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  • Cine y corrupción: por qué no se filman mensajes posibilistas

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este lunes la Filmoteca de València acogió la proyección de Corrupció: l’Organisme nociu, una película de cine documental que rompe con el canon informativo sobre la corrupción. La exhibición forma parte del tour que la Agencia Valenciana Antifraude ha programado en las tres capitales de la Comunitat Valenciana del film divulgativo que, como advirtió el director general del organismo, Joan Llinares, evidencia una inquietante contradicción: en España apenas existe producción audiovisual en torno al segundo problema que más preocupa a sus ciudadanos (CIS). La subdirectora y guionista del film, Teresa Soler, afiló aún más la duda: «hasta donde sabemos, ésta sigue siendo la única película que propone un mensaje posibilista ante la corrupción».

    Esa es la principal diferencia de Corrupció: l’Organisme nociu. Una producción –en alquiler online a través de Vimeo– funcional en sus formas, pero profundamente rupturista con el mensaje informativo que propone. Sin proponerse ser un panfleto anti media y con la experiencia en caliente de la primera sentencia de Gürtel y la reciente Operación Erial en marcha, la película reescribe el canon informativo dando voz a dos colectivos silenciados por imperativo periodístico: el de los denunciantes de corrupción y el de los colectivos ciudadanos que se han generado para exigir transparencia y hacer un uso amable de su información.

    El primero de esos públicos es el principal protagonista del film con diferentes testimonios de distintos cargos públicos y administrativos que denunciaron e interrumpieron el proceso corrupto. Testimonios que narran de manera naturalizada como interrumpieron el fracaso democrático que supone la corrupción (en casos como Pretoria, Palau y otros) y acabaron pagando por ello. Despedidos, apartados, señalados y, sobre todo, a la intemperie de cualquier protección pública. Tampoco mediática, aunque la película de Antonio Sanfeliu y Soler, que ya ha sido exhibida en más de 100 ciudades y pueblos desde 2015, repara parcialmente esta realidad.

    El director adjunto de audiovisual del IVC, José Luis Moreno, Joan Llinares, Teresa Soler, Carlos Jiménez Villarejo y el director del IVC, Abel Guarinos (Foto: KIKE TABERNER)

    Soler comentó que en algunas de esas proyecciones había recibido el retorno del público cuestionando que en el film no apareciera la voz de los corruptos. Ella compartió en València tras el visionado que «después de ver la película, quien piensa así deja claro que no ha entendido el mensaje». Fue más claro todavía el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, quien cogió un recorte del diario El País que tenía a mano y leyó: «‘Zaplana ocultó durante años en Panamá 10,5 millones de euros en sobornos’. Los corruptos tienen la voz de los medios todo el tiempo. Ya tienen la voz y, lo que es peor, son los protagonistas de la vida política».

    El frágil equilibrio de recursos humanos que sostiene a los medios de comunicación implica que la información en torno a la corrupción se dedique a apagar el fuego del sobresalto. Ante hitos en el eje cronológico como el de la Operación Erial, el canon informativo apenas deja margen para atender cualquier aspecto que vaya más allá del relato de los agresores. Y son muchos los juzgados implicados, como detalló Jiménez Villarejo a partir de la última memoria disponible de la Fiscalía Anticorrupción: «ahora mismo en la Comunitat se están juzgando delitos de este tipo en varios tribunales de València, Alicante, Castellón, Gandia, Sagunto, Orihuela…». Decenas.

    Jiménez Villarejo trató de acudir a la médula del conflicto durante la charla posterior a la proyección: «vivimos en un sistema capitalista y un sistema de estas características tiene una lógica: se basa en el mercado y éste en sus beneficios. A partir de este punto de partida, toda persona, incluso los funcionarios públicos, incluso los propios políticos, pueden ser víctimas del sistema que domina el mundo». 

    Citando a la profesora emérita Helena Cansamiglia, Jiménez Villarejo definió que la corrupción es «la deslealtad radical frente a los valores democráticos en los que se desempeña una función». Para que esto suceda, el sistema ya prevé «que no encuentren obstáculo alguno a la hora de violar las leyes que regulan su función», lo que posibilita «una evidente desviación del poder». Esos son dos de los principales ingredientes en los distintos relatos de aquellos trabajadores públicos que interrumpieron el proceso de corrupción y que ocupan buena parte del film proyectado ayer en la Filmoteca de València.

    Razones para el cambio

    No obstante, tanto Llinares, como Soler y Jiménez Villarejo quisieron intuir cambios evidentes en los últimos años con respecto a la corrupción. Una especie de ‘lento despertar ciudadano’ que, en la película de 2015, ya empezaba a atisbarse a través de los grupos ciudadanos que aparecen reclamando y haciendo uso de herramientas de transparencia. Jiménez Villarejo destacó una sentencia del Tribunal Supremo en el que se recoge que «la lesión ciudadana de la corrupción es mayor que el coste». Esta idea redunda en uno de los pecados originales de su naturaleza: «sigue siendo solo un delito contra la Administración».

    Un cambio que, desde su punto de vista, podría pasar en gran medida por la «planificación de medidas que se pueden tomar contra la corrupción y que muchas de ellas ya están en el documento expuesto por la Fundación por la Justicia valenciana. Sus propuestas entroncan con el documental como mensaje de prevención ya que, como apuntó Soler, «el trabajo de los jueces es similar al de un cirujano que ha de resolver finalmente la enfermedad». Sin embargo, el proceso preventivo y su deterioro progresivo pertenece a otros órganos que, como evidencia la cinta y comenta en ella la propia Victoria Camps, han demostrado no funcionar. Además, Jiménez Villarejo puso en valor la Ley 11/2016 valenciana como la primera en abordar la protección de los denunciantes, hecho fundamental en la película en la que también participa como uno de los testimonios de expertos. 

    Él mismo aportó los datos de la factura de la corrupción con distintas citas que, ya en el año 2004, cifraban el desperdicio en un billón de dólares (Banco Mundial), entre 1,5 y 2 billones en sobornos en las economías emergentes (Fondo Monetario Internacional) o en 120.000 millones de dólares anuales tan solo en las malas prácticas derivadas de la corrupción (Comisión Europea, 2012). Un conflicto en el que tiene mucho que ver la financiación de los partidos que, en palabras de Jiménez Villarejo, sigue sin resolverse: «sonroja ver el texto de la nueva ley al respecto en la que los únicos delitos penales son para donaciones superiores a 500.000 euros». Aun así, para el exfiscal Anticorrupción sigue pesando «la opacidad de la que gozan las fundaciones de los partidos».

    Los crímenes ejemplares del caso español

    Lo cierto es que la historia de España que se refiere a este supuesto tiene una sombra muy extendida: «durante 40 años, los partidos en España han vivido con un tratamiento preferente a la ciudadanía sobre la gestión económica gracias a pedir préstamos que se podían condonar«. Se comenta en el documental también esta realidad extendida, con ejemplos concretos, de partidos financiados por la banca que gozaban de condonaciones. Condonaciones que, evidentemente, interesaban a ambas partes. Especialmente al sistema bancario que ha mantenido así su control sobre la actividad política. 

    De manera evidente, España incumple su compromiso con la resolución del Artículo 20 de la Organización de las Naciones Unidas que ya fijaba en 2003 que la corrupción se tipificaba como un delito para los cargos públicos electos. «Han pasado 15 años y sigue sin reconocerse de la misma manera», apuntaba Jiménez Villarejo. E iba más allá: «desde 1996, el Gobierno ha indultado a 227 penados por delitos de corrupción. Una ley de indultos que es de 1870 y se hereda de la época medieval. Esto me parece gravísimo, porque es insoportable que haya habido 227 indultados por cuestiones como la prevaricación, malversación, cohecho y tráfico de influencias». 

    Soler quiso reivindicar del film que va más allá de la libertad de expresión: «ésta es fundamental, pero la de pensamiento es tanto o más y la corrupción era un tema muy importante». La idea de recoger «conductas ejemplares» servía para mostrar como «el sistema no les blinda; justo al contrario». A día de hoy, asegura, «debe existir algún borrador en alguna mesa de algún partido político, pero no existe ninguna ley en marcha ni propuesta que proteja a los denunciantes de corrupción»

    Finalmente, la subdirectora y guionista del film quiso encontrar el lado positivo de la experiencia que les ha llevado a tantas ciudades, siempre con proyecciones acompañadas de mesas de debate posterior. «La crisis nos ha llevado a tomar una conciencia social, cívica y ética mayor. Nos está abocando a tener una posición más resolutiva«, algo que recoge primorosamente el documental. Como ella concluyó, actualmente el pensamiento se ha ido esclareciendo más en la sociedad crítica: «el problema no es tanto cambiar de pastor, sino dejar de ser ovejas».

  • La radio según Tolentino

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El colectivo periodístico tiene fama de mirarse el ombligo. Con las herramientas de la comunicación a su alcance, de mirarse el ombligo y retransmitirlo. Esta realidad empírica choca con su paradoja más interesante: por más que el espectador se haya acostumbrado a que le hablen de las exigencias y problemas del asunto, hay pocos oficios más desconocidos por la sociedad que el de periodista. Basta con describir su rutina y objetivos cotidianos para que el más pintado se encoja de hombros y conteste referenciando cualquier modelo de masas. A menudo, televisivo. A menudo, un referente de la opinión y no de la información.

