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  • ¿De qué sirve un 40% de share para ganar unas elecciones?

    La audiencia televisiva sierve de mucho para ganar unas elecciones en 2019. Esa es la respuesta en corto. Anoche la televisión lineal, con sus detractores y amenazas, dio síntomas de estar tan viva como en los 90. Al menos en España, porque el próximo domingo celebramos las decimocuartas elecciones generales y, este lunes, la radiotelevisión pública organizó un debate más que sonado. En primer lugar, porque su emisión ya generó una previa de titulares convertida en campaña promocional. En segundo lugar, porque la audiencia obtenida ha sorprendido a todos los analistas: 8,8 millones de espectadores de media y más de 500.000 tuits, dato que equipara el show con lo más comentados del año en el medio (final de Champions y Eurovisión).

    Con todo y con ellos (Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera), el de anoche fue el noveno debate más visto de nuestra historia televisiva. El décimo, para que se sitúen, enfrentó a Solbes y Pizarro, a quienes entre todos ya hemos debido olvidar. El de anoche se situó lejos de los Zapatero/Rajoy (2008, 13 millones de espectadores), Rubalcaba/Rajoy (2011, 12 millones) o González/Aznar (1993, 9,6 millones) y, sin embargo, superó los 14 millones de espectadores acumulados. ¿Y cuántos más si añadimos los que verán el programa a través de la televisión a la carta?. En directo, 3 de cada 10 ciudadanos con sofá en el territorio español vio al menos un minuto del debate. Y eso es mucho. Muchísimo, según los expertos que hemos concitado para preguntarnos de qué sirve un 40% de share para ganar unas elecciones.

    Primer logro para el rédito electoral: los jóvenes vieron el debate

    En estos tiempos de superproducciones de Beyoncé en Netflix y Caminantes Blancos, los datos cualitativos quizá sean los más interesantes. «Los jóvenes no pasan de la televisión si se les ofrecen contenidos que les interesen, y el debate electoral evidencia que les interesa el debate político”. Lo dice Borja Terán, periodista especializado en el medio. La franja de edad más atraída por el programa fue la de mayores de 64 años, según el informe de audiencias de Barlovento. Sin embargo, el siguiente grupo congregado fue el de los jóvenes de entre 13 y 24 años. “La gente joven no ha dejado de ver la televisión tradicional. El problema es que la televisión tradicional ha dejado de buscar a la gente joven, porque ha interpretado que un público más envejecido sostiene las audiencias”.

    La crítica televisiva Mariola Cubells abre aún más el foco: “Es hora de cambiar la manera de llamar a las cosas. Televisión es todo y contenidos audiovisuales se consumen más que nunca, así que cuando acudimos al tópico de que los jóvenes han dejado de ver la tele, hablamos del soporte tradicional. Ven contenidos de televisión como nunca en la historia del audiovisual”. Y una muestra evidente de ello es que, cuando ese contenido se sirve en el canal lineal, y siempre y cuando les interese, los jóvenes acuden allí a verlo. Terán recuerda otro caso con la televisión pública de por medio: Operación Triunfo.

    ¿Por qué este dato es relevante? Porque en el imaginario general ya se ha instaurado la idea de que estas son las elecciones de los indecisos. Según el CIS, 4 de cada 10 españoles no sabe a quién votará (10 puntazos más que en 2016), pero si concretamos en la franja de menores de 24 años la indecisión se dispara hasta los 6 de cada 10. Si el segundo grupo de espectadores del debate en La1 fue el de los menores de 24 años, la conclusión es blanca y en botella: el debate electoral sirvió de mucho para los cuatro partidos. Lejos del tópico al que apuntaba Cubells, los jóvenes tuvieron su dosis de información con respecto a los principales interrogantes en la futura gestión pública. Si los presidenciables acertaron con dialéctica y escenografía, lo sabremos el próximo domingo antes de la medianoche.

    Segundo logro (y principal): “Es un datazo”

    Teresa Díez Recio, analista digital para distintas televisiones, apunta que “lo más relevante es el incremento de 3,5 millones de espectadores de un lunes a otro. El dato es altísimo y muestra un enorme interés por el debate, recuperando la televisión una importancia central. Estos datos ya se asemejarían a unas cifras que solo supera una final de Champions, pero si acudimos al impacto social, el dato es todavía más relevanteSuperar el medio millón de tuits, como confirma Kantar, asemeja la emisión a una final de Gran Hermano e incluso Eurovisión ”. El talent show más viejo de las televisiones europeas marca el pico de interacciones sociales con un programa de televisión y el debate electoral de este lunes lo ha superado.

    Para entender los datos y su trascendencia cabe recordar que quien emitía era la televisión pública. Eso significa que la escenificación shakespiriana de Albert Rivera y su silencio —con sintonía de fondo— sonó exactamente igual a través de once cadenas públicas y privadas. Quizá por eso, el volumen de interacciones “es superior al de unos Premios Goya, pese a lo que genera por sí sola su alfombra roja. Y superior como he dicho a una final de Gran Hermano, que sigue siendo el rey de los realities, porque Supervivientes y otros no consiguen ni acercarse a sus cifras de impacto en redes”. Bien mirado, Xabier Fortes quiso aproximar el show desde la moderación a estos parámetros cuando dijo: «Les recuerdo que pueden faltarse al respeto educadamente». Quedó demostrado que no hacía falta.

    “El 40% de ayer es un datazo. Para la pública, para la privada, para el directo, para el diferido… Ya lo quisieran para sí algunas plataformas”, concluye Cubells. Terán, que conviene en el éxito de la emisión, recuerda ahora el sentido de la lucha encarnizada por su posesión la semana pasada: “ Por eso era tan importante organizar el debatepara Televisión Española y Atresmedia, porque les pone en el mapa de un gran acontecimiento. Evidencia que la televisión lineal del futuro va a seguir siendo el motor del entretenimiento que nos acompaña”.

    Tercera consideración: la realización retuvo audiencia

    Terán desconfía de una comparación histórica de shares. Al fin y al cabo, como todos insisten en recordar, aun siendo el noveno debate, nunca antes el video on demand, la cantidad, variedad y cantidad de canales disponibles para consumir televisión (por donde sea) ha sido la actual. No es comparable 1993 con 2019, pero tampoco 2008 ni 2011. Dicho esto, la cuta “falsea algunas realidades. La diferencia entre este debate realizado en 2019 o en 1999 es que en aquel año hubiera tenido una cuota todavía más alta ”. No obstante, el dato es “altísimo”. ¿Por qué esta vez la televisión lineal logró congregar a tanta audiencia sin ser una final de Champions o Gran Hermano?

    “La realización me encantó. Combinó todo el aprendizaje histórico de los debates televisivos con puntos de vista mucho más actuales. Los planos, la multipantalla, nos acercaban a la comunicación no verbal de los candidatos hasta dejarles en evidencia. Este tipo de juego visual, mucho más transversal en el lenguaje, atrapa a todo tipo de públicos”. Terán pone en valor una edición “muy viva, nada encorsetada. Fue un detalle crucial para que los espectadores se quedaran pese al debate, que fue muy previsible”. Con los discursos tan precocinados, sugiere, hubiera sido muy fácil que los espectadores se escaparan a los pocos minutos de haberse enchufado a la emisión.

    Los expertos coinciden en que lo vivido anoche en La 1 muestra a la televisión en vivo como “el medio más poderoso”. Todavía. Al menos, por lo que se refiere a grandes acontecimientos y a hechos transversales. La prueba de que “la televisión en vivo y en directo no va a morir”. Para el recuerdo también queda uno de esos errores digitales propios de nuestro tiempo: al guionista y diseñador Fran Granada se le quedaron enganchados los subtítulos de Friends durante la emisión del debate. El resultado te fascinará.

  • Jordi Évole: “Aznar y Camps son las dos entrevistas que más nos gustaría conseguir en Salvados”

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Este jueves Jordi Évole visitó el Espai Rambleta para compartir con el público una conversación junto a la redactora jefa de SalvadosLaura Gimeno, y el realizador del programa Lluís Galter. La charla conducida por la también periodista Mariola Cubells sirvió para destripar los entresijos del programa que ha alcanzado en plenitud su primera década en antena. Esto, que de por sí ya sería una proeza, se suma al logro de haberse significado como uno de los escasos reductos de periodismo de investigación en la televisión española (especialmente, desde la producción privada).

    Aprovechando su visita por València, Cultur Plaza conversa con Évole acerca de periodismo, televisión y sus impresiones acerca de la recién nacida À Punt:

    Salvados cumple 10 años, pero tus inicios fueron en el periodismo local, una realidad del oficio tan compleja como desconocida por la sociedad. Recientemente, películas como Spotlight o Los archivos del Pentágono han servido para que un gran público comprenda la distancia que hay entre el trabajo de proximidad llamado a cambiar el mundo [el primer caso] y aquellos que influyen sobre el curso político global [el segundo]. ¿Con todo tu bagaje, cuál es tu percepción actual del periodismo local?
    -El periodismo local es fundamental. Cualquier periodista que tenga que ejercer esta profesión debe foguearse allí. Y no lo digo pensando en ello como en una plataforma de entrenamiento para luego dar un salto a un ámbito mayor, ya sea regional, estatal o internacional. No, no. Es que es un entorno en el que se hacen trabajos de muchísima altura que supongo que no siempre son suficientemente valorados. El periodismo local es un entorno en el que aprender la profesión al máximo nivel porque es donde más se notan las presiones. Todas. Las económicas, las políticas, las laborales… 

    -En el local y en cualquier otro ámbito, desde siempre, el periodismo se enfrenta diariamente a su gran amenaza: la mentira. ¿Cómo se combate? 
    -La mentira se combate con preparación y esfuerzo. Con tiempo. Cuanto más preparado llegas a la entrevista, más difícil es que suceda la mentira. Luego, a veces, te la tragas. Pero si está muy preparada, se la traga el entrevistado. Se combate con documentos y hemeroteca, pero en Salvados hemos probado los dos sabores de esa realidad muchas veces.

    -Dentro de la mentira está el subgénero del relato autoconstruido; cuando la fuente se ha convencido de aquello que no fue así.
    -Hay muchos tipos de mentira, pero esencialmente está el caso de quien miente a sabiendas y de quien lo hace después de haber construido todo un relato. Y de haber convencido a muchos, a lo mejor, que la historia ha acabado retroalimentándose. Nuestro trabajo es el mismo en ambos supuestos: preguntar, preguntar y repreguntar hasta sacar el agua clara de entre todo aquello… No siempre se consigue.

    «ME PREOCUPAN MUCHO MÁS LAS VERDADES OFICIALES QUE LA POSVERDAD»

    -¿Y cómo se combate la posverdad?
    -La verdad es que está costando mucho desmontar los bulos que salen de organizaciones muy bien formadas, capaces de tejer redes de seguidores importantes y tener sus propios medios al servicio de todo esto. De golpe y porrazo alguien puede decir que la alcaldesa de Barcelona no ha acudido a la toma de posesión del president Torra. Y quien sigue a ese medio se queda con la mentira hasta que aparece una foto de ella en la que ves que sí estaba, pero quizá ese medio ya no la publica. Hay toda una maquinaria creada y capaz de influir en según qué intereses políticos, en patrocinar la mentira con el ánimo de desprestigiar.

    -¿Esa es la principal novedad, un ecosistema de medios infectados y con una gran capacidad para infectar?
    -Medios en manos de manipuladores sin escrúpulos. Gente que quiere crear un marco mental determinado. Porque no hablamos de que sean medios que trabajen a partir de una línea editorial o con unos objetivos ideales, sino de medios que generan un tipo de información totalmente adulterada. 

    -¿Cómo se reacciona ante todo eso?
    -Siendo combativos individualmente. Provocando la duda y la inquietud en quien nos sigue para que distinga que una cosa es una línea editorial y otra completamente distinta es tergiversar los hechos. Cambiar el sentido de los mismos. Sí, puede que sea algo bastante nuevo hasta el nivel que están alcanzando.

    -Hay quien piensa que la sociedad tenía un acceso más democrático antes de la llegada de la TDT. Antes de la superfragmentación de los medios, ahora convertidos en guetos para nichos, cuando había que someterse a relatos aparentemente más abiertos.
    -Para nada creo que estemos peor. Al contrario: antes era más fácil teledirigir y había muchas menos posibilidades de contrastar. No existía internet. Ahora mismo me preocupan mucho más las verdades oficiales que la posverdad, hablando de esto. Me parecen mucho más peligrosas que las fake news.

    -Pero la llegada de Trump a la Casa Blanca no se entiende sin la existencia de éstas.
    -No hace falta irse hasta Trump para hablar de fake news. Parece un paradigma, pero las tenemos a nuestro alrededor. Antes había menos herramientas y menos ciudadanía dispuesta a indagar en más fuentes por su cuenta. ¿Cuánto hubiera durado el intento de bulo gubernamental sobre el 11-M en una sociedad como la actual? Hay que preguntárselo. Yo creo que la gente duda más que nunca del relato genérico por todo esto y eso tiene su cara positiva.

    «EN ‘SALVADOS’, COMO DECÍA JOHAN CRUYFF, ‘EL DINERO LO QUEREMOS EN EL CAMPO, NO EN EL BANCO’»

    -En el caso del Partido Popular, precisamente, su reacción a la primera sentencia de Gürtel ha sido de negación y rechazo. Eso ha provocado que medios afines, replicando el discurso, hayan afianzado para cierto público que la moción de censura contra Mariano Rajoy no tenía fundamento ante esa situación.
    -Es una posición muy clara que al final redunda en que se contradiga o se desacredite algo tan sagrado como una sentencia judicial. Al final, se genera un ecosistema de informaciones que parece que uno solo pueda alcanzar la verdad si se lee individualmente la sentencia y por completo. Lo peor de todo esto es la desconfianza que se genera hacia los que hacemos de transmisores entre los que mandan y la ciudadanía, cuando el valor que podemos aportar precisamente es el de control y el de agilizar esa comunicación, ¿no? Pero por suerte, como decía, creo que en este momento hay una sociedad más crítica con la información.

