos mediático. 

    «Aproveché la oportunidad, pero sentía que aquello no me llenaba. También sentía que el circo que hay alrededor y la gran inversión en marketing que se hace no tenía mucho que ver conmigo. Por eso he vuelto a mis raíces y un estilo entre el house y el techno-house muy de club», comenta a Cultur Plaza. Son dos mundos «antagonistas» según ella, pero que ha vivido con ambición como dj. Es curioso que ahora esté pinchando en València y cerca «más que nunca, pero es normal porque ahora he vuelto a empezar en muchos sentidos».

    «A VECES LAS MUJERES TENEMOS UNA OPORTUNIDAD MÁS FÁCIL POR PENSAMIENTOS COMO <<QUÉ GUAPA ES, TIENE BUENA IMAGEN>>. ES UN PUNTO DE SALIDA MACHISTA»

    Un cambio radical por el cual no se planteó cambiar de nombre y en el que pintan mucho las listas de Beatport y el trabajo diario como dj. «Las masas se gestionan y guían por reproducciones de Spotify o YouTube. Eso y seguidores en redes. A mí me gusta más el otro lado porque me siento bien llegando a sitios por la música que hago o por la música que pincho». Sobre la brecha de género, aporta una perspectiva: «aunque no seamos conscientes, a veces las mujeres tenemos una oportunidad más fácil por pensamientos como <<qué guapa es, tiene buena imagen>>. Es un punto de salida machista, pero también nos pasa. Ahora, lo de la no presencia en festivales, no lo puedo entender. Si tuviera un festival no me permitiría no tener una headliner y una representación femenina en cada tramo del cartel». 

    De la interacción con las otras dj’s valencianas y vocalistas destaca que «la conversación es muy parecida: faltan mujeres, faltan mujeres, faltan mujeres. Lo hacemos igual de bien y no entiendo la distinción«. Además, añade que «algo que llevo realmente mal es cuando se critica a una mujer porque ha tenido una mala sesión. Es mucho más fácil oír comentarios como que la dj no está inventando nada o no pincha a cuatro platos frente a que a ellos, si tienen un mal día o si no están haciendo nada del otro mundo, nadie les critica exactamente por eso». 

    Lara Taylor, vocalista de electrónica internacional

    Por el bagaje internacional, cuesta creer que Lara Taylor tenga 24 años. Pero los tiene. Con 18 ya había definido las bases de su estilo, aunque cantaba desde niña y los referentes siempre fueron más bien extranjeros y más bien pop (Whitney Houston, Céline Dion, Christina Aguilera…). De ellas tomó los aires de R and B hasta dar con la electrónica: «no me lo había planteado, pero cuando empecé, fenómenos como Rebeka Brown o Aliyah estaban ya decayendo. Indagué y me convertí en la oveja negra de las vocalistas. Deportivas, sin maquillar y haciendo dubstep y EDM. En las dudas encontré mi forma de ser musicalmente».

    «ME CONVERTÍ EN LA OVEJA NEGRA DE LAS VOCALISTAS. DEPORTIVAS, SIN MAQUILLAR Y HACIENDO DUBSTEP Y EDM»

    Ha actuado varias veces en Doha o Dubai, en varias ciudades de India. Hay ciudades en España donde tiene cartel suficiente como para ir y hacer caja (Murcia, Jaén…), pero asegura que donde más aprendió fue en su temporada como residente en Amnesia, en Ibiza. «Trabajar diariamente con dj’s y artistas internacionales te curte. También me llevó a decidir que no iba a ser una intérprete sin más. Compongo mis letras y participo de la música porque quiero que sea todo mío«.

    Como Tanya Bayo, cada vez está más cerca de los estilos de música urbana y es consciente del impacto de masas que tienen. «Me gustan sus referentes porque también busca independencia discográfica. Voy a hacer electrónica, pero no como una vocalista de la vieja escuela. Participo de esa visión actual y de la fusión de muchos estilos que nos han llevado hasta aquí». Es igual de crítica que sus compañeras con la ausencia de mujeres en festivales, aunque su nombre está presente en algunos encuentros como el Animal Sound del pasado fin de semana.

    Josephine Sweett, vocalista pionera

    La voz de Josephine Swett está detrás de millones de movimientos de baile. Es una historia anónima y no por ello menos interesante, pero formó parte de la extensísima producción valenciana de música de baile durante toda la década de los 90. Suya es la voz en una parte de la producción de Spanic, pero es solo una de las muchísimas marcas que se superponían al trabajo vocal de Pepa Dolz quien no ha dejado de trabajar como intérprete de soul, funky y house, «aunque también interpreto jazz, que para mí la madre de cualquier música moderna».

    Techno y house dominaron sus primeros años de grabaciones, aunque no solo ha trabajado como vocalista durante estas décadas: «he supervisado grabaciones de otros cantantes y realizado grabaciones junto a ellos». Admite que de aquel pasado boyante para un empresariado sin background (ni musical ni empresarial) «hubo mucho de inocencia. Sí, era joven e inocente y funcionar funcionaba todo. Había una altísima dosis de ilusión. Cuando hay tanto de eso, no cuidas o no te preocupas de qué negocio se está haciendo con tu trabajo. Fue algo mágico, pero con el tiempo he aprendido a saber qué pasaba con el trabajo que estaba haciendo y cómo debía valorarlo«.

    Dolz es de las que mantiene una constante de trabajo tanto de estudio como de directo. Ha participado en una infinita cantidad de grabaciones y tiene alergia al playback, que como vocalista nunca ha practicado («no se me da bien», se sonríe). «Siempre he intentado ser yo misma, pese a los distintos estilos. Por eso también encontré este nombre artístico«. Su voz llegó a ser tan omnipresente durante los años de la Ruta en esa gran cantidad de producciones licenciadas especialmente a Europa «que llegué a oírme en hilos musicales. La primera vez que me pasó tenía ganas de gritar, <<¡eh, que soy yo!>>». Tiene directos «constantemente», asegura que su trabajo actual está «bien remunerado» y que en València actúa «prácticamente nunca».

    Rebeca Moss, la más televisiva

    Rebeca Moss es, junto a Sandra Polop, la más televisiva de sus compañeras. De hecho, la vertiente de su carrera que la conectó con la música electrónica sucedió después de su paso por La Voz (Telecinco). Para entonces ya llevaba años de formación y carrera y tras el programa empezó a encontrar camino «en el pop electrónico y la música más ligada a la discoteca». 

    «TENEMOS QUE TRABAJAR 100 VECES MÁS PARA TENER VISIBILIDAD Y EL CASO DE LOS FESTIVALES ES FLAGRANTE»

    Es una de las mujeres de este reportaje con el discurso de género más estructurado: «lo primero que me gusta de reunirme aquí con ellas es que somos mujeres y que de nuestra conversación se desprenden enseguida los mismos retos e inquietudes. Nos cuesta muchísimo que se nos reconozca. Tenemos que trabajar 100 veces más para tener visibilidad y el caso de los festivales es flagrante. Que haya carteles de festivales de electrónica sin la presencia de una sola mujer… ¡pero ya está bien de tanto machismo!».