    Es curioso que un grupo profesional tan empeñado en darle vueltas a sus cuestiones ante la opinión pública sea tan poco considerado socialmente. Más allá de encuestas periódicas, basta con fotografiar su precariedad laboral. En la presentación de Disculpen que les hable de la radio(Ediciones Canibaal y 8 y medio, 2017), Javier Tolentino aseguró que esa precariedad se deriva de la necesidad por parte del poder econonómico de que los periodistas “no sean libres” y distinguió que, aunque es cierto que los periodistas resulten aparentemente prescindibles, “la independencia está muy bien valorada por el ciudadano. Hoy en día desconfía de la prensa y no es para menos”.

    La editorial valenciana tras la revista Canibaal y embarcada ahora en la publicación de ensayos convenció al periodista este libro. Tolentino, que en 1982 se empeñó en hacer sus prácticas universitarias en Radio 3, ha estado ligado a Radio Nacional de España desde entonces. Director de programas en Radio 1, Radio 5, Radio Exterior y la propia Radio 3, empezó a recoger apuntes para este libro hace ahora 20 años, cuando era profesor de Teoría y Técnica de los Géneros Informativos. Unas anotaciones que sirvieron de punto de partida, pero que apenas han llegado al volumen ahora a la venta que el autor ‘promete’, “no es un manual. El objetivo no es dar lecciones”.

    La lectura de Disculpen que les hable de la radio le da la razón a medias. Aunque formalmente se puede aceptar que no sea un manual, donde las anotaciones al pie sirven a menudo para rescatar importantes nombres de la historia de la radio y la cultura y situarlos en el contexto, lo cierto es que el libro sí tiene el pulso de una lección sobre el oficio. Por ese motivo, sus 250 páginas son una herramienta viva para el periodista de cualquier edad y especialmente vinculado al medio radio. A lo largo de su lectura, Tolentino defiende los géneros con el bagaje de haberlos elaborado en los 80, 90 y a partir de Internet. Un análisis de los géneros con ejemplos en el que muestra su defensa por la información frente a la opinión y a la vez exige la belleza en el lenguaje frente a la parquedad de un posicionamiento supuestamente objetivo.

    En esa lectura de la radio a partir de los géneros, Tolentino muestra su filia por el reportaje y la radio documental, sus precauciones de artesano para la entrevista (“el género estrella”), sus reservas ante la posibilidad de una opinión independiente y su aversión por el magacín al que ya solo le busca un epitafio. Distingue el lenguaje como la herramienta de mayor valía en la construcción de los contenidos y pone en el centro de todo ello –y, curiosamente- también del libro- al guión. Como hizo durante su presentación en La Nau de la Universitat de València, es crítico y abunda en el tipo de empresas informativas que imperan en el entorno editorial. Tolentino da su opinión –aquí sí- sobre una radio independiente en el contexto digital, el ejemplo de Radio 3 desde su punto de vista actual y el alegato periodístico como cierre.

    El punto de vista de Tolentino (actualmente director de El séptimo vicio de Radio 3) prevalece sobre todas las frecuencias de la radio en su relato. Los estudios que ha transitado, los cursos que ha completado, los incontables “maestros” a los que ha conocido y con los que ha trabajado, y, en definitiva, la radio que más le ha interesado se impone en cada uno de los capítulos, en todas sus opiniones. Es un punto de vista enriquecido, no obstante, con tres décadas y media atravesando géneros, compartiendo estudios y siendo público aventajado de las radios en España y en el mundo (de las que da algunas referencias especialmente atractivas).

    La defensa razonada una radio pública e independiente, sea cuál sea el origen de su financiación, sea cuál sea su contexto tecnológico de emisión, acumula argumentos de la mano de un profesional que toma partido desde la acción, sin postulados teóricos. Es la radio según Tolentino, por tomar como referencia el título de una entrevista (El cine según Hitchcock) que el mismo destaca como referencia. Esa es la principal aportación junto a una entrevista epílogo a Eduardo Sotillos, director fundamental de RNE en su particular desde la Dictadura hasta posiciones tan libertarias y establecidas como Radio 3 o Radio 3. Una entrevista no exenta de “morbo”, según el autor, en la que se distinguen enfoques distintos sobre la dirección de cadenas y programas y que sirven para asomarse –con no pocas distancias desde el presente- a una toma de decisiones tan decisiva como adscrita a su tiempo.

  • «Que se jodan»: un libro revela cómo Valencia se convirtió en el cliente paradigmático de Calatrava

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    «La relación de Calatrava con su gran obra valenciana [en referencia a la Ciudad de las Artes y las Ciencias] está viciada desde su contratación en la época socialista. Ahí está el germen de su fracaso. Se firmaron contratos con Calatrava que son draconianos, totalmente descompensados tanto en lo económico como por el hecho de que desactivan los mecanismos de supervisión pública. […] el cliente debe poder ejercer un control técnico, y estar facultado para, en caso de desacuerdo, rescindir el contrato. Con Calatrava, todo eso es muy complicado. Hay penalizaciones. De manera que los gestores del proyecto tuvieron las manos atadas. Primero los socialistas. Y luego, con el programa ya modificado, los populares».

    Este primer párrafo es solo un extracto del centenar de voces, muchas de ellas testigos participantes y otros ex trabajadores del estudio de Santiago Calatrava (Benimàmet, 1951), que hilvanan el reciente Queríamos un Calatrava. Viajes arquitectónicos por la seducción y el repudio (Anagrama, 2016). El que fuera responsable durante dos décadas de la sección de cultura en La VanguardiaLlàtzer Moix, ha revisado decenas de casos, visitado quince ciudades y plagado de relatos al origen del caso Calatrava que exploró en su anterior título, Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim (Anagrama, 2010).

    Y es interesante como tras 300 páginas de reportaje periodístico, la gran pregunta –¿por qué?– en torno al fiasco del aquitecto valenciano en su ciudad y en el mundo conecta las conclusiones de Moix con las de Juan Reig, arquitecto implicado en el desarrollo de Cacsa desde 1994 hasta 2009 y responsable del entrecomillado inicial: «en Valencia reproduce una serie de comportamientos como profesional que acaban siendo lesivos para el cliente y que acaban por reproducirse. Ese cliente público no se dota técnicamente para tener capacidad de controlar la obra en términos económicos. En el caso de los arquitectos, surge el paradigma de que Caltrava hable con el president de la Generalitat y decidan, sin atender a cualquier caso a los técnicos [arquitectos] que había en Cacsa, que advirtieron de que éste no podía controlar todas las partes del pastel», resume Moix en declaraciones a Valencia Plaza.

    «Los valencianos no podían alegar desconocimiento»

    Para los interesados en la carrera de Calatrava, el libro es vasto en la descripción de rasgos personales y profesionales. Hay curiosidades tan ricas como la casual llegada de Calatrava a París en pleno mayo del 68. El escenario que el arquitecto de Benimàmet se encontró en la capital francesa frustró su inquietud por las Bellas Artes, para acabar retomando el automanifiesto ‘Por qué quiero ser arquitecto’. Desde esos rasgos fundacionales, pasando por sus rutinas productivas y aspectos como empresario hasta los agresivos entrecomillados que las fuentes de Moix suscriben y que han vuelto a generar la polémica durante los últimos días. Desde el «Tenerife no me merece«, hasta el «que se jodan«.

    Esta última expresión ya ha sido desmentida por el estudio de Calatrava a El Mundo. En el libro publicado por el ahora subdirector, editorialista, columnista y crítico de arquitectura de La Vanguardia, aparece así: «Un conseller nos hizo ver que en el Museo Príncipe Felipe no había aseos suficientes. Se lo comuniqué a Santiago y lo que me dijo fue que tampoco el Partenón los tenía y que no por eso se dejaba de ser un gran edificio«, apunta un empleado del momento en el estudio, y Moix remata con la expresión entrecomillada que inicia el título de este artículo sin definir cuál o cuáles de sus fuentes la certifican. Es, según se mire, no menos agresiva que sus reacciones a la conocida construcción de butacas ciegas en el Palau de les Arts: «mientras proyectábamos la obra, le reiterábamos una y otra vez que el diseño de la sala cegaba muchas localidades». Este trabajador asegura que Calatrava justificó: «También en la Scala de Milán hay butacas sin vista, y eso no importa porque la gente va a escuchar y a aprender, antes que a ver». Un trabajador hizo una propuesta por su cuenta para solucionar el entuerto, Calatrava pidió su despido -siempre según la fuente- y, finalmente, cuando Les Arts se inauguraron con esas butacas ciegas «no quedó más remedio que eliminarlas».

    El sinfín de anécdotas, por así llamarlas, no tapa uno de los aspectos más interesantes en la actualidad para el análisis del caso valenciano con Calatrava; el punto de partida de las relaciones entre el arquitecto y Valencia. El libro es capaz de revelar con claridad como la ciudad -y la Generalitat- tuvo esa sed insaciable por sus proyectos (Alberto Ruíz Gallardón definió la ausencia de su obra en Madrid como «una herida que nos dolía») después de que triunfara en el extranjero y en Barcelona. Residente en Zúrich desde los años 70 y hasta la actualidad, el de Benimàmet tuvo que triunfar en Stadelhofen -acaso su obra pública de mayor equilibrio y relevancia- y en Barcelona. Cuando Europa empezó a desearle, los dirigentes socialistas de la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Valencia entendieron que debían ‘apropiarse’ de esta posibilidad, ofrecerle un escenario propicio. Así surgió hace 30 años el terriblemente problemático proyecto del puente del Nou d’Octubre. La experiencia no sirvió para que las Administraciones cesaran las relaciones: «volvieron a pasar por los mismos problemas y cometer los mismos errores en Valencia cinco, seis o siete veces», apunta Moix a este diario. 