    -Una sociedad bajo un tsunami de información multipantalla.
    -Eso no debería ser un problema en sí. Dentro de esa inundación informativa, como dice Iñaki Gabilondo, podemos acabar encontrando agua potable entre los medios. Porque hay de todo, pero algún charco de agua potable queda [ríe].

    Salvados podría figurar entre esos charcos. Si el modelo está asentado y funciona, ¿por qué nadie lo réplica?
    -No tengo claro que no esté replicado. No al 100%, pero hay programas herederos de Salvados como Salvados contiene rasgos de otros programas del pasado. Aun así, bueno… Salvados no es un programa demasiado rentable de hacer. 

    -Tampoco es que genere pérdidas y el equipo, los medios y la factura han crecido.
    -No es un programa asequible para según qué presupuesto. Detrás de cada episodio hay meses de trabajo, meses de investigación, muchos viajes, muchas noches fuera de casa. Esto representa una inversión constante. Nosotros nos lo podemos permitir porque, como decía Johan Cruyff, “el dinero lo queremos en el campo, no en el banco”. Pues eso, que nosotros también lo queremos en el campo. Y no paramos de invertir en nuevas cositas técnicas, en nuevas cámaras, en nuevas salas de edición, en aumentar el equipo que no ha dejado de crecer como decías.

    -¿En 10 años, cuánto ha aumentado?
    -De unos 15 o 18 hace 10 años a unas 45 á 50 personas ahora.

    -Más allá de que los recursos humanos fueran mucho más limitados, el programa y el tono de las primeras temporadas era muy diferente al actual. ¿Qué opinas al ver aquellos episodios?
    -Evidentemente, el programa no tiene nada que ver con las primeras dos o tres temporadas. Pero la evolución ha sido muy lenta. Una evolución tranquila que no ha tenido nada de revolución, sino de progresión en la que hemos tenido la oportunidad de escuchar a la gente. Mi sensación es que el público nos ha ido acompañando en el cambio cada temporada.

    -En ese sentido, ¿el programa se ha beneficiado de la falta de urgencia por el crecimiento que han tenido los inversores de laSexta?
    -Desde luego que sí, que hemos contado con algo que no pasa en España: la paciencia de los directivos. Sin esa posibilidad, ni de lejos hubiéramos llegado hasta aquí. 

    «[EN LAS ENTREVISTAS ] EL TONO AGRESIVO CASI LO HE DESTERRADO PORQUE CREO QUE NO SIRVE PARA MUCHO»

    -Revisando aquellas primeras temporadas y las actuales, el espectador ve a un Jordi Évole también muy diferente como entrevistador. ¿Hay diferencias en el planteamiento, en la estrategia?
    -La entrevista es un juego de intensidades en el que el oponente sabe que habrá preguntas inconvenientes. Se juega con el tira y afloja, dejando que se cierre o que se relaje, pero sobre todo con la capacidad de leer el momento. Hay tira y afloja si no se rompe la cuerda, pero está bien forzarla y luego relajar. Es un juego muy intenso que dura hasta que se tiene una buena respuesta. Eso es lo que buscamos. La respuesta que lo explica, que lo dice todo.

    -Analizando sus estrategias, me sorprendió que en esta temporada hubo un cuestionario sin la menor oposición o tensión: Mercedes Milà. Daba la sensación como si tuvieras una admiración especial por ella y quisieras poner en valor su legado.
    -No te lo voy a discutir… La verdad es que no lo voy a negar. Todas las entrevistan tratan de alcanzar un tono y de mantener un relato con el entrevistado. Esa entrevista lo tuvo y ni mucho menos fue agresivo. Pero quizá es una muestra de que el tono agresivo casi lo he desterrado porque creo que no sirve para mucho. En el caso de Milà, creo que lo que se merece es ese tipo de entrevista.

    -Ha entrevistado a Nicolás Maduro, José Mujica o Julian Assange. Le costó más con Felipe González o Carles Puigdemont. ¿A quiénes le haría ilusión entrevistar que todavía no haya conseguido?
    -Pues mira, no negaré que ahora mismo pienso en José María Aznar Aznar y Paco Camps, que son las dos entrevistas que más me gustaría lograr. 

    -La negativa de Aznar a Salvados es conocida. ¿Por qué?
    -No hace falta que reciba ninguna excusa. El invitado tiene la potestad y todo el derecho en decirte que no. Yo, sea quien sea, siempre agradezco mucho el tiempo que nos cede para que podamos entrevistarle. Estoy muy agradecido. Aznar está en su total derecho y me parece estupendo que no la conceda. Es una decisión. Camps en cambio nos da largas. ¡Es muy diplomático! [ríe] Lo va emplazando, pero nunca hay fecha ni aproximada ni de ningún tipo.

    -Ya que València sale en el relato, siempre ha dado la impresión de que el programa de Salvados en torno a la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio supuso un antes y un después para el equipo y para ti. ¿Fue así?
    -Lo es. Un programa que ya, por el simple hecho de hacerlo, te genera una satisfacción enorme. Una satisfacción que ya se sucedía a medida que íbamos haciendo entrevistas y trabajando los cabos sueltos que había en la historia. También fue un programa poco habitual porque ya había todo un trabajo periodístico que nos fue cedido por Barret Films. No es habitual que alguien te ceda todo su conocimiento profesional trabajado durante años para que dispongas y crees con ellos. Eso ha derivado en una gran amistad, en la posibilidad de colaborar con ellos y en que cuando bajo a València casi siempre nos vemos.

    -Hay cambios más o menos tangibles para el espectador y uno de ellos, también más propio de las dos últimas temporadas, es la perspectiva de género más allá del tema a tratar en cada episodio. ¿Se ha evidenciado esta realidad en reuniones de trabajo de Salvados? ¿Cómo sucedió?
    -Bueno, entiendo que se note el cambio y que sea algo que haya cuajado absolutamente en toda la sociedad. En el equipo de Salvados no es distinto. Son tus propias compañeras las que saben encontrar el momento para señalarte algunas preguntas que haces, para evidenciarte algunas actitudes. Te das cuenta de que lo que haces sucede a partir de actuaciones de una óptica machista incrustada. Es la marca del patriarcado que, afortunadamente, tus compañeras te la van haciendo ver. Yo admito que al principio me ponía a la defensiva, que cuesta salir de la perspectiva, pero que tenían entonces y tienen ahora toda la razón del mundo.

    -Hace unas semanas conversábamos con Carmen Aguilera y El Gran Wyoming (directora y presentador de El Intermedio) sobre la percepción informativa del programa. Aguilera consideraba una anomalía que hubiera gente que les dijera habitualmente que no veía informativos y que se informaba a través de El Intermedio. ¿Qué interpretación haces tú de ello?
    -Pues lo primero que… estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen, porque sé que mucha gente puede decir que se informa a través de El Intermedio. Me lo creo y es totalmenta factible, pero eso dice, sobre todo, de los informativos que se están haciendo. O de que no están cumpliendo con esa labor. Creo, no obstante, que es muy difícil hacer un informativo diario. Estoy convencido de que hay muchísimos compañeros intentando hacerlo lo mejor posible, pero muchas veces la información no acaba saliendo en pantalla como tú querías o cuando tú querías. Me consta cómo se intenta hacer día a día, pero hay falta de medios, hay problemas de todo tipo… lo que dudo es que no haya actitud. Ni ganas.

    -En la Comunitat Valenciana vivimos la extraña pero feliz realidad de acabar de estrenar una televisión y radio públicas, À Punt. ¿Qué pasa por tu cabeza ante una oportunidad tan singular como esta para un medio público?
    -Esa es la palabra fundamental: oportunidad inmejorable de hacer una televisión pública de verdad. Ahora mismo, sabemos en qué se han convertido todas las televisiones públicas que mires. Estatales, autonómicas, locales… Problemas de modelo y de evolución, por lo que empezar ahora debe significar eso: empezar de cero. Es una oportunidad para, de verdad, pensar totalmente diferente sin relación con modelos del pasado. Pensar en el ciudadano y en la ciudadanía e informarle de aquello que le interesa. Sobre todo, que no sean los políticos los que marquen agenda y que nosotros mismos, los periodistas, tengamos capacidad y libertad para incomodar desde los medios públicos con propiedad.

  • Carmen Aguilera y Wyoming: “Que la gente diga que se informa solo a través de El Intermedio evidencia una anomalía”

    Publicada originalmente en Culturplaza.com

    El vigilante cubre con su cuerpo el único acceso del auditorio. Con los brazos extendidos, se balancea para abarcar el paso. Está nervioso y lo demuestra poniéndose de puntillas una y otra vez. Quiere saber hasta dónde llega la cola, pero no lo ve. Baja sobre sus talones y suda. Grita: “está lleno, por favor… Está hasta arriba”. Le intento explicar que hay un asiento reservado para mí, que “soy de prensa”, que sé que “he llegado un poco justo…”. Al final, una mirada desde el interior de la sala me rescata de su labor. 

    Me abro paso entre una maraña de cuerpos jóvenes. Tienen entre 18 y 22 años y no esperan turno en el casting de la próxima edición de Gran Hermano. Tampoco se agitan a la entrada de un macroconcierto de Operación Triunfo. Quieren acceder a la Sala d’Actes Sanchis Guarner de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València. Allí van a impartir una conferencia Carmen Aguilera y El Gran Wyoming, respectivamente directora y cara visible del programa televisivo El Intermedio

    Hay trazas de justicia poética en la escena sucedida el pasado viernes 2 de marzo: Wyoming y Manuel de la Fuente –el profesor de Comunicación Audiovisual que ha propiciado el evento – comparten una profunda y documentada admiración por Frank Zappa. El inabarcable compositor estadounidense es uno de los iconos más controvertidos de la historia del rock, pero también uno de los personajes más influyentes en la crítica y el uso de la televisión al servicio de la contracultura. Su semilla ética y política está detrás de los guiones de Los Simpsons, los documentales de Michael Moore y de este encuentro.

    De la Fuente –responsable de varios libros sobre Zappa en español– y el también docente Santiago Renard completan la mesa redonda que acolchona la ponencia: Televisión en tiempos de crisis: Cómo se realiza ‘El intermedio’. Lo que sigue es la transcripción de algunas de las intervenciones más interesantes de la directora del programa y su presentador. Antes y a modo de prólogo, se añade una breve conversación con los protagonistas tras una ponencia interrumpida de manera constante por los aplausos.

    -En la charla habéis comentado lo mucho que os sorprende que una parte de vuestro público, habitualmente, os diga que se informa a través de El Intermedio. Habéis sugerido que es una evidencia de la paupérrima oferta periodística que ofrecen los telediarios. ¿Creéis que desde la situación de oligopolio entre la televisión pública estatal, Mediaset y Atresmedia es reversible esa situación? ¿Creéis que en España podremos volver a ver informativos de televisión con unos estándares de calidad similares a los británicos, franceses o escandinavos?

    -Carmen Aguilera: “He de reconocer que soy la optimista de esta pareja, así que he de decir que sí. Creo que existe la posibilidad de que la situación actual se revierta. Los telediarios que conocemos, que vemos actualmente, se reducen en esencia a titulares y a una gran cantidad de sucesos. Lo que podemos decir desde la experiencia propia en El Intermedio es que cuando le das a la audiencia buena información, la absorbe. ¡Y no solo la absorbe, la va reclamando! Para que la situación se pudiera revertir habría que empezar por recuperar unos informativos de calidad en el ente público. No cabe olvidar que no hace tantos años fueron especialmente buenos». 

    -Wyoming: “Yo también he de decir que sí, pero, como todas, esta cuestión está en manos de los ciudadanos. Si de algo me he dado cuenta con el tiempo, con los años más y más, es del convencimiento de que todo pasa por los ciudadanos. Ahora, más que nunca, son los ciudadanos los que han de provocar cambios totalmente al margen de partidos y de sindicatos. Si ha de revertirse, será porque los ciudadanos se movilizan. Esto ha de suceder porque estamos viviendo una situación como la del Consejo de Informativos de Televisión Española que, en un acto de enorme valentía, está denunciando sistemáticamente la manipulación que sufre la televisión pública”.

    -Los estudiantes han dejado claro durante el turno de preguntas que El Intermedio y Salvados se sitúan como sus únicos dos referentes de información en la televisión. Pensando en cualquiera de los canales de concesión estatal, ¿hay margen para un programa que hibride estos dos formatos en prime time? Es decir, que se dedique a la información diaria, pero con la vocación documental del proyecto de Jordi Évole y Ramón Lara.

    -Aguilera: “Nosotros somos ese programa. Somos más híbrido de lo que parece. Un formato como el de El Intermedio nos permite hacer una revista de información muy periodística. La actualidad y la audiencia que tenemos nos permiten parar en seco y aproximarnos mucho al formato de Salvados. Muchas veces, con algunas de los reportajes denuncia que hacemos, pensamos que si durasen 20 minutos más estaríamos en una línea muy parecida. Por eso creo que nosotros ya somos ese formato. La ventaja del nuestro frente a Salvados creo que es precisamente esa, que la ambivalencia de información y humor lo soporta todo». 

    -Sin embargo, es la actualidad la que marca esos dos registros. Nunca podéis prever con días de antelación si un programa se balanceará más hacia el humor o hacia el reportaje puramente informativo.

    -«Exacto. Es la agenda la que marca ese porcentaje, por describirlo así».

    -La sociedad valenciana está asistiendo al alumbramiento de un nuevo servicio de radio y tele públicas, después del cese en el derecho a la información de noviembre de 2013. Si estuviera en vuestras manos, si hubiera una cuestión irrenunciable por encima del resto, ¿qué haríais vosotros con una radiotelevisión pública que nace?