    En este sentido, Rebeca Moss apunta a que es muy importante que «haya mujeres en el negocio, donde se mueven los hilos. Afortunadamente, el público es cada vez más sensible y reclama que haya mujeres, pero en el negocio, o hay más mujeres en posiciones importantes, o los hombres van a seguir repitiendo el patrón una y otra vez».

    Admite que en la mayoría de los casos y en el suyo propio «se nos reconoce más fuera de València que en casa. Es habitual que aquí intenten pagarte menos, por desgracia». Como Tanya Bayo o Lara Taylor está muy tentada por «el trap y todo lo que está sucediendo alrededor». Cree que «la música cantada en español vive un momento muy dulce. Yo hace cinco años pasé a tener más repertorio en español y cada vez tengo mucho más. Que haya estadounidenses cantando en español es sintomático, así que hay que aprovechar este momento».

    Miss Rose, al frente del tech-house

    Miss Rose empezó más o menos en las mismas variables que Marien Baker, en torno al año 2006. En su caso haciendo un paso del house al tech-house en el que ha ido combinando progresivamente algunas licencias más comerciales hasta definirse. Como muchas compañeras más allá de València –o el propio caso de Mónica X– pasó de ser camarera a ponerse frente a los platos: «empecé tonteando en la cabina, comprándome unos platos y pudiendo pinchar un poquito cada fin de semana. Pasé de los nervios a notar que me gustaba de verdad… y que ser camarera ya no me gustaba tanto (ríe)«.

    «EL PANORAMA ES MUY COMPLICADO PORQUE HAY MUCHA COMPETENCIA, SIN DISTINCIÓN DE GÉNEROS»

    Rose dice que la crisis de consumo se notó mucho desde sus años iniciales a la actualidad. «El panorama es muy complicado porque hay mucha competencia, sin distinción de géneros. Al principio notaba que sí éramos menos chicas, pero eso se ha ido compensando. Igualmente, todos los que empiezan o pinchan gratis o lo hacen por cuatro duros y eso sí es nuevo. A ti te fastidia porque tú estás trabajando e invirtiendo, pero el panorama actual tiene mucho que ver con eso».

    Rose, como Rebeca Moss, apunta a que la industria que les rodea sigue siendo «un mundo de hombres» donde «la primera oportunidad nos cuesta más. Una vez la tenemos, creo que ya sí depende de nuestro trabajo». Intuye que hay «menos machismo que hace unos años, que hay más oportunidades en este sentido». Tampoco entiende por qué «hay carteles de festivales de música electrónica sin mujeres. Es evidente que hay demasiadas dj’s buenas solo en España para meterlas en cualquier cartel, además de las internacionales». Por eso también espera cambios en este sentido.

    Agata Angel, carrera creciente

    Agata Angel, en apenas tres años, ha pinchado en Kapital Madrid, Ramses, Arts Club y restaurantes de Estrella Michelin. Con un marcado carácter entre deep house y house comercial (y alguna licencia a la música latina), cree que su carrera «está notando una progresión en poco tiempo. Estoy contenta».

    «NOS APOYAMOS ENTRE NOSOTROS SIN LA MENOR COMPETENCIA AQUÍ. LO QUE MÁS ADMIRO DE ELLAS ES CÓMO CREEN EN SÍ MISMAS»

    La brecha de género la nota «especialmente en discotecas grandes. Es mucho más difícil que puedan confiar en una mujer dj que e un chico con una trayectoria o bagaje parecido». Es algo que también destaca que surge de manera natural en la conversación con sus compañeras: «me gusta que nos juntemos porque hablamos sobre todo de cosas profesionales, casi nunca personales. Tenemos mucho que contarnos al respecto. Y me gusta que nos apoyamos entre nosotros sin la menor competencia aquí. Lo que más admiro de ellas es cómo creen en sí mismas y creo que eso es lo que hace que nos tratemos sin ningún espíritu competitivo entre nosotras».

  • Guerras culturales y clases sociales: una conferencia cruzada entre Víctor Lenore y Nega

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El pasado 15 de diciembre Nega y Víctor Lenore compartieron una conferencia en la Biblioteca de Patraix – Azorín. Dentro del ciclo Jornades. llibres i lliures. Literatura, llenguatge i canvi social, el cantante de Los Chikos del Maíz y Riot Propaganda y el periodista cultural expusieron sus ideas en torno a la vigencia de la guerra entre clases sociales y ‘bandos’ culturales. Dos temas de los que ambos ya han dejado rastro en sus correspondientes libros: La clase obrera no va al paraíso, de Nega junto a Arantxa Tirado, e Indies, hipsters y gafapastas, de Lenore. La siguiente es una transcripción parcial de sus conferencias, a partir de las cuales se generó un intenso y extenso debate con el público.

    Nega

    Clases sociales

    «Mis tres citas favoritas en torno a las clases sociales son: ‘La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases‘, de Marx y Engels; ‘La clase social es un concepto comunista. No existe la sociedad, solo existen hombres y mujeres individuales‘, de Margaret Thatcher; y ‘Claro que existe la lucha de clases, pero es la mía, la de los ricos, la que va ganando‘, de Warren Buffett. Ésta es mi favorita porque es indiscutible que existen las clases sociales. Es un hecho histórico, casi científico. La de Thatcher es rotundamente falsa, pero es la que mejor se ha asumido. Todos damos por hecho que no existen, que es algo antiguo, que es de comunistas o de dinosaurios marxistas. Las clases sociales tienen tan mala fama gracias a que esa idea se ha asentado».

    La invisibilización de la clase social baja

    Publicidad

    «Esta idea se ha asentado a partir de una forma de clasismo: la invisibilización. Se niega a las clases sociales más bajas. Encendemos la tele y no se ve a la clase trabajadora. Si vemos un anuncio de cereales, lo que vemos es a una familia en torno a la mesa y el papá que sale no lleva un mono azul ni la madre una camisa de Mercadona. Los anuncios muestran una especie de clase media abstracta. De clase media alta. La publicidad genera imaginarios e invisibiliza a la clase trabajadora».

    Cine

    «También sucede en el cine. Normalmente las películas están ambientadas en esa clase media. No importa cuál sea el género, si es terror o si es de amor. Siempre se representa a la clase media. De hecho, el trabajo es la mayor elipsis en la historia del cine; es la mayor contradicción. El trabajo ocupa la gran parte del día de una persona de nuestra sociedad: te levantas por la mañana y las horas que se dedican al trabajo ocupan la mayor parte del día. Eso no se ve en el cine, esa realidad no existe, especialmente en el cine comercial. Cuando una película muestra el trabajo de forma proporcionada, entonces es etiquetada como cine social o, lo que es peor, cine de autor». 

    «Si tú no haces política, te la van a hacer a ti»

    «La referencia creo que es del libro de Owen Jones [Chavs. La demonización de la clase obrera], que cuenta que cuando llegó el primer obrero al Parlamento británico, con su mono lleno de grasa y de polvo, le preguntaron si venía a arreglar el tejado. Esto que suena gracioso no lo es. Porque la diferencia, ahora, no es tanta. No estamos como para lanzar las campanas al vuelo. El número de parlamentarios que proceden de la clase obrera es ridículo. Con Podemos ha entrado gente como Cañamero o Alberto Rodríguez, pero la proporción sigue siendo anecdótica. Luego llega Celia Villalobos y comenta que si tienen piojos. Los parlamentarios habituales ven aquello como su cortijo. Consideran que alguien sin estudios está incapacitado para  hacer política, y lo que pasa es que si tú no haces política te la van a hacer a ti».