    El caso Nou d’Ocutbre

    Las fuentes del libro son tan interesantes que van desde el expresident Joan Lerma («con un discurso muy cauteloso, propio de un político que lleva decenios tratando de no pillarse los dedos cuando responde a un periodista») o el múltiple exconseller y presidiario Rafael Blasco («admito que ha habido cierta autocomplacencia, pero no sólo en los genios, también en los representantes institucionales, convencidos de que al gran proyecto arquitectónico daba rentabilidad política». Hay quien se envuelve en esa capa o, por decirlo coloquialmente, busca un proyecto que le salve la legislatura»), hasta los exempleados, ingenieros y arquitectos valencianos que trabajaron intensamente en el estudio y dan voz al relato de Moix, como el ya citado Reig, Fernando Olba o Cristina Martínez. Son solo unos pocos ejemplos.

    Todos ellos orbitan en torno a las obras de un Calatrava al que el libro de Moix -huelga decir que mantiene un tono crítico sobre todas las voces, pero no es un baqueteo al nombre de Calatrava desde un enfoque personalista- muestra complacido de volver a Valencia tras sus primeros pinitos internacionales. En plena construcción del polémico Bac de Roda en Barcelona, el Ayuntamiento de Ricard Pérez Casado fomentó la construcción de un puente a la altura de Mislata y sobre el ‘nuevo-viejo’ cauce del Turia, a costa de la llegada de la compañía Continente. La empresa posteriormente absorbida por Carrefour aceptó que «el joven arquitecto» se encargara del puente siempre y cuando no costara más de 200 millones de pesetas. Lo que sucedió a partir de entonces es parte de ese caso paradigmático, que confirma Moix a Valencia Plaza, tiene ecos y reflejos en la posterior carrera de Calatrava.

    Al concurso público de construcción se presentó media docena de empresas. Ganó la de la oferta más barata: 428 millones de pesetas. Era Cleop. Uno de sus directivos es el interlocutor con Moix y explica que la suya era la más asequible. Continente dijo «200», pero el proyecto no podía bajar de esa cifra. De entrada, se aceptó el presupuesto más bajo por la razón, sencillamente, de serlo. Antes de iniciar ningún movimiento, se le exigió a la constructora, ‘ya contratada’, que redujera costes. Cleop propuso sustituir el hormingón blanco -quizá les suene- por el gris o sustituir las luminarias diseñadas ex profeso por Calatrava por iluminación pública convencional, entre otros cambios. Tal fue ‘el tajo’ al planteamiento inicial de Calatrava que «bajamos hasta 250 millones de pesetas«, «Calatrava dio el visto bueno, se firmaron nuevos contratos» y la obra empezó a edificarse en julio de 1987.

    La obra duró hasta que llegó el primer camión de hormigón, cuenta este directivo de Cleop: el hormigón era gris y no blanco, así que «los ingenieros de Calatrava se plantaron«. Tenían «órdenes de no aceptar otro. Eso generó discusiones y un primer parón de la obra». Recordamos que se habían reescrito los contratos y que se habían modificado para hacer una rebaja del proyecto hasta los 250 millones de pesetas. ¿La clave para el desbloqueo? Continente ya había iniciado la construcción del hipermercado y la licencia de actividad iba a depender de ese puente. ¿La solución? Hija de su tiempo y de sus gestores públicos -y promotores de estos puestos públicos desde la influencia empresarial y privada-, «que una vez terminados los trabajos se decidiría cómo suplementar los sobrecostes«. A esto le llamaremos modus operandi valenciano.

    En las vísperas de Navidad se abrió al tráfico una de las dos pasarelas gemelas que conforman el puente. En ese momento, según acta notarial, el coste de la obra era de 256 millones de pesetas. El coste que ya se decidiría que hacer con el bajo el modus operandi valenciano, rondaría los 370 millones de euros según ese documento al que hace referencia el libro. Continente se plantó en 250 millones de gasto, no firmarían ninguna responsabilidad de pago posterior. Cleop cerró con vallas el puente que permaneció, siempre bajo el modus operandi valenciano, «ocho o nueve meses» cerrado, tras pasar unas felices Navidades al 50% de su futuro rendimiento. Tanto se enquistó el asunto que el presidente de la empresa de distribución de alimentos, Alfonso Merry del Val, aceptó subir su horquilla de pago hasta los 300 millones de pesetas. El Ayuntamiento, que no retiró las vallas que perimetraban el espacio público en esos meses, aportó «unas decenas de millones» y Cleop decidió cobrar menos de lo previsto». 

    ¿Cómo vivió el estudio de Calatrava todo el vodevil? Cuenta Moix que el arquitecto «había regresado con mucha ilusión a Valencia, e incluso dijo en un momento de entusiasmo reliminar que iba a regalar el proyecto del puente». Finalmente, «acabó afirmando que no volvería a trabajar allí». Se van a cumplir 30 años de esa sentencia no cumplida. Detalla el título que «cedió poco». En concreto, que «los encofrados con veraduras de sección variable» estuvieran, aunque estos se sitúan bajo el puente: «ahí solo iban a verlos quienes pasearan en una barca por la lamina de agua prevista bajo el puente, que en última instancia no se dispuso». Y bien, tampoco renunció a los monumentos escultóricos de las cuatro esquinas diseñados por el mismo. Tampoco de los hierros de las luminarias («un cruce de tortuga y araña») que las protegían del suelo y, en definitiva, como concluiría el inicio de cualquier acto en una obra de Shakespeare pero aquí firmado por el directivo de Cleop, «todos perdimos bastante dinero en aquella obra inaugural, donde Calatrava se salió con la suya de principio a fin«. 

    Del paradigma valenciano al paradigma español

    Es relevante decir que Calatrava, como se dice en la introducción del libro, declinó participar del mismo. Es, como dice Moix, un relato no autorizado, pero que en su caldiad de no oficioso explora una infinidad de testimonios que prefieren ocultar su identidad. Muchos de ellos tienen vínculos empresariales quizá todavía activos, laborales también, por lo que el autor no descarta que en algún caso -o en muchos- haya contratos de confidencialidad de por medio que, sin duda, el reportaje periodístico sortea. No es el caso del Nou d’Octubre donde todas las voces hablan abiertamente del fiasco. Es un precedente con Calatrava deseando de no volver a trabajar en Valencia, pero vino a suceder todo lo contrario. Surgieron los «padrinos institucionales», desde Lerma a Francisco Camps pasando por Eduardo Zaplana, quizá el que -según el relato- generó una relación más tensa de los tres. Mucho peor fue el caso de Alberto Fabra, que llegó a desaprovarle teniendo que soportar el caso del trencadis caído en el Palau de les Arts, un problema de construcción sabido por todos los que participaron en el proyecto y que acabó con Calatrava hablando de la honestidad de sus honorarios.

     Con Blasco y Lerma coincidiendo -de nuevo, ya que fueron compañeros políticos y regentes coordinados- en que «Calatrava era el as de la modernidad en la manga de los políticos valencianos«, Valencia no fue una ciudad más para Calatrava. Aquí tuvo su mayor estudio con más de 60 trabajadores propios, pero influyó decisivamente la época en que todo sucedió: «el caso valenciano supone la etapa reina del procedimiento de Calatrava a la hora de conseguir anular a su cliente desde la negociación. Lo echa de esa mesa y lleva la voz cantante», apunta Moix (en la imagen lateral). «Tiene un gran poder de seducción, desde sus orígenes y así lo despliega desde antes incluso de empezar a dedicarse profesionalmente a la arquitectura. Logra tener la capacidad de rescindir contratos y la habilidad para crear un marco de relación donde las posibilidades de hacer y deshacer por su parte son enormes; las del cliente, son, en el mejor caso, claramente inferiores». 

    Es el paradigma al que hace referencia Moix a las preguntas de Valencia Plaza y en el libro. Auspiciado, se entiende, por el capricho político que alinea a Lerma y Blasco. Moix trata de definirlo todavía más: «es como quien quiere tener una joya; no mira el precio. El único problema es si esto se hace con el dinero de uno o con el dinero público. Ahí radica el gran problema del paso de Calatrava por España». De hecho el periodista amplía hasta «el caso español» el paradigma de Calatrava. «España es el escenario que potencia a Calatrava por su momento histórico y económico. Podemos decir que invirtió el signo de su carrera, que lo aceleró y lo disparó«. Tal y como refleja el libro de Anagrama a base de cifras, si los encargos venían multiplicándose, se dispararon.

    El escenario potencionador, con Valencia como paradigma, también tuvo su respuesta política: Moix relata la labor de los entonces diputados de Esquerra Unida del País Valencià Marina Albiol Ignacio Blanco, que acabaron por protagonizar thrillers -pero sin un minuto de ficción- para recuperar la información económica que se derivaba de la actividad de Calatrava con la Generalitat. De lo sucedido y recogido por las webs finalmente por las webs calatravatelaclava.com y calatravanonoscalla.com, también da cuenta el libro con la versión de sus protagonistas -exceptuando, como ya ha sido explicado, la del propio arquitecto de Benimàmet-.

    Las consecuencias, el prensente y la perspectiva histórica

    La consecuencia inmediata se comprobó, según el relato de Moix, en las últimas obras de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia: las constructoras valencianas empezaron a no comparecer. Se empezaron a buscar incluso constructoras extranjeras. El mensaje del nefasto negocio de construir con Calatrava se extendía, se deja entender, y esto «acabó por desplazar su centro de negocio fuera de Europa; a Oriente Medio«, apunta Moix. Allí, por cierto, construye en Dubai en este momento el rascacielos más alto del mundo. «Mi percepción es que le hubiera gustado estar más tiempo en Europa porque no es un escaparate desdeñable dada su capacidad de seducir al mundo». Pero en el Viejo Continente ya no cabe más «manga ancha», un espacio donde «en el pasado los clientes actuaron con una alegría notable y donde eran clientes públicos, de aquellos que no pensaban en tener un retorno si les daba otro tipo de beneficio».