    -Wyoming: “Lo más importante, sobre todas las cosas, aprovechad que se parte de cero. Eso es lo más importante. Entender que es el momento para aprovechar y crear de cero una televisión real y al servicio de los ciudadanos. Ese es el sentido que puede tener una televisión o una radio pública y en la actualidad está totalmente desvirtuado. Como hemos hablado en la charla, la información nunca es un servicio; es un derecho. Alguien lo tiene que ofrecer a la sociedad y ha de ser primordialmente el ente público”.

    -Aguilera: “Creo que me sumo en gran medida… En todos los casos, las autonómicas empezaron a virar poco a poco a lo largo de sus diferentes historias hacia el entretenimiento. Empezaron a dedicarse al entretenimiento por una evolución natural de audiencias, supongo. No digo que no tengan la oportunidad de entretener, pero ante una posibilidad como ésta, lo más importante por encima de todo es mirar a los ciudadanos. Entender la información como un derecho y fijar por encima de cualquier otra tensión que es una tele pública. El valor de la tele pública por encima de lo demás. Por supuesto, habrá que hacerla entretenida y amena, pero desde la identidad de un acceso a la información como derecho”.

    Extractos de la conferencia Televisión en tiempos de crisis: Cómo se realiza ‘El intermedio’.

    Un origen irrepetible

    -Aguilera: “Arrancamos en marzo de 2006, así que estamos a punto de cumplir 12 años. Llevamos 1824 programas en directo en este momento. 1824 programas en directo y en España es una cosa rarísima… Pero para entenderla hay que recordar que El Intermedio nació con laSexta, cuando la cadena se ponía en marcha, y por eso la presión que teníamos con la audiencia era muy baja. Empezamos con un 0,1% de share. Lo veía nuestra familia, prácticamente (‘la mía no, desde luego’, apostilla Wyoming)”.

    -Aguilera: “Este tipo de inicio nos permitió hacer mucha prueba y error. El programa de 2006 y el de ahora son muy diferentes. Nació como una extensión de una sección de Noche H, con Eva Hache en Cuatro. Era más frívolo y tenía el enfoque de aquella sección, La guerra de los medios. Era un momento en el que Tersch y Losantos mantenían una guerra y el mundo parecía totalmente distinto según a quien escucharas. Entrevistábamos a periodistas, analizábamos a los medios. La inflexión llegó con la crisis. En torno a 2008 empezó a cambiar todo y tuvimos agilidad. El Intermedio es como un transatlántico y no puede cambiar de un día para otro, pero se aclimató bien a la crisis. Fue girando hacia la información. Llegó la crisis y con ella la denuncia de los desahucios, de las desigualdades, del paro… Fuimos traduciendo esa realidad y nos permeabilizamos muy bien. Ese fue el éxito”. 

    -Wyoming: “Con ese prueba y error, nosotros tenemos una ventaja. Hay un punto interactivo que nosotros tenemos mientras que el informativo tiene una escaleta determinada. Mientras veníamos hacia València comentábamos que hay días en los que el informativo puede durar 10 minutos y otro dos horas. Pero dura siempre lo mismo. Nosotros no teníamos límites de escaleta. Nosotros nos permitíamos contar cosas a distintos ritmo. Dedicarle más tiempo, hacerlo más despacio… ese límite no lo teníamos”. 

    -Wyoming: “La teoría del prime time dice que la gente llega a casa cansada de trabajar. Que no quiere líos. Que no quiere saber nada. Vamos, que el público es gilipollas en sí. Lo que no tienen en cuenta es que esa persona que, efectivamente, tiene una jornada muy larga, durante el tiempo que está empleado, muy a menudo, no está en un proyecto que le cultiva. Y quiere saber”. 

    -Wyoming: “Nacimos en una cadena que no nos pedía nada. El Intermedio no existiría en circunstancias normales porque el fundamento del prime time es que hay que dar no-contenido. Luego el programa fue creciendo y sigue creciendo. El prime time deja a un público fuera. Se hace televisión para un 50%. Porque la gente, efectivamente, quiere saber. Y sabe. Ya se busca el medio que haga falta. Nosotros con este programa lo hemos conseguido”.

    La fotografía actual de los medios

    -Aguilera: “Es una anomalía que haya gente que diga que solo se informa a través de El Intermedio. Eso evidencia que algo se está haciendo mal en este país. Es cierto que, actualmente, nosotros tenemos una redacción muy reforzada. Medimos mucho periodísticamente lo que contamos porque hacemos críticas demoledoras. Por eso, tenemos que estar muy seguros de lo que sacamos. Contrastamos incluso por encima de lo publicado, porque si vamos a por un tema no solo vamos a tirar un titular: vamos a ir a hemeroteca, vamos a salir a la calle y hacer encuestas… Si nos equivocamos, tenemos que rectificar y es muy doloroso. Ya nos ha pasado”. 

    -Wyoming: “Sí ha cambiado la situación de los medios de comunicación en España. Ahora están en manos de grandes corporaciones. Antes había diarios independientes que tenían una línea editorial. El Alcázar, ABC o El País eran independientes. Desde Torcuato Luca de Tena (ABC) a Juan Tomás de Salas (Grupo 16, Diario16). Que fueran independientes no quería decir en ningún caso que fueran asépticos, que es una estupidez, porque son personas, tienen su punto de vista. Pero recibían presiones que se toleraban o no. Ahora, si por ejemplo ves el árbol de empresas al que pertenece el Grupo PRISA, dentro de sus propietarios, está en un rinconcito. Si desaparece de ese árbol de empresas, el árbol ni se tambalea. No pasaría nada. Aquí las empresas periodísticas ya no deciden absolutamente nada y esto sí es una novedad. Esto, de alguna manera, hace que se resienta la calidad de la información. Es algo que estamos pudiendo ver también en el caso del independentismo catalán”.

    -Wyoming: “Vivimos en un sistema menos plural de lo que pensamos. Es cierto que ahora hay buenos medios online y buenas redes [también online, se sobreentiende], pero a día de hoy hemos de aceptar que tienen poca incidencia en la sociedad. La gente sigue confiando en los grandes diarios”. 

    Cómo se hace El Intermedio

    -Aguilera: “Nuestro equipo es atípico: tenemos a 15 guionistas que trabajan por parejas. Según el tema, tienen adosado a uno o dos periodistas. Hay una primera reunión con los temas del día y se asignan a según qué equipos. Van trabajando sobre ello y a partir de las cinco de la tarde se corrige el guión. Hay mucho, mucho trabajo que se tira. Las razones principales son: no tratar siempre los mismos temas, no repetirse, ser originales, arriesgar en según qué casos, editorializar en algunos temas… Los guionistas de El Intermedio son muy humildes”

    -Aguilera: “El guión ha de salir en torno a las ocho y media. Nunca es demasiado pronto para Wyoming, pero la premisa es mejorarlo y tener algo de tiempo para ensayar, entre las ocho y media y las nueve y media. En esa pelea es en la que nos encontramos cada tarde él y yo. Hasta el momento en el que dice ‘Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad’, hasta ese momento, puede haber algún cambio, en el ensayo, pero cuando él lo dice, el guión es de hierro. Lo es porque, además, en el humor solo puedes trabajar desde la precisión matemática. Esto es sujeto, verbo y predicado. Si eso se duda, se acabó el efecto con el que habíamos estado trabajando todo el día”. 

    -Aguilera: “Las líneas rojas son: no hacemos sucesos y no atacamos a los débiles. El humor es un arma contra los poderosos. Cuando el tema es más grave, se dramatiza a través del género o la forma de actuar. No incluímos a gente extraña, friqui. Somos muy respetuosos con eso…”.

    -Aguilera: “La incorporación de Sandra Sabatés fue muy importante cuando giramos a un formato más informativo. Sandra es una profesional absolutamente fiable y tiene esa capacidad de, cuando te da una noticia, te la crees. Es una prescriptora de información estupenda. Además, nos ayuda a aportar nuevas secciones como entrevistas. Es una suerte trabajar con una mujer tan seria y profesional”.

    -Aguilera: “Puedo decir que nadie nos mira la escaleta. Nadie nos dice qué temas podemos tratar. Y si suenan teléfonos, como directora no me entero. Los productores ejecutivos hacen de intermediarios. Trabajo con total libertad. Otra cosa es la presión que nos metamos nosotros mismos. La presión que nos metamos por la audiencia, porque cada día te desayunas con el dato. Cada día. Es una presión tremenda porque ves minuto a minuto y analizas qué ha sucedido, mientras que no debes dejar que esa presión cambie el programa”.

    -Wyoming: “Ahí estamos y ninguna otra cadena nos imita. Eso me lleva a pensar que cuando desaparezca El Intermedio desaparecerá el formato. Ahora vivimos en una isla, afortunadamente, de la cual nos nutrimos”.

    -Wyoming: “Quiero decir una cosa. Ella es la responsable. Es la autoridad principal y la veis aquí con esta pinta de buena persona, tranquila. Bueno, pues es real. Es tan así de tranquila. No hay histerias”.

    La televisión actual

    -Wyoming: “En la televisión actual no sale gente normal, pero esto se dice poco. Sale solo gente diciendo sandeces, personajes extrañísimos. Se representa a una juventud que no me interesa nada. Cogen el reality y del reality un debate que da una supuesta visión de la realidad. Esa realidad es puramente televisiva. La gente normal no sale en televisión y se ha creado una legión de personas, los tertulianos, que opinan por la gente. Por eso creo que la televisión se ha vuelto completamente ajena a los ciudadanos”.

    -Wyoming: “Lo dramático es que llevar a escritores, teólogos o ensayistas a hablar en televisión. ¿Cómo puede ser insólito? Gente que ha dedicado una vida a la docencia, a saber de una cosa, que tienen una verdad… ¡pues que la expongan! Lo insólito es que esto sea insólito. Eso es lo dramático. La televisión no refleja en absoluto el mundo en el que vivo. La televisión se dedica a ‘cómo rellenar esta hora para que otro no lo cuente’. La pantalla nunca había tenido tanto sentido con su significante: apantallar la realidad. A eso se dedica la televisión. La gente que sale es anormal y esto es lo que no debe ser”.

    -Wyoming: “No sé cómo se puede seguir pensando que las televisiones son privadas. Todas son públicas. Existen por concesión pública. Otra cosa es que incumplan sistemáticamente los pliegos. Pero todas son concesiones del Estado. Por eso el ministro de turno puede descolgar el teléfono y recordarle a quien toque que dentro de dos años tiene que renovar la concesión”.

    El compromiso 

    -Aguilera: “La gente detecta enseguida que programas como Salvados o El Intermedio tienen un compromiso social. Que son sensibles a los derechos sociales. No somos equidistantes. Cuando nos metemos en algunos charcos lo hacemos hasta el fondo. Nos comprometemos con muchas historias, pero, por otro lado, es un trabajo descorazonador. La gente se acerca a nosotros en busca de ayuda y en España es infinita la cantidad de casos con gente que lo pasa mal. A nosotros nos escriben permanentemente. Pequeños dramas que son tremendos. Como programa nacional nosotros no abarcamos, no llegamos a hacerle caso a todo. Percibimos claramente que hay mucha gente que está muy huérfana, pero creemos que es la Administración quien debe atenderla”.

    -Wyoming: “Para mí la vida ya es un coñazo. Estoy todo el día haciéndome fotos y, de verdad que es insoportable. La gente se cree que yo tengo poder. Me cuentan todo tipo de cosas. Me vienen padres con el curriculum, que te ruegan que les contrates… ¡como si estuviera en tu mano! Es muy frustrante. La gente se confunde mucho. A veces, a través de redes, me llegan comunicados de que el Gobierno va a acabar con El Intermedio y es reflejo de que muchos piensan que es insólito que haya durado tanto. Eso es positivo porque demuestra que tenemos una barrera delante. Va a ser difícil que se lo carguen como hicieron con Caiga Quien Caiga. Aquella vez me dijeron que el formato estaba agotado y luego lo intentaron replicar dos o tres veces más. En aquel caso hubo una razón que nunca me han contado, pese a que me reunieron para ello, pero nunca me supieron decir. Se metieron en un jardín que generó mucha protesta”. 

    La capacidad de penetración del humor

    -Wyoming: “El otro día un señor en una gasolinera me dio las gracias por el programa. Le dije que muy bien, pero que llevamos 11 años criticando a los mismos, que por lo menos los del principio ya podían estar en el trullo. Que seguimos con los mismos protagonistas, pero con fechorías nuevas. Y me dijo una cosa, me dijo: ‘no te equivoques, lo importante es el consuelo que dáis’. Yo pensé, ¿cómo? ¿Un consolador? Yo… que siempre había tenido muy mala fama en este aspecto… Pensé que hay gente que realmente se encuentra en una situación complicada, que vive una realidad y que ve que a su alrededor todo lo que sucede es para joderle”.

    -Aguilera: “En esto tiene mucho que ver el humor. Que le cuenten todas las historias terribles del día con humor, es una herramienta de crítica potente. El humor se dice que tiene esa capacidad de ser la venganza contra el poderoso. Con la que decimos, ‘qué horror’, pero aún así nos podemos echar unas risas”.

    -Wyoming: “Si yo soy el consolador, ¿podemos decir que el humor es el lubricante?”.

    -Aguilera: “El mérito de nuestros guionistas es increíble. A Wyoming es cierto que no le puedes dar un mal chiste, pero si le das un chiste de 6 o 7 de nota, él lo eleva a nueve. Buena parte del éxito tiene que ver con que hayamos configurado un equipo estupendo. Personas estupendas, talentosas y buenos compañeros. Se hace muy llevadero todo el proceso porque nos hacemos muy amigos”. 