    «El resultado es el de una desafección y desapego por la política tremendo. Cuando llegan las elecciones, el nivel de abstención me aterra. En algunos países como Estados Unidos alcanza el 50%. ¿Sabéis quién no va a votar? Las clases populares. Esto es dramático si nos acordamos de aquel parlamentario que llegó con el mono de trabajo al Parlamento británico y pensaban que venía a arreglar el tejado. Han pasado cien años desde que conseguimos ese derecho y no lo ejercemos. A mí me parece dramático y esto abriría un debate con abstencionistas, anarquistas y demás, pero no votar me parece una falta de respeto a la gente que se dejó la vida por ello».

    Entre la burla y el chivo expiatorio

    «Otra de las paradojas en el mundo de la cultura con la clase obrera es que cuando aparece también es para hacer burla. Tenemos ejemplos como el Neng de Castefa o Aída. Cuando aparece es para reírnos de ella o convertirla en chivo expiaotorio. Entonces, todos esos periodistas y columnistas que la invisibilizaban la resucitan para justificar la presidencia de Trump, el ascenso de Le Pen o el Brexit».

    «OTRA FORMA DE CLASISMO ES EL PATERNALISTA, EL DE AQUELLOS QUE DICEN QUE LA EMANCIPACIÓN ESTÁ EN BEYONCÉ Y EN TELECINCO Y NO EN ANGELA DAVIS»

    «Hay quien se sorprende de que los obreros les voten. Yo creo que son racistas, derechistas, que han hecho las cosas mal, pero hay algo que sí han hecho: no negar a la clase trabajadora. Y nos han comido la tostada. Recuerdo unas imágenes en las que Le Pen aparece por una fábrica que estaba en huelga y se la comían a besos. Todos los obreros haciéndose fotos con ella. Y, piensas, ¿pero qué pasa aquí? Se te cae el mundo a los pies. Esto está pasando cuando hace 30 años si un líder ultraderechista se pasaba por una fábrica se le apedreaba. Los populistas nos han comido la tostada».

    El clasismo más peligroso

    «Otra forma de clasismo es el paternalista. Es la de aquellos que dicen que la emancipación está en Beyoncé y en Telecinco y no en Angela Davis porque, pobrecitos, los obreros no alcanzan a entender a los intelectuales como Angela Davis. Que si eres de barrio tienes que hablar con monosílabos como una estrella del trap. Y que si no lo haces, no eres ‘de abajo’. En plan ‘puta’, ‘zorra’, ‘mi polla’ y así. El otro día leí en Jenesaispop.com que se quejaban de la canción de Becky G en la que habla de que le gustan los señores mayores y las pollas grandes y no sé qué, y el artículo era de alguien súper indignado que decía que cómo se podía promocionar algo así. Y pensé, joder, pero si estáis toda la vida promocionando a grupos machistas no, lo siguiente, y llega una mujer sudamericana y le criticáis por esto. Es una especie de machismo paternalista al que me refiero».

    «LA MORAL NO EXISTE; EXISTE EL PODER»

    «Leí hace poco una cita en Twitter, que creo que era de una tuitera que se llama María Magdaleno. Decía algo así: vivimos en un sistema tan corrrupto y podrido por el neoliberalismo que la más mínima muestra de principio ético irrenunciable o la más mínima muestra de los derechos humanos más básicos es denostada como superioridad moral. Al final, haga lo que haga el pueblo parece que siempre está bien. No porque esté bien, sino porque lo hace el pueblo. Creo que esa es la forma de clasismo más peligrosa porque niega la alienación. Si una persona se dedica a ver Telecinco durante las 24 horas del día no está alienada. Por otro lado, niega la emancipación. Que haya chavales de barrio que se preocupen por formarse, por estudiar, que se preocupen por tener una toma de conciencia… entonces te dicen, ‘ya estás con tu superioridad moral’. Pues nada cuando lleguen las elecciones no haremos campaña. Cada uno que vote a la suya y que gane el PP siempre, porque, ¿cómo vas a decirle a alguien que está equivocado? Ya llegas con tu superioridad moral».

    «Por todo esto quiero decir que la moral no existe; existe el poder. Jorge Moruno, que creo que es una de las mentes más lúcidas que conforman Podemos, se enfrentó a un debate en Twitter a raíz de una historia por la cuestión de la alimentación en los colegios. Porque los niños coman sano, el tema de la obesidad, etcétera. Pues la gente saltaba y le decía, ‘pero tú quién eres para decirle a la gente lo que tiene que comer’. Pues nada, no puedes ni hablar de una dieta saludable. Que los niños coman mierda porque no puedes decir nada, que es superioridad moral. Comer sano es de pijos porque son ellos los que pueden permitirse una dieta sana. Recordad que las clases sociales existen, que la lucha de clases está más viva que nunca y que el capitalismo, a diferencia de Roma, sí paga a sus traidores».

    Víctor Lenore

    «Hace poco leía que por qué no se podían proponer unas listas cremalleras por las que, igual que se trata actualmente que haya una representación paritaria, puede haber un porcentaje representativo de la clase obrera. Porque hemos visto como una y otra vez a lo largo de la historia los diputados son de clase media y alta. Es decir, de las clases que se han podido formar académicamente y que, claro, defienden sus intereses. Desde allí tienen una facilidad pasmosa para olvidar cuáles son los intereses de los que más sufren».

    «Incluso en 2017 en Podemos existe ese déficit. Es una formación con la que he sintonizado muchísimo desde el principio, pero para encontrar a alguien que hable de trabajo conciliación… es muy difícil. Tengo como referencia el libro que escribió Jorge Moruno, La fábrica del emprendedor, que habla  de la miseria del mensaje capitalista, de que si quieres puedes. Vamos, que si no te haces rico es por culpa de que no te has esforzado lo suficiente». 

    La invisibilidad en los medios

    «Desde los medios se insensibiliza a la clase obrera. En los telediarios hay un sesgo muy fuerte sobre cualquier tipo de organización de la clase trabajadora. Yo no trabajo en las secciones de Nacional; las conozco de refilón, pero sé que hay un rechazo general a toda la información que tenga que ver con la clase trabajadora».

    «Uno de mis artículos favoritos sobre cultura pertenece al crítico cultural marxista Simon Williams. En éste cuenta que la cultura es algo cotidiano, que no es leerse la Odisea de Homero y que tiene más que ver con lo que haces cada día. Si cuando llegas a casa te pones a ver ForoCoches o Telecinco, esa es tu cultura porque se basa en torno a los estímulos que tienes. Pues bien, ese es el caballo de batalla donde las clases altas nos llevan dando una paliza enorme. De forma sutil, tienen todas las de ganar». 