    Esta última frase de Moix en declaraciones a este diario, encuentra mejor acomodo a partir de una anécdota que también detalla: «en España o en Europa, son distintos los casos de cliente privado. Por ejemplo, un promotor para una obra en Barcelona, de la que Calatrava cobró 15 millones de euros en honorarios -los hay de las edificaciones valencianas en el libro, con lujo de detalles- le propuso una cláusula que decía que podía cobrar lo acordado en contratos pero nunca sin superar los 1.000 euros por m2 cosntruido. Calatrava le contrató que no podía firmar cláusulas que pudieran limitar su libertad creativa. El constructor le dijo que necesitaba poner cláusulas que garantizaran su viabilidad económica. El proyecto se acabó ahí, mientras que en el cliente público español o valenciano ese elemento de rentabilidad no es contable; puede tener razones de tipo simbólico, intangibles». 

    De esos intangibles, por cierto, habla y define su opinión Rafael Blasco en el libro, tras una entrevista interesante en contenido y sucedida un día antes de que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana le condenara a ocho años de prisión por el ‘caso Cooperación’. Es uno de sus mayores defensores, pero es también ejemplo de cómo Calatrava fue encontrando verdaderos apoyos -y de todo tipo- entre sus clientes. «Envuelve con todo un brazo artístico las ciudades por las que pasa. Lo hace con exposiciones«, apunta Moix. Uno de los aspectos más controvertidos y que a Moix más le llama la atención es toda su estrategia de marketing personal con las citadas exposiciones, pero también con una veintena de honoris causa («yo no sé si alguien tenía más de 20 honoris causa, pero Einstein no los tenía«) y la gran inversión en comunicación de todo tipo de premios: «muchas veces son premios de un reconocimiento limitado en el mundo de la arquitectura. Ni es un premio Pritzker ni es un premio Mies van der Rohe, aunque por supuesto es lícito que quiera contar todo eso de manera tan frecuente». Es parte de una estrategia en el presente «de compensación» con una tendencia en los medios al sometimiento, «tal y como ha pasado en Nueva York con el Intercambiador; durante años ha recibido las críticas desde el New York Post hasta The New York Times».

    Moix rechaza elucubrar sobre la perspectiva histórica de Calatrava en Valencia, en España y en el mundo. Los casos de sus edificios en Barcelona, Sevillla, Bilbao, Tenerife, Berlín, Milwaukee, Malmö, Palma de Mallorca, Atenas, Madrid, Venecia, Oviedo y Nueva York, los que aborda el título recién publicado, hacen sospechar que no será la misma que otros referentes del pasado. ¿Pero cómo pesará su presencia global? ¿Cómo trascenderá toda esta construcción de una leyenda negra a base de cada vez mayores y extensas investigaciones y detalles a partir de fuentes de lo sucedido? ¿Cómo se desarrollarán los próximos años de carrera del que todavía es -en términos de profesión arquitectónica- un hombre joven con capacidad para desarrollar cientos de proyectos desde su estudio? La perspectiva histórica es una de las grandes incógnitas en torno al fenómeno Calatrava en la arquitectura mundial.

    El lado más humano (que también es el de una máquina de trabajar)

    En la inauguración del polémico ‘oculus’ de Nueva York, en 2016 (Foto: EFE)

    El libro abunda en detalles sobre la pasión exacerbada de Calatrava por su trabajo y su omnipresencia en los proyectos. «Está presente en el proceso de ideación y génesis de las obras». «Él es el motor, tiene una capacidad asombrosa para generar dibujos, cientos al día. No usa el ordenador ni tiene carnet de conducir, pero su mano para dibujar es extraordinaria. […] Mientras conversa contigo, dibuja constantemente. […] Tras una charla con él te vas con un montón de dibujos en la carpeta, base a partir de la cual el equipo elabora los planos». Existen numerosas referencias de loa por parte de ex trabajadores a lo mucho que crecieron profesionalmente junto al arquitecto de Benimàmet, toda vez que tuvieron que dejar el ritmo al que les sometía: «Recibíamos con alguna frecuencia llamadas de Santiago a horas intempestivas. ‘He tenido una gran idea, levantaos y venid inmediatamente al estudio, así empezáis a dibujar y cuando lleguen los otros, a las ocho o las nueve, ya tendremos trabajo adelantado». Llegó a confundir los usos horarios entre los estudios de Valencia y Nueva York en una jornada laboral sin límites que explotó a muchos de sus colaboradores de referencia.

    De prescindibles e imprescindibles en su equipo (todos menos un dibujante y su mujer, Robertina Marangoni de la que también se habla en profundidad en el libro, así como de sus hermanos) está plagado de referencias Queríamos un Calatrava. También de influencias y ahí es donde Moix no elude un tabú dentro de la profesión en la ciudad de Valencia. Cuando le dedica un apartado a «El Ágora», «una obra que el se saca de la manga, que no tiene un uso definido, que genera unos sobrecostes y problemas que todavía están sin resolver (siguen arreglándose desperfectos y no tiene ni uso ni licencia de apertura)», escribe en el libro: «según la malidicencia gremial, Calatrava lo consideraba imprescindible a fin de tapar las dos cubiertas diseñadas por Félix Candela para el Ocenográifco». Y es curioso como esa sospecha velada, rumoreada desde hace una década en el sector, pero sin margen para ser contrastada en la actualidad, enfrenta al perfil de Calatrava con una de sus influencias al inicio. Candela se encuentra entre varios autores conocidos (Hans Scharoun, Alvar Aalto), aunque Moix precisa que es un libro de Le Corbusier el que decisión final de aquel buen dibujante nacido en Benimàmet, de familia de naranjeros en buena situación, aunque ligados al duro estadio agrario, a escoger la arquitectura. 

    Extraemos aquí los cinco puntos de la ya citada carta y automanifiesto ‘Por qué quiero ser arquitecto‘:

    1. Tengo una gran afición al dibujo.
    2. Siempre he sentido una gran inquietud por las cuestiones artísticas.
    3. Creo que tengo apittudes para el estudio y desempeño de esta profesión, entre ellas una gran imaginación.
    4. Poseo también una gran ilusión por esta carrera y espero que con mi trabajo y constancia podré superar aquellos déficits de que mi información y apittudes actuales tengo [sic].
    5. Creo también que es aquí donde yo podré dar el máximo rendimiento a la sociedad, pues estoy seguro de que podré desempeñar con ilusión y cariño esta profesión».

  • La Tomatina será el primer evento accesible en Google Street View

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El Ayuntamiento de Buñol lidia desde hace décadas con una dulce condena: que uno de los actos de sus fiestas populares sea uno de los eventos más conocidos del planeta. Tanto que Google, una de las compañías más grandes del mundo y seguramente la más influyente en el entorno online, descolgara el teléfono el pasado mes de julio para proponer a sus gestores llevar a cabo un doodle con la Tomatina. El doodle, una sustitución del logo de su popular motor de búsqueda -la web más visitada del mundo-, estuvo este miércoles presente en más de 20 países durante 24 horas, pero solo fue el inicio de un contacto entre las partes que ha llevado a que La Tomatina sea el primer evento registrado por Google Street View.

    El sistema gracias al cual un usuario de -casi- cualquier parte del mundo puede recorrer las calles de una infindiad de ciudades, ha querido dar un salto creativo y, motivados por la agencia que gestiona los patrocinios y comunicación de La Tomatina, ser el primer evento en estar accesible desde este sistemaSocarrat Studio, la empresa al frente de una fuerte demanda sobre derechos de imagen, necesidades y recursos técnicos para rodajes y viajes hasta La Tomatina, no pudo dejar la ocasión «para hacerles llegar todas las ideas que habíamos tenido durante tiempo. La suerte es que la llamada, en este caso, surgiera primero de ellos», apunta Vicente Sanfeliu, uno de los socios de la misma.

    La fiesta nació, como muchos saben, en 1945, por lo que este miércoles cumplió 70 años. Unos adolescentes quiseron arreglar sus discrepancias a tomatazo limpio y, un año más tarde, repetir con alegría la hazaña. No muchos recuerdan que llegó a prohibirse en 1957, pero fue tal el arraigo del pueblo que tan solo dejaron de celebrar esta batalla roja durante un año. Luego llegó un hito en su conocimiento para toda España. Cuando todavía solo había dos canales y el pequeño de la casa se levantaba a cambiar compulsivamente de uno a otro, el programa ‘Informe Semanal’ de TVE sentaba cátedra. En el todavía verano de 1983 el periodista Javier Basilio realizó un reportaje que hizo correr la atracción de aquella fiesta de la irracionalidad, la pasión y la diversión por toda España. Y de España al mundo y del mundo a la Red.

    Tanto es así que el proyecto ha derivado cada vez más, tal y como confirma Sanfeliu, una «especial atención por todo lo que sucede en las redes sociales. Es una auténtica explosión». Si uno de los valores de La Tomatina es juventud, ayer canadienses, australianos, indios, coreanos del sur, japoneses, estadounidenses, alemanes o franceses, entre 96 nacionalidades, compartieron su experiencia, fotos y comentarios en cada una de sus redes sociales online. Una campaña de comunicación impagable que, además, ha acabado por dejar a La Tomatina sin retransmisión en directo para España.