    El estado de la libertad de expresión

    -Aguilera: “No creo que la libertad de expresión esté dramáticamente amenazada, pero hay un claro retroceso. Una involución que podemos ver con la inflamación del Código Penal a través de la Ley Mordaza, el tema de los delitos de odio, etcétera. Los jueces están muy sensibles y eres consciente de que hay búsquedas expresas de delitos a través de las redes. Por eso hemos de estar realmente vigilantes. Los derechos como la libertad de expresión son conquistas tremendas en la historia que no podemos perder. En cualquier caso, no todos los casos que conocemos son iguales, son distintos, pero todos apuntan a una desproporcionalidad. Las canciones de Valtonyc pueden ser desagradables, pero no puede pasar años en la cárcel por ellas. Debe haber otras soluciones”. 

    -Wyoming: “Hubo un caso anterior al que no se le dio la suficiente importancia: el caso de los titiriteros. Nadie conocía que había pasado exactamente. El tamaño de la pancarta por la que fueron públicamente juzgados era del tamaño de una tarjeta de visita. Esos profesionales estuvieron detenidos bastante tiempo, la Audiencia Nacional montó un pifostio y sabían que todo era falso. Dio igual que estuviera clarísimo. Dio igual. En Madrid sufrimos el mayor atentado de la historia de este país, el 11-M, y a la presidenta de su asociación de víctimas, Pilar Manjón, se le llama sistemáticamente puta, hija de puta, se le dice que su hijo no iba en el tren y se le amenaza de muerte o de violación. Jamás a ningún miembro de las fuerzas del orden se le ha oído decir siquiera que investiguen estos mensajes. No seamos ingenuos a la hora de hablar de la libertad de expresión. Hay unos señores que gobiernan y que toman una deriva política en contra de la Constitución”. 

  • Alberto González (Querido Antonio): «Vivimos en una censura democratizada»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    A falta de una mejor memoria colectiva, la Historia del Arte en general y la hemeroteca en particular nos sirven para recordar que los movimientos culturales que transgreden a su tiempo surgen en el undeground. Sin embargo, las vanguardias encargadas de violar el contexto social se han topado este siglo con una realidad comunicacional inédita en la Historia: internet. Allí opera una generación de artistas y pensadores que durante los últimos años ha empezado a definirse en torno a los buenos propósitos de ese legado en construcción: hacer uso y apología de sus libertades, deformar y detonar la corrección política, y sacudir a la obesa y precaria sociedad del bienestar.

    Este viernes, uno de esos agentes dobles, de los que operan desde una creación subversiva y cuyo mensaje se convierte en masivo a base retuits y grupos de WhatsApp, visitaba València. Lo hacía junto a su compañero en El Intermedio Fernando González (Gonzo) y en el contexto de Factoría Rambleta. Lo hacía con su nombre, Alberto González Vázquez, con el que ha publicado un par de libros (Humor cristiano y Todos los hijos de puta del mundo) y, entre otras tantas cosas, acaba de firmar el primer videoclip del nuevo álbum (Disco duro) de Joe Crepúsculo:

    Por él, titulares como «A Rajoy le explota la cabeza en el último videoclip de Joe Crepúsculo» cargaban este mismo viernes las filias y fobias en torno a Querido Antonio, el nombre con el que González Vázquez se ha hecho popular en el entorno online. Popular a partir de su trabajo como guionista y autor de satíricas cortinillas para el programa que presenta El Gran Wyoming, conocido también por sus viñetas para El Mundo Today e ideas para Orgullo y Satisfacción, autor de animaciones para textos de Juan José Millás o vídeos musicales de Miguel Bosé, aprovechamos su paso fortuito por la ciudad para conversar con él.

    -En televisión has trabajado con distintos equipos de guionistas. Desde el programa de sketches junto a Borja Cobeaga pasando por Muchachada Nui y ahora El Intemedio. ¿Qué rol has ocupado en esos equipos creativos?
    -Distinto rol, la verdad. Han sido programas muy diferentes. En un programa de sketches, por ejemplo, tu papel queda bastante difuminado. Y así fue el caso. En El Intermedio tengo un papel mucho más independiente, con una voz mucho más propia. Trabajo solo, en silencio, de hecho. Veo los brutos, los ejecuto a la vez. Con esos vídeos todo empieza y acaba en mí, así que todo esto funciona de puta madre si eres un poco autista. Resulta bastante interesante así.

    -Descrito así y teniendo en cuenta qué supone El Intermedio en el contexto televisivo, ¿eres consciente de estar en una especie de isla de libertad en pleno prime time?
    -Pues… no soy muy consciente de estas cosas, pero sí hago ese ejercicio de plantearme la suerte que tengo en este espacio de televisión. Si lo piensas objetivamente, se acerca bastante a lo que podría llamarse un trabajo ideal. Tengo una independencia absoluta más allá de las limitaciones obvias del trabajo en televisión. Me refiero a lo que tiene que ver con los horarios, los tiempos, las entregas… para todo el mundo. Así que sí, valoro bastante la libertad y difusión que me concede trabajar en un sitio así, haciendo lo que hago. Llevo 11 años haciéndolo y sigo disfrutando de ello.

    -¿Con el equipo, has comentado alguna vez que los buenos datos de audiencia quizá no duren para siempre?
    -Entre los compañeros, sí, claro. El programa lleva 11 años y desde hace 10 llevamos vaticinando la defunción de El Intermedio a un par de años vista. Siempre decimos, ‘bueno, en un par de años…’, y cada uno fantasea con lo que hará después. Pero no tiene fin. La coyuntura política ha facilitado el crecimiento de audiencia. Me refiero al hartazgo político. Y el programa es lo suficientemente flexible como para reconvertirse. Ha habido muchas novedades y eso es bueno. A la audiencia todo le cansa rápido, pero no para de haber novedades. Ahora tenemos un nuevo actor en escena, Trump, que es una constante de posibilidades.

    Foto: ESTRELLA JOVER

    -Tu trabajo ha provocado reacciones muy críticas, sobre todo a través de las redes sociales. ¿Alguna vez has llegado a ir a juicio por ello?
    -Al programa ha llegado alguna denuncia, pero era tan absurda… Si alguna vez ha llegado algo ha sido tan nimio que mi sensación es que solo ha servido para hacerle perder el tiempo a la justicia y sobre todo al tío que denuncia. Pero bueno, esas reacciones o esas denuncias tienen que ver con el absurdo en el que estamos viviendo en general. La persecución que tiene todo que ver con la Ley Mordaza. La persecución pública de la libertad de expresión. Y es algo que aterra bastante, que me atañe bastante. No en mi trabajo para El Intermedio, porque ahí tengo el parapeto del programa, pero sí como persona, cuando me expreso por mi cuenta. Por ejemplo, en Twitter. Pasas a tener todo el tiempo cierta cautela. Vivimos en una censura democratizada.

    -¿Es posible que la corrección política sea la consecuencia de esa Ley Moradaza? Es decir, que la democracia en su estado de maduración y corrección, haya propiciado que los censores se envalentonen.
    -Me resisto a creer que es así, porque me parecería una traición tan grave… Lo que asumo es que si digo tal o cual cosa hay 15 gilipollas que van a pedir mi cabeza en Twitter. Esas tormentas creo que están sobredimensionadas. Es cierto que vivimos en una época complicada. La censura democratizada que se ejerce sobre los autores, los linchamientos masivos en redes sociales, se ha convertido a veces en algo pero que una censura. Es una censura más abitraria que la de cualquier estado fascista. Ahora es muy fácil escandalizar a la gente y no sé nunca si es porque hay muchos tontos o porque con las redes sociales hay mucho ruido. Es bastante preocupante. 

    -¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
    -La libertad de expresión no ha sido un problema cuando ha sido ejercida por los medios de comunicación sobre los que se ejercía un control. Ahora, cualquiera tiene ‘su canal’, su ‘medio de comunicación’ y hace uso de la libertad de expresión. Resulta que eso se ha vuelto peligroso. Por eso tengo la sensación de estar viviendo una especie de germen o de semilla de lo que puede pasar en el futuro. Me refiero a controlar voces disidentes, a localizar a voces molestas. Y, de paso, todo esto, sin que nos paremos a pensar un rato en cómo funcionan o qué son las redes sociales.

    -¿Tienes la sensación de que la sociedad o tu entorno de creadores va entrando en una etapa de autocensura en las redes sociales?
    -Me resisto a creerlo, pero creo que, inevitablemente, sí. Es una pena porque es obvio que no puedo hacer los mismos chistes en Twitter que hago en privado. Antes del nacimiento de las redes sociales ya existían esos chistes en privado y creo que es algo de lo que se ha hecho un aprovechamiento muy ilícito. Me refiero a que, en aquel entonces, esa barrera, no estaba tan clara y, bueno, tampoco me parecería mal que no estuviera clara si la gente fuera capaz de asumir ese humor, esa idea más extrema. Pero no es el caso. Entonces, ven una idea tuya de 2009, de cuando Zapata tenía 120 seguidores en Twitter, y la usan hoy. A mí me parece una violación de la privacidad y del sentido de aquel mensaje en aquel momento. 

    -No suele haber  espacio para hacer entender que la gente cambia de opinión. Sobre todo, gente que durante el nacimiento y crecimiento de esas redes sociales ha tenido edades todavía no tan adultas.
    -Sí, claro. Generaciones que han crecido justo mientras todo esto sucedía. Que se abrieron el Facebook con 17 años y hoy tienen casi 30. O que tienen 17 ahora. ¿Cómo vas a juzgar igual a esa persona? Una persona que en esos años ha evolucionado muchísimo hasta ahora. Es algo que no hay tiempo para tener en cuenta. Pero claro, esto no lo podemos ver en el Twitter de José María Aznar cuando tenía 17 años. Para mí tendría un gran valor eso. Asomarnos a eso. Es una curiosidad.

    • APUNTES DE LA ENTREVISTA
    • La entrevista es telefónica. Mientras desayuna, a las 9am.
    • Alberto prefiere hacerla a esa hora porque luego su biorritmo se alinea con la frenética escritura de El Intermedio.
    • (Casi) Nunca ve el programa en casa.
    • Su trabajo es solitario y parte del visionando imágenes de agencia. -Su ‘musa’ es la Agencia EFE.
    • Además de guionista y viñetista, es el autor de un gran número de cortometrajes y videos en los que la claridad del mensaje se sobrepone a las precisiones técnicas audiovisuales.
    • A sus pensamientos y obras le rodean amigos en Madrid entre los que se encuentran artistas como Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga o el mismo Joe Crepúsculo.

    -La opinión pública tampoco tiene muy claro qué valor añadido aportan expresiones de libertad como Orgullo y Satisfacción [cerrará a final de año]. Quizá no está dispuesto a pagar por ello porque tampoco tiene muy claro qué le va a reportar hoy y en el futuro.
    -Es un caso que, sí, tristemente… es la libertad de expresión en su máxima expresión, valga la redundancia. Y de la que se benefician muy pocos, aparentemente. No es algo que la opinión pública perciba que va a influir en su vida diaria. Nuestro problema es esa percepción marginal. El problema de que nadie va a pelear por defender la libertad de expresión por ti. Nadie se pone a defender nada que no perciba que le afecta en particular. Así que esto se convierte en una batalla de muy pocos individuos dentro de una masa infinitamente mayor.

    -¿Y cómo se combate en esa batalla?
    -Negándose a claudicar. Hace nada tuve un amigo que tuvo un buen jaleo por Twitter, pensando en si borrar el tuit, disculparse y su puta madre. A mí son cosas que me parecen muy truculentas de esta sociedad, pero yo en estos casos, siempre digo lo mismo: el error es disculparse. Eso es dar la razón. Eso es ponerse ‘la mordaza’. Así que hay que aguantar y hacer una labor divulgativa de lo que ahí sucede porque siempre hay alguien que está dispuesto a escucharla y comprender [hay reflejos al grueso de esta conversación en el videoclip arriba enlazado].

    -¿Cuál sería el genotipo del violento en las redes?
    -La gente más agresiva, en un porcentaje altísimo, tiene una bandera en su avatar. La bandera de su región, la de España, el escudo de un equipo, el logo de un partido político… nadie se imagina hasta qué punto eso es una constante. Yo creo que merecería la pena estudiarlo. 

    -Volvamos a hablar de tu actividad. ¿Ves el programa?
    -No. Casi nunca. Es una cuestión de biorritmo. Después de pasar todo el día allí y de estar al tanto por imperativo de todo lo que va a suceder, cuando llego a casa o cuando salgo del trabajo, lo último que quiero hacer es ‘seguir en el trabajo’. 

    -¿Cuál es tu fuente primordial de ideas para esas cortinillas?
    -Mi mayor fuente de inspiración es la Agencia EFE. Lo que hago, básicamente, es ver las imágenes de las agencias y pensar en ello. Solo. Mi sensación es que meto ideas en esos huecos de las imágenes. A menudo en los espacios donde nadie ve nada de esas ruedas de prensa que acaban en los telediarios. A mí me gusta así el trabajo, mirando esas imágenes en solitario. Espero que siga así.

    -¿Cómo surge ese ‘puesto de trabajo’?
    -La idea ha ido evolucionando, pero cuando empezamos no sabía muy bien qué iba a ser, qué iba a hacer. Las primeras propuestas eran algo así como mezclar cosas, cuanto más dispares mejor. La televisión no es algo inabarcable, es algo finito, y los contenidos son muy parecidos, así que mezclar a un político o a Ortega Cano con según qué otros brutos le da un dramatismo poderoso a la pieza. Es fácil, visto así. Y vas probando cosas todo el tiempo. Muchas no encajas, pero sigues. 

    -No ves El Intermedio, ¿pero ves televisión?
    -No mucho. Lo que me toca por imperativo laboral. La televisión que veo es HBO y Netflix.