    «LAS DECISIONES QUE SE TOMAN EN LA TELE NO SON INOCENTES»

    «En la izquierda es bastante complicado encontrar un discurso sobre la tele. Una vez El Cultural, el suplemento, proponía a diferentes intelectuales la idea de qué cambiarían para mejorar la situación cultural de España. Entonces decían cosas súper estrambóticas, muy centradas en el sector cultural, como temas de becas, subvenciones… menos Juan Marsé, que decía que lo que haría es cambiar de cabo a rabo la programación de la televisión».

    Especial Telecinco

    «Uno de los ejemplos más claros de cómo está la televisión es el modelo italiano de Telecinco. Yo trabajaba en Rolling Stone cuando entrevistaron a Paolo Vasile que no sé si es licenciado o doctorado en Filosofía. Entonces, piensas, ¿cómo es posible que un especialista en Santo Tomás de Aquino sea el responsable de este tipo de tele? Él contestó que había dos tipos de personas: las que querían llegar a un nivel superior de conocimiento y, luego, todos los demás que no querían complicarse la vida. Esa visión del mundo es profundamente clasista. Como si hubiera personas de categoría A y de categoría B. Los de categoría B parecen condenados a consumir basura, y te sorprendes. Porque Vasile no llegó a España y dijo, voy a probar durante dos años con una programación para una audiencia inteligente y sensible; no, llegó e hizo la televisión que los publicistas le pidieron que hiciera, porque ellos son realmente sus jefes. Las decisiones que se toman en la tele no son inocentes». 

    «Cuando llegó Gran Hermano a España recuerdo que solo había tres reglas, y creo que no las han cambiado: no se podía leer, no se podía escuchar música y no se podía hablar de política. Lo de la música, quizá, se puede entender por afectar a la grabación. Pero lo importante es que no querían que el programa se convirtiera en un foro de debate sobre los problemas sustanciales. Que la gente no vea en sus casas que se hable de algo así». 

    «Uno de los primeros programas que inauguró la moda de los debates televisivos actuales fue El Gran Debate. Allí empezaron a salir miembros de Podemos o Ada Colau. Entonces Rajoy llamó para que lo quitaran. Quedaba un año para renovar licencias y Vasile lo quitó. Y, luego, laSexta, muy inteligentemente supo aprovechar e hizo su camino con una programación más digna, más consciente de los problemas que había. Por eso, quien diga que la gente está enganchada a Sálvame Deluxe y a LaLiga porque quiere, en parte tiene razón, pero en parte no».

    Reggaeton 

    «El reggaeton es un fenómeno que he seguido de cerca y que me sigue llamando mucho la atención. Aparece por el 2002 y genera un rechazo brutal inmediato de la industria y de la crítica. Los expertos y críticos le dan de lado y las emisoras tipo Radio 3, que se supone que tienen una sensibilidad especial, no le hacen caso. ¿Por qué ha creado ese rechazo cuando otras músicas no lo crean? La excusa es normalmente su calidad musical. Se dice que es una música chabacana y vulgar, nada distinto a las críticas que recibían en los años 50 algunos estilos como el rythim and blues del que Frank Sinatra dijo que era basura para idiotas. Cabe recordar que las listas de éxito llegaron a estar separadas con canciones para negros y las ‘listas generales’. Lo que pasó en España en 2003 fue muy parecido a lo de aquellos años 50. Se trató de esconder con criterios culturales y prejuicios clasistas. Porque el reggaeton es una música enfocada al cuerpo y, sí, España sigue teniendo su tradición católica y puritana y siempre ha visto el disfrute del cuerpo como algo inferior e impropio de la cultura».

    Fotos: EVA MÁÑEZ

    «Recuerdo un debate muy interesante de Susan Sontag sobre las películas de Bruce Lee. Se decía que eran cintas fascistas que fomentaban el culto al cuerpo, la agresividad y la violencia. Lo que en realidad demostraba esa cultura de gimnasios y artes marciales en Occidente es que la única posesión que tenían los chavales de barrio eran sus cuerpos. El disfrute que pueden extraer de ello a través del sexo o del deporte. Por eso lo cuidas, porque es lo que tienes. Así que más que un culto fascista también tenía que ver con el fenómeno de Fiebre del sábado noche, cuando los fines de semana quieres disfrutar tras lo mucho que has currado entre semana. Al final, es siempre una lógica muy parecida a la de la cultura rave o la de la Ruta del Bakalao. Me explotan de lunes a viernes, pues a disfrutar todo lo que pueda el fin de semana».

    «El reggaeton es político. No en el sentido de lo que hacen Los Chikos del Maíz, pero es político en otros sentidos. Cuando empezó en el Caribe, en Jamaica, sus habitantes sacaban los equipos de sonido a la calle porque no tenían dinero para hacer mucho más. Cuando eso da el salto a Puerto Rico y Panamá las fuerzas de derecha, las emisoras católicas, hablan de música satánica, ofensiva para dios, que desviará a los jóvenes del camino recto. El reggaeton nació ya con muchísima oposición. También es política porque le dice a la industria del disco estadounidense, ‘está muy bien tu música, pero nosotros también podemos hacerla. Nosotros no vamos a hacer el mismo hip hop que en Nueva York o Los Angeles porque nos gusta bailar, así que vamos a hacer un hip hop que se pueda bailar’. Y se dijo que duraría dos años, pero su continua desacreditación es la misma al resto de cosas que salen de la clase baja».

    Fotos: EVA MÁÑEZ

    «Me flipa un poco el rechazo y la hostilidad que hay contra el reggaeton. En una entrevista Mikel Erentxun dijo que quemaría todos los discos. Pereza le dedicó una canción en su contra. Y, sin embargo, este año ha entrado en festivales y ha logrado que sus artistas metan la cabeza con patrocinios de marcas de telecomunicación. Como el caso de Tangana. Me recuerda a la entrevista que le hice a Camela que también evidencian el rechazo a la clase trabajadora. Me dijeron que nunca les habían ofrecido un contrato de patrocinio pese a su éxito. ¿Por qué? Los prejuicios son los mismos y siguen muy vivos, pero ya nos pasaba con con Manolo Escobar que nunca entraba en las listas de éxitos porque lo vendía todo en gasolineras. Tampoco con la rumba catalana, porque socialmente no se podía dar espacio a la gente que hablaba de los problemas de la calle, de problemas económicos, de cárcel o de heroina. De la vida en un sentido divertido, como hace la rumba, pero también de los bajones y de los conflictos».

    «La cultura no es un territorio inocente»

    «Me gustaría decir que la cultura no es un territorio inocente y que detrás hay muchas estructuras de poder e intereses. Hay que saber verlo. Y hay dos circuitos, porque el sistema sabe cómo poner lo que más le interesa delante del escaparate y lo que menos detrás. Por ejemplo, está el caso de Los Chikos del Maíz en Radio 3, que tienen una entrevista que no se emite en un momento dado porque hay, se supone, un supuesto miedo a que alguien del Gobierno del PP escuche eso. Pero ha habido muchos grupos de música popular politizada que han estado vetados, como todos los del Rock radical vasco. Cuando quiero escribir sobre Alaska y Los Pegamoides y busco información en internet, la sensación es que entre Diario16 y El País se publicaba algo de ellos como máximo cada tres días. En cambio, en El País, por ejemplo, si busco algo sobre La Polla Records encuentro un único artículo de un día en el que se montó un tumulto en uno de sus conciertos. Hay dos circuitos y dos varas de medir a la hora de contar la cultura en España».