    «Cuando cerró Canal 9 no podíamos entender que no hubiera retransmisión de La Tomatina, así que asumimos la producción audiovisual nosotros mismos [en 2014]. Este año hemos aceptado que esa comunicación no puede pertenecernos a nosotros por una cuestión de recursos y de tiempo, mientras que hemos volcado toda nuestra atención hacia las redes… y además ha llegado la propuesta de Google», añade Sanfeliu. Google ayer estuvo presente con diferentes acciones en la Tomatina para un plan único, que ningún otro evento del mundo ha logrado con este gigante de la comunicación.

    EL DESPLIEGUE DE GOOGLE EN LA TOMATINA

    Por un lado, La Tomatina será -cuando el procesamiento de imágenes termine- el primer evento accesible desde Google Street View. El usuario llegará a Buñol y, como una opción adicional, podrá recorrer la calle principal por la que discurre la fiesta. Una calle que fue registrada por uno de los vehículos de Google que salió tras los camiones llenos de tomate y que «llamó mucho la atención de los participantes», apunta Sanfeliu. Esta atracción llevó a muchos a subirse y, aunque es cierto que llevaba menos ‘escolta’ que los caminiones «ya que estos tienen una seguridad especial porque puede haber un riesgo de aplastamiento», lo cierto es que Google confirmó que técnicamente se había realizado todo el trabajo de Street View.

    Además, se hicieron fotos de 360º que estarán también accesibles al acercarse a través de GSV al pueblo. De hecho, desde Socarrat Studio se propuso que se hicera un vídeo 360º, posibilidad tecnológica que Google ha probado por primera vez en el festival de música electrónica Tomorrowland. Sin embargo, al pertenecer a la división YouTube de la empresa, no dio tiempo suficiente para que se gestionaran los equipos y la producción, aunque Sanfeliu señala que «es probable que se haga en próximos años».

    Google, además, montó un photobooth para encontrar ‘tu medio tomate’, dinamizando precisamente la acción a través de las redes sociales. Y, en definitiva, un despliegue junto al doodle que completaba en pocas horas una campaña de comuniación a nivel global que cualquier fiesta popular en España quisiera para sí.

  • Tinder explota en España y ‘se liga’ a 4.500 nuevos usuarios al día

    La app crece exponencialmente en EEUU y ya ataca con fuerza el mercado del ‘dating’ en Europa

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El sonido que precede a este artículo marca una barrera de conexión para gran parte de los hogares españoles con una nueva realidad social: la que sucede a partir de la aparición de Internet. El característico y chisporroteante sonido de los módems de 56k abrió paso a un primer acceso doméstico a otras relaciones sociales, las que durante años sucedieron desde el correo electrónico a la web 1.0, desde los foros hasta los chats, desde las ‘redes sociales’ hasta las herramientas de dating (citas).

    Precisamente, este último eslabón ha presenciado la llegada del tsunami Tinder que en poco más de un año ha sumado millones de usuarios en Estados Unidos. Incubado desde los campus universitarios hacia el resto de la sociedad -una de las analogías que le unen a Facebook– y todavía lejos de los 200 millones de usuarios del líder de su sector, Badoo, la app aterrizó en España el pasado mes de diciembre. Siguiendo el habitual efecto ‘bola de nieve’ de las redes sociales, esta comunidad crece actualmente a un ritmo de 4.500 nuevos usuarios por día, según los datos que la empresa ha facilitado a ValenciaPlaza.com.

    «Los porcentajes entre chicos y chicas son muy similares, aunque nosotros trabajamos indistintamente en hacer que crezcan todos los públicos posibles», asegura Jorge Abian, country manager de Tinder en España. La estructura de la empresa es la de utilizar a este embajador maestro a través del cual se articulan polos de comunicación por eventos y ciudades así como en campus universitarios, discotecas o zonas de ocio.

    «Cuando aparecimos en septiembre teníamos 300 descargas diarias y ahora estamos con un ritmo de 4.500. El crecimiento es muy satisfactorio en España, aunque lo cierto es que en países como Francia o Italia está siendo similar», añade Abian. La plataforma penetra de forma muy rápida en Europa gracias a que «compartimos un lenguaje de comunicación con su origen, Estados Unidos y Reino Unido». El country manager de Tinder España reconoce que algunos otros mercados, como por ejemplo el ruso, tienen un factor de penetración mucho más lento.

    LAS CLAVES DE SU EXPANSIÓN

    La aplicación disponible para iOS (iPhone) y Android tiene varios factores clave que están favoreciendo su rápida extensión en el competitivo mercado de las herramientas de contacto directo:

    El origen universitario de su extensión que conecta con los círculos de público objetivo que mayor presencia y actividad tienen en las redes sociales.

     -Una interfaz especialmente sencilla: aparece la fotografía (no tiene por qué ser de su cara o cuerpo; puede ser un paisaje, una ilustración…) y el usuario decide si le interesa interactuar (corazón verde) o descartar la posibilidad (equis). En caso de querer interactuar, si la otra persona accede se genera un Match y a partir de ahí surge una conversación que una de las partes puede bloquear cuando quiera y que ambos pueden dejar fluir de forma indefinida.

    Basado en la geolocalización: si la conversación puede suceder de una forma más o menos rápida, la gran ventaja es que el salto a una cita ‘de carne y hueso’ puede ser cuestión de minutos ya que se muestran los usuarios dentro de los intereses del perfil que más próximos se encuentran a éste.

    Una presencia notable de mujeres en la plataforma: en la gran mayoría de herramientas para contacto entre desconocidos (eDarling, Meetic, Badoo…) lo cierto es que muchos usuarios perciben que hay un mayor número de hombres frente a las mujeres, sea cual sea su orientación sexual.

    Las credenciales de seguridad de Facebook: al iniciar Tinder se elige entre una y tres fotos de tu perfil en la red social más utilizada del mundo. También a diferencia de algunas de las ‘grandes potencias’ del sector, heredadas de la época web, en este caso Facebook ya filtra las fotografías de tal forma que el usuario es responsable de la propiedad intelectual de la imagen, no puede contener contenido sexual ni violento.

    Sin presión por la monetización de la plataforma: lo cierto es que Tinder pertenece a la multinacional IAC. Aunque durante las últimas semanas el grupo ha tenido algunos vaivenes con respecto a la madura startup, lo cierto es que Greg Blatt, presidente del conglomerado, aseguró que «aunque Tinder es lo suficientemente grande como para generar beneficio económico, creo que hay otras prioridades». Para Abian, lo cierto es que no hay presión sobre este aspecto «y creo que puede tardar mucho tiempo en que la aplicación pueda tener algún tipo de pasarela de pago porque no está en los planes de Tinder».

    Sin faltas de ortografía: aunque Abian asegura que esto se debe a que «siempre queremos causar buena impresión al conocer a alguien; no cerrarnos puertas», algunos usuarios muestran su sorpresa sobre la corrección de buena parte de las conversaciones. Uno de los factores que podría influir es su promoción en círculos universitarios y de ahí otros ámbitos derivados de una educación media o alta, pero lo cierto es que en prácticamente todos los foros se destaca este aspecto como una característica frente a otras plataformas de dating.

    OTRAS CERTEZAS SOBRE TINDE EN PLENO DESPEGUE

    El perfil mayoritario en Tinder es el de una franja entre los 18 y los 24 años, aunque prácticamente tiene el mismo número de usuarios que el de la franja entre 25 a 34 años, según los datos facilitados por la sección española de la compañía. Eso sí, entre estas dos franjas se acumula el grueso de los usuarios de la app. Aunque el comportamiento en España, según sus datos, es muy similar al del resto de países europeos.

    Sin embargo, un estudio concreto sobre algunos usuarios españoles demostró que su percepción era la de ser utilizado para relaciones ‘no formales’, en las que otros componentes más allá de un posible encuentro sexual se tienen en cuenta y cuya permanencia ronda la hora diaria.

    Por otro lado, es cierto que uno de los aspectos sobre los que más se incide desde la rama española de Tinder es en la necesidad de escuchar al usuario. De hecho, esto ha provocado la llegada de Tinder Moments, una suerte de eventos en los que la aplicación muestra temporalmente la posibilidad de realizar fotos que desaparecen en 24 horas y en la que la gente comparte su experiencia en un mismo lugar (se ha realizado en discotecas, zonas de ocio, playas…). Las fotos que ilustran este reportaje pertenecen al reciente Tinder Moments realizado en diferentes localizaciones de Ibiza, en la que, coordinado por Tinder España, se sumaron otras delegaciones de la empresa como las de Reino Unido, Alemania o Italia.

    «La aplicación va mucho más allá del flirteo. Si estoy de viaje de negocios en París y veo a quién tengo a mi alrededor, puedo conectar con alguien con quien dar un paseo o ver algo interesante de la ciudad que no conozco. De hecho, esa vinculación a los viajes es algo que en origen no estaba delimitado como una vertical clara para Tinder, pero gracias a los comentarios y la interactuación de los usuarios ahora estamos canalizándola e integrándola en la experiencia de la plataforma», añade Abian.

    CÓMO LO PERCIBEN LOS USUARIOS

    Tres usuarios -dos chicas y un chico; todos en la franja de los 24 a los 32 años- de la aplicación con los que ha podido contactar este periódico digital coinciden en definirla como «una app adictiva» y «frenética». Para las chicas es también «una potente herramienta de autoestima», ya que «no implica que finalmente tengas que quedar con nadie, aunque la posibilidad siempre parece muy próxima», relata una de ellas.

    «La uso diariamente. De hecho, no sé cuál es el índice de uso, pero me considero un usuario bastante activo y puedo decir que la gente tiene un uso bastante variado. Me he encontrado gente mucho más pendiente de conseguir una ‘cita sexual’ exclusivamente en otras plataformas, aunque reconozco que yo sí la uso con este fin y es con la que más cómodo me encuentro«, añade el usuario anónimo que atiende a ValenciaPlaza.com.