    -En la extinta Canal Plus, dentro de su programa Lab, llegaste a tener un proyecto de serie con ciertas conexiones a tus vídeos para El IntermedioCien enfermedades incurables. ¿Qué fue de ella?
    -Ni siquiera llegó a suceder. Iba a ser una especie de… no sé. No llegó a definirse. Recuerdo que era una idea muy experimental y que nació justo antes de que empezara a haber recortes por todas partes. El proyecto Lab no salí a flote y se quedó un poco varado, aunque yo lo rescaté por mi cuenta. Saqué varios vídeos. Uno de ellos es el que nutre a Los reyes magos, que es de los más populares que he tenido. Todas esas ideas están por ahí colgadas.

    -Te lo pregunto porque dada la cantidad de material audiovisual que has creado durante estos años, tu conocimiento del medio y tus relaciones, ¿nadie te ha propuesto hacer una serie? ¿Tienes en mente esa posibilidad?
    -Bueno, es algo que está ahí. Es muy complicado, claro. Me parece un trabajo gigantesco… inabarcable. Me aterra. Acostumbrado a trabajar rápidamente para obtener resultados. En plan, ¿qué haré hoy? Haré siete vídeos que empiezan y que acaban. Y el retorno en unas horas me satisface mucho. Hacer el trabajo y obtener un feedback en cuestión de horas… creo que me he malacostumbrado a eso. Es mi terreno, mi zona de conforto. Lo que no sé es si lo ha sido siempre, pero como lo he trabajado y es algo que está en mi carácter, pensar en una serie… es un mundo.

    -En toda tu obra hay un rasgo distintivo, casi obvio: el mensaje por encima de todo. ¿Qué piensas de aquellos que te rodean en el audiovisual o en la ilustración y que supeditan la publicación de su trabajo a conseguir los recursos técnicos más altos?
    -Me he encontrado bastante con esto y me parece absurdo. Lo único que importa, desde mi punto de vista, es tener algo que contar. Soy muy desprejuiciado con eso. Me lo paso por el arco del triunfo. No me interesa. Lo fundamental es que lo que cuentas se entienda. Para conseguir eso, tienes que alcanzar un mínimo común denominador. Si me hubiera tenido que esperar a tener una Red One [una cámara profesional] para hacer cortos… estaría esperando todavía. No habría contado anda en mi vida. Y si no puedo contar con un ilustrador acojonante para contar cosas, pues le doy salida. El tema técnico lo he percibido mucho más en el cine. Los cortometrajistas tienen estas cosas. Pero bueno, ahora creo que se puede hacer una pieza con bastante calidad técnica, más que aceptable, hasta con tu móvil.

  • Generación Babalà: así fue el primer club televisivo de los ‘millennials’ valencianos

    Publicado originalmente en El País

    La televisión de los 90 en España se apoyó en una fórmula irrepetible. A saber: el oligopolio del mercado, la valentía de la ignorancia en productoras y canales, el dinero público en semitransparencia y la edad media de sus equipos. Eso y lo bien parecida que era la excentricidad y el arte en una televisión –al fin– libre. Para muestra, una precuela: La Bola de Cristal, con Alaska, Santiago Auserón o Kiko Veneno. A su consecuencia, los programas infantiles en las nuevas televisiones públicas: Club Súper 3 (TV3, 1991), La Banda (Canal Sur, 1994), Xarabín Club (TVG, 1994) o Cyberclub (Telemadrid, 1997). Y antes de todos estos, A la Babalà, el programa infantil de el extinto Canal 9 (1990).

    Esos eran los contenedores que armonizaban la emisión de series tan distintas como Bola de DracEls guardians de la GalaxiaLes tres bessones o Doraemon. La fiesta del croma y los concurridos platós de directo convirtieron a sus presentadores en los primeros influencers de carne y hueso para la generación millenial. Eran auténticas estrellas de rock que, además, hablaban su propia lengua. Levis 501, pantalones de campana, Ruta del Bakalao y Los Planetas. Todo a su debido tiempo y con la licra como material conductor para un escaparate de intensa influencia en una generación de valencianos que, más que millenials, son la Generación Babalà (o, como poco, ambas cosas).PUBLICIDAD

    A la babalà: los inicios sin experiencia

    El nombre se lo puso su primer director, José Ramón García Bertolín, inspirado por unos apuntes de las oposiciones que estudiaba su esposa: “Tenía una lista de expresiones en desuso. Esta me pareció tan bonita… Explica como hacen las cosas los niños, a lo loco”. Él también fue quien propuso que su presentadora fuera “esa chica joven que enseñaba a los colegios las instalaciones de la nueva tele”, como cuenta la propia Fani Grande. Su compañero, Diego Braguinsky, había sido el rostro de Canal 9 en su mensaje de bienvenida y participaría durante décadas tanto como presentador de programas (Amor a primera vista) como, sobre todo, actor de series (L’Alqueria Blanca).

    Grande acompañaba a los niños por los nuevos platos donde jugaban a realizar programas no escritos. “Lo último que esperaba era que me cogieran. Me quedé muy sorprendida porque no tenía ninguna experiencia en cámara, pero acepté porque me gustó mucho la idea. Teníamos a Carles Cano y Carles Gámez de guionistas”, referentes hoy en día como escritor de literatura de infantil y como periodista, respectivamente. La azafata reconvertida en actriz y presentadora asegura que su recuerdo más poderoso fue “la cara de asombro y de felicidad, la entrega de cada carita, cómo aplaudían…”.

    Se refiere a un programa vespertino, con decorados y premios diseñados por Alicia Caparrós (els quiquets!) en el que los colegios competían y había premios como un televisor o un telescopio. Cualquier niño a inicios de los noventa con uno de esos dos artilugios en su habitación podía pasar como el más guay de la clase.

    Hoy escritora y bloguera, Grande recuerda que cuando abrió su cuenta en Twitter, en 2012, el reencuentro con la generación Babalà fue “una de las cosas más felices de mi vida pública. Tanto que, aunque cueste creerlo, he vuelto a ver en algunas caras esa admiración por una época televisiva”. Pero en aquel tiempo TV3 apretó el acelerador y abrió su ancho catódico al Club Súper 3 con Petri, Noti y Tomàtic. Tres personajes con mucha personalidad y sus propias historias de ficción. El croma, que era toda una innovación, dotaba de escenarios infinitos a las ideas de un club –esa era la clave– en la que se potenció la interacción de los niños a través de la carta, el fax y el teléfono. Pese a los muchos contenidos compartidos gracias a las compras de la FORTA, TV3 contó con ingentes recursos para doblaje y sonido. En un territorio de lengua compartida, las autonómicas empezaron a competir (años después, el Gobierno valenciano capó la señal llegada desde Cataluña) y en Canal 9 a imitar el modelo norteño.

    Babalà Club: Dragon Ball, croma, rap y bakalao

    El 2 de marzo de 1991 se emitió en Canal 9 el primer episodio de Dragon Ball que junto a Dr.SlumpMusculmán, Shin Chan y Doraemon sería una de las series japonesas por las que se libraría una batalla de audiencia entre autonómicas. Las tiendas de fotocopias, que por aquel entonces eran un negocio de lo más boyante, mantenían una línea B de ingresos con unas carpetas de anillas por las que podías llevarte a personajes y escenas de aquellas series en blanco y negro (especialmente de la de Goku, Vegeta y Satanàs cor menut o Satanàs cor petit, según tu lugar de residencia). Las variedades dialectales iban discriminando públicos y la guerra por las cuotas de pantalla y los horarios estaban lanzadas con la franja infantil. La valenciana pareció resentirse y RTVV lanzó un casting para replicar la idea del trío de aventureros disparatados sobre un croma. De hecho, Club Súper 3 fue el primer programa en España en usarlo y Babalà Club el segundo. Algo para lo que abandonó –y fue una separación decisiva– los estudios de Canal 9 en Burjassot.

    En octubre de 1992, Ricardo Jordán, Carme Juan i José Vicente Baynat se convirtieron en Xoni, Poti y Tiriti, respectivamente. Elegidos entre más de 100 candidatos en aquel casting, los personajes empezaron a mezclar música actual e histrionismo. Croma-key y libertad de pensamiento a unos kilómetros de Burjassot. Y si hoy nos parece de lo más avanzado coger los cuentos clásicos para darles una vuelta y contar una historia loca toqueteando estereotipos, YouTube nos permite recordar que en las tardes de pan con nocilla, Bola de Drac y “¿ya has hecho los deberes?”, se podía disfrutar de una Caperucita Roja revisitada así.

    Jordan recuerda para El País algunas anécdotas y advierte el aprendizaje suyo y de otros actores “a un medio nuevo. La repercusión nos alucinaba bastante viniendo del teatro”. El ahora también productor ya llevaba unos años trabajando, pero dar el salto del teatro a la televisión fue un impacto acusado: “los niños me pedían por la calle que volara porque eso era lo que veían que hacía en pantalla… sobre el croma, claro”. Xoni era un marciano con patillas largas, sin cejas y cabeza rapada. Junto a Poti y Tiriti las versiones de rap y de techno –otra muestra de las influencias de la Ruta, como en las promos de Dragon Ball– se sucedían para estimular a los jóvenes. Sin complejos, mientras que la música para adultos era todavía de otro tiempo y en playback, los mensajes y las producciones musicales para el programa infantil no tenían límites.

    Tener el carné del Babalà

    En realidad la idea más importante del programa había germinado por otra vía y, sí, con la acusada referencia de la televisión catalana: A la babalà pasaba a ser Babalà Club (Club Súper 3 es a día de hoy el club con mayor número de socios registrados de Europa. De cualquier tipo). La idea de comunidad, la idea de un carné de socio que te daba acceso a un grupo, la idea de un clan de la diversión que te unía a niños de otras poblaciones, de otras ciudades, que también veían desmembrarse aquellos cuerpos (Bola de Drac), que les parecía muy bien que un superhéroe se impulsara a base de pedos (Musculmán) o que una serie tuviera una presencia escatológica constante (Dr.Slump), aquel carné que te hacía formar parte del grupo lo era todo. Y, encima, en época de alegría en el gasto público con cargo a contribuyentes futuros, el carné te permitía recibir un VHS el día de tu cumpleaños y, según la época, otros pequeños regalos que te hacían sentir de lo más especial. ¿Cómo no ibas a pasar las tardes rendido a lo que quisieran ‘echarte por televisión’? ¡Ya formabas parte de todo aquello y nadie te juzgaba –como en clase– por tu altura, tus gafas, tus orejas, tu pelo o tu movilidad! Lo único importante era ser una niña o un niño.

    El poder de estos clubs es difícilmente mesurable todavía. Xoni, Poti y Tiriti publicarón casetes y CD’s, hicieron conciertos y galas y realizaron las grabaciones especiales para el VHS. En horario infantil de los 90 (o sea, toda la tarde), Dragon Ball pasó a su serie Z, llegaron Las tortugas ninja y Els guardians de la Galaxia, un western futurista muy querido en la Comunitat. Estas tres series alcanzaron picos de audiencia entre los años 1993 y 1996, aunque el poder de su público estaba en el contexto del programa: todas las fuentes con las que ha hablado Tentaciones de El País para este reportaje recuerdan el impacto del comportamiento de aquel clan desinhibido en los directos y especiales. En fiestas como las Navidades (con ExpoJove, en Feria València), Falles o Fogueres de Sant Joan, los aquelarres de diversión eran difícilmente controlables. Nada muy distinto a la fiebre por CantajuegosBob EsponjaPepa Pig o La Patrulla Canina, pero de producción pública y propia. La generación entre los 16 y los 64 bits, era todavía capaz de sorprenderse ante el material intangible de la televisión y que consumía horas y horas de sueños en su propia lengua.

    La era Abradelo

    La idea del club de fans, de un público cautivo capaz de aceptar cada lanzamiento por encontrarse dentro del contexto, no perdió fuelle con el cambio de Gobierno autonómico. Todo lo contrario. En 1996, los tres presentadores son sustituidos por una reformulación del programa que pasa a llamarse Babalà. Con un breve paso de Paqui Rondán como presentadora única, la actriz y chica Lazarov María Abradelo se pone al frente del programa infantil. La madrileña que estaba arrasando con un programa de karaoke (Canta, canta) por los pueblos de la Comunitat, en pleno prime time, acogió la posibilidad como una oportunidad que califica como “la mejor experiencia de mi vida”. Durante 10 años, Abradelo sorteó las críticas a su periodo de aprendizaje del valenciano y compatibilizó sus programas líderes de audiencia con la franja infantil: “para Canal 9 era importantísimo porque los niños son los dueños del mando a distancia. Ahora que soy madre lo sé”

    “Trabajar para el público infantil ha sido siempre mi deseo. En 1993 ya la pedí a Valerio Lazarov hacerlo en Telecinco, donde tenía un contrato por tres años. Creo que él no me veía en ese papel. Pero tenía claro que quería acabar haciendo programas para niños porque es la audiencia más sincera y la más agradecida. Por eso, cuando me lo dijeron en Canal 9 mi única preocupación fue compatibilizarlo con mis horarios de prime time en directo”, comenta a Tentaciones. Abradelo abandonó Madrid “en una época en la que en Canal 9 se invirtió mucho económicamente y me convencieron para trabajar aquí”, relación con València que todavía le une y se ha convertido en su lugar de residencia. “Yo sabía que iba a tener feeling con los niños. Los directos eran bestiales, por el impacto y por la ilusión de todos ellos. Ahora que llevo a mi hija al colegio, del que he sido tutora voluntaria durante 10 años, hay madres que me paran y me dicen, ‘yo crecí contigo’, ‘mi hija aprendió valenciano contigo’. Nada me puede hacer más ilusión”.

    María Abradelo: “Profesionalmente, es lo mejor que he hecho en mi vida”

    La inversión dio sus frutos y en la era Abradelo (1996-2006) más de 400.000 niños pasaron a tener el carné del Babalà. Es decir, una gran mayoría de la población infantil valenciana. La presentadora contaba con una especie de caravana para giras, azafatas y bailarinas incluidas y el despliegue económico no tocó techo durante años. “En mi curriculum hay años en los que hay programa de Babalà diario porque, además de platós (croma sempiterno) estaban los especiales, piscinas de verano, colegios… profesionalmente, es lo mejor que he hecho en mi vida”, concluye. El club se desbordó con el reparto de entradas a circos, cines, etcétera, además de los envíos de cumpleaños. Es el momento en el que, junto a a Abradelo, Babalà se convierte en un perro, un bull terrier animado que pasaría a ser el icono del programa hasta su extinción.