  • 1993 en la Ruta del Bakalao: Valencia capital del éxtasis y de las 72 horas de fiesta

    Publicado originalmente en El País

    La verdadera crónica negra de la música para las masas

    En la Ruta no se puede utilizar la expresión tópica que dice “nada hacía presagiar…”. Lo cierto es que sí, que a inicios de los años 90 el devenir en masificación de aquel movimiento contracultural daba pistas de alcanzar su extinción. Pero su final se podía haber escrito de muy distintas maneras y, en este caso, por una serie de ingredientes entre fortuitos y esperables, se acabó convirtiendo en una suerte de macrosuceso retransmitido por las novísimas televisiones en España.

    1993 fue el año del colapso. Ya en el mes de enero se confirmaba con la peor de las secuelas un presagio: los cuerpos de las tres chicas de Alcàsser torturadas, violadas y asesinadas aparecían. Con ellas el Estado invoca un periodismo que, también influido por el peso franquista, no se había destapado hasta la fecha. Las chicas iban a una discoteca –mantra que no se dejó de repetir– y la muerte se vinculó directamente a la Ruta.

    Pero 1993 fue mucho más: fue el año en el que el PSOE, tras una década en el poder, empezó a mostrar signos de debilidad en otros flancos. La corrupción o la bruma del terrorismo de Estado dieron paso a la necesidad de la gestación de una idea: los socialistas podían ser, además de modernos como habían demostrado durante los 80, un Gobierno de orden. En la resaca de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, Valencia será el campo de experimentación de la Ley Corcuera.

    Y llegará la revista de la Dirección General de Tráfico (DGT) dedicada íntegramente a las Rutas del Bakalao. El secretario de Estado para la seguridad, Rafael Vera, llamará a desmantelarlas y acusará a las discotecas valencianas de fomentar el proxenetismo, además de, por supuesto, responsabilizar a sus dueños del consumo de drogas generalizado y de las muertes de tráfico. Muchos ingredientes para una crónica negra que fijó a Valencia al fin en el eje del interés informativo en España; eso sí, junto a la Guerra de Bosnia y nunca en la sección de Cultura.

    El colapso desde las nuevas televisiones

    Dentro la bibliografía utilizada en esta serie, uno de los libros más interesantes es Des de la tenebra (Empúries, 1995). No tanto por el extenso desarrollo de Joan Oleaque en este ensayo sobre el crimen de Alcàsser y todos los antecedentes legales de sus inculpados; el retrato de los medios de comunicación ayuda a entender el despliegue en paralelo de las televisiones en Valencia. Aunque las discotecas o el consumo de drogas no eran una realidad exclusiva de la capital de la Comunitat, lo cierto es que la cantidad de gente que congregaba la convirtió en un espacio para captar historias sensacionalistas y aupar a las nuevas televisiones.

    En esa lucha por la audiencia entraron todos los canales: los públicos, con Televisión Española y las autonómicas a la cabeza, y, por supuesto, las tres nuevas licencias privadas: Antena 3, Telecinco y Canal +. En la actualidad la marca de la Ruta se asocia en gran medida al documental Hasta que el cuerpo aguante, del programa 24 Horas de Canal +. Sin embargo, en este noveno capítulo descubrimos que el relato que caló no llegó a través de la escasa audiencia de la única televisión de pago del Estado. Fueron precisamente el resto de canales en abierto los que experimentaron con imágenes y guiones que hoy serían irreproducibles.

    El episodio se inicia con dos hitos de la leyenda negra de la Ruta y a través de los informativos ya encontramos cómo el fenómeno se ha instalado en la sección de sucesos. Los medios solidifican la alarma social y los grupos políticos trabajan para rentabilizar electoralmente la situación. Mientras tanto, las cifras van siendo usadas arbitrariamente y la Ley Corcuera necesita un campo de experimentación sin consecuencias personales ni comerciales. Valencia se posiciona como espacio para la perdición frente a otras grandes ciudades, algo que genera un efímero crecimiento económico durante unos pocos años.

    El colapso a través del éxtasis

    En este periodo hay una sustancia que marca buena parte del carácter en la noche: el éxtasis. Aunque entonces lleva años en el mercado (más de cinco), pasa a convertirse en la solución más habitual y de consumo masivo siempre y cuando no se tenga en cuenta el alcohol. En este noveno episodio nos acercamos a los testimonios del éxtasis recogidos durante aquellos años. Casi todos en positivo, aunque algunos de ellos con consecuencias graves para la salud de sus consumidores.

    De manera evidente, Valencia se convierte en la ciudad del éxtasis para España. La Ruta se liga a la idea de las 72 horas de fiesta, toda una novedad propia de los 90. La mezcla de distancias sustancias, con el alcohol omnipresente, agita la idea del lugar para la perdición. Y así, con la gran ayuda del rédito en audiencias de todas las televisiones paseándose por los parkings. el movimiento multiplica su masificación antes de colapsar definitivamente y desaparecer para siempre.

  • Los himnos ocultos de la Ruta: Joan Oleaque selecciona 10 canciones que movieron a las masas en València

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Joan M. Oleaque ha sido un periodista en el lugar adecuado al menos dos veces a lo largo de su carrera. La segunda de ellas tuvo que ver con la remota casualidad de que los autores del Crimen de Alcàsser fueran vecinos –y conocidos– de su pueblo, Catarroja. La preparación del juicio y su desarrollo ‘le pilló’ como redactor del semanario El Temps, pero finalmente volcó lo mejor de sí mismo en uno de los libros periodísticos más recomendables de las últimas décadas: Des de la tenebra: un descens al cas Alcàsser (Empuries, 1995). La primera de esas ocasiones, por respetar el eje cronológico, tuvo que ver con su exploración como adolescente y joven en el ecosistema de las discotecas valencianas. Desde la mitad de los 80 y hasta el 2000, sus vivencias personales y más tarde como cronista de aquellas noches interminables se fijaron en En èxtasi, el ensayo periodístico que reivindicó el movimiento cuando era un tabú conflictivo y casi insoportable para València. Y no solo lo reivindicó, sino que rescató los nombres fundacionales del fenómeno y separó la paja del grano. Su vigencia es el origen de cualquier revisión surgida hasta la fecha.

    Trece años después, Oleaque ha decidido finalmente adaptar al castellano, revisar y extender esta obra. Barlin Libros edita En éxtasis: el bakalao como contracultura en España, y la ocasión sirve para que el periodista no sólo revise los hechos, sino sus sonidos. En este caso y tras muchas conversaciones a lo largo del año sobre el proceso de reescritura y revisión, el periodista –ahora director de un máster en Comunicación Social y Científica de la VIU– recupera 10 himnos ocultos de la Ruta:

    «SON LAS QUE SONARON, LAS QUE ARRASARON, LAS QUE CAMBIARON TODO»

    «Son algunas de las canciones que no aparecen en la memoria colectiva más compartida de la fiesta; pero que, sin embargo, hacen acelerar la sangre aún hoy a quienes vivieron el fenómeno. No son lo que dice uno u otro dj. Son las que sonaron, las que arrasaron, las que cambiaron todo. Las que la gente vivió, las que inspiraron las páginas de En éxtasis, las que bailan las fuentes que hablan en el libro, las que marcaron realmente el devenir de su adaptación al castellano, y su pulido en la edición actual«. 