    «Facebook no te permite conocer gente nueva«, añade una de las dos usuarias consultadas por este digital -todos prefieren mantener el anonimato-, «pero lo más relevante para mí es la proximidad. Eso me da cierta confianza, aunque más allá de las fotos y los gustos comunes que se pueden comprobar con la app lo cierto es que es una forma de contactar muy directa… ¡tuve una cita en menos de una hora», añade.

  • Tres tatuadores por los que merece la pena dejarse la piel en València

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Si la década de los 90 fue un boom para los estudios de tatuaje en la ciudad de Valencia, la que le precedió no hizo sino multiplicar la oferta. La ciudad, quizá por la visible necesidad de sus vecinos por exponer su cuerpo al sol, quizá influenciados por una mezcla de carácter y solución climática, se despertó rápidamente al arte de la tinta sobre el cuerpo. Por ello, hablar de nombres propios o de estudios en Valencia es incurrir en un basto catálogo de posibilidades entre el que es difícil no destacar a un buen número de profesionales. 

    El negocio en sí, según muchos de los dibujantes y propietarios de estos locales, sufrió una auténtica «persecución» por parte de los inspectores de Sanidad. Por otro lado, ninguno de ellos cree que no fuera necesaria la mayor depuración posible de los procesos higiénicos, ya que la clandestinidad y el citado auge fomentaban los problemas y posibles desprestigios por daños evitables al oficio. Pero aun así, entre ellos, se repite una sentencia: «cada dos días, el inspector estaba en el estudio, revisándolo todo». Esto provocó que muchos, a veces por costes y a veces por una cuestión pragmática, de producción, decidieran reubicar sus talleres en casa.

    Por supuesto, el calor de la burbuja inmobiliaria aumentó el número de clientes que ahora, reducido, se muestra mucho más selectivo a la hora de elegir su tatuaje y su tatuador. En un punto intermedio entre la clandestinidad (por no encontrarse precisamente en las vías comerciales, sino en pisos) y la especialización se encuentran Pedro SánchezSento y Abel Alcoy. Son solo tres ejemplos -aunque notables- de una oferta que los tres, preguntados por el resto de posibilidades dentro de la ciudad, aseguran está a un nivel muy alto con respecto a la oferta en España e incluso en el sur de Europa. 

    SAN PEDRO SÁNCHEZ Y LA PIEL COMO LIENZO Y COMO RETO 

    Pedro Sánchez estudió Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València y, acabando sus estudios, se dio cuenta que tenía que empezar a buscar una salida laboral «de lo que fuera» antes de que las clases se acabaran. «Fue una absoluta casualidad, pero un compañero de clase me dijo que conociendo cómo dibujaba debería enseñar mi trabajo en un estudio de tatuaje que el conocía y que ahora ya no existe», aclara el propio Pedro Sánchez (Sanpedrosanchez en Facebook) a CulturPlaza.com.

    En el citado estudio, Pedro Sánchez tuvo la oportunidad de ser aprendiz durante dos años: «fue un auténtico lujo, porque la mayoría de tatuadotes se inician por su cuenta. Existe una gran cantidad de información en Internet y es normal que la gente se anime, pero hay una serie de pautas, de criterios, que solo se adquieren a través de la experiencia y que yo tenía a mi alrededor mientras trabajaba». La verdad es que en el desaparecido estudio, Pedro Sánchez empezó a trabajar casi en el momento en el que mostró su portfolio.

    «Para mí el tatuaje es solo una técnica más de dibujo. No lo contemplo de otra forma, excepto por la parte de la higiene», añade Sánchez. Su trabajo en el que las escalas de grises y el realismo en blanco y negro son los protagonistas muestran el trabajo de un artesano del dibujo, minucioso y perseverante con sus trabajos que escoge individualmente. «No acepto todo lo que me proponen, porque necesito ver que estoy realizando algo interesante tanto para quien se tatúa como para mí».

    Sánchez, que cree que «en Valencia están los mejores tatuadotes de blanco y negro de España», asegura que «por juventud y por la crisis económica, muchos de ellos están trabajando con los estudios integrados en sus propias casas». Él, que se autoconsidera «ilustrador y diseñador», reconoce que durante mucho tiempo el dibujo no ha estado precisamente integrado en el ámbito de trabajo de los diseñadores: «ellos tenían sus propios códigos, pero igual que los puede tener un ilustrador«. Sin duda, su resultado final, influenciado por artistas como Niki Norberg o Jeff Gogue se ve influenciado por tendencias nórdicas y del Este de Europa, según él mismo reconoce. 

    «Para mí la piel solo es un soporte más, pero eso sí, el más complicado. Aun así, ofrece muchas posibilidades, como las que vienen derivadas del volumen y que se estudian para aprovechar esta característica», añade Sánchez. Él mismo asegura que ese «lienzo» cambia radicalmente en cuestión de horas dependiendo de si la persona ha dormido o no bien, ha comido o no, o, incluso en el caso de las chicas, están en el periodo de menstruación.

    SENTO Y LA RENOVACIÓN DEL OLD SCHOOL

    Los estilos peramencen, pero las tencencias vuelan. Sento, tras 17 años dibujando sobre cuerpos, diferencia: «es distinto el trabajo sobre una persona que quiere hacerse un tatuaje porque lo visualiza igual que si se fuera a poner unas zapatillas. Nosotros realizamos proyectos que van más allá, en el que tratamos que el cliente sea consciente del estilo y de una serie de criterios a través de los cuales se completa la identidad del tatuaje».

    Este veterano -y a la vez joven- tatuador es un auténtico viajante de la profesión. «Es sorprendente ver cómo en una reunión en Australia se habla del nivel que hay en España. En las conferencias siempre hay cuatro o cinco españoles dando clases. Por lo que respecta a Valencia, en blanco y negro, por ejemplo, que tiene una fuerte demanda en nuestro país, solo con Xavi García ya estamos a un gran nivel». 

    Él mismo ha ido evolucionando su propia técnica y, aunque siempre ha estado próximo al old-school, seguramente el estilo en el que es referente en la ciudad, sí que ha ido modernizándose con el paso de los años. «Ahora mucho más que antes busco nuevas formas. Tengo necesidad por hacer nuevas cosas a partir de la base que ya domino», apunta. El resultado es un old-school renovado que no está nada lejos de algunas de las tendencias que ahora tienen mayor demanda.

    Reconoce que en los citados booms entraba a tatuar mucha gente sin criterios de estética ni la mejor formación en dibujo. Por eso entiende la llegada de figuras como Pedro Sánchez o, al fin y al cabo, «la realidad de que ahora el mercado exige que el tatuaje sea un estilo, lleve una firma». Aun así, Sento coincide en la adicción y el coleccionismo del tatuador: «al final, ves algo que te gusta en otro cuerpo y lo quieres para ti». Esto provoca algo curioso que es bastante habitual en los tatuadores: llevan dibujos de estilos que no son su especialidad. Algo que tiene sentido partiendo de la base de que ellos mismos no se van a poner la aguja.

    No obstante es curioso que, aunque Sento admite que «en todas las ciudades hay cierto pique entre los profesionales«, ellos mismos van redigirigiendo a los clientes cuando tienen una idea muy clara: «yo le puedo enviar un cliente a Xavi si quiere algo muy en su línea o a Abel si lo que está buscando es un tatuaje biomecánico«.

    ABEL SAMARUC Y EL TATUAJE BIOMECÁNICO

    Estas pasadas fallas el estudio de tatuaje Samaruc situado en Catarroja cumplió diez años. Abel Alcoy, el tatuador al frente del mismo, es el único valenciano especializado en tatuaje biomecánico: una suerte de códigos que combinan la realidad del cuerpo con la inspiración artística de la tinta. La corriente, influenciada tal y como reconoce Abel Alcoy por el recientemente fallecido H. R. Giger (el ideador del imaginario Alien), cita a Aaron Cain como el precursor de la técnica y el espejo del que partió hace unos 15 años como profesional. 

    «En el tatuaje biomecánico hay que trabajar mucho las texturas, para que el dibujo tenga fuerza«, añade Abel Alcoy. Las capas de color son una referencia, aunque él no cree que el color deba asustar a los clientes: «si te cuidas bien con la protección y exposición solar y el tatuador sabe lo que se hace, el tatuaje no tiene porque ser retocado. Algo que hay que tener muy en cuenta, que es buena parte de nuestro trabajo, es la mesura a la hora de controlar las líneas y su engrosamiento», añade Abel.

    Los tatuadores son especialmente previsores con este aspecto: una línea que hoy ocupa un milímetro puede aumentar hasta 1,3 en unos años o duplicarse con el paso de las décadas. «Los poros se abren y la piel cambia, por eso la persona que se tatúa ha de comprender que en el primer momento en el que se le ha realizado el tatuaje este solo está en su fase previa y es tras el primer año y en adelante cuando se empieza a adaptar a su forma deseada«.

    Abel Alcoy reconoce que la demanda de tatuaje biomecánico en Valencia «es baja», aunque sí acepta que aquellos interesados acuden a él como especialista. «Muchas veces todo se basa en que hayan visto otros trabajos míos y les guste lo que hago», añade el responsable de Samaruc. Aun así, Abel se deja llevar también por sus clientes con las tendencias más habituales: «ahora las chicas se hacen muchas enredaderas y hay una tendencia de plasmar las calaveras mexicanas de azúcar, tatuadas o rostros de mujer que dejan espacios a la forma de la calavera… los ciclos van muy rápidos y todo cambia en cuestión de meses».