    El gos Babalà

    El número de cambios en el formato del programa es mucho mayor del que sus socios recuerdan. Tanto es así que, en la actualidad, Babalà se asocia al bull terrier que fue la mascota que acompañó a los presentadores con el cambio de siglo y no antes. En una etapa en la que el programa se manejaba con guionistas de la talla de Lola Domingo, Rafa Rodríguez, Sergi Juan, Ferran Blanch o Paco Ballester, el doblador del personaje animado, César Lechiguerodio el salto al interior de un enorme traje corpóreo de peluche. Ballester insiste que “el éxito de Babalà en las grabaciones externas es difícilmente asimilable ahora. Los críos se comportaban como si estuvieran viendo a los Reyes Magos. Para ellos el perro era como una estrella de rock al máximo nivel

    Volvería el enésimo cambio de formato, con Carme Juan de nuevo (Nina) y Toni Agustí (Pau), que más tarde interpretarían Paco Trenzano y Núria Herreroactual protagonista de la versión teatral de La llamada en el Teatro Lara de Madrid. El papel de Babalà seguía siendo tan importante e influyente que, ya en aquella época, actrices valencianas como Iris Lezcano u Olga Alamán se presentaron al casting que logró Herrero.

    -¿Por qué sus sketches eran capaces de influir a niños de muy distinta edad? -Paco Ballester: “En el guión intentábamos imbuir a Babalà de una mezcla entre inocencia e ingenuidad, propias de un niño, con cierta mala leche a la hora de tratar a Pau y Nina. Era una especie de niño grande que toma el pelo y, a la vez, se deja tomar el pelo. Creo que esa es la base del éxito que atraía tanto a niños de 3 á 5 años como a más mayores”.

    Herrero cuenta a Tentaciones: “yo tenía el carné de Babalà y recuerdo que me hacía mucha ilusión lo que te enviaban por tu cumpleaños. También tener aquella primera tarjeta y el día de tu aniversario ver la tele por la mañana porque aparecía tu nombre”. Ballester y Herrero recuerdan que en aquella época, tras el paso de Abradelo, se decide llevar la grabación del programa a Alicante pese a que todo el equipo es de València. Semanas complejas y momentos de euforia y estrellas del rock algo más complicados, como la Noche de Reyes “que Sus Majestades bajaron en helicóptero en mitad de una plaza de toros con la arena entrando a los ojos de los niños y la escenografía volándose”. Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy intentaron algo parecido una vez y tampoco pareció muy buena idea.

    Rafa Rodríguez, actual editor del digital cultural Verlanga, asegura que “los dirigentes de Canal 9 nunca supieron el brillante en potencia que tenían con Babalà, un icono que, además, fue pasando de generación a generación sin acusar los innumerables cambios de formato. Nunca se aprovechó ese tirón, ni desde un punto de vista de merchandising, ni de establecer sinergias con los colegios o escoletes, ni a la hora de desarrollar nuevos contenidos televisivos. Nunca se hizo un club tan potente como el de Club Súper 3”. Eso sí, el guionista pone en valor la libertad que les ofrecían sus directores: “nos incitaban a proponer cualquier cosa que se saliera de lo normal. Recuerdo un guión bastante irreverente que adaptaba el Tirant lo Blanch para niños en dos minutos, en el que había de todo, desde gamberrismo divertido a reflexiones sobre su identidad sexual”.

    Él nos recuerda la influencia de los guionistas a través de la banda sonora de los sketches: “pensar que algunos niños crecieron escuchando a Blondie, Family o Los Planetas tiene su gracia”. ¿Y ahora? Reconocerán a su alrededor a niños que mantienen su fidelidad a Bob Esponja durante años. La permeabilidad a nuevos contenidos, a nuevos cánones parece más limitada, aunque la diversidad de canales es tan amplia que los casos son difícilmente comparables. Esa es la clave de la generación millenial, que compartió un rumbo en el que, aún teniendo en apariencia el mando (a distancia), fue teledirigida a unas vivencias comunes y que les siguen uniendo en conversaciones y ciertos gustos. Malos y buenos. Un club con el que, además de valores, intuyeron las tendencias de moda, capturaron modelos de referencia, cantaron reggae, rock, rap y bakalao, ampliaron enormemente su vocabulario y al que están tan agradecidos que hoy muchos todavía conservan el carné en sus carteras.

    De los treinta y muchos a los veintilargos, la huella de Babalà entre los millenials valencianos es acusada. Tanto que, en la era Facebook, existen grupos muy agitados que exigen la vuelta de Bola de Drac con la llegada de À Punt (la nueva radiotelevisión pública valenciana) y hasta en tiempo de elecciones lograron que el president Ximo Puig se comprometiera públicamente a que así fuera. La ‘nueva RTVV’ no hará uso de la marca Babalà y será La Colla la que trate de cautivar a los más pequeños a partir de su inminente vuelta a la TDT. De momento, ya ha empezado a acumular contenidos en su web donde podemos encontrar ecos del pasado con la producción propia Els Bíters. Los tiempos cambian, también sus protagonistas, pero el croma resiste.

  • Toni García publica un mini libro sobre el sketch y Micahel Palin (Monty Python) se lo prologa

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    El guionista Toni García Peralta (del Autoindefinits de Conta Conta al Terrat), el mismo autónomo que capitanea la web satírica Rokambol, acaba de publicar El sketch. Cómo abordar su escritura sin torcerse el tobillo. Este mini libro, de unos 10 minutos de duración, cuenta con un prólogo de Michael Palin, uno de los ilustres miembros del colectivo Monty Python. El autor valenciano propone un original metasketch en el que los personajes debaten sobre las fórmulas, efectos y estructuras posibles de esta tipología de la escritura creativa. 

    En las siguientes líneas, García Peralta se sorprende por el interés en torno a su librillo, justifica su edición en castellano en inglés, valora la participación del comediante británico citado y levanta algunas acusaciones. La conversación ha sido transcrita de aquella manera.

    -Sí, buenas tardes. ¿Es usted Toni García Peralta, el autor de El sketch. Cómo abordar su escritura sin tocerse el tobillo?
    -Sí y no.

    -¿Cómo?
    -Sí, soy Toni García, pero el libro ese lo escribió mi madre.

    -Bueno, pues es usted quien lo firma.
    -Sí, es que tenemos un acuerdo. Yo hago las lentejas y ella me escribe los libros.

    -¿Lo dice en serio?
    -No, por supuesto. El libro es mío, pero es que no esperaba que nadie me preguntara por él.

    -Tampoco pensaba publicarlo, por lo que me han dicho.
    -No. Me pidieron algo para el blog GuionistasVLC y escribí ‘esto’. Me pidieron una colaboración totalmente libre y, bueno, me divertí un rato. Estaba escrito sin intenciones pedagógicas ni nada de eso…

    -Y del blog al mini libro y en dos idiomas. ¿Cómo ha podido torcerse tanto la cosa?
    -Uno de los habituales lectores de Rokambol dio conmigo a través de un banner que a su vez redirige a mi página como guionista. Allí leyó el texto de El sketch y quiso editarlo en una nueva aventura editorial que surge desde Castellón (La Máquina que hace Ping). Vamos, que él tenía la intención de que se publicase y yo no me opuse. 

    -Es el segundo libro que publica sin tener intención de hacerlo.
    -Algo así. El primero, el de las historias de Rokambol, también me lo propusieron. Casualidades de la vida. Y buenos amigos. 

    -¿Cuántos se han impreso de este último?
    -1.000. Este hombre es muy atrevido y lo quiere distribuir en el mercado anglosajón y en Sudamérica. De ahí lo de que el libro esté en castellano y en inglés, empezando por cada una de sus caras.

    -Fue ese atrevimiento el que le llevó a lograr el prólogo de Palin.
    -Ese mismo. Lo intentó con John Cleese, pero se ha convertido en un tipo muy inaccesible. En esas estaba cuando, con una maniobra, un regate más bien, llegó hasta Palin.

    -Como guionista, ¿qué ha supuesto la obra de Monty Python entre sus influencias?
    -Son un ejemplo magnífico. He disfrutado mucho con ellos incluso antes de ser guionista. Y sigo siéndolo. Pese a serlo, digo. Son geniales.

    -Qué tiene el sketch que lo hace tan complejo.
    -Es una pieza particular, muy cortita. Necesita un gancho muy fuerte al principio, otro al medio y uno más al final. Y eso es todo, porque no da tiempo para más. 

    -El libro sirve también para relajar las posiciones con las ideas más estrictas en torno a su escritura. Por ejemplo, en torno a la presión que hay por encontrar un buen “remate” al texto.
    -Hay que romper con la idea del remate. Es una idea muy rígida y es una de las losas que tenemos los guionistas, siempre preocupados con ese remate. El libro también trata de desmontar la idea de la exageración y estas cosas del sketch.

    -Hemos hablado de Monty Python como referencia, ¿pero en España, cuáles son esas referencias?
    -Muchas. Hemos tenido muchos programas que han estado muy bien. Para mí, El Terrat siempre ha sido una referencia. Si hablamos de programas, Homo Sapiens o Polonia. Ambos son ejemplos muy evidentes. O Vaya semanita.

    -En todos hay una importante carga de actualidad. ¿Es un recurso de éxito?
    -No es el único. El absurdo o la cotidianidad también son recursos muy buenos.

    -En los próximos meses o años [con total seguridad, este mismo siglo] se reabrirá la televisión pública valenciana. ¿Espera que haya programas de sketches de partida?
    -Sería fantástico. Es necesario en cualquier televisión de servicio público. Después de tantos años de oscuridad, harían falta buenos programas de sketches de humor para divertirnos. 

    -¿Programas de sketches en los que se pueda nombrar a los políticos del momento?
    -Sería conveniente e higiénico. Es incluso bueno para ellos, si lo quieren ver. Porque pueden corregir su política. O lo que sea. Pueden corregir hasta su manera de andar. Todo.

    -La conversación se ha alargado porque soy incapaz de encontrarle un remate. ¿Me ayuda?
    -Es que así, en directo, a contrapelo…

    -¿Podríamos rematar dejando aquí sus datos de contratación? Creo que ha sabido cómo venderse.
    -No, gracias. No hace falta. Pero, vamos, que escribiendo para Autoindefinits teníamos prohibido hacer nada en torno a personajes como Rita Barberá. Incluso, más adelante, nos dejaron claro que nada de mujeres gorditas con vestidos rojos y la permanente. Ahora me gustaría hacer cosas del tipo madurito que va en bicicleta. 

    -Esta respuesta le pertenece a una pregunta anterior. Igualmente, creo que servirá como remate.
    -Sí, lo siento. Cuando no soy el que escribe siempre me sale el texto algo torcido.

  • Ignatius Farray, el cómico ‘en bruto’ que hace de lo bizarro algo único

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Pocos estímulos tiene la historia de la literatura para un adolescente como La conjura de los necios, la novela del malogrado John Kennedy Toole. La novela es la apertura a un humor de situaciones, donde la carcajada se mantiene bate desde la parte trasera de la mandíbula y el humor no vive de explosiones, como sucede con los chistes, sino que funciona como un crescendo de sorpresa y desconcierto hilarante a lo largo de la peculiar historia de Ignatius J. Reilly, su memorable protagonista.

    Ignatius Farray, el alter ego de Juan Ignacio Delgado Alemany cuyo nombre proviene de la novela de Toole, ha asustado con su humor a mucha gente durante algo más de una década. Gracias a sus cameros en La Hora Chanante, el programa que actualizó la comedia en la televisión española, empezó a hacerse popular, pero fue a través de la llegada en tropel del stand-up comedy a España cuando tuvo la oportunidad de hacerse un profesional del humor.

    Como reconoce al espectador, su figura dentro del establishment monologuista no ha hecho más que crecer. La razón: haberse presentado durante años como un comediante de trazo grueso, agresivo desde lo siniestro, imprevisiblemente incorrecto, capaz de asustar al espectador para, finalmente, sacarse de la chistera una serie como El fin de la comedia. Emitida en Comedy Central, es lo más próximo que la televisión y el humor en España ha estado de Louis C.K., o sea, de entender al humorista poliédrico como es Ignatius: «más bien tristón y callado cuando no estoy sobre el escenario», detalla a ValenciaPlaza.com.

    Este sábado 13 de junio estará en La Rambleta a partir de las 22:30h para dar rienda suelta a un humor bizarro, estridente, pero capaz de generar una reflexión en el mismo espacio. Él siempre ha asegurado que Ignatius tiene poco de personaje y mucho de él: «la diferencia es que cuando estoy arriba soy imprevisible, porque no es un personaje meditado, pero simplemente es el que surge».

    Ignatius confirma que los inicios no fueron sencillos. Cuando volvió de Londres, donde se había ido a trabajar tras acabar Comunicación Audiovisual y no encontrar trabajo, tuvo que encontrar dónde actuar y qué contar: «allí iba a muchos comedy clubs y al volver lo que me encontré fue con la explosión de El Club de la ComediaHabía empresarios de discotecas que querían que les llenaras el jueves por la noche de gente la sala, cosa que ha cambiado, y me costó encontrar el tono pero la razón básica fue la de sentir vergüenza, vergüenza propia ante algo, y no hacerlo».

    Este tinerfeño asegura ser «peor cómico de que pensaba que podía llegar a ser». Su propuesta es bizarra, es bastarda, pero es sobre todo profunda. No en un sentido transcendente, sino en el significado fiel de traspasar capas y más capas en cada uno de sus monólogos y descubrir un humor que en realidad descubre una persona, más allá de la carcajada. Ignatius es quejoso y malsonante, pero ha sabido filtrar todas las etapas del stand-up (Lenny Bruce, Andy Kauffman, Bill Hicks…) y disfrutar ahora de un circuito de monologuistas extendido en España.