    Joan Oleaque.

    1. Trisomie 21 – ‘The Last Song’

    «Canción increíble y decadente se ponía en los locales de pueblo que hacían fiestas con ‘la Barraca’, que era el gran club de los realmente transgresores; en los grandes clubes se ponía… al principio de la noche».

    2. Angelic Upstairs – ‘Solidarity’  

    «Este tema es leyenda, no se puede describir de otro modo. Es como una hemorragia de recuerdos con los primeros compases; nadie entendía la letra, claro, pero la gente pensaba que estaba escuchando algo revolucionario, que clamaba por la unión de las clases para subyugar toda opresión». 

    3. New Order – ‘Subculture’ 

    «Esta canción de New Order (atención: en su versión larga) fue lo mejor que ha pasado a la Ruta. Tremenda, inacabable, apasionada, solo para iniciados… ‘Subculture’ es la mejor metáfora de lo que era entonces València, de su mejor gente. Fran Lenaers la dio a conocer a los mortales, y les cambió la vida. Escucharla aún resulta escalofriante, melancólico y estremecedor».

    4-Simple Minds – ‘Someone, somewhere in summertime’

    «Simple Minds eran lo más en València, durante la primera época de La Fiesta; la gente sentía devoción, los veía como ejemplos de divinidad; todo acabó cuando se hicieron comerciales, claro. Como le sucedería a la Ruta misma. Esta canción transversal se pinchaba para dividir la madrugada con el alba».

    5-Big country – ‘In a big country’   

    «José Conca la ponía con el sol, en Chocolate; escucharla evoca sensaciones épicas, olores determinados, la proeza de estar vivos al máximo nivel imaginable… eso era esa canción para la Ruta».

    6. Patti Smith – ‘Because the night’

    «La poesía de la derrota estaba muy presentes en La Fiesta, aunque quizás no se suponga; esta increíble canción sonaba en Chocolate y la gente se derretía, hipnotizada, impactada, sabiendo que estaba viviendo algo grande».

    7. Fleetwood Mac – ‘Sara’

    «Fran Leaners hizo que los siniestros, los psychobillies, los heavy-glam y la fauna entera de Spook alucinara con Fleetwood Mac; así de claro: todos los clubes hicieron lo propio, luego todos los bares de pueblo. Inmensas legiones a las 8 de “ahogándose en el mar de amor en al que todo el mundo le gustaría ahogarse”, como dice la canción. Irrepetible».

    8. The Cult – ‘Rain’

    «Las pintas heavy estuvieron totalmente de moda en la Ruta, aunque cueste creerlo. Pero se trataba de un rollo heavy-glam, al estilo psicodélico de The Cult, el grupo que en València era más importante que cualquier otro lugar. Se tomaban elementos estéticos de ellos y también de los primeros Guns N’ Roses, nada de heavies de barrio. Este tema fue transversal, lo arrasó todo».

    9. Roboteko Rejekto – ‘Rejekto’ 

    «Puro electro melódico, con dejes industriales, la base de gran parte del techno contemporáneo. Totalmente inmortal. Clave en ACTV y N.O.D.. Miles y miles bailando. El sol ardiendo. Los lunes incluidos. Nada más que añadir».

    10. John Paul Young – ‘Love is in the air’

    «Puzzle fue un club de clubes. Marcó todo en València, influyó enormemente a toda España; en ningún sitio, durante sus mejores años, había tanto color, gente tan increíble. Hizo que los pijos se modernizasen y los garrulos se dulcificaran. Este himno era su cierre. Contra la imagen salvaje que se transmitió, el amor siempre estuvo en el aire».

  • València y la anomia: el diseño, ACTV y el origen del Bacalao (con C)

    Publicado originalmente en El País

    En la historia de la Ruta todo sucede más o menos por casualidad. El movimiento en sí, para ser más precisos, no responde a la estrategia de nadie

    Ahora que este diario de grabación ha superado la mitad y antes de que se me olvide, he de decir lo estimulante que es descubrir cómo los actos más ingenuos acaban influyendo en el relato de una historia que involucra a muchos. En esta historia, la de la Ruta del Bakalao, todo sucede más o menos por casualidad. El movimiento en sí, para ser más precisos, no responde a la estrategia de nadie. Nadie propone ningún objetivo ni trata de emular lo que sucede en ninguna otra ciudad. Surge así en todo su esplendor porque sus protagonistas son los jóvenes sedientos de explorar sus nuevas libertades y en un lugar alejado del foco mediático.

    Que Juan Santamaría volviera a València después de haberse mudado a Escocia, casado y temporalmente retirado de los platos, quizá sea uno de los hechos fortuitos más decisivos. Pero la historia de este hombre –el DJ fundacional que supo dar con la fórmula para hacer progresivamente masivo el uso de la música moderna como música de fiesta– es una historia que se hilvana en casi todas las etapas de la Ruta. Él (otra vez) dio promoción a aquella idea del Bacalao (con C). Cabeza visible e ideólogo de la tienda de discos Zic Zac, por la que pasaban las bandas estatales e internacionales que actuaban cada semana en València, escuchaba a un chico de Sagunto gritar: “¡vaya Bacalao!”, “açò si que és un Bacalao…”.

    El ilustre anónimo acompañaba a un DJ de la capital del Camp de Morvedre. A Santamaría le hizo gracia la idea del Bacalao: “el bacalao sale de aquí”, “aquí se parte el Bacalao”, “¿tienes algo de Bacalao? Sí, creo que por ahí dentro –en la tienda– hay algo de Bacalao”. Dos aspectos son los más reveladores en esa historia. El primero, que Bacalao nunca tuvo ninguna conexión con referirse a música electrónica. Era música moderna y, de hecho, lo que imperaba era la música rock del momento. Como nos comenta en la serie el periodista musical Eduardo Guillot, incluso, en maxi singles como Spirit in the Sky de Doctor & the Medics, la multinacional que lo editaba incluyó una etiqueta en su portada que ponía Bacalao. Esa es el segundo aspecto, el de una marca que funcionó incluso en el ámbito comercial.

    En este sexto episodio nos detenemos un momento en la historia para recuperar nombres que, en paralelo, influyeron decisivamente en el movimiento. En general, una de las premisas para analizar todo lo sucedido durante la Ruta es tratar de comprender cómo funcionaba la comunicación sin Internet. Y por supuesto, sin redes sociales. Los canales de distribución del mensaje entre los jóvenes se podrían reducir a tres: cartelería, fanzines y radios de FM sin licencia. No obstante, como el flujo de capitales de las discotecas sí tenía cierto volumen –aunque vivían al límite porque no había estrategia alguna– los contratados para esa cartelería, flyers y diseño eran los miembros de una generación de diseñadores valencianos de repercusión internacional.