    Pero Abel Alcoy también es dibujante y, tras estudiar en Artes y Oficios, se formó durante cinco años en una escuela profesional con el ánimo de convertirse en creador de cómics. La técnica de dibujo acabó, como en el caso de Pedro Sánchez, sobre la piel y como auténtica devoción. Hace algunos meses, junto a algunos amigos Abel viajó hasta Japón para disfrutar al ser tatuados por Horitoshi, uno de los más prestigiosos tradicionales del país asiático. «Lo único que hacen con la máquina son las líneas. Lo demás se hace con unos palos de madera que finalizan en agujas», apunta, aunque la clave está en la conexión que este tipo de tatuaje tiene con su especialización el estilo biomecánico: «todo lo que hacen está preparado para el lugar del cuerpo en el que se sitúa. Tiene en cuenta qué hay debajo y cómo funciona ese volumen».

  • ¿Es la entrevista a Ramón Esteve la primera realizada en España con unas Google Glass?

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    En poco más de una semana, la idea de poder hacer una entrevista con unas Google Glass se ha convertido en realidad. Desde el medio de comunicación especializado Glassers buscaron a un periodista para que llevara a cabo la experiencia y extrajera sus propias conclusiones. No son pocas las empresas en todo el mundo que están realizando diferentes pruebas durante los últimos meses, testando desarrollos sobre el modelo (segunda versión) de Google Glass, algunos de los cuales tratan de acercarse a posibles demandas profesionales.

    La prueba se ha llevado a cabo con la principal colaboración de Innoarea, spin off de la Universitat Politècnica de València y poseedora como desarrolladora autorizada del gadget. La empresa, creada en 2008, se ha enfocado durante sus primeros años de vida al sector juguetero a través del diseño y la tecnología. Ahora explora las futuras posibilidades de las Google Glass en busca de financiación, mientras siguen aprendiendo del hardware adquirido junto a un puñado de empresas españolas a Google.

    QUÉ Y A QUIÉN

    Una vez encontrado el periodista, el objetivo se definió entre las partes: el nuevo gadget debía servir como un instrumento más para el ejercicio de la profesión, sumándose con sus posibilidades a otros como la grabadora o, en algún caso particular, el smartphone o la tabletEjercicios en los que se explica básicamente cómo funciona o en los que sencillamente el artilugio tiene una mera función de objeto estaban descartados por las tres partes. Se buscaba que fuera una parte activa en un espacio real de información.

    Con la propuesta sobre la mesa, la idea desde el punto de vista profesional del periodista tenía la obligación de no surgir de forma impostada. Dentro de la agenda de la Valencia Disseny Week, aprovechando el especial vínculo del diseño con la experimentación de posibilidades del que será futuro objeto de consumo, la idea era llevar a cabo una entrevista dentro de lo más interesante de esa agenda.

    Foto: MAO

    En este caso, el empresario y arquitecto Ramón Esteve se ponía ‘a tiro’ como comisario de una de las exposiciones más relevantes que se han iniciado dentro de la VDW 2014, que se realiza en paralelo a la organización de ‘Nos vemos en Valencia’ (Cevisama, Feria Hábitat y Maderalia). El también diseñador valenciano, con un buen número de proyectos activos fuera y dentro de España, había compilado algunos de los mejores diseños de producto realizados precisamente por colegas de su profesión.

    En una charla corta, de algo menos de 10 minutos, justo unos momentos antes de que se abrieran las puertas del Espai Rambleta de Valencia donde se exponen estas piezas hasta el 12 de marzo, se lleva a cabo la entrevista con las Google Glass como un acompañamiento al ojetivo profesional de la charla.

    LA EXPERIENCIA DEL PERIODISTA

    Desde el primer momento, las sensaciones con Google Glass hacen que cualquier usuario perciba este gadget como un prototipo. Es cierto que por su forma, puede adaptarse fácilmente a cualquier contorno de la cabeza y son mucho más cómodas de lo que a priori puedan parecer. Sin embargo, las gafas se deben adaptar a los que llevan unas gafas graduadas o de sol. No con todos los modelos es posible poner en uso el artilugio y comprobarlo. Por ejemplo, sería muy difícil hacerlo con unas gafas de lente redonda.

    A la hora de realizar la entrevista, las Google Glass no suponen el menor inconveniente en la conversación y la posición de su pequeña pantalla en la esquina superior derecha hace que la conversación pueda fluir, como si no hubiera nada que atender. Eso sí, el entrevistador se ve obligado a controlar más o menos la posición de su cuello, manteniendo una posición más o menos estirada.

    Es destacable que mirando al frente, el usuario no percibe ningún cambio significativo en su campo de visión. Sin embargo, la cuestión física si cuenta con un inconveniente: el prototipo, en este caso en su segunda versión, se calienta al paso de los minutos. Al cabo de más de media hora, el calor es notable.

    Para poder realizar acciones sobre las Google Glass solo existen dos caminos: el de los gestos de la cabeza, que resultan especialmente incómodos y nada precisos, o una combinación indicaciones a través del lenguaje verbal. Para ello hace falta cierta corrección a la hora de pronunciar en inglés. Algunas de estas acciones se pueden combinar -una vez arrancado con la voz el menú- con un dedo rozando en diferentes direcciones y golpeando el lateral de la gafa digital.

    ENTREVISTA COMPLETA

  • Cinco escenas imposibles en el nuevo GTA V

    El hiperrealismo del videojuego de Rockstar vuelve a generar un sinfín de vídeos sorprendentes en Youtube

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Desde la primera edición de Grand Thef Auto (Rockstar) la virtud más comentada del juego era la que permitía a los jugadores deambular con coches por los escenarios del juego. No hacía falta cumplir ninguna misión, sino, sencillamente, robar este o aquel coche y realizar misiones por tu propia cuenta.

    Todas las versiones posteriores del juego fomentaron mejores campañas, dentro del canon del juego, y a la vez dieron rienda suelta a esa dosis de libertad que con GTA V ha alcanzado cotas impactantes de realismo. Ayer mismo, la revista Wired publicaba a través de su web diferentes escenas que habían dejado a los jugadores realmente impactados. 

    Muchos de los jugadores graban sus partidas para compartirlas en Internet. Los conocidos como gamers han ido subiendo durante estas primeras semanas desde que se comercializó el juego escenas casi imposibles en las que otros elementos del juego (aviones, trenes, etc) están en movimiento y con vida propia mientras se interactúa, creando una realidad virtual de lo más rica.

    Estas son algunas de las escenas más verosímiles e impactantes que ha dejado el juego en su casi primer mes de vida:

    CÓMO PARAR UN TREN



    EL AVIÓN QUE PASABA POR ALLÍ



    UN COCHE SUPERVIVIENTE



    A PARTIR DEL 1:40, UNA MUERTE ACCIDENTAL



    LA REACCIÓN EN CADENA: ASÍ EXPLOTAN 100 COCHES A LA VEZ

  • Googlearte: tu historial de navegación dice que ‘te tocas’

    La mitad de los españoles busca el nombre de su próxima cita en Google, pero ¿y cuántos buscan el suyo propio? Presentamos un decálogo para manipular tu presencia online

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Se acaba 2013 y la humanidad aún no ha resuelto alguna de sus dudas más trascendentales. Por ejemplo, ¿en qué país se siguen rodando los anuncios de la teletienda? Es inquietante pensar que objetos clave para el futuro de la especie (picadoras, sartenes, anillazos) existían hace 20 años y sus anuncios llegan hasta nosotros ahora, con tanto retraso. Y como no es posible almacenar físicamente toda esa artillería de trastos «+ gastos de envío», cabe insistir ¿en qué rancho amish tienen encerrada a toda esa gente vestida con hombreras, gaseada con laca y llena de alegría consumista? ¿Eh?

    Relajando el tono, es agradable reconocer que buena parte del mundo sí ha conseguido superar el año 1992. Desde entonces hasta nuestros días, Internet ha modificado por completo la forma en la que sobrevivimos al entorno natural. Oficios de ciencia ficción, costumbres táctiles y, entre tanta novedad, nuevas formas de concebir el ego y el sexo; esa moneda. Dalí y el Marques de Sade no saben lo que se han perdido.

    En el albor de estas posibilidades, el cibersexo se extendió como una ola de calor seco. Todo sucedía sobre aquellos ruidosos teclados color gris/crema. Como en un túnel del terror: salas llenas de seres sin rostro pero con ánimo de tocamiento. Morenzas81 y Kevins18 animaron los espacios para la recreación carnal vía yemas de los dedos y por el sentido visual del asunto. Todo bastante apetecible, excepto por la constante lucha hombre-máquina. Recuerden, módems y routers estampados contra el gotelé.

    Sin embargo, las ‘salas’ de Terra, IRC o Hispachat se vaciaron progresivamente. La adaptación del modelo YouTube a la industria del porno acabó por arruinar a Penthouse y las ‘agencias de contactos’ abandonaron el envío por correo de uvehacheeses deuvedeses -sí, qué cosas- por nuevos emporios multinacionales como Meetic o Badoo.

    Precisamente ha sido Meetic la que ha publicado un estudio realizado durante el año pasado entre 1.500 usuarios de Internet entre 18 y 65 años. Con sus resultados sabemos que nada menos que la mitad de los españoles ha buscado información en Google antes de tener una primera cita. Sí, el concepto ‘cita’ es cosa de Meetic, pero el dato es de lo más llamativo. El 89 por ciento, además, busca ampliar su contacto a través de las redes sociales online tras el primer acting. Lo que se conoce por un «agrédeme al feisbul (guiño, guiño)». Un comportamiento más visto que la lengua de Miley Cyrus.