    «Anoche estaba viendo a un chaval de 18 años que ha encontrado en los monólogos su forma de interpretar su realidad. Y es un crack, se llama Lalo Tenorio, y me alegro mucho porque yo empecé con 29 años. Era a la edad a la que empezábamos aquí porque no había circuitos, pero ahora en Madrid cualquier comediante de toda España puede encontrar con facilidad una noche de ‘micro abierto’», añade.

    Ahora vive un momento dulce, que ha llegado con el paso de los años: «la gente viene a ver mi espectáculo con una idea de de lo que puede pasar. Cuando antes, de repente, le chupaba los pezones a un chico, la gente se asustaba. Ahora hay chicos que se sientan en primera fila y yo le digo que ‘me están jodiendo la vida’… nos reímos de ello ahora que la gente tiene menos rechazo hacia mí». Transgresor, provocador, son las capas, como las de una cebolla, las que generan un interés genuino en su humor. La lágrimas también son compartidas.

  • Risto Mejide: «A Podemos no le hace falta una cara para contar su mensaje»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    Risto Mejide ha venido a Valencia a hablar de su franquicia. Aunque considera la ciudad como su «segunda casa», donde viven algunos de sus familiares y a la que viene a menudo, el presentador, escritor y publicista se encuentra rodeado de una burbuja de visitantes del Salón Internacional de la Franquicia. La -aparentemente- irresistible posibilidad de hacerse una foto con la estrella televisiva permite que la marca Drops&You, la franquicia de perfumerías de la que es socio, manche muros de Facebook, scrolls de Instagram y demás redes sociales. Incontables impactos a su favor.

    Este es su último proyecto empresarial y, de nuevo, lo hace de la mano de Marc Ros.  en el que se embarca junto a Marc Ros, su socio en la agencia Aftershare.tv y con el que comparte proyectos desde 2007. Son casi las dos de la tarde y la batería de entrevistas fugaces va tocando a su fin. Ha presentado su propio perfume para la marca: «fresco, agreste, amaderado, floral y con un toque de Musk». La presentación ha congregado al grueso de asistentes en Feria Valencia y se muestra satisfecho con el feedback de los interesados en Drops&You. Aprovechamos para realizarle algunas cuestiones en torno a comunicación, empresa y poder político:

    -Hace tan solo unos años proponías como un ejemplo a seguir por parte de los empresarios a Marcos de Quinto, en relación a cómo un responsable de una gran compañía (presidente de Coca Cola España) podía comportarse en las redes sociales. Luego llegó el ERE de su empresa y de Quinto abandonó -argumentándolo- Twitter. ¿Estamos todavía decidiendo si ese es un espacio para los ejecutivos?
    -Cada uno decide cómo se viste y Twitter no es un traje para cualquier empresario. Jamás le he dicho a ninguno de ellos que deba estar, pero si quiere estar, si va con su carácter, adelante. Por otro lado, hay que entender que Twitter es una jaula de grillos y tienes que aceptar que vas a leer cosas que no te van a gustar.

    -En tu libro No busques trabajo (Editorial Gestión 2000) se habla de personal branding. ¿Las empresas han de aceptar que, desde ya, se componen de marcas personales?
    -Le doy la vuelta a la que propones: si no tienes una marca personal, en cuestión de años no te va a querer contratar nadie.

    -La construcción de una marca personal supone, inevitablemente, escoger ideas y defenderlas públciamente. ¿Se acepta que vas a granjearte unos cuantos enemigos sí o sí?
    -Sí. Yo puedo hablar de mi caso, que es el que más conozco. A mí, personalmente, me gusta meterme en líos incluso cuando no salgo bien parado. En la tele lo demuestro: no siempre salgo bien y a veces me dan collejas que me dejan bailando. 

    -¿Entiendes que haya empresas con recelo a que las marcas personales de sus empleados sean más musculadas que las suyas propias?
    -No. Las empresas con las que trabajo quieren incluir la mayor cantidad de talento y marcas personales interesantes. En el caso de los medios de comunicación, especialmente: buenas firmas y para tener una marca global más poderosa.

    -En otro ámbito de poder, recientemente se publicaba una encuesta en la Comunitat Valenciana que aseguraba que el candidato con mayor intención de voto para ser president de la Generalitat era «el candidato de Podemos». ¿Tiene sentido que la persona que acumula mayor intención de voto no tenga cara, no tenga un equipo claro ni unas ideas concretas para esta región?
    -Sí. Podemos sí tiene un mensaje y eso es lo que se transmite, y no hace falta una cara para contarlo. El 15-M tampoco tenía una cara y fue mucha gente la que comulgó con el movimiento. Los personalismos en política son peligrosos. Otro asunto es cuando se ponen o se pongan a construir una realidad, pero de momento Podemos acierta en decir lo que la gente espera escuchar. Lo hace fetén.

    -Es un escenario completamente distinto en la política.
    -Los partidos que las diferentes encuestas muestran que están en auge son los que nunca han gobernado: Podemos, Ciutadans en Cataluña, UPyD… Lo que sucede es que en gran medida se genera un voto de castigo contra los que sí han gobernado. 

  • Ana Morgade: «La tele es un negocio en el que no siempre importa lo bien que hagas las cosas»

    Publicado originalmente en Valenciaplaza.com

    El próximo sábado 4 de octubre Ana Morgade estrena en el Espai Rambleta su obra ‘Morgadeces‘ (21h). Hilarante y descarada, la actriz y cómica madrileña se enfrenta así al que será su primer espectáculo en solitario, «sin nadie más en el escenario al que se le pueda echar la culpa de que la función no haya ido bien«, como apunta ella misma a ValenciaPlaza.com.

    La también ayudante de dirección, guionista y ‘rostro televisivo’ asegura estar lejos de su punto de saturación laboral y avanza el que será el núcleo de su espectáculo: «esta cabeza tiene muchas ideas. ¡Ideas muy buenas, aunque no lo creáis! Voy a compartir todos esos remedios que se me ocurren y que hacen falta en el mundo, porque España está un poco… que necesita un ‘abrillantao’«.

    Dedicada casi desde el principio de su carrera dramática (se formó como actriz en la prestigiosa escuela de Cristina Rota en su Madrid natal) al humor, Morgade asegura que «la improvisación ha sido la fórmula para evitar tener que escribir todo lo que soy capaz de pensar y decir a lo largo del día». Catapultada definitivamente al marco de rostros televisivos reconocidos por Buenafuente, actualmente es una de las copresentadoras de Zapeando en la sobremesa de Cuatro.

    Hasta hace tan solo unas semanas también formaba parte del reparto de Con el culo al aire, una serie de comedia que pese a su púbico fiel y las tres temporadas que le precedían fue cancelada abruptamente este pasado verano.

    -¿Cómo recibisteis la noticia de la cancelación de la serie?
    -Pues con mucha pena, como el resto del reparto creo. Era una andadura larga para como está la televisión, y el público de la serie estaba muy pendiente de su futuro, pero… se acabó. He aprendido con el tiempo que cada ‘producto’ tiene su tiempo y que la tele es un negocio en el que no importa siempre lo bien que lo hagas. Importan otras cosas, como los audímetros [los aparatos con los que se miden las audiencias de la TDT], que yo no conozco a nadie que haya visto uno. Son como los Reyes Magos o El Ratoncito Pérez. Pero la cuestión es que cuando sucede toca brindar por los que se van y por lo nuevo que vendrá.

    -Y no te falta trabajo, pero antes estuvo el teatro. ¿Has notado una caída importante en los recursos para producir programas de televisión tal y como pasó con las escénicas?
    -Dejé el teatro porque me empezaron a pagar poco. Poco y mal. Cuando llegué a la tele ya estábamos en crisis y también era poco, y luego también mal. Pero he aprendido a manejarme a mí misma en ese contexto. De vez en cuando oyes a alguien que dice que si comían caviar y limpiaban el suelo con champán, pero no sé muy bien a qué se refieren.

    -¿Convives cada vez mejor con esa fugacidad de contenidos y momentos, de hoy estar rompiendo audímetros y mañana desaparecer de la parrilla?
    -Los cómicos, los actores y el farandulismo en general, tenemos que asumir que somos autónomos de la vida. Asumes que te van a despedir más veces de las que te van a contratar. Pero ojalá mejore la cosa, oye. Espero que cambie.

    -Reto, oportunidad… ¿qué buscas con ‘Morgadeces’, la risa a boca abierta o un juego de ritmos con el público?
    -Un poco de todo. Lo importante es que estoy sola en el escenario por primera vez y eso me gusta, porque a veces creo que lo he hecho bien pero como siempre hay alguien más conmigo no lo sé. Ahora no habrá comparativas: seré lo mejor que haya.

    -Pretendes dar soluciones. ¿También a la crisis?
    -En ‘Morgadeces’ no toco mucho el tema de la crisis porque bastantes bromas nos gasta ésta todos los días. Más bien me aproximo a pequeñas o grandes realidades de todo el mundo. Propongo soluciones porque tengo unas ideas muy locas, pero, en serio, creo que a base de mis pequeñas ‘morgadeces’ puedo hacer una contribución positiva a este mundo. Tenía muchas ganas de compartir todo esto…

    -¿Quién contagia a quién, público a humor o humor a público?
    -El público español es estupendo porque permite que, aunque no nos vaya bien en casi nada, seamos pioneros en el humor. Creo que tiene una interesante capacidad autocrítica.

    -Cuando hablas de pioneros, ¿en quién estás pensando?
    -En los chicos de Muchachada Nui, en Miguel Noguera, en Venga Monjas o en Loulogio, por ejemplo. El humor ha cambiado mucho en España en muy poco tiempo.

    -Pero ellos crecen en gran medida porque producen un humor que se apoya en Internet, donde la confianza y el tiempo funcionan de una forma muy distinta a la televisión.
    -Lo que está claro es que a las tres de la tarde no puedes decir cualquier cosa, porque estás metido en la mitad de hogares españoles. Se apoyan en nuevos medios, pero están revolucionando las formas y hay un público numeroso que lo está disfrutando y que provoca que se contagie a la televisión.

    -¿Cómo enmarcas ese humor?
    -Es algo que va mucho con nosotros, con el esperneto, una especie de despropósito tosco que nos divierte mucho.

    -¿Entiendo que alguno de los nombrados hay algunos que no tienen cabida en televisión?
    -Es que según el horario, hay público que podría poner a la Constitución por delante cada minuto. Internet ofrece esa libertad, pero el teatro también.

    -¿Por qué también el teatro?
    -En el teatro hay un pacto tácito en público y actores: el pago. Es un gesto material, pero también es como decir: ‘venga, me voy a tragar todo lo que digas porque ya he confiado en ti’. Otra cosa es que les guste…

    -¿Aprovechas entonces para apretar más el acelerador en ‘Morgadeces’?
    -Sí, me tomo unas cuantas licencias. Bastantes.

    -¿Cuando estudiaste interpretación ya sabías que querías hacer humor?
    -Lo cierto es que no era mi idea. Yo quería ser una actriz dramática afamadísima. Y lo intentaba, me metía en el papel… ¡pero mis compañeros se descojonaban! He hecho cosas como actriz dramática, pero cada uno tiene sus virtudes… Creo que si puedo actuar y esto me da de comer, para mí es como la cuadratura del círculo porque hago lo que más me gusta.

    -¿Cuáles son tus ‘malas’ preferidas de la historia del cine?
    -¡Las de Disney no pueden ser mejores! Ariel está bien, pero Úrsula mola mucho más. ¿Pero es que quién quiere ser bueno en el teatro o en el cine?

    -Además del humor, está tu faceta dentro de la improvisación, con la cual has trabajado mucho. Esto además tiene uno de tus vínculos con la ciudad de Valencia, tu participación en la compañía L’Om-Imprebís.
    -Así es. Además de participar en temporadas y obras en teatros como el Talia, fue muy importante para mí formar parte de L’Om-Imprebís, que no creo que sea una de las mejores compañías a partir de la improvisación de España, sino del mundo. Llevo 18 años haciendo ‘impro’ (¡tengo 20!) y me doy cuenta que L’Om-Imprebís tiene a uno de los artistas más prolíficos y currantes que conozco, su director Santiago Sánchez.

    -Por dónde sigue la gira de ‘Morgadeces’ tras su estreno en La Rambleta.
    -Al parecer ya está cerrado que pasaremos en Zaragoza y más adelante también es seguro que haremos temporada en Madrid. Es importante estar allí, porque sino me cuesta explicarle a mi madre con qué exactamente me gano la vida. 

  • El Gran Wyoming: «La era digital ha matado al famoso»

    Publicado originalmente en Culturplaza.com

    Casi nadie conoce a José Miguel Monzón Navarro, pero casi toda España reconocería a El Gran Wyoming. A sus 58 años lleva treinta en la cara pública de la vida, especialmente en televisión aunque también ha sido actor de cine, escritor y columnista. Bueno, y médico licenciado, aunque solo ejerció durante el servicio militar.

    Sin embargo, su mundo de cara a la galería tuvo como punto de partida el grupo de música Paracelso. Junto al ya fallecido Maestro Reverendo (Ángel Muñoz Alonso) y otros amigos, se inició en una inquietud que todavía mantiene viva y le ha acompañado -a diferencia de otras- a lo largo de toda su vida.

    Actualmente vive una nueva juventud televisiva, en la que ha sido líder de audiencia y ‘producto fracaso’ a lo largo de las últimas décadas. Con uno de los mejores equipos de guionistas de la TDT, el de ‘El Intermedio’, Wyoming ha alcanzado un auténtico récord para laSexta sin tener en cuenta los acontecimientos deportivos: 13,7%, con un pico de 3.756.000 espectadores. El programa satírico y combativo ya ha conseguido superar unas cuantas ocasiones a ‘El Hormiguero‘, líder durante los últimos años del Access-time (los programas que se emiten entre las 21:30 y las 22:30h).