    En València Destroy: la historia no contada de la Ruta del Bakalao hablamos con Dani Nebot, Premio Nacional de Diseño, o Marisa Gallén, Medalla de la Faculta de Bellas Artes de San Carlos. Ambos formaron parte de La Nave y compartieron vida profesional y personal con Paco Bascuñán y Quique Company, como ellos mismos y Julio Andújar comentan, fue finalmente Company el que desarrolló durante muchos años la imagen de una de las discotecas más coherentes en este sentido: ACTV. Situada en la playa de la Malvarrosa, capricho de Andújar que ya había montado un local de bailes de salón y una terraza de diseño, ACTV fue creciendo progresivamente como discoteca. Andújar quería un club de videoarte e invirtió una millonada en lograrlo, pero todavía era demasiado pronto. Más tarde Vicente Pizcueta con una fiesta y los DJ’s Fran Lenaers, Toni Vidal y Arturo Roger en distintas épocas, harían que ACTV ocupara la terraza y todo el local de las antiguas Termas Victoria.

    El trabajo de marca de Company para ACTV elevó el nivel de todo el ecosistema. La inversión en comunicación y publicidad empezó a desatarse. Company realizó constantes carteles –a partir de colores planos, degradados y formas rectangulares propias de la época, con fotografía inserta utilizando el collage–, pero también pinturas y algún vídeo. En un largo periodo, Company se dedicó casi por entero a ACTV, generando una cantidad de afiches que todavía comercializa Andújar. Pero no fue el único y, aunque la lista sería extensísima dado que también era extensísima la lista de discotecas, destaca el Premio Nacional de Cómic y Goya al mejor guion adaptado (ArrugasPaco Roca.

    Toda esta actividad frenética en torno a la Ruta va generando cierta profesionalización. Los empresarios van madurando su idea de hacer dinero y los márgenes deseados son mayores. Las salas cada vez están más llenas y la música ha empezado a virar en una extraña conexión de prototechno –iniciado por la electrónica de los nuevos románticos– y Electronic Body Music. El polo de atención, muy lentamente, va a pasar de Londres a Berlín, aunque en València está a punto de generarse una ruptura con todas las fuentes de inspiración. Mientras por la ciudad pasan una cantidad de conciertos que ahora serían inasumibles, todo el caldo de cultivo disfruta de una anomalía en el Estado de derecho muy poco estudiada desde la sociología en España: la anomia.

    La ausencia de leyes y normas tenía un origen, como explica de manera detallada en el sexto episodio el catedrático de filosofía del derecho y filosofía política Javier de Lucas. Los pactos hablados de la Transición ofrecían una continuidad a jueces y policía. Una continuidad por la cual estos seguían operando de manera similar y sólo una paulatina y lenta llegada de reformas en los códigos servirá para que eso vaya cambiando. Mientras tanto, durante al menos 15 años, esa anomia mantiene el estado de convivencia de manera muy similar en términos generales.

    Sin embargo, para el sustrato underground, esa anomia es oxígeno. La libertad de horarios, la libertad de movimientos, de reunión y, sobre todo, de expresión, desata la creatividad. Es sólo para unos pocos, pero esa ausencia de restricciones y de supervisión, la ausencia de una sobreprotección de las instituciones, es uno de los rasgos más interesantes que acompañan al fenómeno.También decidimos que fuera la anomia la que diera título a este episodio.

  • 50 años del sexo entre Anita Pallenberg y Keith Richards en València que decidió la carrera de los Stones

    Publicado originalmente en culturplaza.com

    VALÈNCIA. Marianne Faithfull dijo que fue Anita Pallenberg quien transformó a los Rolling Stones en un icono cultural, e incluso fue más allá: «Anita convirtió a los Stones en los Stones». La modelo, diseñadora, actriz y artista italiana murió el pasado mes de junio, 40 años después de que, tras una violenta relación con Brian Jones, la tensión sexual se desatara con otro de los miembros de la banda: Keith Richards. La escena sucedió entre naranjos, en València, según contó el autor de ‘Gimme Shelter’, ‘Brown Sugar’ o Satisfaction’ en su autobiografía Life. Ahora todas esas efemérides resuenan al coincidir con el paso de la banda por España en el que será eternamente considerado como ‘el último concierto’ (hasta nueva fecha).

    La llegada de Anita

    La vida de Pallenberg tenía mimbres suficientes como para dejar un legado frenético aunque a los 22 años no se hubiera cruzado con Jones. Políglota y capaz de manejarse en al menos cinco idiomas, en Roma ya se relacionaba con los artistas de los 60 entre los que se encontraban Cy TwomblyPier Paolo Pasolini o su propio novio, el pintor y collagista Mario Schifano. Poco tiempo después, sería diseñadora para The Factory, el emporio creciente de Andy Warhol.

    NADIE DUDA DE LA CRUCIALIDAD DE LA MODELO Y DISEÑADORA EN LA CARRERA DE LOS ROLLING STONES

    La carrera de los Rolling y de Anita ya era internacional cuando ella acudió de manera fortuita a un concierto de la banda en Múnich. El stone rubio que hablaba alemán y fumaba hachís fue el único que le interesó aquella noche, aunque allí también estuvieran Mick Jagger y Keith Richards: todos acabarían desfilando más adelante en su biografía y ella sería el ariete en gran medida de una liberación sexual y a través de las drogas que atravesaría a la banda. Aquel sólo fue el principio de una relación violenta y desagradable con Jones, marcada por la inestabilidad del músico, asmático e hipocondríaco.

    Jones

    Jones fue el menos definido de los Stones fundadores del grupo, junto a los citados e Ian Stewart (el único que no pasaría por los brazos de Pallenberg). Su historia en torno a la banda está llena de controversia, porque al igual que para muchos es el verso más libre y quien les incita a explorar sonidos alejados del patrón rock en discos como Aftermath (1966), también fue el único en desarrollar una banda sonora para una película –Mord und Totschlag, protagonizada por Pallenberg– o grabar en solitario o con músicos marroquíes en su cortísima vida, con el dudoso honor de ser miembro del Club de los 27. Y todo ello a la vez que no figura como compositor de ninguna de las canciones de sus satánicas majestades (heterónimo que se deriva de otro disco donde nadie duda que aportó y mucho como multiinstrumentista).

    La relación con Pallenberg no sirvió precisamente para que asentara todas sus dudas. Según describe Richards en su autobiografía Life, el mismo año de Aftermath Jones se rompió la mano al intentar golpearla. Ella esquivó el puñetazo y la muñeca del guitarrista acabó quebrándose contra el marco metálico de una ventana: «seguramente no todo el mundo sabe que Anita había hecho mucho deporte de niña […]. Brian no era rival para ella, ni en lo físico ni en términos de ingenio. Ella siempre tuvo el control de la situación y él siempre fue el segundón. Al principio al menos, las pataletas de Brian le parecían a Anita bastante divertidas, pero habían ido perdiendo la gracia a medida que se volvían peligrosas». Los tres viajaron y compartieron no pocas experiencias, pero el trío se iba a decantar por una combinación par distinta a la original.