    El estudio es tan interesante que revela cómo con la edad se nos pasa la tontería: entre los 18 y los 34 años se prefieren los mensajes como principal canal para el flirteo; a partir de los 35, llamada directa. Y es que la mitad de los solteros de Europa según esta empresa han conocido a alguna de sus relaciones a través de la Red. Lo de ‘El diario de Patricia’ era verdad. 

    Lo que no revela este estudio de Meetic es algo que va más allá del tocamiento ajeno: ¿qué hay del googleo propio? Porque, no nos engañemos: amiga, amigo, te googleas en la intimidad a la espera de los mejores resultados. Escribes nervioso tu nombre, trastabillándote y, de repente, pisas el ‘Intro’. El resultado es una suma de sensaciones más bien regulares: fotos anteriores a tu tratamiento con el ácido hialurónico, aquella entrevista en plan artista con el pelo verde, los resultados del torneo regional de dardos, las fotos de la boda de tu hermano, cuatro ex novios/as besándote a plena puesta de sol en l’Albufera. Todo mal.

    En esta situación de crisis, sabiendo que la mitad de tus futuras conquistas googlearán tu nombre, sabiendo que -tensión- cualquier responsable de recursos humanos googleará tu maldito nombre antes siquiera de entrevistarte para tan deseado puesto de trabajo, aquí tienes un decálogo de urgencia para subsanar a medio plazo tu controvertida existencia en Google:

    7 COSAS QUE HACER ANTE EL GOOGLEO DE TU NOMBRE

    1. Si te llamas Antonio García, Ana Jiménez o Luis Sánchez: no hay solución. Da por imposible competir con tanto clon nominal y ganar.

    2. Si te llamas Antonio Banderas, Ana Pastor o Jennifer López, tómatelo como un regalo en forma de anonimato.

    3. Si no compartes nombre con miles de personas ni con ninguna celebridad, puedes manipular el asunto. Empieza por abrirte un blog. Nada mejor para posicionar que el texto. Usa WordPress que es fácil y efectivo y, por favor, evita ser el/la gurú de nada, aunque lo seas. Hay superávit. 

    4. Consejo capital: Todo lo que metas en Google+ se va a posicionar especialmente bien. La foto de perfil, aparecerá seguramente entre las primeras. Si lo del blog va en serio, usa la etiqueta de autor de esta red social y verás cómo sube tu posicionamiento.

    5. YouTube también pertenece a Google = buen posicionamiento. Cuando subas los vídeos de aquella despedida de soltero, no uses nombres reales. Los motes van bien para el contexto y para no asustar a nadie.

    6. Tu perfil en Twitter y LinkedIn (especialmente tu CV, por obvio que sea) también pujarán fuerte a poco que los utilices. Estarán entre los primeros resultados de Google cuando tu deseada/o te busque. Ojillo.

    7. Si alguna vez alguien publicó algo sobre ti y quieres que desaparezca de Google, olvídate. En España sólo algunas sentencias -y una vez han sido en firme y han sobrepasado recursos- han conseguido que esta compañía borre un contenido. Superponte con el blog y consigue que otros creen contenido en torno a aquella carrera de 50 metros que ganaste en el cole a los 15 años. Es pan comido.

  • Coche compartido Madrid-Valencia: el AVE tiene alternativa

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    MADRID. Durante los 12 primeros meses de funcionamiento del AVE Madrid-Valencia (diciembre de 2010 a diciembre de 2011), el número de viajerosse multiplicó por la vía ferroviaria en una proporción cercana a la de los panes y los peces en la leyenda de Betsaida.

    Si el anterior servicio Alaris transportaba unos 720.000 pasajeros al año en esta ruta, el AVE consiguió transportar a 1,9 millones de viajeros en su primer ejercicio, que sumados a los 141.000 de la alternativa ferroviaria Alvia, dan una cifra redonda con ánimo de titular.

    El impecable giro del negocio viene heredado de los viajes en avión y en coche por esta línea, que se han reducido un 55 y un 25 por ciento, respectivamente, según Renfe. Pero fuera de la excelente mejora en la cuota de mercado del Corredor ferroviario Madrid-Valencia han quedado por el camino aquellos viajeros del servicio público capaces de invertir hasta 60 euros por un trayecto de ida y vuelta.

    QUIÉN VIAJE EN EL AVE MADRID-VALENCIA

    Haciendo caso a los estudios de Renfe, el viajero tipo del AVE Madrid-Valencia es un hombre (61%) con una edad media de 44 años. Además, tiene estudios universitarios (72%) y utiliza este medio al menos una vez cada 15 días (40%). En el mejor de los casos, haciendo una media de horarios y ofertas online, el viajero de clase ‘Turista’ está dispuesto a pagar unos 90 euros por su ‘ida y vuelta’, mientras que el viajero de clase ‘Business’ paga unos 130 por el mismo servicio.

    Con la excepción de los puntuales descuentos por temporada (destacan, sobre todo, durante Navidad) o a 40/50 días vista en el calendario (como premio a la disciplina de agenda y reuniones), muchos viajeros desestiman la opción ferroviaria para esta ruta, siendo la carretera y el avión por este orden las alternativas al nuevo establishment del tren entre ambas ciudades.

    COMPARTIR COCHE: LA ALTERNATIVA POR CARRETERA ENTRE VALENCIA Y MADRID

    Sin la necesidad de hacer grandes números para comprender que la caída continuida durante los últimos tres años en el número de pasajeros que realizan esta ruta aérea entre Madrid, Valencia y Alicante nos dan un cociente total de menor número de viajes en la ruta, hay un buen número de viajeros que siguen realizando esta conexión entre ambas Comunidades por vías alternativas.

    En carretera, sin olvidar el servicio de autocar que ofrecen empresas como AlsaAvanzabus y otras compañías, con una media de 45 á 60 euros por ida y vuelta según la clase de asiento y empresa, el coche compartido ha explotado definitivamente la opción del viaje low cost y ecológico entre Madrid y Valencia. Internet es -también en este caso- la herramienta clave para que conductores y viajeros compartan sus posibilidades.

    CÓMO FUNCIONA EL COCHE COMPARTIDO ENTRE MADRID Y VALENCIA

    Las empresas que ofrecen servicios para compartir coche basan su estructura en una red social online. Las dos compañías con mayor número de usuarios registrados y activos en España son BlaBlaCar (antes Comuto) y Amovens. A través de sus plataformas online los usuarios ‘conductores’ ofrecen el trayecto, en el que además de la fecha y hora del viaje se fijan el precio y unas condiciones básicas, como por ejemplo si pueden viajar animales en el coche, si se puede fumar e incluso si habrá música de ambiente.

    Buena parte del éxito de estas iniciativas para compartir coche reside tras el viaje. Los pasajeros y el conductor se valoran dentro de la red social online a través de la que hayan realizado el trayecto. Los puntos positivos, los comentarios y las valoraciones son esenciales para que los conductores elijan entre los pasajeros, pero sobre todo para que los pasajeros elijan a su conductor entre las variables de comodidad, horario, precio y coche.  

    Con respecto a las rutas, cualquier usuario que acceda a cualquier plataforma para compartir coche online verá que la oferta es prácticamente infinita. Desde tramos cortos en provincias, entradas en ciudad grandes a primera hora de la mañana o largas distancias.

    EL ÉXITO DEL COCHE COMPARTIDO VALENCIA-MADRID EN CIFRAS 

    La Comunidad Valenciana es en ambas redes la que mayor número de usuarios tiene proporcionalmente en España. En BlaBlaCar casi el 25% de los usuarios de su red son valencianos (6.000), que sumados al 35% que suponen los viajeros de Madrid dan un total de 15.000 registrados activos en esta red con esta ruta entre sus posibilidades.

    En BlaBlaCar, desde hace 3 meses, la ruta más utilizada de España es Madrid-Valencia, seguida en este orden por Alicante-Valencia, Alicante-Madrid y Alicante-Elche. Momento idóneo para recordar que la gasolina más cara de España está en la Comunidad Valenciana por la carga de tasas autonómicas.

    Por su parte, en Amovens, sólo en lo que va de año, han multiplicado por cuatro el número de usuarios registrados en ambas ciudades y por cinco el número de trayectos de la ruta (BlaBlaCar ha tenido un aumento prácticamente calcado durante 2011). Para hacernos una idea del tráfico que genera esta iniciativa del coche compartido entre ambas ciudades, en la red Amovens existen en este momento 200 ofertas de viaje entre Madrid y Valencia para los próximos días. Con una media de cuatro pasajeros por coche, sólo esta comunidad moverá a corto plazo a 800 viajeros entre ambas ciudades. 

    Pero la cifra más importante y que determina el aumento de la actividad en este tipo de iniciativas, cuya tradición en algunos países de Europa como Alemania u Holanda viene desde los años 60, es el precio del trayecto. Variable según la ruta, en la más utilizada, Madrid-Valencia, tiene unos 15€ de media. Un precio que el viajero abona al conductor previamente o durante el trayecto y que está pactado en el momento de la reserva de la plaza.

    EL VALOR ECOLÓGICO Y ECONÓMICO DE COMPARTIR COCHE 

    En España cada día se quedan vacíos 160 millones de asientos en trayectos en coche de todo tipo. Si un 2% de estos asientos se compartieran se dejarían de emitir 3.500 millones de toneladas de CO2 (el coche sigue siendo el principal emisor de este gas a la atmósfera) y se ahorrarían 2 millones de euros en gasoleos.

    Cierto es que menos CO2 y menor gasto en combustible fósil provoca el AVE. El inconveniente es que no es accesible para todos los bolsillos, y no por eso, como está quedando demostrado, una parte de los valencianos y los madrileños se van a dejar de mover.