    El próximo sábado 22 de febrero actuará de nuevo en Valencia. Será en el Loco Club junto a sus  fieles Insolventes, en un concierto repleto de versiones de rock and roll, desde Chuck Berry a Siniestro Total, desde The Who hasta los Ramones, desde Leño hasta Jet. El concierto sirve de percha para acercarnos a sus visión del actual escenario, más allá del musical, en el que reparte opiniones sobre televisión, cine, música y, cómo no, política.

    EL ESCENARIO, EN RUINAS

    «Vivimos bajo un régimen enemigo de la cultura. No aceptan que sea un derecho; ahora es un artículo de lujo. Y no es solo por la política cultural. Los libros de texto de los escolares han pasado de tener un 4 a un 21 por ciento de IVA y esa también es una forma de azotar la cultura. En concreto, es de una crueldad infinita. Pero aquí no pasa nada porque los señores que toman esas decisiones, a los que votan los que ‘no olvidan de dónde venimos’, llevan a sus hijos a un colegio en Suiza, con clases de equitación y esquí por la tarde. Y mientras las partidas a la educación privada están intactas».  

    «Hace unos pocos años no podía imaginar que salieran despedidos como si nada los directores de La Vanguardia, El Mundo y El País en menos de dos meses. Esto tiene mucho que ver con que los diarios pasaran a formar parte de grandes corporaciones, hace años. El tiempo del periodismo ligado a una ideología ha pasado. Antes se compraba el ABC porque uno sabía que era el periódico del señor Luca de Tena, y sabía lo que eso conllevaba. El último que tuvo un concepto editorial e ideológico ligado a una cabecera fue Diario 16, creo, con Tomás de Sala: reunir a unos pocos pero potentes accionistas y funcionar con independencia. La independencia en el periodismo ya no es posible. La prensa pertenece a esas grandes corporaciones en las que el periódico en sí supone una cifra insignificante del negocio total. Y el entramado más grande que existe es el del grupo Prisa, donde El País ocupa un rinconcito».

    «El partido que gana unas elecciones no tiene mucho que ver con el sentimiento de la mayoría de los ciudadanos. Si descuentas la abstención [28,54% en la Comunitat en 2011] y lo que suma el sistema electoral ventajista para los grandes partidos, al final resulta que los que gobiernan y con mayoría son votados por una minoría. Aun así, lo más importante es entender por qué la gente vota. Manuel Fraga ya lo dijo: «nunca tenemos que olvidar de dónde venimos» y estos señores van a votarse pase lo que pase, hagan lo que hagan. Y hay una parte del pueblo que recuerda de dónde viene y prefiere votar a su ladrón, porque, al menos, es suyo».

    LA ESTIGMATIZACIÓN DEL CINE ESPAÑOL

    «Si me han alegrado los Goya que ha recibido David Trueba [amigo de Wyoming y compañero de aventuras en televisión con El peor programa de la semana] es porque soy partidario de que los buenos al final estén representados. Me gusta cuando veo el palmarés y veo a todos: Almodóvar, Uribe, Amenábar, Fernando Trueba… y que ahora ya está David. Además me gusta mucho que hayan premiado a David porque es una película pequeña, luminosa y optimista. Es un cine que me gusta mucho y que creo que no suele salir bien parado en este tipo de reconocimientos. Lo único que no me gusta y que me parece que es inevitable es lo de que una película se lleve muchos premios. Pero esto funciona así, si a una académico le gusta la película, pues le gusta en su conjunto y la premia a ‘Mejor dirección de la producción’. ‘Oiga, ¿estuvo usted allí para ver cómo se organizaban?’».

    «El cine todavía está pagando el ‘No a la guerra’ porque quien manda a la hora de cambiar ese concepto son los medios de comunicación. Creo que debemos ser el único país en el mundo que ha orquestado una campaña contr un entorno profesional, para criminalizar a unos actores. A algunos se les olvida que también somos ciudadanos y que salimos a la calle. Y es muy grave, porque hay radios muy importantes que estas semanas han seguido criminalizándonos. Hablo de emisoras importantes, no me refiero al friki de Federico Jiménez-Losantos, que nos llama terroristas proetarras. Yo me he quejado mucho en el sindicato de actores sobre esto, porque tenemos una serie de abogados allí que no sé para qué están… No quiero que me criminalicen gratuita e injustamente por ejercer libremente una profesión. En fin, que, hablando de este tema, me acuerdo de los versos de Machado: «Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una«.

    EL VALOR DE LA MOVIDA

    «La Movida, artísticamente, era muy naif. Estaba protagonizada por gente joven que no sabía mucho de nada. Tanto es así que la mayoría de los discos de los grupos de la movida los grababan músicos profesionales y no los que aparecían en la portada. Pero aquello coincidía con el verdadero fin de la dictadura, que fue no fue precisamente en 1975. A mí me han pegado una paliza por llevar el pelo largo, así que sé de lo que hablo. De policías dándonos porrazos en 1979 por no hacer bien la cola, según ellos, para ver a Frank Zappa en el Pabellón Deportivo del Real Madrid. Y de repente se pasa a una sensación de libertad en muy poco tiempo que se manifiesta a través de lo estético. Hay gente ‘de color’, con la cara pintada, homosexuales en la calle, gente que sale de golpe a expresarse porque vivía amordazada, crestas, más color… antes el color solo llegaba a las ciudades con las fiestas del pueblo».

    «Entiendo que el impacto estético y musical de La Movida haya perdurado. Durante los 60 y 70 se hizo en Estados Unidos y Reino Unido la música que se ha escuchado durante los siguientes 40 años. Aquí sucedió algo más o menos parecido, pero en mucho menos tiempo. Hay que reconocer que la política de Madrid de finales de los 80 fue muy importante. Fue importante que ‘se dejara hacer’, porque si no se deja hacer es imposible. El criterio ideológico progresista de Enrique Tierno Galván fue clave. Era un hombre mayor, pero especialmente tolerante, y al final lo de ‘a colocarse y al loro’ tenía mucha más relevancia de lo que podía parecer».

    EL GRAN WYOMING EN LA ERA DIGITAL

    «Con las nuevas tecnologías he tenido alguna experiencia inesperada. Son estas cosas que me pasan a mí por ser conocido. Un día iba a tocar con los Insolventes a Alcalá de Henares y mientras estamos haciendo la prueba de sonido viene una gente del sindicato y me dice: ‘vente a ver si nos puedes dar un saludo, que tenemos una concentración montada en la plaza de al lado. Ha venido gente de toda la provincia, funcionarios…’ no sé qué. Total que dejo la prueba de sonido a mitad, me dan una camiseta y me subo, y según me subo a saludar empiezan a aplaudir, que es lo peor que se le puede hacer a un artista. Entonces me pongo a hablar… al rato el vídeo se esta viendo en Australia».

    «El tema de la petición de fotos por la calle, en los bares, lo llevo mal. Es una tortura insoportable. Tanto que creo quela era digital ha matado al famoso. Le ha condenado a vivir recluido. A mí me afecta menos porque soy muy del bar, pero tengo bastantes amigos que no quieren salir a la calle. Salir a tomar una cerveza es insufrible. Y luego la gente no entiende el rechazo. Alguna vez, después de hacerme 200 fotos en una sola noche llega alguien, te la pide, le dices que no y te monta un pollo. Se acerca y te dice: «Wyoming, eres cojonudo. ¡Viva ‘El Intermedio’!, hazte una foto conmigo». Se la niegas y te pone de vuelta y media. Ahora se hace contigo una foto el fan y el que te odia, aunque sea para decirle a sus amigos ‘mira que foto me he hecho con este gilipollas’».

    «Estoy en Internet desde que se pagaba por minuto. Me parece un avance que ha cambiado el mundo y reconozco que he escrito un libro en tres meses cuando antes me hubiera costado un año. Pero sin embargo con Internet hay una gran mentira que me preocupa y es que la gente cree que tiene el conocimiento porque está accesible, y por este motivo no se preocupa por adquirirlo. Es igual que aquel que se compraba una enciclopedia antes y creía que ya tenía el conocimiento sin abrirla nunca. Pues mire, no funciona así».

    «Me he hecho cuenta en todas las redes sociales y de todas me he salido porque creo que el nombre lo tienen muy bien puesto: redes, no te puedes escapar. Para un famosillo como yo meterse en Twitter es muy rentable desde el punto de vista económico, pero no voy a estar en esas redes sociales porque tengo 58 años y eso quiere decir que tengo unas urgencias importantes: tengo mucho que leer, tengo mucho que estudiar y a esto otro no me va a dar tiempo. Si tuviera otra oficio, pues a lo mejor me animaba, pero ya he elegido».

    EL RENACIMIENTO DE WYOMING EN LA TELEVISIÓN

    «‘El Intermedio’ es un caso peculiar porque sus seguidores son casi militantes. Doblamos la audiencia de la cadena, por lo que supongo que retirar el programa [los rumores se suceden] parece un tanto absurdo. Pero nosotros no hemos recibido ningún comentario en ningún sentido desde que laSexta fue absorbida por Atresmedia. Tampoco en positivo, porque el programa lo produce Globomedia así que nosotros somos como una isla dentro del grupo. Cada día ves el dato de audiencia y piensas: «todo va bien».

    «A Telemadrid dudo que le pase lo mismo que a Canal 9 porque tienen allí trabajando a todos los amigos de los que mandan. Han despedido a trabajadores, pero ni a un directivo. Digo yo, ¿cómo puede tener la misma necesidad de gestión una empresa que ahora tiene a menos personal y hace menos? Era una agencia de recolocación. Cuando Zapatero gano las elecciones, los que salieron de RTVE fueron a parar allí. Yo tengo verdadero orgullo de haber trabajdo en Telemadrid. El late night que hacía era líder de audiencia. Teníamos un 12% de share, gana Esperanza Aguirre, pasan dos años y la cadena pasa a tener el 4%. La gente no es tonta».

    «Durante dos años tuvimos el mejor informativo del mundo en el ente estatal, dirigido por Fran Llorente, según el premio internacional más prestigioso que se le da a este asunto (TV News Award). Profesionales de todo el mundo nos colocaron por delante de BBC, CBS y todas las demás. ¡Los primeros del mundo! Un año después de que entre el Gobierno de Rajoy la Unión Europea nos llama la atención por la manipulación en los informativos, en el ente, equiparándonos a países como Rumanía, Bulgaria y Ucrania. Claro que para aquellos dos años de excelencia se montó antes un consejo de sabios, con gente de fuera de España y de aquí que sabe mucho del tema. Que la gente no se engañe, se invirtieron recursos para conseguir ese producto de calidad que merecía la pena y ahora lo hemos perdido de la noche a la mañana. Noam Chomsky tiene un estudio muy interesante en el que analiza el número de sucesos en un informativo con la libertad de un estado: en las dictaduras los sucesos ocupan una gran parte del informativo, si hay libertad los sucesos tienen una participación insignificante.

    «A las cadenas privadas les exijo mucho más de lo que hacen con sus informativos, porque así lo exige el pliego: son concesiones públicas con algunas exigencias que, en gran medida, da la sensación de que se sortean a la torera».

    «Una cosa es ser feliz en la vida y otra un inconsciente. Hay que dejar de llamar contradicciones a lo que son mentiras y estafas. Lo que también tengo claro es que hay que evitar que toda esta gente y sus decisiones nos amarguen. No aspiro a vivir en un modelo de sociedad rodeado de inconscientes. Pero también es cierto que hay gente a la que la lucha constante le hace muy feliz. Por ejemplo, hay gente que es muy feliz yéndose al tercer mundo a trabajar. Nosotros en ‘El Intermedio’ nos metemos todos los días un trago ‘de cojones’ sobre noticias desagradables, pero me hace feliz hacerlo. Luego trato de desconectar con mi mecanismo de evasión, que es el rock and roll.

    LA MÚSICA Y UNA VISTA SOBRE VALENCIA

    «Es una suerte seguir viviendo como lo hacia a los 20 años. Lo digo especialmente pensando en la música, porque ni entonces ni este sábado en Valencia me planteo llenar el Madison Square Garden. Antes de salir al escenario no es que sienta nervios ni miedo, sino el placer de enfrentarme a un momento de sumo placer, en el que sabes que te lo vas a pasar de puta madre. Por eso nunca me pesan los viajes, porque el concierto es la meta y hay un mecanismo automático en el cuerpo que te hace entender que todo es parte de un proceso, con un fin. Claro que también ayuda que somos un grupo de amigos y que estamos deseando que llegue el día de concierto para salir a la carretera».

    «Nosotros somos un grupo de bar, exactamente lo que se encuentra un inglés o un australiano cualquier día por la noche en su ciudad. Lo que pasa es que en este caso contamos con el factor reclamo de la fama, lo que yo aporto al asunto. En este caso va a ver al artista de cerca, que es algo que aquí gusta no sé si mucho o demasiado».

    «Como dijo Billy Wilder, la bondad no te retrata. La normalidad no es noticia en un medio de comunicación, por eso es posible que cuando aparece Valencia en nuestro programa lo haga por algo que es una anomalía. Seguir la información de España día a día es un trago duro al que nos sometemos diariamente; a veces es insoportable. Pero es obvio que Valencia es mucho más que eso. Siempre que vengo tengo la sensación de estar rodeado de vitalidad. Es una ciudad con una vidilla espectacular y que se enfrenta al fin de semana con mucho aguante. ¡Pero si llegaron a ser una referencia mundial con la ruta del bakalao!, y esto de la marcha nocturna casa mucho conmigo, porque soy un hombre de bares. Eso sí, vengo notando que la crisis atenúa últimamente este tipo de comportamientos. También pasa en Madrid».