    Richards

    Ninguno de los implicados duda de la crucialidad de la modelo y diseñadora en la carrera de los Rolling, a la que la crítica musical redujo a ‘novia de los Stones’. Hace ahora 40 años, Anita Pallenberg inició un descenso por la vida de tres de sus componentes que nadie duda fue determinante para su futuro. La situación con Jones era insostenible y, tras una redada en casa de Richards por un asunto de drogas, los tres y una amiga de la modelo decidieron huir a Marruecos para pasar un tiempo alejados del foco (y seguir consumiendo). Así se despedía el pirata de su madre avisándole de la huida:

    «Querida mamá: perdona que no te llamara antes de marcharme, pero seguro que tengo los teléfonos pinchados. Ya verás como todo sale bien al final, no te preocupes. Por aquí todo es genial, te mando una carta cuando lleguemos a destino. Un beso grande. Tu hijo Keef El Fugitivo».Pallenberg y Richards

    Primero tomaron un vuelo a París. Allí les esperaba un amigo del grupo que había ‘bajado’ el Bentley Blue Lena de Richards hasta la capital francesa. Los cinco iniciaron el descenso en coche en dirección a Marruecos. Richards era el dj oficial en un vehículo de gran lujo tenía un plato para reproducir discos de 45 rpm: «Anita dice que claramente estaba escogiendo las canciones para comunicarme con ella […]. Pasa con todas las canciones: puedes darle el significado que te convenga». Jones no paró de quejarse durante el trayecto, aunque según Richards, en materia de salud «con él no sabías lo que era real y lo que no». La cosa pintaba tan mal que resultó tener razón por una vez: aquejado de neumonía, se quedó ingresado en Toulouse y el resto decidió seguir la ruta –no sin su enfado– a la espera de que él cogiera un vuelo y se incorporase en unos días a su estancia en Marrakech.

    «RECUERDO EL OLOR DE LOS NARANJOS EN VALÈNCIA. CUANDO TE ACUESTAS POR PRIMERA VEZ CON ANITA PALLENBERG RECUERDAS ESAS COSAS»

    Richards asegura en Life que Jones le dejó el mandato a Deborah de evitar que hubiera contacto entre Anita y el guitarrista compositor de los Stones. Sin embargo, tras su paso por un tablao flamenco de las Ramblas de Barcelona y llamando la atención con aquel precioso Blue Lena, todos dieron con sus huesos en comisaría y pasaron una noche de perros en la capital catalana. Deborah se hartó y aquel viaje –que bien podría inspirar una road movie– siguió con tan solo dos ocupantes en la parte de atrás del Bentley: Anita y Keith. 

    València


    «Nunca en mi vida he dado el primer paso para enrollarme con una mujer, simplemente no sé cómo hacerlo», describe Richards. «Anita movió ficha. Yo no podía entrarle a la chica de mi amigo, incluso a pesar de que éste se hubiera convertido en un cretino. Anita además era muy guapa, cada vez estábamos más unidos y, de repente, sin la supervisión de su chico, fue la que tuvo los huevos de decir ¡al carajo todo! En el asiento de atrás de aquel Bentley, en algún lugar entre Barcelona y València, Anita y yo nos miramos y la presión era tan bestial que sin previo aviso se puso a hacerme una mamada. La presión se disipó (¡puf!) y de repente estábamos juntos». Era 1967.

    Cuenta Richards que «era febrero y en España ya había llegado la primavera», pero abunda en la componente valenciana del momento: «cuando llegamos a València, ‘era verano’», se refiere al cambio en la climatología para un británico como él. «Recuerdo el olor de los naranjos en València. Cuando te acuestas por primera vez con Anita Pallenberg recuerdas esas cosas«. Tras el suceso de los asientos traseros del Bentley entre naranjos, decidieron hacer noche en València en un hotel desconocido en el que se registraron como los condes de Zigenpuss: «esa fue la primera vez que hice el amor con Anita».

    Jagger

    La relación dinamitó a la banda. Jones, notablemente desequilibrado y afectado por su manejo de las drogas y su salud, acabó fuera del grupo dos años después, falleciendo posteriormente mientras nadaba al sufrir uno de sus ataques de asma. Richards y Pallenberg iniciaron una larga relación como pareja (12 años), fruto de la cual nacieron tres hijos, aunque Tara, la tercera, no llegó a sobrevivir. Jagger, en un ataque de celos irreversible tras descubrir que Faithfull se había acostado con Richards antes de iniciar su noviazgo, insertó una escena de sexo en la película Performance que estaba rodando. Así le devolvió ‘la jugada’ a Richards y el cruce de relaciones en todas direcciones ha generado todo tipo de consecuencias en la relación entre ambos desde entonces. De hecho, Life, publicado en 2010, es una agria y extensa descripción de la agria relación entre ambos: Richards incluso llamará a Jagger «Su Majestad Pene Corto».

    Pallenberg

    MEDIO SIGLO DESPUÉS DE QUE HICIERA QUE TODO SALTARA POR LOS AIRES ENTRE EL OLOR DE LOS NARANJOS AL FINAL DEL INVIERNO DE 1967, PALLENBERG FALLECÍA ESTE VERANO

    Pero entre todos ellos, a lo sumo inserta como «el sexto miembro de los Stones», Pallenberg fue quien cogió el mando de todas aquellas relaciones en muy distintos momentos. Más allá de los problemas con las drogas que le acompañaron durante toda la vida –padeció hepatitis C y tuvo distintas intervenciones quirúrgicas aquejada de problemas físicos–, la hija de la diplomática de carrera Paula Pallenberg generó una imagen de mujer libre. Libre desde la sexualidad y desde el uso de la propia imagen (estilo rockero pero glamouroso, minishorts, pieles, botas de cowboy…), la diseñadora y artista fue esencial en la conexión de los Stones con el Swinging London y la exploración de sus miembros con según qué sustancias. Especialmente, la heroína.

    Allan Klein, manager de los Stones, ya dijo que la influencia de Pallenberg había sido total en ellos. Y lo fue porque aquella mujer llegó al grupo cuando ya había vivido la Dolce Vita con Federico Fellini a sus apenas 20 años, ya había iniciado sus relaciones con el citado Warhol y conocía a todo el entramado artístico londinense de los sesenta. De hecho, su figura se desvaneció a partir de la relación estable con Richards. Muy poco antes de que llegaran sus hijos, Pallenberg participó en Barbarella (Roger Vadim, 1968), Dillinger ha muerto (Marco Ferreri, 1968)y la citada película Mord un Totschlag (Volker Schlöndorff, 1967), un thriller del que salió especialmente bien parada por su trabajo.

    Medio siglo después de que hiciera que todo saltara por los aires entre el olor de los naranjos al final del invierno de 1967, Pallenberg fallecía este verano. Inspiró todo tipo de mensajes propios y cruzados en las canciones y en la evolución de la banda, incluso después de desorbitarse de aquel núcleo diabólico de sexo cruzado. Pasó sus últimos años entre Chelsea y la casa de Richards en Ocho Ríos (Jamaica), donde mantuvo una invisibilidad todavía no restituida. Él mismo la definió en Life como «una valquiria, quien decide quién muere en la batalla».